Capítulo 9

Naruto miró por encima del hombro hacia el reloj, tratando de no mover el resto del cuerpo. No quería despertar a Sakura. Lo último que quería hacer era arrancarla de su seguridad, de vuelta a este mundo al que la habían arrastrado. Ella se movió a su lado, pero no se despertó, solamente se acurrucó más cerca de Sasuke, quien la abrazó.

Las dos últimas horas se reprodujeron en su mente. Él se iría a la tumba con la sensación del coño de Sakura aferrando su polla, contrayéndose y relajándose, tomando todo lo que él tenía. Había sido mucho más que sexo. Había sido una fusión de lo que él era con lo que ella era. El amor por Sakura se alojaba en su pecho. Él era un mejor ser humano por amarla. Extendió la mano y le tocó el cabello. Tan suave. Como la mujer.

Con un suspiro de pesar, se sentó. Si él se saliese con la suya, entonces nunca dejaría esta maldita cama. Se quedaría con ella, sólo permitiéndole salir para ducharse y comer.

Ella necesitaría sus fuerzas porque Sasuke y él tenían un año entero de sexo para compensar.

Casi las cinco. Tendrían que largarse pronto. Naruto prefería viajar a altas horas de la noche si tenía que ir en automóvil. Había menos gente en la ruta durante esas horas. Era mucho más fácil saber si alguien los estaba siguiendo. Una vez que salieran de Dallas y entraran en el este de Texas, las multitudes se convertirían en nadie. Él sería capaz de observar a alguien acercándose furtivamente a ellos.

Sasuke miró por encima del hombro de Sakura, con los ojos abiertos de par en par y una ceja enarcada.

Naruto sabía lo que estaba diciendo. Habían discutido más temprano que uno de ellos tendría que llamar a Shikamaru antes de salir rumbo a Louisiana. Los hermanos Hyuga habían prometido pasar el día trabajando en el caso, llamando al Fiscal de Distrito, tratando de encontrar a alguien en el FBI en quien pudieran confiar. Si ellos habían conseguido una suspensión temporal a tener que esconderse en un pantano, entonces quería saberlo.

Naruto suspiró. ¿Por qué diablos tenía que salir de la cama caliente y hacer la llamada? Sasuke sonrió con aire de suficiencia y abrazó a Sakura con fuerza.

Porque yo tengo el premio, hermano.

Bastardo hijo de puta, replicó violentamente Naruto, enviando a Sasuke una mirada que era improbable que pudiera confundir.

Sasuke simplemente sonrió burlonamente.

Su hermano era un hijo de puta.

Era sólo una casualidad que Sakura estuviera en sus brazos. Se la habían pasado entre ellos durante horas, pero Sasuke siempre parecía tener mejor sentido de la oportunidad.

Naruto suspiró y se levantó de la cama, agarrando sus pantalones. Frío. Estaba puñeteramente frío. Él esperaba que no hiciese este frío en el pantano.

—La próxima vez yo la tengo abrazada, gilipollas.

—No va a haber una próxima vez—dijo Sakura, pero incluso mientras las palabras salían de su boca, ella apoyaba la cabeza sobre el pecho de Sasuke y lo acariciaba con la nariz—.Esto fue un momento de debilidad de mi parte. No volverá a repetirse.

Naruto se quedó helado. Después de todas las intimidades y genuinas necesidades que habían compartido anoche, ¿ella se estaba volviendo a alejar?

Sasuke resopló de furia, apretando los dientes.

—Ya lo veremos.

Una sonrisa muy satisfecha cruzó por el rostro de Sakura.

—Sí, lo haremos.

Sakura no tenía ninguna posibilidad. Sasuke había arrojado el guante. Ella podría jugar a ser terca todo lo que quisiera, pero él no la dejaría marcharse. Si tenían que dormir en el umbral de su puerta, lo harían. Pero a la larga, destruirían su resistencia y ganarían. Ella les había mostrado con exactitud cómo recuperarla. Sakura deseaba ardientemente su toque, no podía doblegar su cuerpo. Cuando se lo entregaba, también les entregaba su corazón y su alma. Y cuando ellos la dominaban sexualmente, florecía como una planta tratando de alcanzar la luz del sol. Ella se desplegaba, los tomaba y les devolvía todo.

Naruto tenía la intención de tratarla como el regalo precioso que era. Era la única mujer en el mundo para ellos, y Sasuke y él probarían que eran dignos de ella. No la volverían a decepcionar. No podrían.

Maldiciendo por el frío, atravesó el suelo alfombrado hasta el pequeño escritorio donde su ordenador portátil había estado bajando los archivos de las unidades de disco duro que Shikamaru les había traído.

Agarró su teléfono y el ordenador y luego se retiró al cuarto de baño para que Sakura y Sasuke tuvieran un poco de paz y tranquilidad mientras él hacía la llamada. Ellos habían cometido un error táctico con Sakura durante los últimos meses permitiendo que sus traumas y miserias ante las noticias de su matrimonio superaran a su sentido común.

Deberían haberse marchado de Colombia inmediatamente, haber entregado a Konan a Sasori y Deidara y volado directamente hacia Nueva York. Eso era lo que habían tenido la intención de hacer. La misión había llevado más tiempo de lo esperado. Ellos habían ido a la oficina, con la intención de que Hinata hiciera una reserva de billetes a Nueva York, pero ella los había recibido con aquel puñetero informe. Sakura Haruno se había casado. Estaba feliz con su nuevo marido. Se había mudado del hotel de su tía en Nueva York a una fabulosa propiedad en Virginia. Ella había seguido adelante sin ellos.

Sasuke y él deberían haber acampado en su puerta y exigido una explicación. Deberían haber confiado en que ella mantendría su promesa de esperarlos. Deberían haber estado dispuestos a pelear.

Demasiada gente en su vida los había abandonado, ya sea por desinterés, descontento o muerte. Ellos habían aprendido a dejarlo ir, pero él no había sido capaz de dejar ir a Sakura emocionalmente. Incluso después de que hubieran acordado dar a Sakura el espacio para ser feliz con su marido, Naruto la había llevado en su corazón.

Su corazón había sido más inteligente que su mente. Nunca más volvería a dejar que se marchase.

Él hizo una mueca mientras trataba de acomodar su equipo en la minúscula encimera.

Dios, esperaba que en su próximo escondite hubiera más espacio. Además de ser diminuto, el cuarto de baño estaba helado.

Marcó el número de Shikamaru mientras levantaba los archivos que estaba buscando. Quería hacer una búsqueda más profunda antes de pasar horas en la carretera. Una vez que llegaran a Louisiana, tendría tiempo de sobra para buscar minuciosa y absolutamente todo, pero quería ver los informes originales del investigador privado, quería sacar en claro cuánto tiempo le había llevado a Kabuto corromperle.

—Shikamaru al habla. —La voz de Shiikamaru era cautelosa como si no quisiera revelar nada.

—Naruto.

Hubo un largo suspiro desde el otro extremo de la línea.

—Gracias a Dios. Hemos estado preocupados. Esperábamos tu llamada hace horas.

Horas atrás había estado enterrado profundamente en el interior de Sakura. No se sentía mal por ello en lo más mínimo.

—Algo ocurrió. Todavía estamos todos bien. Saldremos en una hora poco más o menos.

¿Cómo está mi hijo?

Se sentía bien preguntar por Rui. Su hijo. Cuando todo esto terminase, él nunca volvería a estar separado de su hijo. Compensaría el tiempo perdido. Convencería a Sakura de tener otro bebé. Un hermano o una hermana para Rui.

—Él es bueno, Naruto. Es un niño genial. Puedo contarte que está extrañando a su mamá, pero está disfrutando de jugar con nuestros hijos. Tenten le está dando la cena en este momento.

Él recordó lo que Sakura había dicho horas antes. Y a pesar de que se sentía como un idiota, preguntó.

—Esteeee, ¿cómo hace popó?

La carcajada de Shikamaru hizo que Naruto alejara el teléfono de su oído.

—Sus intestinos están muy bien, tío. Dile a Sakura que él es regular. Y acostúmbrate a esto. Vas a oírte diciendo cosas que nunca antes habrías imaginado saliendo de tu boca.

Tus hijos se vuelven tu vida. No te preocupes. También soy padre. Y puedo decirte que una de las alegrías de mi vida ha sido compartir esta familia con mis hermanos. Aleja el dolor, tío. No sé cómo lo hacen las parejas. Los niños son como monitos. Están en todas partes y en todas las cosas. Te lo juro, uno de nosotros tiene que salvar a Eli al menos dos veces al día y estoy seguro que lo mismo pasará con su hermana cuando comience a caminar.

Naruto sabía que debería estar horrorizado, pero en todo lo que podía pensar era en lo mucho que deseaba estar allí para Rui y los demás niños que Sasuke, Sakura y él tuvieran en el futuro.

—No te preocupes por nosotros —continuó Shikamaru—. Hemos contratado una mayor seguridad para el lugar. Día y noche. Los tíos son sólidos, hombre. No hay modo de que Kabuto pueda llegar a ellos. Les confío mi familia.

Naruto suspiró aliviado. Kabuto ya había demostrado que podía meterse entre los agentes de la ley. Incluso había logrado sobornar a su investigador privado. Naruto estaba seguro que Kakuto estaba al tanto de sus relaciones con la familia Hyuga. Él tenía que confiar en Shikamaru. El tío y sus hermanos estaban poniendo a sus propios hijos en la línea de fuego por ayudar a Naruto y Sasuke.

—¿Alguien ha hablado con el Fiscal de Distrito? —preguntó Naruto. Él no tenía muchas esperanzas, pero si el fiscal tenía algo con el menor de los Yakushi, entonces podría demorar al hijo de puta.

—Kiba ha estado hablando por teléfono con él durante horas. Dios, Naruto, ¿la próxima vez que esta mierda suceda, puedes impedir que salga de Texas? Nosotros tendríamos esto finiquitado aquí. No tenemos la misma influencia en Nueva York. De cualquier manera, están dispuestos a ofreceros protección de testigos.

Mierda, no.

—Pasaré.

—Yo no te dejaría—admitió Shikamaru—. Sabemos que Kabuto tiene federales en su nómina de pago. El Fiscal de Distrito parece íntegro, pero no voy a entregaros a él. Incluso él mismo no recomienda entrar en la protección de testigos. Extraoficialmente, por supuesto.

Ha perdido una testigo en los últimos seis meses. Ella tenía relación con uno de los distribuidores de Kabuto. Mira, yo creo que él tiene ventajas, pero es solo un hombre. Los policías están revisando lo que queda de la casa de Sakura. Es un desastre. Va a llevar tiempo.

Eso era con lo que Kabuto contaba.

—¿Identificaron el cuerpo?

Tal vez la identificación del hombre de Kabuto enviado a colocar esos explosivos ayudaría.

—No es tan fácil en los restos carbonizados. Vamos a necesitar registros dentales. Él no puede haber sido un pez gordo de la organización. No creo que Kabuto tuviera la intención de que saliera de esto con vida. Él sabía cuando llegaba vuestro avión. Tenía que saberlo.

Estaba esperando allí. Los policías encontraron lo que parece ser el dispositivo de detonación a unos cuatrocientos metros de la casa de Sakura. Creemos que él estaba mirando desde el bosque. Con binoculares, habría podido veros llegar.

—Seh, es lo que creemos dado que se las arregló para llamarnos justo cuando estábamos huyendo de la escena. —Naruto trataba de hacer malabarismos con el teléfono y su ordenador portátil—. ¿Lograste copiar estos archivos antes de traérmelos?

—Sí. Por cierto, esa secretaria tuya es un pitbull.

¿Hinata? Ella siempre había sido educada y le hablaba con los tonos suaves del sur. Ella y Sasuke, nunca se habían llevado bien, pero Sasuke también, podía ser un gilipollas.

—Lo siento si ella te hizo pasar un mal rato. No se me ocurrió llamarla primero.

—Estaba muy cabreada. Y maldita sea, cree que caminas sobre las aguas. Todo el tiempo mientras estaba empacando los discos duros, me estaba diciendo cómo me molerías a palos cuando averiguaras cómo la había tratado. ¿Estás saliendo con ella?

—Dios, no. —Él no la tocaría ni con un palo de más de tres metros y un traje Hazmat.

Ella era muy competente, pero la rubia no le ponía nada físicamente—. Nunca he pensado en ella como algo más que una administrativa. Mira no sé qué pasa con ella, pero solamente es la mujer que hace los papeleos y lleva los libros.

—No creo que ella lo vea de ese modo.

Con una mueca de disgusto, Naruto agarró el CD que había hecho antes de los archivos del ordenador de Hinata así podía transferirlos al de él y comparar. Tenía que seguir buscando, ver que otras debilidades en su seguridad podrían tener que Kabuto pudiera explotar. Abrió la unidad de lectura.

—En serio, tío. Ella se encargó de mi viaje y…

Mierda. Yaciendo allí, había un pequeño, negro y mortífero dispositivo de rastreo. Él supo lo que era en el instante en que lo vio.

—Maldita sea.

—Ella sabía cuándo estaba arribando tu avión, ¿verdad?

—Sí—le contestó con su mente trabajando velozmente—. Nosotros habíamos reservado el vuelo desde Medellín a la ciudad de México por nuestra cuenta, pero ella obró un milagro y nos consiguió el vuelo a Dulles. El vuelo estaba lleno. Y ahora estoy pensando si Kabuto la ayudó a lograrlo.

Tal vez el investigador privado no había sido el único en la nómina de pago de Kabuto.

Shikamaru se quedó callado por un momento.

—Ella estaba particularmente molesta de que me llevara su disco duro, pero para ese entonces ya sabía que no aceptaría un no por respuesta.

—Tú no insertaste un dispositivo de rastreo en la unidad de DVD de mi ordenador, ¿verdad? —Naruto lo dudaba, pero por si acaso…

—No. ¿Por qué lo haría?

—Eso es lo que pensé. Espera.

Él maldijo mientras corría para recuperar su ordenador. Rápidamente, lo arrancó y recuperó los correos electrónicos de ella. Hinata era meticulosa. Conservaba todo. Cada maldito correo electrónico. Había miles. Él escribió el nombre del investigador privado en el buscador y finalmente encontró lo que quería. Los informes originales del investigador privado.

Él volvió a maldecir.

—Jódeme, Shikamaru. Hinata es nuestro Judas. Tengo que hablar con mi hermano.

Estaban hundidos en la mierda más de lo que habían imaginado.

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Sauke suspiró. No quería levantarse, pero el sol estaba a punto de caer en el horizonte.

Pronto sería hora de irse. Sakura estaba tendida sobre su pecho, sus suaves respiraciones llevando un ritmo que él encontraba calmante. Ella estaba aquí en sus brazos. Era un puñetero milagro.

—Cariño —susurró, recorriéndole las curvas con sus manos. Su piel era tan, tan tersa—. Tenemos que prepararnos para salir. Tenemos un largo camino por delante.

Ella gimió, sonado somnolienta y suave en el sueño.

—No quiero. Afuera hace frío.

Él se rió entre dientes. Era mucho más fácil de manejar después de diez o más orgasmos. Tomó nota mental de ello. Cuando Sakura se pusiera difícil, no haría más que atarla y hacer que se corriese hasta que ronroneara como un gatito y se enroscara a su alrededor.

—Haría cualquier cosa para que pudiéramos quedarnos aquí. —Lo decía en serio. Daría cualquier cosa porque el peligro hubiera terminado, para que su peor problema fuera entender cómo cambiarles los pañales a Rui. Sabía que a su hijo le gustaba el cereal de arroz, y que Sakura acababa de comenzar con el puré de plátano. Ella también le había contado que a él le gustaba manchar con ambos por todas partes. La idea de su hijo le retorcía el corazón.

Rui era la expresión del amor de ellos por Sakura. Sasuke no permitiría que se fuera por nada. Él volvería a soportar cada minuto de dolor y soledad por un solo instante de conocer a su hijo y amar a Sakura.

Sakura se sentó en la cama, las sábanas se deslizaron y sus pechos quedaron al descubierto durante un momento. Su polla volvió a ponerse dura. Nunca dejaría de desearla. Todo lo que ella tenía que hacer era estar en la misma habitación, y él estaba listo y duro para montarla. Su pareja.

Ella se frotó los ojos y entonces finalmente pareció darse cuenta de que estaba desnuda. Se subió la sábana.

—¿Te molesta?

¿Ahora quería actuar modestamente? No iba a suceder.

—Sí, me molesta que los cubras.

Ella le disparó una mirada que probablemente estaba diseñada para matar, pero él no dejó que eso lo afectase.

—Sasuke, me gustaría vestirme.

—Entonces supongo que deberías hacerlo. Nena, no voy a salir de la habitación. No me giraré y fingiré que no pasé varias de las últimas horas con mi polla dentro de tu precioso culo.

—¡Dios, eso fue grosero!

Él sonrió, el mero acto levantándole el ánimo.

—No, fue asombroso. Tienes el traserito más apretado que jamás he follado.

Los fríos ojos verdes se pusieron en blanco.

—No es exactamente un cumplido, Sasuke.

Él se encogió de hombros. Había pensado que lo era.

—Bueno, yo no iba a ponerlo en una pegatina o algo por el estilo. A menos que tú quisieras. O en una camiseta. Eso podría ser bonito.

Ella negó con la cabeza y su risa fue hermosa para los oídos de Sasuke. Sakura no se había reído ni una sola vez desde que la habían sacado de su gran casa victoriana. Ciertamente, podía comprender por qué no lo había hecho, pero quería que se riera ahora. Quería llenar su vida de risas.

Ella se volvió, su cabello cubriéndole la mitad del rostro, haciéndola lucir como una sirena.

—Naruto me diría lo hermoso que son mis ojos. —Pero no Sasuke. No—. Tú discutes la elasticidad de mi ano. ¿Qué diablos voy a hacer contigo?

—Amarme. —Las palabras escaparon de su boca antes de que pudiera detenerlas.

Sakura se detuvo, su risa se silenció, pero Sasuke no retiraría lo dicho. Él estaba sintiéndose asustado, débil. ¿Cómo iba a conseguir lo que quería si no lo pedía? Tal vez él no fuera lo suficientemente bueno para ella, pero podría serlo. Amar a Sakura ya lo había cambiado. Era mejor y sería el hombre que ella necesitaba. Si ella ya no lo amaba, él trabajaría día y noche para que se enamorara de él. No iba a permitir que su puñetero tío ganara durante el resto de su vida. No iba a ser la misma clase de miserable gilipollas que el había sido.

Ella se sorbió la nariz y se levantó de la cama.

—Sasuke, yo no sé si puedo hacer eso. Creo que las heridas son demasiado profundas. — Ella alcanzó su bolso y se puso su ropa interior—. No soy la misma chica que era cuando me conociste.

No. Era aún más hermosa. Ser madre la había fortalecido.

—Yo no soy el mismo hombre.

Ella se abrochó el sujetador y comenzó a ponerse los pantalones vaqueros que Tenten le había dado.

—Yo creo que lo eres, Sasuke. No creo que un hombre como tú cambie. Tú necesitas la aventura. Y yo no te puedo dar eso.

—¿Crees que me gusta recibir un disparo? Deja que te diga algo, cariño. Es una mierda. Duele y me estoy haciendo demasiado viejo para ello. Preferiría colgar mis armas y pasarme la mayor parte del tiempo viendo a Mr. Mom mientras tú pintas. Pero Sakura, hay una sola cosa en este mundo en la que soy bueno y es localizando personas. Naruto y yo somos los mejores. Hemos utilizado nuestra habilidad para rastrear criminales y terroristas, pero hemos encontrado una profesión en encontrar a personas desaparecidas.

No sé si pueda renunciar a eso, pero puedo prometerte que permaneceré en los Estados Unidos y siempre volveré a casa contigo.

Ella se bajó el suéter con ojos aún cautelosos.

—Yo no…

La puerta del cuarto de baño se abrió ruidosamente. Naruto se precipitó a través de ésta con el ordenador portátil en la mano. Lo puso sobre el escritorio y comenzó a apagar todo.

—Sasuke, vístete. Tenemos que salir de aquí. Hinata está involucrada en esto. Está involucrada con todo. Puso un dispositivo de rastreo en mi ordenador.

Sasuke asimiló la información. La computó al instante. Mierda. ¿Por qué no había considerado que Hinata era su filtración? Ella era una perra fría. No la había catalogado como del tipo de vender a su amado Naruto por dinero, pero al parecer se había equivocado.

Saltando de la cama, se calzó los vaqueros, escuchando mientras Naruto hablaba.

—El investigador privado era honesto. Encontré sus informes iniciales. No hay nada acerca de su matrimonio. Simplemente relata que ella regresó de Escocia y adoptó un gato llamado Madara. Él le dio informes actualizados sobre el progreso de su embarazo. El hombre hizo un buen trabajo. Y Hinata lo ocultó todo.

—Zorra. Sabes que nunca me gustó. —Sasuke siempre había sentido el desprecio de ella hacia él.

—Es obvio por esa llamada telefónica que oí sin intención que ella quiere a Naruto—dijo Sakura mientras se apresuraba en juntar sus escasas pertenencias—. Así que se aseguró de que yo no estuviera más disponible. Estoy segura que cuando Kabuto le hizo su oferta, no lo dudó. Ella quiere a Naruto vivo y a mí muerta.

—Puñetera zorra. Yo me encargaré de ella—prometió Naruto, su rostro volviéndose de un rojo violento.

—Nos encargaremos de ella—dijo Sasuke, poniéndose la camisa—. Pero en este instante, nos largamos. Tenemos que tirar los bagajes. Si puso un dispositivo de rastreo en tu ordenador, entonces pudo haber metido uno en cualquier otra cosa que estemos llevando. Y ya son casi las seis. Casi la hora de irnos. Nos largamos con nada más que nuestras ropas puestas y el dinero en efectivo. Salgamos.

Tenían que sacar a Sakura de allí.

Su mano estaba sobre la puerta cuando ésta se abrió violentamente. Estalló hacia adentro, golpeándole directamente la cabeza, haciéndolo retroceder tambaleante.

Luego el caos se adueñó de la situación. En el momento en que la puerta cayó al suelo, revelando un boquete muy grande al invernal exterior, algo entró volando. Sasuke lo divisó. Un objeto cilíndrico negro. Mierda. Flashbang. Sasuke saltó por Sakura tratando de cubrirla con su cuerpo, pero no pudo alcanzarla. Ella estaba de pie junto a la cama, con los ojos desorbitados por el terror.

La granada de estruendo estalló, ensordeciéndole. El sonido estremeció el cuarto, y él cerró los ojos para tratar de evitar el destello cegador. Calor, sonido y furia todo en pequeño paquete. Sakura gritó. Él sintió a su hermano a su lado. Ambos tratando de proteger a Sakura.

—Oh, señor Uchiha, no creo que usted necesite esa arma. —Una voz suave que apenas podía oír por el zumbido en sus oídos—. Caballero, desarma a estos dos.

Sasuke se volvió hacia el sonido, tratando de ponerlo en la mira para soltar un disparo. Y entonces él perdió todo el control cuando dos dardos idénticos se clavaron en su piel, hundiéndose en su carne y enviando cincuenta mil voltios a través de su organismo.

Puñetero Taser. Cada músculo en el cuerpo de Sasuke se estremeció y se contrajo en un lamento de agonía. No podía moverse. No podía gritar. Él registraba que su hermano estaba a su lado, su cuerpo estremeciéndose también. En esto, así como en todas las cosas, compartieron el dolor.

El horrible chasquido se interrumpió, pero Sasuke sabía que no había terminado. Incluso su cuerpo no podía recibir un Taser de grado militar y saltar de nuevo a la reyerta. Trató de mover los brazos. Nada. Mierda, nada de nada.

—Caballero, esto fue demasiado. —Kabuto apareció. Iba vestido con un traje urbano, el cabello perfectamente cortado y una sonrisita taimada en su rostro—. Esperaba más. Supongo que esto significa que gané. Dudo que lo dejéis pasar, pero quiero recordaros que mantuve mi palabra respecto al niño. No soy un monstruo. Solo un hijo en busca de venganza. Y ahora la tengo.

Movió una mano y uno de sus secuaces avanzó, llevando el cuerpo de Sakura. Mierda.

Ella no se movía. Su corazón se paralizó. ¡No! Si ella estaba muerta, él no estaría muy lejos de estarlo. Sakura. Dios, ¿qué le había hecho?

—Ah, allí está el pánico que quería ver. Sabía que estaba en lo correcto respecto a ella cuando soborné a tu secretaria para que me enviara los archivos del investigador privado.

Vi la adoración en vuestros rostros ese día en el Waldorf. Supe con certeza que era el instrumento adecuado para mi venganza cuando me percaté que estaban pagando una fortuna para vigilarla.

—Deeeejjjjjjaaaa queeeeee seeeee vaaayyyyyaaaaa—gimió Naruto, sus brazos sacudiéndose como si quisiera poner sus manos en torno a la garganta del hombre.

Kabuto se mofó.

—No. Y para responder a la pregunta en los ojos de tu hermano, no, ella no está muerta.—Kabuto puso una mano en la espalda femenina, deslizándola por sus curvas—. Está tomando una pequeña siesta. De hecho, no voy a matarla de inmediato. Eso sería demasiado fácil para todos vosotros. Me habéis costado la vida de mi padre y de la corporación que heredé, junto con su prestigio en el negocio. Tengo la intención de conseguirlo todo de nuevo, y vuestra preciosa dama me ayudará. Las pelirosa son tan difíciles de encontrar, y valen muchísimo en los más exóticos lugares del mundo. La venderé. Imagino como la buscareis. Imagino todos los hombres que disfrutarán de su cuerpo y de su dolor en contra de su voluntad. Y tengo la intención de hacerlo. Buenas noches, caballeros. Preveo que la siguiente etapa de nuestro juego será un reto para vosotros.

Y luego volvió a comenzar. Justo cuando comenzaba a mover los dedos con la más mínima voluntad, los dos hombres que estaban pendientes de Naruto y él, volvieron a apretar el gatillo. El fuego relampagueó por su cuerpo y él se sacudió violentamente. Lágrimas de rabia que no podía detener nublaban su vista. Su cabeza se sacudió con fuerza, golpeando en el suelo repetidas veces.

Por último, la oscuridad se lo llevó.