Un mes había pasado desde de lo que podría llamarse discusión y Emma estaba desesperada, sabía que había herido a Regina, pero ella también había sido grosera con la rubia, así que no sabía cuál sería la mejor forma de acercarse a la morena.
Claramente si habían estado hablándose, puesto que sus trabajos como alcaldesa y sheriff les obligaban a verse cada semana. Henry aun insistía en que cada semana cenaran juntos, pero ahora Regina en cada ocasión creaba una excusa.
"¿Podrías pedirle a la sheriff que venga a recoger estos papeles?", preguntó Regina a su secretaria.
"Por supuesto, ya mismo la llamo"
"No!", Regina dijo sobresaltada, "espera que yo me vaya, por favor"
"Como guste, alcaldesa"
Regina entró de nuevo a su oficina, quería tener todo listo para poder irse a casa rápido, logrando así evitar a Emma. Aun no comprendía lo que estaba pasando con ellas, Regina tenía claro que ella había hecho algo malo, pero no era para tanto, Emma no había tenido porque hablarle así.
Unos minutos después, oyó como la puerta de su oficina se abría, volteó rápido para decirle a su secretaria que lo que tuviera que decirle tendría que esperar hasta mañana, pero en vez de la tímida señora, fue a Emma a quien vio de pie en la puerta.
"Emma", Regina sintió la necesidad de correr a los brazos de la rubia, pero no sabía si Emma la aceptaría.
"Hola, yo…", Emma tampoco podía encontrar palabras, estaba esperando que cuando fuera a llevar los documentos, Regina ya no estaría allí, "vine a traer esto"
Emma se acercó al escrito y dejó los papeles ahí, ni un segundo separó su mirada de los ojos de la morena.
"Está bien", Regina tampoco podía dejar de mirarla, "Gracias"
"Yo…"
"¿Si?", interrumpió la morena.
"Nada, está bien", Emma comenzó a irse, "Nos vemos luego"
"Adiós Emma", susurró Regina, lo más probable es que la rubia no la hubiese oído.
Emma salió de la alcaldía con ganas de llorar, claramente no esperaba ver a Regina, pero al verla, se dio cuenta de que no podría evitarla para siempre, ya que su corazón le pertenecía a la morena.
Por otra parte, Regina, que observaba desde la ventana como se marchaba, ya había comenzado a llorar, no había nadie cerca, nadie que pudiera oírla, pues su secretaria ya se había marchado, así que sin preocupaciones, sin temor a ser vista, fue cayendo sentada en el suelo, donde lloró hasta que fue llegando la hora de la cena, donde sabía que tenía que cambiar su semblante y mostrarse feliz ante Henry. Después de todo, aun lo tenía a él.
¿Por qué era tan duro para ellas hablar?, ¿Por qué el orgullo las tenía tan apartadas?. Ambas se habían equivocado, ambas debían disculparse, pero eran muy tercas como para admitirlo.
Ese fin de semana, toda la gente se iba a reunir en Granny's, ya que no habían tenido antes la oportunidad de festejar el haber derrotado a la reina de las nieves. Snow estaba a punto de salir de su casa, pero vio que Emma aún no se movía del sofá.
"Emma", dijo llamando su atención, "¿acaso no iras?"
La rubia volteo a ver a su madre. "No tengo ganas de celebrar"
"Parece que ya estas teniendo tu propia fiesta", afirmó Mary Margaret al ver que Emma tenía una cerveza en la mano.
"Está bien", Emma estaba comenzando a alterarse, "iré, pero más tarde"
"¿Aun no has hablado con Regina?", su madre ya sabía lo que había ocurrido, sin embargo esta vez, no había intervenido, quería que las dos mujeres arreglaran todo por su cuenta.
"Algo así", Emma se puso de pie y abrazó a Snow, rompiendo a llorar de inmediato.
"Ay Emma, no tiene por qué ser tan duro, lo sabes"
"¿Y qué hago?"
"Solo háblale y olviden todo lo que se dijeron, el amor es más fuerte"
Snow se apartó y se despidió para marcharse a la fiesta, dejando a Emma sola en la casa.
Al otro lado de la ciudad, Regina debatía el ir o no a la fiesta, ya que lo más probable era que iba a encontrarse allí a Emma.
"Vamos mamá, será divertido", proponía Henry.
"No lo sé cariño, estoy un poco cansada"
"¿Y si solo vamos un momento?"
"No Henry", decidió Regina, "pero si llamare a Snow para que pase por ti, tú no tienes por qué perderte la fiesta"
"Está bien"
A los pocos minutos una alegre Mary Margaret estaba afuera de su casa esperando a que Regina abriera la puerta.
"Regina!, hola!"
"¿Qué tal Snow?"
"Bien", respondió rápidamente, "que mal que no vayas a ir"
"Estoy algo cansada la verdad", Regina no miraba a Snow a la cara, quizá por miedo a ser descubierta en su mentira, "gracias por llevar a Henry"
"No hay problema"
Henry bajó de su habitación en segundos, se despidió de su madre y fue directo al auto de Snow que apenas se despedía de Regina y comenzaba a alejarse.
"¿Snow?"
"¿Si?"
"¿Emma ira?"
"Dijo que lo haría", Snow se devolvió para acercarse a Regina, "Pero no creo que lo haga, ha estado muy mal este mes"
"Está bien, gracias", Regina se despidió de nuevo y entró a su casa.
Estuvo en su oficina un momento, hasta que decidió que ya había sido suficiente. Tomó sus llaves pero volvió a dejarlas donde estaban, tenía magia y la magia siempre había sido una salida más rápida.
En una nube de humo, apareció fuera de la casa de Emma y llenándose de valor, tocó a la puerta.
Luego de unos minutos, que le parecieron horas, se dio cuenta de que no había nadie adentro, así que comenzó a marcharse.
Caminaba por la ciudad, sin rumbo, no quería ir a casa, tampoco quería ir a la fiesta, al doblar en cada esquina, tenía la esperanza de encontrar a la rubia, pero a la vez, todo ese impulso y valentía que había sentido antes se iba desvaneciendo poco a poco.
Cansada de dar vueltas, caminó de vuelta a su casa y a lo lejos, pudo ver que había alguien sentado al lado de la puerta.
"Emma", susurró.
Pero fue como si Emma la hubiese escuchado, pues de inmediato se puso de pie.
Ninguna de las dos se movía, solo se miraban desde lejos.
Emma salió a la calle rápidamente y comenzó a correr hacia Regina, la morena hacía lo mismo. Cuando al fin estuvieron frente a frente, no eran necesarias palabras, pues entre besos se decían todo lo que habían estado callando.
El beso comenzaba a hacerse más apasionado, pero Regina fue la primera en apartarse. Con una mirada llena de lágrimas, acariciaba el cabello de Emma.
"Emma, lo siento mu-"
La rubia la silenció con otro beso, "No lo digas, no lo digas, por favor".
