3 MERODEADORES SLYTHERIN
Autor: severusphoenix
CAPÍTULO 61: "La Visita de Minerva"
La noche de Navidad terminó tranquilamente. Los Malfoy se marcharon después de extraer una promesa de los habitantes de Dragonsrest de asistir la Víspera de Año de Nuevo a la Mansión Malfoy. El Ministro de Magia iba a asistir, había dejado tranquilo a Harry en Navidad, pero estaba presionando para tomarse una "foto de Año Nuevo juntos".
Severus había hecho una mueca, pero Harry se había encogido de hombros—. ¿No tendré que dar un discurso, o sí? —Lucius había sonreído burlón, diciendo que podría esperar hasta el próximo año.
Draco había hablado poéticamente al describir los fuegos artificiales mágicos que iban a ver y lo divertidos que pasarían en la fiesta—. . . especialmente este año, porque no estará mamá para hacer la lista de invitados. Algunas de las familias interesadas en lo que papá tenga que decir acerca de apoyarte a ti en vez de al señor oscuro estarán allí. Theo Nott va a venir, me alegra que puedas conocerlo por fin —Draco hizo un mueca—. Creo que Pansy Parkinson también vendrá. Ella es una molestia.
Severus se vio pensativo, asintiendo. Él y Sinistra habían estado hablándole a los Slytherin en Hogwarts con regularidad. Pensaban que estaban haciendo progresos, pero los Slytherin siempre actuarían reservados, y no sabrían sus decisiones hasta después que se graduaran cuando pudieran decidir por sí mismos y pudieran ver que tenían opciones diferentes a las que sus familias habían planeado para ellos.
Los otros Jefes de Casas calladamente habían admitido que pudiera ser que tuvieran "un pequeño problema con los simpatizantes de los Mortífagos" en sus propias Casas, después de todo. Premunidos de listas de nombres que les habían entregado, ellos habían hablado calladamente con los estudiantes en cuestión y a veces habían quedado asombrados por el vitriolo y fanatismo en los labios de los niños, gran parte de ello cosas que habían escuchado decir a sus padres, pero algunos de los estudiantes mayores obviamente lo creían. Sprout y Flitwick se habían reunido rápidamente y tenían ideas de tener "debates en la sala común" para ventilar las cosas y tal vez contrarrestar ese pensamiento.
Minerva había resultado la más pasmada al darse cuenta que había disentimiento en sus filas, a pesar que después del debacle con Sirius Black no debería estarlo. Sin embargo, pronto había decidido hablar con los estudiantes y algunos de los padres quienes, por supuesto, habían sido antiguos estudiantes. Los McLaggen en especial eran muy despreciativos de los muggles y los nacidos de muggles al preguntarles su opinión.
Severus de algún modo había conseguido restringirse de alardear el problema de las otras Casas con sus prospectos de mini-magos oscuros. Meneó la cabeza y se concentró en los dos niños jugando gobstones frente al fuego.
El juego había pertenecido a su madre, una de las pocas cosas que Eileen le había dejado. Después que el padre de Eileen, Marius, muriera Severus había hecho uno de sus pocos viajes a la Mansión Prince. Tenía diecisiete años y Eileen llevaba varios años muerta. Aun sentía encogerse recordando lo lamentable que lucia, sentado allí en la lectura del Testamento. No había tenido mucha esperanza que le dejaran algo, pero esto le habia sacado de Hogwarts por el día, aunque había sufrido casi tanta humillación en la Mansión Prince como usualmente ocurria en el colegio.
Los bienes de la familia habían ido al sobrino de Marius, Séneca, quien por lo menos había tenido la gentileza de parecer algo incómodo por ello, a pesar que el hijo arrogante de Séneca, Hadrian, y sus hijos malcriados habían alardeado en voz alta dándole miradas de superioridad a Severus.
El recordar su desdén y veneno en esa ocasión le había hecho más fácil el engañarlos ahora, aun cuando Hadrian llevaba tiempo de muerto, y Samuel y Eleanor parecían haber cambiado.
Severus había recibido para su alivio "los contenidos de la bóveda de Eileen Prince en Gringotts", aunque había resentido saber que Marius retuviera su contenido cuando ella aun estaba con vida y en tanta necesidad. No había allí una fortuna, pero lo bastante para pagar por convertirlo en aprendiz y encaminarlo a conseguir su Maestría.
Séneca había despedido a su familia después de la lectura del Testamento, y se había llevado a Severus a la vieja habitación de Eileen disculpándose por las acciones de Marius—. El viejo cascarrabias nunca quiso admitir que podía haberse equivocado; y a pesar que el tío Marius nunca puso mucho énfasis en la pureza de sangre, no pudo soportar que Eileen se casara con un muggle.
Severus había mirado la habitación de Eileen, sonriendo ante algunas fotos de una muchachita más feliz. Séneca le había dejado llevarse algunos recuerdos, incluyendo ese juego de campeonato de gobstones. Era valioso, los gobstones estaban hechos de piedras semipreciosas, y era muy hermoso.
Harry había quedado impresionado de recibirlo para Navidad. Severus le había puesto una tarjeta indicando que ese juego había pertenecido a Eileen, y que se lo había pasado a Severus, quien ahora deseaba pasárselo a 'su hijo'. Esto había hecho que el niño tuviera trabajo tragando saliva. Harry había llamado a Severus 'papá' con frecuencia, pero Severus rara vez le llamaba nada más que 'Harry'. La tarjeta ahora había sido añadida a su caja de tesoros, y era tan preciosa para él como los mismos gobstones.
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Rosmerta saludó a otro parroquiano que pasaba riendo felicitándola y mostrando el El Profeta Diario. Había abierto bastante tarde esa Navidad, pero parecía que mucha gente quería darle un vistazo a la 'leona' que había defendido a El-Niño-Que-Vivió de un loco.
Las historias en el periódico obviamente eran de quienes habían escuchado contar la historia a los clientes que estuvieron allí, y habían resultado aumentadas hasta el extremo. Para su alivio, nadie decía quien era 'el loco'. Sabía que un par de clientes lo habían identificado, o lo adivinaban por ver a Amos Diggory allí, pero para su crédito nadie había dicho algo.
Sus clientes regulares conocían su historia, y habían cerrado filas, el mundo mágico era lo bastante pequeño para que la verdad eventualmente saliera a la luz. Pero verlo expuesto en la página frontal no la hubiera hecho feliz, si bien fuera culpa de su ex-prometido, y todos lo sabían.
Hugo Savage había venido temprano en la noche, ordenando una pinta de cerveza y susurrando una pregunta—. ¿Puedo ayudarla con algo?
Rosmerta le había murmurado la historia completa, haciéndolo aullar de la risa y terminar jadeando—. Bien hecho... casi había olvidado que existía esa maldición —y volviéndose serio, entonces—. ¿Necesito hacerle una pequeña visita a Aaron Diggory?
Rosmerta había fruncido el ceño, pensándolo. Dudaba que Aaron fuera a volver... nunca, de modo que la visita de Savage sólo revolvería de nuevo las cosas—. No, aunque podría pasarle por medio de Amos que ya no es bienvenido en mi taberna. Me imagino que el temor de ser identificado como 'el loco' le mantendrá en silencio. Pienso que su esposa tendrá intención de tener unas palabras con él... cuando salga de San Mungo, por supuesto —añadió con una sonrisa burlona.
Hugo asintió contento. Decidió no molestar a los ocupantes de Dragonsrest, a menos que Rosmerta lo juzgara necesario. Aparentemente ellos tenían todo bajo control.
Los periódicos habían sido superficiales acerca de los hechos y varias historias variaban un poco, pero todas concordaban en unos pocos puntos: que Harry y Draco habían estado 'ayudando' en Las Tres Escobas, y que Harry tropezó ocasionando que un pastel terminara en la cara de un cliente. El cliente había reaccionado con ira injustificable y había sacado su varita, y Rosmerta había saltado entre ellos y había maldecido al 'demente'. Algunos mencionaban que Tom había actuado, y otro decía que el cliente que había hecho tropezar accidentalmente a Harry, un Bernard Abbott, había empujado a Harry detrás de él.
La mayoría de escritores estaban furiosos de que alguien se comportara de esa forma por un accidente, y Rosmerta había sido encomendada como heroína valerosa al derrotar al atormentador de Harry. Especulaciones sobre Rosmerta y Severus habían sido traído a la luz de forma astuta. Varios escritores estaban 'encantados' con una figura materna potencial para Harry siendo tan protectora.
Sin embargo, Rita Skeeter, aun estaba resentida por el otro reportero triunfando con la historia de la camiseta y hacerla ver estúpida por dudar de la habilitad parental de Snape. Su artículo fue sutil, alabando a Rosmerta por sus acciones, pero cuestionando el que pusieran a trabajar a los niños precisamente en Víspera de Navidad, e incluso calumniando a Lucius por dejar solo a su hijo. Ella señalaba que dos solteros obviamente no podían saber lo que necesitaban los niños, llegando a decir que "no era culpa de ellos que no hubiera mujeres en sus vidas para encargarse de esas cosas". Rita se había abstenido de insultar flagrantemente a Rosmerta, pero preguntaba con preocupación si acaso la dueña de una taberna seria material de madre por "estar a todas horas fueras de casa, confraternizando con todo tipo de gente".
Lucius y Severus se habian burlado del periódico esa tarde mientras que Rosmerta lo habia usado para prender el fuego. Rita y su editor habían recibido muchos más vociferadores de los esperados por el articulo, y la cartas en su mayoría habían apoyado a Severus y Rosmerta, así como también a Lucius. Rita insistía que cualquier respuesta era buena, ya que significaba que la gente la seguía leyendo. El editor no había sonreído, probablemente porque estaba apagando los fuegos provocados por los vociferadores.
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Remus Lupin recibió una tarjeta de Navidad y un obsequio de chocolates más bien caros de parte de Harry entregados por una hermosa búho nival. Todavía no había recibido mucha respuesta de ninguna de sus cartas a Harry, aparte de agradecimiento por contarle historias sobre su padre y garantías de que estaba bastante feliz en Dragonsrest. Por lo que podía ver sus anécdotas de los bravos Gryffindor burlando a los malvados Slytherin estaban teniendo poco impacto.
Remus aun estaba en una casa de refugio en las afueras de Hogsmeade. Iba por flú a donde era necesitado, asistiendo con las Protecciones Mágicas de las otras casas. Por pedido de Albus, había comenzado a contactar a unos pocos licántropos aquí y allá. Existía un gran edificio al otro lado del bosque en Hogsmeade que había sido un bodegón, y Albus quería ofrecérselo a los hombres-lobo para que la renovaran para hacer una vivienda comunal para ellos.
Remus admitía que eso seria útil. Podría convertirse en departamentos y los licántropos podrían usarla como base, aunque esperaba que Greyback no escuchara de ello. Ellos podrían encontrar una forma de resguardarlo de él y su manada. Además, seria bueno tener compañía.
Los miembros de la Orden se dejaban caer a diario. Por supuesto, Molly le traía comida. Sin embargo, no era lo mismo. A veces Remus se preguntaba si siempre estaría solo y a la deriva. Cuando estaba estudiando los numerosos libros que había encontrado, o cuando estaba rompiendo maldiciones en objetos no le importaba tanto estar solo. Era cuando era hora de comer que lo encontraba más difícil, esperando oír risas y debates, y en vez de eso escuchaba el silencio haciendo eco.
Tal vez cuando terminara este trabajo podría mudarse también al bodegón. Aun cuando Lunático no aceptara a los otros lobos como manada, no se sentiría tan solo.
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Molly Weasley había conseguido rastrear a la profesora McGonagall, ella pasaba parte de las vacaciones de Navidad en Hogwarts con los estudiantes que se quedaban ahí; y solamente cuatro se habían quedado este año, así no requería que se quedaran muchos profesores.
Minerva tenía una familia grande, muy extendida. Su esposo había muerto, pero ella tenía tres hijos, y ahora nietos y bisnietos. Había comenzado a enseñar cuando su esposo había muerto, encontrando su casa demasiado vacía cuando se fueron sus hijos.
Molly la había encontrado en el castillo, justo antes de que ella se fuera para al hogar de su hijo mayor. Molly obviamente estaba perturbada e insegura, y Minerva decidió que tomar un poco de té antes de irse estaba en orden. Molly vaciló antes de contarle acerca de la visita de Bill para contarle de Neville Longbottom, añadiendo su propio interrogatorio a Neville, con su historia de ser colgado por la ventana.
Los labios de Minerva se apretaron, y apretó un poco los dientes. De hecho no podía recordar la última vez que había visto a Neville, probablemente había sido cuando aun gateaba. Aun veía a veces a Augusta, para tomar el té en Madame Puddifoot o comer en El Caldero cuando estaban en Callejón Diagon. Augusta había mencionado en ocasiones sus preocupaciones acerca de Neville, pero Minerva siempre le aseguraba que estaba segura que la magia de Neville funcionaba bien. Nunca hubiera esperado que Augusta llegara al punto de permitirle a Algernon que torturara al niño. La idea de 'asustar la magia de un squib' era absurda. Era uno de sus cuentos de viejas que con frecuencia re-emergían y padres desesperados caían en eso.
Minerva le dijo a Molly que continuara manteniendo un ojo en Neville, y Minerva "visitaría a Augusta Longbottom" antes que re-comenzara el año escolar. Molly dejó a Minerva tras ésta le prometiera mandarle una lechuza a Molly con los detalles de su visita.
Minerva caviló un poco, sorbiendo su té. Dejarse caer sobre Augusta no funcionaria, y en cuanto a Algernon... Azkaban no era suficiente para él. Sin embargo, sabía que las cortes mágicas no lo verían de esa manera. Ella tendría que usar la razón, por supuesto.
Le sorprendía saber que había sido ese Tom quien iniciara todo esto. Albus le había contado vacilando la historia del muchacho. Y ella había quedado espantada y entristecida, y comprendía la necesidad de su promesa del secreto. Pocos comprenderían que el hijo de Voldemort no tenía que responder por sus crímenes del señor oscuro. Las fotografías en El Profeta de Tom Riddle, sin embargo la habían dejado sin aliento.
Minerva recordaba bien al Tom Riddle con el que fuera al colegio, y el muchacho de las fotos era casi su doble. Recordaba al muchacho buenmozo del colegio, su intensidad y llamativo aire de peligrosidad que había ocasionado que más de una joven bruja suspirara con añoranza, a pesar de que él fuera indiferente a sus avances.
Era el día después de Navidad, y esperaba que Severus no objetara su intrusión, sin embargo quería las impresiones del joven señor Riddle sobre esto. Llamó por fuego a su sorprendido colega, y se encontró después de un rato parada en la sala de estar de Dragonsrest explicando su necesidad de hablar con Tom.
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Nymphadora Tonks despertó temprano el día después de Navidad, ansiosa de ver a Tom. El regalo que le había enviado era absolutamente hermoso. Era un brazalete con runas de protección talladas en las joyas de ámbar y cornalina con cuentas de plata colgando entre ellas. Incluía una nota explicando todas las runas, señalando su esperanza de que ayudaran a "mantenerla a salvo en la profesión que había escogido."
Andrómeda se había visto impresionada, diciendo que era un regalo hermoso, especialmente porque él mismo había hecho el trabajo en vez de tan sólo comprarlo. Ted se vio un poco avinagrado, y después dijo que era "bueno que Tom tuviera la seguridad de ella en mente".
Ella se apresuró a ir a Dragonsrest tan pronto terminaron de desayunar, y le dio las gracias con entusiasmo a Tom. Tom a su vez le dio las gracias por su regalo, una gargantilla con un disco de plata con el dibujo de un guepardo incrustado en oro.
—Es mi Patronus —le susurró Dora.
Tom se vio debidamente impresionado; nunca había conseguido conjurar uno, si bien no lo había intentado desde su regreso.
Petunia y los muchachos estaban desmontando el árbol navideño, y Tom y Dora se ofrecieron a sacar las guirnaldas y el muérdago en las otras habitaciones. Esto les dio la oportunidad de usar cada ramo de muérdago por última vez.
Tom se sintió aliviado de que a Dora le gustase el brazalete. Cornalina y ámbar no eran joyas caras, pero sostenían muy bien los encantamientos de runas. Estaban sacando el último muérdago cuando escuchó que Severus lo llamaba. Tom siguió sosteniendo un ramito sobre la cabeza de Dora intentando robar otro beso, mientras Dora reía y huyó tambaleándose hacia la sala. Se detuvieron abruptamente al ver parada allí a la profesora McGonagall junto a Severus.
—Hola, profesora McGonagall —consiguió decir Dora con voz estrangulada y ruborizada—. Feliz Navidad.
Tom estaba atorado entre la vergüenza y el shock. Había estado a punto de exclamar: "¿Minnie, eres tu?", al verla. Ellos no habían sido amigos en el colegio, pero como prefecto había interactuado con ella y llegado a conocerla un poco. Sabía que ahora ella era profesora, y que la vería en algún punto, pero esto habia sido un shock. Le afectó verla lucir tan vieja... tan vieja como él debería estar.
Mentalmente se reprendió. «No, tan viejo como debía ser Lord Voldemort, no él. Él no era Voldemort».
—Correcto, me alegro que finalmente lo recuerdes sin que yo te lo diga —dijo Yvane con satisfacción. La disociación de Tom de Voldemort debía ser algo automático. Yvane esperaba que finalmente Tom no necesitaría más de los recordatorios.
Tom se repuso justo a tiempo y dio un paso hacia adelante para saludar a Minerva. Ella estaba sonriendo levemente mientras Severus le presentaba a Tom.
—Mucho gusto de conocerle, señor Riddle —dijo Minerva con una sonrisa. Ella estaba lejos de sentirse ofendida, y a decir verdad estaba aliviada de ver a Tom aparecer tropezando y en desarreglo de ese modo. Nunca hubieran atrapado a el confabulador Tom Riddle que ella había conocido retozando con alguien, y ciertamente no con alguien de la sangre de Nymphadora Tonks. Este Tom no se asemejaba al otro con que ella había ido al colegio.
—Me disculpo por nuestra entrada, no tenía idea que teníamos visitas —dijo Tom con una sonrisa avergonzada. Esperaba haber podido hacer una impresión más distinguida en sus profesores al conocerlos... o mejor dicho, al verlos de nuevo.
Severus lo miraba en parte divertido y en parte irritado. Había visto la reacción de Minerva hacia Tom, y se alegraba que ella viera a Tom tonteando de forma romántica con alguien de una forma que Voldemort nunca actuaria ni con un Imperius de por medio.
Minerva sonrió un poco más—. He pasado la mayor parte de mi vida con adolescentes, y sé que uno tiende a atraparlos haciéndose arrumacos —elevó una ceja hacia Dora quien se ruborizó y murmuró algo de ir a ayudar a Petunia.
—A la profesora McGonagall le gustaría hacerte algunas preguntas concernientes al joven señor Longbottom —entonó Severus con seriedad—. ¿Tal vez en la biblioteca?
Tom le enseñó la biblioteca y un asiento cómodo. La biblioteca tenía el doble de su tamaño original, con los nuevos libros añadidos por Tom y los duplicados hechos por Percy de libros hallados en Hogwarts. Ahora empezarían a revisar las bibliotecas de las casas refugio antes de devolverlas, no es que fuera una labor que molestara a Tom.
El agrandar la biblioteca les había permitido añadir una gran ventana panorámica con asientos que daban hacia el Complejo de la Reserva. Siempre había algunos dragones en el aire para ver, como los muchachos pronto habían descubierto.
Las preguntas de Minerva hicieron eco a las de Molly, y él las contestó con calma, la historia saliendo ahora con mayor facilidad. Después de todo todo era verdad, con excepción de la omisión de Yvane, y disimulando su uso intencionado de Legilimancia.
Minerva quedó por fin satisfecha, de su necesidad de información acerca de Neville y de su curiosidad acerca del joven Tom Riddle.
Le presentaron a Harry y Dudley cuando se iba. Harry estuvo complacido de conocer a la profesora que le mandaba cartas con historias de sus padres y abuelos. Minerva estuvo complacida de conocer a Harry. A pesar de lo que continuaba mascullando Remus Lupin cada vez que lo veía, la falta de anteojos en Harry no disminuía la semejanza con sus padres. Quizás ahora sus ojos verdes resaltaran más, pero los rasgos de James Potter aun estaban presentes, ciertamente el pelo ingobernable aun estaba ahí, aunque no tan salvaje como lo mantenía James.
Dudley también parecía agradable, pelo rubio y cuerpo fornido, no era obeso, pero con la promesa de convertirse en un muchacho corpulento que tendría que vigilar su cintura cuando fuera mayor.
—¿Es verdad que puede convertirse en un gato? —dejó escapar Dudley. Detrás de él Dora suspiró, enrojeciendo una vez más, y su cabello cambiando de colores de forma cíclica.
—Sí, pero debe prometerme que no se lo dirá a mis estudiantes; me gusta mantenerlo como una sorpresa —sonrió Minerva—. La forma animaga es difícil de aprender, aun para los adultos, y los estudiantes deben solamente aprenderla bajo lecciones muy controladas y cuidadosas.
Los niños asintieron sonriendo, los ojos brillantes con un interés que recordaba a los Merodeadores. De forma extraña, ella podía recordar a Severus con esa misma mirada cuando una materia le interesaba, si bien escondía la sonrisa.
Minerva se fue y Tom se unió a Dora retirando el árbol navideño y llevándolo afuera. Petunia y Dudley se les unieron para llevar el árbol al medio del pastizal donde una pila de ellos se estaba formando lentamente. En Año Nuevo prenderían una fogata con ellos para celebrar.
Severus le hizo señas a Harry para que se quedara con él. Cuando los otros se fueron, lo llevó escaleras arriba a su habitación donde le hizo sentarse en la cama, y después convocó un paquete de su cuarto, conjurando luego una silla para sentarse frente a él. Le había aproblemado el ocultarte el regalo; y aunque no quería verle desfilar en él, sentía que Harry debía conocer su existencia.
Le pasó el paquete y Harry lo tomó con cuidado con expresión intrigada—. Albus Dumbledore trajo esto, diciendo que yo debía juzgar cuando debieras tenerlo. No me gustó la idea de ocultártelo, pero no estaba seguro si deberías tenerlo en estos momentos. Esto le perteneció a tu padre: James.
Ante eso, Harry hizo pedazos el papel, y sacudió la capa mirándola intrigado.
—Es una capa de invisibilidad, Harry —dijo Severus—. Me imagino que fue uno de los secretos de su éxito como bromista —se las arregló para mantener su sonrisa, aunque saber que las probabilidades en su contra en la escuela fueron mucho más altas de lo que había imaginado le hizo enfadarse un poco.
Harry colocó la capa a su alrededor y fue hacia su espejo, riéndose al ver la imagen de su cabeza flotando en medio del aire.
Severus sonrió ante esto, diluyéndose su resentimiento ante la expresión de placer de Harry. Harry se la quitó y se sentó dejando la capa sobre sus piernas, haciéndolas desaparecer.
Harry acarició la capa y se rió entre dientes con una mirada pensativa en el rostro.
—Normalmente no echo de menos a mis padres... no en un sentido verdadero, porque no puedo recordarlos, ¿sabes? Pero de vez en cuando, cuando miro fotos en su álbum o cosas... algo me golpea de pronto. Quizás sea añoranza o un sentido de pérdida, por no haber llegado a conocerlos —balbució Harry mientras acariciaba la capa—. Gracias por dármela.
La garganta de Severus se apretó y sintió el familiar desgarrón de un cuchillo en las entrañas. Reconocía ese sentimiento de añoranza y pérdida, aunque al menos Harry se había evitado el peso de la culpa que Severus a veces sentía.
—Me gustaría que conservaras la capa en mi habitación, en una caja arriba del ropero. Quiero que sepas donde esta, y puedes verla cuando quieras, pero necesito que me prometas que no vas a usarla —trató de sonreír—. Bueno, no a menos que un troll de las cavernas nos invada y necesites esconderte de él. Esta capa es muy peligrosa para ser usada como un juguete o una herramienta para hacer bromas.
Harry pareció estar a punto de protestar por un momento, suspiró, y después asintió pensativamente—. De acuerdo, lo prometo. Pero ¿puedo tenerla más tarde, cuando sea mayor?
Severus asintió—. Por supuesto, te pertenece a ti, y cuando seas más maduro y sepa que puedes usarla con responsabilidad, puedes tenerla contigo.
La capa fue cuidadosamente doblada y colocada en una caja, y Severus le mostró a Harry donde iba a colocarla en el ropero—. Sugiero que mantengas esto en secreto, más tarde le podrás decir a Draco y Dudley, cuando tengas la capa. Por ahora esto quedará solamente entre nosotros dos —Severus esperaba que la excitación de que fuera un gran secreto mantuviera satisfecho a Harry.
Harry asintió con una sonrisa de complicidad. Su papá y él tenían un secreto... genial. La capa era fantástica, aunque podía entender porque necesitaba mantenerse guardada. Sería una gran tentación el usarla para hacer trucos a la gente, pero él mantendría su palabra y le demostraría a Severus que era responsable.
El par bajó las escaleras y montaron otro juego de ajedrez mágico. Severus estaba determinado a enseñarle a Harry cuando menos un poco de estrategia.
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Muchas gracias por todos sus comentarios, me alegra que disfruten la historia. Cualquier corrección o duda es bienvenida.
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Editado 4NOV2020
