Disclaimer: El Manga/Anime Hetalia le pertenece a Himaruya Hidekazu.

Advertencia: AU, pareja España x Italia del Sur, personalidades MUY alteradas. Quizá OoC.


Te Odio Con Amor

° Capítulo VII °

Antonio Fernández Carriedo

No lo podía creer… ¡Por fin me había casado! Y por si fuera poco, ¡Lovino se mudó a mi casa! ¡Sí! Repito, mi casa, Lovino, yo… ¡Oh, por Dios! ¡Eso era tan… tan… increíble literalmente! Aun no me la creía, y mucho menos sabía que hacer o cómo actuar con mi nuevo huésped. Sonara vergonzoso pero justo me sentía como una loca adolescente obteniendo el autógrafo de su artista favorito. Tanta emoción junta pero a la vez demasiada incomodidad… Eso no era nada bueno para mi salud.

Desde el momento en que conocí a Lovino, puedo dar por hecho que me detesta, ya que… Todos esos insultos gratis que me dedica no creo que signifiquen algo positivo. Si me preguntan, puedo decir que en apariencia él es un chico extraño, huraño, testarudo, necio, antipático, grosero, arrogante, asocial, distante, amargado, exagerado, hostil, impávido, frío, rencoroso y quizá aflictivo. ¡Puff! Son una serie de sinónimos que su simple apariencia, en concreto su rostro, demuestra cada que hace o dice alguna cosa. Se enoja con una facilidad increíble que es para mí difícil de controlar mis impulsos de hacerlo estallar en llamas todavía más. Lo cierto es que a pesar de su intimidante aspecto por su forma de vestir y actuar, o lo que sea… No me cansaré de decir nunca que es muy lindo. Q-Quiero d-decir… Tiene un atractivo digno de ser admirado y me es inevitable no hacerlo notar. Pero como ya dije, todo lo anterior es prácticamente lo superficial de su persona, y bien… ¿Qué hay detrás de todo eso? Cualquiera diría que lo conozco bastante bien, y tal vez yo creía lo mismo hasta antes de ese incidente en el que comencé a divagar en su vida.

¡Hice algo terrible!

Lo único que intente fue enseñarle español a Lovino, nunca pretendí ofenderlo ni nada con ese "Bésame Mucho", yo solo… Ah… ¿A quién quiero engañar? Eso había sonado bastante mal, es normal que lo haya malinterpretado… ¡Pero yo no pretendía nada de eso, lo juro! ¿Por qué le habré dicho algo así? ¡Agh, qué tonto soy! Lo peor de todo es que por mi culpa… Por mi culpa sufrió una caída crítica. Enserio, ¡Pudo haber muerto! ¡Y yo pude haber muerto en manos de su abuelo! ¡Ah, qué miedo!

Además la culpabilidad me carcomía el alma y hacía que me diera un vuelco en el corazón al ver el tan lastimado cuerpo del muchacho. Desde ese momento me plantee seriamente quedarme con él hasta su recuperación para darle todo el mayor cuidado posible que necesitara. Era mi obligación, sabía que no podía compensar el hecho de que sus lesiones desaparecieran pero por lo menos brindarle mi ayuda, me haría sentir sin tanta culpabilidad.

Asimismo, también debía agradecerle por haberme ayudado en todo, aunque de hecho yo lo obligue, el que me haya seguido el juego me había facilitado muchas cosas. Debía dejarle en claro mi gratitud, y como las palabras no son suficientes se lo tenía que demostrar con hechos. Por eso mismo no me despegaría de él a menos de que fuese necesario, y sobre todo, trataría de esforzarme para que por lo menos dejara de mirarme mal.

El punto era que un dilema mental rondaba por mi cabeza al no saber si alegrarme o no de que Lovino tuviera un esguince en el tobillo. ¿Por qué alegrarme? Bueno, simplemente porque al estar todo el día en cama, sin poder moverse mucho, me daba a mí la ventaja de quedarme en su habitación todo el tiempo que se me diera la gana molestándolo. Pero no todo era molestar… Tal vez al principio lo era, pero… El pasar tiempo con él a solas, me había hecho descubrir que Lovino no era lo que yo creía… Definitivamente resultó ser una caja de sorpresas.

La mayor parte del tiempo se la pasaba mirando hacia la ventana de la habitación; con su mirada triste, opaca y apagada. Me tomo tiempo descubrir que su pasatiempo favorito era quedarse inmóvil comenzando a divagar lo que parecían ser pensamientos que no alegraban su mundo, porque en su rostro no mostraba ni siquiera una simple sonrisa. Prácticamente era una estatua que parecía morir en vida. Y cuando se daba cuenta de que era observado, comenzaba a ponerse incómodo y un insignificante pero notable rubor se posaba en la pálida piel de sus mejillas; seguido de un descomunal ceño fruncido que provocaba que una arruga permaneciera saludándome efusivamente. Claro, sin olvidar la posterior tanda de insultos que inundaban mis oídos a través de las ondas sonoras que emitía su boca. Y para concluir, una vez que la tormenta pasaba, Lovino siempre volvía a su estado gélido de siempre.

Me gustan sus ojos y mucho, pero detesto en lo absoluto su mirada. Porque cuando mira, puedo sentir el odio y el rencor en ella. Al principio creí que esos desbordantes sentimientos oscuros iban dirigidos hacia mí. Algo hay de eso, pero después me di cuenta de que a mí no era el único al que veía de esa forma, quiero decir… Lovino parece tener una cierta repulsión hacia la mayoría de las personas, repulsión que lo hace sentir odio y lo manifiesta a través de un trato hostil, como si la gente tuviera la culpa de todo lo que sucediera a su alrededor, o mejor dicho, desquitándose con todos de todas las emociones que tiene guardadas dentro de sí mismo y que no puede liberar, por impotencia tal vez. Y he de imaginar que esto es una causa de su aislamiento, ¿Cómo lo sé? Bueno, se nota desde kilómetros que Lovino es un chico muy solitario. Aunque la verdadera pregunta es: "¿Por qué o quién se ha vuelto ese tipo de persona?". No creo que toda la vida haya sido como actualmente lo es, alguien debió haberle causado un gran daño para empeñarse tanto en alejar a la gente y construir una gran muralla en medio de él para protegerse y que nadie entre. He escuchado que los ojos son el reflejo del alma, y si es así, su alma sin duda está muy lastimada.

No creo que le falte amor, ya que tiene una familia demasiado amorosa con la que cuenta con un gran apoyo, no la conozco como tal pero sé que es así porque lo siento. Y al ver a Lovino hacer hasta lo imposible por tratar de mantener que su familia sea feliz, puedo ver que también los ama tanto como ellos a él.

Entonces… ¿Qué es lo que hay en lo profundo de su ser? Sé que no debería interesarme porque como él lo ha dicho, nada de su vida personal me incumbe. Sin embargo, no puedo evitarlo, mientras más me rechaza y trata de alejarme de él, me dan más ganas de entrometerme en donde no me llaman, aunque eso implique que mi integridad física decaiga con cada intento nulo que realizó por acercarme a él. ¡Tonto cerebro, lo detesto!

Dentro de esto, no entiendo porque se comporta así conmigo; no quiero ser modesto, pero cualquiera estaría más que feliz de que les ofreciera matrimonio repitiéndoles más de cien veces todo el dinero que está bajo mi poder, no por nada tengo muchas amistades falsas e interesadas. Aun así, no logro concebir por qué Lovino es diferente. Por más que he tratado de darle todo lo que pida o incluso cumplirle hasta el más absurdo de sus caprichos, nada parece hacerlo mostrar interés en la nueva vida que prácticamente le he ofrecido. Definitivamente no está interesado en mi fortuna, que es lo único de valor que tengo. A Lovino lo único que le importa es… No lo sé, ¿Pensar solamente en su familia? Bueno, no lo culpo, yo quisiera tener todo lo que él tiene, que a pesar de que no es mucho, vale más que todo el oro del mundo.

Y bueno… Pese a todo lo detestable de sus sonrisas sarcásticas (¡Le romperé la nariz a quien le haya enseñado eso!), también he descubierto que es una persona creativa y sensible. Cuando cree que nadie lo ve, le encanta cantar por todos lados. Además, comparte mi misma pasión por la música, ¡Genial! Realmente es admirable tener el honor de conocer a alguien que toca perfectamente dos instrumentos a la vez. Asimismo, considero que quizá sea una persona intelectual, ya que al parecer encuentra entretenido dedicarle tiempo a la lectura.

En lo absoluto, él no era parecido en nada a Gilbert o a Francis, él era… ¿Cómo se dice? "Duro de conquistar". Pero bueno… Los retos difíciles son los que mejor recompensa traen. Mi nueva meta sería obtener la amistad de Lovino a cualquier costo, me esforzaría y trataría de dar lo mejor de mí para que me brindara un poco de confianza, sin importar cuantos obstáculos vinieran en el camino.

¡Sin duda alguna, Lovino sería mi amigo!


Semana #3

La recuperación de Lovino cada día iba mucho mejor (¡Que suerte!), incluso podría decir que sus relaciones sociales mejoraron ya que en disimuladas ocasiones intentaba nulamente coquetear con Emma; y también, comenzaba a llevarse muy bien con Govert… tal vez demasiado. ¡Si es que en el fondo Gov tiene un gran corazón! Ah~… Sin duda, Lovino es un chico especial, quiero decir, prácticamente nadie logra llegar a la sensibilidad del neerlandés que tanto me detesta, y él lo hace sin esforzarse en lo mínimo. Además… ¿Cómo no quererlo si es sumamente adorable~? Ya podría sentirme orgulloso de que la vida del italiano pronto regresaría a la normalidad.

Aunque no se podía decir lo mismo de la mía. En las últimas dos semanas me la pase comiendo y acostado junto a Lovino, pero era justo en estos momentos en lo que reparaba que mi peso corporal tal vez habría aumentado y definitivamente eso a Francis no le iba a gustar en lo absoluto. Porque según él, mi belleza y el glamour se perderían temporalmente y entonces tendría que trabajar nuevamente con mi cuerpo… Aunque no quiero saber de qué forma.

Así que antes de que se enterara tenía que hacer algo pronto con mi peso y que mejor que ir a quemar calorías al gimnasio, ¡Uno de mis hobbies preferidos!

Con esa grandiosa idea en mente, fui directo a mi habitación a colocarme ropa cómoda. Al terminar, felizmente me dirigía a la estancia del gimnasio de mi casa cuando pase a lado de la habitación de Lovino. Me preguntaba si le gustaría acompañarme en mi rutina de ejercicio, le sentaría bien que comenzara a poner a trabajar ese tobillo suyo. Sin dudarlo, entré sin tocar la puerta (¡Por Dios, era Lovino, no pasaba nada!).

-¡Buenos días, Lovino~! – Saludé y me acerque a él.

-¿Y ahora qué quieres? – Gruñó y me aventó una almohada en la cara cuando me senté en su cama. – Aun es muy temprano para venir a molestar.

-¡Jo, no seas así! – Reí ante ese gesto. – He venido a hacerte una cordial invitación.

-¿Invitación a dónde? – Rodó los ojos.

-¡Al gimnasio!

-… – Se quedó en shock y abrió la boca formando una perfecta 'o', seguido de eso se miró así mismo el cuerpo y posteriormente me soltó un puñetazo en el brazo. – ¡MIRA ESTÚPIDO, SI ESTAS INSINUANDO ALGO DE MI PESO CORPORAL TE PUEDES IR YENDO A LA MIERDA, CABRÓN!

-¡T-Tranquilo! – Alce ambas manos en defensa. Aun no entiendo como alguien más bajito que yo puede someterme de tal forma… – ¡N-No estoy insinuando nada, solo me preocupo por tu salud!

-Sí, claro, y en pocas palabras vienes y me dices que debo hacer ejercicio porque parezco una foca, ¿No?

-¡Y-Yo nunca dije nada de eso!

-¡Claro, cómo no! ¡Pero entérate que aquí la foca eres tú, bastardo!

-¡Lovino, basta de actuar como chica! Te pareces a mi madre… – Suspiré pesadamente.

-¡Vete al infierno, mierda española!

Ay, Dios… ¡Cómo no reírme con tanta ocurrencia que sale de la cabeza de Lovino! Ja Ja Ja. Sé que debería molestarme por su mal genio y todo, ¡Pero es que enserio no puedo! ¡No, no puedo! Es tanta la risa que me provoca, que la furia se queda muy lejos de mí en momentos así. Puff, empiezo a creer que aquí el extraño soy yo.

-Eh… ¿Lovino? – Me atreví preguntar tímidamente.

-¿QUÉ? – Él solo me gritó… Como siempre lo hace.

-¡Vamos, anímate! No me gusta hacer ejercicio yo solo. – Traté de sonar amable, después de todo, tenía que convencerlo.

-No me interesa, ese es tu problema. – Se giró dándome la espalda.

-Por favor, Lovi… – Decidí completar rápidamente su nombre para evitar que se enojara más. –… no. Te lo pido.

-No. – Dijo sin voltear a verme, así que me levante de la cama y fui al extremo contrario donde me arrodille en el suelo y coloque mis brazos en el borde de la cama, depositando mi cabeza en ellos.

-Por favor… – Susurré.

Ambos nos miramos a los ojos por unos minutos… Minutos que para mí fueron prácticamente una eternidad. Cada segundo que pasaba la tensión aumentaba y la incomodidad cada vez se hacía más presente. Lovino no apartaba su vista de mí…Y yo tampoco lo hacía, en realidad no podía ni siquiera parpadear, al parecer me había quedado otra vez en shock. Pero la curiosidad de su mirada era lo que provocaba que yo no pudiera apartar los ojos de los suyos, y es que parecía estar analizando mi próximo movimiento. Tal vez… ¿Esperando algo?

Soltó un suspiro largo y con eso cerró los ojos momentáneamente, fue entonces cuando deje de volar en las nubes y aterricé nuevamente en la tierra. Derrotado, creí que sería conveniente marcharme y dejarlo descansar. Enserio, ya había aplicado la fuerza suficiente para levantarme, cuando habló de repente y opté por quedarme así.

-Si no te digo que sí, nunca te iras, ¿Verdad? – Yo solo asentí. – Pues bien, te quedaras así todo el día, porque no iré contigo a ningún lado.

-¿Por qué?

-Porque no quiero.

-¿Por qué no?

-¡Ah, porque no tengo ropa deportiva, inútil!

-Si ese es el problema… – Saque un short y una camiseta de debajo de mi toalla y se los lance a la cara. – Ponte eso.

-¿Pero qué demo…? – Se levantó bruscamente. – ¿Ya venías preparado? Hmp… ¿Cómo sabías que aceptaría tu estúpida propuesta?

-Bueno… Ya daba por hecho que lo harías – Sonreí.

-Idiota.

-¿Y qué esperas? Cámbiate ya.

-¡¿Cómo quieres que me cambie si todavía sigues aquí?! ¡Lárgate!

-¿Qué? ¿Quieres que me vaya? – Pregunte confuso.

-¿No es obvio?

-¡Ay, por favor! ¡Los dos somos hombres! No exageres, tenemos la misma cosa. No te veré nada que no haya visto antes.

-Sí, somos hombres. ¡La diferencia es que tú eres un pervertido degenerado y yo no voy a permitir que tus estúpidos ojos husmeen mi cuerpo!

-¡No soy un pervertido! – Fruncí el ceño. – Y lo más importante, ¡NO SOY GAY! Así que puedes cambiarte con toda la libertad del mundo aquí mismo. – Él me miró con reproche.

-Con personas como tú, prefiero ir al baño, así que te aguantas y me esperas. Ahora que si no quieres te puedes ir ahora mismo.

-Tárdate todo lo que quieras, de aquí no me voy.

-Como quieras, me da igual. – Dicho esto, entro al baño azotando la puerta.

Como era Lovino, supuse que tardaría bastante tiempo en salir de ahí, por lo que me senté en el borde de la cama para hacer la espera un poco más llevadera, hasta que el tiempo pasó y me canse (En realidad, solo transcurrieron dos minutos), así que me recosté para estar más cómodo.

Cinco minutos después (Que para mí fueron cinco horas), se abrió la puerta del baño y lo vi salir. Me incorporé un poco en la cama y recorrí todo su cuerpo de arriba abajo con la mirada… No pude reprimir una (Gran) carcajada.

-¿De qué mierda te ríes? – Frunció el ceño colocando ambas manos en su cadera.

-¡Ay, Lovino! ¿Es enserio? – Me sobe la barriga que me dolía tanto del abrumador ataque de risa que me dio. – ¡ERES LAMPIÑO! – Volví a reír más fuerte. – ¡Si Francis te viera… Ay, Dios! – Perdí los estribos y sin pudor alguno me tire al suelo a reírme todavía más. El puchero en su cara hacia la situación todavía más graciosa.

-Sí, ríete… Ríete todo lo que quieras, ¡Ríete como loco! – Se cruzó de brazos y se dio media vuelta. – ¡Soy más hombre que tú!

-Ah, de verdad lo siento… – Dije aun en el suelo. – Jamás había conocido a una persona así.

-Eso no justifica tu burla a personas que no poseen la misma anatomía que tú, imbécil.

-¿Qué anatomía?

-Olvídalo, Antonia.

-Jo, no te enojes, solo fue una bromita inocente.

-Pues tus estúpidas bromitas me las pasó por los huevos.

-Ya, hombre… Pero si sabes que yo te quiero mucho. – Me levante y pase mi brazo alrededor de su cuello. Él me dio un cabezazo (Doloroso, por cierto). – ¡Auch, me dolió!

-Esa era la intención.

-Tienes la cabeza muy dura… – Dije sobándome el golpe.

-Déjate de tonterías, ¿Vamos a ir al gimnasio o vas a continuar burlándote de mí?

-Bien, tú ganas… Vayamos.

Salimos de la habitación y nos dirigimos al gimnasio. Estaba cerca, sólo había que caminar una cuantas estancias y ya. Cuando llegamos, entramos y admiramos todos aquellos aparatos para ejercitarse… ¡Había tantos que no sabía con cual empezar primero!

-¡Bien, aquí vamos! – Me gire felizmente a ver la expresión de Lovino. – Eh… ¿Lovi, sucede algo? – Se veía algo asustado.

-Eh… No… Es solo que… M-Me preocupa que esta vez el tobillo si se me vaya a fracturar… Q-Quiero decir… ¡N-No es como si tuviera m-miedo o a-algo, eh! S-solo me preocupo por mi salud, b-bastardo, así que c-cállate! Además, no es como si realmente me importara… B-Bueno, si… ¡Pero no, eh! Ah… Ya sabes… tú e-entiendes. ¡D-Deja de mirarme así! – Debo admitir que sus tartamudeos me parecen tiernos.

-Tranquilo, Lovi… Mientras yo esté aquí no dejaré que nada te pase. – Le guiñe un ojo. – Ahora, ¿Qué tal si empiezas por subir a una bicicleta para calentar? Después de todo, vienes a mantenerte saludable, no a forjar un cuerpo escultural.

-Cállate…

Había transcurrido aproximadamente una hora, hora en la que Lovino la paso paseándose en todo el gimnasio, subiéndose a todos los aparatos sin durar mínimo cinco minutos…

-Ah… m-me… rindo… – Se tiró al suelo jadeando. – No… sirvo… para esto…. – Resopló.

-Oh, vamos… No te desanimes tan pronto. – Al terminar de saltar la cuerda, me dio bastante calor, así que me quite la camisa. – Inténtalo de nuevo. – Me acerqué hasta él y le ofrecí mi mano para que se levantara. – Ven, te ayudo. – Dudoso la tomó.

-¿Por qué diablos te quitas la camisa? – Desvió la mirada. – No quiero ver miserias.

-¡Que gracioso! – Reí ante su comentario. – ¡Que importa, hace calor, tú deberías hacer lo mismo!

-¡Ni loco! – Bufó. – ¿A dónde me llevas?

-Tu tobillo está lastimado, así que estaría bien que subieras a la caminadora para tratar de acostumbrar tu pie a caminar sin cojear.

-¿Subir a esa cosa del demonio? No, gracias…

-¡Pero es por tu bien!

-¡No, casi me rompo media madre cuando me subí!

-Tranquilo… Tú sube, yo te cuido.

-Jodido bastardo. – No muy convencido, subió y comenzó a caminar lentamente mientras yo lo sostenía de la espalda.

-¿Ves qué fácil es? Confía en…

-¡WAHH! – Se descuidó y perdió el equilibrio… Y claro, como yo estaba atrás de él, me cayó encima. Por inercia cerré los ojos.

-¿L-Lovino, estas bien? – Abrí los ojos y prácticamente mi nariz estaba en su cuello y parte de su nuca me tapaba un ojo.

-¿Lo ves? Todo es tu maldita culpa. – Suspiró. – Menos mal que no me paso nada, idiota.

-Lo siento Lovi…

-Ah, y otra cosa…

-¿Qué?

-Ya puedes soltarme… – ¿Soltarlo? No me había dado cuenta que del impulso, tenía una de mis manos sujetando su pecho con fuerza y la otra dentro de su camisa pellizcando su suave abdomen.

-¡AHH! – Grité asustado y me levanté bruscamente, prácticamente aventándolo de nuevo al suelo. – ¡L-Lo s-siento! ¡N-No… N-No fue mi intensión! ¡Y-Yo… Y-Yo no hice nada… F-Fue tu c-culpa!

-¡JODIDO BASTARDO!

-T-Tranquilo, L-Lovi… ¡B-Baja ese zapato! – Retrocedí unos pasos.

-¡Lo pagaras caro, Antonio!

-¡AYUDAAA! – No lo pensé dos veces, salí disparado corriendo hacia un lugar seguro fuera del alance de Lovino. Tenía ventaja, él aún no podía correr.

-¡Regresa aquí, cobarde! – Gritó arrasando todo a su paso.

Algo me decía que si Lovino me alcanzaba me privaría del derecho de procrear de una sola patada. Ugh, en definitiva preferiría pisar un Lego.


Semana #4

Me encontraba en el despacho muy felizmente revisando detalladamente unos documentos muy importantes del trabajo que Francis me había enviado… En realidad, solo era un capítulo más de una de sus novelas del cual me había pedido mi más sincera opinión. En lo personal, no me gustaban ese tipo de novelas lujuriosas, en las que ambos protagonistas son hombres y terminan como pareja haciendo… "Eso". Pero no podía leer ese capítulo superficialmente, en primera, porque Francis era mi mejor amigo y a los amigos no se les hace trampa; y en segunda, porque Francis me haría un cuestionario de cien preguntas para asegurarse de que realmente lo leí. Bueno… Ni hablar, ahí me encontraba leyendo esa novela que él (Como escritor lujurioso) recomendaba de antemano. No era que no me gustara, porque mi amigo escribía cosas fantásticas… Era sólo que el género me resultaba muy pesado, sobre todo en aquellas partes en las que debería de haber censura.

Pese a eso, el mencionado capítulo había resultado muy interesante. Tan interesante y entretenido resultó, que me tenía embobado leyendo como loco. Tanto, que cuando escuche que tocaban la puerta me sobresalte de sobremanera.

-¡Un momento, por favor! – Atine a decir recogiendo rápidamente todos los papeles sobre el escritorio. Aunque no sabía porque había dicho algo así, si en la casa prácticamente éramos solo cuatro. Lo que sí sabía era que si alguien me descubría leyendo ese tipo de novelas moriría de vergüenza. – A-Adelante…

-¿A-Antonio…? – La puerta se abrió lentamente y se asomó tímidamente un extraño mechón de cabello.

-¿Lovi? ¿Qué pasa? – Le hice un ademán para que entrara.

-Eh, yo… – cerró la puerta tras de sí y se quedó parado ahí mismo, se veía muy nervioso.

-Ah, no te quedes ahí, que no te escucho bien. – Bufando y con las mejillas infladas se acercó más quedando enfrente de mi escritorio. – Mucho mejor. – Sonreí. – Ahora… ¿Paso algo?

-…- Realmente se veía incómodo, en parte avergonzado y en parte nervioso. – Iré a visitar a mi familia. – Soltó de repente.

-Ah, bueno… – Tenía todo el derecho de salir, más ahora que ya podía caminar mejor. – Que te vaya bien. – Sonreí y continúe guardando todos los papeles.

-¿A-Antonio…?

-Dime, Lovi.

-N-Necesito… – Pude notar un leve rubor en sus mejillas. – N-Necesito dinero…

-A-Ah, claro… ¿Cuánto necesitas? – Saqué mi cartera y espere a que me dijera. – ¿Sabes qué? Olvídalo, llévatelo todo.

-¿E-Enserio? – Ya iría después al cajero a sacar más dinero.

-¡Claro, ¿Por qué no?! – Prefería darle el dinero a alguien que realmente lo necesitara como Lovino, que permitir que la esposa de mi padre lo gastara en sus tontos caprichos.

-P-Pues gracias… creo. – Miro al suelo avergonzado. – T-Tengo que irme ya.

-¿No prefieres que te lleve?

-No es necesario.

-¡Claro que lo es! – Definitivamente no lo dejaría ir solo. Además había quedado con Francis de vernos en un pub, así que me quedaba de paso.

Tras ignorar sus protestas, subimos a mi auto y emprendimos el viaje a su pequeña morada. Esta vez el recorrido lo mantuvimos en silencio, pero no en un silencio incómodo como la primera vez que hicimos eso mismo. Al contrario, puedo decir que era un silencio agradable, me hacía sentir bien y Lovino parecía pensar lo mismo. Me hubiese quedado así todo el día, pero desgraciadamente habíamos llegado a nuestro destino.

Como era costumbre, una esquina antes de su casa estacione el auto y espere a que saliera.

-Llegaré tarde. – Avisó.

-Me hablas por teléfono para venir a recogerte.

-No, gracias, tal vez pase la noche aquí…

-De cualquier forma me hablas, ¿De acuerdo?

-¡Bien! – Frunció el ceño y cerró la puerta.

Espere a que doblara la esquina y encendí nuevamente el auto para marcharme al pub.

Una vez que llegue, entre al pub y trate nulamente de enfocar a Francis… Solo si es ya había llegado.

-¡Hey, Tony! – Escuché que me gritaban desde el fondo del lugar, sin duda era Francis. – ¡Por aquí! – Hizo un ademán para que me acercara… ¿Acaso estaba con… Gilbert?

Hola, chicos! – Saludé y me senté. Era bueno ver de nuevo a mis amigos.

-¡¿Por qué has tardado tanto, Antonio?! – Se quejó Gilbert. – ¡Mi asombrosa cerveza casi se acaba!

-Lo siento, tenía cosas que hacer.

-Mmm, ¿Cómo qué tipo de cosas, mon amour~? – Preguntó Francis con un mirada pícara y un tono que no me gusto en lo absoluto.

-P-Pues… Y-Ya sabes… "Cosas". – Yo me refería a cualquier trivialidad irrelevante, sin embargo, Francis es Francis, así que seguramente debió entender otro tipo de "Cosas".

-Oh, está bien… No le quieres contar con detalles a tu querido Fran. – Se miró las uñas fingiendo tristeza.

-Y… ¿Para qué me has llamado? – Pregunté cambiando de tema.

-Oh, oui… – Le dio un sorbo a su copa de vino. – Fue para saber personalmente tu opinión de ese maravilloso capítulo donde se expresa toda la estética de dos cuerpos amándose apasionadamente, que te envié para que revisaras. – Suspiró. – ¿Ya lo leíste?

-Ah, s-si…

-¿Y bien…? – Me miró expectante. – ¿Qué tal? ¿Te gusto?

-No lo tomes a mal, yo sé que todo lo que escribes es maravilloso, pero…

-¡Pero claro que es maravilloso! Me ofendes, Tony. – Se colocó una mano en el pecho. – ¿Quién mejor que yo para expresar el amor en sutiles palabras?

-B-Bueno… En realidad no lo leí todo completo.

-¿Por qué no? – Se metió Gilbert a la conversación. Y de paso me dio una cerveza. – No quiero tener que escuchar lloriquear a Francis todo el rato.

-Es que sí lo estaba leyendo pero cuando iba a llegar a la parte "Buena" de toda la historia, Lovino me interrumpió y ya no pude seguir…

-¿Así que de eso se trataba? – Interrumpió Francis.

-¡Era de suponerlo! – Le dijo Gilbert. – Ahora págame.

-Te aprovechas de la gente con corazón sensible. – Dijo Francis dolorosamente dándole dinero.

-¿Cómo? Ustedes… ¿Apostaron? – Pregunté haciendo notar mi presencia que se esfumó en menos de tres segundos. Además… No entendía nada de lo que hablaban.

-¡Cómo no hacerlo si mi asombroso ingenio siempre gana! – Le dedicó una sonrisa de autosuficiencia a Francis.

-¿Enserio? – Pregunté aun sin entender. – ¿Y de que era la apuesta?

-Fácil, Francis dijo que vendrías corriendo y lo primero que dirías sería sobre Lovino. En cambio, mi asombroso ingenio dedujo que Lovino saldría a la conversación después de la dichosa novela. – Rió. – ¿Y qué crees? ¡GANÉ!

-Solo fue suerte Gil, en la próxima apuesta no te irá tan bien como en esta. – Se giró hacia mí. – Solo ignoralo, Tony. Mejor cuéntame qué tal te ha ido con ese adorable y sexy italiano que tienes por esposo.

-Qué cosas dices… – Reí ante el tono lascivo que había usado para referirse a Lovino. – Pues la verdad es que no tan bien…

-¿Eh? ¿Y eso por qué mon amour? – Preguntó preocupado.

-¿Qué, aún no te lo has tirado? – Escupí la cerveza al escuchar eso de Gil. – ¡Puff, para eso me gustabas, Antonio! ¿Qué te pasa? ¡Tú siempre puedes!

-Cállate, Gilbert, deja que nos cuente. – Le dio un codazo. – ¡Después apostamos sobre eso, shh!

-Pues si me lo tire…

-¿ENSERIO? – Gritaron al unísono.

-Sí, me lo tire… ¡Pero del segundo piso, porque literalmente se cayó!

-Ah, ¿Solo eso? – Preguntó Gilbert con un rostro de decepción total. Aunque no entendía por qué… ¿Acaso esperaba algo?

-¿Cómo que "¿Solo eso?"? ¡Pudo haber muerto, sabes!

-Tranquilo, Tony. – Francis me sobo la espalda. – ¿Por qué dices que se cayó?

-Por una estupidez que hice.

-¿Cómo? ¿Intentaste besarle? – Un extraño brillo se posó en los sus ojos.

-¡NO, nada de eso! Simplemente trate de enseñarle español y se enojó, y cuando fui tras él a buscarlo, estaba tirado afuera... En el suelo.

-Ah… – Otra mirada de decepción. – ¿Y le paso algo grave?

-Por suerte no, solo tiene un esguince en el tobillo, del cual ya se está recuperando…

-Oh, menos mal.

-Sí, todo este mes lo he estado cuidando para que mejore pronto.

-Ah, mi querido Tony~ – Suspiró. – ¿Hueles eso? "Lov is eir"

-No hables en inglés, no me gusta.

-Sí, Fran, tu inglés está para llorar.

-Bueno, bueno… ¿Entendieron, no?

-No. – Respondimos.

-Olvídenlo, cosas del amor.

-Si tú lo dices… – Nos encogimos de hombros y lo miramos como quien mira un alienígena.

-Que amargados. – Se quejó.

-Y bueno… – Dije para retomar el tema. – A pesar de que ya pasaron prácticamente cinco meses desde que nos conocemos… Siento que el estar viviendo juntos todo un mes, es cuando apenas vamos conociéndonos verdaderamente… ¡Ya hasta me deja llamarlo Lovi! – Dije emocionado.

-¿Lovi? – Preguntó Gilbert ladeando la cabeza. – ¿Así no se llamaba el perro de…? – Lo fulmine con la mirada. – Ya, me callo. – Cubrió su rostro con su tarro de cerveza.

-Oh, mon ami, veo que Lovino te cae muy bien.

-¡Claro que si, Fran! Ya veras que pronto seremos amigos. – Sonreí al solo imaginarlo.

-Y con el tiempo algo más… – Rió por lo bajo.

-¿Algo qué? – Sé que soy estúpido, pero de verdad nunca entiendo las indirectas.

-No me mires así, Tony. No puedes negarlo es inevitable.

-No sé de qué hablas.

-Ya lo veras, y que sepas que estaré encantado de oír todas tus aventuras explícitas. – Me guiñó un ojo. – Me darán una buena dotación de inspiración para mis escritos. – Rió.

-Tú lo que quieres es tirarte a mi "Esposo". – Hice una mueca de disgusto.

-¡Por favor, Tony! ¿Y quién no? Con ese sexy y apretado culito que tiene… – Fruncí el ceño al oírlo fantasear. – Oh, pero no te pongas celoso, tu hermoso culo de ensueño siempre será mi favorito.

-¡Oigan, sigo aquí! – Se hizo notar Gilbert. – ¡Dejen de estar de pervertidos los dos!

-¡No seas aburrido Gil, tu culo también tiene lo suyo!

-¿Por qué no te callas y le explicas a Toño todo lo demás que no has ni mencionado?

-Oh, está bien… – Retomó la compostura. – ¿Recuerdas que todos los años hacemos una fiesta para volvernos a reunir y contar nuevas experiencias? – Asentí. – Pues este año no será la excepción, y la fiesta te toca organizarla a ti.

-¿QUEEÉ? – Me asusté. - ¡Pero si ni siquiera tengo casa!

-¡Deja de quejarte, Toño! El año pasado todo se organizó en la casa del estirado austriaco que le quitó la diversión a todas las cosas… ¡Ya te toca a ti ser el anfitrión!

-Sí, Tony. Y más vale que le pongas creatividad porque quizá la fiesta se prolongue más de una semana.

-¿Y eso por qué?

-Porque no solo vienen a festejar, sino que también vienen a conocer a tu "Esposo".

-¿Y cómo es que supieron si nadie vino a la "Boda"?

-Pues resulta que se corrió el rumor que se esparció a la velocidad de la luz.

-¡Agh! ¿Y quién fue el idiota que corrió el rumor? – Pregunté molesto.

-Iván. – Respondieron ambos.

-Puff… – Me removí el cabello. – Menos mal que no estoy en la casa de mi padre, que si no me habría echado de allí al enterarse.

-Y que lo digas, Toño.

-Ahora que lo mencionas… ¿Cuántos viven aquí contigo, mon amour?

-Pues… Solo Govert, Emma y Lovino.

-¡Perfecto! Tu casa es muy grande, así que no habrá problema en dar hospedaje a nuestros amigos.

-Ahhh… Creo que sí. – Trate de razonar. – Pero aun así necesitaré ayuda…

-No te preocupes, mon amour, tu querido Francis te ayudará. – Me guiño un ojo.

-¿Enserio? – Pregunté esperanzado. – ¡Muchas gracias, Fran!

-Oh, y por cierto… Olvide decirte que hoy me darás hospedaje en tu hermosa mansión.

-¿Y eso por qué?

-¿Bromeas? He venido desde Francia, no me puedes negar eso.

-No te preocupes, siempre serás bienvenido. – Le sonreí.

-Muchas gracias, Tony. Aunque llegare tarde, así que no tengas pendiente.

Y así, se pasó volando la tarde. Ya pronto se oscurecería el firmamento y seria hora de irnos a casa.

-Bueno, estaba con ustedes pero mi asombrosa persona debe ir descansar. – Dijo Gilbert levantándose de su asiento. – Voy a esperar a Ludwig para cenar, así que… ¡Nos vemos en la fiesta!

-¡Que te vaya bien~! – Me despedí de él.

En eso recordé que había quedado con Lovino para que me llamara por teléfono… Sin embargo, ya daba por hecho que él no lo haría por voluntad propia, así que decidí tomar la iniciativa y mandarle un mensaje preguntándole si quería que pasara por él a su casa; y me respondió con otro mensaje que decía: "Está bien, bastardo. Ya puedes venir." Bueno… Al menos la respuesta era afirmativa.

-Pues yo también me voy. – Le dije a Francis. – Tengo que ir por Lovino.

-Claro, Tony. – Me sonrió pícaramente. – Le das un buen apretón de culo de mi parte.

-¿Qué?

-Que le des un buen saludo de mi parte. – Sonrió con inocencia.

-A-Ah… ¡N-Nos vemos!

Salí del pub y rápidamente entre a mi auto y emprendí mi viaje (Otra vez) a la casa de Lovino. No sé por qué pero esta vez llegue más rápido.

Nuevamente estacione mi auto una esquina antes y espere a que la pequeña puerta de madera de la casa se abriera. Al hacerlo, pude visualizar que salieron cuatro personas y se dirigían hacia donde yo estaba.

-¡Hola, Lud, Kiku! – Me baje rápidamente del auto y me acerque a saludarlos.

-¿Qué tal, Antonio? – Ludwig estrecho mi mano.

-Buenas noches, Antonio-san. – Kiku hizo una pequeña reverencia.

-Muy bien, gracias por preguntar. – Reí un poco incómodo.

-Permíteme presentarte a mi novio. – Continuo Ludwig un poco avergonzado. – Él es…

-Feliciano. – Complete y le sonreí al chico. – Lo sé. – Le extendí mi mano y espere a que la tomara.

-… – Dudoso, el chico miró alternativamente de mi mano hacia Lovino, quien se puso a la defensiva pero se cruzó de brazos y asintió levemente. – C-Ciao…

-Un placer conocerte. – Amplié mi sonrisa, no quería que se asustara. Él me devolvió la sonrisa, parecía ser un chico muy risueño.

-¿Nos vamos? – Preguntó Lovino, con su típica cara de pocos amigos.

-¡Claro~! – Dije y subí al auto. – Ah, por cierto Lud… Gil te estaba buscando.

-Ah, si… Gracias por avisarme.

-¡Cuando quieras, Lud! – Le sonreí.

-Cuídate mucho, si pasa algo no dudes en llamarme, ¿Entendido? – Escuche decir a Lovino mientras abrazaba a su hermano.

-Sí, Lovi, no te preocupes. – Feliciano le devolvió el abrazo de una forma más efusiva.

-Y lo más importante… – Dijo volteándose hacia Ludwig con el ceño fruncido. – PÓRTATE BIEN. – Le revolvió el cabello a su hermano y subió al auto. – ¡Arrivederci, bitches!

No pude evitar reír ante su "cariñosa" despedida. ¡Si es que Lovino no tiene miedo a reprimir sus pensamientos! Bueno… Eso lo hace un tanto más… divertido.

-¿Por qué sigues sonriendo como idiota? – Preguntó en el transcurso del camino.

-Me gusta. – Respondí.

-¿Ser idiota?

-No, sonreír, me gusta sonreír.

-Que mierda de respuesta. –Hizo una mueca y continúo mirando el panorama por la ventana.

No hablamos de nada, así que subí el volumen de la música y comencé a tararear. Él solo comenzó a seguir el ritmo de la música con sus dedos. Minutos después por fin llegamos a casa.

-¡Hogar, dulce hogar~! – Suspiré mientras bajaba del auto para entrar en la casa.

-Parece que no hay nadie.

-¿Uh? – Fui directamente a la cocina para inspeccionar si estaba Emma o Govert, pero no había nadie. – Creo que tienes razón… Quizá salieron a cenar o algo así.

-Posiblemente. – Dijo Lovino restándole importancia.

-Y, eh… ¿No tienes hambre?

-¿Por qué?

-Bueno… – Coloque una mano en mi estómago y escuché cómo rugía demandando comida. – Yo si tengo hambre, no he comido nada desde que salimos.

-¿Y qué quieres que haga? ¿Qué te cocine y te aplauda o algo así? – Bufó.

-Supongo que no. – Dije. – Pero no sería una mala idea.

-¡No, ni en broma te cocino! ¿Acaso crees que soy una puta sirvienta o qué? Si tienes hambre te cocinas tú solo… – En ese momento su estómago también rugió. – Joder…

-Bueno, supongo que tendremos que comer algo pronto.

-Bien… – Se puso a rebuscar en la alacena, y sacó una pasta.

-¿Cómo? ¿Vas… Vas a cocinar? – Pregunté con emoción.

-¿Tengo opción? – Se giró para sacar una olla y llenarla de agua.

-¡Qué bien~! – Me emocioné aún más. – Por lo mientras yo me sentaré aquí y esperaré a que esté lista la…

-No, no, no,no. – Movió su dedo índice alternativamente cerca de mi nariz. – Tú rebanas los tomates. – Puso en la mesa varios, y me acercó una tabla para cortar.

-¿Qué haga qué?

-Rebana los tomates. – Se giró para prenderle fuego a la estufa.

-Esto… Esto es ridículo.

-¿Ya estas rebanando?

-¡Ya voy! – Tome un tomate y (Según yo) comencé a cortarlo. Pero no me pude resistir y me metí uno en la boca.

-¡Oye, no te los comas!

-Lo siento, se me antojo.

-Aun lado, novato. – Me quito el cuchillo y comenzó a cortar los demás ingredientes.

-No sabía que cocinaras.

-Pues claro que cocino. – Levantó una ceja. – ¿Por qué? ¿Tú no lo haces?

-En realidad… – Suspiré y puse mi cabeza sobre la mesa derrotado. – No sé hacer nada de esto.

-No me digas. – Dijo con sarcasmo haciendo la salsa de tomate.

-Sí. – Sonreí con tristeza. – Pero no es mi culpa… Q-Quiero decir… Toda mi vida he vivido rodeado de lujos… Nunca me han dejado hacer nada por mi propia cuenta.

-Oh, pobrecito… – Otro sarcasmo.

-Si… Admito que es una buena vida… Hasta que te independizas y caes en la cuenta de que no sabes hacer prácticamente nada.

-B-Bueno… – Se giró hacia mí. – Tal vez podrías ser un buen rebanador de tomates.

-Oh, ¿Enserio lo crees? – Pregunté esperanzado.

-Sigue practicando y tal vez considerare contratarte cuando inaugure mi restaurante.

-¿Enserio?

-¡No! – Sonrió.

-Jo, qué malo eres Lovi.

Él solo rió. Pero fue una risa muy linda acompañada de la sonrisa más bella y sincera que pude haber conocido. Se veía tan feliz que me hizo trasladarme hacia viejos recuerdos remotos donde la misma calidez que sentía en esos momentos, volvía nuevamente a mi interior y hacia que me sintiera bien. Tenía que admitirlo, no todos los días se veía algo así… Quién sabe cuándo sería la próxima vez que Lovino me permitiera ver su hermosa sonrisa de nuevo, no quise desaprovechar la oportunidad y reí con él. No sé… Tal vez por primera vez en todos mis veinticuatro años me sentí parte de una familia, aunque Lovino no fuera más que un muchacho ajeno, yo ya le había tomado cariño y las mismas circunstancias hacían que me sintiera parte de él.

Aunque no todo dura para siempre, o mejor dicho, de lo bueno siempre hay poco.

En fin… La sonrisa pronto abandonó su rostro y continuó cocinando la pasta. Yo recargue un codo en la mesa y deposite mi cara en la palma de mi mano, mirando con aburrimiento como cocinaba… O quizá anhelando un poco de comida… Quién sabe.

De pronto vi que Lovino se inclinaba un poco hacia adelante para buscar otro recipiente e inevitablemente, sin quererlo… Le vi el trasero. No se veía tan mal… Q-Quiero decir, Lovino tenía lo suyo, era un tipo guapo, cualquier chica debería saberlo. Recordé lo que Francis había dicho esa tarde, sobre intentar "Tirármelo". La verdad, no me visualizaba haciendo tal cosa. Podre ser un pervertido y todo (Lo cual tampoco soy), pero llegar a ese extremo, ¡Nunca! Simplemente no.

Yo jamás podría hacerle eso a Lovino, porque él solo es mi amigo.


N/A:

Bueno, pues aquí otro capítulo de esto. Adivinen quién le ha enseñado sonrisas sarcásticas a Lovi. Pista: Azotadores en la cara. :v

¡Mil gracias por sus reviews, favs y follows! :D

¡Aprovecho para desearles una Feliz Navidad y un Próspero Año Nuevo! :D

¡Saludos y gracias por tomarse la molestia de leer!