3 MERODEADORES SLYTHERIN
Autor: severusphoenix
CAPÍTULO 85: "Dentellada"
Heather Black y su madre, Ruth, atravesaban el Bosque Prohibido. Estaban disfrutando de la quietud justo antes del anochecer. La nieve crujía suavemente y los arboles desnudos daban un panorama más despejado de lo usual de lo que yacía adelante.
El Director les había dado su consentimiento para que Ruth 'diera un vistazo' y contactara a los unicornios si podía lograrlo. Que alguien interactuara con las criaturas era algo que sucedía con muy poca frecuencia. Había a quienes ellos permitían que los curaran, como Hagrid; y ocasionalmente le permitían a un profesor de la clase de Cuidado de las Criaturas Mágicas que los mostraran a los estudiantes.
La verdadera interacción que podría llamarse comunicación era mucho más rara. Ruth estaba enseñando métodos sutiles de comunicación a Heather siempre que le era posible. Los rebaños de la Reserva apenas estaban comenzando a conocer a Ruth y ella esperaba poder hacer avances también con estos rebaños, el intercambio de jóvenes machos podría ayudar a prevenir problemas futuros, y las manadas de la Reserva ya habían estado de acuerdo con esa idea.
Pronto, atraídos por la presencia de las damas, y sintiendo a alguien con un alto grado de empatia, unos pocas formas de un blanco fantasmal comenzaron a aparecer entre la niebla. Ruth con frecuencia se preguntaba si los unicornios mismos conjuraban la neblina que siempre parecía aparecer donde estaban ellos. Estos unicornios, sin embargo, parecían tensos, a punto de entrar en acción.
Una hembra de mayor edad, probablemente una yegua lider, avanzó seguida por un potro medio crecido. Ella se detuvo a distancia observándolas cuidadosamente. Pensamientos vacilantes lentamente se abrieron paso en las mentes de Ruth y de Heather. Pensamientos terribles.
Los unicornios parecieron flotar al alejarse mientras Ruth y Heather Black se apresuraban por los bosques en la dirección que les había señalado la yegua. Y allí hallaron con certeza la forma desecrada de un unicornio sacrificado, tras lo cual salieron corriendo hacia el castillo.
Dumbledore escuchó con el corazón hundido los sollozos de Heather y el reporte lloroso de Ruth.
―Algo ha estado atacando los unicornios, Director. Esta es la segunda víctima, eso me han dicho. Pensaron que el primero fue víctima de una accidente o de un depredador natural... pero este fue asesinado por su sangre. Ellos lo encontraron después de muerto con el cuello despezado y toda la sangre drenada ―dijo Ruth con ansiedad.
―Los vampiros no necesitan sangre de unicornio, y ellos no se arriesgarían a obtener la maldición que esto amerita ―añadió Heather agitada―. La yegua líder dijo que ellos están reuniendo las manadas y llevándolos a lo profundo del bosque hasta que pase esta amenaza ―añadió ella, lúgubre.
Albus asintió, aliviado. Los unicornios estarían entonces a salvo y fuera del alcance de Voldemort, si es que esto de verdad era labor suya.
―Eso no detendrá a un depredador determinado ―suspiró Ruth, ocasionando que Albus frunciera el ceño―. Es muy probable que jóvenes machos y yeguas se queden atrás esperando hallar parejas... o aventuras. Siempre habrá unos pocos que sencillamente no se quedarán con la manada a pesar del peligro.
―No puedo comprender quién o qué esta atacándolos, solamente un animal muy desesperado o demente atacaría a un unicornio. Ningún humano en sus cabales que conozca de la vida maldita a que esto conduciría bebería de su sangre ―Ruth divagó para sí―. No tiene ningún sentido.
Dumbledore hizo una mueca. Él tenia una buena idea de quién podría estar acechándolos y que estaba lo bastante demente para que no le importara ser maldecido por la sangre de unicornio. Si Quirrell en realidad era cómplice de Voldemort, este querría estar cerca.
―Alertaré a los Centauros, con seguridad ellos van a aumentar sus patrullajes para proteger a los unicornios y prevenir el peligro. Eso es todo lo que todos podemos hacer ―Albus suspiró―. Los unicornios no son nuestros para que nos obedezcan, y solamente podemos cuidar de las tierras en que ellos corren lo mejor que podamos.
Ruth y Heather asintieron sintiéndose miserables. Los unicornios harían su voluntad, y ellas lo sabían.
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Una vez más Dragonrest estaba festivamente lleno de guirnaldas de muérdago y ramitos de acebo. El árbol de Navidad había sido decorado y los presentes emplazados debajo de este. No había existido tiempo para hacer los regalos como el año anterior, pero todos habían intentado hacerlos poniendo esfuerzo en lo que querían para el resto.
De nuevo Lucius había arrasado con la tienda de regalos de Las Arpías y comprado todo con excepción del equipo mismo. Había encontrado otras chucherías y también bastante chocolate de calidad. Sin embargo, estaba bastante orgulloso de haber obtenido boletos para un palco completo del juego de Las Arpías que seria justo antes de fin de año. Esa era una sorpresa que les tenia preparada.
Severus, por su parte, se encontraba perdido en que regalos hacer de no ser por unos pocos libros y otras golosinas favorecidas que sabia que le gustaban a los chicos y Rosmerta. Finalmente había pensado que un viaje seria su presente, los llevó de nuevo a Madrid a Rio Brujería para ver las decoraciones y hacer algunas compras. Todos habían disfrutado de la comida excelente del restaurante en Madrid y Severus se había sentido satisfecho de que el viaje resultara un suceso como presente navideño.
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La temporada de Yule fue menos feliz para Remus Lupin. Había tenido buena cantidad de éxito con la bodega convertida en departamentos. La manada con lazos débiles lentamente se había estado reuniendo en torno a un joven alpha llamado Dex. Esto había aliviado la mente de Remus, ya que se había sentido temeroso de que le escogieran como su líder.
Empero, aunque que la «Manada del Almacén» estaba prosperando y el Wizengamot estaba considerando moderar sus restricciones, un pequeño grupo de renegados estaba causando problemas.
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Fenrir Grayback había abierto su paso a través de Europa causando problemas donde quiera la última década. Él consideraba que los hombres lobos que vivían pacíficamente en santuarios en los países europeos no eran nada más que perros falderos de los Ministerios y los odiaba.
―Ellos deberían estar vanagloriándose de su superioridad sobre el resto, de su ferocidad superior y de su fuerza física, y tomar su lugar como caudillos guerreros del mundo mágico ―Fenrir predicaba su odio lo mejor que podía, pero rara vez conseguía reclutas por ello.
Noticias de un incremento de actividades entre los Mortífagos le trajo de vuelta a Gran Bretaña, a pesar de que buena parte eran noticias de deserciones hacia el bando de Harry Potter. Presentía que pronto ocurriría el regreso del Señor Oscuro, y él quería formar parte en lo que fuera que tuviera planeado Lord Voldemort. Él siempre podría contar conque habría matanzas con el Señor Oscuro.
Y mientras esperaba, por supuesto que planeaba ataques de mucho impacto. Nada agitaba más a la gente que convertir a una persona bienamada en un licántropo. Mientras más querida, mejor.
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El grupo de niños de primer año que Severus Snape y Lucius Malfoy llevaban al estadio de Las Arpías con la ayuda de Tom y de Percy era mayor al esperado. Por suerte Lucius había comprado el palco completo, o en esos momentos estaría luchando en forma indecorosa para adquirir más boletos.
Primero, Tom había invitado a Dora, lo cual Lucius ya se esperaba. Luego, habían invitado a Percy Weasley lo que no perturbaba ningún plan. Por supuesto, ante esto Ron había vuelto miserable la vida de Percy haciendo pucheros por no poder ir al juego de Quidditch, y Tom había pedido que hicieran un espacio para Ron. Dudley se había animado ante la idea, lo que había perturbado a Lucius. Tal vez necesitaría incluir a alguno de los amigos de Dudley, había pensado.
No le importaba tener con ellos a Percy Weasley, pero él no quería que el mejor amigo de Dudley en Gryffindor fuera Ron Weasley. Él sabia de el chico irlandés, Seamus Finnigan, quien era un poco escandaloso, pero no del todo malo. Y también del nacido de muggle, Dean-algo, quien por lo menos parecía tener buenos modales.
Afortunadamente hubo tiempo para enviarles algunas camisetas de Las Arpías junto con las invitaciones "por la Navidad" para que todos los jóvenes rufianes fueran vestidos de manera similar en el paseo.
Hugo Savage se había invitado solo "dado que había tenido que apresurar el papeleo para que autorizaran que la casa de los Thomas quedara conectada a la Red Flú". Invitando a Arthur Weasley, ya que este había ido en persona a ver que el flú conectara la lujosa casa de los Thomas en Liverpool.
Los padres de Dean Thomas se habían mostrado vacilantes, pero Dean había ayudado con alegría a Arthur a demostrar este método de viajar, yendo a casa de los Weasley y después regresando con sus padres. Ellos habían parecido medianamente traumatizados por el viaje por flú, pero habían decidido que era una más de una larga lista de cosas a que acostumbrarse con un hijo mago. Los otros hijos de los Thomas eran mucho mayores y habían comenzado en la universidad. Ellos habían pensado que Dean seria su oportunidad de criar un niño de forma relajada . . . Lo que se había terminado convirtiéndose en una aventura mucho mayor a lo que esperaban.
Lucius había preguntado con vacilación a los padres de Dean Thomas si deseaban asistir al partido, pero ambos habían declinado, a pesar de que el padre de Dean había dicho con coraje que tal vez en una próxima ocasión cuando hubieran tenido tiempo de absorber eso de "viajar por el fuego".
Las noticias de que Arthur Weasley asistiría al juego corrieron rápidamente por los canales de chisme a través del Ministerio. Arthur ahora era visto como un 'pez gordo' al codearse constantemente con El-Niño-Que-Vivió, Hugo Savage y Lucius Malfoy. El mismo Ministro había ido a la Oficina de Asuntos Muggle y antes de que Arthur se diera que cuenta en que andaba Fudge... ahora tendría que informarle a Lucius Malfoy que el Ministro de Magia se sentaría junto a ellos en el juego de Las Arpías.
Esta noticia, de forma extraña, complació a Lucius. Tuvo la oportunidad de mirar a Arthur con desdén y decirle que uno nunca debía subestimar a un político que había conseguido abrirse paso hasta el puesto de Ministro, aun cuando uno pensara que este era un idiota.
Lucius recientemente había estado sintiendo la sensación incómoda de que Arthur había estado avanzando en su trabajo por fuerza de su asociación con Lucius, y su envolvimiento con Harry durante el verano. La gente en el Ministerio con frecuencia ahora mencionaba a Arthur contándole de 'favores' que le habían hecho y mirando a Lucius como si esperaran que él estuviera complacido. Uno en particular había seguido insistiendo en que como había promovido varias veces a Arthur. Lucius le había brindado una sonrisa apretada y una inclinación de cabeza, preguntándose de que estaba hablando.
Había empezado a preguntarse si el Ministro pensaba que ellos eran amigos cercanos, y si el mismo Arthur había introducido esa idea. Era difícil creer que sus propias visitas podían haber sido vista como amistosas; él siempre había ido allí para obligar a Arthur a hacer algo.
Fudge consiguiendo un lugar en su palco bajo la misma nariz de Arthur había puesto el mundo de Lucius en su sitio. Arthur había resultado ser un Gryffindor distraído, fácil de engañar después de todo, podía decirse a sí mismo. La idea de que Lucius Malfoy de alguna manera hubiera ayudado a Arthur Weasley en su carrera sin darse cuenta era un pensamiento de pesadilla y era mejor dejarlo fuera de su mente.
El palco de Quidditch hubiera estado bastante abarrotado a estas alturas de no ser porque afortunadamente Rosmerta aprovechó la excusa disponible para decir que no había espacio. Lo cierto es que ella no le gustaba mucho el quidditch, ya tenia bastante con escuchar los debates interminables del tema en la taberna. Petunia había decidido con valentía ir, aunque fuera por pasar más tiempo con Dudley. Los cinco días que el chico había pasado con Marge la habían tenido en un estado de nervios, aunque él había parecido contento cuando estos terminaron.
Por fin se encontraban todos sentados, y el Ministro había conseguido sentarse con Harry, Draco y Dean de un lado y Dudley, Seamus y Ron del otro. Lucius estaba seguro de que habría mañana una foto de ellos en la pagina titular del diario.
El juego fue bastante bueno, los equipos estaban equiparados. Los niños gritaban hasta quedar roncos urgiendo a su jugadora favorita, Jennifer. La Golpeadora pelirroja estaba dando un espectáculo, mandando dos oponentes a la enfermería y dejándolos fuera del fuego. Uno de ellos era el Buscador del equipo contrario, y era obvio que su reemplazante no había sido probado. El juego terminó rápido después de eso y numerosos fans se agolparon en el campo para felicitar a los ganadores y conseguir autógrafos.
Ese fue el momento en que Fenrir Grayback y su manada atacaron.
Lucius y Severus resultaron alertados por los gritos y alaridos y trataron de reunir a los niños en un grupo que pudieran proteger. Los asistentes del Ministro usaron trasladores para evacuar al Ministro y a ellos mismos de allí a la primer señal de problemas. Esto le recordó a Lucius de que él también había traído algunos trasladores de emergencia con él, pero solamente eran tres. Maldijo, eran sencillos y no podrían trasladar a más de dos o tres cuando mucho.
Fue difícil en medio de la confusión de la batalla, pero Severus y Arthur resguardaron un flanco, en tanto que Hugo, Tom y Dora lanzaban suficientes hechizos para mantener a su grupo a salvo mientras Lucius organizaba el uso de los trasladores. Evacuó a Harry, Draco y Dudley, todos ellos eran familiares con el uso de trasladores de papel, y así el resto al verlos usarlos se calmaría cuando llegara su turno. Petunia, Dean y Seamus fueron los siguientes.
Después Lucius agarró a Arthur y le puso uno en la mano―. Esto los llevará a la Mansión Malfoy, quedate con ellos y mantén a todos a salvo hasta que lleguemos allí ―Arthur asintió y se llevó con él a Ron y Percy.
Esto dejó al resto libre para ir detrás de los licántropos renegados, y se encontraron con que tenían una aliada en 'Jennifer la Imbatible'. Se había elevado al cielo con su bate de Golpeador y una sonrisa enloquecida hacia barridos golpeando sin compasión a cualquier hombre-lobo lo bastante desafortunado para ponerse en su camino. Esto los distrajo bastante, y pronto tenían a tres hombres-lobo fuera de combate. Jennifer había dejado a dos más inconscientes y sangrantes en el suelo.
Uno de los tres restantes dio un salto desesperado hacia ella y se aferró a su capa, jalándola hacia el suelo. Pronto se arrepintió de ello cuando ella le dio un golpe con el bate a dos manos en la cabeza, dejando sesos desparramados sobre sus camaradas. Fenrir con un gruñido se Desapareció con el último de sus compañeros.
Los pocos magos que no habían huido o Desaparecido exhalaron un suspiro de alivio. La mayoría de los que quedaban allí habían ido al partido con demasiados niños para Desaparecerse de forma segura, ya que incluso Severus o Lucius no podrían hacerlo más que con dos y después quedarían drenados de magia por días. O tal vez eran demasiado ancianos y ya no podían Desaparecerse. Había muchas razones para que los magos y brujas no pudieran escapar de un enemigo determinado como Fenrir.
Tom y Dora corrieron a darle las gracias a Jennifer cuando la vieron tambalearse y dejar caer su bate. Tom la sujetó antes de que ella cayera al suelo y los otros se acercaron para ver como la temeraria Golpeadora se tornaba muy pálida.
Jennifer miró a Dora a los ojos y dijo sin aliento―: Él me mordió.
Severus bajó la mirada a su brazo y su corazón se hundió. La heroína de Harry había sido mordida por el hombre lobo antes de que lograra matarlo.
En lo único que Jennifer pudo pensar fue―: Ahora ellos nunca me dejarán volver a jugar ―antes de estallar en sollozos.
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Arthur Weasley quedó un poco sorprendido de que Malfoy lo mandara con los niños y Petunia Dursley a su mansión. No se engañaba pensando en que fuera porque ellos creían que era el combatiente menos preparado. No, Lucius confiaba en él en cierta extensión, o él nunca estaría ahora aquí dentro del bastión Malfoy, libre para hacer cualquier cosa que quisiera. Allí había literalmente cientos de cosas que Arthur podría hacer: a las Protecciones, poner maldiciones o hechizos en objetos o cosas personales, o solamente dejar hechizos para espiar donde fuera difícil de hallarlos.
Arthur se sonrió con burla, por supuesto era posible que ellos sintieran que él era el combatiente más fácil de reemplazar. Lucius y Severus eran un equipo formidable, ellos habían combatido juntos por más de una década y podían anticipar los movimientos del otro con facilidad. Tom Riddley y Dora Tonks ya estaban funcionando como una unidad, y Arthur ni soñaría en quitarle el lugar a Hugo Savage como combatiente.
Arthur reflexionó un poco en su normal falta de estatus como combatiente. No era por falta de poder mágico o de habilidad. Era tan sólo que Arthur casi siempre conocía al otro combatiente o cuando menos a su familia. Cuando estaba a punto de lanzar unas maldiciones, siempre los recordaba como compañeros estudiantes, o pensaba en sus hijos o en sus familias. Era difícil para él verlos solamente como enemigos.
Aun cuando estaba en lo más álgido de su feudo con Malfoy, cuando ardía de furia, de repente recordaba la vez cuando se había encontrado a Lucius y Frank Longbottom en la escuela jugando ajedrez riéndose a carcajadas por un chiste sucio que Frank había contado. Él se habia marchado antes que le vieran. Lucius podía relajarse con Frank cuando no tenían audiencia.
Arthur se sacudió de esos pensamientos y reunió a los preocupados niños.
―Percy, necesito llevar a Seamus y a Dean a sus casas y explicar lo ocurrido. Petunia, los otros van a necesitar almorzar, es un poco tarde, pero dudo que lo que hayan comido en el partido haya sido muy saludable. Draco, dependo de ti para que los elfos revisen la seguridad de tu hogar con ayuda de Harry y de Percy. Dudley, tu y Ron ayuden a tu madre.
Los niños asintieron con alivio. Tener una labor definida que hacer los calmó, al igual que a Petunia.
Arthur llevó a Seamus y Dean a la enorme chimenea en la entrada.
Dean se sentó en una silla mirando con asombro a su alrededor. Él había estado en unas pocas casas grandes, pero esta era de una liga totalmente diferente. Ver los objetos de arte, obviamente originales, apartó su mente completamente de los hombres lobo.
El viaje a la casa de los Finnigan fue rápido. A la vista del claramente ileso y despreocupado Seamus, su madre quedó tranquila. Arthur insistió en que Lucius tenia trasladores de emergencia disponibles y que los niños habían sido retirados de allí con rapidez. Seamus había añadido con amargura que― ni siquiera había podido VER a los hombres-lobo ―lo que hizo que su madre rodara los ojos y pareció dar por terminado el asunto para ella. Le dio unas palmaditas al brazo a Arthur mientras le daba las gracias por sus rápidas acciones.
El viaje con los Thomas llevó más tiempo. Sus padres cayeron sentados al sofá con los ojos vidriosos.
―¿Hombres-lobo? ―preguntó el padre de Dean sin aliento. Esto condujo a una explicación de que realmente existían y que algunos de ellos eran "renegados", mientras los padres se agitaban cada vez más.
Finalmente, justo antes de que el señor Thomas pareciera a punto de explosionar, Dean había intervenido.
―Ellos son terroristas, papá ―dijo el chico con tono plano, sensato, haciendo que su padre se desinflara y pareciera incierto―. En nuestro mundo también tenemos de esos. Cuando hicieron estallar el tren subterráneo tu dijiste que no podíamos permitir que ellos ganaran volviéndonos tan temerosos que no pudiéramos seguir con nuestras vidas. Cuando esos aviones fueron secuestrados nosotros igual fuimos después de vacaciones. Estos hombres-lobo son la misma cosa, y yo no voy a dejar que ellos ganen en el mundo mágico.
El señor Thomas tenia una mirada peculiar de orgullo mezclado con exasperación. Arthur sabia como se sentía, lo mismo le había pasado a él cuando Charlie se había marchado alegremente a la Reserva de Rumanía agitando la mano distraídamente.
―Desearía que pudiéramos estar contigo allí para ayudar a protegerte ―dijo finalmente el señor Thomas.
―Oh, pero si ni siquiera pude VERLOS papá. No estuve en mucho peligro ―Dean hizo eco a Seamus con tono irritado.
El señor Thomas y Arthur cruzaron una mirada de entendimiento que por esta vez cruzó la frontera muggle-mago sin problemas.
Arthur se despidió deseándoles Feliz Año Nuevo, esperando que de verdad fuera así.
Cuando llegó a la Mansión Malfoy, Lucius y el resto llegaron detrás suyo. El aire sombrío que tenían le puso nervioso. Se unieron a Petunia y los niños en el comedor donde un almuerzo tardío estaba a punto de terminar. Los niños captaron el ambiente y esperaron las noticias con aire incierto.
Hugo Savage finalmente rompió el silencio después de servirse una muy necesitada taza de té. Les contó brevemente de la intensa batalla y de la ayuda de Jennifer. Las noticias de que Jennifer había sido mordida les dejó horrorizados.
―¿Entonces, ahora ella es una mujer-loba? ―preguntó Dudley incierto.
―No, no estamos en luna llena ―contestó Draco, y después miró con esperanza a su padre.
Lucius suspiró―. No, los Sanadores dicen que el hombre-lobo que la mordió no estaba parcialmente transformado, como siempre lo parece estar Fenrir. Sin embargo, es probable que ella sufra algunos cambios durante la luna llena.
―¿Cambios? ―interrumpió Harry, podía ver por el rostro de su padre que estas nuevas no podían ser positivas.
―No podemos saber cuales serán esos cambios hasta la próxima luna llena, y esta será en menos de dos semanas. Pueden ser menores, o lo bastante mayores como para requerir que ella tome Matalobos para mantener su mente ―dijo Snape. Detestaba causar esa mirada apenada en Harry... y aun lo peor estaba por venir.
Tom revolvió su té con enojo, causando mucho roce en el interior de su taza, ocasionando que un elfo cercano se retorciera las manos con ansiedad―. Probablemente la echarán del equipo...―espetó con rabia.
Hubo un jadeo colectivo de parte de los niños, y hasta Percy se vio sorprendido―. Pero ¿y si ella no se transforma...? ―dijo Percy tentativamente.
―Si pocas personas supieran de la mordida... podría ocultarse... puesto glamour en algunas transformaciones leves o lo que sea. Pero la mayoría del mundo mágico sabrá lo que pasó hoy ―Dora dio golpecitos en la mesa con un dedo nervioso, su cabello variando cíclicamente entre un espectro de colores cálidos―. En Europa esto no seria un problema, ellos no rechazan a los hombres-lobo de la manera en que lo hacen aquí. Especialmente a la gente que no se transforma completamente ―Dora miró con enojo su inofensivo té―. Quizás ella debería irse para allá.
Harry se puso inmediatamente furioso. ¿Jennifer iba a tener que dejar el país? ¡Por ningún motivo!―. ¿Qué podemos hacer al respecto? ¡Tenemos que hacer algo! ―Sus ojos flameaban de tal forma que impresionó a Severus y Lucius... y divirtió a Hugo.
Hugo se echó para atrás en su asiento. Él había estado trabajando en la legislación contra los hombre-lobo, consiguiendo aplastar las leyes nuevas que Umbridge trataba de promulgar. Había tenido suerte de que ella se hubiera convertido en persona-non-grata y no pudiera volver a intentarlo. Tener a Harry Potter suplicando revisar el caso de su jugadora favorita de quidditch, quien ayudó a pelear contra los hombre-lobo comandados por Greyback... eso podría ayudar. Él respaldaba con fuerza la pequeña facción del Ministerio que pensaba que ellos deberían seguir el ejemplo de Europa con sus santuarios como llevaban haciendolo por siglos. Esperaba poder hacer que estas personas le dieran su apoyo.
―Yo sugiero que escribas una carta inmediatamente, para que pueda imprimirse junto con las noticias acerca del ataque. Diles como te sientes al respecto. Estoy seguro de que Severus te ayudará con como frasearlo ―Hugo sonrió de medio lado a Snape y Malfoy, quienes estaban conscientes de su manera de ver el tema de los licántropos―. Y, Petunia... ―ella lo miró sobresaltada―. Usted puede tener mucho peso en lo que diga... como la tía de Harry Potter... y usted y su hijo estaban presentes. Respaldar a la muchacha que ayudó a mantener a Lucius en una sola pieza, y sin ser mordido, podría ser útil.
Lucius hizo una mueca amarga―. ¿Y supongo que deseas que tanto Severus como yo también escribamos algo?
Hugo les sonrió ampliamente y dijo―: Pero como, sí, ya que lo mencionas ―Después de eso se marchó mientras los niños se apresuraban a ir en busca de pergaminos y plumas.
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La mañana siguiente Harry estaba cerca de la ventana donde las lechuzas siempre dejaban el Profeta Diario. Tomó el diario tan pronto como el ave aterrizó, empujando un plato de tocino hacia la lechuza como recompensa, y corrió hacia la sala de estar, pisando sin darse cuenta la larga cola de un guepardo que yacía acostado a lo largo del camino. Un chillido indignado del felino lleno el aire y Harry sobresaltado tropezó, aterrizando en el regazo de Rosmerta y de algún modo dándole un codazo en la cara a Severus al mismo tiempo.
Con el rostro encendido se quitó con torpeza del regazo de Rosmerta balbuceando disculpas. Tom se sentó en el piso al lado del cheetah, revisando su cola con cuidado y después abrazó con afecto a la criatura que gimoteaba.
―Estoy seguro que tu cola estará bien, amor ―dijo Tom divertido obteniendo un refregón de cabeza y un lametón como gracias.
―Eso puede considerarse algo perturbador ―bromeó Severus mientras Rosmerta lo revisaba a él en busca de heridas.
Tom se rio de nuevo y Dora volvió a ser ella misma. Ella seguía estando muy complacida por haber obtenido su forma animaga durante el entrenamiento, y que fuera igual a su Patronus: un guepardo. Su entrenador suspirando había dicho que esa forma no era muy buena para espionaje, pero que ella no tendría problema en vencer corriendo a un sospechoso si necesitaba hacerlo.
Draco y Harry habían estado pidiéndole constantemente que cambiara desde que había llegado. Draco quería observar cada pequeño detalle de como hacia las cosas, estaba determinado a conseguir su propia forma animaga lo más rápido posible. Harry había estado haciendo progresos también, y Minerva le había informado disculpándose a Severus que Harry seria un animago en regla probablemente para el verano.
Severus tomó el periódico que un avergonzado Harry le pasaba y sonriendo palmoteó el lugar a su lado, dejándole saber a Harry que todo estaba olvidado. Harry se sentó con una sonrisa y Severus abrió la publicación para ver los titulares.
Severus había ayudado a Harry y Dudley con sus cartas al Profeta antes de llevarlos a casa. Después fue por flú donde Rosmerta para preguntar su opinión. No quería decepcionar a Harry, pero él simpatizaba más bien con los que veían con recelo a los hombres-lobo, y temía que si escribía una carta terminara reflejando su sentir. Y en ese caso, era mejor no escribirla.
Rosmerta escuchó su relato con alarma, pero finalmente le dijo a Severus que si tenia dudas de escribir una carta, quizás debería visitar a Fudge para involucrarlo. Una idea espléndida, pensó el pocionista. E inmediatamente obtuvo una audiencia con un perturbado Ministro. Severus le puso al día de los acontecimientos y después fue directo al grano.
―Harry y sus amigos están muy perturbados de oír que Jennifer puede perder su lugar en el equipo a causa de esto, y que pueda necesitar irse del país para seguir jugando quidditch ―Severus vio como los ojos del Ministro se entrecerraban para verlo con detenimiento―. Tanto él, como su primo y su tía, y cada amigo al que haya podido enviar una lechuza las últimas horas le han escrito al Profeta Diario para protestar ante cualquier intento de removerla de Las Arpías.
Cornelius Fudge notoriamente no se inclinaba por ningún lado en este tema, probablemente comprendiendo ambos lados del argumento y siendo incapaz de alcanzar una decisión clara.
―Ya veo ―dijo Cornelius con cuidado―. ¿Y le has explicado el problema? ―inquirió.
―Sí. Aunque él no puede comprender como cambios menores... ―Severus aquí estaba orando que fueran menores―... durante la luna llena, que no le dejen inhábil mentalmente o incapaz de traspasar la maldición, deberían provocar su expulsión de nuestra sociedad.
―¿Cambios menores? ―dijo Fudge esperanzado. Severus asintió, esperando no quedar como mentiroso.
―Los Sanadores creen que ella solamente tendrá problemas menores ―contestó con mayor seguridad de la que sentía en realidad―. Sabremos con seguridad en diez días. Yo pienso, así como Harry, que aquellos que no se transforman de verdad deberían ser tratados de mejor forma . .. estamos muy detrás del resto de Europa en esto . . . y es algo que nos hace ver mal.
Fudge asintió pensativamente. Esta podría ser una forma de calzar algunos cambios en las leyes. Una vez que el empujón fuera dado, otras leyes serian más fáciles. Savage estaría de su lado . .. y si Harry Potter estaba empujando el tema era seguro que Malfoy estaría en las sombras asistiéndolo.
―Lo consultaré con la almohada y leeré el periódico en la mañana... estoy seguro de que habrá después una conferencia de prensa ―Cornelius no estaba haciendo promesas, pero Severus asintió satisfecho. Mayores argumentos no serian de ninguna ayuda.
En la mañana, Severus se sacudió la memoria y leyó el encabezado con diversión. «¡HARRY POTTER ANGUSTIADO POR MORDEDURA DE HOMBRE-LOBO!»
"Increíble", pensó Severus.
―¡Hey! Lo hacen ver como si a mi me hubieran mordido ―chilló Harry.
―Así es, y muchos magos ansiosos comprarán el diario para leer acerca de ello y entonces descubrirán que alguien más fue a quien mordieron ―le informó Severus.
Harry meneó la cabeza y se inclinó más cerca para leer el periódico con Severus.
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N/T: Muchas gracias por todos sus comentarios. La autora posteó esta semana con malas noticias personales, pues perdió a su madre por el cáncer. Una verdadera pena.
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Editado 7NOV2020
