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3 MERODEADORES SLYTHERIN

Autor: severusphoenix


CAPÍTULO 112: "Dríades y Guepardos"

Winton Granger observó como su esposa y su hija abrían sus regalos. Ellas parecían felices, desvanecido cualquier pensamiento acerca de magos vengativos de sus mentes. Pero él no se sentía tan complacido.

Había presenciado el espectáculo en Gringotts con un sentido de irrealidad y de horror. Cuando lo habían introducido por primera vez con el mundo mágico, quedó fascinado y bastante encantado, a pesar de que algunos de sus ocupantes resultaran intimidantes. La posibilidad de encontrarse en peligro debido a los magos en ese tiempo era remota. Ahora, después de observar a su hija disculpándose ante Lucius Malfoy en lo que parecía una forma degradante, y sabiendo que si ella no lo hacia así el tal Malfoy se encontraría libre para retarlo a duelo.. y posiblemente matarlo, había destrozado su imagen de un mundo de magia feliz y despreocupado.

Él cambió de posición, irritado, y consiguió sonreirle a Hermione quien estaba mostrando un libro acerca de los kneazles que había recibido de Ginny Weasley. Él aun estaba debatiéndose con la humillación de la mirada despectiva que le había dado Lucius Malfoy durante esa escena penosa, obviamente para el mago su presencia no constituía una amenaza. Le había golpeado fuerte el darse cuenta que en el mundo mágico su hija era su protectora, y no al revés.

Madeline había intuido en lo que estaba pensando y había hablado con él, recordándole que intentar separar a Hermione del mundo mágico contra su voluntad seria desastroso, y que si ellos intentaban hacerla escoger entre los dos mundos eventualmente ello la llevaría a resentirse contra ellos. Él suspiró e intentó deshacerse de sus sentimientos de profunda impotencia.

Le dio una mirada al gato que lo miraba fijamente con ojos demasiado conocedores. Ni siquiera el gato era muy 'normal'.

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Sirius Black recogió el último artículo para escalar que pensaba que podría necesitar. Al final había recurrido a una tienda muggle. Usó un Accio para sacar unas libras de los bolsillos de un muggle, y aunque después se confundió un poco en el pago lo culpó a haber dejado sus anteojos en casa y no poder ver claramente los billetes.

Una sonrisa encantadora y una leve mirada chiflada en sus ojos completaba la imagen de un sujeto excéntrico, aunque inofensivo. Después se Apareció con los bultos en su caverna y miró el pequeño calendario pegado en la muralla. Era Navidad y no le había comprado nada a Harry. Por supuesto que no estaba seguro de poder conseguir hacerle llegar un presente a su ahijado... o si acaso Harry lo aceptaría.

Había leído los últimos artículos en El Profeta, donde se desarrollaba un debate en la columna editorial acerca de como El-Niño-Que-Vivió estuvo a punto de resultar muerto en el Quidditch, y si acaso los niños deberían jugar un juego tan peligroso. Por supuesto que la mayoría protestaba que por supuesto que deberían seguir jugando, era cierto que había lesionados, pero solamente habían tenido dos fatalidades en los siglos que venia jugándose en la escuela. Más muertes que esas habían acaecido en las clases de Cuidado de Criaturas Mágicas en esos siglos. El debate continuaba por casi tres páginas y eso dejaba a Sirius perplejo. ¿Había personas a quienes no les gustaba el Quidditch?... imposible.

Esto, por supuesto, le llevó de vuelta mentalmente a sus días de escuela con James. Recordaba lo mucho que James amaba volar... y lo mucho que Snape lo detestaba. El condenado cretino probablemente no reemplazaría la escoba destrozada, forzando al pobre Harry a usar una vieja escoba escolar raída, o a dejar por completo el equipo de quidditch. Sirius arrugó el ceño. Quejicus incluso tendría el apoyo de cuando menos una parte de la sociedad mágica.

Sirius se Apareció de regreso a Callejón Diagon y fue hacia Gringotts, intentando pasar desapercibido. A los Goblins, claro esta, solamente les importó que una gota de sangre comprobara que él era Sirius Black, y, por lo tanto, con derecho a entrar a la bóveda que le pertenecía.

El goblin que identificó a Sirius frunció el ceño, y pareció cavilar mientras llevaba a Sirius hacia su bóveda. Él no podía prohibirle la entrada... pero Heather Black ahora era la albacea de la familia Black... y podía notificarla de la entrada de Sirius a la bóveda incluso si el mago tuviera derecho a estar ahí.

Sirius , en tanto, fue derecho a la tienda de artículos de quidditch con la sombra de un goblin siguiéndolo. Se puso una gorra tipo esquiador sobre la cabeza y una bufanda alrededor del cuello cubriendo la parte inferior de su rostro. La tienda de quidditch estaba a punto de cerrar, habían abierto de forma breve en Navidad dejando a un vendedor poco afortunado para que atendiera a los compradores desesperados de último minuto.

Sirius miró a su alrededor y observó los modelos más nuevos de las escobas de velocidad: las Saetas de Fuego. La tienda solamente tenía una, un modelo promocional para enseñar a los clientes que estaría disponible 'pronto'. El asombrado vendedor terminó vendiéndole el modelo al doble de su precio, ya que había pensado que al hacerlo el mago desistiría de insistir en comprarla. Claro que el vendedor pensó que al propietario no le importaría mandar por otra considerando lo mucho que había pagado el hombre por ella.

Sirius se apresuró a ir a la Oficina Postal de Lechuzas con el desconcertado goblin siguiéndolo. Sirius arrendó el búho que se veía más rápido, y pagó por los hechizos extras para hacer que fuera más rápido, y colocó un encantamiento de ligero como pluma en el paquete. Le susurró el destinatario al irritado búho y observó con satisfacción cuando se iba.

El goblin regresó al banco y se reportó al grupo de supervisores quienes estaban debatiendo acerca de interferir con los magos en alguna forma. Sin embargo, tras las noticias de que Harry Potter... y por tanto Tom Riddle, sin mencionar a Lucius Malfoy, se encontraban involucrados... tomaron la decisión de que enviarle una breve carta a Heather Black, la albacea actual de la Anciana y Noble Casa de los Black, no era mucho pedir.

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Cuando en Dragonsrest escucharon que las niñas habían desaparecido en persecución de un potro de unicornio, Lucius y Severus ya habían ido a reportarse a Hogwarts para cumplir su período de vigilancia, y no se esperaba que llegara Remus Lupin sino hasta el día siguiente. Esto dejó a Rosmerta, Petunia y Tom para encontrar a las niñas, junto con Dudley.

Harry y Draco tendrían que quedarse en la casa. A pesar de que Harry ya caminaba mejor, una distancia larga le resultaría engorrosa. Draco tendría que quedarse para ayudarlo a llamar a Hugo Savage o al director Chang, o a recurrir a Lucius y Severus si las niñas no aparecían pronto.

―Enviaré a mi oso patronus con un mensaje si necesitamos que nos envíes más ayuda ―dijo Dudley. Tom asintió, él enviaría su guepardo a Yuan, pidiendo Jinetes, de ser necesario.

Los cuatro ahora se encontraban entrando en el bosque, tras necesitar persuadir a un renuente Seti para que los ayudara.

―Necesitamos que encuentres a las niñas, Seti... a Beth y a Tori... ellas están perdidas ―le pidió Dudley en tono desesperado.

Seti lo miró con asombro. ¿Encontrar a las niñas? ¿Acaso se había vuelto loco? Sí, él había ido por Draco... pero eso fue diferente, no involucraba estar helado ni mojado. Maulló descontento a Dudley, mientras que Rosmerta y Tom apretaban sus varitas y trataban de recordar que maldecir al gato no haría que hiciera lo que ellos deseaban.

―Por favor, Seti... ―rogó Petunia. Seti era su mejor apuesta para hallarlas con rapidez, con el frío en aumento y la nieve que caía. Los dragones no podían ver bien bajo la espesa cubierta de árboles, y el viento y la nieve hacia que los encantamientos de rastreo resultaran inútiles.

Seti miró a Petunia con irritación. La condenada mujer iba a empezar a llorar, ya lo veía. Se dio la vuelta, y dio unos pasos remilgados por la huella sacudiendo sus patas cada pocos pasos. Bueno, pensó, lo mejor sería que encontrara luego a esas horrendas niñas para estar lo más pronto posible junto a una maravillosa chimenea encendida.

Tan pronto pensó en ello, empezó a trotar rápidamente y los humanos se apresuraron a seguirlo. El camino se volvió cada vez más helado y Seti se sentó sobre sus ancas con irritación. Iba a necesitar ayuda con esto, a pesar de que estaba renuente a cobrar favores y quizás terminar debiendo a su vez uno o dos. Reunió su admitida limitada cantidad de magia y llamó una vez más.

Tom miró al gato, Seti estaba llamando de nuevo. Sin embargo esta vez era diferente, había un sentir mágico diferente en ella, a magia terrestre. Los gatos mágicos, siendo criaturas del suelo, por supuesto podían hacer magia de la tierra, y el gato aparentemente estaba llamando a otro con este mismo tipo de magia.

Las orejas del gato se movieron con agravio. Sí, aquellos a quien llamaba estaban hibernando de momento, pero era grosero ignorarlo a él, eso no podía soportarlo. ¡Él era un gato del templo! Unos pocos llamados más imperiosos, y más bien impacientes, y finalmente varias Dríades se asomaron desde los árboles circundantes para mirar adormiladamente al gato demandante. Les maulló una pregunta y ellas se miraron con curiosidad.

Las dríadas no eran particularmente maternales, pero eran parte de la magia de la tierra y eso era definitivamente una magia maternal. Oír de niñas perdidas era inquietante. Ellas no deseaban intranquilizar a la magia que las alimentaba, especialmente durante el invierno. Ellas susurraron su pregunta a los árboles, y una leve brisa sopló, llevando su solicitud por el bosque.

La magia del aire estaba dispuesta a cooperar con los árboles, ellos a veces jugaban juntos, así como también combatían, pero el aire estaba dispuesto a ayudarles en esto. No pasó mucho tiempo antes de que una brisa gentil regresara susurrante. Las brujas y magos que esperaban casi podían escuchar palabras, pero no pudieron comprenderlas.

Seti sacudió las orejas, pretendiendo no estar esperando impacientemente la respuesta de las Dríades. Por fin, las Dríades se voltearon hacia ellos con sonrisas levemente burlonas. Ellas apuntaron en la misma dirección, una susurrando suavemente―: Los unicornios las tienen.

Seti partió adelante saltando, ahora conociendo la dirección y donde buscar. Siguió un rastro y pronto entraron a un pequeño claro. Un bufido enojado detuvo a Seti. Un unicornio macho bastante grande e irritado puso los ojos en blanco y se echó hacia atrás las orejas. Seti se engrifó furioso en respuesta a esto y saltó a la relativa seguridad de los brazos de Dudley.

Las brujas podían ver a las niñas acurrucadas al lado de una hembra de unicornio que estaba echada. El potro díscolo de la yegua estaba acurrucado al lado de las niñas, con su cabeza apoyada en el regazo de Beth. Las niñas estaban durmiendo felices, rodeadas por los desconcertados unicornios. Las mujeres jóvenes y totalmente inocentes tendían a encantarlos, y estaban felices de proteger a las niñas obviamente perdidas.

Los unicornios ahora encaraban a los "rescatadores" con un ojo prejuicioso. Dos de ellos eran del sexo masculino, uno de ellos bien podría ser joven e impoluto, pero cargaba un felino, y ellos odiaban con pasión a los felinos. Los gatos eran nacidos con sombras inherentes en ellos, comprendiendo tanto el blanco y el negro ,y viviendo en áreas grises sin remordimientos. La innata pureza de los unicornios aborrecía esto.

El otro hombre hacia que los unicornios patearan el piso con agitación, muy poco de él no estaba ensombrecido u oscuro, o cuando menos había sido oscuro en un pasado reciente.

Las mujeres avanzaron, Rosmerta susurrando que ellas tenían la mejor oportunidad de pasar a través del rebaño protector. Petunia se sacudió al arrobamiento que sentía, Tori la necesitaba. Rosmerta había visto antes unicornios, pero su admiración era un poco menor a la de Petunia. Ellas caminaron hacia adelante, y los unicornios abrieron paso, reluctantes a que los tocaran. Las mujeres no eran oscuras, pero tampoco eran doncellas. El potro se puso de pie, así como también la yegua, despertando a las niñas.

Las niñas adormiladas fueron levantadas por las mujeres, y llevadas hacia los árboles, seguidas por Dudley que tenía en brazos a Seti, quien miraba con hostilidad sobre su hombro a esos condenados unicornios estirados. Tom se alejó lentamente dando largas miradas a las hermosas bestias. Los unicornios siempre habían huido ante su presencia, y aun no lo dejaban aproximarse, pero cuando menos ahora no habían salido corriendo ante su mera presencia.

El oso de Dudley los precedió, gruñendo las novedades de que las niñas alborotadoras habían sido descubiertas. Harry llamó por flú al Sanador Randall, y él llegó a Dragonsrest justo cuando la partida de rescate llegaba a la puerta principal. Baños calientes y pociones pronto las tuvieron en forma, y las aventureras poco después se quedaron dormidas en la cama de Beth con los gatitos navideños enroscados junto a ellas.

Harry, Draco y Dudley también se fueron a la cama. Los adultos agobiados decidieron tomar té con un toque de alcohol antes de llamar a Severus y Lucius para darle un recuento editado de las aventuras de las niñas antes de irse también a descansar.

Una vez que los humanos se fueron escaleras arriba, Seti alegremente empujó un unicornio de cristal desde una repisa para que se estrellara en el piso, antes de acomodarse a su vez a dormir.

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Remus Lupin llegó a Dragonsrest temprano la mañana siguiente, para descubrir solamente en pie a Tom y Harry, sentados en la mesa del comedor escuchando como discutían Seti y Tinker.

―Tú no romper cosas de señora 'merta... tu mal gatito ―alegaba Tinker―. ¡Yo no darte ningún salmón!

Seti siseó ofendido. Él había rescatado a las mocosas... él merecía una recompensa.

―Yo sabiendo tú encontrar jóvenes señoritas... pero tú no debiendo romper unicornio ―retrucó Tinker enojado, pero inseguro de si una cosa balanceaba a la otra.

Seti aulló con furia... escupiendo palabras felinas censurables al elfo, quien respondió con un chillido ofendido―. ¡Yo buen elfo! ¡Tu no puedes hablarme así!

Tom dio una risita, pero Harry ya había tenido suficiente―. Tinker, dale el salmón, no nos dará descanso hasta que lo obtenga, y estoy seguro de que podemos reemplazar el unicornio.

―¿De qué se trató todo eso? ―preguntó Remus riéndose.

Tom le explicó lo de la misión de rescate y como el rebaño de unicornios había desdeñado al ultrajado gato Mau, y la subsecuente suerte del unicornio de cristal.

El resto de los habitantes de la casa descendieron adormilados las escaleras y comieron, y después la familia de Spinner's End regresó a su hogar. Rosmerta suspiró, y se preparó para ir a la taberna. Beth le suplicó que la dejara ir con ella, y puesto que sin duda sería un día lento ella accedió. Beth siguió a Rosmerta por el flú cargando a su kneazle.

Esto dejó a Tom y a Harry para entretener a Remus. Harry y Remus se dedicaron a hablar de los estudiantes que ambos conocían, y a reírse de las últimas bromas de los Hufflepuff, y de los gemelos, intentando predecir cuál sería su próximo blanco.

Tom más que nada se quedó sentado escuchándolos hablar. Se sentía aliviado de que el hombre-lobo hubiese cambiado de actitud, y que ahora fuese comprensivo de la relación padre-hijo entre Severus y Harry.

Llegó la hora del almuerzo, y cuando estaban terminando llegó un búho postal ululando con fuerza para que desprendieran el paquete que llevaba. Remus lo hizo con una risa, y leyó la etiqueta del paquete que obviamente se trataba de una escoba.

―Bueno, alguien te envió otra escoba... pero tu ya tienes una nueva Estrella Fugaz, la número nueve, si mal no recuerdo ―sonrió Remus. Severus había mascullado audiblemente acerca de lo mucho que le había costado la escoba, ya que Lucius había convencido a la compañía para que les vendieran los primeros modelos de la versión renovada de la Estrella Fugaz para dárselas a Draco y Harry como regalos de Navidad. Estas eran consideradas las mejores escobas para Cazadores.

Remus y Harry dejaron la escoba sobre la mesa del comedor y Harry la desenvolvió, curioso acerca de quién le habría enviado una escoba. Se quedaron con la boca abierta ante la vista de una de las escobas consideradas de las más veloces del planeta: la Saeta de Fuego.

Tom fue a la puerta principal, mientras ellos la miraban con reverencia, atraído por los golpes y gritos. Jennifer "La Imbatible" Lovelace se encontraba allí, y pudo ver a Heather Black y Oliver Wood que venían corriendo hacia la casa frenéticamente siguiéndola de cerca. Los rizos rojos de Jennifer saltaban libres mientras ella pasó corriendo junto a Tom con ojos desencajados.

―¡No dejen que Harry la toque! ―gritó ella, corriendo hacia la mesa donde divisó la Saeta de Fuego―. Debe estar maldecida. Sirius Black fue quien la envió ―Jennifer estaba acostumbrada a gritar en estadios llenos de gente y a través de un campo de quidditch. Yvane masculló que era probable que la Reserva de Dragón por completo hubiese escuchado a la joven. No obstante, Harry se echó para atrás consternado.

Heather llegó jadeando a la puerta, concediendo mentalmente que a pesar de que trabajaba constantemente en exteriores con los unicornios, Jennifer estaba en mucho mejor forma que ella para correr. Tal vez debería pedirle a su prima que le diera su rutina de ejercicios. Sin palabras, le pasó la carta de advertencia de los goblins a Tom, conocedora que eso lo explicaría todo.

Tom fue hacia el flú y llamó a Hugo Savage, quien llegó de inmediato, junto con un par de sus nietos que lo estaban visitando. Ellos charlaron contentos con Harry y Remus, y pidieron el autógrafo de Jennifer mientras que Tom y Hugo inspeccionaban la Saeta de Fuego.

Heather Black fue por flú a Hogwarts con Oliver, ellos habían ido juntos a casa de Heather por el "Día de las Cajas" para "presentar a Oliver con su madre". Esto había resultado afortunado, ya que estando allí junto con Jennifer, la carta había llegado. Una vez en Hogwarts, ella fue a buscar a Severus y Lucius en el Gran Salón para contarle lo sucedido.

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Severus fue por Flú a Dragonsrest, para llegar justo cuando Hugo se iba, llevándose la Saeta de Fuego al ministerio

―No puedo descubrir ninguna maldición en ella... pero prefiero que algunos amigos la revisen también ―dijo Hugo.

―En realidad no es necesario que la maldiga, sabes... ―retrucó Severus. Ante la mirada interrogante de todos, rodó los ojos―... puedes hacer que se desarme, o alterar el sistema de frenos... hacer que los estabilizadores no funcionen correctamente... los hechizos inutilizadores hacen posible alterarla... las cosas que se pueden hacer a una escoba son sin fin de peligrosos, y en una escoba tan rápida como esta, cualquiera de ellos es fácilmente fatal ―sonrió de medio lado, mientras Hugo miraba la escoba con mayor preocupación.

―Podríamos necesitar que la compañía que fabrica la escoba le de un vistazo también ―suspiró Tom.

Hubo un gruñido de pena de parte de Harry, y Jennifer le dio una palmada en el hombro con simpatía―. Es una escoba maravillosa, Harry. Pero solamente si no te mata, sabes ―Harry asintió con resignación.

―Lo sé... ―suspiró Harry, casi con dolor de ver la escoba alejándose con Hugo―... pero es una Saeta de Fuego...

Severus rodó los ojos―. Harry, la Saeta de Fuego es veloz, pero estoy dispuesto a apostar a que en tu forma de Halieto eres casi igual de veloz. ¿Le has mostrado a Remus... o a la señorita Lovelace tu forma de Halieto?

Harry se sintió mejor ante la idea de exhibirse en frente de su ídola del quidditch, y comenzó a tirar de ella para llevarla hacia el patio. Severus, en tanto, regresó a Hogwarts satisfecho de que Harry se encontrara a salvo del último atentado de Black contra su vida.

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Voldemort recorrió el perímetro de la residencia Crouch. La mayor parte del tiempo acostumbraba a tomar como residencia un granero abandonado, yendo una vez a la semana en búsqueda de un mago o bruja que asesinar para alimentarse. Alimentarse de humanos le hacia sentir mucho mejor que hacerlo de animales o del veneno de Nagini. Sentía que de esta manera estaba recobrando una forma más humana.

Crouch padre había llegado por las festividades, cerca del mismo tiempo en que Voldemort localizó la residencia. Había podido divisar a la elfina y a uno de sus Mortífagos más favorecidos: Bartemius Crouch Junior.

Ahora solamente tenía que esperar a que el mago de mayor edad se fuera de nuevo y se conseguiría un nuevo ayudante para sus planes.

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Sirius Black resopló descontento, subiendo de nuevo a la parte superior de la grieta. Sabía que esto lo llevaría a la Cámara, estaba seguro de eso. Sin embargo, le resultaba difícil descubrir el camino de esta manera... seguía llegando a lugares sin salida, o áreas demasiado pequeñas para poder pasar del otro lado. Pudo dar tentadores vistazos a lo que estaba convencido era parte de la Cámara Secreta, pero no pudo pasar por allí. Necesitaba encontrar el camino correcto.

Los niños habían regresado ya hacia semanas y él todavía no había sido capaz de hallar la Cámara. Lanzó la cuerda por otra grieta y descendió retorciéndose, esperando que esta vez lograra pasar por todo el camino. Algo tenía que salirle bien pronto... la escoba que había enviado había resultado confiscada, el Profeta estaba lleno de como él había intentado matar a Harry enviándole una Saeta de Fuego que había sido saboteada o maldecida.

De algún modo nunca se le pasó por la cabeza que Harry no obtuviera la escoba. James nunca habría dejado que Quejicus, ni nadie, lo alejara de la escoba más rápida del mundo. El viejo Queji tenia un mayor asidero sobre el pobre Harry de lo que pensaba.

Repentinamente las piernas de Sirius quedaron pateando sobre el aire y casi pasó de largo de una sola vez. Consiguió aferrarse a la cuerda y mirar hacia abajo, pero la luz no llegaba muy lejos y no podía ver hasta donde llegaba la caída. Lanzó una bola de luz hacia abajo y esta finalmente llegó a una pequeña caverna con un pasaje en un extremo. Su corazón se aligeró, el túnel pareció hecho por el hombre.

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Harry golpeó a la puerta de la oficina de su papá aferrando el mapa en sus manos, mientras los gemelos Weasley intentaban esconderse detrás suyo sin mucho éxito. Había estado encantado de descubrir algo hecho por los Merodeadores, y por lo tanto por su padre, pero se sintió menos encantado de darse cuenta de que ellos pudieron haber usado esto meses atrás para atrapar a Sirius Black.

―Pase ―gruñó, Severus. Estaban a mediados de marzo y se encontraba revisando unos ensayos espantosamente malos según su opinión.

Harry suspiró y entró seguido por los gemelos que parecían como si fueran a su ejecución. Harry le pasó el mapa, explicando como se usaba y que los gemelos se lo habían entregado para ayudarlo con la cacería.

―No se nos había ocurrido sino hasta muy poco que ustedes podrían usarlo para proteger a Harry ―dijo Fred con seriedad―. Lo usamos ahora muy poco, así que no habíamos pensado en ello ―George asintió, rogando que si Snape los mataba que el final fuera rápido.

Severus achicó los ojos mirándolos, y les dio una de sus mejores miradas amenazadoras. Los gemelos palidecieron, pero no hubo mayores confesiones, así que Severus pensó que estaban diciendo la verdad. Los gemelos tendían a admitir sus culpas cuando los atrapaban, recibiendo sus bien ganados castigos sin rebelarse. Si ellos decían que no habían pensado que necesitarían el mapa para atrapar a Black, lo más probable es que fuera verdad.

Severus asintió―. Tengo unos calderos que necesitan limpiarse ―ante la mirada de desmayo de los gemelos, transigió―. Son pocos, y pueden usar el limpiador mágico, pero háganlo ahora.

Fred y George se apresuraron a salir antes que Snape cambiara de opinión.

Severus le hizo señas a Harry para que lo acompañara mientras caminaban juntos hacia la oficina de Remus, mientras Severus seguía examinando el mapa. Con renuencia admitió que era un trabajo brillante. Se lo enseñaron a Lupin, y él lo reconoció, por supuesto. Llamaron a Lucius, y los tres decidieron tomar turnos vigilando el mapa por señales de Black.

―¿Puedo tenerlo cuando terminen? ―preguntó Harry con un poco de desesperación. Los adultos se voltearon a mirarlo con sorpresa. Severus recordó de súbito que el mapa había sido hecho por James... y Harry por supuesto debía quererlo.

Severus asintió―. Por supuesto, Harry, una vez que Black esté en custodia y tu estés a salvo... ―Remus miró a Severus con sorpresa, no había esperado que le devolviera el mapa―... Tal como la capa, espero que no lo uses para ocasionar problemas.

Harry asintió con alivio, sorprendiendo una vez más a Remus. Se recordó que Harry no era James. James vivía para romper reglas; Harry rompía las reglas cuando la necesidad lo demandaba.

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Sirius Black se asomó por otro túnel del laberinto y arrojó una bola de luz para iluminarlo, esperando que esta vez fuera la salida. Ya habían pasado semanas. Gracias a Merlín que había empacado todas sus provisiones. El libro lo había hecho parecer tan fácil... pero le había llevado una semana encontrar el camino a la Cámara Secreta con la presunta cabeza de Salazar Slytherin y el estanque de agua. Entonces pensó que estaba en casa, libre.

Sirius suspiró, él era muy malo para encontrar la salida de un laberinto. Varias veces se transformó en Canuto para rastrear su propio olor de regreso a la Cámara. Hasta que finalmente se le ocurrió marcar los túneles con un encantamiento de pintura y realizó un mapa básico, esperando por lo menos saber dónde ya había estado. Estudió el libro describiendo la Cámara Secreta y la aventura de Harry, pero no descubrió ningún derrumbe. Ellos debían haberlo despejado.

Sirius encontró un par de pellejos de basilisco descartados que los profesores habían pasado por alto, y su corazón se detuvo uno o dos latidos... eran tan enormes. Sintió un respeto renovado por Harry y ese Tom que había matado a la serpiente... pero claro, Tom era un Gryffindor. Quizás él podría ayudar a Sirius a sacar a Harry de ese nido de Slytherins en que se encontraba.

Sirius vio como la bola de luz se elevaba por otro túnel más y jadeó con deleite. Ese no terminaba en una grieta pequeña ni estaba enrejado (obviamente eran respiraderos de aire), este continuaba en lo que parecía una compuerta. ¿Pero como poder subir por las piedras resbalosas?

Miró con atención las murallas con ayuda de la luz más brillante que pudo lograr con su poco cooperativa varita. Por fin pudo ver una escalera empotrada y le dio un golpe con su varita, demandando que saliera. Hubo muchos rechinidos y ruidos mientras la escalera emergía desde el costado. Sirius agarró la escalera y se encaramó peldaño por peldaño, sujetando la varita con sus dientes.

Al llegar arriba se encontró con el desafío de conseguir que la compuerta se abriera. Él intentó cada hechizo para abrir cerrojos que pudo recordar. Estaba a punto de bajar para pensar, cuando agarró una barra de hierro para equilibrarse y esta descendió, casi ocasionando que se despeñara por el túnel. Aparentemente se trataba de una palanca para abrir la compuerta y Sirius sonrió triunfante cuando la escotilla se abrió. Salió a rastras para encontrarse en el baño de niñas del segundo piso.

Sirius conjuró un Tempus, y vio que eran cerca de las cuatro de la mañana. Tenía tiempo antes de que el castillo despertara. Iba a poner sus manos en esa rata, exonerarse, y conseguir que Harry regresara con él. Sonrió con felicidad, y miró la lista de contraseñas que tenía. Había escuchado a escondidas como los de primer año se quejaban acerca del caballero loco que ahora era el guardián de su puerta. Por suerte, ellos rotaban las contraseñas, así que siempre había una de cerca de ocho diferentes palabras. Sirius aferró la lista, no más gritos ni amenazas a señoras gordas.

Dejó sus cosas en el baño y caminó con precaución por el corredor. Había pocas personas, en su mayoría Aurores en entrenamiento que estaban intentando proteger a los estudiantes de él. Logró llegar a la torre Gryffindor sin ser visto, pero ya casi eran las cinco. Miró por la ventana y vio con angustia que había luna llena.

Sirius se paró frente al caballero en el retrato y recitó la lista de contraseñas, y el caballero lo dejó pasar con un saludo desenfadado. Subió despacio las escaleras al dormitorio de los chicos. Podía escuchar que había unos pájaros madrugadores ya en las duchas. Aun estaba oscuro, por amor a Merlín, ¿en qué estaban pensando?

Encontró el dormitorio de los terceros años, y sacó su cuchillo. Colagusano esta vez no se escaparía. Entró a la habitación en silencio, mirando a su alrededor, la única luz provenía de un pequeño calentador en el centro de la habitación. Descubrió la cama de Ron Weasley y buscó la jaula de la rata, tenía que estar ahí por alguna parte.

Seti bostezó y se estiró. Dudley ya se encontraba en las duchas, normalmente no se levantaba tan temprano, pero muchos de los estudiantes estaban aburridos del encierro y sentían que la primavera se estaba tardando mucho en llegar. Seti escuchó que alguien entraba a la habitación, y miró con pereza esperando que fuera Dudley regresando. Se tensó al ver al hombre que venía, de manera obvia buscando algo. Él recordaba a Black.

Seti se agachó un poco a la vista del cuchillo que el hombre sostenía, el asesino estaba vez venia preparado. Seti lo siguió al acecho, y saltó a lo alto de un vestidor y después más arriba sobre una cornisa. Para su espanto, la ducha se detuvo, Dudley pronto entraría.

El asesino dio una sonido de triunfo mientras abría la jaula de la rata, confundiendo a Seti. Cierto, Seti también quería a la rata muerta, ¿pero por qué Black estaba detrás de ésta? La rata chilló con fuerza cuando Black la aferró sacándola de la jaula. Esto despertó a Ron, quien quedó helado de espanto y comenzó a gritar. Oyó que Dudley se apresuraba de regreso al dormitorio.

Seti ya no podía esperar más tiempo y atacó, saltando sobre los hombros de Black y reintroduciendo a Black con el mejor grito de guerra de un gato Mau. La rata fue liberada e inmediatamente se escurrió fuera del dormitorio, y bajó a la sala común, donde quedó enfrentada al birmano y al kneazle que lo salieron persiguiendo por la puerta.

Black gritó y agarró el gato, danzando alrededor con agitación. Dean y Seamus se unieron a la refriega, gritando y lanzando maleficios. Seamus lanzó un piernas de gelatina que casi le dio a Black sino por unas pulgadas, pero que le dio a Ron de pleno, desplomándolo al suelo. Black se quitó al gato de encima, arrojándolo contra la muralla más cercana, aturdiendo a Seti. Dudley gritó y aferró al gato contra su pecho.

Dean lanzó un Diffindo a Black, dándole en el pecho, y después jaló las mantas sobre su cabeza, horrorizado de haber obtenido la atención de Black, seguro de convertirse en la próxima victima del asesino. Pero Black solamente estaba interesado en el hecho de que Peter se le estaba escapando. Ya libre del gato, se transformó en perro y corrió rápido por el pasillo, siguiendo el olor de la rata.

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Severus llevó la poción matalobos a Remus justo antes de la cena, como venía haciendo antes de cada luna llena. Con sus ayudantes haciéndose cargo de las clases de primero y segundo año, Severus tenia tiempo para hacer grandes cantidades de la poción, y enviaba recipientes llenos con ella a la comunidad de hombres-lobo. Estaba enseñándole a un par de hombres-lobo como prepararla ellos mismos, esperando que eso lo aliviara de este deber en algún momento en el futuro.

Severus observó el cáliz humeante con una mueca y combatió una arcada.

―Vaya, esta es una partida especialmente nauseabunda, Severus ―dijo Remus con disculpa en su voz. Se sentía renuente a quejarse acerca del matalobos que estaba consiguiendo gratis mientras enseñaba.

―Espero poder incorporar un relajante muscular, para alivianar la transformación. El alga que tuve que incorporar para neutralizar el veneno que esa combinación creaba, desafortunadamente hace que el gusto sea peor, a pesar de que no creí que eso fuera posible ―contestó Severus, escondiendo una sonrisa poco compasiva.

Remus rodó los ojos, pero asintió. Severus estaba tratando de mejorar la fórmula, pero esto era un proceso muy lento. La fórmula ya era muy complicada―. Te dejaré saber si hay algún cambio ―dijo Remus calladamente, ganando un asentimiento de Severus.

―Me alegra que el clima este mejorando un poco ―añadió Remus―. Puedo ir de nuevo a la Casa de los Gritos. Estar encerrado en mi oficina cada luna llena estos tres meses ha sido realmente sofocante.

Severus apenas asintió en respuesta mientras se retiraba. No le importaba ser un poco más amigable, o quizás fuera solo menos hostil, pero conversaciones amistosas, especialmente durante la luna llena, era pedir demasiado de él. Le recordaba inevitablemente que Lupin tenia un licántropo cuidadosamente escondido debajo de la superficie.

Severus fue a su oficina después de la cena, manteniendo un ojo en el mapa después de que Lucius se lo dejara. No habían tenido hasta ahora noticias de Black, a pesar de que Lucius le dijo una vez riéndose que pensaba haber visto el nombre de Peter Pettigrew.

―Hay más de un 'Peter' en todas las Casas de Hogwarts, y hay un Robin Pettigrew en Ravenclaw. Con los nombres sobreponiéndose muchas veces, es difícil decir a quién estas mirando a veces ―le contestó Severus.

Remus y Severus de forma normal se turnaban en la noche con el mapa. Estaban de acuerdo de que el momento más propicio para que Black hiciera otro intento era durante la noche. Remus era demasiado amable para usar el mapa para encontrar bribones, Severus no sentía tales reparos, aunque evitaba castigar a los Hufflepuff, y en especial a los gemelos, cuando se encontraban en misiones para embromar a los blancos que lo merecían.

Severus se tomó una poción pimentónica cerca de las tres de la mañana, y caminó por la galería que daba a los terrenos. Una leve luz venia de la distante Casa de los Gritos. Ahora que conservaba su mente durante el cambio, a Remus le gustaba tener consigo una lámpara. Lucius se había ofrecido a enseñarle un hechizo para dar vuelta las páginas de un libro por si mismas, para que pudiera leer mientras esperaba que la luna descendiera. A pesar del tono de burla, Remus se lo agradeció con alegría y le preguntó el encantamiento, lo que arruinó totalmente la broma de Lucius.

Severus se rio por lo bajo ante ese recuerdo. No todos apreciaban la forma de humor sarcástico y caústica de los Slytherin. Minerva siempre rechinaba los dientes cuando Lucius y Severus embromaban a Lupin. Lupin, empero, siempre se reía o les lanzaba un comentario que arruinaba sus pullas. Severus sospechaba que Lucius y sus esfuerzos en realidad divertían a Lupin. Dumbledore los observaba con una mirada perpleja, pero parecía estar acostumbrándose a ello.

Siguió su recorrido hasta el Gran Salón. Los estudiantes se estaban poniendo más inquietos, el clima había estado tan malo que ir afuera era insufrible. La sensación de encierro era rampante y hasta Harry y Draco que dormían cuanto podían, se estaban levantando mucho más temprano.

Los Aurores y sus aprendices estaban comenzando a salir, así como los estudiantes más madrugadores. Severus con renuencia se sentó en la mesa de los profesores, junto con un Tom que bostezaba y se tomaba una taza de té que Severus sospechaba tenia poción pimentónica.

―Me uniré a Dora en unos minutos, ella tiene la patrulla temprana... ―dijo Tom incómodo, sintiendo la necesidad de explicar el uso de la poción tan temprano en el día.

Severus le dio una sonrisa de medio lado y dejó caer poción pimentónica sobre su propio café, ocasionando que Tom se riera.

Draco y Harry se arrastraron fuera de la cama, sintiéndose aun cansados, pero incapaces de dormir más rato aunque fuera tan temprano, y sabiendo que afuera estaba oscuro. Fueron hasta el Gran Salón, y escucharon entonces una fuerte conmoción. Vieron al birmano de Parvati y el kneazle de Ginny persiguiendo una rata.

Draco resopló, la rata de Ron de nuevo estaba en problemas. Ellos corrieron a rescatarla cuando vieron que se encontraba arrinconada, cuando para su asombro Scabbers con un 'pop' se convirtió en un hombre pequeño, desaliñado, que salió corriendo por la puerta principal.

―¿Pero que diablos...? ―masculló Harry, y pasó corriendo junto a los felinos desconcertados con Draco en sus talones.

Se estaban acercando al hombrecillo, ya fuera en los terrenos, cuando un gran perro negro pasó corriendo junto a ellos. Ellos estaban a punto de atrapar al sujeto cuando este con un 'pop' volvió a ser una rata y se escurrió por una grieta en la muralla cerca de las puertas. El perro se transformó en un hombre de aspecto desmejorado y entonces se dieron cuenta que se trataba de Sirius Black.

Black procedió a hacer una pataleta, gritando que era mejor que Peter se presentara inmediatamente. Black lanzó maleficios y maldiciones a la muralla, intentando forzar a la rata para que saliera. Draco comenzó a retroceder, mientras que Harry sacaba su varita y reunía su magia para lanzar un Incarcerous muy poderoso a Black.

3MS

Remus bajo su forma de hombre-lobo olió que Black se encontraba cerca, lo podía oler con claridad... y otra cosa familiar... ¿Peter? ¿Pero cómo podía ser? Vaciló sólo un momento y decidió arriesgarse a los Aurores y sus aprendices. El sol pronto saldría, y esperaba no ser atrapado en los terrenos vistiendo solamente su traje natural después de transformarse de nuevo. Corrió hacia los olores, escuchando gritos y hechizos.

3MS

Severus le dio un vistazo al mapa mientras se tomaba lo último de su café y se atoró. Podía ver las huellas de pies etiquetados como Sirius Black al parecer seguidos por los nombres de Draco Malfoy y Harry Potter, fuera del castillo, dirigiéndose hacia las puerta. Severus saltó sobre las mesas sacando su varita, ocasionando que las pocas personas que estaban allí se quedaran con la boca abierta asombrados de ver así al controlado profesor Snape.

Tom tomó el mapa y jadeó espantado, siguiendo a Severus por las puertas. El pasillo comenzaba a llenarse rápidamente de Gryffindors histéricos que estaban gritando que Black los había atacado en los dormitorios, clamando salvajemente que habían horribles heridas y hasta... incluso... un muerto.

Tom sombríamente envió su Patronus a Dora mientras Severus gritaba a los estudiantes que fueran hacia el Gran Salón, o que regresaran a sus dormitorios, y después corrieron atravesando las puertas. Tom sacó su varita detrás sus pasos.

Pudieron ver a Draco y a Harry confrontando a Black, gritándose uno al otro. Harry gritando acusaciones y Black gritando acerca de Peter Pettigrew. Remus estaba entre ellos, intentando separar a Harry de Black y gruñendo cada vez que Black intentaba acercarse a Harry.

Severus brevemente pensó que nunca habría creído ser posible el sentirse aliviado de ver a Remus en su forma de hombre-lobo en algún momento de su vida.

Tom vio a Dora corriendo hacia ellos desde el otro lado de los invernaderos. Los ojos de ella se abrieron desmesuradamente al ver el enfrentamiento entre Harry y Black.

Black de repente pareció darse cuenta de que lo estaban rodeando y comenzó a correr hacia las puertas. Severus blasfemó, él se encontraba muy lejos para interceptarlo.

Sin embargo, Dora no iba a dejar que Black se le fuera así de simple, él se había escapado demasiadas veces. Se cambió con rapidez en su forma de guepardo y salió disparada detrás de él. Todo lo que los magos pudieron ver fue un borrón moteado con intensos ojos amarillos. Ella saltó sobre él a unos pies de las puertas, y apretó sus mandíbulas alrededor de su garganta, su amenaza implícita en sus ojos. Un movimiento en falso y ella aplastaría su garganta, él se ahogaría en su propia sangre antes de que alguien pudiera sanarlo... si acaso alguien se molestaba en intentarlo.

Sirius se quedó inmóvil, hasta que Severus por fin llegó a su lado, seguido por un triunfante Harry, Draco y Tom... y un hostil hombre-lobo.

Severus recogió la varita que Sirius aun sostenía, y lo apuntó con la suya en medio de los ojos―. Señorita Dora, suelte esa cosa inmediatamente... Merlín sabrá donde habrá estado ―Severus dijo con desdén y odio hacia su antiguo enemigo y le lanzó un Stupefy e Incarcerous.

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Autora: Y estamos a punto de cerrar el tercer año.

N/T: Jo, esto se pone bueno.

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Editado 16NOV2020