Gracias a los amigos que leen y a los que me han comentado. Les respondo por PM. Yetsavé, ¡mil gracias! No sé por qué no puedo escribirte, no te veo con la opción de mensaje, te agradezco los comments. Por supuesto no me molesta que se piense que soy mujer, sobre todo porque acá no hay como aclararlo, sólo que soy hombre! :D Los he invitado a ver el tráiler o video promociomal del fic. Saludos.

Elevándose gigantesca en luz multicolor en plena madrugada, lanzando haces brillantes en todas direcciones sobre grandes edificios, calles y puentes que a su vez emitían destellos, la Torre Malfoy dominaba con sus trescientos pisos, el centro de la ciclópea Knockturn City.

Lucius Malfoy, de abrigo negro y bastón en mano, de pie en un balcón al aire libre cerca de la cima, observaba las construcciones de miles de ventanas en colores mezclados con sus formas complejas, surcadas por el continuo tránsito aéreo urbano.

Lucius sabía que, más abajo, en las construcciones aglomeradas de otros sectores de la ciudad, compleja y rica en recodos como un laberinto, se incubaban problemas que no pintaban muy bien.

Pero se trabajaba en ello. Ante los ataques de los primeros meses del final de la guerra, las alianzas Slytherin se hicieron más fuertes por instinto de supervivencia y buscaron otras formas de expresarse.

Fue idea de Scorpius. Las nuevas generaciones tenían ideas frescas. Buscando elementos desde la mentalidad del enemigo, se topó con el dicho de que se sabe dónde empiezan las revoluciones, pero no dónde terminan. Le sirvió para aprovechar una de las debilidades del Ministerio: no poder deshacerse de los Slytherin más importantes, por mucho que fueran culpables de haber apoyado a Voldemort.

Entendió que Slytherin eran los vencedores potenciales siempre y cuando conservaran la astucia. El Ministerio se aferraría a ellos, viéndolos como un mal necesario, pues estaban en la base de identidad del viejo orden. Descabezar y diezmar a sus antiguas familias, sólo se lograría si se estaba dispuesto a iniciar una revolución, pero como no se sabe dónde terminan, los gobernantes también corrían el riesgo de caer.

¿Para qué buscar problema? Muerto el mal mayor, Voldemort, todo volvía a quedar en dimensiones manejables, en el cómodo sistema donde el poder y la tradición daban impunidad y continuidad. ¿O con quiénes hubieran llenado el hueco de las familias emblemáticas? ¿Con los Granger? Cuestionado eso, todo se podía cuestionar, hasta al Ministerio. La alcurnia, que antes fue sello de vejez, hoy lo era de tradición recuperada.

Pero los defensores del viejo orden no pensaron que podía volverse uno nuevo. Y que fuera nuevo servía mejor a los Slytherin. Sólo había qué quitarse restos del pasado. Todo fue saber esperar el cambio de los tiempos. Así fue como la idea de la sangre pura arraigó hacia dentro, pero se retrajo por fuera, y los Slytherin de los Veintiocho Sagrados se convirtieron en un Consorcio.

Scorpius explicó a Lucius lo anterior, quien tomando la idea al vuelo entendió que el hueco dejado por Voldemort sería llenado por el más astuto.

Lucius en el balcón esperaba la noticia que apareció en varias de las gigantescas pantallas en 3D, rodeadas de resplandores de edificios cercanos. Torre Malfoy no daba noticias: eso era de clases inferiores. En la Torre Malfoy se creaban las noticias.

El Ministro Slughorn apareció en una imagen de varios cientos de metros, anunciando el motivo de su comparecencia ante las autoridades del Ministerio:

Siendo las 2:30 am, vengo ante ustedes para hacer formal el Decreto de Suspensión de la Libertad de Tránsito.

Lucius entró a la torre, bañado por la luz que venía de dentro, escuchando el siseo de las veloces aerocarrozas en largas columnas de faros.

Quiso ver a Slughorn con sus propios ojos y no con la pantalla visual. Lucius estaba un poco chapado a la antigua, pero su mentalidad era muy moderna. Finalmente la intriga es una actividad atemporal. Si no se pudo tomar el poder por la fuerza, se podía hacer por las vías legales.

Deshacerse del anterior Ministro, Shacklebolt, no fue demasiado difícil para los Slytherin en nuevo pacto, dada la ayuda que el mismo Shacklebolt les dio involuntariamente con sus políticas conciliatorias, que invitando a perdonar el pasado, a la mejor manera de Hogwarts, se debilitó. Con él murió la forma de ser que llevó a Harry a romper la varita de saúco.

En cuanto Harry venció, la moral dejó de ser necesaria al sistema.

En el desajuste siguiente fue sencillo facilitar el ascenso del ambicioso Slughorn, que llevaba 30 años forjando alianzas; además, el anciano demente lo hizo bien, pues se le vio como la cuña legal a insertar en el Ministerio. Y tenía sus propias ideas que encuadraban con los intereses del Consorcio: El interés de detener la caída del Estado Mágico.

Sabían que después de una guerra todo orden antiguo desaparecía. Si no podía evitarse, pensaron, entonces debían conservar su supremacía en el nuevo orden. Y conservarla pasaba por ser artífices de ese nuevo orden.

... de acuerdo con el Decreto –seguía el Ministro, escuchado en las calles por multitudes apáticas-, los controles de movimiento dentro y entre ciudades se harán más estrictos. Por seguridad del Estado, la presencia de los cuerpos del orden público será más notoria para los ciudadanos, en bien de su integridad personal...

De no contener la caída, pensaba el grupo de Slytherin formado entre otros por los Parkinson, los Lestrange, Nott, Urquarth, la parte sana de los Longbottom, los Zabini, Black, Greengrass y Snowyowl; de no contener ese declive, la sociedad mágica desaparecería en la crisis.

Una crisis no únicamente moral, social, sino la económica, con la devaluación galopante del galeón. Y fundamentalmente, la crisis de la magia.

—He hecho lo que se me pidió, Lucius –había protestado Slughorn ante las órdenes del Consorcio por emitir decreto tras decreto-. Primero, traer hasta el último mago repartido por el mundo, de sangre emparentada con la nuestra. También a squibbs de este país o de otros, engañándolos con que recibirían un estatus de reconocimiento del que carecían. También permitir la ciudadanía de muggles para tener fuerza de trabajo. Fue necesario para volver a fortalecernos y te recuerdo que mucho de ello fueron mis ideas. Pudimos repoblar y debo admitir que sobrepoblar las ciudades, pero es que debes dar un respiro a la gente...

—¿Quieres acabar igual que Shacklebolt?

Lucius Malfoy entró a un recinto amplio, plagado de módulos unidos por tubos, cableados y controles de todo tipo. Aquella tecnología semejante a la muggle tenía por objetivo almacenar e intensificar la magia que sostenía las ciudades, porque la magia sola ya no bastaba. Lucius atravesó un umbral marcado con luces azules en su contorno y se detuvo en un área despejada y amplia, oscura excepto un haz de luz sobre él y otro enfrente, donde se hallaba Dumbledore, de cuerpo completo, pero transparente. A su través se veían equipos colocados más allá. Por su condición de proporcionar una imagen fantasmal, al equipo se le llamaba como un viejo antecesor, el Velo.

No necesitaba ir a Hogwarts para hablar con Dumbledore: Lucius lo hacía aparecer desde el retrato hasta una de sus oficinas en la Torre. Para eso lo tenía de empleado. Lo interrumpió cuando éste saludaba:

Lucius, muy buenas n...

—Déjate de estupideces de cortesía, Albus. Debes enviarlos hoy mismo a encontrar al maldito Potter.

Los méritos, la valentía, la generosidad, había sido el motor del Trío; pero una vez finalizada su misión se les podía agradecer, dejándolos con la recompensa de su conciencia tranquila. Su trabajo finalmente fue permitir la vuelta de los Sagrados. Lucius refunfuñó:

—Estamos teniendo un problema, Albus. ¿No lo entiendes? Esos accesos de Potter donde se reactiva en él la condición de horrocrux, no son únicamente crisis emocionales.

Con todo y lo odiosa que le era, Lucius reconocía las afirmaciones de la incómoda Granger, que si bien chocaron con oídos sordos, eran ciertas. Granger afirmaba que los primeros días de finalizada la guerra fueron de una esperanza en que todo mejoraría, pero que era una ilusión. Que nada pasaría si los magos no actuaban. Pero la sociedad estaba postrada por la guerra. Y que podía aparecer un peligro imprevisto.

Las predicciones de la Gryffindor se cumplieron: conforme pasaron las semanas el Ministerio dio muestras de no haber aprendido nada. Los juicios no llegaron a sus últimas consecuencias como se prometió. El Ministerio se encaminó a actuar como antes, sortear la crisis y mantener su cuota de poder. Las esperanzas se frustraron y las huellas de la guerra recrudecieron: destrucción, pobreza, dolor. Las promesas se revelaron como palabras para ganar tiempo, la careta del no hacer nada.

Por eso Potter y Weasley uniformados de aurores eran tan graciosos a los viejos Slytherin. Par de ingenuos policías. Granger mostró más inteligencia al evitar esa posición. Claro, maniobra de Snape. La reactivación de la Brigada Inquisitorial a nivel estatal brindó a muchos un espacio donde no luchar contra el sistema, pero ser agentes libres.

Y por si los males presentes fueran poco, surgió el problema imprevisto.

Dumbledore insistió en lo mismo de hace días, porque la nueva crisis de Potter llevaba una semana para cuando Snape se había enterado:

Harry primero tuvo recuerdos involuntarios de la mente de Voldemort, eso lo supimos por los medimagos de San Mungo. Luego tuvo pensamientos intrusos, o sea que Harry tenía pensamientos que sentía llegados desde fuera, que no eran de él. Lo que te digo es un cuadro de desajuste, el pobre de Harry...

Lucius se enfadó y casi mostró los dientes en una mueca de odio:

—¡Ese fue el problema, Albus! Cuando Voldemort descubrió... (¿en qué pensabas cuando le permitiste crecer, pese a lo loco que él estaba?) Cuando descubrió el Programa Horrocrux lo hizo como se debe: partir la personalidad en quántums o fracciones operativas a partir de las cuales lograr auto-identificarse. También para mantener la coherencia del resto de su mente a partir del quántum. Colocó esas fracciones en objetos. Objetos, Albus, pero al cargarlo sin querer en Potter lo hizo en una mente. Como Potter lamentablemente no es un objeto sin vida, no sólo guardó, sino que asimiló. Por eso tuvo tantas semejanzas de carácter con Riddle. Era el programa corriendo. Es un cerebro, Albus, un maldito cerebro vivo, no un guardapelo, sino miles de millones de neuronas donde la identidad de Voldemort y parte de su poder puede distribuirse. Con una sola partícula, con un quántum residual, el sistema completo de la mente de Voldemort puede reorganizarse. Eso fue lo que pasó, una fracción de Voldermort quedó en el cerebro de Potter y se ha fortalecido. Por eso tiene esas crisis.

Yo...

—Cuando Potter siente que se recupera, es porque la fracción Voldemort pierde cohesión y cae en sueño, Albus, pero si toma conciencia de ser Voldemort en el cuerpo de Potter, éste será quien duerma y nunca despierte. Y cuando eso pase estamos acabados, Albus, todos, yo, tú y tu colegio obsoleto. Albus.

Es que, yo...

—¿Sigues sin entender, Albus? No es un recuerdo de Voldermort, no es un delirio de Potter. Es Voldemort, Voldemort en persona, imbécil anciano, ¡Voldemort en persona quien puede volver! Si la fracción Voldemort se recupera, estamos acabados. Seremos baldosas del suelo a sus pies. Lo que hemos construido se lo apropiará. Nos hará sus esclavos de nuevo. Así que ya es hora que espabiles y actúes.

Estoy trabajando en eso, Lucius, yo...

—¡No trabajes, inepto! –gritó- ¡Hazlo ya, envíalos ya o te quitaremos la dirección de Hogwarts!

Dumbledore abría y cerraba la boca, coartado, sin hallar las palabras que necesitaba.

—Sí, ya sé qué estás pensando... –sonrió Lucius- Te estás preguntando cómo ponerme en mi lugar. Antes lo hacías tan bien, ¿eh? Detrás de tu escritorio me retabas y ridiculizabas. Hoy tratas de hallar aquel estado de ánimo para enfrentarte a mí, pero no puedes. ¿Sabes por qué no puedes? Porque cuando te reconstituimos eliminamos esos elementos de tu carácter. Hoy no te das cuenta que hablas del "pobre Harry" con su enemigo. Y no importa que yo te lo diga. No acabas de entender.

Dumbledore se desesperaba.

Yo... yo...

—Nunca lo conseguirás, Albus. Quemamos tu retrato mágico y pusimos tu fantasma. A ti. Esto que eres hoy. Nunca más serás Dumbledore por completo. Nunca. ¿Y sabes qué eres? Mi maldito y arrastrado puerco elfo doméstico. ¡No te hagas el importante, viejo estúpido! ¡No lo eres! ¡Te tenemos en Hogwarts para que obedezcas! ¡No nos hagas esperar por hacerte el importante! ¡Llámalos y diles que deben nterceptar a Potter! ¡Deben buscarlo a pie porque hemos perdido su señal! ¡Vivo o muerto, mejor muerto, por eso va Parkinson!

¿Y cuándo... cuándo podré ver a mi hermana? –casi sollozó.

—Ah... eso... -sonrió Lucius- Pórtate bien y lo veremos.

Rumbo a Knockturn, Hermione y Snape en la locomotora con Tonks y Lupin a quince vagones de distancia y Pansy todavía más allá, con la moto en su compartimiento, analizaban.

La orden de Dumbledore fue hallar a Harry y traerlo a Hogwarts. Quien lo lograra, "como fuera" -Pansy asintió, tomando nota del matiz- recibiría los pasaportes. También les dio una garantía firmada con su genoma.

Sin hablar, la pareja cavilaba al cruzar la campiña desolada, en la locomotora sin ocupantes excepto los de la Brigada, cuando Knockturn apareció brutalmente, desplazándose al otro lado de las ventanillas.

Y también brutalmente sonó el primer disparo, o para ser exactos, su retumbo a lo largo de la locomotora 4900.

Granger, Tonks, Parkinson, Snape y Lupin consultaron sus pantallas instantáneamente: estaban en el cuadrante 20 de Knockturn, una de las zonas industriales.

La pantalla con esquema de movimientos de personas, aparecía transparente en su campo visual normal y empequeñecía o detallaba por acto reflejo.

La locomotora estilo Hogwarts se detuvo en medio de una vía elevada, entre un edificio con aspecto viejo a sus espaldas y vacío al otro lado. Un auror entró sabiendo que hallaría agentes de la Brigada Inquisitorial y simplemente los invitó a descender: pese a su baja potencia de fuego, en tanto que eran policía política, cualquiera de ellos podía arrestar al que quisiera, incluido un auror.

El primero en saltar a las vías fue Snape, quien había entrado en la Brigada para no volver a Hogwarts. De todos modos el estilo de Inquisidor le quedaba. Y por eso reclutó a Granger. Para sacarla del marasmo y de paso, quitársela a Weasley... Cuando dejó de verla se descubrió añorándola, sin saber cuándo se había enamorado de ella. La mejor parte era que Hermione amaba en secreto a Snape, aunque de estudiante nunca lo admitió.

Nymphadora bajó con su cabello violeta, seguida del callado Lupin, cuyo cabello se desordenó con el salto. Pansy sentó en lo alto de uno de los vagones, con gesto grave. Asomaron por la vía. El edificio de atrás apenas tenía sesenta pisos, en ladrillo que recordaba al callejón Knockturn, pero con añadidos de metal y estructuras modernas como los puentes que lo conectaban con otras edificaciones; las pantallas no mostraban información de quién estaba abajo, por ser datos restringidos, de modo que la vista servía mejor.

—Son del Korps –identificó Nymphadora.

Em efecto. Se reconocía al mayor cuerpo represivo: fuese mujer u hombre, a unos cincuenta metros abajo, un bloque de unos trescientos formados tras un tanque llevaba el uniforme negro de camisa con corbata, pantalón, botas y gorra militares, más el largo abrigo de cuero verde olivo. Los oficiales tenían distintivos gris plata.

Y el escudo de Slytherin en las insignias de cuello y en los tanques, por donde asomaban oficiales.

Los soldados Slytherin eran un mar de gorras, varitas en mano y algunos con armas de aspecto muggle. Se intercalaban entre tanques pesados, de largos cañones, enfilados hacia las siluetas de enormes tubos, chimeneas y estructuras de una zona industrial de la que brotaba humo y fuego.

La Brigada Inquisitorial estaba dividida en Regimientos. Ahí estaba Parkinson, del Dolores Umbridge; Lupin y Tonks, del Pomona Sprout –fallecida el año pasado; Granger y Snape, del Fred Weasley. Pero para las acciones de verdadero control, con uso de armas pesadas, se había creado el Slytherin Korps.

Por la torreta del primer tanque asomaba un coronel del Korps. El vehículo de largo cañón destacaba oscuro sobre la distancia de edificios iluminados de vivos rojos, azul y blanco en sus cientos de pisos.

Era el Slytherin Axel Nott, observando desde la torreta, con parsimonia, el fuego a relativa distancia: habían reducido a los de un edificio al Norte, pero quedaban los más fuertes, los del complejo industrial. Lo que cayera se levantaría con fuerza física y no con magia, que resultaba endeble para estos trabajos. Y no importaba qué se destruyera pues se cobraría indemnización al mundo muggle.

De sus tiempos de estudiante, el coronel Nott recordaba que la Gran Escalera de Hogwarts no volvió a moverse luego de la batalla. Algo en el núcleo de la magia había quedado herido con la guerra. Pero se sentía cómodo usando tecnología adaptada de la muggle, que se propulsaba con magia y sus armas eran mágicas.

—¿Alguien los lee? –preguntó Nott viendo en su pantalla virtual, a sus oficiales.

—Traen esos cascos muggles acorazados, coronel –comentó uno-, de los que no permiten aplicar el Legeremens.

—Entrarán a la Slytherin –dictaminó Lupin, de corbata anudada, haciendo una especie de mohín con los labios y peinándose de lado con los dedos.

Hermione volteó a verlo con la habitual mezcla de alegría y nostalgia. Le daba gusto que Lupin y Nymphadora, que asintió al lado de él y le tomó la mano, hubiesen sido clonados. Era lástima no haberlo logrado con Fred y otros. También que los prófugos Scabior o Bellatrix que vagaban en los alrededores del Valle de Godric, sí fueran replicados.

-Expelliarmus –dijo Nott, de cara al complejo industrial.

Del cañón del tanque brotó un ancho haz blanco con ramificaciones azules irregulares en torno, que golpeó en una barricada improvisada en la entrada del complejo, haciéndola saltar por los aires. Con esa capacidad, el hechizo era casi igual que Avada por la potencia del golpe, pero Avada sí que mataba todo lo cercano por enfrente aunque no lo tocara, por eso no se le usaba en forma indiscriminada.

El tanque avanzó, encabezando una procesión que venía por la ancha avenida que cruzaba por debajo del puente de la locomotora.

Pansy, montada en la Harley-Davidson, pasó sobre los vagones, cayó perfecto amortiguada en los rieles –debia ser una moto modificada- y se detuvo a un lado de Hermione y Snape, viendo hacia abajo, con los googles puestos. La moto ronroneaba. O pasaba algo interesante o se marchaba.

Al parecer su gran amigo está atrapado en el complejo. Corre peligro con la próxima escaramuza –el coronel Knott se comunicó por audio con los de la Brigada.

¿Quién? ¿De los vivos, de los clonados?

—¿Cuál amigo? –preguntó Hermione.

El coronel del Korps respondió con extrañeza:

Potter, claro está. Harry Potter. ¿Quién más es su gran amigo?