Ana y los Catorce Caballeros:

CAPÍTULO CINCO:

El Retorno de los Viejos Héroes.

Tres días después. En el Santuario:

–¿Sri Lanka? –Preguntó Saori perdida en sus pensamientos.

–De acuerdo con la información traída por Shaina de Ofiuco, sí –Dijo Shiryu disimulando su emoción hablando con tono grave.

Manju se acercó a la mesa con té y galletas, y las colocó sobre la mesita con mucho cuidado. Mientras tanto, Saori continuaba con la conversación acariciando con insistencia lo que parecía ser un fragmento de la tiara de la armadura de Pegaso:

–Entonces debemos atacar la guarida de Deméter inmediatamente, aprovechando que hemos aniquilado a casi la totalidad de sus escoltas. –Comentó ella sin subir la mirada e ignorando ls golosinas dejadas por Manju -Yo estaré a la cabeza del grupo protegiéndolos con mi poder.

–¿Está usted segura, Mi Señora? –Preguntó Shiryu preocupado por el bienestar de Saori.

–Sí. Es lo menos que puedo hacer por él, Shiryu.

–Entonces llamaré a dos de nuestros caballeros dorados para que la acompañen, junto con Shaina y el resto del grupo que la acompañó en su expedición. Saldrán mañana a primera hora.

–Prefiero salir esta misma noche. –Interrumpió Saori con una leve sonrisa.

–Si es vuestro deseo lo acataré con gusto, Mi Señora –Comentó Shiryu levantándose de la mesa de café y despidiéndose de su diosa con una solemne reverencia.

Y al otro lado del mundo, en Siberia:

Un peón del Santuario bajó del vehículo acompañado por un pequeño de color de ocho años de edad. El niño tenía dificultades para lidiar con el clima de la región y se movía con lentitud sobre la nieve por culpa de las múltiples capas que formaban sus ropas de invierno. Tanto el niño como su guía caminaron hacia una vieja cabaña escondida entre los árboles, y se encontraron frente a frente con un hombre muy alto, barbudo y de cabellos rubios, que cargaba el grueso tronco de un árbol sobre sus hombros como si fuera de cartón:

–Que alegría verlo maestro Hyoga. –Comenzó a decir el recién llegado con tono respetuoso –Le he traído a su nuevo alumno, Ubora.

Hyoga inclinó levemente su cuerpo para ver detalladamente al chico con su único ojo:

–¿Qué es lo que tiene el muchacho en el rostro? ¿Carbón? –Preguntó Hyoga extrañado.

–No señor, es su color natural de piel. –Pero al ver que Hyoga no había entendido sus palabras, el peón añadió –Es negro señor… del África.

–¿¡Shiryu me envió un negro!? –Preguntó Hyoga incrédulo.

–El Gran Patriarca le envió un alumno, señor. –Dijo el peón disimulando su molestia por el comentario–Además, este no es un africano cualquiera. Es un descendiente de la tribu de los Bosquimanos del sur de África.

–¿Shiryu me envió un pigmeo? –Preguntó el caballero del Cisne arqueando una ceja.

–No señor, le envió un bosquimano… Son distintos. –Corrigió el peón arqueando una ceja – Y no puede devolverlo –interrumpió él al adivinar lo que el otro iba a decir a continuación.

–Yuri, este bicho pertenece a una selva. No va a soportar mediodía entrenando en la nieve –Dijo Hyoga señalando al chico molesto.

–No lo creo señor, según este expediente del Santuario la tribu de Ubora adoraban al niño luego de ver como éste podía… y cito literalmente…-Dijo Yuri luego de ojear el expediente que tenía consigo –"hacer que el aire se convirtiera en escarcha fría".

–¿¡Tribu!? –preguntó Hyoga mirando al niño horrorizado-¿¡Este bicho viene de una tribu!?¿Y qué come?¿elefantes? –Preguntó Hyoga señalando al pequeño que se estaba hundiendo en la nieve.

– Señor… Su racismo me ofende, –Comentó Yuri molesto.

–¡No soy racista! –Exclamó Hyoga ofendido por el comentario– Sólo quiero saber si el negrito es alérgico a algo, o peor aún, es vegetariano.

–Por supuesto… -comentó Yuri sarcástico –Creo que ya he cumplido mis deberes por el día de hoy, Maestro Hyoga. La mochila que Ubora carga sobre su espalda es el único equipaje que trae consigo, y este paquete le pertenece a usted. Tiene el sello del Gran Patriarca.

–Gracias Yuri –Dijo Hyoga luego de dejar el tronco en la nieve y tomar la caja de cartón.

–De nada, Maestro Hyoga. Hasta luego pequeño, te deseo las mejores de las suertes –se despidió él luego de sacar a Ubora de la nieve.

Yuri regresó al vehículo y se alejó de la cabaña de Hyoga, regresando por el mismo camino que había llegado. Mientras, el caballero del Cisne arrancaba la envoltura de papel del paquete rectangular.

Se extrañó al ver impresa la palabra Lenovo en la gruesa caja de cartón, así que acercó a su nariz pensando que se trataba de algún comestible que Shiryu le enviaba desde el Santuario:

–Mejor abro esto en la cabaña –Comentó él caminando hacia su hogar. Pero al notar como el pequeño Ubora miraba como se alejaba el vehículo con lágrimas en sus ojos, le dio un leve golpe en el hombro para llamar su atención–. En cuanto a ti… demuestra tu valía caminando hacia allá por tu cuenta.

Y tras decirle esto a Ubora, Hyoga entró a la cabaña en silencio, sin hacerle caso a los gemidos del pequeño Bosquimano.

Mientras tanto en Caracas (5:04 AM):

Saga se revolcó sobre su colchoneta por cuarta vez en lo que iba la noche. Resignado, se levantó emitiendo unas flatulencias apestosas, que lo hubieran avergonzado de haber estado presentes algunos de sus compañeros.

El caballero de Géminis se levantó de su colchoneta y se dirigió hacia el baño con paso apresurado, ya que tenía la sensación de que su esfínter no aguantaría por mucho tiempo la presión ejercida por las heces. Estaba totalmente empapado de sudor, y los dolores abdominales lo obligaban a detener el paso y arquear su espalda. Maldijo en voz baja a Dokho y a Aldebarán, y juró por la diosa que si salía de esta, se vengaría de alguna manera de aquellos dos idiotas que se convirtieron en la conciencia moral del grupo:

–Tranquilo Saga, ya falta poco. –Murmuro el caballero cruzando el portal del baño –Esto es sólo un malestar temporal… sí, lo es. Mañana estarás bien y comerás algo sano, así sea robado… sí, eso es lo que haré, robar comida para recobrar las fuerzas que necesito para la siguiente batalla.

Al llegar al baño, Saga se sentó sobre el excusado sin preocuparse por la puerta que había dejado abierta. Descargó su intestino grueso con un gemido de dolor y permaneció en silencio sobre el excusado, lamentando su suerte mientras sentía como salía líquido y gas por su ano. Rogando que pronto llegara la tan ansiada sensación de alivio.

A los diez minutos salió del baño con el rostro pálido. La idea de haber cogido una enfermedad le aterraba, ya que este no era ni el momento ni el lugar para mostrar algún tipo de debilidad ante sus compañeros o ante el enemigo.

Repentinamente, justo cuando estaba a punto de cruzar el umbral de la sala del apartamento, Saga se vio sorprendido por una figura fantasmal que se desplazaba por el lugar con lentitud espectral. Al principio creyó que se trataba del fantasma de una mujer alta, pero al notar que aquella cosa estaba envuelta por una vieja sábana de algodón de Plaza Sésamo, se acercó a "ella"para ver quién estaba detrás de esa larga y espesa maraña de cabellos lila:

–¿Mu? –Preguntó Saga desconcertado luego de reconocer al lemuriano.

Mu no respondió. Solo siguió desplazándose por telequinesis hacia la pared más cercana, arrastrando los pies hacia atrás como si fuera una especie de marioneta de carne y hueso.

Esto activó las alarmas internas de Saga. Pero antes de que pudiera hacer algo al respecto, Mu chocó contra la pared produciendo un sonido sordo. Rebotando en sentido contrario, como si se tratara de un globo que fue lanzado en contra de la pared.

–¿Estás bien Mu? –Pregunto Saga temiendo que Mu yacía muerto en algún lugar de edificio y esta cosa fuera el primer fantasma sólido de la historia.

El caballero de Géminis se acercó a Mu y le dio una palmada en el hombro a la que tampoco respondió. Pero lo más espeluznante para Saga cuando hizo contacto con el cuerpo de Mu fue sentir la falta total de peso corporal en el lemuriano. Lo que trajo como consecuencia que Mu nuevamente saliera despedido en contra de la pared con tan sólo un pequeño toque, chocando con mayor fuerza.

Sorprendido y a la vez preocupado por aquello, Saga jaló a Mu hacia si para ver que rayos le sucedía. Y Encendió la luz del pasillo para apartar con brusquedad algunos mechones de cabello lila:

–¿Pero qué rayos…? –comentó Saga confundido al notar que Mu tenía los ojos abiertos y las pupilas tan dilatadas, que apenas se notaba el color verde de sus iris.

Saga frunció el ceño molesto al darse cuenta de lo que sucedía: Sólo se trataba de un simple episodio de sonambulismo a la lemuriana (o por lo menos eso fue la conclusión a la que llegó, dado que él nunca había visto un lemuriano sonánbulo). Y su lado moralista le obligaba a ayudar al muchacho, llevándolo a sus aposentos y sujetarlo a algún mueble para evitar que saliera flotando a la calle.

Pero esto nunca sucedió, ya que Saga fue atacado por un fuerte dolor abdominal que se desplazó rápidamente hacia sus esfínteres. Por unos momentos creyó que sólo se trataban de gases que necesitaban salir de su cuerpo, pero la fuga de un poco de líquido aclaró lo obligó a refugiarse nuevamente en el baño. Dejando a Mu flotando libremente por los pasillos del edificio.

Al otro lado del mundo, en Marruecos (11:45 AM):

Shun acomodó el bolso que contenía sus pertenecías personales bajo la sombra de un viejo Argán y caminó con calma hacia el arbusto donde se encontraba su discípula: una niña de 8 años de edad que ocultaba su rostro bajo una máscara plateada. Shun se detuvo justo detrás de ella, rogándole a la diosa que el día de hoy fuera un día de entrenamiento tranquilo, sin intercambios de palabras vacías con la pequeña, quien se encontraba apoyada sobre una rodilla en el suelo:

– ¿Terminaste de ajustar tus sandalias, Tiffany? –preguntó él mientras se desperezaba estirando los brazos.

–Mamba Negra… –respondió la chiquilla tranquila mientras le daba los últimos ajustes a su calzado de entrenamiento.

– ¿Qué? –preguntó Shun confundido.

Tiffanny se levantó del suelo agitando la abundante mata de cabellos que tenía recogido en dos coletas, y colocó las manos sobre su cintura como si fuera una Top Model para dirigirse a él con un evidente acento fresa:

– Mi nombre es Mamba Negra, Mextro. O sea, ya no es ni Tiffany ni Tiff… sólo Mamba Negra –dijo ella con su vocecilla chillona, añadiendo un tono misterioso a la última oración.

Shun puso los ojos en blanco y suspiró, pues aquel iba a ser igual que los anteriores y tendría que hacer un enorme esfuerzo para entender y hacerse entender con su pequeña discípula. Miró a la niña con las cejas arqueadas y cruzó los brazos justo antes de dirigirse a ella con tono sarcástico:

– ¿En serio? ¿Y a qué se debe ese "oportuno" cambio de nombre? –preguntó él inclinando la cabeza hacia un lado.

– ¡Ay Mextro, pero si se lo expliqué anoche! –Exclamó la niña ofendida – O sea ¿Cómo me expreso? Necesitaba un cambio de identidad, de nombre, de nickname ¿Me capta? O sea, algo que impactara a las multitudes cuando ganara mi armadura. Algo así como Víbora Macabra, Guerrera Negra o Chocolate amargo...O sea ¿Cómo le digo? –enumeró ella con los dedos.

–Ajá… -comentó Shun sin ganas.

–… pero me sonó más Mamba Negra ¡Ay!¿Cómo le digo? es más cool –dijo ella asintiendo con la cabeza.

–No debí haberte dejado ver esa película de asesinos anoche. Pensé que te inspiraría… ¡pero no! –comentó Shun rascándose la cabeza molesto -¿Cómo se llamaba? Ah sí, Kill Boy.

–¿Ay cómo cree Mextro? Yo sería incapaz de hacerle copy paste a Tarantino –respondió ella ofendida manteniendo su pose de pasarela–. Y no se llama Kill Boy sino Kill Bill, y le aviso que se trata de una joya del cine moderno cuya base es el amor y la venganza…¡Y sí, me inspiró! Me inspiró a no casarme en medio de un desierto.

Shun frunció el ceño y le dijo exasperado:

–¡Esa no era la lección, Tiffany! –exclamó el exasperado.

–…Mamba Negra, Mextro. Como la serpiente ¿Por qué tengo que repetirle todo como tres veces?¿Por qué no me capta? O sea… ¿lo dejaron caer de pequeño o qué? –interrumpió la niña pronunciando las palabras como si tuviera una patata caliente en la boca.

–Bueno sí, Ikki me dejó caer un par de veces y… -y al darse cuenta que había perdido el hilo de la conversación, Shun exclamó molesto -¡Tiffany! Tu nombre es Tiffany Fisher. Y cuando ganes tu armadura… si Athena así lo quiere, serás conocida como Tiffany de Vulpécula. Puede que tus amigos te llamen Tiff o Tiffy, pero nunca ¡NUNCA! Te llamarán Mamba Negra ¿Entendiste? –dijo él con tono severo pero sin alzar la voz.

–¡Pero Mextro..! –exclamó la niña dolida con el comentario.

–Haz mil cien lagartijas, ahora mismo. –ordenó Shun señalando el piso.

Tiffany se tiró en el suelo sin chistar, y comenzó a hacer las lagartijas con la destreza que había adquirido durante estos dos años de entrenamiento. Mientras, Shun dirigió su mirada hacia un punto en el horizonte: se trataba de Sasha, una amazona de bronce que se encargaba de los asuntos administrativos de esa región de Marruecos, que formaba parte de las 120 "zonas satélites" alrededor del mundo que pertenecían al Santuario.

La dama le ofreció al Maestro Shun una elaborada referencia que él devolvió con el mismo respeto:

–Maestro Shun, acudo a usted para presentarle una nueva discípula por orden del Gran Patriarca Shiryu. –Dijo ella extendiendo su mano hacia una niña que observaba todo tímidamente detrás de unos arbustos – Su nombre es Lan y viene del sureste de Vietnam. No conoce el griego, ni mucho menos sabe hablar inglés.

–Una... dos… -Comenzó a contar la niña a medida que se ejercitaba.

– ¿Otra niña? –comentó el caballero de Andrómeda de mala gana, ya que no quería tener a otra "Mamba Negra" como alumna.

–…tres…cuatro…cinco...-prosiguió la Tiffany sin prestarle atención a los presentes.

–Una alumna, Maestro Shun. –Respondió la amazona ignorando el comentario de Shun –De la cual estoy segura que esta vez sí será un buen maestro y no cometerá los mismos errores dos veces.

– ¿Qué quisiste decir con eso, Sasha? –preguntó Shun sin comprender la indirecta.

–… seis… siete… ocho… ¿Ay, pero quién será? –Se preguntó Tiffany al reconocer una vibración procedente de su mochila.

–Cuando comience a comparar comprenderá mis palabras, Maestro. –Respondió ella conteniendo las ganas de reír mientras observaba como Tiffany se escabullía del entrenamiento para revisar su celular –Por ahora mantenga a Lan lejos de Facebook y demás distracciones superficiales –dijo ella señalando a Tiffany.

– ¡Oye tú, deja esa cosa y ponte a entrenar! –gritó Shun molesto con el rostro colorado por la vergüenza.

–¡PERO MEXTRO, FÁTIMA COLOCÓ UNA FOTO EN FACEBOOK EN LA QUE USTED APARECE Y QUIERO VERLA…! –gritó la niña emocionada.

Confundido con la respuesta, Shun preguntó en voz alta:

–¿¡Qué…!?¿Quién esa Fátima y porqué tiene una foto mía? –Preguntó confundido mientras la amazona cubría su rostro avergonzada.

–¡Nuestra vecina a 4 Kilómetros de distancia, Mextro!. –Contestó Tiffany en voz alta mientras se acercaba a Shun con el Iphone 4 en la mano –La que gusta de usted, pero es demasiado fea para que usted se fije en ella. Mire, publicó una foto de ustedes 2 en su Face ¡Se ven tan lindo los dos! –exclamó ella emocionada a la vez que le mostraba la imagen que se encontraba en su móvil.

Shun le quitó el móvil Tiffany con un ágil movimiento de sus manos y por segunda vez le ordenó que hiciera lagartijas. La niña replicó, pero no le quedó otra opción que obedecer su maestro. Por otro lado, Sasha se arrodilló sobre el arenoso suelo dirigió hacia Shun con tono respetuoso:

–Tengo que irme, Maestro Shun. Haga de Lan una guerrera digna para Athena y su Sagrada…

–Y tras una breve pausa en la que aprovechó para ver qué era lo que estaba haciendo el respetable maestro que hacía tanto ruido con, preguntó ofendida –¿Está escribiendo un mensaje en el Facebook mientras le estoy hablando, Maestro Shun? –Preguntó ella molesta, colocando un puño sobre el suelo.

–¡Nooo…! –Respondió él avergonzado después de haber sido atrapado in fraganti – sólo estaba asegurándome de que la niña no estuviera viendo cosas inapropiadas sobre mí por internet.

–¿Existe contenido inapropiado sobre usted en internet? –Preguntó la amazona con tono severo.

Y tras unos incómodos segundos de silencio, Shun respondió:

–Fue un placer verla, amazona.

–Lo mismo digo Maestro.

Una hora y media después, en Venezuela:

Clop

Clop

La tercera gota que cayó sobre su frente obligó Kanon a abrir los ojos. Se alzó sobre la cama de muy mal humor y con deseos de destruir la gotera y el techo con sus puños. Aunque para su sorpresa, se encontró frente a frente con una babeante figura fantasmal que se encontraba pegada en el techo.

La reacción fue inmediata y Kanon saltó de la cama dispuesto a matar a aquella criatura:

-¿Pero qué rayos? ¿¡Mu!? –Preguntó Kanon desconcertado luego de reconocer al lemuriano.

El caballero de Aries no respondió, simplemente permaneció en el techo babeando con expresión lerda. El caballero de Géminis aprovechó la luz de la mañana para pararse sobre la cama para detallar mejor al lemuriano.

Al igual que su hermano, Kanon notó la exagerada dilatación de las pupilas y la sensación de falta de masa corporal. Así que se puso en guardia temiendo que algún enemigo se haya infiltrado en el refugio sin que él se diera cuenta. Kanon caminó lentamente hacia el umbral de la puerta y se detuvo para darle un último vistazo a Mu, sorprendiéndose al ver el techo completamente vacío, pues el lemuriano había desaparecido misteriosamente de la habitación.

Mientras tanto, a unas pocas cuadras de distancia (7:40am):

Maldito seas Shaka… -Murmuró Milo molesto mientras caminaba con las manos metidas en los bolsillos de su pantalón- tú también Saga, malditos sean tú y tus esfínteres.

¿Ah? –dijo Ana al escuchar la última oración.

-Es el tipo que cagó el único baño decente que quedaba en nuestro refugio… –Aclaró Milo avergonzado, pero al notar que Ana aún seguía confundida añadió –el tipo tiene diarrea.

Okey –dijo ella asqueada.

Sólo bastó que Milo pronunciara a Saga para que Camus supiera de lo que estaba hablando su mejor amigo. Pues la diarrea del caballero de Géminis se convirtió en un evento desafortunado que afectó negativamente a todo el grupo, debido a que nadie pudo asearse por culpa del mal olor dentro del único baño que funcionaba en el edificio:

-Oye Camus –comenzó a decir Ana -¿Crees que al Gurú Shaka le gustará las ofrendas que le compré? –preguntó ella curiosa.

Gurú, esa palabra hizo que Milo se riera a carcajadas, haciendo que Ana lo mirara de nuevo con expresión confundida:

-Por supuesto señorita Ana. –Mintió Camus evitando el contacto visual con Ana – A Sha… perdón… al Gurú Shaka le encantará sus ofrendas.

Sí, estoy seguro que a tu maestro –interrumpió Milo divertido- le encantará los cuatro desodorantes, las 10 barras de jabón, el par de cepillos dentales, la docena de trusas nuevas talla M, el paquete de afeitadoras, los seis tubos de Colgate, los enlatados y los medicamentos básicos que le permitirán a "Su Majestad Rubia" sobrevivir en esta ciudad sin padecer de escorbuto, tiña o diarrea… sobretodo de diarrea –dijo él agitando las cuatro bolsas plásticas que tenía a la mano.

Ana sonrió emocionada con aquella respuesta. Estaba claro que aquel hombre rubio era algún tipo de santo o divinidad exótica, ya que fue capaz de flotar por horas en medio de la sala de su apartamento, y a su vez de otorgarle mucha paz espiritual tras ser tocada por su aura dorada.

Aun así, una parte de Ana no podía creer el hecho de que había aceptado la oferta de seguir a Camus y a Milo a quien sabe donde. Había sido una decisión muy temeraria de su parte, y la duda sobre si estaba haciendo lo correcto o no aumentaba a medida que se acercaba al hogar de aquellos extraños hombres.

A pesar de los riesgos, Ana no podía echarse para atrás, ya que estaba decidida en volver a comunicarse verbalmente con el mundo a cualquier costo. Así que se abrió el paso entre las personas agolpadas en la congelada plaza La Candelaria hasta llegar a las puertas de un viejo edificio de cuatro pisos:

-Al fin llegamos señorita Ana. –Dijo Milo señalando la entrada del lobby con desdén –Pase

adelante por favor.

La voz de Milo hizo que Ana dejara de admirar la flora congelada de la plaza para encontrarse con un oscuro pasillo que le produjo una desagradable sensación de vacío en el pecho. Entró por el umbral sin entender que la motivaba al seguir caminando al interior de aquel horrendo lugar. Una vez en su interior, siguió a Camus hacia las escaleras que llevaban al primer piso con la mente en blanco y el corazón latiendo a millón.

Al llegar a su destino, Camus abrió la puerta de uno de los apartamentos del primer piso con el ceño fruncido. Algo no le cuadraba, aunque prefirió no hacerle ningún comentario a su invitada, quien tenía la tez pálida por culpa del miedo y la culpa por haberse metido en lo que no debía.

La habitación estaba levemente iluminada por la luz de la mañana, y lo primero que notó Ana fue a un grupo de hombres demacrados y vestidos con ropas viejas en medio de la sala de un espacioso y viejo apartamento. El olor penetrante del lugar, producto de la mezcla resultante entre el sudor, cabello y ropa sucia le hizo imaginarse que se adentraba al refugio de unos drogadictos. Cosa que a ella no le hizo gracia.

Al notar su presencia, aquel grupo de hombres dejó de discutir en voz baja para dirigir sus ojos hacia la joven, que se sintió intimidada al sentirse el centro de atención:

–¿Qué sucede aquí? –preguntó Camus extrañado al ver a todo el grupo reunido excepción de Saga.

–Mu desapareció –respondió Aioria serio.

Camus alzó las cejas incrédulo:

-Al parecer fue poseído por una fuerza desconocida y huyó. –Dijo Kanon con el mismo tono de voz- Estamos a punto de partir en su búsqueda. Les recomiendo que devuelvan a la chica a su casa –dijo él saludando a Ana con un movimiento leve de su cabeza.

-Shaka logró dar con el hechizo de ella y Milo, pero quería que el Gran Maestro o el Anciano Maestro lo vieran con sus propios ojos. –dijo Camus serio.

-Je, al parecer el muy creído no supo solucionar nuestro problemita. –dijo Milo con cinismo

mientras entraba a la sala.

-Te escuché Milo de Escorpio…-murmuró Shaka en español dejando escapar cierta molestia en su voz –Lo que dijo Camus es cierto, el hechizo que yace en el alma de la señorita Ana está escrito en un lenguaje que no conozco, lo que me ha impedido romperlo.

-Muy bien supongo que me tocará quedarme junto con este par. –Comentó Dokho emitiendo un fuerte suspiro antes de emitir una orden –Que los heridos y enfermos se queden acá. El resto busquen a Mu.

La desaparición de los dorados a la velocidad de la luz tomó por sorpresa a Ana. Fue como ver como ver un capítulo del Chavo del 8 en donde una imagen desaparecía bruscamente dejando sólo el escenario de fondo. Ana miró a Shaka con los ojos abiertos como platos ¡Quería una explicación! La gente no desaparece y aparece como arte de magia. Pero el caballero dorado sólo se limitó a extender su mano hacia un viejo y feo sofá verde menta:

-Tome asiento señorita Ana… tú también Milo de Escorpio.

Ella aceptó la invitación sin chistar y se sentó. No podía dejar de pensar en lo que había ocurrido, pero la potente y masculina voz de Dokho la devolvió a la realidad:

-Muéstrame el hechizo Shaka. –dijo el asiático parado delante de Ana con los brazos cruzados.

Ana volvió a deslumbrarse con el aura dorada del caballero de Virgo. El hombre parecía una especie de ser celestial ante sus ojos que extendía su mano hacia ella para sanarla. Shaka realizó leves movimientos con sus dedos como si estuviera dibujando algo en el aire mientras era observado por Ana, quien comenzó a sentir un desagradable hormigueo sobre su piel.

Nuevamente el corazón de Ana se sobresaltó cuando vio unas extrañas letras doradas dibujadas sobre su pecho y brazo derecho. No sabía que hacer exactamente en esta situación: si pedir ayuda a los hombres que la acompañaban, frotar su piel de manera violenta para borrar aquellas cosas o gritar. Lo que sí era seguro es que Shaka había hecho esos tatuajes, que brillaban con tanta intensidad que opacaban el aura bendita del asiático:

–¿Reconoce esta escritura, Anciano Maestro? –preguntó Shaka dirigiéndose hacia Dokho.

–Sí, es el lenguaje de las ninfas, no cabe duda. –Respondió el chino serio, apoyando su mentón sobre su mano derecha –Pero lamentablemente no puedo romper esto.

¿¡Qué!? –preguntó Milo exaltado.

–Necesito conocer el nombre de la ninfa para poder hacerlo –respondió Dokho suponiendo la pregunta hecha por Milo.

–Esto sería en el caso de la señorita Ana. –Interrumpió Shaka – Pero en el de Milo de Escorpio supongo que se requerirá de otra cosa.

– ¿Por qué lo dices? –preguntó Dokho curioso.

¿Qué?¿Cómo que más confuso? –preguntó Milo asustado.

–Cada vez que intento adentrarme en las profundidades del alma de Milo para ubicar la maldición no consigo nada. –Respondió Shaka serio –Es como si me sumergiera en un abismo oscuro y sin fondo.

–Muéstrame, Shaka. –Solicitó Dokho acercando su rostro a Milo.

El caballero de Virgo comenzó a enfocar su cosmos sobre Milo y realizó los mismos ademanes que hizo con Ana. Pero a diferencia que con aquella, no aparecieron letras sino una especie de nube borrosa de color dorado sobre el pecho del caballero:

– ¿Qué es eso? –preguntó Camus dejando ver cierta incertidumbre en su rostro.

–Cof-cof… un borrón –respondió Aioros ojeroso y con la nariz fañosa.

–Es un rastro… -respondió Shaka con tono serio –Un rastro del mismo hechizo que agobia a la señorita Ana, lo sé porque la energía que emana esta luz es la misma.

– ¿Pero por qué no se puede ver con claridad? –Preguntó Shura sentado al lado de Aioros.

–Como dije anteriormente, ver a través de Milo de Escorpio es como adentrarse al vacío… -respondió Shaka con tono tranquilo – es como si su alma estuviera fuera del alcance de mi cosmos.

La frase de Shaka hizo que Milo y Dokho sintieran una desagradable sensación de escalofrío en la nuca:

–Shaka… Milo… es probable que nuestros enemigos tengan las manos metidas en todo esto. –comenzó a decir Dohko desconcertado, ya que no tenía ninguna explicación para aquello –Pero un compañero nuestro acaba de desaparecer delante de nuestros ojos y me urge hallarlo. Por lo que les sugiero que dejemos este asunto en un segundo plano hasta que consigamos a Mu.

Maldición. –murmuró Milo frustrado por su situación, ya que tendría que soportar estar incomunicado en plena emergencia. De repente sus ojos se fijaron en una figura pálida que se levantaba del sofá: Saga. El caballero de Escorpio le lanzó una caja que tenía la palabra Enterogermina impresa sobre su superficie– Shura, dile a este idiota que se tome dos de estas mientras salimos a buscar a Mu… que le dé las gracias a la señorita Ana por conseguirlas.

Luego de escuchar una breve traducción de Shura, Saga dirigió su mirada hacia Ana y le inclinó la cabeza como señal de agradecimiento que ella no respondió por culpa de Milo:

Por favor señorita Ana, reparta estos medicamentos en nuestra ausencia. –le suplicó Milo mirándola fijamente a los ojos mientras colocaba las bolsas sobre la mesa de café –Le prometo que la acompañaré a su casa cuando vuelva.

Y en un parpadeo Milo, Dohko y Shaka desaparecieron ante Ana, dejándola sola con un grupo de desconocidos.

Y en la entrada una iglesia del centro de Caracas:

– ¿Por qué el Patriarca se antojaría de meditar allá arriba? –preguntó Afrodita mirando el cerro El Ávila mientras recordaba el mensaje telepático que les había enviado Shion hace un par de días.

–Para no vernos a la cara. –Respondió Máscara Mortal con tono burlón mientras se adentraba por el umbral –El tipo sabe que esto es una causa perdida, así prefirió abandonarnos antes de admitir la verdad.

Afrodita miró a Máscara Mortal con una sonrisa cínica y le dijo:

–No creo que él sea un cobarde, Máscara Mortal. Tal vez quiera cazar a los dioses por su cuenta… tú sabes… para vengar a su querido hijo adoptivo.

–Jajaja –rió Máscara Mortal con cinismo -… pues le deseo las mejores de las suertes, porque con lo débil que está su cosmos, no durará ni una milésima de segundo ante un dios.

–Jajaja… lo sé, pero aun así, no me parece una buena idea que el Gran Maestro Shion abandone una misión para meditar. Ni Shaka haría algo así… creo –comentó Afrodita dubitativo, mientras caminaba hacia la nave central del templo –Por cierto Máscara Mortal ¿Qué hacemos aquí? –preguntó el caballero de Piscis mirando los alrededores.

–Quiero recordar viejos tiempos –respondió el caballero dorado mirando el altar con aire nostálgico.

¡Auxilio, auxilio estoy poseso!¡Estoy poseso! –se escuchó gritar a un hombre en noruego desde el piso superior de la iglesia- ¡Qué alguien me busque a un cura!

–Cálmese un momento Padre Karras, que estoy muy viejo para correr –Gritó un padre de edad avanzada cuyo apellido era Merrin- ¡Padre Pippin detenga a ese loco antes que se lastime! –gritó él casi sin aliento, señalando al otro que corría desbocadamente y con los brazos al aire en dirección hacia los escalones.

-Sí, padre… ¡ESPERE PADRE KARRAS, EL PISO ESTÁ ENCERADO! –gritó el Padre Pippin.

Lo que sucedió después fue demasiado confuso para la gente que se encontraba orando en el piso inferior: tras escucharse pasos fuertes que indicaban una persecución, alguien emitió un chillido. Luego, algo hecho de porcelana o cerámica se estrelló contra el suelo, al mismo tiempo que un objeto pesado comenzó a rodar por los escaleras de caracol, emitiendo un fuerte ruido a su paso:

Pum.

Pam.

¡PRAMPRAMPRAM!

¡Tacataca-BLAM!

-¡Uuuuh! –exclamaron Máscara Mortal y Afrodita fascinados cuando el cuerpo del Padre Karras cayó sobre sus pies.

–Es la primera vez que veo que alguien rueda por una escalera de caracol –comentó Afrodita divertido – ¿Crees que esté vivo?

–Nope… se rompió el cuello. –respondió el caballero de Cáncer luego de levantar levemente la cabeza de Karras con la punta de su pie –Mejor dejémoslo sólo antes de que llamemos la atención –dijo él siguiendo su camino hacia el interior del templo mientras la gente comenzaba a agolparse alrededor del cuerpo de Karras.

– ¿¡Qué diablos estás haciendo, Máscara Mortal? –preguntó Afrodita al ver al caballero de Cáncer hurgar los bolsillos de la sotana de Karras.

-Robando su billetera.-Contestó Máscara Mortal como si estuviera hablando del clima.

-¿Por qué? -preguntó el caballero de Piscis confundido.

-No la va a necesitar en el otro mundo, nosotros en cambio tenemos que comer... además ¿Desde cuando te sientes con derecho de hacer juicios morales sobre mi persona, si eres peor que yo? -preguntó Máscara Mortal ofendido.

-¡No te estoy juzgando!-corrigió Afrodita - es que me sorprende que pierdas el tiempo robándole la billetera a un sacerdote, estos tipos nunca tienen dinero. Los rabinos por otro lado... ¡esos nadan en plata! Deberíamos ir a una sinagoga.

-Mas tarde buscamos una, por el momento revisemos este lugar para ver que saqueamos. Después de todo dinero es dinero, además siempre es bueno tener una identificacion extra. -Comentó el caballero de Cáncer mirando la tarjeta de identificación de Karras.

-¡Cuidado, ahí vienen los demás! -exclamó Afrodita al ver que se acercaban Merrin y Pippin.

Afrodita y Máscara Mortal giraron sobre sus talones y se fueron silbando hacia el altar con la mayor expresión de inocencia posible, mientras la gente se aglomeraba alrededor del cuerpo de Karras. Se sentaron en primera fila para revisar el botín, pero sólo hallaron unos cuantos centavos, un permiso de conducir vencido, una cédula de identidad y un condón. Mascara Mortal guardó el contenido de la billetera en el bolsillo del pantalón (incluyendo el condón), mientras Afrodita detallaba el interior del siniestro templo con expresión molesta. No había nada interesante en aquel lugar, ni siquiera las tétricas imágenes de santos que miraban el techo con expresión de resignación y dolor eran dignas de hurtar. Pero había otra cosa en el ambiente que le crispaba la piel, y no estaba relacionado con la iglesia o sus visitantes.

Se sentía observado desde un punto alejado y alto fuera de la iglesia, por lo que decidió tomar cartas en el asunto. Repentinamente, los ojos azules de Afrodita se clavaron hacia el tragaluz que se encontraba en la parte más alta de la iglesia e hizo aparecer una de sus rosas blancas en su mano derecha:

-¿No has tenido una sensación molesta sobre tu nuca desde que nos acercamos a este templo? –Le preguntó a Máscara Mortal.

-No ¿Por qué? –Respondió el caballero de Cáncer distraído mientras jugaba con el condón empacado.

Afrodita lanzó su rosa blanca hacia el tragaluz bajo la mirada sorprendida de su mejor amigo. El repentino pero leve cambio de energía que ocurrió tras ese incidente fue suficiente para que ambos corrieran hacia las afueras de la iglesia mirando con atención al cielo con la guardia en alto.

Pero eso no fue suficiente, porque una impresionante descarga de luz y energía cayó sobre los dos caballeros dorados. La gente común gritó aterrorizada por el poderoso rayo que cayó frente de las puertas de la iglesia y mató a unas cuantas personas, salvo Afrodita de Piscis. Paralizado completamente por la descarga eléctrica, el caballero dorado abrió los ojos con dificultad. Estaba encandilado por la potente luz y se esforzó para mirar a los alrededores mientras encendía su cosmos para ponerse de pie. Le dolía la piel por las quemaduras sufridas en el ataque y sus oídos pitaban con fuerza, lo que le impedía escuchar con claridad.

Notó los cadáveres que cayeron con él,pero no le importó, por el momento sólo quería matar a quien le hizo eso. Llamó a Máscara Mortal para que se uniera a él en un ataque combinado. Pero el caballero dorado no respondió. Afrodita comenzó a mirar fugazmente los alrededores alarmado pero no tuvo éxito en encontrar a su compañero que antes se encontraba sobre la enorme mancha carbonizada que ahora decoraba el pavimento, y que fue el punto exacto en donde cayó el poderoso ataque.

-¡Mierda, lo mataron...! -susurró Afrodita en un tono casi inaudible.