Hola! me había olvidado de esta historia... acá dejo este capitulo... es uno de mis primeros trabajos, asi que va a estar cargado de errores, y aunque lo corregì un poco, mucho, se deja leer-
Capitulo 12
La invitación
En el interior de una pirámide dos excavadores trataban de desencantar un tesoro milenario. La mujer que presidía la excavación era la más entusiasta. Tenía la plena convicción de que ese día podrían rescatar el tesoro que tanto les había costado encontrar. El otro un poco más viejo, se resignaba al pensar que esa niña tan obstinada, lo haría llegar tarde a cenar con su familia. Bufaba y rezongaba por lo bajo. La muchacha de unos veintitrés años, le repetía hasta el cansancio que ya estaban cerca. Llegaron hasta una pared que tenían cientos de jeroglíficos. Ella levantó su varita y murmuro "Lumos", y de ella salió una luz blanca, que iluminó la cámara mortuoria. Se acercó a la pared y leyó lentamente para traducir correctamente y no equivocarse a la hora de realizar el informe. Una vez hecho, se alejó un poco y murmurando un hechizo, la pared se iluminó, dejando salir a través de ella un chirrido ensordecedor. Sonrió y estuvo a punto de gritar por el éxito, pero pudo controlarse. Con mucho esfuerzo, había logrado desencantar la entrada. Sólo tenía que mover una palanca que sobresalía de la pared y listo. Lo hizo y la pared dejó lugar a una montaña dorada que no dejaba ver nada más. Al entrar a la recamara, se encontraron con joyas, piedras preciosas, objetos en metales preciosos y lo que más le encantaba a ella, miles de papiros con valiosa información sobre la tumba y su milenario morador. Porque en ese mismo lugar una tumba de cemento, escondía un sarcófago todo de oro, que protegía a la momia de un antiguo faraón. Realizaron un conjuro, y después varias dotaciones de duendes aparecieron en el lugar para llevar a cabo el recuento de lo hallado. La joven salió de la pirámide toda llena de tierra y se dirigió a la tienda de campaña a tomar un poco de agua, y lavarse la cara y las manos. Cuando estaba felicitándose con su compañero, llegó al lugar el que parecía el jefe. La miró seriamente y luego sonrió.
- ¡Ginny Weasley, qué diablos! – dijo el joven
- ¡Bill! – contestó la pelirroja a su hermano – lo encontramos, le dije a Higgings que sigamos que lo íbamos a encontrar y ya ves…
- Diablos Gin, vas a quitarme el puesto uno de estos días – se sentó cerca de su hermana que saciaba su sed, tomando agua de una cantimplora. – Vendrás a cenar a casa? Fleur te espera…
- No lo se… - dijo mostrando un semblante serio, pero no pudo soportar tanto tiempo la seriedad y sonrió con picardía – ¡claro que voy! Quiero ver a mi sobrinito, Paul…
- A propósito llegaron cartas hoy – esta se hizo la indiferente – Una es de mamá.
- ¿Qué dice? – preguntó mientras se quitaba la tierra de la ropa de trabajo.
- Bueno, es simple, se pregunta, y me pregunta cuándo te darás una vuelta por ahí – Rio – dice que si no viniera ella, tú nunca verías a tu familia…
- Típica madre exagerada – y sonrió. Extrañaba a sus padres y hermanos, pero no podía volver, no con él tan… - ¿las otras?
- De Hermione… – Ginny comenzó a guardar los elementos de trabajo - pregunta si te llegaras algún día de estos para conocer a tu nuevo sobrino –
- ¡Bueno, y también está la típica nueva madre exagerada y emocionalmente desequilibrada! – Suspiró. Extrañaba a su amiga. Solo la había visto unas cuantas navidades, cuando la familia se trasladaba a Egipto a pasarla ahí. Ginny nunca, desde que salió huyendo, había regresado a Inglaterra. Cerró la tapa del baúl, y moviendo la varita lo selló. Estaba agachada cuando su hermano sacó algo del bolsillo de su pantalón.
- Y aunque las otras dos, las esperaba, esta no, y me extrañó más porque como no tenemos un trato tan fluido… es de Harry – sorprendida, Ginny dejó caer su mochila, esparciendo por el suelo las pocas cosas que tenía dentro y lo miró. Bill sonrió
- ¿Sí? – dijo inexpresiva, comenzando a guardar sus pertenencias con lentitud – y ya que te ha sorprendido que escribiera, vas a compartir lo que dice?
- Bueno, si me lo pides tan amablemente… - ella bufó. Bill abrió el sobre y comenzó
Querido Bill (por favor no te confundas con lo de querido, mejor pongo estimado):
Espero que te encuentres bien junto a los tuyos y que tu trabajo esté bien también. Bueno te extrañarás que te escriba, luego de que Ron y yo hayamos estado por tu casa hace poco…
- Así que vino por aquí… Pensé que solo había venido Ron – dijo ella interrumpiendo
Bueno, vino Harry pero no quería molestar tu trabajo.
- Sí, claro… mi trabajo… - dijo ella. Bill Continuo leyendo
…Lo cierto es que esta carta tiene el único objetivo de decirte que, bueno ahí te va, me caso. Al fin luego de años de soltería, he decidido formalizar mi relación con Cho. Será dentro de una semana, así que sin dudarlo, toma todas tus cosas y a tu familia, y ven a pasarte la última semana de soltero que me queda. Por cierto también estás invitado a la ceremonia. Será en la madriguera. Anda ven, nada me hará más feliz.
Cariños Harry
P/D: Si Ginny quiere venir, dile que ella también está invitada.
- Bueno, qué amable de su parte – dijo con ironía y sin pestañear – Así que se casa con la Chang. Ya era hora… – y siguió acomodando su mochila.
- Nunca me dirás por que se pelearon… – Ginny se enderezó.
- ¿Por qué piensas que nos peleamos?
- Digo, ustedes… era raro verlos separados mucho tiempo. Ahora ni se hablan. Harry vino y ni preguntó por ti. Y mucho menos quiso verte cuando le dije de visitarte en las pirámides. – Ginny sintió sus ojos aguados – ¡y ahora me escribe diciéndome tamaña noticia y solo dice, que si quieres venir, bueno estás invitada!
- Bill… – lo miró serena, aunque por dentro, se moría de dolor – Las cosas son así, tu tenías muchos amigos en la escuela y ahora puedo contar con los dedos de una mano, a los que frecuentas. Eso, es la vida. Algunos crecemos y tenemos responsabilidades. No dudo que Harry y yo fuimos grandes amigos, pero ahora él tiene su vida, allá en Inglaterra… y se va a casar; en cambio yo, estoy aquí, en Egipto viviendo mi vida. Fin de la historia...- Se puso su mochila y le dio un beso – avísale a Fleur que iré a cenar.
- ¿Iras a la boda? – Ginny resopló – sólo lo pregunto, para que, si decides ir, tomemos en mismo avión, y luego el mismo traslador… y lleguemos juntos a casa.
- Bueno, si decido ir, ya te lo diré… – y se marchó. Cuando Bill se quedó solo doblo la carta y la metió al bolsillo
- Mentirosa, si de lejos se te nota que te mueres por "anteojitos" – y rio.
En su departamento de El Cairo, Ginny analizaba la situación. Harry "después de 5 años de no decir nada y menos hacer, escribe y suelta esa bomba. Se casa con esa Engreída" Pensaba, y de la bronca tiraba su mochila bien lejos. "Y lo que es peor, yo fui la que perdió todo dejándole el camino tranquilo, yo me perdí todos los sucesos que pasaron en mi familia por vergüenza, yo fui la que calló todo… y él se las da de ofendido." Pateó una silla con rabia. "Y también resulta que vino a Egipto, quien sabe a qué y no quiere verme…" Esta vez derramó unas lágrimas. Se sentó en un pequeño pero cómodo sillón. Afuera el calor era insoportable. Le gustaba mirar la muchedumbre que día a día poblaba las calles de esa ciudad en África, y el murmullo constante. Aunque en algunas ocasiones no dejaba de extrañar su tranquila Madriguera. La campiña inglesa, rodeada de verde, con las flores silvestres y su estanque, donde podía soñar ser la mejor bruja de todo el mundo mágico. Incluso extrañaba los gnomos del jardín… ¡Aquí en Egipto solo hay arena, y mucho calor! Miraba a lo lejos las siluetas de las pirámides, y sonreía. Era lo único que la mantenía en ese sitio. Le encantaba el trabajo que realizaba, pero allí en la absoluta soledad, pensaba siempre en él, y eso era lo peor de vivir sola. Ni siquiera Bill, su hermano favorito, ni Fleur, ni su sobrinito Paul, podían sacarla de esa soledad. Y ahora era peor porque se casaba. "Con esa engreída" me imagino la cara de asco que ha de poner cuando Harry le comunicó que se casaban en la madriguera". Fue a darse una ducha, y se vistió. Al ver la hora, tomò el bolso y se dirigió a la casa de su hermano, que estaba a dos calles de la suya. Toco la puerta y una hermosa mujer de cabello platinado, le sonrió al abrir…
- ¡Ginny! – dijo – ¡Qué bueno verte por aquí! – le dio un beso. Ella sonrió. A pesar de que hacía el esfuerzo de compartir cosas con su cuñada, nunca sería como Hermione.
- ¡Hola Fleur, y donde anda mi pequeño sobrino! – dijo y de repente una copia pequeña y pelirroja de su hermano, salió de debajo del sillón y saltó a sus brazos – ¡Hola Paul, que grande que estas!
- ¡Tía Ginny! – sonrió – ¿me trajiste algo? – Ella sacó de sus ropas un pequeño medallón de oro, que tenía un escarabajo.
- Ginny no deberías… - dijo serio Bill – si te descubren…
- Vamos hermanito – le dio un beso – ¿crees que se darán cuenta que un minúsculo medallón está perdido? Tienen medallones mucho más grandes que estos para fijarse.- La mesa ya estaba servida, así que solo tuvieron que sentarse
- ¿Ya decidiste que vas a hacer? – dijo Bill y miró a su esposa. Ginny tragó con dificultad la comida y luego lo miró.
Bueno, no tengo nada que hacer… - Bill le hizo a su esposa una sonrisa cómplice - … aparte quiero ver a mi nuevo sobrinito, y a mis padres…
- ¿No piensas ir a la boda de Harry? – dijo Fleur. Ginny se puso seria
- No, no lo creo… yo no he recibido una invitación formal. Por lo que creo que le da lo mismo si voy, o no.
- Pero Ginny si te… - ella levantó la mano interrumpiéndolo.
- Eso no es una invitación, Bill.- Fleur asintió como dándole la razón – por lo que si voy solo será para pasarla con mi familia. Volveré a mi trabajo antes de la boda…
- Bueno si eso quieres, le escribiré a mamá diciéndole que vas con nosotros…
- No hermanito, yo le escribiré a mamá - La velada siguió más amena, a ver de Ginny, pero ella se sentía mal. Volvería a Inglaterra y el encuentro con Harry sería inminente. A pesar de la alegría por volver, a Ginny le asaltaba la duda, de si emocionalmente estaba preparada para lo que iba a vivir.
En la madriguera el clima era distinto. La señora Weasley, se la pasaba de un lado para el otro viendo que ningún detalle de la futura boda quede librado al azar. Las flores, el servicio de comidas, la música. Este trabajo lo hubiera realizado con alegría, ya que consideraba a Harry como uno de sus hijos. Y hubiera estado feliz de ayudarlo, si no fuera que detrás de ella, Cho Chang, la remilgada prometida de Harry, quería que su boda fuera el más grande evento social que se recordara en el mundo mágico, y refutaba todo lo que Molly creía que Harry estuviera de acuerdo. Molly por pedido de Harry, había planificado una boda austera. Su novia, en cambio, despilfarraba la fortuna de Harry, que gracias a Merlín, como decía, no se veía afectada debido a la entrada de los dividendos de su sociedad en "Sortilegios Weasley". Los gemelos, ya con su familia constituida, revisaban todo el espectáculo pirotécnico que iban a emplear en el evento. Hermione ayudaba a regañadientes, pues nunca le gustó la idea de "Cho Potter". Ella se encargaba de chequear que los invitados estuvieran sentados en lugares adecuados. Y muy a su pesar veía que en la lista no figuraba su querida cuñada. También era la encargada de recibir los obsequios. A media tarde Harry y Ron llegaron a la casa. Y el muchacho de ojos verdes recibía el aluvión de quejas de parte de su prometida, porque la señora Weasley protestaba por el gran gasto en flores que no servirán más que dos horas. Harry se agarraba la cabeza y deseaba que la boda se terminara pronto para no tener que soportar una queja más. Se acercó a Hermione quien le dio un beso y se sentó mirándolo inquisidoramente. Se sentó en una butaca no muy lejos de ella. Ron Le dio un beso a su mujer y fue a buscar a su bebito. Hermione movía los papeles de un lado al otro como buscando algo. Harry se restregaba los ojos sin quitarse las gafas. La miró y suspiró.
- Suéltalo Hermione, ¿qué sucede ahora? –
- Bueno, Harry es que… - continuaba moviendo los papeles – estaba revisando la lista de invitados… - Ron se acercaba con el último retoño Weasley. Un bebé de aproximadamente dos meses, pálido como él y de cabello rojizo.
- Si, decías Hermione – Dijo Harry al ver que a la mujer se le iban los ojos por su hijito.
- Ah, que estaba revisando la lista de invitados…
- ¿Y?
- ¿Dónde pondremos a Ginny? – Él se enderezo en el sillón. No tuvo en cuenta eso…
- Herms – dijo Ron meciendo al bebé – en ningún lado estará, porque ella no viene – Harry lo miró.
- ¿Y dime Ron, cómo sabes eso? – dijo Hermione
- Pues mamá recibió carta ayer – Harry prestó atención a esto – y allí le dijo…
- ¿Qué? – dijeron Hermione y Harry. Ron los miró uno a la vez y poniéndole el chupete al pequeño continuó.
- Le dijo que no vendría a la fiesta… – Harry miró a la chimenea – porque no fue invitada…
- ¡Yo si la invite! – dijo levantándose molesto.
- No, tu invitaste a Bill y a su familia – Dijo Ron, dándole el bebe a Hermione – Y al final deslizaste la opción, "Hey si quieres, trae al perro."
- Yo no… - Harry entendió que quiso decir Ron
- Pero no te preocupes, vendrá para quedarse unos días – Harry se puso tenso – y luego se irá antes de la fiestecita – Ron lo miro y sonrió.
- Bueno… - dijo una Hermione contenta – al menos la veremos unos días…
- ¿Tiene… novio? – preguntó Harry.
- ¡Creo que si! – dijo Ron y soltó una risita – ¡Está muy entusiasmada! – Harry se sintió fatal el resto del día. Discutió con su prometida y le pidió que por favor no se molestara en venir a la madriguera, que el confiaba en que la señora Weasley podría con la fiesta sola. Cho aun ofendida aceptó los besos de su futuro marido y se fue. Después de todo falta arreglar unos detalles muy importantes para la boda, y para ella el vestido, maquillaje, calzado, peinado, ramo, y la entrevista en la revista Corazón de Bruja, era mucho más importante que perder el tiempo en la fiesta.
·-·
Por la noche, Harry estaba sentado en el sillón de la sala acompañado por Ron, Hermione, y los padres de aquel. El señor Weasley estaba hablando orgulloso de su nieto, que tenía en brazos. El bebé dormía plácidamente. Harry estaba ensimismado en sus pensamientos. "Ella vendrá, y no se qué voy a decirle. ¿Debo pedirle disculpas e invitarla a la boda? ¿O debo… mantener la distancia y…? pero ella fue mi mejor amiga y quisiera que estuviera en este momento tan importante para mi… Claro que si no quiere… quien quita que venga con ese novio que tiene y él es un celoso empedernido… quien no lo sería teniéndola a ella como novia… maldita sea." De repente sintió un ruido que lo sacó de sus pensamientos y lo trajo nuevamente a la sala de los Weasley, y allí vio a un sonriente Bill, que al instante volvía a la normalidad un baúl que sacaba de su bolsillo. Al rato la figura escultural de su esposa, de la mano de su hijo, salía de las llamas verdes, con una sonrisa encantadora. Saludaron a todos los presentes.
- ¡Ey, esto si es una sorpresa! – dijo Arthur Weasley y dejando al bebé con su padre, corrió a abrazar a su otro nieto.- ¡Paul, cada día más Weasley! – y rieron.
- Si, Papá, decidimos que llegar sin avisar era lo mejor
- Pero Bill – rezongó Molly – Deberías haberme avisado que vendrían al menos hoy, ahora tendré que hacer las camas para todos ustedes a las apuradas.
- Está bien mamá – miró a Harry que aún estaba sentado en el sillón esperando que algo o mejor alguien más saliera de la chimenea – Hey, aquí está el que se echará el lazo al cuello. Ven acá Harry, déjame darte un abrazo – Este se levantó sonriendo y lo abrazó. Luego agregó en un susurro – ¿Esperas a alguien más?
- No… claro...- carraspeó - Claro que no – dijo todo rojo y saludó a Fleur
- Bueno, no veía la hora de volver a casa – dijo Bill – ¿mamá ya cenaron?
- Oh, no hijito, estábamos a punto de hacerlo.- dijo sonriente Molly - Bueno gente, vamos todos a la cocina – Todos fueron para allá, menos Harry que se había quedado parado, con la secreta ilusión de que… meneando la cabeza, se acercó demasiado a la chimenea, se asomó y no tuvo tiempo de salir cuando las llamas verdes brotaron y una delgada figura salió como disparada de la chimenea cayendo casi encima del muchacho. Harry que se había visto sorprendido por las llamas, pegó un grito e hizo que todos los Weasley salieran de la cocina con la varita en la mano. Nadie había notado quien era, pues había mucho humo y ceniza en suspensión. Cuando esta se dispersó, Harry se vio cara a cara con el nuevo huésped… Estaban bastante cerca. Él tenía los anteojos sostenidos por la punta de la nariz. Su cara llena de cenizas y sentado apoyando las manos y los pies en el suelo. El visitante estaba en una posición rara, a horcajadas entre las piernas de Harry. Cuando Harry se acomodó las gafas la vio. Ginny Weasley estaba ahí, sonriendo, y siendo apuntada por toda la familia Weasley.
- ¿Esa es manera de recibir a su hija? – dijo mirándolos a todos, fingiendo enojo.
- ¡Ginny! – dijeron al fin.
- Hola familia – Ginny se levantó de esa incómoda posición, sin mirarlo. Harry estaba rojo de vergüenza – me alegro de verlos tanto como ustedes… – dijo con sarcasmo, y luego rio. Se abrazó a todos.
- Ginny – dijo Ron con voz solemne – déjame presentarte a mi mayor orgullo- Ginny miró a Hermione, que torció los ojos.
- Si, pobre niño, no puede hablar sino te diría que el sentimiento no es mutuo – Todos rieron, Harry no dejaba de mirarla. Ron, fue hasta una cunita que había cerca de las escaleras, y levantó un bulto envuelto en unas mantitas. Se lo entregó a su hermana. Ginny buscó la carita y una lágrima asomó por sus ojos.
- Te presento al pequeño Harry Edward Weasley – Ginny lo miró seria.
- Veo que no te esforzaste demasiado en buscarle un nombre – Y sonrió
- Bueno lleva el nombre de su padrino – dijo al fin Harry levantándose del piso. Ella fue la primera vez que lo miró. Harry sintió un escalofrío al sentir los enormes ojos castaños de su antigua amiga, míralo detenidamente.
- Ah, hola Harry… – dijo fríamente.
- Hola Ginevra – no sabía si besarla o matarla. Ella indiferente se dedicó a hacer mimos a su sobrinito.
- ¡Hola Edward! ¿cómo estás pequeñín?
- Le decimos Harry… – dijo Harry – puedes decirle pequeño Harry.
- Yo soy dueña de decirle como quiera – lo miró desafiante. Harry estaba a punto de explotar. ¿Recién llegaba y ya se mostraba beligerante? ¿Qué diablos le sucedía a esta pelirroja?
- ¿No crees que puedes confundir al niño? – Los demás miraban sin poder creer que esos dos, después de cinco años sin verse, comenzaran a discutir de esa manera.
- Mas confundido estará cuando estando en una reunión, nombren a Harry y él se levante y diga "¿disculpen, le hablan al viejo, o a mi"? – sonrió malignamente – eso, pensando que aun sigas viniendo a las reuniones Weasley…
- ¿Y por qué iba a dejar de hacerlo? – dijo ofuscado.
- ¡Bueno, te casas con la reina de las fiestas! – dijo dándole el bebé a Hermione, que agradecida lo saco del campo de batalla – pero de la alta sociedad…
- ¡Ya basta Ginevra! – dijo acercándose – Es hora de que aprendas a respetar a mi futura esposa!
- ¡Está bien! Merlín, qué sucede con el agua de Inglaterra… pone a todos de un humor de perros… – dijo yéndose a la cocina – ¿ya está lista la cena, mama? ¡me moría por volver y probar tus bocadillos! – Todos miraban a Harry que estaba furioso. Pero no por lo que Ginny dijo de Cho, sino porque no lo había saludado como él pensaba.
La cena estuvo de lo más jovial, al menos para Ginny que se pasó la velada contando de los impresionantes descubrimientos que diariamente hacía en su trabajo. Harry comía en silencio y la miraba sin pestañear. Estaba preciosa, sus ojos algo maquillados, se mostraban brillantes, y su cabello… suspiró al verlo. Ya no lo tenía tan largo como hace cinco años, lo había rebajado por debajo de los hombros.
Ella no lo miraba. Se había propuesto ignorarlo, y a duras penas lo lograba. Porque él la miraba de una forma que la hacía estremecer. Y sin contar que estaba más atractivo de lo que recordaba. Tenía el cuerpo más desarrollado, y su cara adolescente le daba paso a un Harry más maduro, y más viril. De pronto no resistió la tentación y lo miró, por razón de segundos los ojos verdes se clavaron en los castaños de la muchacha, y esta se sintió levitar. Rápidamente cambió la vista hacia Hermione y esta, que había contemplado la escena, sonrió. Ginny, roja por haber sido descubierta por su cuñada, decidió cambiar la mirada y atender a la conversación de los demás.
- Bueno, te diré que el trabajo se me hará difícil sin Harry – comentó Ron – Hemos hecho un equipo infalible, desde que llegó a Inglaterra.
- Ya cállate Ron – Dijo Ginny burlona – Si tu estás, ya no es infalible – los demás rieron, Ron se puso rojo – ¡No, no es cierto, tu eres el mejor auror de todo el mundo! – agregó y se levantó a darle un beso a su hermano – ¿Sabes? extrañaba pelear contigo.
- Yo también Gin – dijo sonriendo su hermano, y dándole un abrazo de oso.
- Ginny conoce de aurores… – Bill tosió, Harry levantó la mirada – ¿Por qué no le cuentas de tu amigo, el auror salvador?
- Basta Bill – dijo Ginny colorada – eso no le interesa a nadie.
- A mi si – dijo Ron, con su eterna voz de hermano mayor celoso.
- ¡Pero a mí, no me interesa contarlo! – dijo Ginny y se sentó cruzando los brazos, enfadada.
- A mi si… – dijo Bill y se acomodó en la silla – Estábamos en El Cairo, y Ginny estaba espectacularmente hermosa – "como siempre" pensó Harry al mirarla – De pronto ocurre que un par de mortìfagos pone un coche bomba, para robar no sé qué banco muggle.
- ¡Basta Bill! – dijo Ginny mas colorada.
- No, esta es la mejor parte… – dijo bebiendo un vaso de vino de sauco – y cuando están saliendo, Ginny distrae a uno de los mortìfagos, que empieza a decirle en un perfecto inglés que era la mujer más… mas… ¿más que Ginny?
- Infaggtante… – dijo Fleur que reía. Harry escuchaba atentamente.
- Eso es, dijo que era la mujer más infartante que había visto – dijo Bill, y todos rieron - En eso aparece el escuadrón de aurores y uno de ellos, la toma de la cintura y se tira encima de ella – Harry se puso rojo.
- ¡Basta Bill! – dijo Ginny ofuscada.
- Bueno, resumiendo Ginny se lo sacó de encima con uno de sus potentes hechizos aturdidores, y después se puso de novia con él. ¡Si que insistía!
- ¿Cómo se llama, tu novio querida? – dijo Molly.
- Mamá, ya no salgo con él – miró a Bill – no sé por qué contaste esa historia… mejor me voy a dormir. El viaje fue muy agotador – Se levantó y a Harry le hubiera gustado irse con ella. Pero se quedó en la silla como pegado.
- ¿Y? – dijo Molly mirando a Bill – ¿que pasó con ese novio?
- Lo mandó a freír espárragos, creo que no cumplió con el "requisito" – y señalo con la mirada a Harry, aunque este no lo notó. Su mirada aún estaba en la puerta de la cocina. Ron carraspeó, volviéndolo a la cocina de golpe.
- ¿Qué? – dijo como embobado. La presencia de Ginny allí era una bomba de tiempo para él.
- ¿Y ahora, tiene algo en vista? – dijo Hermione.
- ¡Ay Hermione! – dijo Fleur – Ginny está casada con su trabajo. No hace más que ir de las pirámides a su casa. Todos los días la misma rutina. ¡Y lo peor es que le encanta!
- Si, ya lo creo, algunas veces pienso que me quitará el trabajo – dijo resoplando Bill, y todos rieron – no me extrañaría que algún día, llegue a mi casa y me presente a su futuro marido… – todos lo miraron raro- "mira Bill lo conocí en el trabajo… – sonrió, imitando a su hermana – te presento a mi futuro esposo", y allí saque del sarcófago a una momia – Las risas eran generales. Hasta Harry sonrió, pero no por la broma. Respiraba tranquilo, pues no había nada, ni nadie que pudiera robarle a su pelirroja.
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Los días siguientes fueron tan fríos como el primero. Rara vez se encontraban y cuando sucedía, la indiferencia era total. No porque Harry así lo quisiera, Ginny se había propuesto no tener ningún tipo de contacto con él, aunque esa actitud, día a día la desgarraba por dentro. Harry que ya tenía licencia en su trabajo debido a su próximo matrimonio, buscaba cualquier excusa, hasta las más inverosímiles para llegarse por la Madriguera y pasar allí el mayor tiempo posible, ya que, a pesar de que estaba a punto de comprometerse de por vida con otra mujer, no podía dejar de observar a la pelirroja. Ron que no era tonto, sabía del porqué de su frecuente estadía, pero no decía nada. Después de todo, siempre soñó que su hermanita fuera la "elegida de su amigo," y no verlo arruinarse la vida con la tonta de Cho. Para Ron aún quedaban esperanzas de que su amigo se despertara y mandara a volar a su insoportable prometida. Hermione que no tenía tiempo más que para cuidar el bebé, trataba de inmiscuirse lo menos posible, ya que cualquier opinión que ella emitiera, podría herir a alguno de sus amigos, y ya habiendo perdido a una amiga, no quería correr con la misma suerte con el otro.
Ginny, a medida que pasaban los días, se ponía mas nerviosa ante la presencia de Harry. Es por eso, que antes de cometer una estupidez de la que se arrepintiera de por vida, cada vez que Harry se aparecía por la casa, inventaba una salida de urgencia a algún lado y se esfumaba, dejándolo muy irritado. Una mañana decidió encararla y dejar las cosas en claro. Ginny se encontraba en la habitación que Ron y Hermione usaban cuando iban a la madriguera. Ella estaba ayudando a Hermione con el bebé.
- Cada día que lo veo se parece a su padre… -Dijo Ginny interrumpiendo el momento madre-hijo.
- ¿qué? – dijo Hermione sin dejar de mirar a su hijito.
- Edward, es igual a Ron… – dijo Ginny sonriendo. Hermione se levantó de su silla mecedora, y lo puso en los brazos de la pelirroja. Esta empezó a hacerle mimos…
- No se por qué no le dices pequeño Harry.- La pelirroja bufó.
- ¿Has pensado, en el niño cuando sea mayor? – Hermione la miro sin entender… - Personalmente, siempre he odiado a las personas que le ponen su nombre a los hijos…
- Harry no es…
- Lo sé… – dijo en un tono cortante- Pero este niño siempre vivirá con el mote de "pequeño Harry" hasta que el grandulón de Harry muera, entonces ahí si podrá sentirse libre y que le digan Harry, y suponte que a Harry se le ocurra morir, a los cien años, tu hijo tendrá ochenta y le seguirán diciendo "pequeño Harry"! – Y al decir esto se dio vuelta hacia la puerta, pues la sorprendió una carcajada que provenía de allí, y vio a un alegre Harry entrando a la habitación…
- Creo que tienes razón… - se acercó hacia Ginny – Creo que desde hoy le diré Edward… - Acarició la mano del bebé y como al descuido, rozó la mano de Ginny. Esta se puso tensa, y dio un paso hacia atrás…-
- No tienes que decir eso…- dijo Hermione – a mí me gusta que le digan Pequeño Harry – Le quitó el bebé a Ginny. Harry no le quitaba los ojos de encima y Ginny estaba sonrosada – Por lo que cuando sea grande… ya veremos cómo le diremos…
- Bueno, quizás estemos conjeturando demasiado pronto, puede que las cosas se den como las pensamos todos, y no tendremos problemas en decirle Harry… – Dijo Ginny y salió de la habitación. Hermione miró a Harry.
- ¿Qué quiso decir? – dijo al fin el joven.
- ¿No es obvio? – dijo Hermione acostando al bebé – lo que pensamos todos.
- ¿Y si eres tan amable podrías decirme qué piensan todos?
- Que no volveremos a verte por aquí – Harry la miró – en el momento en que salgas de esta casa, con tu nueva esposa del brazo…
- Hermione, no… - Harry miró al bebé que observaba un juguete que colgaba de la cuna – pues déjame decirte que todos están tan equivocados.
- ¡Vamos Harry, piénsalo sólo un instante! A Cho no le gusta ni siquiera escuchar el apellido Weasley! – Hermione estaba ofuscada.
- Eso no es verdad… - susurró Harry, ni creyendo él mismo sus palabras - No se por qué lo dices…
- ¿Por qué lo digo? – dijo moviendo los brazos como Molly Weasley – Porque ella me lo dijo…
- ¿Qué? – preguntó sorprendido – Cuándo… Yo no la he visto decir…
- Cuando estaba a punto de casarme, sin Ginny aquí, yo no tenía opción. Ella se ofreció a ayudarme, y cuando estaba arreglándome para la ceremonia, lo dijo.
- Seguramente debes haber entendido mal, con los nervios…- Harry trataba de excusar a su novia.
- Si seguro…- dijo su amiga chasqueando la lengua- seguramente estaba tan atolondrada que no escuché bien cuando ella me dijo, y cito textualmente "Todavía estás a tiempo, Hermione. Una chica como tú no debería estar en un lugar como este… – Harry bajó la mirada. Él sabía la opinión de su novia – Da asco solo pensarlo. Son tan pobres y se jactan de ello. Menos mal que con Harry no tendré nunca ese problema…"
- Bueno Hermione, yo…
- ¿Entonces, cómo quieres que pensemos que todo seguirá igual?
- Yo te lo prometo…
- También le prometiste a Ginny que su amistad no se arruinaría por lo que sucedió ese verano… – Harry sintió un vuelco en el estómago. Hermione había dado en el blanco. No supo que contestarle, al menos por un instante. Ráfagas de recuerdos nublaron su mente, siempre volvían cuando hablaban de ella. Hermione pareció adivinar lo que estaba pensando – Ella está en el jardín, al menos deberías arreglar tu amistad con ella, Harry – Él la miró y sonrió. Le dio un beso en la mejilla y bajó las escaleras, rumbo al jardín. Cuando salió, el día estaba radiante, hacía calor, por lo que las flores estaban como sedientas. Al llegar, Harry vio a Ginny con una regadera, dando agua a las plantas. Ella no se percató de su presencia hasta que Harry le habló.
- Ginny… – Se dio vuelta, sin expresión en el rostro – Me gustaría hablar contigo – Esta dejó la regadera en el suelo y se dirigió hacia un tronco bajo la sombra de un árbol. Harry la siguió e hizo lo mismo. La pelirroja no lo miraba. Él decidió no mirarla tampoco.
- ¿Bien, que quieres? – preguntó seria.
- Yo quiero decirte que siento mucho…
- Ahórrate tus lamentos Potter… – dijo esta fríamente – yo no tengo por qué escucharlos. Ya lo pasado no me interesa, así que, si es por eso… - se levantó. Harry la detuvo con su mano. Por un instante sintió la necesidad de abrazarla, pero Ginny quitó su mano rápidamente.
- No, no me malinterpretes, yo quiero pedirte disculpas porque no te invité formalmente a mi boda – Ginny lo miró como fulminándolo.
- ¿Sí? Bueno, no es que estuviera saltando de la emoción por venir a la boda – dijo ella sarcásticamente - De todas formas, te agradecería la invitación, si la hubieras mandado, claro. Pero aunque lo hayas hecho yo no hubiera ido.
- ¿Por qué? – Preguntó tratando de entender, por qué no podía acercarse a la pelirroja, y si bien no volver a tener la misma amistad de años anteriores, firmar la paz y tratarse cordialmente.
- Pues, porque… porque… - Si no encontraba una respuesta rápido se descubriría –
- ¿Si? – dijo Harry mirándola por fin. Tenía la cara roja y se veía realmente hermosa. A quién quería engañar… quería que Ginny estuviera a su lado siempre, sea de la forma que sea… pero maldita sea la promesa hecha a su novia. Esa desgraciada promesa, abría una brecha en la amistad entre ellos.
- Porque Cho y yo nunca nos llevamos bien. Es decir, ya ves el lío que hizo cuando le regalé aquel libro… - dijo ella dando un suspiro de alivio – me odia, y si en el supuesto caso que arregláramos nuestras diferencias, ella no aceptaría nuestra amistad… no tolera nuestra humildad, ni lo hará nunca…
- Entiendo… – dijo y se levantó – entonces estás decidida a no quedarte…
- No, me iré el viernes, así que…-
- ¿Ginny y que hay con nuestra amistad? – Fue la primera vez que Ginny lo miró a los ojos. No podía creer lo que Harry le preguntaba.
- ¿Qué con nuestra amistad? – se acercó ofuscada – Que con nuestra amistad? ¿Acaso no escuchaste ni una sola palabra de lo que te acabo de decir? – dijo seria – y para ser francos Harry, nuestra amistad se fue por un caño el día que decidimos expresar nuestra amistad entre las sábanas - se puso roja.
Pero prometimos… - Ella rio.
- ¡Vamos Harry! ¿Que son un par de promesas que se rompen? – él la miró dolido – Después de todo, prometimos no volver a cometer la estupidez de acostarnos, y ya ves, no cumplimos…
- Bueno pero nuestra amistad…
- Mira, si te alegra saberlo, yo no tengo rencor contigo. Así que puedes estar tranquilo por eso. Pero nuestra amistad… no existe.
- Pero Ginny yo…
- Tu te casas el sábado y encontrarás en Cho la amiga que perdiste en mi – Ensayó una sonrisa – Y yo estaré en Egipto haciendo lo que me gusta. No vengo casi nunca aquí, siempre estoy excavando… tú lo viste cuando fuiste a Egipto – Harry se puso rojo. – ni siquiera nos vimos.
- No quise molestarte… - dijo apenado - Pensé que no querías verme…
- Al principio era cierto, aunque extrañaba tu amistad. Pero después me dediqué de lleno a mi trabajo. Quizás haya estado dolida contigo porque no tuviste la intención de ir a verme cuando estuviste en el Cairo con Ron, pero ya se me pasó.
- Lo siento.
- No lo sientas, teniendo una novia como Cho, de seguro te olvidarías hasta de tu familia.
- Eso nunca pasará…
- Eso lo veremos… – dijo levantándose – bueno, ahora iré a regar las plantas, sino estarán marchitas para tu boda. Y eso sería el causante para que tu prometida arme una tercera guerra mundial muggle. – agregó sonriendo.
- No es tan pesada como crees… – expresó Harry, poco convencido. Ella lo miro y sonrió.
- No debería interesarte, ni mucho menos tener en cuenta lo que piensan los demás, de tu futura esposa. Si la amas eso es lo único que importa.- Se marchó dejándolo solo. El mantenía la vista fija en la muchacha que se alejaba. "Si la amara, pero no la amo".
nota de la autora: bien, comentarios, tomatazos o lo que fuere... ya saben donde hacerlos. Creo que le queda uno o dos capitulos mas... proxima semana lo publico-
Bye
