Disclaimer: El Manga/Anime Hetalia le pertenece a Himaruya Hidekazu.

Advertencia: AU, pareja España x Italia del Sur, personalidades MUY alteradas. Y palabras ocasionales en alemán, francés e italiano. (?) ._.


Te Odio Con Amor

° Capítulo II °

En las siguientes semanas ocurrieron cosas muy extrañas e inauditas.

Primero, Feliciano. Sé que no soy políglota pero tampoco soy idiota; y también sé que mi Fratello estuvo tomando clases de uno de los idiomas que más odio, a saber dónde y con quien.

- ¡Guten Morgen, familia! – Decía alegremente bajando las escaleras y posteriormente sentándose en el comedor para desayunar.

- ¡Cállate, Feliciano! ¡No digas esas cosas! – Le grite muy indignado. Habiendo tantos idiomas buenos y útiles, va el tonto de mi hermano y aprende el más horroroso.

- P-Pero… Yo solo dije...

- ¿Quién te enseño eso? - No entendía porque se ponía tan nervioso.

- P-Pues… Mmm… -M-Mi… N-Novio…

- Ah, menos mal… - Me lleve un bocado a la boca muy despreocupadamente y no puse mucha atención a lo que dijo, hasta que… ¡Casi me atraganto! - E-Espera… ¡¿QUEEE?!

- ¡Veeee~! ¡No me pegues! – El muy cobarde, corrió a esconderse detrás de la silla del abuelo, ya al borde de las lágrimas.

- ¡Ven acá desgraciado! – Me levante, lo saque de su pequeño pero visible escondite y lo agarre del cuello. - ¿Desde cuando tienes novio? ¿Cómo se llama el imbécil? ¿Hace cuánto que te lo tenías guardado? ¡Habla, maldita sea!

- N-No… Te En-Enfades… Lovi… - Lo fulmine con la mirada y como respuesta recibí un lloriqueo más. – E-Está bien… Se… Se llama Ludwig… Es un compañero de la universidad… Hace como dos años que salimos juntos y… y… y…

- ¡¿Y?!… ¡¿QUÉ?! ¡Dime todo lo que sabes o no volverás a comer pasta en tu vida!

- ¡No, por favor! – Carraspeo un poco. - P-Pues… Quiere venir a conocerlos…

- Y eso… ¿Como para qué? – Intervino el abuelo como si fuera la cosa más normal de mundo.

- Es que… Q-Queremos hacer oficial nuestro noviazgo.

¡Era Increíble! Ósea, ¿Desde cuándo Feliciano era homosexual? Ese nuevo descubrimiento me cayó encima como un balde de agua fría. No es que yo sea homofóbico o algo así, pero tampoco me hacía mucha gracia la idea. Me dejo sumamente atónito.

Si de algo estaba completamente seguro, era de apoyar incondicionalmente a mi hermano en esta nueva etapa para él. Sin embargo, más que nada me dolía bastante el hecho de que me hubiese ocultado algo tan importante como eso.

Feliciano siempre ha sido una de esas personas que le cuentan hasta sus más íntimos secretos solo a alguien en específico; y ese alguien era yo. ¿Y ahora? ¿Qué es lo que ocurre? ¿Quién me ha arrebatado la confianza de mi pequeño y tonto hermano? El tal "Ludwig"… ¿Tiene algo que ver con esto? Seguramente, ¡Agh! ¡Maldito imbécil, lo maldigo desde lo más profundo de mí ser!

Sin duda, esto es un flagelo que mi corazón no podrá olvidar.

Y eso no era lo "Peor", lo peor estaba por venir.

- Y… Lud… V-Vendrá mañana a cenar… con nosotros.

- ¡Tonto Feliciano! ¿Cómo se te ocurre avisar sin anticipación? – Termine de decir ya soltándolo.

¡Lo que me faltaba! ¡Tendría que pasar mi maravilloso sábado limpiando y arreglando la casa para su vil novio!

A la mañana siguiente, el abuelo y Arthur se fueron muy temprano a comprar lo que sería la cena. Feliciano se estaba preparando para su "Noche"; y mi abuela y yo nos dispusimos a limpiar todo. ¡Odio la limpieza! Pero bueno… Todo sea por mi hermano.

Como me ensuciaría, no tendría caso vestirme primero ¿Cierto? Por lo que me puse la camiseta rosa de tirantes de Feli; la bermuda azul marino del abuelo, que más bien parecía falda; el delantal rojo de la abuela; un pañuelo blanco para evitar que me cayera demasiado polvo en el cabello; las gafas de sol de Arthur, y por último, mis botas negras de plástico. Ah, y como utensilio, la escoba.

Y así, me puse a barrer y a trapear el suelo. Eso sí, con música de fondo para que se me quitara un poco el mal humor. Tome un disco de Bob Seger, (Si, lo sé. El idiota de Arthur ya me contagio su afición por todo lo relacionado al "Rock") Y comenzó a sonar "Old Time Rock & Roll".

De igual forma, transcurrió parte de la mañana y tarde.

Pero como el novio idiota se adelantó en llegar 3 horas antes, no tuve más remedio que salir y abrir. ¡Joder! ¡El muy maldito ni siquiera me dio tiempo para ducharme!

- Buenas tardes señora… ¿Se encuentra Feliciano? – Me pregunto, era un hombre musculoso, alto y rubio.

¡¿Cómo osaba ese cabrón llamarme "señora"?! Está bien que trajera una escoba en mano, pero tampoco era para tanto. Sin duda, mi hermano tenía los peores gustos del mundo.

- No, se murió. – Le respondí con un deje de molestia.

- Disculpe usted… Si me permite mi atrevimiento, es no puede ser posible. Acabamos de hablar con él hace media hora. – Me dijo un chico japonés, de cabello y ojos azabache, y piel blanca. Si soy sincero, no me había dado cuenta de su presencia hasta que hablo. Quizá sea por su estatura.

- ¡Pero que fratello tan gracioso tengo! ¿No creen? - ¿Desde cuándo Feliciano ya se encontraba a mi lado? - ¡Lud!... ¡Kiku!... ¡Pasen, pasen!

La cena fue una total mierda. Los abuelos conversando con el tal Ludwig junto con mi hermano. Arthur y el "Kiku" hablando de… ¡No sé qué rayos! Pero estaban juntitos los dos y no se despegaban. Todos en su "Bolita" y… Yo hasta el otro extremo de la mesa… Solo.

Lo único interesante para oír fue la procedencia del maldito Ludwig. Mencionó que su apellido era Beilschmidt, que era millonario y lo más desagradable, que tenía nacionalidad alemana. No es que yo pusiera atención o algo, sino que fueron sus palabras textuales a la hora de presentarse.

- Buenas noches señores Vargas, mi nombre es Ludwig Beilschmidt, soy originario de Alemania y toda mi familia es millonaria.

¡Vaya presentación! Aquí la pregunta era: ¿Qué demonios hace un millonario en nuestra casa? Una de dos, o realmente quería a Feliciano como decía, o estaba jugando con él. Claro que… Más le valía a ese amante de las patatas que fuera la primera opción; ya que… En el caso de ser la segunda, se las vería seriamente conmigo. No me importa que este musculoso, yo también puedo.

Como sea, eso solo fue en mi pequeño hogar.

¿Qué pasa con mi empleo? Bien, veamos.

Resulta que al cumplir un mes de laborar, recibí misteriosamente un aumento de sueldo. ¡Que va aumento! ¡Era el triple de lo que yo ganaba!

Eso era demasiado sospechoso, sobre todo porque yo no había hecho algo relevante como para tener un incremento de sueldo en tan poco tiempo. Aun así, ¡Seria un estúpido si me pusiera a reclamar! Un dinero extra me venía bien.

Eso fue algo bueno y de lo cual no me quejo.

Sin embargo, si ya mencione antes la palabra "Peor", corrección, ¡Lo peor viene ahora!

Al ocurrir cosas buenas, por lógica también suceden cosas malas. Y en mi caso, lo peor que me pudo haber sucedido es que regresara lo que yo más quería que se alejara.

Si, ¡Regreso el trio de maniáticos! Y con "Regresar" me refiero a que esos idiotas visitaban la tienda cada tercer día. ¿Es enserio? ¡¿Por qué Dios me odia tanto?!

¡Sépase que eso no es todo! ¡Incluso me invitaron a salir! Como amigos, claro (Bueno, por lo menos esa era la intención que ellos querían dar).

Todo el tiempo me la pasaba rechazándoles la invitación. No es normal que un cliente adinerado invite a comer a un simple empleado ¿Cierto? Demasiado bueno para ser verdad.

El albino egocéntrico (Que por cierto era alemán. ¡Vaya sorpresa! Ya conozco a dos amantes de la cerveza y las patatas a los que les quiero cavar su tumba yo mismo) no era gran problema, puesto que no frecuentaba la tienda muy seguido. Pero lo que era el francés y el español… ¡Joder, no me los quitaba de encima!

Hoy era uno de esos días. Me encontraba muy tranquilamente haciendo mis deberes, hasta que los vi entrar por la inmensa puerta. ¡Quería echarme a correr al baño y no salir hasta que se fueran!, pero no podía dejar mi puesto así tan fácilmente.

Bueno, ¿Por qué no tomar las cosas con calma? Ok, ok… Inhala… 1, 2, 3… Exhala… Inhala… 1, 2, 3… Exhala…

Dicen que tomar decisiones con la cabeza fría da un buen resultado.

Dejando de lado mi histeria, mire de reojo y esos dos se iban acercando poco a poco. Mejor dicho, el francés empujaba al español, el cual no se veía tan convencido de dar un paso más. Lucían al estilo épico de las niñas de secundaria. Si, de esas que se ponen nerviosas y empiezan a hacer el ridículo a medio camino, porque van a hablarle al chico que les gusta.

¡Oh, por dios! ¿Me tengo que preocupar por lo que acabo de decir? Joder, estoy pensando seriamente en correr.

- ¡Bonjour Lovino! – Aunque… ya es tarde para hacer eso.

- ¿S-Se les… O-Ofrece algo? – No sé ni para que pregunte algo tan obvio.

- Bueno, resulta que voy a hacer una devolución de… Unos… Zapatos… ¡Si, eso es! ¡Zapatos! - ¿Acaso me quería ver la cara? ¡El tipo no traía nada en las manos! – Y mon ami no quiere quedarse solo mientras me espera… ¿Podrías cuidarlo por mí?

- ¿Qué? - ¿El puto francés creía que yo era niñera o qué? ¿Y por qué tengo que cuidar de su amigo? Ni que fuera un bebe, ¡Incluso se ve más grande que yo!

- ¡Bueno chicos los dejo, vuelvo en un rato!

Y sin siquiera dejarme responder un "Si" o "No", el muy maldito salió corriendo como si la vida se le fuera en ello.

Me quede solo ahí… Bueno, ni tan solo, a lado de mi estaba su amigo que ¡No paraba de mirarme! ¡Maldición! ¿Acaso me había caído caca de paloma en mi traje o por que no volteaba a otro lado?

Una de dos, o tenía una imperfección asquerosa en la cara, o yo le gustaba al tipo ese. Cruzo los dedos para que sea la primera opción. ¡Dios no me puede fallar dos veces! ¿O sí?

- Y dime… Lovi… no… ¿Qué haces? – Allí estaba de nuevo, el bastardo, acortando mi nombre y completándolo después de una pausa.

- Trabajo. – Ni siquiera le mire, no me apetecía que continuara con su miradita frívola sobre mí.

- ¿Te gusta?

- No.

- ¿Y qué tal el sueldo?

- Bien.

- ¿Alguna novedad?

- No.

- Y… ¿Por dónde vives?

- Lejos.

- Ya veo… ¿Y qué tal te va?

Ni 5 minutos habían pasado y la maldita conversación ya empezaba a exasperarme. Ese idiota quería algo, y yo quería que llegara al punto.

- ¿Qué es lo que quieres? – Dije firme y conciso.

- Eh… ¿Yo? – Le fulmine con la mirada. Carajo, ¿Por qué responde a preguntas tan obvias? – Esta bien… Me atrapaste… Me gustaría que aceptaras la invitación que te vengo haciendo hace casi 4 meses… Solo iremos a tomar algo… Es todo.

- ¿Enserio? – Dije más para mí que para él, pero aun así me escucho y asintió.

¡Esa era una gran oportunidad! Por fin le podría restregar en la cara que yo no quería nada con él y así me dejaría en paz ¡JA JA JA! ¡Mejor plan, a nadie se le ha ocurrido!

- Está bien… Acepto.

- ¿D-De verdad? – Esa cara de incredulidad jamás la olvidare, así se veía más idiota de lo que ya era.

- Pero tendrás que esperar hasta que finalice mi turno.

- ¡Eso no es problema! – Me tomo de la muñeca y me jalo hacia adelante - ¡VAMOS~!

Y así, íbamos corriendo por toda la tienda ¡Qué vergüenza! (Ya me las pagaría más adelante por todo el ridículo que estábamos armando). Llegamos a la entrada donde "Casualmente" ya se encontraba el francés y salimos a la calle.

¿Por qué algo me decía que todo esto ya estaba planeado?

Tenía miedo… ¡Claro que sí! ¿Y si me hacían algo malo esos dos? Y si… Y si…

¡Puta madre! Mi pánico hizo que mis manos le mandaran un mensaje a Arthur en secreto:

"Para: Arthie Wanker.

Idiota, necesito que vengas porque me van a dar una paliza en la cafetería del 'Mostacho'.

¡Mueve el culo y sálvame!

P.D. Buenas Tardes."

Si no respondía con eso, yo mismo lo mataría llegando a casa.

Pero para mi suerte, cuando los tres llegamos a la cafetería, él ya estaba allí, y por consiguiente entramos los cuatro al local.

Nos sentamos en una pequeña mesa que estaba cerca de la puerta (Solo por si debíamos salir corriendo, claro). Pedimos unos cafés y todo se quedó en un silencio incómodo. Los otros dos diciendo cosas entre ellos y mirándonos raro, y Arthur y yo con cara de póker.

- Oye… ¿Para qué me hiciste venir aquí? – Me susurro Arthur.

- ¿Cómo que para qué? ¿Acaso no te das cuenta? – Le cuestione en el mismo tono de voz.

- ¿De que viniste a tomar café con tus "Amigos"?

- ¡¿Amigos?! ¿Eres retrasado?, ¿Recuerdas que te había contado de los idiotas de la tienda? ¡Pues son ellos!

- ¿Y si tanto los odias por qué estás aquí muy quitado de la pena?

- Pues quiero dejarles en claro que no quiero nada con ellos.

- Bueno, hazlo pronto porque ya me quiero ir.

- Está bien, aquí voy. – Carraspee un poco para que me prestaran atención esos engendros del demonio. – ¿Y bien? Ya acepte la invitación… ¿Ahora qué?

- Pues, creo que aún no nos hemos presentado, mi nombre es Francis Bonnefoy, pero las cositas lindas como ustedes me pueden decir solo Francis – Nos guiño un ojo – Y aquí mon ami quiere decirte algo importante ¿Verdad?

- Eh… Pues…

- ¿Lo ves? – El tal Francis le daba los últimos ánimos a su amigo español.

- ¿Y qué es eso tan "importante"? – Insistí.

- Bueno… Quiero que te cases conmigo. - ¿Eso era una orden o una sugerencia? Probablemente esté jugando. Si, debe ser eso.

- ¡Que buen chiste! – Me reí muy histéricamente. – Pero…

- No es ningún chiste, quiero que te cases conmigo y punto. – Me interrumpió.

- ¡¿QUEEE?! ¡¿Acaso estás loco?! ¡Ni siquiera te conozco y mucho menos sé tu nombre! – Ok, yo ya sabía que ir a tomar café no me iba a dejar nada bueno.

- ¡Claro que me conoces! ¡Desde hace casi 4 meses! – Me sonrió muy ampliamente – Y mi nombre es Antonio.

- ¡PUES ME NIEGO, BASTARDO!

- Mira mafioso, te casas conmigo, sí o sí.

- ¿Qué te hace pensar que aceptare? - Me puse a la defensiva. Ese imbécil español resulto ser más altanero de lo que se veía. - ¡Yo no soy gay!

- Bueno, en primera, no acepto un "No" por respuesta. Y en segunda, tranquilízate, solo será un matrimonio falso, yo tampoco soy gay. – Lo dijo como la cosa más normal del mundo. – Digamos que… Nos casaríamos por el civil.

- ¿Y si no eres gay para que te quieres casar? – Enserio, me quedé estupefacto con todo lo que me estaba diciendo.

- Escucha, quiero recibir mi herencia, pero para eso debo casarme primero. El compromiso es algo que tarda demasiado, y realmente me urge terminar con todo esto.

- ¿Y por qué no mejor buscas a una chica para que te ayude? – Me cruce de brazos.

- Porque sería muy cruel de mi parte casarme y después de un año, divorciarme. Este acuerdo no debe llevar sentimientos de por medio. ¿Me entiendes?

- Si, si, lo que digas.

- ¿Y bien? ¿Aceptas?

- ¡Desde luego que NO! – Hice énfasis en la última palabra – Y no puedes obligarme a hacer algo que no quiero.

- Oh… Pero claro que puedo.

-¿Así? Dime como.

- P-Pues… Convertiré a tu familia en pequeñas pulgas, las meteré dentro de un caja, enviare esa caja por correo a mí mismo, y cuando llegue, las aplastare con un mazo gigante… ¡Si, eso! Así que decídete ya.

¿Era enserio? ¡Dios, pero si tiene el cerebro del tamaño de un cacahuate! Vaya plan de mierda que se le ocurrió para amenazarme.

- Eh… Tony… Eso no tiene ningún sentido. – ¡Joder, hasta que en algo yo estaba de acuerdo con el Francis ese!

- ¿Eh?... Bueno… Entonces te quitare tu empleo.

- ¿Qué? ¡Por favor, ni tú te lo crees!

- Claro que sí, soy millonario y también soy propietario de la tienda en la que trabajas. Esa es una de tantas que tenemos, ¿Verdad, Fran? – El otro solo asintió – Además conozco a tu familia y… No creo que quieras que les suceda algo… ¿O sí?

- ¿A qué te refieres?

- No sé, tú dime… Tienes un hermano muy lindo, unos abuelos visiblemente jóvenes pero indefensos y un novio…Bueno, idiota. - ¿Novio? ¿Acaso se refería a Arthur? – A eso súmale, que su pequeña casa es lo único que tienen para vivir. Sería una lástima que "Alguien" decidiera quitársela ¿No crees?

- Eres un imbécil.

¡Eso no es justo! El maldito español de mierda me había dado un golpe de los más bajos, mira que meterse con lo que más me importa… Eso no se hace. En pocas palabras, si no aceptaba su propuesta de matrimonio, mi familia lo pagaría caro.

Todo dependía de mí. ¿Qué se suponía que debía hacer? Era posible que sus amenazas fueran verdaderas, y desde luego que yo no permitiría que dañaran a alguien de mi familia.

Pero… ¡YO NO QUERIA CASARME! Y menos con un mal nacido como el estúpido "Antonio".

Definitivamente, tenía que tomar una decisión con la cabeza fría, porque ahora estaba demasiado furioso y desconcertado como para dar una respuesta.

No podía equivocarme, muchas vidas estaban en juego, incluyendo la mía.

Me levante de golpe y los mire con todo el odio que emergía de mí ser.

- Dame una semana para pensarlo y tendrás tu respuesta. – Le hice un ademan a Arthur para que se levantara. – Vámonos.

Sentía que la sangre me hervía, quería moler a golpes a todo aquel que se acercaba a mí. Ahora lo complicado sería dar la noticia a mis abuelos. Si escucharla me había causado un dilema mental y me había destrozado por dentro, ya daba por hecho que ellos se infartarían de la conmoción.

Cual sea que fuera mi decisión, estaba completamente seguro de que mi vida cambiaría. La pregunta era… ¿Para bien o para mal?


N/A:

Hola.

Trate de actualizar antes, pero la cruel realidad es que me distraigo muy fácilmente. U_U Siento mucho si me como algunas letras, pero por mas que reviso, no encuentro los errores hasta que publico.

Aun así, espero les haya gustado.

¡Y gracias por sus reviews! :'D Me hacen feliz. :v

¡Saludos y gracias por tomarse la molestia de leer!