Disclaimer: El Manga/Anime Hetalia le pertenece a Himaruya Hidekazu.

Advertencia: AU, pareja España x Italia del Sur, personalidades MUY alteradas. Quizá OoC.


Te Odio Con Amor

° Capítulo VI °

"En efecto… Es justo lo que me temía, un pequeño esguince en el tobillo. Nada grave, sin embargo, debe mantenerse en reposo por lo menos un mes como máximo. Me es sorprendente el hecho de que no haya ninguna fractura… Caídas de este tipo por lo general solo generan lesiones bastante delicadas. Realmente ha sido afortunado al salir en su mayoría ileso, a excepción de las raspaduras en los brazos y el golpe en la cabeza. En fin… Es importante que recuerde mantener reposo, es esencial para su recuperación."

Esas fueron las palabras textuales del médico de cabecera.

¡No lo podía creer! ¡¿Un mes en reposo?! ¡No, definitivamente no! ¿Qué pasaría con mi trabajo? No podía quedarme en cama descansando como holgazán durante todo un mes sin hacer nada, después de todo, tenía a una familia a la cual alimentar. ¡Maldición! Y todo por culpa del estúpido Antonio ¡Agh, ese maldito bastardo lo pagaría caro!

Pero lo que más me indignaba de la situación era que ni siquiera podía levantarme y dar unos pasos para caminar porque un dolor punzante crecía alrededor de mi tobillo. Sumando a eso, las raspaduras en mis brazos que me ardían con el simple tacto y el chichón que tenía en la cabeza. Lo único que podía hacer en tales momentos era quedarme inmóvil para evitar que me doliera aún más el cuerpo. Y si yo creía que la hermosa Emma me cuidaría durante todo ese mes (Lo cual sonaba magnífico) ¡Que equivocado estaba! El único que se haría cargo de mi recuperación sería nada más ni nada menos que Antonio.

Aún no lograba entender por qué ese idiota se empeñaba en cuidarme tan desmesuradamente. Según él, decía que se sentía culpable por lo de mi caída… Podía notarlo en la preocupación que reflejaba su mirada posada sobre mí. Aunque la verdad realmente tenía razón, él era el único culpable. ¡Pero por Dios, ni que yo fuera su indefensa abuela como para que me tratara de esa forma!

-¿Y cómo te sientes? – Preguntó Antonio después de estar media hora observándome.

-¡¿Cómo quieres que me sienta? ¿Qué acaso no me ves?! – Le grité enfadado. Para preguntas estúpidas solo Feliciano.

-Lo siento mucho, yo… – Se sentó a un lado de mi cama y posó su mano sobre la venda de mi cabeza, acariciándome un poco el cabello. – Yo no quería que esto pasara… Todo es mi culpa…

-No hace falta que lo digas, de antemano sé que tú eres el culpable de todo lo que me pasa.

-Pobrecito Lovi, mírate como estas. – Sonrió tristemente. – Perdóname.

-Deja de llamarme "Lovi" idiota. Y no te me acerques tanto. – Trate de alejarme de él un poco pero el dolor me lo impidió.

-¿Por qué te molesta tanto que te llame así? Toda tu familia lo hace y parece gustarte.

-Tú lo has dicho, "TODA MI FAMILIA" me llama así. – Fruncí el ceño. – Tú y yo no somos nada ¿Lo oyes? Nada.

-Mira, sé que la primera impresión es importante y puedo entender que tengas un mal concepto de mi por lo bastante mal que empezamos desde el principio; pero dame una oportunidad para conocerte mejor y podernos llevar bien. – Extendió su brazo hacia mí. – ¿Qué dices? ¿Amigos? – Sonrió.

Me quedé de piedra. ¿Él quería que fuéramos amigos? Pero… ¿Por qué? No lograba entenderlo. Yo siempre lo trataba con frialdad e indiferencia. Pretendía hacerlo sentir una mierda. Incluso trataba de herirlo con el mar de insultos que salían de mi boca… ¿Y aun así él quería ser mi amigo? En mis 20 años de vida jamás conocí a alguien que quisiera ser mi "amigo" por voluntad propia, ¿Acaso él mentía? No soporto la hipocresía y por esa razón no debo confiar en nadie que no sea mi propia familia.

Entonces… ¿Qué se suponía que debería responderle?

Él no me agradaba en lo absoluto. Incluso la forma en que pedía mi amistad solo me hacía sentir lastima y pena por él.

Por Dios, ¿Amigos? Sí, claro, como si yo quisiera ser su amigo. La amistad no se pide solo se da. ¿Por qué debería ser amigo de alguien a quien aborrezco? Es incongruente.

-¿Lovino? – Interrumpió mis pensamientos. – ¿Qué pasa? ¿No quieres que ser mi amigo?

-No… – No soporto su ingenuidad – No quiero.

-¿Eh? ¿Pero por qué no? – Hizo un puchero.

-No tengo por qué darte explicaciones. - Creí que eso bastaría para que entendiera la indirecta y desistiera de su absurda idea.

-¡No seas tan malo, dame una oportunidad! – Aunque claro… No contaba con el hecho de que Antonio es Antonio. – ¡Quiero ser tu amigo! ¿Me dejas? ¡Anda, di que sí, di que sí!... ¿Sí?

-No.

-Por favor, te lo pido. – Me miró abriendo sus enormes y redondos ojos verdes.

- ¡No!

- Yo sé que tú quieres, anda di que sí. – Tomo mis mejillas y las estiró hasta formar una sonrisa en mi cara.

-¡Que no! – Le aparte ambas manos de un manotazo. – Y no insistas porque no cambiare de opinión.

-Ay, no te cuesta nada ser mi amigo, ¡La amistad es gratis~!

-Pues no quiero tu amistad.

-Jo, vamos… Di que sí, porfi, porfi, ¿Si? – Comenzó a molestarme revolviéndome el cabello, picando mis mejillas con su dedo índice y rogándome de forma infantil. Empiezo a preguntarme… ¡¿Cuántos años tiene?! Podrá ser un adulto pero por dentro sigue teniendo la mentalidad de un niño.

-Agh ¿Si digo que sí, me dejaras en paz?

-¡Hecho!– Se detuvo al instante para después reír. – Entonces… ¿Aceptas?

-Tampoco es para tanto… – Desvié la mirada y suspiré. – Quizá lo considere… – Mentira.

-¿E-Enserio? E-Eso quiere decir que… ¿Aceptas ser mi amigo? – Sonrió aún más si es que podía.

-Yo no dije eso.

-Ah~… No tienes idea de lo feliz que me siento. – Suspiró. – Te abrazaría pero estas lastimado.

-Como si quisiera un abrazo tuyo.

-Bueno, yo si quisiera uno tuyo. – Lo fulmine con la mirada. – ¡Ya, es broma! No aguantas nada. – Y comenzó a reírse a carcajadas hasta quedar acostado también en la cama. – Ay, qué cosas… – Se limpiaba las lagrimillas de sus ojos.

De pronto ambos nos quedamos en silencio mirando hacia el techo. Por mi parte, yo aún seguía pensando en mi futuro. Necesitaba que alguien me hiciera un maldito favor. Pensé en pedírselo a Govert, el hermano de Emma, pero ni siquiera lo conocía y además no soy de los que piden favores a gente extraña. Odiaba admitirlo, pero esta vez realmente necesitaba la ayuda de alguien. Me sentía un inútil al no poder hacer las cosas por mi propia cuenta, ya que el hacer las cosas yo solo, se había vuelto un hábito destructivo para mí. Lo peor del caso era encontrar a ese "alguien" que quisiera ayudarme, a no ser…

-A-Antonio… – Le llame con dificultad. No es fácil humillarse frente a la persona que más desagradas.

-¿Mmm? – Volteo con curiosidad.

-¿Podrías llevarme a mi trabajo mañana? – Sentí mis mejillas arder. Qué horror… Lo que tengo que hacer para lograr seguir sustentándome.

-Ah, claro… Pero ¿Para qué quieres que te lleve?

-¿Cómo qué para qué, tarado? Tengo que ir a pedir unos días mientras me recupero. No quiero perder mi trabajo, no tienes idea de lo que me costó llegar hasta ahí.

-Puff, por favor… ¿Qué tan difícil puede ser encontrar un trabajo? – Preguntó con altanería.

-Pues es más difícil de lo que te imaginas. – Esa situación comenzaba a cabrearme. – ¿Sabes lo que es que no te contraten por no tener una par de piernas bonitas y unos enormes melones en el pecho? ¿No, verdad?

-Pues si tienes las aptitudes que se requieren no tendrías problema en encontrar buenos empleos.

-¡Tú que vas a saber! Tan solo dime una vez en toda tu maldita vida en la que hayas trabajado. – Él se quedó en silencio. – Si, justo eso creí.

- Tranquilízate, no lo decía en serio.

-Ese es el maldito problema, tú nunca tomas nada enserio y eso es sumamente decepcionante para ser tú, me das asco. – Resople fuertemente. – De cualquier forma, si no puedes llevarme no lo hagas y ya. Me las arreglaré yo solo.

-Ya cállate Lovino. – Se incorporó en la cama con el semblante molesto. – ¿Cuántas veces debo repetir que tu "Trabajo" es de mi propiedad? ¿Qué, aun no me crees? Puff, por favor… Estás frente a uno de los dueños. Puedo hacer que te despidan o te coloquen en un rango más alto con tan solo dar un chasquido. ¿No lo entiendes?

-¿Eso que tiene que ver?

-Tiene mucho que ver. Te preocupas demasiado por el tonto empleo sin saber que mientras estés con el 'JEFE'. – Enfatizó señalándose a sí mismo. – Tu empleo siempre estará plenamente resguardado.

-¿Qué rayos quieres decir con eso?

-¿No es obvio? – Rodó los ojos.

-¿Qué?

-Pues que te estoy dando "Permiso" para faltar todos los días que quieras. Es más, puedes regresar cuando se te dé la gana y no pasara nada.

Un momento… ¿Acaso él me estaba dando a entender que no me preocupara por el maldito trabajo porque de cualquier forma estaría garantizado? No, demasiado bueno para ser verdad… Quizá escuché mal.

-No digas tonterías ¿Cómo es que obtendré mi salario? ¡Tengo una familia a la cual mantener!

-Que dramático eres… – Suspiro. – Si eso es lo que te aflige, ni te preocupes, yo te daré tu salario. Dime ¿Cuánto es que ganas? Pon tú la cantidad, te daré lo que pidas.

-Hmp. – No me sentí con valor de responder eso. – De cualquier forma, no puedo estar aquí contigo pagándome por no hacer nada.

-Bueno, bueno… Si tanto quieres trabajar… – Ladeo la cabeza. – ¿Por qué no le ayudas a Emma a las tareas domésticas? La pobre siempre tiene mucho trabajo y termina muy cansada, le vendría bien algo de ayuda. Así, te pagaría por "Trabajar" aquí en la casa. ¿Te parece?

-Hmp. – Me encogí de hombros.

-Pero eso sí, debes prometer que no trabajaras hasta que hayan sanado tus lesiones.

-Ay, no soy tan delicado como parezco.

-¡Promételo!

-¡Bien! – Le grité histérico. – ¿Y qué pasa con mi pago de este mes?

-Ah, te lo repondré luego. – Sonrió. – Por lo mientras… ¿Tienes hambre? Con todo lo que pasó, el tiempo de ha ido volando. Es hora de merendar, ahora vuelvo, no te muevas.

-Como si pudiera hacerlo… – Antonio rió y salió de la habitación.

Vaya día, todo lo que me pasaba era por estúpido. Lo único que me hacía sentir más tranquilo era saber que con Antonio, mi trabajo aún seguía estando seguro. Aunque… Desde que llegue a su casa, todo me lo había pintado de color rosa. Y de antemano sé que lo fácil nunca es bueno; a mí me enseñaron que todo se puede obtener trabajando duro y manteniendo constancia. En cambio… Antonio toma las cosas muy superficialmente. Llámese el nacer en cuna de oro o el no saber lo que es sufrir junto a una familia numerosa.

Como sea, sigo preguntándome ¿Por qué me trata de una forma tan atenta, si yo ni las gracias les doy? No me gusta esa extraña amabilidad que tiene hacia a mí. Y supongo que aprovecharme de su "Pura e inocente bondad" dejaría mucho de qué hablar sobre mí. Aunque la verdad no me importa lo que la gente piense, primero estoy yo y después los demás.

-Ya he regresado~. – Canturreo entrando nuevamente por la puerta.

-Si no lo dices no lo noto. – Le dije sarcásticamente. Él solo rió ligeramente, posiblemente ni siquiera entiende lo que es un sarcasmo.

-Bueno, como aún no sé qué tipo de comida prefieres, te traje esto. – Puso dos tazas de café con un plato lleno de galletas en la mesita de noche. – ¿Te gusta el café? ¿No? De cualquier forma ya lo traje. – Se sentó a mi lado.

-Sí, gracias. – Le agradecí a lo que él me miró y se metió una galleta a la boca.

-Oh, pero déjame ayudarte. – Se sacó nuevamente la galleta y se levantó de la cama. Me ayudó a incorporarme colocando almohadas detrás de mi espalda. – Listo. Ten, toma tu café. – Me ofreció una taza y sitúo el plato de galletas en medio de la cama.

-Gracias… – Fue lo único que dije ante ese gesto. Y es que ¿Qué otra cosa se suponía que podría decir?

-Y dime, Lovino… – Tomó un sorbo de café. – ¿Cómo debo llamarte a partir de ahora?

¿A qué te refieres? – Remoje una galleta en mi taza.

-Bueno, me has dicho muchas veces que no te gusta que te llame "Lovi"… Así que pensé en algo como "Lov" o"Vino"… ¿Cuál te gusta más?

-Pues ni "Lov" y ni "Vino", solo dime Lovino.

-¿En? Pero pretendo que suene más cariñoso.

-¿Cariñoso? ¿Es enserio? – Reí irónicamente. - ¿Para ti es cariñoso que "Lov" suene como Love y que "Vino" suene como una bebida alcohólica?

-No lo había visto desde ese punto… Bueno, ¿Qué te parece "Ovi" o "Ino" tal vez?

-¡Deja de distorsionar mi nombre en unos que ni siquiera existen!

-Entonces te diré "Lovi" o "Lov", escoge cual.

-Vuélveme a llamar así y te meto todas las galletas por la nariz.

-Que divertido eres. – Rió tontamente. – Mejor dime ¿Por qué te pusieron ese nombre?

-¿Para qué quieres saber eso?

-Mmm… Me interesa.

-No te diré solo para alimentar el morbo de tu curiosidad.

-Que cruel…

-Déjame en paz y dedícate a comer.

-Bueno… – Sorbió nuevamente de su taza. – Oye… ¿Quieres que me quede aquí a pasar la noche?

-¿Qué? ¿Por qué?

-Por si necesitas algo… Ya sabes, como ir al baño o…

-No. – Le interrumpí. – Ubícate, solo tengo lastimado el tobillo, no es para tanto. Soy autosuficiente. – Por Dios, ¿Soportarlo toda una noche entera? Eso era lo que menos quería en tales momentos.

-¿Estás seguro de eso?

-Por supuesto que sí, mírame.

-Si tú lo dices…

El resto de la noche lo pasamos cenando hasta que él se marchó a su habitación y me dejo (Al fin) descansar.


Día #1

A la mañana siguiente desperté más cansado de lo normal, supuse que sería por la caída del día anterior. Intente levantarme pero cada movimiento que lograba hacer era nulo. Decidí descansar un poco para pensar en cómo lograr ponerme de pie. Sin embargo, llegue a un punto extremo en el que ducharme y hacer mis necesidades fisiológicas se volvió una prioridad relevante para mí, así que como pude llegue al baño. Y estaba más que claro que no pediría ayuda, después de todo nunca me ha gustado mostrar mi estado actual de zombi matutino a nadie.

-¡Buenos días, Lovi! He venido a… – Media hora después escuche esa voz irritante y molesta entrometerse en mi habitación sin mi consentimiento. – ¡¿Ya te bañaste?!

-¿Qué no te han enseñado a tocar la puerta antes de entrar? – Joder, tenía toda la espalda descubierta cuando él entró a mi habitación.

-L-Lo s-siento… – Se rasco la nuca. – Creí que aun estarías… durmiendo.

-Pues no todos tenemos la misma costumbre que tú. – Me puse un suéter. – Ahora, pásame ese cepillo de ahí.

-¿Cuál? ¿Este? – Tomo el cepillo y me lo entregó. – ¿Te molesta si me quedo aquí un rato?

-Sí, me molesta, así que lárgate. ¿No tienes nada mejor que hacer, idiota?

-En realidad… No. – Pego un brinco hacia mi cama haciendo volar las almohadas y ocupando la mayor parte del espacio. – Además… No es como si realmente quisiera hacer algo.

-¿No piensas bajar a desayunar?

-No, Emma puede subirme el desayuno.

Ambos nos quedamos en silencio. Me resigne e imite su acción recostándome en la cama (¿Qué otro remedio tenía?). Opté por mirar hacia la ventana, enfocando todo pero a la vez nada, sumido en mis pensamientos.

De pronto sentí mis mejillas aumentar de temperatura, y con ello un ligero rubor se posó en ellas. No podía evitarlo, siempre me pasaba eso cuando me observaban desde la distancia, y yo lo notaba. Pero… ¿Quién podría estar observándome? No había nadie en la habitación, solo yo y… Antonio. Volteé a verlo, y a pesar de estar en posición boca abajo, tenía su mirada clavada en mí. Pero su mirada era diferente a las demás, el muy maldito parecía estar analizándome muy detalladamente, entrometiéndose en mi mente como si con solo observarme pudiera saber mis pensamientos.

-Deja de mirarme.

-¿Por qué? ¿Te incomoda? ¿Qué tanto piensas?

-Eso no es de tu incumbencia.

-Vamos, cuéntame un poco de ti, quiero conocerte.

-Ya me conoces, idiota. – Solté un bufido.

-Bueno si, pero no sé nada de tu familia… Realmente me interesa saber.

-¿Por qué? ¿Te da miedo sobre como reaccionara mi abuelo ante esto? – Señale mi tobillo. – ¡Por favor, no seas patético!

-¿Miedo a tu abuelo? ¡Claro que sí! – Se incorporó un poco. – Aunque… A pesar de que no lo conozco se ve que es una buena persona, y mantengo la esperanza de que sea compasivo conmigo.

-Mmm… Suerte con ello. – Me mordí la lengua para no soltar una carcajada. ¡Por Dios! ¿Mi abuelo compasivo? Ja Ja Ja ¡Eso ni en sueños!

-¡¿Eh?! ¿Cómo, crees que me va a ir muy mal? – Se asustó.

-Bueno… Prometo ir a tu funeral y llevarte flores. – Dije disfrutando de su angustia.

-Demonios… Estoy frito. – Se llevó ambas manos a la cara.

-Ya, no exageres idiota. El que se cayó del balcón fui yo, tú no tienes nada que ver… Aunque lo cierto es que fue por tu culpa. Así que quizá aún hay probabilidad de que sobrevivas después de que mi abuelo se entere.

-Gracias por los ánimos. – Sonrió.

-No son ánimos, solo te anticipo tu muerte. – Respondí restándole importancia.

-Que malo… – Hizo un puchero. – Bueno, ya que quizás muera… Aprovechare al máximo mis últimos días, y empezaré por indagar en tu vida. – Se acercó a mí con un aire curioso. – Cuéntame de ti.

-No haré eso.

-Claro que lo harás. – Me miró con malicia. – Dime ¿Cómo se llama tu hermano? ¿Sabías que te pareces mucho a él? Los primeros días de conocerte los confundía mucho porque…

-Aléjate de él. – Le corté. – Se llama Feliciano y NO está disponible para tus sucios deseos lascivos. – Enfaticé.

-Cálmate, no estoy interesado en él… Por lo menos no de esa forma. – Suspiró. – Quizá solo amigos y ya.

-Eso nunca pasara, me encargare personalmente de que así sea.

-Bueno, ¿Qué hay de tu familia?

-¿Qué quieres saber? Ya los conoces a todos. Solo son cuatro, mis abuelos, mi hermano y mí…

-Y tu novio. – Completo fríamente. – Lo sé. – ¿Qué rayos le pasaba? ¿Seguía creyendo que Arthur y yo éramos "novios"? ¿A quién se le puede ocurrir semejante estupidez? Claro, tenía que ser Antonio.

-Te equivocas, no somos novios.

-No tienes por qué negarlo, si es así… Supongo que está bien. – Forzó su sonrisa. – ¿Y qué hay de tus padres? – No… Todo menos eso.

-¿Qué hay de los tuyos? No me has contado nada. – Intente evadir la pregunta fingiendo interés y al parecer funciono.

-Pues… Mi padre es español y mi madre portuguesa.

-Debe ser interesante tener padres de dos nacionalidades distintas. – Por lo menos yo lo consideraba así.

-No es la gran cosa, te ves forzado a aprender ambos idiomas en tu niñez. – Frunció el ceño.

-¿Hablas portugués?

-Claro, español, portugués, italiano y un poco de francés.

-¿Cómo? ¿Hablas cuatro idiomas, pero ninguno es inglés? – Me sorprendí mucho.

-A ver, no es como si no supiera inglés. Es solo que es un idioma que no me gusta en lo absoluto, además su pronunciación es difícil.

-Claro que no.

-Para mí lo es. – Se excusó. - ¿Tu lo hablas fluidamente?

-Desde luego. – Lo mire con arrogancia.

-Vaya… Quizá algún día podrías enseñarme. – ¡Si, claro! Seamos sinceros, eso no pasará jamás ¡Idiota! – Y hablando de eso… ¿Puedo enseñarte español ahora?

-¿Qué? – Estúpido Antonio. – Maldita sea ¿Sigues con lo mismo? ¿No has tenido suficiente con todo lo que pasó?

-¡Ya te he dicho que lo siento muchas veces!

-Pues tus estúpidas disculpas no harán que mi lesión sane más rápido.

-Ay, te prometo que no habrá más incidentes como estos.

-No insistas, no cambiaré de opinión.

-Tienes dos opciones… Me dejas enseñarte español o tú refuerzas mis conocimientos de italiano. Decide.

-¿Qué te hace pensar que aceptare?

-B-Bueno pues… No me iré de aquí hasta que me des una respuesta afirmativa.

Jodida mierda… En definitiva yo no pensaba dejar que Antonio se quedara ahí todo el maldito tiempo molestándome hasta el cansancio con sus preguntas y proposiciones estúpidas, tan autoritarias y tiranas como siempre. Estaba harto de tener que ceder a todo lo que él decía. Odio que me digan que es lo que tengo o no que hacer. Soy extremadamente arrogante como para tolerar arrogancia ajena.

¿Pero qué otra cosa podría hacer? No podía negarme… Por lo menos no ante alguien que prácticamente me obligaba a hacer todo lo que yo no quería. Pero en realidad eso era culpa mía por permitir ser tratado como un objeto. Y seguiría siendo mi culpa, si continuaba cediendo a todo lo que se le diera la gana, puesto que el tiempo en el que viviéramos juntos sería el mismísimo infierno.

¡Qué rayos! Le tenía que dejar en claro a ese imbécil que al igual que él soy una persona, y una que no está dispuesta a formar parte de sus caprichos. Soy italiano y puedo hacer lo que se me venga en gana. Nadie puede venir y decirme que hacer, ni siquiera un estúpido español de mierda, porque el que manda soy yo. Soy un Vargas y todos me la…

-¿Lovino? – Interrumpió de repente. – ¿Te sucede algo? Has estado haciendo caras extrañas en todo este rato…

-… – Desperté de mi pequeño ensimismamiento y di media vuelta en la cama dándole la espalda. – No es nada.

-¿Entonces si puedo enseñarte español? – Ahí estaba nuevamente la pregunta. Lo que yo debí hacer fue soltar un rotundo "No" y ponerme a discutir defendiendo mi posición. Pero…

-Quizá más tarde… – Recordé que soy un maldito cobarde y que la única solución que había encontrado hasta ese entonces para solucionar mis problemas era evadirlos inútilmente con toda la cobardía que habitaba en mi interior. Soy una persona despreciable que no sabe afrontar sus situaciones difíciles por la absurda falta de valor. Que decepcionante.


Semana #1

Antonio había tomado la tonta manía de estar en mi habitación todo el maldito tiempo. Joder, desde que empezaba el día, por la mañana entraba como si nada en mi habitación sin importarle lo que estuviera haciendo; ni siquiera bajaba a desayunar, simplemente se quedaba ahí adentro conmigo lo que restaba de la tarde y noche. Enserio, para la única cosa que salía fuera de mi habitación era para dormir en la suya propia, a excepción de eso, se pasaba las horas haciéndome compañía, una muy molesta compañía.

¿Es que acaso no tenía nada mejor que hacer como estudiar o trabajar? Quiero decir… Todos tenemos cosas que hacer, no creo que él sea diferente en ese aspecto.

Lo único favorable ante esa situación era que por lo menos sus clases de español comenzaban a surtir efecto en mí. Bueno… Ya tenía otra cosa más que presumirle a Feliciano cuando lo viera. Mientras tanto mi vida era triste y aburrida. Mentira, mi vida no era para nada aburrida porque con Antonio se podía hacer de todo menos aburrirse. Ese maldito sujeto siempre me hacía enojar y por lo tanto eso solo provocaba que mis instintos asesinos comenzaran a aumentar considerablemente con cada tontería que hacía o me decía. Su estupidez ya no me sorprendía en lo absoluto.

También algo sumamente igual de frustrante fue descubrir que el saldo de mi celular había expirado. Joder, no podía llamar a nadie, y lo peor era que tampoco nadie me llamaba. ¡Maldición, ¿Dónde estaba mi familia cuando más la necesitaba?! Feliciano seguramente estaría con su estúpido novio alemán 'come-patatas' haciendo sepa Dios qué cosa; y Arthur, el muy cabrón pasaba tanto tiempo con su retraído japonés que ya se había olvidado de mí… bastardos. Pero… ¿Y mis abuelos? ¿Por qué mierda no me llamaban? ¿Les habría pasado algo?

¡Agh! ¿Por qué siempre me sucedían cosas malas? Primero, Antonio. Segundo, el esguince. Tercero la expiración de mi saldo… Ah, sin mencionar que mis reservas de ropa limpia comenzaban a agotarse. Y para colmo, ahí estaba el estúpido de Lovino, tirado en la cama tan inútil como siempre sin moverse para nada en lo absoluto… Y con un español al que nadie le dio permiso de entrar.

-¡Buenos días, Lovino~! – Canturreo entrando a mi habitación, cosa que desgraciadamente ya se había hecho una costumbre toda esa semana, tanto para él como para mí.

-¿Qué diablos quieres, Antonio? – Si, esa era mi peculiar forma de devolverle el saludo.

-Mira esto. – Me enseñó la guitarra que traía en manos. – ¿Te gusta la música?

-Que pregunta tan mas estúpida, ¡Claro que me gusta, idiota! – No me apetecía mentirle en algo que amaba.

-Bueno, tienes suerte, he venido a tocarte una canción. – Sonrió de tal forma en la que los hoyuelos de sus mejillas se marcaron aún más.

-¿Qué? ¿Y eso cómo para qué? – Hice una mueca de disgusto.

-Podrías recuperarte más pronto si te animo un poco.

-Pues no quiero.

-Nadie te pidió permiso.

Dicho esto, se sentó al otro extremo de la cama y comenzó a tocar una suave melodía, para mi mala suerte, una que me resultaba sumamente conocida y por consiguiente, me agradaba bastante. Por primera vez en todo ese tiempo, me di la libertad de observarlo detenidamente. Antonio no era tan horrible físicamente, sus ojos eran su mayor atributo… Por lo menos para mí, ese era el punto visual cada vez que lo volteaba a ver. Era muy estúpido la mayor parte del tiempo, pero verlo tocando la guitarra, cerrando los ojos con cada nota que tocaba, disfrutando de la música… Se transformaba en otra persona completamente diferente, parecía sereno y sumiso, incluso feliz… Era como si mostrara su verdadero 'Yo'. ¿Qué era lo que escondía tras su faceta sonriente? El sonreír siempre a todas horas, todos las días y en todos lados, no es un indicio de estar feliz, eso lo sé por experiencia. Pero… ¿Por qué él prefería comportarse como un idiota y nunca se mostraba como lo estaba haciendo en ese momento? Odio a la gente falsa, la odio porque es mala y mentirosa, ese tipo de gente no es capaz de gritar al mundo lo que siente, solo vive reprimiendo los sentimientos que surgen de diversas situaciones… Y la odio aún más, porque yo soy ese tipo de persona.

-¿Sabes que le vendría bien a esta melodía? – Preguntó de repente.

-¿Qué?

-Una voz… – ¿A qué se refería? – Canta.

-¡¿Qué?! Estás loco, yo no sé cantar.

-Mentiroso, el otro día te escuche cantar en el baño.

-E-Eso… F-Fue un a-accidente. – Mierda. Nota mental: Jamás cantar en baños ajenos. – Además, ¿Tú qué demonios hacías espiándome?

-No te estaba espiando, pase de casualidad… y escuché.

-Sí, claro… Como si fuera a creerte.

-Mmm, como quieras. – Se encogió de hombros.

-Oye, ¿Qué es eso? – Señale mi valija medio abierta que estaba cerca de él.

-¿Cuál? – Dejó de tocar y se acercó a donde señale. – Una… ¿Flauta?

-¿Enserio? – ¡No lo podía creer! ¡Bendita sea mi abuela! No solo había empacado a "El Señor Macarroni", sino que también me había enviado mi querida flauta… No era mi amado piano, pero era algo y me alegraba el detalle. – Dámela.

-¿La sabes tocar?

-Pues claro, ¿Quién me crees? – Comencé a tocar un fragmento de la melodía.

-Hey, ¿Esa es la misma melodía que yo…? – Solo asentí dándole la razón. – Toquemos juntos, ¿Te parece? – Sonrió.

-Supongo… – Me encogí de hombros. – Te enseñare como se toca la verdadera música. – Él solo hizo un mohín.

Y así, pasamos toda la tarde tocando canciones y contando anécdotas, en realidad el único que hablaba era él, yo solo me dedicaba a escuchar y tratar de poner atención. Al parecer, ya no solo habría "Clases de español" sino que también comenzarían las "Clases de música". Joder, ¿A dónde me había mudado? ¿A una casa o a una escuela particular?


Semana #2

Estaba harto de estar en cama todo el día. Me llamarán ridículo pero en la última semana mi peso corporal había aumentado. Empecé a notarlo cuando me puse una camisa que antes me quedaba bastante grande, y por consiguiente, ahora ya la llenaba. Sin mencionar el hecho de que mis horribles mejillas se habían redondeado un poco.

Como sea, mi aspecto físico nunca me ha importado. Lo que en realidad era importante para mí, era mantener mi ropa limpia, la cual estaba toda sucia. La chicas de la limpieza se habían ofrecido a lavarme pero NO, ¡Ni loco! La única que toca mi ropa es mi abuela. Además, eso me resulta vergonzoso.

En fin, como ya podía caminar un poco (O cojear, lo que sea) tome mi cesto de ropa sucia y me encaminé al cuarto de lavado… si es que había eso. En el transcurso pregunté a la servidumbre su ubicación y para mi mala suerte, no tuve más remedio que subir escaleras para llegar a la segunda planta alta.

Al llegar hasta ahí, me encontré con la hermosa Emma y con su hermano que fumaba un cigarrillo.

-Vaya… ¿Así que tú eres el esposo de Tony? – Se acercó a mí la chica y me sonrió. – Soy Emma Van der Vaart, y él es mi hermano, Govert. – Lo señaló. – ¿Cómo te llamas?

-Lovino Vargas… – Interrumpió su hermano. Yo lo mire con sorpresa. – Tsk… Sigo sin entender por qué eres esposo de un idiota español.

-¡Govert, no digas esas cosas! – Emma le reprendió.

-¿Qué? Es solo la verdad. – Se encogió en hombros. – Enserio… ¿Cómo fue que aceptaste su propuesta de matrimonio? – Me preguntó.

-Sí, ¿Cómo fue? ¿Especial, romántico, tierno…? – Preguntó Emma, con una expresión de emoción en los ojos. – ¿Cómo?

-Bueno… – Trate de pensar en que responder. – En realidad solo lo dijo y ya, enserio. – No mentía, literalmente fue así.

-¿Debes de sentirte muy feliz, no es así? Tony es maravilloso, es un chico muy guapo, simpático y sobre todo muy talentoso. Daría su vida por proteger lo que más ama. Es tan carismático que podría hacerte feliz en los momentos más difíciles, aunque él tenga problemas más serios. Es alguien muy responsable, se entrega en cuerpo y alma al hacer las cosas. Créele cuando te diga que te ama, porque sus sentimientos son plenamente verdaderos. Sin duda, es el hombre que toda mujer desearía tener en su vida.

-¿Qué? No le mientas al muchacho, Emma. – Govert puso una mano en mi hombro. – Antonio es un idiota que lo único que sabe hacer es mal influenciarse por sus amigos y manejar a la gente a su antojo. Es un inútil, no sabe hacer prácticamente nada. Y no quiero hacerte sentir mal, pero Antonio no es capaz de preocuparse por alguien que no sea él mismo… Además, ¿Cómo está eso de "El hombre que toda mujer desearía"? ¡Por favor! Él es el hombre del que todos deberían alejarse.

-¡Govert!

-Ya, ya lo dije y no me arrepiento. – Bufó. – Me molesta tanto que lo defiendas.

-¿De qué hablas? ¡No lo estoy defendiendo! Es solo…

-¿Qué? ¿Qué te agrada bastante? – Frunció el ceño. – Eso es un motivo más para seguir detestándolo.

Genial… Lo que me faltaba. Tener a dos desconocidos discutiendo sobre la verdadera personalidad de Antonio; una diciendo toda una serie de atributos, y otro escupiendo descaradamente basura sobre su persona. Joder, ¿A quién creerle? Había dos cuestiones; la primera era que realmente todo lo que me decían acerca de Antonio era verdad, y la segunda era que simplemente habían inventado todo aquello porque yo no les agradaba en lo absoluto (Eso no me sorprende, yo no le agrado a nadie). Sin embargo, cada uno tenía un concepto diferente de Antonio, incluso yo lo tenía, y lo cierto era que nada de lo que yo pensaba se relacionaba con ninguna de las cosas antes mencionadas por los rubios. Por eso hay algo que se llama perspectiva, maldición.

-Si me permiten, tengo cosas que hacer. – Interrumpí su discusión y fue directamente a lavar mi ropa.

-¿Necesitas ayuda? – Preguntó Emma.

-No, gracias.

-¿Quieres un cigarrillo? – Govert me ofreció su cajetilla.

-No fumo, gracias.

-Tsk… Como quieras. – Prendió otro y se lo llevó a la boca.

-Lovino, ¿Te gustaría comer con nosotros esta tarde? Ya sabes, para conocernos mejor, hace una semana que no sales de tu habitación.

-Gracias por la invitación, Emma. – ¿Cómo negarme ante la petición de una dama? – Pero… No me siento bien. – Mire mi tobillo.

-Oh, vamos. Anímate, no iremos lejos. Solo será en la cocina. Te prepararé algo especial para que te sientas mejor, ¿Si? – En sus labios se dibujó una sonrisa gatuna. – Entonces… ¿Vienes?

-D-De acuerdo. – ¿Desde cuándo me he vuelto tan dócil como para acceder a las peticiones de la gente? Bueno, tengo que reconocer que Emma es muy atractiva, quizá solo sea eso.

Total, después de terminar de lavar fuimos directamente hacia la cocina. Govert y yo nos sentamos en la mesa mientras Emma preparaba lo que sería la comida y en el transcurso me contaron un poco de su vida.

A pesar de ser hermanos, ambos tenían nacionalidades distintas, Govert era neerlandés y Emma belga. Según ellos, llegaron a España cuando eran niños junto a su madre y a su abuela, las cuales trabajaban de servidumbre para la familia Fernández Carriedo. Emma decía que la madre de Antonio los quería mucho, tanto era su cariño hacia ellos que incluso trató de adoptar a Emma, aunque eso nunca paso. Cuando crecieron, decidieron mandar a su madre junto con su abuela de regreso a su país natal, puesto que toda su familia se encontraba ahí. Después, la madre de Antonio les ofreció quedarse como encargados de su casa de verano en Italia, en la cual ya llevaban bastante tiempo. Y por último, actualmente le mandaban dinero a su madre y solían visitarla frecuentemente.

Sí, creo que eso era todo… O por lo menos hasta esa parte puse atención.

-Muy bien, ya está lista la comida. – Canturreo.

-Que bien. – Respondimos al unísono.

-Pero falta Tony… ¿Alguno de ustedes dos que vaya a avisarle que baje a comer?

-Emma, no eres su mamá como para cuidarlo tanto. – Dijo Govert con un tono molesto. – Además, ya sabes que yo no voy.

-¿Qué tal tu Lovino?

-Estoy lastimado. ¿Por qué no vas tú? A ti te hace mas caso.

-Pero es tu esposo. – Hizo un puchero.

-¿Y? – Pregunte fríamente. ¡Puff, por Dios! Ni de broma iría a buscar al bastardo ese. Pero… Recordé que estaba hablando con una mujer, así que relaje mi tono de voz. – Lo siento… Olvídalo, iré yo.

-Bien, aquí los espero. – ¡Jodida mierda! ¡Jodido, Antonio!

Y así, después de subir las malditas y tortuosas escaleras, me encomendé a la tarea de buscar a Antonio, del cual no había indicio aparente. ¡Maldición, ¿Cómo se puede perder a alguien como él?! Joder, no me pasaría el tiempo buscando por todas las estancias (Como si la casa fuera tan pequeña…) así que opté por guardar silencio y dirigirme a aquella que tuviera ruidos sospechosos.

Al llegar, abrí la puerta muy sigilosamente y ahí estaba. Bailando flamenco con un traje puesto. Me quedé sumamente sorprendido admirando su baile. Tenía que reconocer que no se movía nada mal. Si soy franco, jamás me lo había imaginado haciendo tal cosa. Por lo tanto, eso era digno de quedarse en la puerta con la cara de idiota mirando absolutamente TODO de él. Hasta que…

-¡L-LOVINO! – Se asustó al verme y rápidamente apagó la música de fondo. – N-No sabía que es-estabas ahí… – Su sonrojo de vergüenza poco a poco cubrió todo su rostro. – ¿P-Paso al-algo?

-¿Por qué te detienes? – Pregunté ignorando su pregunta y me atreví a entrar al salón.

-¿Cómo?

-Estabas bailando… ¿Por qué has parado?

-B-Bueno… yo… C-Creí que te habría pasado algo. – Mintió.

-¿Y no piensas continuar?

-Ah… eh… pues… no se… no creo… eh… yo… – Comenzó un tonto balbuceo. – C-Creo que ha sido suficiente por hoy.

-Ya veo. – Rápidamente buscó su ropa que estaba aún lado y se quitó el traje como si la vida se le fuera en ello. Por lo tanto, me quedé mirando la estancia, era la de baile, así que había cosas respecto a ese tema en la habitación. Estaba tan aburrido que me digne a voltear a la esquina más solitaria que encontré, y… M-Me enamoré al instante. – ¡A-ANTONIO…!

-¿Qué pasa?

-T-Tu… tu-tu… ti-tienes… u-un… ah… di-digo… yo… eh…

-¿Un qué?

-¿T-Tienes un p-piano…? – No podía verlo, pero sentía que mis ojos estaban desbordando brillos y mi rostro poco a poco mostraba una ridícula emoción de felicidad. Que vergonzoso…

-¿Te refieres a eso? – Volteo hacia donde estaba dicho instrumento musical y lo señalo. – Ah, no es gran cosa, fue un regalo usado.

-¿B-Bromeas? Tener un piano así… es lo mejor. – Me acerque para examinarlo detenidamente y admirar su belleza de cerca. – Debió costar una fortuna. – Dije tocando la caja de resonancia. – ¿Lo ves? Es de las mejores maderas que puedas encontrar. – Me senté en el taburete y acaricié el teclado.

-¿Enserio? Realmente no lo sabía. – Se acercó y se quedó a un lado de mí. – Mi amigo Roderich me lo regaló hace tres años en mi cumpleaños… Aunque eso paso porque ciertamente no tenía un regalo para mí. Además, dijo que se había comprado uno mejor y más grande, por lo que este ya no le serviría tanto. – Sonrió nostálgicamente. – Supongo que ese es uno de los caprichos de un pianista famoso.

-Un momento… ¡¿Conoces a Roderich Edelstein? ¿El famoso pianista que empezó su carrera en la música desde temprana edad? ¿Ese que toca como los jodidos ángeles?!

-Sí, es un buen amigo. – Sonrió ampliamente. -¿Por qué, lo conoces?

-¿Qué si lo conozco? ¡Por Dios, Antonio! ¡Cómo no conocerlo! ¿Tienes idea de lo relevante que ha sido su carrera en los últimos años? Mi familia es fiel seguidora suya. Él es la cuna de nuestra inspiración. – ¡J-Joder, me sentía tan emocionado, que incluso tenía ganas de vomitar! Absolutamente no tenía palabras para expresar mi gran euforia ante el hecho de estar tocando el mismo piano que alguna vez toco el señor Edelstein, simplemente era magnífico. Y lo mejor, ¡Antonio lo conocía! ¡Y era su amigo! ¡Ah, maldición, que emoción! Eso significaba que quizá algún día tendría la posibilidad de conocerlo también. ¡El gusto que le daría a mi abuelo cuando se enterara de eso!

-¿Y lo sabes tocar? – Preguntó sacándome de mi fanatismo.

-No soy experto como mi abuelo, pero se tocar algo. – Presione algunas teclas.

- ¿Cómo…? ¿Tocas flauta y piano? Vaya…– Se sentó a mi lado en el taburete. – No sabía que tuvieras tantas cualidades.

-Eso es porque no sabes absolutamente nada de mí.

-Cierto… Te doy la palabra. – Se tocó el mentón pensativo. – Por cierto… ¿Para qué subiste hasta aquí?

-Ah, eso… – Tenía razón, había olvidado por completo la verdadera intención de esa repentina visita. – Emma dijo que bajaras a comer, por eso vine a avisarte.

-Pero estas lastimado… – ¿Era preocupación eso que había en su rostro? – ¿Subiste hasta aquí tú solo?

-Pues sí, a nadie le importa.

-¿Tan siquiera ya comiste? – Negué con la cabeza. – Entonces vamos allá abajo.

Ambos nos levantamos, y como me vio cojeando, me ayudó. Pase mi brazo por su hombro, y él el suyo por mi cintura. En esa incómoda posición salimos de la habitación y caminamos hacia las escaleras. Ni siquiera me dio tiempo para reclamarle y decirle que me dejara en paz.

-Escaleras de mierda. – Dije una vez que nos encontrábamos en el borde de ellas. Maldita sea, con solo mirar hacia abajo, mi tobillo mágicamente comenzaba a doler.

-¿Puedes bajar?

-No bajaré. – Me solté del agarre. – Ve tú solo.

-Pero no has comido…

-¿Y a quién le importa eso?

-A mí. – Se acercó. – Ven, te ayudo.

-No, Antonio, es doloroso caminar así.

-Oh, bueno… Tengo una mejor idea. – Me soltó y se inclinó. – Vamos, sube a mi espalda.

-¿Q-Que? ¡C-Claro que no!

-Deja de exagerar y sube, trato de evitar que te lastimes.

-Pues no.

-Si no subes a mi espalda, te cargare de otra forma más vergonzosa que no te va a gustar. – Frunció el ceño.

-Está bien… ¡P-Pero solo p-porque me d-dejaste tocar el p-piano! ¿Lo oyes? No es como si quisiera tu ayuda porque realmente tenga hambre, ni nada, eh!

-Sí, si… el piano, claro. – Intente subir a su espalda rodeando su cuello con mis brazos, mientras él me sostenía de las piernas. – ¿Listo?

-Esto es sumamente vergonzoso, idiota. – Rió ante mi comentario.

-¡Aquí vamos~!


N/A:

¿Relleno? Sí, aprendí de Naruto, el mejor. :v Solo puedo decir: bloqueo mental + estrés + falta de tiempo = Lo que acaban de leer.

En fin, respondo reviews:

-Eliza Garcia 123: Bueno… Creo que yo me pregunto lo mismo, pero esta vez hubo un poco más de acercamiento. :3

-Hatoko Nyan-chan: jajaja Que mala eres al reírte de las desgracias de Lovino xD Si, concuerdo en ello, la pronunciación es de lo peor. :v Gracias a ti por actualizar, cuánta razón tienes en lo del Dr. Simi jajaj Me encanto. Espero continuación. ;)

Muchas gracias a esas personitas que se toman parte su tiempo para escribirme. :'D

¡Saludos y gracias por tomarse la molestia de leer!