¡Hola!

¡Finalmente subí el primer capitulo de la historia!

Aclaro, este capitulo puede ser un poco lento, pero quería explicar un poco la situación, así espero sea de su agrado y se llegue a comprender.

Así mas, ¡disfrute!


CAPITULO 1

*I'm Still Standing

Había pasado un año y medio desde que se fue a Londres, y finalmente había decidió regresar. La herida no había desapareció, pero sentía que finalmente podía darle la cara a todo y no derrumbarse ante ello.

Las cosas que pasaron en Londres, de todas esas experiencias aprendió mucho y disfruto de ello, cada mala decisión como cada buena. Podía decirse que Londres fue parte de un sueño, un mundo diferente a donde vivió toda su niñez y juventud, un mundo lleno de aventuras y de momentos difíciles. Resulto extraño que había momentos donde se perdía en la emoción de estar rodeado de desconocidos y en otros donde disfrutaba de un placido día sin nada mas que su propia compañía. Hizo nuevas amistades, tuvo varias relaciones amorosas, experimento su primer encuentro sexual, hubo risas y hubo lagrimas. Pero a pesar de todo, nunca se enamoro y jamas encontró una amistad como la que tenia en su ciudad. Todo en Londres se quedaría como un sueño/pesadilla.

Respiro hondo antes de entrar a su casa. Al entrar el sentimiento fue como una punzada dolorosa que atravesaba su pecho, pero el olor a abandonado hizo que sintiera que traiciono la casa por dejarla en ese estado. El polvo se acumulaba en ciertos muebles, los que estaban cubiertos por una manta blanca se notaba la pesada capa de ello, también el piso estaba cubierto de polvo haciendo que sus pies hicieran el menor ruido con cada paso que daba y dejando marcas de sus zapatos donde antes había pisado.

Así que su padre jamas visito la casa tampoco. Bueno, no lo culpaba.

Miro toda la casa, iba a ser difícil vivir ahí, pero no podía seguir huyendo como un maldito cobarde con cada recuerdo, tenia que vivir con ello. Debía recordar los mejores momentos y sonreír con ellos, así lo dijo su psicólogo en Londres.

Suspiro. Si, tenia que hacerlo por muy trabajoso que fuera.

––Al igual que limpiar esta casa ––dijo en voz alta. Su voz retumbo por aquel silencio.

Todo era un desastre, iba a tener que limpiar todo y la idea no lo entusiasmaba nada. Por lo tanto busco en su celular un servicio de limpieza, les llamo y ellos le dijeron que irían al día siguiente. Ahora tenia un trabajo menos, pero no podía dormir en un lugar así, por lo tanto volvió a buscar otro número, espero hasta que finalmente alguien contesto.

––¡Eren! ––exclamo una alegre voz––. ¿Cómo estas? ––pregunto su mejor amigo.

Por un momento aguanto las ganas de reír, no quiso decir la fecha de cuando vendría nuevamente a la ciudad, esperaba que su llegada fuera una agradable sorpresa.

––Bien ––contesto con una enorme sonrisa. No podía esperar por ir a ver a su mejor amigo.

––¿Qué tal el clima en Londres? Oye, espera ¿qué no es muy tarde allá?

––Por lo que veo, es de día.

––Ah, ¿donde estas? ––pregunto Armin mostrando su completo desconcierto.

––En mi casa, en la casa donde me crié.

Hubo una pausa al otro lado de la linea, solo podía oír un gran silencio hasta que tuvo que alejar su celular de oído cuando su amigo grito.

––¡¿Estas aquí?! ¿Cuando llegaste? ¿Por qué no me avisaste que vendrías? ––pregunto sin parar, su voz sonaba un poco mas chillona.

––Llegue hace una hora, pero a mi casa tengo solo unos minutos ––hizo una pausa un poco incomodo––, y no quise decirles porque pensé que sería una sorpresa para ustedes.

––Por supuesto que es una sorpresa, una muy buena sorpresa ––casi podía notar la enorme sonrisa de Armin y no pudo evitar sonreír mas––. No puedo esperar a decírselos a los demás. ¿Te quedas en tu casa?

––En parte por eso te hablaba, la casa es un desastre y esta llena de polvo, ni siquiera puedes ver el suelo. Me pregunta… ya sabes, si puedo quedarme en tu casa…

––No debes preguntar eso, sabes que puedes venir cuando quieras. No porque te hayas ido por un año y medio significa que eso allá cambiado ––le aseguro.

No puedo evitar sentir un enorme nudo en su garganta, sentía las lagrimas acumularse en sus ojos. Amaba a su mejor amigo, no podía haber mejor persona que él y se alegraba tanto de tener tan magnifica persona en su vida. Jamas iba a ser suficiente para agradecer el tener un mejor amigo así.

––Gracias, Armin ––agradeció a su amigo, no solo por la oferta de dejarlo dormir en su casa sino por el hecho de seguir estando a su lado a pesar de estar este tiempo distanciados.

Llego a la casa de Armin veinte minutos después, pensó ir en un taxi pero prefirió disfrutar de un paseo y disfrutar de la ciudad, lo cual fue algo agradable de hacer.

Toco la puerta y espero. Los nervios empezaban a consumirlo, tenia nervios de volver a ver a su mejor amigo, como también la alegría. El año que estuvo en Londres, hubo muchos momentos donde casi quería correr a la casa de Armin y pedirle algún consejo o tener su compañía en esos momentos donde sentía que no había salida. Fue una verdadera tortura no tener su compañía, por supuesto había hablado con él, pero no era lo mismo que estar en su habitación que conocía tan bien como la suya misma, oler el aroma a fresas que desprendía gracias a su shampoo favorito, tener su mano en un fuerte apretón en su hombro o un cálido abrazo.

La emoción lo embargaba, que cuando la puerta se abrió y dejo ver a un chico de cabello rubio, no pudo evitar sentir las lagrimas recurrir a sus ojos y caer sin su consentimiento. Sin pensarlo se abalanzo hacia al chico antes que éste tuviera tiempo de poder hablar. Casi sintió que ese agujero en su pecho desaparecía, un agujero que siempre estuvo presente como evidencia de los amigos que dejo atrás. Todo miedo o duda desapareció al darse cuenta que el aroma de su amigo a fresas seguía ahí. Se alejo del rubio y lo contemplo, para alegría suya, y tal vez desgracia de su amigo, éste seguía igual que cuando lo dejo, pudo haber crecido unos tres o cuatro centímetros, no podría saberlo porque él también había crecido. El cabello rubio seguía con el mismo largo hasta la mitad del cuello, sus grandes ojos azules mostraban la misma amabilidad e inteligencia, fue como si el año y medio jamas hubiera pasado.

––¡Eren! ––grito Armin––. ¡Has vuelto…! ––la voz se quebró y para su sorpresa, también lloro. Sus enormes ojos se llenaron de lagrimas que empezaron a caer por sus mejillas––. No puedo creerlo…

Ambos se miraron por un momento mas, hasta que al final terminaron riendo e hipando, volviéndose a abrazar recordando al amigo que extrañaron cada día y finalmente estaba de vuelta.

––¡Pasa! Perdón por dejarte ahí ––se hizo un lado dejándolo pasar––. ¿Qué tal el viaje?

––Aburrido ––contesto. Observo la casa, viendo que todo seguía igual, menos por un cuadro de un paisaje de un amanecer, una nueva mesa y una nueva televisión mas grande que la anterior––. Bonita televisión ––hizo un gesto señalando la televisión.

––Ah, bueno mi abuelo quiso comprar una para poder ver mejor sus programas televisivos, ahora casi es raro verlo lejos de ella ––contesto ligeramente avergonzado.

––Es increíble a diferencia de aquella caja que estaba antes ––se burlo mirando a su amigo.

––Oye, no ofendas a la caja que tantas veces nos mantuvo despiertos y nos permitió ver nuestras caricaturas favoritas ––sin poder evitarlo volvieron a reír.

No se sentía ninguna brecha que se haya creado mientras se separaron, era simplemente todo como siempre. Su amistad era algo que ni el tiempo ni la distancia podía debilitar.

Al llegar a la habitación de su amigo, observo todo a su alrededor. Las persianas habían cambiado, antes eran blancas y ahora eran azules, el librero tenia mas libros que estaban acomodados de forma perfecta, el pequeño escritorio que estaba ahí tenia varios libros y cuadernos abiertos, con una pluma cruzada en la hoja donde, pudo notar, estaba llena de apuntes. Se había agregado un pequeño reproductor de música y una televisión que estaba arriba de un mueble que su amigo usaba para guardar sus cosas. Lo demás, seguía igual. Después de todo, nada cambio tanto como temió habría hecho. Tal vez quien cambio en un año fue él, y no todo lo que estaba a su alrededor.

Con este pequeño alivio de ver todo igual, se dejo caer en la cama, finalmente agotado del viaje y todas las emociones que se arremolinaron dentro suyo al temer que a su ida algo hubiera cambiado de forma drástica. Ademas, si agregábamos que aún estaba acostumbrado al horario de Londres.

––Extrañaba tu cama ––dijo.

––Yo te extrañaba a ti ––el rubio se dejo caer también a un lado suyo––. Nada es igual cuando tu no estas aquí.

––Por supuesto que no ––volvió a burlarse de su amigo. El rubio volteo a verlo con una ceja levantada y una enorme sonrisa––. La verdad, es que… tampoco fue lo mismo sin ti. Siempre desee volver por ustedes ––hizo una pausa mirando nuevamente el techo el cual conocía cada grieta a la perfección, gracias a todas las veces que se quedaba a dormir ahí y contemplaba el techo cuando platicaba, como lo hacia ahora––. Ustedes fueron la mayor razón por la que regrese ––confeso.

Se hizo un silencio que no resultaba para nada incomodo.

––¿Cómo estas? ––la pregunta fue seria pero compasiva. Era una pregunta que exigía una respuesta clara de como se sentía y que no aceptaba un simple "bien".

––Mejor que antes. Sé que puedo estar en esta ciudad sin querer derrumbarme en cada lugar donde estuvo ella… y también aliviado al ver que todo sigue igual, incluso nuestra amistad.

––Idiota, eso jamas cambiaría aunque te fueras por veinte años, aunque preferiría que no lo hagas ––le sonrió levemente y él le devolvió la misma sonrisa.

––Gracias ––volvió agradecer con verdadera sinceridad.

––Entonces… me contaras todo lo que hiciste en Londres ––comento Armin divertido.

––¿No lo hice antes? ––pregunto con la misma diversión.

––Si, pero fue a través de un monitor. Debes contarme todo.

Aunque parecía que su amigo lo pedía por curiosidad, en realidad era mas para que él pudiera desahogarse. Por lo tanto el día paso en eso hasta que se hizo de noche, platicando todo lo que hicieron, lo bueno y lo malo, lo divertido y lo triste, cosas triviales y cosas importantes. Cada uno relatando su historia mientras el otro escuchaba de forma comprensiva.

Hubo un momento que tuvieron que salir para cenar, y, tal como dijo Armin, ahí estaba su abuelo viendo televisión, el cual se levanto para darle un abrazo cuando lo vio y le pregunto como le había ido viviendo en Londres, contesto que bien y después de eso le dijo que se alegraba de tenerlo ahí.

––¿Cuándo le dirás a Mikasa que estas aquí? ––pregunto Armin cuando volvieron a la habitación.

––Mañana, pensaba hacerlo hoy, pero sabes como se pondría al verme, no niego que me pondrá muy feliz, pero…

––Te abrumara y no te querrá soltarte ––termino Armin con una enorme sonrisa.

––Si ––gimió en una falsa tristeza––. Pero me gustaría poder verla todo el día, hoy estoy muy cansado y solo quería una tranquila conversación contigo. Ademas ella querría dormir aquí y apenas podríamos dormir los tres juntos.

Rieron nuevamente. Amaban a su mejor amiga, pero ambos sabían que necesitaban conversar entre ellos, y había algunas cosas era mejor que ella no supiera.

La noche transcurrió en una larga platica, hasta que ninguno aguanto y se quedaron dormidos. A la mañana siguiente todo transcurrió tranquilamente, desayunaron y volvieron a platicar, hasta que decidieron que era hora de hablarle a Mikasa. Eran tan solo las diez de la mañana pero pensaron que ella no tendría problema con ello.

––¿Eren? ––contesto Mikasa con una voz que demostraba una excesiva felicidad, que por cierto no le molesto en nada, al contrario, lo hizo feliz––. ¡Me alegra tanto que me hables! Tenias dos días que no me hablabas. ¿Paso algo? ––pregunto preocupada.

––No, estoy bien. En realidad me preguntaba si quieres ir conmigo y Armin a la cafetería que siempre íbamos. Sé que es temprano, pero me gustaría verte y hablar contigo ––dijo alegremente.

Se hizo un profundo silencio. Casi le volvió a dar risa porque le recordó al silencio que hizo Armin cuando le dijo que estaba aquí. Pero este silencio fue mas largo que se asusto por un momento.

––¿Mikasa? ––pregunto preocupado.

––Yo… ¿Estas aquí? ––¿acaso estaba llorando? Podía oír su voz entrecortada.

––Si, aquí estoy. Llegue en la madrugada ––mintió––. Estoy en la casa de Armin hasta que lleguen a limpiar mi casa. Entonces, ¿quieres que pasemos por ti o…?

––Iré para allá, estaré en diez minutos ––le aseguro.

Diez minutos, tal como dijo, estaba parada en la puerta una chica de cabello negro que le llegaba a la altura de los hombros, con unos profundos ojos que podía ser muy fríos e indiferentes, pero que hoy era la excepción, porque brillaban con una gran emoción de felicidad y estaban llenos de lagrimas sin derramar, aún. La bufanda roja que le regalo de niños, la traía puesta, no importa si hacia frío o calor, ella jamas se la quitaba. Lo embargo una gran felicidad volver a verla. Ella sin esperar un minuto, se abalanzo a él, casi tirándolo, lo abrazo y enterró la cara en su cuello y comenzó a llorar. Igual como si hubiera renacido después de ser tragado por algún malvado titán o algo así, porque no paraba de llorar a tal punto que humedeció su camiseta.

––Esta bien, Mikasa, estoy aquí ––trato de consolar a la pobre chica con suaves golpes en la espalda. La chica se alejo y lo observo aún incrédula, parecía que aún no creía que estuviera ahí.

––P-pensé… no creí que te vería tan pronto ––dijo ella entre pequeños hipos.

––¿Quieres que me vaya y regrese después?

––¡No! ––grito desesperada––. No quería decir eso… yo…

––Lo sé, me alegro que te haga feliz verme, yo también estoy muy feliz de verte.

La chica se sonrojo pero le sonrío.

––Estoy tan feliz de verte ––confeso la chica.

Él también. Las cosas empezaban a ser como antes y eso lo llenaba de un enorme alivio, igual que una anestesia que curaba todo el dolor que una vez sintió.

Antes de irse a la cafetería pasaron por su casa porque los de la limpieza llegaron, después de eso se fueron a la cafetería que siempre iban desde primaria.

La cafetería era un pequeño local de estilo europeo, con varias pinturas de Van Gong y Picasso, casi parecía un pequeño museo de ambos pintores. Pero el mas importante para la dueña, era uno de Frida Kahlo que estaba cerca de la caja registradora, aunque no había mas pinturas de ella, la dueña era una gran fan de la pintora. Los sillones eran acogedores, al igual que la cafetería, el olor a café impregnaba todo el lugar y daba ese toque acogedor. Había varias cafeterías de grandes compañías, él visito muchas veces Starbucks pero nada se comparaba a este pequeño local. Esas grandes compañías jamas sabrían lo que es hacer un lugar acogedor y cálido.

Mikasa no paraba de hacerle preguntas, aunque la mayoría trataban de como estaba y si no le habían hecho nada malo. La chica le aseguro que si alguien le hizo algo, lo buscaría y lo haría sufrir, no dudaba que no lo hiciera, pero le aseguro que todo estaba bien. Aunque no negaría que estuvo tentado de decirle de la ex-novia que tuvo antes, la cual le hizo bastante infeliz una temporada de su vida, pero lo desecho rápidamente, la chica fue una perra sin corazón con él, pero no se merecía la ira de Mikasa si se enteraba de ello. Platicaron bastante mientras bebían el delicioso café que servían ahí.

––¿Vas a venir a la universidad? ––pregunto esperanzada Mikasa.

––Si, me aceptaron de vuelta y empiezo las clases el lunes ––contesto con una gran sonrisa.

––¡Me alegro que lo hagas! Verás que la universidad sigue igual que siempre… ––agrego Armin alegremente.

––¿De aburrida? ––lo interrumpió.

––Bueno si, es bastante aburrida ––acepto su amigo con una sonrisa––. No ha habido muchos cambios, mas que tal vez Marco se mudo y cambio de universidad ––comento tristemente.

––¿Ah? No puedo creerlo, realmente me agradaba demasiado, pensé que lo vería junto a los demás. Espera, ¿no era el mejor amigo del idiota de Jean? ¿cómo lo tomo? ––le caía mal el maldito bastardo, pero podía entender la tristeza al tener que alejarte de tus mejores amigos y sabia que ese idiota era el mejor amigo de Marco. Siempre estaban juntos.

Mikasa miro a Armin y luego lo miro a él. No paso desaparecida esa mirada, iba a comentar aquel silencioso entendimiento pero Mikasa se le adelanto en hablar.

––Nada bien, estuvo completamente deprimido por un tiempo, aunque entendíamos lo que sentía… ––la chica lo miro casi como si él fuera un milagro recién aparecido y tuviera miedo que desapareciera––, por lo tanto tratamos de animarlo. Esta mejor y siguen en contacto, aunque no es lo mismo.

––Vaya, eso no lo esperaba. ¿Y los demás?

––Los demás siguen ahí ––comento Armin––, estoy seguro que estarán felices por verte.

––Eso espero, veremos que tal lo toman el lunes.

––¿Esperaras hasta el lunes?

––Bueno, no sé… ¿crees que estaría bien verlos el día de hoy?

––Yo creo que sería perfecto ––dijo su amigo con una sonrisa.

Pero Mikasa era otro tema, ella no mostraba el mismo entusiasmo que el rubio.

––¿A ti no te parece, Mikasa? ––pregunto el rubio a la chica.

––No, no me parece ––hizo una pausa y miro a Eren––. Yo quería pasar el día contigo.

Le sonrío a la chica. Comprendía que la chica quisiera pasar el tiempo solo con él, incluso él deseaba pasar tiempo solo con sus dos mejores amigos, pero no iba a negar que la perspectiva de pasar tiempo con sus otros amigos no le desagradaba para nada. Suspiro.

––Creo que estará bien si los veo el lunes y paso todo estos dos días con ustedes. Solo nosotros tres ––dijo con una sonrisa.

El rostro de la chica se ilumino completamente, al igual que el rubio, lucían igual que si les hubiera dicho que acaban de ganar la lotería. No pudo describir el enorme sentimiento de calidez en su corazón al darse cuenta lo amado que era por sus mejores amigos.

Tal como dijeron, ese día lo paso con sus dos mejores amigos, pasaron su tiempo en la cafetería hablando de cualquier tema, caminaron por las calles disfrutando de la despejada tarde y tuvieron una "pijamada" en la casa de Armin. Todo fue como antes, lo cual lo lleno de una enorme felicidad y finalmente se dada cuenta que las cosas del pasado tal vez ya no volverían a destrozarlo, (aunque quedarían como una enorme cicatriz) podría darse el lujo de volver a su vida sin tener miedo de no ser lo suficiente fuerte para afrontarlo.

El domingo, después de pasar toda la mañana con Armin y Mikasa, finalmente tuvo que ir a su casa. La tarde tenia pensado pasarlo acomodando su ropa y prepararse para la universidad al día siguiente, Armin quiso acompañarlo pero tenia tarea que hacer que tuvo que atrasar por su llegada. Mikasa fue otro caso, estuvo tan persistente en ayudarlo que tuvo que repetirle casi como veinte veces que estaba bien y él podía hacerlo solo, la chica no persistió mas porque también tenia un trabajo que entregar el día de mañana. Por lo tanto tenia toda la tarde para él solo, una casa vacía y con miles de recuerdos que le harían desear salir corriendo, pero tenia que acomodarse y no tratar alargar el momento, después de todo, ahí viviría durante el final de sus estudios.

Estaba en la casa, acomodando su habitación y sacando la ropa de sus maletas para colocarlas en sus respectivos lugares, tuvo que admitir que fue una tarea que hacia que tuviera la mente ocupada y lo relajaba volver a poner su ropa en sus lugares donde toda su vida estuvo. El armario de su casa era mejor que el que tenia en Londres, aquel apenas si entraba su ropa, aquí en cambio había lugar de sobra para toda su ropa. Después de acomodar su ropa dio un recorrido por toda la casa, abriendo habitaciones y checando los muebles, debía admitirlo, los de la limpieza habían hecho un excelente trabajo porque todo el lugar estaba impecable, no había ninguna prueba que esa casa estuvo un día cubierta por una enorme capa de polvo, todo relucía de limpio. Aunque, bueno, era de esperar con el dinero que le cobraron, según ellos alegaron que la casa era un desastre y por eso le cobraron esa enorme cantidad de dinero. Tal vez si un día había un tornado y toda la suciedad caía en su casa, volvería a hablarles, pero por el momento se tendría que conformar con hacer el aseo por el mismo.

Cuando tuvo que checar la habitación donde sus padres dormían, tuvo mucho cuidado al entrar, casi como si temiera que saliera alguien y le clavara un puñal en el corazón. Entro lentamente a la habitación, todo relucía de limpio, al igual que las sabanas. El tocador de su madre seguía teniendo sus pertenencias; las botellas de perfume perfectamente acomodadas; su alhajero, que cuando ella estaba viva siempre había un collar salido, pero ahora éste se encontraba perfectamente sellado; el peine completamente limpio, eso le dolió, su madre siempre le dejaba algunos cabellos pero parecía que alguien finalmente lo había limpiado; el maquillaje estaba ahí y podía estar seguro que los pinceles con los cuales se pintaba estaban guardados en el primer cajón del tocador. Se acerco al armario y contemplo toda la ropa que su madre una vez uso, parecía que su padre nunca se ocupo de hacer algo con ellas. Por un momento había pensado que su padre había guardado o regalado la ropa de su madre, pero ahora sabía con perfecta seguridad que desde que su madre murió, su padre jamas puso un pie en esa casa y dudaba que lo volviera a hacer. Cuando hablo con su padre para decirle que volvía a la ciudad, le pregunto si podía quedarse en la casa y éste le dijo que si, diciéndole que la casa era completamente suya. Era obvio que su padre buscaba una forma de hacer algo con la casa, no la vendía porque era lo único que le recordaba que su esposa existió, pero por el mismo hecho tenia miedo de pisarla. Bueno, él se ocuparía de la casa, no importaba que recuerdos trajera, él haría lo posible para hacer de esa casa la misma que fue cuando su madre vivía, estaba seguro que si su madre hubiera visto como estuvo la casa tan abandonada hubiera sufrido. Después de contemplar aquel cuarto, donde paso tantas horas mientras esperaba a su madre arreglarse o cuando iba a su habitación porque no podía dormir, salió de la habitación y la cerro detrás de él. Podía ser que fuera a vivir ahí, pero no significaba que estaba listo para todo ese mar de emociones.

Paso por paso, se recordó.

Fue al refrigerador, no supo que esperaba encontrar ahí si la casa estuvo tanto tiempo abandonada, ¿tal vez que apareciera comida por arte de magia? Pero aún así abrió el refrigerador y lo encontró completamente vació, y por supuesto, sin conectar a la luz. Bufo.

––Soy un idiota ––dijo en voz alta.

Conecto el refrigerador, fue a su habitación, saco una libreta y empezó a hacer una lista de compra. Después de terminar la lista, salió para ir a comprar todo lo que iba a necesitar.

Bueno, hoy empezaba a hacerse cargo de la casa.


Ah, me costo mucho decidir si dejar ese final o no. En realidad el capitulo era mas largo, pero sentí que si lo dejaba podía a llegar a ser mas tedioso, así que espero el capitulo haya sido de su agrado.

No estoy muy segura como va la historia, como dije, solo tengo mi opinión y no sé si sea agradable para los demás y vaya teniendo sentido esto. Así que si puede dejar su opinión, se lo agradecería.

Sin mas, ¡nos vemos!

Y nuevamente, ¡gracias por leer! ^ ^