3 MERODEADORES SLYTHERIN

Autor: severusphoenix


CAPÍTULO 8: "La Huida"

El martes en la mañana, Severus se sentó mirando los documentos de custodia que Petunia había empujado en sus manos justo antes de que se fuera. Obviamente había estado demasiado traumatizada ante la mención de los dragones para discutirlos, y sólo quería que él se fuera para poder colapsar. Ella y su abogado habían sido bastante minuciosos, los documentos podrían ciertamente sostenerse en cualquier corte muggle. Podrían sostenerse asimismo en el mundo mágico, si es que el niño en cuestión fuera otro que el Niño-Que-Vivió. Al menos no con Albus Dumbledore como Jefe del Wizengamot decidiendo que era lo mejor "para el Bien Mayor".

Severus cambió de posición incómodo, la peor parte era que Albus sentía que estaba haciendo lo correcto la mayor parte del tiempo. Esto le permitía pasar por alto, o rehusarse a ver el sufrimiento de un individuo, o cuando menos decidir que eso era un "sacrificio que había que hacer". Era algo que él había experimentado por sí mismo con frecuencia. Entre sus experiencias como estudiante y las maldiciones que había sufrido a manos de Voldemort mientras fuera un espía se había familiarizado con lo que Albus permitía que sucediera a aquellos bajo su cuidado. Después de arrepentirse de seguir al Señor Oscuro había aceptado cualquier sufrimiento como parte de su penitencia, pero todavía encontraba dificultad en aceptar las cosas que le habían acaecido cuando su único crimen había sido el ser un Slytherin.

Bajó los documentos; Harry no iba a convertirse en un sacrificio si él tenía algo que decir en ello.

Fue por flú para encontrarse con Rigel, y juntos fueron a la casa nueva de Severus. Ésta estaba un poco polvorienta, y el jardín trasero sin arreglar, pero aparte de eso parecía estar en orden. Rigel le ayudó a poner una conexión al flú, y luego le despidió dándole profusamente las gracias para que se fuera a trabajar.

Severus rápidamente bloqueó el flú para evitar recibir a cualquiera, con excepción de su propio flú en Spinner's End o el de la Mansión Malfoy. Llamó por la chimenea a Lucius, y él y Draco pasaron por allí. Draco, esperando dar un vistazo a los dragones, se marchó rápidamente a observar por una ventana.

Lucius miró a su alrededor y llamó a varios elfos domésticos. Ellos con avidez comenzaron a limpiar mientras los dos magos miraban a su alrededor.

—Es una casa de buen tamaño, ¿dices que tiene arriba seis habitaciones? Ellos serán capaces de recibir huéspedes, entonces. Un comedor grande, estudio y sala de estar abajo. Asumo que en alguna parte habrá una cocina —dijo Lucius evaluando. Ellos después de eso le dieron un vistazo al sótano—. No es enorme, pero supongo que podrás montar allí un laboratorio de pociones, si quieres —Lucius sonrió burlón a Severus y este revoleó los ojos—. Vamos, sé que nunca miras un sótano sin pensar si vale la pena poner alli un laboratorio.

—Bien, con suerte, no necesitaré estar aquí lo suficiente para necesitar un laboratorio —contestó Severus desestimando el asunto.

Ellos regresaron a la sala de estar, donde Draco torcía el cuello en un ángulo incómodo para observar a un dragón dando vueltas en lo alto. Los elfos domésticos habían regresado donde Lucius después de limpiar los cuartos.

—Nosotros terminamos, Amo Lucius —uno de ellos dijo con alegría.

—Muy bien —Lucius intentaba con fuerza ser breve, pero cortés; Severus había tenido buena suerte con su elfo doméstico al ser halagador y cortés. Lucius no conseguía llegar a ensalzarlos, pero estaba intentando ser educado, y los elfos comenzaban a actuar mejor. Narcissa podía desdeñarlos cuanto quisiera, pero él prefería conseguir un mejor servicio—. Severus, en mi ático hay una tonelada de muebles viejos. Por lo menos podremos arreglar algo con eso.

Severus asintió con alivio, él podía permitirse el comprarlos, pero no tenía tiempo de adquirirlos y emplazarlos—. Sí, yo necesito traerlos el miércoles, preferiría tener algunas cosas aquí.

Lucius asintió comprendiendo—. Kander, ve a los áticos y escoge un dormitorio para colocar en el dormitorio grande para la dama que va a vivir aquí. También necesitamos muebles para dos de las habitaciones, las que dan al jardín, para unos niños de la edad de Draco. Ve si hay un juego de comedor que quepa aquí. Cuando eso esté hecho, házmelo saber —los elfos asintieron con fervor y desaparecieron con un 'pop'.

El par de magos deambuló por el jardín amurallado, con Draco siguiéndolos ansioso, para dar un mejor vistazo al dragón. El jardín era grande. Los niños podrán correr y jugar bastante aquí, pensó Severus. Draco inclinó la cabeza hacia atrás y observó a un Galés Verde volar en lo alto, pero lo bastante cerca para ver sus alas, cuello y cola.

Kander y uno de los otros elfos aparecieron con un 'pop' junto a Lucius sonriendo felices—. Biddy y Larky están colocando los muebles que ordenó en cuartos y limpiándolos. ¿Necesitar más?

—Sí, gracias —dijo Lucius apretando un poco los dientes, haciendo una mueca ante las sonrisas radiantes del par. De algún modo seria más fácil si no fueran tan ansiosos—. Una alfombra que haga juego, y algunos sofás y sillas para el área de la sala de estar. Luego revisa la cocina y ve lo que se vaya a necesitar. Estoy seguro de que en la Mansión Malfoy hay juegos extras de todo, haz una lista de lo que aun falte. Estoy dispuesto a apostar que hay docenas de juegos de platos y cubertería que no tienen el escudo familiar en ellos por allí almacenados. Trae algunos —los elfos volvieron a irse felices. Severus se rió por lo bajo de la exasperación de Lucius y le pasó un vial con poción para el dolor de cabeza.

—Ellos son demasiado joviales, me dan ganas de maldecirlos —se quejó Lucius.

Severus llamó a Tinker, y lo envió al Callejón Diagon a comprar ropa de cama, y otros artículos diversos. La casa pronto comenzó a verse apropiadamente arreglada, sólo necesitando ocupantes.

Lucius estaba feliz de prestar un elfo doméstico, él había heredado varios de tías, primos, y otros parientes. La guerra había exterminado algunas ramas familiares completamente, y los elfos domésticos estaban atados a la familia fuera que les gustase o no. Lucius pensaba enviar por Dobby, el elfo más infeliz que poseía. Su dueño anterior había sido una prima excéntrica, y el elfo era aun peor.

Dobby apareció con un encogimiento infeliz, una funda de almohada raída en respuesta a la infelicidad del elfo.

—Dobby, te estoy ordenando que sirvas a la familia que vendrá a vivir aquí. No debes revelar a nadie en ninguna forma que ellos viven aquí. Su seguridad depende de esto; tu cuidaras de ellos y seguirás sus órdenes como si fueran las mías —Dobby asintió frenéticamente, pero pareció aliviado de quedarse en la casa nueva—. Esta casa le pertenece a Severus Snape, pero la familia es Petunia Dursley y su hijo Dudley y su sobrino Harry Potter. No debes revelarle esto a nadie.

—¿Yo cuidando Harry Potter, señor? —los ojos de Dobby se alargaron imposiblemente—. Oh, gracias, señor.

—Sí, y cuidarás muy bien de ellos —reiteró Lucius. Dobby asintió de nuevo con fervor.

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Lucius y Draco se fueron por el flú a la Mansión Malfoy con Severus a la siga para cenar. Narcissa estaba esperando con su ceño fruncido usual, saludando a Severus con aire glacial. Ellos habían decidido no difundir por lo amplio que estaban ayudando a Harry Potter hasta que este estuviera firmemente establecido en la Reserva. Draco había sido jurado en el silencio. Draco se sentía feliz de estar incluido en el secreto de adultos, y ayudar en lo que parecía ser un plan muy astuto.

Draco observó a sus padres y padrino. Por un tiempo se había sentido dividido entre su madre y su padre, pero su madre estaba actuando más y más erráticamente algunas veces. Además, mientras se hacia mayor fue comprendiendo que su padre y padrino le estaban dando a conocer hechos para que pensara en ello. Primero, la misma definición de sangre-pura: la mayoría del mundo mágico reconocía a cualquiera con los cuatro abuelos siendo mágicos como sangre-pura. Gran Bretaña solía ser también de ese modo, con sólo media docena de familias sintiendo de manera diferente.

La mayoría de las familias le daban la bienvenida a los nacidos de muggles en las ramas familiares aquí y allá, para hacerse más fuertes. Unos pocos días antes del horrible escándalo acerca del Señor Oscuro, su padre había sacado el árbol familiar de la familia Malfoy y el árbol de la familia Black. Lucius le había mostrado como los Malfoy consistentemente recibían una infusión de sangre fresca de forma regular, para que su magia siguiera fuerte. Ellos siempre habían preferido aceptar mestizos cuyos padres fueran mágicos, para que sus hijos fueran, según la definición normal, considerados sangre-pura. No obstante, los Malfoy nunca se habían permitido volverse endogámicos.

Luego, ellos volvieron su atención a los Black. Draco se estremeció un poco al ver el sostenido número de primos y primos segundos y otros familiares casándose entre ellos en la familia. Lucius señaló aquellos con locura evidente, y aquellos que eran 'sólo excéntricos'. Luego listó a los squibs que no estaban en el árbol familiar, y a todos los niños que habían muerto 'muy jóvenes' y que él sospechaba que fueran squibs.

Draco había reflexionado en ello, y cuando escuchó acerca de la hipocresía del Señor Oscuro decidió que su padre estaba en lo correcto al ponerse del lado de Harry Potter

Draco había estado fascinado al escuchar que Severus se convertiría el guardián de Harry Potter, y que él tendría una oportunidad de hacerse amigo de éste. Estaba menos encantado con su primo de sangre muggle, pero ser educado con el primo de Harry Potter parecía un precio pequeño que pagar por ser amigo de Harry.

Estaba un poco envidioso que ellos vivirían en la Reserva de Dragones. Suspiró y miró de nuevo su sopa y automáticamente se llevo una cucharada a la boca. No podría contestarle a nadie que tipo de sopa era.

Draco sonrió, Harry llegaría mañana, y esperaba ser presentado con él para el fin de semana.

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El miércoles resultó un día de aspecto sombrío, con amenaza de lluvia y relámpagos en la distancia. Los niños habían pasado el martes empacando todo lo que esperaban llevar, la mayoría ropas y libros. Petunia había colocado el sobre con dinero del estudio de Vernon dentro de la bolsa 'ligera como pluma'.

Pronto tuvieron las tres bolsas de lona y la bolsa de los goblins junto a la puerta del frente antes del mediodía. Todos estaban ansiosos de irse. Harry y Dudley estaban aun fascinados ante la idea de vivir con dragones, y habían buscado acerca de ellos en su pequeña colección de libros. Había un poco de información, pero no la suficiente para satisfacer su curiosidad.

Harry se sentía más feliz de lo que lograba recordar. Ellos se estaban yendo de esta casa horrenda, y yéndose al mundo mágico, donde Dudley y él pertenecían. Harry sentía que finalmente pertenecía a algún lugar.

Los chicos estaba armando el almuerzo, mientras Petunia hacia limonada cuando escucharon la puerta. Los niños la miraron ansiosos—. Él llegó temprano —dijo Dudley.

Petunia, sin embargo, palideció. Severus nunca rompería el protocolo dejando de golpear la puerta.

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Vernon había salido el miércoles en la mañana pensativo. Todos ellos estaban actuando de forma extraña. Peor aun, ellos parecían felices a veces, y Petunia ni siquiera se había puesta nerviosa ante la mención de Marge. Petunia siempre se había sentido intimidada por Marge. Marge tenía amigos en todas partes -jueces, abogados, políticos- no de alto nivel, pero lo bastante para dar que pensar.

Luego, mientras buscaba un lápiz en la mesilla junto a la cama, había encontrado unos volantes de uno de los latosos refugios de mujeres, «Qué llevarse cuando te vas». Esto lo había irritado, pero de seguro ella no estaba planeando irse, ¿adónde se iría? Ella no tenía a nadie a donde acudir que no fuese primero y ante todo amigo suyo. Había pasado la mañana dándole vueltas a las pistas. De seguro Albus Dumbledore no iba a ayudarla, él había dejado claro que quería a Harry justo aquí donde estaba. No obstante, las pistas eran obvias: Petunia se estaba marchando, y quizás intentaba llevarse a los dos niños con ella. Se había ido enojando cada vez más toda la mañana, Petunia debía haber buscado ayuda en alguna parte.

Finalmente, le había dicho a su jefe que no se estaba sintiendo bien y se iba a su casa para el almuerzo. Revisó la pequeña pistola de cañón chato que guardaba en su auto. Esta era culpa completa de ese anormal. Seguramente él había hechizado a Petunia y a Dudley, ese era el porqué ellos estaban actuando tan extraño. Bien, él sabía como ponerle fin a aquello.

Vernon llegó a la casa, la pistola colocada en el cinturón. Al entrar por la puerta, pudo ver las bolsas de lona en la puerta. Sus ojos se empañaron, vio rojo, y su temperamento que ya estaba bullendo estalló.

La sonrisa de Harry que había aparecido, seguido por Dudley, había cambiado rápido a una mirada de horror al verlo.

—¿Estás esperando a alguien, fenómeno? —gritó Vernon, dándole un puñetazo a un lado de la cabeza a Harry, noqueándolo contra la muralla, provocando que se deslizase atontado hasta el suelo.

—¡No! —gritó Dudley, colocándose entre los dos empujando a su sorprendido padre. Quien retrocedió sorprendido. Nadie había desafiado a Vernon en años.

Petunia corrió con los brazos extendidos—. Por favor, Vernon, no hagas una escena, recuerda a los vecinos —dijo, esperando que eso apaciguara las cosas. No funcionó.

—Tu permites que el fenómeno mande en todo, ¿y ahora piensas que vas a huir llevándote a mi hijo contigo? —rugió Vernon.

—Él no es un fenómeno, es un mago como yo. Yo conseguiré mi magia de vuelta, y ambos iremos a una escuela mágica. Ninguno de los dos somos fenómenos —le gritó Dudley, justo antes de que él le pegara con el revés de la mano. Dudley trastabilló ante el golpe.

Petunia se puso delante de ellos, y luego se detuvo. Vernon había sacado la pistola, y estaba intentando apuntarle a Harry, pero Petunia estaba adelante de ambos niños—. No, Vernon, no hay necesidad de esto. Por favor...

—No tendré un anormal por hijo, y no tendré a ese fenómeno infectándolo más con su maldad —Vernon estaba agitando el arma entre los dos niños, aparentemente inseguro de a quien quería más muerto, a Harry o al hijo que lo había desafiado. Una vez más agitó la pistola hacia Dudley gritando—. ¡Me vas a obedecer o...!

Petunia entró en pánico y se empujó enfrente de su hijo, Vernon se tambaleó hacia atrás, y el arma se disparó. Vernon quedó choqueado ante el ruido ensordecedor y la súbita explosión de rojo salpicando el lado derecho de la cintura de Petunia. Él dejó caer el arma y huyó, escuchando a su hijo chillando mientras recogía a Petunia en tanto esta caía al suelo, y el grito de angustia de Harry mientras iba a gatas a su lado.

Harry y Dudley escucharon el auto yéndose con rapidez.

Petunia apretaba su mano contra la herida—. Dénme el teléfono y huyan, justo como lo planeamos. Necesitan salir de aquí antes de que él vuelva —con voz firme les dijo—: Estaré bien, pero ustedes necesitan llegar a un lugar seguro. Severus estará allí esperándolos, ahora váyanse.

Harry asintió y agarró a un conmocionado Dudley para ponerlo de pie—. Llegaremos allí, tía Petunia. Te lo prometo.

Ellos agarraron sus bolsos y la bolsa goblin, y corrieron hacia la puerta, dirigiéndose hacia la tarde que oscurecía.

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N.d.T: Errores de tiempo gramatical son todos míos. Si hay alguna corrección la recibo de mil amores. Gracias a todos =)

Harry Potter y su mundo © de J.K. Rowling y varias otras compañías. Fanfiction sin fines de lucro, sólo con fines de entretención.

Editado 29OCt2020