Capítulo 6

En la actualidad—Dallas, Texas.

Naruto se despertó al escuchar el golpe de la puerta. Una ráfaga de aire frío le golpeó.

Se sentó en la cama, sacudiéndose el sueño. Había estado de regreso en Nueva York,haciendo el amor con Sakura, su cuerpo sedoso moviéndose contra él. Ella le había dicho que le amaba. Había mirado a Sasuke y susurrado esas dulces palabras también a su hermano. Entonces ella aceptó cada beso, toque y estocada que ellos le dieron. Había recordado esa noche una y otra vez en su mente. Esa última noche con ella fue la mejor de su vida. La mañana siguiente fue una de las peores. Cada noche desde entonces, había soñado con su cara cuando Sasuke y él se habían marchado.

—Lo siento —dijo Sasuke ásperamente, sus manos estaban ocupadas mientras se metía dentro de la diminuta habitación. Su cara estaba roja. Obviamente había estado de pie en el frío durante un rato—. No quería despertarte. El viento es bastante malo aquí fuera.

Parece como si esta noche se acercara una tormenta. He hecho un par de llamadas.

Sakura todavía estaba al lado de Naruto, estirándose y frotándose los ojos. Su cabello estaba ligeramente desgreñado por el sueño y se veía perfecta para Naruto. A pesar del peligro, todo lo que quería hacer era arrastrarla a sus brazos, besar esos labios sensuales y hundirse en ella hasta que estuvieran los dos calientes y satisfechos. A su polla no le importaba una mierda que ella ya no le quisiera.

—¿Has llamado para comprobar a Rui? —preguntó Sakura, con la voz un poco ronca.

—Está bien, Sakura —le aseguró Sasuke—. Shikamaru dijo que se durmió tarde y ahora está jugando a la pelota con sus hijos. Está comiendo bien. Tomó algunos cereales y un biberón. También hizo caca. Yo pensé que eso era extraño. Shikamaru sólo me lo soltó. ¿Se suponía que me tenía que explicar eso?

Una sonrisa tiró de los labios de Sakura.

—Evidentemente él es un papá bien entrenado. A nosotras, las mamás nos gusta mantenernos al día con este tipo de cosas. Los bebés tienen unos delicados aparatos digestivos. Él está en un sitio nuevo y su horario está hecho un lío. Es una buena señal que esté comiendo, jugando y haciendo caca.

—Oh. De acuerdo, entonces. Buena información. —Sasuke puso algunas bolsas sobre la mesa—. Conseguí algo de desayuno. Sólo unos bocadillos. Hay un sitio de comida rápida al lado. Siento que no sea… —El Waldorf—…nada mejor, pero no quería estar fuera mucho tiempo.

Naruto hizo una mueca ante el tartamudeo mental de su hermano y se levantó para coger una taza de café. Lo necesitaría. No había duda en la mente de Naruto de lo que su hermano había estado pensando.

Después de haber instalado los ordenadores la noche anterior, había empezado a descargar todo lo que tenía sobre Kabuto. Había leído hasta altas horas de la madrugada, buscando pistas, cualquier debilidad, antes que Sasuke se despertara y hubiera hecho sitio para él al lado del suave cuerpo de Sakura, exigiéndole que durmiera un poco.

Ella murmuró su agradecimiento.

—¿De cuánto tiempo disponemos antes que Kabuto entre en acción?

Naruto era brutalmente consciente de que el hijo de puta les había dado veinticuatro horas antes que ese pequeño juego empezara. Si pudieran confiar en que esperaría.

—Siete horas en el mejor de los casos. Tenemos que tomar algunas decisiones. —Sasuke abrió la bolsa y sacó un bocadillo.

—¿Podemos tomar las decisiones con los pantalones puestos, por favor? —preguntó Sakura, frunciendo el ceño en dirección a Naruto.

Naruto se encogió de hombros. A ella no le había importado mientras estaban dormidos.

A pesar de sus advertencias, una vez dormida, rodó hacia los brazos de Sasuke. Durmieron entrelazados hasta que le tocó la guardia a Sasuke. Entonces ella simplemente se acurrucó contra Naruto. Podría no confiar en ellos cuando estaba despierta, pero cuando era vulnerable, buscaba el consuelo y la seguridad de su abrazo.

—Hubiera tenido demasiado calor con los pantalones puestos. —Rehusó mencionar que hubiera tenido demasiado calor porque su cuerpo había estado apretado contra el suyo. Él podía ser un caballero.

—Naruto, esos diminutos y apretado calzoncillos bóxer no hacen mucho por esconder el hecho de que tienes una enorme erección. ¿Soy la única a la que le molesta esto?

Naruto gruñó una carcajada, pero Naruto simplemente se giró hacia ella, proporcionándole una vista completa de lo que dormir a su lado le había provocado. Ella no iba a dejarle ser un caballero.

—Bueno, cariño, esto es lo que pasa cuando duermo con mi polla acunada contra tu hermoso culo.

Ella jadeó, sonando un poco a la virgen que había sido antes de que les conociera.

Sasuke sonrió. Era la sonrisa que siempre le dejaba saber a Naruto que su hermano estaba a punto de desenmascararlo.

—No dejes que te engañe, nena. Él se despierta así cada mañana.

—Cabrón. Como si tú no lo hicieras. Ambos tenemos los mismos sueños. —Clavó a Sakura en la cama con su mirada intensa—. Soñamos contigo, cariño, y nos despertamos duros.

La mirada de ella fue de uno al otro, entonces la bajó.

—¿Por favor, alguien me puede dar un café? Alguien que lleve pantalones.

Maldición, él debería haber mantenido su puta boca cerrada.

Sasuke le llevó una taza y un bocadillo.

—Crema y azúcar. Dos cucharadas. Y por favor come, Sakura. Anoche no comiste en el avión.

Naruto sabía que Sasuke quería exigir, ordenarle que comiera, pero ellos no tenían derecho a ordenarle nada que no correspondiera a su seguridad inmediata. Refrenarse, apartarse de ella, hería a Sasuke. A Naruto tampoco le gustaba.

Ella aceptó el café pero apartó el bocadillo.

—No tengo mucho apetito.

Naruto tampoco. Quería ocuparse de sus problemas con Sakura de alguna manera. Pero ahora no era el momento. Y quería ver a Rui. Dios, sólo un día como padre, y ya estaba preocupado por su hijo. Se lo quitó de la cabeza. Su hijo estaba a salvo con la familia Hyuga. Ellos eran tremendamente ricos y tenían conexiones muy poderosas. Cuidarían de Rui. Pero los hermanos Hyuga no eran las únicas personas poderosas a las que conocían.

—¿Conseguiste hablar con Sasori o Deidara? Lo intenté ayer por la noche, pero ninguno contestó.

Sasuke asintió con la cabeza, apartando finalmente la vista de Sakura. Afortunadamente, la pregunta dirigió la atención de su hermano a otra parte.

—Estaban…ocupados anoche.

Naruto tomó un largo sorbo del café del sitio de comida rápida. Era bazofia, pero aún era mejor que algunos que había tomado en el pasado. Podía apostar como habían estado ocupados Sasori y Deidara. Tenían intereses de negocios en los Estados Unidos, pero amaban a las mujeres americanas. Montones de ellas. Y les gustaba compartir. Ese era sólo un motivo por el que ellos habían afianzado su amistad.

—¿Qué dijeron?

—Están en la ciudad. Tienen una reunión con Black Oak sobre las nuevas refinerías en Bezakistan. Van a venir aquí y traerán algún material con ellos. Teléfono vía satélite, el mejor equipo informático, un coche nuevo y un montón de dinero en efectivo. Y teléfonos móviles. No quiero que Hinata sepa nuestro número después que dejemos la ciudad. Es mejor para todos. También traerán algunas tarjetas de crédito y pasaportes por si acaso tenemos que dejar el país. Sé que no podemos permanecer en un sitio durante demasiado tiempo, pero creo que vale la pena encontrarnos con ellos antes de movernos.

Sakura abrió los ojos como platos.

—No puedo dejar el país sin mi bebé.

—Sakura, haremos lo que tengamos que hacer para mantenerte con vida. —Naruto no quería dejarla ir de nuevo. Se ponía enfermo al pensarlo, pero ella tenía más oportunidades de mantenerse con vida en algún lugar lejano.

Ella sacudió la cabeza frenéticamente.

—No, no puedo dejar el país.

Sasuke frunció el ceño.

—Te sorprenderás de lo que puedes hacer cuando te atan y te lanzan a un jet privado.

Naruto miró a Sakura durante un momento. Estaba cansada, a pesar de haber dormido.

Estaba escrito en los círculos bajo sus ojos. Seguía siendo la cosa más bonita del mundo para él, pero se veía frágil, atormentada. Y muy asustada. Juntaba las manos con fuerza en el regazo.

—¿Qué es lo que no nos has dicho, dulzura?

—¿Cómo lo sabes? —preguntó Sakura.

Porque la había estudiado cuidadosamente. Él tenía una mente brillante y una memoria muy buena. Cada intercambio que habían tenido, él lo había mantenido vibrante y vivo en su mente.

—Te retuerces las manos cuando estás preocupada o insegura.

También lo hacía cuando no quería confesar cosas. Como hizo esa noche en la que había admitido que era virgen.

Sakura separó las manos.

—Malditos hombres perspicaces. Alguien me envió un mensaje de texto al móvil ayer por la noche. Tenía mi bolso en la bolsa de pañales de Rui y cuando fui a dejarle, lo cogí.

El teléfono tenía fotos de Rui y pensé que tenerlo era inofensivo. No estaba planeando llamar a nadie. Pensé que si sabíais que él había contactado conmigo, tiraríais el teléfono, por lo que no dije nada. Pero entonces vosotros empezasteis a hablar de algo que sonaba como dejar el país… —suspiró, entonces metió la mano en el pequeño bolso que Tenten le había entregado y sacó el teléfono. Sakura se lo tendió con los ojos llenos de lágrimas—. Sabía que tenía que decir algo. Sólo quiero mis fotos.

Sasuke agarró el teléfono.

Naruto se sentó al lado de Sakura. Dejaría que Sasuke hiciera su trabajo de investigación mientras él sostenía a su mujer. Incluso si rechazaba serlo, todavía pensaría en ella de esa manera. Esta era una de las alegrías de compartir. Siempre habría uno de ellos manejando los negocios, lo cual liberaba al otro para consolar o proteger a la mujer.

—Cariño, nadie va a quitarte las fotos, pero vamos a apagar cualquier cosa que envíe o reciba una señal. Todavía serás capaz de mirar las fotos y utilizar algunas aplicaciones.

—¡Hijo de puta! —La maldición de Sasuke resonó a través de la habitación—. Maldito sea.

Voy a matar a ese maldito perro hijo de puta. Voy a desgarrarle en pequeños pedazos con las manos desnudas y los empujaré hacia abajo en su garganta chupa-mierda.

—Guau, sabe un montón de malas palabras —dijo Sakura con los ojos abiertos como platos.

—Y no tiene miedo de utilizarlas —dijo Naruto arrastrando las palabras—. ¿Qué dice el mensaje?

Sasuke dejó el teléfono y cogió el suyo, el teléfono desechable e imposible de rastrear que Shikamaru le había dado. Marcó un número y siguió maldiciendo.

Sakura miraba a Sasuke pero habló con Naruto.

—Dijo que sabía que ibais a tratar de sacarme del país, pero que si vosotros pedíais favores para llevarme al extranjero, él no tendría otra opción que ir tras Rui.

Naruto cerró los ojos, maldiciendo mentalmente, utilizando las mismas palabras que su hermano había utilizado.

—Kabuto sabía que finalmente se nos ocurriría este plan.

—¿De verdad ibais a enviarme lejos?

Él odiaba la manera en que temblaban sus labios, el dolor en su voz. Odiaba el hecho de que ella estuviera tan asustada.

—Sí. Hablamos sobre eso mientras dormías. Íbamos a enviarte con unos amigos que podrían mantenerte a salvo. Una vez que estuvieras en su país, Neji iba a volar él mismo con Rui hacia Bezakistan. No tuvimos tiempo suficiente para llevarlo a cabo al comienzo y el hijo de puta lo sabía. Ese es el motivo por el que sólo nos dio veinticuatro horas. Pero aún ese podría ser el mejor plan.

Ella negó con la cabeza.

—No. Le creo. Nos perseguirá.

Naruto enarcó una ceja arrogante.

—No podrá cogerte en Bezakistan.

—No puedo estar allí el resto de mi vida —dijo Sakura, la frustración era evidente en su

tono—. Quiere matarme. No entiendo por qué, pero tengo que luchar contra esto. No puedo arriesgarme a dejarle ir tras mi hijo, ni siquiera por un segundo. A menos que mates a este capullo, estaremos mirando por encima del hombro durante el resto de nuestras vidas, preocupados de que esté apuntándonos.

—Le mataré, Sakura. No dejaré que nada os pase a ti o a nuestro hijo—juró Sasuke, colgando el teléfono.

Ella estuvo callada durante un momento.

—¿Exactamente quién es este hombre?

—Un puto muerto—dijo Sasuke con el rostro todavía enrojecido.

Sakura se giró hacia Naruto.

—¿Podrías decírmelo por favor? Sin los golpes de pecho del gorila.

Él no quería. Hubiera sido mucho más fácil si sólo pudiera mandarla con Sasori y Deidara y después recogerla cuando todo se hubiera terminado. Entonces no tendría que admitir cuanto la habían cagado.

—¡Dímelo! Tengo el derecho de saber por qué este hombre me quiere muerta.

—Generalmente manejamos los problemas de seguridad para las empresas—explicó

Sasuke—. Pero en este caso, estábamos ayudando a que nuestros amigos de Bezakistan encontraran a su prima, como te hemos explicado.

—Konan, sí. —Ella hizo un ademán con la mano como restándole importancia, ciñendo la manta sobre el pecho—. Ahora dime el resto de la historia.

Naruto respiró hondo y se lanzó.

—Kabuto cree que somos responsables de la muerte de su padre.

—Eso es una gilipollez. Ojalá hubiera sido así. Hubiera disfrutado apretando el gatillo

—gruñó Sasuke—. Pero no, fui un buen chico y mandé al capullo a prisión. Si hubiera sabido que estaría muerto tan pronto, le hubiera disparado yo mismo, y a Kabuto justo después, y terminaría con la maldita miseria de todos.

Naruto miraba fijamente a su hermano.

—Lo que Sasuke está intentando decir a su manera neandertal es que el viejo Orochimaru era un hombre muy malo y que un rival le apuñaló y le mató detrás de las rejas.

—Tuvo lo que se merecía. El cabrón traficaba con mujeres jóvenes. Proveía los pedidos de los clientes y las vendía a los burdeles de toda América del Sur. Compraba y vendía chicas para cumplir fantasías masculinas, las convertía en prostitutas y esclavas sexuales.

—Sasuke ni se inmutó.

Pero Sakura lo hizo. Se puso visiblemente pálida.

—Oh, Dios mío. Es horrible.

—Una sola palabra no puede describir esa clase de infierno —continuó Sasuke—. Nos vimos involucrados porque hicimos algún trabajo de seguridad para Bezakistan cuando éramos Navy SEALs. Algunos extremistas secuestraron al jeque Al Mussad y le rescatamos.

—¿Por qué? ¿Es un dictador? ¿Cómo ha entrado Orochimaru en esta foto? ¿Estaban ellos juntos en los negocios?

Naruto se echó a reír ante la idea.

—¿Pain? No. No es un dictador y nunca haría daño a una mujer. Y ciertamente nunca se metería en negocios con Kabuto. Aunque he de admitir que su familia tiene una larga historia secuestrando mujeres. Sin embargo, todas las mujeres terminan siendo unas novias muy felices. Tal y sus hermanos fueron educados en Londres, por lo que él dirige Bezakistan como un negocio. Un negocio ridículamente rentable. Es un pequeño país. Pero están sentados sobre una gran cantidad de recursos. El padre de Pain decidió repartir la riqueza hace muchos años. Cada ciudadano del país recibe una parte del dinero del petróleo que extraen. Es el país con renta per cápita más alta del mundo.

Ella se mordió el labio inferior mientras consideraba lo que él dijo:

—¿Entonces por qué iba alguien a secuestrarle?

—La región no ve con buenos ojos la manera en que la familia real dirige el país. Seadhieren a algunas prácticas muy antiguas.

—Oh. La poliandria. Sí, sé que los países vecinos piensan que es un pecado mortal.

—Sí. —Sasuke le sonrió con suficiencia—. Pero el pecado mortal de todos los hermanos deuna familia que comparten una sola mujer significa que no hay que dividir el reino o la riqueza. De todos modos, mi equipo fue enviado para rescatar al jeque. A nuestro gobierno no le gustaba la idea de un líder menos amistoso controlando todo ese petróleo.

Los ojos de Sasuke se oscurecieron como siempre que pensaba en ese día. Naruto estaba seguro que él era el único al que su hermano le había explicado toda la historia.

—Pain estaba en mal estado cuando le rescatamos. Estuvimos atrapados durante un par de días bajo fuego hasta que salimos.

—Hasta que os las arreglasteis para matarlos a todos. —Su hermano todavía tenía pesadillas.

Sasuke se encogió de hombros ante eso.

—Da igual. Nos separamos de mi equipo y le saqué de allí. De todos modos, nos hicimos amigos. Él trabaja mucho con Black Oak Oil, la compañía que Neji y Shikamaru dirigen con su hermano, Kiba. Cuando estaban buscando una empresa para manejar la seguridad externa, Pain nos recomendó.

—Por lo que cuando su prima desapareció en Nueva York, nos pidió que la buscáramos

—explicó Naruto—. La mañana que te dejamos, acabábamos de tener noticias de que Orochimaru tenía una chica para nosotros.

—Por lo que utilizasteis un apellido falso cuando estabais investigando al padre de Kabuto —dijo Jessa—. Nunca me dijisteis la verdad porque…

—Estábamos aparentando ser hombres que buscaban comprar una esclava —dijo Sasuke sin rodeos—. Teníamos que construirnos toda una tapadera que pudiera ser corroborada por la gente de Orochimaru. Cualquier cabo suelto podría haber desarmado todo el caso.

Naruto hizo una mueca ante la manera poco delicada en que su hermano lo exponía Todo.

—Tuvimos que trabajar muy cuidadosamente para conseguir que el viejo Orochimaru hablase con nosotros. Pasaron meses antes que el cauteloso hijo de puta aceptara una reunión. Tomamos posesión de nuestra "esclava" casi tres horas después de dejarte esa mañana. Mientras hacíamos la compra, lo grabamos todo y lo enviamos a los federales.

Eso empezó toda una tormenta de mierda. El FBI tomó por asalto las instalaciones de Delgado y arrestó a Orochimaru. Él fue asesinado en prisión seis semanas después.

—Y ahora su hijo quiere que vosotros sintáis su dolor. —Los puños de ella apretaron los pliegues de la manta.

—Sí. Él descubrió que eras nuestra debilidad. Estoy seguro que empezó a investigarnos.

No le debió llevar mucho tiempo averiguar que contratamos a un detective privado llamado Rock Lee para que te siguiera la pista mientras estábamos fuera. Y aparentemente le sobornó para mantenernos alejados.

—¿Qué quieres decir? —Sakura miraba entre los dos como si buscara respuestas.

Sasuke se pasó una mano por el pelo.

—Recibíamos informes periódicos, Sakura. Supimos que te fuiste a Escocia y Rock Lee dijo que te habías casado allí.

La amargura brotaba del interior de Naruto. Tanto tiempo perdido. Kabuto le había costado de formas que Naruto no podría haber imaginado. Kabuto se había asegurado que no estuviera en el nacimiento de su hijo. Que no hubiera sostenido la mano de Sakura y la reconfortara. Que no hubiera estado cuando Rui se despertaba en medio de la noche. El maldito Kabuto había jugado con ellos como peones en un tablero de ajedrez.

Sakura puso los ojos en blanco, un pequeño resoplido escapó de su boca.

—Él es el motivo por el que seguíais insistiendo que Madara era mi marido. ¿Entonces ese detective privado estaba en la nómina de Kabuto?

—Correcto. —Suspiró Naruto—. Y Rock Lee no se molestó en mencionar tu embarazo.

Habríamos venido. Íbamos a dejar América del Sur después de rescatar a Konan y volver contigo. Pero él dijo que estabas casada… —Se encogió de hombros—. No teníamos nada por lo que llegar a casa excepto un maldito apartamento vacío, entonces decidimos quedarnos y rescatar a tantas chicas como pudiéramos.

Ella negó con la cabeza.

—Fui a Escocia a principios de marzo. Eso fue mucho después que me dejarais sin una simple llamada telefónica o un correo electrónico. O incluso una pizca de verdadera información sobre vosotros. No intentéis cubriros las espaldas ahora. Podríais haberos puesto en contacto conmigo, preguntarme sobre mi "matrimonio". Entiendo que estabais haciendo algo importante. De verdad que lo entiendo, pero yo también era importante.

Bueno, pensaba que lo era. Ahora me doy cuenta de mi error. Fui una estúpida pequeña virgen que pensó que sexo significaba amor.

Esto era lo que él había querido evitar.

—Sakura, te dijimos que te amábamos. Aún te amo. Sasuke todavía te ama.

Ella se puso de pie, dejando el café y el bocadillo detrás.

—También me dijisteis que volveríais a por mí, por lo que perdonadme si encuentro vuestra devoción eterna difícil de creer. Mentisteis en todo, Naruto. Sois dos hombres peligrosos que se divirtieron con una pequeña virgen que fue lo suficientemente tonta como para quedarse preñada. Estoy segura que fue una conquista interesante, pero eso es todo lo que fue. Me voy a duchar. No, no estáis invitados. Sólo atrapad a ese tipo para que pueda volver con mi hijo y vosotros podréis seguir con vuestras vidas.

Sasuke extendió la mano y le agarró el brazo.

—Si crees que vamos a dejarte ir cuando esto acabe, no nos conoces.

Ella se apartó.

—Sí, bueno, ya que acabo de saber vuestro verdadero apellido y ocupación en las últimas veinticuatro horas, creo que puedo decir con seguridad que tienes razón. Nunca os conocí realmente. Ahora déjame ir. ¿No necesitas limpiar tu arma o disparar a los tipos malos o algo así?

Sasuke la soltó, como si se hubiera quemado. Ella se dio la vuelta y se dirigió al cuarto de baño, su cara estaba marcada con líneas de terquedad. La puerta se cerró con un pequeño golpe.

—Eso estuvo bien. Sabes que podrías atenuar el modo cavernícola. —Naruto miró su bocadillo, pero su estómago se revolvió. Entendía por qué Sakura no quería comer.

—Sí, bueno, tu actuación de chico agradable tampoco está funcionando. No voy a dejar que se aleje. Nos pertenece. Es la madre de nuestro hijo. No me voy a sentar y decir adiós con la mano mientras ella se va. Tan terco.

—Ni yo, pero no creo que atarla vaya a funcionar en este caso.

—No veo por qué no. No puede irse si está atada a la cama con los dos metidos profundamente en su interior.

La cabeza de su hermano podía ser tan malditamente dura que ni siquiera una motosierra podría penetrarla.

—La cagamos. Estábamos preocupados por su seguridad y la cagamos. No quisimos que supiera de nuestro trabajo o contarle cuan a menudo tenemos nuestras manos ensangrentadas. Deberíamos haberle contado todo, pero mantuvimos las bocas cerradas.

Sasuke bajó los ojos.

—Sí, bueno, ¿habría importado? Has visto como ha reaccionado ahora. Alguien tan dulce como Sakura no necesita un hombre tan duro como yo. Nuestro trabajo es peligroso. No soy bueno para Rui y ella.

—No está cabreada por nuestro trabajo. Está furiosa porque no la llamamos. Y al minuto en que creímos que había un obstáculo, la dejamos ir. No debimos haber creído a Rock Lee o renunciar a Sakura sin comprobar lo de su "esposo" por nosotros mismos. Nosotros provocamos esto. Nosotros tenemos que arreglarlo.

El cuerpo entero de Sasuke se desinfló.

—Tú deberías trabajar en esto con ella. La amo, pero soy demasiado rudo. No encajo en la vida que se merece. Estoy segurísimo que no puedo criar a un hijo, no cuando su mamá cree que no soy nada más que un pistolero hijo de puta.

—No dejes que gane el tío Martin. Cualquier mierda que te dijera, que no eres digno de ser amado y deseado. ¿Estabas escuchándola, maldita sea?

Pero Sasuke había terminado. Naruto pudo verlo claramente. Su hermano se dio la vuelta.

—Tengo que hacer una par de llamadas más. ¿Conseguiste lo que necesitabas del disco duro?

Naruto sintió que sus manos se apretaban en puños. Sabía cuánto significaba Sakura para su hermano. Sasuke se había ido dos días de borrachera el día en que se enteró que ella se había casado con otra persona. Naruto no estaba seguro de que desde entonces no hubiera estado tratando de matarse. Había sido temerario. Peligroso. Nunca cerca de las mujeres que habían salvado, pero desde que supo del matrimonio de Sakura, había estado asumiendo riesgos que nunca antes hubiera tomado. Sasuke había aceptado su pérdida no porque no la amara, sino porque no creía merecérsela o que ella alguna vez le pudiera corresponder.

Sasuke se giró hacia él, su boca era una línea delgada.

—Mataré a Kabuto. Será mi regalo de bodas para vosotros. Le mataré por ella aunque sea lo último que haga.

Naruto temió de repente que las palabras de Naruto resultasen ser excesivamente ciertas.

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Once meses antes, 14 de febrero—Nueva York

—¿Qué dijo? —preguntó Sakura, su mente no era capaz de registrar realmente las palabras de la doctora.

La mujer de mediana edad se veía totalmente competente con su bata blanca.

—Está embarazada.

Encinta. Embarazada. Preñada. Abandonada.

—Pero estaba tomando anticonceptivos—balbuceó ella.

La doctora se encogió de hombros. Trabajaba en una clínica barata para mujeres.

Obviamente había oído todo eso antes.

—Ningún método anticonceptivo es cien por cien efectivo. Observé en su informe que usted vino y obtuvo la receta hace unas siete semanas. ¿Nuestra farmacéutica le explicó cómo funcionaba? Usted tenía que tomarlas cada día.

Ella no era estúpida.

—Lo sé.

—¿Y utilizó condones durante el primer mes? A las hormonas les lleva algún tiempo hacer efecto en su cuerpo. —La doctora enarcó las cejas por encima de sus sensatas gafas.

—¿Ella lo repasó todo con usted?

Sakura negó con la cabeza, la realidad comenzando a afianzarse.

—Le dije que no necesitaba una charla. Llegaba tarde a una reunión. Pensé que sabía lo que hacía.

—¿Nunca ha tenido amigas que estuvieran tomando la píldora? —preguntó la doctora, cruzándose de brazos.

—No. —Nunca había tenido verdaderas amigas, punto. No desde sexto cuando su padre decidió que ella era demasiado inteligente para estar detrás de sus amigas. Ella había estado adelantada, pasando por los cursos sin ni siquiera pensar en su vida social. No había tenido ninguna. Había estudiado y cuando podía, trabajaba en su arte. Había sido demasiado joven para ser amiga de sus compañeras de clase. Se había acostumbrado a estar sola.

Excepto durante una semana cuando ella había pensado, sólo por un momento, que no lo estaría nunca más. Las lágrimas cayeron por sus mejillas.

—Oh, cariño —dijo la doctora, su comportamiento cambió en un momento—. Va a ir bien. ¿Puedes llamar al padre?

¿Cuál? Ella negó con la cabeza. Ahora no iba a profundizar en su relación de ménage.

—Perdí su número.

La doctora cogió la mano de Sakura.

—Deberías buscarle. Debería saber lo que ha pasado. Mira, tienes opciones.

—No. Quiero a mi bebé.

—Bien. No eres una niña. Tienes un trabajo. Puedes venir aquí para tus citas. Todo va a estar bien. Pero él debería saberlo.

La doctora le estrechó la mano tranquilizadoramente y la dejó para que se vistiera.

Veinte minutos después, ella salía, el aire frío de Manhattan la azotó directamente en el pecho. Lo que no le había dicho a la doctora es que ya había tratado de encontrarles.

Después que perdió el número de teléfono, había intentado buscarles. Sabía que vivían en Dallas. Sabía el nombre de su empresa.

Excepto que no existía. Ni ellos tampoco.

Caminó hacia el hotel donde tenía que explicarle a su dulce pero caprichosa tía que estaba de nuevo en problemas. Ella fue zarandeada y empujada por la muchedumbre.

Estaba rodeada por una multitud, pero estaba sola. Ellos no iban a volver. La habían utilizado y por lo que parecía ser de la manera más cruel posible. Si sólo le hubieran dicho lo que querían, ella se podría haber ido de todos modos, pero no se hubiera enamorado. Habría protegido su corazón.

Pero le dijeron que estaban enamorados de ella.

Una pequeña mentira despiadada.

Estaba sola. Excepto que ya no lo estaría más. Su mano fue hacia el vientre. Nunca estaría sola de nuevo. Tendría a alguien que la necesitaría, a quien no podría decepcionar.

Había pasado semanas revolcándose en su propia miseria con lágrimas, pero ahora no podía hacerlo. Tenía un bebé en el que pensar. Tenía una vida que construir. Se dio la vuelta. No quería hablar todavía con su tía. La propietaria de la galería le había hecho una oferta muy interesante. Una que había rechazado porque eso la llevaría a Escocia y había estado esperándoles.

No esperaría más. Ellos se habían ido. Habían mentido. Estaban fuera en algún lugar y era una buena apuesta que hubieran continuado con sus vidas, encontrado otra mujer o dos.

Era el momento de construir su propia vida… y una para su bebé.