¡HOLA!

ANTES DE LEER ESTA TERCERA TEMPORADA, DEBES HABER LEÍDO "SEMPAI SE CASA" Y "SEMPAI SE CASA 2".

AQUÍ LES TRAIGO EL CAPÍTULO 3 DE "SEMPAI SE CASA 3". ESPERO QUE LO DISFRUTEN, LES GUSTE Y ME COMENTEN MUCHO JIJI :D MUCHAS GRACIAS POR SEGUIR FIELMENTE EL FIC! ME HACE MUY FELIZ :)

Bueno, ya saben que los personajes le pertenecen a Hinako Takanaga.

¡A LEER! ¡Disfruten!

(Cursiva - Pensamiento)

(Negrita - Dialogo)

CAP 3

POV MORINAGA

El viaje había sido muy largo y agotador que apenas llegamos a casa... Maggie, Sempai y yo caímos en el mundo de los sueños. Al día siguiente... teníamos mucha flojera de levantarnos; pero el timbre del apartamento empezó a sonar. Primero lo dejé pasar, porque de repente era algún vendedor ambulante; pero las timbradas se hicieron más seguidas. Sempai aún seguía medio dormido, así que se quedó en la cama; mientras que yo iba a atender la puerta.

Cuando llegué a la sala, el ruido había cesado, pero para mi mala suerte me di con la sorpresa que Maggie había abierto la puerta sin permiso, y al acercarme a ver quién era...

-Tetsuhiro...-

-... ¿PADRE?...-

Me quedé petrificado y boquiabierto por ver a mi propio padre parado en la puerta de mi apartamento. Había aparecido sin avisar; es decir; mencionó que quería venir a ver mi condición actual de vida, pero jamás pensé que sería tan pronto. Mi padre no había cambiado nada. Mantenía la misma postura imponente, y la cara seria de siempre al mencionar mi nombre "Tetsuhiro". Él jamás sonreía y conmigo siempre mostraba el peor gesto.

No sabía qué hacer, no estaba listo para decir la verdad, no estaba preparado para enfrentarme a él. Por suerte, había venido sin mi madre. Mi cuerpo empezó a temblar, pero quise mantener la calma para no asustar a Maggie; sin embargo, mi padre se sorprendió al notar que una pequeña niña de ojos claros y cabello similar al mío parada a su lado, sosteniendo aún la perilla de la puerta; pero luego volvió a fijar la mirada en mí. Mi padre no tenía que saber que esa niña era mi hija, pero...

-Tetsuhiro...- nuevamente aquella voz dura y fría –¿Es así como recibes a tu padre?- me regañó bastante calmado.

-Pa... padre...- no podía evitar ponerme nervioso e inconscientemente hice una pequeña reverencia –No pensé que vendría tan pronto-

-¿Quién es esta niña, Tetsuhiro?- se cruzó de brazos y la observó detenidamente –Es muy similar a ti-

-Ahh...- ¿qué hago? ¿qué hago? Creo que... no es el momento para hablar- cargué a Maggie y cerré la puerta del apartamento para que los vecinos no escuchasen la conversación.

-Tetsuhiro...- mi padre levantó la voz -¿Quién es esa niña?-

-¿Está... niña?- sonreí nerviosamente con Maggie en brazos, mientras que mi padre aún se encontraba de pie frente a mí esperando respuestas –Pues... pues es...-

-¡Papi Mori!- gritó Maggie con mucha inocencia.

-¿Acaso escuché bien?- mi padre sorprendió –¿Te dijo "papi"?-

-...- tragué grueso.

-¡Papi Mori, papi Mori!- expresaba Maggie sin saber las consecuencias.

-Padre... puedo explicarlo, yo...-

-Por fin te enderezaste, Tetsuhiro- indicó mi padre más calmado –Tienes una hija-

-Maggie...- la bajé –Anda a tu cuarto, por favor- le susurré, pero mi padre alcanzó a escuchar.

-¿Pero por qué la botas de aquí?- se acercó a ella y se agachó -Así que te llamas "Maggie"- mi hija se sintió algo incómoda y se quiso esconder atrás de mis piernas –Maggie Morinaga ¿eh?-

-Padre, por favor, no es el momento para hablar...-

-¿Cuántos años tienes?- me ignoró y siguió hablándole a mi hija.

-Hmmmm...- Maggie expresó miedo y ganas de llorar.

-Parece que no la tienes bien educada, Tetsuhiro- mi padre se enderezó nuevamente y me miró con seriedad -¿Cuántos años tiene tu hija?-

-Pronto cumplirá cuatro años y...-

-¡Cuatro años!- expresó sorprendido –Bien escondido te lo tenías- suspiró –De acuerdo, no me enojaré por el hecho que me hayas ocultado por casi 4 años que tenías una hija. Lo importante es que por fin tomaste conciencia sobre tu vida y decidiste formar una familia CORRECTA, como siempre debió ser- resaltó.

-Padre, le pido amablemente que se retire. No es un buen momento para hablar. Yo me contactaré luego con usted y...-

-Quiero conocer a su madre-

-¿Qué?-

-Su madre- aclaró –Quiero que me la presentes. Quiero conocer a la mujer que le abrió los ojos a mi hijo y lo guió por el buen camino-

-Por favor, no es el momento, padre-

-Tetsuhiro...- nuevamente esa voz dura –No te estoy preguntando, te estoy EXIGIENDO que me presentes a tu esposa-

-No soy casado, padre-

-¡Oh! Bueno, entonces tu novia o futura esposa; porque eso sí, tendrás que casarte para no causar más escándalos en la familia respecto a una hija fuera del matrimonio-

-Padre, no me insista, por favor, si gusta podemos hablar afuera-

-¿Dónde está tu mujer, Tetsuhiro?- fue directo al grano.

-...- me puse nervioso y tan solo quería que se fuera del apartamento.

-Estoy esperando una respuesta-

-...-

-¡Tetsuhiro!-

-Papi Mori...- Maggie quería llorar de lo asustaba que estaba.

-Maggie, anda a tu cuarto, por favor- le pedí nervioso.

-No, papi Mori, no- se aferró a mi pierna.

-¡Morinaga Tetsuhiro! Exijo una respuesta-

¿Qué hago? ¿Qué hago? No sé qué debo hacer. Jamás me vi en una situación como esta. Normalmente lo que haría es pararme y decirle a mi padre lo que siento sin avergonzarme de mi homosexualidad, pero... ahora ya no puedo... ya no es lo mismo. Ya no solo se trata de mi reputación o de mi vida, ahora tengo a Maggie y a Sempai. Si yo digo la verdad, no solo yo... sino ellos también estarán en un problema y no quiero eso. Tal vez en el pasado podía decirle a mi padre lo que pensaba al respecto porque era solo yo; sin embargo, cualquier cosa que diga... ahora también los involucrará a ellos. Pero... ¿y si miento? ¿y si digo que sí tengo prometida, pero que ahorita está en un viaje de negocios? Puede que con eso mi padre se quede satisfecho por el momento y se retire.

FLASHBACK

-Mi padre me dijo que tenía mucha curiosidad de ver en qué situación me encontraba y que si ya me había rehabilitado-

-¿Siguen con esa mierda de la rehabilitación solo por ser gay?-

-Sí, sabes... para evitarme problemas pensé en presentarle a una novia falsa y... ¡Auch! Sempai, eso dolió-

-Novia falsa... no sabes cómo me indigna eso, tarado. ¿Acaso Maggie y yo no valemos nada?-

-¡Oh no, Sempai! No pienses eso. No puedo exponer a Maggie ni a ti-

-Vas a decirle a los bastardos de tus padres que vengan a nuestro apartamento para presentarles a tu nueva familia, y si no les gusta... SE PUEDEN LARGAR-

-No puedo hacer eso, Sempai. Mis padres se enojarán y tengo miedo que haya consecuencias y...-

-No pienso dejar que me niegues a mí o a Maggie ante tus padres. Recuerdo perfectamente que me obligaste a decirle a mi familia que tú eres mi... mi pareja. Así que ahora yo te EXIJO que le digas a tus padres que Maggie y yo somos tu nueva familia... les guste o no les guste-

FIN DEL FLASHBACK

Recordé mi conversación con Sempai cuando estábamos de viaje en Cancún. Eso me puso aún más nervioso e inseguro. Es decir, si digo la verdad... mi padre me matará; pero si miento... Sempai me matará. ¡Ay no! De cualquiera de las dos formas saldré perdiendo.

No me di cuenta que me había hundido en mis pensamientos cuando de pronto sentí un fuerte jalón en el brazo, pues mi padre me sostuvo muy fuerte acercándome más a él para que lo mirara a los ojos. Como era de esperarse, Maggie se alarmó y retrocedió asustada...

-¡Respóndeme, mocoso malcriado!- mi padre se enojó y me sacudió.

-No está... ella no está- mentí en mi momento de desesperación.

-¿Quién ella?- era inútil convencerlo, pues mi padre ya estaba enojado.

-Mi... mi novia... está en un viaje de... de negocios y...- me cayó una bofetada que me hizo retroceder.

-¡PAPI MORI!- Maggie pegó un grito y corrió hacia mí –Papi Mori, papi Mori...- no paraba de llorar.

-¡A mí no me vas a ver la cara, mocoso insolente!-

-Padre, ya váyase, por favor- me estaba aguantando las lágrimas, pues yo también quería llorar.

-Ya estoy harto de tus estupideces, de que hagas lo que te dé la gana, de que me faltes el respeto...- rugió y me miró con asco –¡Te guste o no, yo soy tu padre y te voy a enseñar a respetarme!- vino hacia mí levantándome la mano para darme otro golpe, pero yo me cubrí.

-¡Ahhhhhhhhh!- Maggie pegó otro grito que se escuchó en todo el apartamento.

Todo era un caos. Mi padre estaba enojado y tenía intenciones de pegarme; Maggie estaba asustada, llorando y gritando del horror; y yo había hecho lo peor... MENTIR. Pero cuando pensé que las cosas ya no podrían empeorar...

-¿QUÉ ESTÁ PASANDO AQUÍ?-

Escuchamos el grito de alguien más. Mi padre, Maggie y yo nos quedamos callados y miramos a la persona que había entrado a la sala. ¡SEMPAI! No puede ser... ahora... ahora todo será peor. ¡Sempai va a pelearse con mi padre! ¡Y mi padre va a descubrir la verdad!

Afortunadamente, mi padre no había llegado a golpearme. Él retrocedió mirando a Sempai de pies a cabeza bastante irritado; yo intenté calmarme y Maggie abrazó mi pierna asustada...

-Quién eres tú y qué haces en MI casa- Sempai tenía el ceño muy fruncido, pero mantuvo la calma.

-Así que esto era lo que me ocultabas ¿no?- mi padre nuevamente me gritó –Por eso no querías decirme nada, maldito maricón de mierda-

-¡Escúchame, bastardo!- Sempai levantó la voz –Tú no tienes ningún derecho a venir a hacer escándalo en mi casa y menos a insultar a Morinaga. Así que te me LARGAS en este momento- señaló la puerta.

-¿Bastardo?- mi padre se indignó y caminó hasta Sempai de forma retadora –Mira, mocoso cuatro ojos, ten mucho cuidado con lo que dices, porque entérate que tengo mucho poder para hundirte-

-¿Me estás amenazando?- a penas vi que la mano de Sempai se hizo puño corrí para separarlos y evitar una pelea.

-Por favor, no empeore las cosas. Ya váyase, padre- me puse delante de él.

-¿Padre?- Sempai cuestionó –¿Él es tu padre?-

-...- no pude responder, pues también miré nervioso a Sempai.

-¡Claro! ¿Cómo no se me ocurrió? Porte firme, mirada fría, gestos serios, vestimenta elegante y costosa, y aires de superioridad ante los demás. Tú debes ser el padre de Morinaga-

-"Morinaga-sama" para ti, mocoso igualado- mi padre le aclaró a Sempai.

-Jajajajajajaja...- se burló –Encima que vienes a hacer escándalo a MI casa, exiges que te trate con respeto. No me hagas reír-

-No te imaginas cuán poderoso soy. En cambio tú eres un don NADIE- miró a Sempai con desprecio.

-Tienes razón. Permíteme presentarme- lo miró a los ojos con una sonrisa hipócrita –Me llamo Tatsumi Souichi y es un placer conocerlo, SUEGRITO-

-¡SEMPAI!- me preocupé, pues era una falta grave de respeto a mi padre.

-¡Cómo te atreves a burlarte, estúpido!- se ofendió mi padre.

-Mira, yo no tengo por qué darte explicaciones. Confórmate con saber que tu hijo Morinaga está feliz conmigo y juntos cuidamos a nuestra hija Maggie-

-Pero qué monstruosidad, qué aberración la que estoy escuchando. ¡¿Cómo pueden dos hombres estar juntos y malograr la mente de una niña?!-

-Por favor, padre, retírese- lo jalé hasta la puerta –Juro que se lo explicaré otro día-

-Esto es tan vergonzoso, es tan enfermizo que me da ASCO- se soltó bruscamente de mi agarre y empezó a gritarme en la puerta aún estando adentro del apartamento –Estoy decepcionado, Tetsuhiro, pensé que creciendo ibas a madurar y te ibas a dar cuenta del mal camino que habías tomado, pero me sorprende que tu mente siga tan PODRIDA como siempre. Estás enfermo, Tetsuhiro, estás mal de la cabeza-

-Padre, por favor, no me diga eso...-

-Debí encerrarte en un hospital psiquiátrico cuando empezaste con esto de la homosexualidad. No, es más... mejor debimos haberte abortado- eso me hirió mucho.

-¡YA FUE SUFICIENTE!- gritó Sempai aproximándose hacia nosotros.

-Pero ya comprendí que desde que eras niño... debí haberte corregido con MANO DURA-

Entonces sentí una ola de bofetadas que me cayeron en el rostro, en la cabeza, en la espalda, en los hombros, pero a pesar que no fueron tan fuertes y que me estaba cubriendo... lo que más me dolió fueron las horribles palabras que mi padre me escupió con desprecio. Estaba emocionalmente herido y no pensaba en otra cosa que llorar. Por suerte esos golpes se detuvieron, ya que Sempai alejó a mi padre de mí con un puñete en su mejilla. Me preocupé mucho, pero no por mi padre, sino por lo que podría pasarle a Sempai.

Mi padre estaba sentado en el suelo, sobándose el área afectada y realmente furioso. Quise hacer algo, pero Sempai agarró a Maggie, quien se había escondido detrás de un sofá para llorar y gritar, para entregármela y darme una orden...

-Llévate a Maggie y enciérrate con ella en la habitación. Yo me voy a encargar de tu padre-

-No, Sempai, tengo miedo que te haga algo. Déjame arreglarlo-

-Morinaga, hazme caso, por favor-

-Sempai...-

-¡Enciérrate con Maggie en el cuarto te digo!- se le acababa la paciencia.

-Por favor, Sempai, no empeores las cosas, ya no sigas- empecé a rogarle.

-Está bien, cálmate- me agarró de los hombros y respiró hondo –Solo le voy a pedir que se vaya, pero Maggie está muy alterada. Por favor, quédate con ella en el cuarto-

-...- no sabía qué decidir, pues tenía miedo.

-¡Morinaga!- me hizo reaccionar.

-Sí, Sempai...- con miedo acepté y me llevé a Maggie en mis brazos.

Me encerré con ella en su cuarto y la bajé de mis brazos. Aún continuaba alterada y llorando, pero yo no tenía fuerzas para calmarla. Estaba muy angustiado.

Por favor, que no le pase nada a Sempai, que no le pase nada a Sempai, repetía en mi mente una y otra vez mientras me agarraba la cabeza de la desesperación y cerraba fuertemente los ojos llenos de lágrimas. Me sentía muy mal, muy humillado. Las palabras de mi padre habían sido muy duras para mí. Definitivamente, las cosas con mi familia nunca se van a arreglar. Sé que ya no los frecuentaba ni sabía de ellos, pero por alguna razón... mi corazón guardaba un pedacito de esperanza de que me acepten tal como soy, pero... eso jamás podrá ser.

La depresión me debilitó aún más y perdí el equilibrio cayendo sentado al suelo y con la espalda apoyada en la pared. Noté que Maggie se asustó por mi reacción y se puso a mi lado sacudiéndome el brazo...

-Papi Mori... papi Mori...- la voz le temblaba de preocupación –Papi Mori...- ella estaba tan asustada como yo.

POV SEMPAI

Tenía que alejar a Morinaga y Maggie de este tipo. Podrá ser el padre de Morinaga, pero este bastardo es una mierda de persona y por su culpa está destruyendo la paz de MI familia. Hice bien en pedirle a Morinaga que se encerrara con la enana en el cuarto. Ambos no podían seguir presenciando tal espectáculo. Me negaba a permitir que este hombre hiera aún más a Morinaga con sus crueles palabras; y también me negaba que Maggie viera una discusión tan fuerte y con golpes de por medio.

El bastardo sí que era un dramático. Con tan solo un pequeño golpe en la cara ya se hacía el pobrecito. Rolé los ojos y me acerqué a él con las manos en la cintura...

-Te lo diré por última vez... ¡Lárgate de mi casa!-

-Estúpido infeliz...- se puso de pie aún sobándose la mejilla –Esto te va a salir caro-

-¡Ja! No me digas-

-No sabes con quién te estás metiendo y lo que soy capaz de...-

-A mí no me interesa cuánto poder o cuánto dinero tengas. ¡Yo voy a defender a mi familia de quien sea!-

-¿Tu familia?- se burló.

-Sí, así es- afirmé orgulloso.

-No sé qué te habrá dicho Tetsuhiro para convencerte de estar con él, pero ten mucho cuidado, porque en Fukuoka pasó lo mismo con un chico y hubo un casi suicidio de por medio-

-Hablas de Masaki Junya ¿verdad?-

-Así es-

-Ten por seguro que conozco muy bien la historia y sé perfectamente quiénes son las personas que alguna vez le hicieron daño a Morinaga y NO voy a permitir que eso vuelva a ocurrir-

-La homosexualidad no es el mejor camino ¿sabes? Pareces un chico inteligente. Por qué no consigues a una mujer y dejas que enderece a Tetsuhiro de una buena vez-

-En primer lugar, yo NO soy gay; y en segundo lugar, no tengo por qué darte explicaciones-

-¿Y esa niña? ¿De dónde la sacaron?- se refirió a Maggie con mucha curiosidad.

-Es hija de Morinaga y mía. Es todo lo que le voy a decir-

-Debería darles vergüenza. Pervirtiendo la mente de una inocente niña-

-Esa niña está perfectamente SEGURA y FELIZ con Morinaga y conmigo que somos su familia. Porque eso hacen las familias... AMAN a sus hijos-

-¡Cuida tu sarcasmo, idiota!- me retó –Yo sí amo a mis hijos-

-¿Ah sí? No me digas- me burlé –¿Despreciar a tu propio hijo solo por ser gay, es amar?-

-Por eso mismo que lo amo quiero que vaya por el camino correcto, sea un ejemplo de persona y no sea juzgado por la sociedad-

-Mire, "Morinaga-sama"- nuevamente me burlé resaltando su apellido –Tetsuhiro Morinaga es un ejemplo de persona. A pesar de cargar con el desprecio de sus padres, logró ser un excelente estudiante en la universidad tanto así que logró conseguir un buen empleo. Actualmente, tiene un puesto y un sueldo envidiable en la empresa donde labora. Tiene más amigos de los que usted podría tener y la "sociedad" no lo trata mal. Los únicos que lo juzgan y lo hieren son USTED Y SU ESPOSA. Morinaga ya no es un niño; es un HOMBRE ADULTO Y MADURO que ya no los necesita, así que... LÁRGATE YA- señalé la puerta.

-No voy a permitir que me faltes el respeto y que te burles de mí, mocoso infeliz- se cruzó de brazos totalmente serio –Voy a tomar cartas en el asunto y a enderezar a Tetsuhiro así sea con una buena paliza-

-Pues... aquí lo estaré esperando...- sonreí hipócritamente –SUEGRITO- me burlé.

Con lo que le había dicho bastó para lograr que se largara. Obviamente, azotó la puerta con toda su ira para hacer notar su enfado; sin embargo, a mí no me interesó. Ese bastardo no volverá a poner un pie en esta casa.

Respiré hondo para tranquilizarme y fui hasta el cuarto para ver cómo se encontraban Morinaga y Maggie. Nadie iba a lastimarlos... NUNCA MÁS.

Fui a la habitación que compartía con Morinaga y nada. Entonces supuse que estaban en la habitación de Maggie, así que me dirigí allá, pero al abrir la puerta encontré a Maggie llena de lágrimas en la cara. El idiota de Morinaga no la había calmado como se supone que debía hacerlo...

-Papi Sichi...- llorando corrió a abrazarme a penas me vio.

-Ya, enana, tranquila- me agaché y la abracé –Deja de llorar-

-Papi Sichi... ¿quién... quién era ese señor...?- rompió el abrazo y me miró asustada.

-Descuida...- sonreí y con un pañuelo que saqué del bolsillo le limpié el rostro –Era un mal hombre, pero ya le dije que se fuera. Ya no nos molestará más-

-Pero...-

-No te preocupes, enana-

-Papi Mori sigue llorando ¿por qué papi Mori no deja de llorar?- sus ojitos estaban muy tristes.

-Espera... hablaré con él- sonreí para calmarla.

Tal como Maggie dijo... Morinaga estaba sentado en el suelo con la espalda apoyada en la pared, escondiendo su rostro entre sus rodillas y LLORANDO. Me arrodillé a su lado para hacerlo reaccionar...

-Morinaga...- no me respondió –Oye, Morinaga, puedes parar ya. Tu padre ya se fue- aún sin respuesta -¡Morinaga!- lo regañé con un suave golpe en el hombro.

-De... déjame solo- sin moverse me contestó con una voz tan suave que con las justas logré escuchar.

-No, Morinaga. Ya para de llorar- empecé a perder la paciencia –Deja de hacer dramas. Dije que tu padre ya se fue- volvió a ignorarme -¡Idiota! Deja de comportarte como un niño y DEJA DE LLORAR-

-ES QUE TÚ NO LO ENTIENDES, SEMPAI. ME SIENTO MUY MAL- se descontroló y levantó el rostro empapado de lágrimas y con el ceño fruncido.

-¡No me grites, imbécil!- me enojé –Ya hice que tu estúpido padre se largara de aquí. Así que déjate de dramas-

-NO SON DRAMAS. ME... ME DUELE, SEMPAI, ME DUELE-

-Morinaga...-

-Tú no sabes cómo me siento, porque tu padre te ama, pero... pero... EL MÍO NO ¿ENTIENDES?- rompió en llanto y nuevamente escondió su rostro entre sus rodillas.

-Papi Mori...- Maggie se preocupaba cada vez más por la actitud de Morinaga.

-Ay...- respiré hondo para no perder la paciencia –Quiero que pares de llorar, porque estás asustando a Maggie. Por favor, basta- le susurré al oído con mucha seriedad.

No me esperaba la reacción de Morinaga, pero a penas terminé de hablar, él se puso de pie bruscamente sin decir nada y con la mirada baja. Se fue de la habitación rápidamente para encerrarse en la suya de un portazo que resonó por todo el apartamento. Maggie se asustó de la actitud de Morinaga y corrió a abrazarme para llorar en mis brazos.

Cálmate Souichi, cálmate Souichi, cálmate Souichi; me repetía varias veces a mí mismo para tranquilizarme, pues al parecer quien tenía que poner orden era yo. No tenía caso que sigua insistiéndole a Morinaga; así que suspiré y cargué a Maggie hasta la cocina. La senté en la pequeña isla del medio y le volví a limpiar las lágrimas. Por suerte la enana sí se calmó y se quedó en silencio mientras que yo preparaba el desayuno. Ninguno de los dos tenía mucha hambre, pero aunque sea hice que se tomara la leche, y yo un café bien cargado. Maggie no quitaba esa mirada triste de su rostro, así que no tuve opción y sacrifiqué mi estricto horario de aprendizaje para ella, obviando el canal educativo para ponerle caricaturas y que se distraiga.

Me senté con ella en el sofá grande y cambié al canal de caricaturas. A penas vio los dibujos animados, se puso totalmente feliz. Decidí prestarle atención al programa que a Maggie le gustaba con la esperanza de que un poco de aquella alegría se me pegue. No habrá pasado ni una hora y la enana ya estaba cantando las canciones del programa.

Hace tiempo que no veo la felicidad de una niña al ver caricaturas. La enana lo está disfrutando tanto que hasta me siento un poco mal de obligarla a ver canales educativos a diario. Morinaga tiene razón... Maggie es una niña y debe divertirse mientras pueda. Lo sé perfectamente, pero... la educación es primero y la diversión después.

Vimos muchas caricaturas aquella mañana, pero ya era hora de la educación...

-Bueno, Maggie, ahora tenemos que ver el canal educativo infantil-

-No, papi Sichi, quiero caricaturas-

-Ya vimos suficientes caricaturas por hoy-

-Pero... papi Sichi...-

-Lo siento, Maggie. La educación es muy importante- puse el canal educativo.

-Está bien, papi Sichi- contestó resignada y con esa voz aguda que la caracteriza.

Comenzamos a ver el programa educativo en completo silencio. Maggie no decía nada, tan solo se mostraba seria y concentrada en la televisión; mientras que yo no podía dejar de pensar en algo que me inquietaba desde la mañana... Morinaga.

Ese idiota de Morinaga no ha salido de la habitación... ni siquiera a desayunar o al baño. Simplemente no ha salido. ¿Acaso quiere enfermarse o qué? ¡Ya pasaron varias horas! Maldición, por qué me preocupo tanto. Si no quiere salir, es su problema. Nadie le está prohibiendo nada. Pero... ¿Estará bien? ¿Qué estará haciendo?

Miré hacia el pasillo que da hacia los cuartos como si lo estuviera llamando con la mente, pero era inútil. Ni siquiera lograba oír algún ruido que provenga de la habitación. Suspiré y me acomodé más en el sofá mirando al techo para relajarme. El ambiente estaba muy calmado. A pesar de que recién había atardecido, ya empezaba a hacer un poco de frío. Nuevamente fijé mi concentración en el programa educativo hasta que escuché unos pequeños ronquidos a mi lado...

-Pero qué demonios...- me enojé un poco –Maggie... oye...- la sacudí suavemente –Despierta, enana...- tan solo hizo un gesto de molestia y se acurrucó más en el sofá.

Enana tramposa. Te dejé ver caricaturas porque se suponía que después ibas a ver el canal educativo, pero te saliste con la tuya; así como el idiota de Morinaga. Ay... son tan iguales, pero... los amo a los dos; pensé mientras la cargaba entre mis brazos y la llevaba a su habitación. Creí que posiblemente debió estar cansada de tanto ver televisión o tal vez de haberse levantado temprano por los gritos del padre de Morinaga.

La acurruqué entre sus sábanas y me quedé mirándola con una sonrisa en el rostro. Como siempre, Maggie se metió el dedo pulgar a la boca mientras dormía igual que una bebé. Aún es pequeña para mí; es decir, tiene casi 4 años. No entiendo cómo a veces Morinaga piensa en dejarla con una niñera. Jamás permitiría que algún extraño toque a mi enana. Acto seguido le di un discreto beso en la frente y salí de la habitación.

El reloj marcó la una de la tarde y mi estómago empezó a rugir; pero había algo más importante... Morinaga. Me dirigí hasta nuestra habitación y abrí la puerta con suavidad...

-¿Morinaga?- lo llamé tranquilamente, pero encontré la habitación muy silenciosa y con un Morinaga acurrucado entre las sábanas en posición fetal.

Me acerqué a su lado de la cama y lo sacudí un poco para que se levantara y prepare el almuerzo. Si bien es cierto que yo aprendí a cocinar a causa de mis cuidados con Maggie, eso no quiere decir que Morinaga haya abandonado sus obligaciones del hogar. Él siempre preparaba la comida al menos en las noches y los fines de semana el almuerzo.

Como no obtuve respuesta de su parte ni tan siquiera señal de vida, me agaché al borde de la cama para ver su rostro y me encontré con algo que me partió mi frío corazón. Morinaga estaba profundamente dormido con lágrimas secas alrededor de sus ojos. Ese idiota estuvo llorando hasta quedarse dormido y... ¿QUÉ SE SUPONE QUE ES ESTO?, me sorprendí al ver algo en la mano de Morinaga y se lo quité. ¡PASTILLAS PARA DORMIR! Mierda, Morinaga, por qué consumes estas cosas. Son peligrosas y sobretodo para personas que sufren del corazón. Eres un imbécil ¿acaso pretendes suicidarte? Bueno... cálmate Souichi, puede ser que Morinaga no haya tenido ninguna intensión de autolastimarse y tan solo quiso quedarse dormido; pero PASTILLAS es la mejor solución. Me enojé tanto que quise estamparle un golpe en la cara; sin embargo, me controlé y tan solo salí de la habitación cerrando la puerta tras de mí.

Caminé muy fastidiado hasta la cocina y gracias a que el frasco era transparente, pude notar que estaba lleno, pero abierto. A lo mejor se tomó solo una. Sí, eso debe ser; es decir... él estaba vivo, pues noté que respiraba bajo las sábanas. Así que no pudo haberse excedido en la dosis. Ay... igual es un idiota. Está bien... te dejaré dormir, pero cuando despiertes me vas a escuchar, tarado. Abrí el frasco y lo tiré a la basura junto con las pastillas para que no vuelva a usarlas. Respiré hondo, preparé un poco de arroz con huevo y lo vacié en un chawan para poder comerlo. Asimismo, me serví otra taza de café y me dirigí a la sala para poder revisar algunos experimentos que guardé en mi laptop. A pesar que ya no trabajaba en la universidad, continuaba dando clases por Internet sobre ciertas cosas, y también investigaba sobre temas que me interesaban por mi propia cuenta.

POV MORINAGA

Perdí la ilación del tiempo desde que cerré mis ojos y no me había percatado de las horas que pasaron. Tan solo me vi atrapado entre mi dolor, mis recuerdos y las crueles palabras de mi padre.

"Estoy decepcionado, Tetsuhiro, pensé que creciendo ibas a madurar y te ibas a dar cuenta del mal camino que habías tomado, pero me sorprende que tu mente siga tan PODRIDA como siempre. Estás enfermo, Tetsuhiro, estás mal de la cabeza"

"Debí encerrarte en un hospital psiquiátrico cuando empezaste con esto de la homosexualidad. No, es más... mejor debimos haberte abortado"

Fue tan doloroso. Me sentí humillado y despreciado... incluso se atrevió a decirme todo eso delante de Sempai y de Maggie. Definitivamente, jamás sería nuevamente aceptado por mis padres. Lo único que me quedaba hacer era llorar en silencio, pues no podía estar asustando a Maggie con mi sufrimiento; sin embargo, el ambiente silencioso se interrumpió cuando escuché un portazo y los gritos chirriantes de mi hija.

Abrí los ojos de golpe y de inmediato me salí de la cama para correr hacía la sala, pues de ahí provenían aquellos fuertes ruidos. A penas me aparecí, un policía me apuntó con su arma y no entendía qué pasaba. Si era un policía... ¿qué hacía en mi casa? Cuando mi visión se aclaró aún más... vi cómo otro policía se llevaban a Sempai esposado, y una mujer se llevaba a Maggie cargada a la fuerza. Los gritos de Maggie y de Sempai eran de desesperación, y no comprendía por qué estaba pasando eso. Lo único que hice fue temblar del miedo y lagrimear...

-¿Por qué? POR QUÉ NOS ESTÁN HACIENDO ESTO-

-Es mejor que guardes silencio, niño- me dijo el policía poniéndome las esposas.

-¡MORINAGA, HAZ ALGO!- Souichi no paraba de gritar mientras lo sacaban del apartamento bruscamente.

-¡PAPI MORI!- Maggie chillaba con desesperación y llanto.

-¡BASTA, POR FAVOR! ¿QUÉ PASA? ¿QUÉ HEMOS HECHO?- me dejé llevar por la angustia.

-Espero que ya estés contento, Tetsuhiro- esa voz se me hacía muy conocida.

-No puede ser...- me llevé un gran susto –¿Por qué me hace esto, padre?-

-Dije que tomaría cartas en el asunto y que te enderezaría a como dé lugar-

-No, padre, por favor. Ya pare- le supliqué –Déjenos en paz-

-Eres mi hijo, y estás a tiempo de seguir un nuevo camino-

-Padre, se lo ruego. Maggie es mi hija, y Sempai es la persona que amo- mis lágrimas no paraban de salir –No le estamos haciendo daño a nadie. Se lo suplico... déjenos en paz-

-¿La persona que amas?- se burló -¡Ja! No me hagas reír. Tú estás enfermo, Tetsuhiro, y te vas a curar de una buena vez- se cruzó de brazos y acercó su mirada seria a mi mirada desesperada –Lo que le espera a Tatsumi es la cárcel-

-¿QUÉ?-

-Así es. Le puse una denuncia por adopción ilegal de una niña que NO le pertenece biológicamente y que además aceptó criar con alguien de su mismo sexo- sonrió malévolamente –Y a tu "hijita" le espera el orfanato donde podrá ser adoptada por una familia NORMAL-

-¡Qué cosas tan horribles me está diciendo! ¡Desde cuándo se volvió tan cruel!-

-¿Cruel?- se indignó –Deberías estar agradecido, ya que tu también ibas a tener el mismo destino que Tatsumi, PERO... pagué mucho dinero para que en vez de la cárcel... vayas a una clínica mental-

-¡Yo no estoy loco!-

-Solo un "loco" dice que no está loco- respiró hondo y se dirigió a los policías –Señores, llévenselos-

-¡MORINAGA!- logré escuchar el último grito de Sempai.

-¡PAPI MORI!- y también el último grito de Maggie.

-¡NO, POR FAVOR! ¡BASTA, BASTA, BASTA!- grité a todo pulmón –NOOOOOOOOOOOOO...-

-NOOOO... NOOOO... NOOOO...-

-¡Morinaga!- el grito de Sempai resonó en toda la habitación mientras me sacudía con mucha fuerza -¡Qué demonios te sucede!-

Todo había cambiado. Sempai estaba a mi lado con el ceño fruncido y totalmente alterado; mientras que yo estaba sentado en la cama con el cuerpo sudoroso y la respiración acelerada. No podía regresar a la realidad, así que corrí hacia la habitación de Maggie, y Sempai me siguió.

Mis movimientos fueron bastante torpes; pues aún no asimilaba lo que estaba pasando. Corría chueco y me chocaba con las paredes. Finalmente, abrí la habitación de Maggie y la vi dormida en su cama.

¿Qué pasó? No lo entiendo. No me siento bien... ¿por qué tengo este dolor en el pecho? Mi corazón se estaba acelerando mucho y perdí el equilibrio cayendo de rodillas en el suelo. A penas Sempai me alcanzó, me jaló del brazo para levantarme y ponerme de pie torpemente...

-¡Idiota! No hagas escándalo ¿no ves que la enana está dormida?-

-...- no pude responderle.

Sempai cerró la puerta suavemente para que Maggie siguiera durmiendo; mientras que a mí me llevó a la sala y prácticamente de un empujón me sentó en el sofá...

-¿Por qué reaccionaste así? ¿Qué sucede contigo?- Sempai se sentó a mi lado bastante mortificado por mi conducta.

-...- no le presté atención y me mantuve con la mirada baja.

-Oye, te estoy hablando-

-...- pero de pronto las lágrimas me ganaron, no podía dejar de pensar en aquella pesadilla.

-Mori... naga...- Sempai se dio cuenta y calmó su enojo.

-Sempai... yo...- rompí en llanto –No puedo... no puedo quedarme tranquilo. Yo... yo debo hacer algo...-

-¿De qué hablas?- acercaba su rostro al mío para que lo mirase, pues yo andaba con la mirada baja.

-Tengo miedo que te pase algo a ti o a Maggie. Ustedes son mi vida. Los amo a los dos y yo...-

-A ver, Morinaga. No entiendo nada de lo que dices- me interrumpió, pues colmé su paciencia –Deja de llorar, maldición-

-Pero...-

-Me queda claro que tuviste una pesadilla- suspiró y se cruzó de brazos –No me digas que estás volviendo a soñar con el otaku-

-¿Eh?- levanté el rostro empapado de lágrimas –No, eso no...- me sequé con mis mangas.

-¿Entonces?-

-Sempai...- respiré hondo para calmarme un poco –Soñé que mi padre volvía y llamaba a la policía. Tú ibas a la cárcel y Maggie a un orfanato- lo sujeté de los hombros -¡Sempai, yo tengo miedo que mi padre les haga algo!-

-¡Quieres calmarte de una buena vez!- me empujó –Déjate de dramas, Morinaga- roló los ojos –Tu padre se fue. Lo eché de aquí y no volverá-

-No, Sempai, eso es lo que tú crees; pero no lo conoces- empecé a angustiarme –Él es capaz de hacer cosas horribles-

-¡Ja! Pues fíjate que no le tengo miedo-

-Sempai, soñé que mi padre traía a la policía. Ni tú ni yo somos los padres biológicos de Maggie ¡Nos la pueden quitar!-

-¡Shhhhh!- me calló –Baja la voz, imbécil. ¿Acaso quieres que la enana te escuche?-

-...- no supe qué decir.

-Ay...- suspiró –Solo fue una pesadilla. Nada de eso pasará. Tu padre es un maldito cobarde; y si vuelve a poner un pie en esta casa, YO llamaré a la policía y lo denunciaré por invasión de propiedad- aseguró.

-...- era inútil discutir con Sempai, pues sabía que jamás le haría entender.

-Y vete a dar una ducha. Estás lleno de sudor- renegó.

-Sí...- susurré desanimado y me puse de pie en dirección al baño.

Al parecer la pesadilla me había hecho sudar bastante de los nervios. No podía estar tranquilo con todo el tema de mi padre; es decir, estaba seguro que algo malo estaba por venir. Tenía ese extraño presentimiento que estábamos en peligro, no solo Sempai, sino Maggie también. ¿¡Cómo Sempai puede estar tan confiado!? Era lo que de alguna manera me preocupaba y me enojaba, pues se lo estaba tomando a la ligera. ¡Él no conoce a mi padre... no sabe cómo puede actuar! De nada me servía renegar internamente; así que me metí a la ducha para relajarme un poco.

Estuve bajo la regadera como media hora. Mi mente no paraba de mostrarme imágenes de la pesadilla. Si se volviera realidad... ¿qué debería hacer? ¿cómo debería reaccionar? ¿acaso debo llevarme a Sempai y a Maggie lejos de aquí? No. Sempai jamás aceptaría. ¡Ay! No me imagino una vida sin ellos. Si algo les pasara, yo... me muero.

Mis pensamientos fueron interrumpidos por unos golpes en la puerta...

-Oye, idiota. Si sigues ahí te vas a arrugar como una pasa- era Sempai quien me estaba llamando desde afuera del baño –Además, estás desperdiciando mucha agua-

-...- no tuve ganas de responder.

-¿Morinaga?- volvió a pasarme la voz.

-Sí, Sempai. Ya salgo-

-Pues apúrate que ya está la cena-

Claro, me olvidaba que Sempai no era el mejor consolando. A pesar de que ahora estamos juntos, él no ha perdido esa actitud tirana que lo caracteriza; pero de todas formas... lo amo más que nunca. No puedo perderlo, ME NIEGO A PERDERLO. Lo lamento, Sempai, pero yo... no puedo quedarme con los brazos cruzados a esperar que algo terrible suceda.

POV SEMPAI

Ese tarado, siempre haciendo sus típicos dramas y poniendo esa cara triste que tanto odio. Aunque... bueno, al menos no es por mi culpa; sino por la culpa de su bastardo padre. De todas formas no debería comportarse así... menos frente de la enana. Ella aún está muy pequeña y no debemos involucrarla en este tipo de problemas. Suspiré después de renegar internamente, y le serví a la enana un poco de sopa...

-Ten cuidado que está caliente- puse la sopa en la mesita y le advertí sentándome a su lado en el suelo de la sala.

-¿Y papi Mori?- preguntó con inocencia.

-En un momento sale del baño-

-¿Papi Mori está triste?- insistía con sus preguntas.

-No, claro que no. Solo está... cansado- supe cómo zafarme.

Sin embargo, al cabo de un rato... Morinaga se sentó con nosotros vistiendo otra muda de pijama y poniendo una sonrisa fingida. Cómo odio cuando finge sus sonrisas; pero en fin... no lo voy a juzgar porque sé que lo hace para que la enana no se angustie...

-¡Papi Mori!- Maggie se levantó del suelo y corrió a abrazar a Morinaga.

-Mi princesa- le correspondió el abrazo como todo un padre cariñoso que solo sabe engreír a su hija.

-Maggie, siéntate que aún no acabas la sopa- le ordené tranquilamente, mientras la seguía con la mirada.

-Sí, papi Sichi- felizmente obedeció sin pretextos y se sentó a terminar con su sopa.

-¡Oh! Hiciste sopa, Sempai-

-Bueno, sabes perfectamente que no sé preparar muchos platillos; y esto es lo que mejor me sale-

-No te preocupes, Sempai, voy a cocinar más seguido- sonrió y empezamos una conversación sin importancia para no tocar el tema de su padre y que la enana escuche nuestras discusiones.

-¡Nah! No tengo problema en hacerlo. De todas maneras tú regresas cansado de trabajar, y en estos casi 4 años he aprendido a preparar varias cosas-

-Y has aprendido muy bien- me alagó con sus palabras mientras se servía un poco de sopa.

-No exageres, idiota...- rolé los ojos –Tú cocinas mejor-

-En eso sí no te voy a contradecir, Sempai... jeje-

-¿Insinúas que cocino feo?-

-¿Eh? Yo no dije eso-

-Pero lo pensaste- lo miré a los ojos.

-Ay, Sempai... no empieces una discusión- hizo un puchero.

-Bueno, en fin. Yo aprendí a cocinar platillos simples SOLO porque empecé a cuidar a Maggie. Prácticamente lo hice por obligación- aclaré.

-No te esfuerces tanto, Sempai. Puedo contratar a una persona que cocine-

-No gastes tu dinero en cosas que yo puedo hacer. Además, no quiero extraños en mi casa-

-Lo que digas, Sempai-

-Ya no quiero- Maggie interrumpió nuestra conversación.

-¿Qué sucede?- le pregunté.

-Ya no quiero sopa-

-Pero no vas ni a la mitad- me indigné.

-Quiero chocolate-

-No, Maggie, nada de caprichos tontos. Te tomas TODA la sopa- la regañé.

-No quiero-

-¡Maggie!- grité.

-Sempai, por favor, hazlo con cariño- Morinaga interfirió.

-No me digas qué hacer, idiota. Yo soy quien la educa todos los días-

-Papi Mori, quiero chocolates- la enana quiso buscar defensa en Morinaga.

-No. Morinaga no te va a dar nada. Vas a tomar la sopa quieras o no-

-¡No!- la enana se cruzó de brazos.

-Eh... Maggie, si te tomas toda la sopa, te daré un poco de chocolate- el idiota le propuso amablemente.

-¡Morinaga!- lo regañé a él también –No me desautorices, imbécil-

-Es que no es la forma de tratar a una niña-

-¡Ah! Y engreírla es la mejor forma según tú ¿no?- fui sarcástico.

-No la estoy engriendo, la estoy premiando por algo que debe hacer-

-No debería acostumbrarse a hacer las cosas por premios, sino porque se deben hacer y punto-

-No estoy de acuerdo-

-¡Basta, Morinaga, no te metas!- mi paciencia se acababa.

-Sí me meto, porque también es mi hija ¿de acuerdo?- sorprendentemente Morinaga frunció el ceño.

-¡Terminé!- gritó la enana entusiasmada, y ambos dirigimos nuestras miradas a ella.

-¡Oh! Muy bien, mi princesa- Morinaga le aplaudió como si la enana hubiera hecho algo maravilloso, cosa que me molesta.

-¡Chocolate, chocolate!- se puso de pie y empezó a saltar.

-No, Maggie, en la noche no se comen dulces- interferí.

-Espérame un momento...- Morinaga se puso de pie, sacó una cajita de los estantes de la cocina y regresó a la mesa –Aquí está tu premio por tomarte TODA la sopa. Y si en los próximos días sigues comiendo todo lo que te prepare Papi Sichi, te daré un premio más rico-

-¡Sí! ¡Sí!- se fue muy feliz saltando a su habitación, dejando al idiota y a mí solos.

Pasaron unos segundos de absoluto silencio y Morinaga terminó su sopa de un sorbo. Se levantó de la mesa sin decir nada y llevó su plato y el de Maggie al fregadero para lavarlos. Ni siquiera me dirigió la mirada el muy bastardo. ¿Quién se cree que es? Yo lo defiendo contra su padre y me preocupo por él, ya que estuvo encerrado toda la tarde; y luego el idiota se despierta y empieza a desautorizarme en frente de Maggie. Si hay algo que me jode es que Morinaga se ponga en mi contra frente a la enana. Eso me quita autoridad, me quita respecto, y ocasiona que Maggie haga su voluntad y no lo que le ordeno.

Al igual que Morinaga, yo también terminé mi sopa de un sorbo y fui a la cocina. Me paré junto a él bastante fastidiado y…

-Pon tu plato en el fregadero para lavar todo junto- me dijo calmado como si nada hubiera pasado sin ni siquiera dirigirme la mirada.

-…- me quedé en silencio y no le hice caso.

-Sempai, pon tu plato en el agua para…- de pronto dejé mi plato a un lado y le cerré el grifo de agua -¿Por qué haces eso? Estoy lavando los trastes-

-No me vuelvas a desautorizar en frente de Maggie- comenté con seriedad.

-¿Qué?-

-¿Qué estás sordo?- me enojé –Dije que NO me vuelvas a DESAUTORIZAR en frente de Maggie-

-Sí, ya te oí. Además, no te desautoricé, solo me pareció incorrecta la manera en la que trataste a nuestra hija-

-Morinaga… ¡la estoy educando!-

-Eres muy duro con ella-

-No soy duro con ella, soy RECTO-

-Pues no me gusta tu "rectitud"- se burló volviendo a abrir el grifo de agua, pero yo lo cerré inmediatamente como si fuéramos dos niños peleando y mantuve mi mano ahí para que el idiota no lo vuelva a abrir -¡Basta! Estoy lavando ¿qué no ves?-

-No vas a lavar ni mierda hasta que me escuches-

-¡Estoy lavando!-

-¡No vas a lavar!-

-¡Sí voy a lavar!-

-¡Qué no hasta que te disculpes!-

-No me voy a disculpar de algo tan estúpido-

-No es estúpido. Es la educación de la niña-

-Yo también tengo derecho a educarla-

-No, porque tú NUNCA estás en casa-

-¡Eso no tiene nada que ver!-

-¡Sí tiene mucho que ver!-

-Sempai, saca tu mano del grifo que quiero terminar de lavar-

-No-

-¡Tengo las manos llenas de detergente! ¡Abre el grifo!-

-¡Dije que no vas a lavar ni mierda!-

-¡Entonces tú lava esta puta mierda!- me gritó sacudiendo sus manos en el fregadero.

~PLAAF~

¡Pasaste el límite, imbécil! Me enojó tanto su actitud que de una bofetada lo callé. Morinaga no se lo esperó y se quedó impactado por el golpe. Su mirada seria y de disgusto me dejó congelado, que de alguna forma me dolió. ¿Debí haberlo golpeado o me pasé? No, yo no me pasé, ÉL SE PASÓ. Luego, vino el típico silencio incómodo de una pelea y como era de esperarse, Morinaga se encerró en la habitación dando un fuerte portazo.

¡Maldición! Por qué me siento tan mal, por qué siento que soy el culpable. Morinaga es un idiota y se metió mientras corregía a Maggie. ¿Es que no se da cuenta que lo único que hace es engreírla y cumplirle cada uno de sus caprichos? Por qué demonios no lo puede entender. Piensa que soy rudo. NO SOY RUDO CON LA ENANA. Simplemente quiero que Maggie sea una buena chica, justa, inteligente, sana y consciente de sus actos. El que está las 24 horas del día con la enana soy YO. Encima ese imbécil se atreve a retarme en frente de Maggie diciendo que puede interferir porque también es su hija. De acuerdo, es su hija también, pero que no se meta en la educación que le doy, al menos no de la manera en que lo hace. Si quiere educar a Maggie, pues que primero converse conmigo y que no me ande desautorizando frente de la enana. Eso me deja mal parado a mí, y luego Maggie podría perderme el respeto. Cómo detesto cuando Morinaga tiene sus arranques y quiere hacer lo que le da la puta gana. Odié que me gritara, odié que me hablara con lisuras, odié que me desautorice; y ODIO QUE NOS PELEEMOS. No sé qué me sucede; es decir, antes no me afectaba que Morinaga y yo peleemos, pues él siempre regresaba como perro fiel disculpándose así no tenga la culpa, y yo poco a poco lo perdonaba; sin embargo, ahora todo es diferente. Aunque me joda, admito que me afecta… me duele que él y yo peleemos; y sobretodo que me trate mal. Soy su Sempai, el hombre que ama… ¿O acaso ya no me ama como antes? ¿Su amor ha disminuido? ¿Ya se cansó de mí? ¿Puede que ahora él sea el que me termine? ¡Mierda! No debo pensar eso. Me odio por depender tanto de él. Por qué tengo tantos sentimientos ahora. DESDE CUÁNDO ME VOLVÍ DÉBIL.

-Papi Sichi…- una dulce voz me sacó de mis pensamientos -¿Por qué lloras?-

-…- ¿llorando yo? –Maldición- susurré, pues definitivamente estaba lagrimeando sin darme cuenta.

-¿Papi Sichi?- Maggie se acercó poco a poco, mientras que yo me secaba los ojos rápidamente.

-Eh… no Maggie, no estoy llorando- puse una sonrisa falsa y me agaché a su altura –Todo está… bien-

-Papi Mori y tú estaban gritando- dijo inocentemente con su boquita llena de chocolate.

-No, mi enana…- suspiré y agarré un clínex para limpiarle el dulce de la cara –Solo estábamos…- así es... peleando... -Jugando a hablar fuerte- mentí.

-Pero, papi…-

-No pasa nada, PERO ya es hora de ir a la cama así que…- boté el clínex y la cargué en mis brazos -¡A dormir!- la llevé hasta su habitación para recostarla en su cama.

-Te quiero mucho, papi Sichi- esos ojitos dulces y ese cabello peculiar me hacían recordar tanto a Morinaga, que cualquiera pensaría que Maggie es hija biológica de él.

-Y yo a ti- le di un pequeño beso en la frente de buenas noches y me dirigí a mi habitación.

Sabía perfectamente lo que me esperaba... "una larga conversación con Morinaga, en donde me obligará a tener sexo para solucionar nuestra discusión". Me parecía tan inmaduro de su parte que su perversión sea la mejor opción para estar bien. Aunque a decir verdad... hace ya un tiempo que el idiota y yo no tenemos... intimidad. Bueno, eso se debe a que no podemos dejar que la enana nos escuche; es decir... si nos llega a descubrir no sabría qué hacer. Así que mejor prefiero evitarlo; pero... de vez en cuando... Morinaga me hace ceder y como yo también estoy a mi límite, pues... acepto. Suspiré y me preparé mentalmente para su posible actitud.

Entré a la habitación y noté a Morinaga envuelto entre las sábanas en su lado de la cama. Estaba en posición fetal, dándole la espalda a mi lado de la cama, como si no quisiera verme. ¡Maldito resentido!, gruñí internamente. Me puse rápidamente la pijama y me metí dentro de las sábanas, pues hacía mucho frío...

-¿Morinaga?- lo llamé para saber si estaba despierto, pero... no me respondió -¿Estás despierto?- no, para mí que el muy idiota está fingiendo -¡Morinaga!- grité.

-¡Qué!- respondió sin moverse y algo fastidiado.

-¿Por qué no me respondías?-

-Estoy tratando de dormir-

-Bueno, pues ahora es momento que me escuches, así que date la vuelta-

-Ay...- suspiró y rodó un poco quedando bocarriba y así poder verme sentando a su costado de la cama –Qué...-

-Ah...- maldición, por qué estoy nervioso, y por qué debo ser yo el que hable... yo no pretendo disculparme –Eh... quería preguntarte por qué te fuiste tan repentinamente de la cocina-

-¿Qué no es obvio?- nuevamente su maldito sarcasmo.

-No. No es obvio- respondí con seriedad.

-Me abofeteaste la cara-

-Te lo merecías-

-No me lo merecía-

-Usaste lisuras conmigo-

-Tú siempre las usas conmigo-

-Sí, pero...-

-Y me dolió, sabes-

-Siempre te golpeo y nunca te quejas. Por qué lo vienes a hacer ahora-

-¡Porque esta vez pasaste el límite!- levantó un poco la voz, cosa que me impacto –Y si estás esperando que me disculpe, pues no pasará. Porque NO he hecho nada malo- roló los ojos –Buenas noches- nuevamente se entrelazó con las sábanas y volvió a su posición fetal, dándome la espalda.

¡Mierda! Por qué me siento tan mal. Bastardo, no tienes derecho a tratarme así. No entiendo qué demonios te está pasando últimamente. Si estás así por lo de tu estúpido padre, pues no tienes derecho a desquitarte conmigo. ¡Ay! Me voy a quedar callado solamente porque no quiero que la enana se despierte por los gritos; pero si ella no estuviera, juro que te mataría a golpes por atreverte a hablarme así. Cómo has cambiado Morinaga Tetsuhiro.

Me quedé dormido en posición fetal, dándole la espalda al igual que él, pues no quería tener ningún contacto físico por esa noche.

Al día siguiente, me quedé dormido, pero la enana me levantó diciéndome que se moría de hambre. Siempre manejaba un horario, sobretodo para la alimentación de Maggie y me había quedado dormido descuidadamente. Había sido culpa de Morinaga, pues con sus malos tratos de anoche, me había olvidado de poner el despertador. Me senté rápidamente en la cama, y al sobarme los ojos pude notar que estaba solo. ¿Dónde está el idiota?, pensé pero la enana insistía con su desayuno...

-Papi Sichi, tengo hambre- me jalaba la camiseta del pijama para atraer mi atención.

-Maldición...- susurré –Sí, vamos a desayunar-

Caminé hacia la cocina dando un gran bostezo y buscando mi celular en el camino para ver si por lo menos Morinaga me había llamado; sin embargo, al encontrar mi celular en la isla de la cocina, me di con la sorpresa que no había ni un rastro del idiota. ¡Maldición, maldición, maldición! Por qué siempre que nos peleamos tiende a desaparecer. CÓMO ODIO QUE HAGA ESO

-¡MIERDA!- grité y golpeé la isla de la cocina; pero sin darme cuenta de que mis pensamientos me dominaron, había asustado a la enana con mi reacción, pues hizo un gesto aterrorizado y de querer llorar –Eh... Maggie...-

-Por qué... por qué estás enojado...- empezó a lagrimear.

-No, no, no estoy enojado- la cargué y la senté en la isla para que esté a mi altura –Simplemente, no sé... bueno... estaba pensando en otra cosa... jejeje...- intenté dar una excusa.

-Papi Mori también estaba enojado...- se limpiaba sus ojitos.

-¿Morinaga? ¿Lo viste?-

-Papi Mori se fue muy temprano y tenía cara de enojado-

-¿A dónde se fue?-

-No sé...-

-...- ¿se fue muy temprano? ¿a dónde? Qué raro, él no me comentó nada al respecto y... ¡qué tonto soy! Hoy es Lunes y las vacaciones de Morinaga se acabaron, lo que significa que fue a la Farmacéutica.

-No quiero que papi Mori y tú se peleen...- rompió en llanto –Eso... eso me pone muy triste...-

-Maggie, no llores...- verla así me causó mucha pena y culpabilidad, pues aunque se lo negara mil veces... ella se daba cuenta de lo que pasaba –No, no estamos peleados...-

-¡Sí! ¡Sí estaaaaan!- no paraba de llorar.

-Maggie, escucha...- suspiré y le sequé las lágrimas para que me pusiera atención –Está bien, sí. No te voy a mentir. Morinaga y yo tuvimos una discusión ayer, pero es normal. Los adultos pelean de vez en cuando, pero después todo se soluciona-

-Pero... pero...- su respiración se entrecortaba –Yo no quiero que peleen más...-

-Ven aquí, enana- la abracé profundamente –Te prometo que Morinaga y yo no vamos a volver a pelear ¿sí?-

-¿De... de verdad?- rompimos el abrazo y ella me miró a los ojos -¿De verdad, papi Sichi?-

-De verdad- sonreí –Pero ya no llores ¿sí?-

No obtuve respuesta verbal de su parte, pero al menos asintió con la cabeza. Me tranquilicé un poco y ambos tomamos desayuno. Minutos después, pasamos a la sala y coloqué el programa educativo que la enana debía ver por las mañanas. Mis pensamiento no me dejaban tranquilo, y eso no me daba ganas para revisar algunos experimentos en Internet; así que no tuve opción que mirar con Maggie la televisión. Para mi mala suerte no me sirvió, pues no podía quitarme de la cabeza aquel rostro lloroso de Maggie, pidiéndome que ya no vuelva a pelear con Morinaga. Ay maldición, por qué ambos hacen que todo me afecte. Primero, Morinaga me afecta con su extraña actitud, y ahora Maggie me hace sentir culpable con sus lágrimas. Par de idiotas, son tal para cual; pero... son mis idiotas y los amo. Morinaga, Morinaga, Morinaga... ni siquiera te has molestado en llamar o preguntar cómo estoy o... intentar solucionar las cosas como siempre solías hacerlo. Es que ¿de verdad debo pensar que estás cambiando? Ya son casi 5 años que "oficialmente" estamos juntos como... bueno... pareja. Aunque ahora que recuerdo, tú has estado enamorado de mí desde hace 6 años antes que formalizáramos, lo que suma un total de 11 años y... ¡ONCE AÑOS! Morinaga ha estado enamorado de mí por 11 años. Bueno, eso me preocupa, pues ya es bastante tiempo. Tengo... tengo miedo ya que se haya aburrido. Yo... yo no me he aburrido; es decir, no podría hacerlo. Somos una familia ahora, tenemos a Maggie. Yo no podría aburrirme, pero... ¿acaso él sí? A ver, Souchi, respira y cálmate. Estoy diciendo estupideces. Como siempre me estoy dejando llevar por mis emociones otra vez. Todo esto de ser padre me ha vuelto más emocional. ¡Malditas emociones de mierda! ¡Basta! Debo parar de pensar en negativo. ¿Por qué mejor no pienso en lo que podría estar sintiendo Morinaga? A ver... por qué Morinaga sigue tan enojado. Bueno, yo le di una bofetada, pero... no es razón como para hacer un drama. No es la primera vez que lo golpeo, entonces no comprendo, por qué ahora está tan a la defensiva. Ahora que lo pienso bien, creo que aún está dolido por lo de su padre. ¡Claro! Cómo no me di cuenta. Él aún sigue pensando en eso, y por eso explotó conmigo cuando lo golpeé. Maldición, por qué fui tan poco comprensivo y paciente con él. Cuando se trata de sus padres, Morinaga siempre anda a la defensiva hasta el punto de gritarme. Soy tan estúpido. Ahora sí me siento totalmente culpable. ¿Debería llamarlo?

No podía parar de reflexionar, ya que había llegado a la conclusión de que la culpa era mía. Tomé mi celular para poder marcarle, pero pensé en que posiblemente no me contestaría porque estaría ocupado. Debe tener mucho trabajo. Mejor no lo llamo. Tal vez signifique más para él si en vez de una simple llamada o mensaje, le doy una sorpresa y me aparezco en la farmacéutica. Creo que se pondrá feliz si hago eso, ya que hace tiempo que no salgo con él... a solas; sin embargo, con Maggie aquí... no puedo salir con él. Maggie no se puede quedar sola en casa y... ¡YA SÉ!

-¿Maggie?-

-¿Sí, papi Sichi?-

-Qué te parece si... TE LLEVO A JUGAR A CASA TÍA MATSUDA-

-SÍ, SÍ...- se emocionó tanto que empezó a saltar en el sofá -¡Quiero ver a tía Matsuda y tía Kanako!-

-Bueno, no sé si Kanako estará en casa, pero... IGUAL IREMOS A VISITARLAS-

-Siiiiiiiiiiiiiii... siiiiiiiiiiiiiiiiiii-

Ver a la enana feliz me hizo sentir mucho mejor. No dudé más respecto a mi oferta y rápidamente nos bañamos y nos cambiamos. Claro está que llamé a mi tía Matsuda y le pedí de favor que me cuidara a Maggie por un par de horas; ya que solo iría a almorzar con Morinaga para arreglar las cosas. Mi tía aceptó encantada, pues hace tiempo que no veía a la enana. Saqué mi mochila y guardé los juguetes aprobados por mí y bueno... por Morinaga con los que Maggie podía jugar. Asimismo, guardé una muda de ropa por si se ensuciaba y una manta.

A penas salimos a la calle, paré rápidamente a un taxi por la zona, pues no quería exhibir mucho a la enana ante el público. Uno nunca sabe lo que puede pasar, y soy muy cuidadoso con mi hija, no como el idiota de Morinaga que la perdió en un centro comercial. Con solo recordarlo me dan ganas de golpearlo.

Al llegar a casa de mi tía Matsuda, fue Kanako la que abrió la puerta y nos saludó con mucho entusiasmo...

-¡Nii-san, qué gusto me da verte!- me abrazó.

-¡Lo mismo digo, Kanako! ¿Cómo has estado?- le devolví el abrazo.

-Bien, muy bien- sonrió rompiendo el abrazo y luego se agachó a la altura de la enana -¿Y cómo está mi sobrina favorita?-

-¡Tía Kanako!- la enana abrazó a Kanako y ésta la cargó.

-Has crecido mucho, pequeña Maggie- rió –Ya pesas un poco... jeje-

-Por favor, bájala. No quiero que se acostumbre a estar cargada- indiqué algo serio.

-Ay, Nii-san no seas malo. Será solo por hoy- me sacó la lengua, mientras que yo rolé los ojos y pasamos a la casa.

-Qué gusto verte, Sou-kun, hace tiempo que no nos visitabas- me recibió mi tía Matsuda.

-Sí, bueno. Estuve ocupado cuidando a la enana- respondí sonrojado.

-No debes estresarte. Sabes que cuentas con nosotras para cuidar a la pequeña Maggie- sonrió mi tía.

-Gracias por la oferta, pero no quisiera abusar de ustedes- me puse algo nervioso –Es más, cuánto te debo por cuidar de la enana- abrí mi billetera.

-No te preocupes, Sou-kun- me dijo mi tía Matsuda.

-Sí, Nii-san, yo soy muy feliz de jugar con mi hermosa sobrina- expresó Kanako con mucha alegría.

-Ay...- suspiré –De acuerdo, pero la próxima sí les pagaré- sonreí y me dirigí a Kanako para entregarle la mochila –Bien, escucha con atención, aquí están los juguetes aprobados con los que Maggie puede jugar, y también una muda de ropa por si se ensucia y claro... una manta por si tiene frío-

-¿Juguetes aprobados? ¿Estás hablando enserio?- Kanako se burló.

-Sí; es decir, estos juguetes han sido analizados por Morinaga y por mí para que la enana pueda jugar sanamente y...-

-No inventes, Nii-san- rió –Isogai-san me trajo unos videos juegos de América y los voy a jugar con Maggie-

-¿Videojuegos? ¡Claro que no!- me enojé un poco.

-¿Verdad que quieres jugar videojuegos, pequeña Maggie?-

-¡Sí, sí!- gritó la enana con entusiasmo como cualquier niño que se emociona por un juguete nuevo.

-Oye, espera...- pero no alcanzaron a oírme, pues Kanako se la había llevado cargada a su habitación.

-Relájate, Sou-kun- tía Matsuda me sujetó el hombro y me sonrió –Deja que se divierta. Todo estará bien-

Como era de esperarse, mi tía me hizo sentir seguro y tranquilo. Le agradecí y le entregué la mochila. Tenía que apresurarme, pues faltaban pocos minutos para la 1pm y el plan era sorprenderlo antes de su refrigerio para que almuerce conmigo. Con el poco dinero que tenía iba a pagar un buen restaurante, pues de alguna manera era mi manera de disculparme. No soy un hombre cursi ni esas estupideces que embrutecen el cerebro humano; así que la manera adecuada para mí de pedir perdón es por otros medios.

Tomé el metro y llegué 2 minutos antes de la 1pm a la Farmacéutica S. Respiré hondo y entré al edificio. Entrar de esta manera sin avisar me trae muchos recuerdos de cuando invadí la Farmacéutica S en Hamatsu; pero esta vez no tengo nada que temer. Fui a recepción y pedí que me dejaran pasar. Por suerte la recepcionista no hizo tantas preguntas y me dio pase libre, indicándome que la oficina de Morinaga se encontraba en el piso 2. Subí por las escaleras y entré a una oficina grande con muchas computadoras, cubículos y trabajadores. Dentro de esa oficina había más oficinas, pero privadas en donde gente con cargos mayores trabajaban ahí…

-Buenas tardes, vengo a buscar a Morinaga Tetsuhiro- me acerqué donde la secretario del piso.

-¿Departe de quién?-

-Eh, soy Tatsumi, su compañero de cuarto- a pesar de que mi relación con Morinaga había avanzado mucho, aún no podía admitir de forma abierta que el idiota era mi pareja.

-Morinaga-san no ha asistido a la farmacéutica el día de hoy-

-¿Cómo dice?- me pareció extraño –Él salió a trabajar hoy en la mañana-

-Bueno, Tatsumi-san, según mis registros de asistencia no veo que Morinaga-san haya venido; pero si gusta puede pasar a su oficina para que su kohai lo pueda atender-

-Gracias-

¿Morinaga no ha venido a trabajar? ¡Pero qué demonios está pasando! ¿Acaso Morinaga no está viniendo últimamente? ¿A dónde mierda se está yendo todas las mañanas entonces? Sentí mucha molestia, pero me relaje al entrar a la oficina. El ambiente era muy acogedor. Había dos escritorios, uno grande y uno pequeño. En el pequeño se encontraba una chica que amablemente me recibió…

-Buenas tardes ¿en qué lo puedo ayudar?-

-Buenas tardes, vine a buscar a Morinaga- entré y cerré la puerta tras de mí.

-Oh, Tetsuhiro no vino el día de hoy. ¿Quién lo busca?-

-…- ¿Tetsuhiro? ¿Por qué se refiere a él con tanta confianza? –Soy Tatsumi, su compañero de cuarto-

-¿Compañero de cuarto?- preguntó curiosa –Pensé que vivía con su Sempai-

-Pues yo soy su Sempai de la universidad-

-¡Oh! No me digas- se cruzó de brazos y se puso de pie –No lo puedo creer. Así que tú eres… "Sempai"- rió.

-¿Cuál es la gracia?-

-Tetsuhiro me ha hablado sobre ti-

-¿Qué?- ¡oh mierda! Qué es lo que le contó Morinaga a esta chica… maldición… -¿De qué hablas?-

-Esto es realmente increíble. No me imaginaba que Tetsuhiro fuera gay-

-Eh… no… no sé de qué estás hablando. Me tengo que ir…- quise abrir la puerta, pero la chica la cerró de inmediato.

-No irás a ningún lado- sonrió hipócritamente.

-¿Qué te pasa, niña?- me indigné bastante nervioso –Déjame ir-

-¿Desde cuándo sales con Tetsuhiro?-

-¿Salir? Jaja…- maldición Morinaga, te voy a matar –No sé de qué hablas-

-¿Por qué te pones nervioso?- me acorraló -¿Acaso no sales con él?-

-No- tragué grueso –Yo no salgo con Morinaga-

-Es increíble que lo digas porque él me dijo que sí y ADEMÁS me dijo que LO AMAS-

-Deja de inventar cosas. Yo… ni siquiera sé quién demonios eres-

-Soy su kohai personal, MUY personal-

-¿Personal?-

-Así es, Tetsuhiro y yo somos MUY cercanos- afirmó con mucha sensualidad cosa que me enojó, pues Morinaga jamás me había hablado sobre una kohai personal.

-No sé qué tratas de insinuar, pero no caeré en tu jueguito-

-¿Celoso?-

-NO, y no veo por qué debería estarlo- me mantuve orgulloso.

-Bueno, pues porque Tetsuhiro sí me avisó que no vendría a trabajar hoy, pero… veo que a ti NO- enfatizó.

-Grrrr…- renegué –Me largo… adiós- me salí dando un portazo.

No pude resistir el enojó y salí de la Farmacéutica S dando fuertes pisadas. ¡Maldito bastardo! ¿Así que aún andas abriendo la bocota respecto a nosotros? Por qué sigues haciendo eso. Primero le contabas todo a Taiga, y ahora a esta nueva "kohai personal" que tienes. Ni siquiera me dijo su estúpido nombre. Lo voy a matar, simplemente LO VOY A MATAR. Además cómo es eso de que no fue a trabajar si hoy se fue del departamento muy temprano en la mañana. Qué raro… todo esto es TAN RARO. ¡MIERDA MORINAGA! ¿DÓNDE ESTÁS?

Mi enojo era tan fuerte que no pude soportarlo más, tenía que gritarle, que golpearlo... así que sin dudarlo marqué a su celular. Ahora me vas a escuchar, idiota; pensé pero para empeorar las cosas, el celular de Morinaga estaba apagado.

~Después del tono deje su mensaje de voz… piiii~

-OYE REVERENDO IMBÉCIL. DÓNDE DEMONIOS ESTÁS. VINE A LA FARMACÉUTICA Y ME ENTERO QUE NO HAS IDO A TRABAJAR, Y ENCIMA NO CONTESTAS TU ESTÚPIDO CELULAR. ESTOY TAN ENOJADO QUE TE MATARÉ CUANDO VUEVAS. LLÁMAME DE INMEDIATO-

Y colgué. Había gritado a todo pulmón que la gente de la calle empezó a verme como bicho raro. Guardé mi celular y fui al apartamento solo. No quería recoger a la enana, pues estaba tan enojado que no quería que ella se asustara; además de qué le prometí que nunca más volvería a pelear con Morinaga; pero NO PODÍA EVITARLO. Me senté en el sofá y empecé a fumar. Necesitaba relajarme y fumar, fumar, fumar. No fumaba tan a menudo, porque a la enana le podía afectar; sin embargo, cuando ella dormía en su cuarto disfrutaba de mis cigarros. El tabaco me relajó mucho, pero mi molestia no se había esfumado.

Pasaron muchas horas y recordé que tenía que recoger a la enana de casa de mi tía Matsuda. ¡Maldición! Si la enana está aquí, no podré gritarle al idiota de Morinaga. ¿Qué hago? ¿Qué hago? Quiero desquitarme con ese bastardo, pero si Maggie nos ve pelear de nuevo va a llorar. AHHHHH. Mierda, creo que… por esta vez les pediré el favor…

-¿Aló?-

-¿Kanako?-

-¡Nii-san! ¿Qué sucedió? No me digas que ya te vas a llevar a mi hermosa sobrina-

-Eh… de hecho quería pedirte un favor-

-¿Qué favor?-

-Pues… ¿crees que Maggie pueda quedarse hasta mañana con ustedes?-

-¿Sucedió algo malo?-

-No…- suspiré –Sino que tengo unos asuntos pendientes con Morinaga-

-¡Ohhh! Ya entiendo… jajajajaja…- rió.

-¿De qué te ríes?-

-Quieres que Maggie se quede aquí para que puedas tener una noche de pasión con Morinaga-san ¿cierto?-

-¡QUÉ! DEMONIOS, CLARO QUE NO-

-A mí no me engañas, Nii-san-

-No hables así, Kanako. La enana te puede oír-

-Entonces admites que harás el amor con Morinaga-san-

-¡Basta! No tengo por qué darte explicaciones sobre eso. Cuida a Maggie, por favor. Adiós- colgué el teléfono.

¿Qué le pasa a la juventud de ahora? ¿Cómo se atreve a faltarme el respeto de esa manera? Ay… qué vergüenza. Me sonrojé y continué fumando en el sofá esperando a que llegue el idiota de Morinaga para asesinarlo.

POV MORINAGA

Ya es casi media noche, todo está tan oscuro y silencioso. Tengo frío, miedo, estoy muy triste y adolorido. Me duele… me duele la cara… me duele el corazón. He llorado demasiado todo el camino a casa. Mi celular está apagado desde la mañana para no recibir ninguna llamada o mensaje que me pueda alterar más los nervios. Sempai debe estar enojado, lo sé, y es por eso que tengo miedo de prender mi celular. Estuve más de dos horas manejando, pues había cometido el grave error de ir en carro. Sabía que manejar tan distraído era peligroso, pero no podía quitarme de la cabeza esa fatal experiencia que me mantuvo deprimido todo el camino. Mis ojos estaban hinchados al igual que mis mejillas por las lágrimas y por los golpes respectivamente. No quería regresas al apartamento, tenía miedo. ¿Qué voy a decir? ¿Cómo voy a explicar las cosas? Sé que Sempai está enojado conmigo desde anoche, pero… cómo puedo enfrentarlo ahora que estará aún más furioso y peor con lo que acabo de hacer. Mis heridas no pasarán desapercibidas y se dará cuenta, pues ya no puedo ocultar mi aura deprimente con una sonrisa falsa.

Di un gran suspiro y sin darme cuenta, ya estaba estacionando el carro. Apagué el motor y me mantuve a oscuras unos segundos para calmarme y pensar en qué decirle a Sempai. Me asomé por la ventana y para mi mala suerte vi que las luces del apartamento estaban encendidas. Eso quiere decir que Sempai está despierto y… me está esperando para regañarme. Ay no. No tengo ganas para recibir malos tratos. Estoy tan triste que… no lo soportaré y no quiero ponerme a llorar frente a Maggie. Ella no tiene la culpa de todos mis problemas. Respiré hondo y pensé en alguna excusa. Lo bueno es que estaba vestido formalmente como suelo hacerlo para trabajar y llevaba mi mochila. Sempai, demoré porque tuve un problema. Verás… saliendo de la farmacéutica quisieron robarme el carro, pero me resistí y por eso me golpearon. Fui a la comisaria y como los trámites para presentar una denuncia por agresión demoran una eternidad, recién pude salir de ahí. ¿Mis ojos llorosos? Ah, es porque me asusté y soy muy sensible. La excusa era perfecta. ¡Listo! Ya está, con eso ya no me hará más preguntas.

Bajé del carro y empecé a subir lentamente las escaleras repitiéndome internamente una y otra vez la mentira que le iba a decir. Abrí la puerta de entrada y me quité los zapatos para luego, abrir la siguiente puerta que da hacia la sala. Lo primero que vi fue a Sempai sentado en el sofá fumando y trabajando en su laptop. Me mantuve con la cabeza gacha para que no pueda ver mis heridas y me di la vuelta para cerrar la puerta. Dejé mi mochila en la entrada y me saqué el saco dejándolo en un perchero cerca de la puerta. Hubo unos segundos de silencio en el que escuché a Sempai cerrando su laptop y dejándola en la mesa…

-Media noche- se levantó del sofá y yo aún le daba la espalda desde la puerta –Estoy furioso… MUY furioso, sabes- resaltó -¿No vas a decir nada?- preguntó perdiendo la paciencia –Me muero por escuchar la excusa que tienes- se burló.

-…- respiré hondo, pues no me salían las palabras.

-¡HABLA!-

-No… no grites, por favor- mi voz temblaba, pues tenía ganas de llorar –No quiero que Maggie nos escuche-

-Por la enana no te preocupes. Justamente la dejé en casa de tía Matsuda para que no se gane con la golpiza que te voy a dar, imbécil-

-…- quiero llorar.

-¿Dónde demonios estabas? ¿Por qué me apagaste el celular?-

-…- me da miedo mentir.

-O acaso te estás viendo con otra persona…-

-¡Claro que no!- me indigné que pensara de esa forma.

-Entonces qué… qué… QUÉ SUCEDE, MALDITO IDIOTA- escuché que corría hacia mí –Habla de una vez que se me acaba la puta paciencia y…- había llegado hacia mí, me cogió del hombro para voltearme, pero antes de darme un puñete en el rostro se detuvo atónito retrocediendo un par de pasos con una mirada preocupada –Pero qué… qué te pasó en la cara-

-…- me ponía cada vez más nervioso.

-¡Morinaga!- insistió.

-Estaba…- empecé a hablar –Estaba saliendo de la farmacéutica y… y unos tipos quisieron robarme el carro- respiré hondo –Yo me resistí y ellos me golpearon, pero no lograron quitarme el carro. Fui a la comisaria para poner la denuncia por agresión y por eso demoré…-

-Ah, o sea te quisieron asaltar ¿no?-

-Sí-

-¿Y por qué tenías el celular apagado?-

-¿Ah? ¿Está apagado?- me hice el loco.

-No me mientas…- me sujetó del cuello de la camisa y chocó mi espalda contra la pared –NO ME MIENTAS- su gritó resonó por todo el apartamento –Yo estuve HOY en tu oficina y me dijeron que NO HABÍAS IDO A TRABAJAR. Y para que me creas… conocí a tu "kohai personal", la cual me dijo que le habías avisado que NO asistirías a la farmacéutica hoy y a mí no me dijiste ni mierda-

-…- ¿qué fue lo que dijo? ¿Sempai fue a la farmacéutica? ¿Por qué?

-¡Qué pasa contigo, Morinaga! ¿Por qué mientes?- la voz de Sempai empezó a quebrarse.

-Sempai…- me hizo sentir mal, pues por mi culpa, Sempai estaba decepcionado.

-¿Acaso… ya no te importo?- desvió la mirada.

-¡Sempai!- no pude evitar abrazarlo al oírlo hablar como si ya no lo amara –No pienses eso. Jamás vuelvas a creer algo así. Yo… yo te amo demasiado. Eres todo para mí y ahora…- las lágrimas me ganaron al recordar lo que me había sucedido hace unas horas –Ahora te necesito más que nunca…- reventé en llanto.

-¿Ah?- se sorprendió, pero sorprendentemente no me alejó –¿De qué hablas y por qué lloras así?-

-Sempai… estoy muy tristeeeeee- escondí mi rostro en su cuello y sabía que estaba mojando su camisa con mis lágrimas –Perdóname, Sempai, perdóname por ser un idiota. Yo…- la respiración se me entrecortaba y empezaba a dolerme el pecho, tal como la vez que tuve una taquicardia –Yo… no quise, no quise…-

-Morinaga, cálmate…- me sujetó de los hombros y rompió el abrazo para verme a los ojos –Estás muy alterado- respiró hondo y me tomó de la mano –Ven, sentémonos en el sofá-

-Se… Sempai… quiero explicarte… yo…- aún no podía calmarme por más que me esforzaba.

-Aún no. Estás alterado- sorprendentemente Sempai dejó su enojo de lado y me mostro su lado comprensivo –No quiero que te vuelva a dar una taquicardia, así que… inhala y… exhala-

-Sempai yo…-

-¡Inhala y exhala, dije!-

-…- hice tres veces lo que Sempai me ordenó y me sentí mucho mejor.

-Bien…- puso la palma de su mano en mi pecho –Tu latidos volvieron a la normalidad- quitó su mano y me miró a los ojos –Ahora dime… qué sucede contigo. Quiero saber por qué me mentiste, a dónde te metiste todo el día, y… qué demonios te sucedió en el rostro-

-Sempai…-

-La verdad, Morinaga, quiero la verdad- suspiró –Admito que desde ayer sentí ganas de matarte, pero…- respiró hondo para calmarse –Quiero escuchar lo que tienes que decirme y sobretodo… tu honestidad-

-Gracias- respondí desanimado.

-Ya luego decidiré si te mato o no- se cruzó de brazos.

-…- agaché la cabeza y empecé –Sempai… antes que nada, quiero… disculparme por mi conducta de ayer. Yo… yo no soy así y lo sabes. Solo que estaba tan… no sé cómo explicarlo… tan estresado, fastidiado y deprimido por… por…- sentía que los ojos se me llenaban de lágrimas.

-Por tu padre- Sempai me ayudó a completar la frase.

-Sí…- respiré hondo –Perdóname, sé que no te gusta que llore, pero es que no puedo evitarlo-

-Tranquilo. Entiendo que es un tema delicado. Continúa…-

-Bueno, no podía estar tranquilo y pues… sí tienes razón, hoy no fui a la farmacéutica- me limpié un poco –No quise avisarte, porque sabía que te ibas a enojar y preocupar; así que…-

-Dónde estuviste- insistió.

-Fui… fui a casa de mis padres-

-¿QUÉ? ¡Morinaga!- me regañó.

-Déjame explicarlo, por favor-

-Se supone que ya todo había quedado claro. Puse a tu padre en su lugar y le prohibí que regresara a esta casa. ¡No tenías por qué rebajarte!-

-Sempai… es por eso que no te lo dije-

-¡Ay Morinaga! Es que… me molesta que te humilles. Te lo he dicho mil veces-

-Lo… lo siento- me hizo sentir mal.

-Ay…- suspiró –Bueno ya, lo hecho… hecho está. Así que dime… qué pasó en casa de tus padres y a qué fuiste-

-Ya… ya no quiero ocultarte nada, Sempai. Eres muy importante para mí, así que… te voy a decir todo, pero te pido por favor que no me juzgues ni te enojes conmigo- respiré hondo –Lo que pasó fue…-

FLASHBACK

Salí muy temprano de casa y ya sabía cuál era mi objetivo. Lo estuve meditando muchas veces un día anterior y fue por esa razón que anduve estresado. Para mi mala suerte, Maggie me vio en la mañana, pero hice caso omiso a su presencia para que Sempai no fuera despertado. Tuve que vestir mi ropa formar de trabajo para no levantar sospechas; pues de todas maneras no pensaba regresar tan tarde al apartamento.

Me subí al carro, arranqué y conduje hasta mi destino… aquel lugar al que tanto me aterraba regresar por miedo a ser maltratado gracias a mi propia sangre. El camino fue muy largo, en las mañanas solía haber mucho tráfico, pero no me importó. Pedí disculpas a la farmacéutica, pues no iba a poder asistir a mis labores, a pesar de que mis vacaciones ya habían culminado. Sentí miedo, depresión, cólera, rabia, nostalgia, y sobretodo… soledad.

Había manejado casi 3 horas a mi ciudad natal y cuando al fin llegué, pude recorrer las pequeñas calles de la zona que me traían mucha nostalgia. Y se supone que este era mi hogar. Me siento tan… desconocido aquí, pensé sintiéndome muy deprimido. Estacioné mi auto en un parque cercano a la casa de mis padres, pues no quería invadir su cochera privada. Dejé mi mochila dentro del carro, y solo con el celular en el bolsillo y bien vestido, me atreví a tocar el timbre…

-¿Sí?- me contestó el ama de llaves.

-Eh… buenos días, soy Tetsuhiro y vengo a visitar a mi padres- me presenté nervioso.

-¿Tetsuhiro?- dijo confundida.

-Sí, soy Morinaga Tetsuhiro, hijo de Morinaga-san-

-En estos momentos, Morinaga-san y su esposa han salido, pero no tardan en llegar. Si gusta puede pasar a esperarlos-

-Sí, muchas gracias-

Entonces escuché el sonido que produce la puerta al ser abierta automáticamente a través de un botón. Mi casa… cómo olvidarla. Aquí pasé gran parte de mi vida como infancia, niñez y adolescencia; y además… los buenos y malos momentos… en especial los malos. Pude notar que ciertas cosas eran distintas, pues mis padres habían remodelado en estos últimos años.

Entré y me puse a observar detenidamente mi ex hogar, a lo que alguna vez… llamé "mi casa". Sentí algo de dolor, pues cuando me topé con los cuadros donde se encontraban las fotos familiares… era como si yo nunca hubiera existido. ¿Por qué no estoy en ninguna foto? No pensé que el odio hacia mí era tan grande. Quise llorar, pero me contuve, pues el ama de llaves se aproximó hacia mí para recibirme. Parece que era muy desconfiada…

-Disculpa, pero no puede estar merodeando sin permiso por las instalaciones de los Morinaga-

-No tiene por qué ser tan formal conmigo o tratarme como un desconocido- me incomodé un poco –Yo también he vivido en esta casa-

-No es cierto cuando me dijo que Morinaga-san es su padre ¿verdad?-

-Es muy cierto-

-Pero… Morinaga-san y su esposa jamás mencionaron a otro hijo. Tengo entendido que su única descendencia es Morinaga Kunihiro-

-Kunihiro es mi hermano mayor, y yo soy Tetsuhiro, el hijo menor de los Morinaga-

-Bueno, entonces pase a la sala de estar, por favor, lo guío-

-No se preocupe, conozco el camino. También ha sido mi casa- me molestaba que me tratara como un desconocido, aunque el ama de llaves tampoco me conocía.

-Eh... como guste- se sintió incómoda con mi respuesta –Voy a avisarle a Morinaga-san que usted lo está esperando- me informó retirándose, mientras que yo me dirigí a la sala de estar.

Todo estaba diferente, los muebles, las paredes, los adornos, hasta el piso estaba irreconocible. Se notaba que a mi padre le había ido bien económicamente en los últimos años. Me senté en el sofá a esperarlos, mientras los nervios me dominaban ocasionando que no supiera qué decir ni a qué venía. Pasó como una hora el cual me quedé dormido en el sofá, cuando el portazo de la entrada principal y los pasos fuertes de mi padre me levantaron del susto...

-¡Qué! ¡Cómo que ese maricón está en mi casa! ¡Por qué lo dejaste entrar!- escuché sus gritos aproximándose hacia mí.

-Morinaga-san, él dijo que era su hijo y pues...- el ama de llaves intentaba explicarle, pero justo mi padre me vió.

-Padre...- me puse de pie muy nervioso.

-¿Qué mierda haces en mi casa?- me miró con desprecio.

-Padre, por favor, vine a hablar con usted...-

-Dije que te fueras...- mi padre estaba muy enojado con mi presencia -¡Fuera de aquí!-

-...- me negaba a hacerlo, pero sus gritos me asustaban.

-Tetsuhiro, sal de la casa. Tu padre te dio una orden- habló mi madre con un aire de seriedad.

-No... no me pueden echar. Necesito que me escuchen- me sentía intimidado por mi padre.

-Ah... con qué no te podemos echar ¿eh?- se acercó hacia mí, mientras que yo retrocedía –Te vas por las buenas o por las malas-

-No me iré sin que me escuche, padre- lo reté.

~PLAAF~

Me abofeteó muy duro en el rostro de sorpresa. Si hay algo que recuerdo muy bien de mi padre, era que su mano dolía. Por suerte no caí al suelo, y solo perdí el equilibrio cayendo sentado en el sofá, pero me paré de inmediato.

-¿Por qué me pega?- me sujeté la zona adolorida del rostro.

-Porque NO vas a volver a pasar sobre mis órdenes y menos en MI casa-

-Esta también es mi casa- reclamé.

-Te equivocas, niño- se cruzó de brazos –Dejó de ser tu casa cuando te largaste a hacer de tu vida lo que se te diera la gana-

-Ya no hagas enojar más a tu padre, Tetsuhiro. Lo mejor es que te vayas- mi madre volvió a interferir.

-Madre, padre, por favor, no me echen de aquí como si fuera un extraño. Yo necesito que me escuchen, que me entiendan-

-No pienso escuchar nada, y menos después de la humillación que me hizo tu... aj me causa repugnancia decirlo- me miró con asco –El tipo ese con el que vives-

-De eso es lo que le quiero hablar, padre-

-Menos pienso escucharte si vienes a hablarme de tus mariconadas que mucha vergüenza y deshonra ha traído a la familia Morinaga-

-Pues no me voy a ir. Perdóneme por mi atrevimiento, padre, pero no me iré sin antes ser escuchado por lo menos por usted- me puse firme, pero recibí dos bofetadas más por parte de mi padre –¡Auch! ¡Me dolió!- me quejé, me pegó más fuerte.

-Y te va a doler más si no te vas ahora-

-No- respondí.

-¡Qué dijiste!- me atrajo hacia él sujetándome el cuello de mi camisa.

-Dije que no me iré hasta que me escuches- contesté con valentía a pesar que me moría de miedo.

-Insolente- susurró y luego me pegó un puñete el cual causó que la esquina de mi labio sangrara y que yo cayera al piso –¡Mocoso malcriado! Siempre con esa rebelde conducta-

-Auch...- susurré limpiándome la comisura del labio y algunas lágrimas que se me habían escapado.

-Mejor escuchemos al niño- interfirió mi madre.

-Por supuesto que no. Este mocoso debe aprender a que cuando yo doy una orden... SE CUMPLE- respondió mi padre con mucho enojo.

-Evitemos el escándalo. Los vecinos van a estar hablando- mi madre lo convenció.

-Ay...- suspiró –De acuerdo. Solo para que los vecinos no estén hablando mal; PERO... la conversación la tendré solo yo con este maricón. ¡Oye! Ponte de pie- se dirigió hacia mí.

-Gracias...- respondí poniéndome de pie un poco débil.

-¿Por qué sigues causándonos decepciones, Tetsuhiro?- mi madre me miró con asco –Tu padre ya me contó lo que sucedió en tu apartamento el día de ayer ¡Por qué sigues avergonzándonos!-

-Madre, no entiendo por qué le causo decepción. Obtuve mi título universitario y ahora soy supervisor en una de las mejores farmacéuticas de Japón ¿acaso eso no importa?- intenté hacerle entender.

-Eres gay, vives con un don nadie y estás corrompiendo la mente de una inocente niña- mi madre derramó un par de lágrimas, cosa que me hizo sentir mal.

-Madre, eso no tiene nada que ver con mi crecimiento profesional ¿Por qué no lo puede entender?-

-Como siempre... hiciste llorar a tu madre con tus porquerías, con tus mariconadas- mi padre me hacía sentir cada vez más basura.

-Pero no estoy haciendo nada malo. El hombre con el que vivo es mi pareja y tenemos una relación sana y sin escándalos. Y la niña es mi hija que estoy criando junto a él. No la estamos pervirtiendo como dicen, ni tampoco inculcándole el mal-

-¡Basta! No quiero seguir escuchando eso. ¡Me da tanto asco!- me levantó nuevamente la mano, pero no me pegó –Vamos al estudio para que me digas a lo que viniste y terminar con esta ridícula discusión de una buena vez... ¡sígueme!- mi padre empezó a caminar en dirección al estudio.

-Como deseo no haberte tenido, Tetsuhiro- mi madre me dijo antes de que me fuera de la sala.

-Madre, no me diga eso, por favor, que me rompe el alma- quise abrazarla, pero ella me alejó con su mano.

-¡Tetsuhiro!- escuché a mi padre llamándome desde el estudio.

Respiré hondo para no empezar a llorar y fui rápidamente al estudio de mi padre el cual quedaba cerca de las escaleras que daba a las habitaciones. Cómo odiaba ese lugar. Recuerdo que mi padre siempre me llamaba a su estudio cuando me regañaba para que los vecinos no escuchen; y precisamente mis duras anécdotas de la adolescencia están reviviendo. Ingresé y cerré la puerta tras de mí. Me quedé parado ahí, pues sentía mucha incomodidad; mientras que mi padre estaba de pie con los brazos cruzados a unos pasos de mí. El lugar era tan tenebroso como solía ser... siempre con poca luz, muchos libros viejos en los estantes, el gran escritorio de mi padre con dos sillas al frente, y adornos antiguos que le gustaba coleccionar...

-Habla de una vez que no tengo todo el día para escuchar tus estupideces- mi padre jamás iba a cambiar su trato conmigo.

-Vine a pedirte y si es posible rogarte que...- mi respiración se aceleraba –Que... que nos deje en paz, que no haga nada malo en contra de nosotros, que... que me olvide si quiere, pero... por lo que más quiera... no se meta más en mi vida, padre-

-Jajajajaja...- se burló –Lo dices por la amenaza que le hice a tu...- roló los ojos –A ese don nadie con el que vives-

-Correcto, y... por favor no se refiera a él de ese modo. Mi pareja se llama Tatsumi-

-Me importa una mierda como se llame ese imbécil- me gritó –Si vas a venir a pedirme algo... no te conviene estar corrigiéndome-

-Perdón, padre- agaché la cabeza.

-Bueno...- empezó a caminar por todo el estudio –Ese tal... "Tatsumi" como dices... me humilló y me golpeó cuando fui a tu apartamento. ¿Cómo esperas que no haga nada?-

-Él se excedió y le pido perdón por parte de Tatsumi. Le juro que jamás volverá a pasar; pero... por favor, no interfiera en mi vida-

-Tú eres mi hijo y yo me meto si me da la gana. Además, llevas mi apellido y estoy seguro que esa mocosa que tienes por hija también lo lleva... ¿verdad?-

-Sí-

-No puedo permitir que mi apellido se siga expandiendo en personas enfermas como ustedes-

-Por favor, padre... le suplico que no se meta en mi vida-

-¿Temes a que llame a la policía, no?- se detuvo en frente de mí con sus aires de superioridad –Sabes perfectamente que es ILEGAL en este país que una pareja HOMOSEXUAL adopte a un hijo y peor aún si se trata de una niña-

-Lo sé, pero... Maggie es mi hija-

-¿Biológica?-

-...- me sorprendió, pues parecía sospechar.

-¿Qué pasa? ¿Por qué te asustas? ¿Acaso... no es tu hija biológica?-

-Sí... sí lo es- tartamudeé.

-Qué interesante...- se burló –Algo me dice que esa mocosa NO lleva tu sangre. Claro... si tú eres gay. ¿Cómo podrías meterte con una mujer?-

-¡Sí es mi hija biológica!- afirmé.

-¿Y si le digo a la policía que además... te haga una prueba de paternidad?- me amenazó.

-...- me quedé mirándolo con pánico, pues lo que me decía era horrible.

-¿Qué pasa? ¿No que la niña es tu hija biológica? Si es así... entonces no debería preocuparte que te hagan una prueba de paternidad... ¿o sí?- rió un poco, mientras que yo volví a agachar la cabeza –El que nada debe... nada teme, Tetsuhiro-

-...- me descubrió.

-Lo sabía- cantó victoria –El que calla otorga; y tu silencio me lo dice todo. Ay Tetsuhiro, eso te va a costar a ti y al imbécil de Tatsumi años de cárcel. No tienen ningún permiso LEGAL de adoptar a esa niña-

-...- me arrodillé ante mi padre manteniendo la cabeza gacha.

-¿Qué haces?-

-Por favor, padre...- le rogué y le lloré –Le suplico que no me quite a mi hija, no llame a la policía, no me haga daño de esa forma-

-Lo que me faltaba... que te humilles. ¡Qué vergüenza!- renegó.

-Lo hago porque... porque me dan miedo sus amenazas- gemí del llanto –Hago lo que sea, lo que usted me pida, padre-

-¿Lo que sea?-

-Sí...-

-Ponte de pie, ahora- me dio una orden y yo lo obedecí como cuando era un adolescente –No te vuelvas a arrodillar. Ningún Morinaga se humilla ¿me oíste?- me señaló con el dedo.

-...- asentí con la cabeza, pero a él no le gustó.

-¡HABLA!-

-Sí...- pronuncié asustado.

-¡Sí qué!-

-Sí, padre- tragué grueso.

-Bien...- me miró con seriedad y luego caminó hasta su escritorio para sentarse en su gran silla –Toma asiento- me señaló la silla que estaba frente a él.

-Sí, padre- nuevamente respondí como él quiso y me senté en la silla que me indicó.

-Así que... ¿quieres hacer negocios conmigo, cierto?-

-Solo quiero que no haga nada en contra de Tatsumi y de mi hija-

-¿Qué me das a cambio de mi silencio?-

-Lo que sea-

-"Lo que sea", significa que estás dispuesto a todo-

-...- lo miré resignado –Qué quiere que haga-

-En primer lugar... muero por saber la historia de esa mocosa- se rió –Es decir... ¿de dónde la sacaste?-

-Maggie es mi hija y punto-

-¡A mí no me vengas con jueguitos estúpidos, mocoso!- se enojó golpeando el escritorio –Yo sé que esa niña NO es tu hija, y si no me dices la verdad... en este preciso momento levanto el teléfono y llamo a la policía ¿me oíste?-

-...- me amenazó y al hacerle notar mi miedo... le daba la razón.

-Así que empieza a hablar con la verdad-

La verdad... la verdad ¿quiere que le diga la verdad? No puedo hacer eso. Me meteré en un problema peor. La verdad es aún más grave, pues... pues... así se enterará que yo maté a Takasu. No puede ser... qué hago ¡QUÉ HAGO! Si digo la verdad... mi padre tendrá una razón más para llevarme a la cárcel; pero si callo... mi padre llamará a la policía y de todas formas me iré a la cárcel. Entraba en desesperación.

-No es justo que tú vayas a prisión solo por defenderte. Si lo pensamos fríamente sería... si tú no lo matabas él, pues entonces... él te mataba a ti-

-Pero... ¿y la ley? Nadie me va a creer-

-La ley es una mierda. ¿Acaso no ves que locos como el otaku y Takasu estaban sueltos? Quién sabe qué otro maldito enfermo andará por ahí. Esto... NUNCA pasó ¿me oíste? Taiga murió en el parto y Takasu desapareció misteriosamente ¿entendiste?-

-Pero, Sempai...-

-¿ENTENDISTE?-

-Sí...-

-Bien. Este tema NO lo volvemos a tocar-

Recordé la conversación que tuve con Sempai sobre el tema, aún cuando Maggie era apenas una bebé recién nacida. Le prometí que no hablaría con nadie sobre el caso de Takasu y Taiga, le prometí que esa verdad... la llevaría hasta la tumba; pero... con las amenazas de mi padre... me veía en un gran aprieto. ¿Qué debo hacer?

-¿Y? Estoy esperando- mi padre insistió sacándome de mis pensamientos.

-Bien...- suspiré –Eh... le voy a contar- tragué grueso –Hace... hace como 5 años, yo... yo trabajaba con la madre de Maggie. Su nombre era Taiga- me dolió recordarla y pronunciar su nombre –Ella y yo éramos muy grandes amigos, éramos muy unidos y nos queríamos mucho. Un día... yo... yo tuve una fuerte pelea con Sempai; es decir, Tatsumi- aquí comienza la mentira –Me separé de Tatsumi y... Taiga me consoló ¿comprende? Ella y yo... tuvimos relaciones sexuales-

-¿Pero cómo? Tú eres un maricón- de todos modos, mi padre se empeñaba en ofenderme.

-Sí, soy homosexual, pero... entre alcohol y la depresión... pues tuve un desliz. No me di cuenta que me acosté con Taiga; es más, casi ni me acuerdo de cómo pasó, pero... la cosa es que sí pasó- respiré hondo –Tiempo después, solucioné las cosas con mi Sempai... o sea Tatsumi, y... volví al apartamento con él, pero... unos meses más tarde, Taiga me dijo que estaba embarazada-

-¿En dónde está esa mujer?-

-Ella... murió-

-¿Murió? ¿Cómo murió?-

-Pues...-

-No te vas a morir, Taiga ¿Por qué dices eso?-

-Por favor, Morinaga, te lo suplico. Prométeme que cuidarás a Maggie-

-Pero...-

-Promételo... PROMÉTEMELO-

-¡Taiga, basta!-

-PROMÉTEMELO... AHHHHHHH...-

-¡Qué pasa! ¿Por qué gritas?-

-PROMÉTEMELO, PROMÉTEMELO, PROMÉTEMELO...-

-¡Te lo prometo!-

-...Gracias. Ya... ya me siento... tranquila-

Me quebrara emocionalmente el recordar los últimos momentos y palabras de Taiga. Aquella noche tormentosa y llena de dolor cuando me hizo prometer que cuidaría y criaría a su hija como si fuera mía. No he olvidado la promesa que te hice Taiga. Protegeré a Maggie así sea con mi propia vida y no dejaré que nadie me la arrebate de las manos, ni siquiera mi padre.

-Tetsuhiro, responde- mi padre me sacó de mis pensamientos –¿Cómo murió? ¿Qué le sucedió a esa tal Taiga?-

-El parto se le complicó y su cuerpo no lo resistió. Ella tenía un organismo bastante débil, según el diagnóstico de los médicos, y pues…- sentí muchas ganas de llorar, pues a pesar que mentí respecto a mi paternidad, la muerte de Taiga era totalmente real –Lo… lo siento, padre. Me duele recordar esos momentos- me disculpé por lagrimear en frente de él.

-Vaya historia la tuya…- se burló sarcásticamente -Cómo no me enteré de todo lo que te estaba pasando- suspiró y luego le dio un golpe al escritorio -¿Me crees imbécil?-

-¿Perdón?-

-¿Crees que con tus lágrimas me voy a comer ese cuento?- se enojó nuevamente –Dime la verdad-

-¡Es la verdad!- me exalté.

-No te creo, mocoso. Llamaré a la policía y que las pruebas de ADN hablen por sí solas- puso su mano en el teléfono fijo que estaba encima del escritorio, y automáticamente puse mi mano encima para que no levante el auricular.

-Por favor, padre créame. Yo le juro que Maggie es mi hija, usted mismo lo pudo comprobar cuando fue a mi apartamento y vio que se parecía a mí. Si Maggie no fuera mi hija biológica como dice… entonces por qué tiene rasgos muy similares a los míos- me excusé desesperadamente.

-Suelta mi mano, ahora- me miró con mucha seriedad y por miedo se la solté.

-Lo siento-

-Bueno…- dejó de agarrar el teléfono –Es cierto lo que dices. Esa niña se parece mucho a ti- suspiró –De acuerdo, no te someteré a esas pruebas de paternidad y te creeré; pero escúchame bien, mocoso- me señaló con el dedo –Si yo me entero que esto es una mentira… te vas a arrepentir, Tetsuhiro, a mí NADIE me ve la cara de idiota, y menos uno de mis hijos ¿me oíste?-

-Sí…-

-¡Sí qué…!-

-Sí, padre-

-Bien. Me gusta que me respondas fuerte y claro… como HOMBRE-

-Gracias por escucharme, padre- me puse de pie, pero él me detuvo.

-Oye un momento… aún no hemos terminado la conversación-

-Eh… pero dijo que me creía. Pensé que todo estaba solucionado- me volví a sentar.

-Ay no me digas, pero qué fácil ¿no?- se burló –Pude haberte creído de que esa niña es tu hija, pero eso no quita el hecho que esté en contra de que una pareja homosexual la críe y tampoco voy a olvidar el golpe y la humillación que me hizo el imbécil con el que vives-

-…- maldición Sempai, tenías que golpearlo.

-Voy a enseñarle a ese don nadie que a mí nadie me levanta la mano-

-No, padre, por favor. Ya le pedí perdón a usted por eso- me exalté del miedo –Y no me quite a mi hija, se lo ruego. Yo estoy dispuesto a hacer lo que usted me pida-

-¿Lo que sea?-

-Sí, lo que sea-

-Perfecto- sonrió malévolamente –Elige… Tatsumi o tu hija-

-¿Qué?-

-Si eliges a Tatsumi... me entregas a la niña para que se críe con la educación correcta que aquí le podemos dar; sin embargo, si eliges a tu hija… tendrás que separarte de Tatsumi y no volver a verlo por el resto de tu vida-

-Lo que me dice es horrible. No puedo elegir entre las dos personas que más amo-

-¿Ah sí? Pues yo te haré elegir. A menos que quieras que llame a la policía y pierdes a los dos. Tatsumi a la cárcel y tu hija a una casa hogar-

-Padre…-

-Tú decides-

-…- la decisión más difícil de mi vida, cómo elegir entre la persona que amo y mi hija ¿Maggie o Sempai? ¿Maggie o Sempai? no puedo elegir… ¡no puedo! –Yo…-

-Tú que…-

-Yo…- no puedo, no puedo, no puedo, no puedo… -No puedo…-

-¿Cómo dices?-

-Perdón, padre, pero no puedo. No puedo elegir de esa forma. ¡No puedo!- me tapé el rostro con las manos de la desesperación.

-Como quieras. Llamaré a la policía- nuevamente sujetó el auricular.

-¡No!- detuve su mano con mucho miedo –No por favor, debe haber otra cosa que pueda hacer. No sé… algo diferente… yo…-

-Quita tu mano de la mía-

-Por favor, no llame a la policía…-

-¡QUE LA QUITES!- pegó un grito que me aterró y quité la mano.

-…-

-Ay…- suspiró y dejó el teléfono a un lado –Tal vez hay algo que sí puedas hacer para… LIMPIAR tu imagen y sobretodo la imagen de los Morinaga-

-Qué… qué cosa es…-

-Cásate-

-¿Ah?-

-Sí. Cásate con una mujer de nuestro nivel socioeconómico y así limpiarás tu imagen ante la sociedad-

-Habla de matrimonio como si fuera cualquier cosa, padre-

-No me importa lo que pienses. Te vas a casar para limpiar la deshonra que le has causado a esta familia- respiró hondo para calmarse –Por la chica, no te preocupes, ya tengo en mente a alguien. Es de tu edad, viene de una buena familia y tiene mucho dinero-

-¿Un matrimonio arreglado?-

-Lo más arreglado posible para que la sociedad vea que te has recuperado y que estás yendo por el camino correcto-

-Padre, no creo que sea una buena idea. La chica no aceptaría algo así-

-Con dinero… todo se puede-

-Pero… ¿y qué hay de mí?- me preocupé –Padre, yo… yo no me puedo casar con alguien que no amo y que ni siquiera conozco. Además, yo ya tengo una pareja y…-

-¡Me importa una MIERDA tu enfermiza relación con otro hombre!- nuevamente golpeó el escritorio para asustarme –Esa es la opción que te doy o sino… llamo a la policía y le cuento que una pareja homosexual está criando ilegalmente a una niña-

-…-

-Así que… toma tu decisión, Tetsuhiro. ¿Te casas sí o no?-

-…- me está poniendo contra la espada y la pared -¿Acaso no sería lo mismo que abandonar a mi Sempai, bueno… a Tatsumi?-

-El matrimonio es arreglado. Lo único que tendrías que hacer es fingir que la amas y que son muy felices; irse a vivir juntos por mínimo un año y luego, puedes separarte. Ah, y si puedes… darle un hijo mejor-

-¡No, ni hablar!-

-¿Qué dices, mocoso?-

-Yo no puedo estar casado por un año con otra persona, menos vivir con ella y peor aún darle un hijo. Padre, no puedo hacer algo como eso. Sempai no me va a esperar un año, y se negará a que yo viva con otra persona…-

-¡Basta! Esa es la condición que te pongo- me calló –Así que voy a organizar tu boda aquí en Fukuoka, y si no te presentas… vas a conocerme en realidad- me amenazó.

-¡Por Dios no! Deje de amenazarme. ¿Por qué quiere destruir mi vida?- me exalté y me puse de pie a expresar todo lo que pensaba, pues estaba harto de agachar la cabeza y guardar mis sentimientos –Yo sé que usted odia tener un hijo homosexual; pero… pero yo no lo decidí y tampoco es que lo esté haciendo para molestarlo o deshonrar a la familia; simplemente sucedió. Me gustan los hombres… ¿qué culpa tengo? Me acepté como soy, me quiero como soy. Hay tantas familias que apoyan a sus hijos a pesar que son homosexuales, por qué ustedes no me pueden apoyarme a mí. Desde que descubrieron que soy gay, solo me han mostrado odio, desprecio, asco, decepción… me duele, padre, me duele mucho cómo me tratan, cómo me son indiferentes, yo…- las lágrimas me ganaron –Yo también tengo sentimientos, yo soy su hijo, ustedes son mis padres y los sigo queriendo a pesar de todo. Sé que soy una decepción y una vergüenza para ustedes; pero por lo menos quise demostrarles que pueden estar orgullosos de mí desarrollándome profesionalmente y así lo hice. Estudié cada día, cada minuto, cada instante para poder ingresar a una universidad fuera de nuestro pueblo, estar siempre entre los primeros puestos, encontrar un buen trabajo y lograr tener un puesto importante y reconocido como lo tengo ahora. He llegado muy lejos, me he logrado profesionalmente en la carrera y especialidad que me apasiona y he sido capaz de sobrevivir solo económicamente todo este tiempo… pensando que… pensando que… posiblemente…- se me agudizaba la voz –Posiblemente… algún día… ustedes… ustedes… estarían orgullosos de mí…- reventé en llanto, me senté, y apoyé mis brazos en el escritorio para esconder mi rostro lleno de lágrimas.

-…- mi padre se quedó mudo unos instantes, pero nada podía ablandar su corazón de piedra –¿Terminaste con tu drama?-

-¿Eh?- levanté el rostro y lo miré más tranquilo, pero serio.

-No, mocoso, a mí no me llores- roló los ojos –Los hombres NO lloran-

-¡Seré hombre, pero también un ser humano, y puedo llorar!-

-Bájame ese tono, Tetsuhiro- me regañó.

-…- respiré hondo y me sequé las lágrimas –Tan solo quiero… que me deje en paz, por favor. Si quiere… si quiere puedo darle un porcentaje de mi sueldo y...-

-JAJAJAJAJA… no quiero tu dinero- soltó una carcajada burlona –La miseria que ganas tú, no se compara a lo que gano yo. Así que ni te molestes… PERO… creo que sí hay algo que puedas hacer-

-¿Qué cosa es?-

-¿Estarías dispuesto a desligarte de nosotros en todo sentido?-

-¿Des… desligarme? No entiendo-

-Renunciar a esta familia, renunciar a los Morinaga-

-¿Quiere decir que dejaré de ser parte de esta familia, padre?-

-Así es, pero como te dije… en TODO sentido- resaltó – Como por ejemplo… dejarás de referirte a mí como "padre" y empezarás a decirme "Morinaga-san", ya no podrás venir a esta casa cuando se te dé la gana; es más, tramitaré una orden de alejamiento, no podrás acudir a nosotros cuando tengas algún problema personal o financiero, no podrás considerarnos como familia en documentos legales, y sobretodo… ya no podrás cobrar tu parte de la herencia de los Morinaga-

-…- no puedo creer todo lo que me está diciendo… ¡qué cruel!

-Qué dices. Si aceptas… te dejaré en paz con tu hija y con ese tipo Tatsumi; es decir, no me meteré en tu vida, pero TÚ tampoco tendrás derecho a meterte en la mía o en la de tu madre o en la de tu hermano. Si Kunihiro desea seguir compartiendo lazos familiares contigo, ese es su problema, pero nosotros ya no queremos pasar por más vergüenzas, Tetsuhiro-

-En caso que acepte… ¿me dejará en paz?-

-Así es. Porque al desligarte de la familia Morinaga, ya no ejerzo ningún derecho sobre ti-

-Padre…- suspiré –Me cuesta creer todo lo que me está diciendo. ¿Acaso usted no me quiere?-

-No me cambies el tema, mocoso-

-Pero por qué quiere que renuncie a la familia…-

-Es la última opción que te doy. Lo tomas o lo dejas-

-¡Es que es injusto!- me exalté con un dolor muy grande en el alma.

-Injusto es que después de haberte criado con tanto esfuerzo, después de haber trabajo duro para que nunca te falte nada... tú hagas lo que te dé la gana y nos pagues con deshonras. Además… no entiendo por qué el drama. Hace muchos años que no pones un pie en esta casa y que ni siquiera te molestas en comunicarte con nosotros. ¿Cuál sería la diferencia?-

-La diferencia es que a pesar de haberme independizado y formar mi propia vida; siempre tuve en cuenta que son mis padres y sé dónde encontrarlos, y que si algún día sucede algo importante… me avisarán. Pero al desligarme de ustedes… posiblemente ya nunca más vuelva a saber nada de usted o de mi madre- se me escaparon un par de lágrimas –No quiero sentir que estoy solo en el mundo, que no tengo familia, que soy huérfano-

-Bueno, Tetsuhiro, eso depende de la decisión que tomes- me sonrió hipócritamente.

-No puedo creer que mi propio padre me ponga en esta situación-

-Ay… me estoy cansando de discutir- renegó –Si no piensas decidirte, entonces te puedes retirar, pero mañana te mando a la policía-

-¡No!- me asusté –Ya… está bien. Voy… voy a tomar una decisión-

-¿Y bien…?-

-…- respiré hondo –Renuncio a la familia Morinaga- mi voz de quebró.

-Como quieras. Así será- se mostró orgulloso –Entonces, llamaré a mi abogado-

-¿Abogado? ¿Qué? ¿Para qué?-

-Para que firmes unos papeles- agarró su celular –¿Qué esperabas… qué este acuerdo sería solo de palabra?-

¿Qué acabo de hacer? Renuncié a mi propia familia, a las personas que me dieron hogar, educación, alimentación… todo lo que quise. Me siento… me siento un mal hijo, un mal agradecido; pero… yo no quiero que me separen de mi hija o de Sempai. Eso posiblemente me dolería aún más; así que por eso renuncié a los Morinaga. De todas formas… me siento miserable y deprimido. Jamás pensé que el odio de mi padre fuera tan grande hasta el punto de querer considerarme un extraño.

Mi padre procedió a llamar a su abogado y le explicó la situación telefónicamente. Tardó como una hora en llegar a la casa de mis padres con los papeles correspondientes que mi padre mencionó. Claro está que en esa hora mi padre me dejó solo en el estudio, pues no soportaba estar cerca de mí. Cuando ya nos encontrábamos el abogado, mi padre, y yo encerrados en el estudio, me explicaron verbalmente lo que estaba firmaron y se leyó lo que decía cada documento. Primero, mi padre procedió a firmar como tres hojas, pero lo que me dolió aún más fue ver cómo lo hacía sin remordimiento o pena alguna. Luego, me era mi turno de firmar los documentos legales. No podía creer lo que estaba haciendo, pero todo era por proteger a Maggie y a Sempai. Demoré un poco en firmar, pero la presión de que el abogado y mi padre me tuvieran en la mira... logró que firmara con mucha decepción. Finalmente me entregaron una copia de los documentos legales y la orden de alejamiento, pero solo de mis padres; pues fue bien claro al decirme que era problema de Kunihiro si él quería seguir teniendo contacto familiar conmigo. El abogado se despidió y se retiró dejándome a mi padre y a mí solos...

-Mira el lado bueno- comentó mi padre poniéndose de pie.

-¿Qué hay de bueno en esto?- lo miré con resentimiento.

-Ya no tengo derecho a meterme en tu vida y eres libre de hacer lo que se te pegue la gana-

-Tiene razón- también me puse de pie –Espero que no se arrepienta nunca de esto-

-¿Me estás amenazando?-

-No. Yo no soy de esos-

-Ay por favor, cambia esa cara- roló los ojos –De todas formas y ya ni me necesitabas-

-...- suspiré –A pesar que ya nada nos une legalmente, gracias por todo lo que hizo por mí y perdón por las decepciones que alguna vez le causé-

-Qué bueno que seas agradecido-

-Sí...- sonreí melancólicamente –Qué le vaya bien, y por favor... despídame de su esposa-

Fue la última cosa que le dije a mi padre y salí rápidamente de ese lugar, un lugar que me dolería aún más recordar. Subí a mi carro, tiré los malditos documentos en los asientos de atrás y arranqué con lágrimas en los ojos. En esos momentos solo quería llorar hasta que se me secaran los ojos, pero no tenía ganas de regresar al apartamento. No quería enfrentarme con Sempai y revivir aquellos horribles momentos con mi padre; pero sabía que tarde o temprano tendría que hacerlo. Así que manejé con mucha irresponsabilidad a un lugar solitario; sin embargo, al estar muy alterado y distraído... no me daba cuenta a la velocidad que iba y por poco me salvé de un accidente. El corazón se me quería salir del susto, por lo que decidí tranquilizarme y sabía que manejando no lo iba a lograr. Tampoco tenía pensando ir a beber a un bar ni tampoco ir a la casa de un amigo de mi pueblo, pues eso significaría explicarle mi estado de depresión; así que lo mejor fue quedarme en un hotel económico y encerrarme a llorar hasta que me calmara para poder regresar tranquilo a casa y fingir que nada fuera de lo común había pasado y que estuve trabajando.

Pagué un cuarto de hotel de paso, me quité el saco, los zapatos y me metí dentro de la cama a llorar. Quería estar solo en ese momento y que nadie me molestara; así que apagué mi celular para no recibir ninguna llamada, pero no contaba con que por tanto llorar terminaría quedándome dormido varias horas. Cuando abrí los ojos, todo el cuarto estaba oscuro y me levanté de golpe y muy asustado.

¿Qué pasó? ¿Qué hora es? ¡Son casi las 10pm! Ay no, me quedé dormido. Debo regresar al apartamento de inmediato.

Me vestí lo más rápido que pude, cogí mi celular y lo guardé en mi bolsillo aún estando apagado. Me subí al carro y arranqué de frente a Nagoya.

FIN DEL FLASHBACK

Finalicé la historia y me di cuenta que mi rostro estaba nuevamente empapado de lágrimas y mi respiración se encontraba acelerada. Sempai se había quedado boquiabierto con todo lo que me contaba, y me miraba con ojos horrorizados por los hechos mencionados...

-Y... y eso... fue lo que pasó...- me secaba el rostro con la camisa.

-...-

-¿No... no vas a decirme... nada?- pregunté con mi voz quebrada.

-Morinaga...- suspiró y se sobó la cara de los nervios –No sé qué decir. Tengo una mezcla de emociones, yo... siento odio, cólera, tristeza, rabia, pena, impotencia, frustración... no sé-

-Sempai...- gemí del llanto –No sé si lo que hice estuvo bien o mal, pero... pero yo lo único que quería era protegerte a ti y a Maggie. Yo... yo los amo a los dos y haría cualquier cosa para que no les pase nada a ustedes- exploté en llanto y Sempai me abrazó inmediatamente.

-Tranquilo, Morinaga...- fortaleció el abrazo y acariciaba mi espalda –Yo sé que...- la voz de Sempai también se quebró un poco –Sé que no puedo entender muy bien lo que estás sintiendo, porque nunca lo he vivido, pero... por favor, trata de calmarte. Me parte el alma verte así-

-Perdóname, Sempai... no puedo. Duele... duele mucho- me aferré aún más a él.

-Tengo muchas ganas de partirle la cara a ese bastardo-

-No lo hagas, Sempai- continué llorando en su hombro –Ya no quiero saber nada de ellos-

-Lo sé, lo sé... ya no llores, por favor- se notaba su preocupación, pero me dolía tanto el corazón.

-Ya no tengo padres, ya no tengo familia ¡Estoy solo, Sempai!- me exalté.

-No, Morinaga, no digas eso- rompió el abrazo y sostuvo mi rostro con sus dos manos –Mírame... mírame y escúchame bien- acercó su rostro al mío –Tú no estás solo ¿me oíste? No estás solo y nunca lo estarás. Yo estoy aquí contigo... soy... soy tu pareja ¿entiendes?- intentaba animarme –No vuelvas a decir que no tienes familia, porque sí la tienes. Maggie y yo somos tu familia ahora. Nosotros somos una familia pequeña, pero lo somos. Las familias no necesariamente son las biológicas. La verdadera familia la conforma aquellas personas con las que vives, con las que creces, con las que pasas los mejores años de tu vida, y sobretodo, son las personas que te aman tal y como eres, Morinaga- me dio un pequeño besito en los labios –Jamás vuelvas a decir que no tienes familia, porque nosotros somos tu familia. Maggie te ama, yo te amo y siempre estaremos juntos. Eres una maravillosa persona, Morinaga, no lo olvides nunca. Tú vales MUCHÍSIMO MÁS de lo que valen esos miserables a los que llamabas padres-

-Gracias... Sempai...-

-Así que quiero que este horrible capítulo de tu vida se cierre aquí. Quiero que esto sea solo un mal recuerdo y que de hoy en adelante... esos bastardos sean unos completos extraños para ti-

-No creo poder olvidarlos por completo- poco a poco me fui calmando.

-Sé que será un proceso muy largo, pero... recuerda que siempre me tendrás a mí y a la enana-

-Sí, Sempai...- la voz se me iba –Gracias por tus palabras. Eres... eres el mejor- lo abracé profundamente –Te amo mucho-

-Y yo a ti- susurró en mi oreja.

Sempai fue muy comprensivo conmigo y eso me lleno de paz y alegría el corazón. Pensé que Sempai tal vez no comprendería y seguiría reclamándome mis actos, o que tal vez se volvería loco e iría a matar a golpes a mis padres; pero... felizmente puso primero mis sentimientos antes que sus impulsos.

Me da gusto saber que Sempai afirma con mucho orgullo que somos una familia. Siento que nuestra relación cada vez es más formal; puesto que... ya no somos una simple pareja; sino que también una familia. Sé que hace unas semanas, Sempai dijo que por nada del mundo aceptaría en casarse conmigo; pero... me doy cuenta que no necesitamos de un papel legal para ser una familia muy linda. Te amo, Sempai, te amo por todo el apoyo y el amor que me das, sobretodo en los momentos más difíciles. A pesar de seguir siendo un tirano, sé que muy en el fondo... el amor que tú me tienes es inmensamente grande... tan grande que ni tú lo sabes. Definitivamente, el tamaño de tus sentimientos ha crecido mucho desde que empezamos esta relación que siempre soñé.

Después de toda la explicación que le di, Sempai no me refutó más sobre el tema para no hacerme sentir mal; pero no podía evitar seguir teniendo una cara triste. Fui a bañarme para limpiarme de las malas vibras y de esos horribles recuerdos. Al salir de la ducha, Sempai me esperó en la sala con un par de sándwiches. Le agradecí por ser tan considerado, pero le dije que no tenía hambre. Aún así me exigió comerlos, pues por todo el relato que le conté... se dio cuenta que en ningún momento del día me había detenido a comer. Le sonreí por preocuparse tanto por mí, y para no iniciar una discusión... me los comí. Minutos después, él se ofreció a la lavar mi plato, mientras que yo me dirigí al cuarto para descansar; pues de todas formas al día siguiente debía continuar con mis labores en la farmacéutica.

Antes de dormir, apagué la luz principal de la habitación y prendí la lamparita que estaba en mi mesita nocturna. Saqué de mi mochila los papeles me entregó mi padre, y me recosté en mi lado de la cama para leerlos detenidamente, pues m e encontraba más tranquilo y consiente de mis actos. Minutos después, Sempai ingresó a la habitación dando un gran bostezo. Se dirigió al armario para ponerse el pijama, y yo no le presté atención para no avergonzarlo y se pudiera desvestir y vestir tranquilamente. Para mi mala suerte, se dio cuenta que no lo estaba mirando como siempre suelo hace cuando se cambia de ropa, y empezó con sus preguntas...

-Vaya... veo que estás tan concentrado que tu lado pervertido se ha ido- comentó en son de broma, mientras se recostaba en su lado de la cama -¿Qué tanto lees?-

-Eh... son los papeles legales que firmé y...-

-Ay Morinaga ¿sigues con eso?- roló los ojos –Deja de atormentarte, por favor-

-Lo siento, Sempai-

-Mejor dámelos...-

-¡No, Sempai, no los rompas!- me preocupé.

-Relájate, idiota, no los voy a romper- me los quitó –Tan solo los guardaré para que no seas tan descuidado y los pierdas por ahí. No quiero que Maggie los llegue a ver algún día y tampoco quiero que te deprimas cada vez que los veas- explicó colocándolos dentro del cajón de su mesita nocturna.

-Hablando de Maggie... ¿dónde está?- me preocupé un poco.

-Te dije que la había dejado en casa de tía Matsuda-

-Sí, pero... ¿no deberíamos recogerla? Ya es más de media noche-

-Tarado... ¿qué clase de irresponsable me crees? Por supuesto que le pedí de favor a mi tía y a Kanako que cuidaran a la enana hasta mañana. No voy a ser tan descuidado de recoger a Maggie a altas horas de la noche. Es peligroso-

-Tienes razón, Sempai- me sentí más tranquilo y apagué mi lámpara para poder dormir.

Habrá pasado casi una hora que ambos estuvimos en la oscuridad de la habitación, tan solo con la luz de la luna iluminándonos. Yo me encontraba bocarriba, mientras que Sempai me daba la espalda. Tenía mucho insomnio esa noche, no podía dormir, pues temía soñar alguna pesadilla relacionada a mis padres, y además había algo que aún me inquietaba...

-Sempai... ¿estás despierto?-

-Duérmete ya...- contestó algo fastidiado.

-¿Sigues enojado conmigo?-

-...-

-¿Sempai...?-

-¿Por qué habría de estar enojado?-

-Pues... cuando llegué a casa me dijiste que estabas... furioso-

-Estaba furioso porque me mentiste y no fuiste a trabajar, pero... ya me explicaste la razón, así que... ya no-

-Gracias, Sempai. Tan solo quería estar seguro...- sonreí.

-Aunque...- me interrumpió, volteándose y colocándose bocarriba –Olvidé de preguntarte una cosa...-

-Eh... y qué cosa es-

-¿Por qué nunca me hablaste sobre tu... "kohai personal"?- a pesar que Sempai jamás lo admitiría, podía notar sus celos en su tono de voz.

-Ah...- sentí un alivio, pues pensé que la pregunta sería peor –Hablas de Sayu-

-"Sayu", "Tetsuhiro"... parece que se tienen mucha confianza ¿no? Ambos se llamaban por sus nombres de pila- mostró indignación.

-Sempai... no te enojes por eso- suspiré –Ella es solo eso, mi kohai personal-

-Desde cuándo trabaja contigo-

-Desde un poco antes que pidiera vacaciones-

-Debiste decírmelo-

-¿Por qué?- me pareció un poco ridículo -¿Acaso es grave tener una kohai?-

-Ah y lo dice quien evaluó las entrevistas cuando quise buscar nuevos kohais hace varios años-

-Eso fue porque Mika y Tadokoro iban a ser mis reemplazos. Ahí sí había razón para que yo esté presente y...-

-Bueno, como sea. No me interesa- quiso evadirme cortando la conversación y volviéndose a voltear dándome la espalda.

-Vamos, Sempai...- me pegué a él lo abracé por atrás –No me trates así. Aún estoy triste por todo lo que me pasó- puse mi nariz sin darme cuenta en su cuello y provoqué una reacción en él.

-Ay...- se sobresaltó.

-¿Qué sucede?-

-Ah... no...- se puso nervioso –No nada, nada... es que... es que estás muy cerca- se quejó, pero no me alejó.

-Sempai...-

-¿Hmm?-

-Te amo-

-¿Por qué dices eso ahora?-

-Pues... no lo sé. Tal vez porque estoy un poco sensible y quería decírtelo- me aferré más a él –Gracias por seguir esta relación conmigo, Sempai-

-No tienes por qué agradecérmelo. Se supone que la decisión de estar juntos es de ambos-

-Sí, pero... quería que sepas que ahora te amo más que antes. Mi amor por ti ha crecido más de lo que estaba cuando aún iba en la universidad-

-Aún sigo sin comprender cómo puedes medir el tamaño de tus sentimientos-

-No lo sé. Simplemente lo siento en mi corazón, siento que soy más feliz ahora; y estoy agradecido porque ahora eres más... no sé... abierto conmigo. Ya no me rechazas tanto-

-Idiota- expresó –Cómo voy a rechazarte si ya son casi 5 años que estamos juntos-

-¡Sempai!- grité de emoción por lo que dijo.

-¡Ay! Por qué gritas así. Casi me revientas el tímpano-

-¡Es que te acordaste!-

-¿Eh?-

-Normalmente no sueles acordarte de ninguna fecha importante de nuestra relación, pero ahora... te acordaste que pronto cumpliremos 5 años de pareja. Eso significa mucho para mí, Sempai- me alegré muchísimo.

-Veo que eso te hace muy feliz, eh- rió.

-¡Sí! Muy muy muy feliz- intensifiqué el abrazo.

-¡Oye, idiota! Detente que me vas a asfixiar-

-Oh, sí... lo siento... jeje- dejé de hacer fuerza, pero no lo dejé de abrazar.

-Bueno, si tan feliz te hace que vayamos a cumplir 5 años juntos... entonces ¿por qué no hacemos algo?-

-Wow... esto debe ser un sueño. ¿Tú proponiéndome que hagamos algo por nuestro quinto aniversario? Esto sí que es increíble-

-Oye, si te vas a burlar... entonces no hacemos nada-

-Ay no, Sempai, lo lamento. Es que me emocioné mucho-

-Bien... entonces dime de una buena vez qué quieres hacer-

-Pues... jeje... no sé...- me dio algo de timidez decirle, pero me acordé que tenía un obsequio guardado de años -¡Ya sé! Aún conservo el regalo que me dio Isogai-san por mi cumpleaños-

-¿Regalo que te dio Isogai? ¡Qué tiene que ver ese bueno para nada en esto!-

-Recuerda que cuando cumplí 25 años, aquella vez que me organizaste una fiesta sorpresa, Isogai-san me regaló una cena para dos en un restaurante muy lujoso y elegante y...-

-¡Ah no! Ni lo pienses-

-Pero Sempai, pero si tú me preguntaste qué quería hacer-

-Sí, pero pensé que harías una deliciosa cena para nosotros, o tal vez ir a comer a un restaurante por la zona. No me imaginé que querías ir a cenar a ese restaurante lujoso y elegante que dices, el cual asumo que deberé ir con traje-

-La idea es que hagamos algo diferente. Por favor, Sempai, no seas cruel-

-¿Estás idiota? Dos hombres en traje yendo a cenar a un restaurante costoso ¿Qué cosa crees que va a decir la gente?-

-Puedo pagar un adicional para que nos sienten en una zona privada y así nadie nos verá-

-Mi respuesta es NO-

-¡Sempai malo!- hice un puchero –Ahora voy a sentirme triste de nuevo-

-Esta vez tu chantaje no va a funcionar y ahhhh- escuché su dulce gemido –¡Qué haces, idiota!-

Había tomado posesión de la entrepierna de Sempai justo cuando él se encontraba desprevenido. Era excitante saber que con solo un abrazo, Sempai ya estaba duro. Proseguí a besar su cuello desde atrás y acariciar su miembro por encima del pijama. Sempai no paraba de gemir y de intentar quitar mi mano; pero mi fuerza era mayor a la de él. Asimismo, yo también estaba necesitado de él; es decir, ya habían pasado varias semanas desde la última vez que lo hicimos y eso me tenía en mi límite. Mi miembro también se puso duro y comencé a sobarme con el trasero de Sempai. La habitación se llenó de gemidos y suspiros. Sempai estaba perdiendo la cordura y el control de su cuerpo, así que aproveché para convencerlo...

-Vamos Sempai, acepte ir a ese restaurante conmigo...- susurré en su oreja.

-No... ah... detente... ah ah...-

-Di que sí, Sempai- lamí su oreja –Si aceptas tener esa cita romántica y elegante conmigo... te soltaré- subí una de mis manos a sus tetillas.

-Ahhh... Mo... Morinaga...-

-¿Qué dices?-

-...-

-¿Sempai?-

-¡Sí ya!- respondió bastante agitado.

-Sí qué...-

-Acepto... ah ah ah... acepto tener esa cita con... contigo... ah ah... ya Morinaga...- me pidió que me detuviera, pero hice lo contrario pues empecé a acariciar con más intensidad su entrepierna hasta que Sempai se corrió soltando un gran gemido y luego recobrando la respiración –Eres... eres un idiota, Morinaga-

-Admite que necesitabas liberarte, Sempai. Hace tiempo que no tenemos intimidad- nos quedamos en la misma posición, pero él se quería zafar.

-¡Suéltame!- forcejeó conmigo, pero aún lo mantenía abrazado –Por tu culpa me manché el pijama. Ahora debo ir a limpiarme-

-Pero... aún no me he corrido, Sempai-

-¡No me interesa!- quiso salir de la cama –Y deja de pegarme tu cosa-

-Pero siente lo duro que estoy. Te necesito, Sempai-

-Por qué tienes que ser tan pervertido. Suéltame...-

-No soy pervertido. Solo quiero tener intimidad con mi pareja-

-Pero hoy no...- continuaba forcejeando.

-¿Hoy no? ¡Entonces cuándo!- me enojé un poco e hice más presión –Siempre me dices que no, porque Maggie nos puede escuchar; pero hoy estamos tú y yo solos. ¿Cuál es el problema?-

-¡NO QUIERO QUE ME TOQUES!- pegó un grito tan fuerte que lo solté por temor.

Sempai logró distanciarse de la cama, mientras que yo me quedé sentado y muy indignado por su conducta. Efectivamente tenía el pantalón manchado de su esencia, pero no era para tanto. No comprendía su reacción ni su mirada de molestia. Él y yo somos pareja desde hace casi 5 años... ¿qué le pasa?

POV SEMPAI

Como siempre, el idiota de Morinaga siempre queriéndose aprovechar de mí cada vez que puede. ¿Es que acaso no puede controlarse? El bastardo había ocasionado que eyaculara en mi propio pantalón. Me sentía incómodo, sucio y avergonzado. Me puse firme a unos pasos de la cama y lo miré un poco enojado, pero él no era la excepción... su mirada expresaba un poco de resentimiento...

-¿Qué te pasa, Sempai? ¿Por qué reaccionas así?- expresó ofendido y rechazado.

-¿Qué te pasa a ti? ¿Acaso lo único que te importa es sexo, sexo y sexo?-

-No, pero Sempai... ¿eres consciente del tiempo que llevamos sin hacerlo?-

-Yo no pierdo mi tiempo en andar pensando esas tonterías-

-Pues no son tonterías, porque el sexo es algo fundamental en una relación-

-¡Ah! ¿Ahora tengo la obligación de saciar tus deseos sexuales cuando se te dé la gana?- me indigné.

-No es eso, sino que date cuenta... ya llevamos como 6 semanas sin hacer el amor y yo ya estoy a mi límite-

-Pues ese es tu problema-

-¡No! El problema es de los dos, porque...- de pronto de quedó callado y suspiró –Ay... no importa, de todas formas siempre se hace lo que tú dices, pero sabes algo... creo que ahora no es el mejor momento para sentirme rechazado. No después de todo lo que me ha pasado hoy- ahí estaba de nuevo con esa cara deprimida que tanto me hiere.

-No vas a lograr chantajearme con eso, tarado-

-No es un chantaje. Simplemente quería decirte cómo me siento- sus ojos se humedecieron un poco, pero no lloró –Pero... no tiene caso. No quiero empezar otra discusión contigo- se acomodó para recostarse y darme la espalda –Buenas noches-

¡Por qué siempre tiene que hacer esa cara triste cuando no quiero acceder a sus caprichos! Ay... de verdad que este idiota no parece un adulto, sino un niño inmaduro.

Salí enojado e indignado de la habitación directo al baño para no seguir discutiendo tampoco. Me saqué la parte de abajo del pijama al igual que mi ropa interior y los puso en el cesto de ropa para lavar. En el lavabo me limpié un poco la entrepierna y pude notar que aún estaba dura.

Maldición... qué sucede con esto. Por qué no se quita si ya me corrí una vez, y además... por qué hace tanto calor... o es que yo estoy caliente. Mierda... sí estoy caliente. Ese idiota hizo que... hizo que me excitara. Maldito Morinaga... ahora yo también tengo ganas de hacerlo. No, Souichi, no. Yo no soy un pervertido, yo soy más capaz de controlar mis impulsos sexuales más que el idiota de Morinaga. Respiraba hondo y me miraba al espejo que estaba encima del lavabo. Debo calmare y pensar en otras cosas. Quizás si yo me lo hago... no tenga que hacerlo con él. Sí eso es... voy a... voy a masturbarme un poco.

Llegué a que era la mejor solución, pues por nada del mundo me iba a rebajar y le pediría a Morinaga que me haga el amor. Eso sería un suicidio a mi orgullo. Bajé la tapa del retrete y me senté encima. Tragué grueso y comencé a frotarme el miembro. Ahhhh... por qué se siente tan bien. Necesitaba un poco de esto. Mi mano recorría toda la longitud de mi miembro... subía y bajaba... subía y bajaba. Estuve unos minutos en ese largo proceso hasta que empecé a sentir que la punta se humedecía cada vez más. Se siente muy bien, pero... pero no es suficiente... necesito algo más, necesito algo... algo ahí abajo. Me puse de pie para intentar manipularme aquella zona tal como Morinaga me había enseñado hace varios años en Canadá; pero no me alcanzaba bien... al menos no de la manera que me gustaba. Maldición no... no puedo llegar al orgasmo. Por qué no puedo. No había logrado mi objetivo y mis manos se habían cansado. No podía hacerlo bien es aquella posición incómoda. Necesitaba estar recostado, pero no quería regresar a la habitación con mi erección. Mierda... tal vez Morinaga tiene razón... ¿qué hay de malo en hacerlo si Maggie no está en el apartamento? Pero es que... reaccioné mal y le dije que no. Ahora con qué cara voy a decirle que sí. Además no quiero decirle que sí quiero, que estoy duro, que me muero de ganas de que me lo haga; y lo que no quiero que se entere es que... siento un poco de temor; es decir, son varias semanas que él y yo no lo hemos hecho y... es que él a veces es un poco... ay me da vergüenza con solo pensarlo. Volví a mirarme al espejo y me vi a mi mismo en un ridículo dilema. Bueno... lo voy a intentar... pero si ese bastardo se burla de mí, pues lo mato.

Me envolví con una toalla a la cintura y regresé a la habitación. Cerré la puerta tras de mí y me arrodillé encima de mi lado de la cama con mi cara sonrojada. Morinaga se encontraba en posición fetal, dándome la espalda...

-¿Morinaga?-

-...- no respondió, pero yo sabía que se estaba haciendo el mocoso resentido.

-Morinaga, no me ignores. Sé que estás despierto-

-Intento dormir, sabes. Es difícil estar tranquilo si tengo algo entre las piernas que me incomoda-

-Ah...- me sonrojé –Pues... respecto a eso. Creo que ambos nos sentimos igual-

-¡Ja! No lo creo- se burló –Está claro que no tenemos el mismo apetito sexual. Además... me rechazaste-

-Sí, pero... pensé que me forzarías más-

-¿Forzarte más?- se destapó y también se arrodilló encima de la cama para estar a mi altura –Por qué debería forzarte más. El hecho que te resistas significa que no quieres-

-Sí, pero antes no te importaba eso. Simplemente me forzabas cada vez más hasta que yo terminaba cediendo-

-Pero las cosas no siempre van a ser igual, Sempai. Se supone que tenemos casi 5 años juntos. Por qué debería seguir forzándote. Si también quieres tener sexo... deberías decírmelo y...-

-¡Es que no es fácil!- exploté, pues me molestaba que todo lo tome a la ligera –No es fácil, Morinaga, no para mí. Sabes que nunca me ha gustado hablar de esas cosas tan abiertamente-

-Sempai...-

-No sé por qué tengo tanta vergüenza, no sé por qué me apena hablarte sobre eso- me abracé a mí mismo, pues estaban saliendo a flote mis temores –Entiéndeme un poco, por favor. Yo soy una persona de pocas palabras-

-Sempai...- me sujetó de los hombros y acercó su rostro al mío -¿Tienes miedo de pedírmelo?-

-No sé si es miedo o vergüenza-

-Sempai, no me digas que no sabes- me sonrió –Tan solo dime... dame una respuesta-

-Es que no sé cuál es-

-Sí lo sabes, Sempai, sí lo sabes- respiró hondo –No comprendo por qué precisamente hoy reaccionas así; es decir, hay veces en que no tienes vergüenza de nada y lo hacemos sin necesidad de que te fuerce. A veces eres tú quien quiere tomar el control, a veces me pides más, a veces eres tú quien lo inicia con los besos, a veces hasta lo hacemos cuando Maggie está en casa y por eso me parece un poco innecesario cuando me rechazas por el hecho que nuestra hija esté aquí; y claro no olvidemos la vez que... bueno... tú mismo me lo hiciste cuando recién empezábamos nuestra relación...- me dio un pequeño beso en los labios –No entiendo por qué nuestra vida íntima se ha reducido. Si hay algo que no te guste o que yo esté haciendo mal... dímelo. Necesito saber, necesito que seas sincero- me miró a los ojos –Por favor...-

-Hace... hace tiempo que no... que no lo hacemos y...- tragué grueso, pues no pensaba decírselo nunca –Y pues como sé que... sé que estás en tu límite... entonces... me siento un poco...-

-Un poco qué...-

-O sea que... abajo está... muy...- voy a explotar de la vergüenza.

-Muy... muy qué...-

-¡Eso! Tú sabes...-

-No entiendo. Muy qué...-

-MUY ESTRECHO, MALDITA SEA-

-¿Y?-

-¿Cómo que "y"?-

-¿Qué tiene de malo que estés estrecho?-

-QUÉ PARA MÍ ES MUY IMPORTANTE, PORQUE A VECES ERES TAN BRUTO QUE ME MONTAS FUERTE Y ME DUELE-

-...- Morinaga se quedó boquiabierto y de pronto... –JAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJA... ay Sempai... JAJAJAJAJAJAJAJA...- se carcajeó en frente de mí.

-¡VES! ¡VES! Por eso no quería decir nada, porque sabía que te burlarías, bastardo- me quería ir de la habitación, pero antes de voltearme para salir de la cama, él fue más astuto, me recostó bocarriba en la cama y se colocó encima de mí -¡Oye! Quítate de encima- me quejé.

-Lo lamento, Sempai...- terminaba de reírse –No quería burlarme. Es solo que me pareció tan tierno de tu parte-

-¿Tierno? ¿Qué hay de tierno en esto?-

-No sé... jeje... simplemente me parece tierno que hayas estado pensando en eso-

-Eres un idiota- intenté desviar la mirada.

-Eso demuestra la poca comunicación sexual que tenemos, Sempai-

-¿Comunicación sexual?- me sentí confundido, pero luego el idiota empezó a besarme el cuello y con sus manos... inmovilizaba las mías –Oye... espera...-

-Se trata de que me digas este tipo de cosas, Sempai. Lo que te gusta, lo que no te gusta, lo que te vuelve loco, si algo te duele, si tienes alguna fantasía... tú solo dímelo, Sempai- me susurraba al oído de una forma sensual.

-¿QUÉ? Cómo crees que voy a hacer eso, grandísimo... mmmmmmm...- fui silenciado por los labios de Morinaga que atacaron los míos.

Definitivamente, Morinaga sabía perfectamente cómo hacerme perder el control. Sus labios, y su lengua se movían tan bien dentro de mi boca que me dejaba llevar por la calentura. Morinaga había liberado mis manos para poder quitarme la toalla sin romper nuestro beso; al igual que yo intenté estirar mis brazos y quitarle el pantalón. Ese idiota era un completo experto en desnudarme con mucha rapidez. Ambos nos encontrábamos sin ropa, y besándonos fogosamente, mientras nuestras manos recorrían cada parte de nuestros cuerpos. Los suspiros de Morinaga eran un poco ruidosos y todo era porque ya estaba en su límite. Su miembro estaba muy duro al igual que el mío, pero la diferencia era que yo ya me había corrido una vez. Morinaga estaba siendo brusco, pues comenzó a morderme y succionar mi cuello, mis hombros, mi pecho, hasta mis tetillas...

-Idiota... ah...- yo tampoco era la excepción, pues mis uñas arañaban su tan delicada espalda –Relájate un poco...-

-Perdón, Sempai, no puedo aguantar más...- se colocó entre mis piernas y acercó su miembro a mi entrada –Estoy en mi límite...-

-¡No, espera no!- lo detuve poniendo las palmas de mi mano en su pecho –Recuerda lo que te dije...-

-Pero Sempai...- nuevamente atacó mi cuello –Si espero un segundo más... voy a estallar...-

-Si te atreves a hacerme doler, juro que te clavaré muy fuerte mis uñas, bastardo- me enojé, pues intentaba insinuar que iba a entrar de una estocada.

-Eh... jeje... descuida Sempai... seré gentil- se rió de los nervios.

-Ahhhh...- mis gemidos no tardaron en salir, pues Morinaga comenzó a prepararme introduciéndome dos dedos, que luego aumentaron a tres y finalmente a cuatro... –Ah.. ahh... ahhhh... Morinaga... ahhh...-

-Veo que ya estás listo, Sempai...- retiró sus dedos y nuevamente acercó su miembro –Voy a entrar...-

-Mori... ahhhhhhhhhhhhh...-

A pesar que el idiota me había preparado... de todas formas me dolió cuando entró, pero lo peor de todo fue que... con solo una estocada... me corrí. Me sorprendí, pues no imaginé que terminaría tan rápido, pero creo que yo también estaba en mi límite. Decidí callar y dejar que Morinaga empezara con el vaivén, mientras que yo me dejaba llevar por el placer. Morinaga estaba muy excitado... jamás lo había sentido así de duro; sin embargo, no quería acelerarse, él quería sentir un largo orgasmo; pero había algo que no me cuadraba. Siempre cuando lo hacíamos... Morinaga me hace más cosas pervertidas como agarrar en otras zonas, pero aquella vez solo me abrazó y escondió su rostro en mi cuello. Yo lo abracé muy fuerte, pero no pude evitar arañarlo un poco por el pequeño dolor que me causaba al entrar y salir de mí. Pude escuchar claramente cada uno de sus gemidos y suspiros, pero... aquellos gemidos de placer... poco a poco se convertían en otro tipo de sonidos. ¿Qué sucede? Por qué siento mi hombro mojado. ¿Qué pasa con Morinaga? ¿Acaso él... está llorando? ¿Está temblando?

-Morinaga...- susurré.

-Te amo, Sempai- su voz se quebró y se agudizó –Nunca me dejes... por favor... no quiero volver a sentirme solo-

Decidí no responderle más, pues temía a que se pusiera peor. Sabía perfectamente que aún se encontraba dolido por el tema de sus padres, pero yo no pretendía abandonarlo. Lo abracé más fuerte y en cuestión de segundos... ambos nos corrimos y nos quedamos dormidos tal como estábamos.

Los días fueron transcurriendo y poco a poco volvimos a la normalidad. Morinaga regresó al trabajo e intentaba no engreír mucho a la enana para no ganarse problemas conmigo. El tema de sus padres iba quedando en el olvido. Morinaga ya no andaba con esa cara triste que tanto me afectaba, y la alegría de interactuar más con Maggie lo hacía feliz. Yo continuaba educando a la enana como siempre, y también indagando sobre maestrías que podía tomar por Internet; es decir, sin necesidad de salir de casa. Respecto al tema de la intimidad, llegamos al acuerdo que yo sería más flexible y que podíamos considerar llevar a la enana a casa de tía Matsuda de vez en cuando para poder quedarme solo con Morinaga en el apartamento.

El día de mi aniversario con Morinaga se estaba aproximando y yo no tenía idea de qué podría regalarle. Nunca he sido bueno para elegir regalos, y en esos momentos estaba en la desesperación. Lo único que sabía era que el idiota me iba a llevar a cenar a ese restaurante lujoso y elegante. ¡Maldito seas Morinaga! Pero ni creas que iré en traje. Renegué un poco y no tuve opción más que pedir algún consejo...

~Ding Dong~

-¡Souichi-kun!- a penas abrí la puerta se me lanzó.

-Suéltame... que... me... asfixias...- expresé adolorido.

-Ay, lo siento- me soltó y luego entró a mi casa con mucha confianza -¿Dónde está mi linda sobrina?-

-No es tu sobrina- rolé los ojos, cerré la puerta y lo seguí.

-¡Tío Isogai!- escuché el grito de la enana a lo lejos.

-¡Maggie!- a penas la enana vio al tarado de Isogai, corrió a abrazarlo -¿Cómo estás?- la cargó.

-Bien, tío Isogai-

-¿Y te has portado bien?-

-Sí, muy bien-

-Ay por favor, bájala. No me gusta que la carguen- interrumpí mortificado.

-¡Mira lo que te traje de América!- le entregó una bolsita de dulces.

-¡Sí, sí!-

-Oye idiota, no le des eso. La enana no puede comer dulces que yo no haya revisado-

-Relájate, Souichi-kun, es una niña, déjala disfrutar. Además son dulces de América- puso a la enana en el suelo.

-Eso es lo que más me preocupa- me crucé de brazos.

-¿Qué te parece si vas a tu habitación a comer tus dulces? Así tu papá no te los quita- se agachó para estar a su altura.

-Gracias, tío Isogai- le dio un besito en la mejilla y se fue corriendo a su habitación.

Había llamado a Isogai para pedirle algún consejo, pero él justo me había comentado que se encontraba en Nagoya por cuestión de negocios y se ofreció a venir al apartamento. Accedí, pues me puso la condición que no me daría ningún consejo a menos que fuera en persona. Otro maldito chantajista. Para no causar sospechas, le pedí que viniera antes de anocheciera para que Morinaga no se enterara. Isogai actuaba como si estaba en su casa y se acomodó en el sofá...

-¿Era necesario eso?-

-Teníamos que deshacernos de tu linda hija... o acaso querías que escuchara nuestra conversación-

-Tienes razón, pero darle dulces no fue la mejor manera-

-Vaya... lo que le tocó a Maggie fue un padre sobreprotector-

-No soy sobreprotector, sino que intento guiarla por un buen camino-

-Sí... como digas...- se resignó en un tono sarcástico –Oye y dónde está el celoso de tu kohai. Es un milagro que no haya salido a golpearme cuando te abracé-

-Morinaga está trabajando-

-Cierto. Ahora él es el hombre de la casa, y tú la linda mami que se hace cargo de la hija... jajajajaja- se burló.

-No me hace ninguna gracia-

-¿Es así o no es así?-

-Yo tomé la decisión de dejar mi trabajo para que Morinaga no truncara su carrera- me senté en el sofá y defendí mi posición –Además... Morinaga ganaba un sueldo superior al mío, y preferí ser yo quien educara a la enana-

-Tranquilo, Souichi-kun, solo estaba bromeando- rió –A ver cuéntame, para qué soy bueno-

-Pues como te había dicho por teléfono... necesito que me ayudes a pensar qué le puedo regalar a Morinaga por...- me dio vergüenza decirlo frente a Isogai –Por una fecha importante...-

-Que yo sepa, aún falta para el cumpleaños de Morinaga-kun-

-Bastardo... solo dame ideas...-

-Ohhhh... ya entiendo. Van a tener su lindo aniversario ¿verdad?- me jaló los cachetes y yo me aparté –Dime... ¿cuánto tiempo llevan de novios?-

-¡Pareja! Maldición... di pareja. Te lo vengo diciendo desde hace cinco años-

-Así que cinco años juntos... pero qué par de tortolitos- volvió a apretarme los cachetes.

-¡Ya! No me toques la cara, idiota-

-Es que... enserio que todo esto es increíble. El gran homofóbico tirano Tatsumi Souichi, pidiéndome consejos para comprarle un regalo de aniversario a su pequeño novio-

-Pareja...- renegué.

-Pareja... sí sí...-

-Bien... ¿vas a ayudar o has venido a burlarte?-

-Voy a ayudarte y por eso...- abrió su maletín -Te traje estos catálogos para que los revises- me los entregó.

-¿Perfumes, eh?- empecé con el primer catálogo.

-Sí. Hay de muy buenas marcas...-

-Y también son muy costosos por lo que veo-

-No seas tacaño. Regálale algo lindo-

-Sí, pero... es muy costoso y además... Morinaga ya tiene perfumes-

-Bueno, entonces veamos esta-

-¿Qué es esto? Es una revista de bodas-

-Sería lindo que vayas viendo anillos de compromiso y... ¡oye qué haces!- se exaltó, pues yo había lanzado la revisa a un lado.

-A Morinaga y a mí no nos interesa ese tipo de cosas homo-

-¿Es que acaso no se van a casar?-

-NO-

-Entonces veamos esta-

-¿Porno gay?- lo quería matar –Tú quieres ser asesinado ¿verdad?-

-No seas tan frígido, Souichi-kun, mira...- abrió la revista y me la enseñó –Podrías regalarle una noche de pasión, y... podrían usar alguno de estos juguetes sexuales que están en el catálogo-

-¡Eres un maldito pervertido!-

-Pero que uses estas cosas con Morinaga-kun no es nada malo. Las parejas hacen eso, sabes-

-Sí, pero... nosotros no-

-Es un regalo para Morinaga-kun. A él le gusta el sexo contigo ¿o no? Entonces... ese será el mejor obsequio que le des-

-No, no y no...- me negué rotundamente –Y guarda esa cosa. No quiero que la enana vea esa revista pervertida-

-Jajajaja... de acuerdo, Souichi-kun. Veo que te pones de malas cuando tocamos el tema sexual-

-No me gusta hablar de esos temas y punto-

-Oye por cierto... ¿qué te va a regalar Morinaga-kun?-

-No lo sé. No me comentó nada sobre un obsequio en especial, pero... saldremos a cenar a un restaurante lujoso y elegante... que ahora que me acuerdo... ES TU CULPA- lo sujeté del cuello de su camisa.

-¿Mi culpa? ¿Por qué?-

-Tú le regalaste a Morinaga esa cena "romántica" para dos personas-

-Ohhhhh... ya me acordé- rió y se zafó de mi agarre –Pero eso fue hace muchos años-

-Sí, pero el idiota lo conservó y llamó para corroborar si se puede usar... y le confirmaron que sí-

-Awwww, qué romántico- se burló.

-Sí y el idiota pagará un adicional para que nos sienten en una zona privada-

-Uy... parece que tu kohai invertirá mucho en esa cena. Pagar la zona privada es muy costoso. Estamos hablando del restaurante más caro de Nagoya y muy famoso en todo Japón-

-Mierda...- susurré, pues sí que Morinaga se iba a gastar mucho dinero en una simple cena.

-¿Ya escogiste qué usarás?-

-Ropa casual-

-¡No, Souichi-kun! Debes usar traje-

-No me gusta usar traje. Es incómodo-

-Sí, pero ese restaurante es realmente elegante. Si vas con ropa casual... te mirarán como bicho raro. ¿No querrás avergonzar a Morinaga-kun, cierto? El está pagando mucho dinero para cenar contigo en esa zona privada. Por lo menos usa un traje-

-Ay maldición. Deja de hacerme sentir mal- me resigné –Está bien... usaré traje-

-Bien... ¿y ya sabes qué le regalarás tú? Porque si Morinaga-kun está pagando mucho por la cena... mínimo debes regalarle algo que le encante... y tú sabes perfectamente qué es lo que le gusta... jajaja- se burló.

-¡Ay ya ya! Está bien- exploté –Eso... eso le regalaré ¿de acuerdo? Pero ya... ya no te burles, bastardo-

-Entonces es un trato-

-¿Un trato? Espera... de qué hablas-

-Mientras que tú vas a cenar con Morinaga-kun, yo me encargaré de decorar la habitación-

-Ni pienses que vas a hacer alguna cursilería-

-Tú tranquilo...- me guiñó el ojo –Tan solo déjame la llave bajo la alfombra de entrada y me encargaré del resto. Morinaga-kun no se enterará que fui yo quien te ayudó y pensará que todo lo hizo su amado Sempai con mucho amor- ahí estaba ese idiota de nuevo con sus burlas.

-Ay...- suspiré resignado –Entonces es un trato-

Después que Isogai se fue del apartamento, me quedé pensando en el tipo de trato que había cerrado con ese loco. Espero que ese tarado no me arruine con cosas estúpidas. Aunque ahora que lo pienso... ya hice algo similar por el cumpleaños de Morinaga número 25. También le di ese tipo de regalos pervertidos. Bueno, ahora solo tengo que hacer lo mismo y ya. No es nada del otro mundo; es decir, si pude hacerlo una vez... entonces otra vez no será problema. De pronto, por andar pensando en esas estupideces... noté que mi entrepierna se había endurecido. Maldito Morinaga, maldito Isogai. Rolé los ojos y me fui al baño para mojarlo con agua fría y que se vaya. Sé que no era el mejor método, pero a veces funcionaba. Luego, recordé que la enana estaba en su cuarto con una bolsa de chocolates que irresponsablemente Isogai le había dado. Entré al cuarto de la enana y la encontré durmiendo en el suelo con la bolsa de chocolates vacía al lado. La cargué y la coloqué dentro de su cama para que descansara más cómoda. Ay, esta enana ya pesa. Me quejé, y la tapé con sus sábanas. Guardé la bolsa de los chocolates para luego averiguar cuánta grasa, azúcar, y calorías contenía y saber la cantidad de basura que la enana había ingerido sin mi permiso.

Al salir de la habitación, me senté nuevamente en el sofá, pero estaba algo cansado. A mi lado estaban las revistas que Isogai me prestó, pues le había pedido de favor que no se las llevara a ver si encontraba algo mejor. Agarré un par y empecé a ojearlas. Muy costoso, muy barato, muy raro, muy cursi, muy romántico, muy simple, muy estúpido... Pasaba y pasaba las hojas, pero nada me convencía hasta que llegué a una sección interesante. Esto... esto se me hace familiar...

POV MORINAGA

Por fin había llegado el hermoso día. Mi quinto aniversario con Sempai. Estaba reventando de la felicidad, y sobretodo porque tendría una cita romántica y elegante con Sempai. Espero que de verdad vaya en traje, porque yo sí iré vestido así. Lo pensé durante todo el día. La reserva ya estaba lista y a mi nombre. Habíamos acordado en que sería a las 8pm y que ingresara directamente a la zona privada. Coordiné con el mesero de turno que me reserve en una mesa para dos al lado de un balcón con una romántica vista; y que nuestra mesa esté decorada con velas y un delicioso champagne. Va a ser una cena increíble. Estaba muy ilusionado.

Me encontraba en la farmacéutica con mis labores diarias. Quedé con Sempai en que él iría de frente al restaurante, porque yo ya lo iba a estar esperando; además de que no me convenía ir a recogerlo, pues tenía mucho trabajo acumulado y debía avanzar lo más que pueda. Por suerte tenía a Sayu para que me apoyase.

Las horas pasaron en un abrir y cerrar de ojos, y me arreglé un poco en mi oficina antes de salir. Ya llevaba puesto el traje, pues no quería que se arrugara en la mochila, pero me puse una corbata y me mojé el cabello para que no se me vea tan alborotado. Me apliqué un poco de perfume cuando la entrometida de mi kohai empezó con sus preguntas...

-¿A dónde vas tan arreglado?-

-Tengo una cita con mi Sempai-

-Hasta ahora sigo sin creer que fueras gay-

-Pues créelo-

-Qué desperdicio. Con razón dicen que los hombres más guapos... son gay-

-¿Gracias por el cumplido?- no sabía cómo tomarme su comentario.

-Y...- se puso de pie y se acercó a mí con la blusa abierta –¿Nunca has pensado experimentar con una mujer?- dijo en un tono sensual.

-Por favor, Sayu, mantén tu distancia. Soy tu jefe-

-Pero es que eres tan guapo, Tetsuhiro-

-Y ya te agradecí por el cumplido- a veces me sentía acosado por esa chica.

-Tu Sempai es un hombre con suerte. Mira que él es feo. Comenzando por esos lentes horribles con los que anda-

-Sempai no es feo y a mí me gusta tal y como es-

-Pero yo no soy una mujer celosa- me abrazó e intentó besarme el cuello.

-Sayu, no me digas esas cosas. Respétame un poco...- comencé a forcejear con ella.

-¿Cómo estás tan seguro que eres homosexual si nunca has probado a una mujer?-

-Simplemente lo sé. Por favor, déjame que voy a llegar tarde-

-Hagamos esperar un poco a tu Sempai y juguemos un rato-

-¿QUÉ?-

-No seas tímido. No le diré a nadie...-

No comprendía qué le pasaba a Sayu. Desde hace días que se comportaba de una manera extraña. Desde que la conocí, ya se comportaba rara conmigo, pero no le tomaba importancia; sin embargo, poco a poco se iba metiendo en mi vida privada. Me quería sacar información sobre mi relación con Sempai, pero intentaba evadirla de manera educada la gran parte del tiempo, ya que tampoco quería tener una pésima relación laboral con ella. Jamás se lo comenté a Sempai, pues no quería que se preocupara o empezara a pensar cosas que no son. Luego, Sayu empezó a llamarme "guapo", "lindo", "sexy", entre otros cumplidos que para ella estaban bien; además que también se me insinuaba usando faldas cortas y blusas escotadas, y también insistía para que salga con ella "como amigos", pero yo sabía que esa chica quería algo más. Aunque esas cosas no causaban ningún efecto en mí, nunca le puse el pare y siempre intentaba evadirla; pero aquel día se pasó de la raya e hizo algo que me molestó y me asustó. Sayu me había tocado la entrepierna y la empujé por impulso. Desgraciadamente no medí mi fuerza y ella cayó sentada en el suelo. La caída había sido dura, pues sonó fuerte y se quedó sentada en el piso sobándose su mano derecha. A pesar que había sido su culpa, me preocupé...

-Sayu ¿estás bien?- me agaché hacia ella –Perdóname, no medí mi fuerza y...-

-¡Eres un idiota, Tetsuhiro!- gritó histérica.

-Lo lamento, de verdad- la ayudé a levantarse y quise examinar su mano -¿Te lastimaste fuerte?-

-¡Auch! No me toques. Me duele mucho la mano-

-Perdóname, por favor, no era mi intención-

-¡Me agrediste, Tetsuhiro! Esto no se va a quedar así- se quiso ir molesta, pero la detuve, pues tuve miedo que ande por la empresa diciendo que yo la lastimé y que los demás piensen mal de mí.

-No, espera, por favor. No te enojes conmigo. Ya te dije que fue un accidente-

-¿Accidente? TÚ ME EMPUJASTE- me culpó.

-Sí, pero fue por impulso. Además, tú te propasaste conmigo y me tocaste donde no debías-

-¡MENTIROSO! Yo no toqué ahí. Tal vez lo confundiste-

-No, Sayu. Tú sabes que lo que digo es verdad-

-Sabes qué... aléjate de mí. Nunca nadie me había humillado y agredido de esa manera, pero entérate que no me voy a quedar de brazos cruzados. Adiós-

-Oye, no me amenaces- me puse en la puerta para bloquearle el paso –Arreglémoslo aquí. Por favor, no me metas en problemas-

-¿Arreglarlo?- sonrió malévolamente -¿Qué me ofreces?-

-Pues... no sé... qué quieres que haga para que me perdones- pregunté nervioso y apurado, pues se me hacía tarde para mi cita.

-Ahorita... quítate de la puerta. ¡Quiero ir a mi casa y a revisarme la mano!- gritó con furia.

-Ya está bien. No te enojes más- me alejé de la puerta.

-Gracias- dijo molesta tomando su abrigo, su cartera y antes de salir de la oficina dijo –A mí NADIE... me rechaza- cerró de un portazo que retumbó en todo el piso.

¿Qué es lo que acaba de pasar? ¿Ella me faltó el respecto y ahora yo soy el culpable? Bueno, asumo mi responsabilidad al haberla empujado, pero fue por impulso y no pensé que Sayu iba a caer. Además... ella ni siquiera se disculpó por haberme tocado y... ACOSADO, porque eso es un ACOSO y encima... LO NIEGA.

Intenté calmarme por unos segundos y hacer un esfuerzo para que eso no me atormente, pues era un día muy especial y no quería que NADA arruine mi cita con Sempai. Esperé 5 minutos para no encontrarme con Sayu en el ascensor, y cuando llegué a mi carro, arranqué rápidamente al restaurante. Quería ser el primero en llegar, y por suerte llegué 7:55pm. Le pedí al mesero la mesa que había reservado, y me llevó a la zona privada que había elegido.

El ambiente estaba hermoso. Velas aromáticas, poca luz, aire fresco, bajo las estrellas, privacidad... todo era perfecto. Tomé asiento para esperar a Sempai, mientras admiraba el hermoso paisaje...

-¿Desea ir ordenando algo, señor?- preguntó el mesero.

-Eh sí, mire señor tengo este vale que me regalaron- le entregué el vale que me había regalado Isogai hace años.

-Oh, sí. Este es un vale de consumo- me informó –Cuando llegue al tope del monto que le dieron... usted podrá seguir consumiendo, pero pagará el adicional-

-No hay ningún problema. Por el momento, tráigame la botella de champagne más costosa que tenga- sonreí.

-Sí, señor, enseguida-

Esperé un poco mientras admiraba el ambiente, pero al notar que Sempai se estaba tardando, decidí mandarme un mensaje a su celular...

De: Tetsuhiro Morinaga

Para: Souichi Tatsumi

Sempai, ya estoy en el restaurante. ¿Dónde estás?

Mientras esperé una respuesta, el mesero había regresado con la botella que le ordené y prosiguió a servir el champagne en las copas que estaban en la mesa...

-Listo, señor ¿desea que le traiga algo más?- me sonrió el mesero que a simple vista parecía un adolescente de 18 años –Tal vez puedo ir trayéndole una canasta de panes y mantequilla o alguna entrada...-

-Voy a esperar a que llegue la persona que estoy esperando-

-Debe ser una cita muy especial para que haya elegido la zona privada más costosa del local-

-Eh... bueno sí- me sonrojé -¿Puedo pedirle un favor?-

-Sí, claro, dígame-

-Pues... cuando llegue la persona que estoy esperando... no se sorprenda o no ponga ninguna expresión rara. No quiero que la persona se incomode, ya que me costó mucho para que se anime a venir. Le pido mucha discreción, por favor-

-No comprendo por qué habría de poner una cara rara...-

-Estoy esperando a mi pareja ¿comprende?-

-Ohhh- rió –Ya entiendo, señor. No se preocupe, no soy ningún homofóbico. Puede estar tranquilo-

-Muchas gracias- sonreí nervioso.

-Bueno, cuando vea que su pareja haya llegado, me acercaré con la carta para que puedan ordenar- me guiñó el ojo mostrándome confianza y se fue.

A penas volví a estar solo en la mesa... me di cuenta que Sempai ya se había tardado. El reloj marcaba las 8:30pm y no tenía ningún mensaje; así que volví a insistir.

De: Tetsuhiro Morinaga

Para: Souichi Tatsumi

Sempai, ya ha pasado media hora. Estoy esperándote en el restaurante. Por favor, respóndeme.

Mi paciencia se acababa y estaba entrando en desesperación. ¿Acaso Sempai va a plantarme? No puede ser. Él no puede hacerme eso; es decir, he pagado mucho dinero por tener esta cita, y además, me prometió venir y encima... es NUESTRO QUINTO ANIVERSARIO. Empecé a torturarme con mis pensamientos hasta que sentí que mi celular vibró.

De: Sayu Hono (Farmacéutica)

Para: Tetsuhiro Morinaga

Ya sé qué puedes hacer para disculparte por lo de hoy.

Sayu empezaba a atormentarme por celular. Le había dicho que solo me hable a mi número personal para emergencias. Ya no quería involucrar lo laboral con lo personal; pero Sayu se empeñaba en... ¿acaso esto es un chantaje? Debo hacerle el pare de una buena vez.

De: Tetsuhiro Morinaga

Para: Sayu Hono (Farmacéutica)

Basta, Sayu. Fue un accidente y además tú me faltaste el respeto. No me estés molestando.

Pensé en advertirle de que si me seguía molestando, iba a hablar con el gerente de mi área para que me cambien de kohai; pero luego pensé que ella lo podría tomar como un ataque y se atreva a hacer algo peor. Por eso decidí callar e ignorarla. Nuevamente sentí otra vibración y sin ver el mensaje, pude notar que era Sayu, así que para evitarme problemas con Sempai... eliminé todos los mensajes de mi bandeja de entrada.

Son las 8:45pm y Sempai no llega. Creo que me va a plantar. No puedo creerlo... tenemos cinco años juntos y me va a plantar. No pensé que Sempai me avergonzaría de esa manera y...

-¡Morinaga!- escuché su voz viniendo desde lejos y un poco agitado.

-¡Sempai!- me emocioné y me puse de pie –Llegaste. ¿Qué sucedió? ¿Por qué tardaste tanto? Pensé que me plantarías y...-

-¡Espera!...- empezó a respirar profundamente como si hubiera corrido una maratón –Tuve un... un percance...-

-Está bien, mi Sempai- le sobé la espalda y lo guié a su silla -¿Por qué mejor no nos sentamos y me cuentas?- ambos tomamos asiento y le serví a Sempai un poco de agua, pues comúnmente en las mesas de lugares elegantes, ya hay una jarrita servida con agua.

-Mierda...- bebió un buen sorbo de agua –Jamás había corrido tanto en mi vida- se quitó el saco y lo colgó atrás de su silla –Sabía que era mala idea usar traje- se calmó –Todo es tu culpa, idiota-

-De todas formas me alegra que al final hayas decidido usar un traje- sonreí –Te ves muy lindo esta noche, Sempai-

-Sí, sí... no empieces con tus tonterías-

-Pero dime... qué sucedió- yo también colgué mi saco en el respaldar de mi silla.

-Pues que había ido a casa de tía Matsuda para que cuide de la enana hasta mañana y en la mochila que había empacado... olvidé meter su muñeca. La enana se puso engreída y comenzó a llorar que quería su muñeca- roló los ojos.

-Bueno, es su muñeca preferida-

-Sí, pero es solo una muñeca. No tiene que andar haciendo escándalo por un juguete-

-Ay, Sempai, sé un poco más comprensivo. A esa edad pensamos que lo más importante son los juguetes- sonreí.

-Pues no me hace gracia- frunció el ceño.

-Ya... ya... no te enojes-

-Bueno, el punto es que se me hizo tarde y quería llamarte para avisarte que demoraría, pero me di con la sorpresa que olvidé mi celular en el apartamento-

-Me hubieras llamado de casa de Matsuda-san-

-Tarado... ya estaba en la calle- roló los ojos –En fin, tomé el metro para poder llegar, pero se descompuso y nos bajaron a todos a tres estaciones de aquí, así que me puse a correr para poder llegar-

-Existen los taxis, sabes-

-Lo sé, idiota, pero los taxis son muy costosos por esta zona- estaba de mal humor.

-De acuerdo, Sempai... no tienes por qué tratarme mal-

-Es que hablas como si pagar un taxi fuera tan barato, pero claro... como te movilizas en tu propio carro, ya se te olvidó lo que cuesta un taxi ¿no?- expresó sarcásticamente.

-Me compré un carro porque tenía el dinero para hacerlo, y además para la seguridad de Maggie-

-Oh, sí... vaya que usas el carro con la enana-

-No lo uso con ella, porque tú no quieres que la saque a pasear-

-Es obvio que no la sacarás a pasear, no después de haberla perdido como aquella vez-

-¡Ya basta!- perdí la paciencia, pero luego, respiré hondo para tranquilizarme –Sempai, hoy es un día especial. Estamos cumpliendo cinco años juntos y... no me gustaría pelear contigo-

-Pero es que tú...-

-Sempai, por favor...- lo miré a los ojos y agarré sus manos –Solo por hoy... sé más amable conmigo ¿sí?-

-Ay...- suspiró resignado –Está bien...-

Aunque no lo dijo, pude notar que Sempai se sentía incómodo con todo el ambiente. Hasta llegó a decirme que todo estaba demasiado cursi. Me disculpé, pero le dije que a mí me parecía hermoso y romántico. Bebió su copa de champagne e hizo un comentario positivo respecto al sabor. Un par de minutos después, el mesero se acercó a nuestra mesa...

-Buenas noches y bienvenidos- nos entregó la carta –Yo seré su mesero el día de hoy, por favor, revisen la carta e indíquenme sus pedidos-

-Vaya... todo aquí es muy costoso-

-Lo sé, señor y eso es porque...-

-Excesivamente costoso y encima está en dólares- se indignó.

-Eh... Sempai...- expresé nervioso –Tranquilo, tú solo pide lo que quieras comer. Además, no te preocupes, es nuestra cena de aniversario y todos los gastos los asumo yo-

-¿Tenías que mencionar eso frente al mesero?- se enojó.

-No se preocupe, señor, yo ya lo sabía-

-¿Ya lo sabías?- cerró la carta -¡Morinaga! ¿Por qué se lo dijiste sin mi autorización?- me reclamó.

-Eh... señor, puede estar tranquilo- el mesero intentó calmar a Sempai –Voy a guardar mucha discreción respecto a este tema. Aquí no juzgamos a las personas con diferente orientación sexual-

-¡Yo no soy gay!-

-¿No? Pero su cita es otro hombre y...-

-Es una historia muy larga, así que por favor, no haga más preguntas- interferí antes que ocurra una catástrofe con Sempai y el mesero.

-Está bien, mil disculpas y no se preocupen que no diré nada- concluyó el mesero algo nervioso.

-Pues más te vale, a menos que quieras que te corte la lengua- Sempai lo amenazó.

-¡SEMPAI!- lo regañé.

-Bien...- abrió a carta nuevamente –Voy a ordenar...-

El mesero había sido amenazado por Sempai, pero de todas maneras nos tomó la orden con muchos nervios. La noche estaba muy bonita, y Sempai ya se había tranquilizado. La comida tardó 20 minutos en estar lista y cuando al fin la probamos... comprobamos que estaba deliciosa. Sempai estaba encantado con la sazón del lugar. Comenzamos a hablar de cosas triviales como el trabajo, las noticias, y tocamos el tema de Maggie quien estaba cerca de cumplir los cuatro años. Sempai dijo que quería organizarle una fiesta. A decir verdad, me parecía innecesario, ya que Maggie no tenía amigos, pues Sempai casi nunca deja que nadie se le acerque; además que no sale a la calle y ni siquiera ha pisado un pre-escolar. De todas formas, Sempai insistió con una pequeña reunión familiar. Accedí a hacerlo, pues Maggie también es mi hija y quería que tenga su fiesta. Durante el resto de la cena, Sempai cumplió mi petición e intentó ser más amable conmigo, tanto así que me correspondió los dos pequeños besos que le di; pero lo más hermoso que hizo fue entregarme un presente que lo tenía bien escondido...

-Creo que ya es hora de darte algo...- comentó buscando en el bolsillo de su saco.

-¿Algo? ¿De qué hablas, Sempai? Acaso me compraste...- me entregó una cajita -¡Oh, Sempai! ¿Qué gran sorpresa? ¿Acaso es lo que creo que es?- me entusiasme mucho, pues parecía algo lo cual Sempai se negó rotundamente.

-No es un anillo de compromiso si eso es lo que crees- apoyó sus codos en la mesa –Adelante, ábrelo-

-...- abrí la cajita con mucho cuidado –No lo puedo creer- me quedé boquiabierto –Sempai, esto es hermoso, es un gran detalle, es...-

-Costoso, pero valió la pena, y creo que tú más que nadie lo sabe, porque yo también llevo puesto el que me diste hace varios años- me enseñó su muñeca.

De verdad que cuando Sempai se propone ser romántico, lo consigue... a su manera tirana, pero lo consigue. A penas abrí la cajita de terciopelo, un brillo me deslumbró la mirada y un color plateado podía observar en el interior. Cuando la saqué pude ver que se me hacía muy familiar. ¡Una esclava de plata! La misma esclava que yo le había regalado, pero esta estaba personalizada con mi nombre. En la parte de adelante decía "Tetsuhiro" y atrás "Te amo", tal y como yo se la había regalado a Sempai. Y lo más romántico, es que Sempai se había puesto la esclava que hace tiempo le había obsequiado por nuestro medio aniversario...

-¡Sempai! Es un hermoso detalle-

-Sí bueno...- se sonrojó y desvió la mirada –Como yo también tengo una, pues quise que también lleves la misma, pero con tu nombre- tragó grueso –Anda, póntela-

-¿Me la pondrías tú?-

-¿Eh? ¿Por qué te pones cursi ahora?-

-Vamos, Sempai. No malogres este romántico momento- le acerqué mi muñeca y la esclava.

-Ah...- se sonrojó a un más –Está bien, pero solo porque hoy es un día especial-

Sempai prosiguió a colocarme la esclava en mi muñeca derecha. Sus manos temblaban y su rostro estaba sonrojado. Sabía perfectamente que ese tipo de acciones lo ponían así, pues no estaba muy acostumbrado a lo romántico. ¡Gracias por esta sorpresa, Sempai! Te amo. Pensé y a penas terminó de ponerme la esclava... sujeté su rostro y lo besé profundamente. Al inicio quiso empujarme, pues se moría de vergüenza, pero luego cedió y nuestras lenguas empezaron a jugar en el interior de nuestras bocas. Cuando nos separamos, serví en ambas copas lo que restaba del champagne...

-Sempai...- agarré mi copa –Antes de irnos, quiero hacer un brindis por nosotros...- dije orgulloso.

-Déjame adivinar...- roló los ojos y agarró su copa también –¿Por los cinco años que tenemos juntos?-

-Y también por los que se vienen ¿verdad, mi Sempai?-

-Pues... no lo sé, quién sabe lo que pueda pasar...- usó un tono sarcástico.

-¡Sempai!- lo regañé, pues estaba arruinando el momento.

-Jajajaja... es una broma, idiota- rió –Claro que brindo por eso, pero además... quiero hacer un brindis por la linda familia que tenemos. Maggie y tú son las personas más importantes para mí-

-Yo también brindo por eso, mi Sempai- me alegré por sus lindas palabras.

-Y también...- sonrió melancólicamente –Brindo por... por Taiga, porque fue ella quien nos dio la bendición y la oportunidad de ser padres-

-Sí...- se me borró la sonrisa, mi mente se llenó de recuerdos, y mis ojos se humedecieron –Lo sé...-

-No pongas esa cara, Morinaga- se sintió culpable –Tan solo quise mencionarla. Ella... fue muy importante para nosotros ¿no?- quiso reanimarme –Además, donde quiera que ella esté... nos está observando y está orgullosa de nosotros-

-Tienes razón, Sempai- me sequé los ojos y dibujé una nueva sonrisa en el rostro -¡Salud!-

-¡Salud!- chocamos nuestras copas y bebimos.

Taiga... aún no te he olvidado. Todo lo que Sempai y yo estamos viviendo es gracias a ti. Tú nos bendijiste con la oportunidad de ser padres, y hemos aprendido a madurar. Actualmente, Maggie es nuestro tesoro y la amamos como si fuera nuestra hija. Espero que donde quiera que estés... escuches nuestras palabras de agradecimiento y sobretodo... sepas que te echamos de menos.

Al llegar a la casa, Sempai se puso algo nervioso, como si me ocultara algo. Intenté preguntarle si se encontraba bien, pero empezó a negarme que algo le pasaba. Sin razón alguna, corrió directamente a nuestra habitación y pegó el grito al cielo. Me llevé un gran susto y fui inmediatamente para ver qué sucedía y lo que me encontré me sorprendió bastante...

-¡Cielos, Sempai!- me impresioné –Tú sí que eres apasionado ¿eh?-

Velas adornando cada parte de la habitación, pétalos de rosa encima de la cama, una botella de vino con dos copas en la mesita nocturna y una caja misteriosa que Sempai miraba con tanto pánico...

-Sempai ¿qué es eso?-

-¡Nada! ¡Nada! No es nada...- se puso completamente nervioso.

-¿Qué sucede? ¡Enséñamelo!-

-Es solo basura innecesaria... jeje...-

-Pero estaba encima de la cama y además es parte de tu decoración-

-Es que... ay...- se sonrojó completamente y me dejó ver qué había en el interior.

-Eh... Se... Sempai...- no pude creer lo que mis ojos veían -¿Estás seguro que quieres usar esto?-

-¡Claro que no! Esto no debería estar aquí, yo...-

-No entiendo. Si tú decoraste la habitación, entonces... por qué te sorprendes que esta caja esté aquí-

-Es que... bueno...- empezó a balbucear –Ay mierda, está bien. Diré la verdad, pero no te enojes- respiró hondo –Le pedí de favor a Isogai que decore la habitación. Sí, sí... tu otro regalo iba a ser eso... lo que ya sabes..., así que le dije que ambientara el cuarto, pero... NUNCA LE AUTORICÉ QUE PODÍA TRAER ESTA BASURA- señaló la caja.

-Qué decepción...- susurré –Y por un momento creí que tú habías armado toda la habitación. No entiendo de qué te avergüenzas, pues que recuerde... ya me habías hecho lo mismo para mi cumpleaños número 25-

-Sí, lo recuerdo. Es solo que ¿cómo podía decorar todo esto teniendo a la enana en casa?- se cruzó de brazos –Además... a caballo regalado, no se le mira el diente...-

-Está bien... no me voy a enojar si es que...- lo abracé –Usamos lo que está en la caja- sonreí sensualmente.

-¡AY! Grandísimo chantajista y manipulador y... MMMMMMMM...-

No dejé que descargue su ira en mí y lo callé con un beso apasionado. Sempai intentó forcejear, pues estaba enojado con la broma que le hizo Isogai, pero poco a poco fue cediendo cuando empecé a rozar mi entrepierna con la suya. Caminamos sin despegarnos, y ambos caímos encima de la cama, entrelazamos nuestras piernas y empezamos un vaivén por encima de la ropa. Los gemidos de Sempai cada vez se hacían más intensos y verlo de esa manera en traje me excitaba aún más. Creo que sí tengo un fetiche, pensé...

-Ah.. ah... Morinaga... Morinaga...- nuevamente intentó forcejear, pero lo ignoré –Espera... ahh.. ahh.. espera... no quiero correrme encima... del traje...- entonces me detuve, pues Sempai tenía razón; no podíamos estropear los trajes.

-Tienes razón. Me costaría mucho lavar los trajes con manchas así... jeje- me quité de encima –Entonces, no hay remedio. Habrá que desnudarnos-

-¿QUÉ?-

-Ay, Sempai... deja de ser tan reservado. Igual vamos a hacerlo ¿o no?- reí.

-Sí, pero...- se sonrojó –Idiota...- susurró.

Sempai se fue a una esquina de la habitación a quitarse la ropa y quedarse en ropa interior. Yo también me quedé solo con mis bóxers, y empecé a leer las instrucciones de la caja. Era un juego erótico, como los que venden en esas tiendas de "Sex Shop". Me senté en el suelo de la habitación e invité a Sempai que se sentara frente a mí. Sempai también empezó a indagar el contenido de la caja...

-¿Qué es esto?- cogió como un aro bastante peculiar.

-Ah... jeje...- me sonrojé.

-De qué te ríes, tarado- frunció el ceño –Dime qué es-

-Pues... eso evita que un hombre se corra-

-¿Eh? ¿Y cómo se puede impedir eso con un simple aro?-

-Se coloca en la base del pene-

-¡Ay, qué asco!- lo soltó y cayó nuevamente dentro de la caja, mientras que me pareció tierna su reacción –Veamos... qué otras cosas pervertidas hay por aquí- cogió parte del juego, cuyas instrucciones las tenía yo -¿Un mazo de cartas? ¿Acaso vamos a apostar?-

-Aquí estoy leyendo las reglas, Sempai- terminé de entender el juego –Ya está. Parece que debemos barajear las cartas, ponerlas en el centro y cada uno tomará una en cada turno y deberá hacer lo que dice la carta. Suena divertido-

-¿Y qué demonios dicen estas porquerías?- quiso ver una, pero se lo impedí.

-¡No, Sempai! No seas tramposo- le quité el mazo –La idea es que sea sorpresa-

-Entonces apúrate. Terminemos con esto de una buena vez...- se cruzó de brazos y se sonrojó.

-A ver... aquí dice que el juego empieza con ambas partes en ropa interior. Cada uno deberá coger una carta de su turno y hacer lo que la carta diga. No pues... no parece tan difícil- barajeé el mazo y lo puse en el medio.

-Bien... empieza tú. Coge una carta-

-De acuerdo... a ver...- miré la carta y reí.

-Qué... QUÉ... ¿Qué dice la carta?-

-"Dile al otro jugador lo que más te gusta de él..."-

-Bueno, no es tan grave, así que...-

-"...físicamente y dale un beso en esa zona"- terminé de leer la carta.

-¡Estúpidas cartas!- renegó y su rostro se sonrojó aún más.

-Bien... eh...- pensé y lo miré de reojo –Pues lo que más me gusta físicamente de ti es... tu paquete- me acerqué para darle un beso en esa zona, pero él retrocedió.

-¡Oye no! Vuelve a tu lugar-

-Pero la carta dice así- hice un puchero –Sempai, no vale hacer trampas-

-Ay maldición...- se resignó, abrió un poco las piernas y dejó que le diera un suave beso en esa zona.

-¡Qué lindo, Sempai!- sonreí y volví a mi sitio –Bien es tu turno-

-A ver...- Sempai cogió la carta y cuando la leyó se quería morir -¡Ja! Paso...-

-¡Eso no es justo, Sempai! Debes hacer lo que dice la carta-

-No. A mí me tocó algo muy vergonzoso y no quiero hacerlo-

-Entonces...- agarré las instrucciones de nuevo –Aquí dice que el que se niegue a hacerlo, tendrá que ser inmovilizado en la cama con las esposas, y su próstata deberá ser estimulada con un vibrador anal, y para evitar que el jugador culmine su orgasmo, se le deberá colocar el aro en la base del pene para evitar que expulse el semen. Todas esas herramientas se encuentran dentro de la caja de juegos, y dicho jugador deberá ser sometido al castigo mencionado por 5 minutos-

-¡Pero qué clase de pervertidos han creado este maldito juego!-

-Sempai, recuerda que es un juego sexual- agarré la caja y saqué las esposas –Entonces... haces lo que dice tu carta o... te castigaré con estas bellezas- reí.

-Maldición...- susurró y leyó su carta –"Gatea hasta el otro jugado y..."- tragó grueso –"Y... chúpale el glande por 10 segundos por encima de la ropa interior"-

-JAJAJAJAJAJA... pues ya veo por qué no quisiste hacerlo- me causó mucha gracia.

-Ya, ya... no te burles y... hay que hacerlo de una vez-

Sempai se puso a gatas y se aproximó hasta mi dura entrepierna. Pudo notar que yo ya me encontraba duro y acercó su boca a la punta de mi miembro. Se detuvo por unos segundos, pues se avergonzaba de sus actos, pero luego empezó a rozar sus labios para comenzar y después... empezó a chupar mi glande con mucha timidez, mientras que yo iniciaba el conteo de 10 segundos. ¡Qué bien se siente! Sempai sí que sabe cómo hacerlo cuando se lo propone. Ay... no quiero que se detenga, pero si sigue haciéndolo... me voy a correr. No... debo aguantar; pero... esta sensación me vuelve loco. Tengo ganas de tomar a Sempai y hacerlo mío. Ahhhh...

-Listo...- se detuvo y regresó a su lugar –Ya fueron 10 segundos...- estaba completamente sonrojado.

-Mi turno...- saqué una carta –"Dale un beso con lengua al otro jugador por 7 segundos"-

-¡Ay no! Así muy fácil. ¿Por qué a ti te tocan las cartas inofensivas?-

-Es la suerte, mi Sempai- me acerqué a él y lo besé profundamente como indicaba la carta por siete segundos –Me encantan tus labios, Sempai-

-Ya... vuelve a tu lugar- desvió la mirada –Mi turno- cogió otra carta -¿QUÉ? Pero qué juego más estúpido- se quiso retirar del juego, pero le enseñé las esposas.

-Si te vas... hay castigo, Sempai...- le advertí.

-Maldita sea...- susurró y nuevamente se sentó –"Mastúrbate por 10 segundos y gime en la boca del otro jugador mientras comparten un beso"-

-¡Qué rico!- expresé mordiéndome los labios.

-No me mires así, pervertido-

Sempai se acomodó frente a mí. Ambos estábamos encima de nuestras rodillas, y él se inclinó para besarme, mientras se estimulaba su miembro por encima de la ropa interior. Sus gemidos no tardaron en salir y entrar a mi boca. Yo profundicé el beso, y fue la gota que derramó el vaso. Perdí el control de mi cuerpo cuando apenas iba 5 segundos y me abalancé sobre él...

-¡Oye, espera no!- empezó a forcejear –Si te descontrolas... te tocará sufrir el castigo- me amenazó y fue ahí donde me detuve y me aparté.

-Tienes... razón...- respiré hondo para controlarme –Lo lamento-

-Por interrumpirme, mi turno queda concluido. Tu turno- volvió a su sitio.

-¿Qué? Pero eso no es justo-

-TU TURNO, DIJE-

-"Revela una fantasía sexual que quieras realizar con el otro jugador"- leí mi carta –Hmmm... una fantasía sexual, eh...-

-Ten cuidado con lo que vayas a decir- me señaló.

-Pues me gustaría... algún día... que hagamos la pose 69-

-¿Pose 69?- se confundió –No entiendo-

-Tú sabes... el 6 y el 9... JUNTOS. La pose 69, Sempai-

-Hmmmm...- se concentró en descifrar lo que estaba diciendo y luego me quiso matar con la mirada –Pues más te vale que siga siendo solo una fantasía, porque te mato-

-Lo que digas...- me resigné –Tú turno-

-Bueno, esta no es tan pervertida como las otras. Aunque igual sigue siendo pervertida- suspiró y leyó su carta –"Cuál es la pose sexual que más te gusta hacer con el otro jugador"-

-Awwww... qué tierno, Sempai- sonreí –Dime... cuál es la pose que más te gusta que te haga...-

-Mierda... eso es muy privado...-

-Anda, Sempai. Sabes que tienes que decirlo...-

-No sé... mmmmm...- desvió la mirada –La del... perrito-

-Vaya, Sempai- me lo comí con la mirada –No sabía que te gustaba esa pose. La haremos más seguido-

-Deja de hablar estupideces y coge una carta-

-"Succiona las tetillas del otro jugador por 10 segundos (5 segundos en cada tetilla)"-

-¿QUÉ? PERO ESO NO ES JUSTO. EL PERJUDICADO SOY YO- se indignó.

-Así dice la carta, Sempai-

-Maldición, mierda, demonios...- maldijo con toda la vergüenza del mundo –Apresúrate quieres...-

Me acerqué lentamente y pude notar que Sempai cerró sus ojos con mucha timidez. Me incliné un poco y empecé los cinco segundos con la primera tetilla. A pesar que recién mis labios tocaban esa delicada zona... sus tetillas estaban erectas y duras. Luego, continué con la otra tetilla y Sempai empezó a expulsar pre-semen, pues su ropa interior se estaba mojando. Al culminar, regresé a mi lugar, pues yo también estaba llegando a mi límite y debía controlarme...

-Tu turno, mi amado Sempai...-

-Demonios, esto ya se está poniendo muy...-

-¿Caliente? Lo sé... me late el pene-

-¡NO USES TU LENGUAJE EXPLÍCITO, MALDITO PERVERTIDO!- se exaltó y tomó una carta –No, ya está, me rindo. Este juego es muy sucio-

-¿Qué, Sempai? ¿Qué dice la carta?-

-"Hazle sexo oral al otro jugador por 20 segundos. No es necesario que el jugador se corra, pero si lo hace, deberás tragarte su semen y culminar la felación inmediatamente"-

-Justo lo que necesito para calmarme un poco- sonreí y me mordí el labio inferior.

-Ni pienses que voy a hacerte eso...-

-Entonces... tendrás un vibrador estimulando tu próstata por 5 LARGOS minutos como castigo, Sempai. Tú eliges-

-Odio este estúpido juego...- susurró resignado a hacer lo que decía la carta.

-Apresúrate, Sempai...- saqué mi miembro fuera de mis bóxers y se lo enseñé –Te necesito... mira lo duro que me pones...- una gota de pre-semen se deslizó por la longitud de mi pene.

Sempai se acercó a mí y se inclinó hasta llegar a mi pena, mientras que yo me mantuve de rodillas. Me pidió de favor que no lo mirara para que no se avergonzara tanto y cerré los ojos para que Sempai se pueda concentrar. Primero, empezó succionando la punta, y luego se lo metió todo a la boca. Como había mencionado antes, cuando Sempai se propone a hacer algo, pues lo hace muy bien. Pude sentir que mi pene entraba y salía, entraba y salía de su boca. No puedo resistirlo, más... no van ni 10 segundos y ya necesito correrme. Perdóname, Sempai, voy a correrme. Intenté resistirlo, pero no pude, pues estaba a mi límite. En el segundo 17 me corrí y Sempai se quedó inmóvil. Apenas mi esencia terminó de salir, Sempai se apartó de mí y se tapó la boca con las manos...

-Está bien, Sempai. No es necesario que te lo tragues. No te preocu...- no pude completar la frase, pues Sempai se lo había tragado.

-Aj... mierda...- expresó –Estaba caliente- tosió un poco –¿No pudiste aguantar 3 segundos más?- renegó.

-Lo siento... jeje- tomé una carta –Mi turno... "Masturba el miembro del otro jugador hasta que se corra, y procura que su semen termine en tu rostro"-

-Bueno, para ti es normal eso- roló los ojos.

Me acerqué a Sempai y le quité la ropa interior. Ambos estábamos desnudos y muy calientes, aunque yo ya me había corrido una vez... con solo ver a Sempai desnudo, me ponía duro. Sujeté su miembro y empecé a masturbarlo suavemente, pero Sempai no resistió mucho y se corrió a los 7 segundos. Por suerte me di cuenta y acerqué mi rostro. Toda su esencia se desparramó en mi cara. Me aparté un poco y saqué su semen de mi rostro para llevarlo a mi boca...

-¡Idiota! No se supone que te lo tragaras. Eso no decía la carta-

-Sí, pero... me gusta el sabor que tienes, Sempai-

-Pervertido...- susurró –Mi turno- cogió una carta –"Mete dos dedos en el ano del otro jugador y estimula su próstata por 10 segundos"-

-¿QUÉ? ¡NO!-

-¡Oh sí! VENGANZA- rió malévolamente –Ahora me toca verte sufrir-

-Eh... jeje... si quieres podemos parar el juego aquí...- ya no me estaba gustando el juego.

-¡NO!- se acercó a mí.

-Sempai, enserio no quiero eso. Tú sabes que tengo un trauma y...-

-No me vengas con estupideces que tu trauma ya quedó en el pasado-

-Sí, pero...-

-De todas formas si te niegas... obtendrás el castigo y será peor. Así que tú eliges... mis dedos por 10 segundos o el vibrador por 5 minutos- me miró fijamente.

-Tus dedos...- contesté resignado.

Me recosté bocarriba en el suelo y Sempai se puso a mi lado con una sonrisa malévola. Parecía que disfrutaba verme sufrir de esa forma. Llevó su mano derecha a mi entrada...

-¡Espera!- grité –¿No deberías lubricar un poco tus dedos?-

-¿Lubricar? No tengo vaselina-

-Con tu saliva, Sempai-

-¡Y eso por qué!-

-Sempai, si metes tus dedos en seco... me dolerá- me preocupé –Por favor, sé gentil-

-Está bien, niño llorón- roló los ojos –Tú me has hecho miles de cosas ahí abajo y no me pongo tan cobarde como tú-

-Es que tu ya estás abierto, mi Sempai... ¡AY!- me asusté, pues Sempai se había apoderado de mis testículos.

-Si vuelves a decirme eso... te aprieto los testículos, grandísimo idiota-

-Sí, Sempai, perdón, perdón- le rogué y me soltó para lamerse los dedos e introducirlos en mi entrada –Ay... duele...- me quejé.

-Relájate, idiota. Si te pones tenso, claro que va a doler-

-¡AHHH!- grité, pues Sempai había encontrado rápidamente aquel punto sensible que me volvía loco, pero a la vez me atemorizaba.

-Estás temblando, Morinaga- Sempai se detuvo –Relájate. No es tan difícil-

-Es que...-

-Relájate o te meto el vibrador-

-Ya... está bien. Me relajo- respiré hondo –HMMMMMM...- la sensación era demasiado fuerte –Ahhh... ahh... ahh...- no podía parar de gemir –Ahhhhh... ahhh... hmmmmm...-

-5, 6, 7, 8...-

-Ahhhh... Sempai... hmmmm... ahhh...-

-9 y...-

-Ahhh... ¡Sempai ya!-

-9 y medio...-

-¡No es justo, Sempai! Ahhh... ahhh... Sempai...-

-Así que también te gusta por aquí ¿no? ¡Sucio pervertido!-

-SEMPAAAAAAAAI- no lo pude soportar más y me corrí.

El chorro había salido disparado con mucha fuerza, pero al final cayó en mi pecho. Sempai sacó sus dedos de inmediato y se regresó a su sitio, mientras que yo permanecí echado en el suelo con la respiración acelerada. Mi pene se puso sensible y sentía incomodidad en mi entrada. Logré sentarme con dificultad y lo miré...

-¡Eres un tramposo, Sempai!-

-¿Quién yo?- se hizo el loco –Pero si fueron 10 segundos-

-¡No!- mi respiración poco a poco se fue calmando –Contaste muy lento y encima te detuviste en el segundo 9...-

-Ya deja de quejarte- roló los ojos –Ahora sabes lo que se siente cuando te digo que PARES y nunca lo haces ¿verdad?-

-Así que... te gusta jugar con trampas ¿eh?- si quería jugar sucio, pues yo también lo haría.

-No te tengo miedo- se veía confiado –Es tu turno... coge una carta-

-Ya verás...- agarré una carta, pero lo que me salió me dejó impactado.

-Bien... ¿qué dice?-

-"Castigo"-

-¡BIEN, BIEN, MUY BIEN!- se burló –Te tocó el castigo a ti... JAJAJAJAJA-

-Espera... no sabía que había una carta de castigo-

-Eso significa que el castigo vas a asumirlo tú-

-O tal vez... YO te tengo que hacer a TI el castigo- cuando dije eso, se aterró.

-¿Ah sí? Pues instrucciones mandan-

-A ver...- leí las reglas –"Cuando la carta de CASTIGO sale del mazo, automáticamente acaba el juego; sin embargo, ambos jugadores correrán el riesgo de recibir el castigo, y la decisión es a la suerte"-

-La decisión es a la suerte. TÚ cogiste la carta, TÚ recibes el castigo- me señaló y parece que estaba tan confiado que se le había olvidado su desnudez.

-No cantes victoria, Sempai. Aún hay más...- continué leyendo –"El jugador que haya tomado la carta de CASTIGO tendrá el privilegio de escoger la manera en la que se elegirá al jugador que será castigo"-

-No entiendo-

-Uno de los dos deberé recibir el castigo y para eso debemos dejarlo a la suerte-

-Maldición...-

-Pero... como yo tomé la carta, yo tengo que elegir... de qué manera lo sortearemos- me puse de pie.

-No te aproveches de la situación, Morinaga- también se puso de pie y me señaló –Resolvámoslo con un problema matemático. Tú sabes... el primero que calcula la respuesta correcta gana y se salva del castigo- se veía confiado, pero a la vez nervioso, pues no quería correr el riesgo de perder.

-No, Sempai. Aquí dice que YO voy a elegir la forma-

-Ya, idiota. No lo compliques más. Lancemos una moneda, si sale cara... yo me salvo, si sale sello... tú te salvas...-

-No- sonreí malévolamente, pues ahora era mi turno de jugar sucio.

-Ay, maldito pervertido- se cruzó de brazos -¿Qué tienes en mente?-

-El que se corra primero... PIERDE-

-¿QUÉ?-

-Sí, Sempai...- me acerqué a él lentamente, y Sempai retrocedía –Yo te haré sexo oral a ti y tú a mí... y el que se corra primero pierde... o sea... LE TOCA EL CASTIGO-

-¿Estás loco? ¿Y cómo vamos a hacer eso al mismo tiempo?-

-Mi fantasía sexual ¿recuerdas?- lo acorralé contra la pared.

-¡No, no, no, y mil veces no!- me empujó y se alejó de mí –No pretendo hacer esa pose enfermiza-

-La pose 69 no es enfermiza, Sempai. Al contrario... es muy deliciosa- lo abrace –Vamos... te va a encantar...- lo besé y me empujó, pero esta vez no por molestia, sino por timidez.

-No quiero...- se sonrojó –Voy a perder...-

-¿Quién sabe? Tal vez yo me corro primero. Eso depende qué tan bien me la chupes-

-AHÍ ESTÁS DE NUEVO CON TU LENGUAJE EXPLÍCITO- gritó y se tapó los oídos.

Al final, Sempai terminó aceptando, pues lo amenacé que si se rehusaba, entonces el castigo iba de frente para él. Me recosté en la cama bocarriba, y le indiqué que él iba encima de mí pero al revés; es decir, su entrepierna tenía que estar cerca a mi rostro, y mi entrepierna a su rostro. Exactamente formando un 69. Al principio se quejó y le pareció injusto que yo estuviera recostado, pero lo convencí diciendo que era el más liviano de los dos. Ambos nos preparamos para la carrera, y esta vez... Sempai se la estaba tomando muy enserio. Él estaba decidido a no perder, al igual que yo. Sempai sujetó mi miembro, y yo el suyo; y el concurso comenzó.

Ahhhh... no puede ser. Si hay algo que Sempai sabe hacer bien es chupármela. ¡Qué rico lo hace! Me cuesta creer que no tiene mucha experiencia en esto, porque lo hace tan profesionalmente. Sabe exactamente dónde atacar. Ay no... creo que no debí elegir este método; es decir, Sempai ya se acostumbró a mi forma de hacer sexo oral, que tal vez puede resistir más; en cambio, yo no estoy muy acostumbrado a la boca de Sempai, por lo que cada sensación que me hace sentir es muy fuerte. No... no... no... voy a correrme. El sonido de nuestras bocas lamiendo, succionando y chupando el miembro del otro resonaba en toda la habitación; sin mencionar los gemidos ahogados que emitíamos. Debo esforzarme más, no quiero perder. Un vibrador en mi próstata por cinco minutos no lo aguantaré, pero... Sempai la chupa tan bien que... que no puedo... no puedo resistirlo más. Tengo que correrme... necesito correrme. Entonces recordé que Sempai había hecho trampa en la carta que le había tocado; y yo también decidí jugar sucio. Como tenía toda la intimidad de Sempai en su máximo esplendor... muy cerca de mi rostro, introduje dos dedos en su entrada ocasionando un gran gemido de su parte. Me maldijo y me insultó, pero luego volvió a lo suyo, pues también se rehusaba a perder; sin embargo, Sempai empezó a succionar muy fuerte la punta de mi miembro y...

-HMMMMMMMMMM...-

Sempai rodó y cayó en su lado de la cama con toda la boca llena de mi esencia. Escuché claramente que se lo tragó, expresó un poco de asco, y se sentó en sus rodillas con una gran sonrisa...

-¡GANÉ!- se burló y me señaló, pero con la poca fuerza que me quedaba, me levanté de la cama y corrí hasta la puerta, pero Sempai fue más veloz y me bloqueó el paso -¿A dónde crees que vas, maldito tramposo? No vas a escapar-

-Sempai...-

-Tú perdiste y ahora CUMPLE CON TU CASTIGO-

-Sempai, creo que este juego se nos está escapando de las manos. Enserio no soportaré ese vibrador por 5 minutos-

-Lo lamento. Es el castigo-

-PERO YA ME HE CORRIDO 3 VECES. ME VOY A MORIR-

-No seas dramático, que si yo hubiera perdido, ahorita estarías burlándote de mí- se rió –Lo más gracioso es que te gané en tu propio juego, y encima hiciste TRAMPA- me culpó –Pero ni con eso pudiste ganar-

-Sempai... hablo enserio. Estoy cansado-

-Pues yo no. Solo me he corrido una vez. Además... sexo querías, pues sexo vas a tener-

-Está bien, no me opongo al castigo; pero ¿puede ser mañana?-

-No. Mañana regresa la enana a la casa-

-Ay, Sempai...-

-Acuéstate ahora...-

-No...-

-Mira, no me hagas perder mi tiempo, porque sino JURO que no hacemos nada por un año, y esta vez hablo enserio, idiota-

Tuve que hacerle caso a Sempai, pues preferí aguantar un vibrador por cinco minutos, a tener que aguantar todo un año sin sexo. Me recosté bocarriba en el medio de la cama, Sempai esposó mis manos al fierro que tenía el respaldar a la cama y me enseñó el vibrador que era como una pequeña cápsula color celeste el cual tenía un delgado cable largo que tenía que sobresalir de mi entrada. También había un pequeño control que controlaba la intensidad de la vibración y un sobre de lubricante para que pudiera entrar sin problemas. Sempai embarró todo el lubricante en mi entrada y en el vibrador y lo introdujo apagado. Pude sentir ese pequeño objeto que chocaba con mi próstata y me ocasionaba cierta incomodidad...

-Bien... es la 1:30am- vio el reloj y me enseñó el control del vibrador –Esto terminará a la 1:35am-

-Sempai...- estaba muy nervioso –Por favor, no seas cruel-

-Empecemos...- prendió el vibrador.

-Ahhhhhhhmmmmmmm...- cerré con fuerza mis ojos e intenté soportarlo.

-Estás muy tenso, Morinaga...- me susurró cerca de la oreja –Relájate y se sentirá bien...-

-Se... Se... Sempai...- casi no podía hablar, pues estaba sintiendo mucho placer –Te... te amo... ahhhh... ahhh... ahhh...-

-Y yo a ti, idiota... mi idiota...- puse sentir la calidez de los labios de Sempai, mientras que yo ahogaba mis gemidos en su boca –Morinaga... estoy en mi límite- confesó cerca de mis labios, mientras que se masturbaba con la mano –Me da vergüenza decirlo, pero... me gusta tenerte así...-

-Se... Sempai...- nuevamente me calló con un tierno beso.

-Hay algo que quiero hacer...-

-Sempai... por... por favor... libérame... libérame ya...- estaba a punto de explotar –Voy... voy a correrme otra vez-

-No, aún no- sacó de la caja algo que me había olvidado por completo –Dices que este aro es para evitar que te corras ¿cierto?-

-No, Sempai... no me... no me pongas... eso- hizo caso omiso a mis súplicas y me lo puso –Ahhhh... Sempai...- pude sentir la dureza y firmeza de mi miembro -Sempai... no puedo soportarlo... ahhhhhh... ahhh...- empecé a gemir muy fuerte –Me estoy... me estoy volviendo loco-

-Yo también quiero cumplir... una de mis fantasías...-

-¿Qué?-

Entonces lo que vino a continuación no me lo pude creer. Sempai estaba tan al límite que se monto encima de mí, introduciéndose él mismo mi miembro en su entrada. Gimió con un poco de dolor, pues no se había preparado y mi pene estaba muy duro y ensanchado por ese aro que me impedía correrme. Yo también pegué un gran gemido, pues estaba en mi climax. Mi próstata estaba siendo manipulada por un vibrador, el hecho de estar inmovilizado de alguna manera me excitaba, y el manjar de tener a Sempai montado en mi miembro era el paraíso. Sempai empezó a moverse desesperadamente, pues su miembro no era la excepción... estaba duro y mojado. Sentí la necesidad de tocarlo, de acariciarlo, de hacerlo sentir bien, pero las esposas me lo impedían. Le pedí que me soltara, pero se negó y dijo que se encargaría de todo. El éxtasis era tan fuerte, que con las justas podía mantener un ojo abierto, el cual me sirvió para ver a Sempai gozar de mi entrepierna y acariciarse sus tetillas al mismo tiempo. La habitación se llenó de más gemidos y suspiros. Sempai aceleró más el movimiento y sentí que su entrada se ponía más estrecha...

-Ahhh... ahhhh... Mo... Morinaga... voy a...-

-Yo... yo también, Sempai... por favor... por favor quítame el aro...- le rogué –Por favor... quítalo...-

Esta vez Sempai escuchó mis súplicas y rápidamente se levantó, me quitó el aro, y volvió a introducir mi miembro en su entrada, haciendo el vaivén más intenso y ambos nos corrimos al mismo tiempo. Toda la esencia de Sempai había caído en mi pecho, y sabía perfectamente que mi esencia había llenado su entrada. Sempai cogió el control, apagó el vibrador y lo sacó de mi interior...

-Feliz aniversario... Morinaga- fue lo que alcancé a oír antes de quedarme completamente dormido.

Al día siguiente, tenía el cuerpo adolorido y agotado. Sempai me había dado el mejor sexo de mi vida. Obviamente, cuando amanecimos me amenazó de muerte diciendo que si le contaba a alguien de lo que habíamos hecho anoche... me iba a cortar el miembro en pedacitos. Le di la razón en todo y le juré que iba a ser un secreto entre pareja. Respecto a la caja de juegos... Sempai quiso botarla a la basura, pero le insistí que no lo hiciera y lo guardé en lo más alto de mi armario para que Maggie jamás lo pueda encontrar.

El día en la farmacéutica se pasó un poco lento y tranquilo, pero me sorprendió que Sayu no haya asistido a trabajar. Me preocupé y pensé que tal vez su mano estaba muy mal. Me sentí culpable, pues yo lo había ocasionado; así que decidí darle una llamada. Como era de esperarse... no me contestó.

Al finalizar el día... estaba a punto de retirarme de la oficina, cuando de pronto... Sayu entró y lo peor de todo es que tenía la mano vendada...

-Hola, Tetsuhiro-

-Sayu... ¿cómo estás?-

-Dedúcelo tú mismo- me enseñó su mano herida.

-De verdad... lo siento mucho- me sentí el hombre más horrible del mundo por haber lastimado a una mujer.

-Nah, tranquilo- se acercó a mí en son de paz –Yo soy la que te tiene que pedir perdón. Mi comportamiento no ha sido el adecuado para un ambiente de trabajo decente y para nuestra relación de jefe y kohai-

-Bueno...- me puse nervioso por su cambio de actitud, pero de algún modo me puso feliz que reconociera sus errores –Descuida. Todo está bien, y gracias por disculparte también-

-Es más... me gustaría hacer algo para entablar una bonita amistad ¿qué dices?-

-Pues claro- me emocioné –Me gustaría que fuéramos amigos, ya que vamos a trabajar juntos por un largo tiempo-

-¡Qué bien!- sonrió inocentemente –Entonces... ¿qué dices si vienes a cenar a mi casa? He preparado unos platillos exquisitos-

-¿Hoy?-

-Sí, hoy-

-Eh... Sayu, me encantaría, pero no creo que Sempai...-

-Por fis... no seas malo, Tetsuhiro. De paso me haces el favor de llevarme a mi casa, ya que acabo de regresar del hospital por el tema de mi mano ¿sí?-

-Pero... es que... no sé si a Sempai le agrade la idea que yo vaya a cenar a tu casa...-

-¿Y por qué? Solo somos amigos-

-Es... tú sabes, es un poco...-

-¿Celoso?-

-Sí, y no quisiera que lo mal interprete-

-Descuida. Tan solo dile que el trabajo se te acumuló y estarás haciendo horas extras-

-No me gusta mentirle a Sempai-

-Por fis... será solo una vez ¿sí?- me rogó e hizo un puchero –Hazlo por el comienzo de una linda amistad y porque ya cociné esos deliciosos platillos-

-Hmmm...- me resigné, pues solo sería una vez –Bueno, está bien. Pero solo por esta vez-

-¡Siiiii!- se emocionó.

Mientras Sayu y yo bajábamos por el ascensor, llamé a Sempai y le mentí diciendo que me quedaría en la farmacéutica haciendo horas extras. Como a veces me quedaba realmente más de mis horas laborales, no sospechó nada fuera de lo normal.

Al llegar a casa de Sayu, ella empezó a hablarme de muchas cosas referentes a su vida. Me contó sobre su familia, sobre sus amoríos, sobre sus aventuras e infinidades de cosas. Me sentí en confianza y decidí contarle sobre mi amistad con Taiga; pero nunca le mencioné que yo estaba criando a la hija de Taiga junto con Sempai. Ese tipo de cosas eran muy privadas. Sayu me invitó a sentarme en el comedor, y puso varios platillos en la mesa para que pudiera escoger...

-Wow... todo se ve delicioso-

-¡Adelante, come!-

-Pues... gracias...- sonreí y empecé a servirme un poco de comida italiana.

-¿Gustas un poco de vino?-

-Sí, por favor- me sirvió el vino en la copa que estaba en mi sitio, pero me di cuenta que ella no se sirvió –¿Tú no vas a servirte?-

-No descuida. El doctor me dijo que no puedo beber alcohol por las medicinas que he tomado para mi mano-

-Oh está bien-

Probé el vino que por cierto estaba muy bueno. Sayu me comentó que era de la colección que su padre tenía guardado. Continué comiendo los deliciosos platillos que había preparado, pero... de pronto sentí mucho calor... como bochorno. Me daba vergüenza decirle así que le pedí prestado el baño...

-¿Puedo usar tu baño?-

-Claro, Tetsuhiro, está al final del pasillo-

-Gracias. Enseguida vuelvo-

Me puse de pie y caminé en dirección al baño; pero me sentí más mareado de lo normal... y de pronto... todo se puso negro y sentí que mi cuerpo chocó contra el suelo.

CONTINUARÁ...

Hemos llegado al final del Capítulo3 de "SEMPAI SE CASA 3". Perdón por la gran tardanza, estuve muy concentrada en mi tesis, pero espero que les haya gustado el capítulo. Muchas gracias por leer este fic, pues me hace muy feliz que les guste mi trabajo, el cual hago con mucha pasión y cariño para ustedes y para mí. Ya saben que los domingos, subo un capítulo nuevo.

Esperaré ansiosamente sus comentarios.

GiseSanito