En discos de vuelo, Tonks y Lupin salieron velozmente del ramal de Red Flu a la noche de torres de 300 pisos, y pasaron raudos bajo el escandaloso anuncio flotante, de lumos:
BIENVENIDOS AL VALLE DE GODRIC
Las pantallas informáticas que pasaban ante sus ojos mostraban el rastreo de la nube genética de Harry Potter, en forma de espirales azules que giraban contra el fondo de las calles y de los transeúntes anónimos, que ambos inquisidores sobrevolaron, sumergiéndose en el resplandor de las torres agudas.
Varitas en mano y rompiendo el viento, buscaban la nube dejada por Harry al escapar, diferenciada por el programa neuronal entre los mares de nubes genéticas de cada persona en las aceras y de las que iban en pegasos.
Lupin pudo observarlos: las luces del Valle de Godric se reflejaban en los charcos de una reciente lluvia, en las calles. En esas aceras mojadas avanzaban encapuchados magos Ravenclaw y Gryffindor, junto a silenciosas brujas de Hufflepuff y sombrías de Slytherin; los habitantes originales del mundo mágico se mezclaban, aunque se diferenciaban por la ropa, con squibbs de mirada dura que llevaban prótesis de equipos cibernéticos, para darse un equivalente de magia; bajo las luces incesantes de las torres caminaban al lado de muggles sin permiso de traslado fuera de sus ciudades de trabajo; junto a torvos elfos con collares localizadores. Todos armados a su modo bajo las ropas, ciudadanos comunes, esclavos, espías o prófugos.
Nymphadora Tonks observó ir en aerovehículos o montados en hipogrifos, a hoscos aurores con cascos y partes de armadura para protegerse de la tecnología muggle, que llegó al mundo cuando decayó la magia; pasó sobre cruces de avenidasa a luz de semaforos, vigiladas por mercenarios armados con fusiles láser, tropas a sueldo en su mayoría exmortífagos, que gozaban de la amnistía decretada por el Ministro Slughorn.
De pie en los aerodiscos, Tonks y Lupin pasaron en sombras veloces por encima de aceras atestadas y sobrevolaron amplísimas vías de tránsito aéreo y terrestre; allá, a lo lejos, brillaban las luces de las centrales mágicas que trataban de sostener a flote el mundo... De seguir por ese camino, pensaron, acabarían siendo un grupo de ciudades muggles unidas por tratados.
Tonks observó de reojo a Lupin, cuando para ambos sonó el bip de haber hallado un vestigio de la nube de Harry unos kilómetros al noreste, y cuando aceleraron a más de cien por hora ella notó la expresión de su pareja: Remus inquieto, pero seguro de lo que debía hacerse.
Sujetaron más fuerte las varitas. Algo les decía que Harry tenía qué ver con el decaimiento de la magia. Y que era necesario atraparlo para resolverlo. Aún así, Tonks tenía preguntas que no alcanzaba a formularse. Mas notaba que Remus no dudaba un ápice, ni había dicho nada cuando supieron que la orden era matar a Harry o a cada copia de él.
Estamos en pos de los horrocruxes de Harry Potter, se dijo Tonks, aferrando la varita.
En cacería al lado de Tonks, Remus tenía motivos para no dudar de la orden de acabar con Harry... Conforme la magia disminuía, aumentaba el uso de tecnología muggle y el mundo mágico se desdibujaba. Se diluía en una mezcolanza apareciendo algo nuevo y por ende, amenazador.
Estaban viviendo en destellos de antes de la guerra. Si esta situación era culpa de Harry, de seguir él con vida, la magia iba a desaparecer del todo. Y entonces brujas y magos no se distinguirían de squibbs, muggles y elfos. Sin ese poder quedarían al mismo nivel. Eso no le gustaba, compartir un mundo nivelado con base en una pérdida, donde para colmo la minoría eran las brujas y los magos. Hogwarts quedaría obsoleto y abandonado, y por ello quizá lo estaban remodelando, en previsión del futuro. Brujas y magos que ya no podían llamarse así, entre capas de poblacion que los odiaban: Los elfos por la esclavitud, los squibbs por su discriminación tradicional, los muggles por ser prácticamente cautivos. Y los ex mortífagos...
En una avenida que reflejaba en sus charcos las luces de edificios y vehículos en vuelo, sobrevolaron una larga fila de tanques del Slytherin Korps, de cañones prestos y comandantes con medio cuerpo asomando por las torretas, dominando entre thestrals y transeúntes...
Las otras Casas no habían deseado nunca que el mundo acabara así. Fue la ingenuidad de suponer que los sangre pura no volverían; de creer que la sola victoria y los juicios a medias erradicarían afanes supremacistas. Eso llevó a todos a caer en manos de los peores, los que hoy detentaban el poder: los Malfoy, los Nott, los Zabini. Lo fusionados en Serpens Máxima.
La pista de la nube los llevó a subir por fuera , hasta el piso doscientos de las innumerables torres tan anchas como estadios de quidditch. Debían alcanzar a Harry. No era hora de principios, era hora de sobrevivir.
-¡Ahí está! -advirtió Tonks con un grito, bajando en picada, seguida por Remus.
Era la costumbre de hablar. Innecesaria. El programa les mostró en pantalla la firma calórica de Harry, cinco niveles de puentes de tráfico, abajo.
Descendiendo veloces en una diagonal que poco menos y era recta, al lado de Tonks y de Lupin pasaron en alud las miles de ventanas iluminadas que mostraban gente en sus apartamentos, transeúntes en aceras móviles elevadas pasando entre edificios, patrullas del Departamento de Asuntos Mágicos yendo a cumplir órdenes de aprehensión.
En segundos cayeron encima. La velocidad borró el entorno y en el centro apareció Harry viendo hacia ellos, con gesto de terrible sorpresa y contrariedad.
-¡Desmaius! -gritó Nymphadora, lanzándole el destello con la varita.
Harry, feroz, desvió el conjuro con un rayo de su varita, enseguida corriendo entre transeúntes que asustados se apartaron de su paso, en la acera móvil.
Tonks y Lupin fueron tras él, velozmente y casi al ras de la acera, paralelosa la acera móvil donde sus ocupanes se agachgaban por miedo, y he aquí que Harry conjuró una escoba o así se llamaba a ese turbo aéreo a reacción, donde montó y se alejó subiendo en vertical, devorando decenas de pisos en segundos.
Seguido de Tonk y Lupin evadiendo sus Desmaius, Harry llegó a un largo puente de conexión con el piso cien de una torre de apartamentos.
Un ancho puente iluminado que venía de otra torre salvaba el precipicio y desembocaba en un arco de cristal y acero, yendo hacia negocios de un nivel de comercio en esa torre que era una ciudad vertical para doscientos mil habitantes.
No había nadie en el puente, excepto Harry en la escoba, seguido de Tonks y Lupin.
-¡Avada Kedavra! -gritó Remus, lanzado la brillosa maldición contra Harry.
Tonks, atónita, lo observó boquiabierta.
Y ese segundo les hizo perder la ventaja.
Por el puente, que se unía con un balcón del edificio, en sentido contrario a Harry aparecieron corriendo, encapuchados y enmascarados listos a atacar con las varitas, a Tonks y a Lupin.
Una serie de disparos rectos y brillantes venidos de más arriba, cayeron en diagonal de látigos sobre los encapuchados.
Tiros rectos, rojos brillantes, atravesaron a los enmascarados lanzándolos atrás o derribándolos al suelo en contorsiones brutales, arrancando láminas de la acera móvil, de la que brotó humareda y chispas.
Fue tan rápido que Tonks y Lupin no supieron reaccionar, pero dándose cuenta que no era contra ellos no tiraron hechizos hacia quien disparaba, sólo vieron un rayo rojo rebasar a Harry exactamente encima del hombro izquierdo y dar contra un pánel de la entrada a la torre.
El pánel reventó dando de frente al fugitivo, desmontándolo de la escoba, que se hizo añicos, lanzando espantosamente a Harry hacia atrás y envolviendolo en una nube de humo.
La Harley Davidson chirrió cuando tocó el suelo y se detuvo, girando hasta quedar de cara a Remus y a Nymphadora, quien apenas habían detectado su presencia, y que bajaron de sus aerodiscos de un salto.
-¡Maldita loca! -aulló Tonks- ¡Maldita demente!
Sentada en la moto, Parkinson extendió el brazo y la apuntó con la pistola eléctrica, con sonrisa que se diría triunfal de no ser por la frialdad de sus ojos.
-Ni te atrevas -la conminó la Slytherin-. Potter es mío.
La zona debió ser desalojada cuando el edificio inteligente los detectó a lo lejos y calculó que habría un enfrentamiento. Entre el humo, y en relativo silencio, la acera móvil chirriaba, transportando los cuerpos caídos en diferentes posiciones.
-Son Gryffindor -dictaminó Lupin, comprobando en su pantalla que los caídos llevaban el holotatuaje en el antebrazo derecho.
-Déjalos -indicó Pansy, sin bajar la pistola-. Los van a recoger antes que lleguen a nivel de acera pública.
Aquello había sido uno de los primeros decretos de Slughorn, llevar el emblema de la Casa en hologramas en piel. Primitivo, dado que el escudo de la Casa se llevaba grabado a nivel molecular en cada célula. Tonks se dijo que no todo mundo marchaba a la misma velocidad. Muchos todavía usaban relojes de manecillas o de arena o clepsidras. Pero prueba de que el mundo cambiaba, era cómo Pansy prefería usar una maldita pistola muggle en vez de su varita.
Pansy captó la impresión de Tonks y entrecerró un ojo, exasperada.
-Las varitas ya casi no funcionan. ¿No se han dado cuenta? Fallan cuatro veces de cada diez que las usas.
Ellos se detuvieron. Un tramo de acera en movimiento lanzaba pequeñas llamas.
-No te disculpes. Te vuelves muggle, Parkinson -afirmó Tonks, ácida.
-Y esta pistola te hará más daño que una varita -respondió Pansy, centrándola en la mira.
Remus dio unos pasos, entre lenguas de humo que lamían el suelo.
-Hasta ahí, Lupin -le advirtió Pansy, apuntándole, seca-. Esa presa es mi derecho de caza.
Tonks puso cara de risueña incredulidad.
-¡Harry, tu presa! -rio- ¡Tú no tienes remedio, Parkinson!
La Slytherin le sonrió, entrecerrando los ojos.
Remus se detuvo, cavilando.
-Por una parte, es bueno que el humo del pánel oculte a Harry -consideró-. Los anteojos se hundieron en su cráneo. La fuerza de estallido sobre el abdomen, hizo salir los...
-¡Basta, Remus! -gritó Tonks. El frío del puente hizo sonar más fuerte su voz.
Pansy hizo avanzar la Harley, apuntando alternadamente a los aurores.
-Voy a llevarme a Potter -afirmó-. Bueno, a parte de él. Si intentan lanzarme un hechizo, los mato.
-Siempre tan determinante, señorita Parkinson -comentó Lupin.
La Slytherin se sumergió en el humo. En sus pantallas, los aurores notaron que ella cargaba el cuerpo del caído, en la motocicleta.
Exactamente al hacer eso, frente al puente de esa alta torre apareció un anuncio luminoso, que se repitió en cuadros, lejanos, sobre las torres del Valle de Godric:
Decreto 2326 del Ministro Profesor Horace Slughorn:
Se limita la libertad de tránsito.
Todo infractor será condenado a Azkabán
sin apelación ante el Tribunal.
-Cazas uno de los horrocruxes de Harry, y aparece esa notificación -advirtió Tonks, señalando afuera, al anuncio, sobre el mar de edificios-. ¿Te das cuenta, Parkinson? Sería mucha coincidencia, pero no lo es, te vieron, nos están monitoreando. Así al ir atrapando las copias de Harry, Slytherin lo tiene más claro y aumenta el control.
La voz de Pansy brotó de la humareda, reacia a disiparse:
-No, ellos no nos ven. Evitan hacerlo y no debemos avisarles nada -aclaró-. Estamos en un universo de eventos llamado "Cacería de Harry". Observarlo desde fuera altera su desarrollo. Si nos ve, Slytherin puede saber dónde estamos en un momento determinado, pero no qué hacemos. O puede saber qué hacemos en un momento determinado, pero no puede saber dónde estamos. Y si hacen eso, interfieren. A un experimento se le interfiere con sólo verlo. Así que si ven lo que hacemos, alteran el desenlace deseado. El éxito de la misión peligra, porque el universo se hace más caótico al ser testigo de él.
La moto rugió.
-Se llama Principio de Incertidumbre -añadió Pansy, sentada de nuevo al manubrio-. Mejor dedícate a las labores de tu Casa, Nymphadora.
Pansy se alejó volando en la Harley Davidson. Hizo una curva en el aire, y se marchó.
-Idiota -masculló Tonks.
Ambos caminaron por el puente, analizando. Lupin releyó aquel enorme anuncio que ahora mismo daba vuelta al Estado Mágico, indicando que la dictadura Slytherin se recrudecía.
No obstante, ellos tenían problemas por resolver.
-¿Cómo supo dónde estaba Harry? -gritó la Hufflepuff, alzando los brazos.
Lupin asintió, mostrando que llevaba este rato, cavilando:
-Elaboró un modelo matemático, evidentemente -concluyó-. Ya debe haber cazado a algún horrocrux de Harry. Usando su información neuronal, obtuvo un modelo que le dejó saber probabilidades de dónde estaba este horrocrux, el que perseguíamos nosotros. ¿Viste que dijo que se llevaría parte de Harry? Ahora cargó con todo, pero sospecho que usará el cerebro. Nos lleva varios pasos de ventaja, es astuta.
Tonks volvió a observarlo con esa mirada significativa.
-Tu manera de hablar -comentó ella, desapasionada- ¿No sentiste nada al ver muerto a Harry, verdad?
Él se encogió de hombros, estudiando las armas caídas. Todas eran varitas. No copias muggles, ni armas squibbs, ni cuchillos de cocina típicos de elfos.
Aclaró:
-No es Harry, es un horrocrux de él.
-Como sea -insistió Tonks, caminando por el lugar-. Es un cuerpo con su forma, con su voz, sus facciones. Destrozado, no te causa desagrado. Y le lanzaste un Avada.
Remus honestamente lo analizó:
-Así es, y creo detectarte una crítica, pero no entiendo en qué consiste.
Ella asintió, caminando y viendo el suelo.
-Estoy tensa, discúlpame.
Él le sonrió:
-No te preocupes.
La notificación del Decreto del Ministerio seguía pasando en sus tres kilómetros de longuitud, monótona, espectacular en el cielo negro.
-¿Y los Gryffindor muertos? -se preguntó ella- ¿Estaban cuidando a Harry?
-Yo diría que sí. Es más, lo esperaban. Tenemos varias preguntas.
Pasos a unos metros.
-Es hora de algunas respuestas -terció una voz jovial.
Sorprendidos voltearon a la voz, de un hombre en túnica y capucha, que se les acercó.
-La notificación de ese Decreto prohibitivo -lo señaló brevemente con el mentón-, no se debe a que Slytherin esté ganando la partida -aclaró el recién llegado, mostrando haber oído a Tonks-. Más bien es al revés, es una crisis de los sangre pura. Y grave.
Tonks reconoció la voz y de perfil asomó al borde de la capucha.
-¿... Weasley...?
Arribó un hipogrifo de titanio, de aletear mecánico, al tiempo que la risa afable y traviesa del encapuchado contrastó agradable con el entorno.
-Creo que podremos salvar a los caídos. Y estamos borrando toda grabación de este edificio y los cercanos, pero no podemos con todo, conversemos en un sitio más agradable. ¡Lo que ocurre interesa al Ejército de Dumbledore!
