Uf, què decir... mucho tiempo y no tengo explicaciones... simplemente no puedo sentarme a escribir como deseo. Es un crimen? al parecer por los últimos reviews, si, asi que soy culpable. A vos, que te gastaste los últimos reviews, y perdiste tiempo casi insultandome, si te sirve de algo, seguì descargandote... a los demàs, Gracias por esperar y entenderme.
ahora les dejo este capitulo. Pronto terminarè LQNF. disculpas por eso también.
Nota: tengan en cuenta que este es el segundo fic que escribì después de "Echale la culpa a Sirius Black," y la saga no habìa sido terminada, por lo que los hechos y los personajes varìan respecto al cannon...
Capitulo 13
Escapando para siempre
El día antes de que regresara a Egipto, Ginny decidió ir a la tienda de sus hermanos, Fred y George, situada en el callejón Diagon. Había escuchado decir a Harry que se quedaría todo el día en la Madriguera, así que no tuvo otra opción que marcharse, si no quería estar cruzándose con él todo el tiempo. Llego vía polvos flu a la chimenea del caldero chorreante, y después de saludar a Tom el tabernero, caminó tranquilamente hacia la parte trasera de la taberna. Una vez parada frente a la vieja pared de ladrillos, tocó el tercero de la derecha arriba del cubo de basura y ahí frente a ella apareció el increíble callejón Diagon, poblado de gente realizando sus compras. Tuvo nostalgias de su época de escuela. Al pasar por Flourits y Boots, la tienda de libros, la heladería de Florean Fortescue, que la saludaba sacándose el sombrero. La tienda de artículos de Quidditch la hizo rememorar a cierto buscador de cabello negro, volando en su saeta de fuego, viéndose tan sexy. Suspirando ante el recuerdo, rápidamente llego al número 93 del Callejón. Allí en una monumental vidriera yacían expuestos los más exitosos trucos de magia que jamás hubiera visto. Y un cartel que con letras doradas y escarlatas (muy a lo Griffyndor) mostraba el nombre de la tienda "Sortilegios Weasley" y más abajo una movediza snitch escribía: "donde la magia es posible", un cartel que aparecía de izquierda a derecha. Ginny sonrió, y se sorprendió al abrir la tienda, pues un enjambre de personas se agolpaba en los mostradores para comprar sus artículos. Fred y George, se encontraban finamente vestidos y sonriendo en la caja registradora. Levantaron la vista y abrieron los ojos al verla ahí.
- ¡Apuesto a que ese monumental cartel lo hizo Lee Jordan!
- ¡Que me maten ahora mismo! – dijo George – mira Fred qué nos ha traído el viento.- dio vuelta al mostrador y movió una portezuela para quedar cerca de su hermana – cada día te ves más hermosa debo decir – la abrazó. Ginny los extrañaba horrores. Si Bill era su favorito por ser el mayor, Ron por ser protector, los gemelos lo eran por sus bromas.
- ¡George! – dijo y sus lágrimas brotaron – realmente ustedes me sorprenden cada día más…
- ¿Y tú? – dijo Fred llegando a grandes zancadas – ¿qué te trae por estos lugares olvidados de Dios? – la abrazó, y le dio un beso en la frente.
- ¿Bueno, no puede una hermana menor extrañar a los más grandes alborotadores del mundo mágico?
- ¡Si! – dijeron los dos
- Payasos… – les dio un coscorrón – Y cómo están sus sacrificadas esposas?
- UF – dijo Fred – la mía está a punto de explotar – Ginny lo reprendió – bueno está a punto de nacer mi mayor orgullo…
- ¿Has estado con Ron últimamente?
- ¿Se nota? – rieron.
- Y yo… - arguyó George – bueno ya conociste a Gwen – dijo cayéndosele un hilo de baba – y esperamos que la familia crezca…
- Realmente me alegro por ustedes…
- ¿Y tu pequeña? – Ginny se puso roja – ¿cuándo nos darás la noticia? ¿Es cierto lo que escribe Bill?
- ¿Y què escribe?
- Que… muy pronto te casarás con una momia… – dijeron ambos y rieron. Ella chasqueó la lengua.
- Si, esa broma la he escuchado últimamente…
- ¿Viniste para la boda de Harry, entonces? – dijeron los dos. Ella se puso tensa.
- No… nada que ver… - los gemelos se miraron cómplices – yo vine porque Bill me lo pidió, Y Hermione quería que conociera al pequeño… Edward. Me voy el viernes…
- ¡Si, como no! – dijo Fred – Oye hermana, si no tienes pretendiente, porque no pruebas el mago soñado?- Ginny los miró sin entender
- Qué es… - dijo frunciendo sus cejas. Sus hermanos se miraron y sonrieron.
- Es un hechizo que por veinticuatro horas te da un holograma de un mago, el que tu mente desee. Cenará contigo, bailará… y si la cosa se pone media peliaguda, te va a…
- Olvídalo Fred – dijo serena – yo no lo necesito. ¿Quién puede comprar algo así?
- ¡Es nuestro mayor éxito!
- ¿Quién puede estar tan desesperada?
- Curioso… Eso mismo dijo Harry… – dijo George – y se rió cuando nosotros le dijimos que te mandaríamos uno a ti.
- ¿Ustedes dijeron, eso? – los miró enojadísima, como lo hacía la señora Weasley cuando los reprendía.
- Si, hermanita pero fue una broma. – la abrazó – ¿te quedas a almorzar? Harry vendrá a hablar de negocios antes de irse, tú sabes.
- ¿Harry? – "genial, pensó, me marcho de casa y este viene al mismo lugar que yo…" - No, no puedo. Tengo muchas cosas que comprar antes de irme a Egipto – se iba de la tienda. – Adiós espero verlos antes de viajar – Cerró la puerta y se dirigió hacia el Banco de Gringots. Fred la siguió con la mirada desde la vidriera y sonrió.
- Hey George ven a ver esto… – Su hermano se acercó a la vidriera y vio cuando Ginny salía presurosa y levantaba la vista para encontrarse de frente con Harry. Este sonreía como un estúpido. Esto lo notaron los gemelos y sonrieron.
- Creo hermano, que tendremos que almorzar sin Harry.
A la salida de la tienda Ginny caminó rápidamente para evitar encontrarse con él. Estaba demasiado susceptible últimamente por la cercanía de su boda, así que mejor no verlo. Desgraciadamente no contó con que Harry vendría precisamente en la dirección contraria. Y para peor, a esa hora, todos almorzaban y la calle no estaba tan concurrida. Si o si tendría que saludarlo. Él se detuvo frente a ella. Ginny se miraba los zapatos.
- Son lindos…- dijo Harry. Ella levantó sus ojos y vio el brillo de los ojos verde esmeralda. Estaba tan… tan…
- ¿Qué? – preguntó
- Tus zapatos, son lindos. – dijo Harry sonriendo.
- ¡Ah!... – solo respondió
- Deberías dejar de verlos pues te chocarás con alguien indeseable… – la miró y ella se estremeció – o como puedes decirlo mejor, conmigo.
- Yo no te veo como alguien indeseable…- y se puso roja. Harry sonrió apenas. – es decir, no eres alguien con quien no quiero toparme, no te rehúyo.
- No parece…
- No empieces…
- Lo siento – y puso sus manos en el bolsillo – ¿de dónde vienes?
- De la tienda de Fred y George… y tuya – agregó – de hecho no te quito más tiempo, te están esperando, según me dijeron. Creo que tienes un almuerzo de negocios con ellos.
- En verdad, estás huyendo de mi… – le dijo casi susurrando
- ¡Claro que no!
- Demuéstramelo…
- ¿De qué manera? – no quería pero él la estaba retando y ella no quería parecer estúpida. – ¿por qué tengo que demostrártelo?
- Tienes razón, lo siento. Solo que quería mostrarte algo…
- ¿Qué? – dijo – ¿algún regalo para tu futura esposa?
- Algo así… – sonrió – me la entregaron hace unos meses – su voz casi se quebraba – Estuvieron remodelándola por mucho tiempo y ahora ya está lista.
- ¿Sí?
- Si, y quería ir a verla. Nunca he tenido el valor de ir solo y enfrentarme a mi pasado.- Ginny estaba completamente desorientada.- ¿Podrías acompañarme?
- ¿Dónde es?
- En el valle de Godric – Ginny se puso nerviosa, sabía que solo algo muy importante podría estar en ese lugar – Si, es la casa de mis padres…
- Yo…
- Vamos Ginny, por los buenos tiempos de amistad. No quiero ir solo… - No supo porque lo miro, pero sus ojos anhelantes la convencieron. No podía decirle que no.
- Está bien – dijo sonriendo – pero no tengo mucho tiempo. Aún tengo que armar mi maleta. – Harry se puso serio.
- ¿Te marchas? - preguntò contrariado.
- Si… - dijo ella algo colorada – mañana vuelvo a Egipto – suspiró – ya vi a mi sobrino, a mi familia – lo miró – ya nada me retiene aquí.
- Te prometo que estarás libre por la tarde.
- Sí, claro… - la pelirroja pasó por su lado no viendo lo que sus hermanos verían desde la vidriera. Al pasar delante de él, Harry cerró los ojos y aspiró su perfume. Se quedó mirándola como se alejaba, siendo embestido por dos magos viejitos que lo hicieron reaccionar y correr al lado de la chica. Fred y George se rieron.
- Creo que no veremos a Harry por hoy, hermano.
- Creo que no…
##
La despampanante figura de Cho Chang, apareció por la madriguera antes del almuerzo. Grande y desagradable fue su sorpresa cuando no encontró a su futuro esposo en la casa. Estaba que echaba chispas por los ojos. Hermione que andaba recibiendo los regalos de aquí para allá, solo torcía los ojos cada vez que pasaba por la sala y veía los movimientos de brazos de la oriental. Y el pobre Ron era el que tenía que soportarla. Ni siquiera Fleur, tan educada que era, podía entablar una relación con Cho. Como le había dicho las otras noches a Hermione "no sé cómo Haggy, pudo enrgoscagse con esa "serpent". A Hermione desde ese momento le cayó mejor la francesa. Después de aguantarla a la prometida de su amigo por no menos de media hora, Ron llegó a la habitación con el pequeño Harry en brazos. Hermione lo tomó y lo acostó en su cunita. Ron se sentó suspirando en la cama. Hermione lo miró y sonrió. E hizo algo que normalmente hacen los esposos. Se sentó en sus rodillas y le dio un tierno beso. Ron le correspondió.
- ¿Y eso? – dijo Ron alegre.
- Bueno, eso es por aguantar estoicamente los embates de Cho.
- Bueno, debo decirte que por eso debo recibir más – y le dio otro beso esta vez mas apasionado.
- ¡Ya Ron! – dijo Hermione separándose bruscamente – compórtate, está el pequeño Harry.
- ¿Y? – dijo Ron medio ofuscado – no es que vaya va a decirle algo a alguien – sonrió – o no, mejor dejamos de morrearnos, porque el pobre infante puede quedar traumado viendo a sus padres.
- Ya basta… – dijo ella, simulando enojo, se levantó de las piernas de su esposo, y comenzó a ordenar el cuarto – ¿qué quería?
- ¿Cho? - dijo Ron levantándose y ayudando a su esposa.
- No, el príncipe de Gales…- Ron le tiro con un almohadón – claro que Cho!
- Ver a Harry. ¿qué más va a querer esa en mi casa? – resopló - y sabes lo furiosa que se puso cuando le dije que no estaba… y que Ginny tampoco…
- ¿Le dijiste eso? – ella se quedó mirándolo. Él asintió – ¿Por qué?
- Bueno… porque... ¡Vamos Hermione! ¡Tu sabes que Harry está loco por Ginny!
- ¿Cómo lo supiste?- preguntó ella nerviosa, apretando un osito de felpa - ¿Él te lo dijo?
- Para algunas cosas, no hacen falta las palabras… ¿te lo dije una vez, lo recuerdas?
- ¿? - hermione se encongiò de hombros y Ron chasqueò la lengua.
- Te dije que Harry y Ginny tenían algo especial. La forma en que dormían cuando lo de las pesadillas…
- Si, lo recuerdo, pero eso…
- Y luego, en tu casa de la playa. No soy tan tonto como crees, yo me di cuenta que entre esos dos pasaba algo. Mas cuando los vi una vez en la playa…
- ¿Qué viste?
- Besándose... pero eso me contrariaba, porque ellos simplemente decìan que eran como hermanos... ¡y te aseguro que yo soy hermano de ginny, y no la beso asi! – sonrió – no dije nada porque pensé que al fin Harry se convertiría en mi hermano, pero bueno está Cho y él dice que la ama…a beso así
- ¡Eso era una tonta excusa! – dijo Hermione – Harry esta tan enamorado de Cho… como yo, de Víktor – Ron que estaba ayudándole a estirar las sabanas se enderezo, jalando la sabana y tirando a Hermione a la cama – ¡Ronald Weasley!
- Mira Granger… – adoptando la voz y nombrándola de la misma manera que usaba cuando tenían sus peleas en la escuela - de todos los ejemplos que podrías mencionar, solo se te ocurre nombrar a ese troll de Krum!
- ¡Es solo una idea, Ronald! – y lo dijo tan fuerte que el bebé, se despertó – grandioso – fue a tomar a su bebe, pero Ron llegó primero.
- Ya Pequeño Harry, dejemos a mamá que siga limpiando, nosotros vamos a hablar de los Chudley Cannons.
- ¡Eres imposible! – dijo Hermione
- Pero me amas… – dijo sonriendo seductoramente.
- No tengas dudas de eso – se dieron otro beso – ¿qué va a pasar con Harry?
- ¿A él también lo amas?
- No, tonto – dijo dándole un golpecito en el mentón. Ron sonrió - me refiero a qué va a pasar con él y Ginny…
- Bueno, si esos dos no se dan cuenta de lo que realmente quieren, nosotros no podemos hacer nada, Herms.
- ¿Pero dejaremos que sean infelices?
- Hay cosas en las que no puedes inmiscuirte, amor. Confiemos en que ellos despierten. ¿Vienes?
- Si – dejó de arreglar el cuarto y salió de la mano de su esposo, deseando que algún día, sus mejores amigos puedan sentirse tan completos como ella estando con su Ron.
##
Ginny y Harry se aparecieron en el Valle de Godric. Estaban al frente de una pequeña casa. No era la espectacular mansión que ella siempre pensó que los padres de Harry tendrían. Era lo más modesta posible. Linda pero modesta al fin. Las paredes de un color manteca resaltaban la puerta de madera con aldabas de bronce. Estas tenían la figura del león de Griffyndor. Harry subió los escalones que separaban el jardín de la puerta de entrada, sacando un manojo de llaves. Eligió una bastante antigua de bronce, observó a su acompañante, que distraída, miraba hacia la calle. Harry admiró la belleza de Ginny. Habían pasado años desde que vivieran ese idílico verano, y ya entonces se daba cuenta de la belleza de la pelirroja. Pero ahora, años después, la madurez la hacía irresistible. Nervioso por el curso que sus pensamientos habían tomado, intentó abrir la puerta pero sus manos temblaban y no atinaba a colocar la llave. Ginny lo miró a los ojos y comprendió lo que sucedía. Sin decir nada tomó las llaves de la mano de Harry e introdujo la llave en la cerradura. Él sonrió apenas y abrió la puerta. Ginny entró primero, Harry intentó serenar su respiración, mas allá de estar cerca de la pelirroja, estaba en su casa. Aquella que sus padres eligieron para vivir, la que se suponía que albergaría la felicidad de la familia Potter… esa casa que fue testigo de la tragedia. Tomándose unos segundos y luego entró y cerró la puerta tras él.
Encontró a Ginny de pie en medio de la sala de estar. Sus ojos abiertos de par en par, admirando el trabajo final. La sala no era muy grande, pero al no tener muebles, parecía inmensa. La estrella de ese ambiente era una chimenea de piedra en la pared central, opuesta a la puerta de entrada.
A un costado una escalera de madera dejaba ver un piso superior. Harry parecía no tener la intención de moverse. Pero una mano de Ginny lo hizo caminar hasta la escalera y subir lentamente. Ninguno de los dos hablaba, Ginny podía escuchar la respiración de su acompañante. Al llegar arriba Harry sintió un dolor agudo en el pecho. Ginny no se dio cuenta y siguió caminando. Solo había dos habitaciones, en una había una cuna y algunos objetos rescatados de la masacre de hace 24 años. Harry se quedó parado en la puerta. Respiraba entrecortadamente. Allí en esa habitación su madre había perdido la vida por defenderlo. Él no podía recordar más que la luz verde cegadora y los gritos de Lily Potter pidiendo clemencia. Se dio la vuelta y se quedó apoyado en la pared del pasillo. Respiro hondo y bajo rápidamente. Ginny siguió recorriendo la casa. La otra habitación era más grande, y tenía una gran cama matrimonial, de hierro. No había más muebles. Salió al ver que su ocasional acompañante la había dejado sola. Cuando bajó, lo vio sentado en un espacioso sofá que había hecho aparecer. Él se levantó como confundido y se apoyó en la chimenea que había encendido minutos antes. Ginny se acercó y puso su mano en el hombro de Harry. Este seguía mirando el fuego.
- Harry… - dijo después de unos minutos de pesado silencio – ¿te encuentras bien? – Harry suspiró profundamente.
- No debí venir aquí, Ginny… – movió los leños con un atizador – me hace mal, el no recordar nada…
- Harry…
- Miles de veces traté de imaginar qué iba a pasar cuando cruzara esa puerta. Cientos de veces me detuve en la vereda… no podía cruzar el jardín y abrir la puerta. Necesitaba saber… - la miró – qué recordaría… si hubo buenos momentos… - suspiró – todo fue en vano. No debí haber arreglado esta casa.
- Pero no lo hubieras comprobado si no vinieras… tenía que pasar ese escollo, si no, hubieras vivido con la duda. – él la miro. Ella tenía la misma mirada de ternura que lo perdía. La misma mirada que lo llenaba de paz, la misma mirada que lo hacía amarla. – no debías venir solo… necesitabas…
- Lo sé – suspiró, interrumpiéndola – Pero estas cosas debo compartirlas con…
- Si… Con la persona que amas – dijo bajando la mirada – ¿Por qué no invitaste a Cho? Ella es a la que debes mostrarle tu …
- Mi casa... mi historia... – la miró – Tenía la intención de vivir aquí, pero no puedo. Despertaría noche tras noche soñando a mi madre gritando por piedad – Ginny lo abrazó. él se mostraba por primera vez vulnerable, y ella era su amiga, la que siempre lo entendía. Harry se aferró con todas sus fuerzas al cuerpo de la joven. Quería fundirse en él. Ginny se separó mirándolo a los ojos y de pronto sin saber cuando, los labios de Harry se aferraron con fuerza a los suyos. Las manos masculinas, recorrieron nerviosas los brazos, hasta posarse una en la parte baja de la espalda, y la otra se asió desesperada a la nuca, evitando que ella pudiera separarse. ¿Quería hacerlo? No, Ginny en ese instante, por última vez, necesitó grabar en su mente el sabor de sus besos, pero el deseo, fue derrotado por la alarma, cuando Harry, lentamente, la hizo retroceder hasta el sofá.
- No… - trataba de decir ella, pero su voz decía una cosa y su cuerpo todo lo contrario- No Harry, no podemos hacerlo – Él ya la había acostado en el sofá y besaba con desesperación el cuello de la pelirroja – no quiero cometer el error nuevamente – Harry la interrumpió acariciando la piel, por debajo de la blusa, y la voz de Ginny tembló.
- Por favor Ginny, te necesito ahora, no me rechaces, no podría… - La besó ciego de pasión. Ginny abandonó toda oposición verbal o física y se dejó llevar por el calor del cuerpo masculino.
La madrugada los sorprendió abrazados en el mismo lugar que terminaron la noche anterior. El frío la despertó. Abrió sus ojos y lo primero que noto fue la chimenea casi apagada. Rápidamente se levantó del sofá, y comenzó a buscar su ropa. Harry al no sentir el peso del cuerpo de la joven se despertó, y la vio vistiéndose nerviosa. Busco sus anteojos que estaban en el suelo y se los puso. En un segundo Ginny se había vestido y se terminaba de poner los zapatos yendo hacia la puerta. Harry solo atino a ponerse el pantalón y la alcanzo en la puerta. Él la miro sin entender ella tenía los ojos llenos de lágrimas…
- Ginny… - dijo con una mano en su cintura y con la otra sosteniendo el brazo de la joven.- Lo siento, yo no supe…
- Siempre pasa Harry – lo miró y las lágrimas brotaron. – Ese es el problema contigo – lo miró y Harry quiso morir. Una vez más estaba lastimándola - siempre te arrepientes después …- tironeó del brazo para zafar.
- No creas que soy…
- No, no lo eres, yo soy la estúpida – Él la soltó. Ella alcanzó la puerta y la abrió – Adiós Harry, no volveremos a vernos…
- ¡No! ¡Espera…!
- Ese es el problema Harry – dijo ella dibujando una tensa sonrisa – Yo soy siempre la que espera… pero ya no quiero esperar más. Si en algo me aprecias... si alguna vez me apreciaste como amiga, te pido por favor, sigue tu camino, y no te cruces en el mìo.
- Ginny – dijo él atónito – Está bien, cometimos un error, pero me niego a pasar otros cuatro años sin saber de ti… ¡no puedes romper nuestra amistad por esto!
- ¿Amistad? – dijo riendo – ¿crees que me he acostado contigo, que he perdido la poca dignidad que tengo engañando a todo el mundo y viviendo una aventura contigo, sólo por amistad? - suspiró, y lo miró a los ojos – Merlín, sí que eres un imbécil – Harry abrió los ojos sorprendido por el insulto. - Te amo Harry, te he amado toda mi vida creo. ¿Sabes las veces que he querido decírtelo? – Harry solo abría los ojos y no decía nada – Las veces que terminabas en mi cuarto, rogaba que te dieras cuenta, pero no lo hiciste. Siempre fui para ti un paño para tus lágrimas. Nunca fui yo, siempre fui un consuelo ante la ausencia de Cho.
- No… no es cierto – balbuceó confundido.
- Bueno, el paño se acabó. Adiós Harry espero que seas feliz y hazme un último favor… olvídate de mí – Se marchó cerrando la puerta de golpe. Harry se quedó en silencio, tratando de digerir las últimas palabras dichas por su amiga. Al rato, se acercó a la entrada, y apoyó su frente en la puerta… "me ama, ella dijo que me ama! Ginny, como puede ser, somos amigos, yo… Diablos si pudiera te diría… pero no puedo, Merlín me caso en dos días, no podría…" Allí se quedó solo con sus pensamientos, mientras Ginny apresurada llegaba a la Madriguera y sin que nadie se diera cuenta tomaba sus cosas y regresaba a Egipto para huir con su dolor…
nota de la autora: uno mas y termina... perdòn x la demora, y agradezco la espera.
