.

.

3 MERODEADORES SLYTHERIN

Autor: severusphoenix


CAPÍTULO 133: "La Poción de Dementor"

Voldemort observó con satisfacción como los mortífagos jóvenes practicaban sus Crucios en su nuevo huésped, Igor Karkaroff. Igor se había mantenido escondido bastante bien en una isla del Canal, intentando esconderse entre los muggles en una cabaña arrendada. Finalmente, se descubrió al ir a una área mágica a comprar algunos periódicos. Era muy malo en glamours, y su apariencia era un tanto distintiva.

Brutus Flint, recién graduado de Durmstrang, capturó a Igor junto con los Carrows. Igor tenía muy poca información que entregar y la dio en unos cuantos minutos, intentando apaciguar a Voldemort. El Señor Oscuro sonrió con burla. Bueno, si Igor sobrevivía a ser usado en la práctica de los iniciados, tal vez Voldemort lo dejara vivir.

Voldemort consiguió sonreír con indulgencia a un orgulloso Brutus mientras que Igor chillaba en agonía―. Bien hecho, Brutus ―hizo al muchacho a un lado, para que otro iniciado pudiera tener oportunidad de practicar―. ¿Has escuchado algo de tus primos que viven en Inglaterra?

Brutus frunció el ceño, sombrío―. No, todas mis cartas por lechuza han regresado sin abrir. El Tío Regis y el primo Cronos son los únicos dos que viven aquí que han contestado mi llamado. Todos los demás han guardado silencio.

Voldemort asintió, fingiendo despreocupación. Regis y Cronos fueron sus aliados durante la primera guerra y habían regresado. Había tres Flint en Azkaban. En ese tiempo, la familia lo apoyó en su mayoría, tanto con hijos como hijas como seguidores, así como financieramente. Y ahora su ausencia era sospechosa. Sin embargo, no eran los únicos. Muchas 'Familias Oscuras' habían colocado sus hogares bajo Fidelius o se habían ocultado.

Existía el rumor de que Snape y Malfoy tenían un número de casas escondite disponibles para aquellos que se ocultaban de Voldemort. Se susurraba que esas casas refugio alguna vez pertenecieron a Voldemort. Voldemort sintió furia. Había notado que más de la mitad de sus escondites habían desaparecido junto con sus contenidos. La mayoría de los escondites que le quedaban estaban en Francia e Italia.

Voldemort despidió a Brutus con un gesto y fue hacia las celdas improvisadas que antes fueron caniles. Estos fueron mágicamente expandidos para mantener prisioneros todos los muggles y traidores de sangre capturados. Aunque en verdad en su mayoría eran muggles, porque la gente mágica había seguido el consejo del ministerio de protegerse de los 'magos oscuros' incluso cuando el ministerio no admitía abiertamente su regreso.

Voldemort miró a los muggles en las jaulas. En su mayoría parecían enojados y confundidos, incapaces de creer lo que sus ojos veían. Ellos daban las explicaciones más increíbles para lo que los magos y brujas hacían: Lasers, hologramas, electromagnetismo. La mayoría de los muggles simplemente no creían que la magia existía hasta que se encontraban medio muertos a base de maldiciones. Aparentemente existía un 'mago' muggle llamado Copperfield a quien debía agradecer por su escepticismo.

Voldemort extrajo de una jaula mediante una cuerda invisible alrededor de su cuello a un hombre que hablaba con desdén vestido en un traje costoso. Los escondites que le faltaban inevitablemente le recordaron de su oro faltante y del ladrón de su heredero. Los ojos del muggle reflejaron miedo y su mueca de desprecio desapareció.

Voldemort había conocido a muchos magnates ladrones como este vestidos en trajes formales; en los años cuarenta ellos visitaban el orfanato para donar cosas de segunda mano y hablar palabras sin significado como apoyo a la señora Cole.

En los años cincuenta, ellos habían invadido Europa para recoger los despojos de la post-guerra en Europa y sacar provecho de ello. Los años sesenta y setenta estuvieron particularmente llenos de hipócritas bien vestidos, por supuesto. Los de trajes de tres piezas estaban 'preocupados' por la contaminación en aumento, pero no lo suficiente para dejar de esconder basura tóxica o de coercionar a los denunciantes.

En los años ochenta, él se encontraba deambulando como un espectro, pero se dio cuenta como las corporaciones hacían recortes de personal y utilizaban los servicios de donde fuera más barato aún cuando fueran talleres de explotación laboral o mano de obra esclava.

Ahora los noventa estaban aquí, y nadie se molestaba en pretender que no estaban asesinando al planeta. Aún así, se rendía pleitesía a los grandes empresas, y el muggle frente a él jadeando por aire solamente era una hormiga en un hormiguero gigante de asesinos del planeta, pero Voldemort estaba dispuesto a matarlo dolorosamente de todos modos.

Sin mencionar que necesitaba descargar su ira mientras planeaba como poner sus manos sobre Tom Junior y Harry Potter.

Ah, su heredero, Tom. Como lo maldecía y hacía votos por matarlo en formas que se continuara hablando con terror por siglos después de descubrir que su bóveda de Gringotts había sido saqueada y le habían dejado un solo knut. Unos días más tarde, cuando su rabia disminuyó lo bastante para dejar de maldecir a sus esbirros y gritar a la menor provocación, un sentimiento de leve orgullo comenzó a filtrarse cuando pensó en el atrevimiento que conllevaba robarle al mismo Señor Oscuro, incluso siendo el mismo hijo del Señor Oscuro.

Voldemort lanzó un crucio al muggle ahora sollozante y escuchó los alaridos con una sonrisa de complacencia.

Ahora estaba más determinado a dominar a su heredero y a convertirlo en su más fervoroso mortífago. En realidad no necesitaba un heredero como tal, puesto que planeaba vivir para siempre, pero aun le complacía a su ego el tener un hijo. Especialmente porque Tom Junior había probado ser un digno oponente. Quizás él podría pensar en otro titulo para Tom Junior, que indicara una posición más alta entre sus filas, pero por supuesto que fuera menor a la suya.

El muggle estaba llorando y suplicando con voz ronca después de unas cuantas rondas más de maleficios con un Diffindo y uno o dos maleficios abrasadores. El traje a la moda, hecho a la medida, del hombre ahora estaba hecho jirones y quemado, manchado con su propia sangre. Su mueca de desprecio ahora reemplazada por miradas de terror e incredulidad.

―No seas ridículo, cucaracha estúpida ―se rio Voldemort entre dientes―. La magia no existe, por lo tanto no puedes haber sido lastimado por ella ―el muggle pareció todavía más confundido y asustado, tal como debería ser al verse enfrentado con un mago.

Voldemort movió su varita con negligencia, arrojando al muggle con fuerza contra la reja de la jaula, abriéndola con el impacto de su cuerpo y lanzando al muggle de cara contra el suelo del redil.

Los murmullos ansiosos de los otros muggles lo siguieron mientras salía por la puerta, y se dirigía hacia la mansión de Cygnus y Druella Black. Los padres de Narcissa todavía estaban haciendo de anfitriones de su concejo de guerra. Cygnus estaba viviendo cada vez más en el pasado, recordando cuando fuera uno de los miembros del círculo interno del Señor Oscuro durante la primera guerra.

/.

Narcissa observó con cierta trepidación como Voldemort entraba al estudio/biblioteca. Madame Zabini finalmente había empezado a aburrir a Voldemort, y se le había permitido regresar a su penthouse en un área mágica de Londres. Ella podría apoyar los ideales de Voldemort desde allí sin tener que dormir con el Señor Oscuro que todavía conservaba un leve tinte verdusco en su piel.

Narcissa ahora se encontraba ante la amenaza de reemplazar a Madame Zabini en su cama. Las mujeres muggles que él violaba y mataba no satisfacían su ego por mucho tiempo. A Narcissa no le importaría calentar su cama, si existiera en ello alguna ventaja para ella, pero sus compañeras de cama nunca duraban mucho y era poco probable que fuera a compartir su trono como una 'Dama Oscura'. Por lo cual ser su amante solamente le traería menosprecio y burlas, y ningún poder, tal como le pasó a Madame Zabini.

Narcissa tenía la esperanza de arrojar a alguien en el camino de Voldemort que estuviera encantada de calentar su cama, concretamente su hermana Bellatrix. Para hacer eso, ella debía sugerir con mucho cuidado un ataque a Azkaban.

Narcissa entró al estudio y esperó con la cabeza baja, intentando parecer sumisa.

―¿Madame Black? ―preguntó Voldemort, sintiendo un poco de curiosidad. Narcissa había estado jugando al gato y al rato con él últimamente, siendo ella el ratón. Ahora venía en su busca. Esto podría ser interesante.

―Mi Señor, me estaba preguntando si acaso ha pensado en que ¿tal vez sería hora de liberar a algunos de sus seguidores más fieles que están en Azkaban? ―inquirió Narcissa lo más humildemente que pudo―. Los dementores han sido diezmados, y ¿quizás ellos no estén esperando un ataque en estos momentos?

Voldemort se sentó apoyándose atrás, él había estado pensando en demorar un ataque a Azkaban, cuando menos hasta que durara el beneficio del ministerio negando su regreso. Ahora, sin embargo, Scrimgeour estaba a punto de terminar él mismo en la prisión, ya que su corte marcial había resultado muy mal. El ministerio estaba colocando salvaguardas a una velocidad alarmante, a pesar de que no estaban diciendo que el mago oscuro para el que se estaban preparando era Voldemort.

Pretender que no había regresado se había convertido ahora sólo en una inconveniencia. El público no se había vuelto en contra de Potter ni de Dumbledore incluso cuando nadie quería admitir el regreso de Voldemort. Lentamente, estaban llegando a esa misma conclusión por su cuenta, si bien no lo decían en voz alta.

Sí, dada su falta de mortífagos entusiastas, o por lo menos de mortífagos con experiencia, recuperar a sus seguidores leales de Azkaban podría ser una buena idea. Él tenía varios planes puestos en acción para adquirir esa condenada profecía y para librarse de 'El Niño Que Vivió'.

La muerte de Harry Potter debía ser memorable. Después de todo, su muerte se convertiría en fuente del Horrocrux final de Voldemort, que quedaría alojado en Nagini.

―Sí, creo que tiene razón. Envíe un mensaje que esta noche habrá una reunión de mi círculo interno ―Voldemort sonrió burlonamente cuando Narcissa se inclinó con alivio y se retiró.

3MS3MS3MS3MS3MS3MS3MS

Los de quinto año estaban apretados en el salón de clases de DCAO y tomaron sus lugares con resignación. El horror rosa había decidido que ella necesitaba tener a las cuatro Casas a la vez en su clase, y demandó un gran anfiteatro para hacer clases.

Hermione resopló que puesto que ella no permitía hacer hechizos en su clase ¿por qué no?―. Además, es obvio que le encanta tener una gran audiencia cautiva para hacerla morir de aburrimiento en un coma colectivo.

Los de quinto año, incluso hasta aquellos que no le gustaba la 'sabelotodo', la miraron con la boca abierta. Era muy raro que Granger dijera algo malo o que criticara a un profesor.

Dean también hizo una mueca―. Ella solamente quiere tener más tiempo durante el día para espiar en el colegio. Ella anda en busca de algo ―los otros intercambiaron miradas. ¿Qué andaría buscando?

Quedaban sólo pocos días para el receso de Navidad, y toda la escuela estaba ansiosa esperando esto. Umbridge apenas había llamado la atención a la gran clase con su irritante Ejem-Ejem, cuando la puerta se abrió de nuevo.

Entraron Remus, y un sonriente Gilderoy Lockhart, seguidos por Tom, quien venia levitando varias cajas de libros detrás de ellos. Dolores torció la boca en un gesto de desdén ante el hombre-lobo sonriente.

Gilderoy saludó muy alegre a los estudiantes asombrados―. Varios estudiantes antiguos de Hogwarts desean regalar unos libros a todos los estudiantes que están ahora en la escuela como un presente navideño.

Los estudiantes aclamaron felices, esperando que no se tratara de libros de textos.

Tom sonrió de medio lado. Severus, Lucius y Sirius habían arreglado la impresión apresurada de el último libro de hombre-lobos que Lockhart y Remus habían escrito juntos. El libro era un habilidoso entrelazamiento entre las "aventuras de Lockhart" y las historias de las vidas de muchos hombres-lobo que había conocido.

Muchas de estas historias eran relatos tristes de como fueron mordidos y después perdieron sus familias y fortunas, así como cualquier esperanza de un futuro. Además había relatos de la vida en las colonias de Europa, donde los hombres-lobo vivían en una paz relativa. El libro terminaba con historias de como las vidas de los hombres-lobo británicos lentamente estaban mejorando y como los números de nuevos licántropos habían descendido casi hasta desaparecer. Se trataba de una propaganda hábil, Remus se vio forzado a admitir, pero también eran relatos educacionales y entretenidos.

Ellos además habían comisionado una edición especial del libro de la Cámara Secreta para entregarla con el libro de los hombres-lobo, para hacer el 'regalo' un poco más atractivo, y que los del Consejo Escolar estuvieran más dispuestos a permitir que un día de escuela se viera interrumpido por la entrega de este regalo.

Remus comenzó a explicar el libro de los hombres-lobo y a contestar preguntas concernientes a las manadas, mientras que una ultrajada Dolores observaba. Ella iba a tener que corregir la noción de que los hombres-lobo no eran más que criaturas bestiales tan pronto como el trío de advenedizos se marchara.

Dolores observó impotente como Gilderoy usaba su varita para hacer que los libros se distribuyeran solos a los estudiantes, y después empezó a firmar copias, ya fuera los nuevos dueños quisieran o no su autógrafo.

Tom aprovechó la ventaja de las distracciones arregladas por Remus. Entre la improvisada clase sobre los hombres-lobo, Gilderoy y los libros, no quedaba nadie para observarlo. Él ya tenía su varita en la mano, por estar levitando las cajas, así que casualmente la movió usando encantamientos no-verbales para buscar cierto relicario. Él estaba seguro de que se encontraba sobre la profesora color flamenco, pero los hechizos no enseñaron nada.

Tom se acercó un poco más, buscando protecciones mágicas personales sobre su vestimenta que pudieran esconder el relicario. No, no parecía existir ninguna. Tom frunció el ceño, ellos esperaban evitar el revisar su cuarto, pero el par de autores podrían mantenerla entretenida también en su próxima clase para que Tom pudiera entrar en la oficina de ella.

En eso notó que una familiar y muy molesta picazón comenzaba. Sí, el horcrux debía encontrarse cerca para incomodarlo así. Miró a su alrededor lo más casualmente que pudo, y allí estaba, yaciendo sobre su escritorio cerca de su agenda y apuntes de la clase.

Tom retrocedió un poco y lanzó un hechizo Desilusionador sobre el relicario y con cuidado un Accio que hizo que aterrizara en su bolsillo. Esto empeoró la picazón, pero él podría tolerarlo hasta poner el relicario a salvo.

Tom se paró junto a Remus y murmuró―. Lo tengo.

Remus suspiró con alivio. Severus le había dejado planear esto para poder concentrarse en terminar la poción para Harry. Remus había estado muy nervioso de estropearlo y después tener que soportar comentarios interminables acerca de la estupidez de los Gryffindor y sería merecedor de más libros con ejercicios de 'agilidad mental' que Severus había encontrado en una librería muggle. Remus y Sirius habían recibido un montón de ellos la última Navidad que aún tenían a Sirius gruñendo por lo bajo.

Lockhart por fin terminó en esa clase y se apresuró a ir hacia la clase de Encantamientos con Tom y Remus detrás.

3MS3MS3MS3MS3MS3MS3MS

Harry observó con una satisfacción salvaje como Umbridge lentamente se volvía color purpura de rabia antes de que los tres magos finalmente se fueran. Suponía que su excesiva sentimiento de agrado ante la infelicidad de Umbridge debería ser un poco preocupante. Este último tiempo sólo era capaz de controlar su genio convirtiéndose en un Halieto todas las mañanas. El ave lo ayudaba a deshacerse de una rabia fuera de control que parecía sentir a cada hora. La Oclumancia y despejar su mente solamente lo ayudaba por un corto tiempo.

Pero el Halieto parecía cerrar la fuente de su rabia y traerle paz. Una vez bajo su forma humana, la rabia lentamente volvía, pero cuando menos tenía un día o dos de calma relativa antes que volviera a sobrepasarlo.

Tenia suerte de haber descubierto una forma de bloquearla. Draco le había sugerido volar, y el alivio de sacarse esa rabia durante la transformación resultó una sorpresa bienvenida.

Él sabía que debería contarle a su padre lo difícil que se estaban poniendo las cosas, pero esperaba poder durar hasta las vacaciones de Navidad. Su padre estaba muy cerca de encontrar una solución posible para la Poción de Dementor, como habían empezado a llamar la posible cura de Harry. Harry todavía sentía preocupación por la condición tanto mental como física de Severus. Él parecía estar casi recuperado, pero Harry había estado demasiado cerca de perder a Severus, y no quería imponer más estrés sobre él.

Una vez que los anarquistas se fueron, Dolores de inmediato comenzó una cátedra acerca de que los hombres-lobo no eran nada más que bestias y que no debía confiarse en ellos bajo ningún motivo. Los estudiantes para entonces ya estaban acostumbrados a no interrumpir sus discursos sin importar lo mucho que quisieran estar en desacuerdo u objetar. En su mayor parte, ella se apegaba a charlas acerca de encantamientos de nivel bajo que serian inútiles en una lucha, pero de vez en cuando, ella se lanzaba en monsergas acerca de lo que le disgustaba, y ellos tenían que soportarlo.

Hermione, Mafalda y Draco echaban chispas, pero sabían que discutir era una pérdida de tiempo, y estaban cansados de perder puntos por tratar de señalar las fallas de sus argumentos. A la mayoría había cesado de importarle lo que la idiota rosada decía.

Dolores observó a los alborotadores con satisfacción. Ella erraba al pensar que porque no discutían con ella en clases, no harían pedazos sus discursos más tarde.

Harry Potter, sin embargo, era de mayor preocupación. Él tendía a mirarla fijamente con una sonrisa malévola, y con sus ojos verdes, tétricos, fijos en ella con una mirada que ella sospechaba que los depredadores dirigían a su presa. Pero se negaba a resultar intimidada.

Al terminar su clase, fue hacia su escritorio y frunció el ceño. ¿Dónde estaba su relicario? Ella rebuscó de nuevo con rapidez y lanzó una mirada a los estudiantes que salían. Ella sabía que alguien lo había tomado, y ella valuaba muchísimo este relicario. Miró a Harry Potter achicando los ojos. Puede que él lo hubiera tomado o no, pero ella de todos iba a castigarlo por eso. Pius le había enviado las órdenes de su Señor para poner a Potter en problemas a cada oportunidad. Intimidarlo, de ser posible.

Por supuesto que Harry Potter era un Slytherin y no iba a ser fácil para ella. Cuando se dirigía a él, le daba respuestas breves y una sonrisa insípida cuando ella desdeñaba sus respuestas y trataba de hacerlo quedar como un idiota.

Oh, él resoplaba cuando podía salir libre de ello, y ella sabía que su temperamento estaba empeorando cada días, si los rumores eran correctos.

―¡Harry Potter! ―dijo Dolores de forma aguda, haciendo que se detuviera antes de escapar del salón. Ella le hizo señas para que se acercara a su escritorio, y él se tomó su tiempo para acercarse hasta allí. Cuando él estuvo parado frente a ella, ella jugueteó con su varita dándose golpecitos en la palma y lo miró fijamente.

―Tu robaste mi relicario, Potter ―ella observó su rostro de leve sorpresa, y después una extraña mirada de satisfacción. Él no se lo había llevado, por supuesto, pero conocía a quien lo hizo―. Lo espero de regreso de inmediato, con una disculpa … una disculpa pública delante de todos en el Gran Salón.

Ella estaba bastante segura de que él se negaría, y seguro que sí, Potter estalló en protestas furiosas―. Yo no he tomado ningún relicario de nadie ―casi gritó, su rabia estallando de inmediato. De inmediato se dio cuenta que Umbridge debía haber tenido el relicario con el horrocrux que ellos estaban buscando, y que Remus y Tom debían habérselo llevado.

Harry estaba algo irritado porque no le había dado una advertencia antes de tiempo, pero las lechuzas podrían ser interceptadas y seguro no hubo mucho tiempo. Sin mencionar que él no cargaba su cristal como antes. Tom habría sentido su agitación en aumento, y se habría sentido alarmado. Harry estaba determinado a conseguir pasar solo los pocos días que le quedaban sin importar que.

―Y ahora también me esta mintiendo, señor Potter ―Dolores sonrió ufana, con una sonrisa de satisfacción―. Detención, señor Potter. Esta tarde en mi oficina ―ella observó su mirada de rabia―. Va a escribir líneas para mi ―Pius le había enviado ciertas plumas de sangre para usar si las cosas no progresaban bien. Su Señor dijo que él quería que presionaran a Potter hasta el límite. Bueno, ella tenía unos pocos días antes de que Potter escapara de vuelta a la Reserva de Dragones.

Harry con esfuerzo controló su rabia, él necesitaba ir a volar pronto. Él consiguió asentir en respuesta, y se obligó a darse la vuelta para irse antes de decir algo más. Si tan sólo tuviera una capa para demostrar su disgusto de la forma en que solía hacerlo su papá.

3MS3MS3MS3MS3MS3MS3MS

Voldemort trató de aclarar su mente para poder explorar de nuevo el vínculo entre él y Harry Potter. Desde su 'renovación' descubrió que se le había vuelto más difícil. La concentración era algo en que debía esforzarse ahora, y mientras que la Legilimancia le era todavía fácil, la Oclumancia era otro asunto. Para explorar el vínculo debía mantener su mente separada de la de Potter o se arriesgaba a perderse en las memorias de Potter. Eventualmente, había quedado libre, porque el hechizo de Legilimancia con el tiempo cesó y regresó a su propio cuerpo, pero solamente había visto una memoria.

Era obvio que Severus le había estado enseñando Oclumancia al muchacho. Sus barreras no estaban mal, aunque Voldemort podría derribarlas con poco esfuerzo. El problema era que Potter se daría cuenta de la intrusión, y Voldemort no quería que él se diera cuenta que esta intrusión era deliberada. Quería que Potter pensara que él estaba 'espiando' a Voldemort, y que el Señor Oscuro no estaba al tanto del vínculo.

Las noches pasadas, él había estado empujando pensamientos acerca de la esfera de la profecía hacia el muchacho, urgiendo el pensamiento de que era algo muy importante. Él esperaba picar su curiosidad para que descubriera qué era. Con suerte, podría escuchar cuando le contaran a Potter de qué trataba la profecía o el pequeño idiota podría escaparse y conseguirla por sí mismo.

Una oleada de rabia sorprendió a Voldemort, ya que no provenía de él.

Venía del muchacho.

3MS3MS3MS3MS3MS3MS3MS

Harry llegó a su detención con Umbridge lleno de resentimiento. No había tenido tiempo para volar ni para tratar de despejar su mente. Draco lo dejó en la puerta, viéndose inquieto, pero Harry consiguió sonreirle con pesar y entró a un infierno de murallas empapeladas y platos con gatitos y presidido por una demonio en un cárdigan rosado.

―Bueno, ¿trajo el relicario que robó? ―Dolores miró a Harry con anticipación.

―Yo no he robado nada suyo ―Harry dijo con los dientes apretados.

―Eso es mentira ―enunció Dolores sombriamente, pero con satisfacción―. Usted tiene el hábito de mentir. Tal como sus amigos perseveran en mentir acerca de esas horribles criaturas oscuras y mestizos. Intentando hacerse camino en lugares donde no pertenecen.

Harry se sentó con cuidado en el escritorio que ella señaló―. Usted va a escribir líneas con la pluma que le entregaré ―ella sonrió con malicia―. Va a escribir: "Yo no debo decir mentiras", hasta que yo sienta que ha aprendido su lección ―Harry miró dudoso la pluma, y buscó a su alrededor un tintero―. La pluma proveerá su propia tinta, señor Potter.

Ahora en realidad se sentía nervioso. Había algo que estaba mal. Puso la pluma contra el pergamino y comenzó a escribir cuando un dolor ardiente comenzó en la parte posterior de su mano izquierda. La frase que estaba escribiendo apareció allí, enrojecida e hinchada, como un rasguño.

Harry alzó la mirada con incredulidad a la bruja que sonreía con afectación―. Continúe, señor Potter. Usted tendrá el castigo que merece.

Harry, pasmado, hizo otra línea, haciendo una mueca ante el dolor mientras pensaba rápidamente. No había manera que esta clase de castigo estuviera permitido. Sus peores detenciones involucraban limpiar baños al estilo muggle. Por todo lo que Filch murmuraba acerca de cadenas y látigos, de hecho no se habían usado en siglos.

Con amargura Harry se preguntó si Dumbledore no estaría poniéndolo de nuevo a prueba. El Director había estado evadiéndolo, y ni siquiera lo miraba últimamente. ¿Estaba en desacuerdo con Severus con respecto a él? Él sabía que el Director estaba preocupado por su cicatriz y la horcrux en ésta.

Sin embargo, matarlo mediante líneas escarbadas en su mano sería una forma muy lenta de morir. A menos que estuviera envenenada. No, esto era algo planeado por Umbridge porque ella todavía apoyaba a Scrimgeour, sin duda. Ahora que Rufus estaba cumpliendo unos pocos años en Azkaban, todos quienes lo apoyaban guardaban silencio, pero debían estar planeando vengarse. Umbridge había sido su secretaria, después de todo, y había tratado de hacer que lo removieran de Severus.

Su rabia comenzó a crecer de nuevo, y demoró su escritura mientras consideraba sus opciones.

No tenía duda que su padre no permitiría esto, ni Sirius, ni Remus, ni Lucius o su hermano Tom. Rosmerta, tía Tuney y Dora vendrían aquí con los abogados de Lucius. La idea de la gente que sabía que lo apoyaba levantó su espíritu que flaqueaba.

Harry se paró de repente y agarró con fuerza la pluma hasta sentirla crujir―. Creo que necesito hablar con mi Jefe de Casa o con Dumbledore acerca de esta detención ―dijo Harry, y comenzó a caminar hacia la puerta.

Dolores sintiendo alarma trató de detenerlo―. Usted va a terminar esas líneas, señor Potter ―chilló. Intentó lanzar un hechizo para cerrar la puerta, pero Harry ya la estaba atravesando y marchando hacia la oficina de Dumbledore. La torre de Sinistra estaba demasiado lejos.

Harry escuchó que Umbridge le lanzaba un Detente, y se arrojó al piso para evitarlo, rodando y poniéndose de pie con su varita en la mano. Le lanzó un Petrificus , aunque parte de su cerebro estaba brincando, gritándole: "No la maldigas, no la maldigas".

Esto pareció incentivar a Dolores y lanzó hechizo tras hechizo a Harry, quien en su mayor parte se escudó de ella mientras retrocedía hacia la gárgola en frente de las escaleras que daban a la oficina de Dumbledore.

Albus había sido alertado del duelo que estaba ocurriendo en la parte de abajo de las escaleras y fue hacia ellos. Él agarró a Harry por la parte de atrás de sus túnicas y lo empujó detrás suyo, apuntando con su varita a la bruja.

―¿Qué esta pasando aquí? ―Albus rugió.

―¡Él me atacó, Director! ―chilló Dolores. Nada estaba saliendo de acuerdo al plan. Se suponía que Harry aceptaría el castigo. Pero quizás, por ser un Slytherin y no un Gryffindor, ella no debería haber tenido esa expectativa.

―¿Y ahora quién dice mentiras, profesora? ―le gritó Harry de vuelta.

Albus le hizo gestos a ambos para que subieran a su oficina, furioso por la escena que había atraído una multitud de curiosos. Él esperaba que Harry pudiera contenerse un poco más.

Minerva estaba en su oficina, observando a Harry con preocupación. Para su desmayo, Umbridge comenzó una lista de ofensas cometidas por Harry que era ridícula. ¿Robo? Muy improbable. ¿Maldecirla? Bueno, por la rabia en los ojos de Harry, tal vez eso pudo haber sucedido.

Cuando se quedó por fin sin aliento, Harry le pasó la pluma a Minerva―. Yo no robé ningún condenado relicario, y ella me puso a escribir líneas que escarbaban la frase en mi propia mano ―Harry sostuvo en alto su mano, demostrando las palabras rasgadas en ella.

Albus y Minerva miraron a una ahora nerviosa Dolores―. Eso no es ilegal. No hay nada en el reglamento de la escuela que diga que eso no puede utilizarse en las detenciones.

―Porque nadie esperaría que una pluma de sangre que es usada para firmar documentos muy importantes fuera corrompida para esta clase de uso ―Minerva estuvo a punto de gritarle.

―Puedes irte, Dolores, y considerate bajo suspensión académica hasta que el Consejo Escolar decida tu destino ―dijo Albus con voz helada.

Umbridge se marchó con rapidez para hacer unas llamadas por fuego, esperando salvar lo que pudiera.

Minerva dio una mirada al rostro todavía furioso de Harry y fue hacia el flú para llamar a Severus.

―¿Por qué no la despidió? ―gritó Harry―. ¿Qué pasa si ella los convence para que la dejen aquí? ―Pero el Director sólo se puso de pie con la cabeza mirando a otro lado.

Severus pasó por el flú justo a tiempo de escuchar gritar a Harry―. ¡Míreme! ¿Por qué no me mira? ―pero más alarmante era el brillo rojizo en los ojos de su hijo.

―Harry ―dijo Severus, atrayendo la atención del chico. La vista de su padre bastó para calmar alguna parte de él, y sintió que su rabia inexplicablemente desaparecía.

―¿Qué me esta sucediendo? ―preguntó Harry plañideramente, y después corrió a las brazos protectores de Severus.

Albus miró a Severus sobre la cabeza de Harry, que estaba apretada contra el pecho de Severus―. Ha sido destruido ―dijo Severus llanamente.

Albus asintió, él sabía que el trío que entregaba libros en realidad había robado el relicario que Dolores ahora echaba de menos.

―No podemos esperar más, Severus. Debe hacerse ―Albus se vio decidido.

Severus asintió―. Terminé la poción. Pero Lin no esta segura de que las plantas que estamos usando sean exactamente iguales a las de la fórmula. Las plantas que usaron hace siglos atrás están extintas en el medio natural, y las que provienen de invernaderos no son necesariamente iguales a estas.

Severus empujó a Harry hacia el flú―. Nos vamos a casa, Harry.

Harry casi lloró de alivio, y lo siguió hacia Dragonsrest.

3MS3MS3MS3MS3MS3MS3MS

El día siguiente, Tom se encontraba esperando a que Harry y Severus bajaran a desayunar. Se sentía fabuloso. La última pieza disponible de los Horrocruxes de Voldemort había sido purificada y absorbida por él. Resolverían lo del horrocrux parcial en la cicatriz de Harry, y entonces derrotarían a Voldemort. Por fin veía un final a la vista.

Harry se veía un poco desgreñado, pero la primera cosa que habían hecho fue insistir en que comenzara a llevar consigo el cristal de Danburita para que ellos pudieran enviar consuelo y calma para ayudarlo a combatir la ira que parecía sobrepasarlo.

Harry suspiró cuando Tinker apareció con un 'pop' con un desayuno inglés completo frente a él. Sentía mucha hambre por primera vez en bastante tiempo. Finalmente había conseguido dormir, pero ahora se sentía aun más embotado, por haber dormido demasiado profundo.

Rosmerta ya se había marchado a la taberna, y para dejar en el camino a Elizabeth en la escuela.

Lin Da Wei llegó y miró con algo de desdén el café de Severus, y conjuró su propia tetera de té que olía levemente a flores de loto.

―Necesitamos que ésto se haga lo más pronto posible ―dijo Severus con un tono algo cansado―. Mañana en la mañana, de hecho.

―¿No deberíamos repasar la fórmula una vez más? ―preguntó Lin un poco vacilante. Estaba cada vez menos segura de la poción.

―Debemos intentarlo ―Severus dijo en un tono que indicaba lo poco que le gustaba esta opción, pero en realidad ¿qué más podían hacer?

Tom frunció el ceño y se rehusó a pensar en fallar. Sencillamente esto debía funcionar.

Lin se marchó, y Harry siguió a Severus dentro del laboratorio. Solamente la mitad de éste ahora albergaba ingredientes y calderos. La otra mitad tenía una mesa de trabajo con una manada de dragones miniatura dentro de un gran contenedor de cristal.

Los fabricantes de dragones le enviaban unos cuantos a él cada vez que salía un nuevo dragón. Siempre querían que Severus los revisara para ver si los encantamientos eran los correctos. Severus de forma regular creaban hechizos nuevos para ellos ya que Beth tenía su colección de ellos. Barreras mágicas para evitar que se fueran volando eran imperativas. Él había ideado un encantamiento de 'correa' para que Beth pudiera llevar a su dragona "Hazelette" a la escuela con ella, y no perderla en cualquier parte.

En su mayor parte, había fabricado castillos para los dragones. Él hizo uno hermoso para Beth que albergaba su colección, hasta con un foso, torreones, ventanas que se iluminaban, etc. Ella lo llevó a la escuela para 'mostrar y contar', y ahora toda la escuela quería uno (profesores incluidos).

Los hechizos replicadores servían sólo hasta cierto punto y la mayoría de los detalles debía hacerlo él mismo, uno por uno, en cada castillo. Descubrió que podía cobrar grandes sumas de dinero por los castillos para los dragones. Muchos niños (así como adultos) querían castillos especiales para desplegar sus colecciones, y él cobraba más por ellos. Él sospechaba que tener un castillo hecho por el padre de 'El Niño que Vivió' tenía un cierto prestigio, así que Severus cobraba acorde.

Beth ahora poseía cinco de las bestezuelas y pronto tendría seis, tan pronto Severus terminara de revisar los hechizos para la fábrica. Ellos querían ponerlos pronto en el mercado, ya que Navidad estaba sólo a dos semanas de distancia. Ellos tenían una Hazelette, color esmeralda oscuro que iba poniéndose negro en las alas y cola, tal como se iban poniendo los Verdes Galeses al envejecer. El 'trío del Torneo de los Tres Magos' era un Negro de las Hébridas, un Verde Galés joven, y un Colacuerno Húngaro. Pronto seguiría el Hocicorto Sueco, y ahora se les uniría un Bola de Fuego Chino, con suerte a tiempo para la Navidad.

Harry se le unió para darle los últimos toques al castillo que era para alguien en París. El cristal centelleante en que estaba confeccionado parecía una exageración, pero eso era lo que ellos habían pedido. Severus se rió por lo bajo pensando en que probablemente los dragones no perderían tiempo en tiznarlo.

―¿Crees que podría tomar una dosis de SinSueños esta noche? ―preguntó Harry, sobresaltando a Severus―. De verdad me serviría una noche de sueño continuado antes de usar la poción.

―¿Duermes mal todas las noches? ―preguntó Severus.

―No, pero nunca estoy seguro cuando terminaré teniendo esos sueños intensos ―Harry suspiró hondo―. Siempre voy por unos corredores largos y después hay un cuarto enorme con fila tras fila de unos globos que adentro tienen niebla. No tiene ningún sentido.

Severus se echó para atrás en la silla y puso su varita sobre la mesa. Se tomó las manos juntas y las apretó frunciendo el ceño con descontento―. Al contrario, Harry; eso tiene mucho sentido ―Harry lo miró con sorpresa―. Esos globos son globos de profecías. El Señor Oscuro no conoce la profecía entera. Contigo evadiendo constantemente sus intentos de asesinato, es probable que se pregunte si la profecía menciona por qué puedes hacerlo ―Severus miró a Harry con gravedad―. Él quiere verte muerto, por supuesto, pero siente que necesita escuchar la profecía para lograrlo.

―¿Y esa es la razón de que eso esté tanto en su mente que se pasa a la mía, junto con su rabia? ―preguntó Harry.

―No sé si eso ocurre por accidente o de forma deliberada, Harry ―dijo Severus―. Pero, sí, tu deberías tomar SinSueños esta noche.

3MS3MS3MS3MS3MS3MS3MS

Severus, Lucius, Lin y Tom se reunieron alrededor de Harry, quien yacía de forma tensa sobre la roca que estaba rodeada por los menhires. Se había utilizado recientemente para destruir el relicario. La mayoría de los Horcruxes habían sido destruidos en este lugar, y reunieron a Tom con trozos de su alma.

Esto era diferente. Harry miró a su alrededor y se sintió como una especie de sacrificio druídico. Severus extrajo la poción y la colocó en que lo parecía ser una jeringa con hipodérmica. Lucius ató con cuidado a Harry a la piedra para que no pudiera moverse ni luchar.

Tom pareció perturbado―. ¿Están seguros que no podemos darle algo para dejarlo inconsciente durante esto?

―No ―dijo Lin DaWei por lo que pareció la centésima vez―. No podremos saber si está o no funcionando si estuviera inconsciente.

Tom y Lin conjuraron más barreras mágicas y los Dragones se reunieron afuera del círculo. Ellos estaban igual de preocupados por el funcionamiento de la poción. Habían buscado por cielo y tierra una respuesta para Harry.

Harry encontró los ojos de Severus y trató de expresarle su confianza a su afligido padre.

Severus reunió su fuerza de voluntad y se dijo a sí mismo que él tenía que intentarlo, y bajó la aguja hacia la cicatriz. Inyectó lo más que pudo de la poción a la cicatriz y se tambaleó hacia atrás cuando Harry gritó. Severus no había escuchado un alarido como ese desde el último Cruciatus que había presenciado.

Harry trató de removerse, pero las ataduras de Lucius lo sostenían con firmeza. Él estaba seguro de que había cuchillos penetrando en su cráneo, prendiéndole fuego a su cerebro. Algo que causara esta clase de dolor tan profundo seguro que lo llevaría a la muerte o a la locura. Parecía haber un remolino en su mente y podía ver a Voldemort desplomado en el piso de un cuarto revolcándose y gritando a la vez.

Era un pobre consuelo el saber que el Señor Oscuro también estaba sufriendo.

Los magos y la bruja presenciaban con horror. Lucius y Tom miraron a Severus, ¿deberían detener el proceso? ¿Se *podría* detener el proceso?

Lin finalmente intervino, escuchándose desesperada―. No esta funcionando . . . ¿Severus?

Severus estaba paralizado de espanto, pero todavía estaba dudoso. Ellos sabían que esto sería doloroso. ¿Debería detenerlo? ¿Iba a terminar con la oportunidad de Harry de ser libre porque *él* no podía tolerar presenciar esta tortura?

Lucius espetó―. ¡Severus! ―sacándolo de su trance, y él agarró la jeringa llena del agente neutralizante y la inyectó haciendo desaparecer todo lo que tenía en la cicatriz, y observó como Harry jadeaba con alivio. Lucius conjuró un Finite y Severus tomó a Harry en sus brazos para mecerlo mientras lloraba en silencio.

La Poción no había funcionado.

ZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZ

Nota de la Autora: Decidí detenerme en esta parte, pero tengo escrita la mayoria del capítulo siguiente, aunque no he tenido tiempo de subirlo al computador.

N/T: T_T Pobre Harry, ¡y no resultó!

Harry Potter, personajes y su mundo © de J.K. Rowling y varias otras compañías. Fanfiction sin fines de lucro, ni pretensiones de infringir derechos de reproducción, realizado sólo con fines de entretención.

Editado 23NOV2020