Leonard de 1989 entró a su casa, sigiloso y alerta, como siempre. Observó silenciosamente a su alrededor, como siempre. Pero esta vez las cosas no estaban como siempre.
Sus ojos se clavaron en la figura inmóvil de su padre, en el suelo de la cocina, rodeado de vidrios rotos y parte del moviliario en el suelo. Quiso acercarse para ver si el hombre aún respiraba, pero cambió de opinión al medio segundo después y su mirada recorrió a todo su alcance para buscar a su hermana, sin embargo, ella no estaba.
-¡Lisa! –gritó mientras subía las escaleras. Llegó hasta su habitación y golpeó fuertemente la puerta.
-¡Lisa! ¡¿Estás ahí?! –llamó golpeando la puerta, hasta q sintió el sonido del pestillo deslizándose por el otro lado.
Lisa abrió tímidamente la puerta y se asomó hacia afuera, Leonard la tomó en sus brazos y la abrazó, entró a la habitación e instintivamente, al igual que su hermana, cerró la puerta con llave y pasó el pestillo.
-¿Qué pasó Lisa? ¿Estás bien? –le preguntó en su oído, aún sin soltarla. Sólo al percibir que Lisa asentía, apoyada en su hombro, la puso de pie sobre su cama, así quedaba un poco más alta que él, y la miró detenidamente.
-¿Estás segura? –quiso cerciorarse.
-Sí Leny, estoy bien – le confirmó la chica, quien luego se sentó y se acomodó en la cabecera de la cama. Leonard respiró aliviado y se sentó frente a su hermana.
-¿Qué pasó en la cocina, Lisa?
La pequeña respiró profundamente, recordaba lo conversado con Sara, pero aún sentía miedo. ¿Si Leonard se enteraba de lo que había pasado, se enojaría a tal punto que se iría de la casa, tal como repetidas veces le había dicho su papá? Decidió omitir parte de la información.
-Mi papá está bien, tu amiga dijo que se iba a despertar después, cuando tú llegaras, así que quizás se despierte luego.
Leonard la miró desconcertado.
-¿Qué amiga, Lisa?
-Tu amiga Sara, a la que le pediste que me cuidara – corroboró la chica. Leonard comenzó a preocuparse.
-Lisa, yo no le he pedido a nadie que te cuide –le respondió muy serio, creyendo que su hermana estaba, simplemente, inventando cosas.
-Leny, me dijo la palabra de seguridad –se burló la chica.
-No Lisa… eso no puede ser.
-¡Es verdad Leny! Tu amiga Sara vino, y se puso a pelear con mi papá, y tenía un aparato con una luz, que se lo mostró y después se cayó al suelo.
-Pero Lisa, yo no le he pedido a nadie que venga…
-¡Es verdad Leny! ¿Por qué no me crees? – reclamó la pequeña.
-Lisa, espera, cálmate un momento ¿si? –Leonard trataba de entender. –Explícame bien qué pasó.
La chica refunfuñó.
-Mi papá y yo estábamos en la cocina… (Lisa decidió omitir la información relevante) y Sara llegó, se puso a pelear con él. Después sacó un aparato muy raro, y le mostró una luz a mi papá y él se cayó al suelo. Y ella me dijo que tú le habías pedido que me cuidara, yo le pregunté la palabra de seguridad y ¡ella me la dijo!, por eso le creí, y por eso la dejé que entrara aquí conmigo. Te estuvimos esperando pero ella tenía que irse, dijo que tú ibas a llegar muy pronto, y así fue, llegaste al muy poco rato después.
-¡¿Entró a mi habitación?! –se escandalizó Leonard.
-Sí, pero le dije que no podía tomar nada de tu armario –Lisa ya comenzaba a asustarse, ¿habrá hecho bien en confiar en esa muchacha, que, al parecer, no tenía nada que ver con su hermano?
Leonard se puso de pie y miró con detención su cuarto, a simple vista no le faltaba nada. Trataba de descifrar lo que había ocurrido en su ausencia. No sabía si creerle a su hermana o no… al fin y al cabo, era sólo una niña.
-Leny, de verdad ella era tu amiga, dijo que tú hablabas de mí todo el tiempo.
Pero Leonard nunca hablaba de su hermana, no porque no quisiera hacerlo, o porque no la quisiera, o porque no se sintiera orgulloso de ella, sino porque debía protegerla del mundo, de su mundo, mientras menos gente supiera de la existencia de Lisa, más protegida estaba de los peligros del mundo criminal. Sin embargo, no había forma de explicarle eso a una niña de ocho años.
-¿Ella te hizo algo a ti?, ¿te hizo daño? –Leonard continuó escudriñando la situación.
-No, nada, fue muy amable conmigo, todo el tiempo, hasta me abrazó, Leny –dijo Lisa algo avergonzada, no estaba acostumbrada a eso –Ella es muy linda.
Leonard pensaba y trataba de entender… quizás esta tal Sara había venido por algún ajuste de cuentas con su papá, si era así, no le interesaba en lo más mínimo, pero sí le preocupaba que alguien haya podido entrar a su casa, arriesgando a su hermana. Quizás Lisa creyó escuchar la palabra de seguridad, esa que ambos habían determinado para situaciones de emergencia, y por eso estaba tan segura de eso. O quizás olvidó preguntársela, y para no quedar mal con su hermano, le hacía creer que sí lo había hecho. Era la única explicación que encontraba. Para comprobar su hipótesis necesitó recolectar más detalles.
-Lisa, necesito que me cuentes por qué Sara y el viejo estaban peleando.
Lisa guardó silencio muy seria, para ocultar su temor, porque para responder esa pregunta debía contar lo que había hecho su papá, debía hacer lo que Sara le había pedido, debía confiar en ella.
-Lisa, ¿sabes por qué estaban peleando?
La chica asintió, pero no se atrevía a hablar.
-¿Me puedes contar? –insistió Leonard, preocupado al ver la reacción de su hermana.
-Comenzaron a pelear porque… -Lisa se armó de valor- Sara vino a defenderme a mí.
-¿Cómo?, no te entiendo.
-Es que… hice algo estúpido… estaba en la cocina y le rompí unas botellas a mi papá… ¡pero fue sin querer, Leny! –El ladrón, al escucharla, comenzó a horrizarse, comprendió perfectamente lo que podía pasar, él, en su niñez, también había hecho "algo estúpido" –y mi papá tomó una de esas botellas rotas para pegarme. Ahí fue cuando Sara llegó y me defendió.
Leonard se levantó totalmente abrumado, sabía que Lewis era capaz de hacer eso.
-Lo siento Leny –rogó Lisa, al ver que su hermano se alejaba de ella.
Leonard al escucharla reaccionó, y se acercó rápidamente a ella para cogerla en brazos y abrazarla lo más fuerte que pudo. Lisa se aferró a él con brazos y piernas, al parecer, Sara tenía razón y su hermano no iba a culparla por lo que había ocurrido.
Leonard se sentó nuevamente y sentó a Lisa en su regazo, frente a él.
-¿Esto ha pasado antes, hermanita?
-Más o menos… a veces. ¿No te vas a ir cierto? –rogó la chica.
-¿Irme?... ¿a dónde?... no te entiendo…
-No te vas a ir de la casa ¿cierto?
-¿El viejo te ha dicho eso?, ¿te ha dicho que no me cuentes porque o sino yo me voy a ir? –preguntó Leonard indignado.
-Sí…
-Lisa, no hay motivo en el mundo que haga que yo te abandone –la consoló con voz firme.
-Sara dijo lo mismo –sonrió la pequeña.
De pronto, se sintieron fuertes pasos en la escalera.
¡Lisa! –La voz de Lewis resonó en los oídos de ambos y los hizo estremecerse.
Leonard odiaba a ese hombre, desde la primera vez que lo había humillado, que lo había hecho sentirse miserable. Pero en lo más profundo de su ser, aún le temía. Quizás por eso no había querido descubrir qué pasaba con su hermana cuando él no estaba, no había querido poner más atención, confiando en que él nunca había mostrado señales de violentarla. Pensó que podría haberlo descubierto antes, y se sintió terriblemente culpable. Pero él también se sentía intimidado por él, aunque nunca lo reconocería. Sin embargo todo este miedo y angustia no iban a ser impedimento para defender a su hermana.
-¡Lisa! ¡Abre la puerta! –escuchó cómo Lewis golpeaba furiosamente la puerta desde fuera.
-Lisa, quédate aquí, vengo enseguida –le dijo Leonard con dulzura.
El ladrón fue directo hacia la puerta y la abrió de golpe, se encontró con un Lewis bastante sorprendido de que él estuviese ahí. Leonard lo sujetó de la camisa y lo encaró. Por un momento no dijo nada, sólo lo observaba con furia.
-¿Qué? –se mofó Lewis- No te atreves a nada, son los dos igual de cobardes.
Esto indignó aún más a Leonard, empujó y arrinconó a su padre hasta la pared de enfrente.
-Escúchame atentamente –amenazó Leonard- una cosa es que hagas lo que quieras conmigo, ya me arruinaste la vida y no tengo nada que hacer contra eso, pero a MI hermana…. –Leonard temblaba, pero luego continuó- a MI hermana no la vas a tocar… a diferencia de mí, ella sí tiene quien la defienda.
Dicho esto último, Leonard derribó a Lewis al suelo y volvió a entrar a su habitación, volvió a cerrar con llave y volvió a pasar el pestillo. Se sentó en el suelo con la espalda apoyada en la puerta, aún temblaba, aún no podía creer que finalmente se había enfrentado a su padre. Lisa se arrodilló frente a él.
Leonard tomó a su hermana y la acercó a él, la apoyó en su pecho y puso sus brazos alrededor de ella, su corazón latía rápidamente, pero intentó serenarse y respirar hondo, intentó olvidarse de la situación y pensar fríamente, pensar en lo importante.
-Lo siento hermanita.
-No es tu culpa Leny –lo tranquilizó la pequeña.
Pero Leonard sentía que sí era su culpa, no había sido capaz de ver la realidad escondida tras las amenazas de su padre, y su pequeña hermana había tenido que inventar toda esta historia como excusa para contarle lo que le pasaba. O al menos eso creyó él.
No fue sino hasta 20 años después que Leonard se dio cuenta, finalmente, de qué fue lo que ocurrió en realidad.
