Las lágrimas arrastran los sufrimientos lejos de la pena.

Marc Levy


Los ataúdes llenaron la habitación, el último ataque a la Orden tuvo demasiadas bajas, incluidas en ellas a un exorcista.

El más querido, el más cuerdo del circo de payasos que a veces se montaba. El único que sabía poner orden a las cosas cuando se desesperaban, un único calmo.

Podían llorar, podían gritar y aun así, él ya no iba a despertar.

Los buscadores, algunos, se acercaban a velar en nombre del exorcista, otros se alejaban a llorar por los demás miembros. Más familias que jamás sabrían de nuevo de la persona que allí laboraba.

Sin embargo, el grito más escandaloso era el de una mujer. Con el alma partida se aferraba a la tela que colocaron encima del ataúd. — MARIE. — Ella lo llamaba, había sido un fuerte golpe a la moral de la muchacha, lo quería de vuelta. ¿Por qué se iba al otro mundo de repente?

— Miranda, no lo hagas. — Lenale la sostuvo de los brazos, ver a la mujer destrozada no era único de ella. — No lo llames aquí. — Un corazón frío debían mantener pues a su peor enemigo ellas no podían llamar.

¿Y solo quedarse sin hacer nada? Los Noah de nuevo le quitaban una parte de su existencia.

Ella ignoró todos los llamados, los gritos desesperados. Extendió el brazo y en la punta de la locura, estuvo a punto de activar la inocencia. El poder que la había arrastrado a un mundo que no sabía que existía.

— "No, no lo hagas" — Una voz amable a ella, una sonrisa que jamás olvidaría y el tacto de los dedos sobre su mano. — "… Miranda, te quiero"

Aquel último susurro del viento, rompió el alma.

Marie Noise estaba muerto.


Emoción: Pena

Aquí termina, espero les haya agradado.