ANA Y LOS CATORCE CABALLEROS.
Capítulo siete:
Manzanilla
La búsqueda y rescate de Máscara Mortal nunca se llevó a cabo porque nadie se acordó de él. Ninguno de los caballeros notó su ausencia hasta que escucharon el avergonzado chillido de Afrodita quien salió a recibirlo a la entrada del edificio apenas lo vio. Máscara Mortal estaba pálido, ojeroso, vestido con ropa de Dolce & Gabbana y llevando un enorme ramo de rosas rojas en sus manos. Al verse rodeado por sus compañeros, les aseguro con una dulce sonrisa que todo estaba bien, que no se preocuparan por él y que perdonaran su tardanza.
Ninguno supo que decir antes aquello, así que se limitaron a mirar al recién llegado con una mezcla de aprehensión y confusión. Luego de encontrar una vasija para poner sus flores en agua, el caballero de Cáncer pidió que lo dejaran solo para asearse y partió hacia uno de los pisos superiores. Como despedida, palmeó la mejilla de un preocupado Afrodita y revolvió los cabellos de un horrorizado Aioros.
–¿Qué demonios fue eso? –Pregunto Kanon a nadie en particular.
Ana miró la escena de lejos prefiriendo no acercarse al recién llegado por miedo a que se repitiera una escena como la de hacia unas horas:
–Oye Milo, creo que ya es hora de irme ¿Me acompañas? –preguntó ella con tono amable.
–Claro.
–Fue un placer conocerlos –dijo ella dirigiéndose a los presentes– Espero que las cosas que les traje les sean útiles.
–Así será –Mintió Aioros, ya que se había dado cuenta de que la fiebre y la tos habían desaparecido luego de su resurrección.
–Hasta luego –Se despidió Shura.
Ana les dedico una última sonrisa antes de llegar a la entrada del edificio. Milo fue el primero en salir hacia la calle para cerciorarse de que no había ningún peligro alrededor. Le hizo una seña a Ana y ella cruzó la puerta confiada escuchando a lo lejos como Aioria le exigía a Shaka que saliera a ayudarles. Una vez afuera notó que las pocas luces que solían iluminar la calle a esa hora estaban apagadas. Ana tragó saliva. Quedaba poca luz solar y le daba miedo caminar hasta su casa. Prefirió no comentar nada al respecto y jalar a Milo por un brazo para caminar lo más rápido posible:
–Milo, estaba pensando una cosa ¿Qué tal si buscamos a tu Athena por Internet? –Preguntó ella mirando los alrededores temerosa.
– ¿Internet?¿Qué es eso? –Preguntó él confundido.
Ana miró a Milo como si fuera un simio de las cavernas y le preguntó:
– ¿En serio no sabes lo que es Internet?¿La Red de Redes? –Preguntó ella incrédula.
Milo negó con la cabeza.
–A ver, Milo –Comenzó a decir Ana – Si esa tal Charito Kido…–
–Saori Kido. –Corrigió Milo.
–Perdón…si esa tal Saori Kido aún sigue viva y es una multimillonaria famosa como tú dices. Es muy probable que exista alguna información sobre ella en la red, tal vez hasta podríamos contactarla por mail o Facebook.
– ¿Contactar a Athena? – Esas palabras hicieron que el corazón de Milo golpeara su pecho con fuerza.
El caballero de Escorpio miró a Ana con los ojos abiertos como platos y muy sonriente. Sin preámbulos, la cargó entre sus brazos como si estuvieran recién casados:
– ¡Muéstreme ese Internet, señorita Ana! – Exclamó él emocionado.
Ana gritó cuando Milo saltó por los aires y aterrizó sobre la azotea de un edificio, antes de volver a tomar impulso. Sin ninguna otra opción, Ana se dedicó a apretar los párpados y aferrarse a Milo con todas sus fuerzas mientras él saltaba y corría por las azoteas, en dirección su apartamento.
Por otro lado, algunos de los caballeros dorados concluyeron sus labores de limpieza y se dedicaron a disfrutar (por primera vez en mucho tiempo) de una cena decente consistente de jamón y huevos fritos:
– ¿De dónde sacaste estas cosas, Mu? –Preguntó Aioros con la boca llena.
–No lo sé… no recuerdo nada –respondió él avergonzado.
–¿Ni siquiera recuerdas por qué desapareciste? –Preguntó Aioros inocente.
–No.
Kanon y Aioria carraspearon bajo la mirada despectiva de Aldebarán, quien prefirió cambiar el tema de la conversación por el bien de ese par de idiotas:
–Creo que deberíamos probar el vino que Shura encontró en la sala. –Comentó él esbozando una sonrisa– Merecemos consentirnos un poco.
–¿Les parece que este bien que usemos todas estas cosas?… Después de todo son robadas. Dijo el lemuriano incómodo.
–El ladrón fuiste tú, no nosotros. Señalo Shura con una sonrisa luego de regresar con el vino.
–Y si no sabes de donde las sacaste tampoco podemos devolverlas. Añadió Aioria encogiéndose de hombros y ganándose una mirada reprobatoria de Aldebarán.
–No te sientas mal hijo –Dijo Dohko sonriente notando el semblante avergonzado de Mu –Si mataste una vaca, es mejor que te la comas.
–Lo que dijo el viejo: si vas a pecar, peca bien. – Explicó Kanon arrancándole una sonrisa a los presentes.
Parecía increíble pero algo tan sencillo como un poco de limpieza y una buena comida les hubiera mejorado tanto el ánimo. A pesar de los problemas y la incertidumbre siempre presente, el mundo no les parecía tan malo cuando tenían una sencilla y rica comida caliente frente de ellos. Mu se levantó de la mesa con la intensión de ir en busca de Shaka y Mascara Mortal para que se unieran en la cena luego de señalar que lo justo era que, dadas las circunstancias, todos abandonaran sus valores por el beneficio de una buena comida.
–Con permiso –Se disculpó Saga al levantarse de la mesa luego de unos minutos más de amena charla para caminar disimuladamente hacia el baño.
Los dolores de estómago volvieron con la ingesta de grasa, haciendo que el caballero dorado maldijera su suerte. No entendía el por qué él seguía teniendo diarrea tras aquella dura y horrible batalla mientras que el resto de sus compañeros regresaron a la vida con cuerpos sanos:
–¿Será que tengo que suicidarme para que desaparezca éste tormento? –Pensó el apresurando el paso.
Un leve movimiento en el pasillo captó su atención. Algo le dijo a Saga que aquello no había sido Máscara Mortal o Shaka, así que de mala gana, se acercó a dar un vistazo rogando a su diosa de que sólo fuera una rata y no otro caballero flotante. Saga entró al apartamento 2-B mirando los alrededores con tez pálida y el ceño fruncido, pero lo único que notó fuera de su lugar fue a una pequeña maceta que se encontraba en medio del piso de la sala como si estuviera esperando al primer imbécil que se tropezara con ella.
Saga miró aquel objeto fastidiado asumiendo que alguno de sus compañeros lo había olvidado allí durante las horas previas. El caballero de Géminis tomó la maceta con sus manos para colocarla sobre una mesita de café cercana. Entre el claroscuro de la habitación notó que la maceta contenía una pequeña planta de manzanilla, la cual empezó a vibrar repentinamente como un teléfono celular cuando Saga comenzó a caminar:
–¡AAAAAAAAAAAARRRGGGGH! –Gritó una voz estridente que provenía de la planta.
El grito desgarrador hizo que Saga dejara caer la pequeña maceta de arcilla, que se rompió en el acto esparciendo tierra y fragmentos por todos lados. Sin inmutarse la planta aprovechó para arrastrarse sobre el frío piso de cerámica como si fuera una extraña oruga.
–¿Qué fue eso? ¿Se te calló algo? –Preguntó Dohko apareciendo en el umbral de la puerta.
Saga ignoró a Dohko, y cual tigre de Bengala, se abalanzó sobre la planta antes de que ésta pudiera escapar hacia el balcón:
–¡Suéltame, suéltame! –Chilló la manzanilla –¡AUXILIO!¡SOCORRO!¡Qué alguien llame a la policía!
Estupefacto, Dokho siguió a Saga con la mirada mientras el caballero luchaba en el suelo con la escurridiza planta. La misma saltaba de los brazos al cuello de Saga para luego meterse por dentro de su camisa y bajar hacia su pantalón. El caballero de Géminis sintió como la manzanilla serpenteaba entre sus piernas para posicionarse en la parte posterior de su pantalón y, posiblemente, esconderse en su cola. Pensando rápido, el caballero decidió detenerla golpeando su trasero repetidas veces contra la pared. El escandalo atrajo al resto de los caballeros quienes habían abandonado su cena y ahora miraban el show detrás de Dohko. Finalmente, Saga sintió que la mareada planta aflojaba el agarre que había tenido sobre una de sus nalgas por lo que metió la mano en su pantalón y sacó a su presa ante la vista de todos.
–¡HABLA MALDITA!¿¡Quién eres!? –Gritó él furioso señalando la manzanilla con un dedo luego de lanzarla sobre una mesa.
Por un breve momento los presenten pensaron que Saga se había vuelto loco, hasta que la manzanilla se alzó sobre sus raíces y juntó sus hojas para colocarse en una postura que recordaba a una persona arrodillada:
–¡Por favor señor no me mate, os lo ruego! –Suplicó la planta con voz chillona.
–¿Qué demonios? –Comentó Kanon incrédulo.
–Voy a beber más Whiskey –Comentó Camus retirándose de allí molesto (el pobre ya había tuvo suficiente con ver su propia cabeza tirada entre los escombros).
–¿Qué es esa cosa Saga? –Preguntó Aioros señalando la temblorosa planta.
–Creo que es una ninfa –Contestó Dohko mirando la manzanilla maravillado.
–¡Sí, y también es una espía y debemos interrogarla! –Exclamó Saga golpeando la mesa con las dos manos. Detrás del caballero de Géminis algunos de sus compañeros se miraron sorprendidos: No esperaban tener acceso a una posible fuente de información tan rápido ni tan fácilmente.
–¡NO, OS JURO QUE NO SOY UNA ESPÍA! –Gritó la planta llorando desesperada – ¡Soy solo la ninfa Arquipita! Una simple criatura que pasaba casualmente por aquí… Y que sin querer escuchó sus planes de capturar al señor Céfiro y sus hermanos con vida –Exclamó ella suplicante.
Todos los presentes con excepción de Afrodita abrieron los ojos como platos, y acercaron sus rostros hacia la manzanilla con expresión asesina:
–Saga tiene razón… es una espía. Hagámosla picadillo. –Comentó Shura mostrando su mano derecha.
–Estoy de acuerdo. –Comentó Kanon serio, tomando unas viejas y oxidadas tijeras de podar de un estante cercano.
La planta chilló nuevamente, temiendo por su vida. Por lo que Dokho se vio obligado a interponerse ante Shura y Kanon para evitar que la mataran:
–Contrólense señores… ¿Podrías repetir tu nombre, por favor? –Preguntó a la planta.
–M-mi n-nombre es Arquipita, señor. Soy una ninfa de las legumbres y me encargo de dar bendiciones a los niños cuando comen sus verduras. –Comenzó a decir ella aterrada.
–La manzanilla no es una legumbre. – Dijo Aldebarán con sospecha.
–Y las ninfas no bendicen a los niños. –Comentó Aioria arqueando una ceja.
–¡Está bien, vosotros me atraparon!¿Vale?¡Soy una manzanilla! La ninfa de las manzanillas a decir verdad, y le tengo miedo a los niños…¡son diabólicos! –Exclamó la ninfa al borde de las lágrimas.
–Córtala Kanon. –Ordenó Aioria señalando a la planta.
–¡NO, PIEDAD PIEDAD…POR FAVOR!¡Acabo de germinar hace un par de semanas, y mis hermanas mayores me consiguieron un curro en este antro pseudocomunista llamado Venezuela! –Suplicó Arquipita llorando.
–¿Curro?¿Cuál curro? –Preguntó Shura mirando fríamente a la ninfa con los brazos cruzados.
–¿Qué diablos significa curro? –Susurró Aioria a su hermano.
–Trabajo… creo. –Respondió el joven con el mismo tono de voz.
–S-soy promotora de una fábrica de galletas mágicas, s-señor. –Respondió la ninfa –Las reparto gratuitamente por toda la ciudad junto con mis hermanas. Es un curro mal pagado ¡Pero joder! Con esta crisis uno tiene que conformarse con cualquier cosa.
–¿Y con qué fin hacen tal cosa? –Preguntó Kanon acercando las tijeras al tallo de Arquipita.
–¡Generar caos, tío!¡Convertir este basurero llamado Caracas en una nueva Torre de Babel! –Chilló la ninfa temblorosa.
Aioros abrió los ojos como platos:
–¿Así que tú fuiste quien hechizó a Milo y a la señorita Ana? –Preguntó Aioros, generando una nueva oleada de miradas de odio contra la ninfa.
–¡N-no l-lo s-sé, tío! He entregado muchas galletas desde que comencé a trabajar, son muy populares entre los adultos y jovencitos como vos que necesitan calorías extras… ¿Queréis probar una? –Preguntó la ninfa ofreciendo a Aioros una enorme galleta con chispas de chocolate que sacó de la nada.
¡PAM!
La respiración de los presentes se cortó cuando la enorme mano de Aioria aplastó a Arquipita de un golpe. Por unos segundos llegaron a pensar que la ninfa había muerto en el acto, pero un leve chillido proveniente debajo de la palma del caballero de Leo borró esa idea de sus mentes:
–¿¡CREES QUE MI HERMANO ES TAN IDIOTA COMO PARA ACEPTAR ESO!? –Gritó Aioria furioso – ¡Dinos el nombre de la ninfa que hechizó a Milo y a la señorita Ana! –Ordenó él.
Arquipita se reincorporó a medias, apoyándose sobre sus estropeadas hojas:
–¡No hace falta señor caballero, parte del hechizo lo elimina el metabolismo del sujeto en dos semanas! Y la persona afectada queda siendo bilingüe… a menos que… –Dijo ella pensativa.
–¿A menos que qué? –Preguntó Aldebarán con los brazos cruzados.
–Nada… –Respondió ella incómoda, mirando hacia otro lado.
Arquipita se encogió cuando Aioria alzó la mano para aplastarla por segunda vez. Pero el caballero de Leo cambió de opinión y se dirigió a su hermano:
–Aioros, trae agua caliente. Se me antoja tomar una infusión de manzanilla. –Ordenó Aioria.
Arquipita chilló:
–¡OH NO POR FAVOR!¡YA OS DIJE TODO LO QUE SABÍA!¡Os juro que soy inocente!¡Una herramienta de intereses superiores y del capitalismo salvaje! Ni siquiera quería estar aquí…yo… ¡Yo fui secuestrada por ese bellaco sin cejas! ¡Sí tú, el que acaba de entrar! –Exclamó ella señalando a Mu con una de sus ramas.
Mu sólo se limitó a mirar a Arquipita totalmente desconcertado. Por otro lado, Kanon se recostó sobre la mesa para acercar su rostro hacia la ninfa:
–Aldebarán te hizo una pregunta, bruja. –Dijo él con tono amenazante.
Arquipita tembló cuando vio la olla de agua caliente que trajo Aioros de la cocina y dijo:
–¡A-a menos que comas más de cinco galletas!¡Ahí te explota el cerebro, joder! Pero os juro que solo me pasó con el primer cliente.
–Aiora… mátala –Ordenó Saga.
–¡Ya es suficiente! Entrégame la ninfa, Aioria. –Exclamó Dokho serio, extendiendo su mano para rescatar a la ninfa de sus interrogadores.
Dohko se llevó a Arquipita al balcón y la colocó dentro en una maceta nueva, antes de cerrar la puerta de vidrio para conversar con ella en privado. Los caballeros miraban tensamente la escena a la espera de que la planta hiciera algún movimiento súbito o intentara algo. Por varios minutos la planta de limito a dedicarles una retahíla de expresiones españolas como: joder tío, gilipollas, gamberros, mocoso asesino o hijos de puta (las cuales Shura declaro todas como groserías y se negó a traducir otras) mientras se movía violentamente señalando a los caballeros dorados con sus hojas.
Pero luego, en algún punto Arquipita se calmó y comenzó a conversar con Dohko en voz baja. El resto trató de acercarse a la puerta de vidrio para escuchar mejor, pero sólo notaron los cambios en las expresiones faciales del antiguo maestro, que pasaron de la sorpresa a la rabia disimulada por una sonrisa falsa. El caballero de Libra finalizó la conversación inclinándose ante Arquipita como gesto de agradecimiento. De repente, una brillante luz verde esmeralda cubrió a la planta para dar paso a la verdadera forma de Arquipita: una adolescente de 14 años, de cabellos y ojos de color amarillo cuya belleza se vio opacada por los moretones provocados por Aioria y Saga.
Arquipita miró a los caballeros dorados con desdén, y les alzó su dedo medio antes de salir disparada por el balcón y huir. Dohko espero menos de un segundo antes de abrir la puerta de sopetón y dar una simple orden:
–Síganla.
Todos los presentes, con la excepción de Saga, saltaron por la ventana en persecución de la ninfa escondiendo su cosmos para no ser detectados. Un breve llamado logró que Mascara Mortal y Shaka salieran de sus respectivos escondites para participar en la persecución. Ansioso, Saga corrió hacia el baño con la intención de terminar lo que tenía tantas ganas de empezar cuando sintió la mano de Dohko en su muñeca jalándolo impacientemen.
–¡Todos Saga, andando!
Mientras saltaban por los techos de la ciudad en persecución de la ninfa Saga no podía evitar pensar por qué este tipo de cosas pasaban justo cuando se moría de ganas de ir al baño. Su única esperanza era acabar con aquella misión lo más rápido posible.
En ese mismo momento, en el apartamento de Ana:
– ¡Ajá! Lo sabía! Tu jefa tiene varias páginas de internet asociadas– Dijo Ana satisfecha con la búsqueda– ¿Es ella? –Preguntó Ana señalando la foto de una hermosa mujer de cabellos violeta y treinta y tantos años de edad.
–Si… es ella. –Respondió Milo casi sin aliento. No había duda, aquella elegante mujer era la versión adulta de Athena, su diosa.
Milo no pudo evitar darle un abrazo a Ana, estaba feliz de haberla encontrado:
–Muchas gracias, señorita Ana.
–Jejeje… me alegro que te de tanto gusto verla. –Dijo Ana ruborizada –Yo no puedo decir lo mismo de mis jefes. Veamos… contactos… ¡Aquí está! No creo que ella misma revise los mails de sus empresas, Milo.
–No importa, inténtalo –Dijo Milo acercándose a la pantalla con los ojos iluminados.
–Hay que llamar su atención de alguna manera...–Dijo Ana abriendo la dirección de correos mientras pensaba cómo iniciar el email– ¡Ah, ya sé! ¿Qué tal si le enviamos una foto? –Preguntó ella sonriente.
–No creo que consigamos un estudio fotográfico a esta hora, señorita Ana. –Dijo milo extrañado.
–… En serio Milo ¿De qué cueva saliste? –Dijo ella alzando su celular– Vamos, sonríe.
– ¿Pero qué rayos? –Espetó él al encandilarse con el flash del Blackberry de Ana.
Milo miró atónito la foto que había quedado plasmada en la pequeña pantalla del teléfono de Ana. Imagen que luego fue transferida a la laptop para ser colocada como un archivo adjunto en un mail titulado: "For the Goddess Athena".
– ¿Cómo hiciste eso? –Preguntó Milo confundido.
–Luego te explico. –Dijo Ana sin quitar los ojos de la pantalla –Por ahora ayúdame a escribirle algo llamativo a tu diosa. Esperemos que tu foto sea suficiente, sino haremos una foto grupal.
Y en una de las laderas del suroeste del cerro El Ávila:
Los caballeros dorados seguían sigilosamente el cosmos de la ninfa de las manzanillas entre la densa vegetación. Dohko estaba a la cabeza del grupo, atento a cualquier pista que pudiera indicar el paradero de Shion (Arquipita accidentalmente reveló que sus hermanas lo habían secuestrado) o la presencia de cualquier otra ninfa que pudiera dar aviso de la emboscada de los caballeros dorados
Para Dohko todo indicaba que las ninfas, las pacíficas deidades de las leyendas, se habían aliado con el enemigo. A pesar de lo extraño que le resultaba ese nuevo desarrollo, estaba también bastante aliviado. El plan de atrapar a uno de los dioses del viento seguramente resultaría en la muerte de varios de los chicos, y si bien todos habían regresado a la vida, la experiencia había sido horrenda para todos los involucrados y no tenía ninguna prisa en repetirla. Además, el hecho de que hubieran revivido una vez no les aseguraba que tendrían la misma suerte de nuevo. Interrogar a una ninfa, o dos o 100 era muchísimo más fácil. El plan era simple: atrapar a las ninfas, descubrir porque se habían aliado a sus enemigos y obligarlas a decirles quién estaba detrás de ésta enorme movilización de dioses. Si todo salía bien seria sencillo ubicar a Shion y rescatarlo.
Una espesa capa de neblina cubrió el camino dificultando el desplazamiento. Los caballeros sintieron que el cosmos de Arquipita se había detenido a 130 metros de ellos. La joven ninfa ya no estaba sola. Varias presencias dejaron sentir sus cosmos, rodeando al de Arquipita a modo de bienvenida.
A medida que se acercaban en dirección a los cosmos, la neblina fue desvaneciéndose hasta permitirles notar varios montículos de piedra que contenían antiguos símbolos de protección. Las luces de unas antorchas guiaron a los caballeros hasta un claro en el bosque, en donde se encontraba una vieja Rolling Van cuyos ductos de ventilación desprendían un vapor blanquecino. De aquel vehículo salió un elfo calvo y de piel blanca, que tenía el aspecto de un hombre de cincuenta y tantos años de edad con cara de pocos amigos. Al hombre portaba una máscara antigás y un overall de plástico amarillo, mientras cargaba una bandeja que contenía varias láminas de cristal de color azul que llevó hacia una mesa ubicada a pocos metros de distancia
–¿¡Las ninfas saben cocinar anfetaminas!? –Murmuró Aldebarán espantado por la idea.
–¡Sssshhh…! –Espetó Aioros a pocos metros detrás.
Los caballeros cruzaron un área limitada por unas rocas amontonadas. Al hacer esto, la neblina desapareció por completo permitiéndoles ver el campamento montado por las ninfas. El mismo estaba conformado por la Rolling Van, una planta eléctrica y dos cabañas equipadas con una cocina de última generación en donde se preparaban las infames galletas mágicas mencionadas por Arquipita. Cerca de una de las cabañas, podían ver a pequeños escuadrones de ninfas en uniformes de promotoras dando saltos de gimnasia descoordinados sin nadie que las dirigiera.
Aldebarán y compañía se comunicaron con señas para coordinar lo que sería un ataque fulminante. Lentamente y sin ser notados comenzaron a rodear el área. Al caballero de Tauro podía ver claramente como sus compañeros se posicionaban para el ataque y no pudo ocultar una sonrisa ansiosa ante la posibilidad de finalmente tener algunas respuestas.
Todos los caballeros tensaron los músculos desde sus posiciones esperando la señal para comenzar el ataque. Sin embargo la orden nunca llegó porque a los pocos metros de distancia todos, incluyendo las ninfas, escucharon lo que parecía ser un intercambio de golpes, gritos y groserías. Aldebarán miró boquiabierto como el cuerpo de una ninfa inconsciente salía disparado de la vegetación, para caer justo al lado de Dohko atrayendo la mirada de todas las ninfas del campamento hacia su posición. Aldebarán hubiera jurado haber escuchado al Antiguo Maestro lanzar un gruñido que a pesar de la distancia:
–¡TODOS AL SUELO ESTO ES UNA REDADA! –Gritó Afrodita saltando de la vegetación junto con Máscara Mortal del mismo sitio de donde había sido lanzada la ninfa, sosteniendo una de sus rosas rojas como si se tratara de una Magnum 44. Al parecer los dos se habían cansado de esperar por la señal y decidieron comenzar la fiesta de una vez.
–¡Joder hermanas es la D.E.A! –Gritó una de las ninfas tirando al suelo la bandeja de cristales azules que llevaba consigo.
–¡Aaaaahhh! –Gritaron las ninfas con voz chillona.
Dohko sólo se limitó a escuchar el caos que se generó en el campamento: cientos de ninfas comenzaron a correr de un lugar a otro gritando como niñas y tirando o destruyendo las pruebas del delito. Otras se transformaron en diversas plantas y se ocultaron entre el frondoso follaje como las ninfas coquetas de Hércules. Unas cuantas se envalentonaron y decidieron atacar a Afrodita con palos y piedras logrando volarle un diente, pero Máscara Mortal las espantó a punta de patadas en el trasero:
–¡No se confíen, atrápenlas! –Gritó Kanon persiguiendo a un grupo de ninfas de los musgos–¡Necesitamos que nos den información!
Era más fácil decirlo que hacerlo, porque las ninfas eran más escurridizas que una sabandija. Algunas recordaron que tenían poderes y los usaban en contra de los caballeros. La mayoría de los ataques, sin embargo, eran más molestos que otra cosa: gracias a aquella "batalla" Camus descubrió que era alérgico a ciertos tipos de polen y Shaka recordó que el olor a lavanda le daba nauseas, pero más allá de eso, todos ellos parecían estar soportando los ataques bien. Fastidiados, pero bien. En algún punto los chillidos intensos de las ninfas lograron que alguno de ellos se cansara y las atacara con todo su poder. El resto le siguió en tan solo unos instantes, resultando en que numerosas ninfas resultaran carentes de alguno de sus sentidos o fueran congeladas. Por no contar las electrocutadas por Aioria, las aplastadas por Aldebarán y las intoxicadas por el veneno de Afrodita.
Sin embargo, el instigador de mayor caos no era ningún otro que Saga de Géminis. El caballero parecía haber perdido la compostura de pronto y atacaba a las ninfas con impaciencia y ferocidad. Corría a todos lados del campamento atacando a toda las plantas que se cruzaran en su camino (ninfa o no) y en varias ocasiones ataco a ninfas de las cuales sus compañeros ya se habían hecho cargo. Saga logro que más de uno se detuviera estupefacto al verlo lanzar varias mesas con químicos por el aire. Pero lo que verdaderamente aterrorizó a compañeros y enemigas por igual fue la intenpestiva decisión de lanzar su Another Dimension contra el campamento sin advertencia alguna. Como resultado, al menos 75% de las ninfas fueron absorbidas en la otra dimensión y el otro 25% se rindió al instante. Cuando todo terminó, el caballero de Géminis miró a los alrededores sudando frio para luego dirigir sus nerviosos ojos hacia su trasero. Luego de una exclamación, el caballero termino de sorprender a todos cuando tomo en sus manos un rollo de papel higiénico del suelo y se metió al baño del tráiler con una mirada desquiciada.
La batalla había durado unos 5 minutos a lo sumo gracias a la intervención de Saga.
El caballero de libra ni siquiera había tenido chance de moverse de su sitio en el medio del caos. No estaba seguro de si debía alegrase de que todo hubiera terminado tan rápido o enojarse porque todos los chicos habían atacado sin ningún tipo de coordinación, sin esperar su señal y habían matado a tantas ninfas. Solo esperaba que las que les quedaran estuvieran tan asustadas que les dieran la información que querían sin tener que lastimarlas. Un movimiento a su izquierda llamo su atención, se trataba de Arquipita quien de alguna manera había escapado del caos y ahora intentaba huir del lugar. Los dos se miraron igual de sorprendidos por un segundo antes de que la ninfa saliera despavorida con Dohko pisándole los talones.
La joven ninfa huía a toda velocidad, esquivando a sus propias hermanas caídas o heridas en el suelo. Sorprendentemente, logro esquivar los ataques de algunos de los caballeros gracias a su agilidad y su estrategia de lanzar a otras ninfas como cobertura. La ninfa continúo corriendo por el bosque en dirección hacia la cumbre del Ávila y Dohko, a pesar no querer hacerle daño, pero se vio obligado a abalanzarse sobre ella para aplicarle una llave luego de que ésta ignorara su llamado por quinta vez:
– ¿Dónde está Shion, Arquipita?¡Contesta! –Ordenó él.
– ¡No lo sé, os juro! –Chilló ella adolorida.
– ¡No te creo, dime! –Respondió él molesto.
– ¡Es verdad caballero de oro, mis hermanas mayores lo dejaron ir hace un par de horas! –Chilló Arquipita llorando –Dijeron que ya se sentían satisfechas con el semental lemuriano.
– ¿¡Qué!?¿A qué te refieres con satisfechas? –Preguntó Dohko confundido, bajando sin querer la presión de su llave
–Usted sabe señor caballero…satisfechas. –Respondió ella sorprendida por la reacción de Dohko.
La ninfa se vio obligada a aclarar la situación, a pesar de la desagradable presión que sentía sobre su cuerpo:
– Los dioses del Viento le pidieron a mis hermanas mayores que capturaran al lemuriano y lo mantuvieran con vida. Así que lo saturaron de testosterona y otras cosillas… y como no sabían qué hacer con él, decidieron divertirse un poco. Se divirtieron todo lo que pudieron en el tiempo que tenían. Se aseguraron de usarlo hasta que se sintieron lo suficientemente fecundadas como para producir un millón de ninfas bebés ¿Ve? ¡No le han hecho nada malo, os juro!
– ¿Estás diciendo que Shion fue violado por unas cuantas ninfas? –Preguntó Dohko incrédulo.
–Violado es un término muy feo, señor caballero. –Respondió Arquipita ofendida –Mis ciento treinta y cuatro hermanas mayores lo trataron con mucho cariño durante todo éste tiempo…yo misma traté de participar en el apareamiento. Pero las muy malditas no me dejaron y prefirieron dejarlo al norte de la montaña para que regresara por su cuenta a casa –dijo ella haciendo puchero.
– ¡Eres un pequeño demonio! –Exclamó Dokho levantando a la ninfa del suelo con rudeza.
–Le dimos de comer y beber señor caballero, os juro –Dohko la arrastro un par de metros dispuesto a llevarla con el resto de su prole– ¡Tratamos bien al sensual semental lemuriano mientras usaba su telequinésis para construir la plaza, os juro! ¡Dejadme ir, no sé mas nada!.
– ¿Cuál plaza? –preguntó Dohko deteniéndose en seco.
– ¡Maestro, tiene que ver esto! –Gritó Aioros desde un punto en el bosque.
Dohko se llevó consigo a Arquipita arrastrándola del brazo. Estaba furioso. Esperaba escuchar que Shion había sido retenido de alguna forma, pero no había imaginado que las supuestamente dulces ninfas hubieran estado abusando su mejor amigo por días. Y lo que era peor, el lemuriano aún estaba corriendo peligro en algún lugar desconocido. Caminó con dificultad entre la vegetación, luchando de vez en cuando con la ninfa que intentaba usar sus poderes para escapar.
Dohko se detuvo en seco al ver los tres descompuestos cadáveres que portaban armaduras de bronce junto a Shura y Aioros, y miró con odio a la ninfa que temblaba de miedo:
– ¡No fuimos nosotras, os juro! Fueron Notos y Céfiro. No querían gente del Santuario merodeando por estos lares –chilló ella llorando – Perdonen mi vida, por favor ¡Matad a las otras si queréis!
–Llévame a la plaza que construyó Shion. –La cortó Dohko con voz fría.
Arquipita guió a tres de los caballeros hasta el punto más alto de la montaña. Y tras pasar algunos obstáculos y hechizos colocados por las ninfas para ocultar el área, Shura, Aioros y Dohko se encontraron en un terreno plano del tamaño de un estadio de fútbol. El lugar estaba cubierto de losas de granito sin pulir. Y a lo lejos, justo en el centro de la plaza, se encontraba una enorme estatua iluminada por la luz de la luna:
– ¡No puede ser...! –Exclamó Aioros casi sin voz.
Los tres caballeros miraron perplejos la figura de Athena encadenada al suelo. Quien se encontraba de rodillas con una enorme espada clavada en el pecho que le obligaba a inclinarse hacia atrás para mirar el cielo de forma suplicante, mientras decenas de manos la tomaban para arrastrarla al infierno. Por un momento, el mundo se les vino abajo a los caballeros. Sospechaban que los dioses estaban planeando algo contra su diosa Athena, pero esto iba más allá de lo que hubieran podido imaginar. La plaza no solo era una directa afrenta contra todo lo que ellos amaban, era prácticamente una declaración de guerra hacia su diosa y su orden.
Dohko abrió su mano por reflejo al sentir un intenso dolor en dos de sus dedos. Arquipita no perdió ni un instante para salir de disparada y perderse en la vegetación antes de ser alcanzada por el Excalibur de Shura. El caballero de libra miro el profundo mordisco en mano antes de volver a dirigir su mirada hacia la estatua con un chasquido de la lengua.
–¿Qué significa esto, Anciano Maestro? – Preguntó Aioros desconcertado, volviendo a dirigir su mirada a aquella mole de granito.
Pero Dohko no supo que decir al respecto
En el Santuario de Athenas:
Manju entró al Salón del Trono del Patriarca con paso decidido y se arrodilló ante su Señor, el Patriarca Shiryu:
– ¿Cuáles son las nuevas noticias, Manju? –Preguntó Shiryu con tono grave.
–Nuestra diosa ha triunfado sobre el mal, Mi Señor. –Respondió la anciana con tono aliviado. – Derrotó a Deméter y a sus seguidores con la ayuda de sus caballeros.
– ¿Y lo hallaron?¿Encontraron a Seiya? –Preguntó Shiryu expectante.
–Sí, Mi Señor. Y está con vida.
Shiryu se quedó sin aire y abrió sus ojos, dejando ver sus pupilas blanquecinas. El ex caballero de Dragón se levantó del trono y bajó las escalinatas hasta quedar a un metro de la anciana:
–Manju… prepara todo para recibir a Seiya en el Santuario. Y que una pequeña comitiva se encargue de buscar a Seika, quiero que ella sea la primera persona en verlo. –Ordenó él serio –Se lo merece.
–Como usted ordene, Gran Patriarca. Pero existe otro asunto que requiere de vuestra atención: Venezuela. – Dijo Manju sin levantar la cabeza – El segundo grupo enviado a ese país confirmó la presencia de los dioses del Viento y dos nuevos ataques simultáneos contra la población… También hubo otro incidente que llamó la atención de nuestros espías.
–¿De qué se trata? –Preguntó él interesado.
–Unos humanos le hicieron frente a los dioses.
–¿Unos humanos?¿Quiénes? –Preguntó Shiryu con tono serio.
–No lo sabemos, pero de acuerdo a nuestra información esas personas fueron capaces de alzar sus cosmos hasta el séptimo sentido y regresar de la muerte tras ser calcinados por el propio Céfiro. Y hay algo más mi Señor… uno de los nuestros confirmó la muerte de uno de los dioses: Bóreas.
Shiryu frunció el ceño y permaneció en silencio por unos momentos. Con Seiya a salvo, el Santuario podría actuar abiertamente en Venezuela. Pero, acaso estos muertos vivientes… ¿Serían la razón por la cuál los dioses del Viento estarían tan activos desde hace varias semanas?¿Pero por qué?¿Quiénes eran estos hombres que lograron quitarle la vida a un dios?–Pensó él – Shiryu giró sobre sus talones y le dijo a Manju:
–Dame más detalles sobre estos "aliados".
Tokio, Japón:
Secretario especial de la Señorita Kido.
Ese es el nombre del cargo que Tatsumi había creado para Jabu dentro de la Fundación Graude. Un título pomposo y feo para alguien que en realidad trabajaba como guardaespaldas encubierto de la diosa Athena en Japón. Pero cuando ella no estaba presente, el trabajo de Jabu sólo se limitaba a jugar con la pc y navegar por Internet durante once horas al día para matar el aburrimiento.
Jabu atendió la llamada proveniente del teléfono de su oficina:
– ¿Sí? –preguntó él aburrido.
–Buenas tardes Jabu-sama, habla Araki de la Oficina de Seguridad. –saludó la jefa de seguridad de la Fundación Graude – Le llamo porque hace un par de años usted nos dijo que estuviéramos atentos ante cualquier material multimedia cuyo contenido estuviera relacionado directamente con la señorita Kido, Grecia y las palabras Athena y Santuario. Usted nos pidió que estos fueran entregados a su persona a la mayor brevedad posible.
– ¿Ajá? –Respondió él jugando Candy Rush.
–Pues hace unos minutos nuestras redes detectaron un correo electrónico que cumplían estos requisitos –Jabu detuvo lo que estaba haciendo y concentro toda su atención en la llamada luego de escuchar aquello –...no detectamos ningún tipo de virus o malware en él, sólo la foto de un extranjero y un mensaje muy particular.
–Envía el mail a mi correo, Araki.–Ordenó Jabu antes de agradecer y felicitar a la mujer por su trabajo.
Jabu abrió su correo electrónico y comenzó a leer un correo escrito en inglés:
Para la Diosa Athena:
Hola, mi nombre es Ana y les escribo desde Venezuela en nombre de un amigo. Él se llama Milo de Escorpio, tiene 20 años y dice que trabajó para usted desde que era muy chico. Dice que se sacrificó en el Inframundo para abrir las puertas hacia los campos Elíseos (sea lo que sea que eso signifique… en serio ustedes son muy raros… lol!).
Milo tiene un mensaje para Athena: Estamos con vida, los catorce. Pero pase lo que pase no venga en persona a Venezuela, nosotros nos encargaremos de los dioses del Viento en persona.
Ya acabamos con uno.
Suyo para siempre.
Milo de Escorpio.
Cuando Jabu abrió el archivo JPEG adjunto su piel palideció. No podía creer lo que estaba viendo: ¡Era él! Más delgado y demacrado, pero era él. Uno de los 12 caballeros dorados que luchó contra Seiya y compañía y que tuvo el honor de conocer luego de que Athena tomara su lugar en el Santuario: Milo de Escorpio.
Horas después, en Venezuela:
A Ana le costó dormir esa noche. No podía dejar de pensar en aquellos misteriosos hombres y en el favor que acababa de hacerle a uno de ellos. Revisó su celular por tercera vez en la mañana. El mismo estaba repleto de mensajes de texto de sus familiares y amigos, a los que ella se limitó en contestar con un escueto "ok". Algo que le causaba mucho dolor, porque se moría de ganas de hablar con su mamá y preguntarle si todo estaba bien en el interior.
Se sentó en la esquina de la cama y dejó el celular a un lado para desvestirse. De repente, la pantalla del móvil se encendió, mostrando el aviso de que Ana había recibido un nuevo correo electrónico. Ella tocó la pantalla móvil y accedió a su cuenta personal quedando sin habla cuando leyó el mensaje enviado por un tal .jp escrito en griego.
En la cima del Ávila:
De haber habido moscas en el lugar, ya unas cuantas se hubieran metido dentro de la boca de Milo. El caballero de Escorpio no podía quitarle los ojos de encima a la horrible estatua esculpida por el desaparecido Shion:
–…Y esto fue lo que te perdiste anoche –Comentó Afrodita dándole una palmada a Milo en el hombro, antes de caminar hacia la espesa vegetación.
– ¿A dónde vas Afrodita? –Preguntó Aioros con curiosidad.
–Voy a ver cómo puedo conseguir agua caliente para interrogar a las ninfas del tomillo –Contestó él cargando una olla de aluminio que consiguió en el campamento – Ah, Camus me olvidaba –llamo desde la distancia al interesado– Mu dice que luego lo ayudes con el tráiler, que hay un montón de información sobre las sustancias que estas bichas han estado usando pero que la química lo marea. Que lo ayudes con eso, por favor.
–Gracias, ya voy. Grito de vuelta Camus.
Ring ring.
Aioros, Shura, Camus y Milo se sobresaltaron al escuchar lo que parecía ser un teléfono en medio de la nada:
–Disculpen… es para mí. –Comentó Milo en español con las mejillas sonrojadas.
Los tres caballeros miraron con curiosidad el pequeño y viejo teléfono Nokia que Milo sacó del bolsillo de su pantalón y vieron como lo toqueteaba sin parar tratando de recordar cuál era el botón para atender llamadas:
– ¡Ajá… era el maldito botón verde!...¿Hola?– Saludó Milo dudoso.
– ¡Milo, contestaron tu mail! –La voz de Ana se escuchaba fuerte y clara, ya que Milo había activado el altavoz sin querer –Recibí la respuesta de un tal Jabu, quiere que envíe más fotos de ustedes ¿Me voy al edificio con mi cámara fotográfica? Tiene mejor resolución que mi celular.
– ¿Qué? Señorita Ana baje la voz, por favor –Exclamó él ruborizado.
–No estoy hablando en voz alta. –Comentó ella confundida – En fin…el tal Jabu del Unicornio quiere confirmar que todos ustedes están vivos y concertar una cita aquí en Venezuela ¿Qué tal? –Preguntó ella contenta –Por fin podrás contactarte con tu diosa Athena.
Camus y Aioros miraron a Milo con sospecha al escuchar el nombre de su diosa entre tanta palabrería en español. Por su parte, Shura, quien entendía todo lo que decía, Ana abrió los ojos como platos:
–¿Qué quieres que le responda, Milo? Aprovecha que aún tenemos internet –Preguntó Ana emocionada.
–Nada… –Respondió él con voz tensa, pues sentía el peso de las miradas de sus compañeros sobre él.
–¿Nada?¿Por qué? –Preguntó ella confundida.
–Porque… –Milo vio de reojo al pálido Shura, quien sin duda estaba comenzando a entender lo que había pasado – porque es complicado, señorita Ana.
– ¿Ah? ¿De qué carajo estás hablando Milo? –Preguntó ella impaciente – ¡Tu diosa quiere que le mandes un correo electrónico!¿Lo hago o no?
–Luego se lo explicaré señorita Ana... en privado –Respondió él triste.
– ¿Qué?...¿Me están escuchando verdad? Quítale el altavoz al teléfono, Milo. –Dijo ella avergonzada.
Milo colocó el celular en el bolsillo de su pantalón sin cortar la llamada (no sabía cómo hacerlo), y fijó su mirada hacia Shura:
– Shura…–Suspiro Milo mirando a su serio compañero de armas con intensidad– Necesito que seas mi traductor porque creo… creo que hice algo muy malo. Dijo mirando la estatua con aprensión.
