Disclaimer: El Manga/Anime Hetalia le pertenece a Himaruya Hidekazu.
Advertencia: AU, pareja España x Italia del Sur, personalidades MUY alteradas. Quizá OoC.
Te Odio Con Amor
° Capítulo VIII °
Me levanté de muy buen humor esa mañana, algo que no suelo hacer a menudo. Ordene alegremente mi cama y corrí disparado hacia la ducha tarareando una cancioncilla llena de azúcar.
¡Por fin, el día había llegado!
Trate de alistarme lo más pronto posible para partir cuanto antes. Ni siquiera termine mi desayuno. En mi mente solo había un objetivo. Después de tantos días (Un mes) sin saber nada de ellos… Por fin, iría a visitarlos. Les llegaría de sorpresa. El plan era perfecto, todo estaba fríamente calculado. O eso creía yo…
Sí, creía. Pues al buscar en mi cartera, la encontré más vacía que un frasco de pasta. Joder… Si es que nada bueno podía pasarme sin tener que contar hasta 3 para que todo se arruinara. ¡Puff! El verdadero problema no era una cartera corriente sumamente vacía, sino lo que ello implicaba.
¿Y que implicaba según yo? ¡Pues claro! Lo peor del mundo: Ir con Antonio.
No es como que yo le tuviera miedo o algo, más bien, era vergüenza lo que sentía al imaginarme hacer lo que tenía planeado hacer. Siempre he odiado sentirme de esa manera. Odio tener un mar de dudas atormentando mi cabeza cuando creo estar decidido sobre alguna cosa. Agh… Da igual, el día no sería eterno y no pensaba pasar el resto del tiempo solo en mi habitación dando vueltas como león enjaulado sin arreglar nada. ¡Tenía que actuar pronto, debía actuar pronto!
Decidí comenzar por algo sencillo: Buscar a Antonio. No era difícil saber dónde estaría a esas horas del mediodía, así que sin más preámbulos lo encontré en el despacho. Como una persona educada que a veces puedo llegar a ser, toque la puerta. Escuché que movían hojas de papel bruscamente en el interior logrando que un ruido seco resonara en toda la estancia, seguido de un grito nervioso por parte de Antonio. ¿Qué carajos hacía ese bastardo allí dentro? Demasiado sospechoso como para dejarlo pasar por alto. Decidí adentrarme poco a poco, ya que cierta persona nunca cierra las puertas.
-¿A-Antonio…? – Tartamudee su nombre, pensando en la posibilidad de que tal vez estaría "Ocupado", ya saben, en cualquier sentido de la palabra que se pueda imaginar.
-Dime, Lovi. – Me sonrió nervioso. Algo escondía, lo sé, pero no es como si realmente me interesara.
Con su absurdo pretexto de no verme bien, no tuve más remedio que acercarme hasta su escritorio (¡Por favor, no soy tan pequeño! ¡Al bastardo le hacen falta gafas!), y como estúpido volví a tartamudear su nombre, logrando finalmente decirle que iría a visitar a mi familia. Como era de esperarse, él se alegró al instante… Después de todo era Antonio, y Antonio siempre se alegra de todo.
Hasta ese punto todo había salido bien, ahora solo faltaba lo que me daba vergüenza decirle. Sentí mis mejillas arder y el tartamudeo nuevamente regresó a mí.
-N-Necesito… – ¡Ah, joder, no seas un inútil Lovino, solo dilo, maldición! – N-Necesito dinero… – Sentí mis piernas flaquear ante la tensión que quería hacer acto de presencia en el ambiente.
-A-Ah, claro… ¿Cuánto necesitas? – Se revolvió el cabello y me sonrió nuevamente, haciéndome sentir menos incómodo. Posteriormente sacó su cartera y rebusco en ella el dichoso dinero, haciendo muecas extrañas. – ¿Sabes qué? Olvídalo, llévatelo todo. – ¿Perdón? ¿Escuche bien? E-Eso… Era demasiado bueno para ser cierto.
-¿E-Enserio? – No cabía en mi asombro. Revisé superficialmente la cantidad de dinero que me había entregado. ¿De verdad me quería dar todo eso?
-¡Claro, ¿Por qué no?! – Sonrió nuevamente restándole importancia al asunto. Yo solo baje la mirada no sabiendo realmente que decir. Así que, no muy seguro le agradecí. Fue lo primero que pasó por mi cabeza.
Supuse que no había sido para tanto, quiero decir, Antonio tal vez resultaría ser una persona muy flexible y eso me facilitaría las cosas. Como sea, después de la momentánea vergüenza con la que me había atormentado minutos antes, decidí que ya era hora de irme y así lo iba a hacer. Pero claro, el tonto de Antonio se ofreció a llevarme nuevamente a mi casa. Me negué rotundamente, pero él insistió demasiado. Después recordé que odio el transporte público, así que su propuesta no fue tan mala idea.
El recorrido hacia mi casa no fue tan incómodo, o quizá yo solo iba inmerso en mis pensamientos como para prestarle atención al hecho de que Antonio estaba a mi lado, conduciendo y cantando una canción en español que yo no entendía en lo más mínimo, pero al igual, la música era muy pegajosa y se me contagió el ritmo.
Cuando llegamos, antes de bajar de su auto me detuvo preguntándome la hora en la que podría venir a recogerme. Joder, la pregunta simplemente era innecesaria, no tenía planeado dormir en su casa ese día. Pero bueno, nuevamente la insistencia de Antonio puede más que mi nula paciencia, así que quedamos en llamarnos por la tarde (Si, claro, como si lo fuera a hacer), solo así logré que se largara y me dejara continuar con mis propios asuntos.
Total, llegue a la puerta de mi casa, toque tenuemente y espere por algún indicio de vida. La puerta se abrió lentamente con aquel rechinido que tanto me crispa los nervios y se asomó un rulo, el mellizo del mío. Es estúpido decirlo, pero espere por un "Feli-abrazo tamaño jumbo" que nunca llegó (¡No es como si realmente lo quisiera!).
-¿Quién eres? – Preguntó Feliciano asomando la cabeza.
-¿Cómo que, quién soy? – ¿Era enserio? – ¡Mírame!
-Eh… – Me miró de arriba abajo. – ¿El vago de la esquina?
-¿Qué? – Rápidamente me mire a mí mismo. Era cierto que los pantalones que traía estaban muy viejos, y que la sudadera que traía me hacía parecer un mafioso; pero no era para tanto. Joder, ¿Yo un vago? ¿Un mes sin vernos y eso era lo único que tenía que decirme? – ¡NO!
-¿Entonces?
-¡Soy yo! – Ladeo la cabeza. – ¡Lovino, maldición!
-¡Ah, eres Lovi~! – Esta vez no tardó ni un minuto en lanzarse sobre mi cuello y asfixiarme con algo que se llama abrazo. – ¡Cuánto tiempo! ¡Qué bueno que has venido, necesito tu ayuda!
Sin dejar de abrazarme cerró la puerta y me condujo hacia adentro, tirándome en el primer sillón que tuvo a su alcance, aplastándome en el progreso porque el tonto se tropezó antes de llegar.
-¡Ten más cuidado!
-¡L-Lo siento, me resbale! – Dijo incorporándose sobre mí.
-Ya, ya. ¿En qué quieres que te ayude?
-Oh, claro~. – Se levantó y me tomó de la mano. – Primero ponte esto.
-¿Un delantal rosa? – Examine la prenda muy detenidamente.
-Ah, y también ponte esto. – Me coloco un pañuelo blanco en la cabeza. – Y toma, esto es para ti. – Me acerco una escoba.
-¿Q-Que rayos quieres que haga exactamente? – Pregunte, preparándome para lo peor (Tal vez quería que matara alguna plaga que se encontrara en la cocina, quién sabe).
-Pues lo de siempre. Necesito que me ayudes a limpiar la casa, las visitas vendrán más tarde. – Me sonrió inocentemente mientras limpiaba la mesa.
-¿De qué hablas? ¿Dónde están los abuelos y Arthur?
-El abuelo está trabajando, la abuela fue al mercado y Arthur se acaba de ir a comprar jabón.
-¿Y quién demonios se supone que vendrá de visita?
-P-Pues… M-Mis amigos…
-Específica.
-Mmm… Y-Ya sabes… Kiku y… – Se mordió los labios. –… Y Ludwig.
-¡Maldita sea, ¿Para eso quieres que limpie la casa?!
-¡Pe-Pero es que queda poco tiempo y faltan muchas cosas por hacer!
-Eres un idiota.
¡Puta madre! Lo único que yo quería era pasar un agradable día familiar, pero por culpa de un maldito alemán todo se iría a la mierda. Lo peor de mi indignación era que no podía irme si se me daba la gana, porque Feliciano imploraba mi ayuda con la mirada, no podía dejarlo solo, después de todo era mi hermano. Así que, refunfuñando me puse a limpiar.
-Vaya, vaya, pero mira quién se ha dignado a venir. – Escuché una voz detrás de mí.
-¿Arthur? – Me gire encontrándome con su típica faceta molesta. – ¿Qué ocurre? – Entrecerré los ojos en confusión total.
-¿Qué ocurre? – Rió con ironía. – Oh, pues nada… Solo que te desapareces por todo un mes, no contestas el celular, nadie sabe nada de ti y de pronto, estás aquí como si nada. – Se cruzó de brazos. – Como puedes ver, no ocurre nada.
-Deja de ser sarcástico, no tienes motivos para recriminarme sin antes escuchar mis argumentos.
-Claro, ¿Y cuáles pueden ser tus malditos argumentos?
-Es simple. Trate de comunicarme con ustedes todo el tiempo pero el saldo del celular se me acabó.
-¿Y? Dudo que en la inmensa casa en la que vives alguien no tenga teléfono.
-Además, ¿Qué hay de ustedes? – Fruncí el ceño. – Pudieron haberme llamado y no lo hicieron.
-¡Para tu información todo el tiempo tratamos de localizarte, pero tú nunca contestabas las malditas llamadas!
-¡A mí nunca me llego nada, joder! – Trate de tranquilizarme porque no quería aventarle a la cara el trapo mojado que traía en las manos. – En todo caso, para eso existe el teléfono local, bastardo.
-Olvídalo, lo cancelaron.
-¿Por qué?
-Por no pagar a tiempo el recibo, genio. – Se sentó en una silla del pequeño comedor.
-¿Y cómo mierda ocurrió eso? – Ladee la cabeza, imitando su acción – ¡Teníamos ahorros guardados!
-Sí, pero resulta que me han reducido el sueldo temporalmente; y además, a Feliciano le han estado pidiendo materiales de arte bastante costosos en la facultad. – Resopló. – El dinero no nos rinde, sin tu aportación, los ahorros se van volando. ¿Entiendes? ¡No soy un hada madrina como para hacer todo yo solo!
-Deja de ser dramático, también he venido a eso. – Maldita sea… Un mes en mi ausencia y todo se viene abajo. – Pero primero, tenemos que limpiar la jodida casa. – Me levante y nuevamente tome la escoba.
-¿Por qué caminas así, idiota? – Preguntó mirándome de arriba abajo.
-Me caí. – Dije la verdad.
-No será que tú y… – Entrecerré los ojos, incitándolo a continuar su frase para satisfacer mi curiosidad. – Olvídalo, más tarde te digo. – Sin decir más, se dispuso a hacer lo mismo que yo.
Un rato después llegó la abuela, quien casi se desmaya al verme. Y por si fuera poco, no solo me abrazo y me besó repetidas veces, sino que también me interrogó descaradamente. No tengo nada que esconder, así que las preguntas que estuvieran aguardando por una respuesta, las respondería con franqueza. Lo mismo pasó con el abuelo, se quedó estupefacto al verme.
-¿Cómo has estado, Lovino? – Me preguntó una vez que termino de abrazarme como saludo. Aunque detrás de su sonrisa, en su tono de voz había preocupación.
-Pues hasta ahora, todo va mejor de lo que esperaba. – Trate de sonar convincente. – De hecho, vendré cada día de pago a traerles mi salario completo. – Saqué una tercera parte del dinero que Antonio me había dado y la puse sobre la mesa. – Ahora que vivo con ese tipo de gente, creo que por ahora no lo necesito tanto.
-¿Estás seguro de eso?
-¿Dudas de mi palabra?
-No, pero no es normal que no necesites dinero.
-Bueno, así son las cosas cuando vives en una mansión muy lujosa. – Me encogí de hombros restándole importancia y rezando para que no descubriera que ahora mi nuevo trabajo era de "Sirvienta" en la misma casa.
-Bien. – Para mi suerte no dijo nada.
Una vez todo listo, llegaron los "Invitados" (Si, el japonés rarito y el jodido alemán). Se presentaron educadamente y estuvieron conversando con mis abuelos, era más que obvio que yo sobraba en aquellos instantes. En serio, me ignoraron todo el maldito tiempo y en la cena, tuve que servirles la comida porque la abuela me obligó. No era que me molestara realmente hacerlo, pero se suponía que yo debería estar sentado comiendo, no atendiendo los caprichos de todos.
-¡Puff, miren la hora! – Dije mirando mi muñeca sin ningún reloj en ella. – ¿Deberían irse ya a sus casas, no creen? – Si, mi sutil forma de decir "¡Largo, tengo sueño!".
-Eh… hermano. – Me llamo Feliciano jalando suavemente mi sudadera. – Ellos… Ellos van a pasar la noche aquí.
-¿QUÉ?
-S-Se suponía que era una pijamada.
¡Maldita sea, maldita sea! Primero me hacían limpiar la casa, después me obligaban a atenderlos como si de reyes se tratase, ni siquiera disfrute mi cena y salen con la sorpresa de que se querían adueñar de mi cama. ¿Era enserio? ¿Qué seguía? ¿Mudarse aquí permanentemente?
-¡Me las vas a pagar, Feliciano! – No espere respuesta, rápidamente subí a la que se suponía era mi habitación y me tiré bruscamente en una cama. La verdad era que la habitación no había cambiado mucho desde que me había mudado. Incluso mis cosas estaban limpias y ordenadas. Aunque… Era cierto que extrañaba dormir allí. No se comparaba pasar las noches solo en una fría y enorme cama, que dormir en una pequeña habitación acompañado por dos personas más. Suspire rogando porqué todo aquel martirio terminará pronto. Yo quería estar con mi familia, no a lado de un amigo desconocido. No es bueno anhelar las cosas con tanto deseo porque a veces se prolongan más de lo debido o simplemente no suceden. Pero realmente quería que todo fuese una vil pesadilla que al despertar, todo volvería a la normalidad. En serio, verdaderamente no sabría catalogar lo que Antonio era en mi vida: Si era una de las mejores oportunidades que he tenido a lo largo del tiempo o simplemente un castigo divino que me merecía.
En ese momento mi celular vibro. Rápidamente rebusque en mi ropa y lo tome. Era un mensaje de Antonio preguntando a qué hora pasaría por mí, algo que no me sorprendía en lo absoluto. Bueno… Mis planes de dormir en mi casa se habían ido por el inodoro, así que el bastardo inoportuno, resultó ser oportuno.
-¿Con quién mensajeas tanto? – Preguntó Arthur entrando a la habitación.
-Con nadie. – Rápidamente me incorporé.
-Mientes y lo sabes.
-A-Arthur… – Llame su atención ignorando lo que había dicho antes.
-¿Qué?
-Toma. – Esta vez sí le entregue todo el dinero que Antonio me había dado.
-¿Qué es esto?
-Dinero, idiota.
-¡Eso ya lo sé! P-Pero… Mira la cantidad. – Abrió los ojos sorprendido. – ¿De dónde lo sacaste?
-¡T-Trabajando!
-Claro que no, no te pueden dar todo esto por trabajar en ese miserable lugar. – Se acercó a mí y me tomó de los hombros. – ¿De dónde mierda lo sacaste?
-… – Suspiré, me había descubierto. – Esta bien… Me lo dio Antonio.
-¿Q-QUÉ? ¿T-Tu vendes tu c-cuerpo? – Se alejó bruscamente. – ¿T-Te acuestas con él? – Sonrió histérico. – ¡Claro, debí suponerlo! ¡Por esa razón es que no caminas bien! ¡Por Dios, Lovino! ¿Qué has hecho? ¡Me dan asco los dos! S-Son… S-Son… Unos maldi…
-¡Trata de controlarte! – Lo abofetee, había acabado con mi paciencia.
-Gracias… – Se sobo su pálida mejilla afectada que tenía mis dedos marcados. – Lo siento, no sé qué me sucedió.
-Ahora, escucha. Primero, ¿Acaso me crees puta? ¡Yo no haría algo como eso nunca!; segundo, Antonio me dio el dinero porque se supone que él es el dueño de la tienda en la que yo trabajaba; y tercero, ¡Si cojeo al caminar, es porque tengo un estúpido esguince!
-A ver, A ver… ¿Cómo qué "Trabajabas"?
-Así como lo oyes, desde que tengo el esguince no he ido a trabajar y dudo que mi puesto esté disponible aun.
-¿Entonces estás desempleado?
-No, Antonio, me paga por trabajar en su casa.
-En resumen eres su nueva sirvienta, ¿No?
-¡Claro que no! Antonio se ofreció a darme el dinero que necesitara y se me hizo injusto que me pagara por no hacer nada.
-¿Y desde cuando te llevas tan bien con ese tipo? ¿No lo odiabas?
-¡Eso que importa! Mientras tengamos dinero, no hay de qué preocuparse. Y no es cualquier cantidad de dinero, ya lo has visto.
-Lovino, no confió en ese tal Antonio.
-Esto no se trata de confiar.
-Pues es lo que tú estás haciendo, "Confiar" en un tipo que ni siquiera conoces.
-¿Quién ha dicho que confió en él?
-No vengas con tonterías, lo demuestras con hechos. No es normal que tú "El impredecible Lovino Vargas", estés aquí, tan quitado de la pena, hablando del idiota ese como si fuera lo más normal del mundo.
-¿Cuál es tu maldito problema?
-¿El mío? – Sonrió irónicamente. – ¡Dirás, el tuyo! ¿Qué es lo que te pasa? ¿Por qué tan de repente ese cambio drástico en tu actitud? – Me miró con frialdad. – ¿Acaso te ha hecho algo malo?
-Deja de decir estupideces. – Alce el tono de voz. – Mírame, soy yo, el Lovino de siempre. Nada ha cambiado y nada cambiará nunca.
-¿Entonces, por qué…?
-Sí, sí. Se lo que dije, Antonio no me agrada en lo absoluto, y mantengo mi palabra. – Explique convenciéndome a mí mismo. – Pero…
-¿Pero qué?
-¡No lo sé! – Me jale el cabello con frustración. – He tenido que convivir con él, quiera o no; y lo tendré que seguir haciendo de aquí en adelante. No sé qué demonios le pasa, no es tan hijo de puta como se mostró al principio. Realmente…. Realmente no sé qué decir. Yo no puedo cambiar, ni debo cambiar mi actitud por alguien a quien detesto. Pero es su puta culpa que yo esté empezando a bajar la guardia. Mi único objetivo es terminar con esto cuanto antes, nada puede salir mal. Todo debe ser de acuerdo al plan.
-… – Me miró incrédulo para después suspirar. – Solo una cosa… – Frunció el ceño. – Cuida muy bien de esas confianzas que tomas tan rápido, nada es lo que parece.
Sus palabras me habían provocado un escalofrío por el tono tan amargo que utilizó al emitirlas. Iban con doble sentido, eso era más que seguro. El problema era descubrir a qué se refería exactamente con ese "Nada es lo que parece". ¿Qué mierda me quería decir con eso? ¿Acaso me quería prevenir o advertir de algo?
-En fin… – Era más que obvio que no diría nada más. A veces suelo odiar el misterio que Arthur esconde tras de sí, porque prácticamente me deja como un niño inocente e ignorante que no entiende lo que un adulto dice. – Supongo que es mejor que lo guarde. – Dijo encaminándose buscando un lugar seguro para guardar el dinero.
-¿Si sabes porque te lo estoy dando a ti precisamente? – Pregunte curioso.
-¿Por qué? – Preguntó sin rodeos.
-Te lo doy a ti porque eres alguien en quien puedo confiar y sé que le darás buen uso. Eres el único, porque el abuelo se lo gastara en pubs, Feliciano lo malgastara comprando basura comercial inútil y la abuela simplemente no podrá administrarlo correctamente.
-Claro…
-Además… – Me miro expectante. – Tal vez con estos nuevos ahorros, podremos salir poco a poco del agujero más adelante.
-¿Te refieres a…?
-Exactamente. – Sonreí con autosuficiencia.
-¿No crees que te estas precipitando demasiado?
-Tal vez… Pero algún día llegara ese momento. Estoy decidido a esforzarme para conseguir todo lo que haga falta a cualquier costo.
-¿Seguro de que a cualquier costo?
-Desde luego. – Sonreí levemente. – Todo sea por nuestra familia.
-Bueno… – Suspiro. – Si estás decidido, te estaré apoyando en todo lo que necesites. – Me devolvió la sonrisa.
-¿Por nuestra familia? – Alce el meñique.
-Por nuestra familia. – El me imitó y entrelazamos los meñiques cerrando así una (Infantil y tonta) promesa. Como adultos, era ridículo pensar de esa manera, pero eso era lo único que alentaba nuestra esperanza para conseguir un futuro mejor. Esperanza en la que pocas veces había creído pero que podía llegar a desear con anhelo en situaciones desesperadas. Quien sabe… Tal vez el día en el que cambiaríamos nuestras vidas a unas mejores, estaría cerca.
Después de tanto drama, acordamos que iría cada dos semanas a visitarlos y les llevaría dinero. Y finalmente, al terminar de despedirme de todos decidí que era hora de irme de casa, además yo era el único que salía sobrando en todo ese asunto. Los abuelos se habían ido a su habitación y Arthur optó por ordenar la cocina y fregar los platos sucios; por lo que Feliciano y sus "Amigos" me acompañaron hasta la esquina donde se suponía que Antonio ya debería estar.
Y no sé… Por alguna extraña razón me sentía un poco molesto sin motivo aparente, sin mencionar que el hecho de que Antonio estuviera sonriendo en todo su esplendor, no mejoraba la situación. Enserio… ¿Nunca se cansara de sonreír? A mi incluso siempre me duelen las comisuras de los labios cuando lo intento.
A la mañana siguiente, me recosté en mi cama y cerré los ojos dispuesto a tomarme una pequeña siesta de tres horas, todo era maravilloso, hasta que oí el picaporte de la puerta girar. No era muy difícil adivinar de quién se trataba.
-¡Buenos días, Lovino~! – Claro, el bastardo anti privacidad.
-¡Agh, te acabo de ver hace cinco minutos en el comedor! ¿Qué demonios quieres? – Hundí mi cabeza en la almohada con pesadez.
-No te enojes, he venido a darte grandes noticias…
-¿Enserio? – Alce la cabeza para mirarlo y asintió. – Te escucho. – Me incorpore de mala gana.
-B-Bien… pues… – Titubeo nervioso jugueteando con sus dedos. – A-Aun no te lo había dicho porque no sabía cómo, pero… C-Creo que es importante que lo sepas…
-¡Solo dilo!
-P-Pues… – Tomó aliento. – Resulta que debo organizar una fiesta aquí, y ya sabes… Vendrá mucha gente, en realidad no se cuanta. El punto es que…
-Ah, no te preocupes. – Bostece. – Solo dime cuando será la fiesta para irme y regresar hasta nuevo aviso.
-¡N-No puedes irte!
-¡Como quieras! – Rodee los ojos. – Si tanto te fastidia, puedo quedarme aquí encerrado, no te molestare en lo absoluto.
-¡N-No!
-¿Disculpa? – Fruncí el ceño.
-Es solo que… Agh, no sé cómo explicarlo. – Se rasco la nuca.
-Mira Antonio, estas acabando con mi paciencia, así que te aconsejo que lo digas ahora.
-¡No me pongas nervioso!
-¡Entonces habla, joder!
-Está bien… – Suspiro. – Se supone que estamos casados, ¿No?
-Teóricamente, sí.
-Y somos un "Joven y feliz matrimonio recién casado", ¿Cierto?
-¿A qué viene esto?
-Pues… Esta fiesta durara varios días y tendremos a los invitados haciendo de la suyas… Lo típico.
-¿Y luego?
-El único propósito de la fiesta era pasarlo bien y todo…
-¿Aja?
-Pero surgió de improviso otro pequeño propósito… – Asentí incitándole a proseguir. – El cual es conocerte a ti. – Sonrió nervioso.
-¿QUÉ? – Por un segundo mi mente quedo en blanco únicamente pensando en lo que Antonio había dicho. – ¿De qué demonios estás hablando? – Al no entender, es mejor preguntar.
-Pues, si… M-Mis amigos quieren conocerte. – Sonrió apenado.
-¿T-Tus amigos? Pe-Pero… ¡¿Por qué?! – Joder, ¿Cómo era posible que un grupo de individuos quisiera conocerme sin siquiera saber de mi existencia?
-Porque… – Me miro con pena. –… Eres mi esposo.
Tres segundos transcurrieron, exactamente tres insignificantes segundos en los que mi cerebro dejo de funcionar y una extraña sensación de agobio me inundó al recordar la simple idea. – ¡AHHH! – No pude evitar gritar al mismo tiempo en que me abalance sobre Antonio. – ¡E-Eres un maldito bastardo! – Lo sacudí bruscamente de los hombros. – ¡Se suponía que nadie sabía del matrimonio! ¿Cómo carajo se enteraron?
-¡T-Tranquilo, no fue mi culpa! – Me tomo de las muñecas para cesar mis violentas sacudidas. – ¡Alguien les dijo!
-¿Y quién fue el idiota metiche que lo hizo? ¡Solo estaban tú y tus…! – Lo solté y entrecerré los ojos mirándolo sospechosamente. – … amigos. – Me acerqué nuevamente a él. – ¿Fueron ellos, verdad?
-¡No, no! – Alzó ambas manos en defensa. – Ellos no fueron, ni yo tampoco.
-¿Entonces?
-Ah… En realidad si fue un amigo. – Ladee la cabeza, desconcertado. – ¿Recuerdas al juez? – Asentí. – Bueno, fue él.
-¿P-Pero no le dijiste que era mentira?
-No hubo tiempo para eso. Si le decía, se hubiese negado. – Se encogió de hombros.
-¡Agh, te odio! – Le aticé un puñetazo en el hombro y camine en círculos, no sabiendo qué hacer. – ¡Tengo que escapar antes de que sea tarde!
-¡No, no puedes escapar! – Me tomó de los hombros obligándome a quedar quieto. – ¡Mi vida se arruinaría!
-Tu vida no me importa. – Hizo un puchero notablemente molesto. – ¡Esta bien, huiremos juntos entonces! – No consciente de mis actos, tomé su muñeca y me dirigí hacia la ventana. – Me refugiaré en mi casa y tú te pagaras un hotel, así nadie nos encontrará. – Me reí histérico. – Si, es un buen plan.
-¡Detente, no podemos salir por ahí! – Dijo tratando de soltarse de mi agarre.
-¡Entonces vamos a la puerta! – Lo jale bruscamente para dirigirnos a la salida de mi habitación. – ¡Corre, Antonio, no tenemos mucho tiempo!
-¡ESPERA! – Esta vez fue él quien me jalo. – No tenemos por qué hacer esto.
-Claro que sí, ¡Es necesario!
-¡No, ni pienses que me pagaré un hotel teniendo mi propia casa!
-Pues quédate, ¡Yo me largo! – Me encamine rápidamente hacia la puerta, pero me detuve cuando sentí una mano en mi brazo.
-Vamos, Lovi. – Me encamino hasta la cama obligándome a sentar. – No actúes así, solo son personas.
-Ese es el maldito problema: La personas.
-¿Qué tienen de malo?
-¡Simplemente no quiero presentarme ante nadie que jamás he visto en mi vida! ¡Entiéndelo Antonio, es una sensación sofocante el imaginármelo!
-¡Solo tienes que ayudarme a continuar con esta farsa, es todo!– Dijo desesperado. – ¡Por favor!
-¿Y qué ganaré yo a cambio?
-¡Te lo recompensare, lo prometo!
-¡Esta bien, maldición! – Joder… Aun no estaba seguro de si ayudarle o no sería una buena idea. Algo me decía que terminaría arrepintiéndome.
-Tranquilo, no te preocupes. – Me dio palmaditas en la espalda. – Solo debes seguir como hasta ahora y nadie se dará cuenta.
-Opino que será mejor que me vaya. – Me levanté de la cama.
-¿Te mencione que tengo amigas lindas?
-Eres un bastardo. – Desvié la mirada avergonzado. ¡Por Dios, ¿Cómo podía chantajearme de una forma tan vil como esa?!
-¿Entonces, te quedas?
-Ya te había dicho. – Dije restándole importancia.
-¡Genial~! – Rio divertido. – Oye, ¿Qué es eso?
-¿Cuál? – Pregunte de mala gana.
-Esto. – Dijo tomando mi celular para echarse a reír después. – ¿No me digas que todavía usas este dinosaurio?
-¡Dinosaurio tu abuela! No te atrevas a insultarlo, es mi viejo y confiable celular. – Me acerque con intenciones de quitárselo. – Ahora, dámelo.
-Es que enserio, solo mira. – Comparó el suyo con el mío. – ¡Mira que pequeñito está el tuyo!
-¡Solo dámelo!
-¡Nop! – Acto seguido, el muy bastardo se puso a REVISAR MI celular.
-¡Oye, tu! ¿Quién te ha dado derecho de husmear en mis cosas?
-¡Pero mira que cosas! – Me ignoró y siguió revisando el contenido. – ¡Y pensar que pareces un santo! – Rió.
-¡Dame eso! – Me acerqué para intentar quitárselo pero me esquivo.
-¡Tendrás que quitármelo primero! – Rió y se alejó de mí con el celular en mano.
-Maldita sea, Antonio, no estoy jugando. – Lo perseguí por toda la habitación para tratar nulamente de quitarle el aparato. No entendía por qué no podía quitárselo, ¡Joder, yo era más fuerte que él!
-¿Enserio eso es todo lo que tienes? – Rió y se guardó el aparato dentro de su camisa. – ¡No eres rival para mí!
-Sácate eso de ahí o te meto la mano. – Le advertí.
-¡Sí, claro, cómo no! – Se cruzó de brazos. – Atrévete.
-Como lo órdenes. – Me acerque a él y rápidamente introduje mi mano en el cuello de su camisa. – No me subestimes, bastardo escurridizo.
-¡Oh, no tan rápido! – Me tomo de las manos entrelazando nuestros dedos y forcejeamos. – No creas que ganaras tan fácil. – Me dio media vuelta enredándome con mis propios brazos. – Ya lo escondí en un lugar mejor. – Me dijo al oído cuando recargo su barbilla en mi hombro.
-Cállate. – Le di un cabezazo en la frente y me solté del agarre. – Y ahora… ¿Dónde mierda lo tienes? – Pregunte examinando todo su cuerpo.
-¡Eso dolió, tienes la cabeza muy dura! – Se sobo el golpe.
-¡Ajá, ahí está! – Exclamé eufórico al encontrar mi celular dentro del bolsillo trasero de su pantalón. – ¡Ahora dámelo! – Y como si fuera la cosa más normal del mundo sin escrúpulos metí mi mano en el bolsillo.
-¡Oye, no me toques el trasero! – Exclamó llevándose una mano al mismo para cubrirse.
-¡No seas niñita y voltéate!
-¡No!
-¡AHORA!
-¡NOO! – Gritó y como idiota se fue a sentar rápidamente en la cama. – No dejaré que me toques.
-Está bien, está bien… – Respire profundamente y trate de tranquilizarme. – Con tu actitud, tu lindo amigo Lovi se ha ido, y en su lugar ha venido Lovino. – Lo fulmine con la mirada. – ¿Y sabes que quiere Lovino? – Negó con la cabeza. – Lovino quiere su teléfono. – Me fui acercando poco a poco a él. – Y cuando Lovino quiere algo, lo obtiene. – Trago saliva. – ¡AHORA DALE EL MALDITO CELULAR A LOVINO, BASTARDO!
-¡WAAH! – Gritó con poca masculinidad y se subió más a la cama para alejarse de mí. Yo ya estaba harto y no iba a permitir que nuevamente escapara de mí con algo de mi propiedad. Se acostó boca abajo hundiendo su cabeza en las gigantescas almohadas, y rápidamente se sacó el aparato del pantalón.
-¡Ven aquí! – Trate por las buenas de inclinarme un poco y quitarle el móvil, el problema era que… Tan enterrado estaba entre las almohadas que era difícil meter mi mano en algún lugar. Así que, como no pude decidí insultarlo, incluso lo golpee en la espalda fuertemente, pero nada funcionó. Y verdaderamente harto, no tuve más opción que subir a la cama y sentarme encima de su trasero para intentar quitarle el montón de almohadas a su alrededor. – ¡Sal de ahí, maldición!
-¡No quiero! – En ese instante se descuidó y logre tomar mi teléfono, pero él fue más rápido y me lo arrebató nuevamente de las manos poniéndolo debajo de su espalda cuando se quedó boca arriba y me tiro en la cama. – Lo siento, Lovi.
-¡Nada de Lovi, joder! – Rápidamente me senté a horcajadas sobre él, yo no me rendiría tan fácil. – ¡Dame el maldito teléfono! – Lo tome del cuello, y lo empecé a sacudir bruscamente.
-¿Por qué no te tranquilizas un poco? – Preguntó con la voz entrecortada mientras me tomaba de los hombros para impedir que me moviera.
-¡Ah, ¿Con que quieres más, no?! – Aumenté la velocidad al estrangularlo y como bono extra decidí brincar sobre él sin cuidado alguno. Tal vez con el sufrimiento cedería a darme lo que yo quería.
-Ay… Lovi… E-Eso duele… – Flexionó ambas rodillas del dolor.
-¡Entonces, dámelo!
-Ah… P-Para…
-¡Dame lo que es mío! ¡Me pertenece, Antonio! – Aumente la velocidad. – ¡Lo necesito!
-Ah… L-Lovino.
-¡Lo quiero, ahora! ¡Es tu deber entregármelo! – Me acerque más a él para darle cabezazos en la frente. – ¡Entiéndelo! Eres el único que me puede dar…
-¡Oh, mon Dieu! ¿No interrumpo nada, o si? – Irrumpió en la habitación una tercera voz, silenciando nuestros gritos.
-¡N-NO ES LO Q-QUE PARECE! – Gritamos ambos al unísono levantándonos rápidamente de esa posición tan comprometedora y retomando la compostura.
-¡F-FRANCIS! – Exclamó Antonio acercándose al susodicho. – Ah-ah… ¿Desde cuándo estás allí? – Se rasco la nuca. – No te había visto.
-Ah, no te preocupes mon amour. – Se miró las uñas con inocencia. – No he visto nada importante de lo que debas preocuparte. – Sonrió con malicia.
-Ah, claro… – Hizo una mueca de confusión y por fin me entrego el jodido celular. – ¿Cuándo llegaste? Ayer ya no te espere, pero le dije a Emma que preparara una habitación para ti.
-Oh, oui, merci… Llegue casi en la madrugada, pero la hermosa Emma fue tan amable de conducirme a mi alcoba.
-¡Qué bien~! Espero te haya gustado.
-¿Quién? ¿Emma? – Preguntó desconcertado Francis. – ¡Ah, desde luego, es todo un dulce la chica!
-Yo me refería a la habitación…
-Ah, si… También. Es bastante amplia.
-¡Me alegra de que estés aquí! – Sin previo aviso Antonio camino hacia él y se lanzó a sus brazos en un efusivo abrazo que Francis correspondió muy gustosamente. Tal vez demasiado. Era bastante extraña la forma en que recorría sus manos por la espalda de Antonio, como si estas estuvieran locamente ansiosas por tocar nuevamente la piel bronceada del otro. ¡Joder, lo estaba manoseando disimuladamente! Y…Y…Y… ¿Antonio que hacía? ¡Tonto español que no se daba cuenta de nada! ¿Acaso estaba disfrutando esa indecorosa muestra de "Afecto"? ¡Pues si tanto le gustaban ese tipo de cosas, se hubiera casado con el bastardo de su mejor amigo!
-¿Y a qué has venido? – Preguntó Antonio después de separarse e invitar al otro a tomar asiento. ¡Joder, ¿Acaso olvidaban que aún seguían dentro de MI habitación?!
-¿Olvidas la fiesta? ¡He venido a ayudarte a planificarla! – Guiño un ojo.
-¿Oh, enserio? – Abrió los ojos con emoción. – ¿Y cuando empezamos?
-¿Bromeas? – Se levantó. – ¡Justo ahora!
-Pe-Pero…
-¡No hay pero que valga! – Tomó la muñeca de Antonio para incitarlo a seguirle.
-¿Y a dónde iremos primero?
-¡Al centro comercial, tontito! – Sonrió.
-¿Puede venir Lovi con nosotros?
-¡¿QÚE?! – Exclamé.
Y ahí estaba yo, sentado a la fuerza en el asiento posterior del jodido auto, y cruzado de brazos rotundamente indignado. ¡Esos idiotas me habían arrastrado a un centro comercial en contra de mi voluntad! ¿Y cómo es que cedi? Bueno, solo recuerdo haber insultado, retrocedido dos pasos y corrido torpemente hacia el baño, hasta que alguien de sonrisa brillante y hoyuelos en las mejillas me jalo de la camisa y me metió dentro de su Ferrari gris.
Joder… Ya estaba harto de esa situación. ¿Por qué Antonio quería que lo acompañara a donde se le antojaba? ¡Más le valía a ese cabrón que todo ese montaje valiera la pena!
-¡Hemos llegado~! – Anuncío Antonio una vez que aparco en el estacionamiento y bajamos del auto para dirigirnos hacia el interior de la tienda. – Ahora… ¿A dónde vamos primero? – Frotó animadamente las palmas de sus manos.
-A mi lugar preferido, por supuesto. – Dijo Francis comenzando a caminar para guiarnos. – ¡La tienda de ropa!
-Eh… ¿No crees que deberíamos ver algo más importante como los alimentos o la música? – Por lo menos había veces que Antonio razonaba aunque sea un poco.
-Tonterías, eso es algo insignificante. – Se giró hacia nosotros con una mano en la cintura. – En una fiesta lo más importante eres tú, sobre todo si eres el anfitrión. ¿No querrás causar una mala impresión a tus invitados, cierto? ¡Por eso es esencial cambiar esas fachas y modificar tu aspecto inmediatamente! – Señaló con su dedo acusadoramente la ropa que llevaba Antonio encima.
-Pero… Pero… – Se miró así mismo el cuerpo. – ¡Tú fuiste quien me escogió toda esta ropa!
-Ugh, si… No sé en qué estaba pensando. – Le pasó un brazo por encima de su hombro y comenzaron a caminar nuevamente. – Muy fuera de moda.
-No te quedes atrás, Lovi. – Antonio giro la cabeza y nuevamente me sonrió. Bufe con fastidio y los seguí enfurruñado.
No pasaron ni cinco minutos y ya nos encontrábamos frente a un probador de ropa del que Antonio entraba y salía con un atuendo diferente cada vez. A un costado estaba Francis con una bella empleada, buscando más opciones de un vestuario casual de acuerdo a la ocasión, dándole el visto bueno a la "Moda" y a los atributos del jodido bastardo. Por mi parte, yo estaba sentado en un cómodo sofá frente al espejo en el que Antonio se reflejaba juzgando a sí mismo su apariencia; escuchando sus quejas y protestas junto con las de Francis, que no parecían ponerse de acuerdo en nada. Joder, ¿Acaso eran diseñadores de moda o algo? ¡Ni mis primas se emocionaban tanto al ver la jodida ropa como ellos! ¡¿Por qué no se callaban de una maldita vez?, me tenían harto!
-¡Esto me gusta! – Decía Antonio mirándose de todo ángulo posible al espejo.
-No, esta horrible. – Dijo Francis dándole otras prendas. – Pruébate esto.
-Pero… ¿Qué esto? – Tomo con desprecio la ropa. – ¡Solo míralo, está más feo que el otro!
Ok,ok… Tranquilízate Lovino… Inhala… Exhala… Inhala…
-¡Pero ese te queda!
-¡Pero a mí no me gusta!
Cuenta hasta diez…. Uno… dos…
-No se trata de que te guste.
-¿Entonces de qué? ¿De que a todos les guste?
Tres…cuatro… cinco…
-Desde luego.
-¡Pues no me parece!
SEIS… SIETE… OCHO…
-¡Debes probártelo!
-¡No!
NUEVE…¡DIEZ..!
-¡Que sí, toma!
-¡Que no, no lo quiero!
¡Mi límite!
-¡YA BASTA, ¿PUEDEN CERRAR LA MALDITA BOCA DE UNA VEZ POR TODAS?! – Grite rotundamente exasperado, provocando que las demás personas voltearan a vernos. ¡Tsk, como si me importara lo que pensaran de mí! – En primera, Antonio… – Lo señale desde mi asiento – ¡Cabrón, tus gustos son de lo peor, ya cállate! – Dirigí mi mirada hacia Francis. – ¡Y tu…! ¿De qué jodidos atributos hablas? ¿Qué acaso no lo ves? ¡Los atributos de Antonio son sus ojos y su sonrisa, idiota! – Joder, eso lo pensé en voz alta… ¿Qué demonios hacia yo fijándome en lo que tuviera o no de bueno Antonio? ¡Seré estúpido! – ¿Qué se supone que debe resaltarle a ese idiota? – Le pregunté nuevamente bastante molesto.
-Oh, mi querido Lovinin… Creo que aún no lo has notado. – Puso una mano en su pecho y sonrió. – Antonio, date la vuelta. – El otro le obedeció quedando de espaldas a mí. – ¿Ahora ya lo ves? No hay mejor atributo que su… "Espalda". – Dijo señalando el trasero del tonto de su amigo. – ¿No lo crees?
-Eres un degenerado… – Dije con una mueca de asco y rodee los ojos. Él rió por lo bajo.
-¿Qué le parece un estilo bastante ajustado? – Hablo de repente la empleada, como si nada hubiera pasado.
-¡Oh, eso sería fabuloso! – Grito Francis eufórico.
-Sígame, le mostraré varios modelos. – Termino de decir la chica y se llevó a Francis a algún lado, para mi suerte, bastante lejos. Antonio se quedó un momento contemplando la dirección por la que su amigo se había ido, para después suspirar pesadamente y sentarse a un lado de mí en el cómodo sofá.
-¿Siempre haces lo que Francis dice? – Pregunte enojado, me sentía tan molesto… Aunque no sabía exactamente la razón.
-¿Mmm? – Volteo a verme desconcertado. – Bueno… Francis tiene más experiencia en esto que yo, así que… Supongo que está bien. – Dijo tomándose la barbilla, pensativo.
-¿Y no te has planteado tomar tus propias decisiones? – Fruncí el ceño, molesto por esa actitud tan despreocupada que tenía en algo que para mí era serio. – Para eso tienes voz y boca.
-¿De qué hablas? ¡Yo siempre tomo mis decisiones! Pero también es bueno escuchar otro punto de perspectiva diferente a la tuya.
-Ah, sí… ¿Y por eso te dejas manipular, no?
-Nadie me está manipulando, Francis solo está ofreciendo su generosa ayuda, y como amigo, es mi deber corresponder gratamente.
-… – Bufé irritado. – ¿Y tú eres mi amigo?
-¿Qué pregunta es esa? ¡Claro que lo soy! – Frunció el ceño. – Me ofende que preguntes algo así.
-Entonces, si de verdad eres mi amigo… Hazme un favor…. ¡Deja de ser un idiota! – Le solté un puñetazo, se lo merecía. En primera, por tener una carencia de personalidad, y en segunda por hacer lo que todos quieren, por el simple hecho de hacerlos felices, aunque él no esté de acuerdo en lo más mínimo.
-Y… ¿No vas a comprar ropa? – Preguntó sobándose el brazo.
-No hace falta, tú me prestaras la tuya. – Dije levantándome del sofá. – Así que, vamos. Te ayudaré a escoger algo digno. ¡No pienso ponerme nada de lo que Francis diga! . – Él me imitó y comenzamos a caminar en dirección opuesta a la que Francis se había ido, solo por precaución.
-¿Estás enojado conmigo? – Preguntó de repente Antonio con una faceta desanimada.
-¿Contigo? Nah, no es tu culpa … Si estuviera enojado, en verdad que no estaría aquí "Ayudándote". – Respondí francamente. – Solo me molesta, hastía, fastidia, irrita, empalaga, desespera y asquea tu tonta actitud, esa la de complacer al prójimo aunque por dentro estés hecho un caos.
-Lo siento… – Me miro desanimado.
-¿Ves? ¡Lo haces de nuevo! – Rodee los ojos. – No tienes por qué disculparte por algo que no has hecho, mucho menos con un… ¡Con un bastardo como yo!
-En verdad lo lamento. – Bajo la mirada. – Mi padre siempre me dice que hago las cosas mal y debo disculparme por ello… Así que, es la costumbre.
-¡Pues deja de hacerlo, es detestable!
-No puedo evitarlo.
-¡Eres un adulto, supéralo!
-Y… ¿Si te complazco a ti, mejoraría tu humor y me perdonarías aunque sea un poco? – Pregunto esperanzado.
-Claro que no, ¿Por quién me tomas? – Me giré hacia él de brazos cruzados. – ¡No soy un interesado de mierda!
-Ah~Lovi… Por eso te quiero. – Sin darme tiempo a procesar nada, se me abalanzó y se engancho a mi cuello en un cálido abrazo. No podría describir exactamente cómo me sentía en esos momentos, pero la incomodidad reinaba el ambiente, y claramente sentía miradas llegar de todos lados directo hacia nosotros.
-Muévete. – Le aparté rápidamente antes de seguir siendo parte del espectáculo, y trate de actuar con naturalidad. ¿Sonrojarme yo? ¡Claro que no! ¡Soy Lovino mata-sonrojos! Además, fue un abrazo de amigos ¿Cierto? ¿Qué hay de malo en eso? – Y apresúrate, que ya quiero irme.
-¡A sus órdenes, jefe! – Levantó la mano hacia su frente, saludando cual soldado.
Total, terminamos de hacer las compras y salimos de la tienda, para dirigirnos a otra diferente y así sucesivamente. Y bueno, después de caminar y caminar, decidí que ya era tiempo de descansar un poco, así que me senté en una banca que estaba por ahí cerca. Antonio se sentó a un lado, mientras esperábamos a Francis quien había ido al baño y… Sospechosamente se tardaba demasiado. Joder, yo ya tenía hambre. ¿Qué hacía ese bastardo allí dentro? ¿Acaso maquillarse o alguna de esas mierdas?
Lo peor de todo: Antonio. ¡Si es que ese hombre no se cansaba de contar sus chistes sin gracia! Hablaba y hablaba. "Lovi esto y Lovi lo otro" Eso era lo único que escuchaba entre todo su balbuceo sin sentido. Aunque debo admitir que por lo menos me estaba haciendo la espera más llevadera. Claro, yo únicamente asintiendo por educación aunque no entendiera nada de lo que decía.
-¿No crees que esa chica es bonita? – Decía señalando a una muchacha pálida y pelirroja de un vestido realmente corto y provocador.
-Sí, lo es.
-¡HEEEEY TÚ! – Grito llamando la atención de la chica.
-¡E-ESPERA! – Sacudí ambos brazos para evitar que continuara. – ¡No, no, no!
-¡MI AMIGO PIENSA QUE ERES REALMENTE LINDAAAAA! –Grito aún más fuerte.
-¡A-ANTONIO, SHHH! – Sentí mi cara arder de vergüenza. La chica rió levemente y se despidió desde la distancia levantando y agitando su mano. Menos mal… Joder, pero la gente que rondaba por el lugar me veía extraño y con sonrisas cómplices.
-¡Alégrate Lovi, te he conseguido novia! – Exclamó riendo a carcajadas y burlándose de mi rostro súper rojo.
-¡Jodido español, yo te mato! – Sin pensarlo dos veces lo agarre del cuello y comencé a sacudirlo bruscamente cegado por mi pequeña irá combinada con vergüenza. Desgraciadamente algo me golpeo la nuca fuertemente interrumpiendo así mis instintos asesinos.
-¡Agh! – Me queje sobándome el lugar afectado y mire hacia abajo para encontrar al objeto culpable de mi dolor. – ¡Ay, qué asco! – Exclame al notar que me había embarrado la mano con kétchup.
-¿Qué es eso?
-¡Una patata! – Grite aun con más asco haciendo una mueca de total desagrado. ¿Quién era el desafortunado imbécil al que se le ocurría lanzar semejante repugnancia por los aires? ¿Qué acaso no sabía que esas cosas eran nocivas para la salud? ¡Para mi salud, maldición!
-¡Eh, tu! – Escuché que llamaban detrás de mí y me gire furioso. – Lo siento chico, eso era para Toño. – Sonrió sarcásticamente Gilbert, el puto albino egocéntrico.
-¡Tu, patatero imbécil! – Le arroje de vuelta la patata con todo el odio del mundo, esperando que se atragantara con ese apestoso tubérculo. Lo cual nunca paso, porque el maldito se agacho justo antes de que la cosa esa le golpeara; provocando así, que dicha patata le diera en toda la cara a la persona que se encontraba detrás de él, que resultó ser nada más ni nada menos que Ludwig. Bueno… No resulto ser como yo lo había imaginado, pero debía admitir que fue mejor de lo que esperaba. Ah~ El ver a ese alemán fornido come-wurst haciendo el ridículo, me ponía de muy buen humor.
-¡LOVINO! – Me gritó enojado Feliciano sacando un pañuelo de su bolsa, y limpiando la kétchup del rostro y parte de la camisa de esa enorme patata que tenía por novio.
-¡Se lo merecen, para que se les quite la maña de aventar cosas, patateros de mierda! – Reí con toda la gracia del mundo al ver como ese par de enamorados me fulminaban con la mirada.
-¡Pídele disculpas a Lud, esto ha sido tu culpa! – Seguía diciendo Feliciano frunciendo el ceño y mirándome de brazos cruzados.
-¿Por qué haría algo así? ¡Esto ha sido lo mejor que he visto en años! – Reí sarcásticamente y me acerqué a mi hermano para jalarlo de una oreja alejándolo completamente de Ludwig. – ¡Y tú te me calmas, idiota, que aquí el mayor soy yo!
-¡D-Déjame, e-eso d-duele! – Lloriqueó en respuesta y decidí soltarlo antes de que me montara una escenita en medio de la multitud.
-Y hablando de eso… ¿Qué rayos haces aquí? ¿No se suponía que deberías estar estudiando o algo?
-Hoy es sábado, siempre salgo con Lud…
-Mmm, ya… ¿Así que esa es la razón por la que siempre llegas tan tarde, eh? – Lo fulmine con la mirada.
-No es nada nuevo, eso ya lo sabías. – Dijo sobándose la oreja.
-¡Claro que lo sabía, pero también me decías que ibas a la biblioteca, tonto! – Mire a Ludwig. – ¡Todo es tu maldita culpa!
-No digas incoherencias culpándome por algo que no hice. – Me respondió tan irritablemente sereno.
-Siéntate aquí. – Le hice una seña obscena con mi dedo medio.
-¡O-Oigan chicos, no hay por qué pelear! – Decía Antonio tratando inútilmente de bajar la tensión entre nosotros – ¿Quién tiene hambre? – Sonrió ampliamente.
-¡Yo~! – Dijo mi hermano alzando su mano infantilmente.
-¡Muy bien, Feli~! ¿Qué se te antoja comer? – ¿Qué era eso de "Feli"? ¿Desde cuándo se tomaban tantas confianzas como para hablarse con cariño?
-¡Pizza~! – Bueno, por lo menos hay veces que el cerebro de Feliciano puede crear ideas bastante buenas.
Unos segundos después apareció Francis y todos nos dirigimos a una de las tantas pizzerías que había en ese centro comercial. Como era obvio que me gustaba fastidiar a la gente cada vez que se pudiera, cuando íbamos a sentarnos en una mesa, aparté bruscamente al patatero musculoso y me senté junto a mi hermano, interponiéndome entre ambos con una sonrisa victoriosa. Me fulmino con la mirada y no tuvo más remedio que sentarse junto a la persona que nadie (Excepto Antonio) quiere tener cerca: Francis. Y posterior a eso, comenzamos a comer. No tenía ni idea de quién sería el responsable de pagar por todo, pero claramente no iba a ser yo, así que tenía que aprovechar la oportunidad de atragantarme con toda la pizza que pudiera caberme en el estómago, aunque después eso me provocara una dispepsia, correría el riesgo.
Una vez todos con el estómago lleno, comenzamos a ociar en todo lo que restaba del centro comercial, comentando trivialidades sin sentido. Después nos dividimos en parejas; Francis y Gilbert se fueron por un lado a una de las tiendas donde vendían toda clase de vinos y licores; Ludwig y Feliciano se despidieron diciendo que ya se iban a casa; y desgraciadamente me quedé de nuevo a solas con Antonio. Tsk… Si yo creía que a mi hermano le gustaría pasar tiempo conmigo, que equivocado estaba, ese tonto prefería a su odioso patatero come-wurst. ¿Joder, que tenía ese imbécil que no tuviera yo? ¿Acaso era por rubio y musculoso que lo prefería a él? ¡Ya, da igual!
-¿Me sostienes esto un momento? – Preguntó Antonio interrumpiendo mis pensamientos.
-¿Qué?– Me crucé de brazos. – ¡No soy tu carrito del supermercado para llevarte tus bolsas!
-Si lo haces, te comprare un helado. – Guiño un ojo. Bufé en respuesta. ¡¿Cómo negarme a comer helado?! Eso era un golpe bajo para mí. – ¡Gracias~! – Sonrió ampliamente y felizmente se fue dando saltitos muy emocionado (Tipo Feliciano pero más feo) a no sé dónde, para después regresar con un helado de fresa y una paleta de mango.
-Toma. – Dijo dándome el helado. – ¡Para la cosita más tierna que jamás había visto en la vida~!
-¡OYE, COMO TE ATREVES…! ¡Dame eso! – Se lo arrebate de la mano. – Está bien, está bien, ¡Lo voy a comer… P-Pero me ofende muchísimo!
-Jo~ No te sulfures. – Me pasó un brazo por el hombro. – Vamos a jugar un rato.
-¿A jugar?
-¡Claro, te encantará!
Sí, claro. Como si me encantara estar más de media hora parado, cuidando el montón de bolsas que traíamos cargando y viendo como Antonio se gastaba su tarjeta de crédito que recién había comprado en los videojuegos, inútilmente tratando pasar de nivel un jodido juego de patitos que cualquier niño podría jugar.
-¡Ah, acabo de perder de nuevo! – Decía molesto volviendo a introducir la tarjeta para tomar un nuevo turno e intentarlo de nuevo.
-¡Deja eso y vámonos a casa ya! – Le grité.
-¡No, no me iré de aquí hasta que suba de nivel en esta cosa! – Dijo muy concentrado sin voltear a verme.
-¿Esa basura para simios? – Me acerque a él para observar detenidamente el juego. No parecía muy difícil, en realidad era bastante sencillo. Era un juego acuático, en el que en el fondo había varios agujeros por donde salían patitos de plástico, y el jugador tenía que agarrar una pistola de agua que se encontraba a un costado del juego, y meter nuevamente los patos a su hoyo para ganar puntos y subir de nivel. No era la gran cosa, cualquier niño podría hacerlo. – Aun lado Antonio. – Dije dándole mi helado para que lo sostuviera. – Ganaré eso y nos iremos a casa. – Seguro de mí mismo, tomé la tarjeta y la introduje para esperar mi turno, me posicione correctamente y el juego empezó. Empezó al mismo tiempo en que terminó.
-Eh… Creo que perdiste… – Dijo acercándose. – ¿Seguro que sabes cómo se juega?
-¡S-Silencio Antonio, aún no estaba preparado! – Trate de excusarme.
-En ese caso, ¡Inténtalo de nuevo~! – Me dio unas palmaditas en la espalda.
-¡Claro que lo haré! – Volví a insertar la tarjeta en el juego. – ¡Veras como esto es lo más fácil del mundo, maldición! – Y nuevamente el juego empezó. – Oh, sí, sí, sí… ¡Vengan a mí, patitos bastardos! – Sonreí maliciosamente. No podía ver la expresión de mi rostro en ese momento, pero podría jurar que lucía más feo que la bruja de Blanca Nieves.
Y desgraciadamente, volví a perder. No sé qué tipo de brujería tenía esa cosa, pero comenzaba a comprender la necedad de Antonio al ser tan persistente en intentar subir de nivel. ¡Y es que el maldito juego era adictivo! Realmente no tenía noción sobre cuánto tiempo había estado jugando, solo podía escuchar la eufórica voz de Antonio animarme y motivándome a seguir, unas cuantas voces de niños preguntarle a sus padres cuando seria la hora en que me quitaría de ese juego, y por supuesto, los padres molestos responder a sus hijos con un "Mejor regresemos luego". Joder… Suena vergonzosamente estúpido, pero no quería irme de allí, no sin antes terminar todo el tonto juego. Y fue aún más difícil para mí separarme de él cuando empecé a subir de nivel. Yo no me iría sin antes terminar mi misión. Mucho menos aún, si de fondo tenía toda la música de los demás videojuegos que me incitaban a continuar con mi ardua tarea. Y bueno… Finalmente logré mi cometido, pasé todos los niveles de aquel juego para niños. No eran muchos, pero habían resultado un completo dolor de cabeza. Después descubrí que toda esa hazaña había tenido recompensa, pues al parecer el juego daba cupones gratis cuando se ganaba una partida.
-¡Oh, por Dios! – Exclamó Antonio tomándolos. – ¡Mira cuántos has ganado~! ¡Tenemos que ir a canjearlos inmediatamente!
-¡Espera! ¿A dónde vas…? – Pregunte a la nada porque el otro ya no estaba. Voltee hacia todos lados buscándolo, hasta que lo encontré formado en una fila que daba a la "Caja" donde se recargaban las tarjetas y vendían algunas baratijas sin importancia. –¿Qué rayos haces aquí? – Pregunte una vez que estuve a su lado.
-¿Cómo que, qué hago? ¿Ves esto? – Alzó los cupones. – ¡No van a canjearse solos!
-Solo tíralos… No tienen importancia. – Me encogí de hombros.
-Jo, Lovi… Claro que la tienen, no cualquiera gana esta cantidad de cupones. – Sonrió y me guiño un ojo.
-¿Y por cual cosa piensas canjearlos? Nada de lo que hay aquí vale la pena. – Bufé.
-No digas eso, siempre se puede encontrar algo bueno.
-Tsk… Como quieras. – Rodee los ojos. – Es tu tiempo, no el mío. – Y me fui, dispuesto a sentarme en alguna banca o en algo que pudiera soportar mi peso. Mire mis manos y note que aun traía la tarjeta electrónica de los juegos, y como supuse que Antonio tardaría demasiado en lo que fuera que estuviera haciendo, decidí ir a gastármela jugando más juegos hasta dejarla vacía. Sí, no me importaba en lo absoluto que Antonio viniera después lloriqueando reprochándome que él también hubiese querido jugar. ¡Que se jodiera, se lo merecía, por comerse mi helado!
Después de gastarme todo el dinero, no tuve más opción que esperar. Esperar y esperar a que un español retrasado me encontrara. Sin embargo, mi aburrimiento me obligó a encontrarlo yo mismo. Lo cual fue una tarea muy difícil que no tiene lógica. O sea, ¡Por Dios! ¿Quién puede perder de vista a un sujeto como él? Es algo que sigo sin entender.
-¡Ahí estás! – Exclamé eufórico viendo a un Antonio desorientado probablemente buscándome. – ¡Hey tú, Antonio! – Grité agitando un brazo.
-¿Eh?... ¡Ah, Lovi! – Sonrió y se acercó. – ¿Dónde has estado? ¡Te he estado buscando todo este tiempo! – Rió divertido.
-Hmp… Eso debería preguntarlo yo. Se suponía que solo canjearías unos cuantos cupones, no sé por qué has tardado tanto. – Me crucé de brazos.
-Vamos, relájate. – Hizo un ademán restándole importancia al asunto. – ¡Mira que es lo que me han dado allá~!
-¿Cómo? ¿Otra bolsa? – Fruncí el ceño. – No le basta al señor con las que estoy cargando, no, tiene que ir y pedir más. – Bufé. – ¡Serás idiota!
-P-Pero…
-¡No hay pero que valga! – Lo empuje con mi hombro. – Ahora ya vámonos, que ya es tarde.
-Está bien… – Dijo ayudándome con algunas bolsas. – ¿No deberíamos ir a buscar a Francis para irnos todos a casa?
-¿Estás loco? ¡Pase media hora buscándote a ti, no pienso buscar de nuevo a nadie! – Hizo una mueca de decepción. – Además, ni te preocupes. Tu amigo no quiere ser encontrado.
-¿Por qué lo dices? –Pregunto desconcertado.
-Mira allá. – Señale hacia una tienda de perfumes donde estaba el dichoso Francis ligando con un montón de chicas hermosas. – ¿Tú crees que quiere irse de allí? – Pregunte con obviedad un poco molesto. – Tsk… No sé qué le ven, yo estoy mejor que él. – Dije para mí mismo.
-Apuesto que sí. – Dijo Antonio confirmándolo. Eso me hizo sentir incómodo. – Bueno, entonces ya vámonos.
-¿Me dejas conducir?
-¡Claro~! – Me entregó las llaves del auto. – Lo que sea con tal de que Lovi sea feliz. – Sonrió.
No quise darle importancia al hecho de que el cariño de Antonio cada vez me incomodaba más. Por favor, soy un adulto, estas cosas no me afectan en lo absoluto. Solo me sentía así porque nunca había tratado con personas tan… demostrativas de afecto, como él. Esa era la situación, nada fuera del otro mundo.
Total, después de arrasar con todo el tráfico vehicular que había a esas horas en la calle, ganarme unos cuantos insultos de peatones groseros y soportar los histéricos regaños de Antonio alias "El Defensor de la Comunidad Italiana", por fin llegamos a casa.
Era verdaderamente irónica la situación. Se suponía que hoy había sido un día de planificación para la dichosa fiesta, pero lo único que hicimos fue ir de compras y pasar el rato con "Amigos". Algo me decía que los siguientes días me la pasaría ayudándole a Emma con la limpieza. ¡Que pereza!
Ayude a subir la mitad de las bolsas hasta la habitación de Antonio. Que por cierto, jamás había entrado en ella. No estaba nada mal por dentro, a decir verdad, de todas las habitaciones, creo que la de Antonio era la mejor; ya saben… Más amplia, más lujosa, más cómoda… Con pantalla LED de 90 pulgadas, aire acondicionado, televisión por cable…. Todo eso. Tenía que admitir que era asombrosa. Y me maldecía internamente por no tener esa habitación desde un principio. Pero bueno, tarde o temprano mande al carajo esos pensamientos tan poco usuales que mi cerebro fabricaba y decidí que ya era tiempo de irme a mi propia habitación, después de todo estaba realmente cansado.
Pero no, siempre hay algo que debe interrumpir mis maravillosos planes de siesta, y ese algo tenía nombre: Antonio. ¡Ese idiota me invito a ver la televisión con él! ¡Por supuesto que me negué! Tenía más cosas importantes que hacer (Como leer un libro u ociar entre mis cosas) que ver jodidas telenovelas con él. ¡Lo peor fue que me convenció! Aunque en realidad, si acepte había sido solo por mí, por satisfacer mi morbo de estar en una habitación tan ostentosa como la de él, solo por eso.
Me senté en un pequeño sofá que había en una esquina, pero Antonio me obligo a sentarme en la cama con él, con el pretexto de que era más cómoda y desde ese punto se veía mejor la televisión. No sé por cuánto tiempo estuvimos así, pero cuando volteé a mi costado derecho, ya tenía recargada la cabeza de Antonio en mi hombro. En ese momento me dio un vuelco en el corazón. No sabía qué hacer. Me sentía incómodo y avergonzado. Incluso podía oler el aroma del shampoo que desprendía su cabello. Y sin motivo aparente, sentí mi cara arder de la nada. Creo que me dio apnea en ese lapso de segundos.
-¡V-Voy al b-baño! – Me levanté bruscamente y literalmente, corrí hacia el baño sin esperar alguna respuesta por su parte.
Cerré la puerta con seguro. Y rápidamente fui al lavabo a rociarme con agua fría el rostro, con la intención de bajar la intensidad del rubor que había posado en mis mejillas. Me mire seriamente al espejo, con las gotas de agua fría recorrer mi piel.
¿Qué era lo que me pasaba?
Quiero decir, ¿Desde cuándo le tenía tanta confianza a Antonio como para llevarme tan bien con él? ¿Desde cuándo ya no me molestaba que acortara mi nombre? ¿Desde cuándo hacía todo lo que a él se le diera la gana? ¿Desde cuándo me reía junto a él y ocasionalmente sonreía como idiota? ¿Desde cuándo yo le insultaba cada vez menos? ¿Desde cuándo se removía algo dentro de mí cuando se desanimaba? ¿Desde cuando él era mi amigo? ¿Desde cuándo se me hacía una buena persona? ¿Y que eran esos malditos sonrojos de mierda que aparecían en mi cara como si nada? Y sobre todo, ¿Qué era esa estúpida incomodidad que sentía cuando él me hacía algún cumplido o decía alguna otra cosa cursi? ¿Qué… Qué era eso?
Arthur tenía razón, algo andaba mal en mí.
Con la mente en blanco y sin posibles respuestas a ninguna de mis preguntas, sentí descender la temperatura de mi rostro, así que una última vez me rocié agua para después secarlo.
Yo era un adulto, tenía que manejar la situación como tal. No tenía tiempo para ridiculeces y suposiciones donde no las había. Tenía que actuar fría y firmemente. Seguro que esto no era nada importante, solo alucinaciones mías. No pasaba nada, solo tenía que tranquilizarme, eso era todo. Convencido, me arme de valor y decidí que era tiempo de dar la cara y actuar con normalidad. Como si nada sucediera, porque eso era, nada sucedía.
Salí del baño como si nada.
-¿Estas bien? – Preguntó sin despegar la vista del televisor. – Te has ido tan de repente que creía que tenías diarrea.
-¡Claro que no, imbécil! – ¡Puff, tenía que agradecer al cielo que Antonio era tan despistado que no se daba cuenta de nada!
-Ya, no te enojes… Yo solo decía.
-Ahórrate tus comentarios innecesarios.
-Lo siento.
- ¡No te disculpes, lo odio!
-¡L-Lo siento!
-¡Vuelves a decir eso y te pego un tiro a la cabeza!
-¡L-Lo s-sie…! – Lo fulmine con la mirada. – Q-Quiero decir… – Carraspeo. – L-Lamento mucho no poder dejar de decir eso.
-¡Solo cállate! – Me senté nuevamente en el pequeño sofá de la esquina y transcurrieron varios minutos en silencio, el cual era interrumpido por los sonidos de la televisión.
-¿Lovino?
-¿Qué? – Pregunte de mala gana.
-¿Te he dicho que dormiremos juntos?
-¡¿EHHHH?!
N/A:
Aquí, el relleno. :v Como pueden notar, tengo un serio problema con los baños xD
Por cierto, cuando Antonio le grito a la chica, fue más o menos así (Juntar los espacios ) www . youtube watch ? v = qBc_zJk_2Qs
((Si el link no les aparece, el video se llama: [MMD X APH] Snitches be like {Hetavine}))
Y pues, muchas gracias a quien haya esperado por la continuación. ¡Nos vemos en el siguiente cap!
¡Saludos y gracias por tomarse la molestia de leer!
