Al amparo de la noche, Pansy montada en la Harley Davidson, con los fanales iluminó el balcón de la torre derruida.
La torre de 180 pisos se encontraba en uno de los barrios más pobres de Ottery, plagada de puentes elevados semiderrumbados y de construcciones de cristal y acero, a oscuras y tan desmanteladas como este vasto sector de edificios gubernamentales. Debían llevar así diez años, desalojados cuando la administración Ravenclaw fue reemplazada por los funcionarios Slytherin y éstos hicieron levantar sus construcciones.
Pansy aterrizó la Harley en el solitario balcón, y armada, escaneando amenazas, deambuló entre los desperdicios de cable, metal, y grafiti de símbolos alquímicos. El silencio era pesado.
Bajo el cielo azul marino, Pansy atendió la distancia desde un viejo barandal, sobre un océano de arquitectura muerta. Torres de titanio silenciosas, y lejos, hacia el norte, las altas ciudadelas luminosas de Serpens Máxima, dominando las colinas de Stoatshead Hill. Casi se diría que podía verse Hogwarts. Pero en esta área, las construcciones estaban semihabitadas en sus primeros niveles y el resto se caía a pedazos sobre calles poco pobladas.
A Pansy le convenía estar en esta ciudad, por una razón personal: No tenía mucha vigilancia, porque para el supremacismo Slytherin, Ottery St. Catchpole era una ciudad de esclavos. La ampliación del Estatuto Mágico había permitido recibir a trabajadores muggles, que aumentaron su número al crecer la necesidad de trabajo manual conforme la magia decaía, y por fuerza de gravedad, Ottery fue abandonada por la población mágica, atrayendo a clases sociales bajas: squibbs, elfos manumitidos y ex mortífagos.
Peor, Ottery era una ciudad de delirantes. Eso, porque los marginados habitantes de la urbe en decadencia, influidos por el apego muggle a la religión, habían desarrollado algo semejante a un culto.
Los nativos del mundo mágico no aceptaban la idea de un dios, pues era ajena a su forma de pensar, pero la idea de la Salvación muggle resultó consoladora a los desposeídos y los condujo a dotar de identidad al elemento omnipresente, al entramado del que dependía mucho de la vida moderna: la Red Flu, en realidad una inteligencia artificial.
Rescataron el emblema de las Reliquias de la Muerte, que dio identidad a los últimos de la jerarquía mágica. Y de la noche a la mañana tuvieron un culto.
No obstante, ese credo había tenido apostasías y herejías, una de los cuales era W.I.C.C.A.
Y Pansy llegaba a Ottery por ser wiccana, creencia que ocultaba bien. Aquí podría efectuar el conjuro durante unos minutos, sin ser detectada por el gobierno. Tomó la tablet de la Harley, enlazándola a su propia red neuronal y comenzó a cargar W.I.C.C.A.
Ocurría en su cerebro, pero Pansy tuvo la imagen virtual de ver proyectada en el suelo, la estructura de discos concéntricos, para que W.I.C.C.A. hiciera las premoniciones.
Mientras se trazaba el Círculo Mágico, tenía por mudos testigos a emblemas de las Reliquias de la Muerte trazados a mano, que llenaban las paredes junto con palabras como IMMORTALITY o REDEMPTION o FREEDOM.
W.I.C.C.A. comenzó a calcular, llevando a la pantalla visual de Pansy los datos colectados por ella, para obtener el augurio de los actos de los otros inquisidores y predecir el futuro más probable. Era posible, porque W.I.C.C.A. no se basaba en la fe, ni en la magia. Era un software creado por Sybill Trelawney basado en la Aritmancia y en la Aritmética para profetizar, usando una inteligencia artificial que llamaban Wizard y que representaban con un cuervo. Era la versión Ravenclaw de la religión.
Para mayor agilidad, los nombres y los sucesos estaban representados por emblemas alquímicos y de augures. Pansy los vio girar en 3D, mostrando una pauta legible de acontecimientos. W.I.C.C.A. era una herramienta de solución y su nombre eran las siglas de Wizard Inside a Chaotic Cuantic Algorythm.
Mago Dentro de un Algoritmo Cuántico y Caótico era un programa prohibido, pero Pansy lo usó y con ello rompió la norma de no observar lo que estaba pasando, pues se les dijo que no observaran, ni siquiera Serpens Máxima lo haría, para no alterar el universo de eventos donde los inquisidores y Harry Potter se movían. Y con eso echó a andar un efecto mariposa.
Nadie podría decir si Pansy adivinaba o provocaba los acontecimientos. En el vacío del cosmos su impulso fue un eco que reverberó y quizá desembocó en un amplio sótano, donde Tonks y Remus llegaron en ese instante con el encapuchado que se les presentó como parte del Ejército de Dumbledore.
Cruzaron un gran depósito de viejas cabinas de la Red Flu, unicornios cibernéticos sin chip central, complejas partes de maquinaria rotas, androides de guerra desactivados, otros objetos enormes de los que colgaban cables.
El encapuchado los condujo a una escalera eléctrica, que al bajar desembocó en una gran oficina a oscuras donde, en el centro de grimorios y artefactos amontonados y medio iluminados por lámparas de neón que titilaban, un chico ante una iluminada pantalla virtual se entretenía con un videojuego de caza-dragones. Tonks pensó que la oficina desordenada, a oscuras excepto aquella pantalla, brindaba una intimidad agradable.
—¡Mira a quiénes traje! -el encapuchado se descubrió la cara.
El otro volteó. Era Charlie Weasley.
—¡Fred, hola! -se quitó el visor y fue a ellos- ¡Hola, qué gusto verlos!
Los gemelos pudieron saludarlos con risas y abrazos en ese local subterráneo de Bromas y Sortilegios Weasley, dedicados a la piratería de productos y sabotaje de las bases de datos de Serpens Máxima.
—¿No temen que nos localicen? -quiso saber Tonks, viendo arriba, al inicio de la escalera eléctrica- Recuerden que llevamos nano-localizadores en la corriente sanguínea.
Fred alzó la mano, mostrándoles una cápsula.
—En cuanto los saludé, sus localizadores quedaron inactivados. Amigos, hablemos sin preámbulo. Vengan con nosotros, por favor.
Los llevaron a un nivel inferior, hasta un centro de reparación de androides, donde en silencio les mostraron una copia de Harry, sin vida y dentro de una cápsula transparente.
—Es el tercer horrocrux -les informó Charlie.
—¿O sea que van tres muertos? -Tonks necesitó confirmarlo, estremecida al ver aquel cuerpo.
—En efecto -terció Fred-. Pansy cazó a dos.
Remus dijo en aquel tono desapasionado con que trataba el asunto:
—Siendo así, me pregunto por qué ustedes no la han matado.
—Será porque no somos asesinos -sonrió Fred-. Este horrocrux cayó en nuestras manos, pero falleció en un accidente hace unas horas.
Tonks accionó la varita y, acongojada, con un pase hizo guardar la cápsula con el cuerpo, en un contenedor del muro.
—Tal vez sería conveniente que nos comentaran más -opinó.
Los gemelos se observaron entre sí, sonriendo.
—El buen Harry ya había tenido problemas psicológicos debidos a connatos de consciencia de la partícula de Voldemort en él -les recordó Charlie-. Pero a Slytherin le preocupa porque Harry, en esas condiciones, les representa un factor de caos en sus ecuaciones sociales. Es decir, que un Harry en esta situación amenaza la dictadura, porque sin necesidad de revelarse como el Señor Tenebroso, puede volverse un líder que cause una revolución.
Sirius afirmó:
—Y debe ser más grave, pues Harry se dividió a sí mismo en siete y hay que hallarlos a todos.
Fred negó con el dedo índice:
—No, señor Lupin, para reducir la partícula de Voldemort en Harrry, el Ministerio creó las copias de nuestro amigo. Lo obligaron a someterse. Usaron el Programa Horrocrux con él, pensando que lo diluirían.
Charlie completó:
—Pero, oh, sorpresa... Olvidaron la geometría fractal: Ella dice que la parte contiene el todo. Cualquiera de las partículas de Voldemort en Harry contiene al todo. Voldemort se puede reconstruir completo desde una sola copia de Harry.
Tonks soltó una pregunta que llevaba rato rondándola, extrañada:
—Chicos, ¿cómo saben todo esto?
Charlie sonrió:
—Obvio: los hemos estado vigilando.
—Pero no conviene que hagan eso -Tonks se alarmó.
Fred se encogió de hombros y miró a su hermano:
—¿Tú crees que no convenga?
—No creo, no...
Tonks no se convenció. Era Charlie Weasley, aunque fuera un clon del hermano fallecido, así como Remus y ella eran clones de sus originales, pero tenían sus mismas virtudes y defectos, e incluso más marcado en varias facetas de la personalidad...
Tonks apartó esas ideas e insistió:
—Lo único que están haciendo es volver caótico el universo de eventos llamado "Cacería de Harry Potter", donde se encuentra el Ministerio, Slytherin y quienes vamos tras Harry. Su observación, chicos, solo dificultará la búsqueda y nos puede llevar por caminos...
—... que evitarán que Serpens Máxima se salga con la suya -sonriendo, Fred volteó hacia Charlie.
—... Sí, impedirán que se salga con la suya -sonriendo, Charlie volteó hacia Fred.
Remus necesitaba saber algo más:
—¿Cuál es su plan?
Charlie hizo levitar un cubo de colores sobre una de sus manos:
—Hemos decidido cuidar a Harry y a sus horrocruxes. Nuestro primer intento no salió bien, pero mejoraremos. El decreto reciente de Slughorn que vieron ante de llegar aquí, de restricción de movimientos, muestra que Slytherin está en problemas graves. Habrá más decretos. La situación se tensará. Sólo debemos alargar la situación para hacerla más caótica y que Serpens Máxima entre en crisis. Fin de la dictadura.
—Pero sabotear a Serpens Máxima -concluyó Tonks, buscando la varita-, afectará el estado de la magia... Chicos, nos veremos obligados a arrestarlos.
Charlie sonrió, amable, como disculpándose:
—No, nosotros nos veremos obligados, señorita Tonks...
Remus asintió.
—Interesante. ¿Y cómo piensan proceder con nosotros?
Fred sonrió:
—Los invitamos a participar con el Ejército de Dumbledore.
Tonks amagaba con tomar la varita, pero la detenía la actitud de Lupin.
—¿No piensas hacer nada, Remus?
Éste negó con la cabeza.
—No, Nymphadora. De algún modo, ellos tienen razón -aceptó-. De cierta forma y con puntería un poco irresponsable, aciertan. Quieren derrocar a Slytherin. No suena mal. Se hace un poco aburrido ver a Harry sin vida.
Desabrida, ella dejó la varita. Evidentemente no le daría tiempo de nada. Habían bajado la guardia por tratarse de los gemelos Weasley.
—Esta es de las ocasiones cuando no te conozco, Remus, o que no te recuerdo.
Él asintió.
—Te creo. Me sucede contigo, también.
—En tu caso es más grave -afirmó, abatida.
—Perdona, pero es fácil para ti creer eso.
Ella suspiró:
—No, Remus. Me refiero a Harry.
—¿Qué con él? -se extrañó.
Ella negó con la cabeza:
—Es la segunda vez que lo miras muerto... No, ya sé que es una copia, pero aun así no te afecta en absoluto ver su imagen en esas condiciones.
—No entiendo el punto.
—Ése es el punto. Que no lo entiendes.
Remus trató de entender:
—¿El qué?
Ella señaló al contenedor, sin recriminar a su pareja, sin juzgarla:
—Remus Lupin no habría soportado ver así a Harry Potter, ni en dibujo. Tampoco habría podido lanzarle un Avada, como tu hiciste hace rato, así fuera a una copia. Tú no sientes nada, excepto curiosidad.
Fred los observaba.
—Creo que tienen temas por hablar, Charlie.
Su hermano se colocó el visor, volviendo a la pantalla del videojuego.
—De acuerdo, si deciden irse, los obliviaremos, Fred. Por ahora dejémoslos analizar.
Éste los observó:
—No es necesario aclararles que no se puede usar el hechizo de Aparición.
Tonks asintió, con leve sonrisa.
Mientras tanto, Pansy había estado sacado sus propios cálculos y ahora, en cuclillas ante el trazo wiccano, leyó el vaticinio de que ella misma cazaría de entre tres a cinco copias de Potter, con lo cual superaría a los otros inquisidores. Pero no se fiaba de los Malfoy. Si ella ganaba, ¿qué haría el Ministerio, dejarla ir, o dejarla vivir, dado lo que sabía? Podían esclavizarla a la Brigada Inquisitorial, u obliviarla. Podían separarla de su esposo para que no tuviera distracciones.
Volvió a analizar el círculo aritmántico. Aparecía un factor del que desconocía su valor numérico, es decir, que no sabía a qué persona representaba, pero W.I.C.C.A. le sugería que eran no una persona, sino dos, los Weasley.
En el local subterráneo, haces de luz grisácea pasaban por las mamparas del techo y caían taciturnas sobre la pareja, sentados frente a frente entre restos de maquinaria y electrónica.
Remus tenía la cabeza baja, viéndose las manos.
—Sí -asintió Lupin-, sé lo que me dices, que somos réplicas. Somos copias de los originales. Y por eso, por ejemplo yo, no siento nada al cazar a los horrocruxes de Harry. Porque no soy exactamente Remus Lupin.
—Y no te critico por eso -le susurró Tonks.
—Supongo que no -asintió, amable y preocupado-. Y no pienses que no lo noto. Sé la relación de afecto entre Harry y yo, pero pese a saber cuáles deberían ser mis reacciones, es como hablarme de otro. No logro evocar esos sentimientos en mí.
Tonks le tomó las manos.
—Ése es el punto -dijo, suavemente-. El punto es saber lo que somos, hoy.
Él la miró, con ojos doloridos.
—Yo soy Remus Lupin. Tú eres Nymphadora Tonks.
Ella le sonrió ella, cariñosa, con los ojos brillantes de lágrimas:
—No lo somos, cariño. Ante el mundo, sí. Ante quienes nos conocen, también. Pero los verdaderos Remus y Tonks fallecieron en la batalla de Hogwarts. Nuestra biografía empezó cuando Minerva ordenó que se les tomaran muestras de piel, para clonarlos, y obtenernos.
—Es lo que te digo, venimos de ellos, somos ellos.
Ella lo peinó con una mano:
—Aunque nos copiaran mil veces, no seremos ellos exactamente. No se puede lograr una copia exacta de alguien, es demasiado complicado. Aunque tengamos una diferencia del 0.001% ya somos otros. Somos ellos, con variaciones, pero eso nos hace otras personas.
Remus se contrarió:
—Sé lo que recuerdo, sé lo que siento, sé cómo se siente ser Remus Lupin.
Ella no perdió su sonrisa dulce:
—Pero no del todo, cariño. Por eso no te duele lo que ocurre con Harry. Entiéndeme, cariño, yo no te juzgo. Pero tú, yo, somos la imagen de un recuerdo. No somos los que fuimos, ni somos otros por entero. Somos un intento de ser, siempre intentando ser.
Él suspiró, buscando una respuesta:
—Y, entonces, ¿qué se hace?
Tonks le apretó las manos.
—Lo que todos hacen. Seguir viviendo. Pese a no tener respuestas o pese a que no existan -le sonrió, buscando sus ojos-. Seguir viviendo pese a las dudas. Seguir.
Tonks se arrancó el escudo de la Brigada Inquisitorial, lo tiró al suelo húmedo, y con un pase de la varita, lo volatilizó.
—No debemos ser marionetas. Nos llaman clones, pero no lo somos. Somos personas. No estamos obligados a cumplir las expectativas de los demás, sino las nuestras. Me he dado cuenta ahora.
Lupin observó aquello y le preguntó, como si a eso se redujera todo, como si eso fuera lo único relevante para él:
—¿Me amas?
A Tonks le conmovió aquel rasgo y le sonrió:
—Sí. Claro que te amo. Al principio no te amaba. Al despertar de nuevo, viví guiada por los recuerdos de Tonks que heredé. Traté de continuar con su vida, pero era como ver a través de un cristal. Eso me pasaba en mis sentimientos hacia ti. Pero con el tiempo, me enamoré de verdad.
Remus asintió, aunque su rostro traslució una cierta desilusión, como si hubiera deseado oír algo distinto, como si se percibiera más simple que Tonks, más ingenuo.
—Yo no he dejado de amarte -afirmó él-. Y muchas veces siento que no soy yo, que no soy Remus, pero mi amor por ti es mi guía.
Ella le sonrió:
—Entonces hemos recorrido caminos diferentes. Pero estamos de vuelta en nuestro amor.
—Creo que sí. Y a como veo, estamos frente a decisiones.
—Sí, cariño -admitió ella-. Quiero colaborar con los Weasley. No soporto más ayudar a Slytherin, así sea para salvar la magia. Quiero que vengas también, pero si no lo deseas no te obligaré. Espero que tampoco esperes que permanezca contigo, si decides irte.
Remus contestó a Nymphadora, terso:
—No me quedaré, yo seguiré con la misión. Por lo tanto, seguiremos caminos diferentes. Has hallado tu identidad y yo debo hallar la mía. No significa que no te ame.
—Lo acepto, cariño -ella le acarició el rostro-. Y confío que nos veremos de nuevo.
En el mirador, que era templo urbano de una religión tecnológica, el cabello de Pansy Parkinson se agitaba, rozándole la orilla de los labios rojos, de grácil curva. Su mirada reflexiva y un poco hosca, recorría los edificios muertos de titanio acristalado.
Apagó W.I.C.C.A. Había logrado vaticinar la separación de Tonks y Remus por razones personales, y obtenido el augurio de que Lupin venía a esta misma ciudad a encontrarse por azar con el factor de caos, o sea, Harry Potter. Si ella acababa con éste tendría una ventaja casi definitiva del reto, pero su mente trabajaba no sólo para ganar sino además para escapar y evitar que su éxito se le revirtiera. W.I.C.C.A. le había revelado que los demás inquisidores estaban cerca de empezar con planes semejantes y que Serpens Máxima estaba teniendo un problema.
Pansy observó que en la noche de estío rivalizaban en altura con el cielo, bajo nubes largas, distantes y las prolongadas líneas de tránsito aéreo de pegasos, en una inmensa soledad.
