Snape despertó de mal humor, en su habitación de Hogwarts.
Se aseó con toda calma y se vistió, pensando que se salvó por poco. El plan de proteger a Potter con dobles fue un error. Tanto que de no ser por él Severus, que saboteó en el último segundo, el Niño hoy sería El Que No Sobrevivió.
El inepto Potter la libró, cavilaba Snape más tarde, en su despacho de director… Un problema resuelto, pero junto con muchos líos sin resolver, como los malnacidos Carrow. El par haciendo de las suyas sin tener cómo pararlos. Peor todavía por las medidas impositivas ordenadas por él mismo, para mostrarse obediente al Señor Tenebroso.
Mal panorama. Por lo menos entre los llamados del Amo y las misiones intermedias que él le encomendaba, Snape tenía pretexto para estar lejos y no verse forzado a cumplir con su papel de carcelero en el colegio
Pasaron días hasta que una tarde regresó y caminó por el castillo, casi silencioso excepto por las lejanas pisadas rítmicas que salían del Gran Comedor, de los alumnos formados, marchando en grupo a las órdenes de Alecto.
Snape subió a su despacho, preocupado. Por medio de Bellatrix estaba enterado que el Trío estaba preso en un calabozo de la Mansión Malfoy. Escalofríos lo recorrían. Era gravísimo. Sentándose, se preguntó si podía intervenir sin hacerse notar, por ejemplo, enviando al rescate a ese elfo plañidero y….
-Severus.
Girando en el asiento, Snape reconoció la voz. Incrédulo fue ver alguien, casi algo, que no debía estar ahí.
¿Qué diantres hacía ella en despacho, además, de uniforme? ¿No la estaba torturando Bellatrix? No sólo la incongruencia en su talante, sino la forma de hablarle de ella, le fue inaudito.
-Severus –insistió la Insoportable, de pie a unos metros, efectivamente de uniforme, pero Slytherin.
-¿Cómo… me llamó, Granger? –siseó él, más alterado por el trato, que por tener la impresión que Granger iba a clase.
-Severus –insistió la Gryffindor, ajetreada.
-¿Co…? –él ladró, levantándose- ¡Basta! ¿Cómo se atreve a llamarme por mi nombre, engreída? ¿Cómo se atreve a tutearme, digna de ser expulsada? ¿Qué le ocurre, especie de…?
Hermione negó con la cabeza, yendo a él, rápida.
-Lo que temía –desaprobó, pero práctica-. No vas a recordar. La explicación que te da el entorno es fuerte hasta para ti. Vas a necesitar el choque de un hecho inadmisible para que hagas las conexiones cerebrales que te permitan… Olvídalo, lo que necesitas es… ¡esto!
Ante el horror de Snape, por el golpe de lo insólito y lo demoledor, Granger saltó, rodeándolo por los brazos y dándole un voraz beso en la boca.
Snape se hizo atrás, sin saber reaccionar ante el abrazo de Granger, total: brazos, piernas en torno a él. Estremecido de espanto, el director del colegio vio la falda de la chica remangarse y dejar al descubierto sus piernas desnudas.
Hermione lo besó, buscando la boca que Snape le negaba, haciéndolo caer en la silla. El saltó presionó el cuerpo de la Gryffindor contra él, a quien el color le subió a la cara.
-Este uniforme es un engorro –dictaminó ella, abrazada y frotándose contra Snape, para que sintiera la calidez bajo su falda-. No son los uniformes de neopreno que usamos, es una incómoda y poco práctica mezcla de lana y poliéster. Vas a tener que subirme de todo la falda y quitarme las…
-¡Granger! –ladró Snape.
Hermione aprovechó ese grito para atrapar la boca del director y darle un beso absorbente. Snape frunció el entrecejo, cerrando los ojos, debilitado por un repentino e increíble placer. Granger besaba como si desde hace tiempo le gustaran los labios de él. Más: como si él estuviera hecho a los besos de ella… No podía creer su repentina sensación de querer acariciarla quién sabe desde cuándo. ¿Granger?
Logró apartar el rostro, mas no quitarla.
-¡Granger! ¡Se ha vuelto loca? –se levantó; las venas del cuello le latían notoriamente. El beso, el contacto de la chica era…
Hermione soltó un poco los brazos. Al descender tocó una tensa extremidad de Snape, que no entendía cómo no lograba echar a aquella imprudente enloquecida del despacho. Debía echarla a empujones y gritos. Y, ¿cómo era posible que estuviera de uniforme, y en el colegio, dado lo que buscaba junto con sus dos cómplices? Era como traída del pasado o desde el presente de otro planeta. Y su estupefacción se volvió desquiciamiento de susto cuando la Gryffindor con esa cara de obstinación por hacerlo entender, apretó las piernas en torno a él y quedaron estrechamente juntos en la parte baja del cuerpo. Granger le explicó:
-Como cuando jugamos a que eres mortífago y me atrapas. Me excitan tus gemidos cuando ves mis caras de temor al someterme.
Snape casi vociferó, pero Granger, que sentía su reacción escandalosa, se sostuvo con las piernas alrededor de él y lo apretó más… Snape gimió. Ella se alzó abrazándolo de nuevo. Él no lo esperaba y se sorprendió al tener de nuevo la boca de la demente chica, pero algo en el beso terco de Hermione le fue terriblemente placentero… Como si ella supiera la forma de vencer su resistencia. Como si llevaran años de intimidad y el tiempo sólo sirviera para trastornarlos más. La tomó de los brazos para que lo soltara, pero Granger cerró los ojos, insistente, como si su propósito trajera otras ideas a su mente:
-… ay, espera, Severus, espera, es rico besarte ahora en 1997 cuando no hicimos nada, todavía faltan como diez años, pero ahora es… ay, qué excitante, mi amor… ven…
Lo calló de nuevo con un beso. La convicción de Granger era contagiosa. Y la presión de su boca y forma de besar, sedienta, entregada, hacía dar vueltas la cabeza a Snape. La abrazó, importándole poco el Señor Tenebroso y el pueblo donde nació. Los labios de Granger contra los suyos provocaron vértigo a Snape, quien no podía creer que la Insufrible tuviera este arrebato, excepto que…
-¡Tú no eres Granger! –bufó Snape, buscando apartarla- ¡Dime quién eres y de dónde vienes! ¡De aquí no eres?
Hermione le habló en la boca, rodeándolo por la nuca con brazos:
-Mh… no, en efecto, pero no sé qué mundo es éste, es arcaico. Se basa en un capitalismo proto-muggle y en la arquitectura kafkiana con base en el ladrillo. Lo domina una dictadura Gryffindor promovida por Albus Dumbledore.
Las piernas descubiertas de Hermione, blancas y torneadas, fueron tentación para Snape, que se trastornó en un segundo; ser el director mortífago le hizo sentir que podía y con cierta vergüenza, pero también sin miramientos, se dio a frotar los muslos de Granger, enardeciéndose por su suavidad. La chica lo besaba en los labios, aprobando la actitud de él:
-Mjm, sí…. en este año te empecé a gustar… Nada me dijiste porque era inaudito para ti. No sabías que tú me gustabas desde 1995. Fue hasta después que me casé con Ron que te me declaraste.
-Granger… -jadeó Snape, ocupado en controlarse para no perder la cabeza por los susurros de ella- no sé de qué me hablas… Debes detenerte… No estoy en mis cabales…
-Claro que no lo estás, mi amor –le susurró ella al oído-. Tú me amas…
Snape gimió, pero lo disimuló al resoplar y cargando a Hermione, la soltó afuera del despacho. Cerró la puerta.
-Esta bien –dijo ella, del otro lado-, es mucho para ti a la primera.
No la oyó hacer más ruido y se sentó, jadeando. Avergonzado, horrorizado…. y excitado.
Por ulteriores noticias entendió que Granger no había escapado de la Mansión Malfoy el día que la vio en Hogwarts, dato que habría valorado si ésta no hubiera llegado a él de esa manera insólita. Supo que los tres seguían presos de Bellatrix, así que sin tratar de entender pero buscando darse tiempo, mantuvo a Granger en el castillo. Oblivió a los Carrow y a varios Slytherin para que olvidaran la existencia de la Gryffindor. Los demás se limitaban a verla de reojo.
Snape subía por la Torre del Director cuando para su estupefacción sintió saltar a alguien a sus espaldas, pero antes de reaccionar, una mano de Granger lo estrujó con la presión exacta, en el sitio adecuado.
Snape soltó un gemido de placer y protesta, doblándose. Como pudo, dijo inútilmente:
-¿Granger… qué hace…? ¡Maldición, Granger! –la tomó de la muñeca, pero ella se resistió a soltarlo, apretando más. Snape se recargó contra una pared, jadeando y gimiendo, con la chica aferrada a él, analizando la reacción del director de Hogwarts.
Snape se zafó, pero Hermione montó sobre él, a su espalda, rodeándolo con brazos y piernas. Él flaqueaba por el sorprendente y gigantesco placer que le causaba el contacto con la Gryffindor, quien afirmó:
-No han detectado mi existencia, a veces ocurre. Es un error de copiado; mi Yo se duplicó y como el cuerpo es una representación de la mente, estoy en dos cuerpos, uno en Malfoy Manor y el otro aquí. El programa no sabe interpretar los parámetros del mundo real, así que como en este Hogwarts no existen los elementos del nuestro, por ejemplo la insignia inquisitorial del Regimiento Dolores Umbridge, solución: me coloca en el entorno donde me encuentra adecuada y me pone el uniforme de Slytherin. Es lo más lógico que puede hacer para mantenerme en el discurso.
Snape se soltó, dejando que Hermione cayera de pie y se alejó, azotando la puerta del despacho al entrar. Merlín, se repetía. Granger lo estaba enloqueciendo. Sus besos, sus piernas, su voz, su perorata incomprensible.
Pasaron los días, pero pensaba en Hermione recurrentemente. Su cuerpo, sus besos, lo habían alterado.
Debía hablar de la locura que sucedía. La encontró haciendo los deberes de Aritmancia en un salón vacío. Le dijo que ella corría peligro mortal permaneciendo en Hogwarts, por si no se había enterado.
Sin soltar la pluma, apoyando el otro antebrazo en el escritorio, Hermione volteó a él, paciente:
-Severus: no importa si muero. El programa se va a repetir y volveremos a estar donde hoy. En realidad no hay mucho dónde esconderse, pues este universo es pequeño. Consiste en Hogwarts, Hogsmeade, Diagon y Malfoy Manor. No podrías ir a Londres, es muy difícil de reproducir por lo complicado. El programa no tiene tanta capacidad de memoria.
Él quiso entender la actitud de Granger, su creencia en un mundo irreal. Un delirio muy elaborado, sin duda producto de sus influencias muggles.
-Si entiendo bien lo que dice –Snape frunció el ceño-, ¿quiere darme a entender que cree haber descubierto que vivimos en un espejismo?
-Una simulación. ¿Ves mi corbata verde y plata, eso no te dice nada, Severus?
-¿Quiere dejar de llamarme así y de tutearme? –estalló de nuevo.
-No nos conviene, mi amor. Te llamo así para mantener mi consciencia de venir de otro parte, pero si se me olvida, si me creo la explicación que me da el entorno, estamos perdidos. Creo que también Parkinson está presa.
Snape alzó los brazos.
-¿No le sienta mal ser la única que lo percibe? Nota que nadie más cree lo que usted. Considere que puede ser víctima de un delirio.
-No me amargo, Severus. Trato de llevar los días lo más calmo posible. He estado comiendo helados levitadores enFlorean Fortescue y visitando por las tardes La Casa de las Plumas. Estas mañanas sin venir al colegio y sin estar huyendo de los mortífagos son bastante placenteras. Antes no lo hubiera creído. Ahora, mientras nadie me ve, entre los aparadores de Diagon, encendidos por el último sol, observo calladamente atardeceres, su incendio sereno en la frontera del universo virtual.
-¿Y según eso estamos de cuerpo presente? Porque si morimos y todo se repite…
-No estamos de cuerpo presente. De hecho existimos a ratos. Cuando el programa se depura quedamos dormidos, pero despertamos en lo que sentimos como el segundo siguiente. Los sitios geográficos tampoco existen siempre.
-Pero si voy a Malfoy Manor, lo encontraré.
-Sí, claro, el programa está corriendo con nuestras conciencias dentro de él. Mas sólo verás los sitios si vas a ahí. No tiene caso representarlos para ti si no estás en ellos, sería un contrasentido. Sería mucho gasto de memoria RAM.
Snape asomó por la ventana. Ahí afuera estaba el resto de Hogwarts. Extraño creer que las partes que no veía, no existían ahora. Pateó el piso. Sólido.
-¿Y usted viene de otro… programa? –aventuró él
-No, yo vengo de la realidad, como tú. La realidad es el mundo ultra-tecnificado de rascacielos domóticos inteligentes controlado por la dictadura Slytherin, donde ahora tenemos un problema mayúsculo. Al inicio de estar aquí pensé que había soñado nuestro mundo, máxime porque nadie más lo recordaba, pero me di cuenta de la falta de concordancia con los hechos que sucedieron y mi comprensión del presente –afirmó Hermione-. Por la fecha, yo debía haber huido de casa de Draco junto con los muchachos. De entrada no debía estar en Hogwarts.
-Sí, eso es raro.
-¿Y no te preguntas por qué Bellatrix dice que estuve presa?
Él lo pensó.
-No, para mí…
-Simplemente lo has dejado ser, porque aceptar la incongruencia en lo que crees la realidad, sería demasiado.
Snape se cruzó de brazos, pensando.
-¿Pero cómo descubrió o creyó descubrir que esto no es real?
-Primero porque no pude ir muy lejos, excepto donde te digo. Luego, es ilógica la versión aberrante del trenecito de vapor que se ve en la Estación de Hogsmeade. Ese no desarrolla la aceleración interdimensional para llegar desde la Plataforma 9 ¾ que se logra con el hechizo Plego. También crucé a Londres y más allá de las primeras calles no pude pasar, debido a retenes policiacos y obras urbanas, además que aun colándose, para donde sea que vayas, vuelves a la entrada que conduce a Diagon como si toda recta fuera en realidad una curva. Vi pasar un avión y no logré aparecer en él. Al cabo de horas me di cuenta que es el mismo, pero surca al cielo con diferentes rutas para aparentar la existencia de tráfico aéreo. Como sea que viajes en el mundo mágico hay poblados que no existen, aunque sí las señalizaciones. Luego de mis experimentos comencé a recordar la verdad y vine a verte.
-¿Por qué yo no puedo recordar ese supuesto mundo, si hace días insinuó que era más difícil de recordar para usted, que para mí?
-Fácil: porque yo me dupliqué por un error en el copiado de nuestras mentes cuando nos metieron aquí. La duplicación atenuó la parte del programa que se llama "explicación correcta", por medio de la cual, uno cree estar en un mundo real.
-Y… en fin… –Snape movió la cabeza.
-Oye, Severus –la chica lo observó desde su pupitre, remordiéndose una uña-. ¿No tienes ganas de que lo hagamos?
-¡Granger!
-No, en verdad. Te lo digo porque sé que haciéndolo conmigo, vas a recordar. No obstante, también te me antojas, ¿sabes? –afirmó, inquieta- En el mundo real es obsesivo nuestro afán por tener sexo. Nos encontramos muy atractivos. La verdad hacerlo en Hogwarts me recuerda ciertas fantasías de mi época de estudiante.
Snape abandonó el salón. Tenía dolor de cabeza. No entendía gran parte de lo que Granger le explicaba. O lo entendía, pero lo que no podía hacer era creerlo. Difícil suponer que la incredulidad se debiera a alguna pulsión externa a su conciencia, que no detectaba.
Ese domingo Granger se presentó en la oficina, ante un Snape que no sabía cómo proceder, abrumado por la persistencia de la castaña y el deseo instalado en él. La Gryffindor uniformada de Slytherin señaló una esquina del escritorio que fuera de Dumbledore:
-¡Mira eso!
Era una pequeña caja cerrada, que oscilaba en vibraciones cíclicas, como un diapasón. En el extremo de cada oscilación estaba a punto de desvanecerse. Granger explicó a un azorado Snape que detectó la caja la vez pasada.
-No la había visto… -se dijo él.
-Porque no existe en tu conciencia sino hasta ahora; desde que desperté en este Hogwarts he estado indagando.
-Y esa caja, ¿qué significa?
-Mi presencia aquí abre temporalmente ventanas a otros universos. Recuerda que la Red Flu crea una distorsión del espacio-tiempo por las ondas gravitaciones que genera, gracias a sus 50 mil Yottabytes de información. En Flu todo programa es el eco de un universo paralelo. Hay quien dice que los demás universos de Hogwarts nacieron de una torsión de Flu.
Snape empezaba a dudar de estar en algo verdadero. Hermione prosiguió:
-Eso y mi existencia en este universo trae esa caja desde otro universo. En esa caja guardas un recuerdo de amor conmigo. Pero es de un universo muy lejano. Su comprensión es imposible para ti aunque supieras de qué se trata. De hecho es de un universo derivación de este raro donde estamos. Este universo anacrónico de metal y ladrillo surge en varios sectores del multiverso local donde pertenecemos. En uno de ellos, mueres en la Casa de los Gritos, en otro, en el Embarcadero. En varios universos no me amas o yo amo a Draco o a Harry o increíblemente, a Ron. En algunos tú amas a Narcissa o a Pansy Parkinson. En muchos, amamos a personas que no conocemos. En los más lejanos, somos creación de una muggle. En otros, hay personas ajenas a nuestros universos que te salvan por una rara magia de palabras que no sé explicar. Pero esos universos ya están lejos de mi alcance y comprensión. Nos importa éste, Severus.
-Me está diciendo que donde estamos no es el lugar donde pertenecemos… escuche Parkinson…
-¿Parkinson? –Hermione frunció el ceño.
-Quiero decir, Potter… -corrigió- Es decir, Granger, usted habló de Parkinson…
-¿Te gusta Pansy? –Hermione se molestó, celosa-. En nuestro mundo creo que te llama la atención.
-No, entienda lo que…. ¿y por qué debo darle explicaciones, Granger? Sucede que…
-Vas a decirme que no debemos tener relaciones sexuales –ella asintió, anticipando-. Al contrario, debemos tenerlas. La impronta neuronal por actividad sexual es muy marcada. Aun si me creyeras de dónde venimos, no sería lo mismo. Debemos hacerlo, Severus. Es un ancla muy grande con la realidad si está asociada con el amor, y entre nosotros hay amor, créeme. Ellos tratan que olvidemos el amor. Por eso hacen estos universos crueles tan reales. Son programadores Ravenclaw, utilitarios, enfocados a objetivos.
Snape la observó con atención.
-Por lo tanto, Severus, aun si no me crees debemos hacer la prueba, si no es por deseo, el cual me extraña que no sientas, sí para comprobar la hipót…
Snape se levantó bruscamente y la abrazó, besándola en la boca. Los labios húmedos y cálidos de Hermione lo recibieron con conocimiento.
La colocó en el escritorio y en poco tiempo, los jadeos y movimientos se hicieron intensos.
Snape sintió acercarse al clímax, aferrado por Hermione, cuando Pansy Parkinson entró por la puerta.
-No te preocupes, Severus… -susurró Granger- Yo la llamé, la detesto, pero no quiero dejarla aquí –la chica extendió una mano hacia la otra.
Snape ya no controlaba nada, Hermione también perdía el control.
Aun así alcanzó a ver a Pansy, una sombra de ojos brillantes y fríos.
-No, no soy la que crees, Granger –dijo-. Yo soy el ente regulador de este universo. Cuando salgan, bórrenlo. Estoy cansada de este aburrimiento.
Hermione no respondió, excepto gemir al moverse junto con Snape y sentir que se desmayaba. Ambos alcanzaron el clímax y soltaron un grito.
A continuación vieron una luz blanca, enceguecedora, envolvente.
Abrieron los ojos y estaban en reclinatorios, uno en cada uno, reclinatorios ortopédicos en un salón de mediano tamaño, iluminado por luces neón y ocupado por maquinaria inservible.
El mortífago técnico no los vio despertar. Aun sin las varitas, lograron dejarlo fuera de combate, y al recuperarlas, salieron corriendo del edificio, que estallaba en fuego.
El aire fresco de Neo-Cokeworth con sus miles de torres iluminadas en la noche, los recibió. Las construcciones se elevaban entre los pisos elevados y los hipogrifos en vuelo.
-Seguro nos atraparon el usar la Red Flu y nos llevaron a un universo virtual –comentó Hermione.
Alejándose ente los transeúntes, ambos subieron a una acera móvil.
-Eres una genio –opinó Snape, que le mostró un diskette-. Este es el programa del universo virtual donde estuvimos.
-¿Qué harás?
Snape lo alzó entre sus dedos, y con un pase de la varita, lo volatilizó.
-Libres todos ellos –comentó, agrio-. Sigamos buscando a Potter.
