Ana y los Catorce Caballeros:

CAPÍTULO SEIS:

La Batalla contra el Señor del Hielo.

En el este de la ciudad de Caracas, minutos antes del ataque:

Aioria, Kanon y Aldebarán se encontraron en la azotea de la torre Británica. Un edificio de concreto y cristales negros que se encontraba al sur de una de las plazas más bellas de la capital venezolana: la Plaza Altamira. Los tres caballeros habían sido de los primeros en salir a explorar la ciudad, pero a pesar de sus mejores esfuerzos, cada uno de ellos había fracasado en su búsqueda. Por ello, los tres habían decidido unir fuerzas con el fin de trazar alguna estrategia diferente que les permitiera ubicar al escurridizo caballero dorado:

–Primero el Gran Patriarca nos dejó a la deriva para meditar ¡Y ahora esto! –Comentó Aldebarán con voz grave y de brazos cruzados – ¿Habrá sido algún tipo de hechizo? ¿O una posesión? Pero eso es imposible. Mu nunca ha salido del edificio desde que fue herido en batalla. Y lo único que ha hecho, además de comer e ir al baño es tomar los medicamentos que le di en la tarde.

– ¿Medicamentos?¿Cuáles medicamentos? –Preguntó Aioria distraído mirando los alrededores.

–Unas cuantas de pastillas de ibuprofeno que encontré tiradas en una de las habitaciones del primer piso. –Respondió el caballero de Tauro serio, ignorando la expresión nerviosa de Kanon –Las compartí con Shura y tu hermano para aliviarles el dolor.

– Ejem… Vaya…Que casualidad, Aldebarán. Anoche hurgué una de las bolsas que trajo la novia de Milo y me conseguí una que otra pastilla… –Comentó Kanon incómodo– que le di a Mu... en su totalidad.

– ¿Y qué con eso? –Preguntó Aioria arqueando una ceja, ya que el comentario le parecía poca cosa –Yo también le di a Mu un jarabe para la tos que conseguí para mi hermano. – Pero al ver el rostro incrédulo de Aldebarán, añadió – Carraspeaba mucho… en serio.

– Un momento Kanon…¿Exactamente qué fue lo que le diste a Mu? –Preguntó Aldebarán volteándose para mirar fijamente a geminiano.

– Pastillas –Respondió él con tono defensivo – Pastillas azules – Añadió al ver a Aldebarán entrecerrar los ojos.

– ¡No quiero saber el color sino el nombre de esas pastillas! –Espetó Aldebarán molesto.

– Bueno, no lo sé. No Shura ni Aioros las quisieron y me parecía un desperdicio no usarlas. Respondió Kanon un poco avergonzado.

Aldebarán abrió los ojos como platos y se cruzó de brazos:

– ¿Y porque tenías que usarlas con él?... Kanon, eres un maldito irresponsable ¿¡Le ofreciste drogas a un herido sin saber lo que eran!? – Espetó Aldebarán furioso.

– Idiota… – Comentó Aioria mirando a Kanon de soslayo.

– ¡Y tú no te quedas atrás! ¡Le diste un jarabe para la tos a alguien que no lo necesitaba! –Espetó Aldebarán, logrando que el rostro de Aioria se enrojeciera como un tomate – ¡Ahora Mu se encuentra drogado en quién sabe dónde, porque ustedes decidieron jugar al doctor con él! ¡Maldición! En verdad me cuesta creer que dos hombres adultos sean tan irresponsables con algo tan delicado ¿Acaso a ustedes los atendían con cataplasmas cuando estaban heridos?

–Bueno, a mí me dejaron encerrado en Cabo Sunion cuando era adolescente…pero recuerdo que de niño de vez en cuando me daban Alka-Seltzer. –Añadió Kanon con cierto rencor en su voz.

–A mí me decían que moriría como el perro traidor que era. –Murmuró Aioria con el rostro encendido.

–Miren… el caso es que…

La discusión se vio interrumpida por un fuerte destello que se produjo al oeste de la ciudad, y que inmediatamente alertó a los presentes. Segundos luego de que aquel brillo lejano se apagara los tres caballeros sintieron una impresionante descarga de cosmoenergía cercana del lugar donde se encontraba el refugio:

– ¿¡Qué demonios es eso!? –Preguntó Aioria desconcertado al ver una figura alada que se acercaba a gran velocidad desde aquel punto.

– ¡No lo sé, pero no dejaré que se escape! –Exclamó Kanon encendiendo su cosmos –¡GALAXIAN EXPLOSION! –gritó él justo antes de lanzar su ataque.

– ¡Cuidado Kanon! –Gritó Aioria al darse cuenta que el enemigo había desviado repentinamente su trayectoria para lanzar un ataque desde las alturas.

Los peatones quedaron enceguecidos a causa de una fuerte luz blanca originada en la torre Británica. Unas milésimas de segundos más tarde, el estruendo de una poderosa explosión estremeció a todo el municipio. Para decenas de personas que se encontraban dentro de la torre de vidrios negros y en las cercanías aquel estruendo represento la última experiencia de sus vidas. Algunos de ellos fueron lanzados por los aires a gran velocidad mientras que los menos afortunados se consumieron bajo un calor infinitamente abrazador.

Los únicos seres humanos que quedaron relativamente ilesos en el perímetro fueron los tres caballeros dorados, quienes se habían lanzado desde la azotea para aterrizar torpemente sobre unos automóviles estacionados.

Luego de esquivar los restos de la Torre Británica que caían estrepitosamente sobre la avenida y los peatones. Los tres caballeros se colocaron uno a espaldas de otro, formando una especie de círculo que les permitía cubrir todos los ángulos. Repentinamente, la temperatura bajó estrepitosamente señalando la llegada de un nuevo enemigo. Enormes bolas de granizo comenzaron a caer en la zona mientras que la superficie de una enorme fuente que se encontraba en la plaza se cubría con una delgada capa de hielo. Aioria miró aquello con una mezcla de sorpresa y rabia antes de dirigirse a sus compañeros en voz alta, debido al ruido producido por una fuerte y fría ráfaga de viento que acompañaba a las otras anomalías:

–Este debe ser el mismo tipo que ataco a mi hermano y los otros.

– ¡En ese caso no podemos quedarnos aquí, estaríamos exponiendo más vidas inocentes! –Respondió Aldebarán mirando hacia el cielo – ¡Tenemos que desplazarnos hacia el nor…! –gritó él señalando hacia el Ávila antes de ser interrumpido.

¡PUM PUM PUM!

Los caballeros fueron atacados por incontables ráfagas de cosmoenergía que destruían todo a su paso. Aquello los obligó a correr a gran velocidad tratando de buscar cubierto tal como lo haría un soldado en medio de una balacera. Cualquier intento de cambiar el rumbo hacia una zona menos poblada era detenido por una nueva e implacable lluvia de ataques del dios, y lo que era aún peor, su enemigo se movía lo suficientemente rápido y con suficiente distancia para hacer los furtivos ataques de los tres caballeros completamente inefectivos. La situación siguió sin cambios por varios minutos hasta que finalmente llegaron a las afueras de un centro comercial llamado Sambil. Repentinamente, Kanon fue alcanzado por varios de aquellos golpes helados. La fuerza del ataque logró estrellarlo contra una de las paredes internas de la infraestructura. Aquel impacto termino de colapsar la zona sobre varias personas inocentes que buscaban refugio en el interior del edificio:

– ¡Kanon! –Gritó Aioria justo antes de detenerse en frente de la entrada del Sambil y apuntar en dirección al cielo –¡LIGHTNING PLASMA! –Gritó el León Dorado.

–¡GREAT HORN! –Gritó Aldebarán liberando todo su poder al mismo tiempo.

Los cosmos combinados de los caballeros de Tauro y Leo, atravesaron las nubes logrando golpear a su objetivo. Por desgracia, aquella hazaña había requerido de mucha energía y había dejado al dúo agotado. Aquella oportunidad fue aprovechada por un segundo atacante que utilizó el mismo rayo que fulminó a Máscara Mortal para atacarlos.

Aioria y Aldebarán cayeron en direcciones distintas, mostrando leves quemaduras en sus pieles. Por otro lado su primer enemigo, el dios Bóreas, destruyó las escaleras del centro comercial de un solo golpe al descender de los cielos. Desde su posición, el dios miró divertido un punto en el cielo, mientras distraídamente congelaba a algunos vehículos que se alejaban del lugar:

–Haz lo que tengas que hacer Céfiro. –Comentó Bóreas en voz alta –Yo me divertiré un rato con estos dos bastardos que perforaron mi armadura. –Dijo él tocándose el peto dañado y mirando al caballero de Leo y Tauro fijamente.

–¡ANOTHER DIMENSION! –Gritó Kanon desde el interior del centro comercial.

Bóreas sintió que su cuerpo era atraído por una poderosa fuerza de gravedad hacia una oscura abertura interdimensional que engullía todo lo que estaba cerca de ella. Aquello hizo que el dios encendiera su cosmos para contratacar:

–¡CRISTAL BLADE!–Gritó Bóreas alzando su mano izquierda en dirección a Kanon.

Un dolor intenso apareció un instante luego de que el brazo de Kanon volara por los aires. Una lluvia de sangre cubrió el rostro contraído del caballero, que cayó de espaldas varios metros atrás sobre los filosos escombros de la entrada del centro comercial.

Por otro lado, Aldebarán y Aioria a duras penas se pusieron de pie luego de escuchar los gritos de dolor de Kanon. Pero antes que alguno de los dos pudiera actuar, quedaron atrapados por una helada onda expansiva producida por el dios del Viento del Norte. Todo en las cercanías del dios se congeló al instante, incluyendo a los dos caballeros dorados.

–¡KAHM! –Gritó una voz a lo lejos.

El cuerpo de Bóreas se estremeció del dolor. El ala y la hombrera derecha de su armadura estallaron por el terrible poder del cosmos de Shaka. Por suerte él no era el único en llegar a la zona. Milo y Camus saltaron desde la azotea del centro comercial lanzando sus respectivos ataques solo un par de segundos detrás del rubio. La armadura del dios recibió 10 de las14 agujas de Escorpio, luego de que su cuerpo se congelara por unos segundos con el Aurora Execution de Camus:

–¡Milo busca a Kanon! –Ordenó Camus con la mirada fija en el enemigo.

Milo obedeció y se adentró en el centro comercial. Allí encontró al caballero de Géminis entre los escombros, luchando por detener la profusa hemorragia que salía de su hombro sin éxito. La presión de sus manos no era suficiente.

–¡Mierda! –Exclamó Milo observando el charco de sangre que bañaban el cuello y la espalda de Kanon.

Milo se quitó su camisa y la usó para hacer presión contra el hombro de Kanon. Pero cuando se dispuso a levantarlo, la furia del dios se expresó en un frío y cruel cosmos que opacó al de sus compañeros de armas incluyendo a los de Aldebarán y Aioria, quienes se habían liberado de sus tumbas heladas.

El cosmos del dios explotó nuevamente lanzando un nuevo y poderoso ataque. El poder fue tal que provocó el colapso parcial de las zonas ya debilitadas dentro del centro comercial. Viendo esto, Milo cargó a Kanon y salió disparado hacia la calle, usando su propio cuerpo y cosmos como escudos para proteger a su compañero de los escombros que caían sobre ellos:

–¡MALDITO SEAS BÓREAS! –Gritó Aioria–¡LIGHTNING PLASMA! –Gritó él lanzando su ataque más poderoso.

–¡TEMBU HORIN! –Exclamó Shaka quemando sus cosmos.

La onda expansiva de ambos ataques fue brutal. Milo y Kanon hicieron un enorme esfuerzo físico para no salir volando por los aires junto con los escombros. Entre toda la agitación, un objeto chocó contra las piernas de Milo haciéndolo mirar en dirección a sus pies.

El caballero de Escorpio abrió los ojos como platos cuando vio la cabeza decapitada de su mejor amigo, Camus. Sin creer lo que estaba viendo, dirigió su mirada hacia donde se encontraba Aioria y Shaka quienes ahora estaban cubiertos de sangre. El caballero de Escorpio se horrorizo al darse cuenta que la sangre que bañaba a Shaka y a Aioria no eran suyas, sino de Aldebarán quien había fallecido al utilizar su propio cuerpo como escudo para proteger a los otros dos.

La incredulidad y horror fueron sustituidos por la furia. Milo bajó a Kanon detrás de una columna con poco cuidado y salto por los aires dirigiendo su ataque contra el infame Bóreas, quien aún repelía los ataques de Aioria y Shaka. Concentrado como estaba, el dios no había esperado aquella intervención, por lo que Milo pudo acercarse lo suficiente como para atacar el furioso rostro de su enemigo directamente. Los ojos del dios explotaron con el poder de Scarlet Needle, produciéndole un agudo dolor que le obligó a bajar la guardia. Shaka y Aioria aprovecharon esa oportunidad para llevar sus cosmos al máximo una vez más y lanzar un ataque simultáneo una milésima de segundo después de que Milo se alejara de la línea de fuego. Gracias a aquel ataque combinado, los tres caballeros finalmente fueron capaces de derribar al dios de los Vientos del Norte.

Ciego y herido de muerte, Bóreas intentó ponerse en pie una última vez cuando comenzó a sentir unos dolorosos espasmos que le obligaron a toser sangre repetidas veces. Una patada en el abdomen lo derribó de nuevo y un fuerte tirón de su cabello alzó su cabeza en dirección a su captor:

–¿Quieres añadir algo antes de morir, maldito bastardo? –Preguntó Milo entredientes.

–¿Qué quieres que diga, gusano? No tienes idea de lo que está pasando aquí y no la vas a tener –Dijo Bóreas con una sonrisa.

Milo se sobresaltó con aquellas palabras. Lo que le dio una excelente oportunidad a Bóreas para picar el cuerpo del caballero en dos, pero Aioria fue más rápido y salvó la vida de Milo explotando la cabeza del dios con su cosmos antes de que pudiera intentar algo.

Minutos antes, en las profundidades de las selvas de Sri Lanka:

La armadura divina de la diosa Athena estaba salpicada por la sangre de la diosa Démeter. Ésta yacía muerta a sus pies luego de que su garganta fuera degollada por la afilada Niké. Los verdes ojos de Athena miraron con frialdad los repetidos espasmos que sacudieron el cadáver de su enemiga por unos minutos. Al cesar, la diosa Athena giró sobre sus níveos pies para ver a sus caballeros. Los sobrevivientes de la dura batalla finalmente pudieron respirar aliviados al darse cuenta de que todo había terminado.

Athena les dedicó una sonrisa, antes de endurecer su semblante y dar órdenes:

–Llévense a los heridos, recojan los muertos y asegúrense de que las fuerzas de Deméter hayan sido completamente derrotadas.

La diosa de la Sabiduría tornó su mirada hacia el objetivo más importante de aquella misión. Allí, detrás del trono de la diosa fallecida se encontraba un enorme árbol que había estado protegido por el cosmos de la diosa Deméter hasta el momento de su muerte.

Al acercarse, Athena notó con su cosmos que algo se movía en el interior del árbol… algo humano. Ella alzó su Niké y cortó el árbol en dos para liberar a su prisionero. Luego, clavó su arma en la húmeda tierra para poder tomar entre sus brazos el cuerpo desnudo que se hallaba en el interior del tronco. Como pudo, lo sostuvo con cuidado a la altura de su pecho, le quitó los cabellos empapados que cubrían frente y le susurró con tristeza:

-Al fin podrás regresar a casa…Seiya.

Al este de la ciudad de Caracas:

Afrodita había rastreado al segundo dios y le había atacado con todas sus fuerzas. Todo en vano. El caballero murió electrocutado por los rayos de Céfiro, junto con Aioros y Shura, quienes se unieron a la batalla a pesar de su condición luego de sentir el ataque inicial en las cercanías del refugio. Aquella segunda batalla había sido una masacre que cobró la vida de tres de sus compañeros y de varios peatones que se vieron atrapados en el fuego cruzado a pesar de los mejores intentos de los dorados. Saga fue el único sobreviviente, cuya vida fue salvada gracias al sacrificio de Dohko.

El caballero dorado yacía de rodillas en medio de toda la destrucción causada por Céfiro. Tenía los ojos llenos de lágrimas y no dejaba de mirar el carbonizado cadáver del joven caballero de Sagitario:

– ¿Qué le voy a decir a tu hermano? –Comenzó a decir en voz baja mientras levantaba el cadáver de Aioros – ¿Cómo podré mirarlo a los ojos y decirle que tu muerte fue en vano? –dijo él al recordar como Céfiro huyó con el cuerpo inerte de Máscara Mortal.

Unos chasquidos llamaron la atención de Saga. El caballero contuvo sus lágrimas para ver lo que estaba produciendo esos desagradables sonidos dentro del cadáver ennegrecido y contraído por las quemaduras. El caballero abrió los ojos como platos cuando se dio cuenta de que el chasquido provenía de los dedos de Aioros, que se movían lentamente, luchando contra la fuerte tensión de los músculos:

– ¿Está con vida? ¡Es imposible! –Pensó él sorprendido. Saga dio un respingo cuando los ojos inyectados de sangre del adolescente se abrieron de par en par y su cuerpo chamuscado comenzó a moverse descontroladamente entre sus brazos. Como por arte de magia, los huesos rotos comenzaron a unirse con un crujido y el tejido blando se comenzó a regenerar lentamente, desechando las partes quemadas como si se tratara de una serpiente cuando cambia de piel. La piel de Aioros reapareció cubierta con una nueva capa de vellos dorados como si la misma nunca hubiera sido destruida.

Aioros no fue el único en experimentar ese milagro: Afrodita, Shura y Dohko estaban volviendo a la vida a lo lejos, ante la mirada atónita de Saga. El joven caballero apartó a Saga de un empujón cuando recuperó la conciencia y se reincorporó tras una sonora bocanada de aire:

–¿D-dónde está Céfiro? –balbuceó el adolescente.

Por otro lado, en el centro comercial Sambil:

Milo miraba en silencio el cadáver de Kanon. Se sentía culpable por su muerte, ya que él tenía la responsabilidad de dejarlo en un lugar seguro… pero falló. La hemorragia había ganado la batalla y ahora tenía el deber de entregarle el cadáver y las explicaciones a su gemelo.

Pero primero debía buscar los restos de su mejor amigo.

El caballero de Escorpio caminó hacia la zona del interior del centro comercial donde recordaba haber visto la cabeza con la mirada perdida y los ojos llenos de lágrimas. Cuando llego al lugar recogió la sucia cabeza de Camus con sus manos desnudas:

–No podemos dejarlos aquí… no se lo merecen. –Dijo Aioria detrás suyo con tono fúnebre.

–Buscaré algo entre los escombros para cubrirlos y… juntarlos. –Dijo Milo mientras Shaka recitaba sutras por el descanso de sus compañeros caídos.

Milo colocó el cadáver de Camus bocarriba y acomodó la cabeza decapitada sobre sus hombros. Un grito de dolor en la lejanía le hizo girar sobre sus pies, y lo que vio lo dejó perplejo: Los restos de Aldebarán comenzaron a juntarse formando una especie de masa de carne, piel y huesos, que poco a poco tomó la forma del caballero dorado. El caballero de Tauro gritaba con los ojos en blanco y sacudiendo en el aire los muñones que sustituían sus extremidades.

No sólo era Aldebarán, el cuerpo de Camus también comenzó a moverse con violencia mientras se regeneraba. Los movimientos del cuerpo fueron tan violentos que la vieja cabeza de Camus fue golpeada rodando varios centímetros lejos de su cuerpo. Al mismo tiempo, Milo vio como el cadáver de Kanon se movía de forma similar antes de ser el primero en recobrar su conciencia y el brazo perdido:

–¿¡Qué sucede!?¿¡Q-quién está gritando!? –Preguntó él alarmado y mirando confundido como Aioria vomitaba al lado de Shaka.

–¿Milo?...–preguntó una voz queda a los pies del caballero.

El rostro de Milo palideció al ver a Camus con una nueva cabeza cuyo cráneo aún estaba regenerándose. Desde su posición, el caballero de Escorpio pudo detallas como un nuevo cerebro cubierto de vasos capilares se estaba formando. Aquello fue demasiado para el extenuado caballero de oro quien simplemente cayó desplomado allí mismo.

Mientras tanto, en el centro de Caracas:

Ana se negó a salir del edificio en ruinas cuando recibió una llamada de su madre que le advirtió sobre los nuevos ataques en la ciudad. Estaba aterrada y sabía que la explosión en uno de los centros comerciales más populares de Caracas estaba relacionada con los extraños hombres.

PUM PUM PAM

Unos golpes en el piso superior la alertaron. Ana caminó muy sigilosamente hacia los escalones por si acaso se veía obligada a huir hacia la calle. Sin embargo un fuerte sonido a sus espaldas le hizo brincar asustada y darse la vuelta. Se encontró con una montaña de objetos desperdigados en el pasillo que aparecieron de la nada como por arte de magia.

Repentinamente más cosas comenzaron a caer del techo, lo que obligó a Ana a refugiarse de aquella "lluvia" debajo del marco de la entrada de un apartamento mientras observaba temerosa como cientos de objetos se acumulaban a su alrededor: desde calcetines hasta colchones nuevos.

–¡Weeeeeeee! –Chilló una voz que provenía de los escalones superiores.

Una figura fantasmal bajó las escaleras flotando sobre sus pies: tenía el cabello lila y largo hasta la cintura. Ana gritó hasta quedarse sin voz cuando miró el rostro deformado y la sonrisa carente de dientes de aquel espectro de piel pálida. La mujer cayó de bruces en su desesperación por alejarse de aquella criatura luego de sentir que se acercaba a ella con la boca llena de baba.

Ana comenzó a arrastrarse de espaldas ignorando el dolor que sentía en sus caderas por culpa de la caída. Pero antes de que se pudiera alejar a una distancia prudente, una fuerza invisible la levantó del piso y la atrajo hacia el fantasma. Ana decidió hacer lo que cualquier persona lógica haría en aquellas circunstancias y comenzó a gritar nuevamente:

–Jejejejeje –Comenzó a reírse el fantasma mirando a Ana con las pupilas totalmente dilatadas mientras varios objetos giraban alrededor de ellos con cada vez más velocidad.

Lo que ocurrió a continuación fue algo muy confuso: las pupilas del desconocido se contrajeron hasta convertirse en un mínimo punto negro sobre un mar verde esmeralda. El rostro embobado del fantasma se contrajo de dolor dejando caer los objetos y a Ana, quien por algún milagro logro caer de pie y mantener el equilibrio en las escaleras del edificio. Luego de ser atacado por una tos seca, la criatura cayó de bruces en el suelo sosteniendo su pecho como si no pudiera respirar. Al parecer, el "fantasma" había muerto de un paro cardiaco.

Ana se quedó de pie en el mismo sitio donde cayó cuando fue liberada de aquel extraño poder. Su mirada completamente fija en el cadáver. Por un momento considero huir de aquel lugar peligro o no en las calles, pero antes de decidir algo su mente quedo nuevamente en blanco al ver como el rostro del desconocido comenzó a cambiar lentamente: la nariz se enderezó, los hematomas desaparecieron y los dientes crecieron, llenando su boca de perlas blanquecinas. El monstruo había desaparecido y dejó en su lugar a un extraño joven sin cejas que abrió lentamente sus ojos:

– ¿Quién eres? –Preguntó Mu al darse cuenta de su presencia.

Ana no respondió.

– ¿Señorita, quién es usted? – Volvió a preguntar el lemuriano sentándose.

En ese momento Mu notó como la aterrorizada mirada de la extraña se alejaba de su cara y se centraba en un punto detrás de él con la boca entreabierta. El lemuriano giró la cabeza desconcertado y se encontró con 4 penes apostados justo detrás suyo:

–¿Qué está ocurriendo aquí? –Preguntó Mu al ver a Aioros, Shura, Dohko y Afrodita completamente desnudos.

–Ahora no hijo. Dijo Dohko con voz baja.

Los cuatro caballeros continuaron su camino hacia al apartamento ignorando a Ana y a Mu. Parecían zombies que se movían con el ceño fruncido y una expresión huraña. Detrás de ellos Saga compartía la misma expresión y actitud, con la salvedad de que el caballero de Géminis tenía sus ropas puestas. Ana y Mu se miraron un instante para luego seguir a los cinco sin decir una palabra.

El desastre causado por la lluvia de objetos en la sala era mayor que en cualquier otra zona del edificio, lo que logró llamar la atención de los recién llegados. Los cinco se detuvieron para mirar los alrededores al notar los cambios en el área.

–¿Y ahora qué demonios paso aquí? Pregunto Shura con fastidio.

–Un problema a la vez. Insistió Dohko apartando de mala gana las cosas que cayeron sobre los muebles de la sala para sentarse en silencio.

Shura notó que había una botella de Whiskey en la mesa de café. La abrió para tomar un sorbo antes de pasársela a Saga, quien desvió la botella con una negativa de la cara hacia Dohko. El anciano caballero aceptó aquel regalo con gusto y bebió varios sorbos para luego pasar la botella a Afrodita y retomar su expresión meditativa. Por su parte, Ana comenzó a desplazarse hacia los escalones sin ser notada. No quería saber nada sobre lo ocurrido luego de que ellos partieran en la mañana. El problema fue que su vista y ruta fueron bloqueadas nuevamente. En esta ocasión se trataba de una enorme mano que cubría la entrepierna de Aldebarán, quien llegó acompañado de Milo y el resto de los chicos luciendo una expresión sepulcral que no tenía nada que envidiar a la de los otros cinco.

–Con su permiso. Y sin más, Aldebarán pasó apresuradamente su lado seguido por el resto del grupo. Ana intentó escabullirse por tercera vez antes de que algún otro evento extraño ocurriera delante de ella y fue detenida por la mano de Milo posada firmemente sobre su hombro:

–Oye ¿A dónde vas? –Preguntó él serio.

–A-a mi casa –respondió ella nerviosa, mirando como Shaka subía un misterioso objeto envuelto en trapos y se encerraba en una de las habitaciones.

–La ciudad está muy peligrosa. Quédate un rato conmigo y luego te acompaño a tu casa… te lo prometo –Dijo él con el ceño fruncido ignorando la voz de Aioria que preguntaba sobre el nuevo desastre de la sala.

–N-n-no lo sé Milo. –Tartamudeó ella buscando una vía de escape.

–Vamos a la cocina. –Dijo él serio.

–¡Pero Milo, comenzaron a llover cosas dentro del apartamento! –Chilló ella –Creo que fue culpa del tipo sin cejas que se desmayó en la puerta.

–¿Ah sí? –Preguntó Milo esbozando una leve sonrisa.

–¡Sí, pensé que me iba a morir del susto! –Chilló ella señalando el lugar donde murió Mu –Tenía la cara deformada… y-y cuando se cayó al piso cambió.

–No le haga caso, señorita Ana. No vale la pena… –Dijo Milo con voz cansada, caminando hacia la cocina con Ana.

La cocina estaba casi tapiada de objetos al igual que el resto del apartamento. Milo y Ana optaron por acomodar el lugar en silencio. Las despensas y los gabinetes se llenaron de un montón de cosas que, al parecer, Mu había robado mientras estaba desaparecido. Milo no estaba seguro de que era lo que había llevado al lemuriano a actuar de esa manera o si el carnero mismo estaba consciente de lo que había hecho, pero considerando todo lo que les había pasado en las últimas horas, estaba dispuesto a dejar pasar el asunto como un buen golpe del destino.

Entre las cosas que trajo Mu, los dos encontraron unos cuantos galones de agua que Ana utilizó para preparar una olla de manzanilla para ella y Milo. Luego de haber arreglado un poco de aquel caos, los dos se sentaron uno frente a otro en una mesa que se encontraba en la parte trasera de la cocina. No se dijeron nada durante la siguiente hora, sólo sorbían de vez en cuando el contenido de sus respectivas tazas cada uno envuelto en sus pensamientos.

Ana alzó su mirada hacia Milo y se ruborizó levemente al verlo. Era la primera vez que le prestaba atención a la atractiva fisonomía del caballero dorado con lujo de detalles. Sin embargo, lo más evidente en la cara del joven era un enorme cansancio. Milo le devolvió la mirada y la observó en silencio por unos segundos. Suspirando, el caballero de Escorpio apoyó los codos sobre la mesa y miró a Ana con una leve y cansada sonrisa:

–Tuve un mal día. Comento el caballero antes de contarle a Ana lo ocurrido hacía unas horas en la ciudad para luego extenderse y dar explicaciones de su pasado y de su misión.

–Así que…–Comenzó a decir Ana pensativa, tratando de darle sentido a las palabras de Milo –¿Los dioses existen y por eso ustedes tienen súper poderes?–preguntó ella arqueando las cejas.

–Ja…¡No son súper poderes! –Exclamó él conteniendo una carcajada –Las cosas que puedo hacer provienen de la fuerza explosiva de mi universo interno, de mi cosmos...–Pero al notar que Ana lo miraba como si él tuviera "cara`e loco", Milo se vio obligado a corregirse –Sí, señorita Ana, tengo súper poderes por culpa de un escorpión radiactivo que me picó cuando era niño.

– ¿¡En serio!? –Preguntó Ana emocionada.

–No. Dijo Milo sonriendo y terminando su segunda taza de manzanilla.

Ana se sintió un poco ofendida por la toma de pelo, pero prefirió continuar con la conversación:

–¿Y esa tal Athena sabe que tú estás aquí luchando por ella? –Preguntó ella interesada.

–No… –Respondió él triste – y no estoy seguro si debería saberlo.

–Pero ella es una diosa, debería ser omnipresente y omnipotente ¿O me equivoco? –preguntó ella.

–Eerrr… no, ella no es como el dios judeocristiano… ella es un poquito limitada ¡Digo!... –Corrigió él avergonzado, mirando los alrededores con cierto nerviosismo –Ella tiene sus limitaciones y es muy dependiente de los seres humanos... como… como cualquier dios griego... ¡Pero es muy fuerte! Aunque Poseidón resultó ser mucho más fuerte que ella… bueno, ella técnicamente no estaba peleando… supongo que si lo hubiera hecho el ganaba… –Comentó él pensativo– ¡El hecho es que Athena no es omnipresente ni omnipotente! ¿Vale? –Concluyó él avergonzado –Pero tiene lo suyo, y está aquí para proteger a la humanidad de otros dioses, valiéndose de sus fieles caballeros.

–Ajá. –Comentó Ana poco convencida.

–Es una historia complicada –Aceptó Milo mirando hacia un punto invisible en el techo.

–Oye Milo ¿Y no has pensado en rezarle? –Preguntó Ana sonriente.

–¿¡A Athena!?–Preguntó Milo escandalizado.

–¡No, al Papa Francisco… Claro que a Athena! ¿Es tu diosa, no? Y uno le habla a Dios por medio de la oración, por lo menos así es en el cristianismo. –Comentó ella encogiéndose de hombros.

– ¿Y funciona? –Preguntó él sarcástico.

–Dicen que sí –Respondió ella pensativa haciendo que Milo pusiera los ojos en blanco.

La conversación fue interrumpida en ese momento por los sonidos viniendo de la sala.

– ¿¡Qué quieres hacer qué!? –Chilló Afrodita desde la sala. Una voz grave respondió con un murmullo. Milo se levantó de la silla con expresión seria, y sirvió más agua caliente junto con las bolsas de té en una bandeja que llevó a la sala para ver qué era lo que estaba sucediendo:

–¿Y cómo pretendes retener al prisionero, anciano? –Preguntó Afrodita luciendo nuevas ropas que había encontrado entre las cosas robadas por Mu – Y lo más importante ¿Cómo pretendes hacerlo hablar? Porque te recuerdo que uno de ellos nos acaba de patear el culo.

–Dos de ellos– Comentó Shura sobándose las sienes y ganándose una mirada impaciente de Afrodita.

–No lo sé, pero es lo único que se me ocurre para tratar de conseguir más información –Contestó Dohko pensativo poniéndose de pie– Todos los que morimos durante estos ataques hemos regresado a la vida como si nada... Y de acuerdo a lo que sé, sólo 2 dioses pueden revivir a los muertos y no son ni Bóreas ni sus hermanos. Los cuatro tienen que estar trabajando para un ente superior. Si queremos saber para que nos metieron a nosotros en este lio, tenemos que conseguir más información –Concluyó mirando al resto de los jóvenes.

–¿Y qué te hace pensar que las dos cosas están relacionadas? Hasta donde sabemos estos dioses y lo que nos ha pasado a nosotros pueden ser dos cosas completamente diferentes– Dijo Saga serio.

–Pero eso sería mucha casualidad ¿No?– Contestó Aioros mirando a Saga.

–¡Precisamente el asunto es que no sabemos nada! Y no sé ustedes pero estas peleas y derrotas cada 100 lunas a mí me tienen cansado. Necesitamos un claro rumbo con el cual proceder en lugar de esperar a ver qué pasa, y atrapar a uno de esos malditos me suena a un buen plan… ya matamos a uno, no son invencibles– Concluyó Kanon con una media sonrisa.

–Francamente, a mí eso no me parece muy diferente de lo que estábamos haciendo antes con las patrullas. Refunfuñó Aioria desde una esquina.

–¡Exacto! Vámonos de este lugar y ya. Estos tipos nos han atacado tres veces y no tenemos más idea de qué demonios ocurre aquí que cuando despertamos– Exclamó Afrodita con hartazgo.

–No vamos a huir de una batalla y no vamos a dejar a mi maestro aquí– Señaló Mu serio desde un asiento cerca de la ventana.

–Y tampoco podemos arriesgarnos a repetir lo de Hades… más aun considerando lo que paso hoy. Además, las únicas pistas que tenemos, por pocas que sean, las hemos obtenido aquí. No podemos irnos. – Añadió Shura frunciendo el ceño.

–Pero esas "pistas" no precisamente están relacionadas con la ciudad en sí –Comentó Aldebarán atrayendo las miradas de todos– Es decir, irnos sin rumbo por allí tampoco no parece tan buena idea pero… ¿Quedarnos aquí es realmente lo correcto? Ha muerto mucha gente por nuestra culpa. Terminó el Toro dorado con tono triste.

Todos se callaron por un momento meditando en las palabras de su compañero. Milo usó ese momento para hablar desde la puerta.

Pues Bóreas insinuó que sí estaba pasando algo justo antes de que lo matáramos. No tengo duda de que ellos saben algo de nuestro predicamento. Todos miraron a Shura quien diligentemente tradujo lo que había dicho el escorpión.

–Bien, veamos… Si todos estos eventos están relacionados y asumimos que los dioses siguen aquí en la ciudad, entonces ciertamente lo mejor que podemos hacer (hasta que se nos ocurra otra cosa) es intentar atrapar a uno de esos bichos e interrogarlo– Comenzó a decir Saga tratando de hilar un plan en su cabeza– Seria más sencillo rastrear a Céfiro porque ya conocemos su cosmos…

–Y si todos rastreamos a Céfiro y lo atacamos al mismo tiempo deberíamos poder detenerlo... Aunque mate algunos de nosotros. Terminó la idea Aioros haciendo una mueca de disgusto.

–¿Y para hacerlo hablar? Insistió Afrodita.

–Lo veremos cuando lleguemos a ese punto. Ya nos las ingeniaremos. Dijo Kanon sonriendo abiertamente y con clara sed de revancha.

–¿Entonces, estamos todos de acuerdo de lo que vamos a hacer? Les preguntó Dohko a los muchachos.

Aquel plan de acción no era para nada perfecto y todos los presentes estaban convencidos de que querían hacer más de ser posible. Pero dadas las circunstancias, aquello sonaba razonable. Mínimo era algo a lo que todos habían acordado.

–Por ahora arreglemos este desorden, así no se puede ni pensar. Dijo Camus hablando por primera vez luego de terminar los últimos tragos de la botella de Whiskey.

–Bueno… al menos todos salimos bien parados de estas dos peleas. Comentó Aioros con una sonrisa luego de mover su perfectamente funcional brazo.

Y en algún misterioso lugar de la ciudad:

Máscara Mortal despertó lentamente al sentir unos molestos pinchazos en su espalda y sus piernas. Aturdido, abrió los ojos y se halló desnudo entre lo que parecía ser un nido gigante hecho de paja y ramas. Hacía frío y su cuerpo estaba empapado de sudor… como si hubiera hecho mucho ejercicio. Pero particularmente, lo que le molestaba más a Máscara Mortal era el fuerte ardor punzante que sentía en el mero centro de su ano:

–¿¡Qué demonios!? –Dijo él aturdido, sin recordar absolutamente nada de lo ocurrido en las últimas horas.

Una leve lluvia de plumas blancas captó su atención. Y sus ojos se posaron ante una criatura hermosa que se hallaba desnuda delante él, mostrando su cuerpo perfecto:

–Veo que has despertado... ¿Listo para otra ronda, nene? –Dijo el dios con voz grave, arrastrándose seductoramente hacia Máscara Mortal.