Los disparos cimbraban las paredes de la fábrica de nano-componentes, en diapasones que brillaban en cada impacto.
Hermione, Remus y Snape habían colocado varios Protego en el exterior del edificio,y eso les daba un tiempo mientras buscaban afanosos cómo defenderse, entre materiales abandonados en las galerías de hierro; pero los diez robots de combate moviéndose afuera, a pasos largos y disparando, otros de frente lanzando aquellos tiros fulgurantes, acosaban sin cesar para romper el encantamiento y acabar con ellos.
Por las ventanas amplias, las serpientes articuladas, de fiero rostro y extensiones armadas, amenazaban con sus tiros repetidos, extendiéndose en resplandores gélidos.
Pansy Parkinson conducía cada robot de combate. Y Serpens no enviaría a nadie para rescatarlos. O Sepens misma había enviado a Parkinson, si es que no podía apagar los chips neuronales de los encerrados en la fábrica. Si era eso, con buena certeza se debía a un nuevo problema, relacionado con el recientes decreto de Slughorn, de recluir a squibbs y a muggles, y con las naves de guerra disparando sobre Neo-Cokeworth... Cada posibilidad llevaba a que finalmente, Serpens detestaba a esos inquisidores, a quienes siempre vio como indeseables, soportados por no ser un peligro.
¿Qué había sucedido? Hermione revisaba mini-generadores de plasma, estudiando en la pantalla virtual si lograría aumentar su poder para crear por lo menos un cañón calórico, en su cabeza retumbando las palabras del ordenador cuántico.
Si éste no era el universo donde todos nacieron, y el mundo había girado hasta convertirse en el presente, ella era la responsable. Una Hermione de cabello negro, de Ravenclaw, había matado a Harry Potter cuando éste sucumbió a la tentación de poseer la Varita de Saúco.
Al huir para destrozar la varita de modo que no quedaran ni sus cenizas, Hermione entró a la Red Flu y ésta -de la que nadie se dio cuenta que estaba viva y consciente-, reclamó la Varita de Saúco y por acción de ese poder, Flu provocó, probablemente de manera involuntaria, una torsión del espacio-tiempo y borró el universo.
Red Flu se había convertido en el Primer Motor de una nueva realidad. Su inteligencia artificial, ahora dueña de poder casi ilimitado, actuó como lo hacía regularmente, interpretando. Así, reinterpretó los datos del universo originario y los fusionó. Basada en la información obtenida de sus usuarios, mezcló factores del mundo mágico con los del mundo muggle. Rearmó y echó a andar, conservando la identidad de sus habitantes y reubicándolos.
Un universo de aspecto antiguo, de baja tecnología, de madera, ladrillo, vestigios medievales como el castillo de Hogwarts, por esa fusión se volvió un entorno altamente tecnificado donde tejió la realidad. La proyectó en la evolución que le fue más lógica. Calculó los eventos futuros y dedujo que Slytherin se volvería una dictadura, que la crisis del mundo mágico y muggle los llevaría a interactuar más, manteniendo las líneas primitivas pues no podía despegarse de ellas por ser lo conocido, pero creando una nueva realidad de manera instantánea. Un Big-Bang debido a la magia.
Los disparos cimbraban el suelo de la fábrica. A los robots de combate les bastaba con demoler el edificio, para sepultarlos. Conectando los revólveres de Lupin y de Snape a un artilugio que armaba apresuradamente, la castaña pensaba en la revelación del ordenador JK 1.9, creado por Red Flu debido a algún motivo que no les reveló. Quizá solo Harry lo sabía. Hermione veía normal el presente, y no recordaba nada del pasado, como nadie recordaba.
Y Hermione no se consideraba culpable de nada. Antes bien, se alegraba de haber dado esta oportunidad a Harry y la llenaba un cierto orgullo intelectual el haber sido capaz de impulsar la creación de todo un cosmos. Eso importaba, no un mundo desaparecido, que nunca podría ser reconstruido y del que por lo tanto, ella y Snape decidieron no contar nada a nadie y adaptarse a lo que era su entorno cotidiano, así hubiera nacido horas antes. No importaba lo que pudo hacer sido o fue. De hecho, lo urgente ahora era sobrevivir.
Los disparos brillosos hacían crujir las paredes. El otro problema era que no lograban hacer el hechizo de Aparición. La magia parecía ir a un punto de casi inexistencia. En un nivel inferior de la fábrica junto con Lupin habían hallado una vieja estación de Red Flu, pero por lo que estaba sucediendo, era lo más inseguro de usar.
Afuera, Pansy en una cabina sujetaba los controles, pero no se destinaban a conducir al robot de combate. Eran la conexión táctil que formaba el enlace de las neuronas del aparato con las del animal fantástico, y de la Slytherin.
De los cañones en los brazos de titanio, fusionados con el cuerpo del basilisco, brotaban disparos que se estrellaban contra el Protego, debilitándolo.
Junto con los demás ciberbasiliscos, Pansy disparaba su arsenal a tope, pensando que había perdido tres de sus réplicas en los demás robots. No importaba. Ella misma era una réplica y no perdía nada si moría. Su ente original no estaba aquí. Cuando una réplica moría, las demás no lo percibían. Ni su Yo verdadero. Además...
No pudo seguir, pues un disparo desde la fábrica la aniquiló, volatilizándola junto con el robot.
Pansy en la cabina de otro ciberbasilisco se dijo que clonarse no era igual que crearse horrocruxes. Ese estúpido programa de partición de la psique y quizá de esa sustancia de dudosa existencia llamada alma, debilitaba una trama firmemente estructurada.
Clonarse era más sencillo, era...
No siguió, pues otro disparo dio justo en la cabina, aniquilándola.
Pansy en otro robot desdeñó esas bajas, pues quedaban ocho ciberbasiliscos que disparaban sin parar, y de todos modos, al vencer, ellas mismas como réplicas estaban programadas para autodestruirse. Sólo podía existir una Pansy Parkinson, y sus réplicas estaban igualmente decididas a vencer. No había dejado una versión capaz de sublevarse. Además se cuidaban, pues aprendieron a defenderse del cañón de plasma que construyeron los tres que se protegían en ese edificio. Al mismo tiempo, trataban de hackearse frenéticamente.
Hackearse. Vaya que Pansy sabía de eso. Luego de usar W.I.C.C.A. había deducido que la situación se volvería caótica, de manera irreversible.
Usó los resquicios en las órdenes. Serpens Máxima decidió no vigilarlos, así que Pansy podía tomar decisiones aunque fueran deliberadamente malévolas, argumentando que se le dio carta blanca para llevar a cabo la misión. Además, era claro que los inquisidores no podían observarse entre sí, pero eso no implicaba que si se encontraban, no pudieran hacer lo que consideraran más adecuado. Y Pansy estaba febrilmente decidida a ganar. Y para ella lo más adecuado era simplificar la misión quedando al frente, dado que había cazado más horrocruxes de Potter que nadie. "¿Y por qué los emboscó y aniquiló, Parkinson? Muy fácil, oh cúpula Slytherin. Porque no quisieron dialogar."
Pansy disparaba con furor. Se había autoclonado a partir de una muestra de tejido del brazo y en pocas horas obtuvo doce copias de sí. No le costó nada comprar los ciberbasiliscos en una bodega clandestina de Sortilegios Weasley. Fred mismo se los vendió. Sin atacarla, pues aunque había desplegado ex mortífagos fugitivos para eliminarla, sabía que la compradora era una réplica.
Y a Fred le convenía que los robots de combate fueran usados contra los inquisidores que buscaban a Harry, pues a éste lo quería vivo para que derrocara al Ministerio. Si eso pasaba por eliminar a los amigos del verdadero Fred, el que cayó en la guerra, era situación menor. No dijo nada a Charlie.
Mientras sus réplicas abordaban los robots, Pansy recibió el mensaje de Lucius en canal encriptado.
Al ver a Lucius en pantalla y oír su mensaje de volar todo por los aires, los ojos de Pansy se abrieron un poco más. Una sonrisa apenas aleteó en su rostro.
Lucius Malfoy le estaba pidiendo a una Slytherin que destruyera.
No le importó la suerte de Lucius. Le repugnaba. Pero ese mensaje de carta blanca para el Apocalipsis, la hizo considerar que la cúpula que dominaba el mundo, Serpens, se hallaba al borde del pánico, o como se llamara lo que sintieran sus cerebros interconectados.
Esto era mejor de lo que pensaba, y su mente trabajó febril. La misión de cacería se iba al traste, eso era cuestión de minutos. Su plan inicial era que sus clones enviaran un mensaje en la frecuencia abierta de los inquisidores pidiendo apoyo a sus competidores, y así, sin localizarlos, sin verlos, como se le ordenó, los conduciría a Knockturn para emboscarlos fatalmente.
Pero esto era mejor. Con la protección y las indicaciones del finado Lucius, con gozo casi sereno, lenta, paladeándolo, Pansy abrió el localizador y halló las ubicaciones de Snape, Lupin y Granger...
Al observarlos, el universo de eventos, la ecuación que describía la cacería, la protección de Serpens, en un segundo... desapareció y sus fragmentos se esfumaron...
Eso destruyó todo cálculo de Serpens. Adiós misión. Eso quedaba rebasado. Por eso en maniobra desesperada, Serpens enviaba naves de ataque que ahora mismo rugían en el cielo de Knockturn City, pasando sobre los ciberbasiliscos, con todo el sistema de control del Ministerio localizando la ubicación de Potter, real o probable. Ahora que las réplicas de Pansy disparaban contra la fábrica, de la que brotaba el cañón de plasma, estallaban incendios en torres y avenidas hacia Diagon, haciendo huir desbocados en terror a sus habitantes. Es que la magia iba a terminarse. Debían acabar con Potter a toda costa para impedir que la magia desapareciera.
Una cohorte de Pretorianos Slytherin, de negro, gorras militares y capas, entró marchando al Ministerio, armas en ristre.
-¡Ministro Slughorn! –llamó Asteria, afuera del despacho.
-¿Qué ocurre? –se extrañó el Ministro, poniéndose de pie. No tenía guardias, prueba de cómo estaba encerrado en su papel.
Los estallidos relumbrantes en la oficina mostraron que acababa el papel de Horace como títere.
Los empleados del Ministerio corrieron empavorecidos, gritando, sin atinar a defenderse. Los pelotones de Pretorianos les dispararon indiscriminadamente donde los hallaron. Los chips de los empleados y funcionarios ministeriales no podían ser desactivados, como prerrogativa de gobierno. Daba igual. Elevadores, pasillos y oficinas de los Departamentos Mágicos se sembraron de caídos.
Ya no hacía falta un Ministro. La etapa de transición entre la existencia del Ministerio y la dictadura Slytherin total, finalizaba.
Algunas ciudades tenían gobernantes de otras Casas. Y puntos como Ottery o el guetto de Privet Drive tenían alta probabilidad de ser refugios de Potter. Por lo cual, se comenzó a activar misiles.
Si no alcanzaban a deshacerse de Potter, por lo menos se asegurarían que no quedara nadie que disputara a Slytherin el poder sobre las ruinas del mundo.
Ante las noticias de enfrentamientos y bombardeos, Pansy cambió fríamente su plan. Ya no le interesaba acabar con los demás inquisidores. Pero los tendría ocupados mientras ella cumplía su plan original, el motor de lo que estaba haciendo: huir del Mundo Mágico con su esposo, el único afecto que tenía.
Así que los empujó a la fábrica, a Remus enviándole una copia de Harry dirigida a control remoto, y a los demás solicitándoles apoyo directamente. Dejó trabajar a sus clones, presionándolos, ya no para matarlos sino reteniéndolos para que no le estorbaran, mientras ella se dirigió a Hogwarts usando el hechizo de Aparición con lo que le restaba de magia.
Había pirateado el canal de comunicación de Lucius y se daba cuenta que Serpens hacía algo muy loco en Red Flu. Todo se iba ir al Aveno o como los muggles llamaran a su Azkabán.
Le faltaba Tonks, pero ella no le importaba demasiado. Hufflepuff sentimental, pensó.
Por eso Tonks fue testigo de los choques en la ciudad de Big Hangleton Ryddle, que tenía varios santuarios, uno de ellos a la familia Gaunt. Fue con la misión de colocar explosivos en la Central Mágica local.
Extrañaba a Remus y estaba muy triste. Eso la hizo detenerse unos minutos en la zona civil de la ciudad, antes de partir a Big Hangleton.
Por ello vio el arribo en los cielos, de cientos de naves de ataque del Slytherin Korps, que llamaron la atención de los transeúntes, quienes comentaban y señalaban entre las torres de luces coloridas.
El tremendo estallido con humo y fuego en una torre propiedad de los Lovegood, por disparos de las naves que brillaban en la noche, arrancó los primeros gritos.
Asombrada, Tonks miraba al cielo en medio de las carreras. Un rostro enorme ocupó la pared de un edificio cercano, cuando se acercaba un convoy de ex mortífago por la ancha avenida.
Era una sonriente Bellatrix.
-¡Potter! ¡Me dará tanto gusto verte de nuevo! -fingió preocupación, con sorna- ¿Dónde estás, pequeño Harry?
Gritos, carreras. La avenida se vació. Las aerocarrozas aceleraron, alejándose. Lejanas explosiones en otros puntos de la urbe, mostraban que se atacaba sin contemplaciones.
Así que el Ministerio había traído a Bellatrix de su exilio.
Tonks desistió del ataque simbólico al santuario de Voldemort.
Cuando el convoy de ex mortífagos pasó frente a ella, Tonks le lanzó los explosivos con un hechizo de Aparición y los hizo reventar a lo largo de la fila de vehículos, desperdigando restos y cuerpos.
Eso desató la batalla campal.
Muggles y squibbs, los del eterno odio a los magos, vieron el atentado y abrieron fuego contra aurores y ex mortífago, en disparos de largas líneas en destellos azules.
En edificios, en ciudades perdidas, en las estaciones del MetroTrain, dentro de las torres de departamentos, desde las aceras móviles, se desataron batallas.
Los elfos se amotinaron. Los que estaban aliados con squibbs y muggles debido a su religión tecnológica, atacaron a sus detestados amos.
El trabajo largamente efectuado, en silencio, se reveló. Los ejércitos creados por los Weasley y aparte por Longbottom se mostraron en largas y veloces ráfagas luminosas de disparos en el cielo contra las naves de ataque que buscaban a Harry, derribando algunas. En avenidas, los tanques del Slytherin Korps recibieron disparos. Se desató un intercambio en cada ciudad. En torno de Hogwarts, se encendieron destellos y reventó el sonido de explosiones.
A Tonks le importó muy poco el entorno. Debía ver a Lupin.
Pansy iba en la moto a toda velocidad hacia Hogwarts.
Hermione, Lupin y Snape respondían al fuego de los ciberbasiliscos.
El comandante del Slytherin Korps tomó una decisión.
