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3 MERODEADORES SLYTHERIN

Autor: severusphoenix


CAPÍTULO 134: "Mundungus es Capturado"

Severus Snape caminó con tranquilidad por el Atrio del Ministerio intentando parecer indiferente ante los observadores curiosos. Se sentía mejor teniendo a su lado a Amelia Bones, aunque en realidad no sentía miedo de que fuera a ser arrestado, sospechaba que iban a darle alguna reprimenda. El ministerio había filtrado la pequeña aventura de Severus y la prensa había brincado sobre la historia con alivio.

Los reporteros se habían estado sintiendo un poco desesperados buscando noticias alegres, o cuando menos mejores noticias que los cada vez más sospechosos ataques y desapariciones que habían estado acaparando los titulares últimamente. La mayoría de los asaltos habían ocurrido en el mundo muggle, pero era obvio que eran ataques mágicos, así como era igual de obvio que era obra de magos oscuros.

Lo de Severus no había sido material de titulares, pero estaba debajo de ellos y definitivamente arriba de la mitad de página. El aún bastante pronunciado título anunciaba que el profesor Severus Snape había sido descubierto por muggles bajo su forma animaga y que los muggles creían que ellos habían avistado a la "Bestia de Exmoor".

Severus estaba bastante seguro que el ministerio estaba bastante contento de conseguir una pequeña revancha tras la humillación con todo el episodio Scrimgeour/Azkaban. Aún así, Severus estaba dispuesto a dejarles tener su pequeño momento con él si eso significaba que eso pondría al resto del ministerio en paz con el resto de la familia Snape. El ministerio al completo estaba cansado de que les echaran en cara sus errores. Tal vez esto conseguiría que ellos pudieran salir bien parados.

Severus pronto se encontró con una pequeña aglomeración intentando seguirlo discretamente. Como si un grupo de treinta mirones pudiera pasar desapercibido. Amelia contuvo una sonrisa ladeada mientras Severus registraba su forma animaga mientras la partida de lacayos ministeriales observaba. Cuando él se convirtió en un leopardo negro se escucharon ruidos de carpetas desparramándose y varitas rebotando en el piso. La goma de mascar cayó de la boca de la chica del registro sobre el escritorio.

Severus cambió de nuevo, y miró el chicle con desaprobación. El chicle fue desvanecido por Amelia mientras la chica aturullada firmaba el papeleo y le pasaba a Severus su identificación con la foto de su forma en ella.

Amelia condujo a Severus por el pasillo mientras el creciente grupo de curiosos susurraba audiblemente y los seguía hasta la sala de la corte donde el Wizengamot lo esperaba. Algunos miembros del Wizengamot habían aparecido específicamente para esta audiencia. Muchos estaban pretendiendo estar leyendo los varios periódicos con las fotos de Severus en su forma animaga en el frente. Una foto era granulada y no era fácil de distinguir por ser una fotografía muggle que había sobrevivido al sutil maleficio que Amelia había lanzado sobre las numerosas cámaras muggles. La otra era la fotografía que Harry había tomado y proveído alegremente a los diarios. Harry se sentía muy orgulloso de la forma animaga de su papá.

Griselda Marchbanks y otros que compartían su sentido del humor agitaron ruidosamente sus periódicos mientras los doblaban y los guardaban, y después le sonrieron de forma satisfecha a Severus. Hubo algunas miradas maliciosas entre ellos, y unas cuantas hostiles o de odio abierto.

Cornelius, Albus y Hugo estaban todos sentados para atrás y dejaron que Griselda Marchbanks presidiera, ya que la mayoría del Wizengamot que se había presentado sentía que ellos tres habían supervisado ya bastantes casos concernientes a los residentes de Dragonrest y nadie pensaba que pudieran ser imparciales. Esto no se trataba de un cargo serio, en el peor de los casos habría una multa, así que ellos tres se echaron para atrás y dejaron que Griselda tuviera su diversión.

Severus miró a su alrededor; no se trataba de un día donde crímenes serios fueran tratados así que apenas la mitad del Wizengamot se había presentado. Él sabía que probablemente la razón por la cual este número se había reunido allí era debido a que se trataba de él. Aun así, él sabía que 'someterse' a un llamado de atención le diría al resto del mundo mágico que él una vez más confiaba en el ministerio.

Severus sonrió un poco al ver a Lucius y a Sirius moviéndose con nerviosismo en el fondo de la audiencia.

Lucius y él sabían que lo mejor para ellos era que Fudge continuara en su puesto, cuando menos por el momento, ya que Cornelius apoyaba a la facción que ahora rodeaba a Harry, y se trataba de un caso de «mejor diablo conocido que por conocer». Sentían que era necesario demostrar su confianza en que Fudge 'limpiaría' la fuerza policial para mantener a Fudge firmemente en el asiento de Ministro.

Madame Marchbanks comenzó los procedimientos con una pequeña sonrisa que se tornó en una maliciosa. Ella había estado en la esquina de Albus y Hugo en lo concerniente a Snape y Malfoy. Ella creía que ellos deberían haber sido conducidos delante del Wizengamot para ser interrogados y que entonces la verdad hubiera salido a la luz inmediatamente y nada de esos meses de locura hubieran sucedido. Aun así, era bueno ver que un pequeño tropezón por parte de Snape les permitiría demostrar al mundo que el Departamento de Orden Mágico ahora se manejaba como debía ser.

―Maestro de Pociones Severus Snape, me encuentro bastante sorprendida de verlo una vez más visitando esta corte...―la sonrisa de Griselda se amplió―... así como las páginas de titulares.

Hubo unas pocas risitas reprimidas tibias entre la audiencia, y Severus intentó sonreír, pero más pareció una mueca.

―Todos hemos leído el reporte de Madame Bones concerniente a su transformación en un... ―Griselda recogió un periódico y pretendió examinar minuciosamente la fotografía―... un leopardo negro, y estoy segura de que esto no es nada más que una formalidad. Sin embargo, todos necesitamos escuchar de usted exactamente lo sucedido ese día ―Griselda le hizo señas a Severus, invitándolo a hablar.

Severus inclinó la cabeza hacia Madame Marchbanks―. Un grupo nuestro viajó a una granja de ponis para adquirir una montura adecuada para la hija de Lucius Malfoy. Después de que mi hija, umm, obtuviera uno, ella quería también intentar montar en un poni.

―Sí, hemos escuchado rumores acerca como su hija obtuvo un poni ―Zebulon Smith interrumpió de forma agresiva. Él aun estaba mosqueado tras el debacle de Rufus que había terminado arrojando barro en todos sus rostros. Él sentía que unas pocas semanas en Azkaban para cualquiera con una marca oscura era algo perfectamente adecuado. Por supuesto que eso ya no era algo popular de expresar en voz alta, así que pretendió estar horrorizado con 'todo lo que el pobrecito mortífago había soportado'.

Ahora la hija de Snape estaba demostrando señales tempranas de una magia bastante poderosa. Y esto probablemente se debía a algún ritual oscuro o algo parecido. La mocosa era hija de muggles por lo que habían escuchado; ella no debería ser tan poderosa a una edad tan joven. El ministerio debería estar examinando ese asunto. Algunos de esos nacidos de muggles debían estar consiguiendo poder adicional de alguna parte.

El rostro de Severus se heló en una mirada de ultraje. Él sabía que la historia de "el libro que se convirtió en un poni" había circulado mucho más de lo anticipado, pero él no se esperaba que esto creara alguna clase de problema, al menos no todavía. Existía una cierta facción de sangre puras, tanto luminosos como oscuros, a quienes no les importaba que los nacidos de muggles estuvieran en su mundo, a menos, que por supuesto, ellos tuvieran la impertinencia de sobrepasar en poder a sus propios hijos.

―Uno debe ser cuidadoso con los rumores ―la voz de Severus destilaba hielo―. Así es como comenzaron muchos de los errores recientes cometidos por el Ministerio ―la mirada fija, frígida, implacable se clavó en los ahora temerosos e inciertos ojos de Zebulon.

Griselda dio golpes con un pequeño martillo y miró con irritación a Zebulon―. Nos encontramos aquí para examinar una simple transformación animaga, Smith, no arrastraremos nada más dentro de esto. Las aventuras de la señorita Elizabeth no son de nuestra incumbencia ―Griselda sofocó lo que restaba de la rebelión de Zebulon con facilidad.

Pius resopló por lo bajo. Él esperaba escuchar más acerca de la magia de la niña. Incluso pequeños trozos de información acerca de los Snape o los Malfoy conseguían sonrisas de aprobación de Lord Voldemort.

Severus asintió de nuevo a Griselda y continuó―. Había más ponis en esa granja de lo que yo pensaba hubiera en existencia ―el Wizengamot y el público rió entre dientes con alivio al tener las cosas de nuevo sobre ruedas y yendo por senderos más felices―. Lucius Malfoy, Harry, Dudley, Sirius Black y yo nos cansamos con rapidez de verlos y decidimos ir a pasear un poco. Quizás fue poco acertado el decidir practicar los ejercicios para la transformación, pero pensamos que estábamos bastante lejos de cualquier muggle, y la niebla era bastante espesa.

Severus observó a su audiencia, preguntándose si resaltar el peligro en que se habían encontrado, o desdeñarlo. Los periódicos habían sido más bien histéricos al re-imprimir varios relatos de antiguos animagos a quienes los muggles dispararon y hasta mataron, y que parecían dispararle a cualquier cosa. Hasta las nuevas leyes de armas no parecían disminuir demasiado el peligro; había muchas otras maneras en que los muggles mataran animales y a un animago.

―Yo me encontré realmente sorprendido de ser capaz de transformarme, y me dejé llevar un poco en esa nueva forma ―Severus se aclaró la garganta, y tomó aire―. Luego, unas cuantas balas de armas muggles estuvieron a punto de darme.

Hubo algunos jadeos entre los espectadores. Los periódicos habían explicado las armas a los lectores, muchos de los cuales no sabían lo que era un arma de fuego. Algunos no estaban seguros de si ellos deberían creer que tales armas existieran. Escuchar al profesor Snape decir que se habían usado armas en su contra y luego ver al Wizengamot asintiendo en reconocimiento de que las armas existían era como dejar una caer una bomba para algunos de ellos.

El resto de la aventura fue narrada y el público consistente en reporteros, Aurores y algunos bribones esperando su turno para explicar sus fechorías ante el Wizengamot le brindaron una ronda de aplausos al final.

Griselda dio golpes con el martillo un par de veces, aunque sin rabia. Esta había sido una gran historia, bien contada, para entretener al mundo mágico y dar una advertencia saludable a los animagos, a su entender. Ella desearía que todas las audiencias programadas para el día fueran así de entretenidas y útiles. Ella dio una mirada a los otros magos que se encontraban nerviosos bajo la custodia de los Aurores.

―Bueno, la multa estándar por transformarse donde un muggle puede verlos es de diez galeones, y pienso que eso es lo justo... ―ella miró a su alrededor a todos los otros miembros del Wizengamot que asintieron en acuerdo.

―Sin embargo... ―ella continuó, justo cuando Severus se relajaba―. Usted es, o fue, un profesor a quien los estudiantes de Hogwarts vieron en el pasado como ejemplo y pueden intentar emularlo en sus 'aventuras animagas' ―Griselda inicialmente se había resistido a la 'pequeña sugerencia' de Albus, pero ahora sentía que quizás él tuviera razón―. Yo pienso que un poco de servicio público se encuentra en orden. Creo que asistir a la profesora McGonagall en sus talleres de animagos pudiera ser de utilidad para los estudiantes a quienes usted debe seguir proveyendo de ejemplo.

Griselda sonrió al mago que ahora echaba chispas. Severus no estaba molesto por los talleres al que acababan de ofrecer como voluntario, ya que sabía muy bien a quien agradecer por ello no era Griselda. Él solamente tuvo que pasar la mirada por el resplandeciente Director, para saber que Albus de nuevo se estaba entrometiendo. No, lo que él resentía era que le dijeran que él debía ser un buen ejemplo cuando ya no era un profesor. Merlín sabía que no había sido un buen ejemplo cuando ejercía esa profesión. Si alguien lo hubiese nombrado un 'buen ejemplo' o 'un pilar para la comunidad' lo más probable es que hubiese terminado haciendo arcadas de asco.

A pesar de ello, el ser llamado un mal ejemplo por corretear por ahí como animago y ser atrapado en ello por muggles le hacía sentir que quizás él había estado comportándose demasiado parecido a Sirius Black. Tal vez, él estuviera canalizando al espíritu de James Potter o algo parecido. Merlín sabía que él debería haber sido lo bastante Slytherin para no ser atrapado por una jauría de sabuesos y muggles.

Sí, esto era la culpa de Sirius en su mayor parte, decidió Severus. Severus miró fijamente a Sirius, dejándolo confuso, y después regresó su atención a Griselda con una sonrisa de resignación―. Por supuesto que si ese es el deseo del Wizengamot, así se hará ―Severus se inclinó levemente y dio votos por hacer que Dumbledore deseara no haber hecho esa pequeña 'sugerencia'. Él iba a exprimir el cerebro de Black para encontrar bromas que 'sugerir' a los gemelos Weasley y a cada Gryffindor con mala fama que pudiera encontrar durante esos talleres, sin mencionar las cosas que iba a estar enviándoles a Harry y a Draco.

Severus abandonó la sala de la corte y le hizo señas a un intrigado Black y le siseó su pedido a un ahora resplandeciente merodeador.

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Harry frunció el ceño y se frotó su cicatriz mirando a Umbridge entre medio de sus pestañas. Ella se había vuelto más irritante de manera progresiva con cada 'lección'. El libro de Defensa contra las Artes Oscuras no era el mejor, y Umbridge se había alejado constantemente de cualquier ejercicio práctico.

Ella había sido muy solapada, pasando los libros y dándoles un largo discurso acerca de la importancia de una "una fuerte base en la teoría" y les asignó un ensayo complicado para describir en detalle un obscuro escudo 'tri-volong' y sus usos. Ella quería que lo compararan con los otros escudos, junto con un desarrollo en el porqué este escudo repelía las maldiciones que se usaban en su contra.

La próxima lección ella los dejó practicar ese nuevo hechizo de escudo. Desafortunadamente, nadie, ni siquiera Hermione, pudo lograr ese escudo. Ellos entonces fueron sometidos a una larga crítica de lo malo que había sido su entrenamiento básico.

Por supuesto que ella en parte tenía razón. Habían tenido profesores nuevos cada año y cada uno de ellos había sido menos que competente, tal como Umbridge señalaba.

―Nosotros necesitamos revisar los básicos, y así tener una buena base en la teoría ―dijo ella con una sonrisa radiante, que hizo pensar a Harry de manera sospechosa―. Saquen las varitas y comenzaremos con Impedimenta ―Ahora ellos se encontraban revisando hechizos de primer año en detalle insoportable, y era probable que les llevara todo el mes el pasar por todos ellos. Luego, ella les prometió que comenzarían con los hechizos de segundo año.

Ella les permitió demostrar los hechizos de primer año, pero eso era mortalmente aburrido. Excepto cuando Seamus al lanzar algunos de ellos consiguió prenderle fuego a algunas cosas. Para deleite de ellos, una de esas cosas fue el brillante cárdigan rosa de Dolores. Era una pena que en ese momento ella no estuviera dentro de éste.

Hermione estaba perpleja. Ella siempre estaba dispuesta a pensar lo mejor de los profesores, aunque tras los intentos pasados de Umbridge por alejar a Harry de Snape, ella se encontraba menos segura de Dolores. Hermione no podía negar que sus profesores de Defensa habían sido menos que adecuados la mayor parte del tiempo y saber la teoría básica era muy importante. Sin embargo, ¿cómo ésto iba a ayudarlos a pasar sus TIMOS?

Ahora ellos se encontraban en su tercera semana en la biblioteca, mientras Draco leía una carta de su padre con una expresión cada vez más molesta.

―Esa estúpida p- um bruja. Ella pensó que no íbamos a investigar más allá acerca de ese primer hechizo que nos asignó, el 'tri-volong'. Le pregunté a papá acerca de eso, y solamente lo conocía de nombre, nunca escuchó que ese hechizo fuera utilizado en realidad por alguien, pero no pudo recordar el porqué ―Draco resopló y después continuó―. Hugo Savage le contó a papá que ese hechizo fue desarrollado por el departamento de Aurores y si conseguías hacerlo funcionaba con cualquier maldición de fuego, excepto el Fuego Demoníaco, y para la mayoría de las maldiciones explosivas, lo cual lo convertía en uno de los escudos más valiosos jamas creados. El problema es que es casi imposible de hacer. Los movimientos de varita son intrincados y no puedes fallar en ninguno de los movimientos por más de un milímetro. Por lo tanto, es inútil en una pelea en la que no necesariamente puedes ser exacto, incluso si logras dominar el hechizo en primer lugar ―Draco frunció aun más el ceño, así como los otros. Ellos habían trabajado duro para intentar hacer el hechizo y les había dañado el orgullo con fuerza el que no pudieran hacer ni siquiera una forma débil de ese escudo.

―Papá le preguntó a tío Sev acerca del hechizo. Él dijo que ellos finalmente lo habían abandonado, aunque los creadores de hechizos seguían revisándolo con alguna frecuencia para ver si conseguían simplificarlo o modificarlo ―Draco golpeó la mesa con la carta y cruzó los brazos con un mohín.

Harry estaba bullendo de rabia también. Él había descubierto que estaba perdiendo los estribos con frecuencia desde que había regresado a la escuela. Pensaba que se debía a que su papá no estaba aquí este año, y la sapo rosa, Umbridge, sí. Cuando menos su ira siempre estallaba cuando ella se encontraba cerca. Sus ojos se entrecerraron y sus labios se torcieron con desdén. Hablando del diablo... ella venía por el pasillo de la biblioteca sonriendo con una dulzura artificial.

Harry se frotó su cicatriz de manera ausente, y torció el cuello y los hombros hasta que sonó un crujido. Parecía tener mucha tensión en ellos estos días. Dudley siempre arrugaba el ceño y le decía que dejara de hacerlo, que eso se veía raro y que si las cosas estaban tan mal que tomara una pócima calmante. Harry había estallado con un juramento hacia Dudley y desde entonces su primo lo evitaba.

Harry miró con rabia a Umbridge, sí, esto era su culpa. Él deseaba disculparse con Dudley, pero ¿por qué debería hacerlo cuando todo era culpa del sapo?

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Sirius Black entró alegremente a la oficina de lechuzas postales con los brazos llenos de paquetes, seguido por un levemente horrorizado Remus que venía cargando muchos más paquetes.

Sirius sentía que Severus era brillante con su idea de vengarse de Albus enviándoles bromas a los estudiantes e ideas para bromas. Remus fue coercionado para ayudar a Sirius ya que no le fue posible el cargar todos esas cajas, y ellos iban a necesitar una docena de lechuzas para enviarlos todos, así que partieron a la oficina de lechuzas postales.

Remus suspiró. Él se había mudado de regreso a las casas de los licántropos con un sentido de alivio hacia unas semanas atrás. Él echaba de menos su departamento silencioso y ni siquiera los constantes pedidos de Lockhart para que lo ayudara a editar el manuscrito final de su último libro acerca de su vida con los hombres-lobo le molestaba. Era ciertamente algo irreal el que Severus Snape estuviera alentando las bromas, aunque esto le daba a Sirius algo más que hacer, ya que el rastrear a Mundungus no estaba yendo muy bien.

Hablando de Mundungus...

―Sirius, ¿te acuerdas de Twillton? ―preguntó Remus.

―Sí, el pequeño escurridizo traficante de cosas robadas. Le preguntamos por Mundungus, ¿te acuerdas? ―contestó Sirius mientras ataba una caja empequeñecida a una lechuza leonada que iba a Mafalda Prewett y su hermano.

―Él esta ahí, enviando algunas cosas en el mesón más apartado ―le susurró Remus.

―¿Y? ―Sirius regresó con impaciencia al recoger un pergamino grueso para enviárselo a los gemelos. Este estaba lleno de las mejores bromas que ellos habían usado contra Severus y sus amigotes Slytherin.

―Puedo oler trazas del olor de Mundungus en él. Estoy seguro de que lo ha visto recientemente ―susurró Remus.

Sirius se dio vuelta y fijó con una mirada a Twillton. La habilidad de Mundungus de evitar ser detectado había irritado a Sirius y le había ganado algo de admiración por su parte por su habilidad de evitar a sus perseguidores.

Ellos enviaron con rapidez el resto de sus paquetes, mientras mantenían un ojo sobre Twillton y después lo siguieron a cierta distancia. Twillton finalmente entró a un callejón y después a una casa pareada dilapidada en Callejón Knockturn.

―Tienes suerte de que mañana es luna llena o mi nariz no sería lo bastante sensitiva como para recoger los olores ―masculló Remus mientras investigaban la casa con hechizos.

Twillton no se encontraba solo, pero estaban solamente dos personas más. Esa era una oportunidad excelente en lo que concernía a Sirius. Sonrió y asintió, lanzando una Bombarda a la puerta. Ellos se movieron con rapidez dentro de la casa y encontraron a los tres en la mesa de la cocina cernidos sobre una pila de partes de plantas de aspecto nocivo. Definitivamente eran partes de una Mandrágora Cayman, altamente ilegal.

Esa planta era útil solamente para hacer venenos y era una de las plantas más reguladas en el mercado. Ellas habían sido exterminadas en su forma silvestre para prevenir que causaran locura masiva entre la población muggle. Existían unas pocas colecciones privadas que tenían un espécimen y que habían sido ya sea escondidas o jurado que se habían deshecho de ellas cuando varios ministerios comenzaron a dejar fuera de la ley el tener una planta. Sin embargo, de vez en cuando aparecían trozos de esas plantas que causaban caos en el mundo de las pociones.

Se sucedieron hechizos y gritos, mientras Twillton se escurría con rapidez por la puerta trasera. Remus corrió detrás de él en tanto que Sirius combatía con los otros. Sirius recibió varias maldiciones, pero los otros dos magos no eran muy talentosos y su mayor motivación era escaparse con la mercancía. La codicia los volvió descuidados y Sirius pronto los tuvo atados y sin varitas. Yendo hacia la chimenea llamó por flú a los Aurores. Las partes de Mandrágora Cayman sobre la mesa explicaron la situación y todo lo que Sirius tuvo que hacer fue decir que su amigo el hombre-lobo había olido la planta, en vez de mencionar que su verdadera presa había estado con Twillton.

Sirius se marchó y se transformó en su forma de Grim, siguiendo a Remus y a Twillton por su olor, sintiendo que sería más rápido que preguntarles a los poco serviciales habitantes de Knockturn en qué dirección se habían ido.

Él descubrió a Twillton arrinconado por Remus, quien había desarmado al mago y estaba gruñendo de forma bastante convincente.

―Vaya, vaya, vaya ―Sirius le sonrió alegremente a Twillton―. Estoy muy contento de que nos hayamos encontrado. Verás, queremos ponernos al día con un amigo mutuo nuestro. ¿Recuerdas a Mundungus Fletcher, no es así?

―Ya le' 'ije cuando me preguntaron ante'. Yo no lo 'e visto ―balbució Twillton con nerviosismo.

Remus gruñó de nuevo―. ¿Una mentira? Y no una demasiado buena ―sus ojos encendidos de un rabioso amarillo―. Puedo olerlo sobre tí.

Twillton se encogió al punto y les contó que Mundungus estaba escondido en una viejo túnel abandonado que fuera parte del sistema de trenes subterráneos.

Remus y Sirius arrastraron con ellos a Twillton de regreso a Callejón Knockturn donde fue entregado a los aurores. Luego los dos fueron a buscar a Mundungus. Remus no tuvo problemas 'husmeando' su escondite, y después esperaron con impaciencia a que regresara.

Mundungus finalmente apareció, un poco ebrio y canturreando una canción de Celestina Warbeck. Él estaba tambaleándose intentando recordar el segundo verso de «Mi Ardiente Aullador Hufflepuff» cuando divisó a Sirius y a Remus. Ellos lo tuvieron desarmado y envuelto en cuerdas mágicas antes de que pudiera decidir de si correr o Desaparecer.

Sirius lo llevó de vuelta a Grimmauld Place y sonrió de forma siniestra a su prisionero intentando imitar la mejor mirada de intimidación de Snape. Remus se permitió algunos gruñidos más, ya que Lunático parecía estar disfrutándolo.

Kreacher, empero, se lució. Él rogó y suplicó―. Por favor, buen amo, consienta al fiel Kreacher y deje que interrogue al ladrón traidor con los métodos favoritos de la antigua ama. Kreacher promete recordar los mejores...

Mundungus palideció, y Remus notó una mancha húmeda al frente del pantalón del ladrón. Él rogó que le dieran la oportunidad de recobrar cualquier cosa que se hubiera llevado.

―Tu te llevaste una gargantilla, un relicario, que Kreacher estaba guardando. Yo lo quiero de vuelta ―dijo Sirius, observando con cuidado a Mundungus. Le habían dicho que ese relicario había sido utilizado por Voldemort en un ritual oscuro. No estaba seguro porque era tan importante. Albus fue enfático en que fuera recuperado, y aunque Sirius no se sentía muy caritativo con su viejo Director, lo más importante era que tanto Snape como Malfoy estaban claramente desesperados por poner sus manos sobre el objeto.

Hasta un Gryffindor tan obtuso como Sirius comprendía el usar una ventaja cuando veía una. Remus ya tenía una invitación para Dragonrest para Navidad. Sirius planeaba pasar una buena parte de las vacaciones de Navidad con Harry y Beth (y por lo tanto, con Tori, Draco y Dudley), ya fuera que a Snape y Malfoy les gustara o no.

Mundungus intentó encontrar sentido a lo que le pedían. El relicario era viejo, de oro pesado con esmeraldas mal cortadas. Aun así, Black lo quería de regreso. Pero eso iba a ser difícil, ya que la bruja del ministerio ahora lo tenía. ¿Por qué Black era tan insistente en que se lo regresaran? Él miró a Black con sagacidad.

Sirius captó la mirada y esperó desviar las preguntas a las que no tenía respuestas―. El relicario pertenecía a Regulus... ―espetó Sirius al ladrón inclinándose agresivamente, actuando cada pulgada como un hermano colérico queriendo que le regresaran las pertenencias de su hermano muerto.

Mundungus se encogió. Así que Black lo quería por razones sentimentales, entonces, no por un valor auténtico―. ¿El relicario? Bueno, verán, esta dama del ministerio decidió que ella lo quería y se lo guardó. No podía decirle a ella que no, ¿saben?

―¿Quién? ―inquirió Remus, consiguiendo un buen rugido en su voz.

Mundungus se hundió aun más―. Esa desgraciada que siempre viste de rosado... la que ayudó a Scrimgeour, y que ahora trabaja para Pius Thicknesse ―contestó con hosquedad, esperando que eso fuera suficiente.

Sirius y Remus se miraron uno al otro. ¿Umbridge? Ella se encontraba en Hogwarts, atormentando estudiantes en ese mismo momento.

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Severus se echó para atrás relajándose en su sillón favorito. Suave y cómodo. Hacía menos de una década atrás él se hubiera recriminado por ser tan auto-complaciente. En ese tiempo él sentía que no se merecía tal comodidad, pensó.

Él dio una mirada a la chimenea al otro lado de la habitación. Ahora había tres fotografías sobre esta. Había una hermosa fotografía agrandada de la que tomara Harry al leopardo negro moviéndose entre la niebla por el medio de unos arbustos florecidos. Esta ahora se encontraba al centro, directamente sobre el hogar.

Severus había vacilado de mover la foto de Harry como halieto, pero tanto él como Tom insistieron en que querían que sus fotografías flanquearan la suya. La foto de Tom lo mostraba en su forma como dragón Negro de las Hébridas, recostado de forma casual con Beth, Rosmerta y Dora sentadas sobre una de sus patas delanteras.

El Maestro de Pociones suspiró y le dio una mirada a las cartas que tenia en la mano. Las cartas de Minerva, Albus, Dudley y Draco de las últimas semanas cargaban mensajes preocupantes acerca del temperamento cada vez más explosivo de Harry. Harry siempre había sido irascible, pero no se le provocaba con facilidad a menos que algo o alguien que le importara se encontrara en peligro.

Ahora, parecía encontrarse la mayor parte del tiempo al borde y sus respuestas airadas a la menor provocación se estaban volviendo cada vez más agresivas. Dudley y Draco por supuesto sabían que había un problema, aunque no sabían cual. Minerva no sabía nada acerca del Horrocrux y estaba alarmada ante este problema con Harry.

Dumbledore, por supuesto, pasó la mayor parte de su carta insinuando claramente la necesidad de ya sea librar a Harry del Horrocrux o prepararse para la muerte inevitable de Harry.

La única cosa que agradecía era que estas cartas le daban un vigor renovado para su investigación de pociones. Lin DaWei y Andromeda le asistían en su investigación en la poción de China. Ahora que ellos contaban con la planta de Farol Llameante Chino podrían comenzar a trabajar. Ellos habían estado traduciendo la fórmula del chino al inglés mientras esperaban a que la planta llegara, pero los siglos transcurridos desde su último uso y ahora hacían que la formula resultara difícil hasta para Lin.

Severus ahora estaba especialmente contenta de que tuviera el tiempo que necesitaba para asegurarse de que la poción fuera una que funcionara.

El flú llameó, interrumpiendo sus pensamientos. Él suspiró, se trataba de Black. Él reprimió un sentimiento inmediato de irritación. Tanto Black como Lupin habían probado ser aliados serios en que podía confiarse, aunque tan sólo fuera porque querían que Harry fuera feliz, así que mantener todos los habitantes de Dragonrest con vida y felices se encontraba dentro del mejor de sus intereses.

Él dejó ingresar a Black, seguido de cerca por Remus. Black estaba casi saltando con entusiasmo y Remus tenia una expresión orgullosa de triunfo en su rostro.

―Lo logramos, Severus ―Sirius le dio una palmada en el brazo con camaradería al Maestro de Pociones, perdiéndose completamente la mirada de ultraje de Severus. Sirius fue hasta aparador y se sirvió una botella escarchada de cerveza de mantequilla.

Severus de inmediato se olvidó de las acciones demasiado familiares de Sirius cuando Remus continuó―. Nosotros rastreamos a un amigo de Mundungus, y después al mismo Mundungus.

―¿Tienen el relicario? ―Severus dejó escapar un hondo suspiro de alivio.

Black detuvo la noción―. No, pero sabemos dónde se encuentra ―Black hizo una mueca de desagrado―. Ese sapo coloreado como flamenco que Thicknesse impuso a Dumbledore: Umbridge. Ella le confiscó el relicario a Fletcher y ahora ella está en Hogwarts. Lo más probable es que lo tenga con ella.

Severus se quedó congelado y su mente comenzó a hacer conexiones que lo horrorizaron. Umbridge tenía el relicario... ella estaba en Hogwarts... El aumento del mal humor de Harry. Lo más probable era que todo estuviera conectado y a él no le gustaba. No podía apresurarse y ocasionar un alboroto. Albus ya estaba receloso de las obvias dificultades de Harry, y podría decidir apoderarse del relicario y destruirlo él mismo.

No, él debía actuar con sutileza. Examinó a Remus y a Sirius. Podrían ser lacayos dispuestos, pero Sirius cuando menos no podía deletrear sutileza y mucho menos comportarse de manera restringida.

Pero Remus podría ser de alguna utilidad. Severus le brindó a Lupin una sonrisa casi cálida, ocasionando que el licántropo palideciera de espanto. Esto no podía ser nada bueno.

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N/T: Muchisimas gracias por sus comentarios, favorecer y marcar esta historia.

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Editado 23NOV2020