Capítulo 4

En la actualidad—Dallas, Texas

La sacudida del avión al golpear la pista de aterrizaje sacó a Sakura de su sueño.

Parpadeó, obligando a sus ojos a centrarse. Momentos antes, había estado de regreso en un mundo donde todo parecía cálido y perfecto. Había soñado con la noche en que hizo por primera vez el amor con Sasuke y Naruto. Había estado rodeada por ellos, sintiéndose segura y apreciada.

Había sido un sueño… todo ello. Oh, ella lo había vivido, pero había sido su fantasía. En realidad, no había sido para ellos nada más que una manera de matar el tiempo mientras realizaban un trabajo. Se había estado engañando a sí misma y la prueba de su naturaleza crédula estaba en estos momentos durmiendo en su nueva sillita para automóvil. El rebote del avión no había despertado a Rui. Tampoco había despertado a Naruto que dormía al lado de él con la mano descansado sobre la barriguita del bebé.

—Mi hermano puede dormir en cualquier situación. Creo que esto es lo que sucede cuando pasas demasiado tiempo en aviones de carga. —Sasuke se frotó los ojos y se desperezó.

—Naruto podría dormir a través del Armagedón —dijo Neji Hyuga arrastrando las palabras, entonces miró a Madara en su nueva bolsa de transporte. El gato hizo un maullido gutural de disgusto supremo. No era sorprendente ya que se había pasado vomitando la mayor parte del vuelo.

Con una mueca, Neji se desabrochó el cinturón de seguridad, se puso de pie y se abrochó la chaqueta, entonces cogió la bolsa de transporte del gato.

—El coche nos está esperando. Tenten tiene todo preparado. No tienes que preocuparte de Rui. O de este encantador gato tuyo.

¿No preocuparse? El pensamiento de dejar a su niño con extraños desgarraba a Sakura, amenazando con arrancarle las entrañas.

—Lo siento —dijo Neji, con ojos entrecerrados—. Fue la cosa más irreflexiva que pude decir. No puedo imaginarme lo que debes estar pasando. Por supuesto que te vas a preocupar. Yo mismo tengo dos hijos, un niño y una niña. Me moriría si estuviera en tu lugar. Pero quiero que sepas que protegeré a Rui como si fuera mío.

Las lágrimas causaban comezón en sus ojos. Le creía. El hombre con el traje de mil dólares parecía sincero, a pesar de que todos a su alrededor saltaban para cumplir sus órdenes. Él había estado esperando en el aeropuerto privado en las afueras de D.C. con un Learjet autorizado para despegar. Se había agachado cerca de la parte trasera del avión mientras Sasuke lo ponía al tanto de la situación. Ella había oído a Neji tratar de negociar con Sasuke y Naruto para que se quedaran en su casa en Dallas, pero ella estaba de acuerdo con ellos. Permanecer lejos de Rui era más seguro. Ella no podía poner en riesgo su pequeña vida.

Naruto se despertó cuando el avión se paró en seco.

—¿Hemos llegado?

—Sí, princesa —replicó Sasuke—. Y tú como de costumbre, te las arreglaste para conseguir tu sueño de belleza. Sakura también ha descansado un poco. Vamos a despedirnos de Rui y nos iremos antes que Kabuto pueda alcanzarnos. ¿Shikamaru ha encontrado un coche para nosotros?

Neji frunció el ceño.

—Sí. Está esperando fuera con él. También ha tratado de echar el guante a Rock Lee. Es el investigador privado que vigilaba a Sakura durante el año pasado, ¿verdad?

Sasuke se desabrochó el cinturón de seguridad.

—Sí. Él es el hijo de puta bueno-para-nada que no hizo su maldito trabajo. Tengo que decirle unas pocas palabras.

—Eso va a ser difícil. Fue asesinado hace dos días. —Las palabras de Neji cayeron como una bomba de relojería a punto de estallar.

—Mierda —dijo Naruto.

—Bueno, sabíamos que Kabuto iba en serio —murmuró Sasuke.

—¿Por qué contratasteis a un investigador privado? —preguntó Sakura.

No les entendía. Se habían alejado sin siquiera darle su verdadero apellido, haciendo imposible que ella les encontrara. ¿Pero habían contratado a alguien para vigilarla?

—Cuando nos dimos cuenta de cuánto tiempo íbamos a estar en América del Sur, contratamos a un investigador privado para asegurarnos que estuvieras bien. Sólo queríamos estar pendientes de ti —explicó Sasuke—. No se suponía que él hiciera otra cosa más que ver como estabas. Asegurarse que estuvieras a salvo y que tenías todo lo que necesitabas. Enviaba informes mensuales a nuestra oficina. Nuestra secretaria nos los enviaba. —Apretó los dientes y maldijo—. El hijo de puta obviamente estaba trabajando para Kabuto. Nos dijo que te habías casado con Madara en Escocia la primavera pasada.

—¿Casada? ¿En serio? —Sakura sacudió la cabeza—. No. Fui a Escocia porque vendí algunos trabajos en la galería Soho y le gusté tanto a la propietaria que me dejó pasar algún tiempo en su casa a cambio de pintarla. Es un viejo monasterio en un maravilloso terreno. Cuando regresé, aun estaba de unos pocos meses, así que adopté a Madara de un refugio de animales.

—No teníamos ni idea que estabas embarazada —dijo Naruto, destilando amargura.

Ella se encogió de hombros.

—¿Habría importado? Todavía teníais un trabajo que hacer.

No era justo, pero estaba celosa de su misión. Se pasaron todo un año salvando a los hijos de otras personas mientras su propio hijo había nacido en un hospital del condado. Todavía podía recordar que estaba de pie fuera del hospital con Rui en una sillita de automóvil, esperando un taxi para llevarla a casa. Ella había sido la única nueva mamá sin nadie que la cuidara.

Podía sentir la mirada de Sasuke fundiéndose a través de ella.

—Uno de nosotros podría haber regresado mientras el otro se quedaba y hacía el trabajo. No te habríamos dejado sola.

La puerta del Lear se abrió y un hombre enorme con un sombrero de vaquero entró. Llevaba una camisa vaquera de manga larga, tejanos y botas. La indumentaria informal no ocultaba el aire de autoridad del hombre. Una preciosa rubia le seguía, su hermosa cara lucía una mueca de preocupación.

—¿Shikamaru? ¿De verdad? —Neji se quedó mirando al vaquero—. ¿Trajiste a Tenten?

—Ella se ha ganado unas cuantas palizas. —Shikamaru frunció el ceño—. Pero no se quedaría atrás. Kiba está en casa efectuando algunas llamadas. Está escalando en los rangos del FBI, gritando todo el tiempo. Desafortunadamente, nadie puede probar que el cabrón de Kabuto se ha hecho cargo de los negocios de su padre. Ha estado completamente limpio durante años. Estamos en un aprieto.

—No serviría de nada —dijo Sasuke, levantándose para estrechar la mano de Shikamaru—. Kabuto tiene contactos en el FBI. Podríamos estar bajo custodia policial y sería un riesgo. De hecho, creo que esto es exactamente lo que el hijo de puta quiere que hagamos.

Los hombres empezaron a hablar de estrategias, moviéndose para salir del avión. La bonita rubia se quedó atrás y se sentó frente a Sakura, mirándolos a ambos de manera preocupada y cálida. Iba vestida con unos pantalones blancos y un jersey de colores que había salido del estante de un diseñador. Era suave y natural y no había duda que esta mujer era muy querida.

—Es precioso. Rui, ¿verdad?

—Sí. —Esta era la mujer que cuidaría a su bebé. La rubia se estiró y tocó suavemente a Rui en la mejilla con una mirada tierna en su cara. A Sakura le gustó de inmediato. Tenía "experiencia materna" escrito por toda ella.

Se volvió hacia Sakura, tendiéndole una mano.

—Soy Tenten. Estoy casada con aquellos dos y el que está en casa. Tenemos dos bebés. Te prometo que cuidaré del tuyo. Me encantan tus hombres.

Sakura negó con la cabeza.

—No son míos.

Nunca lo habían sido.

La ceja perfectamente depilada de Tenten se elevó.

—Di todo lo que quieres, pero te aseguro que esos hombres apenas han podido apartar los ojos de ti. No van a renunciar a ti. Pero esto es un macho Alfa para ti. Pueden ser odiosos, pero yo no tendría a los míos de otra manera.

¿Tenten estaba casada con tres hombres? Sakura se inclinó hacia delante, su curiosidad sacaba lo mejor de ella. Les lanzó una mirada a los dos hombres que hablaban con Sasuke y Naruto. Se veían… difíciles.

—¿Cómo los manejas?

La sonrisa de Sakura era más brillante que las luces del avión, su risa tintineó por la cabina.

—Oh, ellos no lo hacen fácil. Conspiran contra mí. Rara vez gano una pelea… Pero la reconciliación vale la pena. —Se puso seria, las lágrimas asomaban a sus ojos—. Confía en mí. Tan difícil como puede ser esta relación, cada momento vale la pena. No habría conocido nada sobre el amor o la felicidad sin ellos.

Sakura se volvió, la mirada de adoración en la cara de Tenten era demasiado para soportarla.

—Bien, tuviste suerte.

Tenten tocó su rodilla.

—Conozco a Sasuke y a Naruto desde hace un par de años. Hablaban de ti en sus breves viajes a casa. Nunca les he visto tan locos por una mujer como lo están por ti. Por supuesto, tampoco habían tenido un caso tan duro como en el que han estado trabajando durante el año pasado. Si dicen que no sabían nada de Rui, entonces no lo sabían.

¿Realmente importaba eso? La habían dejado, se habían ido y no regresaron durante un año. Solo habían vuelto ahora porque pensaban que ella estaba en peligro. Estupendo. No querían que muriera. Apostaba que podría encontrar mucha gente que no deseaba particularmente que ella muriera. Eso no quería decir que se preocuparan. Y ahora que ellos sabían acerca de Rui, cualquier cosa que dijeran o hicieran estaría influenciado por el hecho que ella había dado a luz a su hijo. Sakura no quería estar unida a ellos por el simple hecho de que sus órganos reproductivos funcionaran.

Echó un vistazo a Sasuke. Estaba de pie, se veía tan masculino que dolía. Y los ojos de Naruto se desviaron hacia los de ella. Apartó la vista, demasiado confundida y enfadada de encontrar su mirada.

Naruto se acercó, su cara era una máscara sombría.

—Ya tenemos que irnos.

Sakura se puso una mano sobre la boca, conteniendo el llanto. Estaba dejando a su bebé, su alma. Un momento después, Sasuke estaba al lado de su hermano.

—Lo siento mucho, nena. —Sasuke empezó a extender una mano hacia ella. Ella respingó. La cara de Sasuke se quedó inexpresiva—. Cuanto antes nos vayamos de aquí, menos oportunidades tiene Kabuto de seguirnos. Tenemos dinero. Un vehículo ilocalizable. Nuevas identidades. Te prometo que te mantendré con vida o moriré intentándolo.

Con las lágrimas cayendo, ella se inclinó y besó a su niño dormido. Todo este tiempo, Rui había sido su fuerza. ¿Cómo había pensado de manera diferente? La vergüenza la llenó cuando pensó en esos primeros días oscuros cuando él le había parecido una carga. Ahora era la luz de su vida. Su dulce sonrisa, su alegre disposición, la habían sostenido a través de algunos momentos muy solitarios. ¿Le vería de nuevo?

—Te amo bebé —susurró contra su mejilla—. Te amo.

Se puso de pie y siguió a Sasuke y a Naruto fuera del avión, su corazón le dolía, amenazaba con paralizarse. Dios, daría cualquier cosa por volver a una época más feliz.

Un año antes—Nueva York

Sasuke miró alrededor del comedor ricamente amueblado del Waldorf Astoria, una reminiscencia barroca de su grandioso pasado.

—Entonces, ¿esta es tu idea de un desayuno?

La brillante sonrisa de Sakura iluminaba la puñetera habitación. ¿Qué coño le había hecho a él? Una noche con la curvilínea pelirrosa y era prácticamente su perrito faldero.

—Bueno, después que vosotros, hombres insaciables, me sometisteis a vuestro deseos carnales toda la noche, estoy famélica —dijo ella con un guiño—. Estoy lista para toda la cosa de "trátame como una princesa".

Oh, él podía hacerlo. Deslizó la mano en la suya y se inclinó hacia delante, besándola. Todo su cuerpo todavía zumbaba debido a las horas haciendo el amor. No podía engañarse. No había sido simplemente follar. O incluso mero sexo. Le había hecho el amor. Nunca había entendido lo que significaba la frase hasta ayer por la noche.

—Entonces eso es lo que tendrás. —Él hizo un movimiento de cabeza hacia la camarera.

—¿Qué es lo que nuestra cosita dulce va a conseguir? —preguntó Naruto, viéndose más feliz que nunca. Sus brazos rodearon la cintura femenina y enterró la cara en su pelo—. Probablemente todo. Pobre nena, le dimos todo lo que podía soportar.

La dulce Sakura finalmente les había rogado que se detuvieran. Habían sido implacables, moviéndose dentro del ajustado cielo de su dulce coño y amándola una y otra vez. Sasuke también la había introducido un poco en juego anal. Todavía podía sentir la forma en que su agujero virgen había agarrado su dedo mientras había trabajado para abrir su trasero. Pronto la tomaría por allí y sería un placer supremo.

Pero toda esa vigorosa atención de parte de ambos, había abierto el apetito de Sakura y la había dejado más que un poco dolorida.

Los ojos de la camarera se abrieron como platos cuando reparó en ellos tres, pero les acompañó a una mesa sin observarles demasiado.

—¿No es hermoso? Me gusta Nueva York en vacaciones. —Sakura miró alrededor del comedor decorado para la temporada, el placer era evidente en sus ojos. La mirada asustada que él había observado cuando la vieron por primera vez se había ido. Una sonrisa de satisfacción persistía en su cara. Ellos la habían puesto allí. Sakura miró a través de la mesa hacia su hermano y compartió un solo pensamiento.

Es la elegida.

Él lo sentía, sabía que Naruto también.

—Estáis teniendo una de esas conversaciones silenciosas. —Sakura sacudió la cabeza mientras les lanzaba una mirada acusadora—. Eso no es justo para mí. Yo no tengo un vínculo telepático con nadie.

Naruto bufó. Eso era algo que hacían casi inconscientemente.

—No es exactamente telepatía. Cuando te pasas toda la vida encadenado a alguien tan feo como este, llegas a saber lo que está pensando. Ahora mismo, está pensando en bacon.

Sasuke puso los ojos en blanco.

—No, pero estoy pensando en ham. Tú, hermano.

Naruto se encogió de hombros.

—Me han llamado cosas peores. Principalmente tú.

Sakura golpeó ligeramente el pecho de Sasuke.

—Vosotros chicos comportaros. Voy a ir al más que probable escandalosamente decadente cuarto de baño, después cogeré un poco de ese salmón ahumado. Todo se ve tan bueno.

Se puso de pie. Ambos hombres se levantaron. Ella les besó ligeramente, entonces salió, balanceando sus dulces curvas.

—Estamos en problemas —dijo Naruto, volviéndose a sentar.

Sasuke perdió la sonrisa. Había tenido veinticuatro horas para olvidar por qué estaba en Nueva York. La realidad se les venía encima y era una cabrona.

—Lo sé.

—Mañana tenemos que encontrarnos con Orochimaru.

—Sí. —Meses de negociaciones y mañana por fin se encontrarían con el hombre. Hasta ahora, habían tratado con lacayos. El día anterior se habían encontrado con Kabuto, el hijo del gran hombre, quien aparentemente llevaba la cara legal del negocio. Había sido un encuentro terriblemente civilizado sin ninguna mención al negocio entre manos. El dispositivo de grabación ultra pequeño que Naruto llevaba en el botón de su traje no había recogido nada. La grabación no mostraba nada más que a tres hombres hablando de intereses de negocios y de recientes eventos deportivos. Cada vez que Naruto trataba de conseguir que el hombre dijera algo incriminatorio, él simplemente sonreía y llevaba la conversación hacia algo menos ilegal.

Pero mañana no habría forma de evitarlo. Mañana se encontrarían con el hombre y no habría manera de evitar el hecho de que estaban negociando la compra de otro ser humano. El pensamiento hacía que la bilis subiera por su garganta. Quería mantener a Sakura lejos, muy lejos de esta mierda.

—Eso no se terminará mañana. Acabando esto podemos tomarnos unos días de descanso, tal vez incluso una semana. Tenemos que custodiar a la chica para probar nuestro caso, dejarla que cuente su historia, entregar las grabaciones y cualquier otra evidencia que recojamos. Puede que tengamos que ayudar a montar una trampa… — Naruto suspiró y jugó con los cubiertos perfectamente colocados—. Mierda, el momento no podría ser peor, pero ahora no podemos volvernos atrás.

Ninguno de ellos quería hacer esto. Sasuke sabía lo que su hermano estaba pensando. Quería estar con Sakura, en su cama, pasándosela entre ellos. Quería ser feliz con la única mujer que los manejaba y completaba.

—Mira el lado bueno —dijo Sasuke—. Sí, vamos a gastar una enorme cantidad de dinero de Sasori y Deidara en una esclava, pero por lo menos una mujer estará segura y libre muy pronto. —Pero Naruto tenía razón; ahora no podían volverse atrás. Si lo hacían, Sasuke sabía que nunca sería capaz de dormir por la noche. Siempre se preguntaría dónde estaba Konan, arrepintiéndose de no esforzarse más por salvarla. Ella solo tenía dieciocho años, por el amor de Dios.

Desde el momento en que había visto la foto de su joven y vibrante cara, supo que tenían que salvarla. Eran más fuertes y más grandes que la mayoría de los hombres. Y él era un depredador. Su vida podría haber sido de una de dos maneras. Estaba hecho para cazar, para matar. Podría haber tomado ventaja de aquellos que eran más débiles. En vez de eso, escogió protegerlos.

Le llevaría todo lo que tenía entrar mañana en la oficina del hijo de puta y no hacerle un agujero en la cabeza. Orochimaru se lo merecía. Había arruinado demasiadas vidas. Vivía lujosamente mientras las familias de las mujeres que había secuestrado vivían victimizadas, sin esperanza. Él no quería nada más que vengarse del hombre. Pero habían sido contratados para encontrar a una chica y recoger pruebas. Habían sido contratados para salvar una vida.

—Podemos probar con los federales. —Naruto jugaba con el tenedor delante de él.

Sasuke negó con la cabeza.

—No. Todo lo que tenemos hasta ahora es circunstancial. Y tú sabes que este bastardo tiene algunos hombres dentro. Darían al traste con el caso y Orochimaru probablemente podría matar a las chicas que todavía tiene en los Estados Unidos. Incluso si tenemos suerte y encontramos a los chicos buenos, los federales no se pondrán en marcha de la noche a la mañana. Si fallamos en esa reunión de mañana, Orochimaru puede levantar campamento y desaparecer por quién sabe cuánto tiempo. No podemos arriesgarnos a que pase eso.

Naruto asintió de manera miserable.

—Y tampoco podemos arriesgar a Sakura.

La idea de Sakura en peligro hizo que su estómago se revolviera. Momentos antes había visto toda esa comida estupenda tan tentadora, y ahora no podía soportar la idea de ella.

—Rezo para que no sepa nada de Sakura, pero este tío no ha llegado a la cima de una familia del crimen sin ser despiadado e inteligente. Sé que ya nos ha investigado.

—Nuestra tapadera se sostendrá. Yo mismo la preparé. No hay ninguna posibilidad de que se imagine que todo es un montaje. Soy un hacker realmente bueno.

—Lo sé. —Naruto era el mejor en el asunto. Si no se hubiera metido en la Marina, podría haber sido un buen delincuente. Sasuke se quedó mirando el pasillo por el que Sakura había desaparecido—. Puede creer en nuestra tapadera y todavía tener a alguien observándonos. Sabes que tenía a alguien en el aeropuerto. Él sabe dónde nos estamos quedando. No ha permanecido en los negocios durante tantos años sin jugar de manera inteligente y conocer a sus clientes. Estoy preocupado de que si tiene a alguien a quien no he detectado vigilándonos, vaya a enterarse de Sakura.

—No quiero eso más que tú, tío —replicó Naruto—. Pero ahora está hecho. No podemos dar marcha atrás y deshacer la última noche. No me gustaría. Todo lo que podemos hacer es mantener un perfil bajo. Si alguien pregunta, ella es sólo un buen polvo.

Sasuke apretó los puños. A la mierda con eso. Ella era mucho más. Inteligente y divertida, había trabajado y peleado duro por su independencia, defendiendo una vida y una pasión en las que creía. A pesar de su juventud e inexperiencia había hecho todo lo posible para afrontar, a su manera, al mundo duro y violento. Ella se merecía algo más que una mentira, pero ahora no le podía decir la verdad. Eso la pondría en mucho peligro.

Sakura volvió a la mesa con una sonrisa brillante y un plato de comida en la mano.

—Atrapé a nuestra camarera. Pedí cafés para nosotros. También hay un bar de zumos. Hay de todo. Me encanta este sitio.

Su evidente alegría ocasionó la suya. Él siempre se había sentido como si simplemente estuviera existiendo, moviéndose de un trabajo al siguiente, pero Sakura le hacía querer detenerse y disfrutar la vida, para variar. Antes el mundo le había parecido una mierda, pero eso era porque él había pasado por todos sus oscuros y horribles lugares. Sakura le recordó que también había bondad. Ella dirigía toda su brillante luz sobre todos las razones por las que él tuvo que luchar. Por ella. Por todas las chicas que Orochimaru había manipulado y abusado.

—Entonces definitivamente volveremos pronto. —Sasuke puso una mano sobre la suya.

Dios, amaba la manera en que sus dedos se entrecruzaban con los de él. Naruto alcanzó la otra mano y su círculo estuvo completo. Sakura les aceptaba. Su calidez era un bálsamo para todo el rechazo del pasado. Su tío había inculcado en su cabeza durante años que ninguna mujer podría querer a nadie tan cauto y colérico. Las mujeres antes le habían utilizado para acercarse a Naruto, entonces le abandonaban como basura una vez que tenían la atención de su hermano. Sakura simplemente se aferraba a los dos en el brillo dorado de su adoración.

Ella le apretó la mano.

—Si como aquí demasiado a menudo, acabaré pesando doscientos kilos.

Y él seguiría amándola. Mierda. Estaba enamorado de ella. Amaba su sonrisa, su abundante cabello rosa y la curva de sus caderas. Amaba su peculiar visión del mundo. Verlo todo a través de sus ojos era una asombrosa revelación. Sakura había pasado un infierno con sus padres. Ellos no habían aceptado su verdadero espíritu y la habían desheredado cuando ella había rechazado conformarse. Con todo, se las había arreglado para seguir adelante sin estar amargada o guardar rencor… o permitiendo que sus jueguecitos de mierda le jodieran la cabeza. Cuando su tío murió, Sasuke había escupido en su tumba y había continuado odiando al hijo de puta. Hizo una mueca. Definitivamente, podría aprender una o dos lecciones de ella.

Naruto y él definitivamente habían estado emocionalmente a la deriva. Y resguardaron sus corazones. Sakura no. Había pasado por un infierno, a pesar de todo había abierto su corazón y buscado amor. Era perfecta.

Él se llevó la mano a su boca, Naruto hizo lo mismo, tuvo el mismo instinto.

—Vamos, entonces. Pesa lo que quieras. Todavía seguiremos queriéndote.

Ella siempre se vería así para él. Sus ojos estarían perdidos en este momento. Cuando ella tuviera ochenta años y estuviera frágil y arrugada, él la miraría y la vería como era hoy. Vibrante. Hermosa. Su corazón le dio un vuelco en el pecho. Estaba enamorado por primera vez. Por última vez. Nunca habían amado a nadie de la forma en que amaban a Sakura Haruno. Ella era el final de su viaje. Sus ojos se encontraron con los de su hermano. Esta vez no estaba serio. Naruto estaba feliz y lleno de amor.

Toda una vida de alegría se extendía delante de Sasuke cuando él había esperado mucho menos. Nunca hubiera pensado que tendría o se merecería esta clase de devoción. Pero era suya. Sakura era suya.

—Bueno, nunca esperé veros aquí.

Sasuke levantó la mirada, una profunda voz le sacó bruscamente de sus pensamientos. Sintió destellar sus ojos cuando vio a Kabuto de pie al final de la mesa con un traje como pintado, hecho a medida. Kabuto era la imagen del hombre de negocios de cuidada apariencia, incluso lo era el guardaespaldas que rondaba detrás de él.

Sasuke sintió que su estómago se revolvía. Soltó la mano de Sakura, odiando el hecho de tener que hacerlo.

—Kabuto. Me alegro de verte. ¿Qué estás haciendo en esta parte del mundo?

Él solía estar en el bajo Manhattan. Había cientos de restaurantes en la ciudad, pero él había escogido éste.

Todo el cuerpo de Naruto se tensó, su mano también soltó a Sakura.

—Kabuto.

Kabuto sonrió con expresión viperina.

—Siempre tomo mi desayuno tardío aquí. —Sus ojos fueron hacia Sakura—. Me parece una buena manera de recuperar energías después de una noche ajetreada.

—Nosotros estamos haciendo lo mismo. —Él rezó para que Sakura sonriera y estuviera de acuerdo con ellos.

—Hola —dijo Sakura alegremente, extendiendo la mano—, soy Sakura Haruno. Ellos no tienen modales. Oh, bueno, tienen que tener algunos defectos.

Kabuto sonrió, la satisfacción rezumaba por sus poros, como si hubiera encontrado un resquicio que nunca hubiera pensado encontrar.

—Me alegro de oír eso, querida Sakura Haruno. Un nombre tan bonito. ¿Vive por aquí? ¿Cómo conoció a los gemelos?

Sasuke se inclinó hacia delante, empujando a Sakura hacia atrás.

—Ella sólo está en la ciudad para el fin de semana.

Sakura frunció el ceño.

—Vivo aquí. En Manhattan. Soy artista.

—Yo también vivo aquí. En el Upper East Side. Es un placer conocerte. Soy un socio de negocios de Sasuke y Naruto. Así que estoy encantado de haberte conocido. Disfrutad de vuestro desayuno. —Kabuto se alejó, su guardaespaldas se fue con detrás de él.

—¿Qué pasa con vosotros dos? —Sakura frunció el ceño—. Él era agradable y vosotros fuisteis terriblemente groseros. Comed algo y alimentad a vuestras bestias interiores. — Cogió su plato—. Voy a por algo de salmón ahumado.

Al segundo en que Sakura se dirigió hacia el buffet, balanceando sus dulces curvas, Naruto se volvió con el ceño fruncido hacia Sasuke.

—¿Qué coño acaba de pasar?

—Kabuto sabe que Sakura es importante. —No había forma de negar eso. Kabuto había mirado dentro de su alma y no había nada que él pudiera hacer al respecto—. Lo que significa que también Orochimaru lo sabrá pronto.

La cara de Naruto se tensó.

—Mierda.

Mierda era correcta. Sasuke tenía la esperanza que Kabuto no recordara a Sakura. Tenía que rezar para que la descartara como a otra joven bonita y tonta que follaba con un par de tíos calientes con mucho dinero para gastar. Kabuto no había estado escuchando. Por lo que sabía, les había pillado gratificándose con un polvo de una noche. Eso estaba bien. Tenía que serlo.

Ssuke observó a Sakura, resistiéndose a la necesidad de arrastrarla a su regazo y nunca dejarla ir y rezó por tener razón.