Ana y los Catorce Caballeros:

CAPTULO TRES:

La Loca de la Torre de Babel.

En el apartamento del tercer piso (1:39 AM):

Saga regresaba a sus labores tras una leve pausa en el baño. El caballero de oro notó con alivio que Camus había terminado con la recolección de escombros por ambos; y que ahora estaba observando en silencio el montaje de la pared caída. Al ver aquello, el caballero de Géminis supuso que Aioros y Aioria habrían regresado con el saco de cemento que Kanon y sus hombres necesitaban para realizar su labor, por lo que decidió acercarce para darles una mano.

-Eso no está derecho.

-¿Qué cosa?. Preguntó Kanon deteniendo su labor por unos momentos para atender a su hermano.

-Eso que ustedes están levantando. Respondió Saga.

-Yo lo veo bien. Dijo Kanon después de ponerse de pie para observar la pila de ladrillos desde arriba.

-¿Bien?-Preguntó Saga asombrado por la incapacidad de su hermano para apreciar detalles- ¿¡No te has dado cuenta que la pared está inclinada hacia la calle!?

-Sólo son dos hileras de ladrillos, Saga -dijo Kanon fastidiado por las críticas de su hermano hacia sus treinta centímetros de pared-. Es imposible que tenga una desviación.

-Los ladrillos no encajan entre sí... se nota -comentó Saga cruzando los brazos-. Y por cierto ¿Por qué no están usando cemento?.

-Porque Aioria y su hermanito no han regresado de su paseo y no los vamos a esperar. Comentó Máscara Mortal hastiado de sus labores, y más aún, de la espera.

-Además no nos ha hecho falta -interrumpió Kanon recogiendo dos ladrillos del piso-, con la fuerza de la gravedad tenemos. Si no me crees, lee un libro de arquitectura griega para que te instruyas. Dijo con sorna.

Aquella frase hubiera sido una respuesta victoriosa para Kanon de no ser por el incómodo silencio que llenó la habitación. Camus y Máscara Mortal miraron los ladrillos con desconfianza; y sin mediar palabra, llegaron a la conclusión de que lo mejor ( por mucho fastidio que les diera) era esperar a Aioria y a su hermano si no querían ver como los ladrillos caían sobre ellos; o peor aún, sobre la cabeza de Shion durante la inspección de su trabajo.

-Podríamos cubrir la pared con cemento luego de armarla. Dijo Afrodita confundido.

-Y entonces una gran placa de ladrillos caería sobre la cabeza del Gran Maestro. Comentó Camus imaginando las consecuencias que eso podría traer para su cuello.

-Suena bien, hagámoslo. Respondió Máscara Mortal emocionado por la idea de ver a Shion aplastado.

-¡La pared está bien!. Exclamó Kanon comenzando a cansarse de las dudas que su hermano creó sobre su trabajo.

-¿Y de donde sacaron estos ladrillos? Parecen trozos de pared cortada. Comentó Saga mirando de cerca una de las piezas que estaban amontonadas a un lado de la pared.

-¿¡Cómo que parece pared cortada!?- Preguntó Kanon tomando la pieza para observarla con más detalle-¡Por supuesto que no lo...!...¿De donde sacaron esto?. Le preguntó a Afrodita y a Máscara Mortal al confirmar que efectivamente esos ladrillos cúbicos eran trozos de una pared.

-¡Shura juró por su santa madre que eran ladrillos!. Contestó Máscara Mortal al tiempo que Afrodita fingía inocencia.

-Shura ni siquiera puede cami...

-¡Permiso, permiso!¡hombres hambrientos barriendo!-interrumpió Milo entrando a la habitación, arrastrando un cúmulo de polvo y escombros con la escoba-¡Permiso! Si les barro los pies no es problema mio...¡permiso!. Continuó él mientras Shaka lo seguía arrastrando una inmensa bolsa de plástico negro parcialmente llena.

Kanon desvió su mirada hacia Saga cuando éste comenzó a reírse por lo bajo.

-Oye, sólo estoy intentado ayudarte. Dijo Saga divertido al notar el enfado y la verguenza de su hermano.

-Criticar no es ayudar, Saga -comentó Kanon colocándose justo en frente de él-. Y si tanto sabes de paredes ¿Por qué no la haces tú mismo?.

-Kanon, levanta el pie. Interrumpió Milo ignorando la conversación.

Saga amplió su sonrisa y se acercó tanto a su hermano, que sus narices se tocaron:

-¿Necesitas mi ayuda, hermanito? Porque yo puedo ayudarte a diferenciar un pedazo de pared de un ladrillo. Dijo Saga con sorna.

-Eres un...

-Tú también Saga -interrumpió Milo golpeando suavemente el pie de Saga con la escoba-...¿Saga?.

Saga se negó a desviar la mirada de su hermano, pero los molestos golpeteos del caballero de Escorpio le obligaron a mostrar un dejo de debilidad. Abrió la boca listo para espetarle algo a Milo, pero en el último instante, Saga tuvo una especie de epifanía que le ayudaría a poner a su hermano en su lugar.

-Te enseñaré lo que es un trabajo eficiente, hermanito.-comentó Saga dirigiéndose a su hermano con una sonrisa renovada-¡Milo!

-¡No!. Espetó Milo con tono cortante.

-¿¡Cómo que no!?-preguntó Saga sorprendido-¡Ni siquiera te he dicho nada!.

-Conozco tu forma de pensar, Saga de Géminis -contestó Milo levantando la cabeza apenas para mirarlo fastidiado-. Y ese tono de voz indica que me vas a "ordenar" algo, así que de antemano te digo: no quiero, no puedo y tú no eres mi jefe.

Aquella declaración sacó de quicio a Saga, sobretodo porque todos se rieron a costa de él:

-...Sí, sí puedes. Sí, sí quieres, y tal vez no sea tú jefe ¡Pero soy mayor que tú!- espetó Saga molesto-¡Así que ve y busca a Aioria!. Ordenó él señalando la puerta principal.

-¿¡Soy mayor que tú!?¿Qué tipo de razón es esa? Afrodita es mayor que yo y no va por ahí creyendo que me puede dar ordenes. Dijo Milo enderezándose para señalar a Afrodita.

-¿Puedo darles órdenes a los que son menores que yo? -preguntó Afrodita asimilando ese nuevo descubrimiento y el poder que éste le confería- Camus... ¡Mirame!- exclamó Afrodita eligiendo al primer "menor" que entró en su rango visual, obteniendo como respuesta una mirada fastidiada del caballero de Acuario- ¡Oh, funcionó!.

Pero nadie quizo dignificar eso con un comentario.

-Nuestra diferencia de edad no es lo que me da autoridad, sino el hecho de que compartimos ciertos "eventos" juntos. Comentó Saga con una sonrisa siniestra.

-Uuuuh. Aullaron Máscara Mortal, Afrodita y Kanon interpretando cualquier cosa de ese comentario.

Milo observó al trío de pervertidos con las cejas arqueadas antes de dirigirse nuevamente a Saga:

-Ajá...

-¿No lo recuerdas?¿Un cierto incidente tuyo? Preguntó Saga con tono malicioso e ignorando el nuevo aullido de sus oyentes.

-¿De qué rayos estás hablando? Preguntó Milo confundido.

-De la vez -comenzó a decir Saga arrastrando las palabras- que te infiltrastes a las estancias principales de...

-¡Hey, yo era pequeño...! -exclamó Milo avergonzado- ¡...Y sólo quería saber que se sentía!. Concluyó él con el rostro rojo como un tomate y en un tono casi inaudible.

-Pues si quieres que no le cuente a nadie sobre eso, ve y busca a Aioria. Concluyó Saga con una sonrisa triunfante.

Milo abrió los ojos como platos. Sabía que no debía dejarse chantajear por alguien tan vil como Saga, pero su reputación estaba en juego y corría el riesgo de ser molestado por Máscara Mortal y Afrodita hasta que la muerte volviera a reclamar sus vidas. Luego, suspiró derrotado y se dirigió al vencedor con fastidio:

-Está bien... voy.

Pero al alejarse unos pasos del grupo añadió:

-...¡Pero yo también sé cosas malas de tí!.

-Psst... ni que fueras el único. Comentó Shaka haciendose notar por primera vez desde que entró.

Mientras tanto, en algún lugar del cerro del Ávila (2:09 PM):

Las gotas de agua que cayeron sobre la pálida mano de Shion anunciaron el comienzo de una nueva llovizna sobre la ciudad. El lemuriano miró hacia las copas de los árboles rendido, ya que le tocaría seguir aquel rastro en malas condiciones climáticas; algo que le producía una mala espina, considerando que sus nuevos enemigos eran expertos manipuladores del clima.

Caminó cuesta arriba entre la vegetación y la densa neblina, seguro de sí mismo y de su intuición. Algo le decía que esta era la guarida de sus enemigos, quienes seguramente habían aprovechado del bajo nivel de cosmos de sus hombres para eludirlos. Sin embargo, Shion no era un lemuriano que había pasado casi 250 años como Patriarca de la Diosa Athena en vano: donde no funcionaban las técnicas de rastreo tradicionales, las habilidades psíquicas sí lo harían, y en ese tema él era el mejor.

Se detuvo por unos instantes en el borde de un claro, listo para atacar y atento a cualquier variación de su entorno. Cerró sus ojos para aumentar su concentración y tanteó los alrededores usando una mínima parte de su cosmos, con el fin de no ser detectado. Esta "señal" se extendió por toda la montaña como una onda que traspasaba la materia sin hacerle daño, y en un párpadeo, una fracción de la misma "rebotó" de vuelta tal cual un sonar.

Una energía tan leve que sólo alguien con la experiencia y habilidad del lemuriano identificó sin problemas.

Y en la Urdaneta (2;16 PM):

La lluvia obligó a Milo a refugiarse bajo la entrada de un minicentro comercial. No estaba de humor ni para soportar el frío por culpa de Aioros y Aioria ni para mojarse en nombre de Saga, quien seguramente se reía de él en estos momentos. Caminó distraído hacia el interior del largo pasillo que tenía detrás de sí hasta detenerse frente a la vitrina de un local de artículos electrónicos donde se encontraba la cosa más colorida y bonita del mundo: ¡Era el pez payaso más vívido que había visto en toda su vida! Y se encontraba allí mismo, nadando tranquilamente en una pantalla plana y rectangular que parecía ser la versión miniatura de un cine.

-Genial. Comentó él sin aliento.

Se acercó al vidrio sin quitarle los ojos de encima al pez o a su entorno, y quedó fascinado al notar la delgadez de la pantalla. Supuso que era una versión futurista del viejo televisor blanco y negro que tenía el dueño de la taberna de Rodorio, la cual frecuentaba con sus amigos del Santuario cuando estaba de licencia.

Aquel recuerdo produjo una sensación de vacío en el estómago del caballero dorado, ya que él estaba muy consciente de que habían pasado veinte años desde su muerte, por lo que seguramente las cosas habrían cambiado radicalmente en su tierra natal. Se preguntó si la taberna aún existía, y que sería de la vida de su dueño o de aquella camarera de mejillas rosadas que tanto le gustaba, pero que nunca se atrevió a invitar a salir debido a que se trataba de una mujer diez años mayor que él.

Milo suspiró melancólico, y prefirió cortar con aquel hilo de pensamientos antes de que su humor empeorara al recordar a su amada Señora Athena, quien en este preciso instante podría necesitar de su ayuda. Decidió distraerse adivinando que eran aquellas cosas de colores llamadas Ipod, pero el insistente sonido de unos tacones rompieron su concentración e hicieron que desviara su mirada hacia un punto en particular: una mujer de contextura gruesa y totalmente empapada, caminaba apresuradamente por el amplio pasillo en dirección hacia la tienda que estaba a sus espaldas.

La desconocida se detuvo por unos momentos en la entrada del local para acomodar un feo ramo de flores que estaban envueltas en papel de periódico, justo antes de ingresar a él. Milo se acercó para observar la mercancía de la tienda que se llamaba El Mago: Artículos New Age para Todos los Gustos y Edades, y ojeó los libros de un tal Osho antes de mirar unas hadas de acrílico. Aquellas delicadas e inocentes figuras provocaron una mueca de desagrado al caballero dorado, ya que conocía muy bien como eran las verdaderas hadas y cual había sido su función en la anterior Guerra Santa.

Una vez más, Milo prefirió desviar su línea de pensamientos para borrar a Hades de su mente y evitar una gastritis. Miró hacia el interior del local para ver el resto de la mercancía y notó como la encargada miraba con fastidio y molestia a su cliente.

Milo decidió dar la vuelta hacia la tienda de artículos electrónicos. No le interesaba escuchar una discusión de mujeres, y mucho menos quería seguir aspirando aquel empalagoso olor que salía del local. Pero justo cuando pretendía dar el primer paso hacia los susodichos y misteriosos Ipod, una voz proveniente de la tienda le hizo detenerse en seco:

-¡Quiero eso!¡Eso! -señaló la pelirroja en otro idioma-¡El rosario!

-¿Qué quiere?-preguntó la vendedora harta al no entender el idioma de su cliente-¿La vela blanca?

-No, no -negó ella con la cabeza y las manos-¡El rosario! el ro-sa-rio ...¡Ay, esto va a ser imposible, nunca me va a entender!. Exclamó ella rendida, colocando su cabeza entre sus manos.

Tras esto, la pelirroja recogió sus cosas del piso y salió del local frustrada: nadie en esta maldita ciudad era capaz de entenderla, y ella por ahora, era incapaz de pronunciar una sola palabra en español.

-Hola. Dijo una voz masculina a su derecha.

Ella ignoró al extraño sin percatarse de que le habían hablado en el mismo idioma que ella acababa de usar en el local New Age. Caminó con prisa hacia la salida del minicentro comercial con la mente sumergida en sus propios pensamientos y sin darse cuenta de que Milo caminaba justo detrás suyo, escuchando atentamente cada palabra que salía de su boca:

-¡Eso fue por envidia! Seguro que fue la vecina del cinco que se la pasa matando gallinas y fumando tabaco en su apartamento.

-Eerr...disculpe señorita.

La pelirroja se sobresaltó al escuchar aquella voz tan cerca y giró su cabeza hacia la fuente para ver de quien se trataba. Se encontró con un desaliñado joven de veintitantos años de edad, de ojos verdes y de cabellos azules, que portaba un feo corte de cabello que le recordaba a una estrella de Hair Metal.

Ella lo miró de arriba a abajo intentando ser lo más discreta posible, pero fracasó completamente cuando no pudo evitar hacer una mueca de desagrado cuando detalló la ropa mal combinada y en mal estado del individuo.

Milo se sintió incómodo por aquel gesto de la pelirroja pero prefirió ignorarlo para iniciar una conversación:

-Disculpe la molestia señorita, pero no pude evitar notar su acento ¿De casualidad usted proviene de la vieja Larissa?. Preguntó él haciendo referencia de una región de Grecia.

Aquella pregunta disparó una avalancha de pensamientos confusos y ligeramente groseros en la mujer: en primer lugar, surgió el típico ¿Quién demonios eres tú? seguido del clásico ¿De qué coño estás hablando? Que en este caso estaba acompañado por el conocido ¿Y qué carajo te importa? Pero todo esto desapareció de su mente cuando descubrió un hecho sumamente importante: el hombre no habló en español y ella le entendió a la perfección, tal y como le había sucedido en la mañana.

¿Sería posible que ésta fuera una oportunidad enviada por el Altísimo para ayudarla? De ser así, a la pelirroja no le quedaba otra opción que atreverse a hablar:

-Ho-hola. Fue la única palabra que salió de su boca por culpa de los nervios.

-Hola. Respondió él con una sonrisa de alivio, creyendo que habia encontrado a una compatriota.

-¡Hola!. Exclamó ella con voz chillona y los ojos llenos de emoción y esperanza.

-¿Hola?. Dijo Milo extrañado por aquella reacción.

-Snif-snif...hoooolaaaaa. Volvió a decir ella derramando lágrimas de alivio: ¡Al fin encontró a su salvador!.

-...Hola. Dijo Milo pensando que tal vez no había sido buena idea hablar con una persona de cuya salud mental estaba comenzando a dudar.

Y tras un tenso minuto de silencio, Milo añadió:

-Bueno...¡Adiós!. Dijo él girando sus talones para alejarse de la mujer lo más pronto posible.

-¡No, no, no espera!¡Espera!-chilló ella desesperada dejando caer sus cosas-¡No me dejes por favor!... hablemos.

-Ajá -dijo Milo corroborando su idea de que la mujer estaba loca o algo parecido-¿Y de que desea hablar, señorita?.

-¡De lo que sea!.

-¿De lo que sea?.

-¡Sí, no deje de hablarme por favor!. Exclamó ella aferrándose a la ropa de Milo mientras comenzaba a hipar.

Este gesto convenció a Milo de que efectivamente la mujer estaba loca, por lo que debía tratarla con el mayor tacto posible:

-Pues...entonces...eres griega.

-No. Dijo ella gimoteando y afianzando el agarre.

-Pero sabes hablar griego, mujer. Dijo Milo levemente confundido.

-¡No!. Exclamó ella secando sus lágrimas con el dorso de la mano.

-...Pero... estás hablando griego...ahora... conmigo. Dijo Milo retrocediendo mientras acallaba una voz interna que le gritaba que era muy marica de su parte huir de una simple mujer.

-¿Esto es griego?. Preguntó ella consternada por aquella revelación y mostrando una ligera sonrisa que le crispó los pelos a Milo.

Milo abrió los ojos como platos cuando escuchó aquella pregunta. Definitivamente la mujer estaba loca y él no tenía tiempo ni ganas de tratar con una situación tan delicada como esa. Comenzó a mover su mano de forma serpenteante para zafarse sin hacerle daño y terminó tomando las muñecas de ella con su otra mano libre, separandolas de sí con la mayor gentileza posible:

-Aem...sí, me alegro mucho de que usted sepa un idioma tan bello como ese...ahora... si me lo permite... señorita...debo irme en este momento y...

-¡Espera, no te vayas, necesito ayuda!.

-Sí, ya me dí cuenta. Respondió él esquivando los agarres de la pelirroja.

-¡Alguien me embrujó esta mañana y ya no puedo hablar en mi idioma!¡Eres la primera persona con quien he podido hablar!¡Ayúdame! Necesito un cura o un brujo para que me exorcise.

-Yo diría que un loquero -comentó él para sí mismo-. Pero no entiendo ¿Qué quiere que haga exactamente, señorita?. Preguntó Milo pensando donde estaba el hospital más cercano.

-¡Sigue hablando conmigo hasta que se me pase!. Contestó ella con ojos brillantes.

Pero no llegó ninguna respuesta a sus oídos ya que el joven habia desaparecido como por arte de magia. Consternada, parpadeó un par de veces y lo buscó por los alrededores en vano ¿Sería posible que ahora también estuviera viendo cosas? Y pero aún ¿¡Interactuando con ellas!?

Mientras tanto, en el edificio de la Candelaria (2:40 PM):

Para Aioros era increíble que aquel hombre de 1,85 m de estatura que habia tomado el lugar de su tierno hermanito tuviera tan mal sentido de la orientación. Habían pasado toda la mañana y parte de la tarde buscando el dichoso cemento sin éxito alguno, y si no hubiera sido por aquella lluvia infernal, posiblemente él y Aioria no hubieran regresado hasta bien entrada la noche.

Ahora, luego de aquel fracaso, el caballero de Sagitario se preparaba para el almuerzo de hoy. Sólo se había secado el cabello y el rostro, desobedeciendo la orden de Aioria de cambiarse sus ropas mojadas por otras en mejor estado. No estaba de humor para hacer el papel del chico del grupo, ni mucho menos el papel del hermano menor cuando él fue el que le limpiaba los mocos a más de la mitad de los gorilas que vivían con él.

Aioros salió del cuarto de baño con el pecho erguido y listo para defenderse de cualquier represalia por parte de Aioria. Pero en cambio sólo recibió una mirada reprobatoria del orgulloso león, quien prefirió disfrutar del almuerzo antes de tratar a Aioros como a un chiquillo delante del grupo.

-Hmm...huele a estofado. Comentó Kanon hambriento.

-¿Estofado?-comentó Camus oliendo el aire con intriga-Pero si no hay carne desde hace dos días.

-Bueno queridos comensales -comenzó a decir Aldebarán saliendo de la cocina con una humeante olla sopera entre sus manos-, espero que disfruten de esta comida preparada con ingredientes especiales de la región.

Y todos se miraron entre sí preocupados al preguntarse que quería decir Aldebarán con la frase: ingredientes especiales de la región.

-No más pasta con atún enlatado ¡No señor! -comenzó a decir Aldebarán mirando de reojo a Kanon-, no más emparedados mohosos -dijo él mirando a un ofendido Camus-; y especialmente ¡No más arroz a la Oriental, sin sal ni acompañantes!-dijo él observando como Dokho subía las escaleras sin prestarle atención-¡Aqui lo que tenemos es comida fresca, innovadora y económica! Adaptada perfectamente a nuestra situación actual...¡Señores!...Afrodita...joven Aioros...les presento mi creación: Le Soup de Pigeon. Concluyó colocando la olla a la vista de todos.

Los caballeros asomaron sus cabezas en la olla una vez que se disipó el vapor de la misma, y vieron con desagrado como de un caldo amarillento sobresalían varias patitas que parecían ser de aves.

-¿Vamos a comer caldo de paloma?. Preguntó Camus con desdén.

-Sopa de paloma -corrigió Aldebarán divertido mientras caminaba hacia la cocina-. En algunos países la consideran una exquisitez.

-Y en otros una asquerosidad. Comentó Máscara Mortal para sí.

-Dime que al menos no murió de causas naturales. Dijo Shaka temiendo por la salud de sus camaradas.

-¡Por supuesto que no! La maté con mis propias manos -se defendió Aldebarán haciendo un gesto como si estrangulara a un ser imaginario delante de sus ojos-. Ahora déjenme buscar el resto.

-¿El resto?. Preguntó Saga mirando a su hermano.

-Toma Aioros, comételo todo para que se te quite la gripe. Dijo Aioria tras llenar el bowl de su hermano.

-Creo que más bien podría reemplazarla con otra cosa. Contestó Aioros asqueado, pegando su espalda en contra del espaldar de su silla.

-¡Pues aquí tienen lo demás muchachos!...y Afrodita -interrumpió Aldebarán trayendo una bandeja y una cacerola en sus grandes manos, que colocó sin dificultad sobre la mesa-. Croquetas, y la especialidad de la casa: Estofado Sorpresita.

-¿Y qué es la "sorpresita"?. Preguntó Shura mirando la comida con desconfianza.

-Tienes que probarlo para descubrir que es -contestó Aldebarán mientras le pasaba el plato más pequeño a Shaka-. ¡Y para el vegetariano de la casa, una cebolla asada! Era lo único que había para tí Shaka. Se nos acababaron los vegetales, pero saboricé tu cebolla con algo de sal y yerbas frescas de la ciudad. Así que buen provecho.

-Gracias... que detalle. Dijo Shaka con un ligero temblor en la voz.

Todos observaron en silencio como Aldebarán se sentaba en la mesa y se servía una buena porción de Le Soup de Pigeon en su bowl. Esperaron pacientemente algún tipo de reacción, ya fuera alérgica o gestual, que indicaran que la comida estaba en mal estado o que tuviera mal sabor. Pero al no ver ninguna de las dos, decidieron enfrentarse a sus respectivos platos.

Máscara Mortal fue el primero (y el único) que se sirvió las croquetas de la bandeja. Introdujo una en su boca con la esperanza de comer algo diferente y delicioso, pero al masticar aquella cosa se encontró con algo duro en su corazón. Extrañado, comenzó a chupar y tragar la cobertura frita de la croqueta hasta que sólo quedó el duro interior de la misma. Metió sus dedos dentro de su boca y sacó aquello para inspeccionarlo más de cerca, y para su desagrado se encontró con un pequeño invertebrado de color marrón.

-¿¡Me diste una babosa frita!?. Exclamó el caballero furioso.

Aquella queja provocó que todos, salvo Shaka, escupieran lo que sea que tuvieran en sus bocas. Por su parte, Aldebarán miró a Máscara Mortal como si éste estuviera hablando en otro idioma:

-¿No te gustó?.

-¡Claro que no!¡Es una babosa y las babosas no se comen!. Espetó el caballero de Cáncer furioso.

-Son casi iguales a los caracoles, así que asumí que sabrían igual. Además, nuestras reservas de comida son escasas y tenemos que arreglarnoslas de alguna manera. Dijo Aldebarán sin molestarse.

-No podemos arriesgarnos a enfermarnos en medio de una misión, Aldebarán. Comentó Saga apartando su plato con asco.

-¡Y yo insisto que las babosas NO se comen!. Continuó Máscara Mortal sacudiendo con fuerza la babosa que tenía en su puño.

-Considerando nuestra situación no creo que tengamos demasiadas opciones, Máscara Mortal. Dijo Shura mirando de cerca una de las croquetas.

-¿Por qué te alteras tanto, Máscara Mortal? Hemos comido cosas peores desde que volvimos a la vida e incluso hemos tomado agua de grifo y no nos ha pasado nada. Dijo Aldebarán tratando de calmar los ánimos del caballero de Cáncer.

-¿¡El agua que tomamos no está hervida y filtrada!?. Preguntó Saga asqueado.

-Nena. Dijo Kanon con tono despectivo antes de introducir un puñado de croquetas en su boca.

-Jóvenes -interrumpió Dokho entrando a la habitación- deberían estar agradecidos con el esfuerzo de Aldebarán, quien ha dedicado su tiempo a ustedes -dijo él tocando la conciencia de muchos de los presentes-. Así que relajense y disfruten del aroma -y Dokho destapó la olla del estofado "Sorpresita" y aspiró de forma sonora antes de comentar con una sonrisa-...Mmm... perro.

-¿¡PERRO!?. Gritaron Aioria, Máscara Mortal, Afrodita y Aioros.

-¡No sean maricas y coman!. Reprendió Dokho con voz firme y los brazos cruzados.

Y todos miraron con incredulidad al Anciano Maestro.

Y tras analizar aquella extraña reacción, Dokho añadió:

-¡Sí, dije una grosería!¿Y qué?¡Sé muchas más en cinco idiomas distintos!-espetó él enojado y sentándose de golpe- Ahora ¡Compórtense como hombres y coman la maldita comida!. Gritó él tomando una de las palomas del caldo hirviente con las manos para luego arrancarle la cabeza con los dientes.

Y después de eso, nadie se atrevió a quejarse de su comida... nunca más.

En la azotea de una casa en la Avenida Fuerzas Armadas (3:04 PM):

Milo observaba con atención como la pelirroja caminaba en dirección hacia uno de los edificios de la zona. Llevaba varios minutos siguiéndola desde las alturas de la azoteas vecinas con el fin de cerciorarse de que la mujer efectivamente estaba loca, y que nada sobrenatural estaba ocurriendo con ella ¿Cuál era la probabilidad de conseguirse con una compatriota esquizofrénica en un país extranjero?¿Una en un millón? Aún así lo mínimo que el caballero dorado podía hacer luego de huir (cosa de la que no se sentía orgulloso), era confirmar aquel extraño hecho que la mujer describió; sobretodo, porque él mismo estaba acostumbrado a enfrentar aquello que la gente común llamaría fenómenos sobrenaturales.

De mala gana Milo esperó que la mujer entrara al edificio, y en menos de diez minutos la ubicó en uno de los apartamentos que tenía frente de sí. Tras esto, dio por terminada su pequeña obra de caridad y decidió que ya era hora de regresar a su hogar improvisado para comer.

-¡Bah! Sólo era una loca. Murmuró él en voz baja.

Saltó de la azotea luego de asegurarse de que la calle estaba completamente vacía, y caminó hacia la avenida principal pensando que si Aioria y Aioros no habían regresado al edificio, le tocaría salir nuevamente a buscarlos. Ahora que lo pensaba ¿¡Por qué siempre terminaba haciendo las cosas que Saga le ordenaba!? Y lo más importante ¿¡Por qué se dejaba chantajear por él!?.

Sin embargo, el caballero no tuvo la oportunidad de responder las dudas que volvian a acosar su mente, ya que algo lo detuvo en seco en plena calle:

-¡Buenas tardes!-chilló una vocecilla en español, cuya dueña Milo no pudo observar por culpa de una bandeja de galletas que se interpuso entre los dos-Mi nombre es Dictina, y estoy aquí promocionando las nuevas galletas de chispas de chocolate y mantequilla de la casa "Águila Sutaneja", que está abriendo sus puertas en Venezuela -dijo ella a una velocidad anormal y sin apartar la bandeja de la cara de Milo-. Probablemente habrá escuchado de nosotras por nuestra deliciosa línea de frutas confitadas que está actualmente en venta en Marruecos, Dinamarca, Grecia, Estados Unidos, Canadá, Reino Unido, Perú, China, Iran, Malasia, Burkira Faso, Francia, Tanzania, Ecuador, Eslovenia, Bulgaria, Argentina y muchas otras localidades...

-¡No espaniol!¡No espaniol!. Comenzó a decir Milo tratando de esquivar a la insistente promotora de "Águila Sutaneja", quien seguía recitando lo que parecía ser un manual corporativo aprendido de memoria.

-...las galletas "Águila Sutaneja" están enriquecidas con vitaminas A, B y D, forti-hierro, forti-calcio y rivoflavina. Estas deliciosas...

-¡NO ESPANIOL!. Gritó él molesto.

Pero la chica seguía hablando como si fuera una contestadora automática:

-...le saldrán gratis en el día de hoy por motivo de promoción.

-¡Ya maldita sea, tomaré tu estúpida galleta pero déjame en paz!. Exclamó él en griego tomando una galleta de mala gana, logrando así que la chica girara sobre sus talones para ir en busca de otro cliente, no sin antes darle las gracias.