Ana y los Catorce Caballeros:
CAPÍTULO CUATRO:
El secuestro.
-¿Qué tal tu paseo? -Preguntó Camus a modo de saludo tras encontrar a Milo en la puerta del lobby.
-Extraño e ineficiente –Contestó él pensando en lo sucedido con aquella extraña mujer, y luego de pensarlo un poco añadió –. No pude encontrar a Aioria y ni a su hermano.
-¿Milo de Escorpio fracasando en una misión? –preguntó burlonamente Camus con una media sonrisa.
-¿Misión? -contestó Milo con tono burlón –Si esto hubiera sido un asunto relevante o una orden de nuestro jefe, no habría vuelto a esta pocilga sin esos dos. Pero un chantaje de Saga es algo distinto, y decidí no caer en sus trampas por algo tan insignificante como una pared mal hecha –dijo él sacando una galleta mordisqueada de su pantalón.
-¿Estás seguro? –Volvió a preguntar Camus con el mismo tono – Porque Saga dijo que lo que te sucedió marcó tu vida sexual para siempre.
-¿¡Qué!¿Saga les comentó algo sobre eso? –Preguntó Milo molesto, con el rostro rojo como un tomate -¡Ese hijo de puta! Ya verá.
-No, sólo bromeaba –dijo Camus divertido mientras Milo mordisqueaba molesto una galleta que había sacado de su bolsillo – ¿Uh? ¿Dónde conseguiste eso?
-¿Te refieres a la galleta? Una chica estaba promocionando una muestra a unas cuatro calles de acá –Contestó Milo luego de tragar.
-Rayos. Murmuró Camus frustrado.
- Tranquilo hombre. Si quieres te enseño el camino, y así aprovecho la oportunidad para tomar otra galleta ¡Están deliciosas!- Dijo Milo divertido palmeando el hombro de su amigo.
Camus frunció el ceño confundido al escuchar a su amigo.
-¿Qué?- Preguntó Milo extrañado.
-¿Qué dijiste?- Preguntó Camus con tono dudoso.
-Dije que podía llevarte donde la chica de las galletas.
Y tras otra incómoda pausa, Camus preguntó nuevamente:
-¿¡Qué! –Preguntó Camus molesto por lo que consideraba una mala broma.
-Diiijeee…queee… Comenzó a decir Milo impaciente. Alzando la voz y alargando las palabras.
-Oye Milo, no es gracioso. –Dijo Camus expresando cierta molestia en su tono de voz –Si quieres practicar el idioma local, ve a hablar con Shura o busca a un nativo.
El comentario de Camus confundió a Milo:
-¿De qué demonios estás hablando, Camus? Yo no… -Pero su voz se apagó tan pronto como escuchó esos extraños sonidos saliendo de su garganta- ¿¡Qué demo…? –Y Milo tapó su boca con brusquedad. Abriendo los ojos como platos ya que no podía creer lo que estaba sucediendo- P-por A-athena... Camus… e-estoy hablando en otra lengua ¡Estoy hablando en español! ¡En español, Camus! –Exclamó Milo alterado.
Pero Camus sólo se limitó a girar sobre sus talones y dejar a solas a Milo con lo que parecía ser una broma de mal gusto:
-¿A dónde creer que vas? –Espetó Milo sujetando a Camus por un hombro -¡Tienes que ayudarme Camus! ¡No entiendo que es lo que me está pasando. No puedo dejar de hablar y pensar en español! –Chilló él sacudiendo el hombro de su mejor amigo.
Pero Camus sólo se limitó a mirarlo con fastidio:
-¡Con un demonio, Camus! –Exclamó Milo exasperado –Di algo. Lo que sea.
Pero el caballero de Acuario sólo se limitó a escuchar el monólogo de Milo con los brazos cruzados:
-Menos mal que eres mi mejor amigo –Refunfuñó Milo antes de hablar consigo mismo -¿A-acaso he sido atacado?¿Pero cuándo?¿En qué momento? Si yo no sentí ningún cosmos maligno –Dijo Milo pensativo –No, no pudo haber sido un ataque. Es demasiado bizarro para serlo, más bien parece algo de tipo sobrenatural, como una posesión o un hechizo.
Y Milo abrió los ojos como platos.
Hechizo. Esa sola palabra fue suficiente para que su mente se iluminara y llegara a la conclusión de que sólo existía una posible causa de su malestar. O mejor dicho alguien: Una loca pelirroja y regordeta, que vivía a pocas cuadras de allí. Y cuyo destino estaría marcado por la Aguja Escarlata si resultaba ser algún tipo de bruja maliciosa.
En el apartamento de Ana (4:30 PM):
Después de que aquel joven se alejara de ella sin brindarle ningún tipo de ayuda, Ana decidió recluirse en su hogar con la leve esperanza de que aquella extraña enfermedad abandonara su cuerpo a la mañana siguiente.
Había pensado una y otra vez las posibles causas de su desgracia. Y al final llegó a la conclusión de que se trataba de algo sobrenatural. Seguramente algún ente superior se había enfadado con ella por haber visto hentai, flojear en el trabajo y flirtear con el novio de su mejor amiga. O quizás el ánima de Santa Lupita la Silbona la maldijo por haber faltado a su promesa de encender una vela todos los fines de semana, como pago por haberle permitido aprobar una materia. Por lo que posiblemente la cura para sus males se encontraba en la oración. Tal y como lo predican la gente de Pare de Sufrir.
Pero para orar bien, primero se debía tener el estómago lleno. Así que Ana fue a la cocina a prepararse una merienda adecuada para la ocasión: Cheetos y leche achocolatada. Una asquerosa combinación que siempre la acompañaba en los tiempos difíciles, como el día en que murió su abuela o cuando su ex la dejó por otra que pesaba 10 kilos menos que ella.
Ana se dirigió a la sala arrastrando los pies, y se tiró sobre el sofá sin emitir ningún sonido. Para luego tomar el control remoto y reiniciar su película favorita, Corpúsculo. La saga vampírica más popular de la historia. Cuyo protagonista, el inmortal (y narcisista) Edward Collie, estaba perdidamente enamorado de la casi famélica Bella Duck. Quien sufría la desdicha de vivir al lado de un padre sobreprotector, luego de que su madre la dejara para vivir La Vida Loca de Ricky Martin junto a su nuevo esposo.
Pero lo más trágico para Bella era ser el objeto de deseo de todos los chicos de su escuela. Especialmente el de Edward Collie, quien no podía leer su mente a pesar de sus poderes vampíricos.
¿Acaso Bella era un zombie fugado de The Walking Dead?
El romántico y excesivamente nublado ambiente de la película fue suficiente para que Ana se olvidara de su propia tragedia, y se trasladara mentalmente a un paraíso terrenal conocido como el estado de Washington:
- Bella...-comenzó a decir el pálido y escarchado vampiro.
-¿Sí, Edward? –Preguntó Bella con los ojos brillantes, esperando a que su Adonis deleitara sus oídos con su masculina voz.
-...todas las noches entro a tu habitación para observar como duermes -Continuó el vampiro, haciendo una leve pausa-. Pareces un ángel.
-¿En serio? –Preguntó Bella emocionada con la idea de perder su virginidad con un vampiro.
-También observo a tu padre cuando duerme. Él es más angelical que tú -Comentó el vampiro con picardía.
-Oh ¿En serio?-dijo Bella confundida por aquel comentario.
-Él ha notado mi presencia en su habitación. -comenzó a decir Edward con voz seductora y la mente puesta en el señor Duck –Y le gusta...lo sé… porque he leído su mente. Y decidí hacer algo al respecto.
-¡No, oh Edward! ¿Acaso lo vas a morder? –Preguntó Bella preocupada por el hecho de que su padre se convertirá en vampiro primero que ella.
-Todavía no, Bella. Tengo que acabar primero. Respondió Edward mirando a Bella con picardía.
Ding-Dong
El sonido del timbre fue suficiente para que Ana volviera a la realidad y se levantara del sofá para ver de quien se trataba.
Ding-Dong Ding-Dong Ding-Dong Ding-Dong Di-Di-Di-Di-Di-Dooooong
El toque insistente del timbre hizo que Ana dudara por unos segundos en acercarse a la puerta. Ya que podría tratarse de de algunos de los niños que vivían en el piso de arriba.
Ding-Dong
Ana se acerco a la puerta con el mayor sigilo posible, pues no quería que nadie supiera que estaba en la casa. Y se asomó por el ojo mágico de la puerta. Se sorprendió al ver al joven de cabellos azules al otro lado, mirando fijamente el ojo mágico con gesto enfadado.
Cautelosa, Ana pausó la película con la ayuda del control remoto, para no producir ningún ruido que delatara su presencia. Mientras observaba al recién llegado por el ojo mágico, preguntándose cómo fue que logró acceder al edificio sin tener llaves del lobby:
-Sé que estás ahí. Dijo el joven ocultando su enojo.
Ana brincó del susto al escuchar aquello, y golpeó la puerta sin querer delatando su presencia. Lo que hizo que se agachara un poco como si estuviera escondiéndose detrás de un cercado.
-Puedo ver tu sombra debajo de la puerta. Añadió el joven mirando el piso con una ceja arqueada.
-Diablos –Pensó Ana con el rostro colorado por la vergüenza.
Resignada, Ana abrió la puerta con la cadena puesta como protección. Por su parte Milo sólo se limitó a respirar profundo y actuar con la mayor educación posible. Ya que no quería asustar o herir a Ana si se daba el caso de que ella también era otra víctima:
-Ehm… Hola – Dijo Milo sin muchas ganas -¿Ya te sientes mejor?
Ana mintió asintiendo lentamente mientras miraba a Milo con desconfianza.
-¡Maravilloso! - exclamó Milo con sarcasmo- me parece estupendo porque necesito hablar contigo. Ejem… Tu maldición, o lo que sea que tengas, es contagiosa. Mírame, yo sólo era un extranjero buscando a dos compañeros en la ciudad, y de repente comencé a hablar y a pensar en la lengua local. Justo después de haberte conocido –Dijo él molesto. Ocultando la larga y filosa uña roja que destacaba en su mano derecha –Ahora dime con lujo y detalle que fue lo que te sucedió.
-Yo –Comenzó a decir Ana con tono triste y esquivando la mirada-…no puedo hablar.
-¡Sí puedes mujer! –Espetó Milo molesto.
-¡Ya te conté lo que me pasó!-Espetó ella a la defensiva- Alguien me maldijo y tú saliste corriendo como marica. Ahora sufre como yo estoy sufriendo, porque no pienso ayudarte.
Milo desvió su mirada avergonzado, ya que Ana tenía razón: había huido de una situación que ameritaba su presencia. Y todo porque no le gustó estar en contacto con una "sucia loca", que supuestamente hablaba otros idiomas:
-Oye, lamento mucho lo que hice –Dijo él cambiando el tono de voz por uno más suave –No debí abandonarte cuando me necesitabas. Y por eso te pido disculpas –Dijo él mirando a Ana a los ojos.
Ana agradecía el gesto pero desconfiaba de Milo, de sus intenciones y de su capacidad para resolver este problema:
-¿Qué fue lo que exactamente ocurrió, señorita? –Preguntó una voz masculina desde las escaleras. Era Camus, quien estuvo observando atentamente la escena luego de que acompañara a Milo hasta aquel lugar por mera curiosidad:
-¿Quién eres tú? –Preguntó ella a la defensiva.
-Mi nombre es Camus. –Contestó el caballero dibujando una leve sonrisa en su boca. Gesto muy raro en él –Por favor, cuéntenos su historia.
-Pues... fui de compras. –Comenzó a decir ella lentamente. Tratando de hacer memoria mientras contenía las ganas de llorar –Subí al autobús… y…snif… de repente entendía lo que estaban diciendo dos muchachos.
-¿Y cómo eran?- Preguntó Camus interesado.
-No los recuerdo muy bien. Pero el más chico tenía un yeso en un brazo.
Milo y Camus se miraron con las cejas arqueadas, pensando en la posibilidad de que esos dos muchachos fueran nada más y nada menos que Aioria y Aioros. Y de ser cierto esto ¿Cómo esos dos podrían estar regando una maldición por toda la ciudad?¿Estará relacionado con el resfriado de Aioros?
¡Nah! Demasiada casualidad.
-¿Eso es todo?-Preguntó Camus extrañado.
-Sí.
-¿Sólo eso?- Preguntó Milo incrédulo.
-Sí
-¿Nadie le arrancó el cabello? –Preguntó Camus.
-No.
-¿Nadie le escupió en la cara? –Preguntó Milo.
-¡No! –Respondió Ana asqueada.
-¿O le rasparon la piel? ¿Recuerda a alguien hablando en lenguas muertas? –Insistió Camus pensativo.
-¿Tuvo sexo con algún desconocido? –Preguntó Milo sospechando que Ana hizo algún tipo de rito.
-No, no y ¡Eso no es problema tuyo! –Le espetó ella a Milo.
-… ¿Eso fue un sí disfrazado?– preguntó Milo confundido
¡PAF!
Y Ana les cerró la puerta en sus narices.
-Milo…-Comenzó a decir Camus enfadado, ya que supuso que Milo había dicho alguna burrada en español.
-¿Uh?
-…eres un idiota –añadió Camus antes de girar sobre sus talones.
-Oye ¿A dónde vas, Camus? –Preguntó Milo confundido y con el rostro enrojecido por la vergüenza.
-Voy a traer a un experto, Milo. –Respondió Camus adivinando la pregunta de su amigo- Así que pídele disculpa a la señorita por lo que sea que le hayas dicho, y por el amor de Athena, no vuelvas a meter la pata.
-Claro –Dijo Milo para sí mismo mientras se recostaba sobre la puerta de Ana.
Pocos minutos después, en el apartamento de los caballeros:
Camus llegó al edificio a la velocidad del viento, desplazándose por las azoteas vecinas con agilidad felina. Encontró a Shaka meditando en el último piso, flotando en el aire en posición de loto. Pasó a su lado sin prestarle mucha atención, ya que estaba más interesado en hablar con al menos uno de los miembros más viejos del grupo: Dokho y Shion. O en el peor de los casos, con Saga de Géminis. Quien probablemente tuvo acceso a La Gran Biblioteca del Santuario durante su corto mandato como Patriarca.
Pero sólo estaban él y Shaka.
O por lo menos era eso lo que le indicaba su cosmos:
-¿A quién buscas, Camus de Acuario? –Preguntó Shaka sin inmutarse.
-A Dokho –Respondió Camus recordando que el Gran Maestro había salido temprano en la mañana.
-Dokho salió a cumplir con su misión de localizar a los dioses del Viento. Al igual que el resto de los caballeros, Camus de Acuario.
Camus frunció el ceño molesto:
-¿Y Saga? –Preguntó él esperando una buena noticia.
-También está de misión.
Camus exhaló frustrado. Rastrear a cualquier miembro del grupo por la ciudad tomaría demasiado tiempo, y no sabía si contaba con eso. Tomando en cuenta que desconocía la naturaleza de aquel extraño hechizo, y si era peligroso tanto para Milo como para la chica. Por lo que optó por solicitar la ayuda del la persona más cercana a los dioses.
Shaka de Virgo.
Mientras tanto, en el edificio de Ana:
-…en fin… sin duda esta es una ciudad rara. Tiene demasiados edificios para mi gusto y casas rojas amontonadas en las colinas. Y en algunos lugares huele mal. Pero el clima es agradable. No tanto como el de Atenas, pero es agradable. –Concluyó Milo en su monólogo de 10 minutostitulado "el porqué Atenas es más linda que Caracas" –La gran montaña que está al norte también es bonita, pero no se compara con la belleza del mar Egeo ¿Alguna vez has viajado a Grecia?
-Apenas tengo para el condominio. Respondió Ana de mala gana, sentada al otro lado de la reja.
-No me digas –Dijo Milo incómodo.
-¿Y quién va a venir con tu amigo? –Preguntó Ana cambiando el tema.
-No estoy seguro, pero posiblemente traerá a alguien que sepa exactamente lo que nos está sucediendo –Respondió Milo tratando de ocultar la duda en su voz.
-¿Un sacerdote? –Preguntó ella ingenua.
-Jeje… podría ser. Si es quien yo estoy pensando.
-Namasté –Saludó una voz masculina desde las escaleras.
-Por Athena –Dijo Milo de mala gana cuando vio a Shaka, el Más Petulante de Los Doce.
-Camus de Acuario me contó sobre vuestro problema, Milo de Escorpio. –comentó Shaka en un español perfecto. Tan perfecto, que se podía sentir la petulancia en su voz –Y decidí usar mi poder para salvar tu vida, y posiblemente, tu karma.
Milo y Camus quedaron boquiabiertos al escuchar a Shaka. Pues no se esperaban que el muy desgraciado supiera hablar este idioma:
-Shaka ¿¡Cuándo aprendiste a hablar español! –Preguntó Milo molesto.
-A los 10 años, poco después de haber ganado mi armadura dorada. –Respondió Shaka con el mismo tono de voz –En ese tiempo tomé la decisión de recorrer el mundo en busca de respuestas y riqueza espiritual. Y aprendí a hablar seis idiomas distintos. Además del griego y mi idioma natal, claro está.
-¿Y por qué no se lo habías dicho a nadie cuando llegamos a esta ciudad?–Preguntó Milo molesto. Pues Shaka hubiera sido tremendamente útil en lo que a logística se refiere.
-Porque la situación no lo ameritaba. Además, nadie se tomó la molestia de preguntarme si sabía hablar español. Salvo Shura, con quien he tenido conversaciones muy enriquecedoras sobre filosofía e historia española.
-Olvídalo Shaka –Interrumpió Milo al ver que la conversación no llegaría a ningún lado.
-Ya que los dos entienden perfectamente el griego, me dirigiré a ustedes en este idioma para que Camus se sienta integrado al grupo. –Comenzó a decir Shaka, ignorando el gruñido del caballero de Acuario y la mirada curiosa de Ana –Y para alivio de todos los presentes, debo decir que no siento ningún cosmos maligno dentro de sus cuerpos. Aunque siento el rastro de uno recorriendo sus venas. Eso sí, es muy leve. Por lo que me gustaría analizarlo con más detalle en la mayor brevedad posible, en un sitio más cómodo.
Y tras decir esto, Shaka alzó su mano derecha en dirección a Ana, y abrió la puerta utilizando su cosmoenergía. Y se abrió paso en silencio hacia el hogar de Ana, sin darle importancia al hecho de que la joven quedó pasmada cuando vio aquella demostración de magia pura.
Al parecer, Shaka fue una buena opción después de todo.
Al otro lado del mundo, en Grecia:
Los guardias que escoltaban celosamente la entrada del despacho del Gran Patriarca, saludaron respetuosamente a la anciana enmascarada que venía hacia ellos, y que respondía al nombre de Manju: una lemuriana de casi trescientos años de edad, que ejercía los cargos de asistente del Patriarca y Custodia de la Gran Biblioteca de la Orden Ateniense.
La anciana devolvió el saludo alzando levemente su mano derecha. Y abrió con facilidad las pesadas puertas de madera utilizando su telequinesis. Al cruzar el portal, se encontró con un hombre de treinta y tantos años de edad. De larga cabellera negra y ataviado con las investiduras más importantes del Santuario:
-Puedo sentir tu preocupación, Manju –Comenzó a decir el Gran Patriarca serio desde su trono -¿Qué tan malas son las noticias que me traes?
-Mi señor, los 3 pájaros que enviamos hacia Latinoamérica desaparecieron –Contestó la anciana con tono fúnebre –. Por lo que sus hombres están en la espera de nuevas órdenes.
El Patriarca sólo emitió un leve gruñido. A lo que la lemuriana añadió:
-Algo más señor. Acabo de recibir noticias importantes sobre el otro asunto.
Aquello desvió toda la atención del Patriarca hacia la anciana:
-Háblame de ello. Dijo con tono serio.
-Como ordene Gran Patriarca Shiryu. Dijo la anciana inclinando la cabeza.
En Caracas, específicamente en el Parque Nacional El Ávila:
El mal presentimiento y el olor a putrefacción guiaron a Shion a través de la vegetación, hasta llegar a un punto alejado de los caminos recorridos por los turistas. Se sorprendió al encontrar tres cadáveres amontonados a pocos metros de una de las quebradas de la zona, que destacaban entre la maleza por los leves destellos que reflejaban las armaduras que cubrían sus restos. Sin pensarlo dos veces, Shion se acercó rápidamente, espantando las innumerables moscas que depositaban sus huevos en el tejido muerto.
Tras espantar esos desagradables insectos de su rostro, Shion rápidamente reconoció las armaduras de bronce de Cetus y Apis. La tercera, era una armadura de nivel bajo, diseñada para los peones que salían de los límites del Santuario, y servían de apoyo para las misiones de campo.
El lemuriano lamentó la muerte de estos guerreros a manos del enemigo, y rogó porque el destino de estos jóvenes en el otro mundo no sea parecido al de él y el resto de los caballeros dorados:
-Ellos no debieron estar aquí.–dijo una voz femenina detrás de Shion –Aún no ha llegado el turno de los caballeros de Athena.
Shion giró hábilmente sobre sus talones para ponerse en guardia. Encontrándose frente a frente con una hermosa joven semidesnuda de cabellos y ojos verde oliva. Que no dejaba de sonreir a pesar del riesgo de ser atacada por el lemuriano:
-¿Quién eres? –Preguntó Shion al darse cuenta que el cosmos que emanaba la desconocida no era humano.
-Soy una de las tantas hijas de la naturaleza. Una Hamadríade- Respondió ella con tono coqueto.
-¿Una Hamadríade? –Preguntó Shion confundido puesto que nunca pensó encontrarse con una –Así que eres una habitante de estos bosques ¿Y cuál es tu nombre?- Preguntó él sin bajar la guardia, a pesar de que era sabido que las ninfas no eran entidades malignas o peligrosas.
-No podrías pronunciarlo –Respondió ella divertida, caminando alrededor de Shion y los cadáveres-. Así que puedes llamarme como gustes.
-Prefiero preguntarte la ubicación de los dioses del Viento.
-¿Oh, ellos? –Preguntó la ninfa con fastidio –Están descansando en algún lugar de la cima de esta montaña.
Ante aquella respuesta Shion se preparó para partir hacia la cima, pero la ninfa lo detuvo:
-¿A dónde piensas ir, lemuriano? –Preguntó ella sorprendida por la reacción de Shion –Aún no ha llegado el momento de que ustedes entren en escena.
-¿¡Qué!-Preguntó Shion confundido.
Pero Shion no pudo entender las palabras de la ninfa, ya que sus sentidos y extremidades comenzaron a ceder ante lo que parecía ser una trampa invisible, que lo envolvió poco a poco mientras hablaba con la desconocida.
Al parecer, las ninfas no eran tan benignas como él creía.
Simultáneamente en Japón. Específicamente en la sede principal de la Fundación Graude:
Los miembros de la Junta Directiva escuchaban con atención la exposición de un científico no tan conocido en Japón:
-Entonces estos biodroides los bautizaremos como "Unidades EVA": mitad ángeles, mitad robots. Estas unidades serán los centinelas de Tokio-3, y tendrán como misión principal proteger el cuerpo crucificado de Lilith y el domo subterráneo gigante que construiremos debajo de la capital. No sólo eso, los EVA también tendrán la misión de llevar a la humanidad a una nueva era, en donde todas nuestras almas se fusionarán en una sola. Que flotará eternamente sobre un océano de gelatina roja, mientras son observados por el cadáver del clon lolita de mi difunta esposa, Rei Ayanami ¿Verdad preciosa? –Dijo él acariciando de forma extraña a una misteriosa niña de cabellos azulado que tenía pegada a sus piernas.
Pero al verse sumergido en un tenso silencio por parte de los ejecutivos, el doctor Gendo Ikari añadió:
-Y mi hijo emo Shinji será el paladín que nos llevará a esa nueva era, cuando en plena batalla se de cuenta que es gay –Dijo mirando fugazmente a los presentes, mientras señalaba a un escuálido adolescente que se encontraba sentado en el piso de una de las esquinas de la habitación. Como si fuera un cachorro sin hogar:
-¿En serio papi? –Preguntó el chico emocionado.
-¡Cállate Shinji! –Espetó el doctor Ikari con tono neurótico.
-Señor Ikari –Comenzó a decir la jefa de la Junta Directiva, Saori Kido. Una hermosa mujer de cabellos lila, heredera del millonario imperio de Mitsumasa Kido -¿Usted pretende que la Fundación Graude le entregue una multibillonaria cantidad de dinero para que usted y su equipo se dirijan hacia la Antártida, excaven sus hielos y produzcan deliberadamente una explosión que aniquilará a más de la mitad de la población mundial, para luego convertir a Tokio en el campo de juegos de sus robots gigantes? –Preguntó ella incrédula.
-Bueno, yo no diría un campo de juegos. Pero hará más interesante la vida en Japón, de eso no tengo dudas –Respondió él nervioso.
-¿¡Está usted loco!- Preguntó ella ofendida, mientras el resto de la junta disimulaba sus risitas burlonas.
-¿Yo? Por supuesto que no, señorita Kido. –Respondió el señor Ikari levemente ofendido – Pero me sorprende su reacción ¿¡Es que acaso usted no ve el peligro que corre la humanidad exponiéndose al desarrollo tecnológico y el sexo por internet!
-¡No! –Respondió Saori preguntándose que tenía que ver la pornografía en el ciberespacio con una supuesta legión de monstruos gigantes –Ahora lárguese de mi oficina.
Y tras esta contundente respuesta, el doctor Ikari sólo se limitó a recoger sus cosas con aire ofendido:
-Muy bien. Tenía fe en que su fundación me ayudaría a provocar el segundo impacto, pero me equivoqué. Vamos a ver lo que opinarán los miembros de la Organización NERD cuando les presente mi maravilloso proyecto.
-¿¡NERV! –Preguntó Saori alarmada, ya que sabía de la existencia de una organización maligna dentro de las Naciones Unidas con el mismo nombre.
-NERV no… ¡NERD! La organización de ñoños más grande que existe en la tierra. Estoy seguro de que ellos me pagarán muy bien por ver una batalla de biodroides en medio de Tokio…¡Vámonos Shinji! –Dijo él cruzando la puerta.
-Sí papi.
-¡Cállate!
¡PUM!
Saori se recostó sobre su asiento emitiendo un leve suspiro, antes de dirigir su mirada hacia un punto de la habitación:
-Tatsumi. Llamó ella hastiada.
-¿Sí, señorita Kido? –Respondió un pequeño robot que se acercaba a ella lentamente con la ayuda de unas ruedas.
-Agrega a la Organización NERD dentro de la lista de corporaciones malignas que la Fundación Graude debe vigilar junto con Umbrella, LexCorp, Disney y Microsoft.
-Señorita Kido, lamento decirle que NERV ya está en nuestra base de datos.
-No NERV, NERD. Sustituye la V por la letra D… NERD –Acotó Saori antes de tomar un sorbo de té para relajarse.
-Entendido. Por cierto señorita Kido… –Comentó el pequeño robot con una voz digitalizada parecida a la de Jarvis de la película Iron Man.
-¿Sí? –Preguntó ella mientras observaba como la junta directiva escuchaba atentamente al pequeño robot.
-Por cierto señorita Kido… -Volvió a decir la máquina mientras titilaban sus grandes ojos rojos.
-¿Sí Tatsumi? –Volvió a preguntar confundida.
-Por cierto señorita Kido… -Repitió el robot.
-Ahí va de nuevo -Comentó uno de los ejecutivos de la Junta Directiva con fastidio.
-Por cierto señorita Kido…por cierto señorita Kido KidoKidoKidoKido… –Comenzó a decir el robot a mayor velocidad, mientras su cabeza y cuerpo giraban sin control sobre su eje. Golpeándose de vez en cuando con la pata de la mesa.
¡PAF!
Saori escondió su avergonzado rostro de los miembros de la Junta Directiva. Pues era la décimo quinta vez que el robot hacía eso en plena junta, haciéndola quedar mal delante de sus empleados. A pesar de esto, Saori se negaba rotundamente a deshacerse de la versión robotizada de Tatsumi. La única máquina en todo Japón que realmente sufrió un daño severo con el fenómeno Y2K. Y que hasta el sol de hoy, los ingenieros de su fundación no han podido determinar su origen. Por lo que de vez en cuando, este pequeño construido en los años 90 ha sufrido esta especie de "Mal de San Vito". Avergonzando a su dueña y a los miembros de la Junta Directiva durante más de 15 años:
-Señores, creo que es todo por ahora. –Dijo Saori levantándose con elegancia –Continuaremos con la reunión después del almuerzo.
Los ejecutivos se despidieron de Saori con una reverencia justo antes de retirarse a sus respectivas oficinas. Saori cruzó el umbral de la puerta y caminó directamente hacia su despacho. Saludando con una sonrisa a su secretario y guardaespaldas Jabu, el caballero del Unicornio. Quien llevaba más de una década trabajando como agente encubierto de la diosa Athena en Japón.
Jabu recibió a su diosa con una solemne reverencia, para luego acercarse a ella con prisa cargando un Ipad en sus manos. Quería decirle algo a su señora pero ella se le adelantó como simepre:
-Jabu, necesito el reporte del sector V para mañana. Y por favor, avisa a los de seguridad que le prohíban la entrada a cualquiera de nuestras instalaciones al doctor Gendo Ikari. No quiero ver a ese tipo más nunca en mi vida –Dijo ella sintiendo un leve estremecimiento en su espina dorsal.
-Sí, señorita Kido. Aunque le escuché decir al doctor que más nunca volvería a este basurero. Dijo él distrído mientras tomaba nota.
Pero el tenso silencio de Saori lo obligó a añadir lo siguiente:
-Sólo estoy siendo literal, señorita Kido –Se disculpó ruborizado.
-¡Ah! Y ordena a los de mantenimiento que recojan a Tatsumi en la Sala de Reuniones. También dile a tu asistente que busque mi vestido a la tintorería, lo necesito para el evento que llevará a cabo Julián Solo en la Torre de Tokio. Continuó Saori mientras entraba a su oficina seguida por Jabu.
-Por cierto señorita Kido, usted recibió este correo hace 15 minutos. Es de la señora Manju, y lo imprimí para usted al ver que era de carácter urgente –Dijo Jabu entregando un papel impreso que tenía debajo del Ipad.
Saori frunció levemente el ceño al escuchar la noticia, y tomó la hoja de papel con sus delicadas manos antes de leerla con atención:
"Su Excelencia,
Me dirijo a usted para informarle que perdimos la comunicación con los pájaros que enviamos a Suramérica. Por lo que mi señor solicita reunirse con usted a la menor brevedad posible para concretar los nuevos pasos a tomar, considerando este suceso imprevisto.
Mi señor también desea hablar con usted sobre el otro asunto. Pero desea hacerlo personalmente. Por lo que estaré esperando pacientemente sus órdenes.
Sin más que decir me despido.
Manju.
P.D: Para animarla un poco, adjunté el vídeo de un gatito jugando con una bola de estambre.
Alégrese."
