Capitulo 1

En la actualidad - Virginia.

Naruto Uchiha permanecía de pie en el exterior de la casa de dos plantas con los ojos entrecerrados mientras la observaba. La espléndida casa victoriana prácticamente relucía, una visión cálida y acogedora en contraste con el gélido paraíso que la rodeaba. Era una enorme discrepancia con el SOS que recibieron más temprano. Ahora, todo en ese lugar se veía perfecto y alegre. Hermoso... muy parecido a la mujer que ahí vivía.

Naruto había aprendido con los años que las apariencias podían ser muy engañosas.

-Ella sigue sin responder al teléfono.- La voz de su hermano sonó áspera por el aire frío mientras se guardaba el móvil en el bolsillo.

Sasuke estaba profundamente cansado. Naruto podía sentir el cansancio saliendo de su hermano en oleadas. Estaba seguro que él reflejaba lo mismo y que Sasuke también lo sentía.

Su madre había llamado a su extraña y silenciosa comunicación como poderes de "Gemelos Asombrosos". Naruto no necesitaba preguntarle a Sasuke como se sentía. Simplemente lo sabía. Y esta noche compartían otros sentimientos. Desesperación. Nerviosismo. Ambos se estremecieron un poco como un adicto que ha sido abstemio durante mucho tiempo y se da cuenta que podría conseguir un más que codiciado trago.

No había duda, ambos eran adictos a Sakura Haruno.

-¿Deberíamos llamar?- preguntó Sasuke, sonando más inseguro de lo que Naruto pudiera recordar.

Sasuke era el más sombrío. Generalemte trabajaba de manera incansable en cualquier misión sin demostrar que no estaba seguro al cien por cien. Pero Sakura le había golpeado fuerte y poco más de un año después, Sasuke todavía no se había recuperado.

Había pasado mucho tiempo desde que cualquiera de los dos hubiera puesto sus ojos sobre esa encantadora muchacha. Naruto todavía recordaba la última vez que la había visto, desnuda en la cama de un hotel, las sábanas arrugadas en torno a ella. Su cabello rosado había sido un contraste sensual con la blancura de la almohada. Se veía como un ángel.

Cuando cerraba los ojos, todavía podía recordar el aroma de esa habitación. Sakura siempre olía a cerezo, dulce y penetrante. Y esa noche había olido a sexo, como él y su hermano porque ellos habían pasado toda la noche dentro de ella. En su coño, su boca, su culo. La habían tomado una y otra vez, como si pudieran dejar sus huellas en ella.

Ella había sido la cosa más maravillosa que él jamás hubiera visto, que nunca hubiera tocado.

La dejó con la promesa de que volvería. Sasuke hizo la misma promesa, besándola intensamente antes de marcharse.

El año pasado todo se había ido a la mierda. Dios, a veces parecía como si hiciera toda una vida de esa increíble noche.

-¿Por qué nos enviaría un SOS y luego no respondería nuestras llamadas? Mierda. ¿Y si no puede responder el teléfono porque ese hijo de puta con el que se casó no la deja?- preguntó Sasuke mientras caminaban por el patio.

Si. El hijo de puta con el que se casó. Madara.

Según los informes que recibieron del investigador que contrataron para vigilar a Sakura, ella no había perdido su tiempo en seguir adelante. Menos de tres meses después de que se hubieran marchado, había viajado a Escocia y aparentemente había conocido y se habían casado con un tio llamado Madara, luego había regresado a los Estados Unidos con el a cuestas.

Naruto aún podía recordar el día en que su fantasía de Sakura esperándoles a Sasuke y a él se había venido abajo. Su obediente asistente personal durante cinco años, Hinata, había mantenido funcionando Investigaciones Uchiha durante su larga operación en América del Sur. Habían regresado a casa, listos para subirse a un avión y reclamarla para siempre, pero su asistente les había entregado las terribles noticias que su investigador privado había recabado: Sakura estaba casada. Hizo una mueca al recordarlo y trató de consolarse sabiendo que le había dado a Hinata unas vacaciones extras para reparar el mal comportamiento de su hermano y él ese día.

- Él no cuida bien de ella- masculló Naruto, deseando despedazar algo con sus manos. Dios, sabía que no tenía derecho a estarlo, pero realmente estaba cabreadísimo de que ella se hubiera casado con otra persona.- Ni siquiera limpia con la pala el maldito sendero. Ella podría romperse la pierna sólo intentando recoger el correo.

-Lo que claramente hará tan pronto como la tormenta amaine.

La mirada de Naruto siguió las delicadas pisadas en la nieve directamente hacia el buzón y después de regreso a la puerta principal. hacía tanto frío que las huellas se habían congelado en el polvo.

En América del Sur no había hecho frío. El tiempo había sido caluroso, tan húmedo que podía notar el espeso aire obstruyéndole los pulmones. el frío de la noche de Virginia debería haber sido un cambio bienvenido, pero sólo trajo el hecho de que había pasado el peor año de su vida en un infierno tropical haciendo un trabajo que les había costado a él y a Sasuke la única mujer que siempre amarían.

Pero, de todos modos, cuando recibieron la llamada urgente hacía veinticuatro horas, habían venido corriendo hacia Sakura.

El invierno pasado, mientras su caso les había llevado a América del Sur y se habían dado cuenta de lo profundamente encubiertos que tenían que ir, dejando atrás un número de teléfono para que Sakura los contactara en caso de que necesitara algo. Mientras estuvieron en el extranjero, le habían dejado ese teléfono a su amigo y a veces empleador, Shikamaru Nara de la Black Oak Oil, con instrucciones de mantenerlo cargado y de contactarlos de inmediato si Sakura llamaba. Shikamaru les debía un par de favores y pareció más apropiado para la tarea el hombre con experiencia en seguridad... y relaciones de ménage... que su asistente. Esa pobre mujer ya tenía suficiente con el manejarlo todo en su ausencia.

Dios, no había esperado sobrevivir a la operación de América del Sur. De hecho, ninguno de ellos realmente había creído lograrlo. En el fondo, Naruto había esperado que Sakura se comunicara con ellos. Pero no había llamado. Al final, casi un año después de haberla visto, envió un simple mensaje de texto, que Shikamaru había trasmitido.

Por favor, Necesito verlos. Lo más pronto posible.

Naruto le había indicado a Shikamaru que la llamara y preguntara que necesitaba, pero ella no había contestado. Tampoco había contestado a un mensaje de texto. Después de tres aviones, miles de kilómetros, y no pegar un ojo, estaban en el exterior de su casa, preguntándose qué demonios pasaba. Si necesitaba ayuda, ¿por qué no acudía a su marido?

A menos que él fuera el problema... ¿Sakura había traído a su hogar a un hombre que la lastimaba, que la asustaba tanto que acudía a dos hombres a los que había dejado tan abruptamente después de unos pocos días de paraíso?

- No hay manera de saberlo hasta que la encontremos y le preguntemos.- Dios, se había enfrentado a algunos de los hombres más peligrosos del mundo, pero una mujer de rostro dulce y metro sesenta de estatura le tenía temblando.

Tal vez porque esa mujer de rostro dulce tenía mucho más en sus manos que su vida. Todavía tenía su maldito corazón.

Permaneció delante de la puerta de entrada, su aliento salía formando pequeñas nubes. Sakura estaba detrás de esa puerta. Había construido una nueva vida mientras ellos estuvieron en esa operación. Había abandonado Nueva York, su escuela y encontrado a alguien nuevo. Sakura había seguido completamente hacia delante, mientras Sasuke y él ni siquiera habían comenzado a hacer un intento aún.

La injusticia de la situación le golpeó. Lo sentía como un golpe en el pecho. Sakura no solo había cambiado su dirección, sino que se había mudado a otro estado, de una relación a otra. De una vida a otra.

-De acuerdo con Shikamaru, ella no nos dio su nueva dirección. ¿cómo esperaba que la encontráramos?- ¿cómo había olvidado eso? Su cerebro estaba sobrecargado con posibilidades.

Sasuke se giró hacia él con preocupados ojos negros.

-Ella posiblemente no pueda tener idea de que sabemos dónde vive porque hemos estado vigilándola. ¿Estaba intentando traernos a Nueva York? ¿ Es algún tipo de maldito juego? Todo esto se siente equivocado.

Naruto estaba a punto de estar de acuerdo. Entonces las luces se apagaron, todas a la vez. hasta la última.

-¿Qué demonios? - Sasuke se tensó.

Naruto pudo sentirle cambiar. En un momento Sasuke estaba tambaleando en el borde. Al siguiente, su hermano era un depredador, cada uno de sus músculos estaba tenso y cada sentido en alerta máxima.

Exploraron el área, Naruto se centró en pequeñas pistas. A pesar del hecho que la casa de repente había quedado a oscuras, la nieve y la luna trabajan unidas para iluminar el camino. Podía ver las huellas de sus botas y de las de Sasuke. Habían notado el trayecto de pequeñas huellas que iban y volvían desde la puerta de entrada hasta el buzón. Apostaría la vida que pertenecía a Sakura.

Pero vio otro juego de huellas más grande que iba desde el camino lateral, después alrededor del porche. ¿Las del marido? ¿Por qué estaría merodeando por la casa y en el exterior, en enero después de una puñetera tormenta de nieve? manteniéndose tan silencioso cómo fue posible, se las señaló a su hermano.

Sasuke asintió con la cabeza, ya estaba en ello. su mirada siguió la línea de huellas. Pesadas, gruesas. habían sido hechas por unas botas, aproximadamente un cuarenta y cuatro, tal vez más grandes, estimo Naruto. Definitivamente no eran de Sakura. Probablemente no de Madara, dada la ubicación. ¿Entonces de quién?

Siguieron las huellas y encontraron algo que asustó más a Naruto. Alguien había estado junto al olmo. Por el número de cigarrillos que salpicaban la nieve como desagradables pequeñas cicatrices sobre una sábana blanca, ese alguien había permanecido allí un buen rato. Cinco colillas. Una todavía humeaba en el aire frío.

-Tenemos que entrar- susurró Sasuke.- Ahora.

Naruto también lo sabía, percibía la maldad. Algo malo iba a suceder. El mundo parecía demasiado tranquilo, como si simplemente estuviera conteniendo el aliento y esperando.

Y entonces oyó el alarido femenino.

Naruto salió disparado, Sasuke a su lado. Alcanzó el porche a la carrera y trató de abrir la puerta. Cerrada.

Otro grito, agudo y animal. Sakura. La dulce Sakura, que no le haría daño ni a una mosca, estaba gritando. Sin palabras, solo gritos, como si creyera que el horror sólo podría ser trasmitido gritando.

Sasuke golpeó la puerta con todas sus fuerzas. Se mantuvo firme. La puerta parecía solida y el vidrio en el medio era grueso. pero las ventanas cercanas eran de cristal normal.

Había un pesado tiesto con una planta en el escalón de entrada. Con un gruñido, lo levantó y lo lanzó a través de la enorme ventana. el vidrio se rompió, el sonido llenó el aire. Odiaba hacer obvia su entrada, pero no veía otra manera rápida de entrar.

Sasuke le seguía, utilizando el pie para apartar los cristales. Él los pateó, tratando de hacer un agujero del tamaño de un hombre. Esta maniobra tenía el potencial de cortarle bien profundo. No llegar a Sakura era mucho peor. Naruto saltó por la ventana, haciendo una mueca cuando el vidrio que sobresalía le cortó. El grueso abrigo que había comprado por demasiado dinero en Dulles le protegió la mayor parte del torso, pero sus nudillos ardieron de dolor. Lo ignoró.

Se oyó un fuerte siseo y entonces Naruto fue asaltado por una enfurecida bola de pelo. Grandes ojos verdes. Garras. No podía ver más que un borrón de partes animales en movimiento, pero registró ese sonido como de un gato. De nuevo estuvo agradecido al anorak mientras el gran gato se clavaba en el Goretex, tratando de trepar por Naruto como si fuera un árbol. Deseando haber comprado guantes, estiró la mano hacia el animal. El gato le arañó, pero Naruto lo agarro por la parte posterior del cuello y lo lanzó a través de la habitación. Cayó al suelo con un golpe sordo.

-¿Ese escandaloso hijo de puta es un... gato?- preguntó Sasuke, con la SIG Sauer en la mano, señalando al animal que estaba gruñendo y sacudiéndose.

-Si. Probablemente de Sakura.- Ella había hablado de comprarse una casa en el campo y conseguir un gato. Aparentemente lo había hecho después de encontrar al señor correcto Hijo de Puta.

La bola de pelo gimoteó, asegurando a Naruto que todavía seguía con vida. Metió la mano en la pistolera y sacó su arma. El peso era tranquilizador en su mano. Quitó el seguro.

-¿Dónde está ella?

Sasuke señalo hacia la parte posterior de la casa.

-Los gritos provenían de la parte de atrás, pero no del segundo piso.

Corrieron juntos casi silenciosamente. Era difícil ver con la casa a oscuras. La única luz provenía de la ventana de la cocina de Sakura, proyectando sombras ominosas.

-Sótano.- Sasuke señalo por el pasillo.

Otro grito tuvo a Naruto corriendo pasillo abajo. Su cerebro evaluaba la situación, haciéndose todas las preguntas. ¿Era una situación doméstica? Si lo era, ¿Cuántos trozos podía sacar razonablemente del cuerpo de Madara con sus manos desnudas? ¿O era un intruso? Si era eso, ¿Uno o más? ¿Qué querían?

¿Estaba Sakura todavía con vida? Dios, por favor deja que esté viva.

Sasuke pateó la puerta del sótano. Ahí abajo también estaba oscuro. El fuerte olor de productos químicos asaltó a Naruto.

Sakura volvió a gritar, el sonido mucho más alto mientras se acercaban. Se precipitó por las sombrías escaleras, sus pies pisando cada escalón con una pequeña sacudida, su mano sosteniéndose en la barandilla. Sasuke iba detrás de él. Ahora no había forma de estar en silencio. Quienquiera que estuviera ahí podía oír que estaban llegando.

¿Qué era ese olor horrible? ¿aguarrás? Sí y mucho. Notó el momento en que sus pies llegaron abajo, su cuerpo avanzó dando tumbos hasta estabilizarse. Un delgado hilo de luz giraba alrededor, buscando. Naruto no pudo agacharse lo suficientemente rápido y estaba casi cegado cuando la luz le alcanzó, sus ojos se habían acostumbrado a la oscuridad. Puso los brazos delante de la cara y siguió adelante, casi tropezando con algo que yacía directamente a su paso. Un cuerpo. No había forma de confundirlo con nada más.

-¡Fuera de aquí! ¡Fuera de aquí! ¡Ya he llamado a la policía!- La voz de Sakura sonaba ronca y temblorosa.

-Cariño, somos nosotros.- Naruto dio un paso hacia ella.

-¡Fuera de aquí! Tengo un arma.-Ella no estaba escuchando. Él no podía ver sus ojos, pero prácticamente podía sentir el pánico que emanaba de ella. Y estaba mintiendo. Él no había oído ningún tiro y Sakura no sabía nada de armas.

-Sakura- Ladró Sasuke con esa voz que siempre le dejaba saber a Naruto que ahora tomaba el control y que no toleraría ninguna discusión.- Relájate. Estás a salvo, nena.

-¿Sasuke?- Su voz de repente sonaba demasiado baja.- ¿Naruto?

-SI.- Naruto soltó el aire aliviado.- Sí, cariño, somos nosotros. Estás a salvo. No dejaremos que nada te suceda.

Una risa horrible sonó detrás de él.

-Enseña lo que sabes, Uchiha.

La voz hizo que su sangre inmediatamente se congelara. ¿Quién demonios sabía su nombre sin ver su cara? A menos que ese alguien hubiera enviado el mensaje, no Sakura. Y ese alguien había esperado que vinieran corriendo. ¿Se habían metido en una trampa mortal?

-Enfócale con la luz, Sakura.- Naruto pensó que su ritmo cardíaco se desaceleraría una vez supo que Sakura estaba viva, pero ahora su pulso se aceleró de nuevo.

-¿Quién coño eres?- preguntó Sasuke.

-No soy nadie. No soy nada ahora que esta zorra me ha golpeado en la cabeza y me ha atrapado. No importa. Ya he metido las cargas. Todo este lugar va a explotar y no habrá ni una maldita cosa que podáis hacer. Se suponía que no debía caer con ella. Maldita zorra.

-¿Cargas?- La mano de Sakura empezó a temblar, la luz osciló.

-Reconozco a este cabrón- Dijo Sasuke.- Trabajaba para Orochimaru. ¿Qué coño está pasando? Orochimaru murió hace un año en prisión.

El estómago de Naruto se revolvió. Había asumido que el mundo sería un lugar más seguro sin Orochimaru. ¿Cómo había conseguido llegar el cabrón con su violento puño desde más alla de la tumba?

-Después- espetó.- ¡Tenemos que irnos antes que esta casa explote!

La linterna cayó y Naruto sintió pasar zumbando algo cerca de él.

Lo recogió y dirigió el haz de luz escaleras arriba. Joder. Sakura estaba corriendo. No sabía cuándo le había adelantado, pero tenían que conseguir sacarla de la casa rápidamente.

Sasuke se giró, su cuerpo era una sombra fantasmal en la oscura habitación.

-¿Quién demonios te envió?

-No, Sasuke- espetó Naruto. No tenía ni idea de cuando las cargas iban a estallar. Podía ser ahora mismo. No sabía si iban con temporizador o con control remonto. Toda la casa podía explotar en cualquier momento y Sakura estaba corriendo hacia Dios sabe dónde.- Por mucho que me gustaría interrogar a este cabrón, no tenemos tiempo. Tenemos que sacar a Sakura de aquí.

-Nunca lo lograréis- gruñó el hombre del suelo.- La zorra va a conseguir lo que se merece. Bueno, lo que os merecéis. ¿Pensasteis que podríais engañar a alguien? Mejor es que recéis para que las bombas la maten. Si mi jefe la encuentra, va a pasar un rato realmente agradable con ella.

¿Jefe? Su estomago se revolvió. Si este tipo había estado trabajando para Orochimaru y estaba hablando de un nuevo jefe... joder, esta organización no había muerto. Tenía más vidas que un jodido gato. ¿Había un nuevo jefe en busca de venganza? ¿cómo podía saber de Sakura el hijo de puta y de los pocos días preciosos que pasaron con ella?

Tenía un millón de preguntas, pero no había tiempo de hacerlas. tenían que sacar a Sakura. Si ese hombre del suelo no estaba mintiendo, todos estaban en grave peligro. Con un profundo pesar y enojo, se dio la vuelta y subió precipitadamente por las escaleras justo detrás de Sasuke, encerrando al hijo de puta en el sótano.

-¿Sakura!- gritó Naruto.

-la puedo oír dirigiéndose hacia la segunda planta.- Sasuke fue detrás de ella.

La luz era mejor escaleras arriba. Sakura había dejado las cortinas abiertas y la luz de la luna bañaba el pasillo con un misterioso resplandor plateado. Naruto corrió al lado de su hermano. Atraparon a Sakura en lo alto de las escaleras, el brazo de Naruto rodeó su cintura.

Él había soñado con sostenerla otra vez, tocarla. Ni una sola vez en sus sueños le pateaba, gritaba y luchaba como un demonio.

-¡No! Déjame ir, maldita sea.

-Sakura, cálmate- ordenó Naruto.

-Déjame ir. ¡Tengo que sacarlo!- La voz de Sakura sonaba estrangulada. Él podía sentir las lágrimas calientes golpeando su mano.

Su marido. Estaba luchando por él. Estaba clavándole las uñas a Naruto, arañándole y luchando por llegar a otro hombre. Su pecho se retorció. Le dolía el corazón. Sakura estaba enamorada de alguien más y estaba dispuesta a morir para salvar a ese cretino con el que se había casado y que había dejado sola para rechazar a un intruso en el sótano.

-Traeré a Madara, Sakura- gruño Sasuke.- ¿Dónde está? Tienes que dejar que Naruto te saque de aquí.

-¿Madara? Oh, Dios. Antes estaba en la sala de estar durmiendo.

-Voy.- Sasuke dio la vuelta y corrió escaleras abajo.

-Oh, Dios. Por favor. Déjame ir. ¡Tengo que ir a por Rui!- Sakura volvió a luchar, llevó el pie hacia delante, levantó la rodilla hasta la cintura y le dio una patada con todas sus fuerzas.

¿Rui? Naruto gruño mientras el tacón se encontró con su miembro con sorprendente fuerza. Soltó a Sakura y cayó de rodillas.

Ella no perdió el tiempo. Mientras Naruto se esforzaba por ponerse de pie, desapareció por la esquina.

Maldita sea. Naruto se obligó a levantarse. Escaleras abajo, escuchó un bufido y a Sasuke maldiciendo. Aparentemente su hermano había encontrado de nuevo al maldito gato en vez de al marido de Sakura. Lo dejó pasar. Si Sasuke no podía manejar a un gato, entonces todos esos años como SEAL habían sido en vano. Ignorando el dolor, corrió detrás de Sakura.

¿Quién coño era Rui? ¿Otro amante? ¿ Por qué el informe del investigador no le mencionaba? ¿Y por qué Sakura pensaba que valía la pena morir por él?

Se tambaleó por el pasillo. No había duda de dónde había ido. Solo una puerta estaba abierta al final del corredor.

La ira le revolvía las tripas. Ella obviamente nunca les había amado. Se había torturado todas las noches con visiones de ella, dulce, cálida y cariñosa, mientras ella había escapado feliz de la vida y aparentemente encontrado no a un hombre sino a dos. Bien, Sasuke y él le habían mostrado los placeres del ménage. Suponía que todo era culpa de ellos. Ella lo había aceptado bien incluso aunque había sido virgen en ese momento.

Sin embargo, él no podía alejarse. Iba a sacar a Sakura, Madara y a ese Rui fuera de aquí aunque fuera la última maldita cosa que hiciera. Entonces iba a encontrar alguna manera de seguir con su vida.

Entró en la habitación, no dispuesto a aceptar un no por respuesta. Esta vez estaría preparado para sus forcejeos. La arrastraría hacia fuera, pateando y gritando si tenía que hacerlo. Abrió la boca para explicarle cómo iba a ir la cosa. Entonces se detuvo en seco. Había esperado estar en su dormitorio. Esta habitación estaba llena de peluches de perritos y leones sonrientes. Y una cuna.

Sakura estaba de pie, las lágrimas corrían por su cara mientras apretaba contra su pecho a un bebé arropado y un poco inquieto. Se había colgado un gran bolso de mano al hombro.

—Estoy preparada. Podemos irnos. —Se dirigió hacia la puerta—. Tan pronto como Sasuke agarre a Madara. Deberías advertirle. Madara se pone nervioso con la gente extraña. Araña. Ah y vomita. De verdad que es un gato terrible.

¿Gato? Madara no era su marido, sino un gato. Y Rui era… Incluso en la oscuridad, podía decir que el bebé era pequeño y de muy pocos meses. Llegó a una impresionante y asombrosa conclusión.

Rui era hijo de ellos.

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Sakura Haruno miró la escalera.

—Ah, mi némesis. Nos encontramos de nuevo. No creas que esta noche serás mejor que yo. Esta vez te usaré, te dejaré y saldré ilesa de la experiencia.

Era poco probable que eso sucediera. Y, aterrador, que estuviera sola en Nochebuena, hablando con una escalera. Nada era más "patético" que eso.

Miró alrededor del bar del hotel DuMonde. Su tía era la propietaria del lugar, pero estaba en Barbados, su refugio habitual de vacaciones. Sakura había sido invitada a ir, pero había tenido el ridículo sueño de que sus padres se llenarían del espíritu navideño y la llamarían para ir a casa.

Claramente, eso no iba a suceder. Por lo que estaba sola en el bar del hotel, limpiando y haciendo inventario. Y tratando con una escalera que la tenía tomada con ella.

Cogió los vasos de Martini. Estaban en el estante más alto. El bar de DuMonde era una magnífica conjunción de cristal, plata y espejos que alcanzaban el techo a tres metros de altura. En una noche normal, ella no habría tenido que subir allí. Esos vasos del estante más alto eran casi decorativos, pero la noche anterior había habido una comilona de primer orden. Alguna fiesta corporativa. Cada maldito vaso del lugar había sido utilizado y el equipo de limpieza recién acababa de terminar con los platos.

Suspiró. Había enviado al barman y a la camarera a casa. A menudo había escuchado que la Nochebuena era una gran noche para los bares, pero no tenía ningún cliente. No le había parecido correcto apartar a esos dos de sus familias cuando la recaudación sería una porquería.

—Señorita, un whisky escocés, por favor. De puro malta.

Ella asintió con la cabeza, agradecida por la distracción. Trabajar mantendría su mente alejada del hecho que su madre y su padre le habían dado la espalda y que el único pariente que todavía le hablaba estaba en estos momentos haciendo windsurf en el Caribe. Se dio la vuelta para mirar a su nuevo cliente y prácticamente se olvidó de respirar.

Él estaba de pie frente a la barra, un metro noventa y cinco de puro sexo. Pelo Rubio, vibrantes ojos azules y hombros que parecían no terminar nunca.

—¿Señorita? —Él estaba allí con una sonrisa cómplice en su sensual boca.

Sakura se obligó a volver a la realidad con un suspiro para sus adentros. Él sabía lo ridículamente caliente que era. Y ella sabía que era una camarera que necesitaba perder un par de kilos. Las advertencias de su madre volvieron a perseguirla. Nunca conseguiría un hombre con su talla 46. Su madre, la bulímica. Ella opinaba que vomitar era una manera socialmente educada para permanecer delgada. ¿Por qué había querido regresar a casa para las vacaciones?

Sakura puso su mejor sonrisa de chica descarada.

—Aquí no hay whisky puro de malta. Puede hacer su elección entre caro o incluso más caro.

—Oh, una sarcástica. Sasuke, acertamos el premio gordo.

¿Había dos de ellos? Un segundo hombre malditamente caliente, idéntico al primero*, se acercó a la barra. Este se quitó el abrigo. Le costó a Sakura toda su fuerza de voluntad no abanicarse a pesar del frío.

Unos fríos ojos azules la evaluaron. Ella le devolvió la mirada. Los dos hermanos no eran totalmente idénticos ahora que los observaba realmente. Había algo más reservado en este gemelo. El primero tenía un desenfado sensual. No encontraba ninguna cosa suave en Sasuke. Era puro depredador.

¿Entonces por qué no quería salir corriendo? ¿Por qué se preguntaba cómo sería ser atrapada por él?

—Insolente, ¿eh? Bueno, sé cómo solucionarlo. —Su sonrisa era perspicaz, peligrosa—. Entonces, tomaremos dos dedos de Glenlivet, de quince años.

Tan exquisito. Incluso el más caro. Ella alcanzó la botella, cogiendo dos de los pesados vasos de cristal que el bar reservaba para las bebidas de calidad suprema. Vertió el whisky, midiéndolo cuidadosamente antes de deslizar los vasos hacia los hombres.

—Aquí tenéis. Sentiros libres de sentaros en cualquier lugar. Parece que esta noche sois mis únicos clientes. —Trató hacerles una amistosa, pero condescendiente inclinación de cabeza. Podría ser inexperta, pero no era idiota. Si no estaban con la familia, uno o ambos podrían estar buscando un corazón solitario para compartir las sábanas esa noche. Si era así, podrían ir a por ella, ya que era la única mujer disponible aquí. Era mejor apartarse—. Sólo dad un grito si necesitáis que os rellene los vasos.

El primer hombre se inclinó hacia delante, sonriendo.

—¿Por qué deberíamos gritar cuando podemos sentarnos aquí y hablar contigo?

Sip, definitivamente iban a por ella. Abrió la boca para hacerles callar, pero Sasuke levantó una mano para detenerla. Él miró a su hermano y Sakura pudo ver que estaban teniendo una conversación con pequeños tics faciales y cejas arqueadas. Se quedó observando fascinada.

Finalmente, ellos la volvieron a mirar. Sasuke parecía haber ganado la discusión silenciosa. Asintió con la cabeza en dirección a ella, su mano en el vaso.

—Gracias, señorita. Te haremos saber cuándo estemos listos.

Ella les observó mientras se dirigían a la esquina del bar. Maldición, sus partes posteriores eran tan agradables como sus partes delanteras. Cada hombre llevaba tejanos apretados que moldeaban sus perfectamente formados traseros.

Suspiró. Estaban muy, muy fuera de su liga. Ni siquiera tenía ya una liga. Una vez había estado en el círculo debutante, pero odiaba el adinerado torbellino social en el que había crecido. Lo había odiado tanto que había rechazado un trabajo con su padre después de los años reglamentarios en la escuela Wharton de Negocios. Había jugado a la hija obediente, pero no podía soportar la idea de trabajar en grandes empresas. Sólo había querido pintar.

Y sus padres no querían una hija artista. La habían aislado con la implacable precisión que había llevado a su padre a la cima. No respondían sus llamadas o le permitían saber de ellos hasta que cambiara y aceptara un trabajo con la corporación. Habían pensado que no pasaría ni dos semanas por su cuenta, pero un año después, ella podía ver el final del túnel.

En pocos meses tendría veintitrés años y accedería a su fondo fiduciario. Sus padres no podrían evitarlo, no podrían tocarlo.

Gracias, Grand-mère.

Sakura se apartó de los macizos. No eran para ella. Tenía un trabajo y una vida. Eso tendría que ser suficiente. Bueno, de todos modos tenía un trabajo y en este momento involucraba a la odiada escalera. Se podía observar haciendo muecas frente al espejo. Sí, eso era atractivo. Cogió los últimos vasos de Martini y rezó.

Empezó a subir por la escalera, cada paso era un movimiento cuidadoso. Pasó las filas de whisky y vodka, se elevó por encima de la ginebra y el tequila. Echó un vistazo hacia el bar. Los hombres estaban allí sentados, inclinados uno hacia el otro, hablando en susurros, en su propio mundo. Ella deseó tener una hermana o alguien con quien hablar. A pesar de la embriagadora libertad del año pasado, tenía que admitir que estaba sola. Se había encerrado en sí misma y en su trabajo, dejando fuera a todo el mundo.

¿Sería tan malo que le tiraran los tejos? ¿Sería tan horrible finalmente ceder a un hombre? Tenía veintidós años y vivía por su cuenta. No había tenido tiempo para una relación y se aferraba a la idea del amor verdadero. Bueno, eso no estaba en ningún lugar del horizonte. ¿De verdad quería pasar otro año más sin saber cómo se sentía el toque de un hombre? No. ¡Puaj!, sonaba patética. También se sentía patética.

Y torpe. Su pie resbaló en un peldaño. No había estado prestando atención. Los vasos cayeron de su mano, estrellándose en el suelo. La escalera osciló y ella empezó a perder el equilibrio. Buscó a tientas pero no había nada donde agarrarse. Empezó a caer.

Mierda. No tenía el dinero para pagar una ambulancia y por supuesto necesitaría una después de caer desde tres metros de altura. Chilló y se preparó para el impacto. Iba a aterrizar sobre los cristales, se cortaría y se rompería algo vital. Iba a doler muchísimo.

Gruñó, el aire escapó de sus pulmones cuando aterrizó no sobre la baldosa dura, sino en dos fuertes brazos. Miró a los ojos de Sasuke, su corazón latía aceleradamente. Él era el hombre más guapo que jamás había visto, incluso de cerca. El único que le igualaba era su gemelo, que permanecía de pie detrás de él con una leve sonrisa en su maravillosa cara.

—¿Cómo te llamas, nena?

—Sakura. —Respiró hondo. La forma en que la había llamado nena la hizo estremecer.

—Bien, Sakura. Deberías ser más cuidadosa—dijo Sasuke.

Sip, definitivamente debería ser más cuidadosa porque ahora mismo, sentía que estaba en grandes problemas.

La mujer era un gran problema. Sasuke lo supo en el momento en que puso los ojos en ella. Había sido un hombre que limpiaba enredos durante demasiado tiempo como para no ser capaz de reconocer eso a más de un kilómetro de distancia. Primero lo había hecho para la marina, después privadamente con su hermano por unos buenos honorarios. Esta pequeña camarera era el más suave y dulce enredo que había tenido nunca el placer de sostener.

Puro y maravilloso problema.

La luz del fuego iluminaba los suaves rasgos de Sakura, haciendo que su cremosa piel pareciera cálida y acogedora. Tomó la copa en las manos, todavía temblando un poco.

—Gracias. No debería estar bebiendo. —De todos modos tomó un pequeño sorbo. Su cara se torció en la más adorable mueca—. ¡Puaj! ¿La gente paga mucho dinero por esto?

—El whisky escocés es un gusto adquirido, pero te quitará los temblores. Bebe un poco.

Naruto se hundió en el sofá enfrente de Sasuke y Sakura, con una sonrisa conocedora en su cara. A su hermano pequeño le estaba gustando esto, Sasuke lo sabía. Naruto había querido saltar sobre la pelirosa en el momento en que puso los ojos en ella. A veces su hermano pensaba con la polla. Pero ahora estaban demasiado cerca de Orochimaru. Seis meses en el caso y finalmente iban a encontrarse con el hombre que se había apropiado de la prima de sus clientes. No podían involucrarse con ninguna mujer, sin importar cuán bonita o dulce fuera. Sin importar como sus grandes ojos verdes tironearan de él o como fueran de sexis sus curvas. No podían.

—He barrido los cristales. Ahora todo está bien. —Naruto agarró su propia bebida. No luchaba con el licor de la forma en que lo hacía Sakura. Naruto podía beber toda la noche y nunca notar los efectos.

—Gracias —dijo Sakura en voz baja. Su atención iba de uno a otro como si intentara buscar sus diferencias—. Todavía no debería meterme con la mercancía.

—No te preocupes. No lo diremos —dijo Naruto con un guiño.

Sasuke tuvo que controlarse para evitar poner los ojos en blanco. Naruto estaba utilizando su voz seductora. Deseaba a esta chica.

—Dime algo, cariño. ¿Por qué no estás en casa con tu marido?

—Tranquilo —dijo Sasuke por lo bajo. Uno de los hombros de Naruto se elevó con un encogimiento negligente.

Los labios de Sakura se curvaron con una sonrisa. Levantó la mano izquierda.

—Ningún marido. Y antes de que consigáis una forma sutil de preguntarlo, tampoco ningún novio. Estoy por mi cuenta esta Navidad. Mi familia, bueno, sólo digamos que no están exactamente en la foto.

A Sasuke no le gustó como sonaba eso. Ella no aparentaba tener más de veintidós o veintitrés años. ¿Estaba viviendo en el centro de Manhattan por su cuenta?

—¿Tus padres están muertos?

Ella negó con la cabeza.

—No. No aprueban mis elecciones. Decidí dedicarme al arte en vez de a las grandes empresas. Por lo que me desheredaron. Afortunadamente, mi tía dirige este lugar. Me dio un trabajo y una habitación.

—¿Entonces vives aquí? —se escuchó Sasuke preguntando. Necesitaba asegurarse de que ella estuviera bien, entonces arrastraría a su hermano escaleras arriba hasta su habitación así no estarían tentados a quedarse toda la noche y abrirse camino dentro de ella. Sí, ese era un plan convincente. En cambio, se encontró acomodándose en el confortable sofá y cada vez más cerca de su delicioso cuerpo. Ella sería pequeña entre ellos. Podía acurrucarse en medio, sus pechos contra su torso, su trasero acunado contra Naruto.

Él miró a su hermano mientras Sakura hablaba sobre su dormitorio y la vista de Central Park. Naruto enarcó una ceja. Vamos, hermano. Ella está aquí. Es espléndida y está sola. Podemos cuidarla. Podemos hacerla sentir bien esta noche.

¿Y mañana? Ellos lo habían estado debatiendo momentos antes de que Sakura cayera de esa escalera desvencijada y casi se rompiera el cuello. Sasuke había terminado su perorata de "estamos-encubiertos-y-las-cosas-podrían-volverse-peligrosas"cuando la había visto empezar a caer. Se había movido más rápido que nunca, llegando allí justo a tiempo para atraparla.

No es que Sakura Haruno no fuera tentadora. Y tan deliciosa que le hacía la boca agua. Era atractiva de una forma en que ninguna otra mujer lo había sido antes para él. Tampoco era una chica para pasar el rato. El dato estaba grabado por toda su cara. Era la clase de chica con la que un hombre tenía citas y cuidaba. Con la que finalmente se casaba. De ninguna manera era el tipo de chica a la que un hombre compartía con su hermano gemelo por la noche. Se veía muy inocente. Demonios, probablemente huiría de un ménage si él se lo propusiera. No es que muchas mujeres realmente quisieran uno. Seguramente fantaseaban, pero en el momento de la verdad…no tanto. Entonces cuando añadía sus otras tendencias… Sasuke hizo una mueca. Definitivamente no.

Por supuesto, meditaba mientras Naruto y ella charlaban, su amigo Shikamaru había encontrado a una mujer para compartir con sus dos hermanos. Y todos la sobrepasaban. Demonios, Naruto y él eran prácticamente normales en comparación con la pandilla Nara.

Pero este no era el verdadero problema. Su hermano y él estaban metidos hasta el cuello en un caso que involucraba a jóvenes desaparecidas que eran vendidas como esclavas sexuales.

Ante el recordatorio mental, se sentó de nuevo. Sakura no necesitaba estar involucrada en eso. Dios, realmente no necesitaba estar involucrada con ellos, pero joder si él no estaba salivando sobre ella. La había conocido hacía treinta minutos y ya quería saber sobre su infancia, sus comidas favoritas y como se sentiría alrededor de su polla. Demasiado peligroso.

—¡Cielos!, ya es suficiente para mí. Me estoy pasando. —Se sonrojó, el color invadió su piel como una manta rosada. Él había estado rodeado de mujeres fuertes demasiado tiempo. La suavidad de Sakura estaba llegándole.

—No nos importa, ¿verdad, Sasuke? —La pregunta de Naruto fue dirigida como una daga. No la cagues. La quiero.

Sasuke la quería, también, pero era más realista. Naruto era un optimista que creía que el mundo cagaba arcoíris y que el sol realmente saldría mañana. Sasuke rehusaba creer esa mierda hasta que la veía. Naruto parecía tener todo el ADN positivo que sus padres tenían para dar, dejándole a Sasuke la triste realidad. Sin embargo, su boca se movió como si pensara que estaba completamente de acuerdo con su polla, en lugar de con su cerebro totalmente sensato.

—No, no nos importa, nena.

Ella sacudió la cabeza. Su maravilloso cabello era de un brillante rosa. Se vería hermoso extendido sobre su almohada mientras tomaba su polla.

—Os estoy aburriendo. Pobre niña rica. Ya no tan rica, pero está bien. ¿De dónde sois?

—Dallas —contestó Naruto—. Crecimos en los suburbios, pero ahora vivimos en la ciudad.

Tenían un bonito apartamento con una magnífica vista. Tenía tres habitaciones. Una para Sasuke. Una para Naruto. Y una enorme habitación principal para las mujeres que compartían. No habían compartido por un tiempo más allá del ocasional rollo de una noche. Sasuke estaba harto de eso. Quería más. Pero ahora no era el momento adecuado. Sakura no era la chica adecuada, por mucho que él deseara otra cosa.

La conversación fluía, más fácilmente que antes. Sasuke se sintió atraído. Generalmente dejaba que Naruto efectuara el encantamiento y él solo se unía para el sexo. Pero realmente hablaba con Sakura. Naruto y él bromearon sobre su infancia y las bromas de gemelos que les gastaron a sus amigos y a sus profesores por igual. Dios, había olvidado lo divertidos que acostumbraban a ser. Había estado tan sumido en el trabajo, en el peligro. ¿Cuánto tiempo había pasado desde que sólo se relajó?

Tomó otro largo sorbo de whisky cuando empezó a sonar una lenta canción navideña. Naruto se levantó y extendió la mano hacia la mujer frente a él. Maldición, su hermano era zalamero.

—¿Bailas conmigo? —preguntó Naruto con un atisbo de sonrisa en su cara.

Sakura miró alrededor como para asegurarse de que estaban verdaderamente solos.

—Seguro, pero con una única condición. Tengo que bailar también con Sasuke. No digas que no. Es Nochebuena y quiero un regalo.

Él nunca bailaba. No estaba seguro de que pudiera. Y sin embargo después que Naruto acabó de dar vueltas con ella, Sasuke se encontró de pie y tomándola entre sus brazos, su mano rodeando su pequeña cintura. Él prácticamente gimió cuando ella apoyó la cabeza en su pecho.

¿Qué demonios estaba haciendo? Esta era una mala idea. Pero en el momento en que ella se acurrucó más cerca, supo que no podría hacer otra cosa que balancearse con la música. La nieve caía en las calles de Nueva York justo detrás de la ventana y a pesar del peligro y del mundo sórdido que le esperaba, Sasuke Uchiha se sintió feliz por primera vez en lo que parecía ser una eternidad.