Capítulo 8
En la actualidad – Dallas, Texas
Sasuke observó a Sakura, cada instinto en él sobrecargado. Estaba pensando en algo, al límite de algo. Ella lo miró ferozmente, luego caminó de arriba abajo por la pequeña habitación, sus pies pisando sin hacer ruido el suelo con pasos rápidos que le decían todo sobre su ansiedad… y su enojo.
Por supuesto que ella estaba enojada. En su cabeza, ellos le habían mentido, pero realmente no había parecido una mentira en su momento. Había sido una tapadera. Ir encubiertos era parte de su trabajo.
Pero esta tapadera en concreto les había estallado en la cara. Naruto podría ser tan optimista como quisiera. Ella no iba a regresar. No ahora que había descubierto lo que verdaderamente eran.
Mercenarios.
Odiaba esa puñetera palabra. Sonaba egoísta, lo que los hacía parecer como hombres que vendían sus servicios a cualquiera por dinero, que usaban su poderío y su fuerza, sin importar el motivo o a quien lastimaban. Él no era así, pero no podría convencer a Sakura. ¿Acaso, a estas alturas, ni siquiera merecía una oportunidad para intentarlo? Suspiró. ¿Cómo lo respetaría su hijo cuando se hiciera mayor, cuando creciera?
—Entonces, ¿cuánto tiempo prevéis que yo viva en un pantano?
Sasuke observó su paso, sus manos que se apretaban y relajaban. Ella estaba a punto de estallar y él iba a dejarla. Tal vez si ella drenara algo de su tensión de manera natural, él no estaría tentado de arrojarla sobre la cama y obligarla a tener orgasmos hasta que se relajara. A él ese plan le parecía mucho mejor, pero ella no lo deseaba. El tío había tenido razón; él no era bueno para nada. Nadie nunca lo amaría.
Sasuke cruzó los brazos sobre su pecho y se quedó mirando fijamente a Naruto.
Sasuke solo negó con la cabeza.
—¿Ni una sola palabra?
—No.
Mierda. Narutp quería hacerle morder el anzuelo para que perdiera los estribos y Sasuke se negaba a permitirlo. Naruto quería que él agarra a Sakura y le diera placer a la fuerza hasta que se derritiese en sus brazos, luego se la pasaría a su hermano, así él podría darle más de lo mismo. Pero Sasuke no iba a darle a su hermano la satisfacción de mostrarle a Sakura lo mucho que la amaba y deseaba. O de tratar de hacerla ceder y enternecerse por ellos. Era inútil. Ella no iba a regresar.
El gruñido de Naruto escapó del fondo de su garganta. Su hermano estaba realmente enojado, una sorpresa dado que Naruto raramente perdía los estribos. Ese era el trabajo de Sasuke, pero Naruto parecía dispuesto a asumir el control por él.
—Bien. Haré lo que siempre hago. Hablaré por ti. Sakura, permanecerás en el pantano durante tanto tiempo como sea necesario, hasta que nosotros te digamos que está bien que te vayas.
Los ojos femeninos se entrecerraron.
—O tal vez, llamaré a los policías. Es muy posible que él no haya podido comprarlos a todos. Tal vez yo estaría mejor corriendo el riesgo con ellos que con vosotros dos. Al menos no me mentirían.
Sasuke sintió que todo su cuerpo respingaba, como si ella le hubiera asestado un tiro. No, una bala le dolería menos.
—Tú no vas a llamar a nadie. —Naruto se cruzó los brazos sobre el pecho e intencionalmente apretujó a Sakura. Invadió su espacio, dominándola con su altura—. ¿Honestamente crees que no hemos probado todo lo que pudimos en el corto tiempo que hemos tenido? Tenemos gente llamando a los Federales, a la oficina del Fiscal de Estado, al Fiscal de Distrito de Nueva York. Estas cosas llevan su tiempo. Eso es con lo que está contando Kabuto.
—O tal vez está contando con el hecho que ha tenido meses y meses para preparar esto y sabe con exactitud lo que vosotros haréis a cada paso, como sentarse aquí y esperar que venga por nosotros. —El cuerpo de Sakura prácticamente vibraba de rabia.
—¿Crees que me gusta estar de tertulia? ¿De verdad crees que no preferiría estar fuera buscando a ese hijo de puta? Si supiera que estarías a salvo, lo haría. Pero no sé si ese cabrón está cerca, y pasearse en la mitad del día sólo es pedir que alguien nos vea. Así que hasta que oscurezca, nos quedamos. ¿Qué coño más quieres que haga, Sakura?
—Vuelve atrás un año y cambia todo. Diablos, si pudiera regresar, sería más inteligente y vería vuestro trasfondo. Debería haber sabido exactamente lo que erais. Lo puedo ver con tanta claridad ahora. —Sus puños eran pequeñas pelotas de emoción apenas contenida. Incluso los dedos de los pies parecían doblados, mordiendo la alfombra barata.
—¿Y qué somos?—la desafió Naruto—. Sácalo, cariño. Escúpelo todo.
—Sois unos mentirosos.
Sasuke cerró los ojos. Eso dolió casi tanto como la idea de que ellos eran mercenarios. ¿Pensaba que mentían a todas o sólo a las dulces vírgenes como ella, buscando afecto? ¿Ella creía que ganaban dinero salvando o quitando vidas humanas? Era probable. Le habían llamado cosas peores, pero nunca alguien que le hubiera importado.
—Estábamos encubiertos. ¿Hubieras querido que diéramos vueltas por allí repartiendo tarjetas profesionales de tíos malos?
—A la postre, no tiene importancia. Ellos parecieron descubrir quienes sois. Fueron más inteligentes que yo.
—Por supuesto que lo descubrieron. Tuvimos que presentar una tonelada de papeleo para conseguir que los federales aceptaran la evidencia que habíamos recolectado.
Tuvimos que capturar al malo. No actúes como si nosotros fuésemos los villanos en este escenario. Nosotros fuimos los que salvaron a las mujeres y tú lo sabes.
—Bueno, no me salvasteis a mí, ¿verdad?—dijo ella con mordacidad.
Sasuke sintió su corazón casi detenerse ante la pregunta. A diferencia de sus anteriores discursos violentos, esta pregunta escapó de su boca con un asomo de vulnerabilidad que le rompió el corazón. El dolor en sus ojos estaba en carne viva, como si hubiera sido restregado con estropajo de aluminio hasta que sangrara. La culpa le retorció las entrañas.
Naruto se suavizó un poco. Extendió una mano hacia ella.
—Cariño, no sabíamos que tú nos necesitabas o que estabas en peligro. En el instante en que pensamos que lo estabas, vinimos por ti.
La chica vulnerable se había ido en un santiamén, justificadamente una mujer enojada tomó su lugar.
—Yo no estaba hablando de eso, gilipollas. Estaba hablando del hecho que me dejasteis sola y embarazada, y si Kabuto no hubiera decidido que yo sería un espectacularmente buen chivo expiatorio, nunca hubierais regresado por mí.
—Lo hubiéramos hecho. —Naruto volvió a bajar las manos, los dedos crispándose como si ellos quisieran estar sobre Sakura. Sasuke conocía a su hermano. Naruto pensaba que si podía poner sus manos sobre ella, él podría allanarles el camino de regreso. Sasuke no creía que Sakura quisiera ser aplacada. Ella quería pelear y ellos eran los únicos blancos disponibles.
—¿En serio? ¿O habrías pasado al siguiente caso y a la siguiente mujer que fuera lo bastante estúpida para tragarse vuestra actuación?
—No es una actuación y habríamos averiguado sobre ti.
Ella volvió esos grandes ojos verdes sobre él. Sasuke sintió su corazón saltarse un latido.
—¿Lo harías, Sasuke? ¿En serio? ¿Habrías venido a buscarme, a una mujer que pensabas estaba casada?
—No. —Él había muerto un poco el día que había oído de su matrimonio. Un pedazo de él se había marchitado y él lo había enterrado. No habría vuelto. No habría querido verla con su esposo—. Nosotros ya lo habíamos discutido y habíamos resuelto dejarte en paz.
—Maldita sea, Sasuke. ¿Puedes pensar durante dos segundos antes de decir algo? ¿Por qué estás sentado allí? Sé que la amas. ¿Por qué estás dejando que nos destroce?
—Podemos amarla todo lo que queramos, pero no estamos juntos, Naruto. No nos puede hacer trizas porque no va a dejar que nos volvamos a acercar a ella.
Y eso dolía como el infierno. Sasuke nunca se había sentido más vivo que cuando había estado con Sakura. Con ella, él había sentido que había sido bueno en algo aparte de en su puñetero trabajo. Había sido bueno en amarla.
Después la había jodido.
Él observaba como Naruto le arrojaba palabras enojadas y ella le respondía a gritos. Sí, él la había jodido. Brutalmente. Le había dicho a Sakura la verdad. Ellos no habrían regresado. Sasuke sabía que habría aceptado un trabajo tras otro, hasta que lo mataran. Ese cabrón de Rock Lee le había mentido sobre el matrimonio de Sakura, y él se había tragado cada puta palabra. Habría ido a su tumba con el corazón destrozado, amándola… y creyendo que pertenecía a otro hombre.
—¿Has pensado en el hecho que Rui es nuestro hijo?—la cuestionó Naruto.
—Probablemente es hijo de Sasuke.
—¿Crees que me importa? ¿Qué me importa una mierda?—disparó Naruto en respuesta —. Hemos compartido todo desde el momento en que fuimos concebidos. En mi corazón, es mi hijo, y que me aspen si dejo que tú me empujes fuera de su vida.
Ella estaba cara a cara con Naruto, su cara más animada de lo que la había visto en horas. Estaba sonrojada, su cabello se soltaba de su cola de caballo con cada sacudida de su cabeza. Pequeños mechones de cabello rosa se escapaban para revolotear en torno a su rostro. Estaba tan, tan hermosa. Incluso cuando les estaba gritando, Sasuke estaba completamente fascinado con ella.
¿Podría realmente dejarlo ir… dejarla ir… porque estaba preocupado de que fuera todo lo que ella lo acusaba ser? ¿Iba a dejar que su tío siguiera burlándose de él desde la tumba? Sakura no estaba casada. Había dado a luz a su hijo. Sasuke aún la amaba. Ella se había preocupado por él una vez. Tal vez… Naruto tuviera razón.
Sasuke se detuvo y realmente la miró. Él había estado revolcándose en su propio sufrimiento y no había mirado más allá de su belleza y de su rabia. Pero ahora lo hacía. Sus ojos se entornaron. Era como si ella quisiera… provocarlos. ¿Para pelear? ¿O para algo más?
—No deberías estar en su vida para nada—insistió ella.
—¿Cómo puedes decir eso, Sakura? Es nuestro hijo. Somos sus padres.
—No os importó lo suficiente de mí para llamar y averiguar que teníais un hijo, ¿pero se supone que crea que de repente seréis los papis del año?
Naruto apretaba los dientes, claramente acercándose al final de su control.
—Ya te lo he explicado.
—Me diste una excusa. ¿Cuán difícil habría sido levantar el puñetero teléfono? —Ella se volvió hacia Sasuke—. Pasaron tres meses desde el momento en que os marchasteis y yo regresé de Escocia con mi supuesto marido. Tres meses. Noventa días en los cuales pudisteis haberme llamado. Noventa días esperando y creyendo que me habíais abandonado.
Ella lo dijo con un gruñido furioso, pero había algo más por debajo. Naruto continuó sosteniendo su causa. Sasuke frunció el ceño, trabajando para apartar su propia culpa y sufrimiento, las palabras destructivas de su tío. Él la observaba. Ella seguía azuzándolos, poniéndose más y más frustradas con cada una de las ingeniosas réplicas de Naruto.
—Admítelo, Naruto. Encontrasteis una estúpida virgen que os dio exactamente la novedad que buscabais, luego os marchasteis sin intención de regresar jamás. Habías obtenido lo que querías, habías acabado. Y tú. —Se volvió para mirar directamente a Sasuke, su mirada mezclada con cierta sensación de anticipación, como si buscara algo—. Tú estás enfermo. Pervertido.
Sasuke absorbió las palabras, pero él estaba más sereno ahora. Pensando. Observando. Ella perseguía algo, pero él no creía que simplemente fuera la manera de dejar salir su ira. Si eso fuera todo lo que buscaba, él soportaría su ira. Pero había algo en la forma en que se acercaba furtivamente y lo miraba a los ojos que le hacía preguntarse el motivo detrás de su acalorada diatriba.
—Sí. Estoy muy enfermo, nena. —Él suavizó el tono. Si pudiera apaciguarla, estando de acuerdo con ella, entonces lo haría. Pero su suposición era que su compostura sólo la cabrearía más. Si era así… él sabía exactamente lo que necesitaba—. Estoy dañado. No soy bueno para ti.
—Maldita sea, Sasuke. —La cólera de Naruto salía de él en oleadas, bombardeando a su hermano que siempre había sido capaz de sentir sus emociones violentas.
Sakura se puso rígida, su furia pareció incrementarse, no disiparse.
—¿Zurras a todas tus estúpidas conquistas? Pobre Sasuke, no puede ponerse duro sin un poco de perversión. Tiene que atar a sus mujeres o podrían escaparse.
Sakura no sólo estaba escupiendo rabia. Estaba pintándole un cuadro con sus palabras. Si todo lo que quisiera fuera que él admitiese sus pecados en su contra, él lo hubiera hecho. Pero ella continuaba azuzando.
—¿Qué? ¿No tienes nada que decir? Sencillamente no te importa, Sasuke. Supongo que no debería sorprenderme. Bajo toda esa actitud agresiva, te das por vencido. Reculas, ¿verdad? Sólo vas a quedarte allí y dejar que una mujer te reprenda a gritos. —Ella se encogió de hombros como si no tuviera importancia.
Pero la tenía y él estaba empezando a conseguir la imagen.
Naruto abrió la boca para empezar a defender el honor de Sasuke, pero él detuvo a su hermano con un movimiento de cabeza. Naruto no necesitaba gastar saliva. Toda esta mierda de Sakura no era realmente sobre él.
—Un Dom grande y malo, ¿eh?—se burló ella, azuzándolo aun más.
Las piezas encajaron, de manera inequívoca. Ella se había pegado a él durante la noche y parte de ésta, no había estado dormida. Había podido sentir su respiración cobrar un ritmo desacompasado cuando se había despertado, moviéndose de manera desasosegada hasta que él la había abrazado para forzarla a quedarse quieta. La había sentido agarrotarse durante un minuto, y se había preocupado de que le rechazase, pero Sakura simplemente se había vuelto a derretir contra él y se había dormido con sus brazos y sus piernas entrelazadas. Ella se había despertado esta mañana envuelta en torno a Naruto. Había querido consuelo, pero no lo pediría.
Esta discusión no era diferente. Estaba luchando, batallando contra él cuando él se había rendido y le había dado la victoria. Sin embargo seguía aguijoneándole, como si picotease una costra que no podía dejar cicatrizar. Porque no quería que lo hiciera. Mierda.
Si él tenía razón, ella estaba en un rincón, queriendo algo de ellos, pero no teniendo idea de cómo pelear contra su orgullo para simplemente pedirlo.
Entonces le había manipulado para conseguirlo. Ella le podría necesitar mucho más de lo que él hubiera esperado.
—No es tan duro sin esposas y una mordaza de bola, ¿verdad?—Ella lo miraba con desdén.
Sasuke probó las aguas, cruzando el cuarto para elevarse sobre ella. Cruzó sus brazos sobre el pecho e invadió su espacio personal, dirigiéndole una mirada oscura y densa.
Miles de lascivos pensamientos sobre Sakura desnuda y debajo de él, entre los dos, cruzaron por su mente. Dejó que cada uno de ellos se reflejaran en sus ojos. Alivio y excitación llamearon por el rostro femenino. Ella debería estar reculando, pero no lo estaba haciendo porque Sasuke claramente podía ver que ella no quería avivar su ira solamente. Ella había estado buscando excitar su polla, tal vez incluso su corazón. Sakura los deseaba. ¿Los necesitaba? Las próximas horas lo dirían.
Esto podría no resolver nada, pero él no iba a renunciar a su para siempre sin una pelea. Tenía la esperanza de que su tío pudriéndose en el infierno estuviera rechinando los dientes. Él se había preocupado por toda la bazofia que el viejo le había hecho tragar. Sakura podría no amarlo, pero a ella le importaba. Eso sería suficiente por ahora. Era un comienzo.
—Sakura, cierra la boca o vas a tener un severo castigo.
Aunque él había hablado en voz baja, Sakura y Naruto se callaron inmediatamente. El aire se congeló.
—Tú no tienes el derecho de castigarme. —Su respiración se aceleró y sus mejillas se sonrojaron.
Terca y pequeña sub.
—Voy a tomarlo si tengo que hacerlo. No me superes, nena.
—No me toques.
—Oh, pero tú me deseas. —Él se acercó un poco más, satisfecho por su brusca inhalación.
Entonces sus hombros se relajaron y sus ojos se suavizaron, como si supiera que iba a conseguir lo que deseaba.
—Estás equivocado.
Oh, ella estaba cavando su tumba con esas palabras jadeantes. Él sonrió.
—Tú no admitirías la verdad. Sospecho que vas a pelear conmigo, aun cuando ambos sabemos que lo deseas. Tú deseas que te folle, Sakura. Te mostré un mundo nuevo y luego te dejé sola para sufrir. No has estado con nadie desde esa noche, ¿verdad? No te atrevas a mentirme.
—Te mentiré todo lo que quiera, Sasuke. Toda nuestra relación ha sido una mentira.
—Eso es puro cuento, pero entiendo porque te sientes así. Ahora, tenemos algunas horas hasta que podamos salir. ¿Quieres sentarte aquí y entender cómo lidiar de manera razonable con esto o quieres jugar este jueguito hasta el final, hasta su inevitable conclusión? —Él se sentía mucho más tranquilo ahora. La culpa seguía allí, pero ahora podía ver con toda claridad que ella necesitaba lo que solo él podía darle.
Naruto se quedó en silencio al lado de su hermano, dejando que Sasuke tomara la iniciativa. Él clavó la mirada en Sakura con ojos entornados. Seh, finalmente su gemelo estaba en el ajo y a bordo.
—¿Y qué juego es el que crees que estoy jugando?
—Tú estás creyendo que puedes tomar el control de la relación D/s con un poco de manipulación, nena. —Y normalmente él no mordería el anzuelo, pero si esta era la única manera de regresar a ella, entonces esta vez, él cambiaría las reglas—. Estás haciendo tu mejor esfuerzo para llevarme a un lugar donde simplemente te folle y tú no tengas que consentir. Nos deseas a ambos, pero estás demasiado herida para pedir lo que necesitas. Hay un único problema con ese panorama. Esto tiene que ser consensuado. No voy a violarte, ni siquiera para fingir.
—No quiero hacer el amor contigo.
—No, tú quieres que te folle. Si te quitara esa bata en este momento, ¿encontraría tus pezones duros? ¿Estarían erectos, todos puntiagudos por mí? Si deslizara mis manos por tu cuerpo y enterrara los dedos en tu coño, ¿te encontraría húmeda y lista para mí?
Ella tragó saliva y luego intentó pasar con un encogimiento de hombros.
—Si lo estuviera, eso no significa que te ame. Significa que no he tenido nada en mucho tiempo.
—Nena, no he tocado a nadie desde que salí de ese cuarto de hotel. No tocaré a nadie más por el resto de mi vida. Te amo. Te amo con cada gramo de mí ser y moriré antes de que alguna vez tome a otra mujer.
Los ojos de ella brillaron con esperanza. Él la observó aplastarla rápidamente con dolor y miedo.
—No te creo.
—No lo ha hecho, Sakura—murmuró Naruto—. Tampoco yo he tocado a nadie en un año, cariño. En mi cabeza y en mi corazón, habría estado haciendo trampas. Aun después de que pensáramos que te habías casado con otro, no podíamos mirar a otra mujer. Tú eres eso para nosotros. La jodimos. Dejamos que nuestro trabajo y nuestras propias miserias y culpas nos derrotaran. Si lo pudiera hacer de nuevo, entonces te contaría todo.
—No puedes solucionar esto, Naruto. —Ella cruzó los brazos sobre sus pechos y luchó contra las lágrimas—. Ya no.
—No, él no puede. Nadie puede arreglar el pasado, Sakura. Sólo puedo prometer que el futuro va a ser diferente. Ahora, tienes que decidir cómo va a seguir esto. Podemos hablar. Puedo ser tierno. O puedo darte lo que los tres necesitamos.
—Si me acuesto contigo es sólo para eliminarte de mi organismo.
Las palabras lo hirieron, pero él no iba a detenerse.
—Y si me acuesto contigo, es sólo porque te amo y quiero dejar mi huella en ti. Queremos follarte con tanta fuerza, que nunca puedas librarte de nosotros. Siempre nos sentirás muy adentro de ti.
Naruto subió la declaración.
—Nunca serás capaz de olvidar lo que se siente al estar en medio de nosotros dos, estar rodeada y ser amada. Y si nosotros te follamos es porque te necesitamos. Te amo, Sakura. Quiero casarme contigo y tener más hijos, construir una verdadera familia contigo. Pero si tú necesitas llamar a esto sexo, entonces también lo aceptaré.
Había lágrimas en los ojos de Sakura.
—No te creo. Nunca te querré. Os odio a los dos.
Sasuke cerró los ojos brevemente. Había una parte de sí que se preguntaba si debería dejarla irse y permitirle encontrar a alguien que no viniera con bagaje. Ella se merecía un estilo de vida que no la aislara. Pero él silenció esa voz. Ella los había amado una vez y podría volver a hacerlo. Ahora que él sabía que los necesitaba, no sería capaz de alejarse. Sin importar lo que costara. Él extendió las manos hacia ella y la levantó en sus brazos, su peso recordándole cada cosa que había perdido durante el último año.
—Ódiame todo lo que quieras. Nosotros te amaremos lo suficiente para todos.
—Esto no significa nada—dijo ella, pero ya se estaba derritiendo en sus brazos.
Sasuke se burló
—Lo que sea. ¿Recuerdas tu palabra de seguridad?
—Que te jodan, Sasuke. —Ella escupió las palabras. Al parecer había conseguido sentirse cómoda maldiciendo. Probablemente los hubiera maldecido todos los días que habían estado lejos.
Sasuke no dejó que eso lo molestara. Ahora que conocía el juego, tenía la intención de ganar.
—Oh, llegaremos a eso. Pero yo que tú mejor primero diría la palabra segura o vamos a quedarnos aquí toda la tarde, esperando hasta que lo hagas.
—Hijo de puta—refunfuñó ella—. Resolución.
Él sonrió.
—Bien. Ahora definitivamente creo que nuestra pequeña sub requiere un poco de disciplina. Naruto, vamos a necesitar las abrazaderas. Todas ellas.
Él la arrojó sobre la cama. La bata se abrió haciendo alarde de los pechos con los que había soñado cada noche desde que la había conocido. Eran hermosos y un poco más rellenos después de haber tenido a su hijo, con la piel tan tersa que él nunca había sido capaz de olvidar la sensación de ésta. Así como en sus pensamientos, sus pezones eran pequeñas puntas duras. Y por primera vez, había una pizca de temor en esos ojos verdes.
Seh, a él también le gusta eso. Su polla latió en sus vaqueros mientras pensaba en todas las cosas sucias y explícitas que podría hacerle.
Cada músculo de su cuerpo estaba en alerta máxima. Había soñado con esto, con tenerla de nuevo. Con hundirse en su cuerpo y nunca salir.
—Ábrete la bata de par en par. Déjame ver cada puñetero centímetro tuyo.
Ella apretó la boca, y él observaba mientras se decidía si lo desafiaba o no. Finalmente, sus manos fueron al lazo de su bata, y ella lo desató rápidamente sin un asomo de seducción.
Si pensaba que eso iba a disuadirle, entonces ella tendría otra cosa avecinándose.
Cuando Sakura le reveló su cuerpo, Sasuke advirtió las diferencias. Tenía unas pocas curvas más. Unas pocas estrías y una cicatriz recta en la parte baja del abdomen.
—Tuve una cesárea. Si te molesta, entonces puedo vestirme. —Ella comenzó a ponerse la bata de nuevo, pero Sasuke le apartó las manos.
—Eres hermosa. —Todo su cuerpo respondió a ella. Cada célula en su interior se sentía como que cobraba vida después de una larga temporada de hibernación. Él había estado sobreviviendo desde el momento en que se había alejado de ella. Sólo existiendo. Ahora volvía a sentirse vivo.
Esta mujer delante de él era lo único que importaba. Sakura, su hermano y el hijo que habían engendrado juntos. Si ellos fueran las únicas personas en el mundo, estaría bien con eso. Él hizo a un lado todo lo demás. No más culpa. No más dudas. No más esconderse. Él tenía una nueva misión. Volver a hacerle el amor a Sakura.
Y Sasuke Uchiha nunca fallaba en una misión.
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Sakura contuvo el aliento. Él le había dicho que era hermosa, pero ella sabía que se veía diferente de la última vez que la había visto desnuda. Sus pechos no eran tan gallardos.
Ellos habían alimentado a un niño durante casi tres meses. Tenía cicatrices de su cirugía y estrías. Ya no era más una pequeña y perfecta virgen. Era una mujer y tenía las marcas para probarlo.
¿Era esto un enorme error? Probablemente, pero era suyo para cometerlo. Deseaba a Sasuke y Naruto. Quería recordar lo que se sentía ser deseada por última vez.
Oh, ella no iba a aceptarlos de nuevo. No podría confiar en ellos. Ellos podían dar una imagen favorable de sí mismos, pero no se atrevía a volver a abrirles el corazón. Sólo quería esta noche. Bueno, tal vez un par de noches. Unos pocos besos, caricias y recuerdos para darle calor cuando se hubieran ido de nuevo. Probablemente eso la convirtiera en una idiota, pero nunca había querido a nadie más que a ellos. Ellos la habían usado y ella aún los quería. Esta era su última oportunidad para recuperarse de ellos.
—Nena, eres tan, tan hermosa. —Sasuke se quedó con la mirada clavada en ella.
—Mierda. No creí que llegara a verte así de nuevo. —Naruto exhaló las palabras. Él estaba de pie junto a su hermano, su anterior enojo aparentemente superado. Naruto había estado dispuesto a pelear. Sasuke no. Él se había encerrado en sí mismo. Por lo visto, los muros que él había colocado entre ellos, habían enfurecido a Sakura. Pero él la había visto, había entendido su necesidad. Eso era lo único que importaba ahora.
—No he perdido todo el peso del bebé. —Ahora ella estaba nerviosa. Sin la rabia precipitándose por su cuerpo, se sentía vulnerable y un poco preocupada.
Los ojos de Sasuke se volvieron duros.
—Ni una palabra despectiva. Eres hermosa, Sakura. No permitiré que nadie te insulte, ni siquiera tú misma.
Él estaba usando esa voz con ella, la que salía de un lugar profundo y oscuro cuando tomaba el control. Era grave y rezumaba autoridad. El tono rico de Naruto era pura tentación, pero cuando Sasuke empezaba a decirle lo que tenía que hacer con ese gruñido oscuro y meloso, no podía resistirse a él.
—Pon las manos sobre tu cabeza. Ha pasado mucho tiempo y quiero inspeccionarte. Quiero aprender tu cuerpo una vez más.
Sakura se estremeció. Ella solo quería tener sexo, pero él iba a prolongar innecesariamente esto, a convertirlo en una aventura espléndida y prolongada. Una mirada a su rostro resuelto, le dijo que él no aceptaría un no por respuesta. Ella le había empujado y ahora tenía que aceptar lo que le daba. Oh, él la escucharía, pero luego haría exactamente lo que le diera la gana. Si ella iba a conseguir lo que quería, entonces tendría que jugar con las reglas de Sasuke. Se irritó, pero también encontraba una extraña sensación de seguridad en ello. No la dejaría caer, no en la cama. Cuidaría de ella. También Naruto lo haría. Podían dar una imagen favorable de sí mismos, pero aun era posible que se marcharan en el instante en que Kabuto ya no la amenazara más. Pero estarían aquí con ella ahora.
Este era el único lugar en que podía confiar en ellos.
Ella dejó que sus manos subieran, entrecruzando los dedos.
—Muy bien, nena. Ahora separa las piernas. Queremos volver a ver nuestro coño.
Quería discutir sobre eso de "nuestro", pero era verdad. Durante el año transcurrido desde que se habían marchado, ni siquiera había pensado en otro hombre. Había conocido a muchos hombres atractivos, pero ninguno la hacía sentir del modo en que estos dos lo hacían. Ninguno había sido tan dominante como Sasuke o tan seductor como Naruto. Ninguno de esos hombres la había perseguido en sus sueños o estuvieron a la altura de sus recuerdos.
Su corazón se aceleró al máximo cuando dejó caer las rodillas a los lados y abrió las piernas para ellos, el aire frío de la habitación deslizándose sobre ella. Sintió que sus pezones se endurecían aun más. Su piel cobró vida bajo las miradas vigilantes.
—Más abiertas—ladró Sasuke.
Ella las separó más, poniendo su coño en primer plano.
Naruto inspiró, llenando sus pulmones.
—Ella huele delicioso. Jesús…
Le falló la voz y se relamió los labios. El coño de Sakura palpitaba al pensar en su talentosa lengua sobre ella, azotándola con placer hasta que no pudiera ver bien. Naruto podría darse un festín con ella por lo que se sentiría como una eternidad.
—Todavía no, hermano. Tiene que esforzarse para eso. Es un regalo demasiado bueno para una sub que ha pasado las últimas horas atormentando a sus Maestros. —Sasuke tendió la mano y Naruto colocó algo sobre ésta. Parecía metálico y estaba unido a una cadena—. Nos manipuló para conseguir lo que quería sin tener que admitir sus deseos, sin tener que prometer o hacer nada.
—Sasuke, no la presiones—prácticamente suplicó Naruto.
—Oh, pero ella quiere que la presione. —La sonrisa de Sasuke se volvió un poco más salvaje—. Átale las manos.
El corazón de Sakura dio un vuelco ante su amenaza ronroneada. Dios, ella había extrañado este lado de Sasuke. Cuando usaba esa sonrisa con ella, Sakura nunca estaba segura si él estaba genuinamente divertido o simplemente a punto de hacer algo realmente obsceno que pondría su polla dura y la volvería loca.
Naruto metió la mano en la bolsa de cuero marrón de Sasuke y la volvió a sacar con un trozo de cuerda fina. Mientras la enrollaba en torno a sus muñecas, atándoselas juntas sobre su cabeza, ella se relajó. Suspiró, había añorado la sensación de verdaderamente ceder a estos hombres, de no estar sola. Aun si esto fuera por poco tiempo, necesitaba la fantasía. Quería demorarse porque era probable de que se volvieran a marchar demasiado pronto.
Mientras Naruto le ataba las manos, Sasuke se desnudaba. Sakura observaba como ese cuerpo duro y enorme quedaba al descubierto centímetro a centímetro. Ella recordó cómo se sentía pasar las manos por su piel tersa, sentir cada músculo abultado y duro y saber que era de ella. Las manos de Sasuke fueron a la bragueta de sus vaqueros y se deshizo de ellos con eficiencia, arrojándolos sobre la silla. Su polla sobresalía de su cuerpo, larga y gruesa. Ella no pudo evitar clavar los ojos en ésta.
Y entonces vio que no era la única que había conseguido unas pocas cicatrices en el tiempo en que estuvieron separados. Una fea cicatriz circular arrugaba la piel de su abdomen, justo sobre el hueso de la cadera.
—¿Qué sucedió?—Se veía enrojecida, como si no hubiera terminado de hacer su daño todavía.
Sasuke la tocó, sus ojos bajaron como si tuviera que recordarse que estaba allí.
—Recibí una bala en las afueras de Medellín. No fue gran cosa. Pasó de lado a lado. Naruto me suturó hasta que pudimos ver a un médico.
Naruto se bajó de un salto de la cama, aparentemente feliz con su nudo que ahora la amarraba. Se quitó la camiseta, tirándola descuidadamente.
—Tuvimos suerte esa vez. No pudimos encontrar un médico para Sasuke, sólo un veterinario. Allí estaba mi hermano grande y malo y doce gatitos muy mimados.
—No es gracioso. Se podría haber muerto. —A Sakura le temblaba la voz.
Sasuke podría haber muerto, podría haber perdido la vida y nadie se lo habría dicho. Ella habría seguido adelante, sin saber que él se había ido.
—No, Sakura. Esto no era fatal. Muéstrale, Naruto.
Naruto suspiró, dejó caer los pantalones y se volvió. Sakura se quedó sin aliento. Tenía cicatrices que le cruzaban la parte baja de la espalda que no habían estado allí antes.
—Mientras escapábamos con Konan, uno de los hermanos del dueño del prostíbulo nos alcanzó. Naruto recibió tres en la espalda antes de que yo abatiera al hijo de puta. Esta no es la primera vez que alguien de la familia ha venido detrás de nosotros.
—Perdí una buena porción de mi hígado, pero parece que vuelve a crecer. Dichoso yo. —Naruto se dio la vuelta—. ¿Sabes lo que me ayudó a pasar por esto?
Ella negó con la cabeza. No quería escucharlo.
—No me lo digas.
Naruto le brindó una sonrisa triunfal.
—Es una pena, porque ahora que estás atada, no vas a ninguna parte. Cuando perdí el conocimiento, pensé en ti. Cuando me desperté, pensé en ti. Mientras me recuperaba, pensaba en ti.
—Tú pensaste un montón, pero no en levantar un teléfono y llamarme.
Burle puso los ojos en blanco.
—Sujétala. Tal vez eso la hará más agradable.
Sasuke dejó caer el objeto metálico en su mano, agarrando de una cadena delgada de plata que los conectaba.
—Estas son abrazaderas de trébol. Son para los pezones. Naruto, los necesito duros y listos.
Naruto subió a la cama y pasó los dedos por los pezones, suavemente al principio, luego los agarró con fuerza entre el pulgar y el índice. Apretó, haciendo que todo su cuerpo latiera de anticipación.
—¿Así, hermano?
Los ojos de Sasuke nunca dejaron sus pechos.
—Perfecto.
Él se subió a la cama, entre las piernas femeninas, haciendo que ésta se hundiera.
Naruto se quedó a su lado, sujetándole los pezones para Sasuke.
—Creo que esto te va a gustar, nena. A mí me gustará. Las abrazaderas son confortables. Agarrarán tus pezones y los sensibilizarán de manera exquisita, pero se apretaran más con cada tirón de la cadena.
La humedad inundó sus pliegues. Ella podría sentir como se mojaba, cada vez más excitada. Naruto se inclinó, cerniendo su boca sobre un pecho. Un gruñido bajo de satisfacción escapó de su garganta poco antes de que él colocara la boca sobre el pezón ya imposiblemente duro, retorciendo el otro con sus dedos. La chupada se sintió directamente su coño, encendiéndola y haciéndola retorcerse.
—Seh, nena, cada vez que hagas eso, estas abrazaderas se apretaran. —Sasuke se movió en el instante en que Naruto levantó la cabeza. Sasuke deslizó la abrazadera de plata sobre el pezón, colocándola en la base sin piedad, la punta se inflamó y enrojeció.
Naruto puso la boca en su oído.
—Sé que sientes esto, cariño.
Su susurro corrió como una hoguera de pólvora por su piel. Ella sentía la presión en su pezón, pero eso era solo el comienzo. Cuando se contoneó y retorció, la presión comenzó a aumentar en todas partes, como una botella de champaña esperando ser descorchada. Tanto tiempo. Ella había necesitado esto durante tanto tiempo. Necesitaba esto y mucho más.
Naruto se inclinó sobre su cuerpo, capturando el otro pezón entre sus dientes y tirando con fuerza, preparándolo para el mordisco de la abrazadera. Él tiró de la punta, raspándolo con los dientes, aguijoneándolo con la lengua. Naruto levantó la cabeza con un pequeño gemido. Sasuke puso rápidamente la abrazadera. Ella lloriqueó, la presión rozaba el filo del dolor, pero ella sentía. Finalmente sentía, y sus hombres le habían dado este regalo.
Sasuke se sentó sobre sus talones, su polla sobresalía, pero él daba la apariencia de estar completamente controlado. Su amenazante oscuridad se había transformado en necesidad sexual. Sakura se sorprendió de lo mucho que la excitaba. Ella no había admitido cuanto la había herido verlo cerrarse. Naruto había estado dispuesto a pelear, pero ella también necesitaba a Sasuke. Y ellos parecían necesitarla a ella también.
—Puedo ver tu excitación desde aquí. Estás muy mojada—dijo Sasuke, su voz un gemido profundo mientras se agarraba la polla con la mano.
Naruto dejó que su mano bajara por su cuerpo, lo que la hizo estremecerse. Sus dedos se deslizaron sobre el clítoris.
—Oh, ella es una chica sucia. Le gustan sus pezones pellizcados, sujetos con abrazaderas y torturados.
—Esas abrazaderas se ven perfectas en ella, como joyas. —Sasuke dio un golpecito en una.
Sakura se estremeció, la sensación quemó. Sus pezones estaban abotagados de sangre. Sasuke tiró suavemente de la cadena que cubría todo el valle de sus pechos. Sakura gimió cuando la abrazadera mordió su piel con cruel precisión. Ella bajó la mirada y vio que sus pezones se estaban poniendo color rojo oscuro. Las abrazaderas de plata eran bonitas contra su piel. Ella gimió.
—Eso es, nena—dijo Sasuke, tirando de la cadena de nuevo—. Ese sonido va directamente a mi polla.
—A la mía también—intervino Naruto con los dedos jugando en torno a su coño—. Creo que nuestra pequeña Sakura desea que sus despiadados Doms la lastimen un poquito, que tomemos lo que deseamos de ella.
—Y lo haremos—prometió Sasuke—. Pero no hasta que obtenga lo que quiero.
A ella no le gustó como sonó eso.
—No voy a prometer nada, Sasuke. Si se trata de algún juego de poder para hacerme hacer algo, excepto tener un momento de diversión, entonces deberías dejarme libre ahora.
Los ojos masculinos se oscurecieron.
—Hoy me conformaré con que ruegues por una polla, Sakura. Pero no pienses ni por un instante que no conseguiré lo que quiero. Tú, Naruto y yo para siempre. Puedes engañarte, pero no te dejaré ir. Tuviste tu oportunidad.
Ella negó con la cabeza.
—Sólo quiero el sexo, Sasuke.
—Entonces rogarás por ello. —Él tendió la mano—. Necesito la última abrazadera, Naruto.
Naruto levantó la cabeza.
—¿Hablas en serio?
—Sí.
Sakura sintió que sus ojos se abrían de par en par. Se estremeció. Era muy consciente de lo vulnerable que era. Ellos podrían hacer lo que quisieran.
—No tengo más pezones, Sasuke.
Sasuke bajó la mirada a su coño, sus dedos sustituyendo a los de Naruto. Ella gimoteó mientras él la atormentaba. Jadeó cuando él tomó el clítoris entre el pulgar y el índice y apretó.
—Tienes esto. Esto nos pertenece, del mismo modo en que lo hacen esos pezones. Queremos decorar nuestro premio. Dame la abrazadera.
Naruto le pasó la pequeña chuchería de plata a su hermano y Sasuke la colocó sobre su propio vientre entre las piernas femeninas. Esta abrazadera también tenía una cadena que Sasuke enganchó en la de sus pezones.
Sasuke apartó sus labios, exponiendo el clítoris. Retiró la capucha. Sakura sintió que toda la sangre de su cuerpo se precipitaba a ese diminuto lugar. Sasuke respiró profundamente.
—Hueles tan bien para mí. —Se inclinó y le tocó el clítoris con la lengua. La cadena que sujetaba las abrazaderas juntas seguía en su mano y él tiró bruscamente de ésta cuando Sakura se movió, la presión apretando sin piedad los pezones. El dolor clavó los dientes en ella, aumentando el placer de su lengua.
Ella se retorció cuando él deslizó la abrazadera sobre su clítoris sensibilizado. Ella lo necesitaba… tocando, dentro de ella. A los dos. Eso era lo que él había querido decir. Tenía la intención de hacerla rogar y ella ya estaba a punto. Su clítoris palpitaba y cuando él se agachó y lo azotó con la lengua, casi se cayó de la cama. Naruto la sujetó, sus manos moldeando sus curvas.
—No, quédate quieta. Deja que haga que te corras.
Él lo haría. Oh, esto no era lo que ella había planeado. Lo quería en su interior, y él iba a hacerlo así. Iba a deshacerla por completo… en sus términos. Sasuke azotó su clítoris, el placer volviéndola obediente. Ella quería enredar las manos en su cabello. Obligarlo a hacerla correrse. Estaba justo allí, justo fuera de su alcance, pero él mantuvo el toque ligero y excitante, torturando su clítoris. Ella quería luchar, obligarlo a hacer lo que ella quería, pero él la había atado y la retenía. Estaba abierta para su placer, y lo único que podía hacer era yacer allí, aceptando azote tras azote de su lengua sobre su clítoris dilatado. Cada presión la volvía más sensible. Y durante todo el tiempo, Naruto jugaba con sus pezones, haciéndolos abrasar de excitación y necesidad. Ella trató de retorcerse para alejarse. Esto era abrumador. Sentía como si fuera a salírsele el corazón del pecho. Estaba justo allí, en la punta de su lengua para mendigar, exactamente como él quería.
En lugar de eso, ella se retorció para hacerlo detenerse. Sasuke le dio una palmada en el muslo y gruñó.
—No, estás luchando contra mí. Puedes decir tu palabra de seguridad o puedes obedecer. —Su boca regresó. Pequeñas lamidas, largos lametazos, todo para mantenerla sobre el borde.
Sakura se echó para atrás, los brazos de Naruto una jaula de amor a su alrededor.
—Dale lo que quiere, cariño. Dios, voy a morir si no puedo follarte pronto. Te deseo muchísimo.
También ella iba a morir pronto.
—Por favor, Sasuke. Por favor, deja que me corra. —No podría aguantar ni un segundo más.
—Tu deseo, cariño—masculló Sasuke antes de chupar el clítoris en su boca.
Ella se precipitó por el abismo, jadeando cuando el orgasmo se apoderó de ella. Cada meneo de su cuerpo tironeaba de las abrazaderas que mordían sus pezones y el clítoris y enviaban réplicas a través de ella.
Naruto la abrazaba, su cuerpo junto al suyo. Ella podía sentir todo el largo de su erección contra las caderas. Él se movió nerviosamente en su contra, susurrándole al oído.
—Esto es tan hermoso. ¿Sabes cuánto tiempo he esperado para verlo?
Sí, lo sabía. Ellos habían esperado tanto tiempo como ella. Un año. Casi un inconmovible año de anhelo, soledad y rabia y ahora todo lo que ella tenía que hacer era entregarse y podría fingir durante un poco tiempo que todo iba a estar bien.
Sasuke levantó la mirada, dejando su coño durante un momento mientras ella descendía de su orgasmo. Sakura podía ver su excitación brillando sobre sus labios.
—De nuevo.
—¡No! Sasuke, por favor. —Ella no estaba segura de poder soportar otro. Su cuerpo zumbaba, pero se sentía despojada y desnuda hasta el alma.
—Una vez más, Sakura. Te lo dije. Hasta que mendigues por una polla. —Su boca se cerró sobre su coño en un beso envolvente y Sakura se rindió. No había nada más que hacer. Naruto continuaba diciéndole cuanto la amaban mientras Sasuke la conducía al orgasmo una y otra vez. Cada vez que ella pensaba que estaba saciada, la necesidad aumentaba de nuevo hasta que se quedaba sin aliento y suplicando por correrse.
Ella sabía lo que Sasuke quería. Quería su entrega total. Quería que dejara de lado el sufrimiento y las heridas del año pasado, y abrazara lo que podían tener juntos. Las lágrimas se derramaron de sus ojos cuando ella llegó a la cima de nuevo. Se sentía tan unida a ellos ahora y eso la asustaba. En cierta forma, estos dos hombres la completaban, y a cambio ella los completaba a ellos. Naruto le decía eso también. Ella era la pieza que ellos siempre habían estado extrañando.
Se estremeció mientras bajaba otra vez. Conectada. Más allá de cualquier orgasmo, esta conexión era lo que había extrañado. Su corazón estaba quedándose a cargo, incapaz de parapetarse ante la acometida de los dos. Los orgasmos eran asombrosos, pero vacíos porque ellos no estaban con ellos, en su interior. Ella podría negarse a suplicar toda la noche y ellos todavía le brindarían este placer, pero esto no era lo que realmente quería cuando empezó esta pelea. Quería rodearles con los brazos, su piel contra la de ellos, sus aromas entremezclándose. Quería fusionarse con ellos. El orgasmo era secundario a la sensación de ser una con ellos.
—Por favor, Sasuke. Por favor.
Sasuke subió la cabeza.
—Esa no es tu palabra de seguridad.
—Por favor. Estoy suplicando que tú y Naruto me hagais el amor. Sin palabras de seguridad. Desátame. Quiero mis manos sobre ti. —Era tan explícitamente como podía decirlo. Ella contuvo las palabras que no diría. Os amo. Os amo mucho.
Sasuke dudó, pero se puso de rodillas. Naruto se levantó también, echándose a un lado para acribillar su cara con besos mientras trataba de alcanzar sus manos.
—Cariño, te amo. Dios, te extrañé. No puedes imaginar cuanto te he extrañado. —Sus manos trabajaban para desatar las de ella. Ella exhaló un suspiro de alivio cuando se desataron y pudo tocar a Naruto. Hundió las manos en su pelo y tiró hacia abajo para un beso. Estaba hambrienta otra vez, esta vez por complacerlos. Naruto la besaba, sin guardarse nada. Su lengua se hundió, jugando con la de ella mientras Sakura sentía las manos de Sasuke sobre su cuerpo. Ella jadeó casi gritando en la boca de Naruto cuando Sasuke soltó la abrazadera del clítoris.
—Todo está bien. —Naruto le acarició el cabello, manteniendo los brazos a su alrededor, dándole a Sasuke acceso a sus pechos—. Cuando la sangre vuelve a circular, hay un pequeño mordisco de dolor.
Pero Sasuke ya lo estaba calmando. Le besaba el clítoris, su lengua hacía círculos con suavidad, haciendo que la sangre circulara de nuevo. Naruto se abrió paso a besos por su cuello hasta los pechos donde hizo lo mismo allí, soltó las abrazaderas de cada pezón, prodigándoles afecto. El dolor hacía que sus ojos se humedecieran, pero el tierno cuidado de ellos hacía cosas extrañas a su corazón.
Naruto finalmente levantó la cabeza y se acercó a la mesita de noche y a la bolsa de cuero donde Sasuke guardaba sus juguetes. Sacó dos condones. Pasó uno a Sasuke antes de abrir el suyo. Sakura lo observó acariciar esa polla grande y dura antes de hacer rodar el condón sobre ésta.
—Quiero entrar en tu coño, Sakura. Cabálgame.
Él rodó con ella sobre la gran cama hasta que lo montó a horcajadas. Ella sintió las manos de Sasuke en su espalda y su brío resurgió. Oh, sí, ella quería esto. Quería sentir la quemadura y saber que los tenía a ambos profundamente en el interior de su cuerpo.
Naruto la agarró de las caderas y de repente empujó bruscamente hacia arriba, su polla saqueando su coño en un instante. Estaba tan sensible por los orgasmos que había forzado en ella que logró penetrarla por completo con un largo gemido. Sakura dejó caer la cabeza hacia atrás. Tan llena. Estaba tan llena y se sentía tan bien. Los orgasmos habían sido dulces, pero ella había deseado esta plenitud.
—Joder, te sientes tan bien. Ella está tan apretada, Sasuke. Es tan perfecta.
—Va a estar mucho más apretada cuando yo entre. —Sasuke le separó las nalgas, ella sintió la sensación fría del lubricante gotear sobre la roseta de su ano—. Dios, te amo, Sakura. Nunca amé a nadie del modo en que te amo. Un día moriré y lo mejor que habré hecho será amarte.
Ella apretó los dientes cuando lo sintió alinear la punta de su polla en su culo. Gimió cuando él comenzó a empujar. Tan puñeteramente bueno. Él se sentía tan bien. La quemadura comenzó, pero Sakura le dio la bienvenida porque significaba que los tenía a ambos.
—Empuja contra mí, nena. Estás tan estrecha. Tan jodidamente estrecha. Es como si volvieras a ser virgen. —Sasuke tiró de sus caderas, su voz retumbando.
Ella bajó, rozando sus sensibles pezones contra el pecho de Naruto. Sasuke le follaba el culo con pequeñas estocadas, ganando terreno a cada paso. La quemadura la hizo sisear, pero la ternura de Naruto le recordaba todo lo que tenía para ganar. Él la besaba, pasaba las manos por su cabello, enredando su lengua con la de ella.
Lentamente, Sasuke se abrió paso hacia su interior, delicioso centímetro a delicioso centímetro.
—Dios, Sasuke. Dáselo. Ella va a hacer que me corra. No duraré—dijo Naruto con un gemido.
—Durarás todo el tiempo que necesitemos. No salimos hasta que podamos hacerlo juntos—dijo Sasuke y continuó tomándose su tiempo.
—Eres un hijo de puta—dijo Naruto.
Sasuke se echó a reír. Ella sintió esa risa a lo largo de su columna.
—Se necesita uno para conocer a otro, hermano.
La cara de Naruto mostraba la tensión de esperar por su hermano, pero Sasuke no cedió. Él mantuvo su lento avance y retirada.
—Eres tan caliente, nena. ¿Tienes una idea de lo mucho que me gusta follar este precioso culo? Este culo es nuestro. Tómanos, Sakura. Tómanos por completo.
Ella empujó hacia atrás, sintiendo a Naruto profundamente dentro de ella mientras se ajustaba para tomar a Sasuke. Sakura se estremeció cuando su polla abrió una brecha en su culo, traspasando el apretado anillo de músculos y excitándola. Todos los nervios sensibles cantaron a viva voz después de tanto tiempo de estar desatendidos.
—Nena, te sientes tan bien. Te amo, Sakura. No voy a dejarte ir. Nunca te dejaré ir. Puede que jamás me creas, pero nunca dejaré de amarte. Jamás volveré a renunciar a nosotros. — Sasuke presionó hasta que ella pudo sentir sus bolas golpear debajo de la curva de su culo.
—Nunca nos rendiremos. Hemos aprendido la lección. Nunca más, Sakura—prometió Naruto.
Ella quería creerles, pero no importaba. Lo único que importaba es que estaban todos juntos en este momento. Esto era algo a lo que podría aferrarse más tarde cuando estuviera sola. Podría recordar cómo se sentía ser amada, aunque fuera sólo por un momento. Ella tomaría un momento o dos con ellos, en lugar de toda una vida con cualquier otro. Nunca podría volver a confiar en ellos, pero se iría a la tumba recordando lo que se sentía al estar entre los dos, sus palabras, sus manos y cuerpos acariciándola.
Sasuke se retiró casi todo el camino. Ella se movió contra él, no queriendo perder su polla. Al tiempo que Sasuke se retiraba, Naruto presionaba, alcanzando su punto G. Sakura no había pensado que pudiera volver a correrse, pero la necesidad la montaba duro ahora. Ella se presionó hacia atrás, columpiándose entre ellos, renuente a renunciar a cualquier polla.
Los cabalgó, cada terminación nerviosa en su cuerpo armonizada con ellos. Hacia delante y hacia atrás dejó que su cuerpo fuera empujado, manipulado mientras ellos la compartían como un dulce juguete sexual. Deseado. Querido. Bien amado.
La mano de Sasuke se interpuso entre ellos y tiró de su clítoris, la sensible protuberancia se despertó. Ella se corrió, el orgasmo se estrelló en su contra, haciéndola gritar sus nombres. Sasuke se puso rígido detrás de ella y le agarró las caderas, pulsando en su culo mientras se corría. El orgasmo de Sasuke pareció desencadenar el de Naruto. Él se presionó gritando su nombre mientras bombeaba en ella y se vaciaba dentro de la barrera de látex delgado.
Sakura se desplomó sobre el pecho de Naruto, su aliento entrando y saliendo con un sonido áspero de su cuerpo. Sasuke tiró de ella mientras rodaba hacia un lado, metiéndola en el medio, apretujada entre los dos. Ella estaba cálida y feliz. Ahora mismo, el miedo y la ansiedad no tenían cabida en su cama.
—Sakura—susurró Naruto en su oído, las palabras haciéndole cosquillas en la piel—. Habla con nosotros. Aun tenemos horas. Quiero hablar contigo, trabajar en esto. Cuéntanos lo que sucedió mientras estuvimos fuera.
¿Por qué tenía él que hacer eso? Ella le había dado su cuerpo y él andaba a la caza de más. Quería conocer su alma.
—Habla con nosotros—la persuadía Sasuke mientras sus manos la acariciaban—. Háblanos, Sakura. Cuéntanos sobre Rui.
Sus ojos se humedecieron. Rui. Su única conexión real y duradera con ellos. Él le recordaba mucho a sus padres. Sólo podía tener a uno como padre biológico, pero ella los veía a ambos en su hijo. Rui era una adorable combinación del vívido encanto de Naruto y de la voluntad de hierro de Sasuke. Su bebé.
—¿Qué queréis saber?
Esa era la única cosa que ella no podía negarles. Rui era el regalo que ellos le habían entregado. En medio de la tristeza, él había sido su luz brillante. Incluso en las horas más oscuras, ella había sabido que quería esa pequeña chispa de vida que había comenzado aquella noche de invierno.
—Todo—dijeron sus voces en estéreo. Ellos se acercaron más, invadiendo cada centímetro de su espacio. Sabía que debería protestar, pero sus cuerpos calentaban el suyo.
Contuvo las lágrimas. Había comenzado esto porque quería un último momento con ellos. Había querido un cierre. Pero había cometido un error fatal. No hubo cierre. Nunca podría haber un cierre entre ellos. Lo que tuvieran nunca estaría terminado. Ella lo entendía ahora. Podría marcharse. Podría permitir que el dolor que había padecido los separase para siempre, pero no estaría completa. Ella transitaría por la vida como un fantasma, recordando un tiempo cuando estaba completa. Les pertenecía, y siempre lo haría. Incluso antes de encontrarlos, había sido suya, una chica esperando por esos dos hombres, estas mitades de un todo, para entrar en su vida y completarla.
Respiró profundamente y comenzó a hablar, contándoles todo lo que querían saber a los padres de su hijo, amando y a la vez, temiendo la paz que se instalaba en su corazón.
