I don´t want realism VI
CAPITULO VI
"Los hombres en cuanto hablamos mentimos porque lo que hay en nuestra cabeza no tiene traducción en palabras…"
David Duchovny
Ojalá hubiera sabido lo que es tener la verdad en las manos cuando me sucedió, pero el ser humano enceguecido por cualquier sensación mundana es incapaz de percatarse que el tesoro lo tiene ahí, al alcance de la mano.
El resto del día transcurre para ellos en una mezcla extraña de adaptación y descubrimiento, parece no haber sucedido absolutamente nada. No entiendo su repentina resignación o la inesperada aceptación.
Hubiera jurado que habría mucha más resistencia de su parte, después de la intensidad de las horas que preceden, ahora la extraña calma me sobrecoge. Sólo puedo esperar la tormenta que seguramente se avecina. No quiero creer que esto ha sido todo, que así sin más he logrado quebrantar su espíritu de lucha y que tendré en mis manos un par de maleables corderitos atentos a mis órdenes.
¿Será posible que haya excedido la capacidad de sus fuerzas en tan sólo unas horas? No quiero creerlo, no sólo porque esto se convertiría en un mar inmenso de aburrimiento, sino que lo más trágico sería darme de golpe con una realidad que me niego a creer; son simples humanos, son personas comunes y corrientes carentes de eso que me hizo verlos como especiales.
La paciencia no es un don que poseo y al parecer la divinidad me obliga a acercarme a él como mosca a la miel.
Me aproximo a lo que parecería la pared de las tácticas militares en una batalla. Ahí están volcadas las posibilidades que me plantee durante años. Una opción tras otra parece del todo absurda ahora y me reúso a pensar que tenga que comenzar de ceros ahora que no han pasado ni siquiera veinticuatro horas.
Me siento en la silla rodante que me permite alejarme y ver con perspectiva aquél mapa o aquello que por lo menos para mí me lo parece. Un trazo tras el otro, una conexión seguida de la otra. Los puntos se unen en una constelación finita, pero sin duda compleja. Dudo mucho que alguien que no fuera yo pudiera comprender el significado de cada uno de los puntos que en ella se muestran.
1993-Inicio; finales-matrimonio GA; diciembre ´93-Burja predice embarazo; Mayo ´97-DD Matrimonio; GG ´97; Qué pasó ´97? Y así hasta el finito tiempo que nos trae hasta aquí.
El miedo que ahora recorre mi ser es que no encuentro salida al bucle en el que yo sólo he entrado, ninguno de los dos sabe el motivo por el cual están aquí y no sé si revelarlo ahora sea la mejor de mis ideas. Evidentemente es el impulso primario, pero no logro vislumbrar si sea un algo que juegue a mi favor o totalmente en mi contra.
Si ellos supieran que la razón por la que están aquí es para hacerlos ver que han desperdiciado un tesoro divino pesto en sus torpes manos, quizás corra yo el resiego de obtener lo que quiero sin que sea cierto y no sé si seré tan hábil para reconocer la verdad de la mentira, ahora mismo no estoy cierto de nada.
Eso me lanza al camino largo, al de la espera y la paciencia, cualidades con las que no cuento. Evidentemente tengo todo el tiempo del mundo para conseguir mi objetivo, pero ¿a costa de qué pienso obtenerlos? ¿a costa de mí mismo?
En mis cavilaciones los he perdido de vista por tiempo indefinido y no me he percatado de sus movimientos y mucho menos de lo que hayan dicho. Todo está grabado, pero eso me deja sólo la opción de revisar lo grabado en el momento en el que ellos se encuentren dormidos o cuando tenga tiempo de hacerlo.
La oscuridad del cuarto de comando me hace perder la noción de tiempo y me percato de que el ocaso del día comienza a reflejarse en los cristales. Abro los micrófonos pues apenas me doy cuenta de que hablan, muy bajo, pero hablan.
-… duerme tú en la cama, yo puedo dormir aquí en el sofá.
La voz casi de bajo profundo de David apenas llega a mis oídos en cuanto logro colocarme correctamente los audífonos.
Ella lo mira, aprieta un poco los labios y apenas responde.
-Como quieras, igual y no sé si pueda dormir con todo lo que ha pasado.
Nuevamente escuetos, fríos e impersonales. Ahí no hay nada en su tono de voz, simplemente un intercambio irrelevante de opiniones.
Comen algo y ni siquiera sé en que momento lo han preparado o cogido del refrigerados, pero parecen haberse preparado un par de bocadillos. David da una mordida al suyo y con un leve dejo de dolor en su boca, mastica con dificultad y entre dientes responde con riesgo de atragantarse.
-Está bien, lo hago hasta que te quedes dormida.
Un enorme signo de interrogación aparece en mi rostro. ¿A qué diablos se refiere? ¿De qué me he perdido? Ella responde afirmativamente con la cabeza y siento como que he perdido un capítulo entero y evidentemente parece contener información relevante.
No existe contexto en la última frase, no hay nada, ni un solo gesto que me indique algo, ellos simplemente continúan con lo que estaban haciendo, sin más.
En una de las pantallas rebobino con rapidez para ver si logro identificar algo relevante, pero a primera vista no encuentro nada, sólo aquellos movimientos cotidianos y distantes, uno saca algo del refrigerador, el otro consigue platos y sin más se sientan a comer en al barra.
Pongo especial atención a sus labios, estoy seguro de que algo habrán dicho en todo este tiempo que perdí pensando, pero no hay absolutamente nada. Quizás haya sucedido antes, por lo que rebobino mucho más; desde el momento del altercado hasta ahora y no encuentro nada.
Me obligo a poner atención en dos pantallas, en la que corre en tiempo real y a la que trato de poner atención mientras rebobino. Es casi hacer el trabajo de Dios, pero tan sólo en dos planos. Qué difícil debe ser tener que controlarlo y mirarlo todo.
Continúan sin cruzar palabra, sus voces las utilizo para llamar mi atención en caso de ser necesario escucharles, pero nada. Esto me facilita la labor de centrarme en un punto mientras trato de entender el significado de la última oración. Es evidente que a final del día sabré el significado, pero eso no es precisamente lo que me altera, lo que no soporto es haber dejado pasar algún detalle que pueda ser importante y que evidentemente sucedió.
Pero por más que trato de que mi cerebro pueda seguir la velocidad a la que pasan las imágenes y para lo cual creo haberlo entrenado lo suficiente, no encuentro ningún gesto significativo, nada relevante o que llame mi atención y me niego a ver a veinticuatro cuadros por segundo absolutamente todo.
Me siento niño tratando de encontrar el truco del mago. En qué momento perdí de vista al conejo, en qué momento lograron escapar a mi visión omnipresente.
En el cúmulo de imágenes sin fondo mi cerebro comienza a viajar a las posibilidades que encierre aquella misteriosa frase soltada al vuelo y aparentemente sin mayor relevancia. Mi corazón enamorado del tesoro que ahora posee y controla, se pierde en un millar de imágenes hermosas llenas de posibles gestos románticos que pudieran encerrar aquellas últimas palabras al las que no les encuentro sentido.
Ella apenas termina el bocadillo en el momento en el que él prácticamente le arrebata el plato mientras ella ni se inmuta al gesto. Acto seguido ella se levanta y dirige a la habitación.
Él extrañamente se pierde en el lento fregar de dos platos de tamaño ínfimo como si de un acto ritual se tratara. La parsimonia con la que desliza la esponja y deja correr el agua sólo me da la impresión de que se encuentra perdido en un mundo imaginario del que no quiere salir.
Ella en la habitación busca ropa de dormir dentro del armario, contrario a la parsimonia con la que el lava los platos. Observa con rapidez prenda por prenda, aunque se detiene y mira con más calma unas que otras. Se mide los zapatos y de cuando en cuando levanta una ceja cada vez que la medida perfecta calza a sus pies sin problema.
Se dirige al la otra parte del armario donde se encuentran las prendas destinadas a él. Con mayor recato y quizás un poco de prudencia, las observa y desliza su mano deteniéndose en la sensación al tacto, pero no se atreve a descolgar una sola. Finalmente consigue una pijama pero para él del lado contrario del armario de donde a buscado y mi corazón comienza a latir a un ritmo mucho mayor de lo necesario.
La expectativa comienza a gestar todo un cuadro plagado de familiaridad, como si de un matrimonio de muchos años se tratara. Los observo a ambos en aquella escena cotidiana, el en la cocina y ella en la habitación y no percibo más que un sabor a cotidiano. Imagino que el tiempo aunque poco, está comenzando a cumplir con su parte del trato.
Sabía que ellos terminarían por acostumbrarse y olvidar eventualmente que son observados, pero nunca imaginé que eso sucedería sin siquiera cumplirse veinticuatro horas de su llegada y lo atribuyo de inmediato a su eterna cercanía a las cámaras. Para ellos debe ser tan cotidiano vivir frente al lente, que su cerebro seguramente está entrenado para olvidarlo y así lograr transmitir esa familiaridad que ellos aprendieron a transmitir casi desde el primer instante en el que se pararon frente a una cámara.
Mi mirada alterna entre la parsimonia de los movimientos de él en una pantalla y la prisa en la búsqueda de ella en otra. Supongo ha de ser el cansancio y la tensión acumulada la que la orilla a parecer casi frenética después de haber encontrado la pijama de él. Desliza cajones, los cierra con fuerza para abrir el siguiente. Parece desesperada por encontrar algo y no tengo idea de lo que sea. Finalmente parece lograrlo.
Ahora he dejado por el momento la búsqueda que hace un instante me parecía vital y me enfoco en la expectativa del instante. Comienzo a sentirme prácticamente un clarividente visualizando el futuro casi cierto. Se acerca la noche, la hora de dormir y sus posibilidades.
Ella arroja sobre la cama las prendas de él y se dirige al baño a colocarse las suyas. He de suponer que por los eventos del día y por la evidente situación no se permitirán demasiado, pero eso que ahora me queda claro fue una insinuación de parte de él, por lo menos me anticipa un algo que quiero pensar será el primer gran momento de esta aventura.
Lo observo a él hacer una pausa en cuanto la escucha salir de la habitación, gira levemente la cabeza y sólo se permite ver de reojo, en cuanto ella cierra la puerta del baño el continúa con lo suyo y asumo que esas son el tipo de señales a las que debo estar atento.
Ella abre la puerta del baño y él apenas levanta ligeramente la cabeza y aspira aire de manera que puedo notarlo, ¿está percibiendo su aroma?
Por un momento me siento parte del ritual, me transporto a ese pequeño lugar en mi mente en el que los he imaginado compartiendo su vida y su espacio como cualquier ser humano común y corriente. Casi puedo percibir que mi sentido del olfato se impregna de ese aroma que ella debe desprender al estar cerca de su presencia. El gesto de él me transporta ahí, a ese lugar mágico en el que ellos simplemente se sienten y nada más.
La expectativa me trastorna, apenas ha terminado de caer la noche y lo único que espero es que el reloj no detenga su marcha, que ese pequeño acuerdo tácito del que no he sido partícipe llegue a realizarse de un momento a otro.
En tanto él seca sus manos y ella tira todos los almohadones a un lado, la euforia se apodera de mí y las palabras que unos instantes anteriores salieron de la enronquecida voz de él rondan por mi cabeza cobrando aún más sentido a cada instante "Está bien, lo hago hasta que te quedes dormida" y mi mente no encuentra otra explicación más que la obvia.
Ella se sienta sobre la cama después de haber retirado las cobijas lo suficiente para meterse entre ellas, pero no lo hace aún, parece que le espera y eso me entusiasma aún más. Sus pequeñas piernas no alcanzan a tocar el piso pues la cama es lo suficientemente alta para impedírselo, así que las mueve en un acto casi infantil, una adelante y a otra atrás, con parsimonia, pero con ritmo, parece marcar el paso del tiempo y yo al igual que ella estoy invadido por la expectativa.
Todo se agolpa de pronto, el recuerdo de cómo ella lo defendió, la indirecta poco discreta de él en cuanto a su gusto por ella mientras se miraba en el espejo y la sutil insinuación de él mientras comían. Todo cobra sentido de pronto como las piezas de un rompecabezas inteligentemente armado.
Pienso en que son unos maestros de la comunicación sin palabras, ellos inventaron el arte de decirse todo con una mirada y me reprocho mi infinita estupidez por no haber recordado eso antes.
Él da un último vistazo al área de la cocina y finalmente a la de la sala, no sé qué es lo que pueda estar observando, pero mira con atención. Finalmente se dirige a la habitación y yo siento los minutos contados, evidentemente algo va ha suceder aquí y no pienso perderme un solo instante como privilegiado espectador.
Ella lo escucha aproximarse y detiene de golpe el juego con sus piernas. Sus manos están colocadas a los lados y recargadas en el colchón, lo que la hace parecer aún más infantil. Ese halo de mujer voraz desaparece de pronto para dar paso a una inocencia desconcertante. Es una mujer llena de matices, es un caleidoscopio viviente, desde el ángulo que la veas encontrarás un matiz distinto.
Él se aproxima a la habitación y se detiene en el quicio de la puerta, ella lo observa con detenimiento y él parece hacer lo mismo, con la mirada clavada en ella comienza su andar en una línea recta que lo pone en dirección de colisión con ella que lo sigue con la mirada, levantando paulatinamente su rostro en tanto él se acerca.
Conforme él se acerca, ella alcanza su punto máximo de extensión en el cuello, con lentitud el pecho del hombre que ahora parece enorme en comparación con el pequeño cuerpo de ella, queda casi a la altura de su angelical rostro para luego comenzar un movimiento muy lento hacia ella obligándola a tirar poco a poco de su cuerpo hacia atrás hasta casi poner su espalda contra el colchón, con el único sustento de sus codos que la impiden quedar del todo tendida sobre la cama. Desde donde les observo y en los diferentes ángulos, da la impresión que él se posará completamente sobre ella.
Parece que el tiempo se detiene para mí, cada microsegundo se prolonga en el tiempo haciendo del instante un espacio alargado hasta el infinito. Él coloca su mano sobre el colchón sosteniendo todo su peso y marcando todos los músculos del brazo, antebrazo e incluso la espalda. Es como uno de esos fisiculturistas que saben a la perfección qué movimiento hacer para resaltar y marcar los músculos exactos.
Observo el cuadro con sabor a perfecto instante enmarcado. Entre las piernas de ella casi ha quedado la de él, de no ser por que su rodilla ha encontrado el tope del colchón seguramente no le estorbaría barrera alguna.
Ella clava su mirada en la de él. Casi pierdo el aliento en el momento en el que noto un pequeño corte en la respiración de ambos.
En ese momento me percato que él cierra el puño sobre las cobijas y se incorpora de golpe para alcanzar la vertical en un instante, llevando el pantalón de pijama en la mano. Hasta ese momento me doy cuenta que la razón por la que ha cerrado el puño es tan sólo para tomar la prenda.
-Creo que sólo necesitaré esto.
Hasta ese momento me doy cuenta de que la ropa que ella había colocado sobre la cama para él, se encontraba justo detrás de ella.
En tanto, ella permanece semi tumbada en la cama únicamente recargada sobre sus codos, su voz me desconcierta, pero pone en palabras lo que estoy a punto de gritar.
-¿Qué diablos fue eso?
Él se gira dándole la espalada como si nada hubiera pasado y con el pantalón de pijama en la mano izquierda apretado con fuerza le responde.
-Nada. Que entre dos machos alfa hay que pelear el territorio.
Se aleja sin más, no sin antes decir como si de una conversación continua se tratara.
-…y sí, lo haré mientras duermes.
No cierra la puerta tras de sí y se dirige directo a la sala, en tanto ella se incorpora para meterse entre las cobijas y colocarse bocabajo.
Yo estoy estupefacto y sin entender un ápice de lo sucedido. Los observo y ella no hace más, mientras él sin pudor alguno se libera de la ropa que lleva puesta, se coloca únicamente el pantalón de pijama y se tumba sobre el sillón más grande mirando al techo con las manos sobre el abdomen perfectamente marcado, ella parece tratar de conciliar el sueño. Un esbozo de sonrisa se dibuja en el rostro de él.
Y yo, ¿qué hago ahora con esto?
No se mueve absolutamente nada en el lugar, si de una mala película de vaqueros se tratara, seguramente correría un aire sórdido arrastrando consigo bolas de desierto o rodadoras y mientras tanto yo quisiera arrancarme los cabellos.
Me invade la sensación de haberme perdido algo importante, sé que he pasado por alto detalles y estoy dispuesto a develarlos así no duerma todo esta maldita noche, así tenga que ver cuadro a cuadro cada una de sus acciones.
ESTANCIA - SALA
Con el tiempo he aprendido que la venganza es un plato que se come frío y que a pequeños bocados sabe mucho mejor. Si te avorazas corres el riesgo de atragantarte con tu propio veneno.
No puedo evitar la sonrisa que se me gesta, son pequeñas delicias que de cuando en cuando me permito. Ella logra eso que hoy día ya casi nadie puede despertar en mí, ni lo permito. He trabajado mucho e invertido tiempo y dinero en aprender a controlar mis impulsos, pero con ella es casi imposible.
En ocasiones he invertido mucho tiempo tratando de desmenuzar y sobre todo entender por qué diablos no puedo controlar esa furia que ella logra despertar en mis entrañas. Sé que no debería dedicarle más tiempo del debido, hace mucho que decidí que ella ya no formaría parte de mi desperdicio de energía, pero qué puedo hacer ahora sin otra cosa a qué dedicar el tiempo. Estoy obligado y no me queda más que mirar el lado positivo a una situación que parece no tenerla.
No me queda más que entretenerme o divertirme con lo que pueda o tenga al alcance y si algo sé hacer a la perfección es joderle la vida. Aprendí el día que ella me la jodió por completo a mí con su presencia, así que si no hay más que lo que hay, como hace años, tendré que volver a acostumbrarme a soportar su presencia.
Si tan sólo tuviera un libro en el cual perderme, juro que no le prestaría un ápice de atención, o tan sólo un pedazo de papel en el cual poder escribir.
El golpe de su aroma vuelve a mí y nuevamente me jode la vida. Por qué diablos no puede oler diferente, en todo estos años puede haber cambiado de color de cabello, sus facciones, incluso su peso, pero su maldito aroma es inmutable. Hace unas horas alcanzaba aún a sentir ese perfume que me remueve el estómago, que de sólo sentirlo en cualquier ser humano me remite a ella inevitablemente, pero ahora que ha salido de la ducha el panorama empeoró, ahora no sólo era ese olor a perfume, era el de ella. Ese sello humano inconfundible, esa marca genética que no puede engañar a nadie y que ni el olor del detergente oculta.
Si me he tardado más lavando esos dos platos hubiera terminado perforándome las manos, pero no sabía en qué más entretenerme para no pensar en que a unos pasos está ella y su humanidad invadiendo mi vida de nuevo. Me ha costado tantos años, terapias y cursos de meditación aprender a poner mi mente en blanco, a no pensar o reaccionar.
Traté de enfocarme en el movimiento mecánico y lo logré hasta que el golpe de su aroma me sacó de mi profunda abstracción. ¿Cómo diablos lo logra? ¿Por qué ella puede?
Necesito enfocar mi energía ahora y redirigirla, pateo puertas o golpeo paredes, pero cualquier cosa es preferible a desperdiciar mi energía en ella.
Recuerdo que he dejado la ropa tirada y me levanto de golpe. Si hay algo que no soporto es el desorden y por su culpa hasta de eso me he olvidado. Levanto las prendas, las volteo de manera que queden del lado correcto, las aliso un poco y mientras las doblo con toda calma nuevamente me descubro pensado en si ya se habrá dormido, dijo que le sería difícil conciliar el sueño con todo lo sucedido, pero si esa mujer es capaz de quedarse dormida en medio de un parlamento a mitad de una escena en rodaje, tiene la capacidad de dormirse en cualquier maldito lado y dudo mucho que ahora sea la excepción.
No pretendo no hacer ruido, pero tampoco me interesa evitarlo, si no puede dormir es su problema y no el mío. Por mi parte no puedo dormir si mi cuerpo no está lo suficientemente cansado, así que después de doblar y acomodar mis prendas me tiro al piso a hacer unas cuantas lagartijas y de ser posible abdominales, todas las que me sean posibles hasta cansarme.
He perdido la noción del tiempo pues cuando me ejercito logro mantener completa mi atención en contar las repeticiones que hago, aunque considero que debe haber pasado el suficiente como para que yo pueda ir a cumplir con mi encargo.
A pesar de lo climatizado del lugar el sudor empapa mi cuerpo y es hasta este momento en el que me doy cuenta de que el hacer ejercicio en este momento no parece haber sido la mejor opción, pero las nuevas circunstancias no me han permitido pensar con claridad. Creo que de ahora en adelante tendré que hacerme de una nueva rutina en la que deberé que omitir muchas de las cosas que me agradan, pero para no enloquecer por lo menos tengo que aferrarme a dos o tres cosas que me gustan hacer, pues tendré que soportar dos de las que menos me gustan, carecer de mi libertad y estar cerca de ella.
Al levantarme me percato de que he empapado los pantalones de la pijama y ahora me tocará cambiarlos o ver como diablos lo resuelvo. Aprovecho para inspeccionar un poco el lugar con la mirada como si ahí pudiera encontrar la solución a mi problema y una puerta llama especialmente mi atención, si mi ubicación espacial no me engaña, debe dar directamente al área de la alberca, lo que me brinda una genial idea. Aquí el ambiente se siente fresco, pero seguramente fuera debe estar a temperatura ambiente y hasta donde sé, estamos en un lugar lo suficientemente cálido como para que a esta hora sea agradable. La piel me arde por todo el tiempo que permanecí expuesto al sol y sin protección, así que posiblemente eso me complique más aún el intento de dormir.
Cunado estoy a punto de alcanzar el picaporte de la puerta recuerdo aquello que debía hacer y sopeso si ya será el momento de hacerlo. Me parece demasiado pronto, así que creo que lo haré al terminar lo que quiero hacer allá afuera.
HABITACIÓN
Ha dado vueltas en la cama por quien sabe cuanto tiempo, estoy cansada y debería estar durmiendo, pero comienzo a sentir calor, me destapo y siento frío, no me encuentro cómoda en un lugar en el que estoy obligada a estar.
Mi transitar por no sé cuantas habitaciones de hotel por trabajo o placer, no hacen menos incómoda ésta. A pesar de haber estado por obligación en muchas camas que no son la mía, no puedo dejar de sentir que esto nunca lo había vivido, es una situación por completo nueva para mí.
Quizás sea el miedo el que habla en mí, recuerdo ahora los instantes en el que esos hombres entraron sin previo aviso y me aterra pensar lo expuesta e indefensa que me encuentro. Siempre me he sentido sola para luchar contra el mundo, sin nada ni nadie que me proteja, defendiéndome yo sola con uñas y dientes, pero ahora mismo esto es diferente, yo no puedo luchar contra hombres de esa envergadura, armas de alto poder y un encierro forzado. Mis luchas siempre se han librado en otras trincheras, la laboral, la igualdad, mi libertad y ahora no tengo ni idea de cómo podré hacerlo.
Mis hijos solos sin la protección de su madre o quizás lo que más me duele es el darme cuenta de que siempre han estado solos sin mí. Quizás el terror más profundo que siento ahora es que efectivamente ellos sobreviven sin mí, que no les hago falta para nada, ni siquiera para protegerlos, quizás nunca lo he hecho realmente. Piper ha crecido sola, acompañada de niñeras y técnicos mientras su madre trabaja para quién sabe qué. Para no sentirse sola, inútil e innecesaria. He sido una egoísta, incapaz de ver más allá de mí, justamente lo que le critico a él es de lo que padezco. Él es y ha sido un maldito egoísta toda su vida y yo…
Una vuelta más en esta maldita cama y quedaré estancada en el surco que seguramente ya formé y no ha pasado siquiera la primera noche. Este martirio es insoportable y no me refiero tan sólo al encierro o la obligación de estar cerca de él, mi peor castigo es estar conmigo misma, dejarme pensar cuando es lo último que quiero. Toda la vida he luchado contra mí o mis pensamientos y ahora tengo suficiente de las dos cosas.
Aviento el cobertor por un lado aún sabiendo que en poco tiempo el aire acondicionado me matará de frío, si tan sólo pudiera regularlo, pero no tengo idea de cómo pueda hacerlo. Supongo que será otra de las miles de cosas a las que me tendré que acostumbrar mientras esté aquí.
Un ruido me sobresalta y todo mi cuerpo se tensa. Aprieto los ojos con mayor fuerza pues me niego a ver, pero mis oídos se agudizan, necesito saber de dónde proviene o de qué se trata. El sonido del agua me desconcierta, pero al poner un poco de mayor atención comienzo a ubicar de dónde proviene. Abro los ojos y me aproximo al ventanal corredizo y hago a un lado la pesada cortina, pero el cristal empañado por el choque térmico por el contraste del calor que seguramente hace afuera y la muy baja temperatura de dentro, me impide ver con claridad, aunque no lo necesito, esa silueta la reconocería a millas de distancia.
Pienso con calma antes de arrebatarme para ver si realmente quiero salir. A qué diablos salgo si sé con certeza lo que muy posiblemente me encuentre; un comentario sarcástico, una palabra hiriente o en el mejor de los casos, que pretenda que mi presencia no existe como en muchas ocasiones lo hace.
Estoy a punto de desistir y volver a mi lucha con Morfeo. Pocas veces en mi vida he luchado tanto para que alguien me tome entre sus brazos, pero hoy el Dios del sueño me rechaza como nunca, aunado a la creciente sensación de claustrofobia que comienza a gestarse, lo que me ayuda a decidir por la bocanada de aire, aunque éste sea caliente.
Recorro la puerta con un poco de esfuerzo, no había notado lo pesada que es hasta ahora, pero no hace el menor ruido al moverse. Sin importarme que el aire frío del interior de la recámara se escape y de paso al de fuera, dejo entreabierto. Mis pies descalzos sienten la agradable humedad y frescura del pasto, pero sobre todo un pedacito de libertad. Siempre el contacto de mis pies con el mundo me proporcionan esa sensación.
No reparo en él, no me interesa que note o no mi presencia. Nada de un lado al otro y lo sé por el sonido pues mis ojos se centran únicamente en el andar de mis pasos, uno detrás del otro. Las luces de la piscina y las que se encuentran detrás de los arbustos escondidas iluminando la muy extensa pared, le dan un toque casi mágico al lugar, de no ser por que es una prisión bien adaptada, podría considerarlo un paisaje casi hermoso y reconfortante.
El clima es muy agradable, a pesar de lo cálido se percibe una briza refrescante sin rondar la sensación de frío. Cierro los ojos y disfruto de un pedazo de sueño de libertad, me imagino que el sonido que él produce contra el agua sería provocado por mis hijos si estuviéramos disfrutando de unas agradables vacaciones, imagino sus risas hasta que un nudo en la garganta comienza a aparecer, entonces detengo el ensueño antes de que se convierta en pesadilla y el golpe de realidad sea tan duro que me arranque unas lágrimas.
Abro los ojos y me percato que él a dejado de nadar y se encuentra con los brazos entrecruzados sobre la orilla de la alberca y con su rostro recargado sobre ellos me observa.
-¿Te desperté?
No me muevo ni contesto a su pregunta de inmediato. Él hace un gesto con la mano y golpea la superficie del agua lo suficiente para que salpique un poco.
-Está bien, la temperatura es agradable a pesar de que tiene calefacción y no sé quién necesite agua caliente en el infierno… quieres probarla.
Me acerco a pesar de que la superficie que rodea el área está mojada pues el señor ha sacado suficiente agua, como si no le hubieran enseñado a no hacerlo.
Dudo en si sentarme a la orilla, en un camastro o a suficiente distancia de él. Un gesto con su cabeza y me convence de probar la temperatura del agua con mis pies. Termina por no importarme si al sentarme en la orilla mojo la ropa que traigo. Hay una sensación de completo desánimo que recorre todo mi cuerpo, sé que estoy bordeando los linderos de una depresión que me aterra pueda ser profunda.
Me siento a un lado de él e introduzco mis dos pies hasta que el agua casi roza el inicio de mis rodillas. Él permanece inmutable en la misma posición que tenía cuando abrí los ojos, así que vemos hacia lados opuestos. No pretendo hablar de nada, así que no me parece relevante mirarle.
Así pretendo permanecer, pero él no parece estar de acuerdo.
-Así que muchos años, ¡eh!...
Realmente no entiendo a qué diablos se refiere, yo pensaba pasar un momento de tranquilidad, pero el tono que ha usado me suena a un levantamiento en armas y mi espíritu reacciona a la afronta de inmediato. Su medio tono entre sarcasmo y falsa amabilidad me repugna. Siempre ha jugado a ser el niño bueno para que yo termine siendo la mala del cuento.
-Lo que sea que tengas que decir o preguntar hazlo ya y de frente, no hay nadie aquí como para que tengas que ser falsamente cordial. Qué diablos quieres saber o simplemente estás lo suficientemente aburrido como para querer entablar una plática conmigo porque no tienes nadie más con quien hacerlo.
Se gira sobre su eje y quedando de espaldas contra la orilla y recarga ahora los codos sobre la parte de cemento, entonces me doy cuenta.
-¡Por favor! Estás desnudo…
Comienza a reír y con un tono de lo más socarrón posible me responde.
-¿Y qué querías? ¿Que me tirara a la alberca con el pantalón de la pijama? Y no, no tengo el más mínimo interés de hablar contigo, lo hice por cortesía, pero si tú no tienes la suficiente educación como para contestar una atención es tu problema. No me extraña que ni los años te hayan enseñado un poco de eso.
-A ver señorito educado en Yale, ¿qué es exactamente lo que quieres decir con tu insistencia de los años? A mí los años no me habrán educado, pero contigo desperdiciaron dinero para tratar de darte esa educación que evidentemente no adquiriste en una escuela de prestigio… ¡claro! Perdón, se me olvidaba que la de la noble cuna, educada y millonaria es tu esposa, no tú y que tus padres no tuvieron que perder su inversión pues no desembolsaron un sólo centavo en ti, que sólo te hiciste pasar por pseudo deportista para conseguir una beca que después también dejaste ir, como todo en tu vida. Se me olvidaba dejas todo lo bueno que está por sucederte.
No se inmuta, comienza a mover sus piernas y patalea ligeramente debajo del agua.
-No sólo dejo ir lo bueno, también dejo ir lo malo.
Vuelve a reír y continúa antes de que yo pueda responder a la estocada.
-Evidentemente educación no te aportaron los años. Aparte de las arrugas y ese infame rubio platinado… ¿Qué tal la familia? ¿El muppet ya es capaz de hacer algo por su vida o sigue debajo de tu falda y detrás de tu cartera?
Siento que el calor del agua comienza a subir por mi cuerpo. Sé que lo que quiere es divertirse, así que si me enojo pierdo, pero ya había perdido práctica y con la agilidad y agudeza de su maldita mente, es difícil competir cuando se está fuera de forma y me topo con pared al tratar de responder con prontitud pero sin pensar con agilidad y fuerza.
-Es empresario…
Me interrumpe de nuevo y sé que me he puesto a modo para la siguiente estocada.
-Sí, así les llaman ahora. Me lo dijiste la última vez… "Es empresario"… como si eso significara algo.
Su tono chillón en la parodia de mi voz cala más profundo en la herida que acaba de abrir y yo no termino de encontrar la forma de rebatir a una verdad. Me siento aletargada, quizás el esfuerzo por conciliar el sueño o el cansancio mental, emocional y físico, han mermado mi agilidad mental. Pero de pronto un rayo de luz ilumina mi mente.
-Supongo que significa lo mismo que esposo de una… ¿Cómo era? ¿Papadopulus? No, no. ¡Pantaleoni! Supongo que el último acuerdo de reconciliación fue mucho más generoso de lo que cualquier muppet pudiera aspirar, ¿no?
Un algo he logrado tocar porque detiene el movimiento de sus piernas y las coloca firmes contra el piso de la alberca para levantarse por completo y mientras lo hace responde con la mandíbula apretada.
-Con Tea no te metas que es la madre de mis hijos.
Se levanta por completo y por su estatura y supongo que nos encontramos del lado de menor profundidad de la piscina, el agua apenas le llega un poco más arriba de la cintura. Ahora me mira de frente y sus ojos centellean levemente. Quizás es el efecto de la reflexión de la luz y el movimiento del agua, pero me deleito con mi minúsculo triunfo mientras respondo.
- Mark también es el padre de los míos.
Se coloca frente a mí con toda su desnudez a plenitud. Pone cada una de sus manos a un costado mío dejándome encerrada por sus brazos y acerca cada vez más su cuerpo. Con tal de que mi piel no lo toque, separo mis piernas en una reacción que no he meditado ni por un instante, lo que me deja en la posición menos deseable para mí. Estoy encerrada y expuesta. Se aproxima lo suficiente como para que pueda sentir su aliento sobre mi cara y el resto de su cuerpo peligrosamente cerca del mío. Su mirada oscurecida por el enojo penetra la mía, hasta que la mueca de sus labios se transforma en una sombra de sonrisa mientras me dice casi en un susurro.
-¿Estás segura?
Continuará…
