3 MERODEADORES SLYTHERIN
Autor: severusphoenix
CAPÍTULO 39: "Una ida a los Sanadores"
Tom exhaló con alivio, por fin todos se habían quedado dormidos y él podría escribirle una carta a Severus. La 'historia' explicando su origen había pasado sin problemas. Dora había sido comprensiva con su estatus como huérfano y no había indagado más detalles. Tom le escribió que Dora había hecho las preguntas que ellos habían esperado, y que seguramente repetiría inmediatamente la historia a su madre.
Snape había preparado una poción adoptiva, con la sangre del pocionista y la de Tom para ligarlos mágicamente. Era un poción antigua que ahora estaba en desuso, y que mostraría solamente que el receptor era miembro de la familia de quien lo adoptaba en caso de que efectuaran un rastreo mágico en la persona. Ahora existían muchas mejores pociones de adopción, pero esa mostraría lo que deseaban ellos: que Tom era miembro de la familia Prince. Puesto que los Snape no eran mágicos, la poción por defecto indicaría la linea sanguínea mágica de la sangre de Severus.
Dumbledore muy pronto escucharía la historia de Tom. Severus debería estar preparado para dar explicaciones y, Merlín mediante, el Director quedaría convencido que Tom era una ventaja. Tom terminaba la carta con la novedad de que Harry había empezado a quejarse de que los lentes ya no le servían así que irían a ver al Sanador en la mañana.
Habían pasado apenas unos cuantos días, pero todos extrañaban la presencia de Severus, incluyendo a Tom. Tom no podía recordar haber echado de menos antes a alguien. Él había tratado de olvidar el orfanato y los que vivían allí cada año cuando se iba al colegio, y ni soñar de extrañarlos. Nunca fue cercano a ninguno de los profesores, y cualquier estudiante con que había hecho 'amistad' eran sus amigos por el beneficio de que obtendría de ellos, y nunca los 'echaba de menos'.
Lo único que había echado de menos de su vida anterior era... Hogwarts. La primera vez que lo había visto en su primer año, a punto de entrar en unos botes diminutos para cruzar el lago, había quedado hechizado. Nunca había visto nada que fuera ni la mitad de hermoso, y siempre sentía la misma felicidad y asombro cada año al regresar. Nunca entendió en realidad el concepto de la palabra 'hogar' hasta que asistió a Hogwarts, y secretamente consideraba al castillo su hogar... hasta el día que había despertado del Diario. Y ahora él tenía a Dragonsrest, y a Severus Snape.
Cuando habían hecho la pócima de adopción, Tom simplemente había pensado que era un truco para engañar mejor a Albus Dumbledore. Severus pronto le dejó algo claro:
«—Quiero que te sientas un miembro de esta familia, Tom. Tu y yo no tenemos lazos sanguíneos, pero tenemos lazos de interés común. Ambos nos preocupamos por Harry y queremos verlo a salvo del Señor Oscuro. Pero, además, he llegado a respetarte y quiero proveerte de un hogar. Con esta poción adoptiva yo me convierto en tu guardián legal y en tu pariente en el mundo mágico. Tienes los mismos derechos como cualquier hijo de mi casa aquí en Dragonsrest, tal como Harry. Quiero que recuerdes esto: este siempre será tu hogar —Snape lo había mirado con seriedad.»
Tom alejó el recuerdo. En esa ocasión había reinado férreamente sobre sus emociones, y había ignorado la banda que se apretaba en su pecho que le hacia difícil el respirar. Desafortunadamente, esa sensación retornaba cada vez que recordaba lo que Severus había dicho.
—Y yo sigo repitiéndote que lo dijo en serio, Tom. Él y Harry se preocupan mucho por ti, y quieren que sientas que eres parte de su familia. Es una familia inusual, seguro, pero los vínculos son igual de verdaderos —dijo Yvane.
—¿Y crees que eso durará? De seguro algo va a pasar que destruirá todo —la mano de Tom se apretó en la pluma casi hasta quebrarla mientras murmuraba al dragón—. Yo dependo de tu control la mayoría del tiempo, y tu conduces muchas de mis respuestas a los niños durante las clases. Ya me habrían expulsado de mi labor de profesor de no ser por ti, y ellos nunca confiarían en mi si no supieran que eres tu quien controla mi magia —el pecho de Tom se apretó más con su desasosiego.
—Sí, ellos se dieron cuenta de tu necesidad de volver a aprender muchas cosas cuando tu instinto es defenderte. Pero ha pasado apenas un mes, y ya has mejorado mucho. Tu mismo te controlaste en Callejón Diagon con Bill Weasley. Y has sido cortés con Petunia Dursley, quien representa mucho de lo que siempre te ha disgustado. Te aseguro que Lucius y Severus no te dejarían estar a cargo la mayor parte del tiempo con sus hijos si no confiaran en ti, y no solamente por mi —razonó Yvane.
Tom terminó la carta firmándola con los dientes apretados y los ojos ardientes y la envió con una lechuza que esperaba pacientemente. Tom después fue a su cama, y se enrolló sobre su costado apretando una almohada. No podía recordar haber llorado desde que era muy pequeño, tendría unos cuatro años, y varios niños le habían dado una paliza después de un juego de canicas.
Se había tratado de un episodio de magia accidental, tal vez fuera el primero. Él había lanzado su canica y todas las otras habían saltado fuera del círculo, para rabia de los otros niños. Ellos habían gritado que él había hecho trampa, aunque como un niño de cuatro año podría haberlo hecho ellos no lo sabían. Él había llorado esa noche, pero nunca más después de eso.
Ahora Tom enterró su rostro en la almohada y lloró, sofocando el ruido lo mejor posible. Una vez había escuchado que si nunca amabas nada ni nadie nunca debías temer perder nada. En esa ocasión pensó que era genial y sabio. Ahora Tom sabía que era simplemente cobardía. Él se había acostumbrado a la gente de la casa, y los apreciaba. Incluso hasta Petunia parecía pasable. Si ahora los perdía . . . temblaba de miedo con la sola idea.
Tom odiaba sentir miedo. Que Severus dijera que este era ahora su hogar, que tanto Harry como él eran sus pupilos... ahora él tenía algo que perder que valoraba con desesperación y era algo aterrador. Terminó por quedarse dormido mientras las lágrimas seguían cayendo.
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Charlie Weasley despertó con el alivio de ver que los animales encantados habían desaparecido. Sus irritados compañeros de habitación le habían dicho que colocara un encantamiento silenciador alrededor de su cama, porque los animales habían seguido jugando mucho después que los muchachos se fueran a dormir.
Había releído la carta de sus padres muchas veces anoche. Ellos habían recibido una carta de Percy y de los gemelos después de la pelea, y no estaban felices de escuchar que él estaba "insultando la Casa de Hufflepuff". Toda su vida había escuchado que cualquier Casa que no fuera Gryffindor era menospreciada por la familia Weasley y la familia Prewett, así que pensaba que era hipócrita de su parte el ahora llamarle la atención por lo mismo.
Se encaminó a la ducha y se alistó para ir a clases. Obviamente no habría re-selección para sus hermanos, ellos eran Hufflepuff y continuarían allí. Charlie suspiró, había temido que sus padres se enojaran con él por dejar que los gemelos fueran arrastrados a la Casa 'equivocada' debajo de su misma nariz. Y sus padres en cambio ahora estaban apoyando a los Hufflepuff.
Charlie fue al Gran Comedor a desayunar y escuchó las risitas y cuchicheos con resignación. Fue hacia Fred y George con determinación, contento de que por lo menos de momento estuvieran solos.
—Oye, Charlie, ¿así que ya se fueron tus mascotas? —le preguntó George con vivacidad.
Charlie consiguió malograr una sonrisa—. Recibí un casi-vociferador de nuestros padres ayer. Supongo que ellos están de acuerdo con el sorteo —Los gemelos le sonrieron felices, haciendo que le diera rabia de nuevo.
—Y sucede que pienso que es un poco hipócrita de su parte, y del resto de ustedes —Las sonrisas de los gemelos desaparecieron con su confusión ante sus palabras—. Todos escuchamos decir en nuestra familia cosas horribles de los Slytherins y de los Ravenclaws, pero siempre desdeñaron sobre todo a los Hufflepuff cada vez que eran mencionados. ¿Recuerdan que cuando el chico del tío Bilius quedó en Ravenclaw él dijo: "Por lo menos no quedó en Hufflepuff"? Ninguno de los Weasley ni de los Prewett nunca mencionan a los Hufflepuff en sus trabajos sin reírse por lo bajo; y si les caen bien, como Amos Diggory, ellos siempre dicen que "él es buen mago a pesar de ser un Hufflepuff" —Charlie miró ahora como los gemelos se removían y estaban ruborizados de vergüenza—. No sé por qué están en esta Casa, pero apuesto que no es porque la respeten. Sin embargo, ahora deben sentir de esa manera.
Fred y George tenían la cabeza baja para cuando Charlie se fue. Sólo esperaban que los pocos chicos que había en su mesa esa mañana no lo hubieran escuchado. Miraron a su alrededor con alivio.
—Él tiene razón —susurró Fred.
—Lo sé —contestó George—. Voto porque no le hagamos más bromas.
Fred asintió vigorosamente. No había pensado en como Charlie vería las cosas.
Charlie comió su desayuno mientras escribía una carta que decía esencialmente lo que le había dicho a sus hermanos. No le habría molestado recibir una carta diciendo que dejara en paz a los gemelos, pero su misiva se escuchaba como que Molly y Arthur Weasley y sus respectivas familias nunca habían dicho nada malo de los Hufflepuff, y eso era lo que resentía. Su padre rara vez decía una mala palabra de alguien, pero su silencio ante el prejuicio de los otros hablaba volúmenes a su modo de ver.
Fue a la lechucería y envió su carta, justo antes de llegar a tiempo a su primera clase.
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Andromeda había escuchado el relato de Dora acerca de Tom Riddle. Dora se había sentido conmovida por la historia de crecer en un orfanato, y después ser acogido por un familiar. Andromeda había escuchado de Séneca Prince, él y toda su familia vivían casi recluidos. No era una sorpresa que nadie hubiese oído que tenían un muchacho en casa, recibiendo allí su enseñanza.
Gran parte de la familia Prince había sido asesinada por Quien-No-Debia-Ser-Nombrado. Ella recordaba haber leído unos artículos al respecto en El Profeta Diario de que Tu-Sabes-Quien andaba buscando unos textos antiguos que se suponía conservaban los Prince. Si la madre de Tom había escapado al mundo muggle debía haber sido por una muy buena razón.
Y ahora, sentada frente al escritorio se preguntaba si debía escribirle a Albus Dumbledore. Él había apoyado la idea de que Dora y Andromeda ayudaran con las lecciones de los niños y que asistieran a Tom para "ayudarlo a poner su conocimiento al día". Dijo que no le importaría si "Andy le dejaba saber como iban las cosas".
Ella vaciló, se sentía como si fuera una chismosa chivata. No había nada malo que contarle, si hubiera algo sospechoso ella se lo diría de inmediato, pero contarle cosas privadas que el muchacho le había dicho en confianza a Dora. . . bueno, ella no sentía que fuera correcto. Dora le había contado eso esperando de su madre lo de siempre, que fuera algo privado. Y no podía arriesgarse a perder la confianza de su hija por trivialidades.
Hizo a un lado los pergaminos. Albus tendría que escuchar chismes de alguna otra persona.
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Harry despertó viendo borroso aun usando los lentes, y sonrió feliz. La poción estaba funcionando, obviamente. Trotó escaleras abajo para sentarse a desayunar. Harry arrugó los ojos para ver a un Tom pálido y de ojos rojos desparramado en la silla, picoteando su omelette.
—Dudley ¿acaso Tom se ve un poco... eh... enfermo —susurró a su primo.
Dudley lo miró considerándolo—. Sí, parece como que le fuera a dar algo.
—Me encuentro justo aquí, saben —retrucó Tom, pero el par sólo le sonrió radiante.
Petunia acababa de llegar y lo miró con preocupación—. Te ves un poco cansado, Tom. Quizás el Sanador pueda revisarte también ya que vas a ir allí con Harry —Petunia vaciló en actuar muy 'maternal' con Tom. Aun la miraba la mayor parte del tiempo con sospecha. Pero él sólo asintió ante su sugestión, para su alivio.
Harry sacó la carta de Mafalda Prewett y le dijo a Dudley sus novedades—. Mafalda dice que ella esta emparentada con los Weasley. Su padre es primo de Molly Weasley. Ella dice que su padre es un Squib, y que se retiró al mundo muggle porque su familia no lo dejaba trabajar en los negocios familiares como contador. No logro entenderlo, ¿no tiene necesidad de usar magia para hacer matemáticas, no es así? —Los chicos miraron interrogantes a Tom.
Tom frunció el ceño pensando—. No sé mucho acerca de como los magos contables hacen su trabajo. Lo que sí se es que puedes comprar libros de contabilidad que hagan las cuentas después de que ingresas los números, y que se ponen al día en ciertas cosas. Pero un squib también podría usarlos, porque la magia se encuentra en el libro y no depende del mago. Nuestro contador puede contestarte esa pregunta con facilidad, él nos verá el próximo mes —Tom sonrió al ver la mueca de Harry.
Lucius y Draco llegaron vía flú después del desayuno. Lucius iba a darles una clase mientras Tom y Harry iban con el Sanador. Lucius iba a introducirlos a las runas, y Harry podría ponerse al día cuando regresara.
Tom se puso de pie y Lucius lo miró atentamente.
—¿Te encuentras bien, Tom? —preguntó el mago mayor con preocupación.
—Sólo no pase buena noche, ya estaré mejor —Tom vio la mirada intensa de Malfoy padre y suspiró—. Dejaré que el Sanador me revise mientras esté allí.
Lucius los observó irse por el flú a El Caldero Chorreante y llevó a Dudley y Draco a la sala de clases inclinando la cabeza cortesmente hacia Petunia. Petunia le contestó como una pequeña sonrisa. El señor Malfoy siempre era tan formal, ella sospechaba que tenía algo que ver con su risa mientras estaba en el hospital. Malfoy siempre parecía estar esperando que ella hiciera algo loco. Petunia se sentó en la sala con algunos libros y un bordado.
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Tom y Harry llegaron a Callejón Diagon y fueron caminando hasta la oficina de los Sanadores. Tom estaba silencioso, pensando en lo que Yvane le había dicho. Harry estaba sonriendo, soñando con deshacerse de los anteojos. Llegaron a la oficina y la medi-bruja los saludó sonriendo. Hubo algunos cuchicheos entre los que estaban esperando, ya que los hicieron pasar enseguida.
El Sanador llegó cuando la medi-bruja esta revisando los ojos de Harry. Ellos alabaron la poción de Snape diciendo que estaba funcionando mucho más rápido de lo que ellos esperaban. Ajustaron sus lentes y chequearon su peso, diciendo que estaba 'mucho más saludable'.
Tom sonrió, era bueno que Harry estuviera recuperándose. No le hubiera gustado tener que decirle a Severus que Harry no iba bien.
—Tom también necesita una revisión, señor —interpeló Harry, y Tom lo miró con fiereza, el muy hablador.
El Sanador le dio un vistazo, notando la apariencia cansada. Ondeó su varita sobre el muchacho un par de veces y canturreó unos cuantos hechizos de diagnóstico frunciendo el ceño.
—Usted parece encontrase bajo una buena cantidad de estrés, y se ve exhausto. Puede que ahora no este enfermo, pero pronto lo estará si no descansa y reduce su estrés —el Sanador lo miró con severidad.
—Hay gente que depende de mi... —comenzó a explicar Tom.
—Y no le será útil a nadie si usted colapsa. ¿Quienes son sus padres? Necesito hablar con ellos —el Sanador dijo con suavidad, pero con énfasis.
El temperamento de Tom llameó. ¿Quién se creía que era este Sanador? Tom necesitaba enseñar a los niños y vigilarlos, y además investigar los Horrocruxes, ver lo de la cicatriz de Harry, y lo de la daga, todo era crítico. Además necesitaba ponerse al día en sus estudios para pasar los EXTASIS. Las memorias de Yvane necesitaban explorarse, quería ver todos los lugares que el dragón había visto, y ahora las de ese dragón de Gringotts . . . Tom fue interrumpido en su lista mental por el mismo Yvane.
—¿Te has percatado de la vasta extensión de las cosas que te exiges? Eres sola una persona, y aun siendo tan brillante como eres, necesitas más ayuda, o vas a necesitar bajar el ritmo de alguno de esos proyectos —Yvane calmó la ira de Tom—. El Sanador sólo ve lo que te estas haciendo, pero no el por qué.
Tom se calmó con esfuerzo, y le contestó al Sanador que esperaba una respuesta—. Mis padres murieron. Mi tutor legal es Severus Snape, al igual que Harry.
El Sanador asintió—. Le haré saber al profesor Snape mis análisis. Sugiero que duerma más y que se someta a menos actividades. ¿Tom...? —el Sanador lo miró interrogante.
—Tom Riddle. Gracias por su ayuda —Tom descubrió que su estallido de rabia lo había agotado. Quizás el Sanador tenía razón.
Ellos se fueron mientras Harry lo miraba con preocupación. El niño insistió que pararan a tomar té y bizcochos en uno de los negocios.
—¿Te encuentras bien, Tom? —le preguntó con solemnidad.
—Si, es sólo que me acabo de dar cuenta, con la ayuda de Yvane, que tengo muchos proyectos andando. De continuar así, no voy a terminar nada o voy a hacerlo mal —contestó con cansancio—. Severus y el resto de ustedes me dio la bienvenida a Dragonsrest y me convirtió en miembro de su familia . . . no he querido decepcionarlos —la voz de Tom se fue perdiendo en un murmullo.
—Sé como te sientes. Yo sigo esperando que Severus se arrepienta de que sea su pupilo, y que me llame fenómeno y una carga, como lo hacia siempre el tío Vernon —Harry retorció la servilleta en su regazo—. Yo no sé nada del mundo de los magos, y sé que cometo errores estúpidos . . . odio cuando hago algún desastre . . . y temo que él se avergüence de mí. Eso seria horrible.
Tom escuchó a Harry con asombro. Él había pensado que Harry estaba libre de toda preocupación. Pero tenía las mismas dudas que Tom.
—Harry, Severus se preocupa mucho por ti. Sospecho que te ve como un hijo, y nunca se avergonzaría de ti. Y nadie espera que lo sepas todo del mundo mágico —Tom aseguró al niño—. Te prometo que para cuando entres a Hogwarts, vas a saber todo lo que necesites.
Harry le sonrió—. Bueno, yo creo que Severus también se preocupa por ti. Quizás no como un hijo, pero sí como un hermano menor.
Tom le revolvió el pelo a Harry y después se fueron a casa.
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Severus recibió una lechuza cuando estaba cenando en el Gran Comedor. Ya había recibido una lechuza de Tom en el desayuno. Estaba aliviado que las cosas estuvieran resultando como estaba planeado. Esta lechuza no era familiar y abrió el sobre arrugando el ceño.
Las noticias del Sanador eran mezcladas. Los ojos de Harry estaban mejor para su alivio. Pero las novedades acerca del estrés y el agotamiento de Tom fueron una sorpresa. Aunque al comenzar a pensar la cantidad de responsabilidades que Tom tenía no debería serlo.
Severus suspiró enojado consigo mismo. Él sabía que tendía a olvidar que Tom en realidad tenía solamente dieciséis años. Y Lucius y él le habían permitido abarcar demasiadas cosas.
Albus y los otros profesores miraban a Severus con curiosidad, ahora estaba recibiendo mucho más correo que antes. Severus se guardó la carta y se levantó para marcharse.
—¿Malas noticias, Severus? —preguntó el Director con preocupación.
Severus se detuvo y consideró su respuesta. De seguro Albus estaba preocupado de que algo anduviera mal con su futuro-niño-dorado, Harry.
—El preceptor se ha enfermado, y el Sanador dice que será mejor que descanse un poco —contestó Severus, esa seria una respuesta lo bastante segura—. Haré arreglos para que la señorita Tonks se ocupe de sus clases por un tiempo.
Albus se alegró y asintió—. Excelente plan, mi muchacho —y con ello, la atención del Director se devolvió a la mesa de Hufflepuff con curiosidad. Parecía estarse desarrollando allí una acalorada discusión entre los de primero, segundo, y unos cuantos de tercer año.
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Fred y George escaparon a los dormitorios de primer año rápido después de la cena. Se habían visto bombardeados por Hufflepuff que querían hacerle una broma pesada a alguien en revancha por alguna ofensa en su contra. La broma que le habían hecho a Charlie había incitado a los 'Puffs en una forma que nunca hubieran esperado.
Los gemelos habían empezado a insistirles a sus compañeros de Casa que pusieran sus demandas por escrito, y que las chequearan primero con Cedric. Cedric pareció encontrar esto increíblemente divertido. Ahora tenían un montón de bromas que necesitaban realizarse, y era difícil el creer que las bromas comenzaban a parecer... trabajo.
Finalmente, dividieron las bromas: una pila con las que pensaban que los 'Puffs podían hacer por su cuenta después que los gemelos les dieran algunas sugerencias y les explicaran como hacer el truco. La otra pila era de las que serian fáciles de hacer. Y la última pila era de las bromas que eran casi imposibles o por lo menos muy difíciles.
George se dejó caer de espaldas en la cama—. Comienzo a pensar que deberíamos hacerlas solamente una a la vez, y si se impacientan...
—... pues que las hagan ellos solos. Podemos juntar a los que estén interesados en ayudarnos, y votar por la que queramos hacer a continuación —continuó Fred.
Suspiraron. Mientras lo hicieran a su ritmo serian capaces de hacerles una broma a cada una de las personas en el fino establecimiento conocido como Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería.
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nota del autor: Lo re-escribí muchas veces. Fue un capitulo que demoró para salir.
Muchas gracias a todos los comentaristas, son geniales. Me alegro que a todos les haya gustado la broma XD
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Editado 1NOV2020
