El aviso del coronel sacudió a los cinco, en las vías de la locomotora. ¿Harry, en una próxima escaramuza?

La asesora del ministro Slughorn me informa que pueden unirse a nuestras filas –añadió Nott-. Si van a entrar, fórmense tras los soldados que siguen a mi tanque. Una vez dentro procedan como decidan. No estorben la operación.

Pansy saltó en la Harley al vacío, pero en el aire, las dos ruedas se colocaron horizontales y de ellas, dos chorros de aire le permitieron descender lentamente.

Cuando los demás bajaron con el hechizo de Aparición, tuvieron que colocarse detrás de los Slytherin y antes del tanque siguiente.

A esta altura, el tanque artillado del coronel Nott era masivo, pues a lo ancho tenía casi ocho metros y el doble de eso, a lo largo. Más todavía, delante de los Slytherin de abrigo verde y gorra negra, la torreta del tanque se elevó con el coronel asomando, casi cuatro metros más. A los costados de todos, las enormes torres de la ciudad se dirigían al cielo, llenas de luz y enfrente, la mole del complejo se dibujaba en tuberías, instalaciones y edificios de metal.

El escudo grabado a un lado de la torreta resplandecía con las luces de la calle: la serpiente con el rótulo SLYTHERIN KORPS y abajo, el número de la División, la 1313.

Hermione vio hacia atrás, avanzando con los demás de la Brigada, luego del bloque de Slytherin cubiertos por el tanque de Nott. A espaldas venía otro tanque, pero no se veían los soldados resguardados tras él, y notó que la fila debía ser de unos diez o más vehículos artillados, porque se desplazaban por la ancha avenida en una curva. A lo lejos, sí se distinguía a los uniformados entre cada vehículo.

Nymphadora echó un ojo a los del Korps: Slytherin circunspectos, trotando graves con las viseras de las gorras dando sombra a sus ojos, varitas en mano y algunos con armas estilo muggle. Uno de los efectos de abrir las fronteras para recibir a muggles con promesas de trabajo, vida mejor y luego esclavizarlos, fue recibir influencias de su estilo, por ejemplo en las armas y para no ir más lejos, en el mismo Slytherin Korps, ejército al que se destinaba a la mayoría de los alumnos de Hogwarts de la Casa de Salazar, que en los últimos tiempos creció exponencialmente y admitió a mayores llegados de otros países, pero con sangre de familias del Estado Mágico. El Ministerio no había permitido que otras casas integraran cuerpos armados.

Los tanques Slytherin llevaban como arma primaria el largo cañón de hechizos. Ahora, cada vez más cerca de la entrada del complejo, en cada esquina del vehículo acorazado se elevaron baterías de tres cañones, resguardando los flancos, que eran las armas secundarias tipo muggle.

—De acuerdo con el plan –ordenó el coronel Nott.

En los comunicadores se escuchó la voz de cada mando de tanque al decretar:

Protego.

Cada tanque se rodeó con una esfera azul que se desvaneció al instante, pero el encantamiento permaneció. Al unísono, los tanques aceleraron y se formaron en línea de cinco en fondo, seguidos rápidamente por los a pie.

El coronel del Korps ordenó a la computadora del cañón.

¡Bombarda Máxima!

Copiado por la primera línea de tanques, las bocas de los cañones del resto de la fila, y los de atrás, que elevaron la artillería, emitieron esferas de luz y sin mediar nada entre ellas y sus objetivos, muros de concreto y tuberías reventaron en explosiones, derrumbándose.

Sin perder un segundo, se lanzaron al ataque. Hermione al lado de un Snape adusto que avanzaba a paso rápido, sin correr, pero sin quedarse atrás, erguido detrás de los otros Slytherin y al lado de Tonks y de Lupin. Éstos no podían evitar inclinarse un poco, pues los proyectiles de los que ocupaban el complejo comenzaron a rebotar en el tanque, en tintineo en apariencia inofensivo. Las baterías de los costados respondieron, disparando proyectiles sólidos y unas líneas casi invisibles que debían ser descargas de plasma, capaces de quemar casi todo lo que tuviera enfrente.

Los tanques cruzaron en mastodontes mecánicos los escombros del perímetro del complejo, y Hermione distinguió una señalización en metal, apenas colgada de un tornillo en una barda derruida, que indicaba: CENTRAL MÁGICA 01101. Así que esto era, pensó, un motín de squibbs y muggles esclavos en una estación almacenadora de magia, para alimentar no sólo Knockturn, sino ciudades cercanas y sus instalaciones públicas y oficiales. Por eso enviaban al Korps. ¿Qué haría Harry en este lugar? Necesitaban ir por él. Los pases le importaban menos que sacarlo de ahí.

Los tanques entraron abriéndose en abanico y disparando sin aviso. Pansy, que calculaba a mil por hora y buscaba en su pantalla virtual alguna configuración afín a Harry que delatara su presencia, recordó que las centrales mágicas eran pequeñas ciudades dentro de la megalópolis de Knockturn. En receptor escuchó transmisiones entrecortadas de los hechizos, Confringo y Cistem Aperio causando explosiones y sacudidas en las instalaciones, demoliéndolas con estrépito, o Incendio que crearon llamas, con las cuales los amotinados comenzaron a aparecer.

En efecto eran muggles y squibbs, que usaban mascarillas antigás y cascos recubiertos que detenían los Legeremens y Obliviate con tecnología muggle de computación neuronal. También llevaban capas que les protegían el cuerpo de Sectumsempra, protecciones de origen muggle basadas en la creación de un campo estático personal. Armados con ametralladoras abrieron fuego desde barricadas y puntos elevados de la central. Algunos Slytherin, cuando todos dejaron la protección de los tanques para entrar a los edificios guiados por los oficiales, usaron las armas de proyectiles que llevaban y otros se enfrascaron en combates usando las varitas.

La batahola se armó en un segundo: explosiones, siseos, crujidos, fuego y humo. Dejando el tanque de Nott y quedando juntos para no moverse hasta no tener confirmación, los de la Brigada se guarecieron en una instalación sin defensa, consultando sus pantallas visuales, recibiendo la información del escaneo que los chips realizaban de la zona, en busca de Harry. Hermione medio inclinada junto a Tonks y Lupin en cuclillas, Pansy en la moto y Snape de pie. Ráfagas de humo los cruzaban, oyendo los siseos de las armas muggles y el crepitar de los hechizos. Aquella batalla iba a durar un día o dos.

En la torreta del vehículo artillado, el coronel Nott hablaba con Astoria Greengrass, que había suplido a Percy Weasley como asetos del Ministerio.

—Instrucciones, si mi División encuentra a Potter primero –solicitó Nott, en el tanque que avanzaba, disparando por las baterías.

Entrégalo a Parkinson ¬–le respondió Astoria, diminuta a cuadro.

—Instrucciones, si pretende matarlo –quiso confirmar para no tener problemas.

Mira a otro lado.

Una explosión grande, todo recto, que levantó una enorme lengua de fuego. Nott se extrañó:

—¿Es definitivo? ¿Dejar que muera Potter? Lo han mantenido vivo como emblema de nuestra tolerancia y agradecimiento.

Eso ya quedó atrás. Serpens Máxima lo quiere muerto.

Astoria nunca fue caritativa, pero se había vuelto desalmada. Se le necesitaba así en su posición. La remoción de Percival Weasley había sido muy grata. Cuando los Sagrados se volvieron Consorcio Sagrado –debe entenderse, Slytherin-, éste se organizó rápidamente para tomar los puestos clave del Ministerio e hizo uso de su poder económico para apoderarse de la infraestructura.

Mientras las demás casas pensaban en luchas de principios a la vieja usanza, los Slytherin con deudas con la justicia, pero exonerados por la misma, astutamente diseminaron sus redes, apoyaron los movimientos de Slughorn cuando Shacklebolt se suicidó ante la perspectiva de deshonra y prisión por sus políticas fallidas, y cinco años después del final de la guerra, el Consorcio Sagrado era el amo económico y político del Estado. Entonces fueron por Weasley y los demás.

El coronel Nott, en lo alto de la torreta del tanque, que desplegada alcanzaba los doce metros de alto y con aquel enorme cañón que obedecía como una varita, recordaba aquella noche. La recordó viendo las llamas de las instalaciones de la central mágica, atacada por los tanques, éstos ya incursionando por las calles de la casi ciudad, disparando a destellos por los cañones y elevando hongos de humo por el golpe de los Bombarda Máxima.

Recordó la noche cuando el exprofesor Slughorn asumió el cargo de ministro. Las tertulias en Hogwarts rindieron fruto, y estaba en el lugar adecuado, empujado por los Malfoy, los Parkinson y los demás Sagrados.

Fueron horas de amenazante promesa. Slughorn cruzó un Atrio ministerial de poco movimiento, debido al shock por el suicidio de Shacklebolt y por no querer hacer olas. Slughorn pasó como un empleado más, frente al Monumento al Poder de la Magia, del que haría levantar réplicas en varias ciudades. Pero esta noche llevaba otra misión.

Lo primero al llegar a su despacho del primer piso, fue dar curso a los nombramientos decididos por los Sagrados. Estampó su firma en cada papiro de la oficina del Ministro. Subsecretario: Theodor Nott. Asesora: Astoria Malfoy. Asistente Junior: Altair Parkinson. Oficina de Aurores: Rabastan Lestrange. Éste fue el nombramiento más escandaloso, pero también llevaba seis meses de creado el Slytherin Korps.

Pese a su participación la noche de la purga, Axel Nott no era promovido a general para no darle gran mando de tropas. En el tanque, ordenando los hechizos para atacar instalaciones, cuidando de no volar las importantes, se caló la gorra negra viendo sin emoción caer muertos a muggles y a squibbs. Había que poner orden. Eso se hizo aquella noche.

El Profeta Digital, dirigido por Millicent Bulstrode, tenía preparada la noticia antes de la acción: "El Ministro Slughorn Pone Orden". Nott y otros exalumnos excepto Draco, ninguno de los Malfoy debía figurar, aunque estaban detrás de todo-, recibieron en transmisión la frase Cáliz por parte de Lucius Malfoy y en los embriones de cuerpo represor que entonces eran, detuvieron a mortífagos ocultos al brazo de la ley, apoyadores de Voldemort y gente que jugaba a dos bandos, ejecutándolos al pie del Monumento al Poder de la Magia, donde quedaron apilados. No fue justicia, sino quitarse competidores y futuros conspiradores. Al petulante de Percival lo mandaron a Azkabán.

No sólo en el Ministerio hicieron la purga. Fueron a casas, escondrijos y calles donde estuvieran los identificados. Derribaron aerocarrozas, los interceptaron en la Red Flu y en las torres donde estaban. Los ejecutaron sin preguntar, incluyendo a familiares cercanos para evitarse futuras venganzas. A Rita Skeeter la detuvieron en las oficinas y la ejecutaron en una callejuela oscura. Pidió por su vida, pero no hubo piedad. Quedó con los ojos abiertos de sorpresa y con alguna nota ingeniosa en mente. Se consideró su pseudo-periodismo como peligro contra el Estado. A los de mayor riesgo, líderes, los mataron saturándoles los chips cerebrales. Las réplicas de Bellatrix y Scabior lograron escapar y hoy vagaban en tierra de nadie, reclutando licántropos, brujas y magos negros hartos del control del Estado.

Aquel grupo de ejecutores se había vuelto un ejército represivo. Elementos de otras casas tenían cargos en el Ministerio para aparentarse tolerancia, pero carecían de poder. El poder había quedado en los Slytherin de negra trayectoria, arrastrando a los demás. No era la primera vez que el Korps 1313 aplastaba una revuelta. Como ahora que corrían por las galerías, lanzando encantamientos con las varitas u oprimiendo gatillos.

Los de la Brigada, colegas por fuerza, pero no todos camaradas, recibieron la información al mismo tiempo en las pantallas:

CONFIGURACIÓN AFÍN A POTTER, HARRY.

Los primeros en aparecer en la zona donde debía estar Harry, fueron Hermione y Snape, llegando an un sótano plagado de arcos metálicos cuadrados, sonorizado por ecos de disparos, en penumbra excepto por luces al fondo. Quién sabe por qué el suelo estaba mojado, posiblemente porque en el combate se rompieron los ductos de refrigeración. En destellos de luz se dibujaban las sombras de los Slytherin del Korps, lanzando hechizos con las varitas hacia el enemigo. Una de ellos lanzaba una ráfaga con un cañón de bombardas portátil que se apoyaba en la cadera.

Después llegaron Tonks y Lupin, un poco más a la derecha, pisando serpientes que reptaban creadas por Serpensortia, programadas para envenenar a enemigos desprevenidos; ambos se inclinaron para evitar el lanzamiento por los aires de equipos muy pesados hacia las barricadas usando Depulsos. Vieron a los del Korps saltar en grupos por los parapetos donde yacían muggles y squibbs muertos por hechizos o consumiéndose en llamas.

Disparos y hechizos reventaban mientras Lupin vigilaba tras una columna de metal y Nymphadora en cuclillas a su ladomovía los ojos de un lado a otro, leyendo la pantalla virtual.

—¡Harry está un sector más a la derecha, Remus! –salieron corriendo allá.

Hermione y Snape también iban en esa dirección, a la carrera. Los estampidos y crujidos, destellos de hechizos se potenciaban en el ambiente cerrado. Corrían parapetándose. Nadie usaba el hechizo de Aparición en un combate si no sabía dónde se saldría. A la castaña le era claro que Nymphadora y Remus tratarían de entregar a Harry en Hogwarts creyéndolo a salvo con el fantasms de Dumbledore, el viejo error de creer que se tenían autoridades fiables; para la castaña y Snape era salvarlo de Pansy Parkinson, porque ella…

Como si la hubieran invocado, el rugido de la Harley-Davidson tronó en el sótano.

Levantando cortinas de agua con las ruedas de la moto, Pansy conducía al tiempo que un cañón de bombardas adosado a la Seventy Two disparaba contra una gran barricada al final del área. Según la pantalla, ahí estaba Potter. Así que debía matarlo, llevarlo ante Dumbledore y con los pases dejar Mundo Mágico para siempre junto con su esposo.

Los oficiales del Korps la reconocieron al cruzar en la moto, entre los pelotones que tiraban a la gran barricada. Pansy Parkinson era legendaria. Parkinson no había aceptado el cargo de asesora del Ministro, pues dijo que la política no era lo suyo, pero la verdad era que para ella, la forma que había tomado el mundo de la postguerra no era Slytherin; para escapar de las luchas por poder ingresó en la Brigada Inquisitorial, un cuerpo más bien informal y a donde habían ido a parar los inadaptados del Nuevo Orden.

El cañón de bombardas era como la varita: un destello en el extremo y una explosión en el punto de ataque por lo que, conduciendo paralela a la barricada protegida por altas planchas de metal y mirillas por donde asomaban los cañones de muggles y squibbs, Pansy lanzó ráfagas, acertando varias en cuerpos de los rebeldes que reventaban por la fuerza del estallido.

Los del Korps se dieron a cubrirla, por lo que en segundos se saturó en fuego, trozando la barricada.

¬—Qué locura –dictaminó Nymphadora, asomando por una columna, rodeados por los estallidos- ¿Parkinson está loca hoy o siempre fue así?

—Siempre fue así –aseguró Remus, apoyado en el soporte.

Tras el Protego de la Harley, Pansy subió la potencia de su cañón portátil y sin bajar la velocidad, acertó en la base de una estructura, desplomando el resto sobre los defensores en un mar de restos y polvo.

Encabezados por los oficiales del 1313, los soldados corrieron hacia la barricada disparando con las varitas y las demás armas.

La gritería se generalizó. Hermione y Snape aparecieron pasando la barricada destruida, cerca de una terminal de la Red Flu, envueltos en la humareda atravesada por la luz rotatoria de la entrada de la estación.

—No tengo su señal –dijo Hermione.

—Está cerca –afirmó Snape.

Una voz juvenil la llamó:

—¡Hermione!

Los dos apuntaron con las varitas hacia la conocida voz.

Era Harry.

Extrañamente, en el uniforme de Hogwarts, de túnica y corbata.

Cinco años no lo habían cambiado en nada, pese a las amarguras vividas. Se veía exactamente igual que en su época de sexto grado. Únicamente la expresión era diferente, enojada, casi cruel. Llevaba la varita en una mano.

—¿Sabes dónde he estado? –preguntó Harry, arrancando breves ecos al lugar casi vacío; ecos de detonaciones venía de cerca- Yo no lo sé, Hermione. Despierto en sitios desconocidos, pero algo me dice que no he hecho cosas buenas. ¡De haber venido por mí, es mejor que te vayas!

—¡Harry, Harry, no digas más! –gritó la castaña, bajando la varita- ¡Debemos irnos, están cazándote!

—¡Déjalos, Hermione, no me importa! –desdeñó; la luz giratoria lo entintaba de azul esporádicamente- ¡Ignoran que yo…!

Cinco detonaciones. A Hermione le costó hacer la relación entre los estampidos y las pequeñas explosiones en el tórax de Harry, que cerró los ojos haciendo mueca de dolor y sacudiendo la cabeza en cada golpe que le cimbró el cuerpo.

Le pareció verlo en cámara lenta: Harry soltando la varita, relajando el rostro con la mirada vacía y perdiendo fuerza en las piernas, yéndose a plomo al suelo, donde le rebotó la cabeza, quedando con los brazos extendidos, inmóvil.

La Gryffindor miró al sitio de donde vinieron las detonaciones: corriendo, Pansy Parkinson salió de la sombra, apuntando a Harry con una pistola que llevaba en ambas manos.

Es un revólver de plasma, se dijo Hermione, embotada, tratando de entender. Cada disparo es una quemadora de atanor. Calcinó el corazón y los pulmones de Harry. La coció por dentro. Pansy Parkinson acaba de matar a Harry Potter.

Snape abrazó a Hermione deteniéndola, pues ella se disponía a lanzar un Avada a Parkinson. La castaña oyó a lo lejos la voz de él: "¡Si la matas estamos acabados!", pero al mismo tiempo él apuntó a la Slytherin, pues los encañonaba. Pansy desvió el arma hacia el cuerpo inmóvil de Harry, mostrando la otra palma vacía.

—Me llevaré el cuerpo, profesor Snape, ¿de acuerdo? –preguntó en tono de orden, sin alterarse.

Hermione estaba tan horrorizada que no atinaba a gritar, llorar, enfurecerse o maldecir. Pansy apuntó al suelo, retomando el revólver con ambas manos; se acercó al cuerpo de Harry, bañándose con la luz rotatoria de la terminal Flu. Se acercó la varita con el pie y la levantó, sin dejar de apuntar al caído, aunque debía recibir como todos, la información en pantalla de que Harry no tenía signos vitales. Pero no por confiarse, Pansy estaba viva. Ninguno de ellos.

—Cumpliste tu sueño –dijo Tonks, detrás de Snape que abrazaba a Hermione, deshecha.

Pansy no se dignó responder. Revisaba a Harry una y otra vez en pantalla, comprobando su identidad.

Pero lo siguiente fue para herirlos. Viéndolos seria, tomó a Harry de la túnica y lo arrastró por el suelo hasta la moto, donde lo dejó caer. Con la varita lo elevó y acomodó boca abajo atrás del asiento del conductor. Con su misma mirada dura, e inexpresiva del rostro, Pansy se sentó en la moto y haciendo el pase, desapareció.

Snape se levantó. Remus y Nymphadora fueron con Hermione, colocándole las manos en los hombros, en silencio. La castaña no lograba llorar, llena de náuseas, incrédula.

Más atrás, los Slytherin del 1313 tomaban prisioneros entre los cabecillas, para interrogatorio, aunque la mayoría en esta instalación se había suicidado. La batalla seguía en la mayor parte de la central mágica, como una vibración desde niveles superiores ahora que los disparos eran esporádicos. Aquí, parsimoniosos, los 1313 colocaban a prisioneros contra los muros y los ejecutaban. Decreto del ministro Slughorn: todo el que atentara contra instalaciones propiedad del estado era reo de pena máxima. Otros simplemente los encañonaban de pie y les disparaban. ¿Qué es esto?, se repetía Hermione. ¿Adónde hemos caído?

Snape igualmente los observó. Nacido en la misma Casa que Pansy Parkinson, tampoco reconocía a Slytherin en lo que atestiguaba. Para él, todo esto no era más que una vieja edad que intentaba sobrevivir a como fuera. La mentalidad de los mortífagos sin Voldemort, la mentalidad del Ministerio, en manos de los enemigos que cobijó con tal de sobrevivir.

Volteó a ver la terminal, tratando de entender qué más podían hacer.

En ese momento Pansy llegó a Hogwarts, llevando el cadáver de Harry Potter.