Akatsuki no Yona no me pertenece, es propiedad de Mizuho Kusanagi.


~Dusk and dawn.

Día 7: Crecer.

El timbre sonó, anunciando el final de la clase. Yona se despidió de sus alumnos recordándoles sobre las tareas a entregar el lunes y deseándoles un buen fin de semana.

Mientras el salón se vaciaba, se dispuso a juntar sus cosas para irse finalmente a casa y obtener un merecido descanso.

— ¿Señorita? —preguntó alguien detrás de ella. Reconociendo su voz, Yona se arrepintió de no haber salido corriendo.

— ¿Qué sucede, Hak? —preguntó ella con una sonrisa, intentando no ser grosera.

— ¿Podría entregarle la tarea del lunes? Ya la terminé —dijo su alumno, entregándole una carpeta.

Sorprendida, Yona aceptó la carpeta.

— ¡Claro, Hak! Me alegra que al fin te estés interesando en la materia. ¡Eres un buen estudiante!

—Usted sabe que tengo más interés en usted que en la materia —dijo él, sin vergüenza alguna.

Ruborizándose un poco, Yona agachó la cabeza, rendida. Hak era uno de sus mejores estudiantes, a pesar de ser algo flojo. Se había interesado en ella desde el primer día y, aunque a Yona le parecía adorable, sabía que tenía que detenerlo.

—Hak, debes parar esto. Me conoces desde hace un tiempo, sí, porque eres el mejor amigo de mi primo pequeño. Pero ahora soy tu maestra, por favor, no quiero que tengamos problemas.

— ¿Cuál es el problema? ¿Qué soy cuatro años menor? ¡Voy a crecer! ¿O es la escuela? Este es mi último año —protestó el chico.

—Entonces llámame cuando crezcas, si aún te interesa —gruñó Yona, dirigiéndose hacia la salida.

— ¿Es en serio? ¡Porque lo haré! —le sonrió Hak, quien a pesar de ser menor que ella le ganaba en altura.

—No, no es en serio. Eres joven y te interesarás por alguien más, Hak. La preparatoria es una época en… —El chico la detuvo, tomando su mano y haciéndola girarse hacia él.

—He sido amigo de Soo-Won desde que éramos niños y te conozco desde entonces. Esos son más años que los que hay de diferencia entre tú y yo. Créeme, Yona, no habrá nadie más.

—Debo irme, Hak —contestó simplemente, liberándose del agarre del chico.

—Además… —continuó él— por tu tamaño, tú pareces más una chica de preparatoria que yo.

Ella se giró hacia su alumno desde la puerta, fulminándolo con la mirada.

— ¿Sabes que tengo el poder para reprobarte, cierto?