Capitulo 2

En la actualidad—Virginia

El aire frío golpeó los pulmones de Naruto como un cuchillo en el pecho. Se obligó a inspirar más profundamente a medida que ellos se movían fuera de la casa y se dirigían hacia el coche.

Ellos. No sólo Sakura, sino también Rui. Su hijo. Esa verdad le golpeó. Si el pequeño mechón de pelo negro no delatara al niño, estaba el hecho de que Sakura no había estado alrededor de ningún hombre durante el año pasado excepto Madara. Quien resultó que era un gato. Por lo que apostaba que Rui era de ellos.

Después de todo, ella sólo había tenido dos amantes en toda su vida.

¿Cómo podía el detective privado que habían contratado equivocarse tanto? Otra pregunta para otro momento.

Sasuke permanecía cerca del coche.

—No he podido encontrar a nadie más en la casa, sólo ese maldito gato. Está en el coche. Desagradable bola de pelo. He llamado a la policía. Vamos a sacar a Sakura de la casa en caso que el idiota de Orochimaru esté diciendo la verdad. —Sasuke frunció el ceño mientras Sakura corría hacia el coche con el bebé envuelto contra su pecho—. ¿Es otro maldito gato? No más. El primero tiene una maldita actitud. Por no mencionar su aliento.

La manta se soltó y Rui hizo un pequeño gorjeo, su pequeña cabeza se giró para estudiar a los recién llegados. A diferencia del sombrío rostro de su madre, Rui estaba feliz. Sonrió, mostrando una boca sin ningún diente.

—Esto es un bebé, Naruto. ¿Qué demonios? —La boca de Sasuke estaba abierta.

Si la situación no hubiera sido tan terrible, se habría deleitado con la sorpresa de su hermano. Nada amedrentaba a Sasuke. Incluso cuando habían sido atacados por diez soldados talibanes armados en un callejón afgano, simplemente mató a su mitad, se encogió de hombros y dijo "Te lo dije" antes de abrir otra botella de cerveza del mercado negro. Naruto aprovechó la ocasión para agarrar las llaves de las manos de su hermano.

—Tus poderes de observación son asombrosos. Metete en el coche. Necesitamos alcanzar a los policías. Sakura entra.

Ella negó con la cabeza.

—Usaré el mío. Tengo un asiento para Rui.

Naruto sintió que perdía la paciencia. ¿Ella no se había dado cuenta de la gravedad de la situación?

—Te meterás ahora en el coche. Maldita sea, Sakura, alguien acaba de tratar de matarte. Ese capullo dijo que puso cargas por toda la casa. Cargas quiere decir que la mierda estallará —gruñó—. No sabemos cuántos ojos están sobre nosotros ahora mismo. Metete en el coche.

La cabeza de Sakura giró como si estuviera buscando a quién permanecía en las sombras observando. Su mano fue protectoramente sobre la cabeza de Rui, acurrucando todo su cuerpo contra el de ella. Se deslizó en el asiento delantero del SUV alquilado y cerró la puerta.

Sasuke simplemente se quedó mirando el lugar donde ella había estado de pie.

Naruto miró ferozmente a su hermano y abrió la puerta del conductor.

—Espabila.

Sasuke señaló la casa.

—¿Vamos a dejar que su marido muera? Ella no nos perdonará.

—No hay marido. Madara es el puto gato. Ella no estaba tratando de salvar a su marido, Sasuke. Estaba intentando de salvar a Rui, su bebé.

Sasuke frunció el ceño y sacudió la cabeza.

—Ese bebé no puede tener más que unos pocos meses. Si no hay marido, eso significa…

—Rui es hijo nuestro, sí. Bueno, hijo de uno de nosotros, biológicamente hablando. — La biología no importaba en su caso. Lo que un simple test de paternidad pudiera decirles no tenía ninguna importancia. Este era su hijo. No importaba quien había proporcionado el ADN. Como todo en su vida, era compartido e idéntico. Rui era de ellos.

—¿Cómo demonios el investigador omitió esto? —gruñó Sasuke—. Hemos estado recibiendo informes durante un año y ¿no pensaba mencionar que estaba embarazada?

¿Podía el idiota notar la diferencia entre un hombre y un gato? Ella tuvo nuestro bebé. Se ha estado encargando de esto sola.

Naruto entendía totalmente la furia de su hermano. Él mismo la sentía. La idea de Sakura en un hospital pariendo sin ninguno de ellos para sostener su mano hacía que su corazón se apretara y su estómago se revolviera.

—Este no es el momento. Tenemos que irnos.

Sasuke asintió con la cabeza. Naruto podía sentir la ansiedad que salía de su hermano en oleadas, pero no había tiempo de calmarle. Él respiró aliviado cuando Sasuke accedió, metiéndose en la parte trasera del SUV y cerrando la puerta con un golpe seco y fuerte.

Naruto esperaba dentro, su corazón se retorcía ante las palabras de Sasuke. Dios, su hermano tenía razón. Sakura había estado sola. Ellos ni siquiera habían sabido si les necesitó, a pesar de todo el dinero y el esfuerzo que pusieron para mantener a un detective privado tras ella. ¿Cómo demonios había sucedido?

Puso en marcha el coche. La noche a su alrededor estaba tranquila. El bebé hacía gorgoritos. El gato maulló. Pero la tensión entre los adultos humanos era espesa y penetrante. Naruto aceleró el vehículo y volaron hacia la carretera.

—¿En qué dirección está la comisaría? Preferiría no ser presa fácil aquí esperándoles. —La comisaría sería un sitio bueno y seguro para esconder a Sakura y a Rui mientras Sasuke y él averiguaban cuál de los esbirros de Orochimaru había tomado las riendas del negocio y estaba buscando un poco de venganza.

—Al llegar a la carretera, gira a la izquierda. —Las manos de Sakura temblaban. Rui palmeó la cara de su madre como si pudiera sentir su miedo y estuviera intentando calmarla. —¿Por qué estáis aquí? ¿Quién era ese hombre? Salió de la nada. Yo estaba limpiando los pinceles después de trabajar en un cuadro y me sorprendió.

Eso explicaba el aguarrás.

—¿Con qué le golpeaste?

—Estaba utilizando algunas cenizas de la chimenea para mezclarlas con la pintura. Era una especie de alegoría. Las puse en un cubo y utilicé un atizador para removerlas. Afortunadamente, los bajé al sótano para limpiarlos, también. Con eso le golpee.

Su Sakura luchaba duro cuando tenía que hacerlo.

—Lo hiciste bien, cariño.

—¿Quién era? ¿Qué quiere de mí?

Naruto abrió la boca para responderle, pero el sonido de una explosión que resonó a través del aire cortó su réplica. Un fuerte estallido partió la noche y el espejo retrovisor mostró un brillante destello rojo y naranja mientras la hermosa casa de Sakura ardía con una bola de calientes llamaradas color naranja. Él podía sentir el calor carretera abajo. Naruto luchó para mantener el control del coche mientras la tierra temblaba. A su alrededor, trozos de la casa caían como lluvia e impactaban en el techo del SUV como perdigones golpeando una lata.

—Oh, Dios mío. —Aferrando a Rui, Sakura miró boquiabierta por la ventana trasera la devastación de la que solía ser su casa. Jadeó y las lágrimas corrieron por sus mejillas.

Naruto iba a estirarse para alcanzar su mano cuando sonó su teléfono móvil. Maldita sea. Ahora no necesitaba tratar con su secretaria o con un cliente. Sakura era mucho más importante. Lo ignoró.

—Contesta, Naruto —dijo Sasuke gravemente. Su propio móvil estaba en la mano mientras lo sostenía en alto para que Naruto pudiera ver por el espejo retrovisor—. Tengo un mensaje de texto. Kabuto quiere hablar contigo.

Kabuto. El puñetero hijo de Orochimaru. Por lo menos ahora sabía con quién estaban tratando. Pero no era bueno… para nada.

—¿De quién estáis hablando? —preguntó Sakura, con pánico creciente en la voz—. ¿Quién es Kabuto? ¿Es el hijo de puta que acaba de volar mi casa?

Naruto se alegró de ver la mano de Sasuke sobre el hombro de ella. Su hermano le susurraba, intentando calmarla. Naruto se encargó del problema en cuestión mientras conducía, la grava crujió bajo los neumáticos y respondió.

—Soy Naruto.

—Bienvenido a los Estados Unidos, señor Uchiha. Ha estado mucho tiempo fuera. Confío en que su vuelo haya sido bueno. —Había una suave satisfacción en la voz de Kabuto.

—Tú eres el que nos envió el mensaje de texto. —No había duda. Sakura no les había llamado cuando estaba embarazada. No les había enviado el mensaje ayer. De hecho, ella nunca había tenido la intención de dirigirles la palabra otra vez. Él apartó esa comprensión para tratar con ella en un mejor momento.

—Pensé que ya era hora de que hablásemos. Tú mataste a mi padre.

—No —corrigió Naruto, su mandíbula estaba tensamente apretada—. Metí a tu padre en la cárcel por vender mujeres jóvenes a prostíbulos en América del Sur. Algunos tipos que cumplían cadena perpetua le acuchillaron.

Un final apropiado, en opinión de Naruto. Les había ahorrado todo el esfuerzo de un juicio. Sasuke y él habían visto lo que les sucedió a las mujeres que el viejo Orochimaru había vendido a sus amigos de América del Sur. Aún podía ver sus ojos angustiados. Algunas habían muerto. Otras habían perdido sus almas. Él no sentía ni un solo remordimiento por el destino de ese maldito bastardo.

—Puede que no clavaras la cuchilla, pero lo hiciste posible. La familia significa algo para mí. ¿Creías que iba a dejarlo pasar? —Hubo una ligera pausa en el lado de Kabuto—. Ya que tus padres murieron, fui tras la siguiente mejor opción.

Le costó todo lo que tenía mantener las manos en el volante. Sabía lo que quería decir Kabuto. Sakura.

—¿Cómo demonios supiste de ella? —Naruto sostenía el teléfono con una mano, con la otra apretaba el volante. No quería que Sakura escuchara esta conversación, pero no veía una manera de evitarlo. Tenía que entender algunas cosas y rápidamente.

—Tienes varias personas en tu nómina, señor Uchiha. Los empleados no son familia. He aprendido eso de la manera más dura. Es muy fácil sobornar a alguno. Deberías saberlo. Así es como atrapaste a mi padre. A propósito, ya he matado a Jūgo. Murió chillando como un cerdo.

Jūgo. El joven era prometedor y había estado ascendiendo en la organización de Orochimaru cuando tuvo un ataque de conciencia. Jūgo había estado dispuesto a traficar con drogas, pero no a vender a chicas jóvenes para la prostitución. Se había convertido en su informante. Y su conciencia le había matado.

—¿Qué quieres? Me reuniré contigo. Es cosa mía. Yo acepté el caso. Yo asumiré la culpa.

Un bufido de incredulidad sonó a través de la línea.

—Nunca eres solo tú, Uchiha. Eres tú y ese hermano tuyo. He pensado mucho en matar a uno de vosotros, pero eso de exonerar a uno es demasiado fácil. Quería que ambos sufrierais como yo, que os acongojarais. Entonces recordé a la deliciosa señorita Haruno. Desafortunadamente, en el momento en que la seguí, estaba embarazada. Creo en el karma. Tampoco soy totalmente cruel. No tengo intención de dañar al niño.

—¿No crees que matar a la madre le dañaría?

A su lado Sakura jadeó, un sonido tembloroso lleno de miedo. Naruto trató de aislarse de ella y centrarse. Casi al instante en que deseó que Sasuke la consolara, la mano de su hermano volvió a acariciarle el hombro. Naruto escuchó a Kabuto otra vez.

—Estoy haciendo un trato, Naruto. Soy un hombre razonable, pero me gusta jugar. He estado montando el juego durante meses. Las piezas están su lugar. Empezaremos pronto.

Dios, ese cabrón estaba loco. Pero era inteligente. Naruto detuvo el coche al borde de la carretera. Una vez que tuviera a Sakura segura con la policía, llamaría a los federales. Empezó a dar la vuelta.

—¿De verdad quieres ir en esa dirección, señor Uchiha?

Naruto se detuvo, apretando el freno. ¿El gilipollas estaba todavía observándoles? Por supuesto. Debía tener los ojos en toda la carretera que llevaba a la propiedad de Sakura.

Sakura miró en torno a ellos de manera rápida y nerviosa.

—¿Qué pasa? La comisaría está a un kilómetro en dirección oeste. Vamos.

Él negó con la cabeza.

—Nos están vigilando.

El arma de Sasuke estaba de vuelta en su mano. A través del espejo, Naruto pudo ver a su hermano vigilando. Su mano libre se levantó, empujando suavemente a Sakura.

—Mantente en el suelo del coche, nena. Rui y tú permaneced abajo.

Sakura lo hizo sin protestar.

—No voy a ir a ti mientras ella esté en el coche —insistió Naruto—. Deja que la lleve a la policía con el niño, entonces vendré. También lo hará Sasuke.

No hubo ni una palabra de protesta de Sasuke, pero Naruto no había esperado ninguna. Como de costumbre, su hermano y él estaban en la misma sintonía. Amaban a Sakura.

Harían cualquier cosa por salvarla, incluso morir.

Kabuto se rió entre dientes.

—Puedes llevarla a la policía, pero como dije, he estado montando el juego durante un tiempo. Pregúntale a la señorita Haruno si conoce a un amistoso comisario llamado Danzō.

Él miró a Sakura.

—¿Conoces a alguien llamado Danzō, cariño?

Ella asintió con la cabeza.

—Sí, es el hombre con quien debemos hablar. Es mi amigo. Está en la policía. Él sabrá que hacer.

No. Él era un jodido espía en esta pequeña ciudad. Una marioneta y Kabuto estaba manejando las cuerdas. Les había dado esta única pista para demostrarlo. Naruto se apartó de ella, hablando otra vez por teléfono.

—Lo he pillado.

—Entonces también sabrás que tengo amigos en el FBI, en la DEA y casi en todas las agencias que tienen empleados mal pagados. Oh, podrías ser capaz de encontrar a los buenos, pero ¿de verdad quieres correr ese riesgo?

Mierda. Sus ojos se encontraron con los de Sasuke en el espejo. Podía ver claramente que Sasuke estaba siguiendo la lógica de la conversación sin escucharla.

—¿Nada de policía? ¿Nada de federales? —preguntó Sasuke con voz tensa.

Naruto asintió ligeramente con la cabeza.

Sasuke maldijo. Sabía lo jodidos que estaban. Podían aprovechar la oportunidad y arriesgar a Sakura o podían escapar por su cuenta.

—¿Qué quieres, Kabuto?

La voz de Kabuto se volvió seria.

—Quiero a mi padre de regreso, pero dado que eso no va a pasar, me conformo con que os sintáis tan mal como yo. Voy a matar a vuestra chica. Si sigues mis instrucciones, dejaré a vuestro hijo fuera de esto. Si no, entonces él será un daño colateral. Ya os he dado pruebas de mi buena voluntad.

—¿En serio?

—Sí. Esperé a volar la casa hasta que sacaste al niño. Preferiría no matarlo, pero lo haré si me obligáis a ello. Tenéis veinticuatro horas para soltar al crío. Después de eso, vendré con las armas disparando indiscriminadamente y no me importará quien consiga una bala.

—Comprendes que si le haces daño, Sasuke y yo nunca dejaremos de perseguirte.

—Ah, entonces nuestro juego puede continuar. Más bien contaba con eso. Veinticuatro horas.

La comunicación se cortó y Naruto sintió el estómago revuelto. El camino se extendía delante de él. Tres opciones. A la izquierda hacia la policía, derecho por la autopista o a la derecha a Dios sabía qué. Mierda. ¿Y si escogía mal?

—Quiere matarme. —Sakura parpadeó hacia él desde su posición agachada. No era una pregunta.

—Sí. —No había manera de protegerla de esto—. Puedes volver al asiento, cariño. Tenemos veinticuatro horas para dejar a nuestro hijo en algún sitio seguro o matará también a Rui. Le creo.

—Kabuto. El hijo. El jugador. Joder. Ni siquiera pensé en él. Apenas parecía interesado en los negocios de su padre. —Sasuke se pasó una mano por la cara, sus ojos se veían desapacibles.

—Ahora está interesado —confirmó Naruto—. Especialmente en la venganza.

Sakura sollozó mientras regresaba a su asiento.

—Necesitamos suministros. Todo lo que tenía para Rui voló por los aires. Necesitamos una sillita para el coche, más pañales y ropa. Leche. Necesita leche para bebés. Pronto estará hambriento. —Apretó los brazos en torno a su hijo—. Dios, por favor haz que me despierte. Por favor que esto sea una pesadilla.

A Naruto le dolía el corazón.

—Cariño, voy a arreglar esto.

Los ojos de ella se encontraron con los suyos, la ira hacía que llamearan.

—No me llames así. Nunca vuelvas a llamarme así. Quiero ir a la policía, pero no puedo ¿verdad? Algún tipo os odia y quiere desquitarse conmigo y no puedo ir a la policía porque ese memo los tiene en su nómina. Mi buen amigo, el comisario Danzō está trabajando para ese tío.

—Según Kabuto, sí. —Él daría cualquier cosa por alejar la traición en su rostro. Para apartar el peligro de su vida—. Todas las fuerzas del orden están descartadas si queremos estar cien por cien seguros de tu seguridad.

—¿En serio? ¿Incluso el FBI?

Él tragó, la bilis estaba en su garganta. Así no era como había imaginado su encuentro.

—No podemos ir a ellos o a ningún otro. Vamos por nuestra cuenta, Sakura.

—¿Y él perdonará a mi hijo si lo sacamos del medio? —La voz de Sakura era contenida, pero tenía mucha fuerza. Era una madre protegiendo a su hijo, pero estaba escuchando, evaluando, procesando. No estaba entrenada para esto, pero estaba llevándolo increíblemente bien—. ¿Si me entrego, perdonará a mi hijo?

—No te vas a entregar —ladró Sasuke.

—No dejaremos que nadie te haga daño —le aseguró Naruto—. Creo en él en lo que respecta a no querer tener a Rui involucrado. Si no fuera así, no hubiera volado la casa después que saliéramos. Necesitamos llevar al bebé a algún lugar seguro. Sé que no te va a gustar esto, pero tenemos amigos, amigos poderosos. Protegerán totalmente a Rui. Y nosotros te protegeremos a ti.

Estiró la mano hacia ella, pero ella se apartó.

—No me gusta nada de esto, Naruto. Pero parece que no tengo ninguna opción. Somos sólo Rui y yo. Mis padres no levantarán un dedo para ayudarnos. Mi único amigo aquí parece estar trabajando para el enemigo. Vosotros dos sois mi única opción. Quiero hablar con esos amigos vuestros. Llamadles. No puedo entregar a mi hijo a cualquiera.

Sasuke hizo la llamada, murmurando:

—Neji te tranquilizará, nena. También querrás hablar con Tenten, su esposa.

Naruto observó a Sakura mientras ésta miraba furiosamente a Sasuke con la mano extendida hacia el teléfono. La habían llevado a esta situación. Dios, ella nunca iba a perdonarles.

Giró hacia la derecha en dirección a la autopista que les llevaría de regreso a D. C. Neji vendría. Shikamaru y Kiba, sus hermanos, también harían cualquier cosa para proteger a Rui. Tenten mimaría y querría a su hijo tan pronto como escuchara la historia. Y si ocurría lo peor y ninguno lo lograba, la familia Nara cuidaría de Rui.

Naruto se resistió a la urgencia de golpear el parabrisas con el puño. Dios, quería conocer a su hijo. Ya se había perdido algunos meses de la vida de Rui y ahora ¿tenía que entregarlo? ¿Por cuánto… días? ¿Semanas? Se negaba a pensar que pudiera ser por más tiempo. O para siempre. Y la idea de Sakura en peligro le volvía aún más loco. Empezó a entender la veta violenta de Sasuke.

Su mente vagó mientras los kilómetros pasaban volando, imágenes de Sakura riendo bailaban por su cabeza. Tiempos más felices. ¿Alguna vez volvería a sonreír para ellos?

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Un año antes—Nueva York

Sakura se apresuró a entrar en ese pequeño local mejicano con su carpeta en la mano. Estaba llegando tarde, pero no podía quitarse la sonrisa de la cara. Los últimos días habían sido increíbles. Naruto y Sasuke habían pasado con ella el día de Navidad, llevándola a desayunar y a comer, entonces se sentaron en el bar mientras ella trabajó en su turno de noche. Ellos tenían que trabajar al día siguiente. Según sus amigas entre el personal de limpieza, habían estado en el hotel durante una semana, entrando y saliendo a horas intempestivas de la noche. No estaba exactamente segura de lo que hacían para vivir. Le habían explicado algo sobre negocios de importación y exportación, pero ella simplemente no podía verles detrás de un escritorio. Tenían demasiada energía. Eran demasiado… peligrosos.

Todavía no los había llegado a entender.

Y nunca podría. Realmente no le importaba por qué estaban allí. Solo estaba muy feliz de que estuvieran. El restaurante era ruidoso, vibrante y anunciaba con orgullo que vendían las más grandes margaritas de Manhattan.

—¡Sakura! —Naruto se puso de pie, agitando la mano para indicarle la mesa que él y Sasuke habían reservado.

Con una sonrisa, ella se acercó a ellos, rebosante de excitación.

La amistosa sonrisa de Naruto iluminaba todo el lugar. Sasuke era más oscuro. Ella los veía por lo que eran, mitades de un todo. Sólo mirarles desataba su creatividad. Y su libido. ¿De verdad estaba considerando hacer algo al respecto? ¿Tendría el coraje de ser honesta con ellos?

—Te he pedido un margarita. Espero que no te importe. Recordé que dijiste que te gustaba el mango. —Sasuke no sonrió mientras le ofrecía el increíblemente enorme vaso. Estaba ligeramente serio, casi como si esperara que le rechazara.

Ella deslizó una mano sobre la de él, encantada del alivio que cruzó su cara, la forma en que se relajó.

—Me gusta el mango. Gracias. Y tengo algo que celebrar.

Naruto se volvió a sentar. Los dos hombres la rodeaban. Se sentía extrañamente segura cuando estaba entre ellos, lo que sucedía a menudo. Cuando tomaban un taxi, ella se encontraba en medio. Paseando por Times Square la noche anterior, ella había tenido un hermano a cada lado, sus enormes cuerpos eran un baluarte contra la multitud invasora. Ella encajaba entre ellos. Quería ver como encajaba entre ellos en la cama.

—Estás sonrojándote —dijo Naruto con una sonrisa—. ¿Esta celebración se está volviendo traviesa?

Ella estaba segura que se puso aún más colorada.

—Vendí una pintura.

Los ojos de Sasuke resplandecieron.

—Sakura, esto es maravilloso. ¿A una galería?

Ella asintió con la cabeza. Iba a tener un trabajo en una galería del Soho. Parecía demasiado bueno para ser verdad.

—Realmente no la he vendido, pero la propietaria de la galería está de acuerdo en colgarla. ¡Tengo una pintura en venta! Ella quiere ver más. No puedo creerlo. Sé que es pequeño, pero es un principio.

Estaba prácticamente tarareando de alegría.

—No es pequeño —dijo Sasuke, su voz era un profundo retumbo—. Es enorme. Esto es genial.

—Es increíble, Sakura. No puedo esperar para ver tu primera exposición —dijo Naruto con una enorme sonrisa en la cara.

Dios, si ella no estaba resplandeciendo era sólo porque era imposible para la piel humana hacerlo. Estaba completamente segura que ahora entendía lo que significaba brillar de alegría. Ellos eran muy amables con ella. Había pasado los últimos días disfrutando de eso, desesperada por que este vértigo no tuviera fin. Pensaba en ellos todo el día…y toda la noche. Ahora sabía lo que quería.

A los dos.

Ella había esperado. Bueno, no exactamente esperado. El sexo simplemente no había aparecido. Había pasado demasiados años intentando complacer a sus padres convirtiéndose en la estudiante perfecta. Se había graduado del instituto muy pronto. Había ido a la universidad demasiado joven para encajar realmente con sus compañeros. Desde que llegó a Nueva York, en todo lo que era capaz de pensar era en tener un techo sobre su cabeza y comida en su estómago.

Ya era hora de tener una relación. Esto podría no durar más que una semana, pero quería saber lo que significaba pertenecer a alguien.

—Deberíamos celebrarlo —ofreció Naruto—. Creo que bailar es lo indicado.

Sasuke gruñó. A pesar de que él no era muy buen bailarín, a ella le gustó estar entre sus fuertes brazos cuando bailaron en Nochebuena. Él había suspirado y se había llamado a sí mismo elefante con dos pies, pero estar cerca de él hizo que todas las quejas valieran la pena.

—¿Y una película? —Sasuke prácticamente suplicó—. O un espectáculo. Iré a ver un espectáculo. Oye, puedo hacer concesiones.

Ella tomó un largo trago de margarita, deseando mejor una copa de tequila. Valor líquido, lo necesitaba. En vez de eso, inspiró y siguió adelante.

—Creo que deberíamos ir a la cama.

Ambos se detuvieron y, en perfecta sincronía, giraron sus oscuras cabezas en dirección a ella.

—¿Qué has dicho, cariño? —preguntó Naruto.

Ella se lamió los labios repentinamente secos.

—Ya me has oído.

—Yo escuché que nos quieres en la cama. —Sasuke la miró como un león a punto de saltar sobre algo suave y peludo—. Todos. Juntos.

Sip. Ellos sólo la miraban en silencio, esos ardientes ojos azules diseccionaban. La vergüenza la inundó. ¿Había estado equivocada con ellos? ¿Había dejado que las fantasías en su cabeza nublaran su juicio?

Los ojos de Naruto se entornaron.

—¿Quieres un ménage, cariño? ¿Has tenido alguno?

Ella negó con la cabeza. Oh, no quería admitir más que eso. Seguramente podría fingir cierta experiencia. Había visto películas. La mayoría de clasificación R, pero Sai de conserjería una vez hizo una fiesta donde varios chicos se habían ido a la parte de atrás y vieron películas porno. Ella había echado un vistazo. Un largo vistazo.

—¿Entiendes lo que estás pidiendo? —preguntó Sasuke. Él había cerrado completamente su expresión. Naruto estaba relajado, su expresión sensual era casi decadente. Pero Sasuke se sentaba rígidamente, todo su cuerpo parecía cerrado en banda.

Sakura luchó contra las lágrimas que amenazaban. Había pensado que ambos la deseaban. Sasuke, al parecer, sólo estaba siendo amable. Si no podía tenerlos a ambos, se preguntaba si no debería alejarse. Sería como si aceptara la mitad de algo. Incluso desde esa primera noche, ella los veía como una unidad. Forzó una brillante sonrisa, odiando el lloriqueo que salió. Se había metido sola en este lío. Podía salir sola de él.

—Sólo estaba bromeando. —Ella se obligó a sonreír—. Lo siento, chicos. Prometo dejar de contar chistes malos. Vamos a tener una cena agradable y luego regresaré al hotel porque tengo que trabajar esta noche.

—No, no has de hacerlo. Shino está trabajando. Vi el horario. —Naruto arqueó una ceja oscura.

Era una mentirosa horrible. No podía mantener más el alegre pretexto, no con la humillación punzando cada rincón de su cuerpo.

—¿Por qué sólo no me marcho?

Agarrando su abrigo, se puso de pie.

—No —ladró Naruto con un ceño feroz—. Sakura, vuelve a tu asiento. Tenemos que hablar de esto.

Lentamente, ella dejó el abrigo a un lado y se deslizó en el asiento.

—No hay nada que decir. Si no queréis…

Sasuke bufó, sus ojos luciendo como si se hubieran calentado hasta diez mil grados en el último minuto, aunque el resto de su cuerpo permanecía helado.

Pero Naruto habló.

—Cariño, no nos ha sorprendido la idea. Créeme. Hemos hecho esto una o dos veces. Preferimos compartir amantes, pero tú eres muy joven.

—Y muy inexperta. —Un hecho que, obviamente, hacía que Sasuke rechinara los dientes.

—¿Cómo lo sabéis? —desafió Sakura. Era verdad, pero su conjetura la irritó. Luchó con el ansia de levantarse y marcharse… terminar con esta noche vergonzosa—. No conocéis mi historia. Puedo haber tenido un montón de amantes.

Ambos hombres bufaron. De alguna manera lo hicieron parecer elegante.

—Cariño, si has tenido más de un par de amantes, me comeré los calcetines. —Naruto la observó de cerca—. Has tenido un par, ¿verdad?

Ella tomó otro largo trago y se retorció las manos. Ellos parecían ver a través de ella. No tenía sentido mentir.

—Bien. De acuerdo. No.

Sasuke apretó la mandíbula y lanzó a Naruto una mirada acusadora.

—Te dije desde el primer minuto que la encontramos, que era virgen. Maldita sea.

Sakura se sintió sola de repente. Los gemelos se estaban mirando el uno al otro, sus ojos hablaban mientras sus bocas permanecían cerradas. Algunas veces se retraían a un mundo privado donde ella no podía seguirles.

Momentos después, Sasuke se puso de pie, abrochándose la chaqueta del traje.

—Es hora de que me vaya. Ella es demasiado inocente para lo que necesito. No puedo meter en eso a una virgen. Además, está más interesada en ti. Me iré al hotel. Tenemos trabajo que hacer, ¿recuerdas?

Naruto puso mala cara.

—¿Podemos hablarlo?

—¿Qué coño hay que decir?

Ella estaba sentada observándoles, deseando no haber hablado. Todavía podrían estar sentados teniendo una cena agradable y planeando ir juntos al cine o a ver un espectáculo. Pero no, ella necesitaba labrar su propio camino. Siempre lo hacía. En su cabeza podía escuchar a su madre quejándose sobre la hija ingrata que era por desviarse de sus planes y hacer los propios. Pintar, no negocios internacionales. Dos hombres, no uno.

Sakura les escuchaba discutir. Ella estaba fuera ahora, pero se había sentido así toda su vida. Incluso en las espléndidas fiestas que sus padres habían dado, ella había estado fuera. Cuando había intentado encajar, yendo a una universidad a la que no quería asistir, estudiando lo que no le gustaba, había sido terrible. Siempre fuera.

Lo mejor que hizo había sido desafiar a sus padres. Se había plantado y consiguió ser echada a patadas, pero había sido para mejor. Se habría asfixiado si se hubiera quedado. Había sido más feliz desde que dejó todo eso atrás y no se arrepentía ni un solo minuto de su elección. Entonces ¿por qué se estaba lamentando en vez de luchar por lo que quería? ¿No estaba simplemente demostrando el punto de Sasuke de que era demasiado inexperta como para manejarlo?

No era una niña. Ella podría no haberse acostado con cualquiera, pero eso no quería decir que no pudiera hacerle frente. Le miró, realmente le miró. Trató de mirar más allá de su inseguridad y le vio como realmente era. Sakura se mordió el labio. ¿Cómo iba a atraer a Sasuke en este momento? Su cara estaba llena de líneas duras y ángulos sombríos, pero bajo el dolor ella veía la gentileza al acecho. Incluso anhelando. A ella le encantaría dibujarle, luego transferir esa imagen a un lienzo, los colores de su paleta dando vida a todo. El tiempo se ralentizó para Sakura. Le estudió como lo haría si pintara un sujeto, mirándole profundamente. Colores vivos. Él los necesitaba. No era tan blanco y negro como intentaba representar. Tenía un millón de sombras, como su hermano.

Él se giró hacia ella, y ella se dio cuenta de que su mirada cuidadosamente inexpresiva no era por ella. Estaba asustado por algo.

Tal vez ella se estaba engañando a si misma o viendo lo que quería ver, pero su repentino rechazo no tenía sentido. Durante cuatro días, Sasuke había estado a su lado, comiéndola con los ojos una y otra vez, seduciéndola silenciosamente con el deseo en sus ojos distantes. Naruto era más descarado, pero no se había imaginado la atracción de Sasuke hacia ella. ¿De qué tenía miedo?

—Adiós, Sakura. —Su voz sonó entrecortada—. Pasarás un buen rato con Naruto. Él cuidará de ti, nena.

—No. —La palabra escapó de sus labios. Ahora que lo había visto realmente, sabía en lo más profundo que si él dejaba que su miedo ganara, eso les perseguiría a todos.

Naruto sonrió, pero Sasuke frunció el ceño, repentinamente ofendido.

—¿No? —desafió Sasuke, inclinándose hacia delante—. ¿Qué se supone que significa eso?

Detenerlo en seco, la envalentonó. Sakura se puso de pie, la seguridad corría por sus venas y colocó la cara a escasos centímetros de la de él. Aún estaba nerviosa, pero nadie tiene lo que quiere dándose por vencido. Y ella sabía que estaba haciendo lo correcto.

—Quiere decir que ambos sois un tándem. No voy a conformarme con la mitad y eso es lo que conseguiría si me quedara sólo con Naruto. Conseguiría al bueno y al amable, pero no habría equilibrio.

—Puto equilibrio. Quédate con el príncipe encantador. Yo soy un hijo de puta despiadado. —Los ojos de Sasuke se entrecerraron. Sus puños se apretaron.

Ella estaba llegando a él.

—No necesito gentileza todo el tiempo —le aseguró Sakura en voz baja—. Necesito lo que puedas darme.

Sasuke hundió la mano en el cabello femenino y tiró de él ligeramente.

—No tengo gentileza en mí. Soy brutal. Te lo exigiré todo, entonces querré más. Querré darte un poco de dolor y entonces me pondré durísimo con tus grititos. Te querré atar, zurrarte el culo y compartirte con Naruto. Tienes razón; no estamos exactamente completos. Y no haremos esto por diversión. Te consumiremos.

Necesitaban compartirla. Se equilibraban el uno al otro en cada faceta de sus vidas, incluso sexualmente. Como artista, ella entendió completamente la simetría.

Le sonrió a Naruto que estaba pacientemente sentado, esperando el resultado de su pequeña escaramuza con una ligera sonrisa. Ella bebió en la fuerza de su estímulo antes de ponerse de puntillas y rozar su boca contra la de Sasuke. El beso fue una suave y dulce caricia de labios que la dejó anhelando más.

—Me animo a probar cada cosa indecente y oscura en la que puedas pensar —le susurró—. Pero ¿puedes facilitarme el proceso? Déjame tener un amante… —Ella sonrió abiertamente—…o dos. Entonces estaré preparada.

—Joder. —Sasuke le agarró el pelo en su puño y tiró, inmovilizándola con una devastada mirada de sus ojos Negros. Ella podía sentir la lucha en su interior, la necesidad entrando en conflicto con la cautela. Entonces él tomó su boca. Sakura se agarró como si su vida dependiera de ello. Había sido besada antes, pero no así. Le habían dado piquitos y un par de chicos habían empujado sus lenguas en ella, pero Sasuke dominaba. Su beso le hizo entender realmente la palabra. Él tenía el control total. Utilizando la lengua, entró, no preguntó si no que exigió entrar. Ella se lo dio porque le quería dentro. Le cedió el control, dejándose llevar por la ola. Su cuerpo se empapó con una oleada caliente de deseo mientras su lengua se frotaba contra la de ella con un sedoso deslizamiento. Ella podía sentir su coño contrayéndose, sus pliegues calentándose y suavizándose. Mojándose. Era diferente a cualquier cosa que jamás hubiera imaginado antes. Con esos fuertes y nervudos brazos, Sasuke la arrastró, su pecho era imposiblemente sólido y amplio contra sus pechos. Las caderas masculinas golpearon contra la de ella y pudo sentir el recorrido largo y grueso de su erección.

Él la deseaba. Ella se estremeció. Dios, le deseaba.

Él levantó la cabeza, sus labios casi gruñeron, su voz era áspera.

—Besa a Naruto. Déjame verte.

Naruto se puso de pie, sonriente y abierto, como si algo hubiera caído felizmente en su sitio.

—Debes hacer lo que dice, cariño. Es increíblemente mandón.

A pesar de toda la oscura pasión que sintió con Sasuke, una ligera alegría se apoderó de ella mientras Naruto la tomó en sus brazos. La besó apasionada y juguetonamente. Mordisqueó, flirteó, jugó con sus labios, sus dedos se deslizaron por su espalda para permanecer alegremente en su trasero.

Todo. Ella podía tenerlo todo. Estaba ahí a su alcance.

La lengua de Naruto se encontró con la suya y bailaron un tentador vals de deseo. Cuando él la soltó, sus profundos ojos azules se encontraron con los de ella y la besó en la frente con tanta ternura que las lágrimas vinieron a sus ojos.

—Gracias —susurró él.

—Llevadme a vuestra habitación. Os quiero a los dos. —Se estiró hacia Sasuke. Él dudó sólo un momento antes de tomar su mano. Ella le sonrió luminosamente. Su círculo estaba completo.