3 MERODEADORES SLYTHERIN
Autor: severusphoenix
CAPÍTULO 111: "Navidad 1993"
Rosmerta, Petunia y las niñas llegaron a la mañana siguiente. Ellas se afanaron en su preocupación por los 'inválidos', aunque intentaron recordar que los sujetos de sexo masculino de 13 años de edad solamente apreciaban ser mimados cuando nadie podía verlos. Petunia ya lo sabía de hecho, y Rosmerta había estado observando a los estudiantes de Hogwarts lo bastante tiempo para saber que no debía exagerar sus cuidados, por lo menos no en frente de testigos.
Dudley, Draco y Harry les contaron la historia completa, tomando turnos con los detalles. Beth exclamó y chilló en los lugares apropiados. Tori escuchó todo con atención y miró especulativamente a Seti para después declarar que era imperativo que ella tuviese un gato en la Navidad. Esto fue secundado inmediatamente por Beth.
Cuando Severus y Lucius llegaron, ellas inmediatamente demandaron enviar cartas de último minuto a Papá Noel para obtener 'gatitos navideños'. Los dos magos se miraron entre ellos e hicieron una mueca, aunque Severus quedó pensativo, cuando menos ésto le libraría del problema de pensar qué cosa comprarle a Beth para la Navidad.
Viendo su éxito, Tori y Beth saltaron sobre las camas para contarle a los muchachos todo acerca de su escuela. Beth evitó con cuidado la pierna herida de Harry, que todavia se encontraba más bien delicada.
―Quizás deberías conseguir un bastón como el del señor Malfoy, Harry ―dijo Beth con voz animada. Esto fue recibido con risas de parte de todos, incluido Harry. Las risas se hicieron mayores cuando Rosmerta extrajo un bastón de su túnica y se lo presentó a Harry. El mango era sencillo, a diferencia del de Lucius, pero los animales de las cuatro Casas estaban tallados en este.
―¡Genial! ―exclamó Harry, y Draco emitió unas pocas exclamaciones de celos, pero decidió que dejar que reemplazaran sus huesos para conseguir un bastón como ese no valía la pena.
Draco fue hacia las duchas para cambiarse de ropas, seguido por Harry, a quien Lucius le daba consejos de como usar el bastón. Cuando salieron de la Enfermería se toparon con un desconcertado Albus Dumbledore que estaba bajo la mirada fija de Tori quien le demandó que le contestara si era o no Papá Noel, y si era así, que ella había decidido que quería un gatito.
Albus sonrió ante la niña de mirada imperiosa y después a Lucius que estaba parado detrás de ella con una expresión arrogante casi idéntica, y una mirada de diversión en los ojos. Efectivamente, pensó Albus, la manzana no había caído muy lejos del árbol después de todo. Tendría que considerar jubilarse antes de que la joven Victoria acudiera a Hogwarts.
Beth llegó saltando con una sonrisa y riéndose, añadiendo que ella también quería un gatito, un kneazle, como el que tenía Ginny Weasley. Tori y Beth intercambiaron una sonrisa satisfecha cuando Dumbledore les prometió que la información llegaría a los oídos de Papá Noel. Sí, pensó Albus, de seguro que era un par que iba a dar que hablar.
Los oídos de Seti se movieron mientras estaba echado al lado de Dudley. ¿Otro felino en sus dominios? Bueno, suponía que eso haría que Tori dejara de perseguirlo para que se uniera a las fiestas de té de ella y Beth.
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La familia Malfoy fue por flú a Spinner's End cerca del mismo tiempo que los otros estudiantes se subían al tren para empezar sus vacaciones.
Severus se encontraba en una reunión de último minuto revisando los horarios con Dumbledore y los otros. Severus todavía estaba tratando de impulsar la idea de que, dado que se había quedado durante las vacaciones durante varios años seguidos antes de que Harry llegara a su vida, él también debería estar exento de quedarse por algunos años. La noción fue rechazada, tal como se lo esperaba, pero lo redujo a tan sólo tres días inmediatamente después de Navidad. Hasta Lucius, como "miembro del profesorado" había sido reclutado para vigilar Hogwarts unos días durante las vacaciones antes de irse con su familia.
Al terminar la reunión, Severus se volteó hacia Remus como si estuviese a punto de enfrentar un batallón de fusilamiento y se aclaró la garganta―. Aah, Lupin, en caso de que no tengas nada planeado, nos... agradará tenerte como huésped por unos días en la Navidad ―Severus trató de no verse demasiado esperanzado de que la agenda de Lupin estuviese llena.
El resto del equipo se fue después de dirigirle a Severus sonrisas benevolentes que provocaron su rubor, conteniendo su temperamento, y se rehusó a mirar a Dumbledore, su centelleo debía ser cegador en esos momentos. Remus sonrió con gentileza a Severus. Severus y Lucius lentamente habían empezado a descongelarse desde que Remus había revelado los túneles secretos. Severus le proveía con matalobos sin ningún comentario acerca de pelos en los muebles ni que tuvieran que 'sacarlo por las noches'. Lucius ya no señalaba acerca del como iba la luna en la órbita. Uno no podría llamarles amistosos, pero había un cese de fuego y de hostilidades que era bienvenido.
Y ahora esa invitación para Navidad... un poco de malas ganas, pero aun así... una invitación―. Me hará muy feliz ir de visita, déjenme saber los días que sean más convenientes ―contestó Remus con una sonrisa.
Severus asintió y escapó a la Enfermería para ir a recoger a Harry. Tom, Rosmerta y Beth ya se habían ido. Harry ya estaba listo, y ellos se fueron hacia el flú, con Harry apoyándose un poco en el bastón. Harry esperaba poder irse sin que la medi-bruja pudiera usar otra vez la palabra "delicada condición". Severus llevaba la jaula con Hedwig, mientras el ave se esponjaba con agravio, a ella no le gustaba el flú.
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Harry se acomodó feliz de nuevo en Dragonsrest. Se sentía muy bien estar de regreso en su hogar. Colocaron el árbol navideño, y Harry ayudó a podar las ramas, aunque tenia que sentarse con frecuencia por su pierna. Beth hablaba sin parar del gato que quería, de su escuela, de Hogwarts, de los dragones, de los niños nuevos en el "Hogar" de Tom, y otras cosas más. Harry se sentía aliviado, la mayor parte del tiempo no era necesario que ninguno de ellos respondiera nada. Esto era reconfortante de algún modo para Tom, Severus y Harry, ya que a veces era difícil para ellos llevar una conversación.
Fue sencillo podar el árbol en silencio y dejar que la niña parloteara, de ese modo, ninguno de ellos debía decir algún comentario amable acerca de las fiestas. Casi no sabían ninguno.
Rosmerta llegó con una bandeja de chocolate caliente, ponche de huevo, y algunos bollitos y galletas. Pronto Rosmerta y Beth se encontraban charlando y este ruido de fondo tranquilizó los nervios de los dos Slytherin, y a un especie-de-Gryffindor.
Tom aun se sentía como un fraude, con esta 'cosa' de las fiestas, a pesar de que con Dora y Harry y el resto se estaba volviendo más fácil. Le gustaba observarlos divertirse y eso le hacia sentir parte de toda la algarabía. Severus se encontraba igualmente dividido, aunque lentamente había aprendido a simular un poco de 'alegría navideña' para Rosmerta después de que habían empezado a verse. Con Harry, Tom , y ahora Beth en la mezcla, sentía que podía participar de forma más sincera, porque quería verlos felices. Harry podía recordar cuando era dejado de lado en las celebraciones, pero aquellas memorias se iban emborrando cuando ahora recuerdos más nuevos iban tomando ese lugar. Aun así sentía que una plática exuberante estaba más allá de él la mayor parte del tiempo.
Al final Rosmerta fue a llevar a una Beth que se rebelaba a la cama, y Harry fue ayudado a subir las escaleras por Severus, ya que el bastón y su pierna dolorida le hacían difícil movilizarse.
Cuando Severus estaba a punto de retirarse, ya en la puerta de su habitación, Harry preguntó con vacilación―. ¿Papá...? ―Severus se volteó hacia él.
―Cuando iba cayendo... ―continuó Harry, aumentando el interés de Severus―. Los Dementores... ellos me hacen escuchar cosas, y había tantos Dementores, podía ver vagamente sombras de las personas que oía. Podía escucharlos muriendo... mis padres, quiero decir. Mi padre estaba gritándole a mamá que me tomara y corriera y entonces oí como él moría, y mamá rogando y gritando mi nombre... ―Harry inhaló con dificultad―... y entonces al final hay una luz verde.
Severus dejó escapar el aliento y sus hombres se encorvaron. De todas las cosas para recordar... pero esa debía tratarse de la peor memoria de Harry. Él regresó al cuarto y se sentó junto a Harry en la cama―. Lamento mucho que hayas tenido que escuchar eso... los Dementores son unas criaturas repugnantes, nos hacen revivir nuestros peores recuerdos y se llevan los buenos al mismo tiempo. Esa es la razón de que se usen como castigo en Azkaban.
―¿Ellos se llevan las memorias? ―preguntó Harry espantado.
―Bueno, probablemente entonces no tuvieron tiempo para revisar tus recuerdos, y no los remueven completamente, no en realidad. Ellos se llevan la alegría del recuerdo, y por tanto hace que sea más difícil recordarlo. Como el recuerdo de ganar tu primer partido de quidditch, lo recuerdas con claridad porque es un buen recuerdo para ti, pero si ellos le quitan la felicidad es probable que se desvanezca y ya no puedas recordarlo tan claramente, o para nada.
―Oh, eso es horrible ―susurró, y miró a Severus intrigado.
Severus suspiró―. Yo me familiaricé con los Dementores justo después de la primera guerra, pasé unos días en las celdas de detención en Azkaban, en "espera de ser convicto oficialmente", antes de que Dumbledore interviniera por mi. Durante ese tiempo hubo tan sólo uno o dos Dementores a la vez, pero sentí que les gustaba demasiado. Probablemente esto se debió a que tuve verdaderos horrores en mi vida, al igual que tú, y algunos de ellos eran bastante recientes, por lo que yo era un objetivo tentador.
―¿En realidad alguien merece ser sometido a ellos? ―murmuró Harry. No podía imaginar estar con Dementores por años sin fin.
―Es una de las únicas maneras de encarcelar a magos y brujas. Los Dementores los mantienen demasiado acobardados y enloquecidos para hacer planes de fuga... casi siempre ―dijo Severus con una mueca―. Ha existido muchas pláticas acerca de construir una prisión de menor seguridad para crímenes menores, a pesar de que la amenaza de los Dementores evita muchos delitos en primer lugar. Y en realidad, la mayoría de los acusados de cargos menores se les mantiene en el ministerio, a veces hasta por meses.
Harry asintió, sintiéndose un poco mejor después de compartir la experiencia con Severus, quien había tenido encuentros similares con ellos.
―Necesitamos practicar el encantamiento Patronus contigo ―murmuró Severus mientras arropaba a Harry―. Hablaré con Tom... y Lupin estará aquí unos cuantos días... él también puede ayudar ―Severus detestaba delegar esta instrucción a otro... pero los encantamientos nunca habían sido su fuerte, ellos pertenecían más bien al dominio de Lily.
Harry sonrió sabiendo lo que le había costado a Severus invitar a Remus, y después el querer que el hombre le diera instrucción extra―. Gracias, papá ―le dijo suavemente, y Severus asintió, entendiendo que le estaba agradeciendo más que por ayudarlo a acostarse.
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Mientras todos estaban en el piso de arriba, Tom se apresuró a envolver sus regalos y los colocó con los otros debajo del árbol. Eran regalos sencillos, suscripciones a la revista de Quidditch, y guantes nuevos de cuero de dragón para Harry; un par de varas de cristal cortado para revolver calderos que Severus nunca soñaría en comprarse por ser demasiado onerosas; unos lindos aretes para Rosmerta. Se había apresurado a enviar a pedir cosas para el prometido gatito de Beth, junto con los juguetes que había pedido para ella. Y llegó al último regalo, algo que había ordenado hacer meses atrás. Un brazalete que hacia juego al que le había dado a Dora, con unos guepardos tallados en ámbar con esmeraldas diminutas como ojos.
Mientras había estado eligiendo el brazalete, se había puesto a ver un largo rato los anillos de compromiso. Quería comprar uno, pero sabía que Dora sentía que primero debía terminar su entrenamiento como Auror antes de 'pensar en algo serio'. Ellos habían hablado a veces acerca del futuro, pero con una guerra acercándose ellos sabían que era imperativo primero derrotar a Voldemort, ya que ambos se encontrarían al frente en las batallas. Aun así, le hubiera gustado ver su anillo en el dedo de ella, declarándola fuera de límites para todos esos Aurores novatos que podía ver mirando su lindo posterior. Siempre le hacia echar vapor el ver eso.
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Severus abrió un ojo con renuencia, sabiendo lo que le estaba esperando. Y seguro que sí, una hadita sonriente estaba al lado de su cama―. Tengo sed ―dijo. Como si a estas alturas la señorita Elizabeth no supiera donde estaban los lavatorios. Aun así, esto se había convertido en un hábito. Una o dos veces a la semana, cuando él estaba en casa, ella hacia esto. A las dos de la mañana, ella aparecía demandando agua. Severus reconocía en silencio que había alimentado el hábito por hacer un juego de transfigurar para ella vasos cada vez más exóticos o artificiosos.
Suspirando dramáticamente, como si se sintiera explotado, lo que la hizo dar una risita, tomó un pañuelo que tenia preparado para transfigurarlo en un vaso de cristal y con gran concentración se aseguró que tuviera grabado unos unicornios que daban cabriolas. Beth aplaudió con deleite. Él le dio un golpecito al vaso para llenarlo de agua y hielo, y después se lo pasó a ella. Ella se fue trotando feliz a su cama, dando sorbitos al vaso por el camino. Él la arropó, murmurando que era mejor que se quedara allí. Ella le sonrió feliz y dijo con voz aguda―. Buenas noches, Sev.
―Buenas noches, señorita Elizabeth ―entonó, haciendo que ella se le escapara otra risita. Él solamente la llamaba así durante sus reuniones de las dos de la mañana, el resto del tiempo había pasado a ser Beth.
Severus se estiró una vez en su propia cama, suspirando, y Rosmerta se volteó para susurrarle―. Ella los guarda, sabes.
Severus la miró interrogante.
―Los vasos que tu conjuras para ella ―se rio Rosmerta―. Ella los guarda todos en una caja en su armario. Tinker y ella tuvieron una gran pelea por ello la semana pasada, él quería limpiarlos y colocarlos en la alacena. A ella le dio una pataleta, insistiendo que se quedaran con ella en su habitación.
―Oh, ya veo... ―dijo Severus, aunque a decir verdad no estaba seguro que fuera así. La niña estaba guardando los vasos. Bueno, los niños eran notorios acumuladores y coleccionaban las cosas más extrañas, desde mariposas a rocas y tarjetas de ranas de chocolate. Eso no quería decir que los estaba guardando a causa de él.
Rosmerta contuvo el impulso de presionar, Severus ya se daría cuenta que ahora tenía una hija así como también dos hijos. Ya se comportaba como padre, y, eventualmente, el hipogrifo llegaría al rio.
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Neville Longbottom entró como tromba a la vieja habitación que había pertenecido a Callidora y aplastó con fuerza el pequeño retrato que lo había acompañado por más de dos años contra el retrato grande que la alojara forzándola a entrar allí. Ignoró con resolución sus ruegos y se fue de nuevo. Estaba cansado de los regaños del retrato acerca de que Blaise Zabini lo estaba llevando por mal camino después de los retos de su abuela de que él era una decepción para generaciones de Longbottom.
Estuvo a punto de decirle que no quería ir de visita con ella a ver a sus padres esas fiestas, pero no se atrevió a decirlo. A pesar de su locura y su falta de respuesta, quería verlos.
Cerró la puerta de su dormitorio de una patada y se arrojó sobre su cama. Iba a echar de menos a Callidora, ella había sido la primera persona que lo había ayudado. Lo ayudó a encontrar una varita que le funcionara para poder usarla en el colegio, fuera de la vista de su abuela. Había sido una excelente compañera para hacer planes cuando lo acosaba el tío Algie. Aferró su almohada, casi decidiendo regresar corriendo por ella.
No, pensó. Ella trataba de forma incesante de hacer que dejara a Blaise y a Vincent, quería que él comenzara a andar con Potter y Malfoy, o cuando menos que pasara más tiempo con Dudley y Ron.
Él extrañaba a Ron, y hasta a Dudley. Pero necesitaba quedarse del lado de Blaise; le demostraría a su abuela y a todo el resto que no era débil ni desvalido. Blaise tenia planes para ganar poder en el Ministerio cuando se graduara, para ser una voz poderosa para un cambio revolucionario que necesitaba hacerse.
Nadie lo descartaría de nuevo como a alguien 'innecesario' o sin importancia en el esquema de las cosas.
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Winton Granger estaba sentado mirando a su hija en un silencio horrorizado. Los dos últimos días, Hermione había estado explicándole a él y a su esposa muchas tradiciones del mundo mágico y ellos las habían encontrado muy interesantes, y habían discutido muchas diferencias entre el mundo muggle y el mágico, y como las tradiciones parecían mantener unido al mundo mágico y ayudaba a mantener el orden en algo que de otro modo seria un caos total, considerando sus habilidades.
Hermione después pasó a explicarles acerca de los elfos domésticos y como ella equivocadamente los había tomado por esclavos y que la magia los ataba a los magos, y el porqué. Ella continuó diciendo como de forma inadvertida había insultado de manera grave a la familia Malfoy, y en particular a Lucius Malfoy, cuando había liberado a Dobby, a pesar de que Dobby había regresado inmediatamente con su amo.
Winton estaba aterrado. Ellos habían conocido a Lucius Malfoy en Callejón Diagon, y él lo había reconocido inmediatamente por lo que era: despiadado. Alguien que haría lo que fuera necesario de manera inquebrantable, sin importar lo brutal del acto. No albergaba dudas de que Lucius Malfoy había matado en el pasado y que mataría de nuevo en el futuro sin vacilación. No podía pensar en nadie peor para que su hija convirtiera en su enemigo.
Y después Hermione, más encima, va y le cuenta acerca de los duelos de los magos. Winton estaba bastante seguro de que su corazón se detuvo de hecho por varios segundos y que sus entrañas se habían tornado en hielo. ¿Un duelo? ¿Él? ¿Contra Lucius Malfoy? Ni si quiera un batallón de las mejores tropas de Su Majestad podría salvarlo de esta.
Hermione se apresuró a asegurarle a sus padres que no, Winton Granger no seria empujado frente a un inmisericorde Malfoy esperando que entablara combate en un duelo mágico.
―Voy a disculparme con él. De todos modos debería hacerlo, ahora que sé que yo estaba equivocada y que de verdad, de verdad, lo insulté.
Winton vaciló. Él no quería enfrentarse a Lucius Malfoy en un duelo, pero no quería tampoco que Hermione hiciera algo solamente para salvarlo―. ¿Estás segura...? ¿Qué pasará si él no la acepta?
―Oh, la tradición dice que él debe aceptarla si sabe que es sincera ―contestó Hermione―. Yo sólo tengo que hacerla de la forma correcta. Sin embargo, no estoy segura de que tipo de disculpa él preferiría... y tengo que hacerlo de la manera correcta ―Hermione sacó un libro con una cubierta extravagante con el titulo «Fascinantes Actos de Contrición».
Winton miró el libro de manera dudosa, y se inclinó hacia adelante para empezar a leerlo con ella.
Madeline se levantó para limpiar la mesa, ella había permanecido en silencio durante esto, en mayor parte sobrecogida. Ella desearía poder retirar a Hermione de ese mundo, pero su hija había enviado muchos libros de historia y otras informaciones para que ella las leyera. Ella sabía, por las cartas que enviaba Hermione, que alejar a la niña de la magia rompería su corazón. Hermione había señalado de forma bastante razonable que la mayor parte del tiempo el mundo muggle tampoco estaba carente de peligro.
Madeline recordaba a Lucius Malfoy como el amigo del igualmente formidable profesor Snape, a quien ella había conocido durante su primer viaje al Callejón Diagon más de dos años atrás. Ambos hombres lucían peligrosos, pero ella además recordaba haber visto a los niños con ellos. Todos ellos parecían felices y no temerosos, y los niños con frecuencia eran los mejores jueces de carácter. Cuando menos ella dudaba que el señor Malfoy se tomara el tiempo de aterrorizar a un niño, y Hermione había dicho que forzar a Winton en una batalla conseguiría que Lucius Malfoy fuera condenado al ostracismo.
Ella sacudió su cabeza y esperó que Hermione pudiera hallar una disculpa aceptable.
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Heather Black levitó el cuerpo de un ciervo hacia una ansiosa Hazelette, y alejó la mirada mientras la dragona lo devoraba. Otra razón más para estudiar herbívoros, pensó. Los unicornios nunca eran desprolijos. Aun así, Hazelette era una dragona simpática, considerando a los dragones. A Heather no le importaba cuidar de ella mientras Tom y Hagrid se tomaban un descanso por vacaciones. Los Aurores novatos se estaban instalando y Heather y su madre Ruth estaban usando las vacaciones para estudiar de nuevo los rebaños de unicornios en el Bosque Prohibido.
Ella giró su cabeza en dirección al castillo para descubrir que Oliver Wood se encontraba parado detrás de ella... de nuevo. El Capitán de Gryffindor, que ya estaba a punto de graduarse, había tomado la costumbre de seguirla a cada oportunidad. Inclusive se había quedado en el colegio durante las vacaciones para 'estudiar'. No es que a ella le importara tener detrás de ella al más bien apuesto Oliver... para nada.
Ellos bajaron caminando juntos por la huella conversando amigablemente acerca de los EXTASIS próximos, y sus estudios de unicornios.
Ojos sombríos les observaron mientras se iban desde una distancia segura. Sirius Black estaba encontrando difícil explorar en búsqueda de las grietas que deberían indicar la entrada a la Cámara Secreta con esa condenada dragona alrededor. Aun como Grim le era difícil, ya que ella había empezado a investigar también cualquier olor de perro. Ahora había menos Dementores, lo que era bueno, pero habían llegado más Aurores jóvenes entusiastas. Él necesitaba encontrar ese acceso, y rápido.
Por supuesto que cazar como perro era problemático, y no solamente porque con facilidad quedaba atrapado en las memorias de los Merodeadores. El perro sabía que estaban 'cazando' y se distraía yendo detrás de los conejos, lo cual tampoco necesariamente era algo malo. El conejo como dieta estable era aburrido, pero quería decir que no necesitaba robar comidas ni arriesgarse a comprar una. Inclusive sorprendió a un faisán el día anterior, y lo estaba conservando como un pequeño festín de Yule que sería en un par de días.
Sirius se acercó al borde de los riscos, donde estaba seguro que se encontraba la grieta, y miró por el borde. Gruñó descontento. Parecía haber una gran cantidad de rocas escarpadas y áreas que podían estar escondiendo la entrada. Él odiaba escalar rocas. Levitar seria peligroso y difícil, especialmente ya no que no podía hacerlo como perro... y que tenia Dementores, Aurores y Dragones buscándolo.
Él necesitaba obtener dinero y equipo. Tendría que arriesgarse en Callejón Diagon y Gringotts. Incluso siendo fugitivo, los Goblins le dejarían entrar a su bóveda. A ellos poco les importaba el sistema legal de los magos, solamente se inclinaban ante él cuando necesitaban hacerlo, o si les convenía de algún modo. Existían relatos de magos y brujas que habían vivido en sus bóvedas mientras estaban fugitivos, y los Goblins se habían rehusado a entregarlos diciendo que los clientes podían quedarse a "contar su dinero" por el tiempo que quisieran, siempre que pagaran sus "honorarios".
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Lucius y Severus llevaron a Beth y a Tori a Callejón Diagon para "escoger a los gatitos para que Papá Noel no se equivocara". Por supuesto, ellas estaban felices de ser de asistencia en esa materia, y susurraban acerca de qué gato sería el mejor.
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Tom, junto con Harry, Draco y Dudley, escaparon al honor de ir a comprar gatos ocupándose en envolver regalos para el orfanato mágico. Serafina y Jack habían proveído listas de deseos y Petunia y Rosmerta había pedido todo por lechuza para ellos. Así que ahora sólo necesitaban envolverlos y entregarlos.
Había solamente cuatro niños allí de momento. Jack había descubierto a varios más, pero había probado ser un detective muy eficiente y había logrado rastrear parentela mágica para el resto. Algunos tenían una relación distante, pero aun así eran parientes, y la sangre lo era todo para muchas familias mágicas. Como había predicho Tom, esos niños fueron aceptados con entusiasmo por sus parientes.
Esa misma mañana, Tom había llamado a Severus para mediar una fuerte disputa que amenazaba con convertirse en un duelo por la custodia de un atónito niño de ocho años. Tres personas diferentes lo querían. El primo squib de su madre, un abuelo extranjero, y una tía y un tío, y todos argüían a gritos. Severus había conseguido acobardarlos a todos para que llegaran a un acuerdo apropiado.
Por otra parte, la pariente de una niña pequeña había necesitado que la alentaran. No es que ella no deseara a la niña con ella, sino que esta tía bisabuela lejana tenía cerca de 150 años de edad y temía que solamente dejaría a la niña huérfana de nuevo demasiado pronto. La anciana finalmente había contactado a sus familiares políticos, usando el flú de Serafina para llamarlos. Ellos no estaban emparentados con la niña, pero habían estado felices de aceptar a la niña en caso de que "lo peor sucediera". Así que ella se había ido feliz con la niña, empezando a conocerse.
Seti observó desde el gran ventanal en la biblioteca cuando Tom y los niños salieron, poco dispuesto a encarar la nieve, ni siquiera por Dudley de no ser absolutamente necesario. Movió una oreja, escuchando el flú, el ruido indicándole que los compradores de gatos se habían ido. Él saltó de su posición para dirigirse a la cocina. Tinker no se impresionaba tanto ante su presencia como Dobby, pero seguramente encontraría algún tipo de pescado para darle.
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Lucius y Severus en primer lugar se encaminaron hacia Gringotts para llenar unos documentos y recoger una bolsa de galeones en caso de que los precios de los gatos se hubieron disparado al cielo por la celebración.
Severus salió primero con las niñas yendo hacia una puerta al terminar, Lucius siempre sentía que debía discutir tasas de interés con los cajeros.
Lucius iba caminando hacia la puerta cuando se encontró detenido por Hermione Granger quien estaba obstruyendo su camino. Apretó la mandíbula, esto no iba a ser bueno, ella se veía muy decidida. Le dio un vistazo al hombre que estaba parado junto a una de las cajas, el padre muggle de Granger, suponía. El señor Granger miró a Lucius con clara indecisión, obviamente no estaba feliz por lo que estaba a punto de suceder.
Lucius devolvió su mirada a la niña con irritación, ellos estaban comenzando a atraer la atención de la multitud en el banco.
―Señor Malfoy ―comenzó ella―. Deseo expresar mis disculpas más profundas hacia usted y la Casa de los Malfoy por mis insultos y la ofensa de liberar al elfo doméstico Dobby. La falta de conocimiento del mundo mágico y sus tradiciones no es ninguna excusa y solamente puedo ofrecer mi pesar más sincero por lo que he hecho ―La disculpa fue corta, pero Hermione había leído que era mejor ser breve siempre que te aseguraras de confesarlo todo y ser sincero.
Ahora venía la parte difícil y a su padre no le había gustado, diciendo que era desmesuradamente feudal y no podía creer que aún siguiera en uso... a pesar de ello, esto expresaba toda su sinceridad. También era el porqué ella había decidido hacer esto aquí y no en la escuela, ella prefería que sus compañeros de clase no lo vieran.
Hermione rápidamente se dejó caer sobre una rodilla y colocó su mano en el piso con la palma hacia arriba en frente de Lucius Malfoy. Hubo susurros a su alrededor, pero para su alivio todos eran aprobadores. Había sido muy difícil mientras lo leía creer que el mundo mágico encontraba esto aceptable, pero resultaba que en el mundo mágico se esperaba que uno demostrara que hablaba en serio al hacer una disculpa.
Lucius se la quedó mirando fijo atónito. Ella había conseguido darle una disculpa creíble y estaba realizando el ritual completo de forma correcta. Su forma de expresarse y tono fueron sinceros, o eran merecedores de un premio por actuación. La multitud que estaba a su alrededor por cierto que lo aprobaba, y ahora ellos estaban pendiente de él.
Lucius apretó los dientes, esta era la parte más problemática. Con cautela colocó su zapato sobre su mano, para expresar que aceptaba su disculpa. Maldijo a quienquiera que se le hubiera ocurrido este ritual, mucho antes de que nacieran los fundadores. Si uno aplastaba uno de los dedos o provocaba alguna lesión... bueno, bien podía ser mejor que se apuntara a la cabeza con su varita y gritara Avada Kedavra. Más de un mago ebrio había arruinado su posición social de esa manera, por tambalearse y romper uno o dos dedos.
Con mucho cuidado puso la punta de su zapato sobre la palma de la mano y después dio un paso atrás suspirando con alivio. Después extendió su mano para ayudar a Granger a que se pusiera de pie, esto no era un gesto necesario de su parte, pero consideró que significaría que aceptaba de verdad la disculpa.
Un aplauso suave provino de la audiencia improvisada, y asentimientos de aprobación y sonrisas. Hermione pudo escuchar más de una voz diciendo que le alegraba ver a una bruja joven que sabía como debían hacerse las cosas. Hermione se encogió un poco con alivio, por lo menos tras haber hecho esto bien su padre ahora estaba completamente a salvo.
Y ahora el acto final de esta pequeña obra―. ¿Qué puedo hacer para compensarlo, señor Malfoy? ―preguntó Hermione con la voz más firme que pudo.
La gente contuvo su aliento, y Severus miró a Lucius con curiosidad. Aquí era donde, de nuevo, las cosas podían resultar mal. De forma normal la parte 'ofendida' pedía algo apropiado, si la persona había roto algo debía pedir que la reemplazara o que ayudara a repararlo. Se consideraba vulgar pedir dinero, a pesar de que estaba bien aceptarlo si el 'ofensor' lo ofrecía. A veces el mago sólo decía que la disculpa era suficiente. Severus se preguntó que pediría Lucius, él era un Slytherin, y ellos nunca desaprovechaban la oportunidad de que alguien les debiera un favor.
Lucius pensó con rapidez y dijo―: ¿Usted sabe que Hogwarts va a ofrecer una clase de cultura mágica el próximo año? ―ante el rápido asentimiento de Hermione, continuó―. Me gustaría que usted se ofreciera a ayudarle al profesor. Estoy seguro de que usted ofrecerá un entendimiento considerable del tema... ―Lucius sonrió con arrogancia ante el aspecto deleitado de Hermione.
―Eso me agradaría mucho ―contestó Hermione con alivio. ¿Ayudar a un profesor? Apenas podía esperar.
Con el ritual concluido, la multitud dio paso a ruidos de aprobación y siguieron con sus actividades.
Lucius inclinó levemente la cabeza y escapó. Hermione le dio una breve reverencia y se escurrió junto a su aliviado padre. Severus solamente consiguió dar una breve risita y sonreirle de forma burlona antes de que fueran juntos hacia la tienda de animales mágicos.
Lucius inmediatamente demandó ver los gatitos más caros que estaban en la parte de atrás de la tienda―. Los criadores han mantenido bajo control a la mayoría de los gatos mágicos por generaciones, y solamente venden unos pocos de los gatitos más mágicos de forma esporádica. No es que tengan habilidades extraordinarias exactamente, no son como Seti, pero los kneazles mejor criados poseen sus propios talentos especiales ―comentó Lucius.
Beth y un gatito atigrado rojizo oscuro inmediatamente corrieron uno hacia el otro. Severus gruñó. Era un kneazle de pelo largo con un plumero como cola, y orejas tan copetudas como las de cualquier lince. Aun siendo un gatito era tan grande como Seti, quizás era parte lince.
―Te llamaré Rudy ―declaró Beth abrazando al gatito ufano, y lo presentó a Severus quien tuvo que pretender que estaba complacido.
Tori miró con inseguridad a su alrededor a los gatitos que retozaban. Después sintió un par de ojos sobre ella y miró hacia arriba para descubrir un par de gatos que se mantenían apartados sobre el alfeizar de una ventana. Un gatito con el pelaje que semejaba un esmoquin blanco y negro saltó hacia abajo y se la quedó mirando. Ella se agachó lentamente y extendió una mano. El gato la olió y después se restregó contra ella en aceptación. Tori sonrió con deleite.
―Es un gato Bosque de Noruega. Algunas brujas en Noruega los han estado criando por generaciones, son muy buenos familiares, aunque a veces resultan poco amigables, pero igual son muy buenos ―el tendero les suplió con avidez esa información. Severus y Lucius pensaron que el señorial gatito le hacia juego perfectamente al temperamento de Tori.
Se efectúo la transacción, y las niñas sacaron afuera sus gatitos cargándolos. Severus notó que la señorita Granger también se retiraba con un gato de hocico corto, probablemente mezcla de persa y kneazle, bastante popular con algunos.
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La mañana de Navidad la nieve caía pesadamente, para deleite de los niños. Los regalos fueron abiertos y comieron un desayuno navideño. Tom se fue más tarde para llevarle a Dora su regalo a Hogwarts, ya que ella iba a ser uno de los vigilantes allí. Tom estaba feliz de que ella lograra convencer a Scrimgeour para que la dejara ir allí.
Después de abrir los regalos en Dragonsrest, Beth jugó a la 'cueva' con las cajas y Rudy con el papel hasta que Tori llegó a almorzar. Las niñas deseaban hacer hombres de nieve, fuertes de nieve, ángeles de nieve, etc. el jardín de atrás no les serviría, ya que debían tener cuidado con las plantas que estaban debajo y ellas ni siquiera sabían donde se encontraban.
Los niños las acompañaron a hacer fuertes fuera de la casa, y se desarrolló una guerra de bolas de nieve, en la que inclusive arrastraron a Tom. Una docena de hombres de nieve se veían y con la ayuda de unos cuantos encantamientos resultaban muy cómicos. Después llamaron a los muchachos para que ayudaran a llevar una gran caja con vino para los Jinetes de dragón, para que los distribuyeran en las instalaciones. Las niñas rogaron que les permitieran quedarse afuera un poco más tarde y les dijeron que no se alejaran de los fuertes ni los hombres de nieve.
Pero un par de ojos las observaban desde el bosque cercano. Un joven unicornio, tan joven que aun conservaba el dorado en su pelaje, sintió curiosidad por las luces navideñas y los árboles que centelleaban detrás de las ventanas, y el aire festivo general. Y decidió salir del borde de los árboles para ver de más cerca y fue divisado por las niñas.
Las promesas de quedarse cerca de la casa fueron olvidadas al ver al unicornio, y ellas corrieron hacia este. El potro se dio vuelta y salió trotando irritado, pero las niñas lo siguieron sin vacilación, y pronto se perdieron de vista entre los árboles.
El dragón Verde Galés que solía compartir el estanque durante los veranos había estado observando ese día Dragonsrest. Los dragones se aseguraban de que uno de ellos siempre estuviera vigilando. Él estaba intrigado por los fuertes, los hombres de nieve, y sobre todo las luchas de nieve. Pero ver a las niñas corriendo detrás del unicornio lo alarmó. La nieve estaba cayendo con mayor rapidez y ya estaba oscureciendo rápidamente.
El dragón fue corriendo hacia la casa y rugió llamando a Tom e Yvane. Los ocupantes corrieron afuera de la casa cuando Tom les comunicó el mensaje del dragón: las niñas se habían ido.
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N/T: Muchisimas gracias por los saludos, y a toda la gente que se toma un tiempo para dejar comentarios. Además agradezco a quienes favorecen y siguen la historia, y ejem, no sean timidos, jaja.
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Editado 16NOV2020
