Eso es ser amables, se decía Remus, caminando rápido por una acera de asfalto en el barrio oscurecido. Fumaba un cigarrillo. En la otra mano llevaba un revólver de iones.

Negoció con los hermanos Weasley para no ser obliviado y se marchó para seguir buscando las copias de Harry, pero en otra ciudad. Donde sea, no aquí, le había repetido Fred, sonriente.

Eso es ser amables, se repitió Lupin, pues era evidente que si buscaba en los alrededores lo matarían y tomaban como rehén a Nymphadora, sin decirlo. Sabían que Remus no la pondría en peligro.

Antes de irse habló con Tonks sobre ese percibirla como rehén, donde por ende lo amable de los Weasley era una fachada. El que ellos se mostraran gozosos y agradecidos porque Tonks se les sumara, podía ser una maniobra traicionera donde consideraran sacrificarla o usarla como medio de presión. Remus se lo dijo claramente, aunque Fred estaba muy cerca de ellos, escuchando... y sonriendo.

Amable como siempre... Fred le desagradaba. Era Fred Weasley, pero no era él. Tenía los rasgos de antaño, la misma voz, idéntica sonrisa y podría decirse que igual forma de actuar... excepto en un detalle... era egoísta. Parecía guardar rencor por haber fallecido, como si tuviera recuerdos de eso y tratara a los demás con la idea no confesada de reprocharles seguir vivos. Ese dolor callado o egoísmo añadido a la personalidad del clonado Fred, lo convertía en uno diferente del conocido. Es cierto que Fred tuvo rasgos de crueldad, pero ahora estaban aumentados. En su sonrisa se notaba que no se tentaría el corazón para decidir lo que considerara más conveniente. Remus sentía que esa sonrisa era casi enseñar los dientes en amenaza. Amenazas que por otra parte formulaba verbalmente, sugeridas o claras. Siempre sonriendo.

No, no era el mismo Fred Weasley.

Y sospechaba, con traicionera certeza, que él, Remus Lupin, tampoco era el mismo. Ese era el problema de los muertos en la guerra, que habían sido clonados. No terminaban de encajar. No estaban totalmente de regreso.

Era muy difícil reproducir a una persona. Demasiados bytes de información acarreaban pequeñas, mínimas diferencias genéticas que daban como resultado, versiones un poco diferentes del original. Por eso el problema de que el clonado entraba en conflicto sobre si era él mismo, de regreso, u otra persona a final de cuentas. Y cómo debían entenderse a sí mismos. Ellos mismos acababan notando su contradicción, desde los pequeños detalles. Por ejemplo, ahora. La sonrisa tranquilizadora de Tonks, desestimando el aviso de que podía estar convirtiéndose en rehén, lo enojó. Pensó que ella era bienintencionada. Y confiada. Y torpe. Y se alejó con dolor por la pérdida, pero igualmente con cierto alivio.

Exhaló el humo, lentamente... Su enojo por la reacción de Tonks fue nuevo para él. Y sopesaba su alivio al desprenderse de ella, caminando en medio de torres en ruinas, y muros de asbesto grafiteados con emblemas de la religión muggle-squibb. Iba sorprendido de percibirse alegre de abandonar a los Weasley en sus conspiraciones retorcidas, y triste por estar dispuesto a olvidarse de Tonks con prontitud, para que cada cual corriera su suerte... Eso no lo habría hecho antes de ser clonado. Tal vez igualmente era cierto que aquel Remus Lupin no habría podido ver ni una copia de Harry sin vida. Hoy no encontraba dónde estaba el problema.

Salió caminando del barrio, ileso gracias a las órdenes de los Weasley para los vigilantes de las calles no lo tocaran. Lupin entró a una zona más iluminada, hasta que en una vía húmeda, bajo las luces de las aerocarrozas sobrevolando, entró a una oscura y sucia estación del MetroTrain...

Dos ex mortífagos hacían su ronda en el andén. Remus los ignoró, y tiró con desdén la colilla al suelo cuando llegó el metro. Al abordar, se vio solo en un vagón de asientos flotantes; ocupó uno de cara a una ventanilla panorámica. Al arrancar y tomar la vía elevada, taciturno, Lupin observó el paso de las elevadas torres multicolores de cristal y titanio.

Las luces de las calles imprimían en el rostro de Lupin, un pulsar azuloso.

Hizo un pase con la varita, con lo que apareció en su otra mano, una pequeña botella de bourbon... Remus sonrió cansinamente; la magia todavía funcionaba para las pequeñas satisfacciones.

Bebió un trago de la botella, rebasando velozmente las construcciones multipobladas... Sintiéndose en un paréntesis, reconfortado por la calidez de la bebida al bajar por su garganta, se dijo que estaba dispuesto a abandonar la misión, pero que éste era un momento revelador del que no podía huir...

Se dio cuenta que gran parte de sus actitudes buscaban cumplir las expectativas de los demás sobre él. Y sus ideas de sí mismo. Pero de no ser Remus Lupin, sino uno de muchos posibles Remus, entonces había cometido el error de actuar no como era, sino como él creía que debía ser, para recibir aceptación.

Lo malo era que en múltiples oportunidades y esto aun pensándose como Remus Lupin, había actuado sin estar a gusto, con duda, en protestas débiles, no muy convencido y en otras ocasiones, en desacuerdo. Se dejaba presionar pues necesitaba formar parte de un grupo de personas, de amigos. Más todavía porque que al replicarlo le suprimieron el gen intruso LICAN3BwF.Al inicio había tomado aquello con gratitud, como una segunda oportunidad. Hoy, dudaba que debiera agradecer nada. Su dolor por perder a Tonks, estaba amortiguado. Como si no lograra sufrir. Sus descubrimientos siempre tendrían el sabor de lo inconcluso.

Dio otro trago a la botella, cuando el metro se detuvo y vio abordar a Harry Potter.

Pausa de asombro.

Remus no dio trazas de haberlo notado, dando otro trago a la botella, asombrado por la sencillez del acontecimiento. ¿Era...?

Sí. Era. Lo comprobó en su pantalla virtual. Comprobación visual, de ADN y de la nube Smithback.

Era Harry, con gesto duro, con surcos oscuros bajo los ojos, enfundado en un impermeable blanco, el que tomó asiento unos veinte lugares más allá.

Lupin, atacado de resequedad en la boca, pero parsimonioso, volvió a tomar un sorbo de bourbon, olvidando que estaba dispuesto a abandonar la misión.

Era Harry, sí... O una de sus copias.

Harry, sentado, viendo al suelo, invadido de visiones u oscuras preocupaciones, en el baño de luces que corrían afuera del MetroTrain.

Harry no lo detectaba. ¿Por qué?

Era que en las copias, ¿no funcionaban del todo los chips? O que Harry, fatigado de sentir morir a sus horrocruxes, ¿había bajado la guardia? ¿Esto era una trampa para él, Remus? ¿Era el absurdo azar de hallar cuando no se buscaba? O era que la ecuación de que les hablaron, la que describía la cacería de Harry, ¿estaba por resolverse o fallando?

El inquisidor no lo pensó, al levantarse bruscamente y apuntar a Harry con la varita.

Remus Lupin no habría hecho esto. Pero si él no era Remus, ¡bien! ¡Ya basta de actuar para satisfacer las expectativas de otros! ¡Ya basta de disculparse por ser como era! ¡Y ya basta de preocuparse por quienes no lo valoraban! Si esto era hallar su identidad, ¡qué así fuera!

Le lanzó un conjuro.

Harry lo descubrió en el último segundo, demudado y furioso. Alcanzó a tomar su varita y detener el rayo, contraatacando con otro conjuro.

El chispazo resultante hizo volar el techo del vagón en jirones de metal, entre los que se coló el aire feroz de los 500 kilómetros por hora del MetroTrain Nott, mostrando las luces de las torres Black de 300 pisos, que se proyectaban hacia las nubes grisáceas.

Con varita en una mano y pistola en la otra, forma habitual de combatir por influencias muggles, Remus y Harry intercambiaron conjuros, cuyo choque reventó las ventanillas.

Tenían unos segundos antes que arribaran aurores, por lo que entraron en duelo, con la varita y las pistolas.

Muy arriba, por el boquete en el techo del vagón, se divisó el paso de un aerovehículo dotado de pantallas que mostraban el escudo de Slytherin.

Un disco llegó a Harry, en el que se montó y salió por el techo antes que Lupin pudiera reaccionar.

Iba a seguirlo, materializando otro disco, cuando identificó una fila de tres sujetos armados que por el vagón corrían hacia él: Ex mortífagos, las fuerzas de seguridad terciarias.

No lo meditó. Estaba bastante harto. No sabía si del mundo o si de él mismo.

De cuatro tiros, los dejó sin vida en el vagón. Fue hacia ellos.

Remus alzó a uno, inerte. Los abominaba. La bondad suicida de Shacklebolt lo llevó a amnistiarlos y a darles trabajo. Fuerzas primarias Slytherin, secundarias aurores e inquisidores terciarias, los viejos esclavos de Tom. Pero están mejor armados que nosotros,se dijo.

Lo soltó, dejándolo caer. Idiotas todos, pensó. Remus estaba furioso como nunca.

Tomó el fusil de uno de ellos y materializó un disco de vuelo, cuando las torres que dejaba atrás y las que le salían al paso, tuvieron un cambio instantáneo.

Por efecto de la velocidad y de que era un mensaje transmitido en los muros de cada torre, aquello fue como ver una sola gran pantalla, una película donde se arman fotogramas.

De pie en sombra frente a la ventanilla, desde el MetroTrain a gran velocidad, Remus vio en cada torre convertida en gigapantallas, el rostro del Ministro Slughorn, brilloso en la oscuridad:

-He emitido el Decreto Especial por el que todo muggle y squibb deberá recluirse en sus centros de trabajo. Está prohibido que los abandonen hasta nueva disposición. Todo el que desobedezca será ejecutado en el acto.

Montó en el disco y siguiendo el rastro de la nube genética, llegó a una estación de Flu, donde entró raudo, de espaldas, apartando a indignados transeúntes.

Se desmaterializó en un brillo y al salir, por poco evitó ser acribillado.

La inteligencia artificial del disco de vuelo lo tironeó en una maniobra que solo le dejó ver pasar haces de luz y sentir la explosión de la cabina a su espalda.

Llovía. Remus bajó en el disco y casi tropezó con el cuerpo de Harry, caído en el suelo.

Harry yerto, con la mirada perdida, golpeteado por la lluvia.

Creo que lleva un rato así, dictaminó Remus, analizando los datos de su pantalla virtual. No noté de primera impresión que no tiene vida, y mi chip fue engañado por una señal. Debe provenir de ese artefacto que lleva en la parte posterior del cráneo. Entonces no tenía vida cuando me topé con él y lo manejaron a distancia, no fue casualidad, lo enviaron para atraerme aquí, ¿quién...?

Remus alzó la vista poco a poco, siguiendo los contornos de una figura de metal y escamas, de frente a él.

El agua chasqueaba en la acera. Remus pasó la mirada por los contornos aerodinámicos, pesados de cualquier manera, platinados y de cinco metros de altura, armado y mortal.

Era un robot de combate, de clase especial... El escamoso cuerpo de ofidio tenía adosados brazos y piernas de titanio, conectados por cables a la cabeza de un animal de ojos brillantes. Era un basilisco, con partes artificiales. Un cyborg creado con un animal fantástico. Un cybasilik. Y tenía un operario.

A la altura del tórax llevaba una cabina de plexiglás, reforzada con titanio. La luz de la cabina le permitió distinguir en ella a Pansy Parkinson.

Poco pudo añadir. Los muñones del robot de combate tronaron en disparos luminosos, que Remus evitó por los cálculos del disco, que lo elevó, lo hizo girar en vertical y en rizos que amenazaron con desnucarlo, mientras disparaba.

Gracias a que llevaba el fusil del ex mortífago logró concentrar los potentes tiros en la cabina, que estalló, atravesando al vehículo y derribándolo, humeante.

Remus quedó flotando a tres metros del suelo, mojándose.

Acabé con Pansy Parkinson, se dijo, adusto.

Entre los edificios lejanos, una franja de noche mostró la Luna, que reveló los pasos ágiles de un robot al dar vuelta en una esquina, yendo a él en la lluvia.

Al ponerse de frente, apuntándole con los cañones, se reveló otro cybasilik con operario.

Era Pansy Parkinson, en la luz amarillenta de la cabina, que tiró de unos controles, haciendo sacudirse al robot de combate, observando a Remus con gesto serio y decidido.

Abanico luminoso y uno de los tiros dio en el disco, derribando a Lupin, y los siguientes disparos sin duda lo habrían acribillad, de no ser por una granada que reventó al robot, desplomándolo aparatosamente en pedazos.

Llegaron corriendo Snape y Hermione, ésta con un brazo sangrando.

-Gracias por salvarme –suspiró Lupin.

-Fue idea de ella -masculló Snape.

Remus no captaba.

-¿Cómo me encontraron, me buscaban, qué pasa?

Snape vigilaba los alrededores, de donde los transeúntes habían corrido ante los robot de Pansy.

-Parkinson nos ha emboscado para matarnos –entendió Hermione, tomándose el brazo herido-. Para no tener competencia quiere eliminarnos, asegurarse que ella acabará con los restantes horrocruxes de Harry.

La castaña se revisó el brazo, donde trabajaban los nano-reparadores de tejidos.

-Estábamos en Neo-Cokeworth –dijo Hermione-. Hablábamos con... alguien, con un JK 1.9 que nos hizo venir aquí. No sé por qué nos llevó a una emboscada, pues un cybasilik conducido por Parkinson nos esperaba. No sé porque hizo eso el JK, si antes nos ayudó –se encogió de hombros-. De todos modos era un ordenador psicótico y debe habernos enviado a la emboscada por crueldad.

-Demoras en curarte –opinó Snape, voltenaod a ella.

Ella negó con la cabeza, sonriendo impaciente_

-No es mi gusto, Severus. Esas armas que trae son una mezcla de láser y hechizo.

Viendo a Remus de reojo, anticipó la pregunta no formulada por él:

-Por supuesto, Parkinson se ha clonado. Ninguna de ellas debe ser la Pansy verdadera.

-¿Desde cuándo? –quiso saber Remus.

Ella revisó el cargador de su revólver y comentó:

-¿Cómo saberlo? Nos prohibieron vigilar entre nosotros y no puedo saberlo. Pero yo diría que no hace mucho, pues alguien nos habría alertado. Debió usar una clonación de máxima velocidad, pero recién, pues vimos a Longbottom y no nos dijo nada.

Remus resopló:

-Yo vi a los Weasley.

Hasta entonces Hermione pareció caer en cuenta, viendo a todos lados:

-¿Y la señorita Tonks?

-Los apoyará –asintió él.

Por fin Snape dirigió la palabra a Remus.

-¿Saben del bombardeo?

Com Remus puso casa de extrañado, la castaña intervino:

-El bombardeo, claro, ¿no lo supo, señor Lupin? Están bombardeando Neo-Cok...

Como ratificando sus palabras, una riada de aeronaves blindadas de Slytherin los sobrevoló, disparando al parecer indiscriminadamente.

Al mismo tiempo, se materializó de cara a ellos, otros cybasilisk, operado por Pansy Parkinson.

Y venía otro detrás.

Esta vez uno de los disparos atravesó a Snape en un hombro, destacándolo en el brillo de una explosión.

Parkinson los había engañado bien. Y tenía bastantes recursos.

La lluvia de disparos los saturó. Aun con pérdidas, era una rival muy difícil.

Como pudieron se materializaron, pero no muy lejos, pues la magia no alcanzaba para mucho.

Remus y Hermione estaban en una fábrica de nanocomponentes abandonada. No iba a pasar mucho antes que Parkinson los hallara de nuevo.

Azorado, Remus contempló a su alrededor por la ventana. De alguna zona de los barrios marginales de Knockturn brotaron inmensos haces de luz.

Una de las torres mostró un anuncio.

-Hackearon esa torre –dictaminó Hermione. Ambos leyeron:

Bromas y Sortilegios Weasley tiene para los amigos que los favorecen con su preferencia, un producto que no puede faltar al cliente que hace del buen humor, su estilo de vida. No se pierdan este divertido juego.

Desde algunas torres y zonas lejanas de la ciudad, brotaron haces de luz que acertaron en aeronaves, derribándolas.

Snape apareció. Tenía fracturada una clavícula, aunque estaba siendo reparada.

-Parkinson sola ha acabado con cuatro horrocruxes. Somos un fracaso –soltó.

Hermione lo revisó, y volvió a ver por la ventana, donde Lupin estaba de pie.

-Caos –concluyó la chica-. Por una parte, Slytherin debe estar buscando a Harry. Por otra, Neville o los hermanos Weasley están atacando. Esto es lo que preparaban. Una rebelión.

Snape se sentó en el suelo, de mal humor.

Algo me queda claro –masculló Snape-. Todos los planes se han ido al demonio.