Capítulo 7
Hoy—Dallas, Texas.
Sakura terminó de secarse el cabello y se miró al espejo. No estaba segura de reconocer a la mujer que se la quedó mirando. Se veía cansada y más mayor de lo que en realidad era. Se sorbió la nariz. Había llorado en la ducha, la presión simplemente demasiado difícil de manejar. Todo su mundo se había puesto patas para arriba en el transcurso de algunas pocas horas y era muy difícil de manejar.
Sakura echaba de menos a Rui. Su ausencia era una herida abierta en su pecho. Era media mañana, la hora en que, por lo general, ella metía el lienzo en la sala de estar para atrapar la luz suave y pura que venía a través de las ventanas. Ella tararearía y hablaría con Rui mientras él jugaba y dormía la siesta en su corralito azul y blanco. Las horas pasarían volando mientras mezclaba sus colores y daba vida a las imágenes en su cabeza. Pero no trabajaría hoy. Y su última serie había desaparecido, destruida por un hombre con el que se había encontrado menos de un minuto hacía más de un año. Cinco grandes lienzos completamente quemados. Dos más pequeños también, destinados a una galería.
Ella intentó quitárselo de encima. No necesitaba el dinero en este momento. Su cuenta bancaria estaba bien de salud. Y nunca habría vendido las obras grandes. No las habría expuesto allí ante la remota posibilidad de que alguien reconociera a los hombres que había pintado con líneas remarcadas, trazos anchos y colores vibrantes e intensos. Su agente las había visto y las había llamado modernas y eróticas. Le había dicho que podría venderlas en un santiamén por un dineral, pero Sakura se había negado.
Ahora el punto era discutible. Ellos se habían ido, como sus pinturas, sus videos, todos los juguetes de Rui y la cuna que ella misma había armado.
No sólo estaba cansada. También estaba enojada. Furiosa.
Sakura se envolvió en la bata que había hallado en su pequeño bolso. El cuarto de baño, a pesar del agua caliente que había usado, estaba frío. Había olvidado traer sus ropas, pero la bata era grande y cálida. No tan cálida como había estado cuando se despertó en medio de la noche con los grandes brazos de Sasuke rodeándola. Ella había oído a Naruto trabajando cerca, en silencio, sus manos tecleando en el ordenador. Había sentido sus ojos posados sobre ella.
Y se había acurrucado más cerca. A pesar de todo el trauma de la noche, con Sasuke abrazándola, se había sentido lo suficientemente segura para volverse a dormir casi al instante. Cuando se había despertado esta mañana, los brazos de Naruto habían sido los que la abrazaban.
Se oyó un golpe en la puerta de entrada y a Sakura casi se le salió el corazón por la boca. Ella respiró profundo cuando oyó a Sasuke saludar a un hombre que llamó Deidara.
Sus amigos de Bezakistan. Unos con quienes ellos habían querido que ella se escondiera. Sakura abrió la puerta y entró en la pequeña habitación. Si dejaba a Naruto y Sasuke, ellos la arrollarían por completo y no tendría nada que decir en su protección. No iba a permitir que eso sucediera.
Dos hombres increíblemente hermosos, con cabellos y ojos oscuros, y piel dorada entraron tranquilamente, uno llevando un bolso de lona repleto. Ella les clavó la mirada. Ambos podrían haber salido de las páginas de una revista. Altos, delgados, y vestidos de manera impecable. Uno de ellos era ligeramente más ancho que el otro, con un aire como de halcón. El otro parecía un poco más joven que su hermano, su rostro sólido bien parecido. Tenía una sonrisa traviesa, apenas perceptible.
—Hola. Tú debes ser Sakura —dijo el más joven suavemente, de algún modo calmándola al instante mientras cruzaba el cuarto en dos zancadas—. Soy Deidara al Mussad. Es un enorme placer conocerte.
Oh, ella le creyó. Era uno de esos hombres que podía hacer que una chica se sintieracomo la única mujer en el mundo. Tomó su mano entre las de él, rodeándola.
—Hola.
Él sonrió y sus labios se curvaron haciendo que todo su rostro cobrara vida.
—Eres tan bella.
—Corta esa mierda ahora, Deidara. —Sasuke la apartó de un tirón de Deidara.
Maldita sea. Incluso tan bello como este hombre era, ella se sentía atraída por dos malditos tíos que se veían idénticos, uno era una persona muy locuaz, el otro este Neandertal clavando dagas con los ojos a su amigo.
—Ella no va a Bezakistan con vosotros—dijo Naruto.
El hombre más alto frunció el ceño.
—¡Qué pena! A ella le iría bien allí. Le podría conseguir entre tres y cinco maridos muy de prisa. De hecho, Pain la amaría. Él tiene un asunto con las pelirosas. Ella podría salvar nuestro reino. Ya sabes que sólo nos han dejado un año más.
—Ella es nuestra—dijo Naruto con un pequeño gruñido.
—¿Entre tres y cinco hombres?—jadeó Sakura—. No puedo manejar dos.
Los labios del hermano mayor se curvaron, pero ella no lo llamaría exactamente una sonrisa. En cambio, la expresión prometía toda clase de decadentes placeres.
—Creo que te sorprenderías de lo que podrías manejar si eres correctamente preparada. Confía en mí. Sé cómo preparar a una mujer.
—Y yo sé cómo preparar un cuerpo para la sepultura—dijo Sasuke mirando ceñudo.
—Realmente lo sabe—agregó Naruto con voz profunda y tenebrosa—. Y yo también.
El otro hombre los ignoró.
—Soy el príncipe Sasori, segundo en la línea al trono de Bezakistan. Y porque mi hermano debe a Sasuke su vida, lamento que debamos privarnos de llevárnosla a mi país para seducirla.
Deidara enarcó una ceja.
—Seducirla es un pensamiento tentador, pero ella es la madre de su hijo. Honraremos nuestra deuda.
—Por supuesto. —Él se volvió hacia Naruto y Sasuke—. Reconsidera enviarla con nosotros.
La mantendremos a salvo, nos aseguraremos de que nadie la toca. Ella puede desaparecer en el palacio. Nuestro jet está listo.
—Aprecio la oferta, pero no puedo salir del país—explicó Sakura.
El rostro bien parecido de Sasori se cubrió con lo que ella pensó era desaprobación. Él agitó una mano en su dirección, pero le habló a Sasuke y Naruto.
—¿Dejaréis que vuestra preciosa joya tome semejante decisión por sí sola? ¿Por qué no está amarrada? Tengo una cuerda si la necesitáis.
—Y una mordaza—ofreció Deidara—. Sería terrible cerrar esa boca bonita, pero se ve muy
capaz de gritar.
—También muerdo—prometió Sakura. Seh, ella podía ver porque todos estos tíos congeniaban con los hermanos Uchiha.
—Estoy seguro de que Sasuke tiene su propia cuerda y me sorprendería si él no hubiera amordazado a muchas mujeres a través de los años—dijo Sasori.
Sakura negó con la cabeza.
—Es igual, señores. No puedo abandonar el país o esté hombre vendrá detrás de mi hijo. Nunca recuperaré mi vida hasta que tratemos con este bastardo. No me iré. Ahora me gustaría saber exactamente lo que está pasando. ¿Nos estamos mudando? ¿Hemos descubierto algo acerca de dónde está este tal Kabuto?
Naruto cruzó los brazos sobre el pecho.
—Esa es mi chica. Y Sasori tiene razón con respecto a Sasuke. Él es excelente con un nudo. Ahora, ¿qué habéis averiguado vosotros dos?
Deidara se enderezó, de repente viéndose más profesional.
—En primer lugar, Sasuke preguntó más temprano por tu teléfono, Sakura. Hemos confirmado que nadie ha activado el dispositivo de rastreo. Deberías estar a salvo. Ahora, con respecto a Kabuto, hemos descubierto algunas cosas. Sabemos que tiene un jet privado. La Agencia Federal de Aviación muestra que el jet de Kabuto presentó una solicitud de vuelo ayer por la noche para una pequeña comarca en las afueras de Alburquerque. Ellos aterrizaron. No sé dónde fueron desde allí, pero para un vuelo corto, no tendrían que presentar otra solicitud. Pero debéis saber que también descubrí que Kabuto posee varios negocios en el área de Dallas-Fort Worth.
Él ritmo cardíaco de Sakura se triplicó.
—¿Está aquí? ¿En la misma ciudad que mi hijo?
Sasuke extendió una mano.
—Rui está a salvo. Neji está mudando a toda la familia a su penthouse. Ellos poseen un piso con ascensor privado. Si fuera necesario, pueden aislar el piso del resto del edificio y clausurar el hueco de la escalera. Y si realmente estamos preocupados por Rui, Neji prometió llevarlo a Alaska. Nadie entra y sale de River Run sin que el pueblo entero lo sepa. Todo va a estar bien.
Pero Naruto tenía el ceño fruncido.
—Tenemos amigos en Alburquerque. Un par de miembros de nuestro viejo equipo de SEAL viven en las afueras de allí. Desde el punto de vista de Kabuto, sería una buena apuesta que hubiéramos escapado hacia allí y potencialmente, escondiéramos a Sakura con ellos.
Los dedos de Sasori daban golpecitos sobre uno de los maletines que había traído.
—O es una trampa. Cuando cazo, sirve que la presa crea que estás en un lugar cuando en realidad estás en otro. Todo lo que digo es que vosotros deberíais ser precavidos. Sería fácil para él conducir de aquí a Albuquerque, o ir en avión.
—He cubierto nuestras huellas—sostuvo Naruto—. No he utilizado una tarjeta de crédito. El vehículo no puede llevarlos a nosotros. Él nos podría haber seguido desde D.C. y averiguar que volamos a Dallas con Neji Hyuga, pero luego, no tendría forma de saber dónde estamos. Dallas es una ciudad grande.
—A menos que él tenga a alguien en la nómina de Black Oak—caviló Sasuke.
—Voy a hablar con Neji sobre eso. —Naruto frunció el ceño, pero abrió uno de los portafolios y sacó un teléfono nuevo. Lo sostuvo hacia ella—. Ahora tenemos aproximadamente diez de estos. Desecharemos los que provienen de nuestras oficinas por si acaso uno de los bastardos se acerca a Hinata. Usaremos uno por día o algo así, luego los desecharemos. Quédate aquí con Sasori y Deidara por el momento. Sasuke va a cambiar las matrículas del coche. Yo voy a explorar el área. En un par de horas vamos a largarnos de aquí y nos dirigiremos a Louisiana. Tenemos un amigo cajún allí, un verdadero profesional de la seguridad y un excelente Dom. Él tiene un lugar en el pantano. Vamos a alejarnos de la civilización, amor.
—También tiene un montón de cuerdas—dijo Sasuke arrastrando las palabras mientras
seleccionaba una nueva matricula de las que Deidara había traído. De hecho, las bellezas de Oriente Medio habían traído una auténtica variedad de artículos para ayudar a ocultar la identidad de una persona. Después de terminar de seleccionar una, Sasuke se la quedó mirando, la mirada seria, sombría… completamente cerrada—. Sé que estás asustada y enojada, Sakura. Pero déjame sacarte de esto. Y luego no tienes que volver a verme.
Bien, él había renunciado con bastante facilidad. Así que tal vez ella nunca había significado mucho para él. ¿No había querido que ellos se largaran? Sí. Entonces, ¿por qué esas palabras hacían que le doliera el corazón?
Sakura se tragó la furia y se obligó a encogerse de hombros, negándose a darle la satisfacción de ver que había herido sus sentimientos.
—Perfecto.
El rostro de Naruto se cerró en banda y cuadró los hombros.
—Vamos, hermano. Tenemos que largarnos esta noche. Sakura, quédate aquí. Y por el amor de Dios, come algo. Sé que no quieres. Ni yo, pero no vas a ser un lastre porque no puedes ver más allá de tu propia miseria. Ya tenemos a uno de los miembros del equipo que parece dispuesto a hacer eso. No necesito otro.
Naruto cerró de un portazo detrás de su hermano.
Él tenía razón. Tan terrible como la comida sonaba para su estómago revuelto, necesitaba estar fuerte para poder volver con su hijo. Rui le importaba. Sasuke y Naruto no. Tenía que seguir diciéndose eso.
—Así que tú eres Sakura. —Deidara se sentó en la silla ante la única mesa de la habitación. Era una cosa inestable, pero él la hacía parecer casi elegante.
—Lo soy. —Ella deseaba que uno de los gemelos se hubiera quedado. De repente, era brutalmente consciente que estaba sola en un cuarto de motel con dos desconocidos muy viriles que compartían a sus mujeres y todo lo que ella llevaba puesto era una bata.
—Hemos estado escuchando a esos dos gimiendo por ti durante un año completo—le explicó—. Bueno, Naruto gemía. Sasuke, simplemente, estaba ensimismado más pensativo que lo habitual.
Ella se sirvió el último sándwich. Su estómago se revolvió.
—Creí que ellos estaban en Sudamérica durante el último año. No en Oriente Medio.
Sasori se la quedó mirando. Su encanto natural parecía haber desaparecido.
—Nosotros no estábamos en Oriente Medio, al menos según nuestros vecinos. A ellos no les gustan nuestras… costumbres. —Se encogió de hombros—. Apenas nos importa. Los hermanos Uchiha han estado en Sudamérica. Debido a la operación de rescate que emprendieron, hablábamos con ellos a diario. Tú pareces tener la impresión que esos hombres han estado montando una fiesta.
Hablando de acusaciones. Al menos la idea de una buena discusión le hacía parecer más fácil comer. Ella tragó el primer bocado y agarró una botella de agua.
—Me doy cuenta de que estaban trabajando.
Deidara se inclinó hacia adelante.
—Ellos arriesgaban su vida a diario. Nosotros los contratamos, así que nos sentimos un poco responsables de la situación en la que se encuentran. Después de todo, andaban buscando a nuestra prima.
—Konan. —Ella recordaba el nombre que ellos le habían dado y se preguntaba por la mujer—. ¿Se encuentra bien?
Rafe suspiró, un sonido de pena honda que llenó la habitación.
—Ella está viva.
—Fue brutalmente tratada. —Deidara entrelazó sus manos como si estuviera dándose fuerzas—. Ella ocultó sus lazos con nuestra familia porque quería una vida normal. Es una chica hermosa, tanto por dentro como por fuera. Nuestra pequeña prima siempre fue una rebelde.
—A veces creo que dejó Bezakistan, porque no había suficientes personas sojuzgadas a las que ella pudiera ayudar. —Sasori se paseaba mientras hablaba—. Quería salvar al mundo y el mundo le demostró que no quería ser salvado.
—Eso no es verdad—argumentó Deidara.
Sasori negó con la cabeza, un gesto breve y algo brusco. Sakura habría apostado que ésta era una discusión muy gastada.
Deidara hizo un gesto con la cabeza hacia su hermano.
—Perdónalo. Todavía está enojado. Yo también, pero sé que con el tiempo, Konan lo superará. Ella volverá a vivir. Su mente y su corazón sanarán. Pero sólo porque Naruto y Sasuke la salvaron. —Él se masajeó el entrecejo como si tratara de apaciguar el ceño fruncido—. Cuando se marchó a estudiar se negó a tener un destacamento de seguridad. No está en la línea del trono, por lo que no pensamos que estuviera en verdadero peligro. Desapareció seis meses de su año lectivo. Se la llevaron porque pensaron que no tenía familia y los putañeros necesitaban a una mujer de ascendencia de Oriente Medio. El burdel de Orochimaru la vendió porque le gustaba mantener una variedad de mujeres para su clientela.
Allí se fue su apetito de nuevo. La idea de una joven siendo vendida la hizo estremecerse. Su corazón se compadeció de la mujer.
—Siento mucho oír esto.
—Ella estaba drogada. Todas las chicas eran alimentadas con una dieta constante de mierda química. —Sasori escupió las palabras como balas—. Rogó por drogas durante semanas después de que volvió a casa. Estaba reducida a piel y huesos, pero todo lo que quería era otra dosis. Esto es sólo una de las muchas cosas que le hicieron. Aún tiene horribles pesadillas…
—Cuando Sasuke y Naruto la encontraron, estaba cautiva con otras quince mujeres— continuó Deidara, su voz volviéndose dura por primera vez—. Me complace yacer desvelado durante la noche y pensar en todas las cosas que tus hombres hicieron a los hijos de puta que mantenían cautivas a esas mujeres en contra de su voluntad. Sus descripciones fueron gratamente detalladas. Tengo una vívida imagen en mi cabeza.
—No puedo imaginar por lo que pasó Konan. —Tembló a pesar de la bata, sintiéndose muy mal por la joven. Incluso después de que se hubiera salvado, era obvio que todavía tenía un camino duro por delante. Orochimaru había estropeado muchas vidas, y ahora su hijo parecía decidido a mantener el negocio familiar.
—No, no puedes—contestó Deidara—. Y no quiero que lo hagas. Pero te estoy pidiendoque tengas en cuenta que el trabajo de ellos fue vital para nosotros y para las familias delas otras chicas que rescataron. Sí, ellos se sacrificaron. Pero Naruto y Sasuke salvaron vidas.
Jessa se envaró.
—Oh, por supuesto que su trabajo era importante. No lo discuto. Y habría entendido la verdad. Pero el hecho es que me mintieron.
—¿Habrías entendido? ¿En serio?—preguntó Deidara con tono ligeramente arrogante, como si él ya hubiera decidido la respuesta a la pregunta.
Así que la habían juzgado.
—Habría hecho mi mejor esfuerzo. Tal vez suene egoísta para vosotros, pero también quería ser importante.
—Ellos creyeron que tú habías sido reclamada por otro hombre—dijo Sasori.
—Algo que pudo haber sido aclarado si me hubieran dado un nombre verdadero o incluso me hubieran llamada una sola vez. —Ella sentía las lágrimas amenazando. Dios, no quería sentir este agujero enorme y doloroso en el pecho. Quería no sentir nada en absoluto por ellos—. Si hubiera sabido lo que estaban haciendo, habría orado en las noches por ellos. Los habría amado, pero no me dieron la oportunidad. No confiaron en mí lo suficiente.
Los ojos de Sasori se suavizaron un poco.
—Los hombres a veces no somos las más inteligentes de las criaturas. Tomamos decisiones que creemos son las mejores para proteger a nuestros seres queridos. Y a veces, cometemos errores. Eso no quiere decir que no conozcamos nuestros corazones. Si te han dicho que te amaban, quisieron decir eso.
—Son buenos hombres. Los mejores que conozco —dijo Deidara con suavidad—. A veces son ásperos, pero eso no quiere decir que no tengan ternura para ti y para tu hijo. Sería una lástima si ese niño nunca conociese a sus padres.
Ella miró a Deidara echando chispas por los ojos. Eso no era justo. ¿Se suponía que debía perdonar a Naruto y Sasuke en el mismo instante en que volvieran a entrar en su vida? Ellos le habían costado un año terrible de pena y dolor, y nunca le habían dado elección.
—Lo gracioso es que, si me hubieran preguntado si me arriesgaría a ir con ellos a Sudamérica, lo habría hecho. O me hubiera quedado aquí y hubiera esperado, tan difícil como podría haber sido eso. Habría hecho lo que fuera que me pidieran. Pero no me dieron a elegir.
Sí, probablemente estuviera siendo terca, pero mientras más pensaba en ello, más enojada se ponía. Por supuesto que eran héroes, no tenía dudas. ¿Pero eso significaba que se suponía los aceptara de nuevo sin recelo? ¿Qué pasaría la próxima vez que ellos tuvieran una "misión" que considerar? ¿La dejarían atrás durante meses o más aún sin mensajes? ¿Decidirían que su hijo estaba a salvo y simplemente se volverían a marchar, esta vez para siempre? Ellos no sólo la dejarían abandonada. Romperían el corazón de Rui también.
No, ella no creía que pudiera correr ese riesgo. No estaba segura que estuviera dispuesta a volver a confiar en ellos. Y eso la enojaba muchísimo porque ella quería confiar. Quería arrojarse a sus brazos y suplicarles que la amaran, que nunca la volvieran a abandonar. Aunque la habían dejado embarazada y sola, todavía soñaba con ellos. Todavía se despertaba gritando sus nombres.
Se limpió las lágrimas enojada. Esta vez, no iba a escuchar a su estúpido corazón. No podía permitírselo. Ya no era una niña. Ahora era una madre.
Sasori se enderezó el abrigo.
—Lo siento si me extralimité. Solo esperaba darte algo en lo que pensar. Quiero que sepas que si necesitas cualquier cosa, nosotros te ayudaremos.
Deidara se puso de pie.
—Sin duda. Todo lo que tienes que hacer es llamar.
—Vosotros no me conocéis. ¿Por qué lo haríais? —Estos hombres la confundían.
Obviamente, eran poderosos, sin embargo parecían preocuparse genuinamente por Sasuke y Naruto, que eran básicamente empleados. Eran de la realeza, en la línea de sucesión al trono, pero estaban poniendo en riesgo sus vidas para ayudar a otros.
—La familia real de Bezakistan tiene una deuda con los hermanos Uchiha por salvar a uno de los nuestros. En realidad dos, dado que Sasuke también salvó a mi hermano, Pain— explicó Deidara—. Cuando le pregunté cómo los deberíamos recompensar, ¿sabes lo que tus hombres pidieron?
Sasori negó con la cabeza.
—Mi hermano les habría dado millones. Ellos no quisieron nada.
Más lágrimas. ¿Nunca pararían?
—Sé que ellos no pidieron dinero.
Ellos no lo harían. Querrían ser pagados por el trabajo, no por salvar una vida. Sakura lo sabía en lo profundo de su alma.
Sasori la miró con seriedad.
—Los conoces mejor de lo que piensas. Nos pidieron que financiáramos el resto de su operación, sin embargo no aceptaron dinero para ellos. Querían salvar a tantas mujeres como pudieran. Siete mujeres han sido reunidas con sus familiares. Y otras tres familias al menos ya no tienen que preguntarse qué pasó con sus hijas o sus hermanas.
—Ellos hicieron un trato desigual—explicó Deidara—. Nosotros no sólo teníamos que pagar por sus viajes y sus gastos, sino por esas mujeres, para que vieran a un asesor y su rehabilitación de las drogas.
—Pagaría más millones para que eso nunca hubiera ocurrido. —Sasori la miró sombríamente—. Nunca he dicho esto a Sasuke o Naruto, pero nosotros no consideramos nuestra deuda pagada. Esto es algo que habríamos hecho independientemente. Un día, los recompensaremos. Dices no conocer a esos hombres, pero cuando te pregunté, inmediatamente supiste que ellos no harían lo que era fácil. Busca en tu corazón. Quizá es a ti misma a la que no conoces.
La puerta se abrió y Naruto entró frotándose las manos. Su cara empalideció cuando miró a Sakura.
—Cielo. ¿Por qué estás llorando?
—Vamos a dejaros solos ahora—dijo Sasori, haciendo un gesto a su hermano para marcharse.
Deidara lo siguió.
—Te deseo lo mejor, mi amigo. En todas las cosas. Trae a tu familia al palacio cuando esto termine… o antes. Siempre eres bienvenido en nuestro país.
Ellos se marcharon, palmeando el hombro de Sasuke mientras entraba con el rostro pálido.
—El coche está listo, pero preferiría mantenerme oculto hasta que oscurezca. Si ellos nos ven, entonces les será mucho más difícil seguirnos una vez que el sol se haya puesto.
Son alrededor de seis horas desde Dallas a Lafayette y otra hora hasta el pantano. He hecho todos los arreglos. —Sasuke hablaba, pero no había inflexión en el tono de su voz. Podría haber estado hablando del clima.
Era tan fácil para Sasuke cerrarse en banda. Él parecía ser un profesional de eso. ¿Qué pasaría si ella destruía la barrera y se acercaba al verdadero hombre? Algo enojado echó raíces en su tripa. Algo malvado e inquieto hizo que su corazón se contrajera.
—Sakura, cielo, ¿dime por qué estás llorando? —Naruto le agarraba la mano, sus ojos buscando en los de ella.
Sasuke vino de repente por el otro lado, luciendo listo para exigir. El cuerpo femenino saltó. Cualquiera que fuera la razón, ella siempre estaría compenetrada con ellos. Podía percibir el miedo de ambos, su furia con Kabuto. La necesidad de mantenerla a salvo. Y de abrazarla.
Dios, ella quería el consuelo que le ofrecían silenciosamente. La conexión que sentía con ellos estiró el brazo con un grito silencioso, con casi doloroso anhelo. Ella penaba por una hora para nada más que sus consuelos, sus caricias. Quería atravesar las defensas de Sasuke.
Pero no podía aceptar su ternura. Y no podía admitir que los quería y que probablemente nunca quisiese a otro hombre. Ellos lo interpretarían como una rendición, y ella tendría que trabajar el doble para convencerlos de dejarla salir de sus vidas. Si aceptaba besos tiernos y palabras suaves, volver a arrancarlos de su corazón podría ser imposible.
Pero ella los deseaba de nuevo, por última vez. Ella apartó la mano de Naruto y miró ferozmente el reloj. Faltaban horas antes de que oscureciera. Horas antes de que escaparan. Sonrió para sus adentros. Deseaba a Naruto y Sasuke en este mismo momento. En sus términos. Y sabía con exactitud cómo persuadirlos para dárselo.
-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-
Ocho meses antes, 5 de Abril – Dallas, Texas
Sasuke se quedó mirando a Hinata. De ninguna manera él la había oído bien. No le gustaba la mujer, pero era inteligente y hacía funcionar bien la oficina. Aun así, ella cometía alguna tontería. Tenía que estar equivocada en esto.
—No. —Naruto se quitó de encima la mano de Hinata—. No lo entiendo.
Ella puso una mano en el hombro de su hermano, sus ojos ablandándose con simpatía. Cuando parecía que estaba a punto de repetir lo dicho, él se sintió perdido y muerto. Exactamente como su corazón.
—Esa mujer que encargaste al señor Rock Lee seguir, se casó—murmuró ella.
Las palabras aún no parecían cuadrar a Naruto, pero Sasuke las escuchó. Alto y claro. Ellas resonaban en sus oídos. Casada. Con otro hombre. Su Sakura. No, ya no más su Sakura. A menos de cuatro meses después de que la habían dejado con besos y promesas de volver, ella no sólo había empezado a salir con otro hombre, se había casado con él, había atado su vida a la de él. Le había dado su amor eterno.
—Lo siento mucho, Naruto—dijo Hinata, dando un paso atrás. Ella miró a Sasuke, sus ojos apartándose en silencio.
Hinata siempre dirigía la palabra a Naruto, el caballero. Sasuke no podía recordar una vez que ella lo hubiera mirado a los ojos, como si tuviera miedo de lo que encontraría allí. No era ninguna sorpresa. Ella lo veía como un bárbaro violento.
Hinata colocó una carpeta de papel manila sobre el escritorio delante de él.
—No sé de que va esta mujer que os tiene enredados, pero según este informe, está felizmente casada, así que si ella es uno de vuestros proyectitos, ya no tenéis que preocuparos más.
Naruto agarró el informe antes de que Sasuke pudiera agarrarlo. De todos modos él no estaba seguro de querer verlo. Si hubiera fotos de la feliz pareja, probablemente esto le entraría en la cabeza. Y podría imaginar vívidamente a Sakura con alguien más, hablando palabras de devoción. Haciendo el amor, entregándole su cuerpo a él noche tras noche. Regalándole todas sus sonrisas luminosas y su risa cálida.
Sasuke se dio vuelta y se alejó. No quería ver el puñetero informe. Quería ver a Sakura. Podría tomar un avión y estar en New York en sólo un par de horas. Podría plantarse delante de ella y preguntarle si alguna vez ellos habían significado una maldita cosa para ella. Él y Naruto la habían amado. Ninguno de los dos había pensado en tocar a una mujer desde que se alejaron de Sakura. Al parecer ella había hecho muchísimo más que pensar en eso. Mierda.
Naruto bajó bruscamente la carpeta.
—Lo siento mucho, Naruto—dijo Hinata—. No quería enviaros esta carpeta. Pero tenía que ser honesta. ¿Quién es ella?
Naruto negó con la cabeza mientras su mirada se endurecía.
—Al parecer, nadie especial.
Nadie especial. Sólo una mujer que amaría por el resto de su vida. Le dolía el corazón. A pesar de que lo ponía furioso, la voz en su cabeza preguntó: ¿En serio tenías la esperanza de que ella te esperase? A nadie le importas una mierda, mucho menos a una criatura hermosa y talentosa como ella. Estúpido bastardo.
Haciendo una mueca, miró a su hermano. La cara de Naruto estaba cerrada en banda.
—¿Naruto? ¿Hay algo que pueda hacer?—preguntó Hinata—. Debéis estar muy cansados. Puedo hacer reservas para la cena. Necesitáis comer.
Naruto negó con la cabeza.
—No, gracias. No tenemos hambre. Devuélvenos en un avión a Colombia.
Los ojos de Hinata se abrieron de par en par, sus labios formaron una mueca.
—Pero si acabáis de llegar, Naruto, y tus heridas no están completamente curadas.
Una fría máscara profesional se deslizó por el rostro de Naruto. Sasuke estaba seguro que el suyo reflejaba esta desolación.
—Danos un momento.
Hinata asintió de mala gana y salió de la habitación.
—Quiero ir a New York—espetó Sasuke.
—¿Qué probaría? Y de acuerdo con ese informe se ha mudado.
—Quiero poner los ojos sobre ese hijo de puta. ¿Cuál es su nombre?—exigió Sasuke.
Naruto se rió sin humor.
—Madara. Es de Escocia.
¿Ella se había casado con alguien llamado Madara?
—Ella no puede estar hablando en serio. Tenemos que ir.
Podrían hablar con ella, obligarla a decirles por qué había prometido esperar cuando era evidente que no había tenido intención de estar allí cuando ellos regresaran a casa.
Mierda, él aún la amaba. No quería dejarla ir, pero no podría soportar verla con ese hombre que los había reemplazado en su corazón. No podría ver un anillo en su dedo y saber que él no lo había puesto allí.
—No podemos ir, Sasuke. —Naruto se restregó una mano por el pelo—. Ella nunca llamó.
—Nosotros tampoco la llamamos. —Él lamentaba ese hecho diariamente, pero hubiera sido muy peligroso.
—¿Cuándo íbamos a llamar, tío? Hemos estado trabajando de manera clandestina durante meses. Tenemos que enfrentar los hechos. Ella no nos amaba. Se acabó. Joder. — Naruto se dio la vuelta. Caminó hacia el escritorio y levantó el teléfono—. Rafiq al Mussad, por favor. Sí, dígale que soy Naruto Uchiha y que necesito que me llame pronto. Vamos a volver a Colombia dentro de poco. Necesitamos reunirnos con él.
Sasuke se quedó mirando por la ventana. Lo separaban kilómetros de Sakura, pero aunque estuviera delante de él ahora, no sería capaz de alcanzarla.
Su futuro se había terminado. Necesitaba un trago.
Naruto continuaba haciendo planes, pero Sasuke podría ver el resto de su vida trazado en un plan claramente delineado. Luchar. Luchar. Morir. Solo. Tal vez salvaría a algunas pocas personas, pero la única mujer que podría salvarlo estaba perdida.
