3 MERODEADORES SLYTHERIN

Autor: severusphoenix


CAPÍTULO 91: "La Taberna"

Lucius Malfoy observó a los ocupantes de la taberna con atención, después de escoger una mesa con salida despejada a la puerta y después de ocupar la silla que lo colocaba con su espalda contra la pared. Arthur se había dado cuenta de ello, riéndose entre dientes. Lucius le miró con enojo y observó el juego de dardos con aprensión. Todos parecían conocer a Giles y le saludaban como a un hermano perdido hacia mucho tiempo.

Giles presentó a Arthur y a 'Jason', y ellos parecieron aceptarlos de inmediato por fuerza de su asociación con Giles. Arthur de inmediato se desplazó hacia un montón de gente que estaba observando una "tellyvision" en un extremo del bar. Este aparato estaba mostrando un juego rudo a nivel del suelo parecido al quidditch... Lucius pensó que le llamaban 'rugby' o algo así.

Giles se encontraba ocupado sosteniendo lo que parecían ser cuando menos tres conversaciones a la vez con sus amigos, así que Lucius quedó solo, intentando desentrañar eso de los dardos. Los jugadores pronto notaron su interés y fue empujado a 'hacer una prueba'. Su primer intento le aterró tanto como a los de la taberna, ya que se fue para cualquier lado y terminó plantado en el trasero de un hombre.

El chillido de dolor aterrorizó a Lucius, ¿cómo iba a explicar al Wizengamot eso de lanzar objetos voladores afilados a los muggles? La disculpa rápida y sincera del mago al cliente ofendido fue aceptada, aunque su pregunta acerca de si el dardo estaba envenenado fue respondida con hilaridad. Ellos parecían pensar que él era un bromista.

Lucius lo intentó de nuevo y esta vez decidió usar un poco de asistencia mágica sin varita en los dardos. No trató de ganar todos los juegos, sólo quería que los dardos dieran en algún lugar del tablero en vez de en el posterior de otra víctima. Lucius se encontró pronto arrastrado a un equipo para jugar y sus 'compañeros de equipo' decidieron que el seria el de los 'Dardos Venenosos'. Todos parecían pensar que eso era muy divertido e ingenioso. Lucius consiguió reírse sinceramente después de unas cuantas cervezas más.

Parecía que se esperaba que hubiese apuestas y Lucius se encontró agradecido de que su abogado le entregara un grueso fajo de billetes muggles. Él tenia una comprensión mediana de los billetes de libra y consiguió pagar sus pérdidas sin incidentes. Inclusive pagó una ronda para que se animara su equipo por perder, y una ronda para los ganadores como felicitación. Esto cementó su reputación como 'buen deportista', y su popularidad aumentó.

Lucius decidió que no había sido una mala jornada después de unos tragos más. No eran malos, aunque era poco probable que los hubiese llegado a conocer en cualquier otra circunstancia. Esto se le hacia evidente cada vez que alguien comentaba que él se escuchaba como 'un ricachón' al hablar. Lucius culpó a su madre por hacerle ir a clase de etiqueta y elocución cuando era pequeño. Esto trajo otra oleada de hilaridad por parte de su audiencia.

Arthur finalmente fue hasta su mesa alucinado después de varias horas de ver tv, declarando que tenía que hallar una manera de hacer que eso funcionara donde ellos vivían.

Lucius hizo una mueca, él había contratado a alguien para que instalara el aparato en casa de Petunia, y qué dolor de cabeza esto había sido. Habían necesitado instalar cables embutidos en una cañería de plomo del espesor de un pie, y el cuarto debía estar también revestido en plomo y con hechizos supresores de magia. Lucius se sentía muy incómodo en esa habitación.

Al avanzar la noche, Arthur fue retado a un concurso para beber. Giles riéndose animó a Arthur, quien no hallaba como echarse para atrás. Lucius sonrió con malicia y apoyó la idea, sacando billetes para cubrir los tragos.

―Molly no lo aprobaría ―le siseó Arthur a Lucius con agitación.

Lucius terminó su trago y resopló―. ¡Saca tus pelotas de la cartera de Molly y ponlas a buen uso! ―su demanda hizo que el público gritara su aprobación. Probablemente se componía de esposos calzonudos.

Arthur tragó saliva y cedió a la presión de sus pares, determinado ahora a ganar. Hubo un borrón de tragos, gritos de ánimo, dinero cambiando de manos y risa contagiosa sobre bromas medianamente graciosas, pero Arthur consiguió hacer quedar debajo de la mesa a un muggle enorme.

El final del concurso, por supuesto, fue acompañado de protestas de quienes perdieron apuestas. Pronto hubo peleas a gritos. Los saca-borrachos se acercaron y eso empeoró las cosas. Lucius arrastró al ahora inebriado Arthur y a un Giles que miraba todo boquiabierto en dirección a la salida. La pelea pronto escaló fuera de control, y Lucius finalmente recurrió a un sutil hechizo de escudo que les abrió camino a través de la multitud.

Desafortunadamente, varios de los clientes sobrexcitados sintieron esto como un empujón agresivo de su parte, y pronto los puños empezaron a volar. Lucius y Arthur trataron de proteger a Giles de la refriega, pero éste estaba demasiado entretenido haciendo volar su bastón con buen efecto. Casi habían conseguido escapar cuando se escucharon sirenas y hubo una estampida general hacia las puertas, y ellos quedaron presionados contra la muralla donde habían comenzado.

Lucius vio con resignación como los oficiales de policía entraban en pleno, en una redada general. La apariencia desordenada y golpeada de Arthur y Lucius les consiguió un arresto por ser parte de la pelea. Giles, desafortunadamente, consiguió darle un golpe a uno de los oficiales durante una volada de su bastón y terminó en el auto con ellos.

Lucius se encontró sentado entre ambos, escuchándolos con incredulidad. Giles estaba muy entusiasmada con toda la velada, recordando aventuras similares en su juventud. Arthur estaba encantado ante la idea de experimentar el sistema de justicia muggle. Lucius tan sólo deseaba estar cerca de una muralla para poder golpear su cabeza contra ella... o la cabeza de Arthur... cualquiera de las cosas le serviría.

Giles y Arthur entraron contentos en la estación de policía, entregando con entusiasmo sus nombres a la empleada del escritorio. 'Jason' de repente se dio cuenta que él no poseía apellido, y estaba lo bastante ebrio para tener dificultades en pensar en un alias. Arthur tuvo un momento de sobriedad breve al ver a Lucius vacilar después de decir ―Jason...―cuando le preguntaron su nombre y añadió―:...Tavington―cuando el otro mago se quedó callado.

Lucius lo miró interrogante, y Arthur sólo le sonrió encogiéndose de hombros y volvió a examinar sus esposas. Lucius sospechó que a continuación iban a registrarlos y no quería que hallaran sus varitas en ellos tres. Con tantos arrestados presumía que a los policías no les importaría apurar un poco las cosas.

Lucius le preguntó a la policía del escritorio―: ¿Seria posible que sólo nos declaráramos culpables y pagáramos una multa para poder irnos? ―trató de parecer inofensivo y tal vez inocente.

La empleada, una matrona de edad mediana con su cabello peinado en un moño severo no pareció impresionarse―. Ustedes tres están acusados por emborracharse y hacer desordenes, y además el anciano le dio un golpe al joven Winton. Si quieren presentarse ante el juez, supongo que pueden hacerlo.

Lucius esperaba estar haciendo lo correcto, y Arthur pareció complacido de conocer el "Wizengamot muggle". La corte nocturna estaba empezando a llenarse con unos otros pocos de la taberna que ya estaban allí.

Los tres terminaron alineados frente a un juez de apariencia aburrida quien escuchó los cargos que se leían. Los miró de arriba a abajo, meneando la cabeza―. ¿Tienen algo que decir en su defensa?

Lucius compuso sus rasgos y contestó con sinceridad―. Solamente estábamos tratando de irnos del lugar cuando comenzaron los problemas. Arthur ganó el concurso de tragos y eso lo comenzó todo, y sentimos que era mejor irnos a casa, pero la pelea empeoró y no conseguimos llegar a la puerta ―Arthur y Giles asintieron enfáticamente a su aseveración. El juez pareció cercano a no creerles, pero solo miró el papeleo.

―¿Y quién de ustedes golpeó a un oficial de policía? ―el juez miraba con severidad a 'Jason Tavington' claramente pensando que había sido él. Para su sorpresa el anciano tambaleante alzó su mano, los oficiales no se habían molestado en esposarlo.

El juez suspiró y sacudiendo la cabeza estableció sus multas. Lucius entregó el dinero con alivio, y salieron rápidamente después de firmar los papeles. Arthur le sonrió radiante a todos, le dio las gracias al alguacil, a los oficiales que les quitaron las esposas, y les deseó la mejor de las suertes a los clientes de la taberna que seguían esposados a las sillas mientras Lucius lo arrastraba a la salida.

Le hicieron señas a un taxi, y regresaron a las puertas de Spinner's End por fin. Giles y Arthur seguían rememorando jovialmente la noche, siendo su único arrepentimiento que no pudieron llegar a ver las celdas por dentro. Lucius tiritó de pensar en ello. Iba a hacer que ese par pagara por esto, de alguna u otra forma. Dejaron al anciano en su morada, y usaron su flú para enviar a Arthur a su casa. Lucius esperaba maliciosamente que Molly lo estuviera esperando con un uslero y su voz más chillona.

Giles acompañó a Lucius hasta la puerta, y después el mago fue cansadamente hasta la casa de Petunia. Él debería haber ido a la porteria, pero estaba sintiéndose con algo de suerte y su sangre seguía vibrando por la pelea. Entró por la puerta y subió las escaleras al cuarto de Petunia.

Lucius vio desde la puerta la forma dormida sobre la cama por unos minutos antes de sacarse las botas y su cinturón. Fue hasta la cama y trató de sacarse la camiseta, pero el artículo de vestir demostró ser demasiado complicado para él en su presente estado, y finalmente se acomodó sobre la cama detrás de Petunia colocando un brazo alrededor de ella.

Lucius se rió entre dientes para sí, sintiéndose de lo más ladino. Petunia se sorprendería de hallarle allí en la mañana. Olisqueó su cabello, olía a flores. Estaba tratando de identificarlas cuando se quedó dormido.

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Petunia estuvo a punto de voltearse con sorpresa al escuchar que Lucius empezaba a roncar. Ella le había escuchado entrar y subir las escaleras, y pudo olerle desde la entrada (¿acaso se había caído en un barril de cerveza?). Sintió curiosidad por ver como iba a comportarse con unos cuantos tragos. Vernon siempre se volvía violento y abusaba de los otros. Ella preferiría saber ahora si Lucius se comportaría así. Ella se rio un poco por lo bajo, aparentemente, Lucius se convertía en alguien que le gustaba acurrucarse y oler el cabello.

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Dobby observaba atentamente desde la entrada y se desapareció con un 'pop' con alivio. Cuando el amo Lucius entró a la casa no supo que hacer. Lucius le había atado a esta casa, y para que sirviera a la ama Petunia; pero eso estaba basado en el poder de la magia de Lucius, no en la de Petunia. Así que defenderla contra el amo Lucius hubiese sido problemático.

Dobby se había sentido aun más inquieto cuando lo vio entrar a la habitación de su ama. Estaba consciente de los horrores que un hombre podría causarle a una mujer... los elfos domésticos hablaban mucho entre ellos. Él había escuchado historias, a pesar de que nunca había visto a Lucius nada más que actuar desdeñoso y gritarle a Narcissa, pero Narcissa era una bruja y poseía ciertas defensas. Dobby había escuchado de otros decir cosas acerca de lo que los magos hacían a alguien sin magia. Temblaba de pensar que eso le sucediera a su amable señora.

Se congeló cuando Lucius trató de quitarse la camisa, pero entonces el mago desistió y sólo se recostó junto al ama Petunia. La risita le había enervado un poco, pero después los ronquidos habían comenzado.

Sacudió la cabeza ante ello. Tal vez su antigua ama, a la que sirvió antes que el amo Lucius lo heredara, se había equivocado. El amo Lucius no se comportaba para nada como un apropiado Mortífago.

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Dumbledore estaba sentado junto a la cama de Harry, jugando snap explosivo con un sospechoso Draco, un intrigado Harry, y un Dudley que no notaba nada. Albus no se había divertido tanto en mucho tiempo. El Director había persuadido a Severus para que abandonara su puesto; Harry había despertado dos días antes y Severus necesitaba descansar en su propia cama, no en una silla y hacer más que lanzarse hechizos limpiadores sobre su ropa y persona.

Dumbledore había hablado unos minutos antes con Harry antes de llegar al punto. Había aplazado demasiado tiempo una disculpa a Harry, con respecto de dejarlo con Vernon Dursley. Él llegó al tema con vacilación, pero Harry se quedo callado y fue paciente. Dumbledore intentó explicar sus acciones al principio, pero después suspiró y le dijo que en realidad no había excusa para no examinar los hechos con mayor atención y rescatar al menos a Harry de la situación, o deshacerse de Vernon, de alguna manera.

Harry asintió y aceptó su disculpa con gracia. Había pasado ya bastante tiempo para que los recuerdos del hambre, el miedo y la desesperación se hubieran emborronado con recuerdos más actuales del amor y aceptación de su nueva familia. Una parte cínica de él más tarde se preguntó si Dumbledore lo había planeado de esa manera. En esos momentos llegaron Draco y Dudley, y Dumbledore se unió a su juego.

La mente de Harry apenas permanecía en el juego. Ya había tenido las disculpas de un abatido Ron, de un Neville que tenia desafío en los ojos y de una educada Hermione. Ellos se habían disculpado con su papá también, quien aun no se había marchado. Harry se preguntaba que castigos habrían tenido, pero después se encogió de hombros, eso en realidad no importaba. Y ahora el Director estaba aquí también disculpándose, era extraño.

Ellos jugaron por un rato, haciéndole preguntas a Dumbledore acerca de la Piedra Filosofal y Nicholas Flamel. Dumbledore les explicó algunas cosas y les dijo que la Piedra fue destruida―. El joven Tom y yo se la llevamos esta mañana a Nicholas, y él la destruyó de inmediato.

Los chicos quedaron pensativos ante la idea de la muerte de Nicholas y Perenelle Flamel. Poppy finalmente apareció y con renuencia dejó ir a Harry para que fuera a cenar al Gran Salón. Él estaba seguro que le darían permiso, después de todo era la fiesta de despedida, y quería decirle adiós a los que no se les habían permitido visitarlo. Miró el montón de regalos deseándole que se pusiera bien; la mayoría de ellos eran dulces de sus compañeros de clase.

Draco, para su desmayo, recolectó todas las tarjetas que venían con los regalos diciéndole a Harry que debería escribirles a todos ellos notas dándole las gracias. Severus había levantado una ceja ante sus protestas, dejándole saber que las excusas no le servirían de nada. Estaba bien, él intercambiaría favores con Draco y conseguiría que lo ayudara con esas notas.

Las clases superiores le gritaron 'hola' y 'me alegro que estés bien'. Después de escuchar sobre el espíritu oscuro y la posesión de Quirrell por él, los estudiantes de cursos mayores sabían que no se debia pensar que había sido "divertido".

Las conversaciones bajaron de volumen cuando el Director se sentó en su silla. Él sonrió con resignación, se sentía raro poner las banderolas con los colores de los ganadores cuando los estudiantes estaban tan mezclados. Aunque suponía que era mejor así. Le sorprendía lo fácil que los Slytherins habían entablado amistad con las otras Casas. Probablemente eso también había tomado por sorpresa a los Slytherins.

Dumbledore miró a Marcus Flint, quien tenia ahora la misma expresión desconcertada que hacia meses. La determinada chica Hufflepuff se sentaba a su izquierda, sonriéndole con ternura. El rumor era que sus padres estaban hablando de un compromiso matrimonial con los padres de Flint. Oliver Wood estaba sentado a su izquierda, hablando de alguna regla de Quidditch u otra que Marcus probablemente rompía de forma regular.

El Director se puso de pie y la plática se detuvo. Dumbledore sonrió y se leyeron los puntajes. Minerva y Severus, junto con Filius y Pomona respaldándolos, habían insistido en que no diera ningún punto extra por la escapada de la Piedra.

―Y no debes darle una pila de puntos a una Casa durante la fiesta de despedida, especialmente si eso ocasiona un cambio en el ganador... es demasiado cruel el arrebatarle un triunfo por el que han trabajado todo el año a los niños... sin hablar que eso denota un flagrante favoritismo ―dijo Filius con dureza, mirando fijamente a Dumbledore.

Pomona y Severus asintieron concordando, y Minerva ruborizándose también asintió, ya que normalmente era su Casa a la que se demostraba favores especiales, y a veces era más bien embarazoso.

Albus suspirando había estado de acuerdo, él siempre había pensado que dar esos puntos de último minuto lo tornaba más excitante, pero si los otros pensaban que era cruel... tal vez tuvieran razón. En realidad, nunca había considerado a los niños que habían sido ganadores y luego, de repente, quedaron en segundo lugar. Por supuesto, esos eran generalmente los Slytherin o una casa que no era de Gryffindor, así que no había pensado en eso, o si lo hacia era cuando Slytherin perdía y tenia que escuchar a Severus quejándose de que los estaba empujando hacia la oscuridad.

Leyó los nombres de los que consiguieron las mejores notas ese año. Mafalda Prewett estaba en primer lugar de los primeros años, con Draco Malfoy y Harry Potter empatados en segundo lugar, y Hermione Granger en un -para ella- decepcionante cuarto lugar. Fred y George Weasley fueron mencionados como segundo y tercer lugar de su año... Cedric y los otros no les habían permitido remolonear. Cedric Diggory era el primero del cuarto año. Y Tom P. Riddle quedó sorprendido de descubrir que ocupaba el primer lugar entre los de séptimo año. Él estaba seguro de que con las constantes interrupciones y la necesidad de tutirias para ponerse al día de los últimos cincuenta años no había sido capaz de mantener el paso.

Dumbledore tuvo que cumplir con su deber de otorgar puntos automáticamente de acuerdo a los máximos grados de los estudiantes destacados. Aun así fue excitante, porque las cuatro Casas quedaron casi cercanas en puntaje. Con los puntos de Tom a Gryffindor casi vencieron a Hufflepuff del primer lugar, el que consiguieron con apenas una ventaja de cuatro puntos.

Los tejones gritaron con entusiasmo, no habían conseguido el primer lugar en bastante tiempo. Cedric y los gemelos Weasley lo habían conseguido. Una vez que Cedric les puso en vereda, los gemelos descubrieron que eran bastante buenos estudiantes y ganaron puntos de forma regular. Hasta el profesor Snape les dio puntos a veces, casi siempre por no hacer estallar algo como broma. La idea de ganar la copa de las Casas había comenzado durante el receso de primavera, cuando se dieron cuenta que estaban a punto de lograrlo. A partir de entonces habían luchado duro por obtener todos los puntos que pudieran.

Harry, y un Draco de mala gana, aplaudieron a los gemelos. Tom también lo hizo, aun cuando todavia se sentía aturdido por su viaje donde los Flamel. Ni el ganar como estudiante destacado de los séptimos años le sacó de su ensimismamiento.

Tom había tenido que observar, impotente, como Flamel y Dumbledore habían destruido la Piedra Filosofal. Por primera vez en mucho tiempo, Yvane tuvo que detenerle de maldecir a alguien. No había creído hasta ese mismo momento que ellos tuvieran la intención de hacerlo hasta que los vio colocarla en un caldero con ácido. Yvane después de un momento lo liberó, y entonces quizás habría tenido tiempo de aturdirlos y agarrar la Piedra, pero las siguientes palabras del dragón lo detuvieron:

¿Por qué aferrarse a la vida, cuando ya has hecho tu trabajo? ―preguntó Yvane.

¿Cómo sabes que viviré lo suficiente para hacer todo lo que deseo? ―espetó Tom, furioso al ver desaparecer la Piedra que hubiese sido la respuesta de tantos problemas.

Con la cantidad de poder mágico que posees, estoy seguro de que verás cuando menos los doscientos años. Descubrirás que si no desperdicias tus años preocupándote por la muerte, estarás listo para lo que sea que venga a continuación para entonces ―Yvane se rio por lo bajo.

No puedo comprender cómo puedes bromear acerca de la muerte ―se quejó Tom, protestando con enojo―. Podría vivir por milenios con esa Piedra.

¿Sin tu nueva familia . . . aquellos a quienes amas . . . ni tus amigos? ―le recordó Yvane con gentileza.

Habría bastante para ellos... ―dijo Tom vacilante. Bueno, bastante para algunos de todos modos. ¿Cómo escogería? Severus y Harry, junto con Tonks por supuesto. Severus querría a Rosmerta. Draco y Dudley tendrían que ser incluidos para tener feliz a Harry. Eso significaba también Lucius, en quien Tom confiaba, así que entonces Petunia necesitaría el elixir . . . y entonces estaba Percy y...

«La necesidad de mayores cantidades de elixir seguía aumentando, pensó Tom con desaliento.»

Una enorme cantidad de gente para insistir que sigan contigo siglo tras siglo, Tom ―Yvane suspiró―. ¿Y si ellos no quieren seguir?

Todo eso es intrascendente de todos modos ―gruñó Tom mientras el caldero siseaba. ¿Pero por qué la gente no querría vivir el mayor tiempo posible?

Ellos terminaron almorzando con la pareja de ancianos. Albus Dumbledore y Nicholas Flamel recordaron muchas cosas, pero Perenelle no hablaba, sólo movía la cuchara en su té con una mirada ausente en su rostro.

Nicholas terminó suspirando al ver las miradas de Tom a su esposa―. Me temo que mi esposa no quería quedarse por tanto tiempo. Este último siglo ella... perdió interés en la vida. Ella sólo toma el elixir para complacerme. Verás, me encontraría muy solo sin ella ―ante la mirada de asombrada incomprensión del joven, explicó:

―Al principio era maravilloso. Pude empezar experimentos sabiendo que tenia todo el tiempo del mundo para completarlos, podía tomar aprendices y expandir mis descubrimientos. Sin embargo, lentamente, exploré todo en lo que tenia interés y tuve que buscar constantemente algo nuevo que hacer, pero lo que una vez fue alegría ahora era un trabajo monótono. Lentamente todos los rostros de quienes conocí desaparecieron reemplazados por sus hijos y sus nietos hasta que todos resultaron extraños. Nombres familiares en gente que no conocía, o peor una cara familiar en un completo extraño.

Tom se espabiló ante estas revelaciones. Aun no podía entender como podría errarse tanto, Tom no podía imaginar años haciéndose largos con Tonks y su familia y amigos a su lado. Aun así, sabia que Flamel era sincero en lo que decía.

―¿Así que no lamenta deshacerse de todo eso? ―preguntó con vacilación.

―No, no. Ahora que la Piedra ha desaparecido... siento como si un peso se hubiera levantado. El tiempo que me queda basta para que ponga en orden mis asuntos y diga adiós, a pesar de que hay muy pocos a quienes deba hacerlo ―Nicholas inclinó su cabeza hacia un pensativo Albus.

Tom y Dumbledore se despidieron, Flamel estrechó sus manos y Perenelle les sonrió con una mirada de lejanía y siguió revolviendo su té frio.

Tom meneó la cabeza ante ese recuerdo, y volvió a poner atención a la fiesta. Parecía imposible, pero quizás la inmortalidad -aun aquella con una comparativamente benigna Piedra Filosofal- no fuera lo mejor. Tom ignoró la risita del dragón en el fondo de su cabeza.

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Heather Black entró lentamente a la oficina del Director Dumbledore.

―Dígame, señorita Black ―Albus estaba sorprendido por su petición de verlo, pero quizás ella deseaba hablar de ser ayudante por otro año del profesor de Cuidado de Criaturas Mágicas.

―Me preguntaba si me dejaría hablar con uno de los retratos ―le pidió con nerviosismo. Dumbledore asintió sin saber que pensar, y Heather se volteó hacia los retratos que la miraban con curiosidad. Miró a Phineas Nigellus Black y dijo―: Señor, ¿me permite una palabra, por favor? ―los otros retratos lo miraron con sorpresa, preguntándose junto con Dumbledore que necesitaba de este.

―¿Qué desea, jovencita? ―inquirió el Director Black con sospecha. Estaba seguro que ella era uno de sus descendientes, pero no sabia de quien. Esperaba que fuera alguna hija ilegítima de Sirius.

―Quería darle las gracias, señor ―dijo Heather con nerviosismo, pero determinación―, por salvar la vida de mi abuelo, Marius Black. Él siempre hablaba de usted a su hijo. Sé que usted se tomó muchas molestias para encubrir que fue usted quien lo ayudó, pero quiero darle las gracias de todos modos.

Dumbledore y los otros retratos quedaron pasmados. Marius Black era un squib, considerado una decepción en los círculos de sangre pura de aquella época. En 1940's, cuando Marius Black desapareció, la situación se había tornado peligrosa para los squibs con el alza de Grindewald. Hubo susurros de que Phineas o Cygnus, el padre de Marius, lo habían matado. Escuchar que Phineas le había ayudado a desaparecer era un shock.

Phineas se removió incómodo y Albus estaba seguro que el retrato estaba ruborizado―. Fue una época absurda. Sí, nosotros apoyamos las viejas costumbres y sentimos que los nacidos de muggles eran un peligro para el secreto de nuestra sociedad, pero ¡la familia es la familia!

El antiguo Director gruñó―. Algunos de esos idiotas que seguían a Grindewald pensaron que matar a los squibs 'purificaría el linaje sanguíneo de cualquier mancha'. ¡Que estupidez! Siempre hubo unos pocos squibs en todas las familias... incluso en la época de los Fundadores hay mención de los squibs en sus familias. Nosotros debíamos hacernos cargo de los squibs, ver que hallaran un trabajo, ya fuera aquí o en el mundo muggle, tal como lo hacemos con nuestros niños mágicos ―suspiró y se reclinó hacia atrás.

―Cuando el peligro se acercó demasiado, Cygnus y yo concebimos un plan. Conseguimos un montón de dinero muggle y lo enviamos a un lugar seguro. Tuvimos que decirle que no regresara... a ninguno de nosotros nos gustó hacerlo, pero su vida estaba en peligro. Sabíamos que habría dedos señalándonos como sus asesinos, pero debíamos mantenerlo a salvo, y lo estaría si pensaban que estaba muerto ―Phineas miró a Heather con una leve sonrisa―. Me alegra ver que tuvo una buena vida, si usted es el resultado.

Heather asintió aguantándose las lágrimas―. Mi padre y él adoraban viajar, por suerte a mi abuela también le gustaba. Pero ahora solamente quedamos mi madre y yo. Me apenó descubrir que no parece quedar nadie de la familia Black con quienes hablar... a excepción de otro Cygnus y de su esposa, Druella. Y ellos se rehusaron a hablar conmigo.

―Sí. El nieto de mi hijo Cygnus. Él solía ser muy agradable, pero después se unió al Señor Oscuro y cayó en Azkaban por unos años; escuché que llevó muchos galeones el acortar su sentencia a cinco años. Azkaban le enloqueció, de todas formas ―Phineas hizo una mueca―. Así es, usted es una de las pocas que quedan, el fin de la Casa de los Black... a menos... ―Phineas sonrió torcidamente.

―¿A menos que qué? ―preguntó ella intrigada.

―A menos que usted se case con un mago que acepte tomar el nombre Black... Se considera un honor enorme el hacerlo así cuando se trata de tomar una casa tan antigua como la de los Black ―Phineas soltó una carcajada al ver su cara de espanto.

Albus rodó los ojos―. Creo que te has desviado bastante de sus preguntas iniciales, Phineas.

Phineas sólo se rio entre dientes, contento de crear un poco de agitación. Había pasado un tiempo desde que solía hacerlo.

Heather murmuró las gracias, y corrió hacia la puerta.

―¡VUELVE PRONTO! ―gritó Phineas detrás de ella.

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Lucius despertó con el sabor a calcetines sucios en la boca y elfos saltando alegremente en su cerebro.

Un frasco de poción para la resaca se agitó frente a sus ojos con el rostro sinceramente servicial de Ritzy apareciendo después―. ¿El amo necesita esto? ―chilló la elfina.

Él se tragó la poción, y los elfos domésticos dejaron de danzar y los calcetines sucios fueron reemplazados por el gusto ácido de la poción.

Lucius se arrastró fuera de la cama, dándose cuenta tardíamente que se trataba de la cama de Petunia. Se devanó los sesos tratando de recordar si había hecho algo poco caballeresco. Si así fuera, seria un agravante que hubiese tenido suerte con ella y ni siquiera pudiera recordarlo. Porque, ¿cuál era la gracia de divertirse sin acordarse de ello?

Con renuencia se miró en un espejo cercano, su glamour había desaparecido mientras dormía, e hizo una mueca al ver su aspecto desarreglado. Su camiseta tenia una manga casi arrancada y tenia muchas manchas que no lograba identificar. Suspiró, de seguro que Petunia iba a dudar ahora de su decisión.

Un sonido en la puerta le hizo mirar allí con aspecto avergonzado.

Petunia sonrió, parecía que él se esperaba una reprimenda―. El desayuno esta listo... bueno, supongo que es más bien el almuerzo. Dobby dice que lo mantendrá todo a punto hasta que puedas ducharte ―le volvió a sonreír.

Lucius estuvo a punto de quedar boquiabierto. Aparentemente, le habían perdonado sin necesidad de disculparse. No debió haber sido poco caballeroso, después de todo. Lucius se sintió casi decepcionado. Y ella le tenia lista la comida... A pesar de verse así.

―Petunia, ¿te casarías conmigo? ―Lucius escuchó las palabras y quedó paralizado, no había pretendido decirlo sin lucir sus mejores galas y con un anillo carísimo para tentarla.

Petunia pareció aturdida―. ¿Lo dices en serio, Lucius?

Lucius asintió con algo de torpeza, sintiéndose un idiota por hacer esto sin ningún plan. Él siempre tenia un plan, y dos y tres más para respaldar el primero.

Petunia le contestó dándole un abrazo y chillando que sí en su oído. Lucius casi colapsó de alivio.

Petunia arrugó la nariz a su camiseta―. ¿Quizás deberías darte una ducha y después el desayuno, Lucius?

Lucius se sentía demasiado aliviado como para sentirse insultado―. Lo que digas, querida ―le pondría el anillo durante el desayuno para sellar el trato antes de que ella pensara en lo poco apropiado que se veía.

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Autora: Bien, Lucius ya hizo la pregunta.

Un millón de gracias por comentarios y poner de favoritos y seguir el fic. Sientanse libres de señalar algún error, el dentista fue liberal con la anestesia hoy ;P

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Ediatdo 8NOV2020