Disclaimer: El Manga/Anime Hetalia le pertenece a Himaruya Hidekazu.
Advertencia: AU, pareja España x Italia del Sur, personalidades MUY alteradas. Capítulo bastante largo, espero valga la pena.
Te Odio Con Amor
° Capítulo IV °
Cuando el bastardo de Antonio me pidió matrimonio, lo único que le pedí antes de aceptar o rechazar su propuesta, fue una semana para reconsiderarlo.
Ese día llegue muy agotado a casa. Ni siquiera me digne a cenar, lo único que hice al llegar fue subir a mi habitación, tirarme sobre la cama y aparentar que dormía. Y ya que Arthur había escuchado toda la situación, le reivindique que no dijera nada hasta que yo decidiera hacerlo. No muy convencido y con ganas de sermonearme, aceptó.
Y así, entre mi sueño "Aparentemente" fingido, me puse a reflexionar sobre las circunstancias; guardando en lo más profundo de mí, mis demonios de odio y furor, los cuales no me permitirían tomar una buena decisión si seguían a mi lado.
Trate de tranquilizarme y mantener mi cabeza fría para analizar el contexto muy perspicazmente.
¡Maldita sea! ¡YO NO QUERIA C-A-S-A-R-M-E! Solo de pensar, me sentía atrapado en un inmenso y sofocante bosque sin salida. Por más que corría, no importaba que dirección tomara, no lograba salir y comenzaba a faltarme el aire… (¿Acaso soy claustrofóbico?)
Las razones de no querer tener un compromiso como ese, eran:
1.- Me aterra el matrimonio. 2.- Creo que uniones de ese tipo deben ser por amor (¡Puto el que me llame "Ridículo" por decir eso, eh!). 3.- Aun soy joven. 4.- ¡NO SOY GAY! Sin duda, lo heterosexual es lo mío. 5.- Mi familia no lo aceptaría. 6.- ¿Casarme con un desconocido? ¡Ni loco! No hay nada más ilógico que eso. 7.- ¿Ser la esposa de Antonio?... Q-Quiero d-decir… ¿Qué Antonio sea mi esposa? ¡Por favor! No tengo gustos tan horribles. 8.- Matrimoniarme un día y divorciarme al otro… ¿Qué jodido sentido tiene eso? 9.- ¿Ayudar a conseguir una herencia? Ósea, ¿Qué bastardo millonario la necesita? 10.- Habiendo tantas personas en el mundo, ¡El imbécil de Antonio va y me escoge a mí, maldición! 11.- ¡¿Por qué Dios me castiga de esta forma, cuando puede hacer sufrir al maldito Ludwig?! 12.- ¿Qué carajo estoy haciendo al enumerar todas mis razones? ¡Solo pierdo el tiempo!
Como sea, son más de mil razones que tengo para negarme a hacer eso, y obviamente no me la pasare aquí diciéndolas todas (Agradezcan a mi buena amiga, pereza). En resumen: No quiero casarme y punto.
¿Tan difícil es de entender?
Aunque… ¿Y si Antonio ponía en marcha sus amenazas? Mi familia…
¡Agh!… Sin duda, tenía que verle el lado bueno a esto, porque yo no quería que ellos terminaran pagando la cuenta por un simple afán mío.
Y eso es lo que hice, verle el lado "Positivo" (Convenenciero, mejor dicho) al matrimonio con Antonio.
Él era un joven millonario, se notaba claramente en su forma de hablar, vestir, comer y sobre todo en la enorme confianza y seguridad que se tenía a sí mismo, con la que hacia frente a todo lo que se interponía en su camino. Aunque… Al parecer, esa solo era una máscara, porque en el fondo se veía que era una buena persona, estúpida pero buena persona… ¿O también esa era una máscara? ¿Cuántas mascaras puede tener un jodido zángano como él? Ok, ok… Retracto mis palabras, si ese idiota fuera una buena persona, habría aceptado como repuesta mi hostil "No" y me hubiese dejado en paz sin recurrir a ridículas amenazas.
¿Qué beneficios se pueden obtener de alguien así?
Suponiendo que ya estuviéramos casados y fuéramos ahora mismo "Esposos", por mucho que el matrimonio sea falso… Deberíamos vivir juntos ¿No? Ósea… Si ese maldito está recurriendo a casarse con alguien como yo para conseguir una tonta herencia (La cual no creo que necesite, sinceramente) es porque el matrimonio debe ser… ¿Secreto? ¿Inexistente?... Y si mis cálculos son correctos, se debe levantar la menor sospecha… ¿O no?
¡Maldición, que enredado esta esto!
Si bien Antonio me está obligando a casarme con él, no creo que su estúpida cabeza quiera que yo (Hablando ya de estar casados) este como si nada en mi casa, y viceversa, con un jodido papel que nos une.
Entonces… ¿Quién vive con quién? Mi casa no es la gran cosa, y para niños mimados y caprichosos como él, no es el mejor lugar. Así que… esa opción queda completamente descartada. Por otro lado, ¿Seria yo él que me vaya a vivir a su casa? Siendo supuestamente "Millonario" es imposible pensar que vive en una asquerosa pocilga… ¿Puede ser bueno eso?
Pasando a otros asuntos, el ser su esposo legalmente… ¿Me da el derecho de manipular sus bienes para mi propio beneficio? Porque si es de ese modo, podría usar parte de su riqueza para darle una mejor calidad de vida a mi familia. No sé… Podría comprar una enorme casa espaciosa y digna cerca de Venecia (No es que me avergüence de mi hogar, pero realmente nos merecemos algo mejor, mis abuelos lo valen). O quizá podría comprar una casa para cada quien… Para mis abuelos, para Feli, para Arthie, y posiblemente una para mí… ¡Ah~… eso sonaba jodidamente satisfactorio! Aunque… No creo que Antonio sea tan estúpido como para dejarme hacer eso… Bueno, ya me las arreglaría en su momento.
El punto de esto era: "¡Adiós miseria, hola riqueza!"
¡Oportunidades en la vida como esta, solo una!
Quiero decir, ¿Cuándo sería la segunda vez en nuestra existencia que tendríamos a un jodido millonario frente a las narices, pidiendo ser parte de la familia? ¡¿Cuándo?!
A decir verdad si la había… Aún quedaba el novio "Patata Humana-Come Wurst-Ludwig" al que Feliciano decía "Amar" tanto. ¡Pero, por dios! ¡Solo eran novios! ¿Quién aseguraba que no terminarían rompiendo el día de mañana? Además, el matrimonio les quedaba todavía muy lejos a ese par. Y yo me pregunto, ¿Por qué voy a esperar a que el bastardo alemán le pida matrimonio a mi hermano, si un bastardo español me lo está pidiendo a mí?
Además, mientras más pueda evitar que esos dos se casen ¡MEJOR!, ¿Qué? No soy egoísta, solo cuido lo que es mío. Porque SI, FELICIANO es MI hermano, ¡MIO, joder! ¿Entendido? Y lo tengo que cuidar aún más sabiendo que en vez de hermano, ahora tengo una "Hermanita". (Sépase que eso no es nada agradable, incluso me cuesta bastante decirlo).
Dejando eso de lado, el matrimonio con el estúpido Antonio, efectivamente resultaría ser favorable.
Pero… ¿Y si solo era una vil mentira?
Podría ser cierto el hecho de que Antonio realmente decía la verdad en cuanto a sus planes de matrimonio y lo demás de la dichosa herencia; sin embargo, también existía la posibilidad de que solo me estaba engañando para que me casara con él y me terminara por hacer cosas feas.
Aunque, yo soy un hombre… Y dado que ese fuera el caso, ¿Qué daño le puede causar un hombre a otro hombre? Aparte de molerse a golpes, no veo que otra cosa podría causarme perjuicios.
¡Ósea, por favor! ¿Qué daño me puede causar el miserable Antonio?
Amenos de que… Él quiera abusar de mi persona… ¡J-Joder!… ¿E-Eso… Se P-Puede? ¡¿E-Entre… H-Hombres?! ¡Dios, dime que no, dime que no!
¡Agh! ¡¿Por qué solo a mí me suceden cosas malas?! ¡¿Por qué?!
En fin, ahora que ya me habían quedado muy claras las ventajas y desventajas… ¿Qué decisión se suponía que debía tomar?
1.- Rechazar a Antonio, denunciarlo ante las autoridades y que él dañe a mi familia.
2.- Casarme con Antonio y sacarle provecho a toda su fortuna para mi propio beneficio.
3.- Suicidarme y ya no saber absolutamente nada de nadie.
4.- Golpear a Ludwig por la desgracia que persigue mi vida.
Ok, ok… La primera opción no era absolutamente una "Opción" buena para tomar (¡Definitivamente, NO!). En la segunda opción, aparentemente todos saldríamos ganando (Eh… Podría ser una buena elección…). ¿Tercera opción, suicidarme? Maldición… Ni de chiste haría algo así (Por lo menos no aun). Y en cuanto a mi cuarta opción… ¡Es lo mejor que se me ha ocurrido! Me sentaría bien darle unos buenos golpes a ese imbécil, pero al igual… No llegaría a ningún lado con eso (Además de que la patata humana me regresaría todo lo que recibiera de mí).
Así que de tanto dilema mental, llegue a mi límite y opté por tomar mi segunda opción: Casarme con Antonio.
Creo que… Era mejor sacrificar solo una vida, que llevarse de por medio a cuatro más. Tenía que hacerlo, sabía que habrían muchos riesgos en el proceso pero… Era mi deber proteger lo que más quería y sobre todo tenía que empezar a contribuir para poder obtener una mejor vida. Y si para darles todo lo que yo siempre quise, tendría que destruirme internamente, lo haría. Todo sea por ellos. Todo sea por mi familia.
Tenía en total siete días para tomar oficialmente la decisión: Dos para pensarlo, tres para comunicarles a mis abuelos, uno para que me regañaran y me dijeran mierdas, y otro extra para reflexionar y arrepentirme sobre lo que estaba a punto de hacer.
Con ese nuevo pensamiento en mente, me quede un poco más tranquilo. Me sentía inseguro y angustiado, pero las lágrimas en momentos así, no me ayudarían en nada. Poco a poco logre conciliar el sueño.
Al transcurso de esos siete días, me sentía más convencido sobre lo que haría a partir de ese momento. Aunque por alguna extraña razón, aun no me armaba de valor para encarar a mis abuelos y contarles todo. Sin mencionar que un rubio idiota de cejas voluminosas presionándome a cada momento para hablar, no hacía más favorable la situación.
Como sea, habían pasado ya cuatro días de eso, y era el momento justo de hablar con todos de todo.
Espere a que estuvieran reunidos en la casa, puesto que trabajábamos y no nos veíamos sino hasta la tarde. Y al instante en el que terminábamos de cenar (Como eso de las 8:00pm) encontré la oportunidad perfecta para confesarme (Eso sonó jodidamente mal, ósea, ¡Ni que fuera una confesión de amor, puff!)
Me ajuste bien mi pantalón, porque estaba seguro de que del susto se me podría caer. Inhale profundamente y empecé…
- Abuelos… – Hice una muy larga pausa. – Tengo algo importante que decirles. – Maldición, después de decir eso, voltearon a mirarme justo al instante, dando indicio a que me prestaban la debida atención. ¡Incluso Feliciano! Él, que siempre anda en su propio mucho de arcoíris, abrió en demasía sus ojos.
Realmente estaba considerando en decirles o correr a mi habitación.
- Sí, Lovi… Te escucho. – Me dijo el abuelo mientras sonreía. - ¿De qué se trata?
- Pues… – Mire a Arthur con desconfianza preguntándole telepáticamente, si era correcto o no, lo que estaba haciendo (Aunque dudo que le haya llegado el puto mensaje). Él solo asintió levemente.
- Vamos, cariño. – Esta vez, mi querida abuela acaricio mi mejilla. – Cuéntanos.
- Es sobre… – Me estaban sudando las putas manos. – Sobre…
- ¿Eh?... ¿Sobre qué? – Me sonrió ampliamente Feliciano. – Hermano, anda dilo. ¡Tengo mucha curiosidad!
- Calla, ya voy… - Tonto Feli, él siempre tiene curiosidad de todo. – Pues es sobre… - Tome un último respiro y suspire, pellizcándome las manos con mi propias uñas. – Me han propuesto matrimonio.
- ¡¿QUEEEE?! – Los tres exclamaron (Gritaron, de hecho) al unísono altamente atónitos. Puedo jurar que incluso se cayeron de la maldita silla en la que estaban sentados.
- ¿Pero cómo? – Mi abuela preguntó.
- ¿Con quién? – Mi abuelo le siguió.
- Seguro que con una bella signorina. – Feliciano les completó.
- O eso es lo que ustedes creen. – Arthur remató.
¡Quería que la tierra me tragara en ese momento!
- ¿A qué te refieres, Arthie? – Le preguntó mi abuelo.
- Que te lo diga él mismo. – Le respondió y ambos voltearon a mirarme.
- ¿Lovi? ¿De qué está hablando Arthur? – Me preguntó el abuelo, impaciente por una respuesta.
- P-Pues… - Carraspee un poco para no volver a tartamudear. – Me ha propuesto matrimonio un hombre… Se llama Antonio.
De pronto se hizo un silencio incómodo y el ambiente se transformó en uno MUY tenso. Las mandíbulas de mis abuelos y la de mi hermano cayeron. Joder, ya veía venir el bombardeo.
- Lovino… – El abuelo comenzó a reírse histéricamente. – ¡Por dios! Tú no tienes ese tipo de "Gustos". No me extrañaría que lo hayas rechazado.
- Joder, abuelo… – Me lleve una mano a la nuca. – Le dije que me diera una semana para pensarlo y… Ya he decidido que me casaré con él.
- ¿Qué? – Abrió los ojos y en su rostro se notaba una expresión de pavor.
- Así como lo oyes. – Fruncí el ceño.
- ¡¿Pero por qué?! – Dio un golpe a la mesa con sus dos puños. Claramente se veía muy alterado (Justo como predije que seria). – ¿Lovino, estas demente? ¡¿Qué es lo que te pasa?!
- T-Tranquilízate… – Su cara empezaba a asustarme. – El bastardo ese solo quiere conseguir una herencia, me pide casarme con él porque es un requisito que necesita, nada más…
- ¡Por dios, Lovino! ¿Tú le creíste toda esa mentira? ¡¿Acaso no te he enseñado que en este mundo hay gente muy mala?! – Típico de él, joderme la existencia con estúpidos regaños y malditos gritos.
- ¡Maldita sea, que mierda importa eso! – Le di una patada a la mesa. - ¿Qué no lo ves? ¡El imbécil es millonario!
- ¡¿Y tú como sabes eso?!
- ¡Abuelo, no me jodas! En la tienda en donde trabajo solamente hay gente de ese tipo. ¡Y además, es dueño de la estúpida tienda!
- Pues eso no te da derecho a casarte con el primer sujeto que te lo propone.
- Me amenazó… - Desvié la mirada. – Si no lo hago, les hará daño a ustedes…
- Lovino, Lovino… Debí suponerlo. – Cubrió su rostro con sus manos, apoyando los codos en la mesa. – Hijo… No te preocupes. Lo denunciaremos a las autoridades y todo terminará. No tienes por qué ceder a las amenazas de un tipejo abusivo, nadie te puede obligar a hacer algo que no quieres. Mañana a primera hora iremos a…
- Olvídalo… – Le interrumpí. – La gente es muy corrupta y un sujeto de su clase puede pagar una fianza muy fácilmente. El mundo hoy en día vive de ello… No podemos competir con eso.
- Pero, Lovino…
- Abuelo… No es solo por las amenazas que debo aceptar… – Pause y lo mire fijamente. – Date cuenta, ese tipo es uno de los pocos que cagan dinero. ¿Te imaginas? Si me caso con él… Podremos salir de esta miseria… Debo hacerlo, es mi deber.
- ¡No, Lovino! – Se levantó de la silla y se acercó a mí tomándome de los hombros. – Todo este tiempo he tratado de educarte a ti y a tus hermanos para que sean hombres de bien. – Me zarandeó un poco. - ¡No me salgas con estas cosas! ¿Dónde queda tu dignidad? Ser humilde no es malo, siempre te lo he dicho, si tienes aspiraciones, trabaja duro y esfuérzate, solo así podrás conseguir lo que quieres. – Tragó saliva. – Además, ¿De qué miseria hablas? Mientras nos tengamos a nosotros mismos, podremos triunfar a donde quiera que vayamos. Porque somos una familia, UNA FAMILIA UNIDA.
- Que lindo de tu parte recordármelo. – Me puse de pie. – Pero no viviremos de "Amor" para toda la vida. Tenemos necesidades y una carencia económica. Tu trabajo no será eterno. Mi abuela no siempre podrá hacer limpieza en casas ajenas. Arthur y yo no tenemos una carrera, si nos despiden no nos volverán a contratar hasta que tengamos como mínimo una jodida licenciatura. Feliciano es el único que estudia y su colegiatura es bastante costosa. – Alce un poco más la voz. – Además, ¡Estoy harto de las malditas discusiones entre tú y mi abuela sobre el dinero que no les alcanza! ¡Dime tú si eso no es miseria!
¡Maldita sea!, al decirle todo eso a mi abuelo, me sentí liberado. Y es que esas eran cosas que me había guardado muy dentro de mí. Es una completa desdicha ver como mi familia se destruía internamente por la cosa más ruin del mundo: El dinero. Enserio, ver todas las desgracias y no poder hacer nada, era la impotencia más cruel que jamás había sentido. Solo de escuchar las malditas discusiones me deprimía al instante. Y se me cruzaba por la mente la mayor estupidez que es darle fin a mi vida, pero… No podía dejar solo a Feliciano por una de mis estupideces, él me necesitaba al igual que el resto de la familia. Solo eso es lo que me hacía continuar vivo. Claro que, ellos no sabían nada de la existencia de tales pensamientos.
Jamás lo admitiría en público (Ni siquiera a mí mismo) pero "Gracias" a Antonio y a su asquerosa propuesta de matrimonio, la vida me sonreía de vuelta, dándome una gran oportunidad para dejar de lado mi impotencia y finalmente poder ayudar a mi familia.
El abuelo tenía razón en todo lo que me decía. Al tomar esa decisión me había olvidado de todos los valores que me inculcaron de niño. Ahora más bien yo era un interesando de mierda al que solo le importaba el dinero. Me sentía escoria, corrección, menos que escoria. Y no solo por eso, sino también porque estaba haciendo lo mismo que hizo mi progenitora hace 15 años: Casarse con un acaudalado hombre para salir de la maldita miseria.
¡¿Por qué?! ¿Por qué sigo el ejemplo de la mujer que más odio? Estoy decepcionado de mí mismo. Me odio, odio todo lo que soy.
- Lovino, los problemas entre tu abuela y yo, son solo de nosotros. – Dijo de repente el abuelo. – Ni siquiera son discusiones reales, yo a ella la amo y jamás la cambiaría por nada en el mundo. – La miró. – Precisamente por eso, no tienes por qué desperdiciar tu vida de esa forma. – Me dedicó una mirada suplicante. – Además, recuerda que nuestra religión no lo permite.
- ¡Al carajo el clero! – Fruncí el ceño. – Cada día me revientan más las putas leyes religiosas y su conducta moral. – Me cruce de brazos. – ¡Ya lo he decidido y nada me hará cambiar de opinión!
- ¡Pues no lo apruebo! – Me gritó furioso. - ¡Te prohíbo hacer semejante barbaridad!
- Rómulo, cálmate… – Intervino mi abuela colocando una mano en su hombro.
- ¡Tú a mí no me prohíbes nada, maldición! – Dije inseguro pero tratando de sonar firme. – ¡Ya soy mayor de edad, tengo 20 años! Soy un adulto y puedo hacerme cargo de mis responsabilidades como hijo, como hermano y como hombre.
- Lovi, hijo… No le hables así a tu abuelo. – Comento mi abuela. – Él solo quiere protegerte porque te ama.
- Lo sé abuela, pero él debe entender que esto es lo esencial que debo hacer para el bienestar de todos. – Le dije tratando de sonar amable. Ella solo hizo un puchero.
- Esta bien… Déjalo Rosetta… Se hará lo que el "Príncipe de Roma" diga. – Suspiró y me fulminó con la mirada. – Solo espero que así como dices ser adulto, te hagas cargo de las secuelas que te dejara el "Teatrito" tuyo. Quiero saber hasta dónde eres capaz de llegar con este juego propio de un adolescente.
- Ya lo veras… - Lo reté. – Puedo actuar con madurez si me lo propongo. No tienes por qué preocuparte, me las arreglare solo de ahora en adelante. – Sinceramente, eso no lo decía enserio.
- Bien… Creo que la discusión ha terminado, por lo tanto… No tengo nada más que decir. Si esa es tu decisión, que Dios te cuide y te acompañe en lo que tengas planeado hacer. – Se dio media vuelta dando indicio a irse a su pequeña habitación. – Una cosa más… – Miró por encima de su hombro. – Quiero conocer a tu… "Prometido".
Sin decir más se fue. Segundos más tarde, los tres presentes que se encontraban en la misma mesa que yo, me miraron atónitos. Mi abuela fue corriendo a seguir a mi abuelo a su habitación. Seguramente, una nueva discusión cobraría vida en posteriores instantes. Por su parte, Arthur y Feliciano se hicieron los que no habían escuchado nada, mientras recogían los platos sucios.
Así que, me di la vuelta y subí a mi habitación. Me quite la ropa y me puse mi pijama.
Arthur, Feliciano y yo teníamos una habitación para los tres, en la cual solo había una litera. Arthur dormía arriba, y Feliciano dormía conmigo abajo. Esta vez esperaba que ellos dos durmieran abajo. Porque yo necesitaba estar solo y pensar (Llorar, si se puede decir de una forma ridícula y poco masculina), así que me subí a la cama de arriba y allí descargue mi frustración contra la almohada, mientras oía claramente la nueva discusión entre mis abuelos.
Me quería morir, enserio.
En el transcurso de esa semana en la que les dije a mis abuelos sobre lo de Antonio, fue… Dura.
Mi abuelo no me dirigía palabra alguna, mi abuela y Feliciano estaban más callados de lo normal, y en cuanto a Arthur, él solo me miraba con desaprobación.
Con sus actitudes extrañas, me hacían dudar mucho sobre lo que había decidido. Incluso en el último día del plazo acordado, llegue a pensar que arrepentirme sería lo mejor. Pero no lo hice, opté por seguir adelante con todo eso.
Como sea, el día esperado llegó. Un lunes común en el cual le tendría que dar respuesta a la propuesta del maldito Antonio. Ya no había vuelta atrás, me arme de valor y me prepare mentalmente para lo que haría y diría en las próximas horas.
Esa mañana mi abuelo fue muy claro conmigo.
- Hoy le dirás que si… ¿Cierto? – Yo solo asentí levemente. – Bueno… Quiero hablar con él hoy mismo. Te estaré esperando a las 7:00pm en punto. – Me señalo. – Ni un minuto más, ni un minuto menos. ¿Entendido, Lovino?
- Así será. – Le respondí y después se marchó de casa.
¡Joder… Él… Él… Él me había llamado Lovino! Solo me llamaba por mi nombre completo cuando estaba endemoniadamente molesto. Aunque dada la situación, no es para menos.
Después de eso, fui directo al trabajo.
¿A quién quería engañar? Realmente me sentía bastante mal por todo.
No tenía ganas de hacer nada y los dramas de mi compañero Feliks, no me ayudaban a subir mi ánimo. Normalmente lo que yo haría sería burlarme de él por todas las cosas absurdas que salían de su boca, pero en esta ocasión hacer eso no me hacía sentir mejor.
- A ver lindura… Como que a ti te pasa algo. – Me dijo acercando su silla y sentándose a mi lado en el mostrador. – ¡Ósea, como que me lo tienes que contar, soy 100% de confianza!
- Vete de aquí Feliks, esto no te incumbe. – Le dije francamente.
- Como que tipo, no puedo creer que un ángel como tú, sea tan grosero. – Sí, claro. Como si me importara lo que él creyera.
- ¡Pues entonces, largo!
- Daah, ósea… tampoco es para tanto. – Se acercó más. – Vamos lindo, cuéntame lo no cool de tu vida. Como que tipo, puedo ayudarte. – Me guiño un ojo.
- No quiero hablar de eso.
- Ósea, ya sé lo que te pasa… – Se miró sus teñidas uñas de color rosa. .- Tú no estás preparado para hacer frente a tus problemas, cariño.
- ¡C-Claro que n-no! Es solo que…
Estaba completamente seguro de que si no le contaba algo pronto, no me dejaría en paz en todo el maldito día. Así que… ¿Por qué no transformar la verdad para adaptarla a la realidad paradójica?
-Oye… ¿Tú te casarías con alguien a quien no amas? – Le pregunte de repente.
- Ósea, ¿Cómo por qué lo preguntas?
- ¡Solo curiosidad, maldición!
- Ajá… Bueno, eso depende.
- ¿De qué? – Le mire desconcertado.
- Pues sí, ósea depende… Si el tipo es como ese de allí… ¡No lo pienso dos veces! – Mire hacia la dirección en la que él señalo e inesperadamente Antonio iba entrando por la puerta. - ¡Míralo, es todo un galán! Tan guapo, tan carismático, tan sonriente, tan… tan… tan sexy.
- ¡Feliks, maldita sea! – Lo golpee en las manos con una revista de propaganda que estaba por ahí cerca. ¡Joder, como se le ocurre andar fantaseando obscenidades, cuando está a mi lado!
- ¡Ósea, casi me rompes una uña! – Se sobo la parte afectada. – ¡Eso me dolió!
- ¡Pues te lo mereces! ¡Haber si así aprendes a cerrar tu maldita boca polaca que tienes!
- ¡Que malo eres! – Hizo un puchero. – Ósea, relájate un poquito… ¡Además, dime si no pensaste lo mismo que yo!
- ¡Joder, claro que no!
- ¡Pero mira que buen trasero tiene!
- ¡Cállate, no me interesa saber absolutamente nada de eso!
- ¡Daah, que cerrado eres! – Se acomodó el cabello. – Mira, viene hacia acá. – Me dijo discretamente. - Como que tipo hago mal tercio, así que me voy. Te dejo con tu… Galán. – Rio por lo bajo.
- ¿Qué demonios…? – Iba a protestar, pero ya se había ido.
- ¡Hola! ¿Qué tal estas? – Y el bastardo ya había llegado hasta el mostrador.
- Prefiero hablar en otro lugar. – Le respondí directamente. No estaba de humor como para recibir estúpidos saludos.
- ¿Te parece en la cafetería de la vez pasada? – ¡Puff, como si me importara el lugar! Después de todo, pronto llegaría el momento de decir las cosas, aun cuando fuera en un maravilloso castillo, la situación seguiría siendo una mierda.
No tuve más alternativa que subir a su auto mientras íbamos de camino a la maldita cafetería. Todo el ambiente era muy tenso, aunque no le presté atención, yo solo iba inmerso en mis pensamientos.
Cuando llegamos tomamos asiento y después de haberle dejado muy en claro todo mi odio, finalmente le dije que sí. Él solo se emocionó (¡Incluso tomó mi mano!), pero claro, es obvio. Solo quería joderme la existencia.
Eso sí, antes de que empezaran a salir brillos de su alrededor, le impuse como condición ayudar a mi familia MUY económicamente. Creí que ese bastardo idiota comenzaría a protestar, pero no, todo fue jodidamente fácil (Bueno, ¡Mejor para mí!).
- ¿Y cuándo hablare con tus abuelos? – Pregunto de repente.
- Hoy mismo. – Le respondí conciso, tal y como mi abuelo me había ordenado en la mañana.
- ¿Qué? ¿T-Tan pronto? ¿No deberíamos esperar hasta mañana? - ¡Maldita, sea! Primero está urgido por casarse y luego se arrepiente. ¿Qué mierda pasa por su cerebro? ¿Tan siquiera tiene uno?
- Si no quieres, puedes buscar a alguien más. – Me dejé de rodeos y es que ya me había hartado su maldito drama.
- Tú ganas, vamos ya. – ¡Al fin, ya era hora!
Posteriormente, emprendimos el camino a casa. Corrección, a MI CASA.
Al llegar, ya todos nos esperaban reunidos en la mesa. Tomé asiento a lado de mi abuelo y le invité a tomar asiento a Antonio también.
Una vez sentados, comenzó el acuerdo.
Antonio se presentó y todo. Después mi abuelo lo trato de intimidar con una maldita denuncia, a lo que el bastardo ni se inmuto y le contraataco perfectamente. Más tarde hablaron de cosas triviales como la fecha y el plazo del matrimonio.
Lo que en verdad me sorprendió, fue la pregunta más tonta que mi abuelo pudo hacer.
- ¿Hay algún interés sentimental? – ¡Por, dios! ¡¿A quién mierda se le ocurre preguntar eso?! – Porque de ser así, quiero que no toque a mi hijo o se las verá conmigo. – Claro, él quería hacer hasta lo imposible por protegerme (En verdad se lo agradecía).
- Claro que no. – De cualquiera forma, rezaba para que sus palabras fueran ciertas. – Si Lovino le conto bien, el matrimonio es un requisito que necesito para reclamar la dichosa herencia, algo superficial. Por su hijo ni se preocupe, él estará bien. Le ofrezco estancia en mi casa de Roma cuando nos casemos y tendrá todo lo que necesite. En cuanto a ustedes, pueden pedirme lo que quieran mientras el matrimonio sea vigente. ¿Aceptan el trato? – A decir verdad, eso no sonaba tan mal. Por lo menos el imbécil aparentemente estaba tomando en cuenta lo que le había pedido.
- ¿Lovino? – El abuelo me llamo y yo solo asentí.
- No hay nada que hacer. – Le respondí francamente.
- Bien, que no se hable más. Si Lovino acepta no puedo intervenir más. – Se acercó a Antonio, y ambos se dieron la mano. – Un trato es un trato.
Seguido de eso, Antonio agradeció y se fue.
-Así que… ese es el tal Antonio, eh… – Comentó inesperadamente mi abuelo.
- ¿Qué esperabas? – Le pregunte molesto. Aunque mi pregunta era solo curiosidad de saber que impresión le había causado Antonio.
- No sé… – Se cruzó de brazos y miro al techo muy pensativo. – Es joven, creí que sería más… Mayor.
- ¿A qué te refieres con "Mayor"? – Hice énfasis en la última palabra.
- Pues me lo imaginaba como de mi edad… - Logro decir entre balbuceos y demás cosas que no logre comprender, mientras se relajaba un poco y repentinamente se levantó de la mesa para ir directo a su habitación.
Aparentemente la "Charla" fue tomada de buena forma. No le di importancia.
A la mañana siguiente, me encontraba en mi trabajo, cuando Antonio apareció jodidamente feliz (A estas alturas, eso ya no me sorprendía) y llamándome "Cariño", "Mi amor" y "Lovi".
¿Cómo osaba llamarme así ese cabrón? Si no hubiera sido por que aún no estábamos casados, yo le habría rajado toda su puta madre. Pero bueno, solo tenía que esperar algunos días para hacerlo.
Lo más estúpido de todo, fue el motivo de venir a "Visitarme": Comprar ropa nueva.
Ósea, ¿Para qué demonios yo quería ropa? ¿Por qué diablos Antonio insistía tanto en comprarla? ¿Tanto significaba para él, el "Falso matrimonio"? Jamás se incluyó en el trato verse bien el día del evento, ¿O sí?
Pero finalmente termine cediendo. Y es que ponerme a discutir con la persona más estúpida del mundo, solo me ocasionaría un problema cardiaco.
Total, en la misma tienda donde trabajo (En la tienda bastarda del bastardo) caminamos para poder elegir las prendas. Yo me entretuve viendo un esmoquin en un mostrador y Antonio se adelantó.
Mire mi reflejo en el mostrador de vidrio. Se formó una ilusión óptica en la que se apreciaba que yo portaba el esmoquin. No me veía mal. Sonreí del gusto al mirarme de tal forma.
Pero mi sonrisa se desvaneció al recordar a mi padre. Tenía una imagen borrosa en mi cabeza de él, de cuando yo era pequeño. También recordé que mi abuelo antes solía decirme frecuentemente que me parecía mucho a él. Entonces al mirarme, se reveló su presencia en mí.
Me sentí terriblemente dolido al darme cuenta de que me parecía al hombre al que más detestaba. Él vivía en mí, aunque tratara de negármelo, él seguía presente en cada facción de mi rostro.
Desde ese momento, concebí el flagelo que se haría presente cada vez que me mirara al espejo; porque de cualquier forma, lo vería a él.
Me odio. Soy un hijo de puta. Me odiare siempre.
De pronto me invadió una furia intensa. Incluso me dieron ganas de lanzarle una piedra al maldito mostrador y disfrutar cuando se quebrara en mil pedazos.
Pero no tenía ninguna piedra cerca y alguien interrumpió mis instintos asesinos.
Me gire, y era el maldito Antonio inoportuno que traía un vestido rosa, el cual me entregó una vez que le preste atención.
- Póntelo. - ¿Acaso eso era una orden?
- ¿QUÉ? – Le arrojé en toda su estúpida cara el vestido – ¿ME HAS VISTO CARA DE MUJER, BASTARDO? ¡LA QUE SE LO VA A PONER VA A SER TU ABUELA!
Y así comenzó una pequeña y absurda discusión sobre ponerme o no el puto vestido. Hasta que me harte de tanta persistencia de su parte.
- ¡QUE NO QUIERO, DÉJAME EN PAZ! – Le grite pretendiendo finalizar la disputa.
- ¡QUE TE LO PONGAS, TE DIGO! NO ME IMPORTA SI QUIERES O NO. TE LO PONES SI O SI. – Eso que me grito, ¡M-Me asusto, m-maldición! ¡Y no es que yo sea un débil cobarde! Lo que pasa es que siempre que lo veo, me sonríe de forma estúpida y sus ojos brillan cada que me mira (¡Joder, como si me importara descifrar el motivo!). Y esta vez, frunció el ceño y su mirada se volvió oscura y malvada. En concreto, se transformó en un completo psicópata. ¿Qué era lo que escondía detrás de ese rostro sonriente y despreocupado? Por suerte, su "Bipolaridad" era muy pasajera.
- ¡Eres un hijo de puta, esto lo pagaras caro! – Lo insulte, se lo merecía (¡Eso y más!) y después me encamine hacia los probadores.
No supe cuánto tiempo estuve dentro (Y ni me importaba) pero aun no me había puesto el maldito vestido.
No quería ponérmelo, sin embargo, no viviría escondido en los probadores para siempre. Así que decidí hacerlo lo más rápido posible.
Me quite mi uniforme de trabajo (Chaqueta, camisa y corbata) y me empecé a meter el vestido por… ¿Arriba? ¡Yo que sé! ¡No soy mujer para saber cómo probarme esas cosas! Trate de bajarme el vestido lo más que pude, aunque curiosamente lo más que lograría taparme seria hasta la rodilla. Dude en quitarme el pantalón, pero me lo deje puesto. Después de todo, me sería de gran ayuda para que el bastardo de Antonio, no me viera cosas que no debía verme.
¿Tan siquiera era de mi talla? ¡Joder! Me sentía tan apretado como si me encontrara dentro de una estúpida lata de sardinas.
Posteriormente, asome mi cabeza por la puerta del probador para evitar que alguna hermosa dama me viera así. Una vez despejado el terreno, salí corriendo a buscar al estúpido que me obligó a hacer el ridículo.
Y allí estaba, sentado en el cómodo sillón de piel esperándome.
– Ya estarás contento ¿No? ¡Parezco una jodida bailarina de ballet! – Me pare delante de él y cruce los brazos. - ¿Qué sigue? ¿Zapatillas?
-¿Pero qué te paso? – El muy imbécil se carcajeo, ¡Burlándose de mí! – ¿Acaso no sabes que debes quitarte el pantalón para que luzca bien el vestido? – Ósea, al señor no le bastaba con verme los brazos desnudos, sino que también quería verme las piernas.
Me había humillado de la forma más ruin. ¿Dónde quedaba mi hombría ahora? No solo él se burlaba de mí, sino también todas las personas que rondaban cerca. No le basto con obligarme a casarme con él, sino que también me obligo a ponerme un maldito vestido para el gusto del público. Otra razón para odiarlo eternamente.
Al final del día, terminó por comprarme ropa decente y se ofreció a llevarme hasta mi casa, a pesar de que le suplique para que no lo hiciera.
Cuando me disponía a bajar nuevamente de su auto me tomo del brazo y de mala gana subí nuevamente.
-¿Y ahora qué? – Pregunté molesto.
- Bueno, solo quería avisarte que la boda será el viernes de la próxima semana en mi casa. Ira un juez y así se concluirá el matrimonio. – Me explicó. Después me dijo que alguien nos recogería a las 3:00pm en una limusina negra y como bono extra, escribió su número de celular en un papelito y me lo entrego.
- Entiendo… Hasta entonces – No tenía nada más que decir, así que me baje de nuevo y emprendí mi camino (Una cuadra) hasta mi casa
Al llegar, mi familia se sorprendió por la ropa que llevaba en manos, y comenzaron a interrogarme descaradamente. Respondí sinceramente a todo, exceptuando la humillación del vestido de bailarina de ballet.
El día esperado había llegado. Un viernes cualquiera en el que se llevaría a cabo mi "Boda" civil. Un día viernes que odiaría por el resto de mi vida.
Abrí lentamente los ojos acostumbrándome a la luz del sol que lograba filtrarse por la ventana. Me removí un poco en la cama buscando el bulto de mi hermano. Grande fue mi sorpresa cuando no lo sentí, entonces me voltee bruscamente solo para observar que él ya se había levantado.
Me recosté nuevamente, pues me empezó a doler un poco la cabeza del movimiento brusco que hice previamente. Tomé mi celular del pequeño buró que estaba a lado de la cama. Lo prendí y en la pantalla visualice la hora, eran las 9:00am.
Me levanté con la mayor pesadez que jamás había sentido antes. Ordene la cama, fui al baño a lavarme la cara con agua fría, me peine un poco y me dispuse a bajar a desayunar.
Al descender por la escalera me detuve en el rellano, y observé que toda mi familia ya estaba reunida en la mesa desayunando. Todos tenían una facción de seriedad en el rostro y el silencio predominaba en cada centímetro de la atmósfera. No es la gran cosa, pero esa actitud y ese ambiente es algo inusual en ellos. Tal pareciera que estábamos de luto… ¿Realmente lo estábamos?
Al notarme llegar, me dirigieron una mirada muy afligida, misma que siguió todo mi recorrido hasta la mesa.
- ¿Qué sucede? – Pregunté una vez que me senté. Pero mi pregunta se perdió en la nada. Todos hicieron caso omiso, y continuaron con lo que hacían antes de que yo llegara.
- Lovi, mi amor… ¿Quieres desayunar algo? – Preguntó de repente mi abuela, yo solo asentí. – Aquí tienes, mi niño. – Me entrego mi comida y trató de sonreírme, pero fallo en el intento.
- Gracias, abue… – Le agradecí.
- Y… ¿Cómo te sientes? – Esta vez el abuelo pregunto. Yo sabía perfectamente a que se refería con eso.
- Bueno… Creo que pudo haber sido mucho peor. – Le respondí francamente y el pareció comprender.
- Aun no lo puedo creer. – Me regaño Arthur, dedicándome una mirada de angustia.
- Ni yo… Pero así es la vida. – Le dije.
- Hermano… ¿Realmente vas a casarte? – Esta vez Feliciano me pregunto con una voz entrecortada y una mirada muy triste. Se asomaban pequeñas lágrimas en sus ojos.
- Si, Feli… Tengo que hacerlo, es por ti y por el bien de todos. - ¡Como me daban ganas de abrazarlo y decirle que no llorara! Pero… Tenía que mantenerme firme ante todo. – No te preocupes, todo saldrá bien… Lo prometo. – ¿Qué más esperanzas podía darle?
- ¡LOVINO, REACCIONA! ¡Vas a cometer una locura! – Me grito el abuelo. – Aun puedes arrepentirte… Hazlo por lo que más quieras… – Me suplico.
- Abuelo, ya hablamos sobre esto. – Fruncí el ceño. – Voy a seguir adelante, les guste o no. – Ni siquiera a mí me gustaba continuar con la mierda de vida que me esperaría en una cuantas horas. – Y si van a acompañarme, les pido que comiencen a arreglarse ya, mientras lavo todo esto.
- Sí, claro… ¿Y con que ropa, Lovino? – Se quejó Arthur.
- Con lo mejor que tengas. - Respondí tajante.
- ¡Lo mejor que tengo es esto que traigo puesto!
- Entonces, vete tal cual. – Se levantó molesto seguido de los otros que, aparentemente hicieron lo que les pedí.
Al transcurso de las horas, ya todos estaban bien arreglados y dándole los últimos toques a su persona. Solo faltaba yo.
Tome mi toalla y fui directo a la ducha. Me desnude lentamente, sin ánimo y con la mayor aura de pesimismo que puedo tener en días así. Pronto las frías y heladas gotas de agua hicieron contacto con mi piel, provocándome un escalofrió.
¡¿Por qué mierda me estaba bañando con agua fría?! Claramente ese era un pequeño detalle de mi depresión. Como sea, no me importaba en lo absoluto.
Más tarde, me dispuse a vestirme con la ropa que me había comprado el estúpido Antonio una semana atrás. Claro que, en el proceso tenia a dos espectadores, observando detenidamente cada uno de mis movimientos. Mientras yo solo trataba de arreglarme bien las prendas, delante del pequeño tocador de nuestra habitación.
- ¡Estúpida corbata! - Me dije a mi mismo con molestia.
- ¡Ya deja eso y ven aquí! – Me ordeno Arthur, quien se acercó a mí. – ¡Es increíble que no puedas acomodarla, idiota!
- Cállate y solo hazlo. – Fruncí el ceño.
- Hermano, siéntate. – Dijo Feliciano con dulzura, acercándome una pequeña silla. – Quiero peinarte esta vez… ¿Puedo? – Iba a protestar pero termine cediendo. Él solo sonrió tímidamente.
Pronto el silencio se hizo presente.
Feliciano me peinaba delicadamente y con parsimonia. Arthur me acomodaba suavemente la corbata y el traje para verme presentable. Yo solo miraba sus reflejos en el espejo.
-¿Saben?... - Rompí de pronto el mutismo. – Jamás creí terminar así…
- ¿Casado con un hombre? – Preguntaron ambos al unísono.
- No… – Suspire. – Con ustedes mimándome de esta manera.
Ambos soltaron una carcajada. Por lo menos había logrado hacerlos reír. Me gusta cuando me regalan sus cálidas sonrisas…. Me hacen sentir mejor.
-¡Que cosas dices! – Me abrazo Feliciano, frotando su mejilla contra la mía. - ¡Te quiero mucho, hermanito!
- Yo igual a ti. – Correspondí su abrazo.
- Bueno… – Carraspeo Arthur. – Creo que ya estás listo, ¿A qué hora nos vamos?
- Me dijo que pasarían a las 3:00pm… – Le conteste.
- Pues ya son casi las 4:00pm y aun no viene nadie. – Miro molesto su reloj. – ¿No deberías llamarle o algo?
- ¡No! – Grite inconscientemente. Ellos me miraron extrañados. – Q-Quiero decir… No tengo prisa… Puede tardarse todo lo que le plazca.
Pero justo a los 10 minutos después de decir eso, tocaron la puerta de nuestra casa. Mis abuelos aún estaban en su habitación, así que mientras Feliciano les notificaba la repentina llegada de alguien sospechoso, yo baje con Arthur hasta llegar a la puerta, donde súbitamente me entraron muchos nervios y me escondí detrás de un viejo sillón, obligando a Arthur atender a quien fuera que estuviera del otro lado.
-Buenas tardes caballero, ¿Esta es la Casa de la Familia Vargas? – Una vez que Arthur había abierto la puerta, escuche que una voz preguntaba. Y claramente no se parecía en nada a la del idiota de Antonio.
- Así es… ¿Quién es usted? – Pregunto de vuelta Arthur.
- Mi nombre es Govert Van der Vaart… - ¡Que nombre tan extraño! – Y he venido por el joven Lovino Vargas. - ¿Me buscaba a mí? ¡¿Pero por qué?! Y-Yo no había hecho nada 'Tan' malo en los últimos días… ¿Acaso venía a cobrar venganza? – Me lo ha ordenado Antonio Fernández Carriedo. – Bueno, ese estúpido nombre aclaraba todo. – Me imagino que usted debe ser…
- Se equivoca… Soy Arthur Kirkland. – Le interrumpió y estrecho su mano con el desconocido hombre. – Un placer conocerlo. – Típico del adoptado, ser demasiado formal con alguien a quien no conoce, ¡Joder, que manía de educación tan exagerada tiene Arthur!
Pocos segundos más tarde, mis abuelos y mi hermano se acercaron a la puerta e hicieron el mismo acto de cortesía que Arthur había hecho previamente.
¿Qué remedio tenia? Me resigne y me encamine a la entrada donde todos posaron su mirada sobre mí. Me acerque al desconocido y sospechoso hombre, y le extendí mi mano en forma de saludo. Era un sujeto bastante alto y de musculatura considerable. Tenía cabello rubio, el cual peinaba hacia arriba en una extraña forma similar a la de un tulipán, y sus ojos eran verdes; también poseía una cicatriz en forma de línea oblicua en la frente. Vestía de forma muy elegante y adquiría un aspecto realmente imponente; lo que provocaba que un escalofrió me recorriera el cuerpo entero y mis rodillas flaquearan.
Por primera vez en muchos años, me sentí como un jodido enano en comparación con ese mastodonte gigante de casi dos metros de altura (Aunque quizá exagero un poco).
-Lovino Vargas… – Dije fríamente una vez que tomó mi mano, aunque eso no quitaba el hecho de que me asustara un poco. – U-Un g-gusto…
- Bueno, ahora que nos conocemos, me disculpo por el retraso. - El tal Govert dio media vuelta y abrió la puerta de la limusina (De color negro, tal cual había dicho Antonio). – Ahora, por favor les pido que ingresen… Partiremos cuanto antes.
- Claro joven. – Habló mi abuelo. - ¿Ya están listos todos? – Nos miró y me señalo. – Lovino, sube tu primero, eres el principal. – Aun se podía distinguir un deje de molestia en su voz.
- De acuerdo. – No tenía ganas de discutir, así que opté por hacerle caso. – Feli, ¿Puedes traerme mi celular?
- ¡Claro, Lovi! – Feliciano entro corriendo a la casa, seguido por mis abuelos. Yo por mi parte, subí al vehículo acompañado de Arthur
Después de supervisar que no faltara nada y asegurarse de que la casa estaba bien cerrada; mis abuelos subieron a la limusina. Posteriormente, el tulipán Govert encendió el vehículo y partimos a la "Boda".
Cabe destacar que en las calles había un maldito tráfico de los mil demonios, por lo que el viaje sería más prolongado de lo esperado. Como sea, podría dormir una pequeña siesta en el transcurso; después de todo, había mucho silencio, una música agradable y la limusina era sumamente cómoda y cálida.
Me desperté mirando tenuemente por la ventana. ¿Aún no llegábamos? Me incorpore un poco y observé a mi familia; claramente se notaban muy estresados por el viaje. Y no es para menos, quiero decir ¿Qué tan largo puede ser el transcurso a una casa que está en otra ciudad? No considero extenso el recorrido, sin embargo, tal parece que en esta ocasión se estaba excediendo demasiado. Ósea, ¿Cómo es posible que YO haya dormido la siesta, y al despertar seguíamos sin llegar a nuestro destino? Digo, no soy de aquellos que tienen el sueño ligero.
En exactamente 25 minutos y después de soportar una vez más el tráfico, los semáforos, una ancianita que atravesó lentamente por la calle, los silbidos de la gente que veía la limusina pasar, el mal clima, el trasero entumecido y las irritantes preguntas "¿Ya llegamos?, ¿Cuánto falta?, ¿Ya casi?" que mi hermano hacia cada 5 minutos… ¡POR FIN LLEGAMOS! No es que me alegrara llegar pronto, pero enserio, soportar tantas cosas en tan poco tiempo, es horrendo.
Debo admitirlo, el vecindario donde se encontraba aquella casa, era hermoso. Muy limpio, muy grande, muy espacioso, muy grande, muy lujoso, muy grande, muy formal y… ¿Ya dije muy grande? Bueno, sin duda alguna dejaba con la boca abierta a cualquiera. Y aparentemente, la casa del bastardo Antonio era la más grande que se encontraba al final de todas las demás; jodidamente podía ser observada a más de una cuadra atrás.
¡Joder, esas no era casas normales! Parecían… ¡Parecían mansiones! ¿Acaso lo eran?
El tulipán Govert detuvo el vehículo en la ENORME casa y toco el claxon. Posteriormente, dos hombres trajeados abrieron las grandes rejas de metal y la limusina ingresó.
Al entrar, se podía distinguir una inmensa fuente de agua en el centro del camino rodeada de césped, que limitaba con precisión y claridad la forma ovalada del camino. A los alrededores de la casa había arboles cortados de manera elegante, y pequeños arbustos redondos adornando el ovalo del camino, sin olvidar el fino césped que cubría todo el… ¿Campo? ¿Patio? ¿Jardín? O como se llame.
El vehículo hizo un recorrido desde la entrada, hasta la puerta principal de la dichosa casa, pero antes de llegar a esta misma, dio vuelta a la derecha para llegar a una sección de la casa con puerta más pequeña y se detuvo.
-Por favor, bajen. – Anuncio Govert bajando y abriendo la puerta de la limusina. – Es por aquí, síganme.
¡Que entumecidas teníamos las piernas! Joder, como pudimos bajamos de la tonta limusina y lo seguimos. En el proceso, aparentábamos caminar bien.
Entramos por la pequeña puerta a lo que parecía ser un recibidor. Había una espaciosa sala al estilo "Luis XV" y una mesa de cristal en el centro. La estancia poseía muebles muy finos, lámparas muy lujosas y demás objetos que le daban al salón un toque más ostentoso, como: cuadros, retratos, plantas de sombra o figurillas de cerámica y porcelana.
Govert a su vez, abrió una puerta corrediza de madera con vidrios oscuros que daba lugar a un jardín… Eso me supongo, puesto que había variedad de flores en ese espacio. Al caminar un poco más, pude visualizar una mesa con un mantel blanco. También observe a varias personas que se encontraban cerca de allí, unas conocidas y otras que jamás había visto en mi vida.
En resumen, se encontraban: Francis y Gilbert, los estúpidos amigos del maldito Antonio. Pero… También se hallaban Ludwig, el novio de mi hermano (¿Quién demonios lo había traído? ¿Por qué hasta en el más miserable de mis días, esa patata humana debía estar presente? ¡Maldición!); y Kiku, el japonés bajito, serio y educado, muy amigo de Feliciano (Al que Arthur conocía demasiado bien, y no es como que yo este insinuando algo), como sea, no entendía por qué rayos estaban allí, quiero decir, ninguno de los dos es directamente cercano a nosotros. Asimismo, hacían acto de presencia el tulipán Govert, una hermosa chica rubia de encantador rostro (¡Por Dios! ¡Que hermosa era! Mi amor platónico), un hombre MUY alto (El más alto de todos los presentes) de sonrisa infantil, y un joven chino a su lado, de cabello largo atado a una coleta baja. Extrañamente, no había rastro alguno del estúpido Antonio.
Al acercarnos, mi hermano se fue corriendo para saludar a su novio y a su amigo. Mis abuelos solo dijeron un "Buenas tardes" en voz alta que fue devuelto por todos, y se dirigieron al costado derecho, alejados de todos los presentes. Arthur y yo, solo los seguimos; y la verdad es que nos sentíamos intimidados por la mirada perversa que nos dedicaba el tal Francis, porque nos recorría el cuerpo entero de arriba abajo, una y otra vez; y se reía comentándole algo a su amigo Gilbert. Lo peor es que comenzaba a ponerme nervioso, y trate de convencerme de que su mirada solo iba dirigida hacia Arthur. Sí, eso debía ser.
- ¿Dónde está Antonio? – Escuche que Govert le preguntaba por lo bajo a la chica rubia.
- Subió a su habitación a buscar algo. – Sonrió la chica. ¡Que encantadora voz! – Iré a decirle que ya están aquí todos.
La chica entró a la casa por otra puerta corrediza del lado izquierdo. Mientras tanto, los demás solo seguíamos esperando, ya pronto serían las 6:30pm.
Pasaron unos cuantos minutos y al fin, la chica salió de la casa acompañada de Antonio. ¿Acaso era su hermana o que rayos?
- ¡Vaya, así que han llegado ya! – Antonio sonrió ampliamente. Portaba un esmoquin negro y elegante, con una corbata del mismo color, y su cabello esta vez estaba bien peinado. Se veía tan… Estúpido. – Sean bienvenidos. – Nos saludó a cada uno.
- ¿Dónde están sus padres, joven Antonio? – Pregunto mi abuelo con inseguridad.
- Ah, ellos… – Sonrió con tristeza. – Ellos están ausentes, surgió un inconveniente y no podrán asistir.
- ¿Pero están enterados de todo esto? – ¿A dónde quería llegar mi abuelo con esas preguntas?
- Eh… ¿C-Claro?... Quiero decir, ¡Por puesto que sí!
Pronto se hizo un silencio MUY incómodo.
- Eh… – Carraspeo Francis. - ¡Oh, miren la hora! ¡Ya casi anochece! ¿Por qué no mejor comenzamos ya? – ¡Puto mentiroso! Lo único que se avecinaba en el cielo era una tenue lluvia.
- ¡Oh, muy bien! – Hablo de pronto con acento ruso el hombre más alto. – Vamos Yao, te necesito. – Posteriormente se colocó detrás de la mesa y abrió su portafolio. - ¡Hola a todos! Mi nombre es Ivan Braginski y soy su juez. – Sonrió muy infantil.
- Yo soy Wang Yao. – Hablo el joven chino e hizo una reverencia. – Es un placer conocerlos a todos.
- Bueno, Antonio ¿Qué esperas? – Le dijo Francis tomándolo de los hombros y llevándolo a un costado de la mesa.
- Lovino… Vamos. – Me dijo el abuelo y me acerque al otro costado de la mesa.
- Empecemos. – Tomo la iniciativa el juez ruso. – Buenas tardes, estamos aquí reunidos para unir en matrimonio a los jóvenes: Antonio y Lovino. A continuación, daré lectura al acta matrimonial… – Minutos después, termino de leer. – Hago constar que se han cumplido todos los mandatos legales, por lo que no hay ningún impedimento por el cual este matrimonio civil no deba celebrarse. Sin más percance, me dispongo a continuar…
"Este acto que hoy nos reúne a todos, es el compromiso formal por el cual dos personas inician un nuevo proyecto de vida. Dos personas que se quieren mutuamente y manifiestan sus sentimientos púbicamente, sin temor a las voces que juzgan de forma errónea cualquier muestra de afecto entre ambas. Dos personas que han decidido voluntariamente unir sus vidas por medio de esta solemnidad, las cuales se apoyan, se cuidan, se aman y podrán hacer frente a todos los obstáculos que se presenten por delante a partir de esta nueva etapa.
Esta unión es sin duda, un recuerdo significativo para esas dos personas, porque han dado un paso más en su condición como pareja.
Solo diré… Que el amor no los separe y que la fidelidad les conduzca por un buen camino duradero.
En nombre de todos los amigos y familiares presentes, les deseo de todo corazón lo mejor.
Enhorabuena."
Cuanta falsedad había en aquellas palabras. No eran reales y jamás lo serian.
¿Por qué demonios todos actuaban como si verdaderamente esto fuera real? ¿Acaso nadie les había dicho que solo era una simulación?, ¡Por Dios! ¿Amor? Eso era la última cosa que había en nuestro matrimonio. Ni hasta la joya más preciada del mundo me haría cambiar lo que verdaderamente sentía por Antonio: ODIO.
¡Lo odio! ¡Odio a Antonio por sobre todas las cosas! Nadie me hará cambiar de opinión ¡NUNCA!
Después de que el juez dijera algunos artículos y uno que otro "Invitado" recitara un ridículo sermón, finalmente pasamos a la parte más importante, o mejor dicho, al único propósito de todas las bodas: La aceptación del matrimonio por parte de los contrayentes.
- Bueno, ahora les pregunto… - Carraspeó el juez. – Antonio, ¿Quieres y estas consiente de contraer matrimonio voluntariamente con Lovino Vargas?
- Sí. – Respondió firmemente y me sonrió.
- Bien Lovino, ¿Quieres y estas consiente de contraer matrimonio voluntariamente con Antonio Fernández Carriedo?
Me paralice un poco ante esa pregunta y me quede en silencio por unos segundos. Mire hacia atrás buscando a mi abuelo, y preguntándole con la mirada lo que debía hacer. Sin embargo, al encontrarme con sus ojos me quede aún más desconcertado.
Su mirada no reflejaba molestia como la de la última semana; al contrario, su mirada expresaba angustia, miedo e impotencia. Esta sería la segunda vez que me mostraba una mirada así; la primera ocasión fue un día común, cuando Feliciano y yo acabábamos de salir de la escuela, para ese entonces teníamos 7 años. Nadie se había aparecido para llevarnos a casa, por lo que tuvimos que hacerlo nosotros mismos por nuestra propia cuenta. Íbamos caminando lentamente tomados de la mano, la distancia era muy grande, por lo que tardaríamos un poco en llegar a casa. Me he de suponer que aquella vez, mi abuelo no lograba localizarnos y claramente se sentía muy angustiado. Así que cuando nos encontró a mitad de camino, en su rostro se notaba claramente la misma expresión que justo ahora me estaba dedicando.
¿Qué significaba? ¿Lo que yo estaba haciendo estaba bien o estaba mal? Como sea, a tales extremos a los que habíamos llegado ya, arrepentirse no era una opción.
Lo mire por última vez, para después dirigir mi mirada hacia Antonio, quien esperaba expectante mi respuesta. Suspire y regrese mi vista al frente.
-Si… – Respondí muy inseguro, aunque al parecer nadie lo noto.
- Ahora procedan al intercambio de anillos y reciten sus respectivos votos.
¿Anillos? ¿Enserio? ¿Esto era un juego o realmente me estaba casando? ¡Maldito Antonio, los anillos no iban incluidos en el paquete!
De su bolsillo, el estúpido bastardo saco dos anillos con apariencia muy sencilla pero visiblemente de oro, y me entrego uno. Posteriormente, se volteó hacia mí para quedar ambos de frente y comenzó a recitar palabras estúpidas.
-Yo, Antonio Fernández Carriedo, te tomo a ti, Lovino Vargas, como esposo y prometo serte fiel en la salud y en la enfermedad, en la riqueza y en la pobreza, todos los días de mi vida. – Después de decir eso, tomo mi mano y coloco en mi dedo anular el anillo que tenía en sus manos.
¿Qué mierda se suponía que debía hacer yo ahora? Nadie me explico nada, así que lo único que se me paso por la mente fue copiar las palabras previas que él había mencionado. No me importaba en absoluto, pero realmente esperaba que mi memoria no me fallara.
-Yo, Lovino Vargas… Te tomo a ti, Antonio Fernández…- ¿Cómo era que se llamaba? –… Carriedo. – ¡Si, eso debía ser! – Como esposo y prometo serte… ¿Fiel?... En la salud y en la enfermedad, y… – ¿Qué más seguía? ¡Maldición, memoria traidora! – En la riqueza y en la pobreza… Todos los días de… Mi vida. – Acto seguido, no tuve más remedio que tomar su asquerosa mano y colocarle el puto anillo que me había dado.
- Contrayentes y testigos, firmen el acta matrimonial. – Anuncio el juez y firmamos. De testigos estaban los dos inútiles amigos de Antonio y mis abuelos. – Yo, Ivan Braginski, por el poder que me han conferido, los declaro unidos en matrimonio, ¡Enhorabuena! Ya pueden… – Hizo una pausa. – ¿Besarse?
¡Ni loco yo besaba a Antonio! ¡Malditos sean todos por no darse cuenta de la falsedad de nuestra unión!
- Eh, no… – Antonio rió ligeramente. – Él es muy tímido para estas cosas… – Me sonrió, yo solo lo fulmine con la mirada. – ¡Pero una buena foto no faltara!... ¡KIKU, TRAE TU CÁMARA! – Grito dejándome ensordecido.
- ¿Pero qué demo...? – No medio tiempo a decir, cuando rodeo mi cuello con su brazo y me atrajo hacia él, juntando nuestras mejillas y haciendo el símbolo de "Amor y paz" con su mano libre.
- ¡Suéltame, idiota! – Le grite disimuladamente.
- ¡Kiku, toma fotografías de todos los ángulos posibles! – Pero hizo caso omiso.
- Como usted ordene Antonio-san. – Después de decir eso, el condenado japonés se dispuso a sacar todas las fotografías que el rollo de su cámara le permitió. Aunque eso no lo detuvo, pues traía uno de repuesto.
- ¡Aléjate de mí! – Empuje a Antonio una vez que me harte de tantas fotografías. – No te me vuelvas a acercar. – Y me encamine hacia donde estaban mis abuelos platicando con… ¿Ludwig? ¡Ugh, qué más da!
Al paso de unos minutos, la hermosa chica rubia le ordeno a la servidumbre traer algunos aperitivos y bebidas para los "Invitados". Así que, no tan gustosamente, solo me limite a beber refresco.
Pronto darían las 8:00pm y por consiguiente, la noche estaba cada vez más próxima.
El juez ruso, Ivan, se retiró junto a su acompañante chino, Yao, y con ellos (Desgraciadamente para Arthur) se llevaron a Kiku. Me intrigaba el hecho de saber si eran familia, ya que ambos eran asiáticos y se fueron juntos… Joder, descubrir eso era peor que la mafia.
Francis, Gilbert y Ludwig se marcharon al poco rato. No sin antes desearle una "Linda luna de miel" a Antonio. ¡Ganas de partirles la madre no me faltaban! Ósea, entiendo que Gilbert diga cosas así, porque se supone que él no sabía nada, ¿Pero de Francis? ¡Por favor! ¡Él estuvo presente el día en que Antonio me propuso matrimonio! Y aun así, se empeñaba en decir semejantes estupideces en tono vulgar con señas obscenas. ¡Agh, amigos tenían que ser!
Y en cuanto a mi familia, ellos serían los próximos en irse a casa. Así que, empezaban las incomodas (Dolorosas) despedidas.
- Hijito… Ven aquí. – Dijo mi abuela abrazándome y hundiendo su rostro en mi pecho. – Mi bebe, mi pequeño Lovi… ¡Cuánto has crecido! Y pensar que hace apenas unos años eras la criaturita más pequeña, linda y dulce del mundo…
- Abue… que cosas. – Sentí mi cara arder. – N-No digas e-eso…
- Mi bebe Lovi…. Te voy a extrañar mucho.
- Tranquila, solo estaré aquí por un tiempo. – Le sonreí. – Prometo ir a visitarte cuando tú quieras, a la hora que digas, en donde sea y con quien sea.
- Cuídate mucho. – Sus ojos empezaban a ponerse cristalinos. – Nunca olvides que te amo, todos te amamos.
- No lo haré. – Le bese la frente y después su mejilla. – Ya verás como todo saldrá bien…
- ¿Recuerdas lo que te dije esta mañana? Deberías pensarlo bien. – Acto seguido, nos separamos.
¿Qué haría yo sin esa mujer? Ella es mi todo. Realmente me duele bastante verla con aquella expresión triste en el rostro. Ella es prácticamente mi mama, y a nadie le gusta ver llorar a su mama. ¿Qué puedo hacer para evitarlo? Después de todo, he hecho cosas terribles que ella aún no sabe.
- Hermano… – Feliciano se acercó a mí sollozando y con pequeñas lágrimas asomándose de sus ojos. – Abrázame.
- Feli… – No pude evitar lanzármele encima para abrazarlo como pocas veces lo he hecho en vida.
- Te quiero Lovi. – Me dice estrujando más el abrazo.
- Y yo a ti Feli. – Le digo separándome un poco de él para limpiar las lágrimas que se asoman en su rostro.
- ¿Cuándo volverás a casa? – Me miro triste.
- Dentro de poco… – Intente sonar convencido. – Te prometo que estaré presente el día en que te gradúes de la Universidad. – Sonreí ligeramente.
- P-Pero… Aún falta mucho para eso. – Abrió sus grandes ojos marrones e hizo un puchero.
- Tranquilo, yo estaré de vuelta para entonces. – Lo vuelvo a abrazar y acaricio su cabello. – ¡Ahora, ya deja de llorar tonto! Te exijo que te concentres en tus estudios y mantengas buenas notas ¿Me oyes? No podré supervisarte pero estaré al tanto de todo, y si tus calificaciones bajan ¡Adiós pasta! ¿Capisci? ¡Has que el bastardo de tu hermano se sienta orgulloso, joder!
- ¡Lo hare, lo hare! – Sonrió. – ¡No te defraudare, lo prometo! – Me dio un último abrazo y se apartó, esta vez con más motivación.
Mi mellizo, mi hermano… ¿Qué haré sin él? Toda nuestra vida hemos estado juntos y separarnos de la noche a la mañana es desgarrador para ambos. ¿A quién voy a regañar ahora? ¿A quién voy a reprenderle el comportamiento? ¿Quién me dará mil sonrisas y abrazos gratis? ¿Con quién compartiré mi tan amada pasta? ¿Quién calentara la cama para mí? ¿Quién vendrá lloriqueando pidiendo mi protección? ¿Quién me dirá "Te quiero" cada mañana? Y sobre todo… ¿Quién me hará sentir importante y me hará saber que valgo mucho? Aunque parezca extraño, él es la razón principal por la que hago esto, más que por mí, todo lo hago por él. En el fondo, sé que dejarlo solo, me duele más a mí de lo que se imaginan.
- Lovi… – Se acercó Arthur y me abrazo. – Italiano imbécil… – Rió por lo bajo.
- Arthie… – Le correspondí el abrazo y de igual forma reí. – Inglés estúpido…
- ¿Eres un cabrón, lo sabias?
- Si, tú también lo eres.
- Como buen cabrón, te digo que voy extrañar hacerte la vida imposible.
- Ni te aflijas. – Reí nuevamente. – Pronto volveré, sé que no puedes vivir sin mí.
- No seas idiota. – Me golpeo levemente. – Pero enserio, echaré de menos al italiano latoso que siempre me hace maldades con tal de que me enoje.
- Bueno, me pasare el tiempo pensando en nuevas picardías, ya verás cómo te ira cuando esté de vuelta. – Ambos reímos hasta quedar en silencio.
- Arthur… – Dije de repente.
- ¿Qué sucede?
- ¿Puedo pedirte un favor?
- Dime.
- En mi ausencia, quiero que cuides mucho a Feliciano y a los abuelos… Solo a ti te puedo pedir eso.
- No te preocupes, lo hare. Así como es tu familia, también es la mía. Puedes confiar en mí, te mantendré al tanto de todo.
- Muchas gracias y cuídate mucho tú también.
Mi mejor amigo… De hecho, mi único amigo… Con él he compartido tantas cosas inmemoriales, y ha sido fiel testigo de todas las fechorías que he cometido a lo largo de mi vida. Ambos conocemos un poco el lado oscuro de cada quien, secretos que en su sano juicio nadie debe escuchar. Nuestro carácter es sumamente parecido, por lo que siempre hemos compartido nuestros gustos y aficiones al máximo. Y ahora ¿Con quien compartiré mi amor al rock y le insultare gratuitamente? Sin él nada es igual.
- Hijo… – Esta vez era mi abuelo quien me abrazaba. – Perdóname…
- ¿De qué hablas? – Le correspondí el abrazo. Podía notar el dolor en sus palabras. Soy un imbécil, todo este tiempo he estado centrado en mí, sin ponerme a pensar en lo que realmente sienten los que me rodean. Soy un maldito egoísta.
- Perdóname, Lovi… – Estrujo más el abrazo. – Yo… Yo nuca quise que terminaras así. No sabes cuánto lamento no haber podido hacer nada para evitar que quedaras enganchado a una situación así. Te he fallado. Le he fallado a una de las personas que más quiero.
- Abuelo, no tengo nada que perdonarte. – Le dije con seriedad. – Al contrario, perdóname tú a mí por causarte esta impotencia y preocupación, por el error que he cometido. Lamento ser egoísta. Sin embargo, esta ha sido mi decisión, y aunque tú me impidieras seguir, terminarías perdiendo el tiempo y lo sabes.
- Lovi, eres muy persuasivo… – Rio tristemente.
- Todo lo he aprendido de ti. – Acompañe su risa.
- Por eso mismo, sé que no te hare cambiar de opinión.
- Así es, no cambiaré de opinión. Piensa en que un día tú ya no estarás con nosotros, y alguien debe hacerse cargo de la familia. Mientras estemos bien preparados, mejor.
- Te preocupas por cosas insignificantes. Lovino, eres un muchacho joven que actúa como un viejo amargado como yo. Y un joven de tu edad no debe ser así…
- Me preocupo lo necesario. Tengo responsabilidades y la situación no me permite ser un idiota mimado y despreocupado. El ser joven no quiere decir que soy como toda la bola de imbéciles que se la viven paseando por las calles hasta el cansancio rodeados de amigos. Yo soy diferente, y si tú crees que soy un "Viejo amargado" posiblemente tengas razón y eso es lo que soy. Lamento no ser lo que tú esperabas.
- Lovino, si lo digo es porque te quiero y me preocupo por ti, no para que te enojes.
- No estoy enojado, solo te he dicho lo que pienso.
- Testarudo igual que tu abuela. – Suspiro. – Solo te pido que te cuides mucho. – Me acarició el cabello.
- Lo haré.
- Cualquier cosa, no dudes en llamarme y vendré en seguida.
- No te preocupes, estaré bien.
Mi abuelo… En verdad es un gran hombre. Siempre dispuesto a darlo todo con tal de cuidar y proteger a su familia. Me hace sentir un fracaso el hecho de poder ser una gran persona maravillosa como él. Tal pareciera que soy la oveja negra en la vida de todos. Bueno… Por lo menos me librare de sus regaños por un tiempo.
Después de seguir despidiéndose, mi abuelo se acercó a Antonio (Que para mi sorpresa estuvo atento a todo lo que estuve haciendo cuando abrace a mi familia) y le dijo algo que no pude llegar a escuchar, seguido de un apretón de manos.
Por segunda vez me despedí de ellos y se subieron nuevamente a la limusina, ya que Govert se encargaría de llevarlos a casa.
Mientras tanto, me quede con Antonio y la chica rubia.
- Bueno, ya nos casamos ¿Y ahora qué? – Dije llamando la atención de Antonio.
- Pues lo que quieras. – Me sonrió pícaramente. – Mi habitación no queda muy lejos y es bastante grande. – Rió.
- ¡No seas idiota, en eso no quedamos!
- De hecho, no quedamos en nada.
- Y además, ¿Quién te ha dicho que dormiremos juntos? – Le fulmine con la mirada. – Porque no pienso hacerlo.
- Ya, solo era broma.
- Ahórrate decir estupideces.
- Jo, ¿Así que no piensas dormir conmigo, eh? – Pregunto en tono burlón. – Bueno, ¿Entonces en donde dormirás?
- ¡Yo que voy a saber! Eso debiste pensarlo antes de… Esto. – Me cruce de brazos. – Ahora que si no tienes espacio en tu "Pequeña" casa, puedo regresar sin problema a la mía.
Él se carcajeo cuando termine de hablar.
-¿De qué tanto te ríes bastardo? ¿Qué es tan gracioso? – Fruncí el ceño.
- Es que lo tan gracioso, eres tú. – Dijo con lágrimas en los ojos.
- Hmp…
- Ya, ya. Le daré al niño lo que pida. – Le hablo a la chica rubia. – Emma, prepárale una habitación, por favor.
- Como digas Tony. – La chica se adentró en la casa.
Esta vez sí me quede solo con Antonio. Puesto que en la estancia donde estábamos ya no había absolutamente nadie.
-Oye… – Me dijo acercándose hasta quedar a mi lado.
-¿Qué? – Le pregunte de mala gana.
- P-Pues… yo… eh… – Su voz me irrita cuando hace eso. – No, nada…
¡Jodida mierda! Al final termino por no decirme nada. Le iba a reclamar, pero entonces levante mi mano y me percate de un pequeño detalle.
-Oye… – Le dije.
- Dime. – Me miro con sorpresa.
- ¿Qué es esto? – Le enseñe el anillo que aun traía puesto en mi dedo anular.
- Ah, un anillo. – Sonrió.
- ¿No se suponía que todo sería falso?
- Se suponía… Pero Francis me convenció. Además, el juez no sabía que la boda era falsa, por lo que los anillos fueron un detalle más creíble.
- Pues no lo quiero. – Le dije sacándome el anillo. – Toma.
- No, yo tampoco lo quiero, ya tengo uno. Quédatelo.
- No quiero. – Le agarre su mano y deposite el anillo en ella.
- ¿No me oyes que te lo quedes? – Me tomo del brazo, agarro mi mano y me puso el anillo nuevamente.
- ¡Jodido bastardo! ¡Ven aquí!
Así pasamos peleando la custodia del anillo por un buen rato, hasta que Govert entro repentinamente a la estancia con una valija enorme, la cual me resultaba sumamente familiar.
-¿Qué es eso? – Pregunto Antonio igual de intrigado que yo.
- Cortesía de la señora Vargas para el joven Lovino. – Respondió Govert.
Ya decía yo que esa valija se me hacía conocida.
-Muchas gracias. – Le agradecí tomándola. Realmente pesaba demasiado. ¡Puff! ¿Qué tanto había empacado mi abuela? ¿Piedras?
- ¿Necesitas ayuda? – Me pregunto Antonio.
- No. - ¡Definitivamente no lo admitiría!
- ¡Tony~! – Grito Emma, la chica rubia. - ¡La habitación esta lista!
- ¡Fabuloso! – Le devolvió el grito. – Ven, te llevare a tu habitación. – Me dijo y lo seguí.
Entramos nuevamente por la puerta del recibidor, pero esta vez, dentro de la casa giramos a la izquierda, encontrándome con un espacioso salón sumamente lujoso. Si me guío por la finta, podría asegurar que era un salón donde se realizaban fiestas o reuniones, puesto que incluso había una pista de baile muy amplia.
Seguimos caminando hacía la contigua estancia, donde me he de suponer que es la entrada principal, porque ahora podía visualizar la puerta que se ve desde la entrada de la casa.
Esa estancia tenía dos maravillosas y majestuosas escaleras a cada costado con barandales de madera y protección de metal, y en el centro de ambas, había una hermosa mesa de cristal que tenía encima un jarrón de talavera con rosas rojas, también debajo de ella, había una encantadora alfombra redonda de color beige con café, que contrastaba perfectamente con los colores de la loseta. Sin olvidar la gran lámpara de cristales hermosos en el techo.
¡Joder, todo era magníficamente asombroso! ¿Cuánto dinero tenia Antonio? Porque mantener una casa así es sumamente costoso.
Subimos la escalera del lado derecho, y a pesar de que me negué, Antonio me ayudo a subir mi valija hasta la planta alta.
Ya estando en el pasillo de la planta alta, pude visualizar a mi alrededor infinidad de habitaciones, incluso había otra escalera que conducía a un segundo piso. Aunque, había ciertas habitaciones que parecían más bien estancias.
- Mira, esta es mi habitación. – Señalo Antonio cuando casi llegábamos al fondo del pasillo. – Y esta es la tuya.
¿Por qué? ¡¿Por qué que me tenía que tocar una maldita habitación a lado de la de él?! No habría forma de poder describir la indignación que sentía en esos momentos.
- Pasa, te mostrare. – Dijo mientras entraba a "Mi" habitación. – Esta es tu cama, la ventanas es aquella, tienes una pequeña sala aquí, el baño es por allá, el tocador está aquí, el armario está allí, las lámparas son estas, la mesita esta en…
- Creo que ya quedo claro. – Le interrumpí. Aún no puedo entender cómo es que logra decir tantas cosas tan obvias en un pequeño instante.
- ¿Eh? Bueno, creo que si… – Rió un poco alborotándose el cabello. – Por cierto, si necesitas algo, no dudes en decirme. Mi casa es tu casa.
- Si, gracias…
Me acerque a la cama y deje mi valija a lado. Suspire mirando nuevamente la habitación. Era sumamente espaciosa. Podría jurar que la simple habitación era la mitad de mi propia casa.
Justo cuando tenía planeado desvestirme, me baje la chaqueta hasta la mitad de los brazos. Pero no pude continuar porque me sentía observado. Me gire hacia atrás y allí estaba, el pervertido español mirándome.
- ¿Es que no piensas irte ya? – Me subí de nuevo la chaqueta.
-Ah, lo siento… No era mi intención… Ya sabes. – ¡Pero claro que había sido su intención y no lo sentía en lo absoluto!
- Deja de hablar y vete. – Le tome de los hombros y lo empuje hasta la puerta. Cuando ya estaba afuera de "Mi" habitación, me dispuse a cerrarle la puerta en la cara. Pero antes de que llegara siquiera a parpadear, me jalo bruscamente hacia él, haciendo que en el intento nuestras cabezas chocaran produciendo un gran impacto.
-¿Y ahora qué te pasa a ti? – Le dije molesto, sobándome el chichón que me había salido en la frente.
- Lo siento, Lovi. ¿Te has hecho daño?
- No me llames así y dime que quieres.
- Pues, yo… – Puso una mano en mi frente. – G-Gracias.
Y después de eso corrió a su habitación.
¿Era enserio? ¿Tanto para un simple y bobo "Gracias"? Vaya mierda.
Entre nuevamente, y cerré la puerta con seguro. Estaba sumamente casando y agotado, por lo que al quitarme la ropa, me metí directamente a la cama.
Me sentía muy fuera de lugar con todo eso, incluso la cama era demasiado grande y sobre todo, se sentía muy fría.
Solo la fuerte tormenta eléctrica era lo único que rompía el gran silencio inmutable en toda la habitación. ¿Por qué llovía de esa forma tan violenta? ¿Sería posible que mis sentimientos estuviesen vinculados con el clima?
¡Pero que tonterías digo!
En fin… Mañana seria otro día.
N/A:
¡Lo sé! ¡He tardado mas de un mes! No tengo perdón de Doitsu. xD Me distraigo mucho en Youtube y en Facebook, sobre todo si se trata de Naruto. Estoy en mi tiempo de fangirleo. ¿Que puedo decir? Naruto es mi vida, no literalmente, pero si. xDD Aunque sepan que hoy mismo he terminado de escribir el capitulo, y realmente espero que les haya gustado. Ha sido el cap mas largo de los anteriores. Y espero que no se hayan decepcionado por la boda, puesto que es una boda civil y nada mas. Y en cuanto a la casa de Antonio, espero que hayan ubicado bien lo que describí, por que para mi fue dificil de interpretar (Hice hasta un plano! e.e)
Y bueno, espero nuevamente que la historia avance un poquito mas rápido. No tanto como en Junjou Romantica, pero si que avance xD Y sobre todo que haya mas spamano, por que esto parece una novela de "Romano x El Mundo" xDD
En fin, aprovecho para anunciar que no me sera posible actualizar tan pronto, ya que en este mes regreso a clases y debo concentrarme. Si puedo subiré el siguiente capitulo antes de eso, pero no prometo nada. De cualquier forma, seguiré este fic, por nada del mundo lo abandono ;D
Ahora, respondo reviews:
-Eliza Garcia 123: Jajaja Si, "Amigos con derecho" xD Ahora ya sabes lo que paso en casa de Lovi con su abuelo, mientras Antonio desesperaba, Lovino se preocupaba. Jajaj Y eso que trato de hacer a Lovi no muy grosero :v Como has visto te he dado un cap mas largo, espero que no te resultara tedioso. Y graciaaaaaaspor tus revieeeeews! :'D Me animas bastante.
-Hatoko Nyan-chan: Muchas gracias c: Me agrada que te agrade. Enserio, gracias. c':
-Lycantrhope: Gracias por el apoyo. Pronto se enamoraran, ya lo veras.
Anónimos:
-sofa: Bueno, algo así. Aun falta mucho.
-Hinamia21: Me alegra que te guste tanto. Hago lo posible por actualizar lo mas pronto posible.
¡Mil gracias por sus reviews!
¿Me merezco aunque sea un review? ¿No? ¿Tomates? ¿Churros? ¿Sugerencias LEMONosas? ¿Algo? :'3
¡Saludos y gracias por tomarse la molestia de leer!
