El mortífago era malo y era un hacker.

Pansy lo vio en la oscuridad, a través de la pantalla, que flotaba brillosa y parpadeante, a la mitad de ese callejón oscuro y sucio, donde por arriba pasaban los taciturnos aerobuses iluminados.

-Eres PNSPRKNSN -afirmó el mortífago en código avocálico, en tanto comprobaba la identidad de la Nube Smithback de la Slytherin.

Otro mortífago (nadie les llamaba "ex mortífagos", pues el estigma los acompañaría por el resto de sus vidas) asomó la cara en pantalla, interponiéndose:

-Y traes un muerto -sonrió él, torcidamente-, no podía esperarse menos de la inquisidora estrella.

-Tu madre, para ser exactos.

El acceso se abrió, lo que significó desaparecer parte del muro de ladrillo, por donde Pansy entró en la moto a un amplio y largo recinto que alguna vez fue escuela squibb, hoy bodega en penumbra, atestada de basura electrónica, aparatos en proceso de desmantelación, androides de guerra en desecho, turbinas y otros componentes no identificables. Por el tejado de opaco plexiglás entraba la luz ocasional de los esporadicos vehículos aéreos.

Mortífagos armados con metralletas muggles iban de aquí allá. Eran de los que conocieron a Voldemort y que al ser derrotados se reunieron en bandas más o menos semejantes a las de los buenos tiempos, y que sobrevivían al margen de la ley en tugurios como éste. El hackeo y los trabajos negros eran su especialidad. Por supuesto que la mayoría era cyborg, al haberse amputado y reemplazado los brazos con la Marca Tenebrosa, porque su chip era indestructible, elemento delator con el que Serpens los localizaría de inmediato.

En el gran deshuesadero electrónico, el silencio era amenazante para Pansy, rodeada de mortífagos que desearían liberar sus bajas pasiones. Feo sitio, pero siendo honestos, Pansy no corría excesivo peligro. Sin contar con que era capaz de armar una masacre aun en el escenario de caer, si recibiera un daño, en minutos aparecería el Slytherin Korps para rescatarla, matar a granel y conducir a los sobrevivientes a Azkabán, la horrenda prisión controlada por Módulo Dementor, que mantenía a los prisioneros dormidos en una pesadilla sin pausa hasta que enloquecían. Allá la autoridad y acá los galeones, era el lema de la casa, administrada por el mortífago sonriente y veterano que salió al encuentro de Pansy.

-Scabior -dijo la inquisidora, en cuya pantalla visual aparecían positivas las verificaciones de identidad genómica.

-Qué grande placer es verte, preciosa -respondió el mortífago con su voz susurrante, ambigua-, y no quisiera molestarte con mi curiosidad, pero, ¿finalmente celebramos la muerte de Potter?

-No -ella respondió con la verdad para que los demás oyeran y no curiosearan-, necesito establecer información y para eso me vas a ayudar.

-¿Galeones...?

-Nada. No me presiones.

Scabior sonrió, viendo al muerto que no era Harry, envuelto en la malla irrespetuosa.

-Ese cadáver grita que nos encontramos frente al mayor suceso de los últimos años -afirmó el mortifago-. Mi establecimiento necesitará ayuda a cambio de lo que pides.

La oscuridad da la bodega era surcada a ratos por las luces que pasaban lento sobre ellos.

-Puedes necesitar que Slytherin te ubique -anunció Pansy, en breve eco-. Recuerda que no te han encontrado gracias a mí.

-Favor que yo y mis hombres te pagamos trabajando para ti cuando quieres.

-Podrían hacer más, como trabajar en modalidad de elfos. Sabrás qué te conviene. Técnicamente eres mi puerco muggle.

-Siempre tan amable, hermosa -sonrió Scabior, suavemente.

La luz que entraba a ratos por el opaco tejado semejaba faros lentos y desordenados.

-Vamos a reformatear este negocio -ordenó Pansy, caminando por la bodega, seguida por un importunado y resignado Scabior-. Tú y tus hombres dejarán lo que estén haciendo, pirateos, mercado negro y muertes por encargo, para que trabajen para mí dos o tres días. Esfuérzate, si sale bien no me verás de nuevo.

-Lamentaría que eso pasara.

-Claro.

Pansy analizó el sitio desde el centro de la desordenada bodega, ubicada en los bajos fondos de Neo-Cokeworth, poblado por magos depauperados, mortífagos emboscados y elfos manumitidos deseosos de volver a esclavizarse, para vivir mejor. Ningún auror saldría vivo de este lugar, pero Pansy con sus arreglos extra-judiciales tenía aliados o sometidos como el mortífago.

-Toma a los más hábiles y conéctalos en red neuronal -ordenó la Slytherin, haciendo un círculo con un dedo, marcando un área del suelo-, todos menores de cuarenta de edad, necesito su plasticidad cerebral.

-¿Para qué?

-¡Haz lo que te digo! -gritó- ¡No podemos perder tiempo! ¡Te irás enterando! ¡Elige a los doce más hábiles, al resto tenlos en bajo perfil, que se muevan lo menos, si debes drogarlos, drógalos!

Scabior corrió a hacer lo que Pansy deseaba. La inquisidora consideró volver a inyectarse el estimulante para incrementar su capacidad de atención, pero los efectos secundarios eran peligrosos. Si quedaba inconsciente la motocicleta la sacaría, pero no le agradaba la posibilidad de que eso ocurriera en semejante antro, tan hecho al mal que el supuesto cadáver de Potter seguía dentro de la red en la Harley y nadie se daba por enterado.

Los demás salieron y doce mortífgos llevaron asientos reclinables donde renuentes se colocaron cerrando los ojos. Scabior chasqueó los dedos y en el aire apareció la ventana virtual, que era un cuadro flotante de bordes azul fosforescente donde avanzaban las ondas de los encefalogramas de los que se fusionarían neuronalmente. De ese modo Pansy los haría entrar en la Red Flu.

Scabior daba las órdenes verbales al programa para que procediera. Los mortífagos quedaron en sueño inducido y lo siguiente no podía hacerlo un programa: el mismo Scabior sería el monitor de los doce y para ello necesitaba acoplarse en una suerte de autohipnosis para sincronizar las ondas cerebrales y que los soñantes pudieran responder a órdenes dadas por él, cuando entraran a la Red en configuración de avatares.

Pansy se dijo que deberían estarlo viviendo: del quedar dormidos sin conciencia de soñar, a pasar al sueño lúcido, con conciencia de estar soñando, moviéndose en un mundo virtual como una copia virtual de sí mismos, interconectados para volverse un enorme ojo electrónico. ¿Por qué debían ser doce los avatares? Pansy lo desconocía. Pero al parecer el doce era un número constante en la estructura del universo. No sólo la base matemática de 12 y no de 10 era la que mejor representaba procesos naturales, sino era una constante en otros ámbitos: las doce constelaciones, doce horas de día, doce horas de noche, doce meses, doce tablas de multiplicar, las dos secuencias de doce números en la Serie de Fibonacci.

Datos aparte, el plan de Pansy en pocas palabras consistía en jugar sucio: Los mortífagos monitorearían la Red Flu en su modalidad de comunicaciones y tránsito de datos para rastrear a los otros inquisidores que buscaban a Potter, enterarse de sus movimientos y de ser posible, sacarlos de la jugada. Se daba cuenta que con ello contravenía la indicación de no complicar más el universo de eventos restringido a Potter y sus perseguidores. Pero no estaba tam mal. En primer lugar nadie se daría cuenta, porque Lucius y los suyos estaban obligados a mantenerse al margen; segundo, que si el universo de eventos se complicaba para Pansy por las reverberaciones de incluir a los mortífagos en la ecuación, Snape y los otros también se verían complicados. A partes iguales. No sabía que lo que acababa de hacer intrincaría la ecuación a un grado que nadie imaginaba.

No obstante, la verdad era que con esta maniobra Pansy adquiría ventaja. Pensaba que Snape y Tonks tendrían la inventiva para jugar por otros medios igual de ilegales. Ella no podía quedarse atrás y necesitaba que sus competidores por los pasaportes perderían la ventaja sobre ella, nacida de trabajar en parejas. Dumbledore le había ofrecido colaborar con Ojoloco, pero ella se negó. Estúpido viejo pervertido, se dijo la chica. Viejo zorro útil, pero zorro en más de un sentido, en su nueva versión. Todos esos clones redirigidos en su personalidad estilo Sirius Black eran copias deliberadamente imperfectas. Tampoco quería deberle nada.

Scabior fue con ella para decirle que la red neuronal estaba conformada. El resto del personal custodiaba, pero no a la vista.

Pansy le explicó sobre el rastreo de los otros inquisidores; no le explicó más no solamente por la integridad de la ecuación, pues de todos modos ahora había sufrido un cambio por meter nuevas variables, sino para llanamente mantenerlo en la ignorancia como correspondía a un inferior.

Lo llevó aparte del círculo de doce mortífagos y le explicó la parte medular:

-Ese que traigo no es Potter. No es un clon, no sé que es, pero no es un clon. Necesito que entremos a su cerebro para determinar qué es y ver qué tanto remanente de Voldemort hay en él.

Scabior con magia llevó el cuerpo a otra habitación, una oficina dotada de muebles de madera, algunos forrados de cuero, escritorios estilo siglo 19 y grandes pantallas electrónicas de botones de hierro, que encendidas arrojaban breves brilos en la penumbra. El mortífago ontrodujo el cuerpo del no-Harry en una ancha cápsula transparente, aditamento iluminado por dentro ya que era un escáner.

-¿Por qué se ve de dieciocho años? -preguntó Scabior y ante el silencio, insistió- Vamos, Parkinson, algunos temas debes comentarme para que sepa cómo y qué buscar.

Scabior parecía mirar la nada, pero estaba leyendo la información que el escáner enviaba a su pantalla visual. Pansy apoyó las manos en un escritorio, analizando el cuerpo dentro de la cápsula y respondió:

-Tiene diecisiete años, lo cual significa que no han pasado por él los siete años del final de la guerra. No sé por qué se ve así. Los dos que he visto son de la misma edad, sí, el otro también está muerto. Ahora tú dime algo útil.

-No es un clon -dictaminó-. Es Harry Potter.

-¿Cómo? -exclamó ella.

Scabior se puso un dedo en una oreja, como si tratara de escuchar un ruido extraño en su cabeza, y le respondió no exento de humor asombrado:

-Es un hermano de Harry Potter -afirmó-. Un gemelo. Tiene una diferencia infinitesimal con el genoma del Potter verdadero. Lo sé porque tenemos los malditos datos de él y de sus compinches. Me quedé corto: este cadáver es de alguien más que hermano de Potter, es él mismo, como si viniera de un universo cercano. Sería funcional con la gente que lo conoce. Ni él mismo sabría que no es el Potter original.

-¿Es un Potter de incubadora?

-No lo creo.

-Ilústrame.

-¿Sabes qué era el Programa Horrocrux?

-No me hagas exámanes, habla, carajo.

-El Programa Horrocrux es un virus.

-Nunca pregunté la raíz técnica.

-¿No quieres que te explique?

-Me referí a Hogwarts, nunca pregunté ahí, prosigue.

Scabior carraspeó.

-El Programa Horrocrux es un software que extrae la información cerebral de un individuo -explicó-. Pero no toda la información, pues no existe dispositivo aparte del cerebro que la pueda contener. El programa extrae y además fracciona los elementos que conforman el Yo de una persona. Aun así tampoco caben esos datos en una sola fracción. Se deben hacer siete. Cada división recibe el nombre de horrocrux y contiene una parte del Yo entero. Se vuelve virus en la medida en que para sobrevivir, infecta la estructura molecular de un objeto inanimado, medra en él y lo aniquila a la larga.

Scabior solicitó acceso para compartir información en la pantalla visual de Pansy, pero ella se negó. Esos datos podían estar virados. El mortífago entonces hizo aparecer una ventana volante en un extremo del escaner, que brilló lánguida en la penubra de la oficina..

En la ventana apareció el modelo molecular en 3D de un cristal de roca, constituido por varias cadenas que por su orden estricto semejaban las de un diamante. Por un lado apareció una figura geométrica roja, de siete lados.

-Es un horrocrux -comentó Scabior.

La figura roja tocó a una sola de las moléculas, pero a continuación despareció y la cadena entera adquirió ese color.

-Ahí lo tienes -afirmó el mortífago-. El horrocrux no es un huésped de la molécula receptora, se vuelve la molécula en sí. ¿Ves cómo las cadenas moleculares siguen en su lugar? Nada se trastornó estructuralmente. Como no se desordena molecularmente, el objeto infectado por el horrocrux conserva su forma física. Pero ya no es el objeto, es sólo su apariencia. El objeto está infectado con una identidad -la imagen desapareció.

Pansy se irguió, colocándose las manos en las caderas.

-Entonces la meta de un horrocrux es...

-Fusionar el Yo con objetos inanimados, diferentes fracciones o cuántum del Yo. Como se le divide con base en geometría fractal, la fracción contiene en potencia la información del todo. Aun si se perdiera la mayoría de las fracciones, a partir de un sólo horrocrux se puede reorganizar el conjunto.

-¿Y te puedes partir de esa manera sin problema? -Pansy se extrañó, molesta- ¿Te puedes desprender de fracciones de tu Yo sin que te vuelvas un vegetal? Visto en retrospectiva cuando todo se supo, yo nunca entendí por qué Voldemort no se debilitaba notoriamente con cada horrocrux perdido.

-Sí hay problema -asintió Scabior, iluminado por la luz azul del escáner-. Quien fracciona su Yo se ve afectado porque pierde elementos de su sentido del ser. Aun reunido de nuevo no resulta lo mismo al final. Y Voldemort se debilitaba, claro, pero pasa que su poder era inmenso. Y como ocurre con este programa, el indivuduo no se desprende de las fracciones por completo. Por un fenómeno de mecánica cuántica se sigue unido a ellas. Se perciben, se reacciona a ellas y viceversa. Por eso Voldemort notaba cuando un horrocux era destruido. Mecánica cuántica. Eso sí, las fracciones pueden reintegrarse al individuo porque éste conserva la parte esencial del Yo: la autoconsciencia. Es decir, el "saber que eres". Ese saber no lo tienen los horrocruxes. Las fracciones no son autoconscientes.

Ambos vieron un momento afuera, al círculo de mortífagos en red neuronal, indagando en Flu.

-Todo eso del ser y la consciencia es subjetivo, ¿no? -comentó Pansy, volteando a Scabior- ¿Cómo lo subjetivo puede ser manejado en herramientas objetivas como programas de computación?

-Porque aunque estemos hablando de ser y eso suene a subjetividad, es como todo en el cosmos. Tiene una base medible. En el caso del Yo se trata de corrientes eléctricas, intercambios químicos y una impresión neuronal en 4D que se percibe como "yo soy". Pero eso es físico, por lo tanto es cuantificable. Por lo tanto es reducible a un código binario. Así permanece el horrocrux en el objeto, como información impresa en código binario. Esa cosa rara que los muggles llaman espíritu son números.

Pansy se cruzó de brazos, viendo la versión de Harry en la cápsula. Nadie diría que estaba muerto, aunque tenía las quemaduras de disparos de plasma en las extremidades.

-¿Y cómo, si no son fracciones autoconscientes, despertaron en Potter? -preguntó ella- Oh... no me lo digas, eso ya se lo oí a Lucius.

-Sin duda. Ellos deben saber que el problema que hubo con Potter es que es un ser consciente. Él presta su conciencia involuntariamente al horrocrux. Eso lleva a que el horrocrux tenga accesos de autoconsciencia.

Ella asintió, reflexionando:

-En la época del colegio, Potter tuvo accesos como si fuera una persona distinta. El inepto en general era pacífico, pero a veces reaccionaba escandalosamente mal.

-Claro, Potter tenía accesos donde era invadido momentáneamente por la personalidad de Voldemort. El castigo a que sometió a Draco, sus problemas de carácter, esas reacciones que se adjudicaban a la tensión... Nada de eso, era la conciencia de Voldemort emergiendo en Potter.

El mortífago comprobaba la información en su pantalla visual. Pansy, analizando, dejó vagar la vista por la oficina: algunos pergaminos, polumas y frascos de tinta al lado de ordenadores que mostraban gráficas, madera y plástico.

-¿Por qué no mataron a Potter al terminar la guerra? -preguntó Scabior, sin esperar respuesta- Era lo lógico. No podían saber si conservaba algo de Voldemort en sí. Era peligroso, pues la fracción equivale al todo. La ínfima partícula contiene la totalidad de la información del Yo. Por eso los horrocruxes debían ser destruidos por completo.

La inquisidora que era Pansy entró en sospecha:

-Sabes mucho, Scabior. ¿Quién dice que no lo sabes todo?

El mortífago no se dio por enterado de la amenaza latente, llevado por sus recuerdos:

-Es que tú no lo viviste, Parkinson. Voldemort se preciaba de sí mismo y nos contaba de su logro al usar Horrocrux para humillarnos, pues era inaccesible a nosotros y la matriz del programa fue destruida por él. Aunque ya nadie podía usarlo, los que crearon el Programa Horrocrux se suicidaron al ver lo que habían permitido lograr a Voldemort. Le dieron alas a un monstruo. Voldemort era de lo más espantoso, sólo lo soportaba la perra de Bellatrix. No puedo ni verla, es la razón por que no fui con ella al descampado. Voldemort horrorizaba aunque no dijera nada, algo en su campo electromagnético era descomunal y amorfo, quienes lo vieron por momentos no tienen idea. Su sola presencia emanaba algo horrendo. Es imposible que Potter pueda soportarlo como una presencia intrusa y constante en su mente.

Scabior hizo una pausa, viendo el cuerpo en el escáner, con creciente preocupación:

-... con el tiempo, la fracción Voldemort puede despertar para siempre e invadir completamente a Potter, también orgánicamente, volvería a verse como el Señor Tenebroso...

-¿Y cuantas réplicas de Potter puede haber?

Scabior la vio de nuevo:

-Deben ser siete réplicas de Potter, siete más el prototipo, el Potter verdadero. Por qué siete, no sé. El programa trabaja desde una matemática de estructura septuagenaria. Si lo ves en representación virtual es una esfera de siete lados. Al verdadero Potter lo reconocerás a simple vista, debe estar en la misma decadencia física de Voldemort y de la edad que le corresponde hoy.

Un punto no cuadraba a Pansy:

-Siete o los que sean, si no son clones son doppelganger, es como te dije: Potter hizo dobles en incubadoras con mínimas variaciones...

Scabior negó enfáticamente:

-No. El poder de Voldemort le permite hacer estas copias. Voldemort siempre vivió en la encrucijada de que sus soluciones eran su perdición. Un cuántum de su Yo se activó en Potter y ahora quiere apoderarse de él, pero al mismo tiempo eso da poder a Potter para defenderse. El infeliz Niño debe estar tratando de dividir su Yo para liberarse del virus y disminuir a Voldermort, ¿por qué...?

Pansy estaba cruzada de brazos con una mano sobándose una sien, pero se detuvo en seca:

-Espera, espera, ¿qué acabas de decir? ¿El mismo Potter creó estas copias?

-El mismo Potter debió crearlos... Te digo que el poder de Voldemort...

Pansy dio un paso atrás, atenta al cuerpo en el escáner:

-Óyete, con una mierda. Entonces éstas no son fracciones de Voldemort. Estos son horrocruxes de Harry.

-¿Horr...?

Ella manoteó:

-¡Lo acabas de decir! Potter está fraccionando su Yo para liberarse del virus. Con el poder de Voldemort ha creado estas copias de sí mismo. Éstas son fracciones del Yo de Potter, no de Voldemort. Son sus horrocruxes. ¡Sangre de dragón, Potter puede crear horrocruxes sin necesidad de ningún programa! ¡Puede acabar siendo un Voldemort más evolucionado!

-No puede ser... Aun siendo así, ¿por qué estos son tan jóvenes? Voldemort mismo nunca pudo dar marcha atrás en el tiempo...

Pansy habló para sí misma:

-Parece que fue hace siglos, no recuerdo qué edad tenía Potter cuando mostraba este aspecto. Ahora ya no creo que tenga diecisiete años aunque lo diga su nube, debe tener menos, tal vez quince. Su Yo creó copias de una época de su vida sin tanta presencia de Voldemort.

Scabior asintió:

-Está tratando de olvidarlo. O de neutralizarlo, querrá hacer copias de copias para que pierdan calidad -observó a Harry-. Circe, es real el peligro que Voldemort regrese... Diantres, Parkinson, espero que no me asesines por saber esto.

-Guárdatelo y no te pasará nada -dijo de malas y fue a su tema-. Entonces, ¿hay que acabar con cada copia, clon, como malditos le llamo?

-Con sus avatares... Y no, no tienes que matar a todos los Potter. Tal vez pueda crear los que necesite. Debes matar al prototipo.

-¿Apresarlo? -pensó que debía llevar pruebas a Lucius de que se eliminaba al Gryffindor.

Scabior afirmó con renovado énfasis. Afuera de la oficina, los desechos y androides desmantelados dormían su sueño de hierro.

-No, mátalo, mátalo y quema el cadáver. La menor partícula de él, un cabello o una escama de piel, contiene todo el Programa Horrocrux, le tomaría años volver, pero lo haría.

Pansy se sentó, rumiando su suerte.

-Malditos. Nos enviaron como máquinas de matar.

-¿Cargos de conciencia, Parkinson? -preguntó, con franca curiosidad.

-No, pero no lo hago por placer. Ahora mismo me cuesta matar en frío.

-Es verdad. El programa del Yo está corriendo en el cuerpo de este avatar -lo pensó-. Esta vez te voy a ayudar por convicción, Parkinson. El mundo es una mierda, pero sería peor con el retorno de Voldemort, puerco sarnoso. Lo maldigo, miserable gusano prepotente y cobarde.

-¿El escaner puede destruir al avatar?

-Sí, también es un horno de plasma.

Pansy abrió un momento la cápsula y tomó una muestra del cuerpo.

-Esa muestra está infectada con Horrocrux -le recordó Scabior.

-Debo enviarla a Serpens -la guardó en un minicontenedor-. No desde aquí, no sufras, imbécil.

-Creo que a estas alturas se debe destruir a Voldemort y a Potter -dijo el mortífago para sí.

-¡La nube! -se interrumpió Pansy-. La Nube Smithback. Queda flotando como un rastro por varias horas, ¿contiene también la fracción del Yo?

-No, la nube es un remanente, no tiene espacio para guardar ningún bit legible.

Pansy asintió y cerró la cápsula, apretó un indicador y el cuerpo dentro desapareció en un brillo.

Scabior comentó.

-No sé si se destruyó la fracción Voldemort o Potter ahora siente la pérdida de una parte de su identidad. O liberamos parte de su psique y vuelve a él. O si una fraccion de consciencia se ha reunido con la inconsciente colectivo o con el Yo Cósmico. A partir de este punto la cuestión se pone metafísica.

-Olvidemos la metafísica -se guardó la muestra-, prefiero los números.

-¿Que vas a hacer?

-Pensar.

Pansy salió y se sentó en una estructura de metal que debía ser restos de maquinaria muggle. diciéndose: No debo mover mas la ecuación, aunque a decir verdad el resultado final no será exactamente el que deseaban. Necesito detener a los demás inquisidores e interrogar al siguiente Potter.

-Hemos encontrado a Tonks y Lupin -llegó Scabior con ella.

-¿Dónde están? -se levantó, yendo al círculo de los mortífagos dormidos.

-En el Valle de Godric.

-¡Hay que capturarlos! -ordenó, decidida- Detenlos en caliente e ingrésalos a una realidad virtual.

-¡También hallamos a otro Potter! -aclaró Scabior, viendo la pantalla en el aire- ¡Está en Mould-on-the-Wold! Te paso los datos de la ubicación a tu chip.

Pansy ya estaba en la moto. La encendió haciéndola rugir y ordenó:

-Nos comunicaremos por pantalla volante.

-¿Volverás?

-Evitemos simpatizarnos. A menos que requiera interrogar a un Potter, no volveré. ¡Pero no dejes de trabajar hasta que te diga o reviento este lugar desde el aire!

-Siempre bella, Parkinson.

-Lo sé.

Ella salió de la bodega en la moto y condujo veloz por las tristes calles de Neo-Cokeworth, rebasando a vagabundos y a magos grises en sus túnicas raídas de soledad.

En esta zona los edificios eran menos altos, más destartalados y sumidos en la sombra, a diferencia de sectores lejanos, altos y brillantes.

No había aceras móviles. Condujo en la penumbra plateada apenas rota por las luces de aparadores y luces flotantes, cruzándose con un autobús terrestre que avanzaba con parsimonia, ocupado por magos que leían y por squibbs dormidos.

Se dirigió a la estación Flu más cercana. Desconocía mucho sobre la verdad de Potter, así como en la ciudad tampoco nadie sabía por qué entre los edificios de cientos de pisos se levantaba un viejo molino... Abandonado, en decadencia, derruyéndose en un terreno baldío, rodeado de torres de acero y cristal. Tal vez una fluctuacion del espacio lo trajo desde otro universo.

Entró en reversa a la estación Flu, diez calles allá. Ya vería cómo respondía a Serpens Máxima por la desaparición de Potter. Aunque como prueba de haberlo matado llevaba algunos cabellos para enviar a Hogwarts, con los cuales verían que no era el mismo Potter de la vez pasada. Contaba dos avatares muertos. Por lo menos debían validarle posición de cazarrecompensas.

Su trabajo inmediato era sencillo. Localizar y matar. Dentro de la amplia cabina con forma de chimenea verificó el estado del revólver, comprobó las granadas de mano y un fusil recortado de plasma-electricidad. Conprobó que llevaba la varita, aunque era el último recurso. Ingresó el destino a la estación por medio de su chip.

Los polvos Flu cayeron y Pansy desapareció, rumbo a acabar con el tercer horrocrux de Harry Potter.