¡Hola! Sin preámbulos… les dejo el capítulo. Para vos "pepita la pistolera"
Capítulo 6
La casa de la playa
Cuando todo estuvo listo para partir hacia el paraje donde disfrutarían de las tan ansiadas vacaciones, Ron, Hermione y Ginny, se apresuraron para pararse en frente de la chimenea, con un simple bolso el primero, y con sendas maletas las segundas. Harry Y Cho habían decidido ir a Paris primero para recoger lo que necesitaran para la estancia en la playa, y luego se unirían a sus amigos. La ausencia de Harry unos días, alegró un poco a Ginny cuyos pensamientos y recuerdos la tenían de cabeza. Por las noches, el insomnio volvía a tacarla sin piedad. Pero no eran las terroríficas pesadillas de Voldemort las que lo provocaban. Ahora, la asaltaban los recuerdos de esa noche en que se entregó a los brazos de Harry, su mejor amigo. Y las caricias y besos compartidos, no hacían más que reflotar los remordimientos, que cada día que pasaba pesaban demasiado.
A veces la situación de guardar un secreto tan fuerte, la hacía querer gritar, llorar, y temía que si seguía en ese rumbo, muy pronto perdería la cordura. En algunas ocasiones, se vio tentada de confesarle a Hermione. Quizás la opinión de su cuñada, podría iluminarle el panorama, o darle al menos un consejo, pero luego recordaba el juramento que habían realizado esa mañana en el estanque de la madriguera ella y Harry, y callaba. Si Hermione lo supiera, era casi seguro que Ron iba lo sabría… Y si su hermano, se enteraba… suspiró. No querría ser motivo del distanciamiento entre Harry y su mejor amigo. No, era de suma importancia, permanecer callada. Aunque el mantener el silencio solo sirva para que cada día, o mejor cada noche, volverse un poquito más loca… no por no poder decir la verdad, sino por la intensa necesidad de anhelar… anhelar algo que nunca iba a volver a suceder.
- Bueno Chicas – decía Ron, levantando el equipaje – yo iré primero con las maletas, luego tu Hermione, porque tienes las llaves de la casa y por ultimo ira Ginny.
- ¿Y cuándo irá Harry? – preguntaba la señora Weasley, dándoles un beso de despedida. Ginny pensaba "ojala nunca."
- Bueno, él dijo que iría en pocos días… – sonrió el pelirrojo – pero yo creo que tardará una semana, pues quería aclarar las cosas con Cho… y tú sabes que las reconciliaciones son lo mejor de las peleas. – dijo codeando a Hermione. Esta solo se puso colorada, y huyó de la mirada inquisidora de la señora Weasley, fingiendo buscar algo en su bolso.
- Espero que le vaya bien… – carraspeó Ginny – Merlín sabe que esa mujer es insoportable… yo desearía que no llegaran nunca.
- ¡Ginny! – dijo Hermione – eso es cruel…
- Cruel va a ser soportar los desplantes de esa idiota… - dijo tomando su bolso y dándole un beso a su mamá – y observar como unas vacaciones de ensueño, se convierten en una mierda, gracias a la querida Cho…
- No seas injusta con esa muchacha, Ginny… – le reprochó su madre – y mantén esa boca cerrada, si no es por ella, hazlo por Harry.
- Si mamá… - solo balbució y luego miró a su hermano -¡Bueno Ron, ya te tardas demasiado! ¡Y no vayas a perder nada por el camino! – Ron tomó el equipaje y con voz determinada dijo la dirección donde iban. Luego le siguió Hermione, cuando Ginny iba a perderse en las llamas verdes…
- Hija, cuídate, ya eres mayor de edad pero recuerda que hay peligros para los que no estás preparada todavía…
- ¿Qué peligros puedo encontrar mamá?
- ¡Hombres! ¿Qué es más peligroso que un hombre dispuesto a aprovecharse de una inocente niña como tú? – Molly rió, Ginny tenía la cara roja, y una punzada de culpa, le atravesó el estómago. ¿Cómo decirle a su madre que yo era tan inocente? No dijo nada, solo sonrió a su madre y desapareció.
El sitio donde pasarían las vacaciones era para los hermanos Weasley soñado. Una gran casa se asomaba por la playa de blancas arenas, situada en una pequeña isla en España. No había mucho turismo allí, por lo que algunos magos, la elegían para poder usar la magia sin restricciones. Cuando entraron a la casa casi se les cayeron los ojos. Una gran sala de estar con sillones y sofás todos blancos, combinaban con las paredes, todas de color arena. Los muebles se disponían mirando al gran ventanal que daba a la playa. La sala tenía un gran equipo de música muggle y un gigantesco televisor de pantalla plana. En el mismo lugar hacia un costado se encontraba un gran comedor, cuya mesa en el centro era vidriada. Las enormes sillas le daban un aspecto señorial. Hermione les decía acerca de las comodidades de la casa, pero los chicos pelirrojos no podían emitir más que exclamaciones. La cocina también era espectacular. Toda en celeste y blanco, forrada con madera las paredes, la mesada se disponía en ele, y se podía observar la moderna lavadora de platos, un enorme refrigerador y el horno microondas. Los chicos veían algo extrañados estos artefactos, pero Hermione les dijo que eran fáciles de usar. A Ginny se le hizo que iban a pasar un verano genial. Luego subieron a los cuartos. Arriba había solo dos cuartos en suites con baño privado.
- ¡Hermione esto es fantástico! – dijo Ginny – ¿como tienes una casa así? – luego bufó – si hubiéramos sabido que tenías este lugar para pasar el verano…
- Es de mis padres, no mía, Ginny – la miró con reproche – no lo olvides… - dijo observando como Ron Abría y cerraba los armarios con puertas corredizas – y la verdad es que sin nadie con quien jugar, los veranos eran realmente aburridos – Ginny la miró – a diferencia de tu casa, que son inmejorables, ¿sabes?
- Si, en mi casa la pasamos genial, pero así y todo… – Ron estaba tirándose en la gran cama con doseles y cortinas de tul blancas – Este será nuestro cuarto.
- Supongo que el otro será el de Harry y Cho… – dijo Hermione acomodando su maleta en un sillón. Ginny la miró como diciendo "¿Y Yo?" Hermione le sonrió – Pensé que estarías cómoda en la habitación de huéspedes… – sonrió – Está en la planta baja.
- Picarona, quieres mantenerme lejos… – Hermione rió – pero si solo haces un hechizo silenciador… nadie podrá enterarse de los gritos de Tarzán que lanza mi hermano cada vez que… – Hermione y Ron se sonrojaron.
- ¡Ginny Weasley! – tronó Ron
- Ya está bien hermanito… apaga ese color rojo de tu rostro… no necesitas darme la charla de las flores y las abejas…
- ¿Cómo que no necesitas…? - empezó a decir Ron, pero Ginny lo interrumpió.
- Bueno Hermy, muéstrame mi habitación… - Las dos salieron de allí no sin antes Hermione pedirle a Ron que acomodara su ropa en el inmenso armario. Bajaron las escaleras y atravesando un pasillo que llevaba a la cocina, Ginny recién fue consiente de una puerta situada en el medio del mismo. Hermione la abrió, encendió la luz, y Ginny abrió los ojos sorprendida. Era quizás un cuarto más pequeño que los de la planta superior, pero no por eso menos espectacular. La decoración era sobria. Tenía una gran cama con doseles, pero el cortinado era de una vaporosa tela semitranslúcida y de colores claros. Los muebles, de madera, eran oscuros lo que hacía el contraste perfecto. Las paredes eran de color arena, así como los sillones y demás cosas en un beige oscuro. A diferencia de las otras habitaciones el armario en madera oscura, era más pequeño. También tenía cuarto de baño privado. Ginny hizo lo mismo que Ron. Se tiró a la gran cama en la cual rebotó – ¡cielos Hermione, definitivamente este será un verano genial! ¡Accio equipaje de Ginny! – y por la puerta llegaron volando las maletas descascarilladas de la muchacha.- ¡Diablos, la esconderé rápido, no pega con la decoración!
- Ginny, te dejo para que te arregles, nos vemos en media hora para bajar a la playa.
- ¡Okay, pero no se tarden! – y le guiñó un ojo. Hermione sonrió y desapareció, dejándola deleitarse con la habitación – Bueno Ginevra Weasley, estas en vacaciones, aquí tendrás tiempo de pensar que hacer con tu vida… - Y sin ganas se levantó para acomodar su modesto guardarropa.
En Paris los ánimos estaban más calmados. Cho había conseguido engatusar a Harry nuevamente, y alargaba con evasivas y seduciéndolo, su tan ansiado viaje a la casa de Hermione. Harry se dejaba llevar por la sensualidad de la oriental, aunque, una vez que saciaban sus necesidades, se daba cuenta que al lado de su novia, ya nada era lo mismo. Cada noche apaleaba a sus memorias, por ser tan insondablemente idiota. Sacudía su cabeza, y miraba a su novia dormir, y se levantaba hacia la cocina y perdía su mirada en el agobiante paisaje de esa ciudad. Suspiró una vez más, sabiendo para donde iban a parar sus pensamientos. Sucedía cada noche después de volver de la madriguera. Los momentos posteriores a hacer el amor con su novia, no podía resistirse a la tentación de compararla con su desliz sentimental… no podía evitar confrontar las sensaciones que le proporcionaban su novia y su mejor amiga. Y siempre caía en la misma conclusión. Una era el viento y la otra la calma. Aun Cho dormida era tan diferente a Ginny. Luego se movía lentamente hacia el refrigerador y tomaba agua. No entendía por que tenía que hacer eso. Compararlas. Solo, en la cocina, encandilado por las luces de la ciudad, recordaba las veces que sintió la necesidad de volver con Ginny una vez cometido el error. Las veces que se levantó en la noche, el último día de estancia en la madriguera y se quedaba ahí, parado, apoyando su frente en la puerta de la habitación de Ginny, tratando de vencer la irracionalidad que lo acometía cuando deseaba con todos sus sentidos exacerbados entrar y… Luego se insultaba a sí mismo y recordando la promesa de olvidar esa locura, volvía al cuarto con Cho… y sufría horrores.
Pasada una semana, Harry volvía de hacer los trámites para regresar a Inglaterra, eso era algo definitivo. Cansado de esa ciudad que lo ahogaba, y sin pedir consentimiento a Cho, había gestionado el traslado al cuartel de aurores del Ministerio de Magia inglés. Ya tendría tiempo de convencerla durante las vacaciones. Pero pensar en esos días de descanso que pasaría junto a sus amigos, también lo ponía tenso. Mas que nada porque en ese lugar estaría nuevamente junto a Ginny, y esa cuestión lo ponía más nervioso que cuando rendía los exámenes preparatorios para entrar a la academia de Aurores. Si era honesto con él mismo, debía admitir que había alargado su estancia en Francia para no volver a verla. "¿Pero es justo?" pensaba. "Solo fue una estupidez Harry y decidimos con ella volver a ser amigos… ¿pero eso es realmente lo que quiero?"
- Amor… – Cho lo sacaba de sus pensamientos – Ya tengo todo listo, y aunque no me guste la idea de compartir mis vacaciones con los Weasley, quiero ir a esa casa.
- Cho… – decía Harry, dejando la chaqueta en el sillón, y dándole un gran beso – es que pensé que querías estar conmigo…
- ¡Sí, claro que sí, pero qué mejor lugar que una romántica playa, en España! Vamos Harry, ya tengo todo listo, tu equipaje, está preparado. Solo tenemos que desaparecernos…
- Pero Cho, aún me gustaría estar juntos un tiempo más… solos. – oh, Merlín como le costaban esas palabras.
- ¡Nada de peros, vamos ahora mismo! – dijo ella decidida – no me gasté mi salario en conjuntos de playa, pera quedarme aquí! – lo empujó un poco – y te aseguro que vamos a pasar el menor tiempo posible lejos de tus amigos. – sonrió – estaremos viajando a Ibiza para visitar todas las discos que allí hay…
- No sé si quiero ir… a Ibiza – dijo molesto. – además podríamos viajar mañana… ya es tarde y…
- No hagas berrinches precioso – dijo tomándole la mano y dándole un beso. – nos vamos ahora.
- ¡Pero llegaremos a la hora de cenar, y ellos seguramente ya habrán hechos planes para la noche! – dijo Harry viéndose empujado por la oriental hacia el cuarto. – no podemos llegar sin avisar.
- No te preocupes, cariño… – le tiró la maleta, que Harry a duras penas atrapó – ya mandé a Hedwig con un mensaje a Hermione, y estarán esperándonos.
- Bueno – dijo ya resignado a su suerte - si ya estás decidida – Cho lanzó un gritito de alegría.
- Me muero por conocer las discos y pubs que pueda haber allí… – Harry bufó. No sabía por qué pero tenía ese mal presentimiento que este viaje sería de todo menos de placer. Suspiró tratando de sacarse esos malos pensamientos. A pesar de su insistente negativa a viajar, no quería contrariar a su amada. Por primera vez estaba entusiasmada en algo que los implicaba a los dos, y convenciéndose de eso, redujo el equipaje poniéndolo en el bolsillo, la tomó de la mano y desaparecieron.
Cuando se aparecieron, lo hicieron en la puerta de entrada. Cho respiró profundamente mirando la casa. El exterior era imponente… Los colores claros de las paredes, los jardines verdes con flores y las pasarelas todas revestidas en piedritas, la hacían la casa ideal. Murmuraba acerca de tener una casa de verano así, a lo que Harry sólo torcía los ojos. Los jardines estaban iluminados con antorchas, lo que hacía del lugar un paraíso romántico. Tocaron la puerta e instantes después, los atendió una morena Hermione, que al parecer había aprovechado muy bien los días de playa. Les dio un abrazo y sin perder la sonrisa los invitó a pasar. En uno de los cómodos sillones, mirando televisión, se encontraba un relajado Ron, que aunque su piel generalmente era pálida, ahora lucía un tostado algo suave que resaltaba las pecas de la cara. Saludó alegremente a su amigo y su novia. Harry miró a todos lados por si aparecía ella, pero no la vio. Cho no dejaba de mover los ojos y la boca, mirando para todos lados y exclamando sobre la espectacular casa de Hermione. "Le decía a Harry cuando llegamos..." farfullaba una y otra vez, mientras era conducida a su habitación, "que deberíamos tener una casa así". Hermione se daba vuelta para mirar a Harry mientras subían las escaleras. Este que no dejaba de observar hacia todos los roncones de la casa buscando a la persona que no debía buscar, al escuchar las palabras de su novia y ver la cara de su amiga, sólo encogía sus hombros y seguía su camino. Una vez instalados, bajaron a la sala, donde Hermione invitó a Cho a la cocina, y Harry se sentó junto a Ron a ver la televisión. Ron estaba maravillado viendo un partido de fútbol.
- ¿Cómo estás Ron? – decía Harry, tomando una cerveza que le ofrecía su amigo – Por fin te veo con algo de color – reían
- Aquí estoy, todo relajado, tratando de entender un poco este deporte muggle – Harry vio en la televisión, se jugaba un partido amistoso entre Argentina e Inglaterra. Los sudamericanos claramente superiores, no dejaban llegar al arco a los sajones. Podía verse a un ofuscado Beckham, mover los brazos y a un par de argentinos, acomodando la pelota para lanzar un tiro libre. Harry le explicó un poco el funcionamiento del juego, peor Ron parecía más confundido que antes. A la media hora tocaron a la puerta. El partido ya había terminado, y Argentina ganado 3 a 1.
- ¿Esperas a alguien? – dijo Harry intrigado.
- Yo no, pero si Ginny… – dijo Ron haciendo una mueca. Harry se puso serio. – Verás mi amigo – agregó palmeando a Harry – nuestra preciosa hermanita, conoció a un español en la playa… – farfulló algo molesto - "Pedro" se llama, ¿puedes creerlo? – pronunció en un mal español.- Yo no quería saber nada, pero el tipo es… bueno, Ginny se divierte con él. – miró a Harry – Al parecer es un buen chico y Ginny está entusiasmada – Se levantó del sofá y fue a abrir la puerta.- Hola Pedro, cómo estás – Harry rió, el español de Ron era desastroso. Pero luego se le fue la risa a la mierda cuando vio al supuesto "amigo de Ginny". Alto, moreno, cabello ensortijado y con unos hermosos ojos color de los granos de café. El tipo rezumaba confianza absoluta, no solo en la manera de caminar sino también en la forma de vestir, con unos bermudas de lino, de colores claros y una camisa haciendo juego. En los pies sandalias de cuero, un tono más oscuro que su atuendo.
- ¿Cómo estás tío? – dijo sonriente, entrando a la casa, demasiado en confianza, a ver de Harry. Sin perder tiempo, Pedro se acercó al joven deteniéndose en medio de la sala mirando con interés al nuevo huésped – ¿Y Hermione, siempre tan guapa?
- Si ella siempre es "guapa" – rieron - Está en la cocina, ven Pedro, quiero presentarte a un amigo –llegaron hasta el sillón. Harry se levanto. Pedro lo miró de arriba abajo. Harry se sintió algo incómodo – El es Harry, Amigo él es…
- Pedro… - dijo como escupiendo. El joven lo miró a los ojos y sonrió.
- Ah, sí, Harry… – dijo aun sonriendo más, y abrazando a un sorprendido Harry. Luego le dio dos besos uno en cada mejilla – ¡El hermano postizo de Ginny, que al fín te conozco, joder! – y mas abrazos, esta vez el apretón fue mas fuerte. Harry rápidamente se separó.
- Si claro… está bien… mucho gusto… ¿Pedro, así te llamas, no?
- ¡Pues claro hombre! – dijo lanzando una potente carcajada que a Harry le pareció demasiado exagerada - ¿y dónde está mi preciosa princesa?
- ¿Dónde supones que puedo estar? – dijo alguien saliendo desde el pasillo de la cocina. Si Harry no la hubiera reconocido por su cabellera roja, la habría confundido con un ángel. Vestía un vaporoso vestido de algodón, sin mangas, y unas sandalias blancas de tacón. Su maquillaje era natural, lo que la hacía verse más hermosa, con su radiante cabellera suelta. Cuando salía del pasillo a la sala, fue cuando Ginny lo vio. Y su corazón dio un pequeño salto en su pecho… él había llegado. Suspiró tratando de serenar sus pensamientos. Su nueva pesadilla estaba ahí, mas hermoso que nunca. Demasiado pálido por no tomar sol. Sonrió interiormente, Harry tampoco era un chico de playa. Su piel demasiado blanca, tendía a irritarse sin el potingue apropiado. La poción cremosa que sólo ella sabía prepararle. Ella en cambio, tenía el mismo color de piel que su hermano Ron. – ¡Woah, veo que las sorpresas son múltiples! – se acercó a Harry, lo abrazó y le dio un beso en la mejilla – ¿cómo estás Harry? – preguntó y sin poder evitarlo sus ojos castaños, se posaron en su boca. Esos labios que sabían cómo hacer sentir una mujer deseada. Harry en cambio, no podía dejar de mirar lo cambiada que estaba… y el cambio no podía registrar si era para bien o para mal. Lo único que le hizo sentir una punzada de angustia en el pecho, fue el trato impersonal que ella tuvo con él al momento de saludarlo. Atrás habían quedado los gritos, los abrazos y los momentos de regocijo, que tuvieran entre ambos, cuando se encontraban después de un tiempo. Solo un "cómo estás," sin risas, sin abrazos, sin juegos o chanzas… Se maldijo por la estúpida decisión que le había ocasionado perder a su amiga. Sólo le respondió, murmurando un bien seco.
- ¡Pero niña! – dijo Pedro y la pelirroja volteó la mirada. – ¡Cada día estas más guapa! – y el español se abalanzó para darle un beso, pero Harry instintivamente se puso en medio. Ginny lo miró confundida, Ron más, Pedro lo miró burlonamente – ¡ah, comprendo… Celos de hermano! – rió. Al parecer Ginny le había contado sobre los celos sobreprotectores de su amigo – ¡Tranquilo tío, no voy a robármela! – Harry rojo y confundido se movió.
- ¡Bueno Pedro, vamos, no quiero llegar tarde! – y ya se iban
- ¿Pero te vas, digo no te quedas? Por si no lo notaste, recién llegamos – dijo farfullando – Pensé que querías saber como me fue con Cho – Ginny lo miró riendo.
- Harry, disculpa, pero ya había hecho planes, cuando llegó la nota de la querida Cho. – dijo dándole un beso casto en la mejilla, pero que a Harry le calentó la piel - Pero no te apures, que mañana podemos hablar y tenemos un mes y medio para vernos. ¡Así que hermanito, bienvenido a España!
- ¡Ole! – dijo Pedro e hizo un paso de bailador español, zapateando insistentemente sobre el piso de madera. Harry lo miro sorprendido, y Ginny aplaudía contenta. Luego de unos treinta segundos de zapateo, se fueron riendo y hablando en español. Ron cerró la puerta y una vez cerca de Harry largó una estridente carcajada.
- ¡Ay Harry, si vieras tu cara! – Harry se sentó en el sofá y tomó un trago de cerveza – No es un mal chico, yo también tuve esa reacción, pero una vez que lo conoces…
- ¡Es un perfecto idiota! – dijo Harry – Haciendo esa escenita de zapateo – Ron rió – bueno, en fin, veo que la han pasado estupendamente. – Ron asintió – te veo bronceado… - rieron – Merlín, dime que no estás tomando clasecitas con el amigo de Ginny…
- No, cómo crees…
- Solo basta observar los cambios en Ginny – dijo algo molesto. Ron no se dio cuenta del tono y sonrió.
- ¿Y a ti como te ha ido? Cuando te fuiste de casa no estabas bien de ánimos… y con Cho…
- Ahora estoy mejor – sonrió – y debo decir que arreglamos nuestras diferencias con Cho…
- ¿O sea que volviste a ser el hombre de gris?
- Payaso… – dijo y le dio un golpe en el brazo – ¿Por qué crees que todo es igual?
- Eso no lo se, lo veremos durante las vacaciones. Vamos a la cocina, la cena se está tardando demasiado.- se levantaron
- Lástima que mi compañera de diversión esté demasiado ocupada – Ron lo miró – tu sabes… - y realizó un intento de zapateo, que a Ron se le hizo que Harry parecía estar matando hormigas, por la risa que le salió.
- Eres increíble…
- ¿No doy en la talla de un bailaor de flamenco? - dijo sonriendo.
- Definitivamente das, amigo... - dijo Ron - das pena, amigo… Simplemente dedícate a ser auror.
- ¡Bueno! Quizás con un poco de ensayo… - y los dos riendo, y abrazados, entraron a la cocina abrazados.
Nota de la autora: si es cortito, pero se deja leer… este fic, lo publiqué por un pedido de una amiga. No es más ni menos que un momento de transición para mí, mientras acomodo las ideas para actualizar mis otras dos historias.
El hecho de que esté Beckham en la selección inglesa delata la fecha del fic… say no more.
Si alguna de las viejitas, leyó este fic anteriormente, se dará cuenta que he sacado algunas cosas, porque realmente, y al igual que Harry bailando, daban pena dejarlas... y otras he agregado, para darle un poco mas de brillo a esto, que remonta lo mismo que barrilete de plomo.
Espero comentarios.
Bien… no me pregunten por las otras historias… ya actualizaré. Creo que el lunes o mañana puedo poner un adelanto con foto incluida en mi muro de Facebook, los que quieran seguirme en twitter con el mismo nickname...
Adeus...
