Muchas gracias por pasarse a leer.
Espero que disfruten esta pequeña actualización! n.n
Capítulo III
Correa
Erwin ya se había acostumbrado a la vida junto a Levi, pero aun así, no había un solo día en el que el pequeño felino no le diera alguna sorpresa.
-Es casi como si fueras un humano…- Decía el rubio cada vez que el gato maullaba en respuesta a alguno de sus comentarios, o le mostraba una actitud diferente a cualquier otro animal.
El hombre, que nunca había tenido ninguna mascota, no sabía cómo debía de cuidar a un gato. Intentó comprarle alimento especial, el cual el animal se rehusaba a comer, y por el contrario le gustaba muchas veces probar los platillos que cocinaba para él mismo. Además, estaba esa extraña costumbre que tenía de beber de la taza de té de Erwin, hasta que el hombre vertía un poco en un tazón para él, la mayoría del tiempo mezclado con leche.
El humano tampoco sabía que los gatos no debían de bañarse todos los días, pero el animalito insistía en saltar a la tina de baño junto a él. De manera que el hombre se terminó acostumbrando a todo esto. Pero un día, se dio cuenta que había una necesidad del pequeño que no estaba cubierta; el gato no salía y no hacía mucho ejercicio. Cuando intentaba jugar con él, Levi no le hacía mucho caso, y siempre lo miraba con esa expresión de fastidio.
Preocupado por la salud del felino, Erwin decidió que debía sacarlo a pasear, pero él no sabía que los gatos no eran igual a los perros. El hombre compró un collar y una correa de los que se utilizan para dar paseos a los canes, y muy contento llegó a su casa, mostrándoselo a su mascota con una radiante sonrisa.
-Espero que te guste salir a pasear Levi, podemos ir al parque y tal vez encontremos otros gatitos para que puedas jugar.- Con toda la buena voluntad de su corazón, el rubio colocó el collar alrededor del cuello del felino, con lo cual no tuvo problema alguno; el gato se mostraba indiferente. A continuación enganchó la correa y se puso de pie. – ¡Allá vamos!- expresó alegremente.
Haló de la correa para intentar que Levi comenzara a caminar, sin embargo el animal se mantenía inmóvil. Siempre mirándolo con esa expresión fría.
-¿Qué ocurre Levi? ¿No quieres salir a dar un paseo?- El rubio no entendía el por qué el animal no le obedecía. Si bien poseía la fuerza suficiente para hacerlo caminar, no quería arrastrarlo u obligarlo. Aun así continuó halando levemente.
Ante la insistencia del humano, Levi finalmente se puso de pie, para luego saltar sobre él y comenzar a rasguñarlo, muy enfadado.
-¿Qué te ocurre? ¡Levi! ¡No me rasguñes por favor!- Se quejaba el hombre al tiempo que protegía su rostro de las filosas garras del animal. Finalmente, tras caer sentado sobre el piso, el gato le dejó y se posicionó frente a él, mirándolo fijamente. –Si los animales tuvieran ese tipo de sentimientos, juraría que me estás mirando con odio.- Murmuró mirando receloso al pequeño gato.
Allí mismo, sentado sobre el suelo, tomó su teléfono celular e hizo una búsqueda en internet. Finalmente se dio cuenta que los gatos y los perros son totalmente diferentes, aprendió que los gatos no se sacan a pasear con collar y correa, y que hay otras maneras de jugar con ellos.
-Ya veo…- El hombre volteó a ver al gato que no se había movido de su lugar. – Lo siento Levi, no me había dado cuenta, y te quise obligar a hacer algo que no te gusta. – El gato maulló en respuesta, a lo que Erwin interpretó como si le estuviera disculpando. De inmediato procedió a quitarle el collar y la correa y guardarlos para no intentar utilizarlos nunca más.
Al ver las heridas que Levi le ocasionó, Erwin tomó algodón y medicamento de su botiquín y comenzó a limpiarlas para que no se infectaran. De un salto, Levi subió a la mesa en donde Erwin estaba curándose, y se acercó a las manos del hombre. Miró con detenimiento cómo se limpiaba, y se acercó a olfatear.
-No es nada Levi, no te preocupes.- El hombre le sonrió, pero para su sorpresa, el gato comenzó a lamer sus heridas. Lo que el pequeño gato no tuvo en cuenta, es que la rasposa lengua felina, fuera de ayudarle a sanar, lo que hacía era lastimarle más. Pero al ver sus buenas intenciones, Erwin resistió esa lengua como lija, que hacía arder más sus heridas.
-Gracias Levi, te lo agradezco mucho.- Nuevamente le sonrió y el gato se retiró satisfecho con su labor.
El rubio terminó de desinfectar los rasguños y colocó algunas banditas sobre las heridas más profundas, las cuales fueron el foco de atención de todos sus compañeros en el departamento de policía al día siguiente. Erwin comprendió que había mucho que tenía que aprender sobre cómo cuidarlo, y se propuso hacerlo de ese momento en adelante. Pero de lo que no le quedaba duda era que a pesar de lo poco que tenía de vivir con él, ya amaba a Levi; y estaba seguro de que aunque el felino no lo demostrara, sus sentimientos eran correspondidos.
Continuará….
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Nos leemos en el siguiente!
Izu~~
