Hola! Después de una semana dura, volvemos a postear un nuevo capítulo. Gracias a todas las personas que han dejado su punto de vista sobre esta historia.
Si algunos dicen que es demasiado livianita, y que no hay romance… ejem, aún son adolescentes, no puedo hacerles dar volteretas para aquí y para allá, jajaja… y romance hay… ya llega, ya viene… solo espérenlo. Para mi hay romance desde el principio, pero bueno es cuestión de interpretaciones…
Ahora si, le voy a dedicar este capítulo a "blanquita desde el cielo de los peces", y ahí va: Blanquita, te quiero, eres una de mis mejores amigas en este mundo de fantasías en donde escribo… si, eres una pececito, chillona y demandante, pero sacas lo mejor de mí. Ahora que estás en el cielo, y que has sido suplantada por Blanquita 2, te digo DEJA DE PRESIONARME Y DE APARECERTE EN MIS PEORES PESADILLAS, PARA QUE ACTUALICE! TE VOY A MANDAR NUEVAMENTE A LA VIDA, PARA QUE UNO DE MIS ALUMNOS TE APLASTE COMO LA PRIMERA VEZ… A VER SI ASI, TE PONES CON LO TUYO Y DEJAS DE ACOSARME VIA WHATSAPP… ESTAMOS? Te mando un beso blanquita… y saludos a voldemort… jejeje.
Ahora si, les dejo el capítulo que corregido y anexado algo mas cachondo, ha quedado mejor…
Capítulo 5
Cometiendo un grave error
A Cho no le quedó otra más que poner cara de circunstancia y con una forzada sonrisa, ayudar a la señora Weasley a lavar los trastos de la cocina. Claro que de vez en cuando, suspiraba apesadumbrada, suspirando porque sus uñas se despintaban y se arruinaban cada vez que las metía en, según ella, el detergente más barato que se podría conseguir.
Los hombres, ajenos a las tribulaciones de la novia de Harry, respecto a sus esculpidas uñas, tomaban café en la salita hablando de las últimas novedades ocurridas en el ministerio. Las chicas, en cambio, disfrutaban de la linda noche en el jardín. Era una noche limpia, y en el cielo podían verse brillar nítidamente las estrellas. El lugar estaba calmo… y era lo único que mantenía el equilibrio alrededor de ellas, porque la humanidad de Ginny estaba a punto de estallar, tan enojada con lo que había pasado en la cena, que a Hermione le pareció que su amiga echaba demonios por la boca.
- Aghhh… te lo juro Hermione… – decía sentándose en un tronco cerca de la casa – Estoy tratando de contar hasta cien y serenarme… y te aclaro que no soy yo… - miró a Hermione cuando esta arqueara una ceja – lo que quiero decir es que tú sabes que yo no soy de las que se queda callada ante una actitud tan detestable… pero solo me freno, porque es la novia de Harry y no quiero que él la pase mal… porque si no lo fuera, la desollaría viva. Maldita Arrogante…
- Cálmate Ginny… - decía su amia tratando de apaciguarla. La pelirroja movía los brazos encolerizada, y a Hermione le pareció ver la versión enojada, y muy femenina de Ron. – estás poniéndome incomoda, y créeme que si no te clamas, Harry va a darse cuenta que no toleras a su novia.
- ¿Cómo quieres que me calme? ¿Tu acaso no la escuchaste? – dijo y luego carraspeó y puso cara de asco, tratando de imitar a Cho – "Bueno, míralo de este modo, tu eres una chica linda pero no espectacular, entonces deberías poner mas énfasis enganchando a un idiota, para que te cases… veras la juventud no dura mucho." Maldita infeliz, se cree la reina de belleza… pero solo es una japonesa trucha… - miró hacia la ventana de la cocina donde Cho estaba enjuagando los platos - ¡ME ESCUCHASTE CHO, SOLO ERES UNA JAPONESA TRUCHA! – y rieron las dos.
- Ay Ginny que eres tan… ocurrente – Ginny reía sin poder evitarlo. Pero de Repente Hermione dejó de reír – Pero si vamos a hablar seriamente, en verdad amiga, el que me preocupa es Harry – Ginny la miró y su rostro cambio.
- Si, se a lo que te refieres… – suspiró – Harry… Harry parece no querer ver la realidad, y yo no quisiera ahondar en eso tampoco. - trató de decir mil cosas, pero realmente las palabras no podían salir. Todo lo referido a Harry, era especial para ella. Y el que no se diera cuenta lo infeliz que parecía, la ponía mal, triste, y una sensación en su estómago aparecía, sin poderlo describir. Suspiró. Y se dijo que era por el inmenso cariño que tenía hacia él, y el quererlo ver bien y principalmente feliz. – porque la verdad es que es el propio Harry quien debería darse cuenta del filón de "oro" que tiene al lado. Pero está ciego de amor por ella… y ante eso es imposible que podamos ayudarlo. Él no quiere y punto.
- ¿Te molesta eso? – dijo tratando de averiguar cuáles eran los verdaderos sentimientos de Ginny hacia su amigo.
- ¡Claro que me molesta! – dijo sin titubear – ¡Es mi amigo, que digo, es mi hermano del corazón! Y me enferma observarlo así, tan alicaído y diferente a lo que era antes de irse a Paris… y darme cuenta que es infeliz con esa vulgar pu… - volvió a suspirar – mira Hermione, si te soy sincera, yo nunca estuve de acuerdo con esa relación. Pero aunque esa idiota me reviente el hígado cada vez que abre la boca, debo apoyar a Harry, porque es lo que él quiere. Merlín sabe cuántas veces trate de insinuarle que conociera otras chicas… hasta se las metía por los ojos: Parvati, su hermana Padma, Susan Bones, hasta probé con Luna – Hermione bufó – bueno, eso fue antes de que supiera que Luna andaba tras Ron.-
- No me hables, esa fue la razón por la que decidí atrapar al idiota de tu hermano… – la miró riéndose- bueno ya escuchaste al gurú del amor: "deberías poner mas énfasis enganchando a un idiota, para que te cases, veras la juventud no dura mucho." Y yo…
- ¡Mentirosa! – Hermione rió – tú te morías por Ron desde el tercer año. Lo que pasa que tuviste miedo de que él se cansara de rogarte, y Luna te lo quitara.
- ¡Tienes razón, y no me la nombres!
- Ya Cálmate… ella ya no está interesada en mi hermanito. Hace unos días me enteré que engancho a Neville. Y está muy feliz por haberse fijado en nuestro amigo.
- Me alegro por los dos…– dijo la castaña suspirando aliviada.
- Mentirosa, te alegras por ti… porque no ves nubes en tu idílico romance – rieron – pero… me enteré que hay una hermosa rubia que lo pretende en la escuela de aurores… y tú sabes que cuando Ron se ve halagado a cada rato por una chica…- Ginny la miró para ver su reacción, y su amiga cayó. Se levantó rápidamente del tronco, y a Ginny le pareció ver a Medusa en plena acción.
- ¡Ese Ronald Weasley me va a oír! – Ginny la agarró de la mano, riendo.
- ¡Ya ahora la que debe calmarse eres tú! – Hermione la miró completamente roja de la furia - es una broma…- y Ginny recibió como contrapartida un golpe en el brazo – auch… solo voy a decirte que la chica existe, y su intención también - Hermione se tensó- Pero deberías estar segura de lo que siente Ron por ti…
- Si, claro – dijo chasqueando la lengua.
- Después de todo duerme contigo, bajo el mismo techo que mis padres... y ellos lo saben... – Hermione se puso roja – y eso quiere decir que él está comprometido contigo… te ama y te da un lugar preponderante en su vida. No te olvides de eso. – Ella sonrió, Ginny tenia razón. Ron era muy respetuoso de su casa, y si había aclarado su relación frente a sus padres era porque el idiota estaba completamente enamorado – Harry tiene razón… – Hermione la miró – Ron está perdido.
- Volviendo a Harry… –Ginny se puso triste.
- Me da pena verlo sufrir de esa manera, y lo peor es que no puedo hacer nada para ayudarlo.
- Ginny…
- Él la ama, Hermione, y eso pone punto final a nuestra conversación sobre ayudarlo a abrir los ojos. – miró hacia la oscuridad reinante alrededor – no hay peor ciego que el que no quiere ver… – se levantó acariciando sus brazos – la noche está fresca, será mejor que entremos.
- Antes quiero preguntarte algo… ¿qué me dices de ti? – Ginny dio la vuelta y la miro.
- ¿Qué quieres que te cuente de mí? – dijo tratando de dibujar una sonrisa, pero los pensamientos aún estaban en la mirada triste de Harry y sus palabras cargadas de profunda desilusión cuando Cho hablara de enganchar algún idiota.
- Te he escuchado hablar de los amores de Ron, de todos tus hermanos y de Harry… pero nunca hablas de ti… ¿Te gusta alguien? Casi siempre esquivas la conversación cuando deriva a hablar sobre tus sentimientos – Hermione estaba determinada a saber que sentía su amiga. – Se que has tenido varios novios, y que al principio estabas loquita por Harry – Ginny bufó.
- Eso es historia antigua, Hermy. Yo en realidad admiraba a Harry, luego conocí al chico y me fue más fácil quererlo como mi hermano. Por lo de mis novios, Michael Corner fue un tarado, que después mira con quién terminó…
- Cho…
- Exacto. – dijo ella molesta - Dean, solo fue para hacerlo rabiar a Ron. Y Colin…
- Un perfecto idiota…
- Diste en el clavo. Solo quería…
- ¿Sexo? - ella asintió - Y se lo contaste a alguien.
- El único que sabía todo acerca de las intenciones de Colin era Harry. – Hermione asintió como ya sabiendo la respuesta - ¿Por qué crees que Colin ya no le tomaba fotos en sexto año? – rieron – Te digo, me será mas fácil casarme con una momia de Egipto, antes de encontrar al hombre de mi vida… – Hermione entonces tuvo un presentimiento.
- Quizás – y la miró sonriendo – el hombre de tu vida está más cerca de lo que crees.
- ¡Ya cállate! Vamos adentro, el frío de la noche te está afectando el cerebro.
La noche dicen algunos es ideal para que las personas que se aman arreglen sus diferencias. Pero nada parecido ocurría en una de las habitaciones en la madriguera. La espectacular Cho Chang se había puesto un pijama sexy, pero a pesar de que la imagen que mostraba daba la apariencia de que quería seducir a su novio y hacerlo olvidar de las peleas, no tenía ni la más mínima intención de reconciliar las diferencias del día. Se metió en la incómoda cama y se puso a leer por enésima vez el libro. Al parecer Ginny tenía razón, no entendía nada de lo que el autor escribía en él. Tanto así que tuvo que leerlo dos veces para sacar algo en limpio. Suspiraba resignada y esperando que el tiempo que le quedaba en ese lugar pasara lo más rápido posible, así se iba de ese chiquero. Cómo detestaba a los Weasley. "son tan simples y resignados a su pobreza, no se como Harry los soporta. Y esa mocosa pelirroja, diciéndome a mi, ignorante. Se le caerían los pelos de saber que puedo hacer." Y comenzó a enumerar mentalmente sus dotes: "bueno se distinguir entra la seda y el algodón, puedo maquillarme a oscuras y en la disco mientras bailo. Puedo comprar en las baratas como la mejor, se cuando un perfume es original o no, ¡ja! Dime que puedes hacer eso tontuela…" y reía. Luego analizaba la actitud de Harry y se convencía que ya tendría tiempo de hacerlo cambiar. Un par de besos y el pobre tontuelo estaría la bolsa.
Harry, aun en la sala, no quería llegar a la habitación. Habló con el señor Weasley de cuanto tema pudo, y solo se resignó a perder a su interlocutor cuando al estar discutiendo con Ron sobre Quidditch, lo vieron cabecear en el sillón. Entonces no tuvo mejor idea que retener a su amigo hasta las doce. Pero tampoco allí tuvo suerte, porque cuando el reloj estaba dando la última campanada, una enojada Hermione se asomó por el hueco de las escaleras tronando el nombre de su novio. Ron dio un salto, y subió las escaleras en un segundo, no sin antes desearle buenas noches a su amigo. Harry se quedó observando el lugar donde antes había estado la pareja, Ron calmando a su novia y ella después de un momento sonreírle y pasarle sus brazos alrededor del cuello, para juntos desaparecer en los pisos superiores… y se preguntó por qué él no podía ser así con Cho. Por qué su novia no era tan cariñosa como Hermione, Cho era tan… superficial. Envidiaba La felicidad de su amigo, pero era una envidia de la buena. Ron tenía todo lo que a Harry se le había negado desde un principio. Una familia unida y feliz que lo quería, y una novia que casi besaba el suelo que pisaba. Aunque no debía ser ingrato. Él había sentido ese amor familiar más tarde, de los mismos Weasley, cada vez que llegaba a pasar un verano con ellos. Pero lo que más le envidiaba a Ron era la relación que compartía con la chica que amaba. Hermione se desvivía por brindarle y demostrarle su amor. En cambio Harry, tenía una novia amante de los grandes diseñadores y que solo podía hablar de lo que decían las revistas de moda.
Sin ganas empezó el trayecto a su calvario personal. Cuando subía, pasó por el cuarto de Ginny. Tuvo la tentación de tocar, y quedarse con ella. Por lo menos, con Ginny podía hablar, no como… Suspiró y siguió de largo, hasta llegar a su cuarto. Entró, y la vio recostada sensualmente en la cama, a simple vista incomoda por el colchón, y sin un dejo de arrepentimiento en su mirada. Comenzó a cambiarse y en su cabeza rondaban los dichos de Cho. "Para ella soy un idiota a quien cazar para no perder el tren…" Terminó de ponerse el pijama, y en la parte de arriba se puso una camiseta de algodón sin mangas. Sin decir una palabra se acostó en la cama y se dio la vuelta para no hablar con su novia. Ella tampoco hizo nada por reconciliarse. A las dos de la mañana una luz lo despertó. Cuando abrió los ojos, y se dio vuelta, Cho todavía seguía con el libro en la mano.
- ¿Todavía estás leyendo? – resopló - puedes apagar esa luz, por si no te diste cuenta, ¡algunos queremos dormir! – Cho bajó el libro y lo miró enojada.
- ¿Te molesto? – Harry chasqueó la lengua - ¡pues te la aguantas!
- Voy a pensar que Ginny tiene razón… – esta cerró el libro y lo miró – ¿todavía no lo entiendes, amor? – Cho dejó el libro en la mesita de noche y apagó la luz. Y para desgracia de Harry comenzó el calvario de todas las noches o como él solía pensar, empezó nuevamente el ritual de la incomodidad.
- ¡Por que no te mueves para tu lado, Harry, me molesta tu cuerpo!
- ¿Y hasta ahora te das cuenta que no soportas mi cuerpo? – dijo este. La oriental no se dio por aludida. Al no obtener respuesta, Harry tomó las sabanas y se dio vuelta dándole la espalda.
- Harry no jales las sabanas, Merlín, esta cama es tan incómoda… – Harry no soportó mas, tomando la varita, lanzó un hechizo para insonorizar el cuarto y se levantó de la cama.
- ¡YA BASTA CHO, ME TIENES CANSADO CON TUS MALDITAS QUEJAS! – Gritó - ¡NO TE EXIGI QUE VINIERAS, ASI QUE SI QUIERES PUEDES IRTE POR DONDE VINISTE!
- ¿Qué diablos te pasa Harry? – decía Cho sin entender
- ¿QUE, QUE ME PASA? ¡NUESTRA RELACIÓN SE VA POR UN CAÑO, TE PIDO QUE VENGAS PARA QUE ARREGLEMOS NUESTRAS DIFERENCIAS, Y TU, COMO NUNCA EN TU VIDA, TE LA PASAS LEYENDO LIBROS! ¿AHORA TE ACUERDAS DE LOS LIBROS?
- ¿Qué quieres decir? – Harry se estaba poniendo la bata y las pantuflas y agarrando su varita.
- Que en Paris, te la pasas de fiesta en fiesta, y aquí te la das de estudiosa. A mi no me engañas, monta ese numerito para engañar a mi familia, a mi no.
- ¿Harry a dónde vas? – dijo Cho
- Te dejo la cama para ti solita, amor. – abrió la puerta y tuvo el tino de bajar la voz, para que nadie escuchara lo desdichado que era - Yo ya me canse de dormir en el suelo.- y se fue, dejando a la chica con la boca abierta.
Ginny estaba en su cuarto escuchando música. Había logrado dormirse, pero una nueva pesadilla la había hecho saltar de la cama sudando. Se lavó la cara, tratando de serenarse y volvió a la cama. Puso su radio muggle encantada, buscando un poco de paz en la música, y sin apagar la vela se recostó abrazando a su almohada. Esta vez el sueño fue distinto. Voldemort la poseía en la cámara de los secretos y la obligaba a ver como el basilisco mataba a Harry. Y ella no podía hacer nada. Así tarareando bajito la canción que sonaba, con los ojos cerrados y apretando la almohada para no tener miedo, no escuchó que su puerta se abría lentamente. Ginny derramaba una que otra lágrima, porque su sueño era tan real. Si ella viera morir a Harry…
- ¿Ginny? – el escuchar su nombre la sobresaltó. Y más se preocupó al ver a su mejor amigo de pie, al lado de su cama y con una expresión de tristeza en su rostro. Rápidamente se secó las lágrimas y le dedicó la mejor sonrisa. El, sin embargo se dio cuenta la instante de los ojos rojos y cambió su expresión por una de preocupación.- ¿Estuviste llorando?
- ¡No! – chilló - que dices, es la canción, en la radio, ¿es triste sabes?
- ¡No me mientas, Ginevra! – dijo y se sentó en la cama – Tuviste otra pesadilla. – ella no pudo contener un sollozo, y él la abrazó, casi instintivamente, tratando de consolarla.
- Lo siento, - trató de disculparse Ginny - esta fue peor…
- Cuéntame…
- No, no quiero recordarla – luego lo miro extrañada – ¿y tú qué haces en mi cuarto, Harry?
- Tuve una discusión con Cho… – Ginny bufó - simplemente… no quise seguir soportando sus desplantes…
- Ay Harry, no me digas que ella te corrió del cuarto, porque en un segundo me levanto y le planto unas cuantas verdades… - Harry le tomó las manos.
- No es necesario, yo me fui solito y sin que me echaran… ya estaba cansado de dormir en el suelo… – la miró y sonrió – y si te soy sincero, extraño dormir contigo, ¿sabes? – ella sonrió y levantó las sábanas. El entendiendo la indirecta, se quitó la bata y se metió rápidamente en la cama. Apenas apoyó la cabeza en la almohada, Ginny se acercó a su costado, apoyando su cara en el pecho masculino. El pasó su brazo por debajo de ella y dando un suspiro de satisfacción, comenzaron a charlar. – si, definitivamente se puede dormir contigo, Gin – la muchacha rió.
- Es porque con Cho haces otras cosas… más pervertidas. – y rieron de la ocurrencia.
- Si, seguro… – Ginny comenzó a rozar el mentón de Harry con su cara y rió – ¿qué sucede?
- Es que... es la primera vez que noto que tienes barba… – pequeños vellos faciales salían de la piel de Harry que hacían cosquillas al contacto de la pelirroja. Harry no se había afeitado en días, porque sabía que eso molestaba a su novia.
- Es mi nuevo look… – sonrió divertido – rebelde con causa. – Y lentamente comenzó a acariciar la espalda de Gin – tu tienes la piel muy suave… como si metieras los dedos en un pote de crema… – Ginny rió, y comenzó a acariciar con sus suaves pies, las piernas de Harry. Este se sintió raro, un tanto acalorado, pero el momento era demasiado agradable. Tan diferente a las noches pasadas, donde todo eran reproches, discusiones, y silencio entre él y Cho. Tenía una remota vocecita en su conciencia que le decía que lo que estaba pasando entre Ginny y él no era correcto, pero le gustaba el contacto de la chica, su mano bajaba y subía lentamente por la espalda femenina, y ella no hacía nada por detenerlo… salvo esos soniditos graciosos como el ronronear de un pequeño gatito que está jugando con su ovillo de lana. Ginny no decía nada, por el contrario, volvía a acariciar el mentón de Harry con su mejilla. Su aliento fresco pegaba en el cuello del muchacho despertando sensaciones diferentes a las que sentía cada vez que ellos interactuaban... Merlín, si estuviera en el cuartel de aurores estaba seguro que en ese momento, la alarma de peligro estaría aturdiendo sus oídos, pero desgraciadamente no estaba trabajando, y sus sentidos estaban demasiado embotados para escuchar más que la respiración entrecortada de Ginny y el susurrar de las sabanas.
- Harry… – dijo de pronto Ginny y sacó un momento a Harry de esa burbuja de deseo. Y fue solo un instante, porque cuando este bajo la vista, y observó la cara sonrojada de Ginny, la punta de la lengua mojando sus labios como invitándolo a besarla… y maldita fuera, ella estaba bonita… estaba abrazado a una hermosa mujer – apaga la luz, por favor… - Harry sin decir nada, porque no podía, obedeció y dejó la varita en la mesa de noche. Y supo que eso fue peor, ya que amparados por la oscuridad, deseaban más. Al menos él lo deseaba profundamente. Las caricias eran más sensuales de uno y otro lado. De pronto las nubes parecieron dar un respiro a la luna y la noche se tornó clara, había luna llena, así que el cuarto quedaba iluminado. La nariz de Ginny estaba en el cuello de Harry. Podía oler el perfume de su piel, tan varonil. Se sintió rara, nunca había sentido a Harry así.- Hueles bien… – dijo - no entiendo como Cho, no…
- No quiero hablar de Cho, ¿vale? – dijo entrecortadamente porque Ginny había comenzado a acariciar su pecho y hacer círculos con las yemas de los dedos.
- Harry… - dijo dándole un beso en su pecho – definitivamente se puede dormir contigo. – el sonrió.
- Si, tienes razón... definitivamente se puede dormir contigo Ginny.- dijo Harry suspirando profundamente.
- Pero, Harry…
- ¿Si?
- La próxima ves hazme un favor, ¿si?
- Lo que tu quieras – esta levantó la cabeza y lo miró a los ojos. Ginny tenía un brillo especial.
- Mañana, bien temprano, deja atrás tu etapa de rebelde sin causa y aféitate… porque me da comezón tu barba – y rieron. Lo siguiente que hizo Harry los tomó desprevenidos. Su sonrisa tan cálida y contagiosa, dio paso a un extraño sensación de vació y sin darse cuenta, se encontró acercando sus labios a los de ella, tímidamente. Merlín, era tan dulce. Fue un beso casto, cargado de intenciones que se obligó a pensar que solo serían eso, intenciones que no debía llevar a cabo, y menos con Ginny. Después del beso, que duró segundos, se separó nervioso, a pesar de que en su mente estaba la palabra error, le había gustado hacerlo. La miró, pero ella aún tenía los ojos cerrados. Carraspeó. Ella lo miró.
- Ginny lo siento yo… - pero ella no lo dejo hablar, lo tomó del cuello y lo besó, pero esta vez fue más apasionado. Harry la tomó de la cintura y con un movimiento quedó encima de la chica. Apoyó un codo en el colchón, y con la otra mano se dedicó a acariciarla sensualmente. Lo primero que buscó fueron sus senos debajo de la remera. Sus dedos apenas rozaban la piel de Ginny mientras esta, dejándose llevar, había metido sus manos por dentro de la camiseta y acariciaba la espalda de Harry – Ginny no… - solo decía y Ginny lo callaba con sus besos. Con timidez en principio, y luego pasando a la desesperación, la lengua de Harry exploraba la boca de la pelirroja haciendo que esta emitiera pequeños gemidos de placer.
- ¿Deberíamos parar? – dijo Ginny con las manos en la camiseta de Harry, quitándosela con determinación. El respiraba aceleradamente.
- ¿Quieres parar? – la miro. Su rostro estaba encendido. Quería seguir y la respuesta de Ginny le dio a entender que ella también. La muchacha se dedicó a besar su torso desnudo. Lo siguiente que hizo Harry, fue a los manotazos tomar la varita, cerrar la puerta y hacer un hechizo silenciador, a lo que después Ginny le quitó la varita y pronunció unas palabras,. – ¿Qué dijiste?
- Un hechizo anticonceptivo – lo miró y sonrió nerviosa. Harry se dio cuenta que Ginny quería llegar hasta las ultimas consecuencias y el no la iba a defraudar para nada. – yo… aun no…
- Shhh… – dijo dándole un beso para hacerla callar – lo sé… – y siguió besándola mientras enrollaba su camiseta y se la quitaba lentamente. Cada movimiento que la prenda hacia su cuello, fue acompañado por calientes besos de Harry, que comenzaron en la cintura, hacia arriba en su torso, lamiendo el valle entre sus senos y haciéndola suspirar. No quiso detenerse en sus senos mucho tiempo dándose cuenta del temblor de Ginny al sentir esas caricias tan íntimas. Sabía que con ella debía ir despacio. Era su primera vez. Cuando la liberó de la prenda que cubría la parte superior, se ocupó de los pantaloncillos y las bragas. Si bien debía ir con calma, tampoco quería tardar mucho. La deseaba… Merlín, la deseaba demasiado. La acarició íntimamente preparándola para el próximo paso. Cuando estuvo seguro que todo estaba bien, cubrió el cuerpo femenino con el suyo, y con las rodillas se abrió paso, tratando de apaciguar los nervios de la pelirroja. Ginny estaba alterada, y sabía que ese paso con Harry era un error, pero lo deseaba. Necesitaba un recuerdo diferente que la hiciera olvidar de tantos recuerdos dolorosos. Y Harry sin que ella pudiera evitarlo, le estaba proporcionando un placer nunca vivido. Más placentero que montar una escoba y sentir la brisa acariciar tu cara, o mejor que jugar al Quidditch con sus hermanos un domingo por la tarde… Los dedos de Harry hacían magia con cada movimiento y ella estaba a punto de explotar cuando él la cubrió con su cuerpo. Lo miró a los ojos. Este era Harry su amigo, casi su hermano que la estaba confortando de una manera que jamás podría imaginar y le gustaba. Sintió sus manos mover sus piernas, y acomodar su pelvis contra la suya. Se sentía tan bien el calor del cuerpo masculino abrazándola… Cerró los ojos y sintió los labios de Harry hacerse dueños de su boca, y ella lo permitió. Permitió sus manos en su cadera y permitió que con un suave embate el la poseyera… Dolor, solo un poco.. Harry se detuvo a medio camino esperando que ella se adaptara a la posesión. Ella suspiró.
- Harry…
- ¿Estás bien? – dijo Harry con la voz entrecortada, como haciendo un esfuerzo por no hacer un solo movimiento. Pero Ginny sabía que no hacerlo era imposible. Ella sonrió y asintió y lo siguiente que supo fue que sus caderas se elevaron para darle el permiso requerido. Harry suspiró profundamente… era lo que esperaba, y con un movimiento más brusco, la poseyó por completo… y ambos se perdieron en aquella extraña neblina que los cubría y que los emborrachaba de placer.
A la mañana siguiente se despertó mas relajado que nunca. Hacer el amor aplacaba sus histerias, y esa noche fue mejor que muchas.
Pero a pesar de haberlo pasado realmente bien con ella, la desesperación llegó una vez bien despierto, cuando se dio cuenta de la magnitud de sus actos. Había pasado la mejor noche de su vida… con su mejor amiga... con la hermana de su mejor amigo… con la que consideraba casi su hermana. Merlín, había hecho el amor con Ginny, que se encontraba durmiendo aun a su lado, y completamente desnuda. Podía ver sus pechos, tan suaves al tacto, y tan deliciosos al sabor, moviéndose seductoramente al ritmo de su respiración. Harry con la cara roja de vergüenza, y también para evitar tentaciones, los cubrió con la arrugada sábana. No quería mirarlos aunque en la noche los había disfrutado demasiado. Rápidamente se levantó y se vistió. Quería salir de allí y morirse. Llegó a su cuarto y vio a Cho durmiendo. Sin hacer mucho ruido se cambio el pijama por unas bermudas verde militar y remera color beige. Al llegar a la cocina se encontró con la señora Weasley que, con su mejor sonrisa, le decía buenos días. "maldito traidor," se decía cada vez que Molly se acercaba para darle el desayuno y le acariciaba el cabello. Luego vio aparecer por la puerta a Ron, y otra vez las ganas de llorar. Por qué había sido tan Imbécil. Traicionar la confianza de todos por un momento de calentura… muy buen momento de calentura, pero que todo terminaba allí. Suspiró abatido. Terminó de desayunar y sin decir absolutamente nada, se marchó hacia el jardín. Ron le gritó que lo esperara, pero Harry le respondió que quería estar solo. El pelirrojo se encogió de hombros cuando su madre le preguntó por la actitud de su amigo y comenzó a desayunar. Al rato Ginny llegó a la cocina dando los buenos días.
- Buenos días hija – dijo Molly – estás más bonita hoy – Ginny se puso roja, y se preguntó si perder la virginidad se notaba en la cara. Luego recordó que a Hermione no se le notaba absolutamente nada. Salvo las ojeras, y la sonrisa del gato tras comerse al ratón. Merlín se puso seria de repente. No debía sonreír de esa manera. No debía sonreír y punto. Pasar la noche haciendo el amor con Harry había sido la peor decisión de su corta vida, Pero ya no era tiempo de lamentarse. Había que hacerle frente a la situación… y más que nada, debía hablar con Harry. Si lo perdía por el absurdo error de la noche anterior, no iba a perdonárselo nunca.
- Ehhh… es que… decidí seguir los consejos de nuestra invitada – Ron escupió el té por reírse, a lo que la señora Weasley le dio un coscorrón en la nuca. – ¿Han visto a Harry?
- Está de lo mas raro… - dijo Ron
- Si – acotó la señora Weasley – tomó el desayuno callado, sin decir una sola palabra, solamente dijo buenos días… demasiado pensativo, y tan triste. - Suspiró preocupada. - Luego se levantó y salió al jardín, como si algún demonio invisible lo persiguiera.
- Si, y no quiso que lo acompañara… – Dijo Ron metiéndose un gran trozo de pan a la boca. Ginny salió hacia el jardín…
- ¿Ginny no vas a desayunar?
- Lo haré en cuanto hable con Harry… – y desapareció. Al llegar al jardín miró por todos lados y ni rastros de él. Luego adivinó donde podría estar. Sin perder tiempo caminó hacia muelle, en el estanque. Lo divisó sentado con la mirada perdida. Al llegar vio que sus ojos estaban aguados. Se sentó a su lado. Harry se paso la manga de su remera por los ojos – Harry…
- Quiero que me perdones por ser tan… Imbecil – la miró a los ojos y sin poder evitarlo, derramó unas lágrimas. - lo de anoche… lamento lo de anoche Ginny. La cagué contigo… fue un tremendo error…
- Harry… - ella lo abrazó, por algún motivo él se dejó abrazar – no te sientas mal por lo que sucedió. No solucionarás nada.
- ¿Cómo puedes venir tan comprensiva y confortarme? – dijo mirándola extrañado – yo… yo no tenía derecho a… - suspiró – ¿acaso no lo entiendes? yo abuse de ti…
- Ay por favor Harry… no me hagas sentir más vergüenza de lo que ya siento – él abrió los ojos sorprendido por la actitud de Ginny. - ¿Me forzaste acaso? – este negó – yo también lo deseaba, recuérdalo… tú me preguntaste, y yo decidí continuar…
- Pero…pero traicioné la confianza que tu familia me tiene… Le falté al respeto a tu casa… a ti… - dijo casi hipando y separándose de la pelirroja – te confundí y te seduje como un ruin patán…
- Estoy de acuerdo contigo de que fue un estúpido error, Harry. No podemos volver el tiempo atrás y deshacer lo sucedido. Ya pasó, y no podemos evitar sentir vergüenza el uno con el otro, y arrepentimiento. Pero no te confundas, no fue tu culpa, ni tampoco la mía.- Harry la miró ella hablaba mirando hacia el estanque, dos patos nadaban graciosamente – culpa mejor… culpa a las circunstancias. – lo miró - Tú, estabas enojado con Cho. – suspiró – yo…
- ¿Cuál es tu excusa, Gin?
- Me sentía sola… - sus ojos se nublaron de tantas lágrimas que pugnaban por salir.- Veo a Ron y a mis otros hermanos felices, con una persona a su lado. Te veo a ti, que aunque sufres, amas a alguien, y me veo yo durmiendo sola, llorando porque una maldita pesadilla me arruina la existencia… ¿te parece una buena excusa…?
- ¿Pero qué haremos ahora, Gin? – dijo dubitativo - nada será igual… - ella lo miró alarmada – sabes que nada será igual entre nosotros…
- ¡No lo digas Harry! – chilló tapándole la boca con su mano – Todo seguirá igual. Te quiero como mi hermano, eres mi mejor amigo, y no dejare que una estupidez nuestra… no te alejes por favor… no soportaría que por una noche de locura, perdiera tu compañía… tu amistad…
- Mía… la estupidez fue solamente mía, Ginny.
- No, nuestra, porque tu me sedujiste la primera vez, pero yo lo hice las siguientes… – Harry se puso rojo, ella tenía razón, y su piel se erizó al recordar las veces que Ginny le pedía que la amara una vez mas.
- Pero tu familia…
- No tiene por que enterarse… – le tomó la mano – este será otro de nuestros secretos. – lo miró suplicante - Lo de anoche muere en este juramento. Nada cambiará entre nosotros Harry, Porque más que lo de anoche, me dolería perder nuestra amistad. – juntaron los dedos meñiques – lo juro… - Harry suspiró.
- Lo juro… - ella al fin volvió a sonreír. Harry se convenció de que Ginny tenía razón. Sería más doloroso perderla como amiga, así que obligó a su memoria a mover los recuerdos de la noche anterior, hacia aquella zona donde todo se olvida.
- Bueno, no se tu pero yo me muero de hambre… – se levantó del muelle y le tendió la mano. – y según mamá, tu no desayunaste bien.
- Vamos Ginny… sabes que tu madre siempre pensará que desayuno mal… – rieron y juntos caminaron hacia la casa tomados de la mano. Ya no se miraban, aun les daba vergüenza hacerlo. Aunque juraron seguir con su amistad como siempre, ambos sabían que ya nada iba a ser igual. Harry nunca le confesaría a su amiga, que había pasado la mejor noche de su vida. Y Ginny nunca le podría decir a su amigo, a su hermano del alma, que había sentido lo mismo, y que aquel sentimiento que ella creía confundir con admiración luego, comenzaba a aflorar. Ginny pensó que si estuvieran jugando a la batalla naval, su amistad con Harry había sido seriamente averiada… y todo por culpa de Cho Chang.
Nota de la autora: y bueno… ¿esto se va poniendo color de hormiga? ¿No? espero sus comentarios. Próximo capítulo, ya están de vacaciones en la playa… ¡veremos que sucede allí!
Gracias nuevamente y espero esta semana actualizar los pendientes…
