I don´t want realism V

CAPITULO V

Centro de control

Han pasado horas desde el incidente del beso y ninguno de los dos se ha dignado a cruzar una palabra, se han sentado cada uno en sendos camastros y ninguno habla. Por mi parte he logrado recomponerme un poco, he tomado mi libreta de apuntes y volcado un sinnúmero de ideas sueltas junto con un poco de dibujos y trazos sin sentido.

Necesito reencontrar el sentido, recordarme el por qué he hecho todo esto y pasado años planeándolo. Sé lo que quiero, pero ni por un instante pensé que mi enemigo más poderoso no sería el miedo a ser atrapado, que la policía entrara aquí de un momento a otro o que ellos mismos se pudieran hacer daño, mi enemigo implacable es mi propia paciencia, creí que la poseía pues durante años aguardó a mi lado sin convertirse en el monstro que ahora me acompaña.

No pensé que el tenerlos tan cerca y a la vez tan lejos podría menguar mi ánimo con tanta facilidad. "¿Y si no se aman? ¿Si solamente vi lo que quería ver todos estos años como el resto del mundo? ¿Si el que se engaña aquí soy yo?" Esas preguntas han pisoteado mis neuronas todo este tiempo y el silencio que ellos guardan no me ayuda a acallarlas.

¿Qué podrá suceder para que mantenga vivas las esperanzas? ¿Qué debo hacer para atizar el fuego de mi ilusión? Esa ilusión que ahora mismo comienzo a ver apagada y mustia. Las tribulaciones de mis pensamientos me atormentan y me siento el hombre más inútil sobre la faz de la tierra.

No se atreven a entrar a la casa y no entiendo el por qué. No quiero darles órdenes y entablar una relación equívoca con ellos, es el maldito primer día y no tengo idea de lo que debo hacer, cómo diablos espero controlar el resto sin dejar jirones de mi alma en el camino. Con lo poco que he visto, ha sido suficiente para querer terminar con el proyecto en este mismo instante, lanzar al grupo de choque y devolverlos de donde vinieron, nunca más volver a saber de ellos. Quiero dejarlos ahí mismo como a esos personajes a los que el autor ya no les dio la oportunidad de saltar a la página y dejan de existir.

Quisiera desaparecerlos. Me siento tentado a llamar a mis hombres y que acaben con ellos aquí mismo, qué sentido tiene todo esto si realmente viví creyendo una mentira orquestada por ellos y sin sentido. ¿Qué diablos ganaban con hacernos creer que se amaban? ¿Dinero o fama? Qué mezquinos seres humanos pueden hacer eso sin consideración del resto.

Si antes me parecía que merecían un castigo por no aprovechar un regalo divino, ahora pienso que lo merecen por habernos engañado. Me siento burlado y que mi inteligencia ha sido puesta en tela de juicio por este par, ¿a caso creen que pueden ser más listos que el resto?, yo les voy a demostrar que no lo son, que no se puede jugar de esa manera con el universo.

JARDÍN-ALBERCA

No sé cómo voy a poder sobrevivir aquí por no sé cuánto tiempo sin mis hijos y con él cerca. No entiendo cómo la vida me obliga nuevamente a repetir la experiencia de la que escapé con vehemencia y desesperación. No soporto sentirle cerca, la sola idea me enferma. Le puedo sentir respirar cerca de mí y sólo eso me hace hervir la sangre, no quiero pensar por un instante que todo esto pueda ser resultante o consecuencia de haberlo encontrado en mi camino, sería el epítome de mi vida. Debo volver una y otra vez a soportar su presencia y sin duda me parece que es el castigo divino al que hemos sido condenados ambos. Algo muy malo debimos haber hecho en otras vidas para merecerlo, pero por qué diablos debo yo pagar por lo que él construyó, por lo que él falló.

Mucho me ha costado reconstruir mi vida y a mí misma después de la catástrofe que significó conocerlo. Sé qué no es el único culpable, pero yo ya pagué mi cuota y mis muchos errores han costado lo suficiente y he pagado con creces las consecuencias, pero él, él qué diablos ha pagado, todo en su vida es perfecto. Su hermosa familia, sus hermosos hijos protegidos por el manto de un matrimonio perfecto y sin tachaduras, en cambio los míos han tenido que lidiar con los errores de su madre, sus múltiples padres y la inestabilidad de una mujer sola luchando contra el mundo. Es tan fácil ser hombre en este mundo construido por y para ellos.

Algo he hecho terriblemente mal y no sé qué diablos fue. Hay tantos actores que ganan millonadas con un solo trabajo y no tienen que volver a ver sus compañeros de proyecto nunca más en su vida. ¿Realmente un poco de dinero merece la pena por condenarme a estar atada a este hombre? No conozco otro caso como el nuestro o por lo menos no lo recuerdo y además el mundo entero nos exige que sea agradable o placentero el que uno viva condenado a estar atado a alguien el resto de su existencia por el simple hecho de haber firmado un contrato y cobrado por ello, pero esto parece más un pacto con el diablo que un contrato de trabajo y además del cual debemos estar agradecidos.

De verdad que no entiendo el proceso mental de ese tipo de seres humanos, ¿realmente piensan que esto pueda ser desde cualquier ángulo disfrutable? Te pagan una cantidad determinada de dinero por hacer un trabajo, lo haces y además te exigen que disfrutes el resto de las consecuencias; la soledad en medio de la multitud, el abandono de tu entorno, el ser el bufón de la corte… "Debes entretener y además poner buena cara".

Yo soy actriz y no bufón, nadie me dijo que además de hacer mi trabajo debería manejar mi vida al contentillo del respetable público. Cuántas veces no he escuchado que nos debemos a ellos y no es verdad, el trabajo que hacemos es el que da resultado gracias a ellos, pero no mi vida. Por qué he de rendirle cuentas a nadie de lo que hago después de que termino el trabajo para el que me pagaron. ¿Quién en otra profesión común y corriente debe hacerlo? Nadie hasta donde entiendo, ¿Quién dijo que nosotros debemos ser modelos de nada por el simple hecho de parecer en una pantalla? Les gusta mi trabajo pues que lo paguen, no les gusta, que lo dejen de ver, pero mi vida no debería depender de su opinión y lo hace, contra toda mi voluntad lo ha hecho siempre. Si ellos supieran que han acabado con mi vida y la de este hombre que se encuentra cerca, quizás no lo hubieran hecho. Basta con vernos ahora mismo, atrapados como animales en cautiverio, pero cosa nada distante a lo que ha sido el resto de nuestras vidas.

Me podría haber dedicado a otra cosa de haber tenido la capacidad para hacerlo, pero esto es lo que sé hacer y creo que no lo hago mal. El carpintero que termina de hacer un mueble lo entrega y hasta ahí terminó su responsabilidad y trabajo, ¿Por qué no puede ser de igual forma con los que nos dedicamos a esto? ¿A quién se le ocurrió que el hecho de ver un trabajo en pantalla les daba derecho a inmiscuirse en la vida de los que realizamos ese trabajo?

Cualquiera podría alegar que así ha sido y que yo debería haberlo sabido, pero no es verdad, nunca fue mi intención que la fama me alcanzara, yo sólo quería liberarme de mis propios demonios y este trabajo me lo permitía, además de que me pagaban por hacerlo, hasta ahí acepto mi responsabilidad, el resto no lo entiendo y me niego a hacerlo. Yo empeñé mi vida por un sueño y lo que conseguí fue el infierno.

Sé que he pasado horas pensando y justo es eso lo que trato de evitar mientras atesto mi vida de trabajo, no quiero pensar, me niego a dedicar tanto tiempo a escuchar la voz de mi consciencia, es abrumador e inútil, pero ahora mismo no puedo hacer otra cosa y esto puede ser la tortura más terrible a la que me pueden someter. En mi día a día trabajo, atiendo a mis hijos, río estúpidamente todo lo que puedo y evito pensar un instante, si me detengo me muero y eso es lo que justamente todo esto está haciendo, detenerme y dejarme sola con mis pensamientos. Me aterra el pensar hasta dónde puede llegar la fuerza del pensamiento y el sentarme a analizar paso a paso dado; no quiero hacerlo, no puedo hacer nada con lo ya decidido y actuado, no puedo regresar sobre mis pasos y cambiar nada, por eso evito pensarlo, el pasado es pasado y no puedo hacer nada por cambiarlo.

CÁMARAS 360º

JARDÍN-ALBERCA

Centro de control

Llevan horas ahí sin moverse, sin hacer nada, no cruzan palabra e incluso se dan la espalda el uno al otro. Si las cosas continúan así tendré que hacer algo para remediarlo.

JARDÍN-ALBERCA

Amo pensar, es de las pocas cosas que reconfortan mi alma. El silencio y la soledad me ayudan a pensar y en este momento lo que necesito es hacerlo con calma, sin la molestia de su voz cerca, lo que afortunadamente me ha regalado por unas horas. Si tan sólo pudiera leer algo o escribir, entonces esto comenzaría a parecer menos un infierno, aunque estoy seguro que no podré gozar de esos privilegios muy pronto, sin embargo creo que puedo invertir mi intelecto en planear un estratagema para sobrevivir el tiempo que sea que tengamos que estar aquí.

No planeo dar excusas para poner en riesgo mi integridad o mi vida y mucho menos la de mis seres queridos. En los retiros aprendí a convivir conmigo, a respetar el silencio y escuchar mi interior, ahora agradezco la experiencia adquirida literalmente a palos. Debo encontrar mi centro para soportar lo que venga, para hacer mi mejor esfuerzo y aceptar que tendré que estar a su lado un tiempo indefinido, lo que ha sucedido antes, pero nunca en circunstancias iguales a esta.

El aire trae de pronto un aroma que me asesta un golpe de recuerdos, siento el estómago revolverse e identifico entonces que se trata de su olor, de ese perfume que ahora mismo me gustaría no haber percibido nunca más en mi vida. Sólo espero que ese perfume no entre en la lista de privilegios que pudiéramos tener. Ese sólo golpe a mis sentidos me hace perder el hilo de mis pensamientos y me devuelve ala realidad.

Después de horas de cavilar y recrearme en mis memorias, en el pasado y la imagen de mis hijos grabada a fuego en mis pupilas, me parece que no es algo que podré hacer por el resto del tiempo que a que nos confine esta situación. Me giro para mirarla, no tengo a nadie más a quién ver, podría evitarla y no había pensado en ello, no se me había ocurrido hasta ahora.

Veo su piel enrojecida y pienso en la mía, hemos estado bajo los inclementes rayos del sol por mucho tiempo y hasta hora hago consciencia de que debo estar igual o pero que ella. Debo guarecerme aunque a estas alturas ya sea demasiado tarde, seguramente habré logrado un grado dos de quemaduras, por decir lo menos.

Me levanto y por primera vez desde que desperté, me permito observar mi entorno, la inmensa barda color crema que rodea la propiedad, aquella maldita puerta que casi me cuesta la vida intentar alcanzarla y finalmente vuelvo a la construcción de donde hemos salido originalmente. Mi vista alcanza a percibir sus dimensiones, es enorme y por ello nos había hecho pensar que se trataba de un hotel, ahora entiendo que no lo es. Temo explorar pues desconozco si se nos está permitido hacerlo. Me levanto con las manos en alto en un gesto universal de son de paz. Debo hacerles saber que no pretendo hacer nada estúpido, que simplemente me necesito guarecer del sol inclemente y que no tengo ninguna intención de desobedecer las reglas, cualesquiera que estas sean.

La cámara que nos observa hace un pequeño movimiento dejando en claro que permaneceremos vigilados permanentemente, pero espero escuchar la voz robótica girarme instrucciones de un instante a otro. Hago una pausa en el movimiento en espera de ordenes, pero no las recibo, así que quiero entender que se me está permitido moverme y en el mejor de los casos, se me hará saber hasta dónde ya no. Tomo el riesgo y comienzo a caminar en dirección al terreno conocido, la puerta corrediza de cristal por la que hemos salido horas antes.

Mi respiración acelerada me indica el terror que siento de ser partido por una bala de un instante a otro, pero en el fondo me tranquilizo pensando que gozaré del privilegio de la advertencia en caso de que haga algo incorrecto. Mantengo mis manos levantadas a los lados y a pesar de sentirme estúpido al hacerlo, prefiero eso a correr el riesgo a que cualquier movimiento mío sea malinterpretado. Me encuentro a unos metros de alcanzar mi objetivo cuando escucho su voz en un forzado susurro, lo suficientemente fuerte para que me sea audible, pero supongo que ella da por sentado que el resto no escuchará.

-David, ¿qué haces?

Me giro lentamente y me encuentro con su rostro enrojecido que exalta el azul de sus ojos y de su potente mirada, me está regañando, recriminando y cuestionando al mismo tiempo. Si la gente supiera el poder que tiene esa mirada no la subestimaría por un instante, las cámaras no pueden captar esa fuerza, lo sé por experiencia, nunca una sola toma tuvo la capacidad de captarla en todo su esplendor. Cuando se lo propone puede ser apabullante y aterradora, lo sé por experiencia, pero ahora mismo veo desesperación y miedo, lo que me parece aún peor, nunca nada debería ver la mirada de una fiera enjaulada y yo tengo el dudoso placer de conocerla a la perfección. Esa fiera privada de su libertad, es lo último con lo que me hubiera gustado convivir y ha sido la maldición de mi vida por años. Al igual que ahora, en su momento tampoco fui el responsable de esa situación, ella decidió por sí misma atarse los grilletes, ahora tengo mucha menos responsabilidad que en ese entonces y no pienso cargar con las consecuencias de ello.

-Sólo quiero evitar las quemaduras de tercer grado, supongo que puedo entrar para guarecerme.

No me atrevo a decirle que prefiero evitarla a ella también, porque en estas circunstancias prefiero no generar conflictos innecesarios, me aterra correr el riesgo de ser presa de un impulso igual al de hace unas horas y que ello pueda costarme la vida.

Con la mirada me indica que nos observan, hace un movimiento evidente con sus ojos y yo me limito a levantar los hombros. Sabemos que seremos vigilados, pero me parece estúpido que la idea de esta gente sea mantenernos bajo el sol por tiempo indefinido, me queda claro que estamos secuestrados pero no creo que seamos sometidos a este tipo de tortura, hasta donde recuerdo nos dijeron que somos "invitados", forzados o no, no creo que el trato tienda a ser inhumano, por lo menos no, si no hacemos nada para merecerlo.

Continúo con mi camino hacia la casa o lo que sea, por lo menos a la habitación, tras de mí escucho el sonido del pasto ceder bajo la presión de su peso. Se me aproxima a distancia prudente y sigue a mi ritmo. Nuevamente el perfume invade el espacio próximo, pero hago caso omiso, estoy seguro que tarde que temprano desaparecerá por completo.

Finalmente alcanzo mi objetivo y hago a un lado la cortina que ha quedado a medias cubriendo el ventanal, la luz nos muestra el espacio interior e ingresamos. A pesar de haber permanecido semi abierto el ventanal por horas, aún se percibe claramente el cambio de temperatura al ambiente climatizado artificialmente, pero es agradable, muy agradable después de haber estado expuesto alas inclemencias de este clima por varias horas. La dejo pasar primero que yo, mientras sostengo la cortina y me doy un tiempo para aclimatar mis ojos al cambio de intensa luz a la oscuridad de la habitación. La escucho exclamar como niña un hallazgo.

-Hay un apagador aquí.

Enciende la luz y entonces logramos ver lo que antes eran solamente sombras. La habitación está exquisitamente decorada, parece la suite de un hotel de gran turismo plagada de detalles de buen gusto, luces escondidas y espejos estratégicamente colocados. En ese momento recuerdo los pequeños focos rojos que se observaban en la oscuridad y coinciden a la perfección con la disposición de los espejos. Me queda claro que seremos vigilados hasta en los espacios más recónditos.

Ella me mira con expectación y yo no entiendo lo que espera, si pretende hallar una explicación en mí se equivoca, sé tanto o menos que ella, pero eso no le impide cuestionarme de nuevo. Mi respuesta puede sonar infantil, pero debe ponerle un alto a esa mirada antes de que logre sacarme de mis casillas de nuevo.

-¿Qué?

Me responde con ese gesto característico de cansancio y ahora decide ignorarme, se dirige a una almohada tirada en el piso, la recoge y vuelve a colocarla en la cama, mira a su alrededor y observa su entorno, yo sigo la misma trayectoria de su mirada. Es un fenómeno del que desconozco el motivo, pero una vez que logra que mis ojos se anclen a su mirada, la mía queda presa y sigue sus pasos sin pensarlo. Quizás se deba a la costumbre o a la dinámica obligada a la que fuimos sometidos por tanto tiempo, la sorpresa en mí proviene de descubrir que la inercia permanece a pesar del tiempo.

En el recorrido descubrimos un par de espejos de piso a techo y me parece que podrían se las puertas de un closet, pero no estoy seguro de ello. Ella se aproxima a ellas y el terror se apodera de mí, por alguna estúpida razón imagino que detrás podría estar alguien observándonos. Trato de detenerla en el momento en el que coloca su mano sobre la superficie liza de una de las hojas de espejo.

-Gill…

Gira violentamente su rostro y recuerdo de golpe que aborrece que le llamen así, su mirada me fulmina y entonces me preparo para ver lo que siga, yo ya no pienso protegerla un segundo más. Preparo la imagen mental para que no me tome desprevenido, estoy casi seguro de que lo que encontrará detrás de esos espejos es aun ser humano. Lo abre de golpe y con sus brazos extendidos hace un gesto que claramente significa un "ya vez, no había nada más que ropa… cobarde".

Soy un hombre precavido y no se me puede juzgar por ello, menos en estas circunstancias en las que ninguno de los dos tenemos idea de lo que podemos esperar. Hago a un lado el insulto implícito sólo porque me llama la atención la cantidad y variedad de prendas que se encuentran dentro de lo que ahora sé es un closet. Todas ellas son femeninas, de diferentes cortes, estilos y largos. Me pregunto si del lado contrario habrá ropa para mí o esto implica que estamos en la habitación destinada para ella.

Por su parte ella no ha hecho el mínimo esfuerzo por indagar, ha mirado la ropa y después ha cerrado la puerta espejo sin más. Paso a su lado con premura mientras me encara al paso.

-¿Qué haces?

Antes de llegar a la puerta del lado contrario le respondo con sarcasmo.

-¿Qué parece? Quiero ver si esta es tu habitación, eso me daría una para mí sólo…

El misterio es develado al momento de abrir la puerta de espejo, ahí está toda la ropa que yo podría necesitar también, pero lo que mi impacta no es sólo el hecho de que ellos pretenden mantenernos juntos en la misma habitación, sino darme cuenta la cantidad de tiempo que pretenden retenernos. Aquí hay suficiente ropa para permanecer meses, es más, vivir aquí de forma permanente de ser necesario y todo esto está al borde de lo ridículo pues alcanzo a ver prendas que no tendrían sentido en un lugar como en el que estamos. Ella interrumpe mis deducciones con una estúpida afirmación.

-Bueno, creo que tu misterio ha sido resuelto…

No se da cuenta de las implicaciones o nuevamente pretende hacerse la tonta, su papel preferido en la vida y el que más aborrezco de todos.

-¿No te das cuenta? Mira la cantidad de ropa que hay, ¿cuánto..

Se ríe con sarcasmo y me interrumpe.

-¿Qué? ¿Cuánto tiempo pretenden tenernos aquí? El que no se había dado cuenta por pensar sólo en ti y en si tendrás habitación propia eres tú. ¿No puedes no pensar más que en ti por un momento? No soy tan estúpida como me has querido hacer parecer siempre. Aquí no tienes público hombre, deja de fingir como si tuvieras a la prensa de frente. Aquí no hay nadie al que puedas convencer de que soy la mujer más estúpida e ignorante del universo.

No pienso responderle, me limito a salir por la primera puerta que encuentro y trato de azotarla pero el enorme peso de la misma me lo impide. No me importa, simplemente debo alejarme de esta mujer si no quieren que termine yo el trabajo que ellos comenzaron.

-Púdrete mujer…

El pobre hombre es tan infantil cuando se lo propone. Nunca ha sabido manejar las cosas que se salen de su control y capricho. Parece un niñito mimado y el universo entero le fomentó arranques de ese tipo, los medios, la producción, su mujer y sus fans. Les parece adorable lo que es insufrible, si ellos hubieran tenido que aguantar lo que yo misma tuve que deglutir con hiel.

Sé que gente de la producción y el mismo Chris intentaron contenerlo en su momento, pero ni ellos y mucho menos yo tuvimos nada que hacer en los momentos de mayor esplendor de su estúpida inmadurez, de la repugnante estrellita de Hollywood en la que se convirtió, sin sustento ni respaldo, pero con todas las ínfulas cliché del caso.

Que pena y pereza mental me da tener que soportarlo nuevamente. Para mi fortuna o infortunio, lo que he vivido me ha obligado siempre a adaptarme a las circunstancias, me guste o no, he tenido que lidiar con la vida como es y no como me gustaría que fuera y evidentemente él no tiene mecanismos de defensa contra eso, sus caprichitos estúpidos lo han llevado a creer que todo debe ser como a él le parezca o de lo contrario… azota una puerta.

Noté que en este caso lo intentó, como es su maldita costumbre y me llama la atención que no lo haya logrado. Evidentemente no sabe ni a dónde va, pero el detalle de la puerta llama mi atención. Me dirijo hacia ella y de inmediato queda en evidencia el por qué no a logrado su objetivo. Parece más una puerta de bóveda bancaria que una puerta común y corriente, el peso parece de blindaje y las múltiples cerraduras indican que en cuanto es puerta se cierra, no hay poder humano que la abra. Tiene una manija que aparenta ser normal. La pruebo una y otra ve, me doy cuenta que para nosotros es la única forma de cerrarla, por lo que me percato de que el resto de las cerraduras deben ser electrónicas y controladas a distancia. Eso me da una idea de lo que pretenden con esto, si lo requieren pueden encerrarnos en la habitación a piedra y lodo sin que podamos tener acceso al resto de la casa si así lo desean.

Esto está mucho más planeado y orquestado de lo que mi imaginación había alcanzado hasta ahora. Me aproximo a la puerta corrediza que da al jardín y la cierro, quiero comprobar mi teoría. Regreso a la puerta de la habitación y hago lo mismo. Ahí está, evidentemente podría caer una bomba a lado nuestro y no lo notaríamos, es una habitación a prueba de ruidos y posiblemente blindada. No quiero ni imaginar la cantidad de posibilidades que esto implica, por lo pronto y la primaria es que no podríamos escuchar nada hacia el exterior, el resto prefiero no pensarlas.

Una sensación de claustrofobia comienza a apoderarse de mí y los síntomas del ataque de pánico comienzan a aparecer, ahora la que quiere salir corriendo de este lugar soy yo. La sensación de falta de oxigeno hace aparecer una ardor en mis pulmones y abro la puerta de golpe. Para mi fortuna se abre sin problemas y una bocanada de aire me tranquiliza de inmediato a pesar del ritmo acelerado de mi respiración.

Siento la necesidad de no estar sola, me siento expuesta y desprotegida en este momento. La idea de quedar encerrada en esa habitación yo sola me inunda de un pánico irracional. Evidentemente no tendré que admitirlo públicamente, ni informarle a él, pero ahora mismo sé que es el único maldito ser humano al que puedo aproximarme.

Salgo de esa maldita habitación lo más rápido que puedo y intentando guardar el miedo en algún lugar invisible, camino por un pasillo que desconozco a donde conduce, pero que no debo aguardar mucho para descubrirlo. Una hermosa estancia me recibe, los ventanales al igual que en la habitación dan de piso a techo y delimitan todo el espacio contiguo a un jardín interior. Hay luz por todos lados, me atrevería a decir que es en toda forma como una propiedad en la playa, de no ser por la situación en la que nos encontramos, me atrevería a decir que es uno de los lugares más hermosos en los que he estado. Exquisitamente arreglado, lleno de pequeños detalles que bien podrían definirlo como acogedor, el decorado en tonos claros a los que yo en lo personal les tendría miedo por el hecho de que son un imán de mugre y con dos hijos pequeños sería imposible mantener inmaculado como se ve este espacio. Visto así, no hay nada que indique reclusión, los espejos proporcionan la sensación de mayor amplitud y los tonos claros exacerban la sensación.

David está sentado en uno de los sillones de sala color blanco, la cabeza baja, los antebrazos sobre las rodillas y algo que sostiene entre sus manos. Evidentemente me escucha y supongo que a partir de ahora, podemos dar por hecho que nadie más podrá aproximarse a nosotros, así que da por hecho que se trata de mí. Sin levantar la cabeza levanta el pequeño vaso y me doy cuenta por el exquisito contado debe tratarse de uno de altísima calidad. El líquido en su interior debe seguir la suerte del principal. Su voz suena ronca y decaída.

-Mira, por lo menos podemos ahogar nuestras penas en alcohol de dieciocho años o más. ¿Un whisky? Puedo asegurarte que es de lo mejor que he probado, nos están tratando bien.

Me aproximo y tomo asiento en el sillón frente a él, nos separa una mesa baja de cristal. Deben pensar que no seremos tan estúpidos como para querernos suicidar, pues con tanto cristal en el lugar no sería difícil, quizás lo que no consideraron fue en la opción de querer asesinarnos mutuamente, de lo contrario hubiera sido muy estúpido de su parte darnos tantas armas al alcance.

-No tomo, gracias.

Una estrepitosa carcajada rebota en las paredes y en mis oídos.

-¿Desde cuándo? Porque si no mal recuerdo en tus mejores épocas tus amiguitas tenían que sacarte por la puerta trasera para que no armaras escándalos monumentales como es tu costumbre. Si los backstages hablaran… ¿A cuantas amiguitas te tiraste detrás de los escenarios Gillian?

Sonrío, evidentemente al niño no se le ha pasado la pataleta.

-No tantas como tú David…

Guardo silencio por un instante y continúo sólo para asestar la estocada final.

-¿Y a cuántos… David?

Levanta el rostro con un fusil en la mirada, achica los ojos y aprieta la mandíbula pero no responde, sé que he dado en un punto sumamente sensible, sonrío al verle así, quiere matarme y lo sé, pero eso nunca me ha detenido. Él inició en esta ocasión, no tengo por qué contenerme.

-¿Qué? ¿Te molesta admitir que también te gusta? Cuál es el problema hombre, yo puedo aceptar sin dificultad que he estado con mujeres, que he tenido parejas estables de mi mismo sexo e incluso se lo que dicho a la prensa, no me avergüenzo en absoluto, pero tú…

Ahora la que lanza la carcajada soy yo.

-… Pobre, se caería esa imagen de gigoló de quinta que mantienes…. ¿Tienes miedo que a las mujeres te les hagas repugnante? Lo único repugnante es no aceptar lo que uno es. A nadie le molestaría un poco de honestidad de cuando en cuando… ¡Claro! Ahora entiendo por qué te gustan las mujeres masculinas, querido, podrías admitir tu gusto real como yo, esa era la razón por la que me gustaban tanto las mujeres así, hasta que me di cuenta que lo que realmente quería era un hombre… ¿o?...

Comienza a apretar el vaso con demasiada fuerza y es probable que sucedan dos cosas, una de ellas es que termine hecho añicos entre sus manos y la otra es que termine haciéndome trizas la cara. Me arriesgo y continúo, si no piensa escuchar verdades entonces que se guarde sus estúpidos comentarios pues no sabe con quién se mete, yo no soy una se sus mujercitas que se desviven adulándolo y haciéndolo sentir el ombligo del universo, conmigo sólo se chocará contra un muro de verdades.

-…!Claro! Le estás enseñando valores a tus hijos… Qué clase de valores le puede enseñar un padre que se oculta detrás de su machismo ensabanado… cogerte a todas las mujeres que pasen por tu vida no te hace hombre… La familia perfecta, el matrimonio perfecto, el padre perfecto… que tristeza me dan tus hijos, ellos qué culpa tienen de haberles tocado un padre como tú, por lo menos enmienda la plana y se honesto contigo por una vez en tu vida. Quizás así sí les estarías enseñando algo de valores, algo honesto.

Revienta el vaso sobre la mesa y nuevamente me equivoco con él para fortuna mía. Los gritos que salen de su garganta me hacen pensar que en este momento no me vendría mal encerrarme en ese cuarto a prueba de sonido del que salí.

-¿Valores? Qué malditos valores le puedes tú enseñara a nadie, te la has pasado brincando de cama en cama, de marido en marido y escupiendo hijos por esa vagina con la que evidentemente piensas. Si tan sólo tuvieras una neurona en esa cabeza hueca te darías cuenta del daño que tú le haces a tus propios hijos. La señora que no es capaz de comprometerse con otro ser humano por su estúpido miedo a ser lo que se supone debería ser, una mujer. No es mi culpa que reniegues de tu género, yo no soy el culpable de tu estúpido complejo de inferioridad y tu enorme envida fálica… Dime, ¿cuanto te las coges utilizas un dildo para hacerte sentir suficientemente macho? Tú no eres una mujer liberada Gillian, lo que eres es un hombre frustrado atrapado en un minúsculo cuerpo. No nos culpes a los hombres por lo que tú no has podido hacer con tu vida.

Se levanta de donde está y sé que pretende intimidarme, quiere hacerme sentir una mujer desvalida y desprotegida, quiere mostrar su poderío de hombre, de macho dolido por un par de verdades que le han dejado al descubierto.

Lo sigo con la mirada y no pienso ceder por un instante, no voy a dejarme intimidar por él. Nunca lo he hecho a pesar de todo. Mi cabeza sigue el trayecto y logra hacerla levantar pues se posiciona frente a mí, su cintura queda a la altura de mi cabeza pero mi mirada sigue clavada en la suya, aprieta la mandíbula y la aletas de la nariz se le ensanchan por el esfuerzo de inhalar suficiente aire. El enojo raya en la furia, toma mis mejillas con una sola mano y aprieta ligeramente pero con suma firmeza, con la mandíbula apretada al máximo habla entre dientes y acerca su rostro al mío a pesar de que me ha hecho estirar el cuello al máximo de su capacidad.

-¿Sabes mujer? Oscar Wilde dijo que "Todo se trata de sexo, excepto el sexo. El sexo se trata de poder." Y sé que nadie mejor que tú lo sabe… Carter y seguramente más de un directivo de la cadena deben haber caídos rendidos ante tu "manejo de poder".

CENTRO DE CONTROL

Mis ojos abiertos en extremo han observado todo, no entiendo cómo esa mujer es capaz de decir todas esas cosas y esperar que ese hombre o cualquier hombre, no quiera reventarle el cráneo contra la pared. Sólo estoy esperando a que de un momento a otro el vaso termine en su rostro. No sé si es valentía o estupidez extrema de su parte, pero me tranquilizo al ver estallar el vaso contra el cristal de la mesa y no en su cara.

El se levanta y ella parece inerme pero tampoco se mueve. He visto la reacción en su mirada, en un inicio vi aparecer el miedo y al instante siguiente ser sustituido por determinación. Es evidente que no le va a mostrar un ápice de respeto, está determinada a no mostrarse vulnerable o atemorizada, pero el que está con el alma en un hilo soy yo. Definitivamente estaba preparado par todo, pero no para ellos. Si tan sólo los hubiera conocido un poquito, pero evidentemente nada de lo que han mostrado hasta ahora era previsible.

Cuando lo veo colocarse frente a ella siento que ese hombre en este momento es capaz de absolutamente todo, quizás cualquier hombre en su lugar. Con su mano derecha toma el rostro de ella y lo hace parecer diminuto, a pesar de que las manos de él no son extremadamente grandes, en comparación con su delicado rostro parecen descomunales. Aprieta con fuerza sus mejillas y es entonces cuando puedo ver la sangre que mancha su blanco rostro, evidentemente él se ha hecho daño al estrellar el vaso.

La frase que sale de sus labios enciende mis alarmas al máximo "Todo se trata de sexo, excepto el sexo. El sexo se trata de poder." La insinuación no me sorprende tanto como el odio con el que lo dice. Jala un poco más su rosto haciendo que su cuello se alargue hasta lo indecible y entonces toma sus labios con su boca, ella trata de defenderse propinando un golpe en el bíceps y tratando de quitar la fuerte mano que le aprieta las mejillas colocando su pequeña mano en la muñeca de él y jalando con fuerza. Al segundo intento de golpe sobre el fuerte brazo de él, el tipo toma la muñeca de ella, la tira hacia un costado y deja caer todo su peso sobre su diminuto cuerpo haciéndola desaparecer debajo de él y los cojines del sillón.

No pienso presenciar una violación y todos mis sentidos se alterna, pues no sería una violación cualquiera, sería el ultraje de ella. Mis manos hacen malabares con los audífonos de intercomunicación mientras hago cuentas mentales del tiempo en el que el grupo de choque tardará en llegar al lugar. La desesperación en mí hace que pierda segundos que en este instante me saben a eternidad. No quiero matar a ese hombre por hacer lo que piensa hacer con ella, no quiero hacerlo, pero si lo lleva a cabo, juro por mi vida que yo mismo acabaré con él lentamente hasta que se arrepienta de haberle tocado un solo cabello.

El monitor me muestra la lucha de ella y su pequeño brazo en el fuerte pecho tratando de alejarle sin resultado mientras el otro se encuentra inmovilizado por encima de su cabeza maniatado con fuerza por la muñeca.

Enciendo de prisa el intercomunicador que me da acceso a mis hombres, no he notado hasta que la voz sale de mi garganta, que en ella existe un trémulo dejo de terror.

-Entren ¡Ahora!... Sólo tres. No lo maten, eso lo haré yo con mis propias manos… a ella ni se les ocurra tocarla… ¡Protéjanla!

Los instantes me parecen eternos, sus piernas luchan con las de él, pero cualquier intento de su parte parece inútil. El entero de sus músculos parecen un monumento de fuerza, puedo notarlos debajo de la ropa y en lo visible, puedo notar sus nudillos blancos en la mano que sostiene su delicada muñeca… ¡le está haciendo daño! Y yo sólo quiero matarle ahí mismo.

Ni siquiera ha notado la entrada de mis hombres, todos encapuchados con las armas de asalto a la espalada, el más fuerte y grande de ellos lo toma por la espalda y lo levanta en vilo de un solo movimiento mientras lo otros dos le propinan un par de golpes en el abdomen y uno que le voltea el rostro escupiendo sangre que se estrella en los sillones inmaculadamente blancos y al rostro enrojecido de ella.

Los golpes continúan y en algún momento hago consciencia de los gritos de terror que provienen de ella.

-Déjenlo, lo van a matar…

Está hecha un pequeño ovillo en el mullido sillón, se cubre la boca en un gesto de terror y sorpresa. Se levanta de golpe, a pesar de la evidente diferencia de tamaño con los hombres en acción, ella comienza a tratar de detenerles.

-Déjenlo, por favor… ¡déjenlo ya!

Sólo por ella y por qué lo pide de esa manera lo hago. No entiendo el por qué diablos lo defiende, de no haber intervenido mis hombres ese salvaje la hubiera violado.

-Déjenlo y retírense… ¡Ya!

Sé que a una manada enfurecida y sedienta de sangre es muy difícil quitarle la presa del hocico. Debo repetir la orden, si de verdad no quiero que lo maten a golpes.

-¡AHORA!

Los hombres lo sueltan y él cae al piso como costal, afortunadamente para él, su cabeza no ha chocado con nada en el trayecto.

-Retírense… ¡Rápido!

ESTANCIA - SALA

Lo han dejado tirado bocabajo en el piso entre el sillón y la mesa. Salen de prisa y sin decir una palabra. Me siento estupefacta, mi cuerpo trémulo y casi paralizado ha caído en el sillón al hacerme un lado para no ser atropellada por esos tres gigantes.

Los instantes me parecen eternos, no se mueve aunque le veo respirar con dificultad, su pecho sube y baja descontrolado. Se un salto y como puedo me hinco a su lado poniendo mis manos en su espalda.

-David, ¿estás bien?... David, háblame…

Jala una mano hacia su abdomen y con la otra hace el intento por retirar mis manos. Escupe en el piso la sangre remanente en su boca. Coloco mis manos en sus hombros y le ayudo a sentarse recargando su espalda en la base del sillón.

Su rostro enrojecido, su labio inferior sangrante y las lágrimas corriendo libremente por sus mejillas entremezclándose con el sudor y la sangre. Pongo mis manos en sus mejillas y le obligo a mirarme a los ojos. Con la respiración entrecortada y las exhalaciones acompañadas por una ligera briza mezclada con sangre me dice con sus ojos pequeños entrecerrados.

-Sabes que no te haría nada…

Tomo su cabeza y la acuno en mi pecho, llora como niño abiertamente y yo le acompaño. Me abraza por la cintura y los estertores en su pecho son ostensibles bajo mis manos que acarician su espalda tratando de consolarle, consolarnos.

-Lo sé… yo sí lo sé.

Intenta hacer una pausa entre un suspiro y el llanto, levanta la cabeza, me observa con detenimiento y coloca su mano izquierda en mi mejilla.

-Tienes todo el rostro ensangrentado, ¿te hicieron algo o he sido yo?

Niego con la cabeza y le beso en la frente.

-Es tuya, toda la sangre es tuya.

Vuelve a la posición sobre mi pecho y nos quedamos así por un tiempo indefinido. Yo meso sus cabellos hasta que siento que el llanto ha disminuido y el mío también.

-¿Duele mucho?

Sonríe sobre la piel de mi pecho y siento la humedad de la sangre pegajosa en él.

-No me pegaron tan fuerte, sólo lo suficiente para sacarme el aire y partirme el labio, pero no como para romperme una costilla. Saben lo que hacen… Yo hubiera hecho lo mismo, lo sabes.

Retiro su rostro de mi pecho y nuevamente lo tomo con mis dos manos.

-Lo sé, eres un maldito irracional y yo también. Pero eso no…

Me interrumpe y se aleja de golpe apretando con más fuerza la mano que está sobre su abdomen.

-Yo sé… Deberías bañarte y cambiarte de ropa, te hemos dejado hecha una piltrafa.

Deposita un beso rápido en mis labios, como quien saluda a un hijo. Como puede se incorpora y comienza a reír sosteniendo con más fuerza el abdomen.

-Mira, han cuidado de no romper nada… no como yo. Anda báñate que después lo haré yo.

Se dobla un poco sobre su eje y finalmente alcanza la posición erguida de siempre. Evita hacer ostensible su dolor y aunque se tambalea ligeramente, se gira y me muestra la palma de la mano como deteniendo algo que no iba a suceder.

-Tranquila, mientras te bañas buscaré algo de hielo para mi labio que fue el más afectado, entre tu mordida y el puñetazo tardará en sanar.

Centro de control

¿Qué diablos se supone que deba yo entender de todo lo que ha pasado? Se insultan como no he visto a nadie hacerlo, se agreden físicamente y hasta no volver a ver el video, estoy completamente seguro de lo que vi fue un claro intento de violación. ¿Qué diablos pasa aquí? ¿Qué diablos les pasa a ese par? Si en su momento pensé que sería complicado, que son un par de seres humanos extraños, me equivoqué terriblemente, esto va mucho más allá. Cualquiera se quedaría corto al definir su relación como compleja.

Mientras lo miro alejarse y ella se incorpora para aproximarse a uno de los espejos falsos y observar su rostro, yo la sigo en todos sus movimientos. ¿Qué estará pensando? Pasa sus dedos por sus mejillas ensangrentadas, sus labios hinchados y finaliza por sus ojos enrojecidos que exaltan brutalmente el azul del iris.

Necesito repasar lo sucedido hasta cansarme y encontrar eso que ellos están entendiendo y yo no. Esto va más allá de ponerme frente a la pantalla y analizar hasta el más mínimo detalle de un capítulo. Algo pasó ahí y a mí me pasó de noche. No entiendo lo sucedido y en mi defensa sé que actué como debería. No tengo intención de lastimarlos y dudo mucho que lo que yo pueda hacer sea más doloroso de lo que ellos hacen el uno contra el otro.

El galimatías de su relación está siendo mucho más excitante, tentador, estimulante y retador de lo que lo imaginaba.

¿Estaré siendo el cazador cazado? Ahora soy yo el que dudo que esos dos se amen, pero el reto se visualiza mayor ahora, no sólo descubrir qué sienten realmente, sino entender qué diablos pasa en su interior y en su historia, pues es evidente que hay mucho más allá de lo que cualquiera puede haber visto en pantalla o en una entrevista.

Él regresa con una toalla con hielos en su interior, presionando sobre su labio inferior. Se coloca detrás de ella y evidente sobresale en la imagen.

-¿Así que mujeres varoniles ¡eh!? No te veo muy varonil en este momento… Aunque enfrentarte a los mastodontes opacó mi minúscula hombría. Ahora entiendo por qué decías que no eras mi tipo.

Ella achica los ojos y gira su rostro, le lanza una mirada fulminante a pesar de que mi corazón se ha saltado tres tiempos por la declaración implícita, ella no parece entenderla o simplemente le parece ofensiva, qué sé yo.

Ahora me declaro incompetente, hace día hubiera jurado sobre la biblia que les conocía mejor que a mi mismo, ahora no sé absolutamente nada.