ANA Y LOS CATORCE CABALLEROS
Capítulo 8:
La Maldición Sexual de Shion de Aries.
Horas después, en un punto desconocido del Santuario de Athena:
–Es imposible… no pueden estar con vida. Él no puede estar vivo –comentó Shiryu dirigiendo su cabeza hacia un punto en el centro de una laguna teñida de rojo.
–Mi Señor, –Manju se arrodilló ante Shiryu – Athena acaba de regresar con el caballero de Pegaso. Están en el templo de Sanación.
Shiryu contuvo las lágrimas y siguió a Manju dejando atrás la laguna sangrienta y el infame monolito de piedra que se hallaba en el centro. La descripción de los aliados en Venezuela que había recibido era escalofriante. Los ataques… el físico… todo ¡Todo le recordaba a aquellos hombres del pasado! Y sin embargo, al estar allí, en aquel lugar terrible y lleno de sufrimiento algo no cuadraba.
Debía pensar más en este asunto ¡Debia consultarlo con la misma Athena!... Pero ahora no era el momento para ello. Un asunto a la vez.
Una hora después, los dos llegaron al templo mencionado por la lemuriana. Se trataba de una pequeña construcción circular que se hallaba dentro de una región boscosa, ubicada a un kilómetro de la entrada a las Doce Casas. Shiryu sintió las voces de muchas personas en el lugar; al parecer, la noticia del retorno del legendario caballero de Pegaso se regó como pólvora en el Santuario y todos querían conocerlo:
–¡Arrodíllense ante el Patriarca Shiryu! –Gritó un peón anunciando la llegada de Manju y Shiryu.
Los presentes le abrieron paso al Gran Patriarca y se arrodillaron ante él. Shiryu alzó la mano para indicarle a sus súbditos que se pusieran de pie, odiaba tanto formalismo hacia su persona. Caminó hacia el templo seguido por Manju, y al llegar a los pies de las desgastadas escalinatas de mármol, giró sobre sus talones para dirigirse al público:
–¡Caballeros y Amazonas de la Ilustre Athenea! les ordeno que vuelvan a sus actividades. El caballero de Pegaso necesita descansar.
Los presentes obedecieron a su señor y se retiraron. Shiryu retomó su camino y fue recibido por los sacerdotes y las sacerdotisas que lo guiaron hacia los aposentos de Seiya. El ex caballero del Dragón sintió el cálido cosmos de Saori, quien lo recibió con una sonrisa de alivio y los ojos llenos de lágrimas de alegría.
Shiryu se inclinó respetuosamente ante ella, y luego de un momento, el ciego patriarca sintió como Saori tomaba sus manos entre la suyas. Podía sentir la enorme emoción y alegría de su diosa a través de las temblorosas manos de la joven. Shiryu apenas y pudo contener sus propias lágrimas. Luego de soltar las manos de Saori, el Gran Patriarca se acercó a la cama donde descansaba el joven Pegaso y lentamente extendió su mano para tocar el pecho de Seiya:
–¿Cómo está él? –Preguntó Shiryu sintiendo el calor corporal de Seiya.
–Estable. Ahora está durmiendo –Respondió Saori dejando a Seika con su hermano menor.
–¿Y es cierto lo que me dijo Manju?¿Seiya no envejeció como nosotros? –Preguntó Shiryu incrédulo.
–Sí, es cierto. No sé con qué fin Deméter hizo esto, pero el tiempo no pasó sobre Seiya mientras estuvo prisionero en aquel monstruoso árbol. –Respondió ella posando sus ojos verdes sobre el dormido caballero de Pegaso.
Seiya comenzó a emitir unos leves gruñidos y a moverse lentamente sobre la cama dejando sin aire a los presentes, quienes se acercaron emocionados para darle la bienvenida al chico. Lo primero que vio luego de abrir los ojos con pereza fueron las sonrisas llorosas de las dos mujeres a la cabecera de su cama. El santo de Pegado posó los ojos su hermana mayor y preguntó:
–¿Quién… quién eres?
En Venezuela, un día después:
Ana tomó varias fotos con su celular con la intención de subirlas al Facebook. Esa fue la única solución que encontró para calmar a sus familiares y amigos, que no dejaban de llamarla. También era una manera de distraerse durante su encierro, ya que el país se había convertido en un pueblo sin ley luego de los ataques en la capital.
La mujer leyó con pereza algunos nuevos mensajes que comenzaron a llegar vía Twitter. Hablaban sobre gente salvada de las garras de saqueadores y delincuentes por brillantes luces doradas que dejaban a los malhechores heridos o sin vida. Algunas personas hasta dejaron colar vídeos por la red mostrando éste fenómeno que los más creyentes atribuían a una intervención divina:
–¿Señorita Ana? –Preguntó una voz desde la sala.
Ana reconoció la voz de Milo y salió de su habitación para recibirlo:
–Milo…¿Cómo entraste a mi casa? –Preguntó ella observando que la puerta tenía sus candados intactos.
–Por la ventana.–Respondió él con tono obvio, señalando la ventana de la sala.
Ana quería decir algo al respecto, pero recordó los "súper poderes" de Milo y prefirió cambiar de tema:
– ¿Quieres desayunar conmigo, Milo? –Preguntó ella señalando la cocina.
Milo aceptó la invitación y se sentó en una mesa plástica que estaba en la cocina, mientras Ana preparaba café para los dos:
–No me queda mucha comida en la alacena, –admitió ella abriendo las gavetas de la cocina –pero la situación está muy peligrosa en la calle para salir a buscar más ¿Escuchaste el tiroteo cuando venías para acá? –Preguntó ella asustada.
–Sí, ya me encargué personalmente de ellos con mis súper poderes –Dijo él sonriente, mostrando con orgullo las salpicaduras de sangre que tenía en su franela. Ana lo miró sorprendida –Si le hace falta comida señorita Ana, tenemos bastante en el refugio.
–Pues si no les molesta pasarme un par de cosas, lo apreciaría mucho. Dijo ella con una sonrisa.
–Para nada, es lo menos que podríamos hacer –Dijo Milo mirándola– Sin embargo, quería decirle que ayer le conté sobre el correo a mis compañeros –Comentó él serio.
–¿En serio?¿Y qué te dijeron? –Preguntó ella mientras untaba una rebanada de pan con margarina.
–Bueno… algunos se lo tomaron bien y otros no tanto. –Respondió el rascándose la cabeza –Y después de una larga discusión concluimos que debíamos comunicarnos una vez más con Athena y mostrarle el peligro que le acecha.
Ana lo miró curiosa:
–...Por lo que debo pedirle una vez más su ayuda, señorita Ana. –Comentó él mirándola serio.
–Jeje, ya decía yo que no me visitabas tan temprano por mi bonita cara. Bromeo Ana al escucharlo.
Luego de unos minutos Milo agradeció el desayuno y se ofreció a lavar y secar los platos mientras Ana se preparaba para salir. Al estar lista, Milo la cargó entre sus brazos y saltó desde la ventana hasta la azotea del edificio del frente, con Ana gritando en su oído con cada salto que daba.
A los pocos minutos llegaron a su destino. Milo dejó a Ana en uno de los balcones del cuarto piso para que tomara aire. Al parecer, el viaje no le había sentado muy bien porque tenía el rostro pálido.
Milo la llevó hasta adentro y la sentó:
–¿Se siente bien, señorita Ana?– Preguntó él preocupado, a lo que ella respondió meneando la cabeza con el rostro contraído– Deje sus cosas ahí, por favor. La llevaré al baño.
Milo dejó a Ana en el baño y bajó por las escaleras. Se sentía avergonzado por lo ocurrido, sobre todo luego de haberle pedido ayuda una vez más, así que decidió prepararle algo en la cocina del primer piso para hacerla sentir mejor. En su camino hacia allí, Milo escuchó las voces de Mu, Saga y Aldebarán desde el lobby. Los tres habían llegado de su expedición por Caracas y ahora discutían por algo que se hallaba fuera del edificio, lo que atrajo la atención del caballero de Escorpio:
–Debemos destruir ésta cosa… me da mala espina –Dijo Saga mirando los alrededores desconfiado.
–¿Destruírla?...¡Pero es tan hermosa! –Comentó Aldebarán lamiéndose los labios.
–Yo no me arriesgaría, no sabemos quién trajo ésto hasta acá. Y tomando en cuenta lo que le ocurrió a Milo y a su amiga, pienso que lo ideal sería deshacernos de ella. –Dijo Mu señalando la motocicleta.
Milo saludó a los caballeros levantando una mano, y quedó deslumbrado ante la belleza estacionada frente a él: se trataba de una motocicleta Harley Davidson modelo Road King Classic, cuyos colores negro y plateado brillaban bajo el sol tropical. La belleza de aquella máquina hipnotizó a Milo, quien se acercó a ella y se puso de cuclillas para acariciar el asiento de cuero y ver el motor de cerca:
–Es hermosa...–Dijo él sin aliento.
–No te encariñes con ella, Milo. –Dijo Saga en tono grave y con los brazos cruzados – Vamos a deshacernos de ella.
– ¿¡Qué!?¿Por qué? –Preguntó Milo horrorizado.
Saga no necesitó de un traductor para entender a Milo. El tono lastimero y los "ojos de gatito" fueron suficientes para entenderlo y señalar con su dedo algo que se hallaba en uno de los manubrios de la Harley.
Milo siguió el dedo de Saga y notó que había una tarjeta colgada en el manubrio de la motocicleta. La misma era de color rosa y tenía unos bellos grabados de flores y palomas en ella. Una enorme pluma blanca estaba atada a ella con un hilo dorado. Tomó la tarjeta con su mano y notó que la habían rociado con perfume para hombres luego de escribir la siguiente nota a pluma y con una caligrafía exquisita:
Fui rudo contigo y lo siento.
No he dejado de pensar en ti ni en tu cálido cuerpo.
Mi corazón anhela volverte a ver, pero sé que eso es casi imposible.
Soy tan víctima de las circunstancias como tú,
y por eso me consuelo en observarte desde lejos,
amándote desde la distancia.
Siempre te perteneceré, mi amado Máscara Mortal.
–¡Woooow…!– Esa fue la única expresión Milo que salió de los labios de Milo antes de que estallara de la risa. Nunca creyó que el enfermo y malhumorado Máscara Mortal fuera capaz de conseguir una amante, mucho menos en estas circunstancias:
–No es gracioso Milo. –Dijo Mu serio –No sabemos quién trajo ésta cosa, pudo haber sido una ninfa.
–Pues esta ninfa tiene buenos gustos –Replicó Aldebarán acariciando la moto mientras Milo se secaba las lágrimas de sus ojos. –Propongo algo ¿Qué tal si esperamos a que llegue Máscara Mortal y nos dé una explicación al respecto? Después de todo es su motocicleta –Preguntó Aldebarán sonriente.
Saga y Mu dudaron por unos segundos, pero terminaron accediendo a la petición de Aldebarán con la condición de no meter la motocicleta al edificio, lo que supuso una excelente oportunidad para que Milo y el caballero de Tauro apreciaran la Harley Davidson más de cerca:
–Recuerden que tiene que retomar la búsqueda del Maestro Shion, –comentó Saga girando sobre sus talones –así que sugiero que no pierdan el tiempo con esa cosa.
–¿Vas al baño de nuevo? –Pregunto Mu con tono serio.
–No veo porque es tu asunto pero sí. –Admitió Saga con un ligero rubor de la mejillas y maldiciendo su diarrea por centésima vez.
–Por favor no olvides limpiar luego de que termines, no quiero volver a encontrar algo tan desagradable como lo que dejaste allí el otro día. –Dijo Mu con mirándolo con el ceño fruncido. Aldebarán y Milo soltaron una carcajada.
–¡Eso fue solo esa vez por todos los dioses! –Exclamó Saga poniéndose rojo como un tomate mientras retomaba su camino con paso apresurado.
–Pues una vez es más que suficiente. –Lanzó Mu disimulando una sonrisa mientras Aldebarán y Milo carcajeaban de lo lindo.
Por otro lado, a Ana le costó salir del baño. El paseo con Milo le había revuelto el estómago y se vio obligada a vomitar varias veces. Se había enjuagado la boca con el contenido de una botella de agua que estaba sobre el lavamanos, y se secó las manos con su propia camisa, pues no se atrevió a usar las toallas colgadas en el baño.
Al salir, sintió un nuevo ataque de nauseas por culpa de un penetrante y empalagoso olor floral que invadió el apartamento. Lo que la obligó a taparse la nariz y la boca con sus dos manos. Aquella acción no tuvo mucho éxito, ya que hasta sus papilas gustativas se vieron invadidas por aquel desagradable estimulo. Ana giró sobre sus talones para salir por la puerta principal y buscar a Milo, pero se detuvo en seco al notar la presencia de una figura dentro del baño ¡El mismo baño que ella acababa de usar y que estaba perfectamente solo hacia 30 segundos, vale destacar!
Se trataba un hombre alto y de piel blanca como la leche, que salió del baño desplazándose como una serpiente seductora. Su cabello largo y de color verdoso se encontraba completamente cubierto de un polvo amarillo que no dejaba ver con claridad su tonalidad. No solamente el cabello estaba cubierto; los hombros, los brazos, el rostro y el torso del hombre estaban impregnados de la misma substancia, como si se tratara de abejorro cubierto de polen.
El rubor de Ana llegó hasta las orejas cuando se dio cuenta de que el desconocido estaba completamente desnudo. Retrocedió un paso intentando quitar su mirada sobre el miembro erecto del hombre, pero no tuvo éxito. Hasta intentó huir despavorida, pero una fuerza invisible le impedía mover las piernas.
Ella alzó la mirada y recorrió el cuerpo de aquel hombre con los ojos: la piel era suave y firme con cada músculo de su cuerpo bien definido a pesar de su delgadez. Ana sintió un fuerte escalofrío en su espina dorsal cuando él extendió una mano hacia ella y la atrajo hacia sí con fuerza. El fino polvo amarillo se levantó en el aire cuando los dos cuerpos se estrellaron:
– ¿Quién eres...? –Preguntó ella sin voz, hipnotizada por aquellos ojos violetas que la miraban intensamente.
–Mi nombre es Shion. –Respondió él dibujando una sonrisa cargada de lujuria en sus labios.
Ana nunca notó que había aspirado una cantidad importante del polvo amarillo que cubría al lemuriano. Simplemente abrió los labios para recibir el profundo y apasionado beso de Shion, dejándose llevar por sus instintos más básicos. Olvidándose de sí misma a causa del placer.
Ana se aferró al cuello de Shion, jalando con fuerza los largos cabellos de su nuca. Por su parte el lemuriano se dedicó a otro apretar las regordetas nalgas de Ana para luego alzarla y llevarla hasta la mesa del comedor, donde la tiró dispuesto a hacerle el amor. El movimiento ayudó a esparcir el extraño polvo amarillo por todo el apartamento y sobre el cuerpo de Ana. Extasiada, ella dejó que aquel extraño subiera su camisa con rudeza para apretarle los senos al mismo tiempo que abría las piernas y se aferraba a las caderas desnudas del hombre:
– ¿¡Qué está pasando aquí!? –Gritó alguien desde la puerta.
Saga estaba horrorizado por lo que estaba viendo. No solo estaba su jefe desnudo con la amiga de Milo semidesnuda en la mesa de la salas ¡Pero algo volvía a ocurrir en el instante en que el urgentemente necesitaba el baño! ¿¡Porque le pasaba eso a él!? ¿¡Porque el destino insistía en tener ese chiste con él!?
Sospechando que aquello podía estar relacionado con las partículas de polen que flotaban a su alrededor y se pegaban a su piel. El caballero de géminis encendió su cosmos para "quemarlas" todas y de paso alertar al resto de los caballeros que se encontraban en el refugio:
– ¡No sé qué rayos le ocurre Maestro Shion, pero tiene que liberarse de lo que sea que lo está controlando! –Deje a la chica en paz y recobre la cordura –Exclamó Saga acercándose lentamente a la pareja.
–No– Respondió Shion sin soltar a Ana quien sonreía embobada.
–¡Maestro Shion!– Exclamó Milo asomándose por la puerta junto con el resto de los caballeros dorados. Sin embargo, en un segundo, tanto Milo como Aldebarán sintieron las fuertes manos de Mu asiéndolos por los codos y jalándolos detrás de él. Entonces, el caballero de Aries lanzó el Cristal Wall de pared a pared separando los dos grupos por completo.
–¡Señorita Ana!¿¡Qué demonios!?¿Por qué pusiste el Cristal Wall, Mu? –Exclamó Aldebarán horrorizado.
–Porque seríamos víctimas de ese extraño polen como Saga. –Respondió Mu mirando al caballero de Géminis preocupado.
– ¿Qué?– Preguntó Saga desconcertado.
–Es demasiado tarde para ti, Saga.– Dijo Mu con tono tétrico.
–¿¡Qué!? –Volvió a preguntar él esta vez con tono ansioso.
Shion aprovechó aquel momento para atrapar a Saga con su telequinesis y estrellarlo varias veces contra la pared, antes de acercarlo hacia él y besarlo en la boca. Saga se ruborizó completamente comenzando a sentir el mismo efecto afrodisiaco del polvo de las ninfas que envolvió Ana hacia unos momentos. De pronto, se sintió como un jovencito de nuevo… inexperimentado y nerviosos bajo la atenta vigilancia de…
–¡Hey!– Exclamó Saga al sentir la mano de Shion apretando su miembro erecto. Recuperando la cordura y su fuerza de voluntad, el caballero de Géminis encendió nuevamente su cosmos para estrellar a Shion contra una de las paredes del apartamento.
Mu y compañía miraron la escena desde detrás del muro invisible creado por el lemuriano. Sin duda el muro are capaz de contener el polen y el fuerte aroma despedidos por Shion manteniendo a los tres a salvo, pero no tenían idea de cómo ayudar a su amigo y a la chica. Saga se separó de la pared con el rostro rojo y el aliento entrecortado. Se acercó a la mesa con la intensión de tomar a Ana entre sus brazos para sacarla de la zona de peligro:
–¡Mu, debemos hacer algo! –Exclamó Aldebarán viendo como Shion se levantaba de entre los escombros – ¡Tu maestro tiene una erección… y… y no deja de verme! –Señaló Aldebarán apuntando con el dedo.
–Lo sé… –Dijo él desviando su rostro ruborizado hacia el techo –Estoy intentando no mirarla.
– ¿Está usted bien, señorita Ana? ¿Señorita Ana? ¿Puede escucharme?– Preguntó Milo preocupado desde el otro lado del muro invisible que los separaba.
Ana no respondió. Tanto ella como Saga se habían quedado quietos luego de que este la cargara en brazos y no dejaban de mirarse fijamente a los ojos mientras jadeaban excitados:
– ¿Me puede escuchar, señorita An…?¡Hey, ustedes dos! –Gritó Milo ofendido al ver que Ana y Saga comenzaron a besarse – ¿¡Me escuchan!?¡Hey hey, dejen de manosearse! –Gritó Milo golpeando el muro de cristal.
Mu y Aldebarán miraron con estupor como Saga y Ana continuaban con sus caricias amorosas sobre la mesa:
–¡Rápido Mu, debemos hacer algo!¡Bañemos a esos dos con agua helada! –Exclamó Aldebarán al ver que Saga introducía sus dedos dentro del pantalón de Ana.
–¡Ni se te ocurra tocarla, Saga!¡SAGA! –Gritó Milo golpeando el Cristal Wall con fuerza.
–¿Qué? –Preguntó Mu impaciente tratando de recordar lo que había aprendido en el tráiler de las ninfas con ayuda de Camus– ¿De dónde voy a sacar agua helada, Aldebarán?
–No lo sé, pero yo no quiero ver como Saga hace sus bebes– Respondió Aldebarán señalando a la pareja.
Toc toc toc
Mu, Milo y Aldebarán se callaron y desviaron su mirada simultáneamente hacia un punto específico del Cristal Wall. Allí encontraron a Shion recostado sobre el mismo. Distraídos como estaban, el Gran Patriarca se había escurrido bajos sus tres narices y ahora se encontraba mirando fijamente al caballero de Tauro:
–Hola grandote ¿Quieres salir a jugar conmigo? –Le preguntó Shion a Aldebarán con tono sensual para luego lamer la pared invisible con lujuria.
Los tres caballeros se quedaron completamente mudos ante aquel espectáculo.
–Vamos mi niño– le Shion a Mu mientras con sus dedos trazaba figuras distraídamente en la pared– deja que tu amiguito salga a jugar conmigo. Te prometo darte una recompensa si te portas bien. A ti y a Milito… Los extrañe mucho ¿Saben? –Continúo Shion usando una fracción de su poder para hacer temblar del muro con la amenaza de romperlo allí mismo. Los segundos se hicieron eternos hasta que la voluntad de Mu sobre la técnica fue mayor y logro mantener el muro en posición para alivio de los dos caballeros a sus espaldas.
–Awww no seas malo, déjame entrar allí. Tú sabes que quieres… –Dijo Shion divertido mientras usaba algo más de fuerza para hacer temblar el muro otra vez.
–¡Demonios Mu, haz lo que te digo ahora!¡Sumérgelos en agua fría o algo! –Ordenó Aldebarán sacando a relucir su homofobia. El caballero de Aries pareció tener una idea al escuchar aquellas exactas palabras e inmediatamente tomó acción.
Mientras tanto, Saga y Ana habían permanecido completamente distraídos en explorar el cuerpo del otro sin notar el ajetreo que ocurría a escasos metros de ellos. Sellaron su unión con un apasionado beso cuando repentinamente ambos sintieron el mundo colapsar debajo de ellos. Al instante la sensación de vacío fue reemplazada por una fría oscuridad que lo envolvió todo. Cuando Ana abrió su boca para gritar esta se llenó de agua fría y putrefacta. La mujer comenzó a moverse con desesperación buscando la superficie sin éxito hasta que unas fuertes manos la tomaron de los hombros y la levantaron sobre la superficie del agua:
–Tranquila señorita Ana, ya está a salvo –Comenzó a decir Milo mientras la abrazaba para calmarla–¿Se encuentra bien?
Ana no entendía exactamente qué había ocurrido. Lo único que su mente aturdida y asustada le permitió fue abrazar el cuello de Milo con fuerzas como si fuera una niña pequeña.
Milo la cargó entre sus brazos y la levantó. Al sentirse fuera del agua, Ana alzó la mirada desconcertada y se encontró con los ojos verdes de Saga de Géminis, quien parecía estar tan confundido como ella. Saga salió por su cuenta de unos de los estanque del Jardín Botánico de Caracas a los cuales los había teletransportado Mu. Haciendo uso de toda su dignidad restante se acercó a Mu y a Aldebarán para preguntarles qué rayos había sucedido. Mientras tanto Shion seguía desorientada mente chapoteando en el agua con una sonrisa en los labios.
Un rato después, regresando al edificio:
Shura, Kanon, Dohko, Aioria y Aioros acababan de regresar de su expedición por la ciudad aterrizando sobre la azotea del edificio que les servía de hogar temporal. Ninguno había dado con el maestro Shion o con el enemigo a pesar de la información obtenida gracias a las horas que Afrodita había pasado interrogando a las ninfas (les sorprendió a todos los bueno que había resultado en aquello). A pesar de aquel fracaso, ninguno sentía que el día estaba del todo perdido ya que habían contribuido con el restablecimiento del orden en la ciudad de Caracas, cargándose decenas de delincuentes en pocas horas.
Los cinco hombres estaban agotados y hambrientos, pero antes de que si quiera pudieran entrar en el edificio fueron detenidos por Aldebarán quien los esperaba en las escaleras. El joven toro les contó todo lo que había sucedido durante su ausencia omitiendo tanto escandaloso detalle cómo le fue posible:
– ¿Y la chica se encuentra bien? –Preguntó Aioros estupefacto, mientras el resto miraban a Aldebarán boquiabierto.
–Sí, Milo la llevó a ella y a Saga a su apartamento. Contesto Aldebarán con una sonrisa.
–¿Saga?¿Y qué tiene que hacer él en el apartamento de la chica? –Preguntó Kanon confundido.
Aldebarán tomó una bocanada de aire antes de responder:
–Mu y Milo quieren asegurarse que no queden rastros de polen en esos dos, así que decidieron que lo mejor para ellos era mandarlos a que tomaran una larga ducha. El apartamento de la señorita Ana todavía cuenta con servicio de agua, cosa que desgraciadamente no disponemos acá. Según Mu, el efecto debería ser pasajero como en el caso de las galletas, pero se recuperaran más rápido si reducen el tiempo y la cantidad de exposición a la sustancia. Milo se quedó con ellos como chaperón, por si Saga se ponía…intenso. –Comentó él incómodo.
Los caballeros se miraron entre sí:
–¿Y qué están haciendo Mu y el Gran Maestro en estos momentos? –Preguntó Aioria preocupado.
–Mu está usando su telequinesis para atrapar todo el polen que se encuentra en el tercer piso. En cuanto al Maestro Shion… al parecer se teletransportó hacia la costa cuando volvió en sí.
–Idiota. –Murmuró Dohko molesto.
–Ya pueden entrar al refugio. –Llamo una voz detrás de Aldebarán.
Los presentes dirigieron sus miradas hacia Mu, quien se veía satisfecho por su trabajo en el tercer piso:
–¿Estás seguro?¿No participaremos en algún tipo de orgía de maricas, verdad? –Preguntó Shura preocupado.
Mu sonrió cansado:
–Completamente seguro. Ni siquiera hay rastros del perfume. –Respondió el lemuriano estirando los brazos con flojera.
–Eso espero. –Murmuró Shura sin animarse a ser el primero en entrar al sitio a pesar de las palabras de su compañero.
–Bueno, ya que están ustedes aquí y que ya no hay peligro me retiro al apartamento de la chica –Comentó Aldebarán sonriente– Creo que sería buena idea darle una mano a Milo por si lo necesita.
–Me parece bien. –Comentó Mu – No quiero sorpresas de último minutos.
Media hora después, en el apartamento de Ana (2:37 pm):
La tensión en el aire podía cortarse con un cuchillo: Milo yacía sentado en la mesa de la cocina, mirando a Ana con los brazos cruzados y gesto reprobatorio. Por su parte ella permanecía con la cabeza baja al otro lado de la mesa, avergonzada por todo lo ocurrido con Saga y Shion.
Aldebarán trataba de animar un poco el ambiente sin ningún éxito:
–Tenía tiempo que no disfrutaba de un buen café con leche... –Comentó sonriente luego de darle un sorbo a su taza.
Pero Ana no respondió al comentario:
« ¡Dos hombres! –Pensó Ana horrorizada mientras sostenía su propia taza de café caliente – ¡Estuve a punto de acostarme con dos hombres!¿¡En qué carajo estaba pensando!?¡Soy una zorra, la zorra más grande que ha parido esta tierra! …»
–…Ni que decir del postre, la torta de chocolate está muy buena ¿Verdad, Milo? –Comentó Aldebarán tratando de animar al caballero dorado.
–Hmmmm… –Gruñó Milo molesto. Ni había tocado su taza de café.
Por su parte, la mente de Ana seguía lejos de la cocina:
«… Cedí ante esos dos maravillosos, grandes, gruesos y perfectos penes –Pensó ella recordando a Shion y a Saga, lo que provocó un respingo que le hizo golpear una de las patas de la mesa – ¿¡Dios mío, por qué no puedo dejar de pensar en esos jugosos pedazos de carne!?...¡Maldita sea!... ¡No, no, no y no!¡Piensa en otra cosa, Ana! Piensa en… en… en caramelos, en mi Pequeño Pony, ropa, zapatos, mocos, heces ¡Cualquier cosa que no sea en "eso"!…»
Aldebarán rió sin muchas ganas y volvió a tomar café:
« …¡Fui peor que mi hermana Mónica!… –Continuó Ana sumergida en sus propios pensamientos –Aunque Aldebarán me dijo que estaba bajo un hechizo ¡Pero igual, debí haber luchado o dicho que no! Pero cedí…»
–¿No vas a querer probar tu postre Milo? –Preguntó Aldebarán observando el trozo intacto de torta de chocolate.
–No, sólo quiero patearle el trasero a una maldita ninfa, pero me conformo con el de Shion o el de Saga –refunfuñó el caballero de Escorpio.
Milo giró su cabeza extrañado al escuchar su propia voz para inmediatamente voltear hacia su compañero quien lo miraba boquiabierto:
–Milo, acabas de… –Comenzó a decir Aldebarán con enorme sonrisa – ¡Acabas de hablar en griego! –Exclamó él feliz.
–¿Si? –Preguntó Milo confundido escuchándose de nuevo.
Aldebarán saltó de la mesa para abrazar a Milo (quien tardó unos segundos en caer en cuenta de los que acababa de ocurrir) y felicitarlo. Milo no pudo evitar sonreír ante la emoción de su compañero y su propia alegría. Aldebarán lo abrazo una segunda vez alzándolo por los aires y luego se volteó hacia Ana emocionado:
– ¿Vio lo que acaba de ocurrir, señorita Ana?¡Milo ya puede hablar griego! Eso significa que usted también debe poder hablar español sin problemas–Pero Ana no respondió, estaba totalmente absorta en sus pensamientos– ¿Se encuentra bien señorita Ana? –Preguntó Aldebarán arqueando una ceja.
«… ¡Ya sé! Me concentraré en este tipo… el grandote ¡Me concentraré en su única ceja y lo bien que le quedaría una depilación con cera!...»
–Ujú. –Contestó ella sin abrir los labios.
Aldebarán suspiró y se inclinó hacia ella:
–Señorita Ana… le suplico que no se recrimine por lo que pasó. –Comenzó a decir Aldebarán con tono conciliador –Entienda que usted, Saga y el Gran Maestro Shion fueron víctimas de algo más allá de su comprensión…–dijo él con dibujando una agradable sonrisa.
«…No estoy pensando en sexo, –se repitió ella dentro de su cabeza –estoy pensando en cejas peludas…»
–… Ni Saga ni el Maestro Shion tenían intenciones de tocar su honor. – Continuó Aldebarán mientras que Milo asentía con la cabeza ya con un mejor ánimo luego de recuperar su lengua natal.
«…No estoy pensando en sexo, estoy pensando en cejas peludas y una depilación brasileña…»
– Y de haber sido lo contrario, su servidor le habría aplastado sus pequeñas cabezas con estas poderosas manos. Jajaja –Rió él alzando sus enormes manos.
«…Dios Mío, –comenzó a pensar ella mirando los enormes músculos de Aldebarán– si así de grande es su brazo, no me quiero imaginar su pe…¡No estoy pensando en sexo! Estoy pensando en un brazo erecto… ¡Digo! En una ceja erecta… ¡Digo! ...¡Maldita sea, quiero tener sexo con alguien, ahora mismo! »
–Ja-ja –Ana rió de manera forzada, incómoda y conteniendo sus impulso sexuales.
La puerta de la cocina se abrió lentamente dejando ver a Saga. Un incómodo silencio llenó el lugar al instante, lo que intimidó al caballero dorado quien había hecho un enorme esfuerzo en salir del baño y verse cara a cara con todos, especialmente Ana:
« ¡Dios Mío, es él!¡El tipo de los dedos!» –Pensó ella apretando sus piernas.
Hasta ese momento, Ana no se había percatado de lo guapo que era el gemelo, cuyos ojos verdes brillaban como un par de esmeraldas bajo el desordenado cabello recién lavado. Luego de un breve carraspeo, Ana se vio obligada a desviar su mirada hacia un punto de la mesa en un esfuerzo para ocultar el rubor y la vergüenza dibujada en su rostro.
Saga también tenía las mejillas ruborizadas, algo que logro volver a fastidiar a Milo:
– ¿Metiste la ropa sucia en la bolsa? –Preguntó Aldebarán serio.
Saga asintió desviando su mirada hacia afuera de la cocina con la intensión de largarse de allí lo más pronto posible:
–Entonces creo que ya es hora de retirarnos… –Añadió Aldebarán sonriente– a menos que Saga quiera decirle algo a la señorita Ana. Ofreció el toro dorado amigablemente pensando que talvez un empujoncito en la dirección correcta sería suficiente para poner aquella vergonzosa situación detrás de todos ellos.
Ana y Saga se miraron por unos instantes, sorprendidos por las palabras de Aldebarán. El gemelo carraspeó la garganta incómodo, nunca había estado en una situación tan vergonzosa ante una dama. Pero tenía que hacer algo para enmendar las cosas, su honor se lo pedía. Tomó una bocanada de aire antes de colocarse en el centro de la cocina y dirigirse a Ana:
«¿Qué es ese bulto entre sus piernas?...Okeeeyyy –Ana abrió los ojos de par en par –¡El tipo sigue excitado!... Muy excitado»
Saga se colocó justo en frente de Ana, utilizando toda su fuerza de voluntad para mantenerse en su lugar y mirar sin lujuria a la mujer que estaba sentada frente de él. Rogaba que nadie notara la molesta dureza que tenía en su entrepierna. Por otra parte, los ojos de Ana luchaban por acatar las normas básicas del Buen Oyente y mirar a la cara a la persona que te habla, pero la entrepierna de Saga llamaba demasiado su atención.
«Siento que esa cosa me va a golpear la cara...»
–Creo que le debo una sincera disculpa, señorita...–Comenzó decir Saga carraspeando la garganta bajo la mirada atenta de Aldebarán, quien se sentía orgulloso de la madurez del caballero de Géminis y la suya propia por haber sugerido la disculpa en primer lugar.
«...En cualquier momento el pene de ese hombre me va a golpear la cara, lo sé...»
–… porque a pesar de que no era yo mismo, me avergüenzo de lo que le hice a su honor de mujer. Y le aseguro que en otras circunstancias yo sería incapaz de hacer algo tan bajo y ruin como tocar a una dama sin su consentimiento. –Continuó Saga buscando las palabras correctas.
«Se ve grande… muy grande –Pensó ella dibujando una extraña sonrisa en sus labios – ¿Con qué alimentarán a estos tipos que están tan bien dotados? Jijiji...»
– ¡Soy un hombre de honor y de palabra! Y le prometo que hallaré la manera de corregir mi error y… –El rostro de Saga se puso totalmente rojo cuando se dio cuenta de lo que estaba mirando ella: La chica parecía una loba hambrienta mirando carne fresca; de hecho, Saga estaba casi seguro de que había visto un hilo de baba en la comisura de los labios de Ana. Por lo que se vio obligado a carraspear la garganta para llamar su atención y recuperar el hilo de sus ideas– ejem…y corregiré mi error, porque lo que hice rayó en el pecado. Y el pecado se paga… en esta vida o en la otra –Ana se relamió los labios, lo que excitó al caballero de Géminis haciéndole olvidar cual era el punto al que quería llegar con sus palabras –… aunque hay pecados que te hacen sentir bien, que son placenteros… sobre todo si vienen de una boca carnosa.
Aldebarán y Milo se miraron extrañados por aquella sospechosa selección de palabras:
–¿Disculpa?¿Qué fue lo que me dijiste? –Preguntó Ana alzando su mirada y dejando ver el escote en forma de V de su camisa.
–... Estaba hablando sobre el pecado –Respondió Saga mirando los pechos de Ana.
– ¿En serio? –Preguntó ella confundida. Aparentemente no había escuchado nada –Yo pensaba que estabas hablando sobre un error que se cometió hace no sé cuándo.
Milo miró a Ana ofendido, mientras que Saga respondió sorprendido:
–Sí, estaba hablando sobre como estuve a punto de quebrantar su honor hace pocas horas… señorita… Ana.
–¿Mi honor? –Preguntó ella con coquetería luego de echarle otro vistazo a la entrepierna de Saga – ¡Ah sí, eso!... pues sí, "eso" fue malo… muy malo. Y creo que necesito una compensación por los daños psicológicos y emocionales recibidos.
–Estoy de acuerdo. –Contestó él dibujando una extraña sonrisa en sus labios y acercándose hacia ella.
–Entonces… ¿Cómo piensas compensarme, guapo? –Preguntó ella arrastrando las palabras con tono seductor.
–Tengo un par de ideas. –Respondió él mandando el honor y el anterior blah blah blah al carajo.
–¿Cómo cuáles? –Preguntó ella acariciando el abdomen de Saga con la punta de sus dedos y decidiendo que si era una zorra al menos sería una zorra feliz.
–Cómo hacerlo sobre la mesa. –Respondió él cediendo antes los fuertes impulsos provocados por el efecto del polen de las ninfas.
Saga se abalanzó sobre Ana quien juntó sus labios para recibir un beso de aquel hombre; sin embargo, dos pares de manos lo apartaron de ella casi de inmediato:
– ¡Ya basta! –Exclamó Milo ofendido, haciéndole una llave a Saga –¿Se puede saber qué es lo que les pasa a ustedes dos?¿Acaso no se dan cuenta de que Aldebarán y yo estamos aquí mirando sus babosadas?¡Por la Gloria de Athena, ni siquiera se conocen y piensan tener sexo!¿¡Aquí!?¿¡Delante de nosotros!? –Insistió él arrastrando a Saga hacia la puerta de la cocina – ¡Tú te vienes conmigo, pervertido!¡Y en cuanto a usted, señorita Ana! Le recomiendo otro baño con agua helada y encerrarse en su casa hasta que desaparezca ese maldito hechizo! –Milo salió de la cocina arrastrando a Saga, quien no dejaba de mirar a Ana haciendo el gesto universal de "Llámame"– Te veré luego, hasta entonces –Se despidió él cerrando la puerta de la cocina.
–Que tenga un buen día señorita. Y de nuevo le aseguro que él normalmente no actúa así. Se despidió Aldebarán avergonzado por cómo habían resultado las cosas nuevamente.
Mientras tanto, en las costas al norte de la ciudad de Caracas (4:00 pm):
Dohko aterrizó sobre la arena caliente y sucia de una playa. Le había pedido a Mu que lo enviara hacia el lugar donde se encontraba su maestro Shion para conversar en privado con él. El anciano maestro sospechaba que el lemuriano debería ser persuadido de encarar a sus subordinados luego de aquel vergonzoso suceso, por lo que era mejor terminar con esto de una vez para poder dedicarse a los verdaderos problemas que se les presentaban.
Además estaba preocupado por su amigo.
El aire salado llenó sus pulmones de inmediato; y desde donde estaba, notó que la dichosa playa colindaba con una carretera. A pocos metros de él se encontraba estacionado un vehículo todo terreno al lado de unos árboles. Y a la sombra de estos dormía plácidamente una pareja de tez negra, con una extraña expresión de satisfacción en sus rostros. Más allá, dentro de las frías aguas y azules aguas, se encontraba Shion frotándose desesperadamente con un paño:
–Creo que te falta enjuagarte el pelo. –Bromeó el caballero de Libra con la intención de romper el hielo luego de adentrarse en el agua sin ser notado por el lemuriano.
Shion giró su cabeza de golpe para ver a Dohko con los ojos como platos:
–¡No te acerques Dohko, no es seguro! –Advirtió él asustado.
Dohko se detuvo por un momento para ver a Shion, y segundos después estalló de la risa:
–¿Oh si no qué? ¿Me vas a dar un beso? Jajaja... –Preguntó Dohko divertido y aliviado de verlo relativamente bien, pero al ver el rostro avergonzado del lemuriano cambió su tono de voz a algo más conciliador– Vamos Shion, lo que ocurrió no fue tu culpa. Tú lo sabes, nadie del grupo te juzgará por eso.
–Aún estoy hechizado, Dohko.–Respondió Shion avergonzado.
–¿Por qué lo dices?¿Tienes malos pensamientos o algo así? –Preguntó Dohko acercándose un poco más, dejando que la mitad inferior de su cuerpo quedara sumergida en el agua.
–¿Ves a esa pareja que está durmiendo allá? –Señaló el lemuriano con un dejo de culpa en su voz– Los dejé así hace cinco minutos.
–¿Qué?...¡Oh! –Exclamó Dohko cayendo en cuenta.
–¿Y ves el vehículo plateado que está por allá? –Preguntó él señalando una Grand Cherokee estacionada al lado de la pareja –Dejé a su dueño durmiendo placenteramente dentro de la misma… hace diez minutos.
Dohko se quedó sin palabras.
–Y antes de ellos fueron la pelirroja y Saga –Continuó Shion avergonzado – Y antes de ellos fueron un montón de mujeres cuyos rostros no recuerdo. Y antes de ellas, medio convento de monjas… ¡Dohko monjas! –Exclamó él mirando a su amigo desesperado–¿Puedes creerlo?¡Corrompí a unas monjas!¡Las hice llorar de placer, Dohko!...¡De placer! –Exclamó Shion sacudiendo sus brazos.
–Con Saga y la señorita Ana no ocurrió nada, Shion. –Dohko colocó sus manos sobre los hombros de su amigo luego de finalmente salvar la distancia entre los dos– Cálmate.
–… ¡También lo hice con hombres, Dohko!¡Hombres!¡Es como si yo fuera un imán para el sexo y eso me tiene horrorizado!¡Y los desgraciados también lloraron de placer!¿¡Alguna vez habías visto a un tipo gordo y peludo llorando de placer mientras te lo montas!?–Exclamó él apartándose de Dohko –¡Yo sí! –Exclamó el lemuriano furioso golpeando el agua.
En ese momento sintió como su vergüenza, miedo y frustración se transformaban en rabia dirigida hacia las ninfas que le habían humillado y hacia la misión que les había dado la oportunidad. Miro el agua revuelta bajo de sí mismo mientras pensaba en el estúpido error que había cometido al adentrase solo a la montaña y en las consecuencias que traería en el futuro… lo mejor sería asegurarse que ni él ni nadie cometiera otro error así.
Shion levanto la mirada cuando notó que Dohko lo miraba en silencio. Al principio el lemuriano pensó que se trataba de la maldición de las ninfas otra vez, pero luego se dio cuenta de que se trataba de algo diferente que lo hizo sentir aun peor: lástima.
Dohko volvió a colocar su mano sobre el hombro de Shion:
–Regresemos a casa ¿Vale? –Le dijo en voz baja.
Shion contrajo los músculos de su cara ya que tenía deseos de llorar, pero se contuvo para contestarle a su mejor amigo:
–Está bien.
