Ana y los Catorce Caballeros:

CAPTULO UNO:

Cazando al Viento.

Veinte años después...

Ciudad de Caracas, Estación Terminal de Las Adjuntas (3:15 PM):

Seguía caminando entre los rieles del Metro, con el cuerpo completamente empapado y la mirada fija en un punto del horizonte. Transitaba aquel lugar abandonado con paso lento y tenso, como si supiera que algo malo se avecinaba y no le quedaba otra opción que esperarlo. Se sentía completamente frustrado, ya que esta era la segunda vez en su vida en la que tenía que esperar en un punto con los brazos cruzados, mientras otra persona luchaba en contra de un dios maligno; tal y como habia sucedido con Poseidón veinte años atrás. Y el hecho de que lloviera a raudales no lo ayudaba a concentrarse completamente en la misión que le habian asignado.

Si alguien lo hubiera visto en ese momento, le habría llamado la atención la peculiar apariencia de aquel hombre y se hubiera burlado de él a causa de su cabello exageradamente largo y de color lavanda, o de los dos puntos de color rojo que sustituían sus cejas. Pero ese no era el caso, ya que él se hallaba completamente solo en aquel lugar, gracias al apagón que habia ocurrido en la mañana y se habia prolongado hasta ahora. Agradeció a Athena por este milagro, ya que no estaba seguro si su poder sería suficiente para proteger a tanta gente inocente; pero eso era todo lo que podía agradecer por ahora, ya que habia un hombre luchando sólo contra el enemigo y aún habian civiles a su alrededor, que se reguardaban de la lluvia en sus hogares o en los locales próximos. Lo que significaba que no podía darse el lujo de hacer improvisaciones en el plan que él habia trazado cuidadosamente con Shura y Aioros.

Se detuvo a doscientos metros de la estación de metro, y enfocó su mirada por sobre la línea del horizonte al notar algo que desapareció al instante. Unas gotas de agua cayeron en sus ojos, y se vio obligado a cubrirse con la mano para evitar que esto volviera a suceder, mientras inspeccionaba el cielo con su aguda vista. Un punto luminoso de color dorado apareció entre las nubes, moviendose a gran velocidad hacia donde él se encontraba. Aquella cosa emanaba un aura tan agresiva que le producía escalosfríos al lemuriano, quien a pesar de sentir la presencia de uno de los suyos en el cielo se mantuvo en su lugar.

-¿Qué estás esperando Aioros? Baja de una buena vez. Se dijo así mismo impaciente y preocupado por la vida del joven caballero de Sagitario.

Su voz fue apagada por un ruido ensordecedor parecido al de un avión de combate rompiendo la barrera del sonido. Y una esfera brillante y dorada apareció de golpe, y descendió a toda velocidad hacia donde él se encontraba. Al instante el lemuriano se rodeó de una especie de aura del mismo color de la esfera, y se vio forzado a adoptar una postura de combate, en la que separó los brazos de su cuerpo para concentrar todo su poder en sus manos. Todo se iluminó como si el cielo estuviera en llamas, y el calor que emanaba aquella esfera dorada convirtió las gotas de lluvia en vapor. A tan sólo unos pocos segundos antes de que el choque fuera inminente, el extraño apuntó su mano derecha hacia el cielo y gritó:

-¡Stardust Revolution!.

¡¡KABOOM!!

Cualquiera hubiera esperado que la lluvia de estrellas fugaces que salió de la mano de aquel ser, se estrellaría en contra de la inmensa bola luminosa y la destruíría por completo. Pero lo que realmente sucedió, fue que aquellas ráfagas doradas se perdieron en un punto sobre las nubes mientras que la bola dorada pasaba sobre su cabeza y se estrellaba a unos cuantos metros del extraño, liberando una enorme cantidad de calor y energía. La onda expansiva de aquel choque hizo que todo volara por los aires, incluyendo al extraño de cabellos lavanda, quien terminó estrellándose en contra de unos rieles de acero que conducían a la estación. El golpe fue amortiguado por su aura dorada, que desapareció al instante en que su dueño tocó el suelo; evitando así que el lemuriano recibiera algún tipo de herida de gravedad.

Aquel escudo no le hizo inmune al dolor, por lo que la caída no fue una experiencia agradable. Cuando abrió los ojos, se halló bocabajo y sobre una superficie caliente, completamente sucio y el rostro cubierto por sus largos cabellos, que se enredaron alrededor de su cuello y su cabeza formando una especie de maraña de aspecto sucio.

-Arrg...¡por Athena!. Se quejó él adolorido, levantándose de una salto con lo poco que le quedaba de fuerzas para alejarse del metal caliente lo más rápido posible.

Hizo lo que pudo para quitarse aquel turbante de pelo de encima; y cuando su vista estuvo libre, sus ojos se posaron sobre el cielo y notó que la intensidad de la lluvia estaba disminuyendo. Repentinamente recordó el objeto que se habia estrellado, y giró sobre sus talones con dificultad para ir a su encuentro lo más rápido posible. A unos cuantos metros de él se encontraba un cráter poco profundo que emanaba vapor que se mezclaba con la lluvia. El lemuriano se movió con dudosa agilidad entre los escombros que dejó aquel choque para ver lo que se hallaba en el interior del cráter; y se asombró al ver a Aioros inconsciente y con la boca cubierta de sangre.

Sin pensarlo dos veces se deslizó hacia donde estaba el chico, y confirmó sus signos vitales antes de tantear su espalda para buscar posibles fracturas en su columna vertebral. Suspiró aliviado cuando no encontró nada, y procedió a colocar al muchacho bocarriba para que este pudiera respirar mejor. Pero al darse cuenta de que el chico no volvía en sí, el lemuriano comenzó a moverle un hombro y a hablarle con tono imperativo, con la esperanza de éste le respondiera:

-¡Aioros! Aioros despierta, soy yo, Mu de Aries -pero al ver que no le respondía, Mu tragó saliva y procedió a hablarle nuevamente pero con un tono de voz más alto- ¡despierta muchacho!¡despierta!.

-Mmm

Aioros abrió los ojos con dificultad, y se dio cuenta de que algo de color azul obstaculizaba su visión. Apenas pudo deducir que era una rodilla, cuando sintió que alguien alzaba la mitad de su cuerpo con lentitud. Sintió que lo llamaban, y sus ojos se enfocaron en el rostro sucio de Mu, quien no dejaba de agitarlo por los hombros para que terminara de volver en sí. El lemuriano notó que algo no andaba bien, ya que Aioros tenía la mirada puesta en un punto sobre sus hombros, como si hubiera algo detrás suyo.

Por instinto, usó lo que le quedaba de poder para teletransportarse junto con Aioros, y cuando apareció a unos cuantos metros de distancia, se estremeció por el sonido que produjo un camión de carga que se estrelló en contra del cráter en que se encontraban hace pocos segundos. Mu tenía a Aioros en sus brazos cuando notó una sombra proyectándose sobre ellos, y apenas pudo distinguir un gran objeto metálico que descendía en caída libre sobre ellos, cuando éste fue literalmente cortado en dos por una fuerza invisible, cuyo filo era más poderoso que cualquier arma sobre la faz de la tierra.

¡PAM!

Cuando las dos mitades del segundo camión de carga se estrellaron en el suelo, Mu protegió a Aioros con su cuerpo para evitar que éste fuera herido por los trozos de metal que volaron por los aires. El lemuiano notó una presencia conocida a sus espaldas, y giró su cabeza para dirigirle la palabra:

-Shura. Dijo Mu sorprendido.

Mu encontró a un hombre de cabellos cortos y oscuros que caminaba hacia ellos con paso firme. Tenía la mirada en Aioros, quien luchaba por mantenerse en pie luego de que Mu lo colocara en el suelo. Los tres alzaron sus miradas al sentir la presencia de una fuerza sobrenatural que los miraba desde el cielo con furia. Shura se detuvo justo al lado de ellos y le preguntó a Aioros con tono seco:

-¿Estás grave?.

Aioros se limitó a negar con la cabeza, ya que no estaba seguro si la batalla que tuvo con el dios Euro en los cielos le produjo algún tipo de daño interno, que no podía sentir por culpa de la adrenalina. El caballero dorado estaba débil por culpa de la batalla y el esfuerzo al que estuvieron sometidos su cuerpo y su cosmoenergía; lo cual lo obligaba a apoyarse en el lemuriano, a causa del fuerte mareo y el temblor de piernas que aparecieron pocos segundos después de que se pusiera en pie.

Shura no pudo intercambiar más palabras con sus compañeros porque el cielo se oscureció nuevamente, gracias al poderoso cosmos del dios Euro. Los tres caballeros dorados se pusieron en guardia, a pesar de que dos de ellos no se encontraban en buenas condiciones. Shura fue el primero en atacar, luego de rodearse de un aura dorada más intensa que la de Mu. Saltó varios metros en el aire, lanzando tres ataques hacia el cielo: uno con su brazo derecho y dos con sus piernas, dando vueltas sobre sí para lanzar las mortales patadas. El rastro luminoso del ataque de Shura se perdió entre las nubes como sucedió con el Stardust Revolution de Mu, e hizo que el cielo estallara con una serie de relámpagos y truenos cuando alcanzó su objetivo.

Repentinamente, el ambiente fue saturado por un poder que los estremeció. Los tres apenas pudieron ver con claridad como algo descendió de los cielos a gran velocidad y en línea recta, fracturando la superficie de concreto cuando aterrizó de forma violenta en medio de la estación de Metro. Aquella cosa tenía forma humana, y estaba cubierta de una hermosa armadura alada de color cobre, que junto con su fría mirada, su rostro sangriento y la carencia de cualquier expresión amigable en su rostro, le daban un aspecto intimidante. Tanto Shura como Mu se prepararon para atacar, luego de que éste último colocara a Aioros detrás suyo, ya que el muchacho estaba cediendo al agotamiento físico; pero el enemigo se les adelantó, y los atacó con una poderosa onda expansiva que el dios formó al barrer el aire con su mano derecha.

Los rieles, los hangares, los trenes y la estación, todo fue barrido en un segundo por aquella mano divina, como si un tornado hubiera aparecido en medio de la capital. Sin embargo, no logró destruir a sus objetivos, por culpa de una habilidad especial de Mu.

-Maldito Lemuriano. Murmuró el dios furioso, al darse cuenta que habían desaparecido del lugar usando la teletransportación.

Minutos después... en el centro de la ciudad, parroquia La Candelaria:

Los tres caballeros cayeron sobre el húmedo asfalto junto con los restos de unos escombros arrastrados por el ataque del dios Euro. Shura maldijo al dios del Viento del Este, mientras soportaba un fuerte dolor que recorría todo su pecho como si fueran pulsos de electricidad. El caballero dorado estaba en posición fetal sobre la acera; y como pudo, tanteó su pecho para determinar la causa de aquella sensación que lo tenía paralizado. Contuvo las ganas de gritar cuando sintió que una costilla cedió ante sus dedos, y sospechó que ese no era el único hueso que tenía fracturado; por lo que decidió soportar el dolor para ver como se encontraban sus compañeros.

Aquella calle vacía contrastaba con la destrucción que el dios habia dejado en el oeste de la Capital, y que él no habia podido detener porque su limitado poder le impedía seguirle el rastro a Aioros, tal y como lo habian planificado. Se avergonzó de sí mismo al pensar que él, Shura de Capricornio, el más fiel de los Doce, no estaba al nivel de un dios menor como Euro; y juró que esto no se quedaría así. Colocó su cuerpo bocabajo y vio la viga que posiblemente lo golpeó en el pecho, causándole las fracturas que ahora tenía. Notó un rastro de sangre en la acera que lo guió hasta donde se encontraba el caballero de Aries, con el cuerpo encogido y las manos que cubrían su rostro, cubiertas con sangre que goteaba entre sus dedos. A pesar de que tenía dificultad para respiras, Shura se acercó al lemuriano para ver cual era el origen de aquella hemorragia; y se arrodilló a su lado antes de apartar sus manos del rostro.

Se sorprendió al ver a Mu con el rostro manchado de sangre que salía de sus labios, su boca y algunos cortes que tenía en las mejillas. Observó el resto del cuerpo del lemuriano, y salvo por algunas cortaduras en su piel, no habia nada grave de que preocuparse; así que supuso que Mu también fue víctima de los escombros barridos por la mano divina de Euro.

-Mu ¿qué te sucedió en la boca?. Preguntó Aioros con tono débil, mientras intentaba sentarse sobre la acera, a pocos metros de ellos dos.

-¿¡Qué demonios!?. Dijo Shura sorprendido al ver que Mu escupió una mezcla de saliva, sangre y trozos de dientes sobre la acera.

Aioros abrió los ojos como platos con una mezcla de asco y sorpresa en su rostro; por su parte, Shura ayudó a Mu a ponerse en pie, y lo guió hasta donde se encontraban unos bancos de cemento. Al darse cuenta de que Aioros le estaba siguiendo los pasos, el caballero de Capricornio le preguntó mirándolo por el rabillo del ojo:

-¿Te sientes bien Aioros?. Preguntó Shura mientras Mu se limpiaba la boca con su camisa.

-Estoy un poco mareado, pero puedo continuar con la batalla. Respondió el muchacho con una leve sonrisa cuando se detuvo delante de Mu.

-¿Y tú?-preguntó Shura a Mu con tono serio-¿te sientes capacitado para seguir luchando?.

-Uhhm -contestó Mu con un gruñido y afirmando la cabeza-...

Mu arrancó un pedazo de tela de su camisa y lo introdujo en su boca para contener la hemorragia. Aioros sonrió con ese gesto por parte del caballero dorado, ya que no esperaba que alguien con su fama fuera capaz de introducirse un pedazo de tela sucia en la boca para seguir peleando. El joven caballero dorado le entregó los trozos de sus dientes fracturados al lemuriano, quien los miró por unos segundos con un punto alzado, antes de guardarlos en el bolsillo de su pantalón y evitar caer en la tentación de matar al dios Euro de forma poco honorable.

A pesar de que se sentía un poco mareado a causa del golpe que recibió en su rostro, Mu se levantó del banco y comenzó a caminar junto con sus dos compañeros. Sin decir nada, los tres decidieron dirigirse hacia el oeste siguiendo la avenida principal del lugar, llamada Avenida Urdaneta. El tráfico de la zona estaba colapsado por culpa de la lluvia. la cual habia sido tan fuerte que colapsó las alcatarillas de la ciudad. El cosmos de Euro se sentía a lo lejos, y se movía a toda velocidad por el oeste de la ciudad, posiblemente buscándolos a ellos para matarlos.

-Tenemos que salir de aqui, hay mucha gente inocente en este lugar. Comentó Aioros preocupado por la gente que se refugiaba de la lluvia en los locales comerciales de la zona, y que no estaban conscientes del peligro que corrían por culpa de su presencia.

-Lo sé -dijo Shura mirando a la gente y los vehículos con el ceño fruncido- Mu ¿puedes teletransportarnos hacia donde se encuentra Euro?. Preguntó él girando su cabeza en dirección al lemuriano.

El lemuriano iba a afirmar con un movimiento de su cabeza, pero un sonido espectral proveniente del norte, precedió la llegada de una presencia que se expresó como un frío viento que se extendió por toda la ciudad, congelando al instante todo aquello que habia sido tocado por la lluvia. Repentinamente, las gotas de agua se transformaron en un sólido granizo que empezó a caer con violencia sobre cualquier superficie expuesta. La gente vio aquel fenómeno climatológico con preocupación y sorpresa; y los pocos que se encontraban caminando por la calle protegidos por sus paraguas y ponchos, corrieron de inmediato a refugiarse del intenso frío y del granizo, mientras los caballeros dorados permanecían en el sitio con los cosmos encendidos, intentando localizar el origen de aquel temible poder:

-¡¡SHURA!!. Gritó Aioros sobresaltado cuando los brazos de su amigo se pegaron a su cuerpo de forma violenta, antes de ser jalado hacia los cielos por una fuerza invisible, que en un parpadeo atacó a Aioros y a Mu de la misma manera.

Cinco minutos después:

La ciudad entera ignoraba la batalla que se estaba llevando a cabo en el cielo capitalino, que se iluminaba con destellos blancos y dorados que aparecían de forma azarosa entre las nubes. El choque de cosmoenergía de los dos bandos generaban ondas expansivas que hacían temblar las ventanas de los edificios y vehículos de la ciudad. Nadie sabía que era aquello, ya que la gente que vivía en los extremos de Caracas, no podía escuchar los fuertes estallidos que se generaban sobre el centro de la capital.

Algunos vecinos osados se asomaban en las ventanas de sus hogares para observar mejor aquel extraño fenómeno climatológico que estaba azotando la ciudad, entre ellos se encontraba un adolescente de apariencia desgarbada, quien estaba parado en el balcón de su apartamento con la mano extendida para recoger granizo con un viejo vaso de plástico. El chico tomó su cámara digital para fotografiar su muestra, pero algo en el cielo captó su atención: era demasiado pequeño para ser un avión, pero se movía hacia el edificio con una velocidad tan alta como la de los jets supersónicos. Cuando vio que aquel objeto volador iba directo hacia su edificio, el pánico congeló las piernas del adolescente; quien cayó al piso cuando el objeto hizo una voltereta en el aire para evitar chocar con el edificio, al tiempo que estrellaba un objeto pequeño en contra de éste, el cual derrumbó las paredes externas del apartemento del muchacho.

¡¡BROOM!!¡¡CRASH!!

Muchos vecinos salieron de sus apartamentos para averiguar que fue lo que sucedió sobre sus cabezas, dejando a los más pequeños y a los más ancianos dentro de sus hogares por precaución. Todos se agolparon en la puerta del apartamento 4A para llamar a sus dueños, que fueron las únicas personas que no habian salido de su casa luego del temblor. Cuando el jefe de condominio y la conserje mandaron a callar al resto de la gente que los acompañaban, pudieron escuchar voces de personas adultas en el interior, que gritaban asustadas y se lamentaban por alguien que se encontraba con ellos.

PAMPAMPAM

-¡Gabriel!¡Maria!-gritó el jefe del condominio mientras golpeaba la puerta-¿¡qué pasó allá dentro!?¿¡están bien!?.

La gente enmudeció en el momento en que la puerta se abrió lentamente, debido a que arrastraba cosas sólidas a su paso. El rostro pálido y sucio de un adolescente fue lo que los recibió entre aquella nube de polvo que salía lentamente de la puerta. Todos entraron a toda prisa, luego de que una mujer compasiva jalara al tembloroso muchacho fuera del apartamento para atenderlo. La gente se sorprendió por el desastre que habia causado el colapso total de dos de las paredes de la sala; pero lo que realmente les hizo abrir los ojos como platos fue el objeto que provocó el derrumbe: Aioros de Sagitario.

La conserje fue la primera en acercarse al caballero de Sagitario, quien intentaba ponerse en pie a pesar del dolor que sentía en su brazo izquierdo. Sintió que muchas manos lo empujaban hacia el piso cubierto de escombros para mantenerlo quieto, mientras le decían cosas en español. Aioros estaba indeciso acerca de lo que debía hacer en ese momento: o dejaba que esa turba de desconocidos lo siguieran manoseando mientras soportaba el dolor en su brazo, o se los quitaba de encima con un empujón y volvía a la batalla, a pesar de que sólo le quedaba un brazo en buen estado para lanzar sus golpes. La conserje y el resto de las personas que estaban ahi, miraron con conternación como Aioros usaba su brazo sano y sus piernas para alejarlos de él; para luego levantarse de entre los escombros con las piernas temblorosas y el rostro ensangrentado.

¡CRASH!¡PAM!

Aioros perdió el equilibrio y nuevamente cayó al piso cuando el edificio se estremeció por un nuevo choque. El joven caballero dorado sintió la presencia de Shura en el piso de abajo, y se levantó de golpe para ir en su búsqueda lo más rápido posible. Pero al sentir que los cosmos de Mu y del dios desconocido que los atrapó en la Avenida Urdaneta se acercaban a gran velocidad, se dirigió al balcón dando zancadas y posó sus ojos en el cielo nublado, ignorando a la gente que salía de este y otros edificios, víctimas del pánico.

El lemuriano estaba descendiendo en picada, golpeando el rostro del dios que habia tomado por sorpresa al caballero de Capricornio. Lo tenía sujeto por el cabello con una mano mientras que lo golpeaba con toda su fuerza con la otra, una y otra vez, aprovechando que aún le quedaba fuerzas y soportando apenas el doloroso apretón al que lo estaba sometiendo el dios del viento del Norte: Bóreas. Cuando tan sólo quedaban unos veinte metros para el inminente choque, Aioros lanzó unos golpes a la velocidad de la luz que distrajeron al caballero dorado de Aries, cuando estos chocaron contra la armadura del dios. Bóreas aprovechó esta situación para separar a Mu de él, jalándolo por los cabellos y pateandolo con todas sus fuerzas hacia uno de los edificios que quedaban al lado de Aioros.

Tras esto, el dios descendió verticalmente y se posó en medio de una plaza, con las alas de su blanca armadura extendidas como si fueran las alas de un angel. El contacto de sus pies con el suelo hizo que todo se congelara a su alrededor, haciendo que la gente huyera de él cuando algunos animales y personas fueron víctimas de su poder. Miraba los alrededores y a la gente con desdén, como si fueran ratas que huían de un barco hundiéndose. Cuando el aura fría del dios llegó al edificio, Shura volvió en sí sintiendo nuevamete un profundo dolor en sus costillas. Abrió los ojos y se halló en el interior de un apartamento en ruinas; a su lado, yacían dos cadáveres de personas que murieron al instante en el que el caballero dorado se estrellara en su apartamento por culpa de Bóreas. Al recordar el como llegó ahi, se lamentó por aquellas muertes inocentes y sintió una profunda rabia hacia su atacante, cuyo poderoso cosmos le indicaba su ubicación al caballero de Capricornio.

El caballero dorado se arrastró hasta lo que quedó del balcón, y con dificultad, se asomó hacia la calle para localizar a su enemigo. Se extrañó al ver a Bóreas parado en medio de la plaza, mirando uno de los edificios vecinos. Shura se movió un poco para ver que fue lo que estaba captando la atención del dios; y para su sorpresa, descubrió a Mu saliendo de las ruinas de una panadería que quedaba en la planta baja de la construcción, listo para un nuevo enfrentamiento. El lemuriano caminaba con mucha dificultad entre los escombros, tratando de mantener el equilibrio con cada paso que daba, mientras gotas de sangre recorrían su debilitado cuerpo. El cosmos de Mu apenas era una luz que destacaba ante los ojos del caballero de Capricornio, quien supo al instante que esta iba a ser la última batalla del lemuriano si no lo ayudaba a tiempo.

-¡Excalibur!. Gritó Shura lanzando su ataque.

-¡Atomic Thunderbolt!. Gritó Aioros usando todo su poder.

Bóreas fue arrastrado unos cuantos metros hacia atrás, sin sufrir ningún daño gracias a su armadura; y su mirada se desvió hacia el edificio en donde se encontraban Shura y Aioros. El dios sonrió ante la estupidez de esos dos mortales, y con calma, alzó su mano derecha para atacarlos con su poder congelante. Aioros, Mu y Shura se prepararon para lo que sería el final de esta batalla, cuyo resultados fueron la disminución de sus respectivos cosmos y un montón de heridas que posiblemente tendrían secuelas en el futuro, si salen de esta con vida. Pero algo cambió el final de esta batalla: Bóreas miró el cielo consternado como si alguien le llamara desde las alturas; y sin decir o hacer nada, extendió sus alas metálicas, y con dos fuertes aleteos, tomó impulso y ascendió a los cielos a toda velocidad, perdiéndose de la vista de los caballeros dorados y de la poca gente que se habia salvado de la ira del dios.

Luego de un largo y tenso minuto de silencio, los tres caballeros suspiraron cansados. Aioros y Mu cayeron de rodillas sobre los escombros para descansar unos momentos, mientras que Shura se recostaba en una de las paredes que habian quedado en pie, para cerrar los ojos y darle gracias a Athena por permitirles sobrevivir otro día y tomar venganza en el futuro. El granizo se detuvo y el sol comenzó a colarse entre las nubes nuevamente, al tanto que Aioros asomaba la mitad de su cuerpo por el balcón para ver donde y como se encontraban Mu y Shura:

-Mu ¿estás bien, amigo?. Gritó el muchacho sin importarle que la gente lo escuchara.

Cansado y limitado por los golpes que habia recibido en la cara, Mu asintió con la cabeza antes de ponerse en pie y caminar lentamente hacia la puerta principal del edificio donde se encontraban Shura y Aioros. Al mismo tiempo, el joven caballero de Sagitario descendía por las escaleras para buscar a Shura, y lo halló saliendo lentamente de uno de los apartamentos. Aioros sonrió al ver que estaba en "buen estado", y tomó el brazo izquierdo de Shura para rodearlo sobre su cuello, y así ayudarlo a caminar. Cuando llegaron a los escalones que conducían al primer piso, escucharon una voz masculina que no le pertenecía a Mu, y que trataba de comunicarse con una persona que estaba tras las puertas de uno de los apartamentos:

-¡T-te-te voy a ta-traer un cerra-jero mami! -tartamudeó del frio un muchacho de treinta y tantos años que se hallaba parado delante de una vieja puerta-¡n-no t-te preocupes, que ya v-vengo!

-Okeeeeey -respondió una voz femenina al otro lado de la puerta y con tono chillón- ¿pero mi amor, estás seguro de que puedes conseguir uno ahorita? Mira que no hay luz ni teléfono.

-¡S-sí vale, chica! Yo-yo t-tengo un primo en V-valencia q-que es cerrajero-contestó él refiriéndose a una ciudad que quedaba a 158 Km de donde ellos se encontraban-, ahorita mi-mismo le di-digo que venga. Dijo el joven sacando su celular del bolsillo con la mano temblorosa.

-¿¡Qué!?¿¡Valencia!?-gritó ella molesta por aquella broma pesada-¡no seas estúpido y ábreme!...oye...¿estás ahi?¡esto no me hace gracia Jorge! ¿¡Jorge!?

Pero Jorge ya no estaba, porque huyó al instante cuando vio a Mu parado detrás suyo, con la cara completamente hinchada y el cuerpo cubierto de sangre.

¡crack!

¡PAM!

La mujer que estaba encerrada en su propio apartamento envuelta con un montón de sábanas para protegerse del frío, vio con sorpresa como la puerta principal cayó de lleno delante de sus ojos luego de que la golpeara por última vez. Miró hacia el pasillo con los ojos abiertos como platos, y encontró a dos hombres y un adolescente heridos que la veían con expresión seria. Al reaccionar, trató de decirles algo, pero uno de ellos, de acento español se le adelantó:

-Debe "cof-cof" irse de aquí, señorita..."cof-cof" es muy peligroso ¡váya "cof"...váyase! . Le dijo Shura recóstandose en el piso por culpa del dolor.

Ella miró a Shura por unos segundos, antes de zafarse de las sábanas que tenía encima y correr hacia el interior de su hogar. Salió de allí con una mochila pequeña en su espalda y cargando un montón de cosas, que se cayeron cuando pasó delante de los tres caballeros dorados a toda velocidad. Mu, Shura y Aioros se recostaron en la pared, y suspiraron aliviados de que el edificio al fin estuviera libre de civiles. El muchacho miró a Mu y a Shura, quien le gruñó al notar que Aioros le veía con una sonrisa amplia y llena de "buenas vibras" que chocaba mucho considerando la precaria situación en que se encontraban los tres.

-Deja de "cof-cof" sonreir como un idiota y haz un plan "cof-cof" de contingencia. Le dijo Shura molesto.

-Je, ya lo tengo: nos quedamos aquí, y esperamos a que Aioria nos encuentre. Dijo el chico sosteniendo su brazo adormilado por la fractura y cerrando los ojos por el cansancio.

-Me parece bien..."cof-cof"... "snif" ¿qué dices, Mu?. Le preguntó Shura al lemuriano que poco a poco se deslizaba sobre la pared para sentarse sobre el frío piso.

-Hmmmf. Gruñó Mu para darle su visto bueno a la propuesta.

-Perfecto, porque este será nuestro refugio hasta nuevo aviso. Dijo Shura enderezandose para adentrarse al apartamento abandonado por la mujer.