Disclaimer: El Manga/Anime Hetalia le pertenece a Himaruya Hidekazu.
Advertencia: AU, pareja España x Italia del Sur, personalidades MUY alteradas. Quizá OoC.
Te Odio Con Amor
° Capítulo IX °
-¿Te he dicho que dormiremos juntos?
-¡¿EHHHH?! – Y la verdad, sigo sin entender cómo es que conseguí exagerar y actuar tan histérico ante eso.
Tal vez malinterprete las cosas, porque al final lo que había dicho Antonio no era lo que yo esperaba. Un momento… ¿Qué se suponía que yo esperaba? Joder, con solo imaginarlo, me siento un puto pervertido. Fui tan idiota al olvidar que cuando Antonio dice algo, lo hace literalmente. Y claro, como no. Cuando él dijo "Dormir juntos", se refería a eso, a dormir nada más. Tsk… Soy un asqueroso mal pensado.
Pero bueno, de cierta forma era un alivio saber que eso que él había dicho no era "eso" que yo pensaba.
Sin embargo, yo no estaba conforme con la situación y claro que lo hice notar. O sea, joder… ¿Qué era peor que ver a Antonio todos los días en el desayuno, ratos libres y momentos de privacidad? ¡Exacto! Dormir con él, solo eso me faltaba, maldición.
Y lo que más me daba coraje de todo era que quién se tenía que "Mudar" de habitación ¡Era yo! Demonios… Con lo que me había costado instalarme completamente en la que era mi habitación, con todo el lío de ropa y demás cosas que traía encima; como para tener que trasladar nuevamente mis cosas hacia la habitación de ese bastardo idiota. Menos mal que Emma me había ayudado (Ah~ Esa chica era toda una dulzura). Aun así, mi humor estaba peor que siempre.
Pero bueno, decidí verle el lado positivo a la situación (Si es que había uno) y finalmente lo hallé. Quiero decir, mudarse a la habitación de Antonio no era del todo malo. Al contrario, ya había dicho antes que su habitación me gustaba bastante y obviamente no iba desaprovechar la oportunidad que ese idiota me regalaba para saciar mi morbo de curiosidad. Así que, sería grandioso pasar ahí unos cuantos días gozando de la comodidad del espacio.
Empero, siempre olvido que no debo emocionarme antes de tiempo. ¿Y por qué? Simple, porque si yo creía que eso de dormir con Antonio estaría bien, una vez más yo estaba equivocado.
Al principio todo era normal. Antonio me había ofrecido dormir con él en su cama y acepté solo porque era una cama "California King", y por consiguiente era muy espaciosa. Tan espaciosa como para mantener a Antonio lo suficientemente alejado de mí. Por lo tanto no había nada mal en eso. En el mejor de los casos, cada uno tenía su propio espacio personal para poder hacer lo que los "amigos" hacen por las noches: Dormir. Pero todo cambió drásticamente, porque cuando Antonio activaba su modo nocturno, era tan salvaje que literalmente era "Una fiera en la cama".
Todo empezaba a media noche, cuando después de quedarnos viendo programas televisivos o películas hasta tarde, al tonto español se le ocurrían preguntas existenciales sobre la vida.
-Oye, Lovi… – Con eso comenzaba mi desvelo por las noches.
-Dime… – ¿Qué más podía hacer que responderle? ¿Hacerme el dormido? No tenía caso.
-¿Estás despierto?
-Ajá… – ¿No era obvio? – ¿Qué quieres?
-¿Te has preguntado alguna vez qué es lo que hacemos aquí? Me refiero a… La misión que se nos ha sido encomendada al nacer. Aquello impredecible por lo que debemos seguir adelante sin importar cuántos errores cometamos, porque al final tu destino es cumplir con eso a lo que fuiste predestinado, tal vez antes de que tu alma fuera creada…
-¿Qué estupidez es esa? – Prendí la lámpara de mi mesita de noche y me giré rotundamente molesto a verlo. ¿Qué acaso no notaba que mis ojeras si eran reales?
-N-No te enojes… Solo una estupidez y ya. – Se tapó hasta la nariz con la frazada. – ¿No crees en el destino?
-… – Suspiré cansado. – Claro que creo en el destino, y tu destino ahora es dormir. – Apagué nuevamente la luz y me acosté. – Y ya cállate, que tengo sueño. – Di por terminada la conversación.
-Está bien. – Pasaron solo cinco minutos, tan insignificantes y eternos, en los que me recorrió una agradable sensación de comodidad, tan confortable que me hizo cerrar los ojos poco a poco hasta conseguir dormir nuevamente. – ¿Entonces como dices que se crearon las gallinas?
-¡Agh!… – Gruñí abriendo los ojos, irritado por aquella voz chillona que al parecer no quería dejar a mi cerebro descansar. – ¡Ya no me hables, déjame dormir…! – Metí mi cabeza debajo de la almohada estrujándola fuertemente para tapar mis oídos.
-¡Pero es algo importante! – Escuché que decía Antonio entre balbuceos. Decidí ignorarlo, mientras más fácil se aburriera, más rápido se dormiría.
Lo peor era que cuando él se dormía, había otra cosa que me impedía a mí dormir.
-¿A-Antonio? – Me acercaba y le daba pequeñas (Y bruscas) palmaditas en la cara. –¡Oye, despierta!
-¿Mmm, que pasa? – Preguntaba aún semidormido.
-Creo que hay un ratón por allá. – Señalé en dirección hacia el sofá de la esquina.
-¿Y? – Bostezó. – Solo es un ratoncito inofensivo.
-¡Claro que no, el cabrón no me deja dormir! – Prendí la luz. – Así que levántate y asústalo.
-¿Eh? ¿Pero por qué tengo que ir yo? – Hizo un puchero.
-¡Solo mueve tu trasero y ve! – Lo saqué de la cama de una patada. – ¡Fuera de aquí!
-¡Oye! – Se sobó la parte dañada. – ¿Y que se supone que debo hacer?
-¡Yo que sé, lánzale un zapato o algo!
Total, después de armar un pequeño desastre, por fin venía la calma. Cuando todo era paz y tranquilidad finalmente lográbamos conciliar el bendito sueño. Aunque no duraba para siempre porque el bastardo siempre me volvía a despertar con una patada en las piernas, o un puñetazo en la cara. ¡Mierda, ¿Acaso tenía algo en contra de dejar a un italiano dormir?!
-¡Estúpido, quita tu brazo de mi cara! – Le di un codazo en el hombro y como no me hacía caso, le pateé el estómago.
-Ay, ¿Qué te pasa? – Frunció el ceño sin abrir los ojos.
-¿Qué te pasa a ti? Son apenas las 3:00am y ya me has golpeado, imbécil. – Me di media vuelta y me cubrí bien con las mantas.
-¡Ya Lovino, deja de jalar las mantas! – Dijo molesto arrebatándome todo el edredón.
-¡Pero si tú las tienes ahí, todas hechas bolas! – Dije mirando como Antonio incluso las tenía en el suelo. – ¡Dámelas! – Las jalé hacia mí nuevamente.
-¡Deja de destaparme, tengo frío! – Genial… Lo que me faltaba, pelearnos por las putas frazadas.
-¡No seas egoísta, compártelas!
-¡Ay ya, tómalas! – Me dio la mitad.
-¡Ya era hora!
¡Puff! Posterior a eso, gracias al cielo lográbamos dormir SIN INTERRUPCIONES de ningún tipo. Por lo que ya terminábamos medio despertando hasta después del mediodía.
Había veces en que yo despertaba a Antonio de una forma no tan agradable:
-¡Bastardo, quita tu asquerosa y repugnante persona de encima mío! – Gritaba cuando el idiota se extendía a sus anchas en la cama, dejándome a mí en la orilla ¡Casi tirándome al suelo!
-¿Sabías que hay mejores formas de despertar a la gente? – Preguntaba girándose hacia un lado y se revolvía el cabello.
-Sí, las hay. Como por ejemplo, no roncar cerca de mi oreja. – Me levantaba muy molesto y le aventaba una almohada a la cara.
Aunque también había veces (Casi la mayor parte del tiempo) en las que Antonio me despertaba de una forma… demasiado "agradable" para mi gusto:
-Hey, Lovi~. – Primeramente empezaba por escuchar su voz, tan dulce y azucarada que me daban nauseas. – Lovi~ Lovi~ Despierta~. – Seguido de una risita algo boba. Y cuando el Sol me daba en toda la cara era cuando por fin me dignaba a despertar.
-¿Eh?… – Abría ligeramente los ojos, acostumbrándome a la luz y los volvía a cerrar nuevamente cuando me cegaba su blanca y resplandeciente sonrisa.
-¡Buenos Días~! – Me saludaba en un tono de voz muy extraño, a unos pocos centímetros de distancia, apoyando un codo en la almohada y recargándose en la palma de su mano, con esos ojos verdes tan… tan… ¿Extraños? – ¡Que adorable eres~! – Y me pellizcaba una mejilla para después levantarse lleno de alegría e irse felizmente a quién sabe dónde.
Desde entonces, así eran ahora todas las mañanas.
Joder ¿Cómo vivir con eso? Con un estúpido Antonio que por las noches me hacía confesiones perturbadoras (Como por ejemplo, que yo le gustaba a Francis… ¡Mierda!), además de hacerme enojar con sus tonterías y sus golpes accidentales; pero que a la mañana siguiente me haga ruborizar con estupideces como: "Eres un ángel tan adorable~", "Que lindo eres~" o "Tienes unos ojos muy bonitos". Porque sí, decía cosas como esas cuando creía que yo seguía durmiendo y no podía escucharlo. En serio ¡Incluso a veces me acariciaba el cabello! ¡Por Dios! ¡Empiezo a dudar de su sexualidad y eso me asusta! No, no hay nada de qué preocuparse, solo deben ser alucinaciones mías.
Como sea, eso ya no importaba… por ahora. Lo importante era concentrarme en el tema de la maldita fiesta que Antonio organizaría en la casa, y que de cierta forma me tenía obligado a asistir.
Al principio me asuste, porque Antonio había dicho que la fiesta duraría varios días. ¡Y estúpido fui al creerle! En serio, quería que la tierra me tragara. Afortunadamente y para mi salvación, después de hablar el tema con su amigo Francis, me entere de que realmente la fiesta solo duraría como máximo dos días (Lo común en todo el mundo); pero como los invitados venían literalmente de todas partes del mundo, por obviedad tenían que hospedarse varios días en algún lugar, y como no, para eso estaba la casa de Antonio. Bueno… Por lo menos podría refugiarme dentro de mi habitación, mientras aquellos extraños individuos salían a turistear por allí.
Aquella mañana nos despertamos supuestamente temprano para darnos un poco de tiempo en arreglar los últimos detalles antes de que los invitados llegaran. No había mucho que hacer, puesto que la noche anterior nos habíamos encargado de limpiar y todo eso, misma razón por la que ese "Levantarse temprano" en realidad había sido bastante tarde.
-Lovino, ¿Te encuentras bien? – Preguntó Emma una vez que estuvimos sentados desayunando en el comedor.
-¿Por qué lo preguntas? – Pregunté soso, cabeceando frente a mi plato de cereales.
-Te ves fatal. – Afirmó Govert sorbiendo su taza de café.
-¿Qué? – Bostecé. – Deja de fijarte solo en mí. Míralo a él. – Señalé a Antonio que tenía todo el cabello desaliñado, una camisa blanca de manga larga con las mangas demasiado largas a decir verdad, y esa típica expresión boba y sonriente de felicidad absoluta. – Al menos mi pijama es mejor.
-Ah, no. Si hablamos de pijamas, la mía es la mejor. – Comentó Francis presumiendo su camisón rosa. ¿Mencione que desde que empezó a dormir aquí, me levantaba viendo esa horrible visión de Francis en pijama? En serio, simplemente eso era una diarrea mental.
-Idiotas. – Bufó Govert.
-Chicos, chicos… Dejen de pelear. – Dijo Emma riendo por lo bajo. – Recuerden que deben alistarse cuanto antes, ya es tarde.
-De acuerdo. – Respondimos y subimos a nuestras respectivas habitaciones para… "Embellecernos" diría el bastardo de Francis. Joder, desde que ese idiota estaba ahí, no solo tenía que soportar sus tonterías y perversiones, sino que también me quería manosear públicamente. ¿Y Antonio que hacia ante eso? ¡Nada! ¡El estúpido solo se reía de mí, mientras yo sufría con su amigo!
-¿En verdad es necesario hacer esto? – Pregunté una vez solos en nuestra habitación.
-Ya lo habíamos hablado, Lovi. – Dijo Antonio tomándome de los hombros. – ¡Haré lo que sea si con eso te convences, pero no te arrepientas! ¡NO AHORA, POR FAVOR! – Se arrodillo y me abrazo de la cintura. – ¡TEN PIEDAD, LOVINO!
-¡M-Maldición, solo tranquilízate! – Lo levante de los brazos. – No quiero que te arrodilles ni nada por el estilo.
-Pero…
-Cállate. No me he arrepentido de nada, solo fue una pregunta. – Me di media vuelta. - ¿Sabes? Estoy cansado… A veces no sé lo que digo.
-Oh, ¿En serio? – Sonrió y me dio un abrazo que literalmente me hizo volar por los aires. – ¡Eres tan genial~!
-Sí, sí. – Me separe de él. – Ahora vete a la ducha, ya es tarde.
-¡De acuerdo! – Sonrió y se fue.
Y sin ningún sentido, involuntariamente sonreí también. Me abofeteé mentalmente al percatarme de esa acción. Demonios… Últimamente me estaba comportando muy raro, más de lo usual. Me recosté un poco sobre la cama, analizando determinadamente aquella razón por la que mi comportamiento estaba cambiando, no encontré ninguna posible respuesta a ese extraño fenómeno, solo supe que me quede dormido antes de razonar con claridad. ¿Y cómo lo supe? Porque Antonio fue quien me despertó.
-¡Hey, Lovino! – Me removí un poco al escuchar llamarme. – Te has quedado dormido, ¿No piensas ducharte?
-¿Qué…Qué hora es?
-Mmm… Creo que solo ha pasado una hora.
-Joder… – Me alborote el cabello. – Debiste haberme despertado.
-Lo siento, te veías muy cansado y quise dejarte dormir un poco más. – Dijo mirándose en el espejo acomodándose la camisa. – ¡Listo~! ¿Cómo me veo?
-Eh… – Lo miré de arriba abajo. Aquella camisa roja resaltaba sus bíceps y aquel pequeño escote en su pecho lo hacía verse formal y galante. Mire hacia su pantalón negro y… Tenía que admitir que Francis tenía razón ¡Antonio tenía un culo que… Joder, santa mierda… Me dejaba con un "Wow" atorado en la garganta! Y su cabello… Tan sedoso y desaliñado que le daba una aire bastante natural. Además de sus putos ojos… De ese puto color verde que te roba el aliento con tan solo mirarte. Y esa sonrisa tan blanca y resplandeciente que te ciega al destellar. Jamás admitiría que me había ruborizado al darme cuenta del tipo de cosas que había pensado frente a esa imagen de él; aunque tal vez el tono de color rojo me delataba de forma descarada.
-¿Y? – Pregunto dándose la vuelta. – ¿Qué tal ha estado? – ¡Eso sonaba como si hubiese escuchado todo lo que había pensado! Mierda… Espero no haber pensado en voz alta.
-No está mal. – Tosí tratando de actuar con naturalidad.
-¿Cómo, solo eso?
-Ahora, si me disculpas… – Lo interrumpí. – Debo alistarme. – ¡Putos sonrojos, definitivamente me ducharía con agua fría!
Dos horas más tarde, por fin todos estábamos listos. Nos encontrábamos en el recibidor con la intriga y a la espera de que llegaran los invitados. Govert había ido a recogerlos, pero ya se había demorado bastante. Emma, Antonio y Francis charlaban acerca de cuán emocionados estaban al reencontrarse nuevamente con sus viejos amigos. Y yo… Lo único que hacía era morderme las uñas aumentando mis nervios si es que eso era posible. ¡Ma-Maldición, ¿Por qué será que siempre le hago caso a las estúpidas propuestas de Antonio?! En momentos así me arrepentía infinitamente.
-¡Tony, llegaron~! – Anunció Emma.
-¡Fabuloso~! – Antonio sonrió ampliamente.
-¡Más que fabuloso, esplendido~! – Dijo Francis abrazándolo con emoción.
-Rayos… – Lamentablemente no pude acompasarme con la euforia de esos tres.
Al cabo de unos minutos, la gente comenzó a entrar.
-¡HELLO GUYS! – Gritó eufóricamente un chico rubio de lentes, agitando su mano hacia nosotros efusivamente. – ¡The Hero has come! – Reía muy fuerte a cada palabra que pronunciaba.
-¡Hola, Alfred! – Saludo Antonio con la misma emoción. – ¡Cuánto tiempo!
-H-Hi… Chicos. – Se escuchó decir tímidamente a otro chico increíblemente con un parecido físico similar al primero que había entrado. Tal vez eran hermanos o algo así.
-¡Oh, mon Dieu! – Exclamó Francis y corrió a abrazar al chico. – Matthew, mon amour… ¿Cómo has estado? Te hemos extrañado mucho.
-Eh… He estado bien, gracias por preguntar. – Respondió avergonzado estrujando suavemente el oso que traía en brazos… ¿O era un perro? Quién sabe.
-¿Qué tal están, perras? ¡El alma de esta asombrosa fiesta llegó! – Anunció Gilbert, el puto albino egocéntrico. Sin embargo, todos lo ignoraron, estaban demasiado ocupados atendiendo a los demás como para prestarle atención solo a él. Qué bueno.
-Guten tag… – Saludó formalmente… ¡¿LUDWIG?! ¡NO! ¡Solo eso faltaba, joder!
-Kon'nichiwa. – ¿También Kiku? ¿El amigo de mi hermano? ¿Qué rayos hacia ahí? Se suponía que estaría con Arthur, ¿No?
-¡Privet, chicos! – Esa voz... Claro, pertenecía al amigo de Antonio, al juez que nos había casado aquel día.
-Nǐ hǎo… Es un gusto verlos de nuevo. – Y obviamente también venia su "acompañante", el chico chino de la coleta larga.
Y como pude notar, verdaderamente era sorprendente estar rodeado de personas de diferentes nacionalidades. Sé que quizá no era la gran cosa, pero hey, no siempre pasa. Algo por lo que era más que épico.
Ahora que recordaba, nadie me había saludado, aunque creo que era obvio si nadie me conocía. Y la verdad es que lo prefería así, mientras más pasara desapercibido ante el resto, mucho mejor. Volteé a mi derecha en busca de Antonio, pero él ya no estaba. De hecho ni Francis ni Emma estaban. ¿A dónde demonios se habían ido? Solo me había distraído unos minutos mirando a los amigos de Antonio y después ellos desaparecieron de la nada. Y posteriormente, centenares de italianos (Que yo ni conocía) entraron como si nada en la casa a hacer de las suyas. Llegando a un punto en el que la casa casi reventaba de lo llena que estaba.
Y allí estaba yo, de pie en medio de la multitud no sabiendo exactamente qué hacer. Opté por escabullirme hacia la cocina para volver a entrar en mi burbuja de privacidad, pero choque contra alguien antes de llegar.
-Disculpe… – Dije.
-¿Lovi? ¡Te he buscado por todas partes! – Ah, era Antonio.
-¿Qué quieres?
-Ven, quiero presentarte a alguien. – Me tomó descaradamente de la mano y me arrastro con él, abriéndose paso entre la multitud.
-¿Qué? ¿Y quién dijo que quiero ir? – Estruje su mano fuertemente para que me soltara.
-Claro que quieres. Te encantará. – Entrelazo sus dedos con los míos. No opuse resistencia. Éramos "esposos" después de todo… Por lo menos eso era lo que todos debían creer, de lo contrario estaríamos en serios problemas.
-¿Pero a donde me llevas?
-¡Es una sorpresa~! – Sonrió ampliamente.
Así que, después de soportar todos los empujones, pisotones, manoseos discretos y disculpas falsas, por fin nos libramos de toda la asquerosa y agobiante multitud, llegando al jardín.
-Cierra los ojos. – Me dijo.
-¿Cómo para qué?
-Ya te lo he dicho, es una sorpresa.
-¡Me voy a caer! – Fui lógico.
-Agh… Solo ciérralos ¿Quieres? – Me soltó de la mano y se colocó detrás de mí, tapándome los ojos con sus propias manos. – Si te caes, aquí estoy yo para impedirlo. – Rió. – Además, solo faltan unos pasos más.
-Espero que no estés tramando nada malo.
-Tú solo confía.
-Bien… – Comencé a caminar muy despacio. Tal vez el recorrido fue mínimo, pero para mí duro una eternidad, hasta que de pronto nos detuvimos.
-¡SORPRESA~! – Gritó entusiasmado y me destapó los ojos rápidamente.
-P-Pero… – Abrí los ojos desconcertado. – Aquí no hay nada.
-Lo siento. – Soltó una risita boba. – Ahí no es. – Giró mi cabeza hacia la derecha. – Es aquí. – Eché un vistazo hacia lo que Antonio estaba señalando y… casi me desmayo.
Lentamente las comisuras de mis labios se elevaron formando una ridícula sonrisa, al mismo tiempo en que mis ojos literalmente desbordaban brillos y destellos de felicidad absoluta. Todo eso hacía de mi rostro una expresión boba e idiota. ¿El motivo? Nada más ni nada menos que el pianista favorito de toda mi familia. ¡Exacto! ¡Tenia frente a mí a Roderich Edelstein, el pianista y compositor prodigio más famoso del mundo! ¡Aquel que tocaba música digna de los propios ángeles! ¡Joder, qué emoción! En verdad nunca creí que llegaría el día en que por fin lo conocería. Me sentía tan feliz… Él significaba mucho para mí, lo admiraba bastante, mi familia lo admiraba, lo amábamos, amábamos su trabajo… Todo de él era hermoso. Aunque suene mal, si me lo propusieran, sin duda me casaría con ese hombre. Maldición, era tan grande mi euforia que no sabía realmente qué decir o cómo actuar. Absolutamente ese era uno de los mejores días de mi vida, y todo gracias a Antonio.
-¡Pero no te quedes ahí, vamos a saludarlo! – Propuso Antonio sacándome de mi fanatismo, igual o más eufórico de lo que yo estaba. – ¡Hey, Rod! – Agitó efusivamente su mano llamando la atención del susodicho que se encontraba hablando con una señorita.
-¿Antonio? – Volteó a verlo con una mueca de desagrado total.
-¡El mismo! – Rió tontamente.
-¿Tony? – Preguntó la señorita. Era una chica de ojos verdes, cabello castaño, largo y ondulado, que traía una flor en el mismo. ¡Era toda una belleza!
-¿Elizabeta? – Preguntó Antonio tratando de reconocerla. – ¡Que guapa te encuentras hoy! Aunque no es algo que sorprenda, tú siempre has sido hermosa. – Le dedicó una sonrisa galante y ella sonrió apenada. Que patético… Ligando nivel: Bastardo. – ¡Oh, chicos! ¿Cuánto tiempo ha pasado? ¡Los eché mucho de menos! – Se abalanzó sobre ambos y los envolvió en un gran abrazo que solo la chica correspondió.
-También te extrañamos mucho Tony, ¿Verdad, Rody?
-Tal vez… Quizá no. – Se encogió de hombros.
-Eres cruel Rod. – Lloriqueó Antonio.
-¿Y a que has venido? ¿Sabías que interrumpiste mi charla sobre mis recientes composiciones? – Roderich se cruzó de brazos molesto. – Espero que valga la pena y no me hagas perder el tiempo. – Vaya… Su forma de hablar me asustaba bastante, jamas pensé que aquel hombre fuera más estricto (Hijo de puta) y directo de lo que aparentaba.
-¿Qué? ¡No es una pérdida de tiempo! – Antonio frunció el ceño. – ¡Es más importante de lo que crees, maldición!
-Ah, con que ahora dices palabras altisonantes, ¿eh? – Bufó. – ¡Qué indecente!
-Pues discúlpame, no fue mi intención. – Rodó los ojos. – Tal vez alguien me ha contagiado. – Me miró acusadoramente. – En fin… – Tomó aire y recobró nuevamente su expresión alegre. – Les quiero presentar a Lovino, mi esposo.
-¡¿TU QUÉ?! – Gritaron al unísono exaltados.
-Mi esposo. – Repitió y me presentó. – Ellos son Elizabeta y Roderich.
-Es un honor conocerlos. – Saludé y estreché la mano de cada uno. – Sobre todo a usted, Señor Edelstein. Mi familia es fiel seguidora suya, y hemos seguido muy de cerca su carrera artística desde sus inicios. Si permite mi atrevimiento, quiero decirle que usted es el mejor pianista y compositor de todos los tiempos, el mejor de los mejores. Y me honra tanto el hecho de contar con su magnífica presencia. Me considero una persona afortunada. – Esperaba que por lo menos mi monologo se hubiese escuchado entendible, ya que con tanta mezcla de emociones que experimentaba mi cabeza en esos momentos, lo único que yo había entendido era un trabalenguas indescifrable. ¡Malditos nervios! Jamás me había sentido tan agitado en mi vida como en esta ocasión. En serio, sentía que todo el cuerpo me temblaba.
-Así que… – Carraspeó el pianista y se acomodó sus gafas. – ¿Solo eres un fanático más de mi música?
-Es más que fanatismo, señor. – Respondí sincero. – Yo de verdad lo admiro a usted y a su trabajo.
-Y dime… ¿Tocas algún instrumento musical? – ¡Oh, Dios mío! ¿Él interesándose en mi pasión musical? ¡Joder, no me despierten aun, quiero seguir soñando!
-¿Bromeas, Rod? – Interrumpió Antonio. – ¡Él toca piano, flauta, guitarra, violín, batería y…! – Decidí codearlo antes de que siguiera engrandeciendo mi ego.
-En realidad, no soy muy experto tocando el piano. – Reí incómodamente. – P-Pero mi abuelo… Él verdaderamente lo es. De hecho sabe tocar partituras que usted ha compuesto. Y además, él se inspira en su trabajo para componer alguna canción.
-Vaya… – Sonrió de lado. – Me halaga que mi música signifique para ustedes lo mucho que significa para mí. La música es arte, no cualquiera sabe apreciar el arte. Y me complace oír que ustedes verdaderamente lo aprecian tanto como lo expresas en tus palabras de regocijo. Personas como ustedes son las que necesita el mundo para enorgullecer el nombre de la música clásica. Así que, permíteme manifestar mi mayor gratitud hacia tus cordiales palabras de admiración.
-Oh, muchas gracias. – Estreché nuevamente su mano. – Este día es magnífico.
-Y… Supongo que querrás un autógrafo o algo, ¿Cierto? – Asentí tímidamente. – ¿Tienes un bolígrafo?
-Seguro. – Afirmé y le entregué un marcador. Yo venía preparado para todo (Ok… Tal vez lo había hurtado, ¡Pero qué importaba eso ahora!).
-Firmaré tu pañuelo. – Dijo acercándose a mi cuello y tomó un trozo de tela para anotar una pequeña dedicatoria. – Excelente. – Me entregó de vuelta el marcador y rebuscó algo entre su abrigo. – Dale esto a tu abuelo como muestra de mi gratitud. – Me obsequió su reloj de bolsillo. Era de oro y traía su nombre grabado en la parte posterior.
-¡Te he visto, podrido señorito! – Gritó Gilbert saliendo de entre los arbustos señalando a Roderich. – ¡No dejes que te engañe, él ahora solo está aparentando! – Me dijo soltando una fuerte carcajada. – ¡Escucha y sorpréndete! – Se acercó al susodicho y le pasó un brazo por encima del hombro. – Él habitualmente es súper tacaño. En su casa solo preparan comidas austeras. – Tocó con desprecio su abrigo. – Y mira esto, solo se pone ropa vieja.
-¡B-Basta! – Le gritó avergonzado ante la situación. – Eso es… P-Para ahorrar.
-Entonces ya que ahorras, ¿Podrías hacer que tu comida sea más fastuosa? No me gustan las sobras que tanto comes. – Comenzó a carcajearse.
-Eres un idiota. – Dijo Roderich acomodándose las gafas.
-¡Mejor ser idiota, que avariento como tú! – Le gritó de vuelta.
– Ah… – Bufó molesto ignorando todo el parloteo que Gilbert estaba haciendo en contra de su persona y se dirigió hacia mí. – Sí alguna vez quieres aprender música verdadera, llámame. Estaré complacido de asesorarte personalmente. – Dijo dándome una tarjeta con su nombre, dirección y teléfono. – Por cierto… No me llames "Señor", sigo siendo joven. – Frunció el ceño. – Ahora, con su permiso, nos retiramos hacia el buffet. – Hizo una reverencia y se alejó del brazo con Elizabeta, mientras continuaba su disputa con el albino egocéntrico.
-¡Los veo luego, chicos! – Gritó ella desde lo lejos.
Una vez solos, por fin pude tirarme en el césped incrédulo y gritar como loco de la emoción que aparentemente no se iría tan rápido. Simplemente todo había sido épico. Ya imaginaba la cara de mi abuelo cuando le dijera que estuve a menos de un metro cerca de su pianista favorito ¡Babearía de la emoción! Tanto como lo estaba haciendo yo en esos momentos.
-¿Y qué tal estuvo? – Preguntó Antonio riendo mientras me ayudaba a levantarme. – Te dije que te iba a gustar.
-¿Bromeas? ¡No tengo palabras para describir lo grandioso que fue! – Acompañé su risa. – ¡Debiste haberme avisado antes, tonto! Por lo menos para lucir bien ante él.
-¡Tonterías, luces muy bien ante mí! – Sonrió. – No necesitas ponerte guapo, tú ya eres guapo. – Guiñó un ojo.
-… – Reí ante su inocencia. – Pues… En verdad, muchas gracias. Este ha sido uno de los mejores días de mi vida. Me siento muy feliz justo ahora. – El fanatismo me pone cursi frente a todos. – Debería enaltecerte por ello.
-No, nada de eso. – Rió y se rasco la nuca. – Si Lovi es feliz, yo también lo soy. Y me hace muy feliz hacerte feliz… – Tomó su mentón pensativo. –Quiero decir que en verdad me siento feliz ahora que eres feliz, a lo que me refiero es… – Antes de que siguiera balbuceando más, me acerque a él y lo abrace ligeramente con toda sinceridad para expresar mi mayor gratitud. No sé por qué lo hice, mi cuerpo se movió solo. ¿Pero qué mierda se suponía que hiciera en vez de eso? Soy demasiado hermético y no soy propenso a dar afecto fuera de mi casa. Por lo que un abrazo era la única forma más allegada a expresar mi apego. Así que ese bastardo debería estar agradecido por todo el gran esfuerzo que estaba haciendo por él, tirando mi dignidad al estiércol.
-Gracias… – Le susurré en el oído. Él no respondía nada. Empezaba a creer que tal vez estaba molesto por no dejarlo terminar de hablar. Ciertamente me sentía inseguro, así que decidí que separarme sería lo más adecuado, pero justo en ese momento él me correspondió el abrazo, y nos quedamos así durante unos minutos. Fue una extraña sensación y esos minutos juntos se alargaron más de lo esperado. – Eh… – Carraspeé. – Ya puedes soltarme. – Anuncié.
-¿Qué? Ah, c-claro… L-Lo siento, solo me deje llevar. – Desvió la mirada avergonzado. Pude notar un rubor en sus mejillas. – B-Bueno, iré a ver como esta todo. – Sonrió incómodo. – ¡Nos vemos luego! Diviértete. – Terminó de decir y salió disparado corriendo hacia el interior de la casa dejándome claramente desconcertado.
Opté por no darle mucha importancia al asunto y rápidamente me dirigí a tomar un atajo hacia mí (nuestra) habitación. ¿Era obvio que tenía que guardar con mucho recelo lo que me había obsequiado Roderich, cierto? Así lo hice, me escabullí sin ser visto hasta llegar a la habitación, donde nuevamente en privado recobre la euforia y grite frente a una almohada liberando mis frustraciones entusiastas, para después brincar en la cama desordenando todo a mi paso. Una vez realizadas esas cosas absurdas, guarde mi pañuelo y el reloj de bolsillo en un lugar seguro donde nadie podría hurtarlos. Posteriormente decidí bajar con los demás, después de todo era una fiesta. Y aunque yo odiaba las fiestas en lo más recóndito de mi ser, le había dicho a Antonio que estaría allí, era lo menos que podía hacer después de la enorme sorpresa que me había dado.
Me abrí paso entre la multitud y me colé hacia la cocina para tomar algún objeto comestible sin que Emma se diera cuenta y me regañara. ¿Y por qué no? También tenía planeado estar ahí la mayor parte del día. Sin embargo, la alegría no me duró para siempre, porque de pronto entró a la cocina un tipo muy raro. Era alto, de cabello marrón oscuro, con una pequeña barba en el mentón y una peculiar máscara que únicamente cubría sus ojos y parte de su nariz (¿Acaso era una fiesta de disfraces o algo?). Simplemente tenía un aspecto aterrador, sobre todo en el mal gusto de vestir.
-Vaya, vaya… Al parecer hoy es mi día de suerte. – Dijo recargándose en el marco de la puerta para después caminar hacia mí. – ¿Cómo te llamas, chico?
-… – Tenía una muy mala pinta, pero quizá era amigo de Antonio, así que debía tratar de mantener una conversación neutral. – Soy… Soy Lovino. – Respondí inseguro viendo como cada vez se acercaba más a mí.
-Sadiq Annan. – Respondió tomándome la mano y besándola. – Encantado. – Sonrió de lado. ¿Acaso ese bastardo intentaba ligar conmigo?
-Claro… – Dije con un poco de asco. En serio, estaba haciendo un gran esfuerzo para no soltarle un puñetazo a ese maldito marica.
– Y me supongo que debes ser el esposo de Antonio, ¿Correcto?
-¿Cómo lo sabe?
-Por favor, háblame de tú. – Sonrió lascivo y sin soltar mi mano, comenzó a frotarla con su otra mano ¡Estaba manoseándome! – Lo sé porque los he visto abrazados en el jardín, es irrazonable no pensarlo. Antonio no es del tipo infiel que juega con su pareja.
-Parece que conoces bien a Antonio. – Fruncí el ceño. Algo andaba mal.
-Claro que lo conozco. – Avanzó hacia mí, y poco a poco fui retrocediendo hasta topar con la barra, sin posible escapatoria. – Así como también tengo el conocimiento de que todo lo que es de Antonio, también es mío.
-¿A qué te refieres? – Pregunté incrédulo.
-Oh, pero mírate… Eres hermoso. – Dijo tocándome el rostro con el dorso de su mano. – Antonio ha sido muy gentil al escoger una conquista como tú, últimamente tiene buen gusto. – Descendió una de sus manos hasta mi pecho y la frotó.
-¡QUÍTAME TUS PUTAS MANOS ASQUEROSAS O LO VAS A LAMENTAR, IMBÉCIL! – Lo empujé y traté de zafarme de su agarre, yo era muy fuerte, pero en ese caso simplemente fue inútil, ese hijo de puta era mucho más fuerte que yo.
-Oh, pero que labios tan lindos y obscenos tienes. – Dijo acariciándolos suavemente con su pulgar. – Antonio no es muy bueno educando, ¿Será mejor enseñarles nuevos modales, no crees? – Poco a poco se fue acercando hasta que pude sentir su respiración sobre mí.
-¡Suéltame, hijo de puta! – Intenté defenderme pero cada cosa que hacía era en vano.
-Grita todo lo que quieras, nadie puede escuchar. – Rió con superioridad. – Ahora, ven aquí. – ¡Me iba a besar el muy cabrón!
-¡Déjame, maldita sea! – Grité justo cuando creí que ya era tarde.
-DÉJALO EN PAZ. – Irrumpió una voz tenue y suave, pero a la vez concisa y autoritaria proveniente de la entrada. Aquella voz era tan gélida que incluso provocaba escalofríos espirituales. Ambos nos giramos hacia la persona que había sido, o la culpable de estropear un gran momento, o en su defecto la salvadora de evitar un trágico suceso, según se vea el caso.
-¿Así que eres tú? –Preguntó Sadiq restándole importancia al asunto.
-Lárgate de aquí. – Respondió aquel joven de semblante serio y pacífico, tez pálida, ojos ultravioleta impávidos que a la vez denotaban agresividad y superioridad, cabello rubio y sedoso que caía elegantemente sobre su frente acompañado por un brillante prendedor azul en forma de cruz, y claro, un peculiar ceño fruncido que imponía en cualquier lugar.
- Sin duda este es mi día de suerte. – Rió con altanería. – Oh, querido Lukas… ¿Cuánto tiempo ha pasado desde aquella vez? Seguro debes extrañarme.
-Deja al joven tranquilo y aléjate de aquí si no quieres problemas.
-¿No me digas que estas celoso? – Finalmente Sadiq me soltó y se dirigió directamente hacia el chico. – Bien sabes que no hay nadie que se compare, tú eres único. – Le acarició el rostro de igual forma en que lo había hecho conmigo.
-¡No te atrevas a tocarme! –Apartó bruscamente la caricia de un manotazo y tomó el cuello de Sadiq jalándolo hacia él con agresividad. – ¡De lo contrario, te haré añicos yo mismo! Ahora vete, nadie requiere tu indeseable presencia por aquí.
-Está bien, está bien… – Soltó una carcajada sarcástica. – Tranquilo, haré lo que tú digas querido. – Alzó los brazos inocentemente mientras se dirigía a la puerta para salir. – Pero esto no se termina aquí. – Dijo volteando hacia mí. – Tú serás mío y no creas que Antonio estará allí para impedirlo, no tendrás tanta suerte como Lukas. Hasta entonces, prepara tu culo. – Rió y finalmente salió.
¿Qué acababa de pasar? No, en serio… ¿Me había perdido de algo? ¿Qué demonios sucedía? Si se suponía que ese tal Sadiq era amigo de Antonio… ¿Cómo carajos quería traicionar a su AMIGO violando a su ESPOSO? ¡No tiene lógica! Creí que aquí el único homosexual era Francis… Ya veo que me equivoque, pues al parecer sospechosamente estaba rodeado por un mundo homosexual. Eso realmente no me importaba en lo absoluto. Lo realmente preocupante era que, joder… Yo le había gustado a aquel tipo y no solo eso, sino que ese imbécil había afirmado que prácticamente me tomaría a la fuerza. Para colmo tenía razón en decir que Antonio no impediría nada, era cierto… Quiero decir, ¿Por qué Antonio se molestaría en pelear con un viejo amigo con el que ha convivido muchos años, por un supuesto amigo ajeno a quien apenas conocía? Era obvio que Antonio no me defendería… ¡Que rayos! ¡No es como si necesitara que alguien me defendiera! Yo era un hombre muy fuerte que sabía cuidarse bien solo. Sin embargo, tenía que admitir que sentía un poco de miedo… ¡Y como para no sentirlo! Si un hombre de dudosa procedencia viene y dice que me hará suyo, simplemente es para desconfiar de cualquiera.
-Me imagino que debes ser amigo de Antonio. – Me dirigí al joven rubio que seguía ahí. –Lamento que hayas tenido que presenciar lo anterior. – Mentí. – Te ofrezco Disculpas. – Extendí mi mano esperando a que él la tomara ¿Qué bien me veía siendo educado, no? – Soy Lovino Vargas…
-… – Miró mi mano déspota y recorrió mi cuerpo con la mirada de arriba abajo. – ¿Así que tú eres el esposo de Antonio? – Preguntó en un modo de denigrar mi persona congelándome con su gélida mirada para después estrechar mi mano. –Soy Lukas Bondevik… Es un placer.
-El placer es todo mío. – Volví a decir esta vez estrechando también su mano. ¿Qué debía hacer ahora?
-Y dime Lovino… ¿Desde cuándo es que eres parte de esta farsa? – Me miró expectante.
-¿Qué? – Maldición… ¿Estaba hablando de mi falso matrimonio? Joder, ¿Dónde estaba Antonio cuando más se le necesitaba? – No sé de qué hablas.
-Tú no quieres a Antonio. – Afirmó con el rostro perenne.
-¿Qué te hace pensar eso? – Fruncí el ceño.
-¿Qué te hace a ti no pensarlo? – Cruzó los brazos.
-No tengo por qué darte explicaciones de mi relación con Antonio. – Dije molesto.
-Ni siquiera existe una relación.
-Claro que existe. – Pasé a su lado, empujándolo en el progreso para salir de la puerta. – Pero eso es algo que no es de tu incumbencia. – Creí que evitándolo sería la mejor forma de cesar sus sospechosas preguntas. Sin embargo, no conté con el hecho de que me siguiera hasta la gran multitud de personas que se encontraban en el lugar… ¡Lo que faltaba!
-Aún no he terminado de hablar contigo. – Dijo con esa maldita tranquilidad que crispa los nervios.
-Pero yo contigo, sí. – Traté de escabullirme sin verme sospechoso frente a la gente, pero fracasé en el intento. Ya estaba acostumbrado a que la gente me viera raro, pero en aquella ocasión prefería que no lo hicieran. Viendo a Lukas esquivando toda la gente que yo le echaba encima, sin fijarme me resbalé con un pedazo de Hot Cake bañado en miel que estaba tirado en el suelo. Haciendo el ridículo con movimientos mucho más ridículos hice todo lo posible por mantener el equilibrio y no caer. Casi lo lograba cuando sin querer empujé a una persona que al darse vuelta me ayudó a recobrar la compostura nuevamente.
-¡AQUÍ ESTA CHICOS, LO ENCONTRÉ! – Gritó fuertemente mientras me sostenía del brazo. Traté de reconocerlo, era aquel chico rubio de lentes que gritaba mucho, su nombre era…
-¡ALFRED! – Gritó en la misma tonalidad de voz otro rubio alto de cabello alocado. –¡BIEN HECHO! – Rió y se acercó a nosotros. – ¿Pero estás seguro de que es él?
-¡POR SUPUESTO, MIKKEL, NO DUDES DE MÍ! – Carcajeó. – Elizabeta dijo que tenía un rizo anormal en la cabeza. – Señaló mi rulo. – No creo que esto sea un disfraz.
-¡GENIAL!
-¿Y Antonio?
-Está allá… – Señaló. – ¡HEY, ANTONIOOO! – Gritó agitando su brazo tratando de captar la atención de un confundido Antonio que no sabía quién le estaba hablando, al que por cierto casi le pegan con un zapato volador. – ¡VEN, AMIGO! – Obedeciendo, vino hasta nosotros y nos saludó… Otra vez.
-¿Qué pasa, chicos? – Rió apenado por lo del zapato.
-¿No hay algo que debas decirnos? – Preguntó Alfred.
-Eh… ¿Yo? – Ladeó la cabeza. – ¿Cómo qué?
-¡No te hagas! – Mikkel le dio un golpecito en el hombro. – ¿Cuándo nos vas a presentar a tu esposo?
-A-Ah… E-Eso. – Avergonzado se rascó la nuca. – C-Claro… N-No creí que lo notarían. – Murmuró.
-Sí, Antonio… Presenta. – Dijo Francis apareciendo de la nada codeando a Antonio en el brazo y guiñando un ojo ¡Será cabrón!
-¡Si, presenta! – Dijeron.
-¡Vamos, preséntanoslo! – Volvieron a decir.
-¿Qué esperas, Antonio? ¡Anda! – Dijeron una vez más.
-¡Vamos! – Lo animaron.
-Bien… S-Supongo que… – Antonio me miró apenado y me tomó del brazo. – Él… É-Él es mi e-esposo… Su nombre es Lovino. – Tragué saliva fuertemente y traté de sonreír ligeramente, aunque al juzgar por sus rostros, tal vez ellos creían que me dolía el estómago.
-Ciao… – Dije levantando mi mano en forma de saludo. Después de eso empezaron con silbidos, aplausos y toda clase de estupideces que hacen ridiculizar a cualquiera, para posterior a eso empezar a gritar…
-¡BESO, BESO, BESO! – Un momento… ¡¿Desde cuándo Antonio y yo éramos ya el centro de atención? Que yo recuerde solo estábamos frente a tres personas ¡No en medio de toda la maldita multitud! ¿Y qué… Qué demonios aclamaban? ¿Un beso?
-Lo siento Lovi… Hoy nos toca. – Dijo Antonio jalándome de los hombros hacia él.
-¡Estás loco! – Susurré.
-Confía en mí. – Susurró de vuelta y me tomó del rostro con ambas manos.
-¡BESO, BESO, BESO! – Seguían aclamando. Cada vez que decían un "Beso", Antonio me acercaba un centímetro más hacia su rostro. Llegó un punto en que estuvimos tan cerca en el que creí que el momento llegaría. Todos de repente se mantuvieron en silencio a la expectativa de esperar aquel suceso no visto todos los días en el que dos hombres se besan públicamente. Incluso yo lo esperaba, quiero decir… Antonio se veía muy convencido de hacerlo, a veces podía dar miedo por tanta seriedad. Cerré los ojos fuertemente esperando "eso", pero nunca llegó.
-Lo siento chicos, no puedo… – Dijo Antonio carcajeándose con nerviosismo y revolviéndome el cabello. – Soy muy tímido para estas cosas. – Se miró las uñas con inocencia.
-¡Jaa! – Exclamó Mikkel con ironía. – ¿Tu tímido? ¿Desde cuándo?
-Sí, Antonio, como si fuéramos a creer esa mentira. – Rió Alfred.
-¡No es una mentira! – Hizo un puchero.
-¡A VER, USTEDES! – Escuchamos a alguien gritar desde el fondo. Era Lukas. – Continúen con la fiesta, aquí no habrá ningún beso, así que adiós. – Le dijo a toda la gran masa frente a nosotros, quienes protestaron decepcionados volviendo a sus propios asuntos. – Y tú, idiota… – Caminó enfurecido hacia Mikkel y lo jaló bruscamente de su corbata para igualarlo a su altura. – ¿No te cansas de poner en ridículo a la gente?
-Pero Lukas, mi amor… Solo era una broma entre amigos.
-Nada de "mi amor" – Le picó los ojos con sus dos dedos. – Ya habíamos hablado de esto, deja de ridiculizar a las personas que son cercanas a ti. ¿Dónde está tu respeto Mikkel?
-Tienes razón… Supongo que… – Nos miró y se rascó la nuca. – Les pido disculpas si les he hecho pasar un mal momento de incomodidad, no era mi intención hacerlo. –Antonio y yo nos miramos atónitos no sabiendo realmente que decir.
-Ah-Ah… – Antonio sonrió apenado. – N-No te preocupes, no pasa nada. ¿Por qué no vamos a tomar algo? – Él otro asintió. – Excelente, nos vemos luego Lovi. – Se despidió.
Una vez terminada la conversación, decidí largarme de ahí. Me tenía harto ese ambiente. Lo único que quería era irme y no poner ninguna faceta amable ante nadie que se acercara. Solo quería descansar. Pero claro, una persona me lo impedía hacer.
-¿Ya vas admitir por fin que tú no quieres a Antonio? – Preguntó Lukas insistiendo aun cuando nos encontrábamos sentados en el césped alejados de todos.
-Maldición… ¿Por qué mierda piensas eso? – Pregunté cabreado.
-Bueno, es obvio que no conoces a Antonio realmente.
-¿A qué te refieres?
-Bueno… Digamos que Antonio es muy posesivo ante las cosas que él quiere y son suyas… A veces llega a ser muy violento por ello.
-¿Y qué tiene que ver eso con esto?
-Que si tú lo quisieras o mínimo llevarán una relación en serio, me pedirías a mí que no le contara nada al respecto del momento en el que estabas con el idiota de Sadiq a solas en la cocina. Porque no tienes idea de lo que Antonio le haría a ese tipo si se llegara a enterar, sobre todo a él, con quién no se lleva muy bien que digamos.
-¿Así que solo es eso, eh? – Bufé. – ¿Crees que no me preocupo por Antonio por el simple hecho de que no le oculto cosas? Mira, hay algo que se llama "Confianza de pareja" y es una base importante en cualquier relación. Además… Si Antonio se molestara por el incidente de la cocina y quisiera matar a ese tal Sadiq, ¿Qué más da? Nos haría un favor, tanto a ti como a mí.
-Es un buen punto. – Tocó su mentón pensativo. – Aun así, sé que mientes. Quizá Antonio y tú son muy buenos amigos, tal vez los mejores, pero en su relación no hay nada más que eso, una simple amistad.
-¿Y por qué crees tener razón?
-Porque yo era igual que tú… – Fruncí el ceño desconcertado a lo que él sonrió muy levemente y suspiró. Algo me decía que vendría una historia bastante larga. – Mis padres son empresarios reconocidos en Noruega, pero hace tiempo estuvieron al borde de la quiebra total de todas las empresas, no había salvación, a excepción de hacer algún tratado con alguna otra empresa que estuviera en su época de auge y pudiera ayudarnos a levantar la nuestra. No hubo una mejor forma de cerrar el trato que la de comprometer a los primogénitos de cada compañía. Pero ese era el problema, ambos éramos hombres; sin embargo eso no detuvo a nadie de impedir cerrar el convenio. Claramente me sentía en desacuerdo ante eso, pero decidí no decir nada porque quería que mi familia saliera adelante de esa mala situación por la que atravesábamos, sobre todo por mi hermano, quería asegurarle un futuro para que él no tuviera como alternativa hacer lo mismo que yo tenía obligado a hacer. Recuerdo que los primeros días de comprometerme con Mikkel lo odiaba a muerte; siempre hemos sido personas muy diferentes, y fueron esas mismas diferencias lo que yo más detestaba de él, puedo decir que es la persona más estúpida a la que he conocido jamás. Pero… A pesar de eso, hemos pasado mucho tiempo juntos y ha sido su misma idiotez la que me ha hecho quererlo de una forma tan recóndita que ni siquiera yo mismo puedo describir, aunque no lo admitiré nunca…
-¿Por qué me cuentas todo esto? – Pregunté notando que su historia me resultaba bastante familiar.
-Porque yo sé que tú historia con Antonio empezó con algo similar a esto. –Tal vez no se equivocaba. – Y también sé que terminara de la misma forma.
-¿A qué te refieres?
-A que terminaras amando a Antonio tanto como ahora lo desprecias.
Vaya que esa afirmación me caía como un balde de agua fría en la cabeza. Ya eran dos personas que me decían lo mismo. Primero Arthur con sus indescifrables indirectas, y luego Lukas con esa extraña forma de argumentar cosas inéditas, incluso creo que Feliciano también lo creía. Aunque simplemente no podía comprender esa perspectiva sobre mi vida, quiero decir, yo mantenía una amistad de lo más normal con Antonio, no habría forma de que termináramos "juntos", la simple idea era espantosa.
-Eso no sucederá, yo no soy tú. – Le miré seriamente.
-Si tú lo dices… – Se encogió de hombros. – Entonces, ¿No me vas a contar nada?
-¿De qué?
-De cómo conociste a Antonio.
-No tengo por qué decirte nada. – No podía decirle nada, la vida de Antonio dependía de ello.
-¿Eso quiere decir que después de todo lo que te he contado aún no confías en mí?
-¿Por qué he de confiar en un tipo raro que habla solo?
-¿Hablar solo? ¿Quién te ha dicho eso?
-Nadie, yo te he visto cuando estabas en el jardín hablándole a los árboles.
-¿Hablas de esto? – Se quitó su prendedor azul y me lo mostró. – Es un teléfono… hablaba con mi hermano.
-… – Me sentí un completo estúpido ante eso.
-¿Ya me dirás? – Insistió.
-Está bien… – Suspiré cansado. – Con la condición de que me regales uno de esos teléfonos en forma de prendedor. – Señale la pieza.
-Dalo por hecho. – Sonrió levemente.
-Bien… ¿Por dónde debería comenzar…?
¿Obviamente por el principio, cierto? Así que comencé a relatarle a Lukas toda mi pequeña historia desde la primera vez que conocí al bastardo de Antonio. Seguido de la vez que lo presenté ante mi familia para hacer oficial la noticia del matrimonio, el día de la boda, cuando me mudé a su casa, mi odio hacia él, mi primer maldito esguince, su amigo Francis, su extraño comportamiento, sus dadivosas muestras de afecto, mi vergüenza, mis ganas de matarlo, nuestra extraña amistad, su desmesurada estupidez, la risa que secretamente me provocaba todo eso, sus pucheros, sus sonrisas, su cálida mirada, su aparente inocencia… En fin, un montón de cosas relacionadas a Antonio. Al fin y al cabo tenía que desahogar toda mi frustración acumulada a lo largo de esos meses con alguien, y Lukas era el elegido. Cuando terminé, él no dijo nada… Solo se quedó un largo tiempo mirando hacia la nada muy pensativo.
-Así que… ¿Antonio es tu "amigo", eh? – Claramente sabía algo que quizás no me contaría.
-Eso dice él.
-¿Y qué opinas tú al respecto?
-No lo sé… Es difícil tratar de explicar, todo está lleno de contradicciones.
- ¿Y no te trata mal o algo por el estilo?
-No, al contrario… – Hice una mueca al recordarlo. – Desgraciadamente me trata demasiado bien… tal vez más de lo que debería...
-… – Suspiró. – ¿Sabes? Jamás hubiese imaginado algo así de Antonio.
-¿A qué te refieres?
-Lo conozco desde hace tiempo y sé que en el fondo es una buena persona; pero… someter a alguien a quién no conocía a hacer semejante cosa… En lo personal no lo creía capaz de hacer algo así, debió de haber tenido unas muy buenas razones para atreverse. Esta situación me resulta muy incrédula.
-Seguro que lo es. – Me encogí de hombros. – Ya no quiero seguir hablando sobre ello, no es de mi agrado, espero que no te importe.
-No te preocupes, respeto tu privacidad.
-Bien…
Nos miramos mutuamente con una expresión muy seria sin saber qué hacer. En realidad el que no sabía que hacer era yo. Quiero decir, ¿Cómo empezar un tema de conversación si jamás había tenido amigos a excepción de Arthur? Era muy difícil para mí intentar relacionarme con la gente debido a mi hermetismo. Así que, ¿Qué se suponía que debía hacer ahora? No tenía de qué hablar, no tenía algo que hacer, no tenía hacia dónde mirar… ¿Entonces? Tal vez Lukas quería ser mi amigo… ¡No era como que me importara ni nada, joder, pero no podía echarlo a perder!
-¿T-Te… g-gusta la magia? – Pregunté. ¿Era en serio? De todas las cosas más estúpidas que pude haber preguntado, ¡¿Por qué la magia tuvo que salir?! Maldición.
-¿Qué demonios has dicho? – Preguntó con una mueca de asco total.
-Olvídalo… Ya sé que es una maldita estupidez. – Soy un completo idiota.
-¿Bromeas? – Frunció el ceño. – ¡Me encanta la magia! – Note un pequeño destello en sus ojos.
-¿Q-Qué? – Pregunté incrédulo. – ¿E-En serio? – Abrí los ojos como platos.
-¡Sí! – Sonrió ampliamente, algo bastante raro en él desde el poco tiempo en que lo conocía. – ¿Quieres ver un truco?
-Eh… – Se veía muy entusiasmado, no podía decirle que no. Además su rostro lucía feliz a comparación de la faceta gélida que siempre mantenía perenne. – S-Seguro…
-De acuerdo. – Se acercó más y tomó una pequeña flor violeta del suelo. – Aspira su esencia. – La acercó a mi nariz y logré percibir un dulce aroma. – Cierra los ojos y exhala. Ahora piensa en una agraciada palabra… ¿Estás listo? – Asentí. – Abre los ojos y dísela. – Me sentía extraño, jamás había hablado con una flor.
-Eh… – Miré la flor fijamente. – Eres hermosa…
- Y para concluir… – Encerró la flor entre sus dos manos y la acercó a mí. – Sopla. – Obedecí. – ¡TARÁN! – Al abrir sus manos de la nada salió una mariposa.
-¡Wooh! ¡¿Cómo lo has hecho?! – Pregunté más que fascinado ante la actuación. – Tú…tú-tú… ¡Tenías una flor pe-pero ha salido una mariposa! ¡Y-Y es una mariposa violeta! ¿Esas no existen o sí? ¿C-Cómo lo has hecho? ¡Wooh! – Aplaudí levemente. – No puedo creerlo, no te vi hacer ningún truco sospechoso ¿De verdad era magia? – Sabía que preguntar algo así era patético pero de verdad me encontraba muy desconcertado.
-Técnicamente solo fue una serie de ilusiones ópticas… O Tal vez fue mágica auténtica… Quién sabe. – Se encogió de hombros mientras sonreía levemente. – Te agradezco de verdad que aprecies tanto esto como yo lo hago. Es maravilloso.
Por alguna extraña razón Lukas me recordaba un montón a Arthur porque ambos eran rubios, tenían ojos claros, tenían piel pálida, hablaban formal, mantenían una educación meramente estricta a pesar de soltar maldiciones, su carácter solía ser voluble, eran raros, hablaban solos, eran serios, fruncían el ceño, vestían ropa anticuada, creían en criaturas fantásticas, amaban en la magia… eran tan iguales. La única diferencia eran las voluminosas cejas de Arthur a comparación de las finas cejas de Lukas. Y lo más importante, me comportaba de manera diferente cuando estaba con ellos, podía ser yo mismo sin reprimir lo que de verdad sentía. No es por nada pero yo también me parecía un poco a ellos, tal vez esa era la razón por la que congeniábamos bastante. Algo así no podía pasar por alto, y fue inevitable no hacerlo notar.
-¿Te digo algo? Tú me recuerdas a mi mejor amigo.
-¿A qué te refieres? – Preguntó desconcertado.
-B-Bueno… Él es casi como tú… Le gusta todo lo relacionado a la magia y ama a las hadas como…
-¿También ama a las hadas? – Preguntó emocionado reprimiéndose un poco. – Me gustan también los trolls… pero suena bastante interesante que le guste la magia como a mí.
-Igual que a ti o incluso más.
-¿De verdad? Wooh… – Sonrió levemente. – ¿Cómo se llama?
-Arthur.
-Me gustaría conocerlo alguna vez.
-Joder… Claro que lo harás, apuesto a que le fascinara conocerte. – Sonreí. – Te lo presentare algún día.
-Gracias de antemano.
Y después de intercambiar números, continuamos hablando de trivialidades que solo nos interesaban a nosotros. Era simplemente grandioso poder hablar con alguien que compartía mis mismos gustos, le interesaban las mismas cosas y tenía un punto de vista tan igual al mío. Joder, me sentía tan… ¿Feliz? No sé… esto casi se igualaba al haber conocido a Roderich… Ok, tal vez exagero un poco, pero no estaba fuera de llegar a ser casi igual. Al final había conseguido un nuevo amigo y eso para mí de verdad que era un gran mérito.
Pronto el cielo empezó a oscurecer y decidimos que era mejor entrar a la casa y reintegrarse nuevamente en la maldita fiesta, de la cual hacía ya bastante tiempo que nos habíamos aislado. Al entrar nada había cambiado, estaba igual o peor que cuando salimos. Todos haciendo un desmadre, con la música a todo volumen, bailando, haciendo tonterías, emborrachándose, etc. Caminamos un poco y Lukas se separó de mí para ir con Mikkel y bajarlo de una mesa donde estaba bailando rodeado de muchos espectadores y apunto de hacer un striptease. Pobre Lukas… Me resultaba jodidamente divertido verlo pelear con su pareja.
Por mi parte decidí ir nuevamente a la cocina, pero antes de llegar Emma me detuvo invitándome una cerveza. No soy aficionado a la cerveza, sin embargo, la acepté por cortesía, incluso la bebí junto a ella. Posteriormente olvidé mis planes de ir a hurtar en la cocina y decidí caminar, encontrándome con Elizabeta quién me ofreció otra cerveza y no queriendo tuve que bebérmela también. Caminé más y llegué con el puto francés semidesnudo quién me dio una copa de vino, obviamente me la bebí de un trago y salí disparado corriendo para estar a salvo. Pronto choqué nuevamente con Alfred quién me dio un vasito con una bebida de un color fosforescente. Y así como ese, fueron llegando a mis manos muchos más vasos con bebidas alcohólicas en su interior procedentes de diferentes personas con las que bebí.
El abuelo siempre decía que cuando nos encontráramos en una casa ajena o en una fiesta, procuráramos no beber y si lo hacíamos, con moderación. Decía que embriagarse en lugares así era peligroso. Y bueno, él era un borracho de mierda cuando quería, andaba de pub en pub, así que sabía de lo que hablaba. A mis años aún tenía que poner en práctica su consejo paternal. Pero no, ahí voy yo de estúpido a embriagarme como jamás lo había hecho en mi vida. Y eso era jodidamente malo, la última vez que me había emborrachado intente maquillar a Feliciano con los cosméticos de mi abuela, incluso le pinte el cabello a Arthur con aerosol negro y hasta rompí el cuadro favorito del abuelo cuando azoté una puerta, además me puse a cantar…. ¡Que vergonzoso! Y lo más horrible de estar borracho es que me pongo jodidamente cariñoso y dispuesto a expresar mis malditos sentimientos de mierda, aunque eso no lo admitiré jamás. Maldición…. ¿Por qué siempre tenía que llevarle la contaría al abuelo? ¿Por qué no podía obedecer por una maldita vez en la vida? Agh, soy detestable.
Y para colmo, el siguiente que me había invitado a beber era…
-¡Hola Lovi!
-Antonio… – Rodé los ojos cuando escuché su molesta voz llamarme a lo lejos.
-¿Qué tal la fiesta? – Preguntó emocionado.
-¿Qué haces aquí? – Pregunté extrañado mirado que había una corbata envuelta en su cabeza y que traía una botella de ron en su mano izquierda.
-¡Vine a celebrar contigo~! – Me pasó un brazo por el hombro. Claramente estaba ebrio aunque no es como que yo estuviese en mejores condiciones.
-¿A celebrar…? – Lo miré de arriba abajo. – No, no quiero, contigo no.
-Jo, vamos~ – Me estrujó más. – Solo será una y ya.
-N-No… Ya… Ya me tengo que ir a dormir. – Me removí en un vano intento por zafarme.
-¡No, solo una, porfaaa! – Hizo un puchero. – Después te llevare a dormir si quieres, pero di que sí.
-No, eso no va a funcionar, ¿Oíste?
-¡Porfaa, yo sé que tú quieres!
-¡No!
-¡Vamoooos! – Me pellizcó una mejilla que por cierto me dolió.
-D-De acuerdo, ya b-basta… – Me alejé de él y lo señalé. – Me tomaré una ¡P-Pero solo u-una! Después me largo a la cama, ¿Capisci?
-¡Siiii, vamos!
Una hora despues…
-¡Toñooo!– Grité en su oído totalmente ebrio, mas ebrio que antes. Era increíble cómo era que aún podía articular palabras.
-¿Queeé? – Volvió a gritarme de la misma forma, en el oído.
-¡Sírveme otra… bastardooo! – ¿Mencioné que estábamos abrazados como el típico dúo de borrachos de la esquina?
-¡Pero ya se acabooó! – Gritó.
– ¡Vamos… hip… por… hip… otraaa! – Nos levantamos como pudimos, uno apoyándose del brazo del otro para intentar ponernos de pie y nos dirigimos hacia una mesa donde había infinidad de botellas de vino, tomamos una al azar y nos fuimos bailando dando vueltas por los alrededores sin un destino fijo, hasta que por cuestiones que desconozco terminamos en las escaleras que conducen a las habitaciones (Siempre deteste esas escaleras). Subimos despacio… o por lo menos lo intentamos, ya que tambalearse de un lado a otro en verdad que no ayudaba en nada. Incluso cuando ya íbamos a llegar, trate de caminar solo, apoyándome en el barandal, pero en el intento me tambaleé un poco y caí de sentón golpeándome el trasero con un escalón. Antonio me ayudó a levantarme y no dejo de carcajearse hasta que llegamos a nuestra habitación. – ¿De qué te ríes tuuú? – Pregunté molesto haciendo un puchero una vez que los dos nos encontrábamos sentados en el pequeño sofá de nuestra habitación.
-¡Es que eres un Lovi muuuy gracioso! – Me pasó un brazo por el hombro y me picó una mejilla. – Y hueles bonitooo~. – Rió tontamente.
-¿A qué huelo? – Pregunté desconcertado oliendo su camisa.
-A jabón del bonito~. – Recargó su cabeza contra la mía.
-Yo no huelo nada. – Dije separando mi cabeza para acercar más mi nariz a su brazo y volver a oler más profundamente su camisa (Verdaderamente que hacía muchas tonterías en mi estado de ebriedad) – ¿Dónde dices que huele?
-Aquí. – Aprovechó que mi cabeza estaba de lado para acercar su nariz a mi cuello. – ¿Puedo olerte? – No me sonó como un permiso, sino como una afirmación.
-B-Basta… – Solté una leve risita. – ¡Me-Me haces cosquillas!
-Y tu cabello huele más bonito~. – Tomó mi cara con su mano derecha y la acercó más hacia sí para hundir su nariz en mi cabello. – Me gustan los Lovis así.
-¿Existen los Lovis? – Pregunté absurdamente.
- No sé, pero quiero uno. – Carcajeó.
-No digas tonterías. – Reí
-Tienes razón, ¿Para qué quiero uno si te tengo a ti, no crees? – Sonrió y entrecerró los ojos dedicándome una mirada galante.
-Ya basta. – Sonreí y le di un empujoncito con mi hombro.
-Oye~. – Me empujó levemente de igual forma mientras reía.
-Tú empezaste. – Reí e imite la acción.
-No es cierto, fuiste tú~. – Repitió la acción.
-Eres un bastardito mentiroso. – Reí y le pellizque ambas mejillas.
-Y tú eres un Lovi gracioso. – Me pellizcó el mentón. – ¿Sabías que me caes bien?
-¿Enserio? – Me acerqué a él y comencé a despeinar su cabello.
-Sí, me caes muy muy bien. – Me pasó un brazo por el hombro acercándome un poco y acarició mi mejilla con el dorso de su mano.
-Tus ojos… – Lo miré, notando un extraño y relevante brillo en ellos. – S-Son bonitos.
-Los tuyos lo son aún más… son hermosos. – Sonrió tiernamente.
-¿De verdad crees eso? – Desvié la mirada e inevitablemente un pequeño rubor se posó en mis mejillas.
-Sí, me gustan… – Posé mi mano sobre la que él tenía en mi mejilla. – Me gustan mucho…
-… – Sonreí de manera boba y lo miré fijamente. – A mí me gusta tu sonrisa.
-¿En serio? – Separamos nuestras manos y sostuvo mi mentón con delicadeza. – ¿Tiene algo de especial mi sonrisa?
-Es especial… Igual que tú. – Sonreí de lado.
-¿Ah, sí? – Pasó una de sus manos por mi nuca. – Pues a mí me gusta más la tuya… Sobre todo estos. – Acarició mis labios con la yema de su pulgar.
-¿Qué tienen de interesante mis labios?
-Se ven tan…tan… suaves… – Los miró fijamente. –…tan delicados… – Acercó poco a poco su rostro al mío. –… tan finos.
-… –Entrecerré los ojos admirando por primera vez su rostro de cerca, claramente era muy atractivo.
-Me gustaría tócalos… ¿Me dejas hacerlo?
Ni siquiera pude pensar en una posible respuesta para aquella pregunta tan bizarra cuando sentí que sus labios se posaron sobre los míos haciendo un poco de presión dando lugar a un tierno beso. Me quedé completamente en shock ante aquel gesto. Jamás había tenido un contacto tan cercano de ese tipo con alguien… hasta ahora, era normal que me sintiera confundido y sin saber realmente que hacer. En mi estado sobrio tal vez le hubiera soltado un golpe y hubiese escapado de allí inmediatamente, sin embargo esta vez llevaba muchas copas encima por lo que la situación era un tanto más complicada.
-A-Antonio… – Abrí la boca ante la impresión pero él aprovechó aquella abertura para profundizar el beso. Cerré los ojos fuertemente cuando sentí que su lengua se adentraba en mi boca explorando todo a su paso. Nunca antes había dado un beso como ese en mi vida, no estaba preparado para ese tipo de cosas, ni siquiera sabía cómo mover los labios para intentar romper o corresponder aquel beso apasionado. Al principio me torne un poco tenso, pero conforme Antonio movía su lengua contra la mía, extrañamente me tranquilicé y me deje hacer. Apoyó una mano en mi nuca acercándome más para profundizar aún más el beso. Intenté seguir su ritmo haciendo que nuestras lenguas se enroscaran frenéticamente compitiendo en una lucha por saber quién tenía más control sobre la otra. Pasamos así unos minutos hasta que la falta de aire se hizo presente. Coloqué mis manos sobre sus hombros y le empuje un poco indicándole que se separara, pero él seguía besándome como jamás lo había hecho en su vida. Me removí incómodo anhelando un poco de oxígeno y al no tenerlo deje escapar un ruidito vergonzoso. Me sostuvo el rostro y mordió mi labio en respuesta para después lamer la parte dañada y terminar el beso con un sonoro chasquido.
Al separarnos cerré los ojos tratando de recobrar la respiración cuando de la nada comenzó a besar mi cuello succionando mi piel en determinados lugares y dejando marcas que al día siguiente serían visibles. Por mi parte, seguía perdido en aquella sensación tan placentera que me había hecho sentir con tan solo un beso, jamás admitiría en mi sano juicio que había hecho un muy buen maldito trabajo… Y yo quería volver a sentir lo mismo nuevamente.
Tomé su rostro con ambas manos acercándolo al mío y le planté mi primer beso erótico e inexperto que jamás hubiese imaginado. Todo era tan confuso, ni siquiera razonaba solo me guiaba por la oleada de sensaciones que experimentaba en aquel momento. Como pude traté de que el beso se sintiera tan igual como el que Antonio me había dado, pero al juzgar por sus risitas entre beso y beso, tal pareciera que mi beso estaba lejos de llegar a ser uno bueno.
-Lovino… – Reía tontamente sin dejar de besarme. – Yo me encargo. – Se separó de mí mientras nos levantábamos del sofá.
-¿Qué haces? – Me abrazó por la cintura con un brazo dedicándome una sonrisa lasciva mientras que con el otro masajeaba uno de mis glúteos. – ¡A-Anto…!
No pude terminar cuando sentí su boca invadir de nuevo la mía. De la impresión retrocedí unos cuantos pasos chocando con la cama y ambos caímos en ella. Volvimos entrelazar nuestras lenguas mientras él recorría mi figura explorando todo mi cuerpo. Al romper el beso fue descendiendo hasta mi clavícula en donde succiono mi piel dejando marcas notables. Me atreví a acariciar su pecho mientras dejaba escapar uno que otro suspiro. Se separó de mí y rápidamente quitó mis pantalones arrojándolos hacia algún extremo de la habitación. Regresó hasta mis labios dándome un tierno beso para después morder el lóbulo de mi oreja. Aproveché aquel momento para dejarle también marcas en su cuello.
-Ah… Lovi… Esa zona es muy sensible. – Soltó un pequeño gemido.
-¿En serio? – Sonreí y volví a succionar su cuello en pequeños besos.
-Ah… E-Eres genial. – Me besó en los labios apasionadamente mientras acariciaba mi cuerpo sin pudor alguno.
-Creo que me gusta. – Lo abracé del cuello y correspondí su beso lo mejor que pude.
¿Qué tan malo había sido el alcohol que había ingerido como para hacerme llegar a ese extremo de manosear a mi amigo? En verdad… ¿Cómo pude embriagarme de esa forma tan vil cuando un tipo extraño andaba rondando por la casa con el único propósito de violarme? ¿Tan siquiera era Antonio aquel tipo con el que estaba a punto de perder mi dignidad o solo eran alucinaciones mías? Obviamente tal vez pasaría algo de lo que me arrepentiría al día siguiente… pero hasta entonces…
-A-Ah… A-Antonio… A-Ah…
¡Adiós cordura!
N/A:
Despues de 84 años por fin he actualizado... Puede que el cap esté algo confuso ya que lo escribí por partes, aun así, espero que haya sido de su agrado.
Ante esto, pido una disculpa por haber tardado demasiado en actualizar, esto se debió a la falta de tiempo y estrés escolar, además de motivos personales de los cuales aun no tengo ánimo para escribir cosas de este tipo, espero que comprendan.
Y bueno... Ya se besaron 7w7r
Ah, por si preguntan, Mikkel es Dinamarca... Ya sé que en muchos fics es llamado Mathias, pero hasta que no tenga un nombre oficial yo lo seguiré llamando de esa forma.
En fin... Espero poder actualizar más rápido y no hacer tan largos los caps... ¡Nos vemos al siguiente~!
¡Saludos y gracias por tomarse la molestia de leer!
